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Siempre Estaré: Duelo, Dibujo y Resiliencia

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Academic year: 2020

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(1)SIEMPRE ESTARÉ: DUELO, DIBUJO Y RESILIENCIA. LAURA CRISTINA GINES MARTÍNEZ. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN ESPECIALIZACIÓN EN DESARROLLO HUMANO CON ÉNFASIS EN PROCESOS AFECTIVOS Y CREATIVIDAD BOGOTÁ D.C. 2018. 1.

(2) SIEMPRE ESTARÉ: DUELO, DIBUJO Y RESILIENCIA. LAURA CRISTINA GINES MARTÍNEZ. Trabajo de grado para optar al Título de Especialista en Desarrollo Humano con énfasis en Procesos Afectivos y Creatividad. Asesora MARIA ARACELLY QUIÑONES RODRÍGUEZ Ph.D. Creatividad Aplicada. UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSÉ DE CALDAS FACULTAD DE CIENCIAS Y EDUCACIÓN ESPECIALIZACIÓN EN DESARROLLO HUMANO CON ÉNFASIS EN PROCESOS AFECTIVOS Y CREATIVIDAD BOGOTÁ D.C. 2018 2.

(3) Nota de Aceptación _________________________________. _________________________________. _________________________________. _________________________________ Jurado. _________________________________ Jurado. Bogotá D.C_________________________. 3.

(4) La Universidad Distrital Francisco José de Caldas no se hará responsable de las ideas expuestas por los graduandos.. Art. 117 del reglamento estudiantil. 4.

(5) Dedicado a mi papá, mi mamá, Julián, Alejandra y Sergio. Mi familia, a quienes llevo siempre en mi corazón.. 5.

(6) Agradecimientos. A mi papá por el tiempo que nos acompañó y las alegrías que vivimos juntos. A mi mamá y a mis hermanos por su amor, apoyo y comprensión. A Tatiana por su valiosa amistad, sus consejos y aportes para este trabajo. A Jorge por su cariño y su paciencia. A mis compañeros y compañeras por compartir juntos el enriquecedor proceso que vivimos. A mis profesores y profesoras por sus enseñanzas, por mostrarme este camino hacia el desarrollo humano. A la profesora Aracelly por su ayuda y orientación en este proyecto.. 6.

(7) RESUMEN. El presente proyecto de creación tiene como propósito evidenciar el proceso creativo que se ha realizado de manera autorreferencial, tomando como punto de partida el duelo. Primero se expone la revisión conceptual de los elementos clave del proyecto creativo entre los que destacan las nociones del duelo, la autopoiesis, el arte y la resiliencia como capacidad para soportar y construir desde la adversidad. La conjugación de estos elementos ha permitido generar un análisis reflexivo de las propias aptitudes, para, a través del proceso creativo del dibujo y la introspección, resignificar la experiencia de la pérdida, permitiendo que por medio de la creación de imágenes se promueva y se manifieste la capacidad resiliente que se ha desarrollado a lo largo de la elaboración del duelo, lo que a su vez permite asumir la ausencia de un ser querido, transformar las emociones de dolor, tristeza y angustia para finalmente reevaluar el sentido de la propia vida.. 7.

(8) ABSTRACT. The purpose of the present creation project is to show the creative process that has been carried out in a self-referential way, taking duel as a starting point. First, the conceptual revision of the key elements of the creative project is exposed, among which the notions of grief, autopoiesis, art and resilience stand out as the capacity to support and build from adversity. The combination of these elements has made it possible to generate a reflexive analysis of one's own aptitudes to, through the creative process of drawing and introspection, resignify the experience of loss, allowing through the creation of images to promote and manifest the Resilient capacity that has developed throughout the development of grief, which in turn allows us to assume the absence of a loved one, transform the emotions of pain, sadness and anguish to finally reevaluate the meaning of one's life.. 8.

(9) RESÚMEN ANALÍTICO ESPECIALIZADO. TÍTULO:. Siempre estaré: Duelo, dibujo y resiliencia. AUTOR (ES): Laura Cristina Gines Martínez ASESOR/A:. María Aracelly Quiñones Rodríguez. LUGAR:. Bogotá, Colombia. FECHA:. 20 de Octubre del 2018. ACCESO AL DOCUMENTO: Universidad Distrital Francisco José de Caldas LÍNEA DE INVESTIGACIÓN: Desarrollo Humano SUBLÍNEA DE INVESTIGACIÓN: Lenguaje como expresión afectiva y artística. BIBLIOTECA DE POSTGRADOS: Especialización Desarrollo Humano Con Énfasis En Procesos Afectivos Y Creatividad MODALIDAD DE TRABAJO DE GRADO: Creación PÁGINAS:. 54. GRÁFICAS: 10. PALABRAS CLAVES: Duelo, Resiliencia, Dibujo, Desarrollo Humano, Resignificación, Arte OBJETO: Elaborar una serie de dibujos como forma de expresión resiliente, con el fin de promover la resignificación de experiencias relacionadas con el duelo y la pérdida. JUSTIFICACIÓN: Las adversidades que los seres humanos afrontamos en nuestras vidas pueden fortalecernos o debilitarnos y generar conflictos que nos dificulten nuestro diario vivir. Esto depende de la manera en que se asuman los problemas que surjan, el significado que se les dé y cómo se trabaja en la superación de los mismos. Cuando nos encontramos ante una situación adversa es posible que no sepamos cómo reaccionar, pues este es un tema que no se aborda con suficiente interés y pertinencia en muchos contextos. Se vuelve entonces necesario buscar los caminos que lleven a trabajar esas adversidades, de tal forma que aprendamos de ellas, que consigamos persistir para superarlas y que nos impulsen a lograr lo que nos proponemos. Pensando en uno de esos posibles senderos que guíen el proceso de transformación luego de vivir una experiencia dolorosa, en este proyecto se plantea el trabajo desde el arte y la creación, 9.

(10) que, gracias a sus características, contribuyen en el desarrollo de capacidades humanas. En el caso de eventos adversos, el proceso creativo permite resignificar la experiencia, exteriorizar el dolor y empezar a construir a partir de ello. El dibujo en este caso se comprenderá como una expresión de la resiliencia, entendida esta última como la capacidad para sobreponerse y crecer en la adversidad. El dibujo como expresión resiliente abarcará dos sentidos; el primero, en tanto constituye una forma de reconfiguración interna a partir de la pérdida de un ser querido, ya que, como proceso de creación, requiere de la introspección, la rememoración, el análisis, la reflexión de lo acontecido, su repercusión en la vida y los cambios que ha conllevado. En segundo término, constituye una materialización del proceso en sí, un soporte físico que da cuenta de la experiencia resiliente; es decir, por medio del dibujo se da una proyección externa de la reflexión y transformación interna que se ha logrado. Esto posibilita transformar la vivencia del duelo en un aprendizaje para la vida, contribuyendo esta acción al bienestar psicológico, mental y emocional, lo que a su vez impactará otras áreas vitales como la profesional, intra e interpersonal, física, espiritual, etc. Así, desde el proceso de la creación del dibujo como expresión resiliente ante una necesidad de superación de la adversidad, se busca el desarrollo humano integral del sujeto tanto a nivel individual como colectivo. OBJETIVOS Y ALCANCES: Generar a través de la producción creativa una transformación individual que impacte positivamente la subjetividad y el entorno social, afectivo, laboral y familiar. Permitir a otras personas por medio de la propia experiencia valorar y resignificar eventos difíciles con ayuda del dibujo u otros lenguajes expresivos, según la pertinencia y sentido específicos, para poder orientar procesos similares en diversos tipos de población con el fin de contribuir a su bienestar y el de su comunidad, de crear prácticas transformadoras del dolor en aprendizajes y en impulsos para alcanzar objetivos que enriquezcan el ser. MARCO CONCEPTUAL: El marco conceptual del proyecto de creación inicia abordando la pérdida y el duelo con autores como Neimeyer y Morer Bamba et al., así como sus implicaciones y las fases del mismo; luego, desde referentes tales como Cyrulnik, Vanistandael & Lecomte y Quiñones se hace una revisión del concepto de resiliencia como capacidad humana, integrando los factores y recursos que la promueven a lo largo de la vida. Brevemente se expone también el concepto de autopoiesis propuesto por Maturana, el cual permite entender la importancia del actuar desde sí mismo para la generación de transformaciones internas y externas. Después, con planteamientos expuestos por Abad, Cerchiaro y Dalley, se realiza un abordaje sobre la importancia del arte como elemento promotor del desarrollo humano, el cual nos permite a través de la percepción y la creación, potenciar nuestras capacidades y habilidades desde el pensamiento crítico, la expresión de ideas, emociones y realidades, las relaciones que establecemos con los demás y la forma como nos percibimos a nosotros mismos.. 10.

