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El caso del chichismo en Colombia - implicaciones de transformar una práctica en enfermedad

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Academic year: 2020

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(1)Universidad de los Andes Facultad de Ciencias Soc iales Departamento de Historia. El caso del chichismo en Colombia: Implicaciones de transformar una práctica en enfermedad. Ivette Caroli na Contreras Rodríguez. Direc tor: Camilo Quintero Toro. Junio de 2009 Bogotá. 1.

(2) Escribir esta tesis no hubiera sido posible sin el apoyo de mi familia, especialmente de mi mamá, a quien debo infinit as horas de dis cusiones, amor y compañía. También tengo que dar las gracias a Camilo Quintero, por ser mi asesor y amigo y por haberme dado tantas ideas valiosas en el transcurso de esta investigación. A Alberto Flórez-Malagón, por ser el inestim able codirector de mi tesis y por haberme apoyado incondicionalmente en mi aventura en Ottawa. Agradezco a la Biblioteca Luis Ángel Arango y al GSPE (Graduate Students ’ Exchange Program) de Canadá, por otorgarme becas para que pudiera realizar tranquilamente mi trabajo. A Camilo García, por acompañarme felizmente en el transcurso de la Maestría. Y finalmente a Felipe Muñoz, por mostrarme que existe el complemento perf ecto para mi vida y serlo cada día.. 2.

(3) Introducción Pues bien, tal vez valdría la pena mencionar los tres períodos de la historia. Cuando el hombre creyó que la felicidad dependía de Dios, mató po r m otivos religiosos. Cuando creyó que la f elicidad dependía de la forma d e gobierno, mató po r motivos políticos... Después de sueños que fueron de masiado largos, verdaderas p esadillas... llegamos al actual período de la historia. El homb re se despertó, descubrió aquello que siempre supimos, qu e la felicidad depende de la salud, y em pezó a ma tar por razones terapéuticas... Es la medicina la que ha venido a sustituir a la religión y a la política en nuestro tiempo. Adolfo B. Casares1. En 1950 el entonces Ministro de Higiene Jorge Bejarano, public ó La derrota de un vicio2, libro dedicado a “ los obreros y campesinos de Boy acá, Cundinamarca, Santander y Nariño, donde se narra la historia de un v icio que pesó durante siglos en su destino y en su raza”. Este libro, escrito por el gran abanderado de la lucha contra el chic hismo, cuenta la his toria de las bebidas fermentadas hasta la Ley 34 de 1948, ley que prohibió el consumo, fabricación y v enta de las mismas. La implementación de esta prohibición fue un proceso largo y complejo que im plicó la participación de actores como médic os, abogados, educadores, intelectuales, científicos sociales y miembros del estamento gubernamental. Para llegar a prohibir la chic ha, etiología del chichismo, fue necesario que se conceptualizara el alcoholismo como enfermedad y que se definiera y diferenciara el chic hismo como enfermedad autónoma. En este estudio se aborda la problemática relacionada con la campaña antialcohólica que se adelantó en Colombia alrededor del consumo de chicha, una bebida fermentada hecha con maíz, en la primera mitad del siglo XX. La investigación pretende mostrar por qué algunos médic os colombianos creyeron que la chicha generaba una enfermedad que llamaron chichis mo, qué los llev ó a lanzar una agresiv a campaña en contra del uso de la chic ha, por qué se aliaron con los altos mandos del gobierno en esta labor y qué se puede percibir acerca de la medicina como institución en este proceso. Las primerias décadas del siglo XX tienen una buena historia para contar en cuanto al por qué los médicos llegaron a ocupar el papel que desempeñaron como figuras de autoridad, tanto científicas, como políticas. Esta historia se puede contar a partir de la reconstrucción de lo que fue la campaña contra la chicha. En esta reconstrucción se hará énfasis en el proceso de institucionalización de la medic ina como cuerpo científico, se 1 CASARES, Adolfo, “ Plans for an escape to Carmelo”, New York Review of Books, Abril 10 de 1986, Citado en: SZASZ, Thomas, Pharmacracy. Medicine and politics in America, Syracuse University Press, New York, 2003, p. 161. La traducción es mía. El texto original es: “ Well then, maybe it would be worth mentioning the three periods of history. When man believed that happiness was dependent upon God, he killed for religious reasons. When he believed that happiness was dependent upon the form of government, he killed for political reasons… After dreams that were too long, true nightmares… we arrived at the present period of history. Man woke up, discovered that which we always knew, that happiness is dependent upon health, and began to kill for therapeutic reasons… It is medicine that has come to replace both religion and politics in ourtime” 2 BEJARANO, Jorge (1950). La derrota de un vicio. Origen e historia de la chicha. Bogotá, Editorial Iqueima.. 3.

(4) mostrará quiénes eran los médic os, qué papel jugaban dentro de la sociedad, a qué público se dirigían, qué entendían por en fermedad y por qué sus v isiones e interpretaciones de la v ida y de los problemas tuv ieron peso a los ojos del legislador. La prohibición de la chicha en Colombia fue el resultado de un largo proceso de interacciones entre actores que prov enían de las esferas políticas y profesionales. Los discursos sobre el alc oholismo y el chic hismo, pronunciados por el naciente estamento médic o científico durante el periodo 1889-1945, sirv ieron de fundamento para que se decretaran ley es prohibitiv as y relativ as al consumo de bebidas fermentadas. El estudio del surgimiento y consolidación del chic his mo como enfermedad, así como el análisis de las prácticas y leyes que surgieron en correspondencia con esta nuev a interpretación del consumo de chic ha, permite aprox im arse a la medicina como ciencia imbric ada en sus condiciones históricas, poniendo de reliev e el problema del saber y la verdad y los mecanismos que operan para que nuev as verdades –particularmente cuando son respaldadas por la ciencia– cris talicen en ley es y acciones. La construcción y consolidación del dis curso hegemónico prohibitiv o se dio en una coy untura de modernización, eugenesia y progreso, factores que jugaron un papel importante dentro de la conceptualización del chic hismo como enfermedad. Este trabajo se inscribe en el campo his toriográfico conformado por la construcción de la enfermedad y la medicalización3, la institucionalización de la medic ina y las relaciones entre medic ina, control y cambios sociales. La historiografía que cubre este campo es bastante amplia y en ésta se encuentran trabajos que abordan tanto la problemática relacionada con el trabajo conjunto de los cuerpos profesionales y políticos, el problema de la institucionalización y las relaciones de poder, como la politización de la salud, la transferencia de saberes y sus consecuentes im plicaciones sociales4. La presente inv estigación dialoga con esta 3 El Merriam-Webster Online Dictionary define medicalización como “ver o tratar cualquier cosa como una preocupación, problema o trastorno médico”. El concepto de medicalización se sustenta en el supuesto de que hay fenómenos que pertenecen al dominio de la medicina y fenómenos que escapan a éste. De esta forma, a menos que se establezcan criterios claros para definir enfermedad y problema médico, carece de sentido debatir si un acto particular de medicalización es ‘valido’ o no. SZASZ, Thomas, The Medicalization of Everyday Life, Syracuse University P ress, Syracuse, New York, 2007, pp. xiii y xiv.La clave de la medicalización está en el proceso de definición. La medicalización consiste en definir un problema en términos médicos, usar lenguaje médico para describir un problema, adoptar un marco de referencia medico para entender un problema o usar una intervención médica para ‘ tratarlo’ . Esto es un proceso sociocultural que puede o no incluir a la profesión médica, llevar a un control social médico o a un tratamiento médico, o ser el resultado de una expansión intencional de la profesión médica. CONRAD, P eter, “ Medicalization and Social Control”, en: Annual Review of Sociology, Vol. 18 (1992), pp. 209-232, Annual Reviews, p. 211. El control social es un concepto central e importante en sociología. Inicialmente, la medicina como una forma de control social fue conceptualizada por P arsons (1951) cuando describió la enfermedad como una desviación y a la medicina y el ‘ rol de enfermo’ como el apropiado mecanismo de control social. CONRAD, 1992, p. 215. A pesar de que varias definiciones acerca del control social que ejerce la medicina se han acuñado, en términos de la medicalización ‘el gran poder para controlar socialmente está dado por tener la autoridad para definir ciertos comportamientos, personas y cosas’ . CONRAD, P ., SCHNEIDER, J., Deviance and Medicalization: From Badness to Sickness, Mosby, St. Louis, 1980, p. 8. Así, el asunto central reside en la definición—tener el poder de utilizar unaserie particular de definiciones médicas. CONRAD, 1992, p. 216. 4 En los siguientes estudios e investigaciones se resalta, a partir de casos concretos, las intrínsecas relaciones que existen entre el cuerpo médico, el cuerpo político y el poder en diferentes momentos y lugares del tiempo: BROWN, P hil, “ Naming and Framing: The Social Construction of Diagnosis and Illness”, Journal of Health and Social Behavior, Vol. 35, Extra Issue: Forty Years of Medical Sociology: The State of the Art and Directions for the Future. (1995), American Sociological Association, pp. 34-52; BARNES, David, The Making of a Social Disease: Tuberculosis in Nineteenth. 4.

