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El mapa social de Mar del Plata : procesos de producción del espacio urbano y construcción de desigualdades territoriales

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UNIVERSIDAD NACIONAL DEL SUR

TESIS DE DOCTORADO EN GEOGRAFÍA

Título: EL MAPA SOCIAL DE MAR DEL PLATA.

PROCESOS DE PRODUCCIÓN DEL ESPACIO URBANO Y

CONSTRUCCIÓN DE DESIGUALDADES TERRITORIALES

Autora: Patricia Iris Lucero

BAHÍA BLANCA

ARGENTINA

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PREFACIO

Esta Tesis se presenta como parte de los requisitos para optar al grado Académico de Doctor en Geografía, de la Universidad Nacional del Sur y no ha sido presentada previamente para la obtención de otro título en esta Universidad u otra, La misma contiene los resultados obtenidos en investigaciones llevadas a cabo en el ámbito del Departamento de Geografía y Turismo durante el período comprendido entre el 6 de agosto de 2013 y el 4 de diciembre de 2015, bajo la dirección del Doctor Gustavo Daniel Buzai (UNLuján) y la codirección de la Doctora Nidia Formiga (UNS).

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A la memoria de mis padres, Electra Iris y Roque Ignacio

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Agradecimientos

A mis directores Gustavo Buzai y Nidia Formiga por su invalorable sabiduría,

acompañamiento y confianza en mis tareas académicas;

A la Universidad Nacional de Mar del Plata por constituirse en la institución que me

otorgó su apoyo durante mi larga carrera académica en el nivel superior;

A la Universidad Nacional del Sur por constituirse en la sede de este trayecto final

profesional largamente anhelado;

A mis colegas del Grupo de Estudios Sobre Población y Territorio: Claudia Mikkelsen,

Fernando Sabuda, Juan Pablo Celemín, Sofía Ares, Silvina Aveni, Marisa Sagua, y a mi

amiga en este recorrido profesional y personal Isabel Rivière, por descubrir juntos las

maravillas de nuestra ciencia;

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RESUMEN

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ABSTRACT

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ÍNDICE

INTRODUCCIÓN……… 19

Objetivos Generales……… 26

Objetivos Específicos……….. 27

Hipótesis……….. 27

Abordaje teórico-conceptual……… 28

PARTE 1 LOS MAPAS SOCIALES CAPÍTULO 1. Marco Epistémico Evolución del pensamiento científico acerca de la diferenciación socio-espacial y los modelos urbanos Introducción………. 37

De la Ecología Humana a la Ecología Factorial. Acercamiento al mosaico urbano que expresa la trama de la vida……… 40

Los modelos urbanos. La representación matemática y simbólica de la estructura morfológica y funcional de la ciudad………. 45

1) Los modelos urbanos de la Ecología Humana Clásica……… 48

2) Los modelos urbanos de las Áreas Sociales y la Ecología Factorial……….. 52

3) Los modelos urbanos de las ciudades de América Latina……….. 57

Los modelos urbanos como referentes de la estructuración interna en las aglomeraciones de tamaño intermedio……….. 76

Epílogo……….. 80

CAPÍTULO 2. Dominio empírico Acuerdos metodológicos para la elaboración del Mapa Social Intertemporal Tendencial de Mar del Plata Introducción……… 81

Análisis de las áreas sociales con recursos conceptuales y metodológicos de la Geografía……… 84

1. Definición de las unidades espaciales……… 86

1.1.Definición del universo de observación……….. 86

1.2. Definición de las unidades de observación……….. 97

2. Selección de las variables activas……….. 104

2.1. Primeras reflexiones y acuerdos………. 104

2.2. Entre lo deseado y lo posible. Revisión de las bases de datos censales……… 111

2.3. Indicadores seleccionados para construir el Índice del Nivel Socio-habitacional……… 114

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3. 1. Herramientas y procesamientos para la confección de los mapas temáticos. 123

3. 2. Pasos para el Análisis exploratorio de los datos espaciales………. 125

3. 3. Análisis espacial multivariado para la delimitación de áreas homogéneas….. 128

3.3.1) Puntajes de Clasificación Espacial………. 129

3.3.2) Asociación y Autocorrelación Espacial……….. 132

3.3.3) Series temporales………. 137

Epílogo……… 140

Capítulo 3. Los resultados Mar del Plata en perspectiva histórica reciente. El Mapa Social Intertemporal Tendencial 1991-2001-2010 Introducción……… 141

El Mapa Social a través del Índice del Nivel Socio-habitacional, Mar del Plata 2010………… 143

1. Dimensión Servicios Urbanos……… 152

2. Dimensión Habitacional y Socio-demográfica………. 157

3. Dimensión Educación……….. 163

El Mapa Social Intertemporal Tendencial de Mar del Plata 1991-2001-2010………. 166

Rescatando la síntesis del Mapa Social Intertemporal Tendencial de Mar del Plata 1991-2010………. 173

El Mapa Social Intertemporal Tendencial a través del análisis de Autocorrelación Espacial 182 Adecuación de los resultados a las modelizaciones urbanas……….. 195

Epílogo……… 203

PARTE 2 LOS PROCESOS DE POBLAMIENTO Capítulo 4. Marco epistémico La combinación entre tiempo y espacio en el análisis de la Demogeografía Introducción……… 207

La segregación étnica en la diferenciación espacial………. 208

Los procesos migratorios en la ocupación del espacio……….. 212

La distribución espacial de la población en la ciudad……….. 217

Epílogo……… 220

Capítulo 5. Dominio empírico Procedimientos y técnicas para el tratamiento de las variables demográficas Los datos observados sobre las migraciones………. 223

Los datos observados sobre la segregación étnica……… 224

Los datos observados sobre la densidad de ocupación residencial……….. 226

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Capítulo 6. Resultados

El poblamiento de Mar del Plata y el factor migratorio en la estructura del modelo urbano

Introducción……… 231

Los rasgos físico-naturales del espacio geográfico bajo estudio……… 231

La dinámica demográfica del espacio geográfico local……….. 237

Crónica de una ciudad inquieta……… 245

Primer escenario: el territorio local entre las décadas de 1820 y 1920………. 247

Segundo escenario: Mar del Plata entre las décadas de 1930 y 1970……… 249

Tercer escenario: Mar del Plata entre las décadas de 1970 y 1990………. 252

Cuarto escenario: Mar del Plata contemporánea, entre 1990 y 2010……… 255

Los cambios en la ocupación residencial del espacio urbano desde su origen hasta la actualidad……… 256

Un estudio preliminar: la densidad de ocupación residencial del espacio urbano entre 1991 y 2010……… 263

Los migrantes externos en la configuración del poblamiento local………. 270

La distribución de la dimensión étnica en el área urbana: ¿Segregación o concentración espacial?... 271

El estatus migratorio en el Mapa Social Intertemporal Tendencial de Mar del Plata 1991-2001-2010……… 277

Epílogo……… 282

PARTE 3 PROCESOS DE PRODUCCIÓN DEL ESPACIO URBANO Capítulo 7. Marco epistémico La construcción de la ciudad y las desigualdades territoriales Introducción……… 287

El aporte de la Teoría Centro-Periferia a la interpretación del espacio urbano……….. 294

1) Centralidad………. 295

2) Suburbanización………. 298

3) Periurbanización………. 299

4) Reconcentración…Densificación…Gentrificación………. 302

Las desigualdades sociales y su impacto territorial……… 304

Epílogo……… 308

Capítulo 8. Dominio empírico

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Observaciones preliminares……… 311

