BEAUVOIR: EL DEVENIR “SUJETO MUJER” COMO
EFECTO DE LA EMANCIPACIÓN
Beauvoir: tornar-se "sujeito mulher" como o efeito da emancipação
Beauvoir: becoming "bound woman" as effect of emancipation
Luz Rubilar Santander – Universidad San Sebastián
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Luz Rubilar Santander
Magister en Filosofía, Mención Axiología y Filosofía Política. Académica de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y Económicas de la Universidad Católica Silva
Resumen
El presente artículo reflexiona sobre lo femenino en la transformación discursiva- práctica de lo social, político y económico de las actuales situaciones de subordinación de las mujeres en pro de la emancipación. Debido a ello se orienta a evidenciar el devenir “el sujeto mujer” como efecto de la emancipación desde la mirada de Simone de Beauvoir. Para ello se realizará un recorrido que pretende ser un bosquejo inicial, una reflexión preliminar que se orienta a mirar una posible respuesta sobre cómo las mujeres se constituyen en un “no sujeto mujer”, es decir, en una mujer no emancipada manteniendo el rol, el lugar que le es asignado y cómo se produce y reproduce una y otra vez el mismo proceso. En un segundo momento se trabajará como es que la mujer se puede emancipar, y por tanto devenir “sujeto mujer”. Posteriormente, la reflexión articulará un lugar común para Ranciére y Beauvoir, la escuela como un espacio de no emancipación. Para finalmente señalar en ambos autores lugares comunes respecto de la emancipación.
Palabras clave: mujer, género, construcción social
Resumo
Este artigo faz um reflexão a respeito do feminino na transformação discursivo prática das situações sociais, políticas e econômicas de subordinação atual das mulheres em favor da emancipação. Assim, o objetivo é demonstrar o tornar-se "sujeito feminino", como resultado da emancipação a partir da perspectiva de Simone de Beauvoir. Para tanto, realiza-se uma trajetória que pretende ser um esboço inicial, reflexão preliminar que se orienta a vislumbrar uma possível resposta sobre como as mulheres se constituem um "não sujeito feminino", ou seja, uma mulher não emancipada mantendo o papel, o lugar que lhe é atribuído e como se produz e se reproduz uma e outra vez o mesmo processo. Em um segundo momento, é trabalhado como a mulher pode emancipar-se e, portanto, tornar-se “sujeito feminino”. Posteriormente, a reflexão articula um lugar em comum para Ranciére e Beauvoir, a escola como um espaço de não emancipação. Finalmente, assinala-se, em ambos autores, lugares em comum a respeito da emancipação.
Palavras-chave: mulher, gênero, construção social
Abstract
This article talks about the feminine in the discursive-practical transformation of the social, political and economic situations of current subordination of women in favor of emancipation. It aims is to demonstrate the becoming of "the female subject" as a result of emancipation from Simone de Beauvoir´s perspective. In order to accomplish this goal, a preliminary reflection looks at a possible answer on how women are become in a "no female subject", that is to say, be a dominated woman who keeps her allocated role and how it is produced and reproduced again and again the same process. In a second moment, it will depicted as is possible to emancipate woman and becoming "female subject". Subsequently, reflection shows a common place for Ranciére and Beauvoir, the school as a space no emancipation. Finally, the authors point out platitudes regarding emancipation.
"Cuando un individuo se mantiene en situación de inferioridad, el hecho es que se vuelve inferior". S. Beauvoir
Contextualización
Los estudios basados en la Mujer comienzan en la academia en la década del 70. A partir de ello las emergentes investigaciones atravesadas por posturas ideológicas fueron de vital importancia para develar y desenmascarar la naturalización de discursos respecto la subordinación del “no sujeto mujer” en las distintas sociedades.
Antes de la década de los 70, la Mujer no era concebida como un objeto de estudio en las ciencias humanas, pues, era invisibilizada (invisibilidad analítica) siendo contenida en lo masculino por lo cual deviene una situación histórica, económica, social, cultural, política. Esta situación de la mujer referida al hombre y diferenciándola de él, anclada y articulada con los discursos antropocéntricos, permitieron explicar las diferencias entre hombres y mujeres basadas en una serie de prejuicios como el androcentrismo y el etnocentrismo.
El objetivo de reflexionar lo femenino es la transformación discursiva- práctica de lo social, político y económico de las actuales situaciones de subordinación de las mujeres en pro de la emancipación.
La presente reflexión se orienta a evidenciar el devenir “el sujeto mujer” como efecto de la emancipación desde la mirada de Simone de Beauvoir. Para ello se realizará un recorrido que pretende ser un bosquejo inicial, una reflexión preliminar que se orienta a mirar una posible respuesta sobre cómo las mujeres se constituyen en un “no sujeto mujer”, es decir, en una mujer no emancipada manteniendo el rol, el lugar que le es asignado y cómo se produce y reproduce una y otra vez el mismo proceso. En un segundo momento se trabajará como es que la mujer se puede emancipar, y por tanto devenir “sujeto mujer”. Posteriormente, la reflexión articulará un lugar común para Ranciére y Beauvoir: la escuela como un espacio de no emancipación. Finalmente se revisará en ambos autores lugares comunes respecto de la emancipación.
como una construcción que puede ser efecto del poder y la dominación o de la emancipación. El “sujeto mujer” siempre estará referido a la propuesta de Simone de Beauvoir de la mujer emancipada.