(5) his toriografía en la medida que reconstruy e parcialmente el proceso de institucionalización de la medicina colombiana, aborda el proceso de la construcción social del chichismo y resalta las relaciones entre el cuerpo médico y las cámaras legislativ as. Indagar en el surgimiento y consolidación de la prohibición de la chic ha es preguntarse por el papel que pueden desempeñar los médicos en la construcción de un orden social y por el impacto que puede tener la práctica política en las condic iones de emergencia, inserción y funcionamiento de un discurso científico, ejemplificado en el debate sobre el chichismo; es preguntarse por la relación entre ciencia, moral y política, en últimas, es una pregunta por la verdad, el conocim iento y el poder. Por el lado del estudio del surgimiento de los sis temas nacionales de salud, que son un tema que se encuentra directamente v inculado a la temática de este trabajo, se encuentran las investigaciones que dan cuenta del esfuerzo estatal por centralizar dichos servic ios y entidades. En éstas se abarcan los factores contex tuales que contribuy eron a este proceso prestando particular atención al crecim iento de las profesiones médicas y a las nuev as relaciones que se establecen entre el Estado y la medicina5. La campaña contra el alc ohol en Colombia sirv e como pretex to para ilustrar los procesos y esfuerzos inic iales de centralizar los serv icios de salud colombianos bajo la tutela del estado, ay udando al crecim iento de la profesión médic a. Adicionalmente, ex si ten div ersos trabajos que muestran que los estudios sobre la enfermedad, reflejan la. Century France, University of CaliforniaP ress, Berkeley, 1995; MENENDEZ, Eduardo, “ El modelo médico dominante y las limitaciones y posibilidades de los modelos Antropológicos”, Desarrollo Económico, Vol. 24, No. 96. (Enero-Marzo, 1985), Instituto de Desarrollo Económico y Social, pp. 593-604; SZASZ, Thomas, Drogas y ritual. La persecución ritual de drogas, adictos e inductores, Fondo de cultura económica, Madrid, 1990. En esta misma línea se encuentra una historiografía que trata sobre la llegada de la medicina europea y norteamericana a América Latina, y el énfasis se pone en el proceso de inserción de teorías e ideas y su reelaboración de acuerdo al contexto y particularidad local. En estos trabajos se observan los problemas relacionados con la politización de la salud, así como la recepción y transferencia de saberes, técnicas y practicas desde los centros científicos internacionales y que explica cómo se acomodan ideas y práctica s importadas a saberes sanitarios nativos y locales: PALMER, S, “ Central American Encounters with Rockefeller Public Health”, 1914-1921, en GILBERT, LeGRAND Y SALVATORE (Eds.), Close Encounters of Empire. Writing the Cultural History of U.S.-Latin American Relations, Duke University P ress, Durham y Londrés, 1998.; ARNOLD, David, Imperial Medicine and Indigenous Societies, Manchester Univ. P ress, Manchester, 1988; LOWY, Ilana, "Yellow Fever in Rio de Janeiro and the P asteur Institute Mission (1901-1905): The Transfer of Science to the P eriphery", en Medical History, 34, 1990, pp. 144-163; SZYMANSKI, Albert, “ Las Fundaciones Internacionales y América Latina”, Revista Mexicana de Sociología, Vol. 35, No. 4. (Octubre - Diciembre., 1973), Universidad Nacional Autónoma de México, pp. 801-817; FEE, Elizabeth. Disease and Discovery, A History of the Johns Hopkins School of Hygiene and Public Health, 1916-1939, Johns Hopkins Univ. P ress, Baltimore, 1987; SOLÓRZANO, Armando “ La influencia de la Fundación Rockefeller en la conformación de la profesión médica mexicana, 1921-1949”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 58, No. 1. (Enero-Marzo, 1996), pp. 173-203. 5 BELMARTINO, Susana, BLOCH, Carlos, PERSELLO, Ana Virginia y CAMINO, María Isabel, Corporación Médica y Poder en Salud, Argentina, 1920-1945, Organización P anamericana de la Salud, Buenos Aires, 1988; MÁRQUEZ, Patricio y JOLY, Daniel, "An Historical Overview of the Ministries of P ublic Health and the Medical P rograms of the Social Security Systems in Latin America", en Journal of Public Health Policy, 7, 1986, pp. 378-394; PALMERO ZILVETTI, Olga, "La Seguridad Social y la Atención de la Salud en América Latina", en Revista Méxicana de Ciencias Políticas y Sociales, 27, 1981, pp. 181-202; HERNÁNDEZ LLAMAS, Héctor. “ Historia de la P articipación del Estado en las Instituciones de Atención Médica en México”, en Vida y Muertedel Mexicano, editado por Federico Ortiz Quesada, Folios Ediciones, México, 1982, pp. 49-96; GARCÍA, Juan Cesar, "La Medicina Estatal en América Latina, 1880-1930”, en Revista Latinoamericana de Salud, 1, 1980, pp.70-110; CUETO, Marcos "Indigenismo and Rural Medicine in P eru: The Indian Sanitary Brigade and Manuel Nuñez Butrón", en Bulletin of the History of Medicine, 65, 1991, pp. 22-41.. 5.

