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La comunidad internacional en el proceso de paz de La Habana - una participación contenida

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Universidad de los Andes Facultad de Ciencias Sociales Departamento de Ciencia Política

LA COMUNIDAD INTERNACIONAL EN EL PROCESO DE PAZ DE LA HABANA: UNA PARTICIPACIÓN CONTENIDA

Trabajo de grado para optar al título de POLITÓLOGO

Santiago Andrés Gómez Silva

Bajo la dirección de Sandra Borda Guzmán, Ph.D. Bogotá D.C., Diciembre de 2013

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Resumen

En los anteriores procesos de paz que ha adelantado el gobierno colombiano se ha podido evidenciar que el control de posibles saboteadores ha resultado ser un factor clave para determinar el posible éxito de una negociación con las guerrillas. Dentro de estos posibles saboteadores, se ha tomado como lección que la participación de la comunidad internacional debe ser controlada desde las partes en negociación para reducir el impacto no deseado que puedan llegar a tener sus actores durante el proceso. Este trabajo recoge, a partir de una revisión de prensa, las tendencias de la participación de los diferentes actores de la comunidad internacional durante el proceso de paz que se adelanta con las FARC en La Habana desde octubre del año 2012. Esta revisión de la participación encuentra que el gobierno Santos ha optado por una internacionalización contenida del proceso de paz, brindándole más importancia a los países latinoamericanos en su involucramiento y retirando del mismo a actores que históricamente habían tenido una mayor participación en procesos anteriores como Estados Unidos y las organizaciones internacionales.

Palabras clave: Internacionalización, conflicto armado, FARC, proceso de paz, Juan Manuel Santos.

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Tabla de Contenido

Introducción……… 5

Particularidades del Manejo del Proceso de Paz y la Participación de la Comunidad Internacional………...……… 6

Tendencias de la Participación de la Comunidad Internacional en el Proceso de Paz de La Habana……… 9

Participación de los Actores de la Comunidad Internacional en el Proceso de Paz………....…. 12

Estados Unidos……….…. 12

Participación de Estados Unidos………... 15

Lucha contra las Drogas……….... 20

América Latina……….. 22

Venezuela……….. 24

Participación de Venezuela………... 26

Cuba……….. 30

Participación de Cuba………... 31

Ecuador………. 33

Participación de Ecuador……….. 33

Chile……….. 35

Brasil………. 36

Participación de Brasil……….. 37

Uruguay………. 40

Unión Europea……….. 42

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Organizaciones Internacionales……… 47

Unión de Naciones Suramericanas –UNASUR-……….. 48

Organización de las Naciones Unidas –ONU-………. 49

Organización de los Estados Americanos – OEA-………... 52

Consideraciones Finales………... 53

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La Comunidad Internacional en el Proceso de Paz de La Habana: una Participación Contenida

Introducción

Una de las lecciones aprendidas de Colombia luego de varios procesos de paz con las guerrillas, es la importancia de tener en cuenta a la comunidad internacional. Lejos de pretender que existe un estadio apropiado de participación de la comunidad internacional, su aporte al éxito de un proceso de paz depende de su capacidad para adaptarse al proceso mismo y a obedecer a sus exigencias. Por tanto, la simple presencia no es suficiente para asegurar el componente como cubierto. De hecho, la excesiva participación de la comunidad internacional puede llegar a ser tan nociva como la ausencia de participación en un proceso de paz. En este sentido, entender la relevancia que tiene asignar un papel a la comunidad internacional en un proceso de paz, ayuda a fortalecer su desarrollo y continuidad. No obstante, en el caso colombiano, estas consideraciones solo fueron hechas después de la experiencia registrada en negociaciones de paz como las llevadas en el Caguán bajo la administración Pastrana.

Con respecto al proceso de paz de la actual administración con las FARC, este artículo tiene la intención de recoger las principales tendencias de la participación internacional que se han registrado desde el inicio del mandato del presidente Juan Manuel Santos hasta la fecha, a pocos meses de comenzar el proceso electoral que decidirá la reelección de Santos o el cambio de Gobierno. A partir de esto, se buscará encontrar continuidades, quiebres y transformaciones en el comportamiento de los Estados con respecto a procesos de paz anteriores. Para esto, se presentará la evidencia registrada de lo general a lo particular, para así poder determinar los

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casos específicos en donde se comprueba el comportamiento de los Estados. En primer lugar, se presentarán las tendencias generales de la participación de la comunidad internacional en el proceso de paz. A continuación se presentarán los casos específicos de distintos actores y su patrón de comportamiento en el proceso. Estas secciones incluyen a los actores más importantes para el proceso en curso incluyendo a Estados Unidos, América Latina –y particularmente Venezuela, Cuba, Ecuador, Chile, Brasil y Uruguay–, la Unión Europea –en particular Noruega–, y algunas organizaciones internacionales –específicamente la Organización de Naciones Unidas, la Unión de Naciones Suramericanas y la Organización de Estados Americanos–.

Con esto se espera definir la política para la adecuación de la participación internacional del presidente Santos, así como el papel de los distintos actores internacionales, entendiéndolos como portadores de intenciones e intereses particulares (Borda & Cepeda 2012, p. viii; Pardo 2011, 185).

Particularidades del Manejo del Proceso de Paz y la Participación de la Comunidad Internacional

Para comenzar, es importante resaltar que, como mencionan Borda y Tickner (2011, pp. 29-30), los altos grados de personalismo y presidencialismo que predominan en la implementación de la política exterior colombiana han permitido que se tomen decisiones de turno que muchas veces no son continuadas en el tiempo. Debido a esto, hay cambios en el discurso de Santos que deben ser tenidos en cuenta como particularidades del proceso de paz con respecto al conflicto y, por ende, a la política exterior. En primer lugar hay que resaltar que Santos ha vuelto a adoptar el discurso, propio de los gobiernos que han estado a favor de los

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procesos de paz, que entiende a las guerrillas como actores con cierto grado de legitimidad política (Borda 2012 p. 75). Esto va en contra de los gobiernos que han entendido a las guerrillas como grupos terroristas, el cual es un discurso que dificultaría cualquier proceso de paz y que va dirigido a perpetuar acciones militares en contra de los grupos armados ilegales.

En segundo lugar, este retorno al discurso de la paz ha contribuido a alejar la lógica del conflicto de cosmovisiones internacionales como se ha venido haciendo tradicionalmente. La inserción de la lógica del conflicto dentro del enfrentamiento entre capitalismo y comunismo durante la Guerra Fría desde Turbay (Bagley & Tokatlian 2011, p. 102), así como en la lucha contra las drogas en los noventas (Cardona & Tokatlian 2011, p. 160) y, más recientemente, en la lucha contra el terrorismo durante la administración Uribe (Tickner & Pardo 2011, p. 233), siempre ha tenido la intención de involucrar cierto tipo de ayuda internacional para la solución del conflicto colombiano. Por tanto, el alineamiento a estas lógicas se dio como un proceso de internacionalización voluntaria de los gobiernos con el objetivo de recibir recursos y hacer frente al conflicto (Borda 2010). Al separarse de estas lógicas, el presidente Santos logró iniciar un proceso de paz brindándole al grupo guerrillero una agenda política por discutir que puede incluir temas como el narcotráfico pero que no configura por completo la negociación.

Esta disposición de paz del periodo de Santos incluye entonces un alejamiento de los estadios que tradicionalmente se manejan durante los periodos de guerra. Esto explicaría, en primera instancia, por qué no participa Estados Unidos en la mesa de negociación. Dado que la potencia siempre ha apoyado al gobierno colombiano mediante ayuda militar y económica para erradicar la droga, y de paso, a la insurgencia, su presencia en la mesa podría fundamentar la misma desconfianza que produjo durante su permanencia en el proceso de paz del Caguán, cuando alistaba con el gobierno de Pastrana el Plan Colombia. Por tanto, el gobierno de Santos,

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al igual que el de Betancur durante su proceso de paz, ve a la negociación y a la conciliación como el mejor modo de controlar la violencia política interna, en lugar de la confrontación y el conflicto (Bagley & Tokatlián 1987).

