LOS VAMPIROS DE PERÚ
Por Magus [email protected]Dedicado a Axel Dovidjenko y Felipe Benavides
El siguiente suplemento está ambientado en torno al año 1999, durante el gobierno del presidente Alberto Fujimori.
INTRODUCCIÓN
El Perú (en quechua y aymará: Piruw) es un país de paisajes diversos, en los que destacan los valles y altas cumbres de la cordillera de los Andes, que separan la costa desértica del oeste de la floreciente selva amazónica al este. Su nombre deriva de “Birú”, un gobernante del actual territorio de Panamá, cuyo nombre sirvió a los españoles para designar las tierras al sur.
Hace miles de años en el territorio de Perú surgieron sucesivas civilizaciones andinas, que alcanzaron su mayor esplendor en el siglo XV, con la formación del Imperio Inca o Tahuantinsuyo, que sería conquistado por los españoles en el siglo XVI y se convertiría en el centro de uno de los virreinatos más prósperos del Imperio español, alcanzando su independencia en las primeras décadas del siglo XIX. Desde entonces su historia ha estado marcada por sucesivos períodos de alternancia entre gobiernos democráticos y dictaduras militares hasta llegar a las Noches Finales, con un gobierno enfrentado al poder de la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso.
A partir del mestizaje de la civilización andina y la cultura española, y los aportes posteriores de las sucesivas oleadas de emigrantes de todo el mundo, se ha configurado la actual República del Perú, un país de profundas desigualdades y contrastes, al igual que sus vampiros.
Desde la época colonial el virreinato de Perú se convirtió en una de las fortalezas del Sabbat en América, y los Cainitas peruanos se paseaban orgullosos en la noche, tomando sangre indígena y española sin distinción. Sin embargo, la arrogancia de los líderes de la Espada de Caín creó una división que terminaría estallando con la Primera Guerra Civil del Sabbat. Los orgullosos dominios de los Cainitas se derrumbaron en medio de las batallas que libraban los mortales y los propios no muertos lucharon entre ellos durante décadas, consumiendo lo que habían construido durante siglos en un salvaje frenesí que dejó al Sabbat peruano en ruinas.
Otras facciones sobrenaturales, que durante mucho tiempo habían mantenido una presencia discreta procurando evitar la atención de los vampiros, aprovecharon la oportunidad y se lanzaron sobre las humeantes ruinas del Sabbat. Muchos Cainitas resultaron destruidos y se vieron obligados a abandonar las zonas rurales, hacinándose en las grandes ciudades.
A grandes rasgos, Perú continúa bajo la influencia del Sabbat en las Noches Finales, aunque ha dejado de ser un dominio importante para el conjunto de la secta, y es considerado una tierra peligrosa, por lo que los Cainitas peruanos son supervivientes natos o carecen de otra alternativa de poder. La secta controla unos pocos dominios urbanos de forma más o menos estable, pero en los últimos tiempos la aparición de un enemigo ancestral, que parece buscar venganza desde hace siglos, ha obligado a retroceder a los Cainitas de sus posiciones, apoderándose de varias ciudades, y avanzando de forma lenta pero progresiva hacia la capital, Lima. Las manadas de la Espada de Caín luchan confusas y a la defensiva, sin saber muy bien cuál será el resultado final.
Los antiguos Cainitas se encuentran horrorizados ante la aparición de algo que a quienes sobrevivieron a las primeras noches de la colonización les resulta horriblemente familiar. Perú ha vuelto a convertirse en un enorme campo de batalla, mientras no dejan de surgir rumores sobre el despertar de antiguos Matusalenes incas sedientos de sangre y venganza que pueden matar con una sola mirada. Otros rumores aseguran que desde las profundidades de la selva amazónica bestias salvajes y desconocidas se están reuniendo para tomarse también su parte de venganza sobre los no muertos.
IDIOMAS
El idioma español es el principal lenguaje del Perú, hablado en el país desde el siglo XVI, y actualmente es conocido por un 80 % de la población en cuatro grandes variedades: español andino, limeño, neolimeño y amazónico.
Aparte del español en el Perú se hablan numerosas lenguas indígenas, siendo las más importantes las lenguas quechuas (13% de la población) y el aymará (2 %), junto con otras lenguas indígenas de ámbito más reducido.
Debido a las consecuencias de la emigración a lo largo de los siglos, en Perú se encuentran también algunas pequeñas comunidades entre las que se encuentran extendidos otros idiomas, especialmente el japonés, el cantonés, el alemán, y en menor medida el árabe y el indostaní.
EL SABBAT
Durante siglos Perú ha sido uno de los bastiones de la Espada de Caín en América, siendo la secta más influyente y poderosa. Sin embargo, desde la independencia del país la fortaleza del Sabbat ha sido progresivamente debilitada por las guerras civiles y enfrentamientos entre los Cainitas peruanos, a menudo avivados por odios latentes, intereses personales y en ocasiones interferencias exteriores.
Durante la época colonial varios poderosos vampiros de los clanes Lasombra y Toreador dominaron las noches del Perú, creando una élite arrogante que se distanció progresivamente de los niveles más bajos de la secta, ocupados principalmente por Brujah, Gangrel, Nosferatu y Tzimisce. El estallido de la Primera Guerra Civil del Sabbat a finales del siglo XVIII provocó la caída de la antigua élite de los Cainitas peruanos, muchos de los cuales fueron destruidos o huyeron a dominios más prometedores. Esta guerra civil, aunque oficialmente terminó con el Pacto de la Compra en 1803 en Sudamérica, todavía se prolongaría algunas décadas, confundiéndose con las guerras de independencia.
Cuando los conflictos internos terminaron los Cainitas peruanos comenzaron la difícil labor de reconstrucción. Sufrieron algunos ataques tentativos de la Camarilla, pero sufrieron especialmente debido al ataque de las bestias cambiantes autóctonas de Perú, que consiguieron expulsar a los vampiros del Sabbat de la mayor parte de los dominios rurales del país, hacia las crecientes ciudades de la costa, y especialmente Lima.
Las sucesivas guerras civiles del Sabbat se confundieron con los conflictos entre los Cainitas peruanos. Aunque un Cardenal enviado desde México consiguió estabilizar la situación de la secta a principios del siglo XIX, unas décadas después de su marcha su obra vuelve a estar amenazada debido al ascenso de diversas facciones que aspiran al poder.
Desde finales de la década de 1970 una alianza de varias facciones surgidas del Movimiento Lealista ha gobernado lo que queda del poder del Sabbat en el Perú, una serie de Diócesis establecidas principalmente en la costa del país, y que salvo Lima, han sido ocupadas recientemente por los vampiros precolombinos y sus aliados. Los Cainitas limeños, dirigidos por su Cardenal, se encuentran confusos y asustados, batiéndose a la defensiva en espera de refuerzos exteriores o de un plan que les permita llevar nuevamente la ofensiva contra sus enemigos.
LA MANO NEGRA
Dentro de la Mano Negra Perú se encontraba bajo la influencia del Dominio de los Andes, situado en Chile desde el siglo XIX. Sin embargo, desde su desaparición, su representante permanente en Lima ha sido nombrada Dominio del Perú, encargándose de seleccionar y reclutar a varios guerreros para la subsecta. Aunque en los últimos tiempos se han formado varias manadas de la Mano Negra, en Perú sus miembros permanecen dispersos entre las manadas y cofradías del Sabbat.
Los recientes tumultos dentro de la Mano Negra y la desaparición del Dominio de los Andes han generado cierta desconfianza entre los Cainitas peruanos, pero lo cierto es que en el país la Mano Negra es la única facción que está tratando de reaccionar seriamente frente a los ataques que está sufriendo la Espada de Caín. La Dominio del Perú está formando nuevas manadas entre los Cainitas más capaces que ha podido encontrar, al mismo tiempo que está enviando consultores a distintas manadas del Sabbat para tratar de coordinar una respuesta decidida frente a sus enemigos. Sus esfuerzos están creando cierto recelo en la Espada de Caín, pero en una situación desesperada los Cainitas están dispuestos a colaborar.
Aunque diversos clanes se han unido a la Mano Negra a lo largo de los siglos, los más numerosos en Perú son Malkavian, Nosferatu y Toreador.
LA CAMARILLA
Los Vástagos de la Camarilla nunca han disfrutado de una presencia numerosa ni importante en el Perú, y aunque durante el siglo XIX la secta realizó algunas tentativas para apoderarse de algunos dominios en el país, especialmente en el puerto de El Callao, realmente su propósito era mas bien tantear las defensas de sus enemigos y no tanto un esfuerzo organizado para consolidar su presencia.
