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Sobre María del Carmen Martínez Sola, El obispo fray Bernardo de Alburquerque. El Marquesado del Valle de Oaxaca en el siglo XVI

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Academic year: 2020

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M a r í a del Carmen MARTÍNEZ SOLA. El obispo fray Bernardo de Albur-querque. El Marquesado del Valle de Oaxaca en el siglo xw. Institu-to O a x a q u e ñ o de las Culturas-Fondo Estatal para la Cultura y las Artes-Secretaría de Desarrollo Turístico. Oaxaca, 1988, 643 pp. «DISHÁ A n t r o p o l o g í a » . ISBN 968-6951-40-7.

E n la solapa del libro El obispo fray Bernardo de Alburquerque. El Mar-quesado del Valle de Oaxaca en el siglo XW, se leen dos noticias: la pri-mera, que la p u b l i c a c i ó n pertenece a la colección Dishá de histo-ria del Instituto O a x a q u e ñ o de las Culturas, con lo cual se inscribe en u n proyecto que "es p o e s í a , es noticia, es historia, es cuento, es verdad sobre todo", s e g ú n define A n d r é s Henestrosa la pala-bra zapoteca Dishá; y, la segunda noticia, que el objetivo de la co-lección "busca establecer u n d i á l o g o entre los o a x a q u e ñ o s con su presente, creando u n espacio de reflexión a la luz de la historia". Sin duda El obispo fray Bernardo de Alburquerque. El Marquesado del Valle de Oaxaca en el siglo XVI de María del Carmen Martínez Sola cumple ampliamente con ambos objetivos. C o m o todo libro de historia se p r o p o n e la r e c u p e r a c i ó n veraz de una etapa histórica-u n M é x i c o d o n d e se fraghistórica-ua el d i á l o g o plhistórica-ural de las chistórica-ulthistórica-uras qhistórica-ue

coneritnven las tendón Has predominantes del presente- la indíge-na con toda su riqueza'v su pluralismo" y la hispánica producto también sin duda, del contacto de culturas milenarias (la ibero-r ibero-r o m á n i c a la á ibero-r a b e la iudía v la afibero-ricana...) La ibero-r e c u p e ibero-r a c i ó n de este mosaico contradictorio implica u n reto al rigor documental, v sobre todo de interpretación eme necesariamente tiene aue pa-sar por la rejilla crítica e interpretativa del historiador. Por eso me

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parece tan acertada la elección del vocablo zapoteco, Dishá, para definir el quehacer de la historia como u n discurso que, en la bús-queda de la verdad, toca los límites de lo literario ("poesía" y "cuen-t o " ) . El hecho n o sorprende a los que reconocemos en la li"cuen-tera- litera-tura u n a relación con la historia que muchas veces penetra m á s h o n d o en ella que el p r o p i o discurso histórico.

El encuentro de la verdad que busca ser "objetiva" con la ver-dad que se reconoce dependiente de u n sujeto conocedor, exige una elección m e t o d o l ó g i c a adecuada que tome en cuenta la com-plejidad del problema y lo aborde de m o d o eficaz. E n ese senti-do, considero que la elección de m é t o d o de trabajo de M a r í a del Carmen Martínez Sola ha sido acertada e implica ciertos linca-mientos "modernos" de análisis que me interesa destacar.

E L PUNTO DE VISTA DESDE DONDE SE OBSERVA Y SE ESCRIBE LA HISTORIA

Esta historia del Valle del Marquesado de Oaxaca en el siglo XVI, se relata desde u n a ó p t i c a que registra los hechos en t é r m i n o s de directrices dominantes: la Iglesia y una figura destacada de su je-rarquía. E n este sentido, el p u n t o de vista es p r ó x i m o a u n a ver-sión "oficial", atemperada, sin duda, p o r la voluntad explícita de ser fiel a u n a verdad, sobre todo documental. Ser fiel, ante todo, al testimonio escrito, legitimado p o r la autoridad. Sin embargo, la ó p t i c a se ensancha y equilibra gracias a la eficaz c o m b i n a c i ó n de contexto y biografía que se elige para fundar la escritura. El ca-rácter biográfico, hecho fundamentalmente con base en algunos testimonios escritos y de cartas y documentos de Bernardo de A l -burquerque, da al discurso u n valor expresivo y de credibilidad que lo levanta como testimonio y nos involucra. Sobre esta fuer-za apelativa de la biografía, comenta Ortiz-Osés:

Estamos implicados en toda otredad nacida en el tiempo [...] E n el fondo todo hablar y toda c r e a c i ó n es una í n t i m a i n d a g a c i ó n del otro. L a alteridad se guarda en lo m á s r e c ó n d i t o de nuestro ser y todo lo llama, le empuja a pronunciarse, a mostrarse... a decir q u i é n es y c ó m o es. Estamos de verdad fascinados por la otredad. A n d r é s Ortiz-Osés, Mitología cultural y memorias antropológicas. An-thropos, Barcelona, 1987.