Otra consideración importante es el carácter interméstico (Manning 1977) del conflicto armado como lo han desarrollado autores como Pardo (2011, p. 172) al anotar que “los principales puntos de la agenda gubernamental de cualquier administración (la paz, la lucha contra las drogas, hasta la generación de empleo) conducen a una política exterior más vinculada a la agenda doméstica”. Esto contribuye a reducir los márgenes de autonomía de un gobierno y, en el caso del proceso de paz, “si quisiera llevar a cabo políticas contrarias a las que prefiere la comunidad internacional en materia como lucha contra las drogas, la economía, el sistema de gobierno o los derechos humanos, se encontraría en una posición muy débil” (Pardo 2011, p. 173). Debido a este carácter interméstico, la capacidad de negociación de un gobierno está sujeta a la comunidad internacional en la medida en que distintos problemas que se abordan son de carácter trasnacional.

Finalmente, esta consideración al respecto del carácter interméstico ha contribuido a que se le dé sentido a la participación internacional a través de su involucramiento. Esto ya se había vinculado desde el proceso del Caguán bajo el gobierno de Pastrana (Cardona 2011, p. 208). Sin embargo, que la presencia de actores internacionales le reste autonomía al Gobierno colombiano, no significa que lo deje sin un margen de maniobra para controlar la participación de la comunidad internacional y contener sus efectos en las negociaciones. Para esto, el Gobierno colombiano se ha caracterizado por definir el conflicto como propio (cuando está en negociaciones, no tanto cuando se encuentra combatiéndolo bajo alguna de las lógicas mencionadas anteriormente) y de solución “a la colombiana”. Esta característica estuvo presente

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en los distintos discursos del Presidente antes y durante la primera etapa del proceso de paz, en los que rechazaba todo tipo de participación internacional no avalada por el Gobierno y aclaraba que la solución del conflicto era responsabilidad de Colombia (El Tiempo 2012c). Siempre acostumbró a acompañar esto con la aclaración de que en el momento en que se necesitara ayuda, se respondería si se creía conveniente.

A partir de esto, el presidente Santos ha llevado a cabo una política exterior que se ha esforzado por mostrar la imagen de un país nuevo y próspero que está saliendo de un conflicto armado. A pesar de que el conflicto sigue sin solucionarse, la apuesta por el país sobresaliente ha sido la estrategia de Santos para lograr atraer la atención del mundo a Colombia. Dentro de sus esfuerzos para lograr esto, se encuentran las candidaturas al Consejo de Seguridad de la ONU, a la Secretaría general de la UNASUR y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE).

Tendencias de la Participación de la Comunidad Internacional en el Proceso de Paz de La Habana

Ante el involucramiento de la comunidad internacional en el proceso de paz actual se puede concluir que es un proceso de participación contenido. Esto quiere decir que hay algunos actores elegidos cuidadosamente a los cuales se les ha asignado un papel específico dentro de la mesa de negociación. A diferencia del despliegue de ayuda internacional que se vio durante el proceso de paz del Caguán, el proceso de La Habana se ha caracterizado por tener a un selecto grupo de países que no superan las funciones para las cuales fueron elegidos. Es importante notar la ausencia de protagonistas internacionales dentro del proceso de paz. Esta falta se puede deber

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a las experiencias vividas en el pasado, en donde una comunidad internacional desordenada y abundante ayudó a causar el fin del proceso de paz del Caguán. Esto mismo explicaría la falta de otros papeles como el de mediadores o facilitadores.

Otra característica tiene que ver con la importancia que tiene el respaldo de los Estados con el buen desarrollo de los acuerdos. La aprobación que logran tener los acuerdos internacionalmente se ha convertido en una herramienta del ejecutivo para incentivar la aprobación dentro del país. En Colombia, a pesar de que hay un mejor escenario que otros anteriores frente a amenazas a la legitimidad interna, el gobierno de Santos sí ha querido evitar la fragmentación de la opinión pública frente al proceso de paz. A partir de esta estrategia, Santos ha mantenido una buena disposición de la opinión pública al interior del país. Borda (2012, p. 23) arguye que la “legitimidad internacional podría considerarse como un sustituto temporal ante la ausencia de legitimidad interna”, lo cual podría ayudar a la aprobación por parte de la sociedad tanto en el anuncio de las negociaciones como en los momentos en que enfrentan crisis. Frente a la oposición que ha enfrentado el presidente Santos, sobre todo por parte de su antecesor Álvaro Uribe y el Centro Democrático, este nivel de legitimidad internacional ayuda a superar la división interna, tal cual como intentó Pastrana en su momento (Borda 2012, p. 56, 82-83).

Esto ha involucrado a la comunidad internacional como herramienta para el manejo de la opinión pública. De esta forma, se está controlando la percepción de los colombianos sobre el curso de las negociaciones. Por tanto, entre más apoyo y aprobaciones internacionales, se va a tener una mejor actitud frente al proceso. Prueba de esto fue la gran cantidad de apoyo internacional, al inicio del proceso, que ayudó a disminuir la división interna con respecto a un proceso de paz con las FARC. Adicionalmente, a lo largo del proceso se han estado recibiendo aprobaciones debido a la realización de un sistemático lobby por la paz. Tanto la canciller como

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el Presidente se han esforzado, a partir de visitas diplomáticas, invitaciones y pronunciaciones, por mantener y seguir acumulando palabras que legitimen el proceso, ya sea unilateral o multilateralmente.

Una siguiente tendencia tiene que ver con la importancia que le ha dado el presidente Santos a la región. Luego de que las relaciones con los vecinos estuvieran al borde del colapso, Santos se empeñó por solucionarlas y por hacer de la región un espacio de protección de los acuerdos. Como menciona en un artículo, si se llegaba a dar el escenario, el primer apoyo que buscaría el presidente sería el de la región (El Tiempo 2011j). Esta configuración del proceso de paz no sólo está mandando el mensaje de que la región es la encargada de ayudar a solucionar el conflicto armado en Colombia sino que puede hacerlo con sus propios esfuerzos sin la ayuda de Estados Unidos. Esta posición demuestra una diversificación de la ayuda internacional por parte del Gobierno colombiano, una de las insistencias de Pardo (2011) para un buen desarrollo de un proceso de paz. De esta manera, Colombia también se introduce en una tendencia latinoamericana con una “aversión al statu quo” y una intención de solucionar los problemas regionalmente (Drekonja, 2002).

Con base en esto, se justifica de forma general la elección de Cuba, Noruega, Venezuela y Chile como países acompañantes y garantes. En el caso de Cuba y Venezuela, como menciona Borda (2012, p. 21), ambos países son gobiernos “revolucionarios” y tienen probabilidad de ser invitados a participar en el conflicto para brindarle apoyo militar y logístico a las organizaciones insurgentes –en este caso, logístico–. Igualmente, otro tipo de actores internacionales, como Chile y Noruega, son los que tienen más probabilidad de ser llamados cuando se busque apoyo político y reconocimiento, lo cual se persigue en el proceso de paz (Borda 2012, p. 21). Más adelante se explicará el por qué no de la participación de otros países como Estados Unidos.

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Otra reflexión alrededor de las tendencias tiene que ver con la utilización de los escenarios multilaterales como espacios para buscar más aceptación internacional y para llevar a cabo una socialización de los acuerdos logrados con las FARC. Esta estrategia le ha ayudado al gobierno Santos a mantener informada a la comunidad internacional sin tener dentro del país a aglomeraciones de Estados como el Grupo de Países Amigos y Organismos Internacionales constituido en el 2001 durante el proceso del Caguán, con 25 Estados, el Vaticano y la Unión Europea (Bouvier 2012, p. 69). También cabe resaltar que ninguna organización se encuentra haciendo parte de la mesa de negociación. El impacto que esto pueda llegar a tener en el éxito del proceso aun es desconocido. Sin embargo, las organizaciones sí tienen mejores condiciones para acompañar procesos de paz en la medida en que comparten estándares morales que los Estados no mantienen.

Es bastante posible que se tenga que pensar en algún otro actor internacional al que se le vaya otorgar el papel de verificador. Al fin y al cabo, tanto el gobierno como la guerrilla dejaron abierta la opción dado que en el acuerdo para la terminación del conflicto dice que: “de acuerdo con las necesidades del proceso, se podrá en común acuerdo invitar a otro” (El Espectador 2012b). Sin embargo, sin haber estado durante todo el proceso es difícil que el asignado pueda llegar a cumplir a cabalidad un proceso de evaluación y cumplimiento de los términos que se llevaron a cabo durante el largo periodo de negociaciones.