(6) his toria intelectual e institucional de la medicina 6, aspecto que la presente inv estigación saca a relucir en su desarrollo. En lo que respecta a la historia sociocultural de la enfermedad, donde ésta se sitúa no tanto como problema sino como recurso para discutir otros tópicos, la literatura es más div ersa7. El estudio de la aparic ión y manejo de las epidemias refleja el estado de la infraestructura sanitaria de los Estados, facilita la observ ación de las iniciativ as en materia de salud públic a y permite entender por qué las enfermedades pueden conv ertirse en un mecanismo de expansión de la autoridad del Estado, tanto en lo social como en la v ida priv ada8. Examinar la. 6. QUEVEDO Emilio, Historia Social de la Ciencia en Colombia, Tomo VII, Medicina ( 1), Institucionalización de la Medicina en Colombia 1492-1860: Antecedentes de un Proceso, Conciencias, Bogotá, 1993; MIRANDA, Néstor, QUEVEDO, Emilio, HERNÁNDEZ, Mario, Historia Social de la Ciencia en Colombia, Tomo VIII, Medicina ( 2), La institucionalización de la Medicina en Colombia, Colciencias, Bogotá, 1993; ABEL, Christopher, Ensayos de Historia de la Salud en Colombia. 1920-1990, CEREC-Instituto de Estudios P olíticos y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional, Bogotá, 1996; QUEVEDO, Emilio et al. (2004), Café y Gusanos, Mosquitos y Petróleo. El tránsito desde la higiene hacia la medicina tropical y la salud pública en Colombia, 1873-1953. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia/Instituto de Salud Pública/Centro de Historia de la Medicina; OBREGÓN TORRES, Diana, Sociedades científicas en Colombia. La invención de una tradición, Banco de la República, Bogotá, 1992, ofrece una historia, no tanto de la medicina sino de las sociedades científicas en general. 7 CASAS ORREGO, Álvaro y MARQUEZ VALDERRAMA, Jorge. “ Sociedad médica y medicina tropical en Cartagena del siglo XIX al XX”, Anuario Colombiano de historia social y de la cultura, N. 26, 1999, pp. 115-133; HERNANDEZ ALVAREZ, Mario, La salud fragmentada en Colombia, 1910-1946, Universidad Nacional de Colombia, Instituto de Salud Pública, Facultad de Medicina, Bogotá, 2002; Hernández se apoya en la interpretación foucultiana de medicalización y disciplinamiento; LÓP EZ SANCHEZ, Oliva, Enfermas, mentirosas y temperamentales. La concepción medica del cuerpo femenino durante la segunda mitad del siglo XIX, P laza y Valdés, México, 1998; NOGUERA, Carlos, Medicina y política, discurso médico y prácticas higiénicas durante la primera mitad del siglo XX en Colombia, Fondo Editorial Universidad EAFIT, Medellín, 2003; RESTREPO, Libia, La práctica médica en el ferrocarril de Antioquia, Universidad Nacional de Colombia, Medellin, 2004; VEZZETTI, Hugo, “ El discurso psiquiátrico”, en BIAGINI, Hugo (Ed.), El movimiento positivista argentino, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1985; VILLEGAS, Óscar Uribe y BASTIDE, Roger, “Sociología de la Locura: ¿Puede la Sociología Durkheimiana ofrecer un marco para la Sociología de las Enfermedades Mentales? ”, en Revista Mexicana de Sociología, Vol. 27, No. 2. (May - Aug., 1965), pp. 517-533; MENÉNDEZ, Eduardo, Poder, estratificación y salud: Análisis de las condiciones sociales y económicas de la enfermedad en Yucatán, Ediciones de la Casa Chata, México, 1981; CASTRO, Roberto, La vida en la adversidad. El significado de la salud y la enfermedad en la pobreza, CRIM/UNAM, Cuernavaca, 2000. Algunos trabajos discuten la locura como un campo que desborda los temas de la psiquiatría, rechazando el concepto tradicional de enfermedad mental como anormalidad biopsíquica: MARIATEGUI, Javier, La psiquiatría en América Latina, Losada, Buenos Aires, 1989; SZASZ, Thomas, El mito de la enfermedad mental, Amorrortu, Buenos Aires, 1974; SZASZ, Thomas, La fabricación de la locura, Editorial Kairós, Barcelona, 1981; otros se ocupan del lugar que tiene la salud mental en la construcción del Estado-nación: RUIZ ZEBALLOS, Augusto, Psiquiatras y locos: entre la modernización contra los Andés y el nuevo proyecto de modernidad, Instituto P asado y P resente, Lima, 1994; WEINBERG, Darin, “ The Social Construction of NonHuman Agency: The Case of Mental Disorder”, Social Problems, Vol. 44, No. 2. (Mayo, 1997), University of California Press, pp. 217-234. El alcoholismo como enfermedad endémica, ha sido estudiado como ejemplo de las limitaciones de los saberes y prácticas médicas y como un caso donde las dimensiones sociales, políticas y económicas sobrepasan en importancia a las dimensiones propiamente médicas en la configuración del problema: FONSECA ARIZA, J, “ Alcoholismo y modernización en el P erú, 1900-1930”, en Histórica, Volumen 24, Número 2, Lima, 2000; MENÉNDEZ, Eduardo, Morir de alcohol. Saber y hegemonía médica, Alianza Editorial, México, 1990. 8 ARMUS, Diego, “Salud y Anarquía: La tuberculosis en el discurso libertario argentino, 1870-1940”; en CUETO, Marcos (Ed.), Salud, cultura y sociedad en América Latina. Nuevas perspectivas históricas, IEP/OP S, Lima, 1996; ARMUS, Diego, “ El descubrimiento de la enfermedad como problema social”, en LOBATO, MIrta (Ed.), El progreso, la modernización y sus límites. Nueva historia argentina, Sudamericana, Buenos Aires, 2000; CASAS ORREGO, Álvaro, “ Epidemias y salud pública en Cartagena en el siglo XIX”, en MEISEL y CALVO (Eds.), Cartagena en el siglo XIX republicano, Universidad Jorge Tadeo Lozano, Banco de la República, Cartagena, 2002; CUETO, Marcos, “ Stigma and Blame during an Epidemic: Cholera in Peru, 1991”, en ARMUS, Diego (Ed.), Disease in the History of Modern Latin America. From Malaria to AIDS, Duke University Press, Durham y Londres, 2003; CUETO, Marcos (Ed.), Salud, cultura y sociedad en América Latina. Nuevas perspectivas históricas, IEP/OPS, Lima, 1996; RESTREP O, Estela, “ El cólera en. 6.

(7) conceptualización del chichis mo como enfermedad mental y social, proporciona un interesante caso de estudio a partir del cual se puede inquirir en el papel que desempeñan las enfermedades como procesos biológicos asociados a prácticas y construcciones discursiv as, los cuales permiten explic ar por qué las enfermedades proveen oportunidades y justificaciones para que se desarrollen, im plementen y modifiquen políticas públicas e ilustra cómo supuestas etiologías sirv en como instrumento de regulación social, etiquetamiento de la diferencia y legitimación de sis temas ideológic os. El estudio de la enfermedad articulado con la his toria de la salud públic a, donde se sitúa la epidemia alc ohólica, destaca la dimensión política del proceso ya que dirige su mirada al poder, a la política y a las relaciones de la medic ina con el Estado. El caso colombiano del que se ocupa este trabajo, complementa esta historiografía. Este caso ha sido tratado anteriormente, aunque a la luz de otros problemas y objetiv os, por div ersos autores. La chicha como objeto de estudio se encuentra en los trabajos de Maria Clara Llano y Marcela Campuzano9, Oscar Calvo y Marta Saade10 y Carlos Ernesto Noguera11. Estos trabajos comparten la hipótesis de que la lucha contra la chicha fue una lucha racis ta y discriminatoria donde el estigma recay ó sobre las clases bajas12. Adic ionalmente estos. la Nueva Granada” en VALDERRAMA, CASAS, ESTRADA (Eds.) y ESTRADA, Eugenia, “ Comienzos de una epidemiología de terreno en Colombia” en VALDERRAMA, CASAS, ESTRADA (Eds.). 9 Llano y Campuzano, dos antropólogas, pretenden estudiar la chicha a través de la historia, partiendo del análisis del ‘ arte del ocio’ y del cambio cultural, eje que permite explorar las transformaciones sociales, cambio en las mentalidades, en los hábitos, en las tradiciones, el consumo y las formas de diversión. LLANO, María Clara, CAMP UZANO, Marcela, La Chicha, Una Bebida Fermentada a Través de la Historia, Instituto Colombiano de Antropología, CEREC, Bogotá, 1994. 10 El trabajo de Calvo y Saade, escrito por un historiador y una antropóloga es un buen estudio que se esfuerza por explicar “ cuál fue el papel de la lucha contra la chicha en el proceso de modernización, en la comprensión y la acción sobre lo social”. Este estudio logra entrelazar y sacar a la luz las relaciones que se encuentran ocultas detrás de la medicalización de la chicha y las implicaciones sociales y culturales que se inscriben en este proceso. Dado que su objetivo era ilustrar el impacto que este proceso tuvo dentro de las clases subalternas, objetivo que desarrollan ejemplarmente, su estudio aborda muy tangencialmente el aspecto político de la medicalización y no presta mayor atención a la importancia que tiene la configuración de una concepción patológica del uso de la chicha, problemas que se desentrañan a lo largo de este escrito y, por lo tanto considero que los estudios se complementan muy bien. CALVO, Oscar, SAADE Marta, La Ciudad en Cuarentena. Chicha, Patología Social y Profilaxis, Ministerio de Cultura, Bogotá, 2002, p. 14. 11 Noguera ofrece un breve artículo en el que aborda la lucha antialcohólica en Bogotá. Afirma que la chicha fue el blanco específico de la campaña antialcohólica y que esto se explica por las cifras que resaltaban que la chicha era la bebida alcohólica más consumida en el país. P ara Noguera estas cifras fueron, “ sin lugar a dudas”, el argumento más evidente para orientar la campaña alrededor de la chicha. Si bien esta hipótesis permite al autor señalar algunos puntos importantes de la lucha antialcohólica, puede ser matizada, dado que a partir de la investigación realizada encuentro que fue la conceptualización del chichismo como enfermedad lo que permitió que se lanzara una campaña antialcohólica en contra de la chicha. NOGUERA, Carlos, “ La lucha antialcohólica en Bogotá: de la chicha a la cerveza” en VALDERRAMA, Jorge, CASAS, Álvaro y ESTRADA, Eugenia, Higienizar, medicar, gobernar. Historia, medicina y sociedad en Colombia, IME Dirección de investigaciones, Medellín, 2004. 12 En este sentido es pertinente señalar los estudios sobre historia de Colombia que se articulan con el problema a tratar y que son indispensables para reconstruir el contexto en el que éste se ubica. ABEL, Christopher, Política, Iglesia y partidos en Colombia: 1886-1953, FAES, U. Nacional de Colombia, Bogotá, 1987. ARCHIVA NEIRA, Mauricio, “ Ni amos ni siervos, Memoria obrera de Bogotá y Medellín (1910-1945)”, en Controversia, 156-157, CINEP , Dic. de 1989; COLMENARES, Germán, P artidos políticos y clases sociales, Ediciones U. de los Andes, Bogotá, 1968; FALS-BORDA, Orlando, Región e historia: elementos sobre ordenamiento y equilibrio regional en Colombia, IEP RI, TM Editores, Bogotá, 1996; MONCAYO, Víctor Manuel y ROJAS, Fernando, Luchas obreras y política laboral en Colombia, La Carreta, Bogotá, 1968; PALACIOS, Marco, Estado y clases sociales en Colombia, Procultura S.A., Bogotá, 1986; SAMPER, Miguel, La miseria en Bogotá, Editorial Incunables, Bogotá, 1985. SAFFORD, Frank, “ Race, Integration, and Progress: Elite Attitudes and the Indian in Colombia, 1750-1870”, The Hispanic American Historical Review, Vol. 71, No. 1. (Febrero, 1991), Duke University Press, pp. 1-33.. 7.