Sin embargo, la Camarilla sí consiguió asentar su presencia en la zona del Alto Perú, en el territorio de la actual Bolivia, que se ha convertido en una vecindad incómoda para los Cainitas peruanos. Aunque varias manadas han realizado esfuerzos organizados por acabar con el dominio de los Vástagos bolivianos, todos sus intentos no sólo han terminado en rotundos fracasos, sino que además han propiciado feroces represalias, que han contribuido a desestabilizar a la Espada de Caín en el Perú.
La fortaleza de la Camarilla en Bolivia se debe sobre todo a la presencia del clan Tremere, liderado por el Consejero de América Central y del Sur. Su poder mundano y místico es considerable, pero por fortuna para los Cainitas peruanos, no parece haber mostrado intenciones expansivas, dedicándose exclusivamente a otros intereses, sean cuales sean.
Sin embargo, los Brujos se encuentran más interesados por Perú de lo que parece, sobre todo a raíz de los últimos acontecimientos. A lo largo de los dos últimos siglos sus exploradores y espías, aunque no siempre con éxito, han explorado e investigado las antiguas ruinas incaicas y en algunos casos incluso han llegado a un entendimiento mutuo con los vampiros precolombinos, principalmente compartiendo información y proporcionándoles protección en las filas de la Camarilla. En secreto los Brujos incluso
han conseguido crear capillas ocultas en los departamentos del este de Perú, en Madre de Dios, Puno y Tacna.
Aparte de los Tremere, otros Vástagos colaboran con los Brujos en sus labores de investigación y espionaje, principalmente Brujah y Nosferatu, y hasta su reciente separación de la Camarilla,
Gangrel.
LOS INCAS
Los enemigos que han diezmado las filas del Sabbat recientemente son una facción que en cierto sentido comenzó a formarse con la llegada de los europeos a América. En las antiguas civilizaciones precolombinas habitaban muchos clanes y líneas de sangre autóctonos, que sufrieron las consecuencias de la conquista de sus rebaños mortales, y aprovechando su debilidad los Cainitas se abalanzaron sedientos de sangre sobre los antiguos precolombinos. Lo más imperdonable de todo es que el Sabbat adoptó y corrompió muchas de las tradiciones indígenas asumiéndolas en sus ritos y ceremonias.
Los supervivientes de la conquista europea huyeron, refugiándose en las selvas y montañas en lugares apartados. En Perú muchos se refugiaron en los Andes y en la selva amazónica, lugares donde la sangre era cada vez más escasa, lo que llevó a ciertos enfrentamientos, sobre todo al invadir territorios ajenos, pero en conjunto los vampiros precolombinos comenzaron a establecer alianzas de ayuda mutua, al principio para sobrevivir y con el tiempo pensando en la venganza a largo plazo.
Tras la independencia de los países sudamericanos en el siglo XIX los vampiros indígenas intentaron contraatacar, y en Perú, aprovechando la debilidad provocada por la Primera Guerra Civil del Sabbat, consiguieron extenderse en numerosos dominios, especialmente en el ámbito rural y en el oeste, apoderándose de Ecuador. Muchos vampiros “independientes” se asentaron en los territorios del interior y expulsaron a los Cainitas a las ciudades de la costa.
Durante el siglo XX los vampiros indígenas, conocidos colectivamente como Tlacique, comenzaron a observar y actuar conjuntamente, reclutando aliados no sólo entre las poblaciones indígenas, cuya influencia era muy reducida en las instituciones mortales, sino también entre los descendientes de los colonizadores, buscando simpatizantes dispuestos o “adoctrinándolos” cuando era necesario. También restablecieron contacto con los vampiros indígenas de otros países.
Actualmente la facción de los Tlacique cuenta con varios cientos de miembros dispersos por toda América. Aunque exteriormente muchos creen que se trata de una línea de sangre, lo cierto es que se trata de una alianza bastante laxa en la que se encuentran incluidos varios clanes y líneas de sangre autóctonas. La mayoría son vampiros Abrazados entre las poblaciones indígenas americanas, pero también mestizos y criollos que simpatizan con la causa o simplemente tratan de llevar a cabo sus propios objetivos.
En Bolivia, Ecuador y Perú los Tlacique son conocidos como los Incas, que se consideran descendientes de los nativos que crearon el mayor imperio precolombino de Sudamérica. Entre sus filas se encuentran antiguos orgullosos que recuerdan las noches anteriores a la llegada de los europeos y sólo desean gobernar este nuevo mundo y cobrarse venganza sobre los vampiros conquistadores y sus descendientes.
Los principales linajes representados en la facción de los Incas son Brujah, Gangrel,
Nosferatu, y Tlacique, junto con unos pocos indígenas Abrazados por otros clanes. La mayoría han sido
Abrazados entre las tribus indígenas de Perú, algunas ya extintas. PRINCIPALES DOMINIOS VAMPÍRICOS DE PERÚ
El Perú se encuentra dividido políticamente en 24 departamentos y una provincia constitucional, aunque las divisiones de los mortales no siempre se corresponden con los dominios vampíricos, que suelen concentrarse en la costa lejos de los territorios controlados por las bestias cambiantes, aunque existen algunas excepciones significativas, sobre todo en los territorios que poseen un significado histórico para los vampiros precolombinos.
Amazonas (Chachapoyas): El territorio de Amazonas fue abandonado por el Sabbat ya en
época colonial, ante los continuos ataques de las bestias cambiantes de la zona, que golpeaban rápidamente y desaparecían tras causar bajas entre los no muertos. Actualmente un antiguo del clan Gangrel de origen nativo y su progenie residen en la provincia de Utcubamba, pero aparte de defender su dominio de intrusos ocasionales, no han mostrado interés por extenderlo.
Ancash (Huaraz): El dominio de Ancash alojaba a una manada del Sabbat ubicada en el puerto
de Chimbote, sometida a fuertes tensiones internas hasta los últimos años, cuando los Cainitas desaparecieron y su lugar fue ocupado por una cuadrilla de vampiros precolombinos, liderados por una vampira del clan Nosferatu que se dice es una poderosa hechicera Abrazada antes de la llegada de los españoles.
Apurímac (Abancay): Desde finales del siglo XIX el dominio de Apurimac se encuentra en
manos de una banda de guerreros Gangrel y Tlacique que rinden vasallaje a los gobernantes vampíricos de Cuzco. Con la renovada presión sobre el Sabbat algunos de estos guerreros han participado en incursiones contra los Cainitas de Arequipa y Ayacucho.
Arequipa (Arequipa): Arequipa se encontraba en el ámbito vampírico bajo la autoridad de la
vecina Diócesis de Ayacucho. Actualmente los Cainitas arequipeños resisten desesperadamente los ataques de sus enemigos y algunos han huido a Lima, mientras otros buscan formas alternativas de enfrentarse a sus enemigos, recurriendo a búsquedas desesperadas.
Ayacucho (Ayacucho): Una importante Diócesis del Sabbat, Ayacucho estaba gobernada por un
Obispo del clan Lasombra, que resultó recientemente destruido por el ataque de los vampiros precolombinos. Los Cainitas supervivientes se han unido en una misma manada para protegerse y procuran evitar a sus enemigos vagando de población en población, y esperando el momento de contraatacar.
Cajamarca (Cajamarca): Cajamarca ya era un importante dominio vampírico antes de la
llegada de los españoles, pero sus habitantes no muertos fueron desplazados o destruidos tras la conquista. Apenas comenzaron las guerras de independencia los vampiros precolombinos regresaron, dejando un rastro de muerte a su paso, pero los Cainitas resistieron y los expulsaron. No tuvieron tanta suerte recientemente, cuando un traidor Cainita del clan Brujah, Abrazado entre los nativos, se unió a sus congéneres y les facilitó el acceso al dominio. Actualmente el dominio está gobernado por un antiguo Tlacique.
El Callao (Callao): El puerto de El Callao ha sido un dominio estratégico que ha sido atacado
en varias ocasiones por la Camarilla, por lo que el Obispo local, del clan Toreador, aunque dependiente de la Archidiócesis de Lima, disfrutaba de importante autonomía y poder. Sin embargo, recientemente el Obispo y los Cainitas de El Callao fueron destruidos y la cabeza del Obispo enviada a Lima con una advertencia.
