Aviso la palabra enmorarse no está en el diccionario

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Aviso

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Trabajo de Grado

Inti Camila Romero Estrada

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Asesora

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ÍNDICE

   

I. Encontrando detonantes

   

II. Enamorarse es un acontecimiento

→ Una nueva historia

→ El acontecimiento: mi enamoramiento

→ El ‘encanto’ del enamoramiento

→ El sujeto enamorado  

 

III. ¿Quién quiere un amor romántico?

→ Serás tu LA encargadA

→ Mi media naranja, mi alma gemela º Andrógino

º Hermafrodito

→ Fusión: ¿1+1=1?

→ Una velada romántica y ‘excepcional’.  

 

IV. Soy una coleccionista de papeles. Soy una editora de imágenes. Soy una recopiladora de

stories

→ “Dibujando con tijeras” - decía Matisse

→ Atesorando

→ Un momento para dibujar

→ Collage/Palabra/Imagen

→ Trazando palabras, esbozando anécdotas  

 

V. Transcurso de la obra

→ En proceso  

 

VI. Anexos:

Entrevistas

Notas

VII. Bibliografía-Filmografía-Enlaces Web

   

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A mi abuel-‘ITA’ que se enamoró del comunista del ‘pueblo’

     

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La construcción identitaria como dice Florence Thomas “se inicia en la casa, en el patio de atrás, en la alcoba, con las prácticas más triviales de

la vida, con las prácticas más políticas que conozco: las del amor” *

 

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“Y es que las preguntas verdaderamente serias son aquellas que pueden ser formuladas por un niño. Sólo las preguntas más ingenuas son verdaderamente serias. Son preguntas que no tienen respuesta. Una pregunta que no tiene respuesta es una barrera que no puede atravesarse. Dicho de otro modo: precisamente las preguntas que no tienen respuesta son las que determinan las posibilidades del ser humano, son las que trazan las fronteras de

la existencia del hombre” *

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I. Encontrando detonantes

                 

Dicen que lo único seguro en esta vida es morirse. Tal vez lo demás sean sólo acercamientos para encontrar puertos seguros. Cuando inicié la clase de Seminario II, creía tener seguro el tema de mi tesis luego de reflexiones y cuestionamientos, concebía que el tópico generador estaría relacionado con temas de género. Sin embargo, no siempre los puertos están tan claros como se creía y a veces la niebla no deja ver aquellos acontecimientos vitales, esos que están ahí y que no hacen más que hablarnos de lo que somos y de lo que nos hace vivir.

 

Empecé las clases un par de semanas después al llegar del intercambio que había realizado en Barcelona, así que al principio me costó un poco entender el objetivo de los ejercicios, que hoy agradezco haber hecho porque puedo decir que allí se originó este proyecto.

 

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“Inventario 1:

 

Tomar objetos de mi mesa de noche. Escoger varios y desechar otros cuantos. El regreso a Colombia es reciente, así que entre las cosas que se destacan están las que tienen relación con mi estancia en Barcelona: 1. Estuche con tarjetas del metro de Barcelona, 2. Libro: “La Sociedad del Espectáculo” de Guy Debord, (regalo) 3. Tarjeta de residencia temporal (Número de Identificación de Extranjero.) 4. Monedero, 5. Encendedor, 6. Carrete de Kodak 200, 35mm color.”

         

 

       

En la primera asesoría para el trabajo final de Seminario II, comenté que mi interés estaba ligado a temas de género y últimamente había estado trabajando en ello, inclusive durante el intercambio. Sin embargo, Ricardo, quien era el asesor de Seminario II, me hizo notar que era evidente que algo había pasado en Barcelona, yo en aquel momento me encontraba bastante triste por el regreso, sentía como si me hubieran arrebatado algo, sin exagerar, sentía como si culminara uno de los mejores momentos de mi vida. Hablando un poco más, confesé que estaba enamorada y que la distancia con respecto a mi relación de pareja me daba miedo, la sentía incierta y temía que fuera perecedera con el paso del tiempo. Sentía que era la felicidad de haberme enamorado, pero la tristeza de tenerme que ir. “Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza”1

   

 

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Ésta fue la circunstancia de peso que hizo que me replanteara el tema de mi tesis, aparentemente le resté importancia al interés sobre temas de género y me centré en lo más visceral, en lo que mi cuerpo decía, me sentía en una especie de duelo, la angustia y la confusión sólo querían la presentización2 de este amor. Sin embargo, empezar ‘por lo

personal’ se convierte a la vez en una decisión feminista y política a la vez, entendiendo la esfera de la vida privada como un espacio propio a conocer.

 

Las palabras de Ricardo fueron algo así como: “enamorarse es un acontecimiento”, morir o nacer también lo son. Esto me generó más preguntas que respuestas y entendí que para mi proyecto final de carrera era propicio hablar desde lo vital, desde lo más cercano.

 

Así que estoy aquí por una preocupación vital que me observa y me cuestiona, que me atrae y me necesita. Encuentro razonable querer partir de mi propia experiencia, teorizando desde mi propia voz, me aproximo desde lo más cercano: estar enamorada, encontrando el amor como tema eminente para entender y dar significados de vida, descubrir interrogantes identitarios en el sujeto enamorado que se redefine, y el enamoramiento como estallido que cobra sentido, como acontecimiento que rompe y reconfigura.

   

Y es que es difícil hablar del amor. No quiero que cuando diga que el tópico generador de mi tesis es el amor, la gente me mire con infortunada ternura y con los ojos de lástima me digan ¡Ayyy el amooor! ¡Pero qué enamorada estás! Y luego pregunten ¿te vas a casar? Mi enamoramiento manifiesta una situación personal, como situación que experimentan muchísimas otras personas adquiriendo así un carácter colectivo.

   

Quisiera empezar diciendo así, la dificultad que me trae fijar el tema de mi tesis, el ‘obstáculo’ que encuentro al tratar de establecer límites entre el enamoramiento y el amor. En un primer momento trato de poner fronteras, pero no encuentro sentido al ver difuminar el enamoramiento con el amor o el amor con el enamoramiento. Desisto así de la idea de diferenciarlos radicalmente, porque al hacerlo me convierto en una voz más que trata de poner un orden jerárquico o quizás cronológico innecesario en la caracterización del amor, un orden que intenta situar al enamoramiento como primer paso y al amor como conclusión, declino de la idea historizarlo porque terminaría domesticándolo, convirtiéndolo en instrucción o en receta culinaria.

   

Para poder dar cabida a una lectura sobre el amor, leía a Theodore Zeldin, hablando de la “Historia personal e historia de las emociones”, y me llamaba totalmente la atención su reflexión sobre el nuevo historiador, los cambios en los

   

 

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paradigmas establecidos, en donde el historiador ya no sólo tiene como objetivo analizar ideas e hipótesis de otros para más adelante ‘inventar’ sus propias formas de ver la historia, sino que la historia personal debiera convertirse en centro de atracción, para comprenderse a sí mismo a través de su obra “la nueva meta de la investigación histórica ha de ser una mejor comprensión del individuo”3 que me llevaba a su vez a la pregunta que plantea Kundera en “La

insoportable levedad del ser” “¿acaso no es cierto que el autor no puede hablar más que de sí mismo?”4. El artista

como eje articulador, puede tomar estas misma palabras, para interrogar a la vez sobre quizá su mayor logro, tomar la vida misma para reinventar formas de construir realidades, “el arte es como un remedio: apenas sirve para uno y para los que sienten lo mismo que uno, para los que tienen la misma enfermedad”5 decía Bernardo Salcedo.