(8) estudios se concentran en mostrar que la victoria estatal en la lucha contra la chicha se dio cuando apareció y se difundió la cerveza como sustituto de la bebida amarilla, y los intereses estatales y económicos que acompañaron y apoy aron esta sustitución. En la medida que la prohibic ión de la chic ha ha sido analizada ampliamente en relación con la problemática de la proliferación de la cerv eza, este estudio se aparta de esta corriente, centrándose en los argumentos médicos que se fueron construy endo y solidificando a trav és del tiempo, para respaldar la campaña contra la chic ha. Por otra parte, desde mediados del siglo XX se observa una creciente proliferación de estudios cuyo objetiv o común consiste en cuestionar la naturaleza aparentemente neutral de la ciencia moderna. Div ersos estudios his tóricos han mostrado que el conocimiento es el resultado de prácticas sociales que están profundamente relacionados con factores políticos, económicos y culturales determinados. Por este motiv o, es necesario aprox im arse al conocimiento como un objeto de estudio inseparable de las relaciones de poder y autoridad. La sociología del conocimiento ofrece una serie de herramientas conceptuales necesarias para abordar la problemátic a de la que se ocupa este trabajo13. La inv estigación empieza introduciendo a la chic ha, bebida que desde la época colonial fue v is ta y tratada como un problema por los gobernantes, y que, desde tiempos inmemoriales, ha sido parte inherente de las culturas indígenas que poblaban y pueblan lo hoy conocemos como Colombia (y muchos territorios más). A continuación se indaga por el contexto político y médico de finales del siglo XIX, mostrando brev emente qué estaba pasando en Colombia y el mundo en general y enfatizando qué pasaba especialmente con relación al mundo de la medicina. Entretejida con esta historia se irá mostrando cuáles eran las teorías científicas que lideraban el momento, qué concepciones de enfermedad existían, y cómo se percibían estas teorías en la puesta en marcha de la campaña antialcohólica y la conceptualización del chichis mo como enfermedad. El primer capítulo da cuenta del contex to de la época y ubic a históricamente a quienes lideraron la campaña contra la chicha, abordando los inicios del proceso de institucionalización de la medicina científica en Colombia. El segundo capítulo ex pone la campaña antialcohólica a partir de los principios de la eugenesia, el papel de las sociedades de temperancia y la prohibic ión del alcohol en Estados Unidos y la Ley 88 de 1923. El tercer capítulo presenta el proceso de conceptualización del chichismo y aborda los modelos de. 13. MULKAY, Michael, “ La visión sociológica habitual de la ciencia”, en IRANZO, Et Al (Compiladores), Sociología de la Ciencia y la Tecnología, CSIC, Madrid, 1995, pp. 11-32; BARNES, Barry, “ Sobre el carácter convencional del conocimiento y la cognición”, en IRANZO, Et Al (Compiladores), Sociología de la Ciencia y la Tecnología, CSIC, Madrid, 1995, pp. 115-140; HARDING, Sandra, “ Strong Objectivity, and Socially Situated Knowledge”, en Whose Science? Whose Knowledge?, Open University P ress, 1991, LATOUR, Bruno, La esperanza de Pandora: Ensayos sobre la realidad de los estudios de la ciencia, Gedisa, Barcelona, 1999; ARANOWITZ, Stanley, Science and P ower: Discourse and Ideology in Modern Society, Macmilllan P ress, 1988; Kuhn, Thomas, La estructura de las revoluciones científicas, Fondo de Cultura Económica, México, 1991; POP PER, Kart, La lógica de la investigación científica, REI, México, 1991; NIETO, Mauricio, “ Poder y conocimiento científico: nuevas tendencias en historiografía de la ciencia”, en Historia Crítica #10, 1995, pp. 3-13; BLOOR, David, Conocimiento e imaginario social, Gedisa, Barcelona, 1998.. 8.

(9) medicalización y de construcción social de la enfermedad. El cuarto y último capítulo muestra a los médicos como grupo científic o que ya se ha institucionalizado y da protagonismo a la relación que había entre la comunidad médica y el cuerpo político, preguntando siempre, si lo que se percibe estaba moldeando la campaña antialcohólic a. Para la comprensión de la presente investigación, es necesario introducir los antecedentes que dieron pie para que en el siglo XX se librara la campaña antialcohólic a que será protagonista en este escrito. Las “ zahúrdas de Plutón”14 La chicha tuv o amplia signific ación en las sociedades indígenas desde antes de la época hispánic a. Era una bebida fermentada, corriente, de uso diario, fuente de alimento y energía, inseparable de la v ida cotidiana de los muis cas. Todos los bohíos la producían y todos los indígenas la tomaban. La chicha estuv o presente en el desarrollo de la vida indígena desde tiempos inmemoriales.15. En pocas cantidades y con niv eles bajos de fermentación, se utilizaba como complejo alimenticio. Por chicha dulc e se conocía la bebida que tenía pocos grados de alcohol, que se tomaba tanto en familia como en los hospicios, y como chic ha madurada, aquella que era más fuerte y se utilizaba con fines festiv os16 . En las culturas prehispánic as antiguas, la embriaguez estaba regulada por rituales, los cuales se encontraban enmarcados en una serie de normas estrictas17 . La bebida en exceso se hacía sólo en ocasiones extraordinarias; para celebraciones comunitarias y fiestas religiosas se producía sin límite. Adicionalm ente, en la preparación de la chicha interv enía toda la comunidad y esto cumplía la función de reforzar los lazos tribales. Las mujeres eran las encargadas de ensaliv ar y premasticar el maíz, proceso necesario para la fermentación, y a que la saliv a contiene una sustancia que conv ierte el almidón en azúcar, sin lo cual la fermentación no tiene lugar. Durante la época prehispánica y colonial, muchas personas v ieron en ésta una bebida de “ gran consuelo” pues proporcionaba el principal alimento de todos aquellos que no ten ían ingresos suficientes para comprar carne. Adic ionalm ente, se consideraba una fuente de energía para los trabajadores puesto que “ reparaba las fuerzas, el desfallecimiento y la debilidad” causadas por el sudor constante18 . Alrededor de las cualidades de la bebida se mantuvieron una serie de mitos. A pesar del estigma que pesaba sobre ésta, su poder alimenticio. 14. El término es de VARGAS LESMES, Julián “ Zahúrdas de Plutón. Chicherías en Santafé”, en La sociedad de Santa Fe colonial, Cinep, Bogotá, 1990. 15 VARGAS LESMES, pp.372 y 373. 16 ALZATE ECHEVERRI, Adriana María, “ Chicha: la bebido ponzoñosa y la ebriedad mundana”. En: Suciedad y Orden. Reformas sanitarias borbónicas en la Nueva Granada, 1760-1810, Editorial Universidad de El Rosario - Universidad de Antioquia – Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), Bogotá, 2007, p. 175. 17 ALZATE ECHEVERRI, p. 174. 18 ALZATE ECHEVERRI, pp. 188 y 189.. 9.