Cuzco (Cuzco): La ciudad más antigua de América fue el corazón del Imperio Inca, y uno de los
principales núcleos de resistencia tras la llegada de los conquistadores españoles. Una tríada de antiguos gobernaba a los vampiros incas cuando llegaron los no muertos invasores, pero ni siquiera ellos pudieron resistir su avance. Muchos vampiros incas se retiraron a refugios ocultos en los montes de los alrededores de Cuzco, donde desde el letargo o las sombras comenzaron a preparar su regreso. Una manada de Cainitas de escaso poder se convirtieron en meros títeres de otros poderes, y fueron apartados de un plumazo cuando dejaron de ser necesarios, revelando la presencia de sus antiguos amos. Actualmente una tríada de antiguos Brujah, Nosferatu y Tlacique, que afirman ser herederos de los antiguos incas, han reclamado el poder de sus antepasados.
Huancavelica (Huancavelica): Un importante centro minero desde la época de la colonización,
Huancavelica también es el refugio de una colonia Nosferatu de origen precolombino. Tras deshacerse de la presencia del Sabbat en el siglo XIX han permanecido ocultos, siempre vigilando ante la presencia de intrusos que han sufrido desafortunados “accidentes”. En los últimos años han mostrado su poder abiertamente.
Huanuco (Huanuco): Para los vampiros Huanuco es un lugar peligroso, ya que varios
cambiaformas han reclamado el lugar como su dominio. Irónicamente, una manada de Cainitas ha conseguido sobrevivir en el lugar simplemente porque los vampiros precolombinos respetan los límites del territorio de los cambiantes. Sin embargo, los vampiros locales deben moverse con mucho cuidado para evitar atención innecesaria, pues son conscientes de que se encuentran aislados en territorio enemigo.
Ica (Ica): Otra Diócesis dependiente de Lima, el territorio está gobernado por un Obispo del
clan Tzimisce con intereses esotéricos en los hechiceros locales, con los cuales ha sufrido periódicos roces. Aunque los recientes ataques han detenido sus investigaciones, gracias a sus conocimientos sobre la magia local ha conseguido neutralizar los ataques místicos de los vampiros precolombinos utilizando sus mismas armas. Sin embargo, muchos Cainitas temen que se trate de una situación temporal y que los vampiros incas estén preparando medidas más “directas”.
Junín (Huancayo): La Diócesis de Junín, gobernada desde la época colonial por un antiguo
Ravnos que se convirtió en Obispo del Sabbat durante la época de la independencia constituía un quebradero de cabeza para los gobernantes de Lima, pues continuamente se oponía a los Cainitas de la capital peruana para mantener su autonomía. La destrucción del Obispo durante la Semana de las Pesadillas constituyó un alivio para los Cainitas limeños, pero sin su presencia, la Diócesis pronto fue conquistada por un rápido ataque de los vampiros incas, que destruyeron a todos los Cainitas presentes. Actualmente un antiguo del clan Gangrel, situado en Jauja, dirige a los vampiros locales.
La Libertad (Trujillo): Aunque durante la época colonial una manada del clan Lasombra
controlaba el dominio de Trujillo, fueron destruidos durante el siglo XIX en medio de los conflictos de la guerra civil. Actualmente los vampiros indígenas se han apoderado del dominio y reocupado las antiguas ruinas de Chan Chan, procurando permanecer apartados de los territorios de los cambiaformas. Por otra parte se rumorea que una orden de hechiceros inmortales, testigos de la época precolombina, también frecuentan la zona.
Lambayeque (Chiclayo): En el ámbito vampírico, el dominio de Lambayeque está gobernado
ayuda de varios Gangrel “independientes”. En los últimos años “El Rey Oculto” ha salido de su refugio y como otros vampiros incas, se ha mostrado abiertamente.
Lima (Huacho-Lima): La Archidiócesis de Lima es el mayor dominio vampírico de Perú, y
también el corazón del Sabbat en el país desde la época colonial. La Espada de Caín ha conservado su influencia gracias a la llegada de refugiados de las Diócesis que rodeaban la capital, pero los Cainitas limeños, a pesar de su número y poder, no pueden evitar sentirse asediados. El Cardenal de Sudamérica, un antitribu Nosferatu que llegó al poder tras la Tercera Guerra Civil del Sabbat se encuentra preocupado ante la destrucción de muchos de sus subordinados en otras Diócesis peruanas y la reducción del territorio en manos de la Espada de Caín. En los últimos meses ha enviado peticiones de auxilio a los Cainitas de México y Chile, pero desgraciadamente, ellos también se enfrentan a sus propios problemas.
Loreto (Iquitos): Muy pocos vampiros han habitado el extenso territorio de Loreto, incluso en
época precolombina. Las extensas selvas amazónicas han sido territorio de feroces cambiaformas desde época inmemorial, y sólo unos pocos Gangrel se han atrevido en ocasiones a viajar por el lugar. Desde comienzos del siglo XX los cambiantes han luchado contra la salvaje deforestación y devastación provocada por la explotación de caucho y petróleo. En las últimas décadas la zona también se ha convertido en un auténtico campo de batalla entre los cambiaformas y las multinacionales, por lo que los vampiros prefieren evitar la zona.
Madre de Dios (Puerto Maldonado): Otro territorio en manos de los cambiaformas, su
abandono por parte del Sabbat y los vampiros precolombinos ha propiciado que los vampiros Tremere hayan establecido una capilla en Puerto Maldonado. Se desconoce por qué no han sido atacados por los cambiantes, aunque se rumorea que han alcanzado una especie de alianza de conveniencia frente a una amenaza común desconocida.
Moquegua (Moquegua): El dominio de Moquegua, aunque ocasionalmente visitado por
manadas nómadas del Sabbat, se encuentra actualmente despoblado de vampiros. Se desconoce si está habitado por cambiaformas u alguna otra facción sobrenatural, pero sea lo que sea lo que habita en el dominio, parece especialmente celoso de su privacidad, y no tolera la interferencia externa durante mucho tiempo.
Pasco (Cerro de Pasco): Dependientes de la vecina Diócesis de Junín, los Cainitas de Pasco han
sido recientemente destruidos por los vampiros precolombinos, una cuadrilla de guerreros Gangrel Abrazados entre la población nativa que ha tomado posesión del lugar.
Piura (San Miguel de Piura): El dominio de Piura alcanzó cierto esplendor durante el período
colonial, hasta que fue saqueado por piratas. Los escasos Cainitas de la zona fueron expulsados en el siglo XIX por un grupo de antiguos del clan Gangrel que surgieron de las selvas del vecino territorio de Quito. Durante los últimos siglos la zona ha estado habitada por vampiros Incas e independientes que han rechazado la presencia de la Espada de Caín en el lugar.
Puno (Puno): El territorio de Puno siempre ha tenido una escasa presencia vampírica, pero en
las últimas décadas en secreto los vampiros Tremere han establecido una capilla oculta en la población de Juliaca. Los Brujos, que poseen fuertes vínculos con la población nativa del Alto Perú, han conseguido establecer contactos con los vampiros Incas, y aunque han compartido información, por el momento parecen haberse mantenido neutrales en el conflicto con el Sabbat.
San Martín (Moyabamba): El departamento de San Martín ha tenido una población de
vampiros Nosferatu y Gangrel independientes o aliados con los vampiros Incas desde hace siglos, aunque siempre han procurado mantener un perfil bajo y evitado los territorios de los cambiaformas. Actualmente estos vampiros se han mostrado bastante inquietos ante la reaparición de un antiguo poder en la zona.
Tacna (Tacna): Aunque Tacna fue el dominio de una manada del Sabbat hasta la década de
1950, el ataque de un grupo desconocido hizo desaparecer la presencia Cainita, que desde entonces procuró mantenerse alejada del lugar. Recientemente un grupo de Tremere ha instalado una capilla secreta en el lugar.
Tumbes (Tumbes): En el ámbito vampírico el departamento de Tumbes forma parte del dominio
de Piura. Vampiros independientes del clan Gangrel procedentes del vecino Ecuador y de Perú frecuentan el territorio, aunque raramente se instalan durante mucho tiempo.
Ucayali (Pucallpa): Otro territorio de escasa presencia vampírica, la presencia de cambiaformas
en la cuenca del río Ucayali ha limitado la presencia vampírica en el lugar, frecuentado ocasionalmente por vampiros del clan Gangrel, aunque ninguno se ha atrevido a establecerse de forma permanente. LOS CLANES
Assamitas- Siempre han existido unos pocos Ángeles de Caín en la Mano Negra de Perú, una
minoría arrogante y despiadada. Sin embargo, recientemente y salvo tres, el resto parecen haber desaparecido. Los Cainitas peruanos los acusan de cobardía y haber huido ante los ataques de los Incas, pero los antiguos creen que tras esta deserción en masa se encuentra una motivación más siniestra, a juzgar por los rumores que circulan sobre la Mano Negra y los extraños sucesos recientes que han afectado al clan Assamita.