(11) DESCRIPCIÓN DEL PROCESO DE CREACIÓN: 1. Rememoración de la pérdida: Escritura de los eventos que rodearon la pérdida, las emociones experimentadas y las reflexiones que esto suscita. 2. Elaboración de bocetos: Primeros dibujos que se crean a partir de los escritos, esbozos y esquemas de los dibujos finales. 3. La catarsis o la elaboración de la serie de dibujos: Realización final de la serie compuesta por 10 dibujos hechos con pastel seco, a través del cual, como proceso paralelo, se va dando la resignificación de la experiencia de la pérdida, revalorando la presencia de mi padre en mi existencia, reconciliándome con él y reevaluando el sentido de mi propia vida. PRODUCTO FINAL: Serie de 10 dibujos de autoría propia con dimensiones de 70 cm x 50 cm cada uno, elaborados en pastel seco sobre cartulina de lino. FUENTES: Berger, J. (2011). Sobre el dibujo. Barcelona: Editorial Gustavo Gili S.L. Cruz Gastelumendi, P. A. (2012). Tesis: El dibujo. Proceso creativo y resultado en la obra artística contemporánea. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. Cyrulnik, B. (2005). Los patitos feos. La resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona: Editorial Gedisa S.A. Cyrulnik, B. (2007). La maravilla del dolor. El sentido de la resiliencia. Buenos Aires: Ediciones Granica S.A. Cyrulnik, B. (Enero de 2017). Resiliencia y Arte. Los relatos del trauma. Obtenido de Youtube Canal Biblioteca Luis Ángel Arango: https://www.youtube.com/watch?v=6CC_g157QL0 Maturana Romesín , H. (1996). El sentido de lo humano. Santiago de Chile: Dolmen Ediciones S.A. Morer Bamba, B., Alonso Gómez, R., & Oblanca Beltrán, M. (Diciembre de 2017). El duelo y la pérdida en la familia. Revisión desde una perspectiva relacional. Redes(36), 11 - 24. Neimeyer, R. A. (2007). Aprender de la pérdida. Una guía para afrontar el duelo. Barcelona: Ediciones Paidós Ibérica S.A. Quiñones Rodríguez, M. A. (2006). Tesis Doctoral: Creatividad y Resiliencia. Análisis de 13 casos colombianos. Madrid: Universidad Autónoma de Madrid. Vanistendael, S., & Lecomte, J. (2002). La felicidad es posible. Despertar en niños maltratados la confianza en sí mismos: Construir la resiliencia. Barcelona: Editorial Gedisa S.A. 11.

(12) Tabla de contenido. INTRODUCCIÓN ........................................................................................................................ 14 DE LA PÉRDIDA AL RENACIMIENTO ................................................................................... 17 UN COMPROMISO CON LA TRANSFORMACIÓN ............................................................... 26 EL ARTE COMO ESPEJO Y PROMOTOR ............................................................................... 29 PROCESO DE CREACIÓN ......................................................................................................... 36 FASES DEL PROCESO DE CREACIÓN ............................................................................... 37 1.. Rememoración de la pérdida ...................................................................................... 37. 2.. Elaboración de bocetos ............................................................................................... 40. 3.. La catarsis o la elaboración de la serie de dibujos ...................................................... 44. 3.1 Materialización de los dibujos ........................................................................................ 45 3.2 Resignificación ............................................................................................................... 50 PRODUCTO FINAL ................................................................................................................ 52 CONCLUSIONES ........................................................................................................................ 63 REFERENCIAS ............................................................................................................................ 66. 12.

(13) Tabla de ilustraciones. 1. Las manos ................................................................................................................................ 53 2. Partida ...................................................................................................................................... 54 3. ¡Silencio!................................................................................................................................... 55 4. El río Manacacias .................................................................................................................... 56 5. Melancolía ................................................................................................................................ 57 6. Desolación ................................................................................................................................ 58 7. Las cartas ................................................................................................................................. 59 8. Reconciliación .......................................................................................................................... 60 9. Jardín ....................................................................................................................................... 61 10. Papá ........................................................................................................................................ 62. 13.

(14) SIEMPRE ESTARÉ: DUELO, DIBUJO Y RESILIENCIA. INTRODUCCIÓN. El presente trabajo de grado propuesto bajo la modalidad de creación, tiene por objeto elaborar una serie de dibujos como forma de expresión resiliente, con el fin de promover la resignificación de experiencias relacionadas con el duelo y la pérdida. Este proyecto que se desarrolla dentro la Especialización en Desarrollo Humano con énfasis en procesos afectivos y creatividad de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, se enmarca en la línea de investigación Desarrollo Humano y a su vez en la sub-línea Lenguaje como expresión afectiva y artística. Teniendo esto en cuenta, para efectos de este proyecto, el dibujo es asumido como un lenguaje expresivo capaz de comunicar, por medio de imágenes, experiencias de la vida afectiva de una persona o comunidad, para lo cual se vale de la creación simbólica mediada por la técnica artística, los materiales y el proceso creativo. Partiendo de este marco investigativo, el proyecto surge de la siguiente pregunta problema: ¿Cómo promover la resignificación del duelo a través del dibujo como expresión resiliente? 14.

(15) En este punto es importante resaltar la pertinencia del verbo promover que se está utilizando. Según la Real Academia de la Lengua Española RAE, este verbo proveniente del latín promoveré se refiere a mover, empujar hacia adelante, fomentar o favorecer el desarrollo de una cosa, iniciándola o activándola si se encuentra paralizada o detenida provisionalmente. Justamente es esto lo que se ha buscado generar por medio de este trabajo, por lo que es el verbo que más se corresponde con el propósito aquí planteado. Luego de haber experimentado una dolorosa pérdida, es necesario movilizar nuevamente la elaboración del duelo que en algún punto quedó inconcluso, y cuyas heridas siguen abiertas; re-activarlo es preciso para obtener el bienestar que se desea alcanzar y resignificar las emociones que perjudican el vivir cotidiano. Es entonces donde aparece el dibujo, como forma de expresión gráfica, que por medio de los trazos, las formas, las figuras, los colores, la composición, el uso del espacio y su dimensión; permite al creador manifestar simbólicamente en una superficie sus emociones, sus pensamientos, sus anhelos, sus temores, sus recuerdos, sus secretos; para así comprenderlos y metamorfosearlos. Para lograr que esto se exteriorice en el dibujo, en este caso trabajado como una expresión resiliente, se requiere de un proceso introspectivo, un encuentro consigo mismo, con las experiencias que suscitaron el duelo por la pérdida de un ser querido, aquellas que han llevado a sentir las emociones vivenciadas en ese momento y los sucesos posteriores, con los recuerdos que se han guardado consciente e inconscientemente, con las decisiones que se han tomado y las que no. Se trata de un trabajo autorreferencial que a través de la experiencia creadora busca reactivar la elaboración del duelo, impulsar procesos de reflexión, resignificación y reconciliación,. 15.