La periodización……….. 312

La pobreza……….. 313

La desocupación………. 314

La distribución de los ingresos entre la población………. 315

Observaciones finales………. 316

Epílogo……… 317

Capítulo 9. Resultados El Mapa Social Contemporáneo de Mar del Plata: síntesis de procesos de producción de espacio urbano y construcción de desigualdades territoriales Introducción……… 319

Patrones de acumulación en la Argentina entre 1990 y 2010. Convertibilidad y Postconvertibilidad……….. 320

1) El modelo de acumulación en la década de 1990……… 323

2) El modelo de acumulación en la década del 2000………. 325

Efectos sociales en Mar del Plata: contrastes entre las décadas de 1990 y 2000……….. 327

1) Incidencia de la pobreza……….. 327

2) Incidencia de la desocupación………. 334

3) Las brechas en la distribución del ingreso……….. 339

El Mapa Social Contemporáneo de Mar del Plata……….. 341

Adecuación de los resultados a las modelizaciones urbanas………. 360

Epílogo……… 364

CONCLUSIONES……… 365

BIBLIOGRAFÍA……… 375

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Gracias a Pamela, quien a sus 16 años supo reflejar de manera muy clara las desigualdades geográficas en la ciudad de Mar del Plata

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INTRODUCCIÓN

La elección del tema y del problema a tratar en esta tesis se sostiene en la preocupación general y el interés académico, en particular de las ciencias sociales donde se ubica la Geografía, que despierta la extensión del fenómeno urbano en todo el mundo junto a la ampliación de las diferencias en el bienestar de sus habitantes.

En cuanto al caso de estudio que propongo analizar, conlleva una impronta personal muy marcada y especial, ya que trae a colación una vida totalmente citadina instalada en Mar del Plata, donde transcurrieron mis ciclos familiares y profesionales, dentro de un escenario querido y deseado por muchos habitantes del país. En mi recorrido vivencial he notado la transformación profunda de una ciudad que contiene actualmente tres veces más cantidad de población en comparación a la época de mis primeros pasos de niña recorriendo sus calles, plazas y comercios. Esta relación tan particular e íntima con mi espacio de vida, fue el producto de una elección de mis padres nacidos en las provincias de Tucumán y Entre Ríos, que en sus años jóvenes se conocieron en la ciudad de Buenos Aires, luego se casaron y se radicaron inmediatamente en la pujante ciudad de Mar del Plata en la década de los años 1950. Con un padre de profesión abogado, que integra el Tomo 1 del Colegio de Matriculados en esta ciudad, y una madre dedicada totalmente a la atención de su familia y del hogar, mi posición en la estructura social estaría dentro de la clase media urbana.

Por tanto, mis reflexiones tienen el sesgo que surge de una articulación muy sentida entre mi preparación académica y mi experiencia personal. Vengo de la Geografía, de la docencia, de la investigación y de la extensión universitaria, y de varios ciclos de vida pasados, pero no agotados, con origen y permanencia en esta ciudad de tamaño demográfico intermedio, sobre la costa atlántica, caracterizada por sus bellezas paisajísticas que dieron lugar hasta hace unas décadas a una privilegiada actividad económica turística, hoy compartida con la floreciente función educativa, y la producción primaria de la tierra y del mar. Desde aquí, y desde mi lugar en la sociedad, intentaré bucear en las profundidades del espacio geográfico, en la evolución de esa noción que es el objeto de estudio de la Geografía, para reconocer la construcción social que le ha dado su forma actual a la aglomeración de Mar del Plata, en particular centrada en la última década del siglo XX y la primera del siglo XXI.

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que observo como contenido y no como continente, con sus propiedades trascendentales y no como mero dato concreto de localización.

Por su parte, la epistemología de la Geografía impulsa a recapacitar sobre el abordaje científico de ese objeto de estudio, sobre su fundamento y la metodología más apropiada para su conocimiento, sobre las diversas formas de acceder a su observación, análisis, interpretación, comunicación y aplicación a los problemas de la sociedad. Hay aquí una pista primordial: la Geografía es una disciplina social, nace cuando la especie humana se diferencia de sus antecesores, y utiliza la naturaleza para desarrollar la trama de su vida. Es social porque el grupo humano consume el espacio natural y lo modifica, porque diseña una organización del territorio para su utilización, porque para ello actúa en cooperación entre sus miembros y con otros grupos humanos que el devenir de la técnica y de la economía acerca cada día más, en una verdadera “compresión espacio-temporal” (idea esgrimida por Harvey, 1998: 314).

En esa interacción de las sociedades con su espacio surgen diversas formas de asentamiento de la población. La división más difundida refiere a la dualidad urbana y rural, utilizando los criterios de base demográfica, económica, social y cultural, para sostener que se trata de dos maneras diferentes de interacción de las personas con sus lugares de vida.

La constante disputa por el poder entre la ciudad y el campo, tendría su desenlace en el modo de producción moderno-burgués cuando la industria se localiza en los ámbitos donde se concentra la población, provocando la dominación política y económica de las sociedades (Sánchez, 1981). Los diferentes momentos suscitados en el modo capitalista de producción condujeron al incremento de la urbanización en todos los países del mundo, llegando a producir espacios de poblamiento millonario y formas de organización que definieron a las metrópolis y postmetrópolis de los tiempos contemporáneos (Soja, 2008).

En tal sentido, el geógrafo Pablo Cicolella explica

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como forma territorial y condición de acumulación para los grandes inversores y empresarios locales y externos, poniendo en crisis la relación entre espacio público y espacio privado. (1999: 8).

En un sentido diferente, resulta particularmente atractiva la reflexión de Yi-Fu Tuan en tanto caracterización más vivencial de los espacios urbanos y los espacios rurales, en los siguientes términos:

As cidades são artefatos e mundos artificiais organizadas à distâncias variáveis segundo sua proximidade com a natureza. Elas podem ser dispostas ao longo de uma escala organizada segundo critérios físicos de 1) rompimento com os laços agrícolas, 2) domesticação do inverno, e 3) conquista da noite. As cidades da antiguidade, apesar de suas fachadas monumentais, mantinham laços estreitos com o campo. A agricultura continuou sendo uma atividade importante nas cidades inglesas mesmo no auge da Revolução Industrial. Considerando que o campo ganha vida na estação quente, as metrópoles glamourosas florescem no inverno. O ritmo natural do dia e da noite, do trabalho e do descanso, é rompido na cidade, cujo status cultural é medido pelo vigor de sua vida noturna. A iluminação artificial, um recente triunfo tecnológico na longa história da cidade, transformou a noite em dia. As cidades diferem muito nos graus de ligação íntima com a naturaza segundo os seus meios de subsistência.1 (2013: 1)

Por tanto, el empleo del término ‘urbano’ como adjetivo clasificador del tipo de espacio geográfico sujeto al estudio, y diferenciado del término ‘rural’, designa una forma particular de ocupación del espacio por una población, o sea, “la aglomeración resultante de una fuerte concentración y de una densidad relativamente elevada, que tendría, como correlato previsible, una diferenciación funcional y social cada vez mayor” (Castells, 1986 [1972]: 16).

De acuerdo con Henry Lefebvre, la sociedad que avizora con su mirada puesta en los inicios de la década de 1970, será eminentemente urbana o postindustrial, dejando de lado las teorías y expectativas de la ciudad netamente industrial como producto original del

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capitalismo (1972). De tal manera, lo que se podría denominar ‘ciudad’ en los tiempos actuales sería algo cualitativa y cuantitativamente diferente de lo que era hasta hace unas décadas atrás. Sin embargo, es posible que existan ciertos elementos permanentes que tengan que ver con constantes de la organización social, más que de la organización propiamente espacial. En este último sentido, el análisis de la presente investigación intentará descubrir los cambios que realiza la sociedad en el espacio de la ciudad y su adecuación a los modelos teóricos diseñados para diferentes realidades citadinas.

