Estudio-vida de Hechos
CONTENIDO1. LA POSICION QUE OCUPA EL LIBRO
2. EL TEMA DEL LIBRO
3. INTRODUCCION Y PREPARACION (1)
4. INTRODUCCION Y PREPARACION (2)
5. INTRODUCCION Y PREPARACION (3)
6. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (1)
7. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (2)
8. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (3)
9. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (4)
10. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (5)
11.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (6)
12.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (7)
13.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (8)
14.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (9)
15.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (10)
16.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (11)
17.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (12)
18.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (13)
19.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (14)
20. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (15)
21.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (16)
22. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (17)
23. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (18)
24. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (19)
25. LA CONVERSION DE SAULO (1)
26. LA CONVERSION DE SAULO (2)
27. LA CONVERSION DE SAULO (3)
28. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (20)
29. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (21)
30. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (22)
31.LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (23)
32. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (24)
33. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (25)
34. LA PROPAGACION EN JERUSALEN, JUDEA Y SAMARIA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PEDRO (26)
35. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (1)
36. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (2)
37. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (3)
38. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (4)
39. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (5)
40. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (6)
41.LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (7)
42. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (8)
43. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (9)
44. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (10)
45. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (11)
46. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (12)
47. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (13)
48. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (14)
49. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (15)
50. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (16)
51.LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (17)
52. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (18)
53. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (19)
54. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (20)
55. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (21)
56. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (22)
57.LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (23)
58. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (24)
59. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (25)
60. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (26)
61.LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (27)
62. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (28)
63. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (29)
64. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (30)
65. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (31)
66. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (32)
67. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (33)
68. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (34)
69. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (35)
70. LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (36)
71.LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO (37)
ESTUDIO-VIDA DE HECHOS
MENSAJE UNO
LA POSICION QUE OCUPA EL LIBRO
Lectura bíblica: Lc. 24:44-49; Mr. 16:15-16, 19-20; Mt. 28:18-20; Hch. 1:1-2 Este mensaje da inicio al Estudio-vida de los Hechos de los Apóstoles. Al llegar a Hechos, debemos recordar que tanto este libro como el Evangelio de Lucas fueron escritos por la misma persona. Leamos Lucas 1:3: “Me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas ordenadamente, excelentísimo Teófilo”. Los dos primeros versículos de Hechos indican que este libro es la continuación del Evangelio de Lucas: “En el primer relato, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue llevado arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”.
UNA SINOPSIS DEL EVANGELIO DE LUCAS
Antes de proseguir, revisemos algunos detalles mencionados en el Estudio-vida de Lucas. Este evangelio presenta al Salvador-Hombre y muestra que nuestro Redentor, el Salvador, es el Dios-Hombre. Lucas nos proporciona un relato claro, no solamente del nacimiento del Salvador-Hombre, sino también de Su concepción. Además, describe la juventud, la vida, el ministerio, la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor. Por tanto, el Evangelio de Lucas presenta un panorama amplio de todo lo que incluye la Persona maravillosa del Dios-Hombre desde Su concepción hasta Su ascensión.
Podemos afirmar que la concepción del Salvador-Hombre fue Su venida de los cielos y también de Dios el Padre. Asimismo, Su ascensión fue Su regreso, no solamente a los cielos, sino también al Padre. La concepción del Salvador-Hombre fue Su venida a la tierra, y Su ascensión fue Su ida a los cielos. Esto hizo del Señor Jesús un Ser maravilloso. Su concepción y nacimiento lo constituyeron una persona divina y humana, Dios el Creador y un hombre, es decir, una criatura. Lucas 2:13-14 muestra que los ángeles exultaron al ver el nacimiento del Salvador-Hombre, quien venía a salvarnos. Los ángeles alababan a Dios y decían: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres de Su complacencia!”
Esta maravillosa persona, vivió en la tierra como un hombre cuyas virtudes humanas expresaban los atributos divinos. Así vivió y así ministró. El ministró todo lo que vivió, y lo hizo hasta la muerte. El Salvador-Hombre sufrió la
muerte, pasó por la muerte y salió de ella. Después de pasar por el dominio de la muerte y del Hades, El salió en resurrección. Por una parte, el Señor resucitó; por otra, Dios lo resucitó. Por tanto, El entró en resurrección, y en ella ascendió a los cielos. Ahora el Salvador-Hombre glorificado está en los cielos. Esta es una sinopsis del contenido crucial del Evangelio de Lucas.
EL MINISTERIO QUE EL SEÑOR REALIZA EN SU ASCENSION
Las actividades del Señor no concluyeron cuando El ascendió a los cielos. Por el contrario, la ascensión del Salvador-Hombre marcó otro inicio. Como mencionamos en el Estudio-vida de Lucas, en la ascensión, Cristo recibió la investidura que lo capacitó para cumplir Su ministerio celestial. La concepción del Señor marcó un inicio, y Su ascensión, otro. Su concepción dio inicio a Su vida y Su ministerio en la tierra; mientras que Su ascensión fue el inicio de la vida y el ministerio que ahora realiza en los cielos. Por tanto, la ascensión de Cristo no fue el final de Sus actividades, sino el inició de una obra más profunda: Su ministerio celestial.
El Evangelio de Lucas, el primer libro que éste escribió, describe el primer inicio que tuvo el Señor en Su vida y ministerio terrenales. Ahora se necesita un segundo libro, el libro de Hechos, que nos explique en qué vida y ministerio fue iniciado el Señor en Su ascensión. Por tanto, Lucas sintió que debía escribir un segundo libro que revelara la vida y el ministerio del Cristo ascendido. En Hechos vemos cómo el Señor vive y ministra en Su ascensión.
Queremos recalcar el hecho de que, según el Evangelio de Lucas, el Señor vivió en la tierra. Su vida y ministerio fueron iniciados por Su concepción y concluyeron con Su resurrección. Después de Su resucitar, el Señor Jesús ascendió a los cielos. Esta ascensión no fue una terminación, sino un nuevo inicio, el cual lo llevó a otra esfera, es decir, a los cielos, donde ahora lleva una vida y un ministerio diferentes. Esta vida y este ministerio no los lleva a cabo el Jesús que fue concebido del Espíritu Santo en el vientre de una virgen y que nació en Belén, sino el Cristo ascendido. El Cristo resucitado y ascendido vive ahora en los cielos desde donde efectúa Su ministerio. La vida y ministerio que el Señor lleva a cabo en los cielos constituyen el contenido del libro de Hechos. ¡Espero que este cuadro que hemos presentado al comienzo de este estudio-vida nos impresione profundamente!
LA POSICION QUE OCUPA
EL LIBRO DE HECHOS EN LAS ESCRITURAS
En este mensaje, mi carga consiste en señalar la posición que ocupa el libro de Hechos en las Escrituras. Debemos preguntarnos: ¿Cuál es el lugar que ocupa
Hechos entre todos los libros de la Biblia? Este libro se encuentra entre los cuatro evangelios y las epístolas, entre las que se incluye el libro de Apocalipsis. Por tanto, el libro de Hechos marca una línea divisoria. Antes de Hechos, tenemos los cuatro evangelios como continuación del Antiguo Testamento. Después de Hechos, tenemos las epístolas, que concluyen con el libro de Apocalipsis.
Podemos comparar el libro de Hechos con la espina dorsal humana. La espina dorsal divide al cuerpo humano en dos partes: la derecha y la izquierda. Muchos problemas del cuerpo se deben a una espina dorsal débil. Una persona que padece de este problema, no puede ser fuerte. Podemos afirmar que el libro de Hechos es la espina dorsal del Nuevo Testamento y que lo divide en dos partes: (1) los evangelios y (2) las epístolas, incluyendo el libro de Apocalipsis.