Participación de los Actores de la Comunidad Internacional en el Proceso de Paz

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Durante el proceso de paz del Caguán, Estados Unidos se presentó como el respaldo de Colombia ante cualquier eventualidad de las negociaciones. Prueba de esto fue el diseño del Plan Colombia por petición de la administración Pastrana como plan alternativo si no se firmaba un acuerdo. El involucramiento de la potencia fue más evidente que el actual en la medida en que incluyó logística para lograr el contacto con Raúl Reyes, intercambio de opiniones sobre el proceso y la presentación de una propuesta de erradicación del cultivo de coca (Pardo 2011, pp. 176-177). Desde entonces, la ayuda de Estados Unidos en presupuesto y tecnología militar fue fundamental para llevar a cabo la política de Seguridad Democrática del ex presidente Álvaro Uribe. Sin embargo, su participación con el Plan Colombia obstaculizó “el acercamiento a otros países y la creación de aproximaciones más efectivas a los múltiples problemas que enfrentaba Colombia” (Cardona, 2011), asimismo, su prioridad durante la Seguridad Democrática se hizo en detrimento de las relaciones con otros actores como los vecinos (Tickner & Pardo, 2011). A pesar de esto, la presencia del hegemón en el país se ha ido disminuyendo por el surgimiento de otros problemas y prioridades.

Específicamente, el papel de Estados Unidos se ha caracterizado por un constante apoyo y respaldo al proceso de paz sin estar involucrado. Cabe resaltar que en varias ocasiones, el gobierno de Washington ha dejado muy claro que la potencia no hace parte del proceso y no colabora con ninguna de las partes. Por tanto, durante el proceso de paz actual, Estados Unidos ha tendido a estar alejado de la mesa de negociación sin pretender ningún tipo de papel dentro del proceso. Su papel se ha limitado a favorecer los diálogos a través de dar su visto bueno y a ofrecer su ayuda cuando se requiera. Paralelamente, la potencia ha demostrado según comunicados que está interesada en estar involucrada durante el proceso de posconflicto en distintos momentos del proceso de paz. Esto viene acompañado de estímulos mediante los cuales

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Estados Unidos demuestra su apoyo a Colombia. En otras palabras, las manifestaciones de respaldo de Estados Unidos, a pesar de no estar acompañadas de un involucramiento en la mesa, sí se configuran a partir de recompensas indirectas, como se evidencia más adelante.

A pesar de que el comportamiento de Estados Unidos ha sido contrario al que tuvo durante el proceso de paz del Caguán, cabe anotar que hasta ahora se han discutido en la mesa con las FARC, dos puntos que no resultan tan relevantes para la potencia: desarrollo agrario y participación política. A diferencia de estos asuntos, el punto de la agenda relacionado con una solución al narcotráfico sí puede representar la entrada de Estados Unidos a la negociación de gobierno con la guerrilla. A pesar de que el gobierno de Obama ha demostrado intentos por descriminalizar la lucha contra las drogas y convertirlo en un problema de salud pública, es posible que los acuerdos a los que se lleguen, con respecto a la sustitución de cultivos ilegales y la extradición, pongan en tensión a la potencia significando alguna intervención en la negociación.

Su ausencia en la mesa de negociación puede ser beneficiosa debido a que la potencia se ha identificado como un saboteador del proceso de paz colombiano, por tanto puede contribuir a bloquear la mesa (Barreto 2013, p. 18). Esto se debe a que, generalmente, ha estado alineado con los gobiernos que han incrementado la actividad militar en contra de los grupos guerrilleros. Su presencia se ha visto a partir de sus contribuciones económicas y militares al armamento y entrenamiento para combatir el conflicto desde las distintas lógicas que ha tenido. Las configuraciones de la naturaleza del conflicto que ha adoptado el Gobierno colombiano se han hecho para ajustar el discurso con el de Washington. A partir de esta estrategia, Colombia ha esperado la ayuda de Estados Unidos en la medida en que su lucha comparte los mismos objetivos que los de la potencia.

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Su carácter de saboteador se ha visto en distintas ocasiones. Durante el proceso de paz de Betancur, el gobierno estadounidense desprestigió las intenciones de paz del Gobierno colombiano al declarar que la guerrilla estaba aliada con los principales narcotraficantes del país y alegando que había que enfrentar a los “narcoguerrilleros” con la fuerza pública para poder condenarlos y extraditarlos (Chernick 1988, p. 29). Así mismo, en 1986, el vocero de la Casa Blanca afirmó que la guerrilla estaba recibiendo el apoyo sandinista y se estaba armando al M-19, identificado como los que “atacaron el Palacio de Justicia de Bogotá en Noviembre pasado” (pp. 30-31). Eventualmente, Betancur fue superado por la presión de Estados Unidos. Un segundo ejemplo tiene que ver con su presencia en el proceso del Caguán, que erosionó la confianza entre las partes por la formulación por parte de los gobiernos del Plan Colombia, cuya principal característica era fortalecer militarmente al país (Borda 2012, p. 59).

Participación de Estados Unidos.

Desde antes de que se hiciera público el proceso de paz, Estados Unidos había respaldado el gobierno de Santos a partir de aprobaciones a su mandato y de programas para ayudar a la situación de los derechos humanos, de la cual celebraban mejoras. Prueba de esto es que en abril del año 2011, el presidente Barack Obama aprobó junto a su homólogo Juan Manuel Santos, un plan de acción para mejorar la situación de los derechos humanos para ayudar a la eficiencia del TLC (Revista Semana 2011e). Así mismo, sus llamados a las FARC por la liberación de los secuestrados y para que renunciaran a la violencia, eran continuos luego de presentar cualquier tipo de respaldo al gobierno (El Tiempo 2012f). Aunque la liberación de los uniformados, llevada a cabo en abril del 2012, junto a la promesa de la FARC de no volver a realizar

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secuestros fue una señal de la intención de la guerrilla de sentarse a negociar, el embajador estadounidense McKinley recalcó que primero había que terminar con el ciclo de violencia (El Tiempo 2012i). Por tanto, la potencia tendía a mostrarse inflexible en sus declaraciones frente a las acciones de las FARC incluso antes de demostrar apoyo a un posible proceso de paz.

Anterior a la Cumbre de las Américas, el gobierno de Santos ya estaba recibiendo críticas favorables por parte de los estadounidenses. La aparición del Presidente colombiano en la portada de la revista Time resaltaba “su capacidad para convertirse en puente entre Estados Unidos y el resto de naciones del hemisferio”, además de destacar su apuesta para ser “el nuevo jugador económico y diplomático de América Latina” (El Tiempo 2012j). Esto demuestra cómo el gobierno de Colombia estaba llevando a cabo una campaña a favor de la imagen del presidente Santos en el exterior. Durante la Cumbre, se hizo latente la división entre Estados Unidos y la región alrededor de distintos temas como la ausencia de Cuba en la OEA, el tema de drogas y la situación de las Malvinas. Sin embargo, alrededor del conflicto, Obama resaltó el empeño de Santos por terminar con el conflicto durante la entrega de tierras a afrocolombianos que realizó en Cartagena. En el discurso que dio en este evento, respaldó los esfuerzos del Presidente colombiano y aseguró ser “un firme aliado” del país (El Tiempo 2012k). Este discurso que involucra continuamente la palabra “aliado” junto a adjetivos como “incondicional” o “estratégico” va a continuar apareciendo en el discurso del mandatario y sus funcionarios a lo largo del proceso de paz.

En agosto de 2012, antes de hacer público el proceso de paz, el general (r.) estadounidense Stanley McChrystal –jefe de la OTAN y ex comandante en jefe en Afganistán- fue invitado al país como consultor frente al plan Espada de Honor para combatir a la guerrilla (El Tiempo 2012p). Esta invitación se extendió desde el Ministerio de Defensa colombiano, la

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cual demuestra que el país continuaba solicitando consejo militar por parte de Estados Unidos. Este programa fue lanzado hasta septiembre del 2013, haciendo parte de la política de llevar las negociaciones con las FARC junto a la continuación de acciones militares a lo largo del territorio nacional.