Entonces, considerando a la ciudad como un complejo sistema dinámico en el cual las formas espaciales y los procesos sociales se encuentran en continua interacción (Harvey, 1979), esta unidad de observación se convierte en un laboratorio para el ensayo de las vinculaciones entre los hechos sociales y los fenómenos espaciales y, por tanto, en el campo donde se dirime la construcción humana más artificial como es una aglomeración urbana.

Al referirse a la ciudad, Henri Lefebvre la define como un objeto espacial que ocupa un lugar y una situación y que debe, por consiguiente, ser estudiado en tanto que objeto a través de diferentes técnicas y métodos: económicos, políticos, demográficos, etc. La ciudad es una obra en el sentido de una obra de arte. El espacio no está únicamente organizado e instituido, sino que está modelado, configurado por tal o cual grupo de acuerdo con sus exigencias, su ética y su estética, es decir, su ideología. (1976: 65 y 66)

Para Manuel Castells, las formulaciones más difundidas en relación con el tema urbano son: los polígonos urbanos periféricos enajenan, el centro libera, los espacios verdes relajan, la gran ciudad es el reino del anonimato, el barrio produce solidaridad, los tugurios originan la criminalidad, las ciudades nuevas suscitan la paz, etc. (1986: 93).

Por su parte, Edward Soja se refiere a la historia de esta construcción humana ubicando el origen de la urbanización y del urbanismo hace diez milenios atrás. Tanta historia de acontecimientos, cambios, conflictos y debates, se condensan en las ciudades jóvenes, cuya trayectoria apenas cuenta con algo más de un siglo de vida (2008: 31), como sería el caso particular que deseamos explorar: la localidad urbana de Mar del Plata.

El camino recorrido por el pensamiento espacial en este ámbito urbano es largo y muy fecundo. Sin embargo, habría que esperar a la revolución industrial y a sus repercusiones en la escena urbana para que la preocupación en torno a la ciudad, su ámbito espacial y sus relaciones, cobraran verdadero protagonismo y fueran objeto de una desenfrenada pero prolija producción teórica y modelística (Rodríguez Jaume, 2001: 69).

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características del medio ambiente natural, procesos de evolución del área urbanizada, políticas de planificación urbana, fenómenos migratorios, etcétera (Álvarez de la Torre, 2011).

Nuestro caso particular de estudio, la ciudad de Mar del Plata, se clasifica como una aglomeración de tamaño medio, con una dimensión poblacional inferior al millón de habitantes, todavía sin las características necesarias para erigirse como un área metropolitana, pero con vocación por alcanzar esta condición en un futuro no muy lejano. Se encuentra ubicada sobre el Mar Argentino en la zona sudeste de la provincia de Buenos Aires de la República Argentina (Figura .1).

Según el relevamiento censal nacional más reciente, la ciudad cuenta con 583.759 habitantes (INDEC, 2010), asentados en una superficie de 22.000 hectáreas aproximadamente y ubicada a 405 kilómetros en dirección sud-sudeste de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los recursos paisajísticos de la localidad le otorgaron un perfil productivo preferencial en el sector del turismo. En las últimas décadas se destaca también por las actividades económicas en los sectores de la pesca y la horticultura, así como en su condición de ciudad educativa por el importante equipamiento con que cuenta en los niveles terciario y universitario. En sus aspectos físico-naturales presenta estribaciones serranas que se encuentran con el mar, un perímetro de costas de 39 kilómetros de extensión, amplias playas rodeadas de dunas y acantilados en algunos sectores, y un clima templado oceánico benigno (Lucero, 2014a: 95).

Mar del Plata es una ciudad que ha nacido y crecido como un reflejo inacabado de la Capital Federal de la República Argentina. Desde sus orígenes en la segunda parte del Siglo XIX, la instalación del saladero en la actual zona costera de Punta Iglesia debido a la mudanza de tal actividad desde el sur de Buenos Aires por la epidemia de fiebre amarilla, dio lugar al punto central de la aglomeración. Las sucesivas olas de inversiones inmobiliarias y comerciales vinculadas al uso del tiempo de ocio de las clases sociales altas porteñas hasta las primeras décadas del siglo XX, y la llegada del turismo de masas a partir de la década de los años 1940, junto a las corrientes migratorias de pobladores permanentes atraídos por los mercados laborales tan activos, Mar del Plata se ha formateado sobre un simil imperfecto de la ciudad primacial del país.

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alto valor del suelo y circuitos económicos para el consumo de mayor poder adquisitivo. Las zonas ricas y pobres que se replican en estas y otras ciudades del país, para el caso particular de Mar del Plata y su vinculación con la sociedad porteña de Buenos Aires, ha favorecido una especie de copia de la forma y el contenido necesarios para reproducir el estilo de vida de los sectores sociales que se trasladaban a la villa balnearia en los períodos estivales a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, huyendo del clima caliente y desapacible de la Capital.

Figura .1. Localización de Mar del Plata, Partido de General Pueyrredon, dentro de la escala geográfica nacional, provincial y municipal

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En tal sentido, José Sebreli argumenta que las burguesías afiebradas de las posguerras y de los años de ascenso del socialismo necesitaron crearse un pasado mitológico, una “edad de oro” feliz donde no se conocieran luchas sociales, ni peligros, o donde, por lo menos, estos no se hubieran hecho presentes a la conciencia sino de un modo vagoroso2. Se la llamó belle époque en francés, porque el francés era el idioma universal en esos tiempos, y su comienzo puede ubicarse alrededor de 1899, fecha de la Exposición Internacional de París, fecha también en que comienza el gran auge de Mar del Plata, un año antes había sido inaugurado el Bristol Hotel (1970: 33).

El hecho es que el chalet en La Loma se convirtió en esos años en un símbolo de prestigio comparable a la residencia en el Barrio Norte de Buenos Aires, la pertenencia al Jockey Club, el palco en el Teatro Colón y la bóveda en la Recoleta (Sebreli, 1970: 67). Del mismo modo, el día que todos los habitantes de Buenos Aires pudieron ir a Mar del Plata, ésta dejó de ser la playa salvaje de los primeros años para convertirse en una réplica exacta de Buenos Aires, con sus mismos problemas urbanos (Sebreli, 1970: 131).

Transcurrido casi un siglo desde esos años felices de Mar del Plata, la ciudad se muestra con intensas disparidades sociales y espaciales internas, como producto de los procesos económicos, políticos, sociales y culturales que modificaron su configuración hasta la actualidad.

Sin embargo, en el contexto de los aglomerados urbanos, Mar del Plata y la ciudad de Batán se ubican en una muy buena posición relativa al tener en cuenta ciertas condiciones por las cuales apreciamos un alto nivel de la calidad de vida de su población. En un estudio reciente llegamos a estimar los valores de un índice que resume la situación de catorce indicadores en las dimensiones Educación, Trabajo, Salud y Vivienda, y sus cambios entre los años 2003 y 2012, por el cual se constató que la localidad que significa el caso particular para el presente estudio, se ubicaba en la categoría por sobre la media del conjunto en ambos momentos, en el puesto 6 en relación a los 29 aglomerados relevados en 2003 y en el puesto 7 en relación a los 32 aglomerados sondeados en 2012, a partir del tratamiento de los datos seleccionados de la Encuesta Permanente de Hogares que aplica el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Esta declinación leve en el ranking de ciudades se observó en función de

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la mejora estimada para el índice de calidad de vida en el aglomerado Gran La Plata que logra superar su posición en el período considerado. (Lucero et al, 2015)

Estos valores generales, que significan un promedio estimado para el conjunto de los hogares y de las personas que habitan en las ciudades más pobladas del país, ocultan las intensas disparidades sociales y espaciales que acontecen en el interior de las localidades urbanas.