Al oír que el libro de Hechos es la línea divisoria y la “espina dorsal” del Nuevo Testamento, algunos dirán: “Antes, usted dividió los libros del Nuevo Testamento de una manera distinta. Ahora los está acomodando de otro modo”. Esto no debe inquietarnos, pues existen muchas maneras de acomodar los libros de la Biblia y no debemos limitarnos a una sola. Esta manera de dividir los libros del Nuevo Testamento recalca la importancia crucial de Hechos en el Nuevo Testamento.
Los cuatro evangelios hablan de que el Señor Jesús vivió en la tierra, pero ¿dónde está Cristo en el libro de Hechos? La respuesta es, en los cielos. Hechos no nos presenta a un Cristo que está en la tierra, sino a un Cristo que vive en los cielos. En cuanto a la ascensión del Señor, nos ayudaría examinar las siguientes estrofas del himno 68:
¡Ved a Jesús sentado en el cielo! Cristo el Señor al trono ascendió, Como un hombre fue exaltado, Con gloria Dios lo coronó.
Naturaleza humana se puso,
Conforme al plan de Dios El murió. Resucitado fue con un cuerpo,
Y como hombre ascendió.
Dios se humilló en El en la tierra, Dios con el hombre así residió; El hombre en El al cielo exaltado, Reconciliado fue con Dios. ¡Ved en el cielo a un hombre entronado! De todos es ahora Señor;
Dios con Su gloria lo ha coronado, Este es Jesús, el Salvador.
¡Qué maravilloso es que Cristo está ahora en el cielo entronado y que de todos es ahora Señor! Dios se humilló en El en la tierra, pero ahora, el hombre es exaltado al cielo en El. Este es el Cristo revelado en el libro de Hechos, y dicho libro divide los evangelios de las epístolas.
LA REVELACION QUE PRESENTAN LOS EVANGELIOS ACERCA DE CRISTO
Los evangelios revelan a una persona maravillosa. Esta persona es el Dios eterno cuyo nombre es Jehová en el Antiguo Testamento. El es el Creador de todo el universo y del hombre. En Génesis 3:15, El profetizó que un día llegaría a ser la simiente de la mujer. Cuatro mil años después, esa promesa aún no se había cumplido. Finalmente el Señor Jesús vino como simiente de la mujer. En realidad, El era el propio Dios quien era concebido en el vientre de una virgen humana. Este hecho lo recalcamos en el Estudio-vida de Lucas y debemos conocerlo.
El Dios todopoderoso, Jehová el eterno, el Creador del universo, fue concebido en el vientre de una virgen y nació de ella, lo cual lo constituyó una persona de dos naturalezas: la divina y la humana. Esto significa que El nació como Dios-hombre, es decir, como el Dios completo y el hombre perfecto. En El vemos a Dios en Su naturaleza y atributos divinos, y al hombre, en la naturaleza y las
virtudes humanas. Por tanto, en esta persona, vemos al Dios completo y al hombre perfecto.
Como Dios-hombre, el Señor Jesús llevó la vida de un hombre; no obstante, vivió por Dios y con Dios. Incluso podemos afirmar que El vivió a Dios y lo expresó en Su humanidad. En el Evangelio de Lucas, vemos a un hombre que vivió en la tierra, lleno de virtudes humanas que expresaban la naturaleza divina y los atributos divinos. En El, Dios se expresaba en un ser humano, pues la vida que llevaba era la mezcla de la divinidad con la humanidad, una compenetración de Dios y el hombre.
Antes del Señor Jesús, nadie había vivido así. Esta vida no había existido jamás. Por consiguiente, la vida del Señor era única, pues en ella vemos la mezcla de Dios con el hombre. El Señor Jesús llevó esta vida y ministró por medio de ella. En realidad, Su ministerio era simplemente Su vivir. Su vivir era Su ministerio, cuyo fin era cumplir lo que el Antiguo Testamento había presentado acerca de El en profecías y tipos.
Después de vivir en la tierra por treinta y tres años y medio, el Señor Jesús sabía que debía ir al monte Moriah para sufrir una muerte todo-inclusiva. El Señor no pasó por una muerte ordinaria; por el contrario, Su muerte fue extraordinaria, pues lo incluyó todo y cumplió lo que Dios exigía para limpiar el universo, poner fin a la vieja creación y llevarla a Su tumba. Por tanto, todo el universo fue sepultado con Cristo en la tumba.
Después de eliminar la vieja creación, el Señor descansó en la tumba. Por otro parte, mientras descansaba en Su cuerpo de carne, El, en el Hades, estaba activo en Su espíritu (1 P. 3:18-20). Allí El proclamó la victoria de Dios sobre Su enemigo, Satanás. Después de que Cristo cumplió el propósito de Dios mediante Su muerte todo-inclusiva, salió de la muerte y se levantó de la tumba. Así llegó a ser el Salvador y Redentor resucitado. Además, en Su resurrección, El llegó a ser el Espíritu vivificante todo-inclusivo (1 Co. 15:45). Como se mencionó anteriormente, el Señor nos ha mostrado a través de Su Palabra que el Espíritu vivificante es la consumación final del Dios Triuno, quien llega a Su pueblo redimido. En Su resurrección, Cristo llegó a ser tal persona.
En Juan 20, vemos que Cristo en Su resurrección, quien es el Espíritu vivificante, la consumación final del Dios Triuno que llega a Su pueblo redimido, volvió a Sus discípulos de una manera excelente y misteriosa para infundirse en ellos. El Señor sopló en ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn. 20:22). En realidad, los discípulos representaban a todos los miembros del Cuerpo, y el Señor entró en tales representantes como Espíritu vivificante.
En otra ocasión, el Cristo resucitado dijo a los discípulos: “He aquí, Yo envío la promesa de Mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lc. 24:49). Entonces “los sacó fuera hasta Betania, y alzando Sus manos, los bendijo. Y aconteció que bendiciéndoles, se separó de ellos, y fue llevado arriba al cielo” (Lc. 24:50-51). Antes de Su ascensión, el Señor mandó a Sus discípulos, quienes ya lo habían recibido como Espíritu vivificante en el aspecto esencial, a que esperaran a que El, después de Su ascensión, se derramara sobre ellos como Espíritu todo-inclusivo en el aspecto económico.
EN EL TRONO EN EL ASPECTO ECONOMICO Y EN LOS CREYENTES EN EL ASPECTO ESENCIAL
Hemos dado un esbozo de la revelación completa que presentan los cuatro evangelios acerca de Cristo. Debemos ver este panorama en nuestro espíritu. En primer lugar, es importante que veamos que el Antiguo Testamento contiene profecías y tipos acerca de Jesucristo. Segundo, debemos ver que El fue concebido en el vientre de una virgen y que al nacer de ella fue constituido un Dios-hombre. Tercero, que El llevó una vida en la cual expresó los atributos divinos en Sus virtudes humanas. Cuarto, que el Señor pasó por la muerte y entró en la resurrección, transformandose así, en el Espíritu que llega a nosotros. Quinto, que en resurrección El se infundió como Espíritu vivificante en Sus discípulos al soplar en ellos; y por último, que ascendió a los cielos, después de haber dado órdenes a los discípulos a que esperasen a que El se derramara sobre ellos como Espíritu económico de poder.
Ya vimos que el Señor Jesús fue concebido, que nació y vivió en la tierra, que murió y resucitó, y que ahora en Su ascensión está en los cielos. Resulta imposible describir a esta persona maravillosa en pocas frases. Se necesitan muchas palabras para definir a Aquel que está en el trono celestial.
