Ficha Chomsky 2012 Cisneros

Texto completo

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO

FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA: LINGÜÍSTICA

P.I.G.G.Ch

* FICHA DE TRABAJO Nº 1 *

Selección de textos: Lorelei Cisneros

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2 UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO- FACULTAD DE PSICOLOGÍA

CÁTEDRA: LINGÜÍSTICA

FICHA DE TRABAJO Nº 1

Texto Nº 1

Hablar un lenguaje es tomar parte en una forma de conducta (altamente compleja) gobernada por reglas. Aprender y dominar un lenguaje es aprender y haber dominado esas reglas.

Hablar un lenguaje consiste en realizar actos de habla, actos tales como hacer enunciados, dar órdenes, plantear preguntas, hacer promesas y así sucesivamente, y más abstractamente, actos tales como referir y predicar, y en segundo lugar que esos actos son en general posibles gracias a, y se realizan de acuerdo con, ciertas reglas para el uso de los elementos lingüísticos. [Searle, 1980: 22, 25-26]

Texto Nº 2

Debemos tratar entonces la lengua-I y el estado inicial de la facultad lingüística, las gramáticas y la GU del lingüista. Como una hipótesis empírica preliminar, podemos considerar que la lengua-I es un sistema de reglas de alguna clase, una realización específica de las opciones que permite la GU, fijada por la experiencia que se presente. El sistema de reglas asigna a cada expresión una estructura, que podemos considerar como un conjunto de representaciones, una en cada nivel lingüístico, donde un nivel lingüístico es un sistema particular de representación mental. Esta estructura ha de proporcionar cualquier información que sobre una expresión sea accesible para la persona que conoce la lengua, en la medida en que esa información se derive de la facultad lingüística: sus representaciones han de especificar exactamente en qué contribuye la facultad lingüística a la determinación de la forma en que se produce, utiliza y comprende una expresión. [Chomsky, 1989: 62]

Texto Nº 3

Searle propone una definición de la regla muy estrechamente ligada a un conocimiento: en su opinión, para que se pueda hablar de regla es preciso que se pueda hablar de una actividad que se conozca a sí misma como tal y que conozca la regla: su existencia y su contenido. No cabe ninguna duda de que esta definición responde a la mayoría de los usos de la noción de regla: reglas del juego, del arte, reglas jurídicas. Así pues, se puede reconocer en ella la noción común de regla.

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3 cumplen ningún papel en su funcionamiento. Visto desde afuera, sin duda, todo se presenta como si siguiera reglas, pero es una simple apariencia. (…)

La respuesta del cognitivista será simple: consistirá en poner en tela de juicio la definición de Searle. Por cierto, dirá el cognitivista, existe un vasto conjunto de reglas que requieren que se las conozca para que sean aplicadas; pero existe al menos un tipo de regla que no responde a esta definición: justamente, las reglas de la lengua. En el sentido en que se puede decir que el sujeto sigue reglas al hablar, en el sentido en que se puede decir que el esclavo del Menón sigue las reglas de la lengua griega cuando habla griego, se puede decir que la computadora sigue reglas. (…) Con esto se refuta la noción común de regla y se funda la noción de “regla desconocida”, de la que hace uso el cognitivisno. La palabra regla permanece, pero la noción ha cambiado de alcance; ya no se trata de convenciones de representación ni de reglas artesanales de fabricación de frases; se trata de una hipótesis de dispositivo acerca de la naturaleza del lenguaje. [Milner, 2000: 260-262]

Texto Nº 4

(Para la GG) El conocimiento que el hablante tiene de la competencia gramatical está, pues, interiorizado. Ello significa que el hablante puede establecer diferencias semánticas entre oraciones de su idioma marcando matices sutiles que nunca antes se le han mostrado, y que además es incapaz de explicar la base que sustenta tales diferencias. Este punto es particular mente polémico para el pensamiento filosófico, sobre todo si se recuerda que es relativamente frecuente identificar el conocimiento con el pensamiento consciente. En realidad, la negación de este supuesto es una de las cuestiones que más claramente definen esta aproximación racionalista al estudio del lenguaje.

El sistema gramatical posee una enorme complejidad formal, lo que se traduce en la consiguiente complejidad de las oraciones que el hablante es capaz de juzgar y comparar. Si en lugar de ser un sistema abstracto e inmanente, y articulado con tal grado de riqueza, el lenguaje fuera un sistema de hábitos, no esperaríamos esa complejidad, y sí esperaríamos, por el contrario, un grado mayor de conciencia en los juicios metalingüísticos de los hablantes sobre su propia introspección.

