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El sentido de aconsejar con cuentos - acto, prueba y certeza en el Calila e Dimna

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Academic year: 2020

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El sentido de aconsejar con cuentos: acto, prueba y certeza en el Calila e Dimna

Trabajo de grado para optar al título de literata

Dirigido por: Carolina Sanín Paz

Presentado por:

Daniela Maldonado Castañeda Código 201015379

Departamento de Humanidades y Literatura

Facultad de Artes y Humanidades Universidad de los Andes

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Agradecimientos

A Carolina Sanín, por contarme sobre estos cuentos ––y sobre tantos otros––. Por su guía, compañía y amistad. Y, sobre todo, porque con sus clases pude, entre otras

muchas cosas que si escribo aquí no me caben, reafirmar mi creencia acerca de que la vida contiene, pero no equivale ni es únicamente, el ejercicio académico. A Mario Barrero, por incentivarme ––siempre–– a escribir desde la intuición.

A Amalia Iriarte, porque me permitió transmitir esta investigación a otras personas. Y a Isabella Ariza, porque siempre quiso leer con gusto este texto, a pesar de que pudo haber

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Tabla de contenidos

Prólogo 1

De quien tradujo y aconsejó 5

De quien quiso encontrar la inmortalidad 5

Del diálogo entre el rey y el filósofo 6

Donde se cuenta la historia del consejo y del ejemplo 6

1. De la inutilidad del consejo para el actuar del personaje-oyente 7

Del buey, el lobo cerval y el león 7

2. Vivir en el acto de narrar: la ampliación de un concepto 17

El consejo ––y el ejemplo–– como un acto de purificación 21

El acto de narrar y su relación con los demás actos 24

3. La prueba y su relación con la palabra y el acto: un aprendizaje de corazón 27

4. Cuando se conoce un secreto indecible: la certeza de sí mismo y la certeza de los demás 34

5. Conclusiones: proverbios, consejos y fin de una historia 39

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  “De los malos amigos vienen malos escotes, non viene d'ellos ayuda más que de unos alrotes,

si non falsas escusas, lisonjas, amargotes: guárdevos Dios, amigos, de tales amigotes” Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (Libro del buen amor, vv. 1478-1479)

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Prólogo

Como Berzebuey e Ibn Al-Muqaffa, de quienes el lector ––si no sabe aún–– sabrá más

adelante, empezaré este texto con un prólogo.

Los libros de relatos enmarcados son colecciones de cuentos que se tradujeron y estructuraron en la Edad Media a partir de materiales anteriores. Con la traducción y composición de estas colecciones, el cuento se convirtió en España entre los siglos XIII y XIV

en un medio que permitió transmitir ––y reunir–– un doble apendizaje: tanto el aprendizaje de la escritura de una nueva lengua, el romance, como el aprendizaje sobre la naturaleza del ser

humano (Sanín 7). El Calila e Dimna (1251)1 es una de estas colecciones de cuentos. Fue compuesta en sánscrito (alrededor del año 300 d.C) y su primera fuente fue el Panchatantra, una antigua colección india dedicada a la educación de los gobernantes. Del sánscrito fue

traducida al pahlevi (o persa literario) en el año 570 por Berzebuey, un médico que incorporó su historia en el marco de la colección. Del pahlevi fue traducida, alrededor del año 750, al

árabe por Ibn Al-Muqaffa quien, como Berzebuey, añadió su testimonio en el prólogo o marco. Esta traducción al árabe fue la que popularizó la obra. Y del árabe fue traducida al romance por encargo del rey Alfonso X en el año 1251.

La estructura de estos libros supone que sea posible añadir marcos exteriores (como el testimonio de Berzebuey y el de Ibn Al-Muqaffa) pues el lector, después de entender con el

corazón ––como explicaré más adelante––, debe inscribir el libro en su vida y, además, debe modificar el libro con la inclusión de su testimonio. El texto debe transformar al lector que, a su vez, debe transformar el texto. Por esta razón, quien mejor lee el libro es el traductor pues

no solo traduce el libro sino que además lo modifica con su historia: “El libro, que ha demostrado que se puede enmarcar infinitamente, no termina tampoco con la historia marco;                                                                                                                          

1 Como en casi ––si no todos–– los textos del medioevo español existe un debate (que tiene como causa la

inconsistencia entre los manuscritos) acerca de la fecha de composición y traducción del texto. En la introducción al Calila e Dimna, Juan Manuel Cacho Blecua y María Jesús Lacarra resumen la información acerca del origen de este texto. Solo incluyo los datos que me parecen necesarios debido a que la otra información excede los propósitos de este trabajo y podría, en cambio, distraer al lector ––al igual que a los estudiosos del medioevo español–– en elementos externos al libro que, aunque importantes, no se resuelven.  

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tras ésta queda la historia futura del lector, que puede ser modificada por la aplicación de la ciencia aprendida, en la que se ha entrenado a través de la lectura. Es en el devenir del lector

donde el valor de la experiencia de la lectura ha de actualizarse” (Sanín 57).  

 Entonces, podría decir que este ensayo es una traducción del Calila e Dimna ––no porque considere ser quien mejor lee el libro, sino porque la escritura de este texto es el testimonio de lo que ha dejado un acto de lectura––. En esta traducción no traduciré, como

Berzebuey e Ibn Al-Muqaffa, un texto de una lengua a otra, sino que traduciré el resultado de una experiencia individual de lectura (en la que, como la experiencia de los lectores de libros

de relatos enmarcados, estaré acompañada de otras experiencias de lectores, anteriores a mí, del Calila e Dimna). Espero con este ejercicio unirme ––como se han unido todos los lectores de estos libros–– a mis predecesores, y también que, de alguna manera, se unan a mí los

lectores de este ensayo, pues si hay algo constante en el Calila e Dimna, como en los otros libros de esta tradición, es una idea de unión de todos los lectores de un texto en una cadena

potencialmente infinita (infinita es la modificación que puede tener el libro como infinitos son los hombres que leen el texto a través del tiempo)2.

Este ensayo ––o traducción de una experiencia–– surge de una pregunta principal:

¿Cuál es el efecto del consejo ––y del ejemplo–– en los personajes-narradores del Calila e Dimna? Para entender esta pregunta es necesario aclarar, primero, cuál es la relación entre el

consejo y el ejemplo. En el libro, los personajes-narradores dan consejos y para ejemplificarlos cuentan cuentos, es decir, los consejos permiten la narración de historias. Por ejemplo, Dimna, uno de los protagonistas del primer relato insertado del libro, aconseja al león que “si posare

contigo algunt húesped a una hora del día et tú non conocieres sus costumbres, non te segures dél, et guárdate” (152). Dimna le aconseja al león que tenga cuidado de los huéspedes que no

conoce y que no confíe en ellos. No obstante, Dimna no solo dice un consejo sino que lo                                                                                                                          

2  Un buen lector de libros de relatos enmarcados debe convertirse en autor: “Se ubica al lector en el lugar central

del texto, como corresponde, por demás, a un lector que siempre está en trance de ser autor, al particular lector de manuscritos como lo describe John Dagenais” (Dagenais ctd Sanín 18).  

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ejemplifica con el cuento del piojo y la pulga. En el cuento, narra la historia de un piojo que vivía en la cama de un hombre muy rico, a quien picaba todas las noches y de quien obtenía

mucha sangre. Una noche, una pulga que el piojo no conocía le pidió que la hospedara con él, y el piojo aceptó. La pulga picó al hombre y, cuando lo hizo, el hombre decidió sacudir las sábanas para ver quién lo había picado: la pulga se escondió, pero el piojo no alcanzó a hacerlo. Entonces, el hombre mató al piojo creyendo que había sido el causante de su picadura.