Es necesario emplear diferentes palabras para describir al Dios-hombre ascendido. El es el Dios eterno, Jehová el Creador todopoderoso del universo. El fue concebido en el vientre de una virgen, nació de ella y así llegó a ser un Dios-hombre. Luego llevó en la tierra una vida que era la mezcla de Dios con el hombre. Después de efectuar la redención eterna, El salió de la muerte, y en resurrección se hizo el Espíritu vivificante. Luego, en la esfera de la resurrección se infundió en Sus discípulos de manera esencial al soplar en ellos. Después, en el aspecto económico, ascendió al cielo. Por tanto, el Señor Jesús está ahora en los cielos en el aspecto económico como el Cristo glorificado, y en el aspecto esencial, en Sus discípulos como vida. ¡Aleluya por Aquel que está en Sus discípulos de una manera esencial y en el trono en los cielos en el aspecto económico! ¡Que todos tengamos esta visión de nuestro Salvador maravilloso!
¿Dónde está Cristo ahora? Podemos contestar: “En el aspecto esencial, Cristo está en nosotros, y en el económico, está en el trono en los cielos. Nuestro Salvador tiene dos aspectos: el esencial y el económico.”
Muchos cristianos no se dan cuenta de que nuestro Salvador tiene el aspecto esencial y el económico. Según el primero, El mora en nosotros, mientras que conforme al segundo, El está sentado en los cielos. Anteriormente citamos el verso del himno: “¡Ved a Jesús sentado en el cielo!” El Señor Jesús está sentado en el cielo no en Su aspecto esencial, sino en el económico, y al mismo tiempo, El está en nosotros en el sentido esencial. ¡Cuán maravilloso es esto! Esta es la revelación que precede al libro de Hechos.
Necesitamos recibir esta revelación antes de llegar a Hechos, lo cual significa que al empezar el estudio de este libro, debemos haber visto que el Señor Jesús está en el trono en el sentido económico y en nosotros esencialmente.
Después de Hechos tenemos las epístolas. Si queremos entender las epístolas, debemos profundizar en el estudio del libro de Hechos. Si no entendemos correctamente Hechos, tampoco podremos entender las epístolas. Muchos lectores del Nuevo Testamento no entienden debidamente las epístolas porque carecen de una visión clara acerca de Hechos. Por tanto, acudimos al Señor para que nos abra este libro y nos proporcione un panorama claro de lo que en él se revela.
ESTUDIO-VIDA DE HECHOS
MENSAJE DOS
EL TEMA DEL LIBRO
Lectura bíblica: Lc. 24:44-49; Mr. 16:15-16, 19-20; Mt. 28:18-20; Hch. 1:1-2 En el mensaje anterior dijimos que podemos considerar el libro de Hechos como marca divisoria o “espina dorsal” del Nuevo Testamento. Este libro separa los cuatro evangelios de las epístolas, las cuales incluyen el libro de Apocalipsis. Los evangelios presentan a un Redentor consumado y la redención que El realizó. En Hechos vemos que dicho redentor y dicha redención se propagan para que se produzcan las iglesias. Luego, en las epístolas, tenemos la edificación de los creyentes y la edificación de las iglesias.
LA PROPAGACION DEL CRISTO RESUCITADO
Después de haber visto la posición que ocupa el libro de Hechos, examinaremos su tema. El tema de Hechos es la propagación del Cristo resucitado en Su ascensión, por el Espíritu, mediante los discípulos, para producir las iglesias, el reino de Dios. Hechos gira en torno a la propagación del Cristo resucitado. Cristo lleva a cabo esta propagación en Su ascensión, por el Espíritu y mediante los discípulos. El se propaga con el fin de producir las iglesias, es decir, el reino de Dios.
Ningún versículo de Hechos puede resumir todo el libro. La mejor manera de hacerlo es describiendo su tema. Por tanto, una vez más quisiera señalar que el tema de Hechos gira en torno a la propagación del Cristo resucitado. Nos resulta de gran provecho emplear esta expresión: “la propagación del Cristo resucitado”. No he sabido de ningún estudio acerca de este libro que use la palabra “propagación”. No obstante, el tema de Hechos es la propagación del Cristo resucitado en Su ascensión, por el Espíritu, mediante los discípulos, para producir las iglesias, el reino de Dios.
En Hechos, el que se propaga no es simplemente el Jesús que vivió en Nazaret en el hogar de un carpintero, sino el Cristo que resucitó.
LAS ACTIVIDADES DE CRISTO EN SU ASCENSION
La propagación del Cristo resucitado la lleva a cabo Cristo mismo en Su ascensión. El Señor Jesús vivió en la tierra durante treinta y tres años y medio, pero ahora está en ascensión, en la cual lleva a cabo muchas actividades. No debemos pensar que el Cristo ascendido está sentado pasivamente en el trono,
observando la lamentable situación que prevalece en la tierra y desanimado por ello. No, en Su ascensión, El está activo de una manera muy positiva. Como el Cristo ascendido, El lleva a cabo diversas actividades.
En el martirio de Esteban tenemos un ejemplo claro de las actividades que Cristo realiza en Su ascensión. Hechos 7:55 y 56 refiriendose a Esteban dice: “Pero él, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre de pie a la diestra de Dios”. Al ver lo que sucedía en la tierra, el Cristo ascendido se puso en pie. Quizás El haya dicho: “Aunque vosotros estéis apedreando a Esteban y estéis a punto de matarlo, Yo ganaré a uno de vosotros, a Saulo de Tarso, al cual fortaleceré mucho más que a Esteban. ¿Qué haréis al respecto? Mientras vosotros lo apedreáis, Yo observo. Pero esperad un poco y seréis vencidos”. El caso de Esteban demuestra que el Cristo resucitado está muy activo en Su ascensión.
El hecho de que Cristo está ahora en ascensión no sólo significa que El está en los cielos, sino también que El tiene poder y autoridad. En Su ascensión, Cristo posee todo poder y toda autoridad sobre el universo. Mateo 28:18 dice que el Cristo resucitado declaró a Sus discípulos: “Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra”. Por tanto, con tal autoridad y poder que recibió en Su ascensión, el Señor está muy activo. ¿Qué está haciendo ahora? Como el Cristo ascendido, El lleva a cabo Su propagación universal y eterna.
¿Quién puede explicar por qué hay tantos cristianos hoy en la tierra? ¿Por qué existen tantos creyentes en el mundo? Grandes hombres han intentado controlar la tierra, pero han fracasado. Por ejemplo, Hitler lo intentó pero al final lo perdió todo. Se dice que Napoleón, después de ser vencido, miró al cielo y confesó que Jesús lo había derrotado. El reconoció que el Señor Jesús lo había ganado todo sin librar batalla. Lo que queremos recalcar es que toda la tierra está en manos de Aquel que permanece invicto y que ahora lleva a cabo Su propagación.
La labor principal del Cristo ascendido no consiste en pelear, sino en propagarse a Sí mismo por toda la tierra. En el recobro del Señor, tenemos gentes de todos los colores: negros, blancos, amarillos y rojos. Todos formamos parte de la propagación de Cristo, pues fuimos producidos por el Cristo resucitado y ascendido
PRODUCIR LAS IGLESIAS, EL REINO DE DIOS
La propagación es un asunto de producción. Por tanto, propagar significa producir. La propagación del Cristo resucitado en Su ascensión produce las
iglesias. Las iglesias son el fruto del Cristo resucitado y ascendido; ellas son el resultado de la propagación de Cristo. En Hechos, la palabra “iglesia” se menciona por primera vez en 5:11. A partir de allí, se menciona en diversas ocasiones (8:1, 3; 9:31; 11:22, 26; 12:1, 5; 13:1; 14:23, 27; 15:3, 4, 22, 41; 16:5; 18:22; 20:17, 28).