   

La concepción de Historia (con ‘H’ mayúscula) no puede seguirse viendo como el proceso de verdad absoluta. Si bien, por un lado está el historiador, a quien corresponde analizar y explicar acontecimientos importantes para un colectivo social; por otro, están las historias no oficiales o stories que se dejan a un lado porque parecerían en primera instancia hechos aislados. El historiador como persona legítima instaura la gran Historia o History así, “se llamaba “historia” a la colección de esos grandes ejemplos dignos de ser aprendidos, representados, imitados.”6

La historia estaba destinada solo para aquellos que obtenían el merito de dejar su memoria y sus acciones como hechos memorables. Sin embargo, el ser humano tiene la necesidad de establecer micronarrativas o stories, como descripciones verdaderas o imaginarias de determinados eventos, otorgando visibilidad a hechos vitales y pertenecientes al ámbito cotidiano, entendiendo lo cotidiano también como la diferencia dentro de la repetición.

 

Quiero ser el canal por donde crucen stories, las experiencias personales como hilos conductores que construyan nuevas formas de pensar, nuevas concepciones, consideraré así, dar importancia al mundo de los afectos y a historias de amor para crear nuevas formas de comprender realidades. Quisiera ir más allá de las normativas impuestas y de los cánones que se disfrazan de pensamientos propios. Deseo desplazar la frontera entre lo público como correcto y lo privado como incorrecto, encontrando dentro de lo cotidiano/privado y aparentemente más trivial, el espacio donde se construye realmente la vida, viendo así como la identidad también está en construcción a través de nuestras historias de amor, como historias de humanización.

           

 

3    ZELIN,  Theodore,  Historia  personal  e  historia  de  las  emociones  en  Sobre  el  amor.  Pág.  162.  Revista  de  Occidente  No  15‐16.  Publicación  periódica,  fundada en 1923 por Ortega y Gasset. 

4   KUNDERA, op. cit. Pág. 232 

5   SALCEDO, Bernardo, “El nuevo brillo de Salcedo”, Entrevista por Diego Guerrero, Redactor de El tiempo 10 de Marzo. Bogotá‐Colombia, 2006 

6   RANCIÈRE, Jacques, Lo inolvidable en Pensar el Cine 1, imagen, ética y filosofía, Pág. 161. YOEL, Gerardo (comp.). Manantial, Buenos Aires‐Argentina, 

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Ortega y Gasset, en sus Estudios sobre el amor, decía que “un amor no se puede contar: al comunicarlo se desdibuja o volatiliza”7, luego afirma que cada cual debe ajustarse a su experiencia personal, porque no es fácil tomar la de

los demás. Y es allí donde cabe resaltar una vez más la importancia de partir desde lo más cercano, desde lo que se ‘conoce’, desde lo que finalmente si se puede hablar, para que lo vital no se desvanezca. Finalmente, el autor agregará que a pesar de que no es tarea fácil hablar ‘seriamente’ sobre el amor, éste puede llegar a ser un tema teórico de la misma importancia que los demás, que será impenetrable si realmente no nos acercamos a él.

 

Me veo sumergida en la imposibilidad de definir el amor, de asegurar una conceptualización definitiva, su lenguaje impreciso e indeterminado, indirecto y misterioso, me llevará a investigar acerca de él, a descubrirlo, a revisarlo. Será este proyecto una serie de anotaciones sobre el amor, sobre el enamoramiento, anotaciones que no serán indiscutibles ni ineludibles, algunas veces serán balbuceantes y hasta contradictorias, en ocasiones serán susurros o preguntas sin respuesta; parten de referentes teóricos pero también de episodios personales, se trata también de contribuir desde el ámbito artístico al tema con el artista como eje articulador de diferentes disciplinas, como sujeto emancipado y capaz de transmutar concepciones establecidas, para generar nuevos diálogos y formas de compresión cultural.

                                                       

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“Tenía que enseñarle a pensar en el amor como un estado de gracia

que no era un medio para nada, sino un origen y un fin en sí mismo” *

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8   DELEUZE, Gilles, Del acontecimiento, Pág. 1. Extraído de: Lógica del sentido. Editorial Paidos. Barcelona‐España, 1989 

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II. Enamorarse es un acontecimiento

             

“Todo estaba en su sitio en los acontecimientos de mi vida, antes de que yo los hiciera míos; vivirlos, es sentirse tentado de igualarme con ellos, como si les viniera sólo de mí lo que tienen de mejor y de perfecto” *  

           

El acontecimiento se define como un suceso en el tiempo y el espacio que no es permanente. Los vestigios de su existencia son los que dejan la noción de que aquello se produjo, “el estallido, el esplendor del acontecimiento es el sentido”8. Cuando algo transgrede lo habitual da cabida al acontecimiento en donde su narración se ve limitada

por la evidencia o las consecuencias del acto y la interpretación personal o colectiva, bien sea del historiador o de una construcción colectiva cultural.

   

El acontecimiento hace del tiempo un canal multidimensional en donde lo rutinario se transforma, a pesar de que se enmarca por un antes y un después; se trata también de entender el acontecimiento más allá de un razonamiento lineal, bajo una lógica de mutabilidad y movimiento, donde hay composición y descomposición del tiempo. El acontecimiento cambia las proyecciones prefiguradas, irrumpe en lo habitual y las nociones de suceso/evento/ episodio se ven inmersas en líneas de fuga flexibles.

   

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9      Ibíd. Pág. 3. 

10   KUNDERA, op. cit. Pág. 115.   

   

acontecimiento: dentro del acontecimiento hay un momento presente que es cuando éste ocurre o se efectúa, ‘es ese preciso momento y no otro’ y el futuro y el pasado, que se determinan o bien en función a ese presente, o en

sí mismos, formando lo que el autor llamaría la contra-efectuación que es la ambigüedad del acontecimiento, ya que por un lado hay una relación extrema o definitiva con el individuo, donde el acontecimiento se manifiesta en el sujeto, en su cuerpo, y por otro lado, el acontecimiento también está fundado en sí mismo, siendo incorporal, infinitivo e impersonal.

   

“Por ello no hay acontecimientos privados, y otros colectivos; como tampoco existe lo individual y lo universal, particularidades y generalidades. Todo es singular, y por ello colectivo y privado a la vez, particular y general, ni individual ni universal (…)

¿Qué acontecimiento privado no tiene todas sus coordenadas, es decir todas sus singularidades impersonales sociales?”9

   

Paralelamente, al pensar en esta ambivalencia del acontecimiento, entre lo íntimo y lo público, cabe citar la novela

“La identidad” de Milan Kundera. A veces creemos que las situaciones que nos ocurren en la vida, son únicas y personales, que lo íntimo es propio de cada individuo, sin embargo, Kundera plantea lo contrario, argumentando la inexistencia de lo que llamamos “un secreto íntimo”.

 

“¿(…) se preguntó, ¿qué es un secreto íntimo? ¿Será ahí donde reside lo más individual, lo más original, lo más misterioso de un ser humano? ¿Serán esos secretos íntimos los que convierten a Chantal en ese ser único al que ama? No. Es secreto lo más corriente, lo más trivial, lo más repetitivo y común a todos: el cuerpo y sus necesidades, sus enfermedades, sus manías, el estreñimiento, por ejemplo, o la menstruación. Si ocultamos púdicamente esas intimidades no es porque sean tan personales, sino por el contrario, porque son lamentablemente impersonales.”10

     

Así, no se trata del enamoramiento de ‘Inti Camila Romero Estrada, mujer, estudiante de artes, 23 años…’ sino de cómo esas pequeñas circunstancias que creemos absolutamente singulares son irremediablemente multiplicadas en diferentes individuos, pueden cambiar las formas, pero las intimidades tienen más similitudes que discrepancias.

   

El acontecimiento, puede ser así, un proceso múltiple de auto-configuración persistente, como proceso subjetivo, entendiendo la subjetividad como modos de experiencia, de pensar, de sentir, de actuar o de relacionarse.

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11   DELEUZE, op cit. Pág.1.  12   DELEUZE, op. cit. Pág. 2. 