Brujah- El clan Brujah siempre ha estado bien representado en Perú, aunque a pesar de su
número no ha alcanzado una influencia destacada. Durante las últimas décadas algunos jóvenes Brujah se infiltraron entre las filas del grupo terrorista de Sendero Luminoso, no tanto por un idealismo genuino como por “divertirse” y ocultar sus desmanes. Sin embargo, estos Brujah se encontraban aislados de sus compañeros de secta y han sufrido las consecuencias de los últimos ataques.
Un linaje del clan Brujah, que remonta sus raíces a un dios llegado del mar, también se encuentra presente entre las filas de los vampiros indígenas. Hace siglos contribuyeron a la grandeza y esplendor del Imperio Inca, reclutando entre sus filas a nobles y sabios, y actualmente se han convertido en feroces guerreros y estrategas en la guerra contra el Sabbat.
Gangrel- El segundo clan más numeroso de Perú, aunque dispone de miembros en el Sabbat,
tanto Gangrel Rurales como Gangrel Urbanos, la mayor parte de los Animales forman parte de las filas de los vampiros Incas o simplemente defienden su independencia frente a la política de las sectas. Algunos de ellos son antiguos de varios siglos de edad, y a menudo gobiernan sus territorios con mano de hierro frente a la intrusión de otros no muertos o de los cambiaformas.
Como era de esperar, los Gangrel son más numerosos en los territorios rurales de Perú, sobre todo en los departamentos limítrofes con Brasil y Ecuador, donde el clan mantiene una presencia más numerosa, pero otros parecen igual de bien adaptados a la existencia en los dominios urbanos.
Giovanni- El clan de los Nigromantes dispone de varias inversiones económicas en Perú,
especialmente en las ciudades costeras y las regiones mineras. La familia Pisanob se encarga de las inversiones del clan, y aunque disponen de algunos contactos con los vampiros indígenas, han preferido mantenerse neutrales en el conflicto contra el Sabbat.
Lasombra- Los Guardianes eran el clan más poderoso e influyente durante las noches del
Virreinato del Perú, pero su arrogancia los cegó al descontento que se estaba generando bajo sus pies y fueron derribados de su pedestal tras la Primera Guerra Civil del Sabbat. Aunque han mantenido varios dominios y posiciones importantes, se vieron afectados por los sucesivos conflictos en la Espada de Caín, y aunque siguen siendo un linaje numeroso e influyente en Perú, su poder se ha visto reducido progresivamente, sobre todo a raíz de los ataques de los vampiros precolombinos.
Malkavian- Nadie está seguro de hasta qué punto los Dementes son importantes en la política
del Sabbat de Perú. Su presencia se encuentra dispersa y fragmentada entre los Cainitas, y no parecen constituir un grupo ni especialmente numeroso ni influyente, pues sus miembros son muy diversos tanto en actitud como en poder. El conjunto del linaje no parece especialmente afectado por el reciente ataque de los vampiros Incas, aunque algunos Cainitas afirman que muchos de ellos se han vuelto más inestables de lo habitual.
Nosferatu- El clan vampírico más numeroso de Perú, los Nosferatu afirman que son también el
linaje con una presencia más antigua en el país, y los indicios arqueológicos e históricos así parecen confirmarlo. Se cree que varios Matusalenes del linaje se hicieron adorar como dioses en las noches precolombinas, siendo especialmente influyentes en la cultura chimú, y posteriormente caminaron en igualdad con la nobleza de los vampiros incas.
Con la llegada de los conquistadores españoles muchos Nosferatu lucharon ferozmente contra los invasores vampíricos que los acompañaban, pero tras ser derrotados muchos se refugiaron en las montañas y utilizaron la avaricia de los colonizadores para excavar una telaraña de túneles que se extiende por muchos dominios peruanos. Allí aguardaron pacientemente durante siglos el momento de regresar y cobrarse venganza.
Por lo que se refiere a los Nosferatu del Sabbat, también son muy numerosos, especialmente en la ciudad de Lima, bajo cuyas calles se encuentra una de las mayores Madrigueras del clan en América, gobernada por el Cardenal de Lima, que también pertenece al linaje. Los Nosferatu Cainitas afirman que los Nosferatu indígenas son descendientes de uno de los Nictuku, y desde las noches de la conquista existe una lucha fratricida entre ambas facciones. Actualmente los Bichos de la Espada de Caín se encuentran en una situación defensiva, pero han resultado decisivos para mantener Lima a salvo de los vampiros Incas.
Ravnos- El clan de los Embusteros recibió un importante influjo durante las noches de la
colonización, y algunos de ellos, como el Obispo de Junín, alcanzaron importantes posiciones en el Sabbat, sobre todo tras las guerras civiles que afectaron a la secta. Los Ravnos peruanos siempre han sido feroces seguidores de la facción Lealista frente a lo que consideraban la decadencia de los antiguos Cainitas. Sin embargo, tras la Semana de las Pesadillas y el inesperado ataque de los vampiros Incas, las filas del linaje han sido diezmadas, y actualmente sólo sobreviven cinco Ravnos en todo el país, todos ellos bastante jóvenes y con escaso poder.
Seguidores de Set- Los Setitas han estado presentes en las noches coloniales, contactando con
los vampiros indígenas e incluso Abrazando algunos chiquillos entre los nativos, adaptando los ritos y tradicionales locales a la teología Teofidiana. Las Serpientes de Arena también han resultado muy útiles a los vampiros Incas para conocer las debilidades de sus enemigos y conseguir el apoyo de una facción que conoce los entresijos del mundo moderno. Aunque no son muy numerosos, los Seguidores de Set disponen de dos templos en Cuzco y El Callao.
Toreador- El clan de la Rosa ha estado presente en Perú desde las noches de los conquistadores,
acompañando a los orgullosos Lasombra en la época colonial como consejeros y diplomáticos, y acompañándoles en su caída tras la Primera Guerra Civil del Sabbat. Sin embargo, al contrario que los Guardianes, los Toreador han sabido adaptarse muy bien a las consecuencias de su derrota, uniéndose a otras facciones y adquiriendo una gran influencia en los últimos siglos. De hecho, la actual Dominio de la Mano Negra de Perú, una descendiente de la Regente de México, pertenece a este clan, y muchos Toreador ocupan posiciones importantes en todos los niveles de la Espada de Caín.
Tremere- Los antitribu Tremere de la Casa Goratrix disponían de una poderosa capilla en Lima,
creada para hacer frente a los Brujos de Bolivia y neutralizar sus ataques místicos. Muchos de sus aprendices eran educados como templarios y guardaespaldas de los Obispos y Arzobispos peruanos y su presencia impidió durante mucho tiempo que los vampiros Incas realizaran un ataque decidido contra el Sabbat. Su reciente desaparición, provocada por causas desconocidas, ha debilitado las defensas místicas de la Espada de Caín y es una de las razones de las recientes derrotas de la secta.
En contraste, los Brujos de la Camarilla, asentados en la vecina Bolivia, se encuentran en contacto con los vampiros indígenas, debido a que varios han sido Abrazados entre los nativos, y aunque sus relaciones no son ideales, por lo menos comparten información y en ocasiones se proporcionan refugio. Desde hace décadas los Tremere bolivianos están creando capillas en el este de Perú, en Madre de Dios, Puno y Tacna.
Tzimisce- Los Demonios no tuvieron excesiva influencia en Perú hasta después de la Primera
Guerra Civil del Sabbat, cuando conquistaron terreno a costa de sus rivales Lasombra. Desde que han consolidado su poder el principal interés de los Tzimisce parece haber sido estudiar los secretos de los cultos de los hechiceros peruanos, intentando asimilar sus ritos y utilizarlos contra sus enemigos. Aunque no tan poderosos como los Tremere, entre los Tzimisce de Perú también se encuentran algunos místicos formidables, que han adquirido una inesperada importancia con la desaparición de los Tremere del Sabbat y el reciente ataque de los vampiros Incas.
Ventrue- Los Sangre Azules no son muy numerosos en Perú, y su influencia se encuentra muy
fragmentada en la Espada de Caín. Algunos han alcanzado posiciones importantes como Obispos o Templarios, pero su número sigue siendo demasiado escaso en estas noches como para ejercer una influencia considerable.
CAITIFF Y LÍNEAS DE SANGRE
Caitiff- Debido a la intensidad de las guerras civiles del Sabbat en Perú, los Abrazos en masa
han dejado a su paso a numerosos vampiros sin clan, que han incrementado la facción de los Panders. Pero entre los vampiros nativos también se encuentran muchos indígenas que han sido Abrazados descuidadamente por los Cainitas y que han encontrado en las Incas aliados dispuestos a ayudarles contra los monstruos que los maldijeron con la no muerte.