A finales de agosto, cuando se hizo pública la instauración de la mesa de negociación con las FARC, Estados Unidos se pronunció afirmando: "le damos la bienvenida a esfuerzos para poner fin a este extenso conflicto y que llegue la paz duradera en Colombia. Siempre hemos sido un aliado incondicional de Colombia, su gobierno y su gente a lo largo del conflicto" (El Tiempo 2012q). Posteriormente, en septiembre reafirman su posición en materia de defensa y seguridad, así como en su compromiso de trabajar en el respeto a los Derechos Humanos y la prosperidad económica (El Tiempo 2012w, Revista Semana 2012f). Con esto podemos afirmar que el apoyo que brinda Estados Unidos no se desmilitariza en un principio. Por el contrario, es el principal punto de donde ofrecen ayuda. Inicialmente también plantean un papel dentro del posible posconflicto.

Uno de los primeros problemas que tuvo el gobierno colombiano con la guerrilla durante la fase de negociación fue la petición por la liberación de Simón Trinidad para su presencia como negociador de las FARC (El Tiempo 2012a1). Esta petición involucró a Estados Unidos en la medida en que Simón Trinidad se encuentra cumpliendo pena de cárcel en la potencia. Ante este tipo de situaciones, Estados Unidos reafirmó la ausencia de un papel específico en la mesa de negociación. Por tanto, su posición, al no hacer parte de las negociaciones” fue de no responder al pronunciamiento de las FARC, advirtiendo que Estados Unidos no comentaría ninguna de las posiciones de la mesa (El Tiempo 2012a1). En octubre del mismo año, Roberta Jacobson, la subsecretaria de Estado para el hemisferio occidental, apuntó: “discutiremos lo que quieran, pero

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aún estamos en una etapa muy preliminar de las conversaciones" (El Tiempo 2012l1). Desde esta posición podríamos afirmar que Estados Unidos tenía la intención, desde un principio, de intervenir en ciertos temas. Aunque claramente dejaban fuera de discusión la libertad de Simón Trinidad o su simple presencia dentro de la Mesa.

A pesar de que la falta de respuesta del gobierno estadounidense puso en tensión a la guerrilla luego de que Rodrigo Granda anunciara que el indulto sería un “inmenso aporte” del gobierno estadounidense a la paz, así como un “acto de humanidad” (El Tiempo 2012n1), comenzaron las negociaciones y Estados Unidos salió del panorama del proceso de paz. A partir de entonces, el gobierno de Washington se ha limitado a lanzar comentarios esporádicos de apoyo y respaldo “al fortalecimiento de la democracia, el imperio de la ley, los Derechos Humanos y la paz” de boca de personas como el Vicepresidente y el Secretario de Estado (El Tiempo 2013b, 2013c, 2013n, 2013o, 2013p, 2013a1, 2013b1). Sin embargo, durante el 2013 se han observado distintas instancias en las cuales se han desplegado mecanismos de apoyo al proceso de paz por parte de Estados Unidos que no han involucrado su intervención y que se caracterizan por ubicarse temporalmente en el posconflicto. Un primer instante de esto tiene que ver con la visita del ex presidente Carter, quien en reunión con el entonces ministro del interior Fernando Carrillo anunció que Colombia había salido de la lista negra de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (El Tiempo 2013a). En este sentido, el gobierno estadounidense le apostó a la ayuda a través de incentivos y apoyo al gobierno de Santos.

El mejor ejemplo de este tipo de incentivos fue la propuesta, a través de una carta en marzo, de un diseño de política para la paz dirigido a Colombia dentro del Congreso estadounidense. Un grupo de congresistas, con Jim McGovern y Jan Schakowsky a la cabeza, propuso el Paquete de Asistencia para la Paz para reorientar recursos que anteriormente servían a

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la guerra (El Tiempo 2013i) y para apoyar la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, la Defensoría del Pueblo y los programas de paz y desarrollo regionales (Revista Semana 2013b). En la carta también se pedía flexibilidad a Kerry, secretario de Estado estadounidense, sobre todo con el asunto de lucha contra las drogas pues “a su juicio, un desarrollo predecible del proceso es que Colombia se aleje de la fumigación de cultivos ilícitos y le dé prioridad al desarrollo de zonas rurales” (El Tiempo 2013i). Este paquete también incluye la preocupación de Estados Unidos por no dejar que el proceso de paz deje por fuera asuntos delicados relacionados con los derechos humanos, la eliminación de minas antipersona, la reintegración y la creación de una comisión independiente de la verdad (Revista Semana 2013b). A pesar de la iniciativa, el gobierno se negó a comentar el pedido del paquete acudiendo una vez más al argumento bajo el cual no hacen parte de la Mesa y, por ende, no pueden comentar sobre las posturas negociadoras (Revista Semana 2013i).

Junto a este, muchos otros incentivos han venido. Entre estos, se documentaron el anuncio de una ayuda de cincuenta millones de dólares para apoyar la aplicación de la Ley de Reparación de Víctimas en junio, una contribución del Alto Comisionado de la ONU para Refugiados y el Comité Internacional de la Cruz Roja y una ayuda por más de seis millones de dólares a ONGs en Colombia para colaborar a la aplicación de la ley (Revista Semana 2013d). Así mismo, el gobierno estadounidense a través de la Agencia para el Desarrollo Internacional -USAID-, se comprometió, desde abril de 2013, no solo a ayudar económicamente a la paz, sino a mantener los flujos de dinero durante todo el proceso (El Tiempo 2013k, 2013l).

Este compromiso se dio bajo la afirmación de que la situación se debe al éxito del Plan Colombia (El Tiempo 2013k). Por tanto, Estados Unidos mismo se embarcó en una campaña por defender la forma en que los gobiernos colombianos llevaron a cabo el proceso de securitización

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del país. Es notable como se reevalúa la relación Colombia en la medida en que pasa de ser un país problema a ser un país exitoso con un futuro brillante por delante lleno de oportunidades. Estas aseveraciones hicieron parte del discurso del ministro de defensa Juan Carlos Pinzón (Revista Semana 2013e). Un buen tanto hicieron en el tema de la lucha contra las drogas al asegurar que la nueva política del gobierno de Estados Unidos era rechazar la visión del problema de las drogas como de orden público para empezar a verlo como de salud pública (El Tiempo 2013m).

En los últimos meses del 2013, Anne Richard, subsecretaria de Estado para la Población, Refugiados e Inmigración de los Estados Unidos, llamó la atención al Gobierno colombiano diciendo que un acuerdo con las FARC no haría desaparecer los problemas de seguridad. Con esta declaración, Richard buscaba llamar la atención del Congreso estadounidense, el cual a su juicio, había perdido interés en Colombia (El Tiempo 2013s).

Lucha contra las drogas.

La búsqueda de soluciones al problema de los cultivos ilícitos es el punto de entrada de Estados Unidos al proceso de paz. Como lo menciona María del Rosario Arrazola en El Espectador (El Espectador 2013b), a pesar de que la solución al problema de las drogas quedó pactado a partir de programas de sustitución de cultivos, prevención del consumo y salud pública, y la búsqueda de salidas a la producción y comercialización de narcóticas, extraoficialmente se tiene la información de que el Estado planea que las FARC se comprometan a ayudar a la sustitución de cultivos, desmantelar los laboratorios y acabar con las pistas clandestinas. Esta solución resultaría bastante atractiva para Estados Unidos y para el mundo

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teniendo en cuenta que se caería la producción de cocaína del país en un 60%. Sin embargo, las FARC tienden a desconocer su responsabilidad en algunas de las fases del negocio y esto imposibilita que se eliminen las cadenas de producción.

Este obstáculo en la negociación podría ser el punto de entrada de Estados Unidos debido a que tiene dos “ases bajo la manga” como menciona Arrazola. Primero, puede llegar a discutir asuntos de extradición, al punto de eliminarla, y segundo, puede discutir el tema de la libertad de Simón Trinidad. Con respecto al primer punto, los jefes de las FARC, incluyendo a algunos de los negociadores, están imputados por Estados Unidos debido a su involucramiento en el narcotráfico. Por tanto, como está especificado, su suerte indica que van a terminar extraditados. Sin embargo, si se comprometieran a combatir el narcotráfico en Colombia, el interés por acabar mayoría del cultivo ilícito en el país puede ser mayor al de hacer cumplir estas sentencias. Del mismo modo, tener a su disposición a Simón Trinidad le brinda a Estados Unidos un amplio margen de negociación y persuasión.