(10) era incuestionable. En el Hospicio Real de Santafé se usaba como alimento para los enfermos19. La bebida, que inicialm ente estuv o asociada a la población indígena, se difundió paulatinamente a toda la población, hasta que su consumo fue generalizado. Durante el siglo XVIII, en San tafé se generalizó el consumo de chicha en toda la sociedad, y a que ésta entró en las costumbres de la dieta cotidiana. Algunos cronistas afirmaban que las familias, incluy endo las familias dis tinguidas, acompañaban sus cenas con chicha que preparaban en su casa20. Se consumía chicha tanto en el campo como en las ciudades y en éstas se formaron chicherías, lugares que desempeñaron un papel importante dentro del perímetro urbano21 . Se sabe que las chicherías ex is tían desde mediados del siglo XVII y a que tanto oficiales como eclesiásticos prestaron atención al creciente número de estos establecim ientos. Además, la v enta y el consumo de chicha tenían una fuer te relación, tan to económica como espacial, con el comercio de la ciudad. Las chicherías se ubicaban preferiblemente en lugares cercanos a los mercados públicos. No tenían ningún letrero que las identificara. Eran lugares oscuros y cerrados, con una gran vasija de barro puesta en el andén, donde se fermentaba la bebida 22 . Las chicherías eran los lugares de socializ ación más importantes para los grupos indígenas y mestizos, eran un sitio para el juego clandestino y un refugio ocasional para los criminales23. Estos sitios de “ general licencia” otorgaban condiciones de ex pansión a un pueblo que se encontraba reprimido en muchos órdenes y que aprov echaba estos lugares para liberarse a una serie de comportamientos sex uales y sensuales, repugnando a los sectores eclesiásticos e ilustrados24 . A pesar de su popularidad, la chicha fue objeto de persecución desde la colonia. Desde inicios del siglo XVII las autoridades eclesiásticas y gubernamentales consideraron la proliferación de chic herías y el consumo de chicha como un problema público. A los ojos de la autoridad era la fuente del mal, de v icios y de desajuste social. Los eclesiásticos veían en la bebida la fuente permanente de las borracheras, lo que implic aba una destrucción del cuerpo, olv ido de la moral y la idolatría25 . El presidente Dionisio Pérez Manrique la prohibió en 1658, debido a los “ muy grav es errores, pecados y ofensas, deshonestidades, muertes y alevosías, que comete el bajo pueblo bajo sus efectos”26 . En las postrimerías del siglo XVII, el arzobispo Urbina de Santafé, prohibió las chicherías y el uso de chicha, bajo pena de excomunión. No obstante, debido al escaso impacto que tuv o la medida entre el pueblo, se rev ocó la resolución para honor de la autoridad constituida. En 1717, ante la imposibilidad de prohibir las chic herías, se intentó imponer un gravamen sobre éstas para controlarlas. 19. Instrucción, estatutos y ordenanzas formadas para el gobierno de las casa de hospicios, de hombres, mujeres y expósitos, AGI, Santafé, 772, folio 2r. Citado en: ALZATE ECHEVERRI. 20 ALZATE ECHEVERRI, p. 175. 21 ALZATE ECHEVERRI, p.175. 22 VARGAS LESMES, pp.373-378. 23 CALVO, Oscar, SAADE Marta, p. 15. 24 ALZATE ECHEVERRI, p. 177-180 y VARGAS LESMES, pp.373-378 y 382. 25 ALZATE ECHEVERRI, p. 177. 26 NOGUERA, p. 173.. 10.

(11) Después de este fallido intento, en 1741 el v irrey encomendó al cabildo un regis tro obligatorio de las mis mas. Para 1748, el arzobispo Pedro Felipe de Azúa, prohibió la chic ha por tercera vez y la corona lo respaldó expidiendo una cédula real en 1752, sin lograr resultado alguno27 . Esta falta de incidencia de la ley entre la costumbre popular se puede ex plicar por el importante papel que desempeñaban las chic herías para los grupos excluidos de la ciudad. Refleja la dificultad inheren te a transformar los hábitos tradicionales de un pueblo para el que la bebida ocupaba un lugar importante den tro de la v ida cotidiana. En el siglo XVIII las autoridades aceptaron oficialm ente la presencia de las chicherías. Se construy eron y destinaron locales o ‘asesorías’ específicamente para su implementación. Los principales vecinos de Santafé, así como el cabildo, los hospitales y las órdenes religiosas recibieron numerosos ingresos del arriendo de estas tiendas. Se diría que la costumbre, el sentido de la realidad y los intereses económic os habían v encido ante el clamor prohibicionis ta de las autoridades. ¿Por qué entonces se retoma esta lucha a finales del siglo XIX? Una mirada al cambio en la concepción del ‘arte de gobernar’ que se desarrolló durante el gobierno de los Borbones, permite poner el asunto en perspectiv a. El legado de los Borbones La campaña contra el alcohol que se libró en las primeras décadas del siglo XX en el altiplano cundiboy acense fue un proyecto que se puso en marcha, entre muchas otras cosas, porque las élites del momento estaban analizando a las clases populares en términos de su capacidad productiv a. Esta iniciativ a, que fue impulsada tan to por los médicos como por los gobernantes, se puede entender como una forma de interv ención en el tiempo de ocio del pueblo, que pretendía dirigir la atención de los obreros hacia activ idades saludables que generaran y al mismo tiempo reconstituy eran una población acorde al proy ecto de modernización, que estaba alineado con las directrices del capitalismo y el trabajo productiv o. En la medida que es necesario indagar en los orígenes de los supuestos y premisas que se encuentran en la campaña mencionada, vale la pena rastrear algunas de las tecnolog ías de gobierno que los Borbones implementaron durante su mandato en el siglo XVIII. Según Michel Foucault, durante el siglo XVII, el poder se organizó en torno a la v ida bajo dos formas principales que, lejos de ser antitéticas, se encontraban atrav esadas por un plex o de relaciones: por un lado, aparecieron las disciplinas que tenían como objeto el cuerpo indiv idual, que pasó a ser considerado como una máquina y, por el otro, a partir de mediados del siglo XVIII, una biopolítica de la población, cuy o objeto sería el cuerpo v iv iente como soporte de los procesos biológicos (nacimiento, salud, esperanza de v ida, enfermedad,. 27. Cfr. NOGUERA, p. 173 y VARGAS, pp. 380 y 381.. 11.

(12) muerte). La tesis de Foucault es que, para el siglo XVIII, el ‘arte de gobernar’ y a no consis tía en ‘hacer morir o dejar v iv ir’ sino más bien, todo lo contrario, en ‘hacer v ivir y dejar morir’28 . Con la modernidad, el control sobre la conducta humana que se había desarrollado de la mano del poder pastoral, se transformó en una tecnología de gobierno y regulación sobre las poblaciones. La consecuencia directa de esto fue que las promesas de ‘seguridad’ y ‘salv ación’ otrora dispensadas por la Iglesia cristiana, fueron retomadas por el Estado moderno mediante la creación de una serie de ‘dispositiv os de seguridad’ cuy o objetiv o era controlar cualquier cosa que amenazara el bienestar de la población29 . Según Santiago Castro-Gómez, el arte de gobernar entendido así, quiere decir que la autoridad del soberano ya no está dada por el poder para quitar o perdonar la v ida de los súbditos que transgreden la ley, sino “ de producir la vida de sus súbditos, es decir de generar unas condiciones sociales para que los cuerpos pudieran conv ertirse en herramientas de trabajo al servicio del reino”30 . Vis to así, la biopolítica consistía en una tecnología de gobierno que se caracterizaba por regular los procesos vitales de la población, de manera que los indiv iduos pudieran tener una v ida productiv a. La biopolítica conv irtió en “ enemigos” de la sociedad a todas aquellas razas que no se ajustaban a la norma poblacional deseada31 . Y si estas razas que se alejaban del prototipo de normalidad eran vistas como los enemigos del orden, la biopolítica era entonces una tecnología de gobierno que ‘hacía viv ir’ a los grupos poblacionales que mejor se adaptaban al perfil productiv o que era necesario para la implementación del Estado capitalista y ‘dejaba morir’ a los grupos que no eran capaces de fomentar el trabajo productiv o, el desarrollo económic o y la moderniz ación32 . Es importante llamar la atención sobre el cambio en las concepciones del arte de gobernar y las tecnologías de gobierno implementadas por los Borbones porque estos procesos estaban directamente relacionados con la conceptualización del chic his mo como enfermedad. Fue durante el gobierno de los Borbones dónde se produjeron cambios relevantes en la forma de entender la enfermedad y v ale la pena mostrar desde el principio, la forma en que se relacionaron los proy ectos de modernización, la concepción de la enfermedad, la interpretación de la pobreza y de la fuerza de trabajo.. 28. CASTRO-GÓMEZ, Santiago, “ Michel Foucault y la colonialidad del poder”, en: Tabula Rasa, enero-junio, #006, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Bogotá, Colombia, 2007, p. 156. http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/396/39600607.pdf Búsqueda realizada en Noviembre de 2008. 29 CASTRO-GÓMEZ. 30 CASTRO-GÓMEZ. 31 CASTRO-GÓMEZ. 32 CASTRO-GÓMEZ.. 12.