De esta manera, Dimna aconseja y ejemplifica su consejo con un cuento. Por ello, cada vez que me refiera en este texto al consejo me referiré también al ejemplo. Y, además, usaré

indistintamente las palabras cuento y ejemplo, pues en la tradición de libros de relatos enmarcados estas dos palabras son sinónimos.

La pregunta que guía este análisis nace de la inquietud que se crea en el lector con el

hecho de que el consejo en el libro sea inútil3 ––y se reconozca como inútil por los personajes–– porque no lleva a quien lo oye a actuar de acuerdo con lo que se dice en los

cuentos (que ejemplifican los consejos). Sin embargo, todo ––o gran parte–– de lo que hacen los personajes de la colección de cuentos es aconsejar a través de sus narraciones. El objetivo de este ensayo es, entonces, analizar el efecto del consejo ––y del ejemplo–– en los

personajes-narradores, es decir, en quienes dicen el consejo y no en quienes lo oyen, aunque es importante aclarar que no es posible analizar este efecto sin tener en cuenta la relación de los

personajes-narradores con los personajes-oyentes, por lo cual estudiaré ambos personajes. Con esto no pretendo develar un sentido, sino transportar un sentido en el tiempo ––como aconseja Ibn Al-Muqaffa en su prólogo––, es decir, hacer saber a otros lectores que hay un sentido oculto en el

libro: “Et por ende, si el entendido alguna cosa leyere deste libro, es menester que lo afirme bien et que entienda lo que leyere, et sepa que ha otro seso encobierto; ca si non lo sopiere, non

le terná pro lo que leyere, así como si ome levase nuezes sanas con sus cascas et non se puede                                                                                                                          

3  La inutilidad está entendida aquí en relación con el efecto que el consejo tiene para el actuar del oyente, es decir,

estoy entendiendo que un consejo es inútil cuando no es efectivo para persuadir al personaje-oyente de actuar de acuerdo con lo que dice el personaje-narrador.  

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dellas aprovechar fasta que las parta et saque dellas lo que en ellas yaze” (92). Pretendo, en últimas, acercarme al consejo y al ejemplo como si estos fueran una nuez a la que es necesario

quitarle las cáscaras que la cubren para encontrar lo que hay en su interior4. Para lograr mi objetivo, analizaré, después de señalar e indagar acerca de la inutilidad del consejo para el actuar de los personajes-oyentes, el efecto del consejo en relación con tres elementos principales: el acto, la prueba y la certeza, que me permitirán reflexionar qué sentido tiene

narrar (pues contar cuentos debe de tener un sentido) para los personajes-narradores.

Además de lo que he mencionado, este texto busca cumplir con sus objetivos

respetando las particularidades del Calila e Dimna en tanto libro de relatos enmarcados. Debe saber el lector de este ensayo que el mecanismo con el que fue compuesto el libro es esencial para comprenderlo: “Pues el que este libro leyere sepa la manera en que fue conpuesto (…) ca

aquel que esto non sopiere non sabrá qué será su fin en este libro” (91). Por está razón, así como pretendo transportar un sentido a través de este texto, también pretendo transportar, en

alguna medida, la esencia de composición del libro de relatos enmarcados. Es por ello que mi análisis no se limita a una selección cerrada de cuentos, pues seleccionar implica limitar la cualidad infinita de los relatos enmarcados, que es una de las características que devela la

naturaleza de estos libros. Entonces, aunque me centraré en algunos cuentos, es necesario que el lector tenga en cuenta que detrás de mi selección está presente un mecanismo de

composición que es infinito y, al serlo, se repite en cada nuevo relato insertado.

El lector de este ensayo debe descubrir el mecanismo de composición a medida que lee, pues lo que hacen los traductores de estos libros no es explicar el mecanismo, sino anunciar al

lector que su deber es descubrirlo en el acto de lectura y, debido a ello, no lo explican sino que lo muestran desde el prólogo (Ibn Al-Muqaffa, traductor del libro al persa, muestra el

mecanismo de composición añadiendo en su prólogo cinco relatos enmarcados). Así, dejaré                                                                                                                          

4  En el prólogo al Caballero Zifar, el autor representa la idea del libro de relatos enmarcados como una nuez: “Ca

atal es el libro, para quien bien quisiere catar por él, como la nues que ha de parte fuera fuste seco e tiene el fruto ascondido dentro” (59).  

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que el lector descubra ––en su propio tiempo–– la naturaleza de composición de estos relatos y entienda, después de su descubrimiento, la necesidad que tengo de respetarla. Cada elemento

de la creación ––personas, animales, piedras preciosas, etc.–– tiene, como indica el traductor del Lapidario de Alfonso X5, su propio tiempo para descubrir y recibir ––completamente–– la forma divina: “Y el ejemplo de esto semeja al hecho del hombre […] los miembros del niño no son tan cumplidos como deben, ni tienen aparejada cumplidamente la materia temporal para

recibir la forma celestial, por eso no pueden tanto obrar como cuando es ya tiempo de haber toda su fuera cumplida, ca entonces halla la materia en la forma lo que quiere. La una en

recibir, y la otra en dar” (116). Así, el lector de este ensayo ––como el lector de libros de relatos enmarcados, y como todo lo creado–– tendrá su propio tiempo para descubrir y recibir lo que se transmitirá en las próximas páginas.

De quien tradujo y aconsejó

El Calila e Dimna comienza con un prólogo del traductor al árabe Ibn Al-Muqaffa en el

que se dan consejos al lector para que pueda entender el sentido del libro (Ibn Al-Muqaffa manifiesta la necesidad de saber que existe un sentido oculto, de no seguir la lectura si no se entiende lo que el texto está diciendo, y de entender con el corazón las palabras del texto). Para

aconsejar al lector, el traductor incluye cinco ejemplos o cuentos insertados. De quien quiso encontrar la inmortalidad

Después de este prólogo, sigue un primer capítulo titulado “Cómmo el rey Sirechuel envió a Berzebuey a tierra de India” en el que se explica el origen del libro a través de la historia de Berzebuey, quien viajó a la India en búsqueda de hierbas con las que pretendía

resucitar a los muertos. Aunque en su viaje encuentra las hierbas, estas no le resultan útiles, por lo que Berzebuey aprende que la verdadera medicina son los buenos castigos y el saber                                                                                                                          

5  El Lapidario de Alfonso X es un tratado acerca de las propiedades de las piedras en relación con la astronomía.

A pesar de no ser un libro de relatos enmarcados sigue, de alguna manera, el mecanismo de composición de estas colecciones. Se incluye un prólogo del traductor en el que se declaran las intenciones ––y el sentido del texto––, y cuatro libros distintos que explican las propiedades de las piedras al organizarlas desde cuatro aproximaciones: los signos del zoodiaco, las fases de los signos, la conjunción de los planetas y, por último, un resumen ––organizado alfabéticamente–– de los tres tratados anteriores.  

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contenido en algunas escrituras, entre ellas el Calila e Dimna. El personaje traduce, entonces, estas escrituras del lenguaje de la India al persa, y las da a su rey, que manda a todo el pueblo a

que las lea (a la vez que deben rogarle a Dios para que les dé la gracia del entendimiento). Al final de este capítulo se presenta el marco del Calila e Dimna: un diálogo entre un rey de la India, Dicelem, y el filósofo a quien más amaba, Burduben. Sin embargo, a continuación no sigue el diálogo entre el rey y el filósofo sino un capítulo titulado “Estoria de Berzebuey el

mengue”: una autobiografía del traductor del libro al persa. Este texto es el testimonio de alguien transformado por la religión. Berzebuey descubre que entre todas las cosas que debe

conseguir el hombre la más importante es trabajar por la vida después de la muerte. En este capítulo se insertan cuatro ejemplos.