Desde una perspectiva vivencial, al transitar la ciudad de punta a punta observamos de forma directa estos contrastes. Entonces se presenta ante nuestra mirada personal y profesional una realidad cargada de diferencias en el acceso a los recursos materiales y a los servicios urbanos.

Desde el punto de vista científico, existen variados estudios que exhiben esas disparidades socio-espaciales. Para el caso particular que nos ocupa, los principales antecedentes serán citados en el desarrollo de la presente investigación.

No obstante, mucho menos numerosos son los estudios que abordan el problema de la estructura interna de la ciudad con referencia a la dimensión temporal. Este análisis de naturaleza diacrónica resulta importante para conocer si los cambios producidos en la sociedad urbana han tenido repercusiones significativas en los patrones espaciales de la configuración social, y cuáles son las tendencias en la construcción del espacio citadino.

Por tanto, el problema a tratar es la generación de nuevas disparidades socio-espaciales como producto de las políticas implementadas particularmente en la última década del siglo XX y en la primera década del siglo XXI. Ambos períodos se sostienen en dos estilos de desarrollo diferentes puestos en vigencia en Argentina, aunque subsumidos en el capitalismo de ideología neoliberal, con fuertes repercusiones en las condiciones de vida de la población.

El acercamiento a una o varias respuestas a este problema será realizado desde la observación sistemática del espacio geográfico de Mar del Plata. Para ello, el plan de trabajo propuesto intenta reforzar la mirada geográfica a partir de los objetivos que se plantean a continuación.

Objetivos Generales

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- Examinar las tendencias de la estructuración espacial característica del período en su vinculación con los procesos de poblamiento y producción del espacio urbano, para reconocer las transformaciones en la configuración de la ciudad en el contexto de los modelos de desarrollo implementados en la última década del siglo XX y primera del siglo XXI; y

- Contribuir al debate sobre los modelos urbanos latinoamericanos desde el análisis particular de una localidad mediana por el tamaño de su población y relativamente joven por su trayectoria histórica.

Objetivos Específicos

- Producir conocimiento sobre los procesos que inciden en la distribución de los grupos sociales en el espacio geográfico de una unidad de tamaño poblacional intermedio, en una perspectiva relacional de las dimensiones demográfica, social, familiar y económica;

- Establecer una regionalización interna de la ciudad mediante la clasificación de las unidades espaciales de acuerdo a la combinación multivariada de los atributos seleccionados;

- Proponer su caracterización morfológico-estructural teniendo en cuenta los modelos desarrollados en investigaciones urbano-regionales con origen en países anglosajones y sus reconsideraciones en los países latinoamericanos;

- Analizar los cambios en la estructuración del espacio urbano, las transformaciones en la distribución territorial de los grupos sociales y sus características, en la fase actual del capitalismo que implica la profundización del proceso de fragmentación social; y

- Reconocer la situación del caso particular de estudio, atendiendo a las especificidades locales de los procesos socio-económicos por su relación con la construcción social del territorio que le otorgan su propia identidad geográfica.

Hipótesis

La presente tarea de investigación busca fundamentar la propuesta de que las transformaciones en la estructura, funcionamiento y configuración espacial de la ciudad, pueden ser interpretadas a la luz de los mapas sociales urbanos. Tales modificaciones se encuentran asociadas conforme han evolucionado los procesos de poblamiento y las tendencias en la construcción del espacio urbano, en el marco de un contexto nacional e internacional que amplía la diferenciación socio-espacial.

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- La polarización social ahondada en la última década del siglo XX y primera del siglo XXI implicó una acentuación de la desigualdad territorial en las condiciones de vida de la población;

- El proceso de poblamiento reciente muestra un débil crecimiento demográfico vegetativo y migratorio, cuyo balance desde la dimensión socioeconómica conlleva un cambio en el perfil de la comunidad local hacia niveles inferiores de la escala social;

- El proceso de producción de espacio residencial implicó intensificación de la suburbanización y periurbanización por ocupación de los grupos sociales de menores recursos;

- Las viejas pautas de localización residencial conviven con el nuevo patrón de asentamiento que se verifica en la compactación, concentración o densificación renovada de los espacios incorporados en otras fases de urbanización, como productos de la refuncionalización y revaloración del suelo urbano; y

- Los procesos de poblamiento y de producción de espacio urbano configuraron un mapa social de la ciudad de Mar del Plata cuyo esquema de estructuración espacial muestra contradicciones con varios modelos clásicos del análisis urbano y profundiza el modelo de ciudad latinoamericana.

Tales enunciados orientan la formulación de un modelo de estructuración espacial urbana que caracterice el caso de estudio.

Abordaje teórico-conceptual

El marco epistémico de la presente investigación requiere el empleo de diferentes teorías para ordenar los hechos, jerarquizarlos y explicarlos.

Partimos de considerar la representación de un recorte de la realidad, entendido como una totalidad organizada o “sistema”, cuyos elementos no pueden ser estudiados aisladamente, sino en sus mutuas relaciones. Por tanto, y de una manera general, el abordaje de este trozo de la realidad se realizará a partir de la teoría de los sistemas complejos (García, 2006).

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límites establecidos pero que interactúa de alguna manera con lo que quedó adentro del sistema bajo estudio, y su inclusión de la escala temporal de los fenómenos a considerar cuyo ritmo de cambio puede ser lento transformándose en una constante o más rápido provocando una reorganización del sistema en su conjunto. (García, 2006)

Cabe destacar que en la teoría de los sistemas complejos, el sistema no está definido pero es definible y, en este sentido, presenta una postura claramente constructivista en la producción de conocimientos. La construcción sistémica aparece en diversas escalas, relacionadas principalmente con el objetivo de la investigación y de allí a la consideración de los elementos que estructuran el sistema a través de sus interacciones. La construcción se realiza a partir de los datos (estímulo generado por la realidad), los observables (datos interpretados por el observador) y hechos (la definición de relaciones entre observables). (Buzai, 2007 y 2010)

El punto de partida de un sistema complejo puede sintetizarse en la pregunta orientadora de la investigación, o en un conjunto de cuestiones que guían la selección de los componentes del sistema. Entonces se plantean las siguientes preguntas conductoras de esta tarea en particular: ¿Qué dinámica territorial afecta a la ciudad?, ¿qué estructuras y qué funciones se combinan para orientar los procesos que la modifican? y ¿cómo y por qué se transforma la configuración socio-espacial de la ciudad?

Con el fin de prestar atención y entender el comportamiento de un sistema complejo abierto a todo tipo de interacciones, es decir, que no registra límites bien definidos y realiza intercambios con el medio externo, e involucrando la dimensión temporal, debemos analizar los elementos y las propiedades que conforman su estructura, y los procesos que, a través del tiempo, la modifican dando lugar a una nueva estructura. Para la meta que se procura, consistente en el estudio de la organización espacial y la evolución reciente de una ciudad, será necesaria la intervención de diferentes líneas de pensamiento desarrolladas en el devenir de la Geografía, y sus vinculaciones con otras ciencias sociales, en un intento por lograr el pluralismo conceptual y metodológico útil a los fines de la investigación.

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En esta combinación de miradas teóricas, y en el estudio particular que nos ocupa, se destaca el enfoque Cuantitativo de la Geografía para los propósitos primordiales de la indagación. Esta corriente del pensamiento geográfico que surge a mediados del siglo XX, y sus actualizaciones a partir del paradigma de la Geografía Automatizada, contribuye a esa finalidad al otorgar fundamentos sólidos para interpretar las configuraciones espaciales y sus modificaciones en el tiempo.