Una vez más, Arrazola (El Espectador 2013f) tiene información que indica que desde el pasado 27 de octubre de 2013 se abrieron los canales de comunicación con el Departamento de Estado luego de la liberación del ex soldado estadounidense Kevin Scott, en donde tanto el gobierno como la guerrilla afirmaron que Estados Unidos había sido parte de la liberación. Es indiscutible que además de presentarle a la guerrilla una discusión alrededor de la extradición y de la presencia de Simón Trinidad en la mesa, el papel de Estados Unidos en este punto va a representarle dinero para generar alternativas de cultivo a los campesinos. En la medida en que sea necesario eliminar el narcotráfico estructuralmente, la inversión en desarrollo agrario tiene que ser bastante grande y lo más seguro es que Estados Unidos sea el que vaya a pagar por él.

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diciembre de 2013, se espera que entre en discusión un acuerdo para manejar el tema del narcotráfico dentro de la mesa (El Espectador 2013g). A pesar de que se ha aceptado ampliamente el fracaso de la lucha contra las drogas, se discutirán temas como el desarrollo alternativo y la extradición de narcotraficantes Estados Unidos. Estos temas compiten a la potencia y a sus intereses, por lo que es posible que entre dentro de las discusiones entre los Presidentes. Para cuidar esta discusión con la potencia, el presidente Santos designó como nuevo embajador en Washington a Luis Carlos Villegas quien era plenipotenciario en la mesa de negociaciones de La Habana (El Espectador 2013g). Su conocimiento de las negociaciones puede haber sido reubicado para lograr, por la vía diplomática, acuerdos con Estados Unidos.

América Latina.

El papel de la región en el proceso de paz se ha caracterizado principalmente por su objetivo de imprimirle legitimidad al proceso de paz. Dadas las señales de Santos de restablecer relaciones con la región desde el inicio de su mandato, se puede decir que consideraba que la región era imprescindible para llevar a cabo una negociación con la guerrilla de la mano de los gobiernos de izquierda y con el apoyo de los vecinos. Frente a esta situación, luego de que se anunciaron los diálogos entre el gobierno y la guerrilla, la gran mayoría de países latinoamericanos lanzaron comunicados felicitando el intento del presidente Santos y respaldando su decisión. De esta forma, además de los países escogidos para acompañar el proceso (Cuba, Venezuela y Chile), otros países como Ecuador, Uruguay, Brasil, Argentina (El Tiempo 2013x), Honduras (El Tiempo 2012w), República Dominicana, Paraguay (El Tiempo 2012z), Perú y Bolivia celebraron el anuncio y felicitaron los logros del presidente Santos. Entre

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los países vecinos, Panamá, a pesar de que también le deseó buenos resultados al proceso, manifestó que ponía en duda el éxito del proceso debido a los problemas de narcotráfico y terrorismo (El Espectador 2012d).

Como se puede ver a continuación, en general la región aprobó la mesa de negociación y respaldo el proceso, muchos ofreciendo su ayuda. Sin embargo, hasta ahí llegan sus contribuciones. Sin el aval del gobierno colombiano para llevar a cabo otro tipo de acciones, ningún país latinoamericano ha intentado hacer parte del proceso. Tal vez el único país que, sin ser parte del proceso, ha llevado a cabo involucramientos más claros ha sido Brasil, el cual puede estar legitimando su posición como potencia al estar informado del desarrollo del proceso de paz. De esta forma, el gobierno de Santos ha configurado un respaldo internacional sin intervención, gracias a una contención de la ayuda internacional. En momentos en que algunos países parecían estar involucrándose en algún asunto relacionado con el conflicto, el gobierno dejaba claro que el asunto era interno y que no necesitaría ayuda sino hasta que la solicitara. Un caso por el estilo es el de Argentina y Venezuela, los cuales, en agosto de 2010 dictaron junto a Piedad Córdoba una serie de propuestas e iniciativas de parte del grupo Colombianos y Colombianas por la Paz (El Tiempo 2010e). No obstante, la cercanía de la región con Colombia imprime entre sus intenciones un interés por el conflicto en la medida en que Colombia fue considerada como una amenaza desde el gobierno de Uribe. Esto se debía al temor frente a un posible contagio del conflicto por medio de las fronteras (Tickner & Pardo 2011, p. 239), y de la presencia militar de Estados Unidos en el país.

En los últimos meses, con el comienzo de diálogos informales con el ELN debido a su intención de iniciar una mesa de negociación, países como Brasil, Costa Rica, Uruguay, Venezuela y Cuba han confirmado su interés en ser los países anfitriones del proceso. En los

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últimos meses, el incremento de apoyo en la región ha significado un deseo por apoyar el proceso de paz colombiano. Este tipo de comportamientos puede verse motivado por la deseabilidad que genera este tipo de procesos a nivel internacional.

Venezuela.

El involucramiento de Venezuela en el proceso de paz se ha caracterizado por mantenerse claro y delimitado por el gobierno colombiano. Hugo Chávez fue una de las primeras personas en conocer las intenciones del presidente Santos de contactar a las FARC para comenzar el proceso de paz. Por ende, el gobierno colombiano lo consideró como imprescindible para entrar en contacto con la guerrilla, persuadirlos y lograr cierta confianza para firmar un acuerdo para la terminación del conflicto. A partir de esto podemos decir que la presencia de Venezuela en el proceso de paz se caracterizó por ser importante para iniciarlo. La presencia del gobierno de Chávez para contactar y lograr una reunión con representantes de las FARC fue necesaria para que la guerrilla atendiera la solicitud.

Para el gobierno Santos, la presencia de Venezuela fue considerada como importante desde un inicio. Prueba de esto fueron los esfuerzos del presidente por restablecer las relaciones con Chávez desde el inicio de su mandato. Sin embargo, una vez instaurada la mesa, el gobierno se encargó de contener el protagonismo que podía adquirir Chávez al proponerle a Venezuela el papel de acompañante durante el proceso de paz. Esta asignación de rol le ha brindado a Venezuela un papel limitado en el manejo de las negociaciones que reconoce la importancia de su presencia pero prescinde de su opinión, permitiéndole ejercer influencia por fuera de la mesa (Fisas 2013). Al cercar la capacidad de acción de Venezuela, su papel durante el proceso ha sido

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el de mantener un diálogo con la guerrilla desde la izquierda. Incluso antes de iniciarse formalmente, el gobierno venezolano ya reclamaba muestras de voluntad para la paz a las FARC, así como declaraciones en las que incitaban a dejar las armas para llegar a la política.

La presencia de Venezuela en la mesa se puede deber a una táctica por involucrar actores internacionales política e ideológicamente más cercanos a la guerrilla para que participen en la búsqueda de la paz (Borda 2012, p. 60). De esta manera pueden ejercer presión sobre estos grupos así como hacer de puentes con el gobierno. Venezuela especialmente se hizo merecedora de un puesto en la mesa por su cercanía con la guerrilla en los últimos años. Desde el Caguán el país estaba apoyando el proceso (Pardo 2011, pp. 181-182), sin embargo, su desempeño durante la Seguridad Democrática de Uribe y el reconocimiento de las FARC como beligerancia ayudó a que se definiera como un actor importante en la negociación. Como menciona Trujillo (2012, pp. 606-607), Venezuela, junto a Ecuador, son los casos exitosos de los intentos de internacionalización de las FARC durante la administración pasada. Así mismo, el país era el símbolo de la nueva cara de Latinoamérica y de la posibilidad de llegar al poder y construir el socialismo a partir de elecciones y no de las armas (Barreto 2013).