La mujer no emancipada: Lo femenino transformado en sujeto ideológico
Simone de Beauvoir realiza algunas constataciones respecto de la situación de la mujer en la sociedad, una de ellas está relacionada con lo biológico de la diferencia entre el hombre y la mujer como lo señala en la siguiente cita “a partir de ella se deviene todas las diferencias que se asentarán en el discurso social. La división de los sexos es, en efecto, un hecho biológico, no un momento de la historia humana” (Beauvoir, 1998, p.5) “Y ella no es otra cosa que lo que el hombre decida que sea; así se la denomina «el sexo», queriendo decir con ello que a los ojos del macho aparece esencialmente como un ser sexuado: para él, ella es sexo; por consiguiente, lo es absolutamente. La mujer se determina y se diferencia con relación al hombre, y no esté con relación a ella; la mujer es lo inesencial frente a lo esencial. El es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro” (Beauvoir, 1998, pp.3-4)
Irigaray sostiene que lo biológico y cultural determinará la diferencia entre la mujer y el hombre “La diferencia sexual se sitúa en la confluencia entre naturaleza y cultura” (Irigaray, 1992, p.17). Por ello se pude sostener que la categoría de mujer, lo femenino, ha permitido sacar exclusivamente del contexto biológico aquello que establece la diferencia entre sexos y colocarlo en el terreno simbólico, social, político. El concepto de mujer correspondería a una construcción social y simbólica de las diferencias sexuales, donde cada grupo social significa y explicita un discurso sobre las distinciones entre lo masculino y femenino a partir de las interacciones sociales y culturales.
hormonas ni por misteriosos instintos, sino por el modo en que, a través de conciencias extrañas, recupera su cuerpo y sus relaciones con el mundo” (Beauvoir, 1998, p.354)
Es por lo anterior que esta producción y reproducción discursivo-práctica se puede reflexionar desde la propuesta del construccionismo social, donde se sostiene como fundamento esencial la no existencia de verdades universales, ni trascendentes, sino de construcciones socialmente elaboradas. Bajo este precepto el conocimiento, la construcción de la realidad que emergen de los individuos dependen de la contextualidad histórico-cultural (Ibáñez, 1994). En palabras de Beauvoir “la mujer es, como el hombre, un ser humano; pero tal afirmación es abstracta; el hecho es que todo ser humano concreto está siempre singularmente situado” (Beauvoir, 1998, p.6)
Desde esta mirada epistemológica, el conocimiento, la verdad es parte de la construcción social, dicha elaboración social se configura a través del lenguaje. Éste nos permite acceder al mundo de y con los otros, donde aprehendemos como parte de la socialización, los conceptos, los significados, las normas, los preceptos sociales, las formas de relacionarlos; es decir el lenguaje no remite solamente al mundo de las cosas sino que nos remite a su uso, a su relación con el mundo y con los otros; ello nos permite configurar nuestro lugar, rol, género, es decir, la forma de estar y ver el mundo. Para sostener lo anterior Torres (2010) señala que el concepto de sujeto es presentado a menudo como si fuese intercambiable con “la persona” o “el individuo”. Sin embargo, la genealogía de la categoría crítica del sujeto sugiere que, más que identificarse de manera estricta con el individuo, debe considerarse al sujeto como una categoría lingüística, una estructura en formación. Los individuos llegan a ocupar el lugar del sujeto (el sujeto emerge simultáneamente como lugar) y adquieren inteligibilidad sólo en tanto que están previamente establecidos en el lenguaje.
Siguiendo el pensamiento de Butler (2001) ésta señala que se genera una articulación dialéctica entre el devenir individuo y su condición de sujeto, es decir todo individuo padece la subjetivación, en este padecer emerge la consolidación de lo que se llama sujeto; por tanto, lo social está ya instalado en la construcción de la individualidad a partir del lenguaje y la subjetivación.
es una construcción social que por medio de la socialización, utilizando como herramienta esencial al lenguaje, vehiculiza la sujeción de la mujer a la dominación masculina. Lo anteriormente mencionado es ideológico y por tanto, siguiendo a Althusser, un hecho político.
Para revisar lo anterior, consideraremos el concepto de ideología desde la propuesta de Althusser (2003) quien la define como un sistema de ideas y representaciones simbólicas que dominan el espíritu del ser humano o de un grupo social y que forman parte de nuestro quehacer cotidiano, de nuestro sistema de ideas que se articula a partir de estas representaciones. Así lo que se entiende por mujer pasa por una construcción ideológica de la sociedad antropocéntrica. Dirá Beauvoir “En el momento en que las mujeres empiezan a participar en la elaboración del mundo, ese mundo es todavía un mundo que pertenece a los hombres: ellos no lo dudan, ellas lo dudan apenas. Negarse a ser lo Otro, rehusar la complicidad con el hombre, sería para ellas renunciar a todas las ventajas que puede procurarles la alianza con la casta superior” (Beauvoir, 1998, pp.5-6).