La focalización en el espacio que asume esta línea de investigación geográfica nos permite sostener nuestra mirada en el análisis del objeto propio de la disciplina. Junto a otras corrientes del pensamiento geográfico, como son los enfoques ecológico y regional, la escuela teórica se erige en la verdadera perspectiva espacial (Haggett, 1988, citado por Buzai y Baxenale, 2010: 2), con la finalidad de generalizar y establecer regularidades en relación a las manifestaciones espaciales de la relación entre el hombre y su medio (Buzai y Baxendale, 2010: 2).

Esta corriente de pensamiento geográfico intenta una visión de unidad epistemológica de la ciencia, donde el razonamiento hipotético-deductivo sobresale para lograr esgrimir teorías. El espacio aparece como concepto clave por primera vez, destacando a la ciencia geográfica como social y espacial. Los geógrafos cuantitativos trabajan, preferentemente, sobre la noción de espacio relativo, en una intensa vinculación con el planeamiento público y privado. (Corrêa, 1995: 19-23)

La consideración del objeto de estudio que se realiza dentro de este paradigma asume que los atributos del espacio geográfico pueden ser tratados en función de cinco principios fundamentales del análisis, que además son útiles en el procesamiento con los sistemas de información geográfica: localización, distribución, asociación, interacción y evolución, para finalizar con una síntesis que combina las características fundamentales del espacio absoluto y relativo (Buzai y Baxendale, 2012: 3).

A través de los conceptos y técnicas del análisis cuantitativo se llega a los modelos geográficos urbanos. Estas elaboraciones científicas, al decir de Richard Chorley y Peter Haggett ([1967] 1971), son necesarias para salvar las diferencias entre la observación y la teoría, y deben satisfacer las demandas de simplificación, reducción, concreción, experimentación, acción, extensión, establecimiento y explicación de teorías.

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Función de fertilidad, porque permiten la extracción del máximo de información; d) Función lógica, que facilita la explicación de la aparición de un fenómeno particular, y explicar los sistemas complejos por medio de sistemas simples; e) Función normativa, que hace posible la comparación de ciertos fenómenos con algunos más conocidos; f) Función sistemática, porque la construcción sucesiva de modelos permite la exploración y comprobación de los sistemas; g) Función constructiva, como elementos básicos en la construcción de teorías y leyes de alta probabilidad, y h) Función cognoscitiva, porque pueden promover la difusión de las ideas científicas (Delgado Malhecha, 2003: 40-41).

Los modelos geográficos en su forma lógica-matemática constituirán la base de los mapas sociales urbanos por desarrollar.

Veinte años después de la hegemonía teorética, el pensamiento geográfico se nutre de la corriente denominada Radical de base marxista, o Geografía Crítica. Para esta línea de investigación, y desde un punto de vista integral, el espacio geográfico incluye aspectos políticos, económicos y culturales, y se reconoce por las imbricaciones de múltiples relaciones de poder, tanto materiales como simbólicas (Haesbaert, 2004: 76-79).

La geografía crítica se admite sumida en el materialismo histórico y la dialéctica. El espacio es concebido como ‘locus’ de reproducción de las relaciones sociales de producción, esto es, reproducción de la sociedad. Trabaja con las categorías de espacio social, formación socio-espacial o simplemente formación espacial, queriendo significar que una sociedad se torna concreta a través de su espacio, del espacio que ella produce y, por otro lado, el espacio sólo es inteligible a través de la sociedad. Los conceptos clave son: Paisaje, Región, Lugar, Territorio, Espacio (organización espacial), y se utilizan categorías analíticas como forma, función, estructura y proceso, vistas conjuntamente. (Corrêa, 1995: 23-30)

El giro de este paradigma lo muestra en la actualidad reconvertido en la Geografía Postmoderna. Este enfoque complementa el análisis al otorgar una visión de los procesos económicos, políticos, sociales y culturales que condicionan el devenir del espacio geográfico en su permanente estado de construcción social, contribuyendo a reconocer el contexto local, nacional e internacional en el que se desarrollan los procesos de cambio del espacio urbano.

De esta manera intentamos realizar una integración de saberes para explicar la realidad socio-espacial, y reconocer los posibles escenarios futuros. Estos pueden ser comprensibles si se identifican las estructuras y procesos predominantes en la transformación del espacio geográfico.

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constatación empírica de los hechos sociales urbanos que se logre alcanzar, cuyos lineamientos partirán de las ideas y conceptos subsumidos en las teorías, serán el fundamento para la interpretación en permanente diálogo entre la sociedad y el espacio de la ciudad.

La afirmación de geógrafos y otros investigadores que exigen entender el espacio para analizar la ciudad ratifica esta manera de abordar la realidad urbana interna. Desde la década de los años 1960 se argumenta sobre el estudio parcial que consiste en examinar las condiciones socioeconómicas y políticas de la sociedad “porque ésta sólo podría ser comprendida en su totalidad a través de un lente espacial” (…) “Expresado simplemente, para entender cómo una ciudad funciona y es experimentada, era necesario entender la sociedad y el espacio como una relación dialéctica” (Salcedo y Dear, 2012: 6).

En síntesis, y reproduciendo las palabras de Gustavo Buzai,

Las ciudades desarrollan distribuciones espaciales específicas en correspondencia con su tamaño. El total de población se utiliza para estimar su jerarquía de rango-tamaño a nivel nacional, regional y provincial (la ciudad en la región), mientras que su superficie brinda posibilidades de analizar la estructura espacial intraurbana (la ciudad como región). Dentro de esta estructura el mapa social surge como una confluencia de características sociodemográficas y habitacionales en la población urbana (2014: 232).

Por tanto, las metas señaladas para la presente indagación convergen en esa síntesis al emprender el tratamiento de una ciudad de rango intermedio por su cantidad de población, y considerando su espacio geográfico como una región digna de ser sometida al análisis de la diferenciación socio-espacial. De allí la propuesta central de arribar a la definición del Mapa Social de Mar del Plata.

El estudio está organizado en tres partes, cada una de ellas referida a un aspecto central que involucra una estructura espacial específica, pero todas vinculadas para dar sentido y movimiento al sistema urbano. Un esquema sintético de la organización general de la tesis se presenta en la Figura I.2.

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la justificación teórica y metodológica de las configuraciones e interpretaciones logradas sobre los aspectos seleccionados para el análisis del recorte urbano.

Figura .2. Esquema general de organización de la tesis

Finalmente, la presente propuesta se inscribe como investigación aplicada sobre la base de una estrategia teórica complementada con la investigación de campo. En tal sentido, pretendemos combinar las dos componentes del espíritu geográfico: 1) científico, describir y explicar los aspectos complejos de una combinación de factores naturales y humanos, y su diferenciación espacial; y 2) utilitario, poner este conocimiento científico al servicio de la acción (Phlipponneau, 2001: 7). A nivel local, se pretende generar conocimientos significativos y aplicables, que sirvan como insumo a la compleja tarea de la planificación urbana.

En el entorno construido de las zonas urbanas, los problemas de la vivienda, la educación, la pobreza, la segregación socio-espacial, entre otros, han sido objeto de una intensa investigación que prestó atención a toda una gama de factores sociales, económicos y problemas ambientales. En la presente propuesta se intenta sumar los efectos territoriales de las principales cuestiones sociales, con la finalidad de colaborar en la toma de decisiones que se orienten a mejorar la calidad de vida de la población.