Durante el proceso, el involucramiento de Venezuela ha estado amenazado y se ha transformado debido a la muerte del ex presidente Hugo Chávez en marzo del 2013 y la visita de Henrique Capriles a Juan Manuel Santos en junio del mismo año. De los países que hacen parte del proceso, Venezuela ha demostrado ser el más volátil de todos. A pesar de que la muerte del mandatario no afectó en gran medida las negociaciones en la mesa, el cambio de gobierno sí valoró otras prioridades dentro de Venezuela. Con Nicolás Maduro al frente, la búsqueda de estabilidad interna lo ha obligado a jugar con el proceso de paz para mantenerse en el poder. Debido a esto, la crisis diplomática luego de la visita de Capriles estaba poniendo en riesgo la

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mesa al punto que el gobierno tuvo que optar por buscar en Uruguay un reemplazo al papel que actualmente estaba desempeñando Venezuela.

Participación de Venezuela.

En el caso de Venezuela, el gobierno de Santos comenzó con pésimas relaciones bilaterales gracias a su antecesor. A pesar de esto, en agosto del 2010, antes de la posesión, el entonces presidente electo Santos se reunió con el presidente uruguayo Mujica, a quien acudía en un intento por restablecer las relaciones con el presidente Chávez (El Tiempo 2010a). La primera señal de interés que ofreció Venezuela para esto fue el agradecimiento que expresó el canciller Maduro frente a la invitación de Santos al traspaso de mando (Revista Semana 2010a). Ya durante su posesión, Santos reiteró sus deseos de reconstruir las relaciones con Venezuela y Ecuador, a lo que Chávez respondió con una llamada a las FARC diciendo que la guerrilla no tenía futuro por la vía de las armas (El Tiempo 2010d). Finalmente, luego de varias reuniones entre los cancilleres y los presidentes, el restablecimiento de las relaciones entre los países se logró al afrontar la necesidad recíproca de los países en diversos aspectos que incluían el desabastecimiento que sufría Venezuela, el desempleo en la frontera colombiana y la presión internacional (Revista Semana 2010c). Para solucionar estos problemas, las cancillerías acordaron crear comisiones de trabajo (Revista Semana 2010f) y finalmente se logró el retorno de un embajador colombiano a Venezuela al ser elegido José Fernando Bautista (El Tiempo 2010f).

Luego del restablecimiento de las relaciones, Venezuela comenzó a actuar en conjunto con el gobierno colombiano resaltando su compromiso con ayudar a terminar el conflicto. Prueba

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de esto fue la entrega del guerrillero del ELN, Nilson Terán, en diciembre del año 2010. Ante esto, el ex presidente Chávez aclaró: “queremos la paz en Colombia, no queremos guerra, pero tampoco vamos a permitir que aquí incursione ningún elemento subversivo colombiano, ni terrorista, ni narcotráfico, ni guerrilla. Ese problema es de allá y ojalá encuentren un camino de paz" (Revista Semana 2010g). A pesar de estas demostraciones, el ex presidente Uribe tuvo varios enfrentamientos con Chávez al cuestionar su voluntad para combatir los grupos armados ilegales (El Tiempo 2011i). El manejo de las relaciones con Venezuela fue uno de los primeros puntos por los cuales se distanciaron los gobiernos de Uribe y de Santos, generando una oposición radical por parte del Uribismo y la conformación del Centro Democrático.

A partir del 2012, Hugo Chávez comenzó a realizar pronunciamientos en los que reclamaba a la guerrilla “hechos claros de paz” (El Tiempo 2012a). Dado que, según la información que dio el gobierno, la fase secreta del proceso de paz comenzó por estas fechas, es posible que Chávez comenzara a pedirle a las FARC señales de su voluntad para sentarse a una mesa de negociación. Así mismo, en la misma alocución comentó: “estamos dispuestos a apoyar si se nos pide en la búsqueda de un acuerdo de paz en Colombia” (El Tiempo 2012a). Desde este momento, Venezuela comienza a figurar mediáticamente por sus repetitivos pedidos de “pruebas para la paz” a las FARC.

Como se informó luego a la luz pública, a comienzos del 2012 se dio la primera cita entre emisarios del gobierno y de la guerrilla. Efectivamente, Hugo Chávez estaba enterado de las gestiones y fue gracias a su ayuda que se logró la confianza con la guerrilla (El Tiempo 2012v). Antes de reunirse con el gobierno, el jefe guerrillero Timochenko se reunión con el presidente Chávez en Venezuela para discutir acerca del proceso por cercad de ocho horas (El Tiempo 2012f1). La primera reunión se llevó a cabo al sur del Cesar en una zona rural de Río de Oro con

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Alejandro Eder y un funcionario de Acción Social como representantes del gobierno; y Rodrigo Granda y Andrés París por parte de la guerrilla (El Tiempo 2012v). Una segunda reunión se gestó en Venezuela, con la ayuda de Chávez, en la ciudad de Barinas, donde se discutió dónde se llevarían a cabo los diálogos formales (El Tiempo 2012v).

Ante los rumores del posible proceso de paz entrante en agosto del 2012, Venezuela guardó silencio junto a los gobiernos cubano y noruego acerca del presunto acuerdo suscrito. Sin embargo, fue la cadena venezolana Telesur la que informó del acuerdo firmado entre el gobierno colombiano y las FARC afirmando además que las reuniones previas se habían comenzado en mayo del mismo año (El Espectador 2012a). Cuando al fin se hizo público el acuerdo para instaurar la mesa, el documento que empezó a circular señalaba que el proceso tendría la colaboración internacional de los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes, y de Venezuela y Chile como acompañantes (El Espectador 2012b). Por tanto, desde un principio se estableció un papel claro al gobierno de Venezuela como “facilitador de logística y acompañante” del proceso en el Acuerdo para la terminación del conflicto.

En septiembre, la Agencia Venezolana de Noticias informó que Chávez había hecho el siguiente pronunciamiento: “haremos lo que nos pida el Gobierno y en lo que nosotros creamos poder ser útiles para que ojalá, como dijo Santos, no sea un proceso de tiempo ilimitado, que sea un proceso corto” (El Tiempo 2012c1). Este comunicado confirma que el involucramiento de otros países, como Venezuela, ha estado sujeto a las consideraciones del gobierno colombiano. Por parte de las FARC, cabe recalcar que la presencia de Venezuela en la mesa fue calificada de “invalorable” por parte de Timochenko (El Tiempo 2012x). En octubre del mismo año, Venezuela también anuncia como su representante en los diálogos a Roy Chaderton, su embajador ante la Organización de Estados Americanos (El Tiempo 2012g1).

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Luego de que el presidente Chávez asegurara su reelección, tuvo una recaída debida al cáncer que le habían estado tratando desde unos años atrás. Para diciembre del mismo año, Chávez se encontraba hospitalizado en Cuba y finalmente falleció en marzo del 2013. La pérdida de la figura clave de Chávez en el proceso de paz generó controversia en la medida en que era el mandatario con mayor poder de influencia en la guerrilla. Para marzo del 2013, el presidente encargado Nicolás Maduro se comprometió a facilitar la paz en Colombia para cumplir con el juramento que le había hecho a Hugo Chávez al respecto. Maduro declaró: "nuestro gobierno se mantiene firme con el apoyo al gobierno del presidente Santos, a las partes en conflicto que están sentadas en La Habana para ayudar en todo lo que sea posible" (Revista Semana 2013a). Este pronunciamiento recibió el agradecimiento de las FARC, en el que también afirmaron que harían todo lo posible por concluir los diálogos lo más pronto posible (El Tiempo 2013h). Por tanto, la muerte de Chávez, a pesar de haber sido un golpe para la mesa no representó mayor impacto posiblemente porque su involucramiento fue clave para el contacto con la guerrilla más que para el desarrollo del proceso.

Sin embargo, el cambio de gobierno sí ocasionó una crisis diplomática entre Colombia y Venezuela que eventualmente obligó al gobierno de Santos a buscar en Mujica, el presidente de Uruguay, una alternativa para la mesa de negociación. Luego de que se firmó un acuerdo alrededor del desarrollo agrario en mayo, y recibir el apoyo de Maduro (Revista Semana 2013g), en junio el presidente Maduro acusó a Santos de apoyar a su oposición tras la visita del ex candidato a la presidencia venezolana Henrique Capriles. Ante esto, el gobierno colombiano decidió manejar la crisis por fuera de los micrófonos por la vía diplomática, para no incitar a Venezuela a una guerra mediática cayendo en la polarización en la que se encontraba el país vecino (Revista Semana 2013q). En El Tiempo, Carlos Patiño argumentó que Maduro estaba

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intentando equilibrar su poder interno para tomar el liderazgo sobre Diosdado Cabello, por lo que los reclamos al gobierno y las amenazas al proceso de paz no pasarían de ser una estrategia para cohesionar al chavismo al interior del país (Revista Semana 2013q). Por su parte, las FARC manifestaron su preocupación por el estado de las relaciones con Venezuela, destacando el rol que había cumplido a lo largo del proceso, y decidiendo ponerse en contacto con Roy Chaderton para obtener información sobre la situación (Revista Semana 2013q). Finalmente, el impasse comenzó a ver solución luego de que Maduro reafirmara su respaldo al proceso bajándole el tono a los ataques contra el gobierno colombiano (El Tiempo 2013r).