(13) En su libro, La hybris del punto cero33 , Santiago Castro-Gómez muestra el proceso que, a través de las Reformas Borbónicas, llev ó a que la gestión de la enfermedad pasara de ser considerada un ejercicio filantrópico a uno terapéutico, y de verse como un problema indiv idual relacionado con el bien espiritual a entenderse en términos del bienestar material de la sociedad. Según el autor, en la medida que la utilidad y la riqueza constituy eron los pilares de gobierno de los Borbones, la enfermedad y la pobreza dejaron de ser un destino que se aceptaba con resignación, y se interpretaron como dis funciones que podían ser domesticadas por la racionalidad científico-técnica34. Ya no era el cuerpo del indiv iduo como el cuerpo social el que portaba la enfermedad35 . Por este motiv o, el diagnóstico de la enfermedad se encontraba ligado a tecnologías poblacionales. Lo que una enfermedad significaba dependía de políticas públicas orientadas bajo un modelo económico, y a que, el “ buen gobierno” tenía que v er con el éx ito de la gestión económic a y así la salud pública se conv irtió en un dispositiv o que se podía usar para incrementar la productiv idad de la población. Visto de esta manera, la enfermedad empezó a tener una signific ación ‘económic a’ otorgada por los aparatos ideológicos del Estado, en remplazo de la significación ‘teológica’ dis pensada por la Iglesia36 . Así la conserv ación de la salud públic a pasó a ocupar un lugar priv ilegiado en las prioridades del gobierno ilustrado. Adicionalmente, el ‘buen gobierno’ consistía en utilizar el conocimiento científico como medio para alcanzar la prosperidad económica. Es así como al otorgar una significación económic a a la salud y la enfermedad, la higiene pública y la inv estigación científica se promov ieron estatalmente y la salud pública pasó a ser objeto de una estricta regulación estatal 37 , teniendo como uno de sus principales objetiv os la promoción del trabajo útil y la extirpación de la ociosidad38 . El cambio en la significación cultural de la enfermedad durante el siglo XVIII cambió el estatu to social de la pobreza. La pobreza dejó de ser vista como una eventualidad del indiv iduo para interpretarse como “ una dis función de la sociedad que es objeto de corrección por parte del Estado” 39. Ya no se tra taba de dar limosnas al pobre sino de rehabilitar a los menesterosos bajo la tutela directa del Estado, en otra palabras, de volv er ‘v álido’ al ‘inválido y de transformar a los pobres en mano de obra útil para la sociedad. La racionalidad económica del Estado demandaba una intensiv a promoción del trabajo productiv o y la eliminación de la holgazanería40 . Así, los pobres debían ser puestos bajo la tutela del Estado con la intención de ev itar la. 33. CASTRO-GÓMEZ, Santiago, “ Biopolíticas imperiales. Salud y enfermedad en el marco de las reformas borbónicas”, en: La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816), Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2005. 34 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, p. 145. Énfasis en el original. 35 Vale la pena resaltar que acá aparece con toda claridad el uso de la enfermedad como metáfora explicativa. 36 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, “ Biopolíticas imperiales, p. 146. 37 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, p. 147. 38 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, p. 157. 39 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, p. 156. 40 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, pp. 156 y 157.. 13.

(14) propagación de v icios y enfermedades y de determinar, certeramente, quiénes eran rehabilitables y útiles. Esta función debía desempeñarla el médic o, quien era el único que contaba con la autoridad para decidir, después de un riguroso examen, quiénes podían excusarse del trabajo productiv o41 . Se tiene entonces que el problema de la despoblación, o escaza población productiv a, cobró importancia en la medida que se fue necesitando un cuerpo de trabajo capaz de poner en marcha el proyecto de modernización que empezó a implementarse en la Nuev a Granada a finales del siglo XVIII 42 . Estas políticas dirigidas a incrementar la calidad de la población productiv a, se pusieron en marcha bajo la tutela de los Borbones. Un siglo después, seguirían percibiéndose claramente en las políticas de un gobierno, que aunque independiente en términos territoriales, seguía conserv ando las mis mas directrices. La mirada sobre el consumo de chicha El problema de la despoblación que se empezó a plantear en la época neogranadina fue interpretado por las élites como un problema de comportamiento de las diferentes castas. La élite criolla consideraba que eran las costumbres insalubres de éstas lo que ex plicaba los problemas poblacionales. Como consecuencia de su holgazanería e ignorancia, los indios trabajaban mal vestidos y sin abrigoy empleaban su salario semanal “ en comer, beber y bailar sin son ni ton, lo cual deteriora grav emente su salud física”43 . Por ejemplo, el cubano Manuel del Socorro Rodríguez, quien llegó a la Nueva Granada con el v irrey Ezpeleta y se estableció en Santafé desempeñando el cargo de director de la Biblioteca Real y del Papel Periódico Ilustrado44, después de reflex ionar acerca de las enfermedades que despoblaban el Rey no, afirmó lo siguiente: La barbarie en que vivían todas las Naciones de América en los siglo s de su gentilidad, sus costumbres brutales, su natural desidia acerca de la agricultura, y su total abandono en todas las artes que miran a la racional y sólida conservación de la especie, los hizo tan propensos a la embriaguez, que casi todas sus observaciones físicas se dirigían al conocimiento de aquellas plantas, frutos y raíces que les podían ministrar las sustancias más acres y a. 41. La ociosidad y la pobreza son entonces graves obstáculos para la prosperidad económica. Por lo tanto, es menester de los gobernantes reformar la moral de los gobernados, desterrando para siempre la ‘ vagancia y ociosidad’. De acuerdo con este principio, la pobreza es considerada “como inutilidad pública y debe recibir un tratamiento médico-policial”. El pobre debe ser tratado como un ser enfermo que necesita atención médica dispensada por el Estado. La ociosidad se percibía como un comportamiento antinatural y antipatriótico en la medida en que el trabajo productivo era el mecanismo que habría de llevar a la superación definitiva de la escasez. De acuerdo con el pensamiento ilustrado, la humanidad de los individuos se encontraba en su capacidad para destruir el caos de la naturaleza a través del trabajo productivo, otorgándole un carácter ordenado. Así, el vago y el mendigo son tenidos por seres enfermos, parias sociales, ya que no buscan transformar ordenadamente la naturaleza, sino vivir dependientemente de los otros. CASTRO-GÓMEZ, Santiago, Biopolíticas imperiales, pp. 158-161. 42 A partir del siglo XVIII el trabajo ya no se toma como un mecanismo de supervivencia sino que se orienta hacia la creación y acumulación de riquezas, en aras de alcanzar la gran utopía moderna: la superación de la escasez. CASTROGÓMEZ, Santiago, “ Conocimientos ilegítimos” en: La hybris del punto cero. Ciencia, raza e ilustración en la Nueva Granada (1750-1816), Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2005, p. 205. 43 CASTRO-GÓMEZ, Santiago, “ Conocimientos ilegítimos”, p. 198. 44 ALZATE ECHEVERRI, p. 194.. 14.

(15) propósito, para formar un sinnúmero de composiciones fuertes, con que alimentaban su viciosa propensión a la bebida. Entre ellos se miraba como una acción de heroísmo, el descubrir un nuevo modo de hacer esta especie de vinos o cervezas. El hombre más amante de la Patria, el más útil a la humanidad, era aquel que inventaba otro género de Chicha, más activo que los conocidos hasta entonces (…) El hombre reflex ivo que se aplicare a indagar las causas físicas de haber tan pocos viejos en este Reino con respecto al número total de sus habitantes, desde luego conocerá que el motivo no es otro sino el uso general de la Chicha. He aquí el funesto origen de un sinnúmero de enfermedades que conducen anticipadamente al sepulcro a la mayor parte del pueblo45.. De lo anterior se tiene que, según Rodríguez, el consumo de chic ha era la causa por antonomasia de las enfermedades que mermaban a la población neogranadina. Adic ionalm ente, denunció la ebriedad indígena y achacó a la chicha la pretendida irracionalidad de los nativ os. También se puede v er en las palabras de Rodríguez, que el descubrimiento de nuevos modos de producir chic ha, era considerado un acto de heroísmo entre los indigenas. No es cierto que no investigaran la naturaleza, no ex is te tal cosa como una ‘natural desidia por la agric ultura’, simplemente, los indígenas buscaban en los frutos de la naturaleza cosas que para el bibliotecario carecían de legitimidady por lo tanto eran condenables. Otros pensadores ilustrados también v eían con desconfianza la higiene de las castas. Según José Celestino Mutis, médico sobresaliente de la sociedad neogranadina: Todas estas gentes del bajo pueblo, a quienes no gobierna el uso recto de al razón y del consejo, se han dirigido por sí mismas con una especie de indiferencia y abandono, que no se haría creíble entre personas racionale s. Todo les interesa más que la salud propia, a quien miran con descuido y desprecio. No han bastado consejos para que se abstengan anteriormente y en la misma enfermedad, de las bebidas fermentadas, que antes miran como antídoto universal para todas sus dolencias46.. No obstante, a pesar de que Mutis veía con desconfianza las prácticas higiénicas de los indígenas, muestra una posición diferente a la de algunos de sus contemporáneos. En su Dictamen sobre el aguardiente de caña, Mutis introdujo una ex plic ación sobre las bebidas fermentadas y enfatizó su uso inmemorable por parte de todos los pueblos. Consideraba que estas bebidas eran indispensables para la vida del hombre pero que había que tener cautela porque el uso se podía conv ertir en abuso, eje central de la re flex ión del médico47. Según Mutis: En ningún tiempo se ha reprobado el uso de guarapos y chichas, bebidas vinosas inventadas por la gentilidad en todas las Indias Occidentales (…) a semejanza de los vinos en los países meridionale s y de las cervezas en las regiones septentrionales de la Europa. Tomadas en cantidad embriagan por el espíritu ardiente que todas ellas contienen. Sólo se reprueba y aun se declama, aquí como en todo el mundo, contra el abuso48.. Realizar una reforma en este campo seria ‘la nov edad más peligrosa’ según el médico, pues por muchos desordenes que se imputaran a la bebida, excedía por mucho el porcentaje de los consumidores de chicha 45. RODRIGUEZ, Manuel del Socorro, “ Reflexiones sobre el origen de las comunes enfermedades que despueblan este Reyno”, Papel periódico Ilustrado, Enero 23 de 1795, 46 MUTIS, José Celestino, 1983[1783], pp. 205 y 206. Citado en: CASTRO-GÓMEZ, Santiago, “ Conocimientos ilegítimos”, p. 203. 47 ALZATE ECHEVERRI, p. 196. 48 MUTIS, José Celestino, “ Dictamen sobre el aguardiente de caña. Estudio sobre las bebidas fermentadas. Las cualidades terapéuticas del aguardiente y defensa del que se produce en el Nuevo Reyno”, Santafé, Mayo 13 de 1771. Citado en ALZATE ECHEVERRI, p. 196.. 15.