La función de la ideología es constituir a los sujetos en sujetos ideológicos a partir de la interpelación. Dicha interpelación se produce en la imagen especular, en el registro de lo imaginario, es decir, es el proceso de identificación del individuo con la imagen que la ideología le presenta de lo que debe llegar a ser, lo que permite al sujeto ideológico construirse como unidad y mantenerse sujeto a esa imagen, aceptando el lugar, el rol, el status y la posición que se le asigna en la red social. En consonancia con lo anterior Beauvoir dice, “Si la mujer se descubre como lo inesencial que jamás retorna a lo esencial, es porque ella misma no realiza ese retorno”(Beauvoir,1998,p.8). Efectivamente, es la mujer misma la que no realiza ese retorno, pues la imagen especular que es devuelta por el espejo se introyecta dando paso a la identificación de dicha imagen con aquello que “es”1, el espejo dice “tú eres” y la niña repite “yo soy” este proceso dará paso a la construcción de la niña como unidad y le permitirá mantenerse sujeta a esa imagen de la ideología dominante. En este caso especifico sería la concepción falocéntrica de la sociedad, es decir, su imagen introyectada como aquello: inesencial, frágil, adolescente, incompleto, sumiso, pasivo, aquello que no se puede comprender sin el hombre. La autora indica que “a través de conciencias extrañas, recupera su cuerpo y sus relaciones con el mundo” (Beauvoir, 1998, p.352)
La noción de que “la ideología interpela a los individuos como sujetos” (Althusser,2003, p.16) señala que, la ideología transforma a los individuos en sujetos. Esta transformación se vuelve una lucha por alcanzar la humanidad y esta empresa se logra a través del lenguaje. Lo representado es, ante todo, la relación que existe entre los sujetos y las condiciones de existencia. Esta relación es imaginaria, se encuentra en el orden de lo simbólico, es una ilusión que apunta a la realidad. A partir de ahí, la ideología interpela a los sujetos como sujetos libres, para que ellos asuman su sujeción, para que se sometan libremente a las órdenes, poniendo en práctica los ritos de la ideología a la cual adscriben. De esta manera, le asignan a cada sujeto un lugar, un rol que debe cumplir dentro de la red social.
La mayoría de los sujetos interpelados participan irreflexivamente de un conjunto de idearios sobre el mundo, la naturaleza y sobre el orden social, donde van otorgando sentido a todas las prácticas: económicas, políticas y sociales; es decir, el horizonte ideológico le permite al ser humano comprender el mundo, cumpliendo la función de generar imaginarios colectivos o representaciones colectivas de lo que entendemos por mundo. Estas concepciones penetrarán en la vida práctica, lo que inspiraría la praxis social. Además de dar sentido, generan una adhesión, manteniendo a los sujetos, atados a los roles sociales que el sistema ha definido previamente para ellos. A partir de lo expuesto, es posible sostener que la mujer no emancipada es un sujeto ideológico efecto de la dominación de lo masculino y de una sociedad antropocéntrica, para ser más preciso “vircéntrica”. En términos de dominación de una clase sobre otra sostiene Beauvoir que “La burguesía conservadora sigue viendo en la emancipación de la mujer un peligro que amenaza su moral y sus intereses”(Beauvoir, 1998, p.7).
intereses; “Viven dispersas entre los hombres, atadas por el medio ambiente, el trabajo, los intereses económicos, la condición social, a ciertos hombres -padre o marido- más estrechamente que a las demás mujeres” (Beauvoir, 1998, p.5).
La “no sujeto mujer” será aquella que huye de su libertad, lo que le confiere carácter de cosa, situándola en la pasividad, la alienación y la pérdida de su soberanía, permaneciendo en la inmanencia, mutilando así su trascendencia. Esta situación no es pura pérdida, conlleva ganancias secundarias “es un camino fácil: así se evitan la angustia y la tensión de una existencia auténticamente asumida” (Beauvoir, 1998, p. 6). En esta situación de inautenticidad, la categoría otorgada por el hombre a la mujer como lo “otro” parece ser aceptada gustosamente por mujer no emancipada, naturalizando su carácter de inferioridad, “cuando un individuo o grupo de individuos es mantenido en situación de inferioridad, el hecho es que es inferior” (Beauvoir, 1998, p. 6). Él “es” es entendido desde la propuesta de Beauvoir mirando a Hegel quien considera que “ser es haber devenido, es haber sido hecho tal y como uno se manifiesta” (Beauvoir, 1998, p.7), entonces él “es” inferior de la mujer es cuestionable y por ende modificable en tanto es devenir, “el problema consiste en saber si semejante estado de cosas debe perpetuarse” (Beauvoir, 1998, p.7).
su pura libertad, podría establecerse fácilmente un acuerdo: (…) cada uno de los campos es cómplice de su enemigo; la mujer persigue un sueño de dimisión; el hombre, un sueño de enajenación; la inautenticidad no es rentable: cada cual culpa al otro de la desgracia que se ha buscado al ceder a las tentaciones de lo fácil; lo que el hombre y la mujer odian el uno en el otro es el clamoroso fracaso de su propia mala fe y de su cobardía” (Beauvoir, 1998, pp. 347-348).
Desde la mirada de Simone de Beauvoir: El devenir “Sujeto Mujer”, efecto de la emancipación
La propuesta reflexiva en que se sitúa el pensamiento de Beauvoir, es el existencialismo, por ello el concepto de emancipación y el devenir “sujeto mujer” estarán en consonancia con ello.