(16) que permitan asimilar e incorporar este acontecimiento a la vida de forma positiva y sanadora, lo cual a su vez se traduce en un bienestar para la persona, es decir que contribuye a su desarrollo humano de manera multidimensional tanto en lo emocional, físico, psicológico, profesional, espiritual, en las relaciones familiares y sociales, en la capacidad estética y creativa, en el autoconcepto, la autonomía, la reflexión crítica, el compromiso ético, el equilibrio y la armonía existencial. Para dar a conocer el proceso que se ha llevado a cabo para lograr este objetivo, se iniciará con un apartado en donde se justifica el planteamiento del proyecto; luego se dará paso a un abordaje teórico-conceptual que busca contextualizar conceptos importantes para entender los aspectos más fundamentales del trabajo, entre los que se encuentran lo relacionado con el duelo, la resiliencia, el arte y el dibujo dentro del marco a que atiende el posterior proceso de creación. Este último se enfocará en describir cada una de las fases que se han llevado a cabo para la realización de los dibujos y la revaloración de la experiencia, así como en resaltar la transformación interna que esto ha conllevado. En seguida se presentará el producto final en donde se encuentran los 10 dibujos resultantes, organizados según el proceso de resignificación que se ha dado y acompañados de apartes de un proceso de escritura previo que contextualizan cada imagen. Finalmente, se encontrarán las conclusiones a que ha conducido el proyecto de creación junto con su proyección y relación con el desarrollo humano.. 16.

(17) DE LA PÉRDIDA AL RENACIMIENTO ‘‘Concede palabras a tu pena, la pesadumbre que no habla ata al agotado corazón y le muerde hasta romperle.’’ William Shakespeare. Las pérdidas que vivimos en el transcurrir de nuestra existencia pueden marcar puntos de quiebre o de cambio según las condiciones en que ocurran; éstas de cierta manera nos empobrecen al perder algo pero a la vez nos enriquecen con sus enseñanzas y transformaciones. Algunas de estas pérdidas pueden estar relacionadas con diferentes contextos, ideas, tiempos, edades, objetos, lugares, personas, etc.; pero es el significado que les asignemos lo que determinará su trascendencia y efecto en la vida. La pérdida de tipo relacional que se ha trabajo por medio de este proyecto corresponde a la repentina muerte de mi padre, acaecida hace tres años, momento a partir del cual he vivido una serie de emociones y cambios en mi vida , los cuales me han alterado en diferentes ámbitos personales y sociales. Esto me ha llevado a buscar, a través del arte y la resiliencia, un camino de sentido, reconciliación y equilibrio con la muerte, con mi padre, con mi familia y conmigo misma. Cuando se sufre una pérdida tan importante y significativa como la de un progenitor, se crea un caos en la forma en que se percibe el mundo y sobre todo, la vida. Caemos en cuenta de lo vulnerables que somos y en esa realidad llamada muerte, que puede aparecer en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. No cabe duda que la más trastornadora de las pérdidas es la muerte. La muerte de un allegado o ser querido es la mayor pérdida afectiva, considerándose la circunstancia vital más estresante. Es una pérdida irreversible y nos confronta directamente con la 17.

(18) posibilidad de la propia muerte, se desvanece nuestra fantasía de inmortalidad. Cuando sucede la muerte de un familiar o allegado se desencadena esa serie de reacciones emocionales que denominamos duelo. (Morer Bamba, et al., 2017, p. 12) A menudo oímos hablar de la muerte en las noticias, por amigos o personas cercanas, pero no es hasta que nos arrebata lo que amamos que entendemos su esencia, su existencia y su razón de ser. Es cuando nos toca de cerca que empezamos a verla y entenderla de otro modo, por eso la relación que construyamos con el concepto ‘‘muerte’’ estará basada en diferentes aspectos de nuestra personalidad, de nuestra cultura, de los factores que han configurado nuestro pensamiento, de la forma y el grado en que llega a afectarnos. Boris Cyrulnik (2005), destacado autor sobre el tema de la resiliencia, plantea que al sufrir una pérdida cercana se reciben dos golpes, el primero el que se da en la vida real y provoca la dolorosa herida de la carencia; y el segundo que impacta la representación de esa realidad, dando paso a un profundo sufrimiento generado por la sensación de abandono y soledad. Según el autor, recobrarse de estas heridas implica: Para curar el primer golpe, es preciso que mi cuerpo y mi memoria consigan realizar un lento trabajo de cicatrización. Y para atenuar el sufrimiento que produce el segundo golpe, hay que cambiar la idea que uno se hace de lo que le ha ocurrido, es necesario que logre reformar la representación de mi desgracia y su puesta en escena ante los ojos de los demás. (…) A la cicatrización de la herida real se añadirá la metamorfosis de la representación de la herida. (p. 20) Esto último que involucra compartir con otras personas nuestra experiencia, requiere, como lo refieren Vanistendael & Lecomte (2002), por un lado, la calidad y sinceridad de quien escucha, lo cual es particularmente importante para la persona que sufre; y por otro lado, la disposición del que confía su historia, ya que puede verse en medio de una situación. 18.

(19) contradictoria en donde desea contar su drama, pero además otras turbaciones internas se lo impiden, como la vergüenza, la timidez, el miedo, etc. Al perder a alguien y ver minadas muchas creencias y suposiciones que tenemos sobre la vida, pueden surgir actitudes de protesta, de acusaciones hacia otros implicados y autorreproches debidos a la ansiedad y la confusión. Como parte del impacto de la ruptura afectiva, brotan emociones como ‘‘el miedo a quedar abandonado, el anhelo por la figura perdida y la ira de no poder encontrarla de nuevo’’ (Bowlby, 1986, p. 118). Entramos entonces en una fase de reestructuración que dé orden y sentido a lo sucedido; pero este proceso psicológico y cognitivo no es fácil de realizar y puede llegar a tomar tiempo, dependiendo de cada caso, pues necesita de una modificación de nuestras representaciones internas que se da poco a poco. Esto quiere decir que al verse alterada la historia personal se ‘‘requiere de una reconstrucción para volverle a dar continuidad. Tiene implicaciones en el sentido de la vida y en la propia identidad, por lo que requiere un proceso activo de toma de decisiones, tanto prácticas como existenciales’’ (Morer Bamba, et al., 2017, p. 22). A menudo, cuando se experimenta la pérdida, el hecho de ir asimilándola, atado a las exigencias sociales que demandan de la persona un retorno a la normal ejecución de sus funciones, la incomprensión, la falta de atención o la trivialización desde diferentes ámbitos sociales, desconoce la perturbación anímica y provoca un conflicto interno en donde se debe desplazar la atención del ser querido ausente hacia la continuidad del presente y de las personas que permanecen (Neimeyer, 2007). Sin embargo, otro elemento que suele aparecer en este punto es la culpa, común durante pérdidas importantes, en donde nuestras acciones parecen insuficientes y el tener que dejar. 19.

(20) finalmente partir a la persona crean sentimientos encontrados, muchas veces proyectados hacia nosotros mismos u otros implicados. Así lo explican Morer Bamba, et al. (2017): En los casos de muerte o pérdidas bruscas, la culpa suele ser mucho más intensa y frecuente, y adquirir características confusionales y persecutorias. Está la culpa por los sentimientos durante el duelo, por vivir la muerte con cierto alivio en casos de malas relaciones, o de gran ambivalencia, la culpa por estar vivo. La culpa puede anunciar una evolución patológica del duelo. (p. 14) El duelo es vital para poder dar a la persona que se ha ido un lugar en nuestra psiquis, en las relaciones familiares y sociales, para permitirnos a la vez volver a tomar las riendas de nuestra vida pero integrando la pérdida en ella, para no quedaros sumidos en el dolor y la tristeza, sino para impulsarnos a vivir plenamente, fortaleciendo algunas convicciones y reconfigurando otras. No obstante, como proceso, es necesario que el duelo pase por algunas fases, las cuales pueden darse en diferentes formas e intensidades de acuerdo a las situaciones ligadas a él. A continuación, Neimeyer (2007) presenta una propuesta genérica de las fases de la elaboración del duelo que permite entender algunas de las tareas que el doliente debe realizar. 1. Reconocer la realidad de la pérdida, implica una serie de confrontaciones severas con nuestras propias limitaciones ante las devastadoras emociones que nos inundan cuando sufrimos la ausencia de un ser querido significativo debido al rol que desempeñaba y su influencia en nuestra construcción identitaria. Aquí también es necesario compartir con las personas que nos rodean como parte del sistema familiar que se ha visto afectado en su conjunto. 20.