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injusto, mérito, falta”11 para referirse al acontecimiento. Se trata más bien de querer el acontecimiento más allá de

simplificarlo concibiéndolo como si fuese un accidente. El acontecimiento debe ser comprendido y querido, en palabras del filósofo: debe ser digno de lo que nos ocurre.

   

Para Deleuze, será importante el factor tiempo en el acontecimiento, plantea por un lado a Dios como Cronos, es decir el tiempo secuencial, donde el pasado y el futuro son dimensiones relativas, es el eterno nacer y perecer, el tiempo medido bajo la maquinaria del reloj; y por otro, al actor como Aión, o sea lo eterno, el tiempo de la vida, en donde el presente es lo más instantáneo y puntual, el cual se divide inevitablemente en el pasado-futuro, éste “permanece en el instante, para interpretar algo que siempre se adelanta y se atrasa, se espera y se recuerda”12. Al interpretar el

acontecimiento, el actor se encarga de descifrar el sentido a partir de los componentes del acontecimiento, desde la relación del pasado-futuro en el presente instantáneo.

       

 

Una nueva historia

             

“Uno debe cabalgar permanentemente a lomos de las historias, esos potros raudos sin los cuales se arrastraría uno por el polvo como un peón aburrido” *

           

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largo siglo XX. Editorial Taurus. Bogotá‐Colombia, 2011   

   

ciertas construcciones históricas de cada individuo como acontecimiento singular que atraviesa y transforma la vida transitada por el tiempo.

Hasta inicios del siglo XX, la tradición historiográfica, tomaba los acontecimientos, como afirmaciones de análisis positivistas que marcaban una época, se trataba de saberes absolutos dentro de construcciones más bien objetivas. Sin embargo, entre 1945 y 1968, se empieza a concebir una nueva forma de hacer historia con la “Escuela de los Annales”13, una historia que se planteaba como oposición a la narrativa cronológica y lineal. Los historiadores

complementaban su saber con aquellos provenientes de otras disciplinas como la sociología, la antropología, la economía o la arqueología, y esto dio cabida a la indagación en lo cotidiano y dentro de lo cotidiano a la revisión en torno a la historia de los afectos, por ejemplo.

Se le dio espacio al individuo como constructor de realidad. El propio cuerpo con sus comportamientos y emociones suscitó interés en muchos campos de investigación social. Frecuentemente, los sucesos pertenecientes al ámbito de la vida privada no eran aptos para el interés teórico ya que emergerían de la intimidad, sin embargo, poco a

poco empiezan a sobresalir para hacer historia; dejan de ser únicos los sucesos públicos y ahora se comienzan a involucrar esos espacios e historias privadas que eran inconcebibles dentro de la gran Historia, dando cabida por ejemplo a: “La historia del cuerpo”, “La historia del orgasmo” o “La Historia de la vida privada”14, lo cual implicó

hablar de relaciones subjetivas desde la afectividad, se necesitó de un momento histórico donde el sujeto moderno

se valorará como un yo subjetivo y en construcción.

       

 

El acontecimiento: mi enamoramiento

   

 

No es tarea fácil definir el acontecimiento en torno al enamorarse, llega el momento en el que me pregunto, si parto de la afirmación de que enamorarse es un acontecimiento entonces ¿estar enamorado no lo sería? Puedo decir que en ésta experiencia vital existió un momento en que dije: ¡me enamoré! Como si fuera el inicio de un evento o como si fuera una franja que partiese el tiempo, sin embargo, curiosamente en el momento en que escribo sobre esto, después de que ha pasado ya algún tiempo, puedo seguir afirmando que ¡estoy enamorada!, que nos enamoramos,

   

 

13   Annales: “reconocían en la historia otros dominios que aquellos en que anteriormente estaba confinada, los de las actividades conscientes, voluntarias,  orientadas hacia la decisión política, la propagación de las ideas, la conducta de los hombres y de los acontecimientos” en www.anep.edu.uy/uruguayglobal fotos/option_media_192.pdf 

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pudiendo ver así el enamoramiento no como ‘El’ evento específico fechado, sino como proceso que transcurre junto

a la vida.

   

Por ello, he decidido establecer dos momentos dentro del fenómeno del enamoramiento donde el acontecimiento se hace presente y es sumamente importante. Por un lado establezco el evento y por otro el estado. El evento

como el momento en que -me enamoro o nos enamoramos-, “el flechazo de Cupido” como el famoso lapso en donde el sujeto enamorado está encantado, donde se da una explicación científica al amor como: el proceso de encantamiento pasional es una tormenta química que se desata en el cuerpo: una potente mezcla de adrenalina, serotonina, norepinefrina, testosterona, dopamina, vasopresina y oxitocina”15, o ese momento mágico y a la vez

absurdamente desechable que vende el capitalismo. Es un momento que sin duda es vital para el enamorado. Sin embargo no es allí (en el evento) donde vale la pena pronunciar el acontecimiento como hecho especialmente importante, sino más bien en el estado de enamoramiento que a pesar de que se origina con el evento, traspasa la

frontera, es una permanencia en el tiempo de ese estado alterado inicial, pero no permaneciendo solamente como un estado metafísico sino un como estado eminente.

   

El acontecimiento al que hago referencia como evento tuvo lugar en Europa (espacio) dentro de un contexto

específico, pero no creo que se pueda marcar sensatamente con un punto rojo en mi línea del tiempo, más bien, se acoplaría a la canción: “Cómo fue, no se decirte, cómo fue, no se explicarme que pasó, pero de ti me enamoré”.

En la imposibilidad de definir el tiempo exacto, valoro el devenir que esto trajo consigo, el enamoramiento hoy me sorprende e impresiona, el acontecimiento sigue un proceso, es un acontecimiento expandido, un acontecimiento

a habitar.

 

El acontecimiento del evento vivido como fenómeno ‘aparentemente finito’ se desdibuja, se transforma, se propaga por encontrar en aquella vivencia tal vez el inicio de un acontecimiento expandido en el que estoy enamorada a

pesar del tiempo transcurrido desde el evento hasta hoy, un transcurso a tejer desde lo vital. El acontecimiento no es previsible, no se deriva de antecedentes, no se puede definir a priori. Es un punto de ruptura, una novedad, una primicia o un descubrimiento, produciendo una especie de sensación revolucionaria16 y estremecedora. Y es que

el sentirse sumergida en el acontecimiento de enamorarse supera límites corporales, en donde el descontrol será la carretera a caminar, un sendero contingente inesperado.

     

 

15   HERRERA Gómez, Coral, La tendencia del amor a disiparse, sobre la utopía emocional del amor romántico, Pág. 132. Revista Estado Mental No.1, 

Editado por Estado Mental S.L. Madrid‐ España, 2011. 

16   Según el Diccionario de la lengua española: Revolución.(Del lat. revolutĭo, ‐ōnis).1. f. Acción y efecto de revolver o revolverse. 4. f. Cambio rápido y 

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“Cuando Florentino Ariza la vio por primera vez, su madre lo había descubierto desde antes de que él se lo contara, porque perdió el habla y el apetito y se la pasaba las noches en claro dando vueltas en la cama (…) la ansiedad se le complicó con cagantinas y vómitos verdes, perdió el sentido de la orientación y sufría desmayos repentinos, y su madre se aterrorizó porque su estado no se parecía a los desórdenes del amor sino a los estragos del cólera”17

         

 

Estar enamorada me sobrepasa, me sumerge en lo más visceral, se aumenta mi sensibilidad, soy más sensitiva al tacto, a la palabra, escucho, soy más perceptiva a mi cuerpo, pero también me confundo, a veces me siento débil, a veces en desventaja, como si me fuera a caer, como si soñara; me preocupo, me altero, me desidentifico, pero también me rio más, me gustan las cosquillas, me vuelvo cursi, paso tardes enteras escuchando canciones melancólicas, me devuelvo en el tiempo con boleros, me voy hacia delante con proyectos a futuro, intento no ser egoísta aunque a veces parece imposible, me siento mejor conmigo misma, otras veces, siento cómo la soledad de la distancia se apodera de todo mi cuerpo y no me deja tranquila, me inestabiliza, me vuelve dócil; lloro, me duele el estómago si algo no anda bien entre los dos, me pongo nerviosa, me da miedo, doy demasiada importancia a cosas que tal vez no la tienen, pero me descubro, me aterro de mis actitudes o me alegro, reflexiono sobre la vida misma, sobre lo cotidiano, sobre la intimidad, sobre el cuerpo de la mujer. Pienso en el futuro, en la maternidad, en la vida de pareja, en las casualidades, en el azar o la suerte, sonrío, recuerdo, no olvido lo importante, intento recordar sensaciones y me siento feliz; me llena, me estabilizo, me siento tranquila, siento una fuerza que me impulsa, que me llama, que me motiva, que me da razones, que me hace vivir.