Las iglesias que el Cristo resucitado produce en Su ascensión constituyen el reino de Dios. En cuanto al reino, no debemos seguir las enseñanzas de algunos que alegan que el reino de Dios no está presente hoy en día. Ellos enseñan que el reino fue suspendido y que volverá después de la era de la iglesia. En el libro de Hechos, vemos que las iglesias y el reino de Dios no están separados; de hecho, las iglesias son el reino de Dios. En Hechos, el reino de Dios se menciona por primera vez en 1:3 y después en muchos otros versículos (8:12; 14:22; 19:8; 20:25; 28:23, 31).
Debe impresionarnos el tema de Hechos, un libro que constituye “la espina dorsal” del Nuevo Testamento. Hechos revela que Cristo en Su ascensión se propaga para producir las iglesias, las cuales son el reino de Dios en la tierra hoy. Después del libro de Hechos, tenemos las epístolas. Las epístolas, como continuación de Hechos, edifican a los santos a fin de que las iglesias sean plenamente edificadas como Cuerpo de Cristo. La consumación de esta edificación será la Nueva Jerusalén. Si vemos el lugar que ocupa Hechos en el Nuevo Testamento, nos daremos cuenta de que este libro, la espina dorsal del Nuevo Testamento, tiene una posición crucial.
UNA OBRA EN ASCENSION
Hemos recalcado que el tema de Hechos es la propagación del Cristo resucitado en Su ascensión, por el Espíritu, mediante los discípulos, para producir las iglesias, el reino de Dios. Además, vimos algo acerca de la propagación del Cristo resucitado (2:24; 3:15; 5:30; 13:33). Ahora debemos ver que el Señor lleva a cabo esta propagación desde el trono en los cielos, es decir, en ascensión. No obstante, la mayor parte de la obra cristiana de hoy no se efectúa en ascensión. Esperamos que la obra que realizamos en el recobro del Señor se halle en Su ascensión. La ascensión se refiere a la naturaleza y esfera en la que debe llevarse la obra del Señor en la tierra. Por tanto, la obra del Señor hoy en día debe poseer una naturaleza celestial y encontrarse en una esfera celestial.
Cristo se propaga a Sí mismo en Su ascensión, la cual sucedió después de Su muerte y resurrección. Por tanto, Cristo, en Su ascensión, labora en la naturaleza de Su resurrección, lo cual indica que Su obra no es natural, es decir, que no tiene nada del hombre natural, sino que pertenece a la vida divina en resurrección y que se lleva a cabo en la esfera y condición de Su ascensión. ¿En
qué esfera laboramos hoy? Todos debemos ser capaces de declarar que laboramos en la ascensión de Cristo.
POR EL ESPIRITU
La propagación del Cristo resucitado en Su ascensión es realizada por el Espíritu. Su propagación no se lleva a cabo por medio de métodos humanos. Observe la situación actual de los cristianos en lo que respecta a la propagación de Cristo. ¿Dónde vemos una obra de propagación que se efectúe por el Espíritu? En muchos casos, vemos muy poco del Espíritu y a cambio, métodos y técnicas humanos. Por ejemplo, algunos usan la música “rock” en su predicación del evangelio. Debemos darnos cuenta de que la propagación del Cristo resucitado se realiza por el Espíritu, particularmente, en el aspecto económico. En el libro de Hechos vemos que este Espíritu es quien lleva a cabo la propagación de Cristo.
MEDIANTE LOS DISCIPULOS
La propagación de Cristo se lleva a cabo mediante los discípulos. ¿Quiénes son los discípulos? Como veremos, ellos no son simplemente predicadores; en Hechos, ni siquiera se les denomina así. Antes bien, los discípulos son testigos, que dan testimonio de una persona maravillosa, de Aquel que fue concebido por Dios el Espíritu, que nació de una virgen humana, que vivió en la tierra y ministró, que entró en la muerte y la conquistó, y que salió de la tumba en resurrección, transformándose en Espíritu vivificante. El Cristo resucitado ascendió a los cielos, donde está sentado en el trono. Allí, El se encuentra muy activo en Su labor de propagación. Los discípulos son testigos de esta persona. Por esta razón, el Señor les dijo: “Seréis Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (1:8).
PARA PRODUCIR LAS IGLESIAS
El Cristo resucitado se propaga a Sí mismo en Su ascensión, mediante Sus testigos para producir las iglesias. Esto indica que las iglesias no deben ser establecidas simplemente por manos humanas. Toda iglesia local debe ser el resultado de la propagación de Cristo, es decir, debe nacer de Cristo, ser producida por El al propagarse en Su vida divina y resucitada.
EL REINO DE DIOS
Las iglesias que Cristo produce al propagarse, son el reino de Dios. Este reino es una esfera de vida que Cristo produce al propagarse. En realidad, el reino es la expansión del Cristo resucitado que se propaga. El Cristo resucitado, quien se
propaga a Sí mismo en Su ascensión, por el Espíritu y mediante los discípulos, es la realidad del reino de Dios. El reino de Dios es Su expansión.
Un ejemplo del reino de Dios como expansión de Cristo es el reino humano. Al principio, había un solo hombre, Adán. Luego, él empezó a extenderse, a aumentar. En ese entonces, el reino del hombre consistía de una pareja; luego, esta pareja engendró hijos, y así se extendió el reino humano, de un hombre a una familia. Ahora todo el linaje humano forma parte del reino del hombre. El reino humano es simplemente la humanidad como expansión del hombre Adán. Así vemos que el reino humano es la expansión del hombre.
¿Qué es el reino de Dios? El reino de Dios es la expansión de Dios, cuya corporificación es Cristo. Esta expansión de Cristo constituye las iglesias. Las iglesias son la expansión del Cristo que se sembró como semilla del reino de Dios. Los cuatro evangelios revelan esto. En ellos, Cristo era la semilla del reino. En Hechos vemos la propagación de esta semilla, la cual produce las iglesias como reino de Dios.
¿De cuántos capítulos se compone el libro de Hechos? Tal vez digamos que Hechos sólo consta de veintiocho capítulos. Por supuesto, eso es correcto, pero podemos afirmar también que este libro continúa escribiéndose hoy, porque la propagación del Cristo resucitado sigue vigente. Así que es posible que Hechos contenga miles de capítulos. De hecho, en este momento se está escribiendo una página de un capítulo. Aquello que se escribe es la propagación del Cristo resucitado, la expansión de Cristo, con el fin de producir el reino de Dios. Nosotros quienes estamos en las iglesias somos la propagación y expansión de Cristo, y de este modo agrandamos el reino de Dios.
Espero que todos memoricemos el tema del libro de Hechos: la propagación del Cristo resucitado en Su ascensión, por el Espíritu, mediante los discípulos, para producir las iglesias, el reino de Dios. En esta oración encontramos tres palabras que pueden considerarse sinónimas: propagación, iglesias y reino. El reino consta de las iglesias, y las iglesias son la propagación de Cristo.
Cuanto más nos impresione el tema de Hechos, más podremos decir: “Señor, te adoramos por ser el Cristo resucitado y ascendido. Te alabamos por Tu propagación. Te damos gracias porque ahora somos Tu propagación. Te agradecemos porque estamos contigo en los cielos y porque las iglesias son el reino de Dios”. Declaremos a todo el universo que el Señor Jesús está ahora en los cielos, y que en esta condición de exaltación El se está propagando en la tierra por medio de nosotros como testigos Suyos.