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El estudio de la diferenciación socio-espacial desde el paradigma de la Geografía Cuantitativa, generando modelizaciones urbanas, y la interpretación basada en procesos desestructurantes que irrumpen la estabilidad dada en determinados momentos, cuyo análisis se hace posible gracias al soporte de la Geografía Crítica, podrían ser útiles a las instituciones gubernamentales para orientar políticas de intervención urbana tendientes a lograr la integración social y la justicia espacial.

La organización de la información en un análisis de dimensiones relacionadas que genera la zonificación del territorio en áreas de similares características, será un aporte importante frente a la demanda de conocimiento sobre la localización espacial de los grupos que son el objetivo de las políticas sociales focalizadas y de la asistencia de servicios urbanos. Los resultados podrían constituir una base para elaborar líneas de acción para futuras intervenciones desde la gestión local y desde el ámbito privado.

El empleo de los sistemas de información geográfica permitirá obtener una base de datos vinculados de utilidad para distintos objetivos de aplicación, tanto para decisores técnicos y políticos del gobierno local como para los sectores intermedios (ONGs, AVF, etc.), y otros investigadores y actores sociales del sector público y privado.

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Capítulo 1. Marco Epistémico

Evolución del pensamiento científico acerca de la

diferenciación socio-espacial y los modelos urbanos

Capítulo 2. Dominio Empírico

Acuerdos metodológicos para la elaboración del Mapa Social Intertemporal Tendencial de Mar del Plata

Capítulo 3. Resultados

Mar del Plata en perspectiva histórica reciente.

El Mapa Social Intertemporal Tendencial 1991-2001-2010

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CAPÍTULO 1

Marco Epistémico

Evolución del pensamiento científico acerca de la diferenciación socio-espacial y los modelos urbanos

Introducción

La preocupación acerca de las diferencias sociales y su vinculación con el espacio urbano registra sus primeros pasos científicos en las décadas que inician el siglo XX. Estas experiencias de sistematización de la relación dialéctica que mantienen los procesos sociales y los procesos de distribución espacial de la población en la ciudad, generaron avances significativos para la Sociología en su búsqueda de modelos interpretativos de la estructura social, y no menos trascendentes para la Geografía que encuentra una vía de cooperación interdisciplinaria muy fructífera para esclarecer las desigualdades en el interior del territorio urbano.

La línea de investigación que congrega a la Sociología y la Geografía tuvo sus raíces en la Ecología fundada por Ernest Haeckel3 en su obra de 1869, entendida como rama de la Biología. Los conceptos vertidos en esa ecología general, hoy tradicional, sirvieron de inspiración para su aplicación a las múltiples interrelaciones de los hombres con su ambiente, y significaron la creación del término “Ecología Humana” por parte de Robert E. Park4, con el objetivo de explicar la organización, relación y orden en la especie del hombre (Racine, 1976; Buzai, 2003 y 2014).

El mismo autor centraría su atención en la forma concentrada del asentamiento humano, es decir, en el medio urbano, “en un mundo construido por el hombre” y “donde está condenado a vivir en lo sucesivo” (Park, 1999: 115).

La ciudad –escribe Park- es sobre todo un estado de ánimo, un conjunto de costumbres y tradiciones, de actitudes y de sentimientos organizados dentro de estas costumbres

3

Haeckel, E. (1869) Generelle Morphologie der Organismen. Allgemeine Grundzüge der organischen Formen-Wissenschaft, mechanisch begründet durch die von Charles Darwin reformirte Descendenz-Theorie. Berlín: G. Reimer.

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transmitidas mediante esta tradición. En otras palabras, la ciudad no es solamente un mecanismo físico y una construcción artificial: está implicada en el proceso vital de las gentes que la forman; es un producto de la naturaleza y en particular de la naturaleza humana5.

Bajo esta premisa, la ciudad se convierte en el mejor de los ‘laboratorios sociales’6, ya que en ella se puede analizar el crecimiento y la organización de los individuos, los distintos grupos sociales que se distribuyen en el espacio, las zonas y áreas marginales, y las instituciones creadas para canalizar la organización y preservar la integridad de la ciudad.

Los estudios de Ecología Humana aplicados a los laboratorios urbanos, principalmente a partir de los trabajos realizados en la Escuela de Chicago durante las décadas de los años veinte y treinta del siglo XX, devienen en la denominada Ecología Urbana. Desde entonces podríamos distinguir dos momentos en el desarrollo del pensamiento sociológico y geográfico vinculado al estudio sistemático de las relaciones entre los procesos sociales y los procesos espaciales: 1) focalizado en la segregación residencial como el tópico central de los paradigmas socio-espaciales enunciados desde la Escuela de Chicago, y, más adelante en el tiempo, de la mano de los avances matemáticos y estadísticos a partir de la década de los años 1950 la perspectiva se acerca a la Ciencia Regional, pasando del análisis de las ciudades al de la región, luego al de los estados y los grandes conjuntos territoriales; y 2) el enfoque de la división social del trabajo que sobreviene a finales de la década de los años 1970, de la mano de Henri Lefebvre y Manuel Castells, para quienes las vinculaciones espaciales en las sociedades contemporáneas se rigen por las relaciones de producción capitalista.

La periodización esbozada está asociada tanto al devenir del pensamiento sociológico como a la sucesión de los paradigmas geográficos que construyen el marco epistémico y el dominio empírico al interior de la propia disciplina. Para la ciencia geográfica significa el reconocimiento de los enfoques ecológico, regional y cuantitativo (y su versión contemporánea en la Geografía Global), como el tratamiento dominante en los estudios preliminares de la diferenciación social y espacial; y el examen del paradigma radical-crítico (y su versión actualizada a partir de la Geografía Posmoderna), en los avances producidos desde los enfoques que dominaron las décadas de los años setenta y ochenta del siglo pasado. Los fundamentos filosóficos de tales desarrollos se encuentran en las corrientes del positivismo y

5

Park, R., La città: indicazioni per lo studio del comportamento humano nell’ambiente urbano (1915-1925”, En: Park, R.; Burgess, E.; McKensie, R., La città, Milán, 1967: 5; citado por Bettin, 1982: 75).

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del historicismo en ciclos de aproximadamente veinticinco años de permanencia hegemónica para los paradigmas citados en torno al primer momento, los cuales focalizan el análisis en la dimensión espacial, y en el historicismo para la etapa que adquiere relevancia a partir de los años setenta del siglo XX (Buzai, 2011).

En el siglo XXI parecen convivir amablemente todos los enfoques que los geógrafos han sostenido en cada momento histórico con el fin de elaborar un cuerpo conceptual y procedimental que nos introduzca en el conocimiento acabado de la realidad socio-espacial. En tal sentido, privilegiamos el pluralismo teórico y metodológico (García Ballesteros, 1986) en el abordaje de los problemas territoriales, con el debido respeto a los marcos epistémicos de cada corriente del pensamiento geográfico, así como a las maneras de procesar los datos observados en la realidad.

A continuación desarrollaremos brevemente los abordajes que fueron completando el estudio sistemático de la diferenciación socio-espacial, referidos principalmente a los avances que posibilitaron la modelización empírica y matemática de la estructura morfológico-funcional de las ciudades y de las regiones, es decir, en vinculación con los avances científico-sociales del primer momento.

El enunciado teórico y la constatación empírica en el contexto del segundo momento del desarrollo de esta área del conocimiento, se presenta en la tercera parte de la tesis, cuyos acercamientos se sostienen específicamente en el modelo verbal basado en la teoría Centro-periferia y nos brinda una interpretación desde el nivel de análisis del sistema económico y político, proponiendo al materialismo histórico como perspectiva explicativa de lo urbano.