                 

17   GARCÍA, Márquez. Gabriel, El amor en los tiempos del cólera, 1985. Pág. 76. Verticales de bolsillo, Biblioteca García Márquez. Grupo Editorial Norma 

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“Estar enamorada”

 

 

   

* De la Serie: ‘Estar enamorada’. 2012  

       

 

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El ‘encanto’ del enamoramiento

   

   

* “Bloondy Sundae”. John Baldessari. 1987

         

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Paro por un momento y me pregunto ¿Qué piensa comúnmente la gente sobre el enamoramiento? No encuentro una respuesta ni inmediata ni concluyente, pero sí ideas encontradas que se expresan positiva o negativamente de acuerdo definitivamente con el contexto de la realidad vital en la que se encuentren. Paralelamente, suele ser frecuente actuar de acuerdo a una construcción hipernarrada culturalmente en torno al amor. Así que en un primer momento del desarrollo del proyecto, realicé algunas entrevistas a personas de diferentes edades, era la forma de iniciar una parte del trabajo de campo, emprendiendo la búsqueda por diferentes realidades con la participación del otro. Viendo las entrevistas de una forma panorámica, éstas se juntaban con algunas ideas circulantes en medios de comunicación de masas, canciones, alta cultura, etc.

   

Quisiera empezar diciendo que me llamaron totalmente la atención aquellas respuestas dicotómicas de las preguntas: ¿Se ha enamorado aguan vez en su vida? o ¿Está usted enamorado en este momento? En las que al obtener como respuesta una afirmación o una negación, podría a su vez interpretar la gestualidad de quien respondía, me gustó cuando suspiraron, cuando rieron, cuando eran ‘Sis’ largos y profundos o cuando había un ‘No’ rotundo, un No curiosamente afirmativo y seguro.

   

No podría decir que las respuestas que obtuve en estas pequeñas entrevistas fueron en su mayoría discordantes, así que a pesar de que hubo algunas respuestas (igual de interesantes) que abandonaron las narrativas unidireccionales del amor, mi tarea consistió en tomar aquellas respuestas en las que ciertamente se daba cuenta de una construcción institucionalizada del amor que sin lugar a dudas ha sido y sigue siendo reiterada infinidad de veces.18

Lo que sucedió fue que generalmente aquellos que iniciaban una relación y estaban enamorados, en el momento en el que se les pregunta ¿Cuáles cree que son las características del ser enamorado? Algunos hablaron de la idea de complemento y acompañamiento: “encontrar un complemento, una media naranja”, “un complemento que a uno le hace falta”, “ahí si soy como lo de la media naranja, muy platónico”, “pero también una pareja está para acompañarse”, “la pareja terminaría constituyendo la unicidad”, dando en ocasiones por sentado el compartir con el otro lo mejor de su vida: “un par de personas que comparten sus momentos, sus ideas y sus pensamientos”, “alguien con quien compartir todo”, “cuando uno empieza un proyecto es mucho mejor si es compartido” En la mayoría de estos casos afirmaron con certeza que estaban enamorados, luego varios sonreían tímidamente y con complicidad. Si por el contrario los que respondían a la pregunta estaban ‘desenamorados’, con dolor o en duelo, establecerían el enamoramiento como sinónimo de sufrimiento por dejarse llevar, “¿Cómo definiría el amor? – Dependencia.”, culparían lo visceral por ser irracional y alejado de la realidad, “creo que el ser enamorado está como en un sueño, está alejado de la realidad”, “cuando uno está enamorado yo creo que se vuelve un poco ciego,

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Y aunque no se trata de establecer polos opuestos, si es importante destacar una vez más que cada entrevistado aunque se pronunció desde su propia experiencia también reflejó narrativas que irremediablemente han sido comunes desde discursos hegemónicos, por la repetición que termina por tornarse naturalizada Sin embargo como tampoco se trata de hacer juicios morales al respecto, es importante conocer algunas visiones teóricas respecto al enamoramiento, tomaré algunas con puntos tanto de encuentro como de colisión, intentando descifrar si el enamoramiento es en realidad tan encantador como dice ser.

     

Partiré de los “Estudios sobre el amor” de José Ortega y Gasset, quien comienza diciendo que el gran error al interpretar el amor es hacerlo a través de sus actos o palabras ya que la mayoría de gestos son instaurados por la sociedad, por lo que únicamente el gesto original de conducta permitirá diferenciar el enamoramiento. Así que esto me lleva a pensar en una de las entrevistas realizadas, cuando pregunté: ¿Esta usted enamorada en este momento?

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* “Sin Título (hombre besando a mujer desnuda)”. Marcel Dzama.

* “Sin Título (cuadro de bicicleta como torso de hombre, desnudo femenino como pasajero potencial)”. 2000.

           

El amor del enamoramiento, como lo llamará el autor, es el prototipo del erotismo, en donde el individuo se siente ‘encantado’ por otro individuo que produce ‘ilusión’, a quien además se entrega, “no es un querer entregarse: es un entregarse sin querer”19. El enamorado de Ortega y Gasset levita, vive desde y para el otro, sin embargo, argumenta

que su interpretación es opuesta a la mitología que concibe al amor como fuerza elemental que se apodera del individuo por su poder mágico y mecánico oponiéndose a la racionalidad, a lo que el autor contrapondrá que aunque el amor no sea una operación netamente intelectual, si se parece al razonamiento ya que el enamorado decide dar calidades al objeto amado, en muchas ocasiones como expresaría Florence Thomas “se niegan las

     

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diferencias y las semejanzas son acentuadas”20, el sujeto amoroso se convierte en víctima de alienación o como

diría mi abuelita víctima de su propio invento, pero es aquí cuando hay que detenerse y ‘desenamorarse del amor’.

   

Franceso Alberoni, por su parte hablará del enamoramiento como un “estado naciente”, el cual asegura que nos

lleva al “tiempo divino de los orígenes”, como una especie de muerte-renacimiento. El autor propone que su teoría del estado naciente no debe verse bajo una lógica evolutiva, ya que la duración del estado naciente para algunos

puede durar años o toda la vida, y para otros puede tratarse de un proceso corto, transitorio y efímero. Por ello, el autor propone el concepto de “institución”, que sería la encargada de mantener las características del estado naciente en el transcurso del tiempo, como potencia revitalizadora con un continuo re-enamoramiento, dentro de un marco ya dado (institución) ese re-enamoramiento como pequeños acontecimientos que permanecen vivos y transformables.

   

Para el sujeto enamorado “el mundo está transfigurado porque todo es maravilloso y tremendo”21, el mundo se

transforma y probablemente aparece una nueva concepción de la consciencia donde hay una pérdida del sujeto mismo que es placentera y perturbadora a la vez, deleitante y aterradora. De acuerdo con el autor, en este estado naciente el individuo dispuesto a amar se lanza a lo desconocido, no hay total tranquilidad, la reciprocidad no está asegurada, sería entonces en ese momento en donde se reflexiona sobre los comportamientos que toma el propio enamorado, cuando se pregunta por qué actuó o dejó de actuar de determinada manera. Se siente irreconocible, es como si una fuerza extraña lo empujara, pero no una fuerza mística ni espiritual, sino esa afirmación del yo que no es sedentario en donde el sujeto se modifica.