Pero ese otro, que es a q u í Bernardo de A l b u r q u e r q u e , a su vez se va mostrando en el libro a partir de u n desglose

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gra-d u a l gra-del contexto h u m a n o , social y cultural que lo explica y lo sostiene.

El capítulo I , "Llegada de Cortés y situación de los indios" nos sitúa en el encuentro de las dos culturas, con énfasis particu-lar en una breve descripción de cada una de las jurisdicciones i n d í g e n a s . Siento que hizo falta en esta parte u n planteamiento m á s integral del m u n d o p r e h i s p á n i c o . L o grandioso y diferente de ese m u n d o que para el conquistador y el colono pudo ser motivo de asombro aunque t a m b i é n de confusión, p o r la dife-rencia.1 Parecería que p r e d o m i n a una visión de los vencidos que la escritura n o permite comparar con lo que se fue, p o r lo cual se deriva una i m p r e s i ó n reductiva del otro que se reprodu-ce, de a l g ú n m o d o , en casi todos los enunciados internos, y a u n en el enunciado autoral.

El capítulo I I , "Conquista espiritual de Oaxaca", focaliza la aten-ción en el carisma y praxis de la O r d e n de Predicadores que sin-tetiza, de manera vital, la evangelización y la c o n t e m p l a c i ó n . La integración de ambas, necesariamente desemboca en una prác-tica comprometida con la relación hombre-Dios: "comunicar lo contemplado". De d o n d e se explica una clara función apostólica y la importancia de la p r e d i c a c i ó n . E n este apartado, a d e m á s de los obispos, sí se t o m a n en cuenta otros frailes de "los de a pie", o cercanos a ellos p o r elección, quienes desde una óptica m á s integral forjan con su quehacer diario la intrahistoria, y crean la base que explica la d o m i n a n t e la condicionan o interactúan con ella. Durante todo el libro, e s p o r á d i c a m e n t e se va ampliando la referencia a estos fundadores medios de la historia aunque n u n -ca nos detenemos lo suficiente en su signifi-cación, sobre todo como forjadores del tejido histórico (fray Gonzalo Lucero, fray D o m i n -go de Betanzos frav Vicente de Las Casas frav Pedro de Feria frav Alonso de la A n u n c i a c i ó n fray D o m i n g o de A g u i ñ a g a fray Tuan d e C ó r d o v a etc.). Muchas'veces frailes de mayor jerarquía c o m o fray Bernardo, se identifican p o r sus ideas y su p r á c t i c a - c o n estos otros que caminan cerca del pueblo y comparten sus nece_

1 Esa negación del otro podría llegar a establecer una relación paternalista, en el mejor de los casos. Podría llegar ajustiíicar también la opresión del otro. Tzvetan Todorov señala que el conquistador se mueve en los polos de la ambigüedad. In-cluso Colón, dice, "ha descubierto América, pero no a los americanos". En la his-toria del descubrimiento, "la alteridad humana se revela y se niega a la vez". En 1492 "el país repudia a su otro interior [los moros, los judíos], y descubre al otro exterior, toda esta América que habrá de volverse latina». T. Todorov, La conquista de América. El problema del otro. Traducción de Flora Botton Burla. México: Siglo

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sidades. En cambio, reitero, en el entramado de contradicciones sociales que presenta el libro, se ha o m i t i d o p r á c t i c a m e n t e la voz o la visión de los marginados o del pueblo en general, incluyen-do la de los e s p a ñ o l e s , criollos y mestizos.