Ningún ser humano puede escapar de la libertad, debe hacerse cargo, responsable, soberano y amo de sí mismo, en términos heideggerianos debe “habérselas”, pues “el hombre no es nada de ante mano”, es proyecto. Como ser construyendo su existencia en expansión hacia el porvenir en un sinfín de posibilidades es que se reclama de él una tensión constante. Citando a Beauvoir, “La perspectiva que adoptamos es la de la moral existencialista. Todo sujeto se plantea concretamente a través de proyectos, como una trascendencia; no alcanza su libertad sino por medio de su perpetuo avance hacia otras libertades; no hay otra justificación de la existencia presente que su expansión hacia un porvenir infinitamente abierto” (Beauvoir, 1998, p.9). El “sujeto mujer” no es algo con lo que se nazca, sino un hacer, una construcción, un proyecto que debe estar concebido en la trascendencia donde la libertad se alcanza por medio del avance hacia otras “sujeto mujeres” o “sujetos hombres” que son libertades.
Este mundo antropocéntrico2, hostil, represor de la autonomía de la mujer y de su emancipación, donde los discursos y las prácticas están orientadas a la reducción de la mujer a lo “otro”, es decir, constituida como objeto, puesta en la inmanencia, siendo considerada como inesencial, no soberana, ni ama de sí misma, pues “la sociedad codificada por los hombres decreta que la mujer es inferior” (Beauvoir, 1998, p.347). En este contexto tan abrumador, dirá Beauvoir, que la “no sujeto mujer” puede
constituirse en “sujeto mujer”, en mujer emancipada, autónoma, libre, soberana y ama de sí misma; para ello necesita considerarse en construcción, pues su ser no está dado, abierta al abismante mundo de la posibilidades, sin angustia, debe trabajar en pro de su proyecto, eligiéndose a sí misma siempre y cada vez. Por tanto, la existencia precede a la esencia que está en construcción. El camino a seguir será ofrendar la felicidad en pro de la emancipación. Fundarse como “sujeto mujer” conlleva impugnar el discurso masculino respecto de ser lo “otro”, la consecuencia de dicha elección, es la pérdida de la alianza con el “sexo fuerte” y todas las ventajas que ello se despliega. Si el “sujeto mujer” (todas las mujeres o la mayor parte de ellas) emergiera en la sociedad se provocaría una fisura que permitiría cambiar el circulo de creencias vigentes dando paso a una nueva forma social, una nueva red social, una nueva construcción social, nuevos discursos y prácticas. Pero ello no ha acontecido la “no sujeta mujer” se sigue manteniendo debido a la cobardía, la comodidad, la angustia, la inautenticidad, por tanto, la producción y reproducción social del discurso hegemónico, el masculino, “ella misma no realiza ese retorno” (Beauvoir, 1998, p.5) dirá Beauvoir. Solo se puede ser una mujer emancipada si se asume como emancipada, es una tarea difícil que la “no sujeto mujer” transite desde la inmanencia hacia la trascendencia debido a la naturalización de los discursos, que tienen su justificación en lo biológico y determinarán la diferencia entre el hombre y la mujer dando paso a las desigualdades sociales, exclusión y opresión. Sostiene Beauvoir que la educación que se les brinda a las mujeres es artificial, centrada en la inmanencia y reproductora de los discursos de dominación lo que provoca mujeres estén en sintonía con el discurso antropocéntrico. “Ahora bien, lo que define de una manera singular la situación de la mujer es que, siendo como todo ser humano una libertad autónoma, se descubre y se elige en un mundo donde los hombres le imponen que se asuma como lo Otro: se pretende fijarla en objeto y consagrarla a la inmanencia, ya que su trascendencia será perpetuamente trascendida por otra conciencia esencial y soberana. El drama de la mujer consiste en ese conflicto entre la reivindicación fundamental de todo sujeto que se plantee siempre como lo esencial y las exigencias de una situación que la constituye como inesencial.” (Beauvoir, 1998, pp. 9-10)
(Beauvoir, 1998, p. 326). Esta libertad concreta que es garantizada por su trabajo remunerado le permite comenzar su proceso de emancipación, debe elegirse cada vez, productora activa de su proyecto, responsable de ser ama y soberana de su vida, reconquistando así su transcendencia, escapando de la inmanencia que le provoca la dependencia con el hombre. “Para la mujer casada, el salario no representa, en general, más que un complemento; para la «mujer que se hace ayudar», es la ayuda masculina la que aparece como inesencial; pero ni una ni otra compran con su esfuerzo personal una independencia total”(Beauvoir, 1998, pp. 326- 327). Es por ello que este cambio es una fisura en el paradigma antropocéntrico, pero esta fisura no logra desarticular el orden establecido, por ello no asegura la libertad y la emancipación. No están dadas las condiciones históricas, sociales, económicas y políticas, evidencia de ello, son las condiciones de trabajo de los obreros mujeres y hombres en constante explotación, en el caso especifico de la mujer, es aún más precaria su explotación, un ejemplo es la doble jornada, trabajar en la fábrica y luego hacerse cargo de las labores domesticas, la remuneración es menor realizando el mismo trabajo. En palabras de Beauvoir “no hay que creer que la simple yuxtaposición del derecho a votar y de un oficio constituya una perfecta liberación: el trabajo hoy no es la libertad. Solamente en un mundo socialista, cuando la mujer acceda a aquel, se asegurará esta. La mayoría de los trabajadores son hoy día explotados. Por otra parte, la estructura social no ha sido profundamente modificada por la evolución de la condición femenina. Este mundo, que siempre ha pertenecido a los hombres, conserva todavía la fisonomía que le han dado ellos. No hay que perder de vista estos hechos, que constituyen la base de la complejidad de la cuestión del trabajo femenino” (Beauvoir, 1998, p.326).