 

Es raro pensar en el amor, en el enamoramiento, porque el amor se siente, es corporal, no está sólo en el corazón o en la mente, está en el cuerpo, en el gesto, en la monería, en el puchero, en la caricia, en el mimo; en la boca, tiene sabor, se degusta; pero también es temperatura, es climático, se cae con el peso, se eleva con la levedad; está en la respiración, en el estómago, lo he sentido en mis piernas, me hace cosquillas, pero a veces también tiemblo, es confuso describirlo, pareciera como si cada palabra que digo fuera insuficiente para acercarse a su inmanencia. Sólo podría afirmar con esto que el amor es fisiológico, quien se enamora lo vive y siente la desorganización física y corporal que el amor trae inherentemente, pero este desbarajuste del amor no se vende, porque el miedo a no poder controlar el propio cuerpo nos hace sentir impotentes y hasta perturbados; el enamoramiento que se enuncia en cambio se compra como realización personal, como un proceso que tiende a la felicidad.

     

20 THOMAS,  Florence,  Los  estragos  del  amor,  El  discurso  amoroso  en  los  medios  de  comunicación.  Pág.  78.  Editorial  Universidad  Nacional,  Bogotá‐ 

Colombia 1943. 

21 ALBERONI, Francesco. El estado naciente del amor. Pág. 11. Revista de Occidente No 15‐16. Publicación periódica, fundada en 1923 por Ortega y 

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Thomas, tomará el enamoramiento como un momento constitutivo dentro del amor. Por un lado de manera similar

a Alberoni, lo ve inicialmente como una búsqueda por consolidar el vinculo originario. Sin embargo, lo interesante de su análisis se sitúa en la diferenciación de estar enamorado y amar, dirá que cuando el individuo está enamorado

se encuentra en un ‘estado’, mientras que amar es una ‘decisión’ dada por una evolución de satisfacción del estado de enamoramiento, a pesar de que no sea la consecuencia más frecuente del estar enamorado. Entonces encontrarse en un estado presupondría un período de tiempo finito y amar sería una disposición consciente del individuo sin establecer a priori un lapso determinado. Paralelamente de acuerdo a esto, estar en un estado podría ser ‘irracional’ y perecedero, mientras que amar sería una determinación ‘racional’ que instruye un nuevo período.

   

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El sujeto enamorado

           

“El valor de una persona reside en aquello que va más allá de ella, en lo que está fuera de ella, en lo que hay de ella en los demás y para los demás” *

         

Con el acontecimiento de enamorarse, el sujeto enamorado se redescubre en esta etapa en donde se despliega una

reconstrucción del yo. Encuentra cosas de sí mismo que posiblemente antes eran desconocidas. Cuando el sujeto está enamorado, el yo se replantea, hay una identificación personal identitaria luego de una desidentificación, es decir, el sujeto desarrolla ciertos comportamientos de conducta que paulatinamente dejan entrever transformaciones de sí mismo, se trata de una ‘autorevelación’ donde el enamorado se reformula a través de los ojos del otro enamorado.

   

No quiero decir que es sólo a través de los ojos del otro enamorado en donde el sujeto se reidentifica, pero sí quiero decir que en el acontecimiento expandido del enamoramiento, el sujeto está más predispuesto a cambiar sus comportamientos habituales porque hay una construcción reveladora a través de la relación con ese ‘Otro’. Ese nuevo descubrimiento inaugura un desconocido yo, donde a través del reconocimiento de sí mismo este ‘sujeto foráneo’ detectará singularidades. Recuerdo cuando un amigo me contaba que desde que está con su pareja se ha vuelto más ‘paciente’, se siente ‘raro’, se extraña de sí mismo, se sorprende, comúnmente no suele ser así con nadie ni siquiera con él mismo, yo sólo le digo que será el amor que está jugando a apostar a que vea en él mismo procederes que no creía suyos.

     

“El carácter único del <<yo>> se esconde precisamente en lo que hay de inimaginable en el hombre. Sólo somos capaces de imaginarnos lo que es igual en todas las personas, lo general. El <<yo>>, individual es aquello que se diferencia de lo general, o sea lo que no puede ser adivinado y calculado de antemano, lo que en el otro es necesario descubrir, develar, conquistar”22

       

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Se trata de escribir un diálogo a través de ese ‘Otro’, siendo este ‘Otro’ esencial en la construcción de la ‘conversación’. Sin embargo, este reconocimiento como sujeto performable y en transformación es difícil de considerar, ya que “lo que hacemos con “los asuntos fuera de su lugar” es barrerlos y tirarlos, restaurar el orden, restablecer los asuntos a su normalidad”23, pero es precisamente aquí en donde al adquirir consciencia de esta metamorfosis en donde en

términos de Giddens el amor propone cierto grado de auto-interrogación.

 

Este ‘yo’ como sujeto que rompe con su cotidianidad tiene temor pero es invitado a la aventura, al experimento, al ¿por qué no?. Extrañamente se mira al ser enamorado como una persona incapaz de pensar como debería, pero realmente es acaso cierto que ¿el ser enamorado se convierte en un ser irracional?. Popularmente, en términos generales, se cree que el enamorado vive en un mundo rosa, en un sueño color pastel, donde todo es perfecto y el sujeto vendado como Cupido, se engaña a sí mismo, sin embargo, está podría ser una concepción vaga y esteriotipada del amor mediático que se nos vende, ya que “existe un amor, que lejos de engañarse, es el único capaz de descubrir en el ser amado las cualidades reales que se ocultan en él”24, los enamorados se miran a través

de un doble espejo, ofreciendo una construcción reveladora para la identidad propia.

                                                         

23 Hall, Stuart, El espectáculo del “Otro”. Pág. 421 

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III. ¿Quién quiere un amor romántico?

           

Las aproximaciones hacia el amor provienen de diversos discursos que se difunden masivamente, ideas que se superponen, se mezclan, se valen la una de la otra para construirse, se complementan y finalmente se depositan en la cultura. Será así como la cultura tomará ideas procedentes de mitos, leyendas, folclor para en gran medida institucionalizar el amor, para delimitarlo dentro de una lógica unidireccional.

   

Justamente, desde el siglo XIX, se empiezan a integrar a la realidad elementos que emergen de la novela romántica, como una nueva forma narrativa, que se involucra en la vida misma, donde el amor se convierte en sinónimo de libertad y autorrealización. Las narrativas literarias se transforman para establecer ideales a seguir, constituyendo la esperanza hacia la demanda por la felicidad. Este elemento novelesco se introducirá en la vida del individuo. Por ejemplo, en la narrativa se empezó a describir el mundo íntimo de la mujer, “las mujeres se construyeron a partir de tipos recurrentes (…) se describe a la mujer-ángel, a la coqueta, a la mujer pobre de la ciudad, a la campesina…”25, aunque algunos autores plantean el inicio de un reconocimiento que tiende a pronunciar la

igualdad entre hombres y mujeres, no cabe duda que se reiteraron ciertos roles que implicaban a la mujer como responsable del mantenimiento de la familia y por ende del amor. En América Latina, la narrativa adquirió cierta libertad que permitía construir historias a partir de romances privados, la novela propagaba un espacio para lo íntimo. La literatura tuvo la capacidad de construir historias, ya que a través de lo ideal o lo imaginario “los criollos [luego de ganar la independencia] volcaron sus esperanzas hacia conquistas internas”26. Una vez más a pesar de que

existieron ‘heroínas’ (mujeres) finalmente ellas terminaban sometidas de manera dócil hacia el poder y la voluntad de los hombres.