Si bien los modelos urbanos tal como los conocemos actualmente aparecen en la segunda década del siglo XX, cuando se comienza a pensar en la estructura que determina un orden en la ciudad frente a la mirada desorganizada como producto del crecimiento, el primer estudio que aborda la diferenciación espacial interna de la ciudad puede ser adjudicado a R. M. Hurd7 publicado en 1903, quien analiza los valores del suelo y sus cadenas de dependencias –el valor depende de la renta, la renta de la localización, la localización de la conveniencia, y la conveniencia de la proximidad, por lo cual afirma que podemos suprimir los pasos intermedios y decir que el valor depende de la proximidad (Roca Cladera, 2010)- y determina que la ciudad tiene una configuración radial y sectorial superpuestas que denota el crecimiento urbano (Buzai, 2014: 75).

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De la Ecología Humana a la Ecología Factorial. Acercamiento al mosaico urbano que expresa la trama de la vida

El primer momento en el análisis de las disparidades sociales y espaciales intraurbanas puede ser definido como la transición desde la Ecología Humana a la Ecología Factorial, en cuyos extremos se destacaron dos geógrafos pertenecientes a la Universidad de Chicago: Harlan H. Barrows en 1922, quien llega a considerar la Ecología Humana como una disciplina sociológica que llegaba a ser al mismo tiempo una disciplina geográfica en Chicago, y Brian J. Berry en 1967, a quien debemos el esfuerzo de otorgar una forma matemática basada en la teoría general de los sistemas al estudio de la diferenciación espacial interna de las ciudades y el modelo que resulta del análisis factorial (Racine, 1976).

Por tanto, los conceptos centrales de la ecología general llegan a la ecología humana y, con ella, a la ecología urbana, sobre la meta de describir y encontrar las causas latentes en la distribución socio-espacial de la población, para lo cual dominaría el método de la ecología factorial.

La Ecología Humana se concibe desde la Escuela de Chicago identificando a la “ciencia que estudia las relaciones entre los grupos humanos y el medio natural que le rodea” (Rodríguez Jaume, 2001: 30). Más específicamente, según su mentor Robert Park, “denominamos ecología humana, para distinguirla de la ecología vegetal y animal, a la ciencia que trata de aislar los factores que tienden a producir un agrupamiento ordenado y característico de su población y de sus instituciones, y describir las constelaciones típicas de las personas e instituciones producidas por la convergencia de tales fuerzas” (Park, 1999: 49). Las nociones principales son: comunidad y sociedad; competencia, dominio y sucesión; áreas naturales; áreas sociales; entre otras.

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El dominio y la sucesión son dos funciones dependientes de la competencia y actúan para garantizar el orden comunitario. El principio de dominación determina el modelo ecológico de la ciudad y las relaciones funcionales entre las partes. Las áreas de dominio de cualquier comunidad están determinadas por el precio del suelo, cuyos valores mayores se atribuyen, generalmente, al distrito central. Por su parte, por sucesión los ecólogos humanos entienden las distintas fases por las que una comunidad atraviesa dentro de su propio ciclo vital. Las etapas se suceden en busca del equilibrio quebrado por la propia dinámica de la comunidad. (Park, 1999).

Según Roderick D. McKencie, cinco procesos ecológicos explicarían las distintas organizaciones espaciales que las comunidades adoptan a lo largo de su ciclo vital: 1) el proceso de concentración que explica la tendencia a localizarse en un mismo lugar un número importante de individuos; 2) el proceso de centralización que manifiesta la tendencia a coincidir en aquellos lugares que ofertan servicios específicos; 3) el proceso de segregación que hace referencia al agrupamiento diferenciado de unos y otros en función de atributos económicos, y también de la raza, religión, lengua, y demás; 4) el proceso de invasión que indica el desplazamiento de los grupos sociales menos favorecidos a instancias de los grupos sociales con más poder; y 5) el proceso de sucesión, que sigue al de invasión, e implica la permuta de la población o el uso del suelo del área invadida (McKencie, 1974).

Estos procesos ecológicos inciden en la división interna de la ciudad en áreas más pequeñas, que no están planificadas y que son un producto natural del crecimiento urbano. Harvey W. Zorbaugh las denomina áreas naturales, que define como “un área geográfica caracterizada a un tiempo por la individualidad física y por las características culturales de los individuos que en ella viven” (Zorbaugh, 1974: 86).

De acuerdo al pensamiento de Park, una zona es un ‘área natural’ en varios sentidos. En primer lugar, porque nace, existe y se desarrolla sin planificación alguna y porque persigue una función. En segundo lugar, porque tiene una historia natural, se convierte ella misma en elemento biológico sometido a las leyes de la naturaleza. Es el producto en términos históricos de quien ha vivido allí y de quien allí continúa viviendo. En tercer lugar, porque es susceptible de conceptualización. Y esto en virtud de la ecuación establecida por Park: naturaleza = posibilidad de conocimiento científico. (Bettin, 1982: 85-86).

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fundamental para el análisis: la “comunidad”. Este concepto remite a “la organización ecológica limitada a un área territorial y restringida, poseyendo un centro, un hogar a partir del cual se elabora y se extiende (..) En el interior de cada una de ellas se observa una diferenciación de las partes previa a toda organización y que obedece a criterios variados. Tiene un aspecto espacial, pues encuentra su expresión en la desigual distribución de los elementos en el interior de un área” (Racine, 1976: 183).

En síntesis, la Ecología Humana y la Ecología Urbana se interesan por los factores de diferenciación del espacio social y la manera en que éstos se combinan para proyectarse sobre el espacio físico individualizando tipos de “células” ecológicas más o menos homogéneas (Murdie, 1969, citado por Racine 1976: 187). Para lograr el fin de elaborar un marco teórico explicativo de los procesos de segregación espacial se recurre a la teoría desarrollada en el marco de la ecología humana clásica que toma como unidad de análisis las “áreas naturales”, término central de la teoría ecológica.

En 1950 surgen las críticas a estos planteamientos que, hasta ese momento, dejaron de lado el marco sociocultural en que se desempeñan los seres humanos en sus actitudes de competencia por el espacio. Las observaciones de Myers por una parte, y de Gettys por otro lado, están orientadas a la excesiva analogía de la ecología natural frente a los problemas de orden social (Theodorson, 1974).

En función de las fuertes observaciones emitidas a la separación radical entre el nivel biótico y el cultural, y aun manteniendo el nivel sub-social –la comunidad- como el propio de la explicación de las relaciones ecológicas, los sociólogos intentan enfatizar el contenido cultural en la conformación del mosaico urbano, bajo la revisión denominada neo-ortodoxa. (Ocaña, 2005: 13).

Ya en los años cuarenta del siglo XX, el pensamiento sociológico reivindica el papel de la cultura como factor explicativo en los estudios de ecología humana. Walter Firey, entre otros, se adhiere a un enfoque socio-cultural, contemporáneo al neo-ortodoxo (Buzai, 2014). Los sociólogos socioculturales enfatizan los valores simbólicos del espacio. Destacan que el espacio tiene para el hombre una significación mediatizada por sus valores culturales, los cuales interfieren las relaciones entre el medio físico y la comunidad humana (Firey, 1945; citado en Ocaña, 2005: 13).

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Nuestro término de área social hace alusión a la forma en que agrupamos un conjunto de unidades en unidades más extensas basadas en su semejanza respecto a características sociales. Los conceptos de ‘área natural’ y de ‘subcultura’ guardan relación con nuestro concepto de área social, en cuanto concebimos un área social como un continente de personas con posiciones sociales semejantes en la sociedad mayor. Sin embargo, el área social no está delimitada por el marco de referencia geográfico, como lo está el área natural, ni por las implicaciones relativas al grado de interacción entre individuos en la comunidad local, como lo está la subcultura. A pesar de ello, sostenemos que el área social contiene generalmente individuos de un mismo nivel de vida, de un mismo modo de vida, de una misma procedencia étnica. Defendemos la hipótesis de que los individuos que viven en un tipo determinado de área social difieren sistemáticamente respecto a actitudes y comportamientos característicos de individuos que viven en otro tipo de área social (Theodorson, 1974: 389).