Simone sostendrá que la construcción de “sujeto mujer” pasa por no renunciar a su feminidad pues es parte de su humanidad, lo que se rehúsa es situarse desde el papel de hembra que se le asigna desde el discurso social antropocéntrico, la “vida biológica”. La mutilación seria transar su ser sexuado, pues “El hombre es un ser humano sexuado; la mujer solo es un individuo completo e igual al varón si también es un ser humano sexuado. Renunciar a su feminidad es renunciar a una parte de su humanidad” (Beauvoir, 1998, p.328).
conquistara el mundo de la inmanencia y las virtudes que en él se consideran valiosas, dinero, reconocimiento, atractivo sexual, pero este estar dentro soberana de sí misma, en constante elegirse sabe la aleja de su feminidad, pues parte de la emancipación es reflexionarse y reflexionar su contexto restando tiempo a la preocupación por la belleza y cuidado de su cuerpo, ropa, elementos esenciales de la sociedad masculina a las que se les asigna con el rotulo de “feminidad”; sucumbir a esta exigencia seria caer en la inmanencia “el encanto femenino exige que la trascendencia, al degradarse en inmanencia, no aparezca ya sino como una sutil palpitación carnal: la intelectual sabe que se ofrece, sabe que es una conciencia, un sujeto” (Beauvoir, 1998, p.329). Una vez más, las exigencia que son establecidas dicen relación con el discurso que emana de lo masculino respecto tan alardeada feminidad como condicionante esencial de la mujer es una elaboración anclada en costumbres y las modas dirá Beauvoir que “Precisamente porque la idea de feminidad es artificialmente definida por las costumbres y las modas, se impone desde fuera a cada mujer” (Beauvoir, 1998, p.328).
que en la adolescencia femenina la unión entre ambos es muy profunda” (Beauvoir, 1998, p.331).
La “no sujeto mujer” no disocia amor y sexo, pues a lo largo de su vida le han inculcado y ella introyectó el amor entendido desde el cuento de hadas, desde la imagen del príncipe, que la salva, esto se proyecta en la vida adulta donde espera encontrar al héroe “Aunque sea severa respecto a los hombres cuya medida toma cotidianamente, no por ello soñará menos con el Hombre, y, si lo encuentra, está dispuesta a hincarse de rodillas ante él” (Beauvoir, 1998, p. 335). Para que esto cambie, según sostiene Beauvoir, la mujer debiera ser educada como se educa a lo masculino, ello no acontece y no parece que acontecerá, la mujer muchas veces renuncia a su emancipación en pro de un gran amor, lo que la vuelve la enamorada, “generalmente se irrita contra el género de vida que le prohíbe el camino real de un gran amor”(Beauvoir, 1998,p.326). Simone continua “el amor idólatra, el amor abdicación, es devastador: ocupa todos los pensamientos, todos los instantes, es obsesivo, tiránico” (Beauvoir, 1998,p.326). La “sujeto mujer” que se asume soberana, ama y responsable de su proyecto debe enamorarse sin poner en riesgo su emancipación a partir de considerarse como igual, así mujer y hombre se liberaran de la parasitación que ha conllevado el matrimonio convencionalmente entendido.
La mujer que lucha por la autonomía sexual atemoriza a los hombres, pues lo masculino “debe ser” el que tome la iniciativa, el que conquiste, el que someta, el cazador, la cama se entenderá como el lugar en que el hombre afirma su agresividad y superioridad, pareciera ser que en estas condiciones el acto sexual siempre es una violación, un acto violento debido a que la mujer será concebida en este contexto como una esclava “Cuando Claudine desafía a Renaud por su presteza en someterse a él, éste se adelanta: se apresura a violarla, precisamente cuando ella iba a ofrecerse; la obliga a mantener los ojos abiertos para que contemple su triunfo en aquel torneo” (Beauvoir, 1998,p.333). Por tanto, la mujer estará caracterizada por ser conquistada, por su pasividad, por dejarse cazar y dominar. Tomar la actitud de mujer emancipada conlleva “el riesgo de petrificarse en objeto inútil por el desdén del hombre. Por eso se siente tan profundamente humillada si él rechaza sus iniciativas” (Beauvoir, 1998, p.332)
si tanto en el hombre como en la mujer hay un poco de modestia y alguna generosidad, las ideas de victoria y de derrota quedan abolidas: el acto amoroso se convierte en un libre intercambio” (Beauvoir, 1998, p.333).