         

 

25 ACOSTA Peñaloza Carmen Elisa, Literatura vivida, formas de vida y mundos privados: historia del siglo XIX, Pág. 107, en Colombia en Historia de la vida  privada en Colombia. Tomo II, Los signos de la intimidad. El largo siglo XX. Editorial Taurus. Bogotá‐Colombia, 2011. 

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Así pues, el poder mágico de algunos mitos entrará en juego, el amor romántico camina en la cuerda floja entre la ficción y la realidad, es decir el individuo puede sentirse muchas veces identificado y proyectado a través de la ficción propuesta por productos culturales que se terminan consumiendo, los cuales en gran medida pautan una forma de conducta amorosa, unos comportamientos, deseos o expectativas frente al amor.

   

Cuando empiezo a investigar por una historia del amor, me encuentro con el afamado amor romántico, donde el amor como “fuerza grandiosa” e “irracional” une a la pareja. Este amor romántico tiene su punto más alto en el siglo XIX, pero curiosamente hoy, las relaciones afectivas toman de allí algunas pautas para mantenerlas vigentes. La búsqueda del amor verdadero en el mundo contemporáneo se ha reducido a la unión de un hombre y una mujer

que usualmente aspiran al matrimonio, entendiendo el matrimonio como la institución oficial.

 

De esta manera, el amor romántico que empieza a estar presente a finales del siglo XVIII y durante el XIX se establecerá como una nueva forma de concebir la afectividad. Una noción de pareja adulta, monógama y heterosexual unida por las emociones, que se rige bajo los parámetros de un amor para toda la vida, un amor a su vez exclusivo e incondicional.

 

Y es que el amor romántico es definido como ese amor visceral, irracional, apasionado, que se deja llevar por las emociones, un amor a primera vista, como atracción instantánea, un amor que atraviesa y enceguece, ¿por qué no

un amor fundamentado en el flechazo de Cupido/Eros? Esta deidad usaba flechas de oro para apuntar al corazón de Dioses u hombres, siendo así el encargado de la atracción y la unión entre los seres. Una unión de miradas atraídas que se ven por primera vez y buscan al otro para colmar una agonía.

 

Paralelamente, el establecimiento de correspondencias afectivas en el amor romántico parte de una promesa de armonía total para el sujeto, que se debía adquirir a partir de la búsqueda de relaciones políticas pero sobre todo

interpersonales. Específicamente las relaciones que más se ven afectadas son las de pareja, empezando por el

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* Hechos durante el Curso de Illustración y Diseño de Albarracín. Sean Mackaoui. 2008

 

               

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Así pues, la idea de pareja ligada a la concepción romántica del matrimonio, se basaba en ciertas cualidades que debían encajar con las condiciones que soñaba el enamorado para satisfacer sus preferencias, se trataba de una compatibilidad de caracteres que se podía evaluar antes de la boda. La racionalidad romántica se pone de manifiesto en el sentimiento del sujeto enamorado, Eva Illouz la llamará “racionalidad psicológica”, cambiando la racionalidad de la era premoderna, donde la idea de compatibilidad-amor era evaluada no por el individuo sino por los padres o parientes (como agentes externos).

 

Esta concepción de matrimonio empieza a tener nuevas implicaciones que afectarán el devenir de las relaciones contemporáneas de pareja. No cabe duda, que de un tiempo para acá, el matrimonio se ha convertido en un espacio para ‘validar el amor’, se trata de institucionalizarlo, cuando no de domesticarlo. Pero aquí no estableceré juicios morales al respecto, simplemente, me servirá de base para entender aspectos de la relación de pareja.

       

 

Serás tu LA encargadA

             

En un principio de estas anotaciones sobre el amor, decidí establecer el amor romántico como tema a investigar, me rehusaba a la idea de abordar el amor cortés, sin embargo, al avanzar en la investigación, me topaba una y otra vez

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* Miniaturas del “Códice Manessiano”. Siglo XIV.  

     

Y es que hay quienes dicen que la que sueña con el amor es la mujer y no el hombre, que ella es más sentimental y por ende “más romántica” e “irracional” y que el hombre es más fuerte y en consecuencia “más racional”. Esta idea suscitó un cambio en la división de roles y se gestó mucho antes de la construcción del amor romántico. Podría establecerse así, desde la idea del amor cortés (segunda Edad Media) que tiene como características las relaciones

afectivas entre la Dama y el caballero (miembros de la nobleza) donde estas “correspondencias” se percibían desde la “subordinación” del caballero hacia la Dama la cual se convertía en el ideal a alcanzar, “la Dama como la personificación de la pasión metafísica occidental”27, un prohibido (adulterio) e inalcanzable objetivo. El amor

tenía un carácter sensual que aspiraba a un goce consumado a través de la idea de “servicio”. La mujer se convertía

     

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en una ‘presa a cazar’ era concebida como ideal, entendiendo el ideal como estímulo para vivir que encanta y

atrae, “el hombre vale por lo que hace; la mujer por lo que es”28; justamente se le atribuye a la mujer la feminidad

como sinónimo de mesura, delicadeza, dulzura, prudencia y exquisita sensibilidad, su presencia era estática y poco visible. Así pues a pesar de que se dice que la relación entre los sexos se establece como el papel del Señor feudal con la Dama y el del vasallo con el caballero, existe una subordinación para la mujer en cuanto ser, ya que la tarea

que le está encargada es la de sentir más no la de saber debido a que ésta última implica definiciones y conceptos que sólo son “facultades del hombre”…aquí vemos el planteamiento de la mujer como Cosa dirá Žižek.

       

 

   

 

* De la serie “¿Quién manda a quién?” Natalia Iguiñiz. 1999  

         

En consecuencia, la mujer será LA encargadA de sentir, de encontrar “el amor verdadero”. Ya decía alguna vez mi mamá que su amiga estaba enamorada del amor y no de su novio, de una concepción institucionalizada de pareja, que encuentra la realización personal a través del establecimiento, pero sobre todo, mantenimiento de una pareja. Luego, con el discurso del amor romántico, tanto la noción de familia y hogar como la de pareja cambiaron.

       

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Foucault, hablará de un periodo regido por una burguesía victoriana hipócrita, partiendo de la represión de la sexualidad del siglo XIX. Los temas relacionados con la sexualidad debían ser apartados de las conversaciones, eran públicamente inexistentes, los discursos de poder controlaban las conductas del cuerpo y del individuo, así pues, dar importancia a la intimidad como parte de la esfera privada para la construcción subjetiva del yo, como un factor para la formación identitaria, se convierte más bien en una preocupación contemporánea, inclusive hasta mediados principios del siglo XX pensar en un sujeto cuya identidad se construye y se transforma era totalmente impensable.

   

La noción de hogar, estará sujeta bajo una visión patriarcal, en donde si bien por un lado las relaciones entre padres

e hijos se transforman, por otro, se empieza a pensar en la maternidad como una cualidad de la mujer, por lo que se le da a la mujer la tarea de realizar lo íntimo, para la cual es apta y por ello responsable; en consecuencia, el amor

se hizo labor de la mujer y giró en torno al hogar. La mujer será lA encargadA de tomar las riendas del destino vital de la pareja.

 

 

 

 

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La familia se constituye como una fuerza estabilizadora, que ‘fomentará’ la seguridad nacional. En Francia, en el código Napoleónico se establece la pareja como familia, donde se le otorga la cabeza de esa ‘familia’ al hombre quien tiene el poder. La mujer es propiedad del hombre y por ende obedece al marido quien la compensa con

‘protección’. Así pues, la familia, pasó a ser parte del orden burgués en donde era concebida como institución heterosexual que tenía una función conyugal y por consiguiente reproductiva. Empieza a su vez a ser entendida como un espacio para el fomento de la educación en donde se enseña la forma de comportarse. El cuerpo con el paso del tiempo será previsto como la relación entre la sociedad y la vida privada “al reconocer en la condición corporal, más que una esencia biológica universal, el resultado del esfuerzo cultural que la sociedad invierte en el cuerpo”29, el cuerpo debía hacer evidente su carácter moral.