Para estos investigadores de la costa oeste de los Estados Unidos, pertenecientes a la denominada Escuela de Los Ángeles, las agrupaciones urbanas no son concebidas como unidades aisladas, autosuficientes, sino como partes de un sistema de relaciones más extensas.

En tal sentido, el examen de la estructura urbana a partir de la segunda mitad del siglo XX, para el análisis social en el marco de la ecología humana desconectado de la Escuela de Chicago, se fundamenta en el contexto más amplio de la teoría del cambio social, frente a la interpretación microsocial de la segregación que había dominado en la ecología clásica (Ocaña, 2005).

La consolidación de las perspectivas nacidas a mediados del siglo XX vino de la mano de los avances estadísticos y matemáticos aplicados al análisis de los procesos socio-espaciales, los cuales se presentan como las técnicas más adecuadas para la investigación regional. Por su parte, la facilidad que ofrecen los sistemas computarizados para el procesamiento de grandes cúmulos de datos cuantitativos, colaboró en la expansión de los estudios de ecología urbana. La validación estadística por comprobación matemática de la relación ecológica entre variables y factores propuesta por el método de las áreas sociales, derivó en la ecología factorial.

Los aportes de W. Bell y junto a R. Tryon en 1955 representan los primeros antecedentes de los estudios de ecología factorial, y será Eve Sweetser quien proponga el concepto en 1965 (Buzai, 2014).

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generales y del estructuralismo, con un método que se sobrepuso al estudio tradicional clásico del tipo histórico-literario, y con ello, la asunción del recurso del análisis estadístico en Geografía (Racine, 1976).

Los estudios de ecología urbana con el método de la ecología factorial, siguen los pasos del análisis geográfico y, con el fin de superar la descripción y la detección de correlaciones, pasando a la explicación, se recurre a la geografía teórica y a la utilización del modelo sistemáticamente formulado sobre la base de un espacio matemático multidimensional. Estas exigencias obligan al empleo de técnicas de análisis estadístico multivariado.

Quien demostró las condiciones de aplicación de la ecología factorial al análisis de las estructuras espaciales intraurbanas fue Brian Berry. Este geógrafo que se instala en la Escuela de Chicago, introduce la noción de ‘ecosistema’ que reúne el concepto de ‘complejo ecológico’ de Max Sorre con las nociones emanadas de la teoría de los sistemas generales, y considera a la ciudad como un “sistema en el interior de un sistema de ciudades” (Berry, 1964, citado por Racine, 1976: 191).

Dos cualidades esenciales de la disciplina geográfica se ven posibilitadas por el análisis factorial: 1) el camino inductivo, descubrir la comunidad humana a partir de la toma en cuenta simultánea del conjunto de los atributos espaciales de cada una de las unidades de observación, y 2) el carácter sintético, la geografía como ciencia de condensación de aspectos múltiples de la realidad, permitiendo la “adicionalidad” de los diferentes tipos de disposiciones espaciales.

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estadísticas son imágenes de síntesis que no representan situaciones individuales sino la media de dichas situaciones8.

De esta manera se llega a sostener que en el análisis factorial espacial se emplea una técnica de inducción cuantitativa. En este sentido, el análisis ecológico factorial ha sido motivo de críticas, es decir, cuestionamientos especialmente dirigidos a la falta de un marco teórico del que extraer las variables para el análisis. Como respuesta se sostiene que a las virtudes de ofrecer un soporte estadístico consolidado que permite abordar el estudio de situaciones y procesos complejos para ofrecer una interpretación más próxima a la realidad, el abordaje de la diferenciación socio-espacial en las ciudades a partir del método factorial tendría continuidad con los fundamentos del modelo de las áreas sociales y, antes de ser éste abandonado, logra ratificar la propuesta de factores explicativos surgida en el contexto macrosocial que busca interpretar el mosaico propuesto con anterioridad.

En síntesis, los paradigmas expuestos pueden ser complementarios cuando se ponen al servicio de la comprensión de la relación entre la sociedad y el espacio. Dentro de la línea de investigaciones que fuimos comentando, la cual muestra una dirección marcada y en concordancia con los objetivos propuestos en el plan de tesis, el paso siguiente será abordar la estructura social latente en la ciudad a partir de los modelos urbanos que fueron la plasmación de la teoría esbozada acerca de las diferencias sociales en el interior urbano.

Los modelos urbanos. La representación matemática y simbólica de la estructura morfológica y funcional de la ciudad

Partimos de una definición de “modelo” presentada por el geógrafo Antoine Bailly, para quien el método experimental de las ciencias sociales implica la verificación de la teoría a través de los modelos derivados de la misma:

(…) un modelo es una copia, a escala reducida, del mundo; una aplicación experimental basada en una teoría. Es un filtro a través del cual se ve al mundo. Si aquel es bueno, nos permitirá captar una realidad estructurada en lo que antes se nos aparecía como un caos. (Bailly, 1978: 19)

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Entonces, y en su aplicación a la ciudad, el modelo se basa en la teoría y tiene como objeto hacernos conocer mejor los comportamientos de los sistemas urbanos (Bailly, 1978).

Como tal, el modelo significa una representación simplificada de la realidad con la misión de explicar el mundo real. Los investigadores seleccionamos algunos atributos de esa realidad que deseamos conocer, dentro de la multitud de aspectos de todo tipo que se dan simultáneamente, y con ello ingresamos en un proceso de abstracción que dará como resultado un modelo del fenómeno bajo estudio construido a partir de sus elementos más significativos para la interpretación.

Los modelos existentes se clasifican según la propiedad o característica central que los define. Así encontramos los modelos físicos (icónicos y analógicos) y los modelos conceptuales (verbales y simbólicos). Cuando los modelos conceptuales emplean símbolos cuantitativos nos ubicamos ante los modelos matemáticos. Y si la abstracción se realiza aplicando el método analítico-matemático, nos encontramos con el modelo formal. (Reif, 1978)

De acuerdo con la clasificación que ofrece Horacio Torres (1996) con el fin de exponer el origen interdisciplinario de los estudios urbanos y la modelización resultante de tales desarrollos, podemos distinguir tres facetas significativas:

(1) Esta faceta se corresponde con el campo de la física social (nacida en el positivismo de Auguste Comte) y los modelos empíricos y analógicos de las distribuciones y flujos intraurbanos. Básicamente estudian los desplazamientos de personas y de bienes (desde las migraciones hasta los movimientos pendulares intraurbanos, y, en algunos casos, los patrones espaciales de difusión cultural) y llegan, como en el caso de los modelos econométricos, al estudio de los patrones espaciales de la localización de actividades productivas y residenciales. Son ejemplos claros de esta línea de modelos, los patrones espaciales de las migraciones propuestos por el geógrafo alemán Ernest Ravenstein en 1885 y 1889, las “leyes empíricas” de las densidades urbanas del economista inglés Colin Clark publicadas en 1951, y los intentos de construir o fundamentar modelos metropolitanos generalizados, entre ellos, el planteado por el geógrafo inglés Peter Haggett en 19659.

(2) Esta categoría de la clasificación resulta del estudio de las redes urbanas, que refieren a: i) el área de influencia de las ciudades, ii) las jerarquías urbanas, y iii) el nivel de bienes y servicios provistos por los centros urbanos. De la amplia producción en esta línea de

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Referencias

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