Del diálogo entre el rey y el filósofo

Al terminar este capítulo, comienza el diálogo entre el rey y el filósofo. El rey preguntará, al principio de cada capítulo, una cuestión al filósofo que dará origen a una

respuesta a través de la narración de historias. Cuando finaliza la narración, el rey manifiesta su comprensión de lo que se ha dicho y, algunas veces, sostiene una breve conversación con el filósofo.

Donde se cuenta la historia del consejo y del ejemplo

Ahora, después de esta necesaria información ––para el lector de este ensayo–– de los

marcos exteriores del libro, empezaré el análisis del efecto del consejo ––y del ejemplo–– en los personajes-narradores del Calila e Dimna. Para contar esta historia, contaré, primero, la historia de la inutilidad del consejo para el actuar del personaje-oyente.

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1. De la inutilidad del consejo para el actuar del personaje-oyente

Lo que ha sucedido estaba determinado, y se sabe que el hombre no puede enfrentarse con uno más fuerte que él. Donde abundan las palabras, abundan las falsas ilusiones: ¿Qué saca en limpio el hombre?, ¿Quién sabe lo que es bueno para el hombre en la vida, en los días contados de su frágil vida, que pasan como una sombra?, ¿Y quién le dice al hombre lo que va a pasar después bajo el sol?

Eclesiastés (6: 10-12)6

El diálogo entre el rey y el filósofo comienza con el ejemplo “de los dos que se aman et los departe el mesturero, falso, mentiroso, que debe ser aborrecido commo la viganbre” (122).

Para ejemplificar esta cuestión, el filósofo narra la historia del león y el buey Sençeba, que será el marco de los tres capítulos siguientes, y en la que se contarán otras historias.

Del buey, el lobo cerval y el león

Los personajes de esta historia se agrupan y dialogan para aconsejar por medio de sus cuentos. El diálogo principal es el que tienen Calila y Dimna, dos chacales hermanos. Dimna

quiere ganar los favores del rey león y, por eso, decide ayudarlo a encontrar una voz que lo tiene atemorizado. La voz que atemoriza al león es la del buey Sençeba. Dimna convence al buey, con sus consejos y cuentos, de que se convierta en un servidor del rey. Entonces el buey,

que antes atemorizaba con su voz, forma un lazo de amistad con el león. Dimna siente envidia de la relación que se ha formado entre el rey león y el buey, y por eso decide poner al león en

contra del buey y viceversa. Finalmente, el león mata a su amigo Sençeba. Con la muerte del buey, Dimna gana la dignidad que quería en un principio, pero el león se arrepiente de haber matado a su amigo y es advertido de la traición de Dimna. En el siguiente capítulo, Dimna es

juzgado gracias a la intervención de un leopardo y de la madre del león. Calila había aconsejado, con insistencia, a Dimna para que no le causara daño al león con el asesinato del

buey Sençeba, pues actuar de esa manera sería traición, maldad y deslealtad (147). Dimna no oye los consejos de Calila (que muere de tristeza y miedo por las consecuencias que pueden tener para él los actos de su hermano Dimna). Al final de la historia, Dimna es condenado a                                                                                                                          

6  Todas las referencias a la Biblia fueron sacadas de La Biblia de nuestro pueblo de Luis Alonso Shökel. La

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muerte después de un juicio.

Esta es la historia del buey, el lobo cerval y el león: la más larga del libro y a la que le

seguirán otras historias en cada capítulo (que repetirán varios de los temas establecidos en esta primera historia). El diálogo entre el rey y el filósofo termina en el capítulo XVIII.

Desde esta primera historia es posible observar dos elementos que se repetirán a lo largo del libro: el primero es el uso de los cuentos (ejemplos) para aconsejar, y el segundo es la

insistencia ––que manifiestan los personajes de las historias–– en la necesidad de aprender a dar un buen consejo y de saber oírlo, es decir, de saber diferenciar un buen consejo de uno que

no lo es. Un buen consejo es aquel que se da lealmente para procurar el bien y lo que es favorable: “Et el privado del rey debe aconsejarle lo más lealmente que pudiere lo que le estará bien et lo que le fará pro, et dévele redrar su mal. Ca el mejor de los amigos es el que más

lealmente aconseja a su amigo” (151). El peor consejo, en cambio, es aquel que incita al hombre a pelear cuando no hay necesidad, o a actuar cuando se puede estar en paz (168). Por

su parte, el que oye el consejo debe aprender a ser enviso (o sagaz) como es aquel “que se apercibe de las cosas ante que le acaescan et escoge dellas lo que debe con buen consejo, et quebranta la malicia ante que le venga” (149). Es decir, el enviso es aquel que sabe diferenciar

un buen consejo de uno que no lo es y, por ello, puede escoger el consejo que le será más útil. El libro insiste en la necesidad de este doble aprendizaje por medio del aprendizaje

fallido o, se podría decir, del ejemplo negativo. En la historia del león, el buey y el lobo cerval ––como en otras historias que aparecerán a lo largo del libro–– se presenta la necesidad de este aprendizaje del consejo (de saber dar y saber recibir, que podría ser, en otros términos, saber

crear y saber leer) a partir de historias de personajes que no aprenden ni a dar un buen consejo ni a ser envisos para diferenciar los buenos de los malos consejos. Dimna, por ejemplo, no

saber oír los buenos consejos de su hermano Calila y, por esta razón, no solo termina condenado a muerte sino que también pierde a su hermano antes de morir, y hace que el león ––que antes era su amigo–– asesine a un amigo leal, el buey Sençeba. En la narración no hay

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ningún personaje que oiga los buenos consejos y actúe de acuerdo con ellos. Resulta inquietante para el lector que los consejos más efectivos sean los de los malos consejeros,

como los que dio Dimna al rey león de matar a su amigo Sençeba. A través del ejemplo negativo, el lector del Calila e Dimna aprende acerca de la importancia de saber dar un buen consejo y saber recibirlo puesto que los personajes de las historias, al no aprender esto en relación con el consejo, terminan mal (casi siempre, el no seguir los consejos lleva a los

personajes a la muerte). Sin embargo, a pesar de adquirir este aprendizaje, el lector no encuentra en ningún personaje del libro un ejemplo que le muestre qué ocurre con aquellos que

oyen los buenos consejos y actúan de acuerdo con lo que en ellos se dice. Podría pensarse que no hay necesidad de mostrar un ejemplo positivo puesto que el negativo es suficiente: el lector debe suponer que aquello que le ocurre a quien adquiere el doble aprendizaje del consejo es lo

contrario de aquello que le ocurre a quien no lo adquiere. Es decir, el lector puede suponer, en la historia del león, el buey y el lobo cerval, que si Dimna hubiera seguido los consejos de

Calila no habría dañado la amistad del león con el buey, ni habría hecho que el rey matara a su amigo, ni habría sido condenado a muerte, ni habría perdido a su hermano Calila. No obstante, es interesante observar que, también, con la ausencia del ejemplo positivo se presenta en el

libro la imposibilidad de adquirir el doble aprendizaje (de saber dar y recibir) que requiere el consejo. El lector del Calila e Dimna aprende (con los ejemplos del libro) que necesita del

aprendizaje doble del consejo pero, a su vez, aprende que este aprendizaje es imposible ––o invisible, pues quienes aprenden no pueden demostrar su aprendizaje––. Ernst R. Curtius pone de manifiesto en su análisis acerca del exemplum en la Edad Media que:

Lo mismo que las sentencias, los casos ejemplares de virtudes y debilidades humanas (exempla), que se hallaban en autores antiguos, edificaron a la Edad Media. Exemplum

(parádeigma) es un término técnico de la antigua retórica, a partir de Aristóteles, y significa “historia que se inserta a manera de testimonio”. A esto se añade más tarde (desde ca. 100 a.C.) una nueva forma del ejemplo retórico, que tendría gran importancia

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en el futuro del personaje ejemplar (eikón, imago), esto es, la “encarnación de cierta cualidad en una figura” (94).