(21) 2. Abrirse al dolor, pues al evitar o mermar los sentimientos que nos embargan y que parecen insoportables podemos retrasar o perpetuar el duelo. Para ello, identificar las emociones y ponerlas en orden es clave en momentos de reflexión introspectiva, así como en aquellas ocasiones en que conversamos y compartimos con otros. Asumir este tipo de actitud, además de tomar consciencia de nuestras emociones y expresarlas, permite una elaboración más efectiva del duelo, resolviendo de mejor manera las dificultades que se avecinan, lo que asimismo alimenta nuestro desarrollo favoreciéndolo en madurez y profundidad personal. 3. Revisar nuestro mundo de significados, ya que este puede verse seriamente afectado por la pérdida. Aquellas creencias y presuposiciones que hemos moldeado y que sustentan nuestra filosofía de vida pueden resquebrajarse y dejar sin sentido nuestra existencia y razón de ser, debido al impacto de la muerte y los vacíos que nos deja. Se requiere vincular la experiencia de la pérdida y los aprendizajes que nos aporta, lo cual se convierte en una oportunidad para reevaluar nuestras prioridades, proyectos y el tiempo que compartimos con los seres que amamos, pues este tipo de vivencias nos hacen ser conscientes de que, como todo ser humano, tenemos un final. También es importante abandonar ideas que tengamos sobre el poder de control sobre aspectos tan importantes de la vida, ya que generan estados de imposibilidad y mayor aflicción cargada de culpa. Igualmente conductas de ayuda y apoyo a los demás pueden contribuir a asumir un carácter más positivo de la situación. 4. Reinventarnos a nosotros mismos, porque después de perder a un ser querido no volveremos a ser los mismos de antes. Al morir alguien significativo muere al mismo tiempo una parte de nosotros y se pierde una relación importante construida con. 21.

(22) experiencias compartidas y recuerdos, que son lo que finalmente nos queda y forma parte de nuestra subjetividad. Al carecer de esta presencia fundamental es necesario reconstruir una identidad que se adapte a nuestro nuevo rol y al nuevo mundo en el que siempre quedará el vacío dejado por quien ha partido. Esta reconstrucción nos da la posibilidad de desarrollar habilidades e intereses que habían sido relegados y, además, establecer nuevas relaciones antes inexploradas o cultivar otras que habían estado abandonadas. Aun teniendo en cuenta estas fases, puede incluso tomar años este proceso y es posible que en ocasiones reaparecezcan sentimientos de culpa, tristeza y malestar. Pero a medida que el mismo se va desarrollando en nosotros, vamos comprendiendo las enseñanzas que es posible rescatar de la pérdida, nos empezamos a desenvolver más fluidamente en ese nuevo mundo en donde siempre faltará el ser amado, el cual no llega a ser reemplazado nunca, sino más bien, en cambio y como compensación, se empiezan a fortalecer y ampliar muchas relaciones que nos permiten adaptarnos con mayor facilidad a esa nueva vida. Esto último se relaciona directamente con la resiliencia, concepto que desde su uso en las ciencias sociales ha adquirido múltiples definiciones, pero que, en general, busca lo que aquí se ha planteado, resistir la adversidad y construir a partir de ella, sobreponerse al dolor, a las dificultades, a la incertidumbre, pero además hacer algo con eso que hemos vivido. No se trata de soportar lo que nos pasa y luego olvidar, sino de servirse de esas circunstancias para crecer, para aprender, para resurgir de ellas, para trasmutar nuestras vidas, ya que el hecho de darle sentido a las dificultades por las que pasamos puede permitirnos reevaluar nuestras capacidades y habilidades, así como aspectos a mejorar, y al hacerlo somos capaces de cambiar y de transformar.. 22.

(23) Para aclarar el concepto de la resiliencia como se entiende en este trabajo, a continuación se presenta la definición propuesta por Quiñones (2011): Resiliencia es la capacidad del sujeto, que a partir de situaciones adversas, construye o reconstruye alternativas tanto del sí mismo como sujeto, como de los procesos relacionales y de las condiciones de los entornos particulares de convivencia en que se desenvuelve. Por la resiliencia, el sujeto es capaz de replantear nuevas miradas y posibilidades a sus actuaciones en el mundo, elaboración que logra mediante una fluidez de pensamientos, sentimientos y acciones de manera creativa. Es poder llegar a generar otras maneras de percibir y actuar en el mundo que ha sido transformado o destruido por los eventos traumáticos y/o adversos que afronta. (p. 51) Pero la resiliencia no es una capacidad con la que se nace, sino que más bien se construye a lo largo de la existencia y que puede darse en cualquier momento del ciclo vital en relación con el ambiente afectivo y social en el que nos desarrollemos. Es decir que, ‘‘la resiliencia constituye un proceso natural en el que lo que somos en un momento dado necesariamente debe entretejerse con los medios ecológicos, afectivos y verbales’’ (Cyrulnik, 2007, pág. 15). La articulación dada a través de estas interacciones es lo que finalmente crea las representaciones que tenemos sobre nosotros mismos y lo que nos brinda los recursos internos que nos determinan. Profundizando en lo anterior, según Edith Grotberg (como se citó en Maddaleno, 1996, pág. 82), existen algunos factores que permiten el desarrollo de la resiliencia desde edad temprana, los cuales involucran los diferentes medios en que se desarrolla el niño o niña, como lo son la familia, la escuela y la comunidad. Estos son llamados factores protectores, pues su finalidad es dar a las personas los recursos internos que les permitan soportar una adversidad y superarla. Según la autora, los medios que permiten propiciarlos son los siguientes:. 23.

(24) . Ambiente facilitador: acceso a salud, educación, bienestar, apoyo emocional, reglas y límites familiares, estabilidad escolar y del hogar, entre otros.. . Fuerza intrapsíquica: la autonomía, el control de impulsos, el sentirse querido, la empatía.. . Habilidades interpersonales: el manejo de las situaciones, la solución de problemas, la capacidad de planteamiento. Estas disposiciones del sujeto que van adquiriéndose desde su nacimiento en sus. relaciones con el entorno inmediato, son las que permitirán constituir y fortalecer lo que aquí referiré como cualidades del sujeto resiliente; las cuales le ofrecen posibilidades para desenvolverse con flexibilidad en el mundo y particularmente al hallarse ante una situación adversa o estresante. En seguida se presentan estas siete cualidades expuestas por Wolin y Wolin (como se citó en Maddaleno, 1996): . Introspección, es la capacidad de examinarse internamente, la comprensión de uno mismo y de los demás, plantearse preguntas difíciles y darse respuestas honestas. Involucra conocer e indagar por lo que sucede alrededor para comprender las situaciones y adaptarse a ellas.. . Independencia, es la aptitud para establecer límites entre uno mismo y ambientes adversos, para vivir en forma autónoma y de tomar decisiones por sí mismo.. . Interacción, es la habilidad para establecer lazos íntimos y satisfactorios con otras personas.. . Iniciativa, que implica hacerse cargo de los problemas y ejercer control sobre ellos. Moviliza sentimientos de autorrealización, capacidad de liderazgo y enfrentamiento de desafíos. 24.

(25) . Creatividad, es la capacidad de imponer orden en medio del caos y establecer propósitos frente a las situaciones de dificultad. Incluye ser capaz de componer y reconstruir a partir de la necesidad.. . Ideología personal¸ comprende la conciencia moral, los valores propios y el establecimiento de juicios de forma independiente. También abarca el sentido de la compasión, juicio y lealtad, lo que se ve expresado en la capacidad de servicio y entrega a los demás.. . Sentido del humor, se trata de encontrar lo cómico en la propia tragedia, de ver su lado positivo y compartirlo con los demás. Dotado el sujeto resiliente de estas capacidades podrá de forma más efectiva asumir los. tropiezos que se le presenten y las calamidades que sobrevengan en cualquier momento de su vida. Son recursos que potencian su resistencia emocional en este tipo de situaciones y que también le permitirán llevar a cabo acciones que superen la adversidad y la resignifiquen, lo cual puede tener un impacto no sólo en su individualidad sino incluso en sus redes afectivas y la comunidad implicada. Gracias a todos estos recursos nos será posible realizar una elaboración del duelo consistente y que hará más llevadera la pérdida y el vacío que nos causa, sin que esto quiera decir que en algún momento se borrará de nuestra mente, pues los recuerdos y la ausencia estarán enlazados a nuestra existencia. En últimas, la resolución más adecuada del duelo se puede resumir en una frase: ‘‘olvidar recordando”, ya que ‘‘de este modo el recuerdo pasa poco a poco a ser más soportable, menos teñido de desesperanza y más teñido de pena y añoranza. Si se recuerda con menos sufrimiento el pasado no es necesario evitar el recuerdo’’ (Morer Bamba, et al., 2017, p. 14). 25.