MENSAJE TRES
INTRODUCCION Y PREPARACION (1)
Lectura bíblica: Hch. 1:1-26
El libro de Hechos comprende tres secciones importantes: la introducción (1:1-2), la preparación (1:3-26) y la propagación (2:1—28:31). La introducción es muy breve, pues sólo consta de dos versículos, y la preparación abarca el resto del capítulo uno. La sección que narra la propagación se extiende del capítulo dos al veintiocho. Es probable que ésta sea la sección más extensa de los sesenta y seis libros de la Biblia. En este mensaje, estudiaremos la introducción de Hechos, la cual nos da entrada al libro, y después, abordaremos la sección de la preparación. Como veremos, esta sección incluye la preparación de los discípulos por parte del Señor y la preparación de ellos mismos.
INTRODUCCION Por Lucas
Leamos Hechos 1:1-2: “En el primer relato, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue llevado arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”. La persona que habla en el versículo 1 es Lucas, el autor de este libro. La iglesia primitiva reconoció a Lucas como autor del evangelio que lleva su nombre (Lc. 1:3) así como del libro de Hechos. El estilo con que ambos libros se escribieron confirma este hecho. Lucas era un gentil (Col. 4:14), probablemente un griego asiático, y médico de profesión. En Troas, él se unió a Pablo y al ministerio de éste, y le acompañó en sus últimos tres viajes ministeriales (Hch. 16:10-17: 20:5—21:18; 27:1—28:15). Ademas, fue compañero fiel de Pablo hasta el martirio del mismo (Flm. 24; 2 Ti. 4:11).
A Teófilo
Tanto el Evangelio de Lucas como el libro de Hechos fueron dirigidos a una persona llamada Teófilo. En griego, este nombre significa “amado por Dios” o “amigo de Dios”. Teófilo fue probablemente un creyente gentil que ocupó algún puesto oficial en el Imperio Romano.
La continuación del Evangelio de Lucas
Hechos es la continuación del Evangelio de Lucas. Esto se puede demostrar comparando Hechos 1:1-2 con Lucas 1:1-4. En Hechos 1:1, las palabras “el
primer relato” se refieren a lo que Lucas escribió a Teófilo en su evangelio “ordenadamente” (Lc. 1:3).
Hechos 1:2 declara que el Señor Jesús dio “mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido”. Aunque el Cristo resucitado ya había llegado a ser el Espíritu vivificante (1 Co. 15:45), en resurrección aún obraba por medio del Espíritu Santo (Jn. 20:22).
LA PREPARACION
El Señor adiestra a Sus discípulos
Como ya mencionamos, Hechos 1:3-26 gira en torno a la preparación de los discípulos, la cual fue realizada por el Señor y también por ellos mismos. En esta sección, vemos que Cristo, en Su resurrección, prepara a los discípulos (vs. 3-8) hablandoles de las cosas del reino de Dios (v. 3) y mandándoles a que esperasen el bautismo del Espíritu Santo (vs. 4-8). Después de la ascensión de Cristo, en los versículos 9-11, tenemos la preparación por parte de los discípulos (vs. 12-26). Ellos perseveraron en la oración (vs. 12-14); y posteriormente escogieron a Matías (vs. 15-26).
El Señor, antes de ir al cielo para llevar a cabo Su propagación en Su ascensión, hizo algo más para preparar a Sus discípulos. Aunque ellos lo habían acompañado durante tres años y medio, aún no estaban totalmente preparados. Esto muestra que en el recobro del Señor no debemos intentar perfeccionar a los santos de forma rápida.
Digamos que los tres años y medio que el Señor pasó con Sus discípulos equivalían a una educación universitaria, la cual regularmente dura cuatro años. Quizás usted se pregunte qué pasó con los seis meses restantes de dicha educación. Esos meses se cumplieron después de la resurrección del Señor. Con el paso de los siglos, la gente ha aprendido que una persona que desee adquirir una buena educación necesita pasar primero por el nivel preescolar, elemental, por la escuela secundaria, la preparatoria y por último hacer cuatro años de universidad. Los años que transcurren entre el nivel preescolar y la preparatoria constituyen una preparación para los años universitarios. Podemos aplicar este principio a la Biblia y encontrar en las Escrituras varios niveles de educación espiritual. En el Antiguo Testamento, pasamos del nivel “preescolar” de Génesis, a la “preparatoria” de los salmos y los profetas. En medio, tenemos la escuela “elemental” que comienza con Exodo, seguida de la “secundaria” de los libros históricos. Al llegar al Nuevo Testamento, podemos afirmar que los evangelios se encuentran a un nivel “universitario”, y las epístolas, al nivel de estudios de “post-grado”.
El Señor Jesús pasó tres años y medio con Sus discípulos a fin de darles una “educación universitaria”. Pedro, Andrés, Jacobo y Juan eran pescadores, pero el llamamiento del Señor los elevó e hizo de ellos “estudiantes universitarios”. Gamaliel, por su parte, permaneció en la “preparatoria” del Antiguo Testamento. El Señor Jesús, como “profesor” y “director” de esta escuela, pasó tres años y medio con Sus “estudiantes”, pero los seis meses restantes de la “educación” de ellos se completaron después de Su resurrección. Esto significa que el Señor educó a Sus discípulos por tres años y medio mientras estuvo en la carne, y luego, estando en resurrección, El completó los cuatro años del adiestramiento de ellos.
Necesitamos recibir la iluminación celestial
Debemos leer la Biblia continuamente para conocer la Palabra escrita y llenarnos de ella. Además, debemos orar: “Señor, enséñame lo que quieres decir en cada libro del Nuevo Testamento”. Si usted ora así, la luz vendrá gradualmente.
A fin de entender bien las palabras del Nuevo Testamento, es aconsejable que aprendamos griego, pero no debemos pensar que esto por sí solo nos asegurará que conoceremos la Biblia. Una persona puede saberse de memoria todas las palabras griegas del Nuevo Testamento, y encontrarse totalmente ciega, sin recibir luz acerca de lo se que revela en él. Por tanto, además, de tener conocimiento del idioma griego, también necesitamos la iluminación celestial para obtener la revelación divina del Nuevo Testamento.
Hoy luchamos en contra de la ceguera espiritual. Pese a que muchas personas poseen doctorados en griego, hablando en términos espirituales, ellos están completamente ciegos. Como eruditos, conocen el Nuevo Testamento en griego, pero no saben lo que el Señor revela en él. Aunque tengamos muchos diplomas o mucha educación, todos debemos humillarnos y decir: “Señor, no sé nada ni tampoco soy nada. Muéstrame Tu revelación”. Si ora así, la revelación del Señor llegará a usted.
El caso de Pedro
En los evangelios, el Señor Jesús pasó tres años y medio con Sus discípulos. El se mostró muy paciente con ellos durante ese tiempo. Inclusive, podemos afirmar que el Señor les tocaba “música celestial”, pero ellos no supieron apreciarla. Este fue particularmente el caso de Pedro.
El Señor Jesús, lleno de paciencia y simpatía, hizo todo lo posible por ayudar a Pedro. En Mateo 16, Pedro recibió una visión celestial y declaró: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). El Señor contestó y le dijo:
“Bienaventurado eres, Simón Barjona, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos” (v. 17). En ese mismo pasaje, el Señor les habló acerca de la iglesia y del reino, y “comenzó a manifestarles a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer muchas cosas por parte de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (v. 21). Al oír esto, Pedro empezó a reprenderle, diciendo: “¡Dios tenga compasión de Ti, Señor! ¡De ningún modo te suceda eso!” (v. 22). Inmediatamente, el Señor se volvió a Pedro y le dijo: “¡Quítate de delante de Mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mente en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (v. 23).