 

Se trataba pues de una sociedad que fingía, en donde el matrimonio era el validador de la relación de pareja vista en

público, una sociedad en donde el erotismo no guardaba relación con la vida matrimonial, sino que hacía parte de

espacios clandestinos, en donde la prostituta y la amante vislumbraban el sexo como goce y no como derivación de la vida reproductiva. Igualmente los burdeles se convirtieron en un espacio para experimentar la sexualidad masculina, donde haciendo hincapié en los comportamientos de la sociedad de la época las apariencias predominaban, ya que por un lado, se castigaba el adulterio, mientras que por otro, el Estado permitía estos establecimientos. Finalmente, la vida de pareja legítima estaba presidida por la prohibición, la no existencia y la reserva respecto a su sexualidad. Muchas mujeres casadas, no tenían conocimiento sobre el sexo, no existía el placer femenino, por lo que el cuerpo de la mujer quedaba subscrito a dar placer al hombre, “una madre decía a su hija unas frases que se han hecho famosas: -tras tu boda, querida, sucederán cosas desagradables, pero no te enteres de ellas. Yo nunca lo hice-.”30

                                     

29 PEDRAZA GOMÉZ, Zandra, La educación del cuerpo y la vida privada. Pág. 124, en Historia de la vida privada en Colombia. Tomo II, Los signos de la  intimidad, El largo siglo XX. Editorial Tauros. Colombia 2011. 

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* “La novia”. Ana Patricia Palacios. 2006  

     

 

La relación con el cuerpo era casi inadmisible, durante un tiempo era totalmente incorrecto mirar el propio cuerpo desnudo, ni siquiera en la intimidad de la habitación había ‘intimidad’.

     

En Colombia en el siglo XIX: “la urbanidad establece que la persona no se observe estando desnuda, no se prodigue excesivos cuidados –que condena por vanidosos y atentatorios contra el buen uso del tiempo- , cuide las posiciones que deben guardarse al descansar, esté atenta a las labores de las que debe ocuparse a solas, vele por el orden que debe reinar en sus habitaciones privadas, vigile su aspecto exterior aun cuando no tenga previstas reuniones y –especialmente la mujer- emita con recato sus opiniones personales para no herir a terceros”31.

   

 

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El pudor, la vergüenza e incluso la repugnancia, lo correcto y lo incorrecto habitaban en el pensar de la sociedad. Sólo hasta mediados del siglo XX, se permitirá que la intimidad pase a ser una forma de auto-experimentación y de relacionarse con los demás. Es así como la artista Diana Schufer plantean un nuevo diálogo con el espectador en donde la mirada de lo privado en el entorno público genera todo un imaginario estremecedor por medio de una ‘amorosa conversación’

                     

-Dos almohadas atadas Al apoyar la cabeza se oyen voces

de un hombre y una mujer conversando antes de

dormirse-                                   

 

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“Un recuerdo es más que un hecho con fecha en el pasado (…) Debe aparecérseme envuelto en ese “calor” y en esa “intimidad”32.

           

Schufer, pone en juego esas relaciones íntimas pertenecientes a una conversación de pareja, señalando su experiencia dentro la vida sexual gustosamente compartida. El artista decide que hacer con su intimidad, tomando estos personajes, nos habla de lo cotidiano, del hecho del amor y del erotismo como sucesos que adquieren un valor universal. Quien escucha puede sentirse identificado, sentir que hay una parte de lo que escucha, que le es familiar. La relación de esas personas no es un hecho aislado con nombres propios, sino de acontecimientos vitales. Por ejemplo, cuándo él le dice a ella - me emociono, se me llenan los ojos de lágrimas, algo adentro no me permite llorar, pero me dan muchas ganas de llorar de emoción, me lo cayo, no sé cuánto se ve afuera- se destapa totalmente, no se inhibe a expresar lo que siente, ella por su parte quiere buscar explicaciones a sus emociones aunque son tan inesperadas e inexplicables, que no termina de creerlas -(…) Cómo que uno puede sentir lo que siente en el momento del orgasmo y ni hablar si esto es un orgasmo compartido (…), entender algo que es maravilloso, saber todo eso que yo te siento…- Las palabras remiten a la imagen, el relato a la imagen en movimiento, a la narración, a la experiencia. Lo personal es público, cambia de espacio, el arte se vuelve vida.

                                         

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Mi media naranja, mi alma gemela

     

     

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S

iguiendo así la narrativa del amor romántico, el sujeto busca por medio de la unión de pareja una respuesta a su carencia como individuo incompleto que dice ser, el deseo de perfección será pleno sólo hasta encontrar ese otro con el que por cuestiones del destino logrará finalmente unirse. Esto me conduce a dos mitos clásicos que han sido recurrentes para hablar del origen del deseo y de la realización del sujeto por medio de la fusión de pareja.

 

Por un lado, estará el mito del Andrógino, establecido por Aristófanes en “El Banquete, o del amor” perteneciente a la serie de Diálogos escritos por Platón (428-347 a. C) donde se hablará de la ambigüedad de la naturaleza del amor, explorando el nacimiento del deseo como falta.

   

 

º

Andrógino

   

 

“En el terreno del amor y la relación sexuada, Occidente encuentra su rastro en las teorías platónicas del deseo como falta, de la pareja como conjuro de lo incompleto, del dualismo y de la oposición moralizadora de los dos amores” *

     

     

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Michel Onfray, refiere que el origen del mito del deseo se encuentra en Aristófanes, quien cuenta la historia del Andrógino. Este era un extraño animal con forma de bola, un animal que gozaba de tener igual cantidad de órganos a cada lado de su cuerpo: cuatro piernas, cuatro manos, dos rostros e igualmente doble sexo.

   

Una esfera como modelo de perfección, como forma armónica y autosuficiente, incluía ambos sexos. Estos seres esféricos con su carácter fuerte y su orgullo decidieron combatir a los dioses, por ello fueron castigados por Zeus quien prefería la obediencia y la sumisión. La forma de frenarlos fue partirlos por la mitad, para disminuir sus fuerzas, siendo así la mitad de peligrosas. Así las dos partes emprenderán su búsqueda hacia el otro, atraídos por el

amor, cada pedazo deseará complementarse con el otro “las mitades agotaran su energía y consagran la totalidad de su tiempo a buscar la vana realización de acoplamiento”33, su deseo más profundo será superar esa falta, buscar al

‘Objeto Amado’ para formar uno solo con él.

   

Este modelo plantea así el amor como carencia y el deseo como falta, formando la idea de complemento que hoy sigue presente, una búsqueda por un complemento originario, por esa media naranja o esa alma gemela.

Paralelamente, ese vacío insatisfecho ha traído al deseo características asociadas al sufrimiento y al dolor al no encontrar ese otro que satisfaga las necesidades que le faltan a ese ‘yo’, porque “el que desea, desea lo que no está seguro de poseer, lo que no existe al presente, lo que no posee, lo que no tiene, lo que le falta”34, así, al enamorado

la ausencia de ese otro ‘ser’ no lo deja ‘ser’. Es curioso que la idea de complemento originario siga vigente en gran número de personas que responderán sin dudarlo al propósito de tener una pareja para encontrar una media naranja con quien compartir o compartirse.