En este sentido, se podría decir que los ejemplos del Calila e Dimna ––en relación con el consejo–– corresponden más a la primera acepción que Curtius propone del exemplum como una “historia que se inserta a manera de testimonio” que a la acepción de la nueva forma del ejemplo retórico en la que el exemplum es la encarnación de cierta cualidad en una figura

ejemplar. El ejemplo en el libro no solo es el testimonio de un hecho (por ejemplo, de la historia que ocurrió entre el león, el buey y el lobo cerval) sino el testimonio de cómo todos los

personajes del libro no pueden adquirir el doble aprendizaje del consejo, a pesar de saber que lo necesitan. Debido a lo anterior, los ejemplos del libro no muestran ––como he mencionado–– la encarnación de cierta cualidad en los personajes (en este caso, la de saber dar

y recibir consejos) sino que, justamente, muestran la ausencia de esta cualidad y es de esta manera como se convierten en ejemplos para el lector.

Ahora, es necesario señalar que no solo el lector reconoce la imposibilidad del doble aprendizaje del consejo (de saber dar y recibir), sino que también los personajes son conscientes de la inutilidad del consejo para el actuar del oyente:

Los personajes-narradores se proponen convencer al oyente ––algo que muy pocas veces logran–– o ejemplificar sus palabras. Calila no logra evitar las malas acciones de

Dimna, ni este convencer a su auditorio en el juicio, ni el búho sagaz a sus compañeros, etc. Dada la imposibilidad ya aludida de modificar las “naturas” tampoco sorprende la escasa efectividad de los cuentos, de lo que es consciente Calila al aconsejar: “Non te

entremetas de enderezar lo que no endereza, nin de avivar lo que non aviva, nin de castigar nin de enseñar al que se non castiga” (Cacho Blecua y Lacarra 33).

Calila recuerda las palabras que mencionan Cacho Blecua y Lacarra cuando se da cuenta de que Dimna no ha seguido sus consejos y se pregunta: “¿Qué pro ha esto que yo te digo tan broznamente? Ca yo sé que tan poca pro fará así commo lo que dijo el hombre al ave”

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(170). Las palabras que dijo el hombre al ave ––historia que se relata a continuación de las palabras de Calila–– son las mismas que Calila le dice tanto a Dimna como a sí mismo. El

hombre le dice al ave que el consejo es inútil como lo es, también, enderezar aquello que no se endereza o castigar aquello que no se puede castigar. Sin embargo, el ave no le hace caso al hombre y, en su intento de hacer lo que sabe inútil, muere. De igual forma, Calila ––a pesar de haber oído la historia del hombre y el ave, es decir, de haber conocido un ejemplo negativo––

no sigue el consejo que se da en el cuento y trata de aconsejar a Dimna. Como el ave, Calila también muere al querer aconsejar a quien no sabe recibir un buen consejo. Lo interesante de

esto es que Calila reconoce la inutilidad de su consejo para el actuar de Dimna al mismo tiempo que reconoce la inutilidad del consejo del cuento del hombre y el ave para su actuar. En últimas, Calila sabe que Dimna no sigue su consejo porque sabe que él no siguió el consejo del

cuento ––ni el ave el consejo del hombre––. La inutilidad del consejo para la actuación se reconoce simultáneamente en el actuar propio y en el actuar ajeno.

En el libro se presentan cuatro razones principales por las que quien oye el consejo no lo sigue, es decir, no actúa de acuerdo con lo que se narra en los cuentos. La primera es la que señalan Cacho Blecua y Lacarra: hay una imposibilidad de modificar las naturas que son un

conjunto de cualidades innatas que dicen algo acerca del ser. Estas cualidades pueden ser compartidas por una especie: por ejemplo, existe la natura de los animales que son carnívoros

en contraposición con lade los animales que son hervíboros. Dice Sençeba cuando Dimna lo pone en contra del león: ¿quién me metió en compañía con el león, el comedor de carne et yo comedor de yerva, sinon entremetiéndome yo con cobdicia et con gula? (157). Ante las naturas

cabe señalar que, como dice Sençeba, las especies no pueden ser amigas si no tienen la misma naturaleza. Por ejemplo, un comedor de hierba no puede ser amigo de un comedor de carne

porque podría ser su alimento. De igual forma, un hombre bueno no puede ser amigo de un hombre que no lo es (134). Ante esto cabe pensar cómo Calila, a pesar de ser bueno, es amigo de Dimna que, por naturaleza, no lo es. Calila es amigo de Dimna porque es su hermano y por

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eso lo debe aconsejar lealmente7.Además, estas cualidades pueden ser individuales: Dimna es envidioso y codicioso por naturaleza (189) pero Calila no lo es, y ambos son lobos cervales. En

relación con las naturas y el consejo cabe señalar que, aunque los consejos no se sigan, decir y oír un consejo es vislumbrar una naturaleza distinta de la propia. Es decir, al contar una historia, los personajes-narradores ponen al oyente en el lugar de otro8. Por un momento (el tiempo de la narración, el tiempo que tarda contar el cuento) los personajes-narradores le dan al

oyente la posibilidad de ser otro. Se podría decir, con base en esto, que el efecto del consejo en el libro no está relacionado con la persuación: con el consejo ––y el ejemplo–– no se convence

al oyente de actuar. Más bien, este efecto está relacionado con el poder que tiene el personaje-narrador de poner al oyente en el lugar del otro, así sea solamente por el tiempo que dura la narración. Los personajes-narradores, entonces, no se ponen en el lugar del otro, sino que

ponen a alguien más en ese lugar. Según esto, los personajes-narradores tienen el poder de otorgar otra natura ––algo que solo puede hacer Dios–– a los oyentes9, pero, como los

personajes no son Dios, ese poder es de corta duración. Ahora, habría que pensar que los oyentes no solo vislumbrarían otra naturaleza, sino que con ello se podrían dar cuenta de que toda la creación ––hombres, animales, plantas, y hasta piedras preciosas, como indica el

Lapidario–– está relacionada entre sí, como están relacionados en una cadena infinita todos los lectores de los libros de relatos enmarcados. Por esta razón, con el consejo ––y el ejemplo––

tanto los personajes-narradores como los personajes-oyentes podrán descubrir que no son ajenos al resto de la creación y que podrían ser, como en los cuentos, otra cosa distinta de sí mismos: pueden ser ratones aunque sean lobos, o leones aunque sean humanos, o mujeres                                                                                                                          

7  Aquellos que deben dar un consejo lealmente son los amigos, los parientes y los privados en el caso del rey

(189).  

8  Alguien tan distinto que a veces ni siquiera es de la misma especie. El filósofo, por ejemplo, pone al rey en el

lugar de los animales, de las mujeres, de los ancianos, de los ladrones, etc.  

9  En el prólogo del libro del caballero Zifar, el autor del libro reflexiona acerca de la diferencia entre el buen seso natural en contraposición con la ciencia que se puede aprender. Dios es el único que puede otorgar el buen seso natural: “Ca entre todos los bienes que Dios quiso dar al ome e entre todas las otras ciencias que aprende, la candela que a todas estas alunbra seso natural es” (57). Dios es, sin más, quien otorga la natura de todas las especies y todos los individuos. Ante esto, se dice en el Calila e Dimna: “Et el mejor andante omne de este mundo et del otro es aquel a quien Dios quiere facer merced en le dar seso et acuerdo et saber” (333).