En junio, Maduro anunció que el ex presidente brasileño Lula había intentado mediar para asegurar un encuentro con Santos (El Tiempo 2013t). Esta reunión se concretó en julio con la intención de restablecer las relaciones entre los países. En un comunicado Elias Jaua, el canciller venezolano, aseguró que siempre que sea invitada, Venezuela participará del proceso, asegurando que siempre ha sido el deseo del país vecino colaborar con el propósito de “la paz necesaria, justa para el pueblo de Colombia” (El Tiempo 2013w). En la reunión se ratificó la disposición de Venezuela a las órdenes de Colombia para describir la naturaleza de su involucramiento (El Tiempo 2013y).

Cuba.

A pesar de que el papel de Cuba en el proceso de paz no ha sido tan documentado como el de países como Venezuela, su participación se ha caracterizado por ser el país anfitrión de los diálogos. Debido a esto, su involucramiento durante el proceso ha incluido ayuda logística y la disposición de espacios para los negociadores. Antes del proceso, el gobierno cubano fue el

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responsable de contener las reuniones preliminares de los representantes del gobierno y de la guerrilla. Así mismo, Raúl Reyes colaboró a iniciar el contacto con las FARC a través de un enviado.

Al igual que Venezuela, ambos países se caracterizaron por hacer de su participación un incentivo para que la guerrilla se sentara a negociar. Esto se explica por la presencia de gobiernos de izquierda en cada uno de los países. Este tipo de presencia dentro de la mesa, le brinda a la guerrilla la sensación de estar apoyado por gobiernos con cercanía ideológica y, al mismo tiempo, busca demostrar que es posible llegar a hacer política dejando las armas. Del mismo modo, Cuba se ha perfilado por su rol histórico, por ser un antiguo patrocinador de la guerrilla y por su capacidad de influencia (Barreto 2013), a pesar de haber perdido terreno desde el fin de la Guerra Fría (Borda 2012, p. 80). Al delimitar su participación como garante, a Cuba se le han delegado aspectos de la negociación concernientes con la impresión de credibilidad al proceso, garantizar la confianza de las partes y asegurar el cumplimiento a través de comprobar la veracidad de los acuerdos, interpretar las propuestas de los bandos, impedir malentendidos y hacer seguimiento (Fisas, 2013). En este sentido, su papel es más proactivo que el de un acompañante pero sigue sin tener facultades propositivas o mediadoras, su tarea se limita a mantener el ambiente de negociación.

Participación de Cuba.

Al iniciar el mandato del presidente Santos, el ex presidente cubano Fidel Castro acusó a Colombia de ser un país convertido en una base militar de Estados Unidos (Revista Semana 2010d). En su opinión, esta estrategia de Colombia tenía la intención de amenazar militarmente

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al gobierno de Venezuela. Este tipo de comentarios al respecto del país en el año 2010 da un giro total cuando se inicia la fase informal del proceso de paz durante el 2012. Como se informó luego de que se anunció el acuerdo para la terminación del conflicto, el gobierno cubano fue clave para la primera reunión con representantes de las FARC. De hecho, un enviado de Raúl Castro fue el responsable de concretar el encuentro en el departamento del Cesar (El Tiempo 2012v). Así mismo, encuentros sucesivos se dieron en territorio cubano incluyendo la firma del Acuerdo para la terminación del conflicto mediante el cual se hicieron públicas las negociaciones con la guerrilla. La misma cadena Telesur que informó acerca del rumor de un posible acuerdo entre la guerrilla y el gobierno, declaró que desde mayo del mismo año se estaban llevando a cabo reuniones en la isla (El Espectador 2012a).

Como se hizo visible en el acuerdo firmado en La Habana, el papel de Cuba fue catalogado como garante durante el proceso de paz. Adicionalmente, se escogió La Habana como el lugar permanente de la mesa de negociación durante todo el proceso (El Espectador 2012b). Haciendo uso de su papel, en octubre de 2012, delegados de Cuba, junto a los de Noruega, acompañaron a los doce miembros del equipo negociador de la guerrilla que se dirigían a La Habana para viajar posteriormente a Oslo a dar inicio a la mesa de negociación (El Tiempo 2012j1). Durante la instalación, Carlos Fernández de Cossio, el delegado cubano, pidió apoyar y respetar el proceso de paz en Colombia. Así mismo declaró que “Cuba se regirá por el espíritu de solidaridad, respeto y discreción que ha caracterizado su aporte a la paz de Colombia” (El Tiempo 2012k1).

A partir de entonces, el gobierno cubano ha cuidado de los diálogos al ser el país en donde se realizan. Eventualmente, el presidente Raúl Correa ha ratificado su apoyo al proceso y lo califica de “prudente y discreto” (El Tiempo 2012p1). De la misma forma, luego de que se

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conociera que el ELN también tenía intenciones de sentarse a negociar, el gobierno cubano ofreció sus servicios para un posible proceso con la guerrilla (El Espectador 2013d).

Ecuador.

La participación de Ecuador en el proceso de paz se ha caracterizado por ser alejada y por no sostener ningún tipo de involucramiento mayor al de ofrecer respaldo y ayuda, siempre y cuando el gobierno colombiano lo solicite. Sin embargo, este respaldo fue visto como necesario por parte de Santos en la medida en que desde el inicio de su mandato se preocupó por restablecer las relaciones con el país vecino. Esta consideración puede obedecer a la creencia del Presidente que el proceso de paz necesita legitimarse regionalmente para su correcto desarrollo. Debido a esto, era necesario solventar los conflictos mantenidos durante el gobierno de Uribe. Sin embargo, también era necesario para involucrar a las FARC a la negociación, así como a sus casos de internacionalización, como lo es Ecuador. Como menciona Trujillo (2012, pp. 606-607), las FARC fortalecieron sus apoyos políticos y su legitimidad con Ecuador al establecerse en el país por la debilidad estatal para cuidar las fronteras, creando vínculos con diferentes sectores del movimiento social ecuatoriano (p. 610) y enlazándose al gobierno de Correa, el cual aceptó la presencia de la guerrilla al reconocer su debilidad institucional para ejercer soberanía (p. 614). Por ende, restablecer las relaciones con Ecuador era necesario para asegurarle a la guerrilla buenas relaciones con los vecinos y aliados internacionales.

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Al igual que como ocurrió con Venezuela, el gobierno Santos, al comenzar su mandato, dirigió sus esfuerzos a restablecer las relaciones con Ecuador. Prueba de esto fue la entrega de la información de los computadores de Jorge 40 que el gobierno ecuatoriano había solicitado al presidente saliente Álvaro Uribe luego del operativo contra el campamento de Raúl Reyes en el año 2008 (El Tiempo 2010i). Para su posesión, los intentos diplomáticos de Santos ya habían dado resultado, pues el presidente Correa ofreció su total apoyo al nuevo mandato (Revista Semana 2010a). Para septiembre, el ministro ecuatoriano de defensa Javier Ponce hizo el anuncio de que las relaciones ya estaban restablecidas en la práctica luego de dos años sin diplomacia formal (Revista Semana 2010e). Así mismo, resaltó el cambio de discurso con respecto a Uribe diciendo que tenía mucha esperanza en la gestión de Santos.