Al leer el relato de Mateo 16 tal vez sintamos lástima de Pedro, pero a pesar de lo penosa que era su condición, el Señor Jesús no lo abandonó. Pedro no fue “expulsado” de la “universidad” del Señor. El Señor Jesús, como presidente de esta universidad, pacientemente continuó educándolo.
El Señor Jesús incluso se mostró paciente cuando Pedro lo negó. La noche en la que el Señor fue traicionado, Pedro le dijo: “Aunque todos tropiecen por causa de Ti, yo nunca tropezaré” (Mt. 26:33). El Señor le contestó: “De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces” (v. 34). Más tarde, efectivamente, Pedro negó al Señor tres veces, pero el Señor no se sintió desilusionado, pues esta experiencia de Pedro formaba parte de su “curso universitario”.
Finalmente Pedro aprendió a apreciar la música celestial que el Señor Jesús “tocaba”. Dicho aprecio lo ganó, no durante los tres años y medio que estuvo con el Señor, sino después de que el Señor se transfiguró de la carne al Espíritu. Mientras estuvo en la carne, el Señor no tuvo mucho éxito con Pedro, pues no podía entrar en él. Aunque podía corregirlo, no podía regenerarlo, volverlo a crear, ni morar en él. En otras palabras, mientras el Señor estuviera en la carne, le era imposible propagarse en Pedro y en los demás discípulos. Para esto, El necesitaba impartirse en ellos como vida.
El Cristo resucitado se imparte en los discípulos al soplar en ellos
Mientras los discípulos pasaban por su “curso universitario”, el Señor Jesús sabía muy bien que debía entrar en ellos, pero no podía hacerlo mientras estuviera en la carne. Por esta razón, el Señor les indicó a Sus discípulos en el Evangelio de Juan, que le era necesario morir y resucitar. En resurrección El podría entrar en los discípulos como vida y permanecer en ellos como su persona, y de este modo El se propagaría.
Después de resucitar, el Señor Jesús regresó a Sus discípulos como Espíritu vivificante y con Su soplo se infundió en ellos (Jn. 20:22). En lugar de darles una enseñanza o un sermón, El simplemente se impartió en ellos. Esto marcó el inicio del último “semestre” de los cuatro años “universitarios” que recibieron los discípulos. Al infundirles Su aliento, El se propagó como vida en ellos.
Aparece a los discípulos durante cuarenta días
Después de entrar en Sus discípulos, el Señor aún permaneció con ellos en el aspecto económico durante cuarenta días. Leamos lo que revela Hechos 1:3 al respecto: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles de lo tocante al reino de Dios”. El hecho de que el Señor se presentara vivo tenía como fin entrenar a los discípulos para que ellos se acostumbraran a Su presencia invisible y la disfrutaran. En el Evangelio de Juan no hallamos ningún indicio de que el Señor abandonara a los discípulos después de infundirse en ellos. En realidad, El permaneció con ellos, a pesar de que no estuviesen conscientes de Su presencia. Cada vez que el Señor se les aparecía, ésta era Su manifestación. Antes de morir, Su presencia era visible en la carne, pero después de resucitar, Su presencia era invisible en el Espíritu. Las manifestaciones o apariciones del Señor después de Su resurrección, tenían como fin adiestrar a los discípulos a que estuvieran conscientes de Su presencia invisible, que la disfrutaran y se acostumbraran a ella, la cual es más disponible, más prevaleciente, más preciosa, más rica y más real que Su presencia visible. La presencia invisible del Señor es simplemente el Espíritu que El infundió en los discípulos en Su resurrección, el cual estaría con ellos todo el tiempo.
Después de impartirse en los discípulos, el Señor nunca los dejó esencialmente. No obstante, El aparecía y desaparecía en el aspecto económico con el fin de entrenar a Sus discípulos y así concluir los últimos seis meses de la educación de ellos. Por esta razón, no es acertado decir que el Señor se iba y regresaba, sino más bien, que aparecía y desaparecía.
El Señor Jesús apareció a los discípulos durante cuarenta días. En la Biblia, cuarenta días constituyen un período de pruebas. El Antiguo Testamento enseña que cuarenta días son un tiempo de aflicción y prueba (Dt. 9:9, 18; 1 R. 19:8). Cuando el Señor Jesús fue conducido por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo, ayunó cuarenta días y cuarenta noches (Mt. 4:1-2). Los hijos de Israel también fueron probados y adiestrados por Dios en el desierto durante cuarenta días. Por tanto, cuarenta es el número que simboliza prueba y adiestramiento. Así, en Hechos 1, el Señor continuó apareciéndose y desapareciéndose durante cuarenta días con el fin de probar a Sus discípulos y adiestrarlos.
Desde el momento en que El entró en los discípulos como Espíritu el día de Su resurrección, el Cristo resucitado comenzó a morar en ellos. Las apariciones mencionadas en Hechos 1:3 no implican que El los hubiera dejado, sino más bien, que les manifestaba Su presencia de manera visible, y así los entrenaba a que se acostumbraran a Su presencia invisible y la disfrutaran continuamente. Los discípulos se habían acostumbrado a la presencia visible de Cristo. Durante tres años y medio, El había estado con ellos de manera visible en la carne. Lo vieron, lo palparon y comieron con El. Incluso uno de ellos se reclinó sobre Su pecho (Jn 13:23). Pero de repente, Su presencia visible desapareció. Más tarde, el Señor volvió a Sus discípulos para soplar en ellos. A partir de ese instante, la presencia del Señor se hizo invisible; dejó de ser una presencia física y se convirtió en una espiritual.
Aunque la presencia espiritual del Señor es ahora invisible, es más real y vital que la visible. Su presencia visible dependía de los elementos del tiempo y el espacio, pero ahora éstos no afectarían más Su presencia invisible. Su presencia invisible está en todas partes. Hoy dondequiera que estemos, la presencia invisible del Señor nos acompaña. De hecho, Su presencia invisible no está solamente con nosotros, sino en nosotros. Mientras el Señor estaba con los discípulos en la carne, Su presencia era exterior y visible, pero después de infundirse en ellos como Espíritu vivificante, Su presencia se hizo interior e invisible.
Debido a que los discípulos no estaban acostumbrados a la presencia invisible del Señor, El continuó con ellos en el aspecto económico, apareciéndoles y desapareciéndoles por cuarenta días. De esta manera, El los adiestró a conocer y disfrutar Su presencia invisible.
ESTUDIO-VIDA DE HECHOS
MENSAJE CUATRO
INTRODUCCION Y PREPARACION (2)
Lectura bíblica: Hch. 1:1-26
Ya vimos que 1:1-2 presenta la introducción al libro de Hechos. Luego, en 1:3-26, se narra la preparación de los discípulos, la cual fue realizada por el Señor y también por ellos mismos. En este mensaje, seguiremos hablando de la preparación de los discípulos por parte de Cristo en Su resurrección.
HABLA A LOS DISCIPULOS ACERCA DEL REINO DE DIOS
Leamos Hechos 1:3: “A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles durante cuarenta días y hablándoles de lo tocante al reino de Dios”. En este pasaje vemos que durante cuarenta días el Señor habló a los discípulos acerca del reino de Dios. ¿Qué les diría el Señor específicamente durante ese tiempo? Lucas no lo dice. En lugar de proporcionarnos un relato completo de lo que el Señor enseñó a los discípulos acerca del reino, él simplemente declara el hecho.
Aunque Hechos no relata las palabras que el Señor habló acerca del reino, podemos deducir lo que dijo al estudiar otros pasajes de la Palabra. En los evangelios, el Señor Jesús habló bastante a Sus discípulos acerca del reino. Dudo que durante los cuarenta días después de Su resurrección, el Señor les dijera algo nuevo. Yo diría que El repitió lo que ya les había enseñado. Sólo que en esa ocasión, los discípulos no entendieron lo que su “profesor” les enseñaba. Por tanto, el Señor Jesús repitió Su enseñanza durante esos cuarenta días, desde Su resurrección hasta Su ascensión.