Es posible que existan predisposiciones congénitas a desarrollar ciertas capacidades físicas anatómicas o mentales en los seres humanos, entre ellas las que llamamos habilidades. No obstante, se suele aceptar que las habilidades se desarrollan fundamentalmente con la práctica o la constancia, y que se mejora en ellas con el esfuerzo y el tesón. Nada de eso parece ocurrir ene aprendizaje natural de una primera lengua.

Los juicios que el hablante es capaz de hacer sobre la interpretación de las oraciones de su lengua revelan que comprende a la perfección las diferencias fundamentales que pueden existir entre secuencias próximas que nunca ha visto, y —lo que es más importante— que no ha tenido que esforzarse para llegar a hacerlo. [Bosque, 1998:31-32]

Texto N°5

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4 […] Las vibraciones sonoras llegan al tímpano del niño mientras él sigue repitiendo los movimientos articulatorios; ello trae como consecuencia un hábito: cada vez que un sonido similar llega a su oído, el niño va probablemente a repetir los mismos movimientos bucales […] Ese balbuceo lo entrena para reproducir los sonidos vocales que llegan a su oído. […] Alguna persona, por ejemplo, la madre, emite delante del niño un sonido que se asemeja a alguna de las sílabas del balbuceo de él. Por ejemplo, ella dice doll ‘muñeca’. Cuando estos sonidos llegan al oído del niño, su hábito entra en acción y él emite la sílaba de su balbuceo más aproximado, da. Entonces decimos que el niño está empezando a “imitar”. (p.33)

[…] La madre, por supuesto, usa las palabras cuando se presenta el estímulo apropiado. Dice doll cuando está realmente enseñándole o entregándole al niño su muñeca. El ver y el tomar la muñeca y el oír y el decir la palabra doll (es decir, da) ocurren simultáneamente en repetidas ocasiones, hasta que el niño adquiere un nuevo hábito. (pp. 33, 34)

[…] La lengua del niño es perfeccionada por los resultados obtenidos. Si él dice da lo suficientemente bien, sus mayores lo entienden: esto es, le dan su muñeca. Cuando así sucede, el ver la muñeca y la percepción táctil de ella actúa como estímulo adicional y el niño repite y practica su versión afortunada de la palabra. Por otra parte, si él dice da imperfectamente, -esto es en forma muy lejana a la forma convencional de los adultos, doll –entonces sus mayores no sentirán el estímulo para darle su muñeca.[...] Sus intentos más perfectos serán mejorados por la repetición y sus fallas serán borradas por la confusión. […] Según oye hablar el niño adquiere los hábitos necesarios para actuar en las formas convencionales. (pp. 34-35) […] la lengua es un asunto de entrenamiento y hábito. (p. 38). [Bloomfield, 1933]

Texto Nº 6

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5 Texto Nº 7

La GG desplazó el foco de atención de la conducta potencial o real y sus productos al sistema de conocimiento que subyace al uso y la comprensión del lenguaje y, con más profundad, a la dotación innata que hace posible que los humanos obtengan ese conocimiento. El desplazamiento fue de la Lengua-E a la Lengua-I, del estudio de la lengua considerada como objeto exteriorizado al estudio del sistema de conocimiento lingüístico obtenido y representado interiormente en la mente/cuerpo. [Chomsky, 1989: 62]

Texto Nº 8

Decir que «el lenguaje no es una cualidad innata» equivale a decir que no hay la menor diferencia entre mi nieta, un conejo y una piedra. Dicho de otro modo: se toma la piedra, el conejo y a mi nieta, se les sitúa en una comunidad donde la gente hable inglés, y los tres acabarán por aprender y hablar inglés. Si alguien cree eso, cree que el lenguaje no es innato. Si cree que hay una diferencia entre mi nieta, un conejo y una piedra, cree que el lenguaje es innato. Por eso, las personas que proponen que hay algo debatible acerca de la suposición de que el lenguaje es innato están solamente confundidas. Tan profundamente confundidas que no hay forma de contestar a sus argumentos. No cabe duda alguna de que el lenguaje es una facultad innata.