(16) que la tomaban con moderación, a los que abusaban de ella, y, como dijo sabiamente: “por el v icio de los pocos no se deben ordenar ley es de ex tinción de licores contra la moderación de muchos”49 . De acuerdo al anális is realizado por Adriana Alzate sobre los escritos científicos de Mutis, la visión crítica del médico estaba fundada en el concepto hipocrático de higiene. La interpre tación que Mutis hizo del consumo de alcohol se ex plica por una larga tradición médica que lo concebía como protector de la salud, alimento y remedio, siempre y cuando no se abusara de él50 . Mutis afirmaba con profunda conv ic ción que la chicha y el guarapo, “ únicas bebidas que pueden considerarse Patricias en todo el reino” eran inocuas; indios, mulatos, negros, españoles y mestizos se hallaban ‘connaturalizados’ con éstas y su abuso únicamente implicaba las mismas consecuencias observadas en Europa por el abuso de cervezas y vinos51 . Más allá de las opiniones de Rodríguez, Mutis y Espejo, es evidente que el consumo de chicha fue perseguido y estigmatizado de manera constante por las autoridades gubernamentales y eclesiásticas del momento. Después de la independencia la persecución tampoco cesó. De hecho, el mismo Simón Bolív ar condenó de manera tajante la bebida de maíz. Se puede asegurar que persecuciones, constantes persecuciones, fueron la norma y no la excepción en cuanto a la chicha se refiere. ¿Por qué entonces la campaña en contra del consumo de chicha que se originó en las postrim erías del siglo XX concluy ó en ‘la derrota de un v ic io’? ¿Qué tuv o de especial este proceso de prohibición? ¿Cómo se puso en marcha?. 49. ALZATE ECHEVERRI, p. 196. Este punto de vista, que es una realidad social (el porcentaje moderado y políticamente invisible de los consumidores de cualquier droga, siempre excede por mucho el del inmoderado) dejó de tener peso al convertir en enfermedad un comportamiento repudiado socialmente. 50 ALZATE ECHEVERRI, p.197. 51 ALZATE ECHEVERRI, pp. 197 y 198.. 16.

(17) La institucionalización de la m edicin a y el papel protagónico de los médicos El Estado colombiano jugó un papel muy importante en el desarrollo e institucionalización de la medicina científica. El papel del Estado es necesario tenerlo en cuenta y a que es una institución que sirve para construir y autorizar ideologías dominantes y prácticas culturales52. Dav id Solow 53 llama la atención sobre el hecho de que los estudios sobre la formación del Estado deben ser también estudios sobre las revoluciones culturales, considerando los discursos hegemónic os como un marco de referencia significativ o que proporciona un material común a partir del cual se organiz a la v ida, la forma de hablar y de actuar54. Los practicantes de la naciente medicina científica en Colombia durante las prim eras décadas del siglo XX, en muchos casos actuaron como articuladores y agentes de una empresa hegemónica bastante amplia que legitimaba nuev os sistemas de control ideológico. Muchos Estados contemporáneos, incluy endo el colombiano, autorizaron sistemas médicos ‘oficiales’ fundados sobre principios de racionalidad científica55. Así, es necesario prestar atención al proceso de surgim iento de la Escuela de Medicina de la Univ ersidad Nacional de Colombia, que abrió sus puertas en 1868 y cumplió por casi 100 años el papel de ‘facultad nacional de medicina’, como fue llamada durante muchas décadas por los médicos colombianos. La formación de la Facultad Nacional de Medicina Colombia se independizó políticamente de España en 1819 e inicialm ente las políticas estatales siguieron los lineamientos de la época de los Borbones. En cuanto a la medicina el nuevo gobierno se encargo de estimular la educación y de promov er la introducción de ideologías europeas en el sistema educativo de medic ina de Bogotá. Así, Bernard Daste, Antoine de Laloubie, Pierre Paul Broc, Hipolite Villaret y Eugene Rampon empezaron a enseñar ciencias médicas en 1823, a partir de un contrato con el gobierno. Estos hombres ayudaron a implantar la influencia de la medic ina francesa en las instituciones educativ as colombianas,. 52. Philip Corrigan and Derek Sayer, The Great Arch: English State Formation as Cultural Revolution (New York: Basil Blackwell, 1985), pp. 2–8, 107; Gilbert M. Joseph and Daniel Nugent, eds., Everyday Forms of State Formation: Revolution and the Negotiation of Rule in Modern Mexico (Durham: Duke University P ress, 1994). 53 SOWELL, David, “ Contending Medical Ideologies and State Formation: The Nineteenth-Century Origins of Medical Pluralism in Contemporary Colombia”, Bulletin of the History of Medicine, Volume 77, Number 4, Winter 2003, pp. 900926 (Article). 54 ROSEBERRY, William “ Hegemony and the Language of Contention,” en: Joseph and Nugent, Everyday Forms of State Formation (n. 6), 355–66. 55 Los tratamientos que seguían otras ideologías médicas, fueron ilegalizados en muchas instancias. El Estado sancionaba universidades y colegios de medicina mientras criminalizaba otras prácticas sanatorias. SOWELL, David, “ Contending Medical Ideologies and State Formation: The Nineteenth-Century Origins of Medical P luralism in Contemporary Colombia”, Bulletin of the History of Medicine, Volume 77, Number 4, Winter 2003, pp. 900-926 (Article).. 17.

(18) especialmente en la preferencia por los métodos que se encontraban en la Medicina fis iológica de FrancoisJoseph-Victor Broussais56. El Plan de Estudios propuesto por Francisco de Paula Santander, vicepresidente de la Gran Colombia, creó la Univ ersidad Central de Bogotá, una institución que ofrecía un currículo en medicina influenciado fuertemente por la medicina francesa. Adicionalmente, el Plan de Santander estipulaba que quienes desearan ejercer la medicina, debían doctorarse57. Así, la responsabilidad que antaño por taba el Protomedicato –una institución implementada en la época colonial cuya función consistía en monitorear lo relacionado con la salud y otorgar licencias tanto a médicos como farmacéuticos-- se había transferido a la nuev a Escuela de Medicina, punto importante en la relación entre la autoridad estatal y la comunidad médica58 Los profesores que trabajaron en la Univ ersidad Central se encargaron de entrenar una generación de médic os que habría de promov er la institucionalización de la práctica de la medicina científic a en Colombia después de 1850. Muchos miembros de esta generación v iajaron a Francia para incrementar su educación, tray endo las prácticas anatomoclínicas francesas a su regreso59. El Congreso de 1826 no solo creó la Univ ersidad Central, sino que se encargó de legislar sobre la dotación de la Escuela de Medic ina con biblioteca, laboratorio para enseñanza de farmacia y química y sala de dis ecciones anatómicas. Por la Ley del 14 de May o de 1850, se declaró libre en la Repúblic a la enseñanza de todas las ramas de la ciencia, las letras y las artes, lo que llevó a que se acabara con la escuela univ ersitaria y, consecuentemente, fue un periodo de desorden en torno a los estudios y ejercicio de la medicina60. La Ley de 1850 socav ó los intentos de reducir la competencia de otros curanderos y las turbulentas condiciones económic as y políticas redujeron la capacidad de los médic os para institucionalizar la medicina científica en Colombia61. Esta generación de médicos fue exitosa en su objetiv o de crear una fuente institucionalizada de conocimiento, a pesar de que surgió y maduró bajo los lineamientos de un estado liberal, que no los pro tegía. El sistema colonial heredado, había ofrecido una serie de garantías a los médicos, por lo menos de manera nominal, 56. SOWELL, p. 910. Sin embargo no todos los extranjeros pensaban de la misma forma . Por ejemplo, el escocés Ninian Richard Cheyne, que ensenaba cirugía en las universidades de la capital, defendía las teorías de John Brown, el escocés que se oponía a Broussais. 57 Sin embargo este requerimiento no seríatenido en cuenta en la práctica. David Bushnell, The Santander Regime in Gran Colombia (Westport, Conn.: Greenwood Press, 1970), pp. 188–91. 58 SOWELL, p. 911. 59 Un ejemplo de lo anteriormente mencionado es Antonio Vargas Reyes, quien tras estudiar en el Colegio de Nuestra Señora del Rosario, mostró tanto talento, que a los dos años estaba enseñando anatomía. A pesar de que se titulo en 1937, solo hasta 1941 fue autorizado para ejercer. En 1842 viajó a Francia, donde estuvo 4 años entrenándose en el método anatomoclínico; cuando regresó a Colombia en 1847 asumió el cargo de médico y profesor de patología especial en el Hospital de Caridad, reorganizando el hospicio según los lineamientos franceses 60 SOWELL, pp. 914 y 915. 61 SOWELL, David, “ Contending Medical Ideologies and State Formation: The Nineteenth-Century Origins of Medical Pluralism in Contemporary Colombia”, Bulletin of the History of Medicine, Volume 77, Number 4, Winter 2003, pp. 900926 (Article), p. 917.. 18.