Si queremos saber, o por lo menos deducir, lo que el Señor enseñó a los discípulos acerca del reino en los cuarenta días, debemos leer nuevamente todo lo que El dijo acerca del reino en los evangelios. Es muy probable que la enseñanza que impartió durante esos cuarenta días fuera idéntica a la que aparece en los evangelios.
La necesidad de tener perspicacia espiritual
Cuando el Señor Jesús habló a Sus discípulos acerca del reino antes de Su muerte y resurrección, El aún no estaba en ellos, pues todavía estaba en la carne. Los discípulos no tenían la perspicacia espiritual necesaria para entender lo que era el reino de Dios porque el Señor no estaba en ellos en aquel tiempo. Conocer el reino de Dios requiere percepción y perspicacia espirituales. Sin ellos es imposible conocer el reino de Dios. Los que carecen de percepción espiritual piensan que entrar en el reino de Dios equivale a ir al cielo. En general, éste es el concepto natural de la humanidad caída en cuanto al reino de Dios.
En los evangelios, los discípulos no tenían la perspicacia con la cual entender el reino de Dios, pero en Juan 20, recibieron a la persona maravillosa del Cristo resucitado como Espíritu vivificante. Esto hizo de ellos personas diferentes en Hechos 1. Por una parte, eran las mismas personas; por otra, eran distintos porque Cristo, el Espíritu vivificante, estaba ahora en ellos como su vida y su
persona. La presencia del Espíritu vivificante en ellos les permitió entender lo que el Señor habló acerca del reino de Dios.
El reino de la vida divina
Ahora debemos hacernos una pregunta importante: ¿Qué es el reino de Dios? El reino de Dios no es un reino material, visible al hombre, sino un reino divino, un reino constituido de la vida de Dios. El reino de Dios es la extensión de Cristo como vida en Sus creyentes, la cual forma un dominio en el que Dios gobierna en Su vida. El hecho de que el reino se mencione en 1:3 demuestra que ese sería el tema principal de la predicación de los apóstoles en la comisión que recibirían después de Pentecostés (8:12; 14:22; 19:8; 20:25; 28:23, 31).
El reino de Dios es el gobierno, el reinado, de Dios con todas Sus bendiciones y disfrute. Es la meta del evangelio de Dios y de Jesucristo. La entrada a este reino requiere que las personas se arrepientan de sus pecados y crean en el evangelio (Mr. 1:15) para que les sean perdonados sus pecados y sean regeneradas por Dios con el fin de tener la vida divina, la cual corresponde a la naturaleza divina de este reino (Jn. 3:3, 5).
Todos los creyentes de Cristo pueden participar del reino en la era de la iglesia y disfrutar a Dios en Su justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo (Ro. 14:17). El la era venidera, el reino llegará a ser el reino de Cristo y de Dios para que los creyentes vencedores lo hereden y lo disfruten (1 Co. 6:9-10; Gá. 5:21; Ef. 5:5), a fin de que reinen juntamente con Cristo durante mil años (Ap. 20:4, 6). Finalmente, como reino eterno, el reino de Dios será la bendición eterna de la vida eterna de Dios para todos Sus redimidos, la cual ellos disfrutarán en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad (Ap. 21:1-4; 22:1-5, 14, 17).
El reino de Dios es la realidad de la iglesia, la cual es producida por la vida de resurrección de Cristo mediante el evangelio (1 Co. 4:15). Al reino se entra mediante la regeneración (Jn. 3:5), y el crecimiento de la vida divina en los creyentes constituye su desarrollo (2 P. 1:3-11).
El reino de Dios es el Salvador mismo (Lc. 17:21) como semilla de vida sembrada en Sus creyentes, el pueblo escogido de Dios (Mr. 4:3, 26), que se desarrolla en un dominio en que Dios gobierna en Su vida divina. Hemos visto que la entrada al reino es la regeneración y que el desarrollo del reino es el crecimiento del creyente en la vida divina. El reino de Dios es la actual vida de iglesia, en la cual viven los creyentes fieles (Ro. 14:17), y se desarrollará en el reino venidero como una recompensa que heredarán (Gá. 5:21; Ef. 5:5) los vencedores en el milenio. Tendrá su consumación en la Nueva Jerusalén como reino eterno de Dios y esfera eterna en la que se les otorgará la bendición eterna
de la vida eterna a todos los redimidos para su disfrute en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad.
Ya mencionamos que el reino de Dios es el reino de la vida divina. Un buen ejemplo de esto es el reino humano. Así como la humanidad es el reino de la vida humana, también el reino de Dios es el reino de la vida divina. Si no fuéramos humanos, no podríamos entender el reino de la vida humana. Por ejemplo, los perros no pueden entender el reino humano porque no poseen la vida humana; pero si un perro recibiera la vida humana, podría entender el reino humano. Asimismo, nosotros, por medio de la vida divina, conocemos el reino de Dios, pues éste es el reino de dicha vida.
La extensión de Cristo como vida
Nosotros los que hemos recibido la vida divina, no sólo sabemos lo que es el reino de Dios, sino que formamos parte de él. Si un perro naciera con la vida humana automáticamente formaría parte del reino humano. ¿No tiene usted la vida divina? Efectivamente, y por tener esa vida, usted forma parte del reino de Dios. Aunque entendemos estas cosas, resulta imposible explicárselas a la gente que no ha sido regenerada.
El reino de Dios es la extensión de Cristo como vida en Sus creyentes. Esta extensión propaga a Cristo como vida en Sus creyentes hasta formar un dominio en el cual Dios gobierna con Su vida. Al preparar a los discípulos, el Señor Jesús probablemente los ayudó a entender lo que era el reino de Dios. Tal vez los discípulos empezaron a ver que formaban parte de la propagación, la extensión, de Cristo, y que por consiguiente eran parte del reino de Dios.
MANDA A LOS DISCIPULOS
A QUE ESPEREN LA PROMESA DEL PADRE
En Hechos 1:4-8 el Señor Jesús les mandó a los discípulos a que esperaran el bautismo en el Espíritu Santo. El versículo 4 dice: “Y estando reunidos con ellos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de Mí”. La promesa mencionada en este versículo y en Lucas 24:49 es diferente de la que se da en Juan 14:17. La promesa de Hechos 1:4 y Lucas 24:49 es la que se menciona en Joel 2:28-29, la cual se cumplió en el día de Pentecostés (Hch. 2:1-4, 16-18). Esta promesa tenía que ver con el derramamiento del Espíritu de poder de lo alto para el ministerio de los creyentes en el aspecto económico. Difiere del Espíritu de vida, infundido en los discípulos por el soplo del Salvador (Jn. 20:22) el día de Su resurrección, para que residiera en ellos y fuese vida para ellos en el aspecto esencial. La promesa hecha por el Señor en Juan 14:17 se cumplió el día de Su resurrección, cuando El, con Su soplo, infundió el Espíritu en los discípulos como aliento de vida. No
obstante, la promesa que hizo el Padre en Lucas 24:49 y Hechos 1:4 se cumplió cuarenta días después, en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu vino a los discípulos como viento recio.