Gárgolas- Los esbirros de los Tremere se encuentran presentes en Sudamérica, bien como espías
o habiendo huido de sus amos en Bolivia para refugiarse entre las filas del Sabbat. Perú es uno de los países sudamericanos con mayor número de las Cabezas de Piedra; las leyendas sobre monstruos alados que habitan en las selvas y altas montañas en ocasiones están motivadas por su presencia.
Heraldos de las Calaveras – Recientemente llegó procedente de México una manada dirigida
por un nigromante vampírico de una línea de sangre aliada recientemente con el Sabbat. Este antiguo es bastante poderoso y ha contribuido a proteger Lima de los ataques de los vampiros incas, utilizando antiguos espíritus y poderes tan desconocidos como los de sus enemigos.
Samedi- Los Fiambres se encuentran presentes en Perú desde hace siglos, habiendo llegado
acompañando a los esclavos negros que trabajaron para los colonos españoles. Aunque la mayoría han trabajado como mercenarios para los Cainitas, unos pocos han compartido sus extrañas magias y conocimiento de la muerte con los vampiros Incas. Sin embargo, su presencia nunca ha sido demasiado numerosa, y en estos momentos sólo hay cuatro Samedi presentes en el país.
Tlacique- Perú es uno de los países con mayor presencia de esta línea de sangre, que remonta
sus orígenes a las noches de gloria del Imperio Inca, cuando eran uno de los linajes vampíricos principales. Muchos antiguos Tlacique fueron expulsados o diabolizados por los Cainitas, y ahora los supervivientes se encuentran entre los líderes de los vampiros Incas, aunque en los últimos siglos han Abrazado a mortales de diversas etnias para conseguir soldados para vengarse del Sabbat.
FAMILIAS DE APARECIDOS
Rocabertí: Emparentados con los Obertus, los Rocabertí llegaron desde España a finales del
siglo XIX, acompañando a los emigrantes europeos y a un arqueólogo Tzimisce interesado en las culturas precolombinas. Varios miembros de la familia acompañaron a las expediciones que investigaron las ruinas de Macchu Picchu, las extrañas líneas de Nazca y otros lugares de importancia arqueológica. Con su ayuda los Tzimisce peruanos han conseguido arañar los secretos de la hechicería inca, e incluso han conseguido espiar algunos de los planes de los vampiros nativos.
Salamanca- Esta rama de la familia Grimaldi, extendida por América Central y del Sur, ha
acompañado la suerte del Sabbat de Perú en el siglo XVI, ocupando importantes cargos en el virreinato. Sus descendientes fueron duramente afectados por la independencia, ya que lucharon en el bando lealista a España y sufrieron las consecuencias, por lo que muchos terminaron abandonando Perú. Los pocos supervivientes, apoyados por parientes mexicanos, consiguieron rehacer su fortuna a finales del siglo XIX en las industrias del guano y el caucho, y lentamente la familia ha recuperado su prosperidad. Actualmente el patriarca de la familia y sus descendientes se codean con la élite de Lima y constituyen un valioso apoyo para el Cardenal y los Obispos de la ciudad. Sin embargo, los ataques de los vampiros precolombinos están creando inquietud entre los Salamanca, y algunos se están planteando huir de sus amos…
LAS SENDAS DE ILUMINACIÓN
La mayoría de los Cainitas peruanos son bastante jóvenes, aunque los escasos antiguos son supervivientes natos que han sobrevivido a los numerosos y periódicos conflictos que han afectado a la Espada de Caín.
En conjunto el liderazgo del Sabbat peruano se encuentra dividido entre los seguidores de la Senda de la Caín y la Senda de la Catarsis, que también son las Sendas más organizadas. También existen representantes de otras Sendas que juegan un papel secundario al carecer de suficiente número y representación.
Senda del Acuerdo Honorable- Aunque muy numerosos durante la época virreinal, tras su
derrota durante las sucesivas guerras civiles y el ascenso de la facción Lealista del Sabbat, los Caballeros han sufrido varias derrotas y perdido a varios de sus líderes. Tradicionalmente asociada a los Lasombra peruanos, esta Senda no es muy popular más allá del clan de los Guardianes.
Senda de Caín- La fuerza del Nodismo en Perú está también asociada a la fuerza de la Mano
Negra en el país. La líder de los Nodistas es la Dominio del Perú, ascendida recientemente, y cuyo prestigio en la actual crisis le ha proporcionado numerosos seguidores. Frente a la división de otras facciones los Nodistas siguen constituyendo el principal bastión de la Espada de Caín frente a la amenaza de los Incas.
Senda de la Catarsis- Los Cátaros consiguieron prosperar tras la caída de las facciones más
conservadoras del Sabbat en las sucesivas guerras civiles, y su filosofía no ha dejado de ganar seguidores sobre todo en las últimas décadas, aunque los recientes ataques de los Incas han hecho tambalear su poder. El líder de los Cátaros peruanos es el Cardenal de Sudamérica, aunque muchos lo consideran un Cátaro débil y han buscado sabiduría fuera de Perú.
Senda del Corazón Salvaje- Desde el siglo XIX la Senda de la Armonía se había convertido en
una filosofía muy popular entre los Cainitas peruanos, especialmente entre las manadas nómadas, Brujah y Gangrel, y en su momento fue una Senda numerosa. Sin embargo, a finales del siglo XX dentro de la Senda se produjo un enfrentamiento entre Armonistas y Bestiales que terminó destruyendo toda la fuerza de la Senda, que quedó completamente diezmada tras el reciente ataque de los Incas.
Senda de la Muerte y el Alma- Aunque escasos en número, los Necronomistas disponen de
gran influencia gracias a su alianza con los Nodistas, a menudo colaborando con ellos en las filas de la Mano Negra, aunque la mayor parte de los seguidores de la Muerte y el Alma se encuentran fuera de las filas de la subsecta.
Senda del Poder y la Voz Interior- Debido a su asociación con la facción Ultraconservadora del
Sabbat y los Lasombra, los Unificadores no han sido muy populares en Perú desde las últimas décadas. Tras la pérdida de sus dominios en las guerras civiles del Sabbat, actualmente la senda ha encontrado nuevos seguidores entre algunos jóvenes Cainitas ambiciosos, uno de los cuales se ha convertido en Obispo, que han iniciado los cimientos para un renacer de la Senda…si consiguen sobrevivir a la actual crisis.
Senda de la Redención Nocturna- La Senda de la Redención Nocturna llegó a Perú durante el
siglo XIX, encontrando seguidores entre varios vampiros con creencias cristianas de diversos clanes, y pronto se convirtió en una senda muy popular. En el último siglo la facción de los Mártires se ha convertido en la principal alternativa a los Cátaros, y algunos miembros de la senda esperan alcanzar el poder demostrando su valía frente a los “paganos” Incas.
Senda de las Revelaciones Perversas- Siempre ha habido Corruptores entre los Cainitas
peruanos, enfrentados a los frecuentes ataques de la Inquisición del Sabbat, pero a pesar de su continuada presencia nunca han conseguido crear un culto infernalista a gran escala. Sin embargo, la desesperada situación actual ha atraído a varios Cainitas desesperados a los cantos de sirena de los poderes oscuros…
Otras Sendas: Aunque existen seguidores de otras Sendas de Iluminación en Perú, son menos
numerosos que los de las ya mencionadas, y a menudo estos seguidores se dedican a sus filosofías de forma individual, sin crear una estructura organizada o intercambiar conocimientos con otros compañeros.
Antes de la llegada de los europeos, en las culturas precolombinas que surgieron en Perú habitaban algunos Matusalenes que eran adorados como dioses, incluso por sus descendientes. Los Nosferatu hablan de dos dioses, un hermano y una hermana, que lucharon entre ellos hasta que la hermana venció y nunca volvió a saberse de su hermano. Como resultado de la batalla la diosa de la muerte sintió tanta hambre que comenzó a aullar y sus gritos amenazaban con destruir el mundo. Como resultado sus chiquillos comenzaron a cosechar sacrificios para mantenerla tranquila. La llegada de los españoles la despertó, pero a pesar de su poder de alguna forma consiguieron derrotarla y se vio obligada a huir. Actualmente los Nosferatu creen que se trataba de la Aulladora, uno de los Nictuku, que podría haber despertado recientemente en la profundidad de la selva amazónica.
Entre los vampiros Incas se cuenta la leyenda de un dios blanco llegado del mar, un guerrero noble y sabio que pretendía crear un reino ideal en el que mortales e inmortales convivieran pacíficamente. También enseñó a sus descendientes modos de perfeccionarse física y espiritualmente y tratar de apaciguar a la Bestia. Este Matusalén parece ser el ancestro de la mayoría de los Brujah peruanos.