La sexualidad libre y el trabajo son elementos esenciales en la construcción de la “sujeta mujer”. En estos ámbitos surgen múltiples obstáculos que van mermando la emancipación femenina como la maternidad versus logros en el trabajo. Si la decisión es optar por ambos, es decir, ser madre y proyección profesional ello conlleva a que el hijo termina en la guardería, con los abuelos o con amigos que los cuiden, dejando un sentimiento culposo en la madre, dicho sentimiento es construido y articulado socialmente. Si se decide por la proyección profesional y no ser madre surge nuevamente el dolor de no estar cumpliendo con algo que se ha naturalizado en los discursos, ser madre es parte de ser mujer. Si la elección es ser madre y abandonar la carrera resulta igualmente frustrante. En palabras de Beauvoir “la mujer independiente está dividida hoy entre sus intereses profesionales y las preocupaciones de su vocación sexual; le cuesta trabajo hallar su equilibrio: si lo consigue, es a costa de concesiones, sacrificios y acrobacias que exigen de ella una perpetua tensión” (Beauvoir,1998, p.336).
Sostiene Beauvoir que la “no sujeto mujer” tiene una actitud de inferioridad y derrotista cuando se enfrenta a una carrera profesional, su feminidad la hace dudar de sus capacidades considerando que el hombre es superior a ellas, “la muchacha está convencida de que su capacidad es limitada” (Beauvoir, 1998, p.338). Este discurso que es repetido por las muchachas es el discurso que han introyectado que emiten los padres, los profesores, otras mujeres, la sociedad; “los hombres dicen «las mujeres» y estas toman estas palabras para designarse a sí mismas; pero no se sitúan auténticamente como Sujeto” (Beauvoir, 1998, p.5). A partir de la premisa de la derrota la “no sujeto mujer” se vuelve mediocre, pues cree que con pequeños logros es suficiente, “«Para una mujer, no está mal», piensa” (Beauvoir, 1998, p.338). Estas frases dejan en el olvido su soberanía, su emancipación que solo se lograrán si entiende que su proyecto debe ser situados en la trascendencia, llegar a ser la mejor en lo que hace, pues se ha elegido cada vez.
Dicha pretensión ética de transformarse de “no sujeto mujer” a “sujeto mujer” implicara un constante elegirse, conquistar una y otra vez la confianza en sí misma, apasionarse por sus proyectos, considerar su vida como una proyecto trascendente y no inmanente, proponerse un objetivo y no mirar hacia atrás, pues, sostiene Beauvoir que eso frena su impulso. La “no sujeto mujer” mantiene su existencia en la inmanencia degradando la libertad en facticidad, es una falta moral si es una elección personal, ya sea por comodidad o angustia y se vuelve opresión si es obligado por otro a esta inmanencia. “Cada vez que la trascendencia recae en inmanencia, hay degradación de la existencia en «en sí», de la libertad en facticidad; esta caída es una falta moral si es consentida por el sujeto; si le es infligida, toma la figura de una frustración y de una opresión; en ambos casos es un mal absoluto” (Beauvoir, 1998, p. 9).
Un elemento esencial para propiciar la verdadera emancipación femenina es el olvido de sí misma, pero para ello es necesario que se encuentre. Muchas mujeres aún están en búsqueda, para “realizar grandes cosas, lo que esencialmente le falta a la mujer de hoy es el olvido de sí misma: mas, para olvidarse, necesita primero estar sólidamente segura de que ya se ha encontrado. Recién llegada al mundo de los hombres y pobremente sostenida por ellos, la mujer está todavía demasiado ocupada en buscarse” (Beauvoir, 1998, p. 339).
la sociedad que produce y reproduce discursos que afectan las prácticas, las formas de estar en el mundo poco a poco han generado espacios para llevar a que la “sujeto mujer” a desplegar sus alas, “han recibido permiso para explorar el mundo” acto seguido «Las alas caen.» (Beauvoir, 1998, p.345). El olvido no se logrado, por tanto tampoco la creación, sólo es una quimera sino existe la igualdad. “En tanto que tenga que seguir luchando para convertirse en un ser humano, no podrá ser una creadora” (Beauvoir, 1998, p. 346). Por tanto, “La mujer libre solamente está en vías de nacer; una vez que se haya conquistado a sí misma” (Beauvoir, 1998, p. 347), además de conquistarse debe ser considerada y considerarse como un igual, un humano.
Emancipación: puntos de encuentro entre las miradas Beauvoir y Ranciére.
Dentro de la lógica Ranceriana en el maestro ignorante, la emancipación es imposible de realizar en la institucionalidad. Por lo tanto la emancipación no es viable en el espacio educativo, pues la escuela se erige como aquel lugar donde se reproduce el orden y la jerarquización social, por tanto, los cimientos de cualquier propuesta educacional, por progresista que esta se muestre siempre parte del principio de la desigualdad, de la jerarquización.
Pero en este contexto tan deprivado surge una respuesta resiliente, la de Jacotot que provoca una escisión en la institucionalidad escolar, un evento que rompe con lo cotidiano y se vuelve extraordinario, entonces parece viable su propuesta, no popular, no cambiara a toda la institucionalidad, pero el evento aparece, develando una forma otra de entender la educación, al maestro, al hablante y la relación entre ellos. Una propuesta viable si desechamos muchos de los supuestos que hemos dado por sentados durante toda la historia de la educación, es decir, la desigualdad.
los roles dejan de tener los lugares antes establecidos, se generan otras formas de relación, ambos aprenden uno del otro, el lenguaje los vincula, circulan los “decires”, se interesan por escuchar, porque les interesa el otro porque ese otro que algo tiene que decir, por tanto, se convierten en herramientas de emancipación el habla y la escucha.