(26) UN COMPROMISO CON LA TRANSFORMACIÓN ‘‘No es el pasado lo que forma nuestro presente, sino el presente lo que da significado a nuestro pasado.’’ Alan Watts. Aunque este proceso no es nada fácil y requiere de la manifestación activa de estas estrategias, de las cualidades resilientes, las aptitudes y del curso de las fases del duelo, hay un elemento trascendental sin el que esto no sucederá. Debemos poner en acción estos elementos, lo cual depende exclusivamente de nosotros mismos, es decir, que somos nosotros quienes ponemos en marcha toda esta transformación por medio de nuestras acciones y decisiones; está en la actitud que asumamos, del querer hacerlo, del compromiso fundamental de superarnos y de crecer. Para activar esta capacidad resiliente que se encuentra latente en todos nosotros se relaciona en seguida el concepto de autopoiesis, formulado por Humberto Maturana (1996), el cual se refiere al potencial que tenemos todos los seres vivos de hacernos a nosotros mismos, de transformarnos desde nuestro mundo interno para así relacionarnos con el mundo externo y sus eventualidades. (…) todo lo que les pasa a los seres vivos tiene que ver con ellos y no con otra cosa. Son sistemas autónomos, en los que su autonomía se da en su autorreferencia. Una de las palabras que inventa Maturana para denominar esta teoría es la autopoiesis. Son dos raíces griegas: autos, que quiere decir sí mismos, y poiein, que significa producir. "Los seres vivos son sistemas cerrados en su dinámica de constitución como sistemas en continua producción de sí mismos". (Maturana Romesín, 1996, p. 19) Estableciendo el vínculo de la autopoiesis con la resiliencia, podemos entender que es desde nuestro interior que podemos modificar lo que percibimos del mundo y de lo que nos 26.

(27) ocurre; se trata de tomar la responsabilidad sobre nosotros mismos y lo que hacemos, de asumir que sólo nosotros podemos generar los cambios que buscamos y que al tener consciencia de ellos seremos capaces de lograrlos. Según Maturana (1996), esa responsabilidad consiste en ser conscientes de las consecuencias que tienen nuestras propias acciones directa o indirectamente sobre otros seres, sean estos humanos o no, así como de darnos cuenta de si queremos o no dichas consecuencias y de actuar conforme a ello, para lo cual es indispensable la reflexión y el análisis. La autopoiesis, como se ha indicado, se refiere literalmente a la producción de uno mismo; como seres autónomos y libres, está en nuestras manos hallar lo que anhelamos, construir la persona que queremos llegar a ser y, así mismo, disponer de los recursos para lidiar las pérdidas y los cambios. En este sentido ‘‘el mundo en que vivimos es el mundo que nosotros configuramos y no un mundo que encontramos. En otras palabras, como somos sistemas cerrados y estamos determinados en nuestra estructura, lo externo solamente gatilla en nosotros algo que está determinado en nosotros’’ (Maturana Romesín, 1996, p. 47). Por la autopoiesis nos vemos movilizados a generar cambios que permitan el afrontamiento de eventos adversos, y la forma que escojamos para ello dependerá de cada uno, no hay fórmulas, pues cada ser tiene sus propios mecanismos, lo cual derivará de sus experiencias, intereses y perspectivas. Cyrulnik (como se citó en Quiñones, 2011), vincula esta actitud autopoiética con el proceso resiliente al indicar que ‘‘es, pues, un comportarse antes que un comprender y asumir la herida, y un comportarse de tal índole que, antes que la herida, lo que el sujeto resiliente asume es su propia existencia como suya, como valiosa y como su propia responsabilidad” (p. 52).. 27.

(28) Al entender esto, la persona, desde sus particularidades y capacidades, busca posibilidades por su cuenta que le ayuden a seguir adelante, pues como dice el dicho, ‘‘nadie hará lo que no hagas por ti mismo’’, nadie se responsabilizará de nuestros deberes, ni realizará los proyectos que nos hayamos trazado, ni se encargará de cumplir la tarea de resignificar todo lo que nos ocurre; por ello, es preciso que, de la mano de la capacidad autopoiética que tenemos y los recursos afectivos y sociales que nos rodean, vayamos tejiendo el entramado de ideas, emociones, habilidades, cualidades y actitudes que constituyen nuestra personalidad como sujetos resilientes, para que las acciones que efectuemos sean dinámicas y transformadoras de las realidades que se nos presentan; que los infortunios, dificultades, pérdidas o desgracias se conviertan en un impulso de superación. Sobre esto último Cyrulnik (2007), ha establecido una interesante relación entre la adversidad y la superación que sigue a la misma, y que puede apreciarse directamente desde el título de su libro ‘‘La maravilla del dolor’’. La comprensión de esta relación es posible aceptarla al ver en retrospectiva, luego de un proceso de duelo apoyado en la resiliencia, pues aunque a primera vista son conceptos muy contradictorios, ejemplifican todo el recorrido que se ha hecho, para al final encontrar maravilla en el dolor, es decir, valorar y apreciar profundamente los cambios y transformaciones que en nosotros han desencadenado el dolor y el sufrimiento, que la adversidad fue el detonante para llegar a un nuevo estado que puede generarnos dichas, autorrealización y felicidad.. 28.

(29) EL ARTE COMO ESPEJO Y PROMOTOR ‘‘El arte es para consolar a aquellos que están rotos por la vida. ’’ Vincent Van Gogh. Ahora bien, como se ha expuesto en el anterior apartado, el proceso del duelo, para alcanzar su propósito, requiere de la resignificación de la pérdida, lo cual es indispensable para darle sentido dentro de nuestra vida, al igual que para alentar nuevas posibilidades que contribuyan al desarrollo personal y a la revaloración emocional de la experiencia. De todas formas este proceso no siempre se da de forma espontánea o natural, sino que exige un medio o acción que lo permita. Es aquí en donde aparece como categoría fundamental del presente proyecto, el arte; pues ha sido éste el medio escogido para trabajar y reconfigurar el duelo por la pérdida. Era necesario, para generar una reorganización intrapersonal después del caos originado por la muerte, decantar a través del arte todo aquello que sentía y que me paralizaba en muchos ámbitos de mi cotidianidad, lo que principalmente se asociaba a emociones acalladas e inquietas en el interior, emociones que podían llegar a ser destructivas en diferentes escenarios, y las cuales era imperativo escuchar. La emoción es el signo consciente de un rompimiento de hecho o inminente. La discordancia es la ocasión que induce a la reflexión. EI deseo de restaurar la unión convierte la mera emoción en interés hacia los objetos como condiciones de la realización de la armonía. Con la realización, el material de la reflexión se incorpora a los objetos como su significado. (Dewey, 2008, p. 16) La elección hacia el arte se debe principalmente a experiencias e intereses personales, específicamente vivencias con expresiones artísticas desde la infancia, algunas de ellas relacionadas incluso con recuerdos de mi padre; pero sobre todo por lo que es capaz de potenciar la creación artística como medio de expresión a nivel emocional, intelectual, intrapersonal, 29.