Con la llegada de los españoles también llegó una diosa blanca, hermosa como la luna, pero que mostraba una actitud despiadada, que se dice que causó la ruina de los reinos precolombinos e impidió que los vampiros incas se opusieran a la conquista de los españoles.
Más allá de estas leyendas, parece que en la actualidad la mayoría de los antiguos Matusalenes precolombinos han sido destruidos o han abandonado el país, disgustados por los cambios de los últimos siglos. Sin embargo, en los últimos tiempos los Cainitas creen que el resurgir de los vampiros nativos no es casual, sino que ha sido impulsado por antiguos supervivientes que han despertado de su letargo en rincones remotos de las selvas y montañas. Otros creen que bajo las grandes ciudades peruanas habitan los inescrutables Matusalenes del Inconnu, observando y esperando impasibles mientras el mundo cambia a su alrededor.
LOS CAZADORES
Aunque la Sociedad de Leopoldo y los agentes de la Inquisición, siempre han disfrutado de gran influencia en Perú desde las noches coloniales y todavía mantienen una posición fuerte, su amenaza sobre los Cainitas siempre ha sido mínima y casual, y en ocasiones algún no muerto ingenioso ha conseguido utilizarlos contra sus enemigos. El Arcanum, con una casa capitular en El Callao, también se ha interesado tangencialmente por los vampiros, prefiriendo dedicarse al estudio arqueológico de las culturas precolombinas, llenas de misterios y enigmas.
El principal peligro para los vampiros peruanos no se encuentra tanto entre los cazadores mortales como en otras facciones sobrenaturales. Los cambiaformas siempre han procurado dejar bien claro a los no muertos que deben mantenerse alejados de sus territorios, golpeando de improviso y retirándose rápidamente. Aunque la presencia de hombres lobo es mínima en el país, en las montañas de la cordillera de los Andes existen cambiantes que pueden tomar la forma de pumas y osos andinos, mientras que en las selvas amazónicas se ocultan feroces jaguares. Aunque la mayoría actúan en solitario, son muy sigilosos, astutos y capaces de acabar con una manada descuidada de Cainitas.
Los magos peruanos, muchos de ellos presentes en las culturas nativas, en muchas ocasiones procuran mantener a los no muertos apartados de sus protegidos, aunque no siempre lo han conseguido. La más destacada de las facciones místicas peruanas parece ser una legendaria orden de hechiceros inmortales que mueren y resucitan periódicamente, y que tienen muy poco aprecio por los vampiros. LA SITUACIÓN POLÍTICA ACTUAL
Como se ha mencionado, actualmente los Cainitas del Sabbat se encuentran a la defensiva, aferrados a la ciudad de Lima y a unos pocos dominios próximos. La Espada de Caín se encuentra confusa por una serie de golpes inesperados que han reducido su número considerablemente, por lo que ha decidido buscar ayuda en el exterior. Desgraciadamente por toda Sudamérica los Cainitas se encuentran en una situación similar y de México llegan confusos rumores sobre la situación de la Regente.
El Cardenal de Sudamérica ha decidido organizar la formación de nuevas manadas, recurriendo al reclutamiento de mercenarios extranjeros y prometiéndoles dominios aún por reconquistar. Sin embargo, su preocupación es lo mucho que la Espada de Caín desconoce de sus enemigos y ha contactado con varios eruditos del Sabbat para que le ayuden. La Dominio del Perú también está organizando la creación de manadas de la Mano Negra, pero la subsecta se enfrenta a cierta paranoia y desconfianza por parte de los Cainitas peruanos, lo que dificulta la cooperación.
Por lo que se refiere a los vampiros Incas, aunque aparentemente presentan un frente unido, entre ellos se encuentran diversos clanes y linajes, así como facciones surgidas de diferentes culturas, históricamente enfrentadas. Aunque por el momento han conquistado numerosos dominios en Perú, los líderes de los Incas son conscientes de que deben acabar cuanto antes con toda oposición antes de que surjan inevitables disputas por el reparto de los despojos de la guerra.
HISTORIA VAMPÍRICA DE PERÚ
EL ANTIGUO PERÚLas evidencias más antiguas de la presencia humana en el actual territorio de Perú se remontan a finales de la última era glacial, en el período Pleistoceno, hace aproximadamente unos 10.000 años. Los primeros habitantes eran bandas nómadas de cazadores y recolectores que se dedicaban a la caza de la fauna local, especialmente los camélidos salvajes, y a la pesca y recolección de mariscos.
Poco a poco hacia el 8000 a.C. estos primitivos pobladores comenzaron a descubrir la agricultura, lo que les permitió desarrollar una cultura cada vez más sedentaria, construyendo los primeros templos cerca de la costa y en la sierra central.
La primera gran civilización peruana surgió hacia el 5000 a.C. en la costa central, en torno a la ciudad de Caral, que tenía pirámides de piedra, plazas ceremoniales y altares en torno al fuego sagrado. Sus habitantes tocaban música y desarrollaron cultos religiosos complejos. Las confederaciones de ciudades, reinos e imperios continuarían durante los milenios siguientes.
Hacia el 800 a.C. el templo de Chavín de Huantar en la región de Ancash alcanzó un prestigio tan grande en la zona que se convirtió en el centro de peregrinación de todas las culturas andinas, un templo bien conocido por sus figuras de seres de grandes colmillos. Mientras tanto en la costa sur surgía otro pueblo de agricultores y pescadores, los Paracas, que desarrollaron algunos de los objetos de arte más apreciados del antiguo Perú con sus bordados multicolores. En el altiplano del lago Titicaca se desarrolló la cultura Pucará, que desarrolló un sistema de cultivos de campos elevados que permitía la agricultura en las frías planicies de los Andes. En la costa norte, la cultura Cupinisque llevó la cerámica andina a su primera edad de oro artística.
Con el paso de los siglos las civilizaciones andinas evolucionaron para conformar organizaciones cada vez más complejas. Hubo un progresivo desarrollo en la agricultura, construyéndose canales de irrigación en los desiertos de la costa norte y central de Perú, así como ingeniosos acueductos subterráneos en la costa sur. Diversas culturas (Moche, Nazca, Recuay, Cajamarca, Vicus, Lima y Tiahuanaco) se desarrollaron durante el siglo II a.C. La mayoría de estas sociedades estaban gobernadas por una élite de guerreros.
La evolución de las culturas andinas fue afectada de forma negativa por diversos cataclismos climáticos hacia el siglo VI, aunque las culturas de la Sierra consiguieron adaptarse mejor a la nueva situación mientras las culturas costeras iniciaban su decadencia. La civilización de Tiahuanaco alcanzó una enorme influencia en los actuales territorios del sur de Perú, el norte de Chile y buena parte de Bolivia. Al sur de la sierra peruana se desarrolló la cultura Huarpa, que prosperó gracias al comercio con Tiahuanaco y los Nazca. El intercambio produce una progresiva unificación cultural, cuyo principal centro fue Huari. La influencia de Huari se extendió sobre sus vecinos, extendiéndose hacia el norte mediante un modelo de conquista, colonización y comercio. La influencia del imperio Huari cambió de forma radical las culturas andinas a nivel social, político y religioso, construyendo sistemas que permanecerían hasta el imperio incaico.
Hacia el siglo X se inició la decadencia de Huari, que produjo una nueva fragmentación de las culturas andinas y una progresiva ruralización, a semejanza de la crisis del siglo VI. En este período surgieron los estados de Pachacamac y Lambayeque.
El actual territorio de Perú se convertiría en un lugar de concentración para los vampiros precolombinos, pero los datos anteriores a la llegada de los españoles son muy escasos, tanto por la escasez de testimonios supervivientes de la época como a la destrucción provocada por la conquista. Se asume que los Gangrel fueron los primeros vampiros que llegaron al territorio peruano, asentándose principalmente entre las culturas nómadas de las selvas, sierras y desiertos de los Andes.
No eran las únicas criaturas sobrenaturales que habitaban la zona. Feroces jaguares y pumas cambiantes atacaban a los chupasangres demasiado atrevidos, y los choques entre no muertos y cambiantes a menudo terminaban en conflictos sangrientos que en ocasiones se extendían a las tribus mortales de sus territorios. Durante siglos, sino milenios los vampiros acompañaron a los nativos nómadas, pero cuando comenzó el proceso de sedentarización de las culturas andinas, la mayoría de los Gangrel permanecieron al margen.