Es importante que diferenciemos la promesa que hizo el Señor en Juan 14:17 de la promesa del Padre mencionada en Joel 2:28 y 29. Muchos lectores de la Biblia confunden estas dos promesas. La promesa que Dios el Padre hizo en Joel 2 y que luego el Señor Jesús menciona en Lucas 24 y Hechos 1 no tiene nada que ver con la promesa hecha por el Señor en Juan 14. En Hechos 1:4 el Señor Jesús parecía decir: “Os he hablado de la promesa de Mi Padre. Ahora debéis esperar en Jerusalén hasta que se cumpla”.
En Hechos 1:5 el Señor añadió: “Porque Juan bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Esto se efectuó en dos partes. Primero, los creyentes judíos fueron bautizados en el Espíritu Santo el día de Pentecostés (2:4); segundo, los creyentes gentiles fueron bautizados en la casa de Cornelio (10:44-47; 11:15-17). En estas dos partes todos los creyentes de Cristo fueron bautizados en el Espíritu Santo en un solo Cuerpo, una vez y para siempre universalmente (1 Co. 12:13).
LA PREGUNTA DE LOS DISCIPULOS
ACERCA DE LA RESTAURACION DEL REINO DE ISRAEL
Leamos el versículo 6: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” El reino de Israel, el cual los apóstoles y otros devotos judíos buscaban, era un reino material. Este reino difiere del reino de Dios, un reino de vida, el cual Cristo edifica por medio de la predicación de Su evangelio.
La pregunta que los discípulos le hicieron al Señor en el versículo 6, indica que ellos se habían olvidado de la vida divina que había entrado en ellos. Lo que a ellos les interesaba era la restauración del reino de Israel. Este concepto tradicional ocupaba las mentes de todos los judíos. Pedro, Juan, Jacobo y los demás discípulos pensaban que un día el reino de Israel sería restaurado y día tras día esperaban dicha restauración. No obstante, en 1:3 el Señor no les habló del reino de Israel, sino del reino de Dios.
Aunque el Señor habló a Sus discípulos acerca del reino de Dios durante más de cuarenta días, a ellos quizá les preocupaba más el reino de Israel que el reino de Dios. El reino de Israel ocupaba sus corazones. El Señor también les había hablado del bautismo en el Espíritu Santo. Tanto el reino de Dios como el bautismo en el Espíritu Santo se relacionan con la economía neotestamentaria. La pregunta que formularon los discípulos en el versículo 6 demuestra que hasta ese momento no habían entendido correctamente estas cosas.
En respuesta a la pregunta de los discípulos, el Señor Jesús dijo: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre dispuso por Su propia potestad” (v. 7). El Señor parecía decir: “Dejad la restauración del reino de Israel en las manos soberanas de Dios. Olvídaos del reino de Israel, y recibid Mis palabras acerca del reino de Dios y del bautismo en el Espíritu Santo”.
EL ESPIRITU SANTO SOBRE NOSOTROS
En 1:8 el Señor añadió: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y seréis Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra”. Recibir poder significa ser bautizado en el Espíritu Santo (v. 5), lo cual cumple la promesa del Padre (v. 4).
Recibir el Espíritu Santo sobre nosotros es diferente a recibirlo en nosotros (Jn. 14:17). El día en que el Señor Jesús resucitó, el Espíritu Santo fue impartido como aliento en los discípulos y llegó a ser el Espíritu esencial de vida en ellos. El mismo Espíritu Santo vino sobre los discípulos el día de Pentecostés y se derramó como Espíritu económico de poder. En cuanto al Espíritu de vida, necesitamos inhalarlo como aliento; y en cuanto al Espíritu de poder, debemos revestirnos de El, como nuestro uniforme, tipificado por el manto de Elías (2 R. 2:9, 13-15). En el primer aspecto, el Espíritu es el agua de vida que necesitamos beber (Jn. 7:37-39), mientras que en el segundo, es el agua del bautismo, en la cual debemos ser sumergidos. Estos son dos aspectos del mismo Espíritu que debemos experimentar (1 Co. 12:13). El Espíritu de vida que mora en nosotros es esencial, para que tengamos vida y vivamos por ella; el derramamiento del Espíritu de poder es económico, para que llevemos a cabo nuestro ministerio y nuestra obra.
TESTIGOS DE CRISTO
La palabra griega traducida “testigos” en Hechos 1:8 significa literalmente “mártires”. Los testigos dan testimonio vivo del Cristo resucitado y ascendido en vida. Difieren de los predicadores que simplemente predican doctrinas según la letra.
Cristo, en Su encarnación, llevó a cabo Su ministerio en la tierra por Sí mismo, según consta en los evangelios, para sembrarse como la semilla del reino de Dios sólo en tierra judía. En Su ascensión, El llevaría a cabo Su ministerio en los cielos, según se narra en los Hechos, por medio de estos testigos, estos mártires, en Su vida de resurrección y con el poder y autoridad de Su ascensión. Hizo esto a fin de propagarse y desarrollar el reino de Dios desde Jerusalén hasta lo último de la tierra, lo cual da consumación a Su ministerio en el Nuevo Testamento. Todos los apóstoles y discípulos que aparecen en el libro de Hechos fueron Sus mártires, Sus testigos.
LOS DISCIPULOS NECESITAN UN TRASLADO DE DISPENSACION
En el versículo 8, el Señor les indicó a Sus discípulos que debían prestar la debida atención a la venida del Espíritu Santo sobre ellos, y ser Sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra. No obstante, las mentes de ellos estaban ocupadas con conceptos tradicionales acerca de Israel, de Moisés y de guardar la ley. Aquí el Señor trata de decirles brevemente que necesitaban experimentar un gran traslado, un cambio de dispensación. El parecía decirles: “Vosotros debéis ser trasladados, en el aspecto económico, de la dispensación del Antiguo Testamento a la del nuevo; del reino de Israel al reino de Dios, el cual es la iglesia. Olvidaos de Israel y ocupaos de la iglesia. También necesitáis un traslado de la ley a Cristo, es decir, a Mí. En lugar de tener a Moisés y a la ley, me tenéis a Mí. Ya no debéis observadores de la ley; ahora debéis ser Mis testigos vivientes y testificar del Cristo resucitado. Yo soy quien os habla, no Moisés. ¿Es para vosotros la ley tan viviente como Yo? Yo estoy aquí como el Viviente, como el Cristo resucitado. Vosotros estuvisteis conmigo por tres años y medio. Luego, presenciasteis Mi muerte y Mi sepultura. Incluso visteis Mi tumba vacía y a Mí, en resurrección. Ahora estoy con vosotros en resurrección. Olvidaos de Moisés y de la ley. No os dediquéis a gardar la ley; sed Mis testigos vivientes”.
Quizás a los discípulos les fue difícil entender que necesitaban un traslado de dispensación. En la actualidad, muchos cristianos tienen el mismo problema. Cuando leen este pasaje de la Palabra, no ven la importancia que tiene el traslado económico. Muchos de nosotros necesitamos también este traslado. Aunque usted haya sido salvo por muchos años, ¿ha considerado alguna vez cómo puede ser un testigo viviente de Cristo? Dudo que muchos creyentes piensen en esto. Por el contrario, muchos se esfuerzan por guardar los mandatos del Nuevo Testamento, así como aquellos que guardaban la ley, pero no entienden que deben ser testigos del Señor Jesús. Por tanto, necesitan un traslado de dispensación.
Pese a que somos el pueblo del Nuevo Testamento, todavía conservamos conceptos antiguotestamentarios. Por tanto, debemos ser trasladados del concepto del Antiguo Testamento a la economía neotestamentaria. Esto significa pasar de la ley a Cristo; dejar de ser observadores de la ley y ser testigos de Jesús. Espero que el Espíritu de revelación les muestre que necesitan tal traslado. Esta palabra dada por el Señor, que indica la necesidad de un traslado de dispensación, también formaba parte de la preparación de los discípulos.