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aunque sean reyes. Y al mismo tiempo que son eso, pueden ser ellos mismos. Es, sin más, un descubrimiento acerca del microcosmos: la creación está contenida ––y repetida–– en cada

hombre (Sanín 32).

La segunda razón por la que quien oye el consejo no lo sigue está relacionada con el carácter ineludible de la Divina Providencia. En el Calila e Dimna, como en otros libros de relatos enmarcados y de acuerdo con las creencias de los medievales, se dice que lo prescrito

por Dios es inevitable10. Por eso, a pesar del consejo, si al oyente le debe pasar algo ––si Dimna debe morir por haber traicionado al rey león con sus malos consejos––, no hay ningún

consejo ––ni cuento–– que pueda evitar que le pase.

La tercera razón es que no hay un solo consejo, sino infinitos (tantos como hombres y cuentos) para una misma situación. En varios de los cuentos del libro, el rey de un grupo de

animales o de un grupo de hombres les pide consejo a varios consejeros y escoge, entre los consejos que le dan, el que cree que es el más conveniente. Casi siempre escoge un mal

consejo (como el rey león al escoger el mal consejo de Dimna). Por ejemplo, en el cuento “De los cuervos et de los búos”, el rey de los cuervos les pide a cinco consejeros su consejo en relación con la enemistad que tienen los cuervos con los búos: “Et avía en estos cuervos cinco

dellos a que todos los otros cuervos conoscían mejoría en concejo, et por quien se guiavan et con quien se acorrían en sus cuitas, et con quien el rey se consejava, et por cuyo consejo fazían

lo que avían de fazer” (225). El quinto consejero del rey de los cuervos narra, a su vez, un cuento en el que el rey de las liebres les pide consejo a varias liebres, y escoge el que considera el más conveniente. Ante esto resulta interesante pensar cómo ninguno de los consejeros ––ni

siquiera aquel que pide el consejo–– puede saber, realmente, cuál es el mejor consejo o qué puede ser lo más adecuado en cada situación, ya que todos desconocen el futuro. No obstante,

los cuentos sirven para intentar saber qué puede pasar en el futuro si se sigue determinada                                                                                                                          

10  En Las Mil y una noches, un texto de la tradición de libros de relatos enmarcados, se citan estos versos:

“Hemos andado los pasos que nos estaban prescritos pues a quien se le ha prescrito que ande, anda./A quien le está prescrito morir en un lugar, no morirá en ningún sitio como no sea ése” (79).    

(18)

actuación, es decir, para adelantarse en el tiempo. Además, el consejo y el ejemplo sirven para indicar que a una persona o a varias (infinitas, como he señalado) ya les pasó, en un tiempo

anterior, lo mismo que a los personajes-oyentes. Lo anterior podría indicar, también, que la vida de los hombres ––y de toda la creación–– se repite en el tiempo: la vida de los personajes-oyentes no es novedosa. Esto podría ser decepcionante, pues la vida de cada hombre sería la repetición de la vida de un hombre o de todos los hombres de otro tiempo. En este sentido, no

actuar de acuerdo con el consejo (es decir, de la misma manera como ya han actuado otros) es para los personajes-oyentes demostrar (aunque no sepan que lo hacen) que se actuará de una

manera propia en un hecho que ha sido el mismo para muchos ––infinitos–– hombres. Puede ser que la manera “propia” de actuar no exista ––tal vez, alguien distinto de los personajes de los cuentos ya ha actuado como los personajes-oyentes––, pero es propia en tanto que no es

exactamente la misma que se cuenta en la narración.

Finalmente, la cuarta razón por la que quien oye el consejo no lo sigue es la que

propone y explica Weisl-Shaw en su análisis sobre la comedia y el didacticismo en el Calila e Dimna y el Sendebar. La autora señala que hay algunos cuentos que son muy efectivos, como los que narra Dimna para aconsejar al rey de matar a su amigo (737) y que, por eso, aunque no

lo parezca, los cuentos fallan en su interés de persuadir no porque no convenzan, sino porque convencen mucho: “El efecto de los exempla es inmenso (…) pero de corta duración (cada

nueva historia es suficiente para persuadir al león de que haga lo contrario). Los exempla no son inefectivos, como uno podría asumir, sino muy efectivos. El poder de convencimiento de cada cuento es tan grande e instantáneo que ningún cuento puede pesar más que otro”11 (737).

La propuesta de Weisl-Shaw no niega la utilidad de los cuentos ––en relación con su interés de persuadir–– sino que la presenta como mucha y de corta duración. Lo anterior es ejemplificado

por la autora en el cuento del buey, el león y el lobo cerval: el león se convence de hacer algo por la intervención de su madre o del leopardo, pero luego decide hacer lo contrario por la                                                                                                                          

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intervención de Dimna12. Sin embargo, en la propuesta de la autora no queda claro por qué el efecto de los cuentos es mucho si no lleva a los personajes a actuar. Parece que Weisl-Shaw

quisiera señalar que el efecto es mucho en tanto que crea una intención de actuar en el personaje-oyente. Según esta propuesta, los personajes-oyentes no actúan de acuerdo con el consejo ––y el ejemplo–– porque no tienen tiempo para hacerlo pues, aunque se convenzan de actuar como los personajes de los cuentos que les narran, el final de un consejo ––y un

cuento–– es el principio de otro13.

Ahora, es necesario mencionar que aunque los personajes (narradores y oyentes)

reconozcan la inutilidad del consejo esto no quiere decir que los personajes dejen de dar y recibir consejos (el mayor ejemplo de esto es el libro del Calila e Dimna: una recopilación infinita de consejos inútiles para el actuar del oyente). De hecho, los personajes dan y reciben

consejos después de terminado el libro (Ibn Al-Muqaffa aconseja a los lectores después de haber leído el Calila e Dimna, por ejemplo). El hombre, a pesar de que reconoce su mortalidad,

realiza acciones diariamente porque sabe, como se indica en el libro, que hay una vida después de la muerte: “Et el omne bueno non han deste mundo ninguna cosa nin ningund poder nin ningund amigo, sinon las buenas obras et non más. Et el omne entendido debe demandar la

cosa que ha de turar, et el que le torne en pro del otro mundo, et que le desprecie todo lo ál”

                                                                                                                         

12  La autora también ejemplifica este hecho en el Sendebar, otro libro de relatos enmarcados. En este texto los

consejeros del rey y una de las mujeres de su harén cuentan historias para aconsejar al rey durante siete días. Los consejeros quieren que el rey mate a la mujer, mientras ella quiere que el rey mate a su hijo, el príncipe. A cada relato de un consejero, le sigue un relato de la mujer. El rey, después de terminada cada narración, se convence de una cosa, pero la narración que sigue lo convence de lo contrario.    

13  Para completar este análisis de las razones por las cuales los personajes-oyentes no actúan de acuerdo con el

consejo, quiero mencionar, brevemente, la situación del personaje-rey, pues es un personaje-oyente en tanto que recibe los consejos del filófofo, y la del lector, que se convierte en el oyente de todos los consejos del libro (del traductor, del filósofo, y de los personajes-narradores). Por una parte, el rey acumula conocimiento a través de los consejos que le da el filósofo, pero no lo pone en práctica porque no se presenta ninguna situación en la que lo pueda usar. El único acto que realizan los personajes del marco del Calila e Dimna es dialogar (más adelante señalaré la particularidad del acto en este libro en relación con otros de la misma tradición). Por otra parte, el lector (que podemos reconocer no solo en nosotros sino en el testimonio del traductor, que antes de ser traductor es lector del libro) tampoco actúa de acuerdo con los consejos del libro, y si lo hace no lo podemos saber. Los traductores manifiestan, en el testimonio que escriben en el prólogo, que han usado el saber del libro en su vida páctica, pero el lector no puede saber si esto es cierto o no, pues no le es posible ver el actuar del traductor ––por ejemplo–– sino que solo puede saber que el lector/traductor reconoce que ha aprendido de los consejos del libro ––y los ha puesto en práctica––.  