Y pasamos al capítulo I I I , "fray Bernardo de A l b u r q u e r q u e : de E s p a ñ a a Nueva E s p a ñ a " . Si el capítulo I nos dio algo del "a q u i é n e s " va dirigida principalmente la práctica histórica y el capítulo I I nos h a b l ó de quiénes son los que la llevan a cabo, el I I I destaca en p r i m e r plano a fray Bernardo de Alburquer-que. Esta manera de presentar al personaje histórico hace emerger la figura de su c o m u n i d a d y, al mismo tiempo, la des-taca. De ese m o d o , la vida ejemplar n o se desvincula del proce-so histórico n i se mitifica. Cobra, en cambio, u n a gran envergadura cristiana. C o m o dice Martínez Sola:

Estos primeros evangelizadores, al modo de las comunidades cris-tianas primitivas, lo primero que hicieron fue " a c o m p a ñ a r " a u n pueblo como p r e o c u p a c i ó n fundamental; respecto a los matices que encierran hoy para nosotros los t é r m i n o s "servicio" y "ministe-rio", tal vez estemos ya alejados de lo que fue en su origen (p. 206).

Por u n lado, el p u n t o de vista que selecciona deja transpa-rentar la historia p o r medio de fray Bernardo de Alburquer-que. Es notable c ó m o se retiró del centro de la escena la figura de este p r i m e r p r i o r del convento de Santo D o m i n g o , fray Bernardo, y p a s ó a p r i m e r plano la de fray B a r t o l o m é de Las Casas en u n a visita suya a Oaxaca con todas sus proyecciones (pp. 216 y ss.). N o se trata ú n i c a m e n t e de determinado p u n t o de vista de la historiadora. Hay que decir que la vida de fray Bernardo se prestaba, de manera excelente, para "dejar ver" aquello que le precede, lo rodea, y m u c h o de la orientación del porvenir. N o lo serán así, necesariamente, otras figuras pre-ponderantes de su m o m e n t o .

Todos los indicios de la vida de fray Bernardo de Alburquer-que Alburquer-que el l i b r o de Martínez Sola me permite conocer, confor-m a n plenaconfor-mente el perfil de u n cristiano confor-m o v i d o por el EsDÍritu que conscientemente se abaja para que el o t r o sea lo que está llamado a ser. Por lo menos en este o r d e n de la fe se trata de u n espíritu fino y cultivado que concuerda con la hipótesis de aque-llos que hablan de su e d u c a c i ó n esmerada. E n cuanto a su acti-t u d anacti-te el esacti-tudio conviene insisacti-tir y maacti-tizar la inacti-terpreacti-tación de la autora. A j u z g a r p o r los testimonios, n o hay d u d a que

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Albur-q u e r Albur-q u e n o alardeaba — m á s bien hablaba p o c o — de su forma-c i ó n inteleforma-ctual esmerada, hasta forma-casi omitirla. Sin embargo, no está d e m á s recordar lo sabido: que estudió, que fue u n alumno brillante y que concluyó dos carreras en la m u y conocida U n i -versidad de Salamanca. Luego ocultó este saber, pero lo ejercitó cuando las circunstancias lo r e q u i r i e r o n en función de u n obje-tivo mayor. Así sucedió en su intervención en la discusión de dos j ó v e n e s estudiantes brillantes de teología que lo delató y le g a n ó

su entrada como sacerdote d o m i n i c o , cuando él se había empe-ñ a d o en ingresar a la o r d e n sólo c o m o h e r m a n o lego. Es de su-poner, entonces, que el estudio es u n aspecto de su formación que Bernardo i n c r e m e n t ó en beneficio de su misión de servi-cio, de relación amorosa con el h e r m a n o sufriente, firme en la e j e c u c i ó n de todo aquello que lo llevara a dar una respuesta jus-ta, liberadora de la o p r e s i ó n . M a r í a del C a r m e n Martínez Sola afirma que el discípulo de V i t o r i a h a b í a aprendido de su maes-t r o "la docmaes-trina de Sanmaes-to T o m á s de A q u i n o , s e g ú n la visión de la Escuela de Salamanca" (p. 180), de acuerdo con las tendencias de los estudios de su tiempo, e insiste m u c h o en el desprecio de fray Bernardo por todo aquello que lo hiciera destacarse. En-tonces se trata de guardar Dará cuando hava menester Lo cier-to es que cuando lo consagraron obispo escogió c o m o lema de su dignidad "Satímtia viricit malitiam" (n Wl) frase aue dignifi¬ ca v eleva a p r i m e r plano el saber c o m o vencedor de la maldad. Su actuación fue acorde con esta decisión: escribió cartas de crí-tica v denuncia en defensa de la nohlación indígena- fundó u n convento-escuela el de Santa Catalina para crear u n a congre¬ g a c i ó n de hermanas dominicas contemplativas, lo cual o c u p ó sus últimas enero-fas v esfuer7os Por nfra narte es nosible míe esta