Decir que «el lenguaje es innato» equivale a expresar la creencia de que cierta naturaleza crucial, relevante, interna, diferencia a mi nieta de las piedras, las abejas, los gatos y los chimpancés. Aspiramos a averiguar en qué consiste esa naturaleza interna. En la actualidad se cree que es una expresión de los genes, que de algún modo otorga una facultad lingüística (y, por ejemplo, una cadena de huesecillos bien colocados en el oído interno, cosa que también poseen los ratones). El cómo se desconoce, pero lo mismo sucede en cuestiones inmensamente más simples. La afirmación informal de que la lengua es innata al ser humano significa algo así. Del mismo modo, decimos que los brazos son algo innato en los se res humanos, y las alas en las aves. [Chomsky, 2003: 61-62]

Texto Nº 9

El lenguaje humano tiene sus bases en una propiedad que parece estar biológicamente aislada: la propiedad de la infinitud discreta, que se manifiesta en su forma más pura en los números naturales 1, 2, 3, ... etc. Los niños no aprenden esta propiedad. A no ser que la mente ya posea principios básicos de ella, no hay ninguna evidencia empírica que pueda proveerlos. De manera similar, ningún niño tiene que aprender que hay oraciones de tres y cuatro palabras, pero no cuatro palabras y media, y que las oraciones pueden extenderse “ad infinitum” puesto que es siempre posible construirlas de modo más complejo y siempre con formas y significados muy precisos. Para una frase de David Hume, este conocimiento no puede más que provenir de “la mano original naturaleza,” como parte de nuestra herencia biológica. [Chomsky, 1996:11]

Texto Nº 10

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6 intelectuales del siglo veinte, a Orwell le impresionó la capacidad de los estados totalitarios para imbuir creencias firmemente sostenidas y ampliamente aceptadas, aunque carentes por completo de fundamento y a menudo en flagrante contradicción con hechos obvios del mundo circundante. El problema es mucho más amplio, como prueba suficientemente la historia de los dogmas religiosos. Para resolver el problema de Orwell, hemos de descubrir los factores institucionales y de otras clases que bloquean la captación y la comprensión en ámbitos cruciales de nuestras vidas y preguntarnos por qué funcionan. (p. 11)

En la era moderna, el culto estatalista ha adoptado frecuentemente el carácter de las formas primitivas de la fe religiosa, no sólo en los estados totalitarios. En éstos, los mecanismos empleados para inducir a la pasividad y al conformismo son relativamente transparentes: en última instancia, alguna clase de violencia, amenazada o ejercida, bajo un control centralizado perfectamente patente. Pero creo que se ha demostrado ampliamente que el problema de Orwell se presenta también en las sociedades democráticas, en que la violencia en raras ocasiones se usa para garantizar el acatamiento. Miles de páginas de documentación detallada han demostrado, más allá de cualquier duda razonable, que también en esta sociedades están firmemente implantadas las doctrinas del culto del estado, y que son ampliamente compartidas, en abierta contradicción con los hechos, particularmente por la “intelligentsia” que elabora y propaga estas doctrinas, los que tienen a su cargo la tarea de la “manufactura del consentimiento” (Walter Lippman) o la “ingeniería del consentimiento” (Edgard Bernays), una tarea que muchos han considerado esencial en las sociedades que ya no pueden imponer el acatamiento o la obediencia mediante la violencia. Sea cual sea su fuerza, estas demostraciones carecen por completo de efectos en el núcleo de la vida intelectual respetable, porque naturalmente la religión estatalista excluye la investigación o la comprensión del funcionamiento real de las instituciones dominantes, de acuerdo con el principio orwelliano de que la Ignorancia es Poder. [Chomsky, 1989:11-12]

[…] el carácter de la investigación de estos dos problemas es muy diferente. En el caso del problema de Platón, las cuestiones pertenecen en última instancia a la ciencia… El problema consiste en descubrir principios explicativos, a menudo ocultos y abstractos, para dar cuenta de fenómenos que aparentemente son caóticos, discordantes, carentes de la menor pauta. El estudio del problema de Orwell es muy diferente. No es difícil hallar las pautas que yacen bajo los más importantes fenómenos de la vida política, social y económica, aunque se dediquen muchos esfuerzos a oscurecer este hecho; y la explicación de los hechos a observar, por parte de los que son ajenos a la fe, en raras ocasiones es profunda o resistente al descubrimiento o a la comprensión. Así, pues, el estudio del problema de Orwell es ante todo una cuestión de ir acumulando datos y ejemplos que ilustren lo que resultaría obvio para un observador racional, incluso bajo un superficial examen, estableciendo la conclusión de que el poder y el privilegio funcionan como cabe esperar a cualquier mente racional … [Chomsky, 1989:12-13]