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(234). Esta creencia en el otro mundo es la que le sirve al hombre para vivir (y no solo para vivir sino para vivir bien, es decir, vivir haciendo buenas obras) pues hay que trabajar no solo

para este mundo, sino para el otro. Igualmente, parece que los personajes-narradores del Calila e Dimna dan consejos por un reconocimiento futuro: el reconocimiento de haber dicho un buen consejo ––y contado un buen cuento–– a pesar de que el oyente no actúe de acuerdo con lo que en él se dice. Sin embargo, este reconocimiento futuro no es un reconocimiento de quienes

reciben el consejo sino de quienes lo dan. Ante esto cabe pensar cómo las buenas obras sí son un reconocimiento de los otros en tanto que se espera alcanzar la inmortalidad a través de la

fama que se deje en este mundo y, también, en tanto que es Dios quien puede recompensar al hombre por sus buenas obras en el mundo después de la muerte. En últimas, parece que en relación con el buen consejo no importa tanto el reconocimiento de los demás como el

reconocimiento propio. En el diálogo con Calila, Dimna reconoce haber fallado por no haber seguido el buen consejo de su hermano: “Nunca cesaste de dezir verdat et mandarla fazer, mas

yo non escuchava nin creía tu consejo por la gran enbidia et la cobdicia que avía en aver dignidat” (189). Y después de este reconocimiento, Calila dice: “Ya he pensado he en tu fazienda, et bien dizes verdad en lo que dizes, et yo te consejé lealmente” (189). Entonces, lo

que queda después del buen consejo no es la satisfacción de haber persuadido al oyente de actuar, sino la satisfacción y el reconocimiento propio por haber aconsejado lealmente. Cabe

señalar que el reconocimiento propio solo puede existir cuando otro (casi siempre el personaje-oyente) ha reconocido, antes, que el personaje-narrador ha dado un buen consejo y ha contado un buen cuento: Calila reconocer haber sido un buen consejero después de que Dimna se lo ha

dicho.

En relación con lo anterior, otra de las razones por las que los personajes del libro

(narradores y oyentes) dan y reciben consejos es, justamente, el reconocimiento de la mortalidad del hombre. Sin cuentos (y, por tanto, sin la posibilidad de vislumbrar otra naturaleza), la vida es una línea recta que lleva al hombre hacia la muerte. En cambio, con los

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consejos ––y cuentos–– la vida se prolonga horizontalmente pues se llena de historias de otras personas ––o animales–– distintas de uno mismo. Con cada historia, se vive en la historia de

otro, y así hasta el infinito14. De esta manera, el hombre que da y recibe consejos ––y ejemplos–– vive en la historia de otros y, con todas esas otras vidas, puede prolongar su existencia: “El libro es uno de los lugares en los que el hombre puede perdurar; el otro está contenido y descrito en el interior del mismo libro, y es el corazón del semejante” (Sanín 54).

Por último, quiero mencionar la posibilidad de que se digan consejos ––y cuentos–– solo para mantener un diálogo, es decir, para que alguien oiga a otro contar una historia, así no

actúe como la historia lo indica. Los personajes del Calila e Dimna quieren, ante todo, establecer una conversación a través de la narración de cuentos: quieren contar todos los cuentos que se saben y han oído anteriormente.

2. Vivir en el acto de narrar: la ampliación de un concepto

Hijos, no amemos de palabra y con la boca, sino con obras y de verdad. Así conoceremos que procedemos de la verdad y tendremos ante él la conciencia tranquila.

Primera carta de Juan (3: 18-19)

En el Calila e Dimna se insiste, desde el prólogo de Ibn Al-Muqaffa, en que el sentido de las palabras no se completa sino con las obras, y las obras son entendidas como actos: “Et

aquel que se trabajara de demandar el saber perfetamente, leyendo los libros estudiosamente si non se trabajase en fazer derecho et seguir la verdat, non avrá del fruto que cogiere sinon el

trabajo et el lazerío” (91). El acto remite, desde su etimología en latín actus, a acciones. Es, entonces, una necesidad de que las palabras ––del libro y de los cuentos que contiene el libro–– se traduzcan en acciones para la vida práctica, y que con esto exista una continuidad entre

literatura y vida. Al respecto, Cacho Blecua y Lacarra escriben en su introducción al libro: “Una vez adquirido el saber, es decir, entendido y asimilado el contenido del libro que prologa,

no concluye aquí el camino del lector hasta llegar a ser llamado sabio, ya que el término

                                                                                                                         

14  Esta propuesta fue dicha por la profesora Carolina Sanín en su clase Alrededor de Las mil y una noches. La

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implica siempre una vertiente práctica. No podrá recibir tal apelativo quien no utilice su saber” (23). No obstante, como señalé en el primer capítulo, a pesar de que se presenta esta necesidad,

se presenta también una imposibilidad de actuar de acuerdo con lo que se dice en los cuentos. Por esta razón, es necesario pensar ––pues tanto la etimología de la palabra como el Calila e Dimna lo sugieren–– que el concepto de acto no solo remite a la realización de acciones en la vida práctica sino también ––y sobre todo en el libro–– a la realización de una acción

específica: la acción oratoria15. En este sentido, decir un consejo ––y narrar un cuento–– serían también un acto, que llamaremos el acto de narrar o la acción oratoria. Con esto se podría

pensar que el sentido de las palabras no se completa al seguir los actos que se aconsejan en los cuentos, sino al narrarlos, es decir, al contar historias. Y, entonces, usar el saber no es traducir las palabras en acciones, sino repetir un consejo ––y un cuento–– a través del tiempo: usar el

saber sería equivalente a conocer en qué momento un consejo que se ha oído puede ser útil para el oyente, y será útil cuando, después de oído, el oyente pueda grabar el consejo en su

memoria y lo pueda repetir cuando otro oyente ––que ya no es él, pues en este momento se habrá convertido en personaje-narrador–– lo pida, o lo necesite. Calila, por ejemplo, no sigue el consejo que se ejemplifica con el cuento que ha oído de la historia del hombre y del ave16

acerca de la inutilidad de dar consejos, pues le sigue dando consejos a Dimna. El saber de Calila no consiste en traducir las palabras del cuento en una acción para su vida práctica, sino

en repetirle a Dimna el cuento que ha oído.

Cuando se habla acerca de las obras ––o los actos–– en el libro, se habla también acerca de las palabras, y viceversa. Las palabras tienen dos funciones que son contradictorias: pueden

descubrir y engañar, pues se pueden decir con ellas tanto verdades como mentiras. Por ello, el hombre sabio y enviso no debe creer todas las palabras que oye y, en cambio, debe perseguir

                                                                                                                         

15 El significado de la palabra actus incluye las dos acepciones que mencioné: por una parte, el acto es la

realización de una cosa o una acción en la vida práctica, y, por otra parte, el acto es definido como una acción oratoria. Este significado fue sacado del diccionario de latín que aparece en las obras citadas.  