Fue entonces cuando aparecieron los Nosferatu. No se sabe si se encontraban presentes junto a los Gangrel, siguiendo a las culturas nómadas, aunque habitualmente se cree que su llegada al territorio andino fue posterior. En cualquier caso, mientras los Gangrel preferían aferrarse al nomadismo, los Nosferatu comenzaron a asentarse entre los primeros estados sedentarios.
La presencia de los Nosferatu andinos aparece a partir de un conflicto que enfrentó a dos grandes facciones. Según las leyendas orales transmitidas por los miembros del clan, en un tiempo inmemorial llegaron dos dioses hermanos a Perú: el Dios de la Sangre y la Vida y la Diosa del Hueso y la Muerte. Por algún motivo desconocido ambos hermanos terminaron peleándose y luchando entre
ellos, creando dos ejércitos de seguidores y esclavos que lucharon en su nombre durante siglos y aterrorizando a los desdichados mortales que se cruzaban a su paso.
Se desconoce cuánto duró este conflicto, pero se cree que hacia el cambio de era, Gorgo, la Diosa de la Muerte, consiguió vencer a su hermano y destruir a sus seguidores. El Dios de la Sangre – cuyo nombre es desconocido- huyó al norte y nunca se lo volvió a ver. Se dice que juró venganza y que regresaría para destruir a su malvada hermana.
Tras expulsar a su hermano, Gorgo instaló su refugio en las profundidades de los Andes, desde donde envió a sus chiquillos en busca de sangre. Los Nosferatu se extendieron por las culturas andinas, creando cultos para procurar sacrificios a su diosa y al mismo tiempo extender su influencia y dominio sobre los mortales.
EL REINO CHIMÚ
Como había ocurrido siglos antes, el valle de Moche volvió a convertirse en el foco central de un estado conquistador, que sería conocido como reino de Chimú o Chimor, que surgió durante el desmoronamiento de Huari, no tanto como un cambio radical sino más bien como un proceso de desarrollo interior.
La capital se encontraba en la ciudad de Chan Chan, fundada a finales del siglo VIII o comienzos del IX, desde donde comenzó la conquista de un vasto territorio. En su época de máximo esplendor se extendió desde Lima a Túmbez, llegando a establecer contacto con la costa sur y centro del territorio actual de Ecuador. Por el este se extendió hacia la sierra peruana, llegando a Cajamarca y Huamachuco. En su momento Chan Chan llegó a tener hasta 200.000 habitantes, distribuidos en diez sectores o palacios amurallados separados por calles anchas y rectas y plazas centrales. Cada sector estaba dedicado a un rey, su palacio en vida y su santuario funerario en muerte, mantenido por sus descendientes. Las tumbas estaban llenas de ricas ofrendas.
Además de Chan Chan, los chimú construyeron otras ciudades, algunas de las cuales llegaron a ser tan grandes como la propia capital, como Chiquitoy Viejo, Pátapo, Pacatnmú y Purgatorio. Otros asentamientos menores sirvieron de apoyo a cada uno de estos grandes centros. La agricultura apoyada por sistemas hidráulicos surtía las necesidades de los ciudadanos del reino. También se explotaban yacimientos de oro, plata, cobre y bronce y la cerámica y los tejidos alcanzaron un gran desarrollo.
La sociedad del reino Chimú se encontraba muy jerarquizada, desde el grupo dirigente a las clases campesinas y artesanas que vivían en las periferias de las ciudades. Los reyes compartían la herencia de sus antecesores y toda la riqueza de los gobernantes muertos pasaba a sus sucesores para ser utilizada en sus ceremonias. El heredero al trono sólo heredaba la autoridad política y tenía que levantar su propio conjunto palaciego y efectuar nuevas conquistas para financiar su administración, lo que fue clave en el expansionismo del reino.
En cuanto al sistema religioso, los chimu adoraban a Ai-Apaec, “El hacedor,” el dios que había creado la naturaleza y los hombres. El sol estaba ligado a unas piedras mágicas que eran sus hijas y las representantes de sus antepasados. Los cuerpos celestes también ocupaban un lugar importante entre las divinidades. Estas fuerzas sobrenaturales estuvieron controladas por un cuerpo sacerdotal jerarquizado, desde las ciudades a las aldeas, que se encargó de mantener ideológicamente integrada a la sociedad.
El reino Chimú albergó la primera gran concentración conocida de vampiros en la zona andina. La gran mayoría de los no muertos que fluyeron a las ciudades chimú eran Nosferatu, dirigidos por unos pocos antiguos que dirigían al resto en la adoración a la Diosa de la Muerte, que yacía en un santuario oculto en el corazón de los Andes. Sin embargo, los no muertos a menudo tenían que actuar con cuidado ante la presencia de grandes hechiceros y una orden de inmortales que se erigieron en protectores de los chimú, y los enfrentamientos entre ambas facciones en ocasiones se saldaron con sangre.
Entre los Nosferatu que fueron Abrazados durante esta época destaca Chachpika, una hechicera que en vida se había enfrentado a los vampiros y terminó siendo Abrazada por la Diosa de la Muerte. A pesar de su juventud, Chachpika pronto se convirtió en una líder de su clan, organizando a los demás Nosferatu en una serie de grupos y bandas que continuaron recogiendo sacrificios para su diosa, pero al mismo tiempo también se convirtieron en protectores y defensores de algunas comunidades.
En las selvas de la periferia del reino Chimú prosperaban los Gangrel, siguiendo a las tribus amazónicas que se mantenían ajenas al desarrollo de las ciudades. Sin embargo, de la misma forma que ocurría con los Nosferatu, la existencia de los Animales se encontraba lejos de ser idílica. Los cambiantes, especialmente los hombres jaguar, eran especialmente feroces e implacables con la presencia de los chupasangres. La guerra entre ambas facciones se había mantenido durante siglos y continuaría hasta las noches de la conquista.
Cerca del año 1000 llegó a Perú un nuevo linaje procedente de las ciudades del norte, los Tlacique. Eran poderosos, pero los Nosferatu se encontraban asentados desde hacía más tiempo, y aunque los más salvajes fueron derrotados y sus dominios conquistados, Chachpika destruyó a varios y los obligó a respetar su soberanía. Aunque los Tlacique fueron aceptados en el reino Chimú, se los toleraba sólo mientras respetaran la autoridad de Chachpika y los Nosferatu.
La alianza entre ambos linajes resultó positiva para los no muertos, reforzando su influencia sobre el reino, frente a otras facciones sobrenaturales como los magos o los cambiantes. Durante varios siglos se alcanzó una especie de equilibrio y los chimúes prosperaron.
EL IMPERIO INCA
A finales del siglo XIII una tribu descendiente de los antiguos Huaris se estableció en un valle y fundó la ciudad de Cuzco. Según una leyenda por mandato de Inti, el dios del sol, una pareja –Manco Capac y Mama Ocllo- salió del lago Titicaca con la intención de civilizar la región. Manco fue el fundador de una dinastía real que se estableció en el Hurin Cuzco (Bajo Cuzco), de la que surgirían los emperadores incas.
Antes de la llegada de los incas, el valle de Cuzco estaba ocupado por varios grupos aymarás, que pronto fueron asimilados. La fundación de Cuzco serviría de modelo para la planificación de las futuras ciudades incaicas en cuatro barrios y diversas divisiones internas en función de los grupos sociales. A raíz de los enfrentamientos entre los distintos linajes nobiliarios, se fundó una segunda dinastía en el Hanan Cuzco (Alto Cuzco), que desde tiempos de Inca Roca y sus sucesores sentaron las bases del futuro imperio.
Pachacuti convirtió el reino de Cuzco en el imperio del Tawantinsuyu (el de los cuatro suyus o regiones), derrotando a sus vecinos y asimilando sus territorios. En 1438 se apoderó del país de los chanca tras una victoria militar. Entre 1438 y 1471 colonizó Cajamarca, los reinos de Cuismancu y Chuquismancu en la costa, la región de Chachapoyas al este, los territorios de Piura y Túmbez. Su hijo Yupanqui dirigió la campaña contra los cañaris y los reinos de Quito y Chimú, que también fueron asimilados.
Una vez llegó al poder, Topa Inca Yupanqui (1470 – 1493) amplió la unidad política del imperio iniciado por su padre, extendiéndolo hacia el este y el sureste, llegando a los limites de la Amazonía y el Gran Chaco y al sur hasta la Araucania chilena. Durante su mandato se construyeron varias fortalezas y palacios para consolidar sus conquistas.