(19) mientras que el sis tema liberal les retiró toda la protección, llev ando a que esta generación se v iera obligada a emprender una campaña política y pública para demostrar la superioridad de la medicina científica frente a otros tipos de medicina como la homeopática o la que ofrecían los curanderos. Estos médicos lograron varias vic torias políticas. Por ejemplo, llev aron a que la Escuela de Medic ina trabajara de la mano con el gobierno de Cundinamarca, adminis trando y dirigiendo el Hospital de Caridad y el Hospic io de Santafé, entre otros, y, evitando que se autorizara la práctica de diferentes tipos de medic ina en estos lugares. Una serie de iniciativ as de mediados de los 60’s , entre las que se encontraban los esfuerzos de los doctores Manuel Plata Azuero, Representante por Santander, y de Antonio Vargas Vega, llevaron a que en Septiembre 22 de 1867, el Congreso Nacional ex pidiera la ley número 66, creando así la Univ ersidad Nacional de los Estados Unidos de Colombia, que incorporó como una de sus secciones a la Escuela de Medicina priv ada que había sido fundada en 1864. Ese fue el origen de la Univ ersidad Nacional y de la Facultad de Medicina y Ciencias Naturales, ramas de la ciencia que inic ialmente formaron secciones independientes en la Univ ersidad. El prim er rector nombrado de la Facultad de Medic ina fue el Dr. Andrés María Pardo. La Facultad de Medicina de la Univ ersidad Nacional, abrió sus puertas a mediados de febrero de 186862. La creación de esta Facultad fue solo una v ictoria inicial para los que abogaban por la medic ina científica. Muchas cosas más serían necesarias para institucionalizar la medicina científica y volv erla oficial. Más de 1600 personas se graduaron de la Univ ersidad en los 70’s y más de un tercio se graduó de medicina63. Estos graduandos aceleraron el proceso de institucionalización al ay udar a crear la Sociedad de Medic ina y Ciencias Naturales de Bogotá. El 3 de enero de 1873 se reunieron en la casa de Abraham Aparicio los médicos Manuel Plata Azuero, Nicolás Osorio, Leoncio Barreto, Pio Rengifo, Rafael Rocha Castilla, Evaristo García y Liborio Zerda, con el fin de fundar la Sociedad de Medicina y Ciencias Naturales. De manera provisional fue nombrado Presidente de la Sociedad Plata Azuero y como secretario Aparicio. Liborio Zerda fue comisionado para redactar el. 62. CORPAS, Juan, “ Resumen histórico de la enseñanza de la medicina y de las distintas escuelas que han existido en Bogotá desde la época de las colonias hasta la fundación actual Facultad de Medicina y ciencias naturales de la Universidad Nacional”, en: Revista de la Facultad de Medicina (Bogotá). -- Vol. 1, No. 1 (Jun, 1932), pp. 6 y 7. Andrés Pardo murió el 20 de junio de 1879 y en julio del mismo año fue nombrado Rector de las Facultades de Medicina y Ciencias Naturales, que se habían unido en 1875 en una sola facultad, el doctor Liborio Zerda, quien asumió el cargo de rector de esta facultad desde julio de 1879 hasta finales de 1892, año en el que tras haber sido nombrado Ministro de Instrucción P ública, lo sucedió en el Rectorado el doctor José María Buendía, quien desempeñó el cargo hasta 1897, año en el que fue reemplazado por el doctor Nicolás Osorio, quien desempeñó el cargo hasta fines de 1904. En 1905 Luis Felipe Calderón, asumió por primera vez la rectoría de la facultad. En 1911 lo sucedió Hipólito Machado y en 1914 Pompilio Martínez, quien desempeñaría el cargo hasta 1920, año en el que volvería Calderón. Es importante señalar quienes fueron los rectores de la facultad de medicina, puesto que estas personas fueron figuras destacadas e influyentes, tanto en el mundo de la medicina como en el gubernamental, y van a ser las voces que lideren la campaña contra el alcohol del siglo XX. 63 SOWELL, p. 920. 19.

(20) reglamento y acordaron editar un periódico, la Revista Médica de Bogotá, que tuv o como primer redactor a Pio Rengifo64. El objetiv o de la Sociedad de Medicina consis tía en promov er el estudio de las ciencias en el país, darle cuerpo y unidad nacional a los trabajos científicos, ofrecer solidaridad a la comunidad médica y promov er el respeto por la mis ión de curar las enfermedades65. Abraham Aparicio, el secretario, y Pio Rengifo, el editor de la rev is ta, se graduaron de la escuela de Medicina. La Sociedad buscaba introducir nuev as ideas en el país, apoy ando su difusión. A su v ez, sus miembros manifestaron el interés por mantener conversaciones con la ciencia internacional, al mismo tiempo que luchaban por im plementar una ciencia nacional, dedicada a estudiar las realidades físicas y geográficas de Colombia. La promoción de un sistema nacional de medicina requería, de acuerdo a los miembros de la sociedad, una completa integración técnica e ideológica entre los médicos nacionales y las prácticas de la medicina científica66. La Sociedad de Medicina logró profesionalizar la medicina científica, pero se quedó corta en sus aspiraciones de establecer una ciencia nacional. La Revista Médica generalmente publicaba artículos traducidos de las rev is tas francesas, inglesas y norteamericanas, pero muy pocos escritos por médicos colombianos. La evidencia sugiere fuertemente que la inv estigación en Colombia simplemente siguió los caminos establecidos por los médicos estadounidenses y europeos, hecho que se explic a en gran parte por los estudios que los miembros de la sociedad adelantaron en el ex tranjero, donde se involucraron en organizaciones sim ilares67. Entre los médic os destacados de la época se encontraba Andrés Posada Arango, quien se destacó por su predilección por los temas de medicina legal y el análisis del problema del alcoholismo, especialm ente la versión nacional de éste, el ‘c hic hismo’. Liborio Zerda y Josué Gómez –quienes trabajaron ampliamente sobre el tema del chichis mo—también se caracterizaron por ser figuras m i portantes dentro de la sociedad colombiana. Es bastante probable, como se verá posteriormente en este estudio, que el afán de los médic os colombianos por conseguir una ciencia nacional y por portar el título de científicos, haya influenciado de manera significativ a el tono que se le dio a la campaña contra el alcohol y el proceso que llev ó a que se conceptualizara el chic hismo como una enfermedad. La medicina bajo la Regeneración En el periodo que va de la Gran Colombia a la Regeneración (1820-1886), el país v iv ió serios problemas de salud, frente a los cuales los diferentes gobiernos trataron de diseñar políticas y acciones concretas de 64. CORPAS, p.7. SOWELL, 920. 66 Finalizando la década de 1870, Aparicio diseñó una encuesta para los médicos de todo el territorio nacional, donde preguntaba por los procedimientos médicos que utilizaban y por el estatus de la medicina en sus regiones. OBREGON TORRES, pp. 51-55. 67 SOWELL, 921. 65. 20.

Referencias

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