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las mentiras: “Et los omnes entendidos deven perseguir las mentiras et falsedades, et perseguir los mezcladores et escodrinar tales cosas” (178). Los personajes-narradores intentan con sus

consejos que los personajes-oyentes aprendan, con la función doble de las palabras, a distinguir la mentira de la verdad, pues con las palabras el enemigo puede engañar, como lo hizo Dimna con el rey león y el buey Sençeba. El enemigo es quien engaña por medio de las palabras pero es también quien se deja engañar por las palabras del enemigo; quien no sabe distinguir la

mentira de la verdad: “Et quien se dexa de guardar et se engaña por palabra de su enemigo mayor enemigo es de sí mesmo que non su enemigo” (277). Sin embargo, este aprendizaje, que

implica descubrir aquello que las palabras encubren, parece imposible, como el aprendizaje de actuar de acuerdo con lo que se dice en los cuentos, ya que las palabras, por ser bien dichas, pueden engañar: Dimna, al ser un buen contador de historias, pudo engañar tanto al león como

al buey. Hay, entonces, una distancia entre las palabras y los actos pues como le dice la madre del león a Dimna: “Grant maravilla es de cómo fablas et das enxemplos a lengua suelta, et

respondes a lo que te fablan aviendo hecho traición, maldad y engaño” (186). Debido a esta función doble de las palabras, los actos cobran importancia en el libro. Como descubrió Berzebuey en su viaje a la India, el hombre debe trabajar por la vida en el otro siglo (104), y la

manera como puede trabajar en esto es haciendo buenas obras, pues estas son lo único que se lleva el hombre: “Et el omne bueno non ha deste mundo ninguna cosa nin ningund poder nin

ningund amigo, sino las buenas obras et non más” (234). Con las buenas obras, el hombre no solo vivirá bien en el otro siglo sino que también dejará recuerdo de sí en esta vida: “El sabio alcanza una vida eterna, la de la fama, al dejar recuerdo de sí, oral o escrito, tras haber

concluido su vida terrenal” (Cacho Blecua y Lacarra, 26). La fama del hombre es aquella que se transmite por medio de las palabras: las palabras hablan de las obras ––o los actos–– que se

hicieron durante la vida terrenal. Entonces, las buenas obras son lo que se deja en este mundo a través de las palabras, y también son lo único que se lleva el hombre para el otro siglo.

(24)

Con respecto a lo anterior, cabe pensar en lo que ocurre si no hay actos distintos de narrar. Como he mencionado, el único acto que ocurre en el Calila e Dimna ––y que está

presente desde el prólogo de la colección, pues tanto Berzebuey como Ibn Al-Muqaffa se dirigen al lector–– es el diálogo: la acción oratoria, o el acto de narrar17. No hay otro acto distinto del diálogo en el marco del libro, y solamente cuando el filósofo le da consejos al rey, a través de la narración de historias, aparecen otros actos: los que realizan los personajes de los

cuentos. No obstante, estos actos están contenidos en el diálogo, es decir, están dentro de los cuentos. Además, estos otros actos también son, en muchas ocasiones, diálogos: los diálogos

contienen otros diálogos, los cuentos contienen otros cuentos y los consejos contienen otros consejos, y así hasta el infinito, como ya he señalado. Dentro de la palabra están, entonces, los actos que son, muchas veces, palabras (como indiqué en la página 13 de este texto, con el

ejemplo del cuento “De los cuervos et de los búos” es posible observar cómo un cuento sobre un rey que pide consejos, contiene el cuento de otro rey que también lo hace). De acuerdo con

lo que señalé anteriormente, tanto la vida del otro siglo como la fama que se tenga en este mundo dependerán de los actos que se hayan hecho: los actos tienen consecuencias en este mundo y en el otro. En este sentido, el hecho de que en el Calila e Dimna no haya actos sino

palabras, podría suponer que no solo se eliminen los actos sino que con ellos se eliminen sus

                                                                                                                         

17  A diferencia de otros libros de relatos enmarcados, el diálogo es el único acto que está presente en el libro, que,

además, une a toda la cadena de personajes: Ibn Al-Muqaffa y Berzebuey dialogan en sus prólogos con el lector, el rey dialoga con el filósofo ––y es este diálogo el que permite la existencia del libro––, y, por último, los personajes de los cuentos que narra el filósofo para el rey también dialogan entre ellos. El diálogo es infinito. En el Sendebar y en Las mil y una noches, otros libros de relatos enmarcados, hay no solo un diálogo sino otros actos desde el marco de las colecciones. En el marco del Sendebar hay una mujer y unos consejeros que dialogan para que el rey tome la decisión de matar a su hijo (como lo quiere la mujer), o a la mujer (como lo quieren los consejeros). Por su parte, en Las mil y una noches, Sharazad dialoga con el rey y le cuenta historias cada noche para que no la mate. Durante el día, el rey realiza otros actos: tomar decisiones, juzgar a los acusados, repartir bienes, etc. En el Conde Lucanor, libro de relatos enmarcados escrito por Don Juan Manuel, también tiene lugar, como en el Calila e Dimna, un único acto: el diálogo entre el Conde Lucanor y su consejero Patronio. Sin embargo, este diálogo se diferencia del diálogo del Calila e Dimna debido a que las situaciones por las que pregunta el Conde Lucanor a su consejero son situaciones que le están pasando: quiere consejos que le indiquen cómo debe actuar en su momento presente, mientras que las situaciones por las que pregunta el rey del Calila e Dimna son futuras e imaginarias y no revelan, como señalan Cacho Blecua y Lacarra, preocupaciones concretas, sino planteamientos generales (32). Hay, entonces, una particularidad en el acto del Calila e Dimna en relación con otros libros de la misma tradición.  

(25)

consecuencias. Sin embargo, como he insistido, la palabra también es un acto, y por eso debe de tener consecuencias semejantes a las de los actos de la vida práctica.

El consejo ––y el ejemplo–– como un acto de purificación

Con el consejo ––y el ejemplo––, como mencioné en el primer capítulo, los personajes pueden vislumbrar otra naturaleza y, con ello, pueden vivir otra vida o, más bien, imaginar que la viven: los personajes pueden imaginar que actúan como los personajes de los cuentos, es decir,

pueden hacer otros actos distintos de narrar, pero solo dentro de las historias. Según esto, decir un consejo supone vivir las consecuencias de los actos de los personajes de los cuentos, sin

necesidad de realizar otros actos distintos de narrar. Lo anterior implica que los personajes pueden no solo vivir la vida a través de los otros, sino también vivir los actos sin que los hagan o, en otras palabras, vivir los actos cuando los dicen. La palabra y el acto son, de acuerdo con

este planteamiento, uno solo. Entonces, los personajes pueden vivir otras vidas, o, podría decir, pueden vivir todas las vidas en esta: todos los actos que no se hacen en esta vida ––pues los

personajes no pueden actuar de acuerdo con lo que se dice en los cuentos–– o todos los actos que aún no se han hecho pero se podrían hacer ––ya que el consejo supone imaginar lo que se haría en determinada situación–– se pueden vivir por medio de la palabra18. En últimas, decir

consejos ––y contar cuentos–– es un acto que les permite a los personajes-narradores vivir no solo el acto sino también sus consecuencias. Como mencioné en el primer capítulo, la mayoría

de los ejemplos que se narran en el libro son negativos, pues muestran las consecuencias negativas de los actos que realizan los personajes de los cuentos. Según esto, el proceso de vivir los actos a través de la palabra ––sin que se realicen–– podría ser equivalente a una

purificación en tanto que se limpian las consecuencias negativas de los actos que hacen los personajes de los cuentos. Dar consejos ––y contar cuentos–– equivaldría a limpiar y, en este

sentido, se convertiría en una buena obra: los personajes-narradores hacen una buena obra                                                                                                                          

18  Como se puede observar, estoy entendiendo el concepto de vivir no como llevar a cabo acciones en la vida práctica sino como vivir a través de los cuentos, es decir, en la palabra. Con la posibilidad de ser otro, los personajes pueden vivir otra vida en los cuentos: es una vida en la literatura. La vida sería la literatura.    