(30) interpersonal, en la toma de decisiones y en la acción de plasmar una imagen; pues, como lo manifiesta Dalley (1987), ‘‘la actividad artística proporciona un medio concreto –no verbal- a través del cual una persona puede lograr una expresión al mismo tiempo consciente e inconsciente’’ (p. 15). Esto comprende la expresión de emociones y sentimientos confusos a fin de otorgarles sentido, orden y claridad. Después de tres años me di cuenta que aún quedaban heridas abiertas que necesitaba sanar y que no era solo el tiempo el que se encargaría de eso, sino que yo, como ser autopoiético, debía ponerme en la tarea de asumir lo que sentía y lo que eso me causaba, de sacar de mi interior lo que me hacía daño para transformarlo en una experiencia de aprendizaje y de amor por mí misma, por la memoria de mi padre y por mi familia. Mi inclinación por las expresiones artísticas y el conocimiento sobre ellas me permitieron encontrar en el arte como tal, una manera maravillosa para poder realizar esa trasmutación con un lenguaje conocido y catalizador con el cual me sentía más libre y cómoda, a diferencia del lenguaje verbal. Esta experiencia me llevó a entender que ‘‘sólo captamos la plena importancia de una obra de arte cuando reproducimos en nuestros propios procesos vitales los procesos del artista al producir la obra’’ (Dewey, 2008, p. 367) El arte como manifestación propia de la humanidad, le ha servido desde tiempos remotos para expresar su visión y su interpretación del mundo y todo aquello que lo contiene, entre otras cosas, sentimientos, emociones, conocimientos, experiencias, etc. Desde los dibujos en las cuevas de Lascaux y Altamira hasta los grafitis callejeros, el ser humano ha creado múltiples medios para materializar su mundo interno, su mundo intangible, sus deseos, sus miedos, sus luchas y sus logros. La exteriorización de esto le ha permitido descubrir en las manifestaciones. 30.

(31) artísticas un lenguaje, un medio para comunicar ideas y emociones que pueden ser, tanto individuales como colectivas, en donde podemos encontrarnos, identificarnos. Aquí entra en juego lo que Cyrulnik (2005) plantea como el recurso interno más preciado de la resiliencia: la fantasía, ya que es gracias a ella que podemos romper barreras, sobrepasar el tiempo y el espacio para alcanzar otras realidades en donde sea posible manifestar sentimientos y secretos que no serían comunicados de otra forma, en donde los límites se desdibujan para permitirnos viajar hacia el pasado a encontrar las historias que nos habitan y contarlas a otros de forma simbólica; así fantasía y arte conforman una diada que abre caminos hacia el encuentro y la comprensión. En el próximo párrafo, Boris Cyrulnik (2007) formula cómo se relacionan resiliencia y creación para movilizar las estrategias y recursos necesarios en la superación del duelo: El acto de creación tapona la brecha, repara la contusión, y permite volver a ser sí mismo, totalmente. Duelo y creatividad están ligados puesto que el que ha percibido algo se ve obligado a representarse lo que ya no percibe. La creatividad no es una aptitud cerebral o molecular, ya que está totalmente ligada a la historia de la vida del herido-creador que debe, para preservarse, restaurar el objeto perdido, ‘‘reconciliarse con la muerte’’, decía Freud. (p. 180) Al momento de entrar en contacto con un determinado lenguaje expresivo, nos hallamos ante la posibilidad de enunciar un sinfín de cosas, de diversas maneras; lo cual puede otorgar cierto control sobre lo que se quiere decir y sobre cómo se quiere decir; cosa que no nos es posible hacer en otros escenarios. También nos pone en contacto con nuestro cuerpo, nuestra biografía y emplea la razón, ‘‘ya que cuando se dibuja, se pinta, se esculpe, se experimenta, se selecciona, se decide, se descarta, se sintetiza, se imagina, es decir, no es un acto pasivo. El. 31.

(32) creador o creadora toma decisiones, transforma ese mundo o realidad en lo creado’’ (Jiménez Lama, 2015, p. 29). Es aquí donde tiene especial interés el proceso creativo para llegar a ser una expresión resiliente, en donde además, como lo explica Jiménez Lama (2015), este proceso ofrece la posibilidad de exteriorizar de forma tangible lo íntimo, lo interno, lo oculto, lo consciente y lo inconsciente, introducirse en el territorio de lo informe y ante todo puede dar vida a algo nuevo. Además de posibilitar un espacio de libertad, donde poder experimentar, indagar y equivocarse. A causa de esto es que en la obra se hallan conjugados imagen, sensación, emoción, memoria, recuerdos, concepto y pensamiento. Como expresión artística se plasma en imágenes acontecimientos y afectos, y como expresión de la resiliencia, permite la introspección, el análisis, el uso de elementos internos, de habilidades, destrezas e imaginación para transformar una adversidad en una experiencia de aprendizaje, de autoconocimiento y evolución; porque logra metamorfosear el dolor en consuelo, la tristeza en entusiasmo, el miedo en tranquilidad y la pena en bienestar. Esta metamorfosis obtenida por medio del arte contribuye al desarrollo humano de la persona, pues al alcanzar un equilibrio emocional esto repercutirá positivamente en las relaciones sociales, familiares, en el ejercicio profesional, en las relaciones de pareja, el bienestar físico y espiritual, la comunicación de ideas y emociones, la proyección y realización de nuevos proyectos, la seguridad en sí mismo, la confianza, la mejora del autoconcepto y la capacidad de ayudar a otros en situaciones similares. Entre otras cosas, Cerchiaro (2002) también rescata que: (…) el arte juega un papel terapéutico en la medida en que los lenguajes artísticos permiten crear metáforas, analogías y símbolos que hablan de los miedos, incertidumbres y frustraciones que de otra manera sería imposible expresar para conocerlos y 32.

(33) compartirlos, convirtiéndose en medios para elaborar duelos y canalizar y transformar expresivamente la agresividad connatural al ser humano. (p. 40) Gracias a estas posibilidades que ofrece el arte en cualquiera de sus expresiones, debe estar vinculado al desarrollo humano de todas las personas, no solo en el momento en que atraviesen alguna dificultad, sino de forma integral a lo largo de la vida, impulsado desde las instituciones educativas, de salud, las acciones comunitarias, las entidades culturales y desde luego, los programas gubernamentales en todo el país, para que las personas a través del arte puedan encontrar medios para canalizar sus emociones, sobre todo las de tipo destructivo (ira, odio, venganza, dolor, rabia, tristeza, etc.), ya sea por actividades expresivas o apreciativas, contrarias a la violencia que tanto daño y dolor han causado. Propiciar acciones constructoras que transformen nuestra sociedad desde el interior de cada ciudadano, lo que a su vez se reflejará en sus grupos familiares, escolares, laborales y comunitarios, pues como lo sostiene Abad (2009): En definitiva, promover la experiencia estética como función de las artes significa propiciar el encuentro vital con los diferentes campos del saber y del acceso al conocimiento, pero también es hallar disfrute en los pequeños acontecimientos cotidianos, es sublimar las relaciones como manera de ser y estar en el mundo, desde una estetización de las relaciones hasta la preocupación por la sostenibilidad del medio ambiente, etc. (p. 23) En este punto me permito hacer un paréntesis para aclarar a lo que nos referimos cuando hablamos de desarrollo humano y por qué la resiliencia y las artes forman una parte importante de él. En seguida se presenta una definición sobre lo que conlleva el desarrollo humano: El concepto de desarrollo humano, elaborado y difundido principalmente por el PNUD, supone que sólo puede hablarse de auténtico desarrollo cuando el entorno social permite que los seres humanos hagan realidad sus potencialidades como personas. Esto implica, 33.

(34) por tanto, alcanzar una situación en la que las capacidades de las personas puedan realizarse en la práctica porque cuentan con un entorno que lo posibilite y les proporcione las oportunidades para ello. (M. Gómez y J. Sanahuaja como se citó en Quiñones Rodríguez, 2006, p. 33) Esto quiere decir que una persona, sea cual sea su condición, debe tener a su alcance un entorno que le facilite y disponga todos los medios necesarios para que pueda desarrollarse plenamente, esto es, en cuanto a la garantía de sus derechos fundamentales, civiles, sociales y culturales; sin embargo este es un ideal que todavía no se ha alcanzado en todas las poblaciones y que en el caso de lo artístico, como en otras áreas, es necesario promover y efectuar. Sobre lo que pueden potenciar las artes como parte del desarrollo humano, dice Cerchiaro (2002): (…) si pensamos en el desarrollo humano, la actividad artística se convierte en un medio para establecer un diálogo enriquecedor con el entorno físico y social del individuo, desarrollando en él capacidades creativas, a la vez que contribuye a desarrollar una actitud estética hacia el medio. Todo esto porque, entre otras cosas, le ayuda a construir su pensamiento, le proporciona un medio de expresión y le capacita para apreciar esta forma de lenguaje con el cual puede re-crear su realidad, su mundo. (p. 37) Al estar permeado por las costumbres y manifestarse en la cotidianidad de las personas, el arte en ocasiones puede pasar inadvertido, lo que, según Arnheim (1986), le permite ser vigía para que las formas, los objetos y los sucesos que se presenten, puedan evocar, por medio de su naturaleza expresiva, las potencias más profundas y simples en las que el hombre se reconoce. También Hafelin (como se citó en Morales Domínguez, 2013) resalta los siguientes beneficios del arte a un nivel general: . Conectar la experiencia subjetiva con la realidad externa.. . Promover orden, armonía, ritmo y proporción.. 34.