En enero de 2011, Raúl Vallejo fue elegido como embajador en Colombia y destacó que su interés era crear una frontera de paz, buscando el desarrollo social de estas zonas compartidas entre los países (El Tiempo 2011a). Por su parte, Fernando Arboleda Ripoll tomó el mando de la embajada colombiana en Quito y especificó que su interés principal era el de buscar la seguridad de las relaciones y fortalecer la confianza entre los gobiernos. En este sentido, la intención del gobierno Santos hacia Ecuador era fortalecer las relaciones para superar las crisis diplomáticas causadas durante el gobierno de Uribe (El Tiempo 2011b). Con la consolidación de las relaciones con los vecinos, Santos se proponía a crear un ambiente propicio para las futuras negociaciones con una buena acogida, legitimidad y apoyo por parte de la región. Para junio del mismo año, la embajada ecuatoriana lanzó un comunicado en el que garantizaba las buenas relaciones con Colombia al testificar que no estaba dispuesta a ceder soberanía a ningún grupo armado ilegal y al reafirmar su compromiso para lograr la paz en Colombia (El Tiempo 2011g).

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respaldo al proceso. Así mismo, ha declarado que está atento a cualquier solicitud de ayuda que le desee extender el gobierno de Santos. En agosto del 2013, Rafael Correa aseguró que las conversaciones entre el gobierno los grupos ilegales era “la mejor noticia de las últimas décadas para América Latina". En este sentido, han hecho énfasis en que todos los países de la región deberían estar pendientes del proceso porque su solución se perfila como un gran logro para ayudar a asegurar la seguridad en el continente. En el comunicado, Correa dijo que Colombia siempre puede contar con Ecuador para lo que necesite (El Espectador 2013a).

Chile.

Con respecto a Chile, su participación dentro del proceso de paz, a pesar de haber sido resaltada por el gobierno colombiano, no ha generado mayor discusión mediática. Su inclusión al grupo de países que acompañan el proceso se ha explicado como una intención del gobierno de completar la presencia regional al poner al entonces presidente de la CELAC en la mesa (Barreto 2013, p. 16), además de contar con un país de confianza del presidente Santos (Gil 2012). Al igual que con los otros países, el papel de Chile fue establecido desde el inicio como de acompañante (El Espectador 2012b). Junto a Venezuela, su papel se ha limitado a ejercer influencia fuera de la mesa.

Prueba de la cercanía del gobierno chileno al colombiano fue el memorando de entendimiento suscrito en marzo del 2011 en donde se hicieron arreglos de cooperación en la industria militar, entrenamiento, capacitación e información (Revista Semana 2011d). Estos engranajes de cooperación en seguridad cumplían con lo acordado previamente por Juan Manuel Santos y Sebastián Piñera para llevar a cabo tareas no solo de seguridad sino también de apoyo a

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misiones internacionales de paz y ayuda humanitaria (Revista Semana 2011d). Para agosto de 2012, luego del anuncio del acuerdo para la terminación del conflicto, Chile confirmó que haría todo lo posible por lograr que la mesa de negociaciones culminara exitosamente, resaltando su compromiso con la paz regional (El Tiempo 2012w, Revista Semana 2012h).

Brasil.

La participación de Brasil en el proceso de paz se ha caracterizado por una gran agencia por parte de ambos gobiernos. Por parte de la potencia regional, el comportamiento de Brasil ha estado ligado a distintas demostraciones de su interés en la solución del conflicto armado. Ya sea antes o después de la instauración de la mesa, Brasil estuvo pendiente de brindar colaboración y mantener la paz a nivel regional. Como potencia, su interés por asegurar la seguridad lo llevo a mediar en las crisis entre Colombia y Venezuela y lo tiene interesado en apuntarse un éxito si llega a firmarse un acuerdo de paz con la guerrilla (Pastrana & Vera 2012, p. 165). Desde el principio, Brasil estuvo interesado por mantenerse en una posición informada para dar una imagen de su agencia durante el proceso así no hiciera parte de él. De hecho, su actividad tiende a parecerse a la que llevaría a cabo un garante sin puesto en la mesa.

Paralelamente, el gobierno colombiano, a pesar de que no incluyó a Brasil dentro de los países involucrados en el proceso de paz, sí informó anticipadamente a Dilma Rousseff de las intenciones de instaurar la mesa de negociación. Así mismo, como se menciona más adelante, se confirmó que el gobierno brasileño le ha estado brindando asesoría a Colombia con distintos asuntos concernientes a la agenda de negociación, sobre todo con el primer punto sobre desarrollo agrario. De esta manera, la agencia de Brasil logró tomar fuerza y Colombia ha tenido

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que contener en distintas ocasiones sus esfuerzos de involucramiento. A pesar de esto, esta participación del gobierno brasileño, no vista en negociaciones de paz anteriores, se ha visto agradecida por parte del gobierno colombiano.

Esto resalta cómo las relaciones entre ambos países se han dinamizado, como escribe Murillo S.J. (2012, p. 129) en su análisis sobre las tendencias presidencialistas de ambos países. Esto ha ayudado a dejar atrás la lentitud de la relación entre ambos países y en romper el círculo de desconfianza que ha permanecido a lo largo de la historia entre los países y que ha obstaculizado un “margen de maniobra directa” (Pastrana, Jost & Flemes 2012, p. 93). Esta nueva tendencia de comportamiento rompe con el Brasil del proceso de Pastrana que sólo mostraba reservas frente al Plan Colombia (Pardo 2011, p. 182) pero que era lo suficientemente tímida para no involucrarse ni en el proceso ni en la discusión del Plan (Isacson 2003, p. 19).

Participación de Brasil.

El gobierno de Brasil se ha caracterizado por ser un garante de las buenas relaciones entre Colombia y sus vecinos desde el inicio del gobierno de Santos. En agosto de 2010, el entonces presidente Lula gestionó las reuniones entre Juan Manuel Santos y Hugo Chávez, así como la de sus cancilleres para restablecer las relaciones entre los países (El Tiempo 2010b). Para esto, el presidente Lula citó en Brasilia a ambos mandatarios con el propósito de reforzar sus esfuerzos por la paz en Suramérica (Revista Semana 2010b), comprometiéndose a servir de mediador ante cualquier crisis de las relaciones colombo-venezolanas. Ante estos esfuerzos, Santos reveló que la posibilidad de que Brasil estuviera presente en un diálogo se realizaría en medida en que se considerara conveniente. Durante la visita, la entonces candidata Dilma Rousseff puntualizó que

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Brasil participaría en cualquier diálogo de paz si Colombia solicitaba su presencia.

Luego de restablecidas las relaciones con Venezuela, el gobierno colombiano aclaró en distintas ocasiones que el problema con las FARC era de carácter interno. Este tipo de declaraciones se hicieron debido a que Lula manifestaba su apoyo a la lucha contra el crimen organizado en las fronteras (El Tiempo 2010h). A partir de entonces, en distintos escenarios, Santos ha manifestado que buscaría la ayuda de Brasil cuando lo considerara necesario.

En febrero de 2011, el gobierno de Brasil estuvo ayudando logísticamente con la liberación de cinco secuestrados por parte las FARC. Bajo esta situación, el canciller Antonio Patriota mencionó que su gobierno estaba interesado en respaldar no solo ese tipo de operaciones sino también el desarrollo del país (El Tiempo 2011c). Este tipo de anuncios, resalta el deseo de Brasil por hacer parte de la solución en Colombia, lo cual hacen argumentando que tienen mucha confianza en el futuro económico y humano del país. Durante este operativo, Brasil ofreció ayuda logística como los helicópteros y la preparación del operativo desde San Gabriel de Cachoeira. Con estas liberaciones, Piedad Córdoba anuncia que “se inicia la ruta de la paz” junto al apoyo de Brasil (El Tiempo 2011d).

Este comportamiento se va a repetir unos meses después, cuando en diciembre se anuncian nuevas liberaciones y el gobierno veta la presencia de Brasil (El Tiempo 2012b). Sin embargo, dado que la guerrilla con confiaba en la logística del país, el presidente se vio obligado a dar luz verde a Brasil para ayudar a la liberación de los secuestrados en febrero del 2012 luego de que la guerrilla postergara la fecha de entrega (El Tiempo 2012d). A pesar de este anuncio, el canciller brasileño Antonio Patriota verificó que no había recibido formalmente la petición del gobierno para participar en la operación (El Tiempo 2012e). Esto puede indicar que el gobierno colombiano se mostró reticente a buscar la colaboración de Brasil hasta el último momento,

Referencias

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