El emanciparse, es un trabajo intransferible de cada hablante y se genera en la relación uno a uno. Es a partir de esta premisa que Ranciére sostiene que la emancipación es un acto individual, no grupal, por tanto, no institucional. Pues lo social y lo institucional están anclados a las jerarquías y al orden establecido.
El maestro o profesor que siempre ha sido el encargado de llevar por el buen camino a los alumnos, que deben aprender, como deben aprenderlo y luego como deben repetirlo, en este orden de cosas irrumpe una nueva identidad, la de “maestro ignorante”, enseñar lo que no se sabe.
Preciso, ¿qué quiere decir con esto Ranciére y Jacotot? Lo primero que aparece es la resistencia, como no enseñar nada de contenido, ¿cualquiera puede educar?, eso no es viable. Pero cuando el ruido introyectado de la ideología deja espacios de silencio, aparece cierto sentido en la sentencia “maestro ignorante”, no es de contenido de lo que se habla es de un principio que establece relaciones con los otros y esa relación es basada en la igualdad de los hablantes, en la potencialidad, en el hacerse cargo del propio pensamiento, de la propia inteligencia y de las propias acciones, emanciparse. Es claro, somos ignorantes porque no se puede enseñar a otro a que se construya bajo el principio de la igualdad, cada uno es responsable de aquello, no es algo a lo que es necesario llegar, es preciso como axioma, como cimiento, no sólo para iniciar una nueva educación sino también una nueva forma de lo político.
A partir de lo señalado es que podemos sostener que la propuesta de Ranciére es una reflexión política, educacional y filosofía respecto de una propuesta pedagógica (explicación) pero que se despliega hacia la sociedad toda.
Escuela: Como elemento esencial de la no emancipación
sagazmente desde la escuela universalmente vigente, propuesto por la ideología dominante, irrumpe como un proyecto al que se debe adherir, de esta manera, la ideología imperante, entendida como la ideología masculina o como los grupos de dominación económica, que en estricto rigor se articulan, pues los círculos de poder económico son mayoritariamente masculinos, provoca la ilusión que el espacio educativo escapa a toda manipulación político, ideológico, económico; donde las diferencias desaparecen o se lucha incansablemente para hacerlas desaparecer.
Sin embargo, es sabido y experimentado a cada momento que el mecanismo que opera a la base la escuela, es la de la división de la sociedad (en cuanto a roles, lugares, funciones, sexo, genero) donde ocurre la compulsión a la repetición, apareciendo una y otra vez, claramente clases antagónicas, dominados- dominadores, hombres- “no sujeto mujer”. Por lo tanto, desde esta mirada, la institución escolar funciona como reproductora de las relaciones de producción, pero también como reproductora de las relaciones sociales, jerarquizando, estratificando, diferenciando, esto se logra a través del aprendizaje de habilidades, pues no solo comprende un sin fin de materias, hechos y eventos, entendidos conceptualmente, sino que es, a su vez, el aprendizaje de un conjunto de habilidades, procedimientos y actitudes que permitirán en última instancia la reproducción del sistema, perpetuando así las diferencias.
femenino están anclados en la educación “la educación y la existencia social son las causantes de esa diferencia, no la Naturaleza.» (Beauvoir, 1998, p.39), dice en páginas más adelante, “Yo iba a una escuela de niños, pero esa cuestión no parecía existir para el maestro” (Beauvoir, 1998, p.103).
Para Ranciére los ideales de la escuela han sido enmarcados siempre en pro de eliminar de la sociedad la desigualdad, dicho axioma estará a la base de la educación embrutecedora, pues su principio es la desigualdad y el télos de la educación estaría puesto en tratar de suplir esa desigualdad, suponiendo la diferencia entre los individuos, los maestros que saben y los alumnos que no saben y deben ser educados, se debe ayudar al estudiante a pasar de la ignorancia a el conocimiento, se evidencia la sumisión y la dominación en el proceso educativo. La educación está íntimamente ligada con lo político pues replica formas ideológicas, como la explicación y sus supuestos de desigualdad, principios del embrutecimiento.
La fuerza con que se posiciona el orden establecido está anclada en la conciencia de los ciudadanos, dicha conciencia se va moldeando, en este caso, en la escuela. La educación reproduce a partir de mecanismos instaurados con herramienta pedagógica (la explicación) la disciplina, las jerarquías, la fragmentación de las áreas del conocimiento, el rol y la imagen de sí mismo, la clase social, asumir discursivo –prácticamente el sexo y género al que se pertenece. A partir de estos mecanismos los estudiantes y posterior fuerza de trabajo replican las condiciones para la mantención del sistema, pues la estructura implementada por la escuela y aprendida por los estudiantes es forma parte de la estructura del trabajo. Como sostienen Bowles y Gintis (19859 “Tanto es así que «las relaciones sociales de la educación (...) son una réplica de la división jerárquica del trabajo. Las relaciones jerárquicas están reflejadas en las líneas de autoridad verticales que van de administradores a maestros a estudiantes. El trabajo enajenado se refleja en la falta de control que tiene el estudiante sobre su educación (...) la fragmentación del trabajo se refleja en la competencia institucionalizada y muchas veces destructiva entre estudiantes, mediante una constante evaluación y clasificación ostensiblemente meritocráticas” (p.176).