(35) . Producir catarsis y favorecer la clarificación emocional, permitiendo dar forma e integrando sentimientos contradictorios.. . Orientar y dar sentido a la realidad personal y al mundo mediante la utilización de símbolos y metáforas.. . Estimular la imaginería y el potencial creativo.. Si comparamos estos beneficios del arte con las fases del duelo y los recursos resilientes, es posible encontrar varias congruencias entre ellas, porque el proceso resiliente posibilita una manifestación de formas creativas que ayudan en la reconstrucción de una nueva realidad ligada al uso de imágenes, sentimientos, acciones y contextos, que permiten imaginar y crear otras alternativas para vivir resignificando el dolor y el sufrimiento (Quiñones Rodríguez, 2006, pág. 64) Abordar entonces el duelo basado en el enfoque de la resiliencia de la mano de la experiencia creadora, nos ofrece la posibilidad de actuar partiendo de lo que tenemos y no desde lo que nos hace falta, ya que tejemos este proceso con nuestras fortalezas, recursos, potencialidades, habilidades y los aspectos positivos de los grupos sociales a los que pertenecemos (Jiménez Lama, 2015). Otro aspecto destacable, es que no nos victimiza ni se centra en las carencias y en la vulnerabilidad, sino que por el contrario activa actitudes autopoiéticas que nos encaminan hacia nuestro bienestar, a mejorar la calidad de vida y promover el resurgimiento a una nueva existencia gracias a la metamorfosis que hemos atravesado.. 35.

(36) PROCESO DE CREACIÓN ‘‘El dibujo no es la forma, aunque sí la manera de ver la forma. ’’ Edgar Degas A partir de este punto, luego de haber analizado los conceptos que sustentan la elaboración de este proyecto de grado, me centraré en describir el proceso de creación que tuvo lugar, el cual ha tenido como fin elaborar una expresión resiliente que permita resignificar la experiencia del duelo debido a la pérdida de mi padre. Para empezar este apartado quiero referirme al proceso creativo concibiéndolo como una construcción que va más allá del soporte tangible, que implica toda una serie de exigencias y condiciones para su realización, tanto en el plano material como en el mental, porque la creación final, el producto, no solo implica lo que vemos o percibimos al finalizar su elaboración, sino también, y en mayor medida, el trabajo psíquico, intelectual, cognitivo, emocional, anímico y expresivo que está detrás del mismo. Como lo expresa Cruz Gastelumendi (2012): El proceso creativo artístico si bien lleva a la realización de obras, es sobre todo un método disciplinado de creación y en cuyo transcurso se van ejercitando nuestras capacidades tanto creativas, expresivas y de análisis, este proceso no representa de por sí un resultado, sí más bien, una parte importante en lograrlo. (p. 90) Cabe aclarar que es justamente esto lo primordial en este proyecto, el proceso creativo, más que su resultado final, es todo aquello que se entrelaza para llegar a él. Es a lo largo del proceso que se crea la resignificación de la experiencia del duelo, poniendo en juego todos los elementos que forman parte del mismo para, finalmente, decantar todo ello en la obra, lo que aquí se ha obtenido en los dibujos, que no son más sino la representación del esfuerzo interno para transformar lo vivido.. 36.

(37) FASES DEL PROCESO DE CREACIÓN En las páginas que siguen me permito describir cada una de las fases que se llevaron a cabo para este proyecto de creación. 1. Rememoración de la pérdida El punto de partida para pro-mover la elaboración del duelo y re-activarlo después de un tiempo de estancamiento, fue la escritura. Este recurso narrativo ha sido valioso, ya que por medio del recuento de la experiencia surgieron las imágenes finales del proyecto; gracias a su potencialidad para despertar y revivir los recuerdos anclados en el subconsciente, especialmente sus huellas emocionales y sus repercusiones. Estos relatos, al expresar como se ha vivido la pérdida, también permitieron dar forma y orden a lo sucedido desde una perspectiva diferente a la que se tuvo en el momento del evento. Reflexionar el pasado desde el presente, confrontar y reconstruir los hechos para darles un nuevo sentido. Al escribir volvemos a vivir la calamidad porque se revive la emoción, pero esta vez es diferente, ya que al evocarla la vamos modificando. Esto también involucra una modificación dentro de nosotros, pues al re-estructurar el evento cambia la percepción que tenemos sobre nosotros en relación a ello, eso implica que el ‘‘decir nuestra propia historia nos crea un sentimiento de nosotros mismos coherente. Es una reconciliación entre las dos partes del yo dividido. El yo socialmente aceptado tolera al fin el yo secreto no relatable. El sujeto habla al fin de sí y se expresa en su totalidad’’ (Cyrulnik, 2007, p. 125). Debido a que desde mi infancia se me ha dificultado exponerme ante un público o un escucha por razones de inseguridad, siempre me ha costado mucho esfuerzo contarle a alguien lo que siento o lo que pienso, incluso cuando viví la muerte de mi padre también me fue difícil 37.

(38) hacerlo; por esta razón me di a la tarea de buscar otro medio de enunciación que me permitiera relatar mi historia. Es aquí donde aparece la escritura, en donde, igualmente a través del uso de las palabras, es posible contar vivencias. Pero el escribir solo por tener que hacerlo no lograba suscitar mayor recuerdo. Necesitaba escribir, pero con otro propósito más allá de la elaboración de este trabajo; necesitaba contarle a alguien, pero de forma escrita, todo lo que había vivido, sin recibir consejos, opiniones o ‘‘palabras consoladoras’’. Particularmente, el medio que se me dio de forma más natural, espontánea y cómoda para escribir y contar cómo he vivido esta pérdida se dio a través de una serie de escritos de carácter epistolar dirigidos a mi padre. Fue escribiéndole cartas a quien había sido una persona tan afectuosa y cercana conmigo que logré manifestar de manera escrita lo que hubiera querido decirle sobre lo que me ha causado su partida. El efecto más profundo que tuvo el hecho de escribirle, fue, que de una manera desbordante, empecé a sentir de nuevo todo lo que había experimentado hace tres años, como si su muerte hubiese ocurrido en el instante mismo en el que escribía. Esta capacidad evocadora de la escritura llegó a remover muchas emociones estancadas que había decidido ignorar y sepultar en mi inconsciente, pero que aún permanecían allí, lo que me hizo entender con aún mayor convicción la necesidad de sacar el dolor y el sufrimiento con el que todavía cargaba en mi interior y que en su momento manejé de otra forma. Este desborde emocional fue sin duda fundamental para el proceso creativo, pues fue lo que lo movilizó con más fuerza, interés e incluso necesidad. Por medio de la escritura comencé a recorrer un camino que ya no tenía regreso y en el cual debía seguir avanzando hasta su culminación. Igualmente pude empezar a comprender la importancia de exteriorizar los conflictos que nos invaden, de tal forma que al hacerlo, entendamos los hechos, y las emociones que sentimos no se tornen en 38.

(39) emociones perjudiciales para nosotros y nuestro entorno. En el siguiente enunciado Cyrulnik (2007) lo expresa claramente: El lápiz y la pluma nos defienden mucho mejor que el activismo, la venganza, el aislamiento o la regresión. La escritura reúne en una sola actividad el máximo número de mecanismos de defensa: la intelectualización, el ensueño, la racionalización y la sublimación. Permite al mismo tiempo afirmarse, identificarse, inscribirse en un linaje glorioso, y sobre todo hacerse aceptar tal como uno es, con su herida, ya que todo escritor se dirige a un lector ideal. (p. 183) Asimismo, las cartas escritas fueron un puente de comunicación importante en la elaboración del duelo, ya que daban la posibilidad de decir lo no dicho, de encontrar esos ejes que habían dificultado mi vivencia del duelo y entender qué debía hacer para seguir adelante sin que su partida afecte negativamente mi vida y mi desarrollo como persona, sino que por el contrario lo impulse. Estos ejes encontrados que complicaron la elaboración del duelo por la muerte de mi padre fueron: . La relación marcadamente distante que manteníamos, pues incluso pasábamos años sin encontrarnos.. . La separación de mis padres durante mi primera infancia, lo que limitó en gran medida el tiempo y los momentos que compartí con mi padre.. . El rol de responsabilidad y fortaleza que asumí, pues como hermana mayor sentí la obligación moral de ser un soporte y un apoyo emocional muy importante para mis hermanos menores.. 39.