A su muerte le sucedió Huayna Capac (1493 – 1525), que consolidó la frontera norte con la conquista del golfo de Guayaquil. Murió en Quito, cuando se encontraba en plena campaña con su hijo Atahualpa, que comandaba las tropas. El príncipe Atahualpa decidió enfrentarse con su hermano y heredero, Huascar, que había accedido al poder en 1525 y se inició una cruenta guerra civil. Esta situación fue aprovechada por el conquistador español Francisco Pizarro en 1532 para apresar a Atahualpa en Cajamarca y ajusticiarlo poco después. Con ello comenzó la decadencia del Imperio Inca y la conquista de su vasto territorio por los españoles.
Aunque Chachpika y los Nosferatu fueron el principal poder político entre los vampiros andinos durante siglos, su poder se vio amenazado con el ascenso del reino de los incas. Algunos Tlacique, marginados del orden existente en el reino Chimú, habían viajado a los reinos periféricos para forjar sus propios dominios. No todos tuvieron éxito, pero en el valle de Cuzco lo consiguieron. Fueron ayudados por la llegada de nuevos vampiros de su linaje llegados desde América Central, entre ellos un antiguo llamado Tisoc.
Tisoc y los vampiros incas, entre los que se encontraban no sólo los Tlacique, sino también miembros de los clanes Gangrel y Nosferatu, se enfrentaron a los vampiros chimúes. El reino Chimú fue conquistado en la primera mitad del siglo XV, pero no por ello cesaron los enfrentamientos entre los no muertos. Sin embargo, la aparición de un nuevo linaje provocó un cambio en el equilibrio político.
Se trataba de un viajero pálido llegado de más allá de los mares. Era un antiguo poderoso llamado Menelau, que había llegado a Tawantinsuyu huyendo de la guerra, y viendo la situación en la que se encontraban los vampiros andinos, se reunió con Chachpika y Tisoc y consiguió que hicieran la paz, uniendo sus dominios y compartiendo sus recursos para el bien común. Asimismo, Menelau consiguió establecer pactos con otras facciones sobrenaturales del Imperio Inca.
De esta forma, dirigidos por la sabiduría de Menelau y el poder de sus gobernantes, durante unas décadas los vampiros incas construyeron una de las sociedades vampíricas más estables de América. Chachpika, Tisoc y Roca, chiquillo de Menelau, se situaron en el centro de esta sociedad de los no muertos. Siguiendo su ejemplo, los tres linajes de los vampiros andinos compartieron los dominios del extenso imperio, y por primera vez en muchos siglos se alcanzó una paz duradera.
Por lo que se refiere al propio Menelau a pesar de su poder y sabiduría, decidió no convertirse en gobernante, y aunque aconsejó a los vampiros andinos y especialmente a sus descendientes, prefería retirarse para meditar sus antiguas enseñanzas, tratando de controlar los impulsos de su Bestia o desarrollando sus poderes esotéricos.
De esta forma los Nosferatu y los Tlacique se convirtieron en gobernantes, mientras los descendientes Brujah de Menelau, aunque en ocasiones también optaban a las labores de gobierno a menudo ocupaban una posición intermedia, como jueces e intermediarios, procurando sofocar las frecuentes rencillas que surgían en los dominios andinos. Aunque el Imperio Inca estaba lejos de ser un
lugar idílico y utópico para los vampiros, se encontraba mucho más avanzado que los dominios vampíricos anteriores, permitieron que los diferentes linajes convivieran en una relativa tolerancia y paz sin enfrentarse continuamente o tener que someterse a un gobierno arbitrario.
LA CONQUISTA ESPAÑOLA
El protagonista de la conquista del Imperio de los Incas fue Francisco Pizarro, un soldado español procedente de Medellín, que en 1524, tras haber oído hablar de un país muy rico llamado el Pirú o Virú, fletó una embarcación y alistó 112 hombres. Tras un viaje en el que se enfrentó a las tribus nativas de la actual Colombia, tuvo que regresar. Francisco Pizarro no se desanimó y en compañía de su socio Almagro realizó un nuevo viaje en 1526, pero asediado por los nativos tuvo que enviar a Almagro de regreso a Panamá en busca de refuerzos. Sin embargo el gobernador de Panamá, Pedro de los Ríos, ordenó que regresaran. Francisco Pizarro se negó a obedecer la orden del gobernador, y acompañado de trece hombres continuó con su expedición de conquista, mientras el resto de los hombres regresaban a Panamá, donde finalmente fueron autorizados a regresar con refuerzos junto a Pizarro.
Con la llegada de estos nuevos refuerzos, Pizarro navegó hacia el sur y en 1528 recorrió la costa de la actual Colombia hasta llegar al Imperio Inca. Tras el envío de varios exploradores el 3 de mayo, satisfecho con lo descubierto, decidió regresar a España, donde el 26 de julio de 1529 firmó en Toledo una capitulación que le autorizaba a conquistar las tierras exploradas.
La tercera y última expedición de Pizarro salió de Panamá a finales de enero de 1531 con tres navíos, llegando a la ciudad de Túmbez en medio de la guerra civil entre los príncipes Atahualpa y Huáscar. Pizarro cruzó el desierto y arribó a Tanará, lugar en el que fundó la población de San Miguel en julio de 1532. En Caxas recibió la orden de Atahualpa, que acababa de derrotar a su hermano, de que devolviera lo que había tomado y se marchara.
Pizarro hizo caso omiso de la advertencia y continuó adelante, recibiendo una citación para reunirse con Atahualpa en Cajamarca, donde se instaló y comenzó a organizar su defensa para cuando llegara el emperador inca, que dirigía un numeroso ejército.
El 16 de noviembre Atahualpa y Pizarro se encontraron. El conquistador español, tras desconcertar a los incas con una carga de caballería y tiros de arcabuz, aprisionó a Atahualpa, y sus soldados se desbandaron. La batalla apenas duró una media hora, que fue lo que tardó en caer el imperio inca. Atahualpa intentó liberarse mediante el pago de un rescate, pero una vez recibido el oro acordado, Pizarro procesó al emperador inca por matar a su hermano, por cometer incesto con su hermana y rechazar el bautismo. Fue ejecutado el 26 de julio de 1533.
Aunque los españoles se habían apoderado del imperio en un golpe rápido y auspiciado por su superioridad tecnológica, la resistencia inca continuó entre los quiteños, los más fieles a Atahualpa. Pizarro se dirigió a Cuzco, entrando en la capital el 14 de noviembre, saqueando los templos y acabando con el culto al sol. El nuevo gobernador español ordenó repartir las tierras de Cuzco a los nuevos pobladores, respetando el diseño urbano de los incas. Sin embargo, Pizarro no quiso instalar allí la capital de la Nueva Castilla porque se encontraba muy lejos de la costa, lo que dificultaría la llegada de refuerzos. Se dirigió hacia el litoral y en el camino fundó Jauja el 25 de abril de 1534, realizando el primer reparto de encomiendas. Después continuó hacia la costa y a orillas del río Rimac, fundó la ciudad de Los Reyes el 18 de enero de 1535, que se convertiría en la capital de su gobierno y la futura sede del virreinato. Las diferencias entre los conquistadores no se hicieron esperar. Los partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro se enfrentaron entre ellos y en 1541 Pizarro fue asesinado.
Los incas aún resistieron algunas décadas, retirándose a los rincones de su antiguo imperio, muchas de cuyas provincias se sublevaron contra ellos y se enfrentaron a los españoles en solitario. Manco Inca se retiró al reducto de Vilcabamba, en las montañas al norte de Cuzco, donde sus descendientes resistirían hasta 1572, año en el que último emperador inca, Túpac Amaru, fue finalmente capturado y trasladado a Cuzco, donde fue ejecutado.
A pesar de su reducido tamaño, la expedición de Francisco Pizarro a Perú había atraído la atención de grandes poderes ocultos. Dos poderosas Matusalenes del clan Toreador, Helena de Grecia y Calixta de Castilla, acompañaron a los primeros conquistadores españoles, primero a México y después a Perú, con la intención de controlar la política vampírica en el Nuevo Mundo.
De hecho, la anciana Helena había acudido al Nuevo Mundo por intereses personales. Desde hacía siglos mantenía un enfrentamiento continuado con Menelau. En el siglo XV su rival había desaparecido en Europa, pero la Matusalén Toreador había terminado encontrando su rastro y lo había seguido hasta Perú. Aunque en principio había pensado emprender la búsqueda en solitario, había terminado encontrándose con Calixta de Castilla durante la conquista de México, y aunque ambas Matusalenes no confiaban del todo, habían decidido ayudarse mutuamente frente a sus enemigos.
De esta manera, Helena y Calixta llegaron a Perú y ayudaron a los soldados españoles eliminando cualquier obstáculo sobrenatural que pudiera interferir en la conquista del país. Los escasos vampiros que se atrevieron a hacerles frente resultaron destruidos. Entre los primeros que cayeron bajo