Ranciére nos invita a develar la educación y por ende la escuela como un lugar de reproducción de saberes, lugar donde se regula qué se aprende, cómo se aprende, cómo se enseña, el lugar de la explicación y por tanto de la desigualdad. Este lugar, la escuela, que se ha tomado como el baluarte para mejorar las desigualdades sociales, donde se imprime con mayor fuerza aquello que llamamos libertad, dirá nuestro autor, es solo un espejismo, una ilusión, pues sus cimientos son la desigualdad y el embrutecimiento porque hay quienes saben y quienes no saben y deben aprender, poniendo la igualdad como un fin al cual nunca se llegará. De esta misma manera Beauvoir menciona que la escuela está al alero de la inmanencia de la “no sujeto mujer” lo que impide apropiarse del mundo, ser soberana de sí misma, responsable y libre de devenir “sujeto mujer”.
Asumir el valor de la igualdad, superando lo meramente jurídico, la resolución pacífica de los conflictos, el reconocimiento del otro como un ser importante por sí mismo, más allá de las diferencias de sexo, género, etnia, edad, clase, entre otras, implica asumir una postura que se contrapone con ciertos valores dominantes. En otras palabras, se necesita preparar para la transformación y no para el sometimiento, para la trascendencia y no para la inmanencia, para la soberanía y no para ser vasallas (os), para la emancipación y no para la dominación, es decir preparar para devenir sujeto.
Sólo cuando se preste atención a la relación espacio educativo-ideología, se tomará conciencia del poder, la desigualdad, la dominación, la opresión como elementos constitutivos del proceso educativo. La teoría de la reproducción que se vislumbra en la mayoría de las propuesta pedagógicas, están orientadas en sus discursos, prácticas y sentidos a la mantención del sistema pedagógico de dominación, al discurso burgués y al de la sumisión de lo femenino a lo masculino.
Reflexiones Finales
político que permite emerger una nueva cartografía del territorio respecto de lo que se puede decir, de lo que es visibilizado, de lo que puede ser pensado, de lo posible, lo que conlleva buscar nuevas formas de lo social.
En acuerdo a lo anterior, la emancipación intelectual para Ranciére será la liberación de los trabajadores respecto del habla y del pensamiento de la hegemonía del discurso dominante, de la sabiduría establecida. Para Beauvoir la emancipación es la liberación de las mujeres asumiéndose soberanas y amas de su devenir “sujeto mujer”, “habérselas” con su proyecto dejando de lado, la angustia y la comodidad que la situación, considerándose una igual al hombre.
Para ambos autores el reconocimiento del otro es considerarlo como ser humano. Para Ranciére será a partir de la igualdad de inteligencia. Beauvoir, por su parte, propone entender lo femenino como igual a lo masculino pues conforman lo humano. Uno de los elementos para la emancipación «La relación inmediata, natural y necesaria del hombre con el hombre es la relación del hombre con la mujer», ha dicho Marx (1978 en Beauvoir, 1998) «Del carácter de esa relación se deduce hasta qué el hombre se ha comprendido a sí mismo como ser genérico, como hombre; la relación del hombre con la mujer es la relación más natural entre el ser humano y el ser humano. Ahí se demuestra, por tanto, hasta qué punto el comportamiento natural del hombre se ha hecho humano o hasta qué punto el ser humano se ha convertido en su ser natural, hasta qué punto su naturaleza humana se ha convertido en su naturaleza” (p.355).
Referências
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Althusser, L, (2003). Freud y Lacan. Buenos aires: Nueva Visión. Althusser, L. (1975). Escritos. Madrid: Laia.
Althusser, L. (1982). Discutir el Estado, posiciones frente a una tesis de Luis Althusser. Madrid: Folios ediciones S.A.
Beauvoir, S. (1989). Para una moral de la ambigüedad. Buenos Aires: Schapire S.R.L Beauvoir, S. (1998). El Segundo Sexo. Buenos Aires: Siglo Veinte.
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Construccionista. Guadalajara: Universidad de Guadalajara. Ibañez, T. (2005). Contra la dominación. Barcelona: Gedisa.
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Lezama, A. (2008). Lacan/Althusser Hermenéutica y diálogo, Ediciones Cooperativas, Argentina.
López, J. (2012). Variaciones feministas en torno a la inmanencia y la trascendencia. Simone De Beauvoir, Luce Irigaray y la “política de lo simbólico” Extraído el Enero 10 2012 en: http://hdl.handle.net/10045/15630
Ranciére, J. (2006).Odio a la Democracia. Madrid: Amorrortu.
Rancière, J. (2008). El maestro ignorante. Buenos Aires: Libros del Zorzal.
Simons, M., Masschelein, J. & Larrosa,J. (2011). Jacques Ranciére. La educación pública y la domesticación de la democracia. Buenos aires: Niño y Dávila Editores.