Los medios de comunicación pueden constituir una fuerza imponente cuando se movilizan en apoyo del sistema de propaganda estatal. [Chomsky, 1989:304]

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7 aunque la simple mentira y la ocultación de los hechos y otras técnicas menos refinadas también son ampliamente utilizadas, y son muy eficaces para protegernos del conocimiento y la comprensión del mundo en que vivimos. [Chomsky, 1989:307]

Texto Nº 11

En la concepción racionalista en la que se encuadra la teoría de la competencia, el lenguaje se interpreta, por tanto, como un objeto natural, un concepto en el que Chomsky insiste particularmente porque constituye el camino más directo para relativizar la oposición entre las propiedades físicas de los organismos humanos y las propiedades mentales de las que objetivamente están dotados. Las entidades que llamamos naturales se caracterizan porque son relativamente «objetivas», porque vienen dadas por «el mundo real» y porque son independientes de las creencias, entendidas como actos transitorios conscientes o voluntarios. No se trata, pues, exactamente de que los hablantes «sepan» que existe cierra información gramatical o de que la mente tenga acceso a ella. De la misma forma que esos hablantes no saben nada acerca de otras propiedades físicas de su organismo, son incapaces de formular los principios formales abstractos que les permiten construir y entender los mensajes verbales, y sin embargo podemos probar que los poseen, puesto que lo demuestran experimentalmente. La diferencia esencial estriba en que las creencias y otras actitudes proposicionales pueden ser concebidas como estados mentales transitorios, pero las bases de la competencia gramatical son parte de la mente misma. Ello es en realidad una consecuencia de considerar que el lenguaje, siendo un objeto mental, forma parte a la vez del mundo natural y, por tanto, puede ser abordado con las pautas de objetividad que caracterizan la investigación científica de los objetos naturales. El aspecto más relevante para un filósofo estriba con seguridad en las consecuencias que esa línea de investigación tiene en cuanto que viene a suponer una anulación virtual de una buena parte de lo que comporta la dicotomía clásica mente-cuerpo. [Bosque, 1998:29-30]

Texto Nº 12

En el mundo post-Newtoniano, no parece haber alternativa coherente a la sugestión de John Locke de que, de la misma manera que el movimiento tiene efectos ‘que de ninguna manera podemos concebir que el movimiento sea capaz de producir”, también algunos tipos de materia organizada pueden tener una “facultad del pensamiento”. Al igual que concluyeron otros autores en el siglo siguiente, estas propiedades “llamadas mentales” son el resultado de la estructura orgánica” del cerebro de igual manera que la materia “es dueña de poderes de atracción y repulsión” que actúan a distancia (La Metirie, Joseph Priestley).

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8 Referencias bibliográficas:

BLOOMFIELD, Leonard (1964): “El uso de la lengua” en Lenguaje, Lima, Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

BOSQUE, Ignacio (1998), “La competencia gramatical” en Filosofía del lenguaje I.Semántica, Madrid, Trotta/Consejo Superior de Investigaciones científicas.

CELA-CONDE, Camilo y Gisele MARTY, (1997) Entrevista a Chomsky.” en Psicothema, Vol.9, Nº3, pp569-585“en Psicothema.

CHOMSKY, Noam (2003), La arquitectura del lenguaje, Barcelona, Kairós.

CHOMSKY, Noam (2002), “Nuevos horizontes en el tudio del lenguaje” en New Horizons in the Study of Language and Mind, Cambridge University Press, New York. Traducción de Sandra Sartelli para circulación interna.

CHOMSKY, Noam (1996), Nuestro Conocimiento del Lenguaje Humano: Perspectivas Actuales

Conferencia dictada en la niversidad de Concepción, Santiago de Chile. Noviembre. Ediciones niversidad de Concepción & Bravo y Allende Editores.

CHOMSKY, Noam (1989), El conocimiento del lenguaje, Madrid, Alianza.

MILNER, Jean Claude (2000), Introducción a una ciencia del lenguaje, Bs. As., Manantial.

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