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porque no solo se limpian a sí mismos con la narración, sino que limpian, aunque ellos no lo sepan, a los personajes-oyentes, pues cuando les dan un consejo los ponen en el lugar del otro.

El consejo es, por ello, una obra dos veces buena. Ahora, se podría pensar que la limpieza que viven los personajes es inútil porque no limpian las consecuencias negativas de sus propios actos, sino de actos que no han hecho. No obstante, como los consejos ––y los cuentos–– narran, sobre todo, situaciones futuras, puede que con la narración se limpien, desde antes, las

consecuencias de todos los actos que se harán. En este sentido, aunque Dimna tuvo que sufrir las consecuencias de sus malos actos ––pues fue condenado a muerte–– de acuerdo con lo que

he planteado, Dimna pudo, también, purificar sus actos al sufrir las consecuencias de los actos de otros, similares a él, dentro de las historias que le contó Calila. Por eso, tal vez, Dimna nunca acepta su culpabilidad ––pues cree que ya pagó las consecuencias de sus actos–– y

puede seguir hablando bien a pesar de sus malas obras: “Et tovieron a Digna en la cárcel siete días, et cada día le demandavan et non le rescebían ninguna escusación de su pecado. Et nunca

lo pudieron vencer nin fazer que manifestase” (200). Así, Dimna, a pesar de su traición, se pudo haber llevado una buena obra al otro siglo: la de haber reconocido su culpa y haber sufrido las consecuencias de sus actos en los cuentos que Calila le narró.

En relación con este proceso de purificación, quiero citar una idea de Patanjali, maestro de yoga, en sus Yoga Sutras, y el comentario que hace de esta idea B.K.S Iyengar, fundador del

yoga Iyengar. Cito estas ideas teniendo en cuenta el origen indio del Calila e Dimna19 ya que los plantamientos de estos autores podrían aportar al análisis en tanto que indagan acerca de las consecuencias de los actos. Dice Patanjali en los Yoga Sutras: “Las impresiones acumuladas en                                                                                                                          

19  En el Calila e Dimna se insiste, como he dicho, en que de las obras que se hagan en este mundo depende la vida en el otro siglo. Este planteamiento también se encuentra en el Panchatantra, en el que se mencionan la necesidad de las buenas obras para las vidas futuras y el efecto de las obras pasadas en la vida presente. Al respecto, es importante tener en cuenta que en el Panchatantra, de acuerdo con las creencias de la India, estaba presente una creencia en la reencarnación “372. Las criaturas que llevan a cabo buenas acciones  obtienen siempre en el mundo el fruto maduro de sus propios actos. El bien o el mal que nos ha de venir por haberlo ganado voluntariamente en anterior existencia, ocurre. En esto no hay motivo de duda” (Libro I, cuento X). Por su parte, en el Calila e Dimna no hay una creencia explícita en la reencarnación sino una creencia general en una vida después de la muerte. A pesar de esta diferencia, en los dos libros se señala la importancia de las obras (o los actos) para el futuro, pues cada obra tiene consecuencias.

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vidas pasadas, enraizadas en las aflicciones, serán experimentadas en las vidas presentes y futuras” (II, 12). Al respecto comenta B.K.S Iyengar:

Las acciones pasadas son las semillas de la aflicción, que a su vez producen otras acciones, que precisan de más vidas o reencarnaciones. Eso se conoce como karma, o ley universal de causa y efecto (…) Según la ley del karma, todas las condiciones de la naturaleza de nuestro nacimiento y vida son el resultado de nuestras acciones pasadas, y

son responsables de las experiencias, agradables o no, que encontramos en la vida. Los frutos de las acciones acumuladas en esa vida se llaman samskaras, que se convierten

en marcas o impresiones residuales. Los frutos de acciones cometidas en todas las vidas previas se denominan vasanas (186).

Para estos dos autores, los actos producen consecuencias (en sus términos, producen

samskaras o vasanas). Patanjali plantea en sus Yoga Sutras la necesidad de limpiar esos frutos de las acciones acumuladas a través de prácticas como el yoga, la meditación y la

contemplación. Sin embargo, insiste en que a través de ese proceso se limpian las impresiones sin que conscientemente los practicantes sepan que están pasando por un proceso de purificación. Es decir, por sí solas, este tipo de prácticas traen como resultado la limpieza de

los samskaras o vasanas. El consejo y el ejemplo podrían ser equivalentes a este tipo de prácticas ya que no solo se convierten en un proceso de purificación sino que por sí solos

conducen a este resultado, a pesar de que ni los narradores, ni los personajes-oyentes sean conscientes de ello.

Quiero señalar, entonces, cómo a pesar de lo que he mencionado que se dice de la

función doble de las palabras (de descubrir o engañar), el hecho de que la narración se convierta en un proceso de purificación supone que el acto de narrar tenga una función que está

por encima de la función de la palabra como agente de mentiras o verdades. De acuerdo con esto, lo que importa no es si la palabra es mentira o verdad (si el consejo es bueno o malo, o si los cuentos son ficción o realidad), sino que a través de la narración los personajes puedan vivir

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un proceso de limpieza. Al respecto, no sería descabellado pensar que la repetición de los consejos ––y cuentos–– en el tiempo podría ser similar a la repetición de un mantra (más aún

cuando se recuerda que el origen del libro está en la India con narraciones escritas en sánscrito: la lengua de los mantras20), por eso, a pesar de la traducción, el efecto del consejo debe de ser similar a la repetición que estas palabras tenían en su lengua original.

El acto de narrar y su relación con los demás actos

Ya señalé cómo dentro de los cuentos están contenidos los demás actos. Ahora, analizaré la manera como el consejo y el ejemplo, además de contener, también reemplazan, aplazan y se

adelantan a los actos, pues esto tiene relación con la particularidad del acto en el Calila e Dimna. En primer lugar, el acto de narrar reemplaza las acciones que deberían estar ocurriendo. En medio del juicio en su contra, Dimna dice: “¿Por qué estades todos tartaleando?

Diga cada uno de vos lo que sabe, et si yo malfechor fuese, plazerme ía que callásedes. Pues sé que soy salvo et sin culpa, pues dezid lo que sabedes, que sabed que cada razón ha su

respuesta; et el que dize lo que non vio nin sabe razón es que le contezca lo que le conteció al físico necio”. El alcalde y el león pardo responden a estas palabras: “¿Cómmo fue eso?” (192). En vez de que ocurra lo que Dimna anuncia (que cada testigo diga lo que sabe de él), se narra

un cuento. En este sentido, el acto de narrar reemplaza todos los demás actos que podrían ocurrir. Sin embargo, esto no supone que la narración se detenga sino que, por el contrario, la

permanencia del diálogo ––desde el inicio del libro–– permite que la narración continúe: “Son los personajes quienes hablando o relatando historias conducen la marcha de la narración” (Cacho Blecua y Lacarra 37).

En las palabras de Dimna es posible observar, también, la manera como el acto de narrar aplaza la acción. En vez de que ocurra la sentencia en contra de Dimna, con cada nuevo

                                                                                                                         

20  El Panchatantra contiene no solo textos escritos en prosa sino también textos escritos en verso. El tipo de

verso que contiene este libro se denomina sloka. Los mantras son slokas repetidas, es decir, están compuestos por el mismo tipo de verso que contiene el Panchatantra, pero la diferencia radica en que en el mantra se repite una sloka varias veces.  

Referencias

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