m u l l í a s ^ n^ i g i a a y L M U C I A U O . i u i u u a jjailA,, v-a pv_>aiui>- w i a

diferencia en la actuación de fray Bernardo, d e s p u é s de ser ordenado ohisno fuera sólo a n a r p n f p pn tanto m n r h o de sil m í e -hacer estaba sujeto a^ma^yor anonimato

dad episcopal

U n a vida ejemplar, dije antes. U n a vida de santificación. Y sobre todo, la e n c a r n a c i ó n del carisma dominicano. Más cerca que de Santo T o m á s , siento a fray Bernardo inmerso en la vi-da de santo D o m i n g o de G u z m á n . Renovavi-da p e d a g o g í a de la a c c i ó n , válida para nuestro tiempo.

La o p c i ó n de vida de fray Bernardo de A l b u r q u e r q u e i m p l i -ca u n a mentalidad y una prácti-ca totalmente cristianas. Para Auerbach el estilo bíblico iba acorde con la r u p t u r a que supuso el cristianismo en la m e d i d a en que integró lo sublime con lo

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cotidiano y menor. A partir de ese abajarse, llegó a propiciar y a generar caminos profundos de salvación. D e manera a n á l o g a , en a ñ o s m á s recientes Jacques L e Goff y otros, han replanteado la necesidad de que los estudios históricos se renueven a partir de la fertilización de los etnológicos que integran l o popular y la cotidianidad como componentes decisivos de la historia. L a importancia que ha tenido este cambio de perspectiva para en-tender la riqueza plural y contradictoria de la Edad Media, ha sido felizmente renovadora.

M e n c i o n é al principio de este comentario, c ó m o el discurso histórico, para alcanzar la veracidad que busca, debe ser capaz de i n -terpretar los hechos, e n la b ú s q u e d a acuciosa del sentido. Esto l o acerca muchas veces, sin p é r d i d a del r i g o r deseado, al discurso l i -terario (recuérdese el sentido de Dishá). E n el l i b r o El obispo fray Bernardo de Alburquerque. El Marquesado del Valle de Oaxaca en el si-glo XVI, hay u n m o m e n t o ejemplar e n este sentido. Se trata de la

voluntad de recuperación de una información "omitida". Sabemos que Bernardo de Alburquerque se e m b a r c ó hacia las Indias, pe-ro n o hay u n testimonio escrito p o r Bernardo o p o r alguno de sus c o m p a ñ e r o s . Felizmente la investigadora dio con u n relato de via-j e de o t r o d o m i n i c o que h a b í a hecho la misma ruta cuatro a ñ o s

antes, y recrea la trayectoria con la d i m e n s i ó n de cotidianidad ex-presiva propia del diario de viaje.

El libro de María del Carmen Martínez Sola constituye una apor-tación decisiva a los estudios que buscan entender nuestra iden-tidad c o m o hispanoamericanos. Es t a m b i é n una aportación ilu-minadora de la función de los frailes dominicos en esos comienzos difíciles y contradictorios de nuestra sociedad. Confío e n que el l i b r o suscite otros libros y estudios p o r venir. Oaxaca fue u n cen-tro de irradiación de tendencias nobles y eficaces encaminadas a hacer posible la c o m u n i c a c i ó n entre dos m u n d o s y el difícil ini-cio de una vida en c o m ú n . M u y p r o n t o las circunstancias agudi-zaron tensiones q u e abrieron abismos de desigualdad y pervir-tieron el diálogo. Volver a estos testimonios del siglo XVI contribuye eficazmente a reubicarnos en nuestro presente. Oaxaca, con hue-llas tan claras de la presencia dominicana e n esos primeros tiem-pos puede ser ahora u n espacio fértil para la investigación seria sobre estos aspectos controvertibles e ineludibles, si queremos re¬ conocernos en la historia y promover alternativas enriquecedoras al f u t u r o .

Yvette JIMÉNEZ DE BÁEZ El Colegio de México

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