(40) . Debido a lo anterior, la decisión de acallar lo que sentía y reprimir tempranamente mis emociones y mis reacciones.. . El hecho de no poder despedirme o de intercambiar unas últimas palabras con él, ya que la muerte de mi padre ocurrió en otro lugar del país.. . No tener la posibilidad de darle un tiempo oportuno al duelo, pues su partida se dio a comienzos de año y las clases en la universidad estaban por comenzar, a lo cual se sumaba la presión que tuve de parte de mis profesores y compañeros por la presentación de mi tesis del pregrado en esos días.. . La falta de claridad sobre los hechos que rodearon la muerte, el no tener la certeza de cómo sucedió. Identificar estos factores, que antes había dejado de lado, me permitió reflexionar sobre ellos para reevaluarlos y así poder darles un término dentro de mi ser, es decir, entenderlos dentro del contexto en que sucedieron y comprendiendo en mayor medida a las personas involucradas. De cierta forma, la distancia dada por el tiempo en que sucedieron y el ahora, permite analizar con mayor tranquilidad y objetividad lo sucedido, algo que en el momento del evento se veía nublado por las primeras percepciones y las fuertes emociones que dejan a un lado ese sentido de racionalidad y empatía por los otros y las situaciones paralelas que se dan. 2. Elaboración de bocetos Se podría pensar que con lo sucedido al escribir las experiencias relacionadas con el duelo sería suficiente para realizar la resignificación que se buscaba, pero no fue así, pues en vez de sanar el dolor y la tristeza estas se avivaron aún más, y aunque sí fue muy necesario e importante para el proceso, no era, en mi caso, un recurso capaz de cumplir con el propósito planteado, pues aún faltaba liberar el potencial visual y emocional de las imágenes que surgían 40.

(41) en mi mente, plasmar en alguna superficie el mundo simbólico que ahora estaba trastornado y que en ocasiones incluso me perturbaba el sueño y algunas ocupaciones. Fue así que me dirigí hacia el dibujo, entendiendo que como medio figurativo, al distanciarse de las palabras, posee ciertos beneficios, los cuales Naumberg (como se citó en Dalley, 1987) explica a continuación: La pictorización objetivada actúa entonces como comunicación simbólica inmediata, que con frecuencia soslaya las dificultades del habla. Otra ventaja inherente a la realización de proyecciones pictóricas inconscientes es que dichas imágenes simbólicas se evaden con más facilidad de la represión por parte del que Freud calificaba de ‘‘censor’’ de la mente, en comparación con las expresiones verbales con las que el paciente se halla familiarizado. (p. 20-21) Respecto a la referencia de Freud sobre el ‘‘censor’’, aunque de modo consciente creara ilustraciones, es cierto que al mismo tiempo, de manera inconsciente, en este proceso iban saliendo elementos antes reprimidos, pero que con ayuda de las imágenes brotaban sin prejuicios que de otra forma sí tendrían, entonces las imágenes al contener elementos conscientes e inconscientes liberan la carga emocional represada en el interior. Pero esta elección obedece también a un interés personal en el dibujo como medio plástico y mi relación cercana con éste durante varios momentos de mi vida, en la infancia desde luego, pero también en mi adolescencia donde adquirí mayores conocimientos técnicos gracias a mis maestros del colegio y a la práctica empírica; pero he llegado a la conclusión, luego de este proceso, de que es algo que debo sobre todo a mis padres quienes siempre me mantuvieron en contacto constante con el arte como parte de la cultura que ellos deseaban que conociera, pero más poderosamente, como parte de sus propias aficiones, habilidades y ocupaciones. Fueron ellos mismos quienes me condujeron hacia el amor por estos lenguajes simbólicos a los que ahora recurro para evocarlos. A través del dibujo aprendí a descubrir muchas cosas de mi entorno 41.

(42) en la niñez, y ahora en mi edad adulta las re-descubro y me descubro a mí misma con este medio expresivo. Dibujar es reflexionar mientras dejamos una huella de nuestros pensamientos en el papel, es pensar y actuar al mismo tiempo, manifestando nuestros deseos. Sobre esto Abad Molina (2005), plantea que ‘‘los dibujos son como mapas personales, radiografías de nuestra conciencia, establecen un diálogo interior, recuperan fragmentos de conversaciones, recuerdos, sensaciones, etc. ’’ (p. 151). Estos elementos que van configurando la obra, al pasar por medio de quien dibuja, se alteran mostrándonos una nueva realidad, en donde se conjugan las experiencias del creador y el proceso que le ha dado forma. En relación a este proyecto, el dibujo, por sus cualidades expresivas, permitió exteriorizar esas emociones y visiones, y fue al momento de dibujarlas en un papel que se liberaban y hablaban por sí solas. El sólo hecho de pasarlas a un soporte externo aliviaba el cúmulo de sensaciones originadas en la escritura y posteriormente brindaba la posibilidad de observarlas y encontrar en ellas lo que llevaba escondido y que me generaba malestar conmigo misma y con el mundo que me rodea. Sentía un efecto tranquilizador que me permitía descansar y valorar el esfuerzo por lo que estaba haciendo. Otra cualidad encontrada en el dibujo, que fue relevante para el proceso, fue la inmediatez que me ofrecía, pues podía dibujar una imagen, cualquiera que fuese, en el instante mismo en que surgía, sin tener que preparar con antelación determinados materiales o esperar a estar en un determinado lugar, situación que puede ocurrir con otros tipos de artes plásticas. La importancia de poder realizar rápidamente estos dibujos radica, por un lado, en la posibilidad de exteriorizar con facilidad la imagen, ya que en ocasiones creaban sensaciones incómodas de. 42.

(43) angustia y ansiedad, pero que al bocetarlas desaparecían; y por el otro, por la inminencia de olvidar lo que imaginaba y que éstas se perdieran en mi mente, ya que es una circunstancia que me ha ocurrido con anterioridad. Cuando se inicia la fase de bocetación es cuando se va visualizando y dando orden y estructura al dibujo, para luego pasar a la composición y soporte definitivos. Aquí aparecen también las formas que representan nuestras ideas; figuras y matices que contienen nuestro mundo interno para expresarlo (Kandinsky, 1989, p. 29). Pero adicional a esto, nos damos cuenta de que estos bocetos no se limitan solo a ello, sino que además, éstas representaciones figurativas no se encuentran aisladas, es más, establecen conexiones entre sí para otorgar equilibrio y sentido a la imagen completa (Dewey, 2008, p. 113), lo cual va a tener el mismo efecto en nuestro mundo intrasubjetivo. Añadido a esto, no hay que dejar de lado que el proceso de creación implica también un proceso cognitivo y de autoconocimiento, explicitado a continuación por Jiménez Lama (2015): En el acto de decidir la organización de una composición, la elección de un color, una textura o la forma de expresar un sentimiento o idea, se posibilita poder conocerse y poder transformarse a sí mismo en ese hacer, pues el proceso que se lleva a cabo en soporte, en la búsqueda, en la resolución de problemas y nuevas soluciones (junto con el aprendizaje, que se genera a través del enfrentamiento, manejo y resolución de las posibles dificultades que surgen ante la hoja en blanco), también tiene su efecto en el propio creador. (p. 34) En el transcurso de la elaboración, es importante resaltar que se da un desarrollo dialógico entre el acto de dibujar y el proceso creativo, quienes se van nutriendo entre sí gracias al carácter analítico sobre la realidad externa que se va dando y las respuestas que emergen a medida que las imágenes adquirieren poco a poco un sentido más claro. 43.

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