 

Si bien el mito del Andrógino deja un legado que será utilizado para la concepción moderna y contemporánea del amor, su concepción es diferente a la de Hermafrodito. Andrógino, nace unido y es separado, mientras que, Hermafrodito/a nace separado y desea unirse; sin embargo, aunque estos mitos parezcan discordantes no quisiera plantearlos como opuestos, sino más bien como complementarios. El mito de Hermafrodito, pertenece a “Las Metamorfosis” del poeta Ovidio (43 a. C), quien canta a la historia del universo, al origen de la Tierra, a los animales o a los Dioses. En su Libro IV, se centrará en el amor a través de varios mitos como “Príamo y Tisbe”, “Venus o Marte”, “Laucotoe y Cicle” o “Salmacis y Hermafrodita”, siendo este último uno de los más influyentes dentro de la concepción de amor aprendida hasta nuestro días.

           

33 ONFRAY, Teoría del cuerpo enamorado, Por una erótica solar. Pág. 55. Editorial Pre‐textos, Valencia‐España, 2002. 

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º

Hermafrodito

     

“no parecen ninguno de los dos y son el uno y el otro” *  

   

 

 

* “Paisaje con Salamacis y Hermafrodito” . Carlo Saraceni. 1608  

           

Hermafrodito simboliza la negación de la sexualidad porque cohabitan los dos sexos en una única forma. En el mito de Salmacis y Hermafrodito o (Hermafrodita) de Ovidio, Hermafrodito (hijo de Afrodita y Hermes) es enviado al

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cruel, pero no huirás; así dispongáis, ¡Oh dioses!, que jamás llegue el día que se separe de mí y yo de él-. Esta súplica se ganó a los dioses, pues se unen los dos cuerpos en uno y toman un mismo aspecto”35 uniendo los cuerpos

por medio de un abrazo se convierten en una forma doble.

             

Fusión: ¿1+1=1?

         

 

Esta concepción de complementariedad con la idea de amor-fusión, se da por la búsqueda de estabilización, fundando la pareja como ‘la estructura’ sólida dentro de la organización social. En la Edad Media, la Iglesia católica hará uso de su gran poder para imponer su ley dentro del terreno de lo íntimo en donde ciertamente se incluye a la pareja. Por primera vez se establece el matrimonio ‘para toda la vida’, el hombre y la mujer que eran dos, se convertirán en uno sólo ‘para siempre’. A pesar de que la infidelidad nunca había sido (por no decir ha sido) ‘tolerada’ para la mujer, el hombre en términos generales podía recurrir a obtener placer fuera del matrimonio (infidelidad/adulterio), sin embargo, con la influencia de la Iglesia católica la infidelidad era (o es) considerada totalmente ilegítima, basta con remitirse a los mandamientos “no codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo”, el adulterio inclusive era castigado públicamente. El placer pasó a ser pecado, la sexualidad significaba procreación, por lo que las relaciones sexuales infecundas eran indebidas y hasta diabólicas.

   

Se puede encontrar así, en este tipo de amor una estructura de fusión a la que Florence Thomas llamará “Estructura dual, simbiosis, fusión”, en donde el sujeto amoroso (el que ama) y el objeto amado (a quien ama) comparten

una estructura dual, recordando la idea de complemento originario de Aristófanes, donde el ‘yo’ se focaliza únicamente en el mundo de pareja y el amado se convierte en el argumento vital. El inconveniente mayor es que el reconocimiento del otro no es completo, ya que los dos seres pretenden convertirse en uno solo como sucedió con Hermafrodito o como insiste la creencia popular con ese: 1+1 = 1 y no =2: siendo dos seres emancipados que pueden

construir caminos juntos. A pesar de que concibo que pueden existir momentos en una relación donde realmente

 

   

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la comunicación, la empatía y el gusto pueden convertir a esos dos cuerpos en ‘uno solo’ como en el orgasmo compartido, la cuestión sería “de qué manera amar sin renunciar a la libertad, a la autonomía, a la independencia y tratando de preservar siempre los mismos valores en el otro”36, posiblemente el llamado sea a replantear esa

búsqueda por la media naranja para asegurar a cada uno de los enamorados independencia y autosuficiencia, para entender a los sujetos como individuos dentro de una relación, donde el yo al buscar la fusión no olvide al sujeto amado ni a sí mismo.

 

Con este discurso del amor-fusión, el ser enamorado quiere volverse un solo cuerpo con su amado. En la novela “La identidad”, Milan Kundera, pone en evidencia cómo en algunas situaciones vividas en pareja, en algún momento, uno de los dos “seres amados” se disuelve y se funde en la identidad del otro y confunde la propia “porque lo que más teme en el mundo quien ama es <<perder de vista>> al ser amado”37 o siendo un poco más radical Onfray dirá:

“aspirar a la fusión es querer la confusión, perder la identidad, renunciar a nosotros mismos en provecho de una figura alienante y caníbal”38.

                                                       

 

36 ONFRAY, op. cit. Pág. 38. 

37 KUNDERA, Milan, La Identidad, Tusquets Editores, Barcelona‐España, Contracaratula.  2010. 

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Una velada romántica y ‘excepcional’

             

Muchas veces se cree de manera un poco pretenciosa que las emociones son producto únicamente de reacciones fisiológicas, sin embargo, estudios culturales muestran que muchas nociones sentimentales están preconfiguradas por la cultura en la que se desarrolla el individuo, ya que las subjetividades se construyen enmarcadas por ámbitos ideológicos, por ello, aún los comportamientos interpersonales no son tan naturales sino que están atravesados por códigos que terminan por ser historizables.

   

Así, que me pongo en la tarea de tomar una imagen emblemática representante del amor en relación a clichés recogidos por la cultura de masas que parecieran establecerse como reglas o instrucciones ‘perfectas’ para disfrutar de una pareja ‘ideal’.

   

Partamos entonces de un ‘plan romántico’: ¿Qué tal si viajamos a un lugar alejado de la vida citadina, y pasamos un fin de semana rodeados de paisajes inigualables? En la noche iremos a un restaurante elegante y al llegar a la

habitación (que por supuesto tendrá chimenea) la cama estará adornada con un corazón hecho con pétalos de rosas rojas, la champaña o el vino esperarán para ser destapados y la comida de mar llegará en cualquier momento a la

habitación, será una velada romántica y excepcional.

   

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Los mass media, que hoy día, como lo fue en otros momentos históricos la religión o el estado, son productores y reproductores de ideología, creando así, muchas de nuestras nociones del amor, determinando los espacios comunes y “correctos” para los enamorados. Obsesionados con el amor se encargarán de sobresaturar el mundo de imágenes que reemplazarán las novelas (escritas), pero no por cualquier amor, sino por el amor institucionalizado,

ficcionalizado y poco cercano a la realidad más próxima.

   

Pareciera que día a día los ‘protocolos amorosos’ se ‘ultranormalizaran’, sin embargo no dejan de ser absolutamente paradójicos. El afán de la cultura de masas por establecer su poder frente al individuo, inscribirá en sus formulaciones

un contrasentido, en donde lo ficcionalizado y lo hipernarrado se fragmenta fácilmente. Este afecto regimentado por ‘la etiqueta romántica’ del siglo XIX, suscitará una serie de pautas y comportamientos que se muestran como ‘válidas y propicias’ o como ‘incorrectas y terriblemente fuera de contexto’. Por ejemplo, actualmente, al escoger el lugar para la ‘Luna de Miel’ las ofertas llamativas serán las de la isla tropical y no un pueblo en tierra fría o en invierno. Para celebrar el aniversario de noviazgo se puede empezar por escoger un restaurante elegante, no tendría ningún sentido pedir un domicilio. O si hablamos de la primera cita romántica, ésta debe ser en público nunca en una habitación. Sin embargo, curiosamente, contrario a la idea de un romance perfecto (siguiendo pautas ‘correctas’) éste tiene gran posibilidad de ‘cometer errores imperdonables’, por tratarse de un evento poco cercano a la realidad, nada espontáneo, aparente y artificial, finalmente mentiroso.

       

Inclusive existe una paleta de color en la búsqueda en Google:

   

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