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Staff
Moderadora:
Sofía BelikovTraductoras:
Julieyrr Janira Mel Rowe LucindaMaddox Miry GPE Mire Jasiel Odair Val_17 Niki Daniela Agrafojo Mary LucindaMaddox Vani Diana ElyCasdel Fany Stgo. Beatrix Amélie. Florbarbero Clara Markov Prim Geraluh Vanessa Farrow Dannygonzal Mel Markham Sofía Belikov Dey KástelyCorrectoras:
ElyCasdel AriannysG Amanda Merlos Key Lizzy Avett' -Valeriia<3 Niki Amélie. Mel Markham A. Mabasi Cami G. Sofía Belikov SammyD Val_17 Daniela Agrafojo Amélie. LucindaMaddox Laurita PI Jasiel Odair Miry GPE Mire Meliizza Eli MircedLectura final:
CrisCrasDiseño:
Jazmin4
indice
Sinopsis
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19
Capítulo 20
Capítulo 21
Capítulo 22
Agradecimientos
Sobre el autor
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Sinopsis
Como una escenógrafa prodigio, Emi ya ha comenzado a hacer su camino en el competitivo mundo cinematográfico de Hollywood.
Emi es una cinéfila y una verdadera romántica, pero sus relaciones en la vida real son un desastre. Ha vuelto desesperadamente a ser la misma pequeña demasiadas veces como para mencionarlo. Pero entonces, una misteriosa carta de una leyenda del cine lleva a Emi hasta Ava. Ava no se parece a nadie que Emi haya conocido alguna vez. Tiene un tumultuoso y para nada glamuroso pasado, y lleva una vida inusual. Es enigmática… y hermosa. Y está a punto de expandir el significado de familia, aceptación y verdadero romance que tiene Emi.
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Parte I
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Traducido por Julieyrr & Janira Corregido por ElyCasdel
Hay cinco mensajes esperándome cuando salgo de mi final de inglés. Uno es de Charlotte diciendo que terminó temprano y decidió reunirse con nuestro jefe, así que me verá en casa de Toby después. Uno es de Toby diciendo: 7pm: ¡No lo olvides! Y tres son de Morgan.
No leo esos aún.
Me dirijo fuera del campus y a pocas cuadras, hacia donde estacioné mi coche en un intento de evitar el embotellamiento diario después de la escuela. Pero, por supuesto el seguro del lado del conductor no se desbloqueará cuando giro la llave, así que tengo que ir por el lado del pasajero, abrir la puerta y subirme a través del asiento para levantar el seguro, cerrar la puerta del lado del pasajero y dar la vuelta al lado del conductor de nuevo, y para el momento en que terminé con este proceso de veinte segundos, los coches ya están formados en el semáforo. Así que me dirijo lentamente por la carretera, saco mi teléfono y leo lo que escribió Morgan.
¿Estás bien?
¿Vendrás al set más tarde? Te extraño.
No escribo ninguna respuesta. Voy directamente al set, pero no para verla. Necesito medir el espacio entre un piano y una estantería para ver si el atril que encontré en el Boulevard Abbot Kinney ayer hará que las cosas se vean demasiado llenas. El atril es tan hermoso. Tan hermoso, de hecho, que si no se ajusta voy a encontrar una nueva estantería o a reorganizar los muebles por completo, porque es exactamente lo que tendría en mi sala de ensayo si supiera cómo tocar un instrumento. Y si me pudiera permitir un atril de novecientos dólares.
Mientras las luces cambian y ruedo mi auto por de la intersección, intento hacer caso omiso de los mensajes de Morgan y pensar sólo en el atril. Este atril es un milagro. Es exactamente lo que ni siquiera buscaba. La parte que sostiene las partituras es de un perfecto verde oxidado. Cuando le envié un mensaje a mi jefe con una imagen del mismo, contestó,
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¡¡¡¡Jodidamente increíble!!!! Una palabrota y ocho signos de exclamación.
Y cuando le envié un mensaje a Morgan para decirle que esta era la última vez que le permitiría botarme, y que no había ninguna forma en absoluto volviera con ella una séptima, respondió con: ¡No sé qué hacer! Indecisa y sólo ligeramente empática. Tan típico.
Pero el atril, el atril.
Girando a la derecha en La Ciénaga, mi teléfono suena y es Charlotte.
—Tienes que venir aquí —dice. —¿A dónde?
—Ginger me llevó a una venta de bienes. —¿Una buena?
—Sólo tienes que venir. —¿Alguien famoso? —Sí —dice.
—Suena divertido, pero tengo que tomar medidas para el atril. —Emi —dice—. Confía en mí. Tienes que venir aquí, ahora.
Así que garabateo la dirección, hago un giro en U y me dirijo hacia Hollywood Hills. Conduzco hasta la puesta de sol y bajo las ventanas, en parte porque el aire acondicionado no funciona y estamos a treinta y cinco grados, pero sobre todo porque estoy conduciendo entre palmeras y cientos de salones de belleza, camiones de tacos, tiendas de donas, tiendas de ropa y clubes nocturnos, y me gusta tomar todo y pensar en cómo Los Ángeles es el mejor lugar del mundo.
Giro cuando mi teléfono me dice que gire y comienzo a ascender las colinas, donde los caminos se vuelven más estrechos y las casas más caras. Sigo yendo más alto de lo que nunca he ido, hasta que las casas son no sólo más grandes y bonitas que las ya grandes y bonitas casas por debajo de estas, sino también más lejanas. Y, finalmente, giro en un camino que estoy bastante segura que nunca ha encontrado un portón destartalado con cerraduras que no funcionan.
Aparco bajo las ramas de los árboles viejos y magníficos que se encuentran llenos de verde a pesar de la llegada del verano; salgo de mi coche, me apoyo en el parachoques y echo un vistazo a esta casa. Mi trabajo me ha llevado a una gran cantidad de casas ridículamente bonitas, pero esta destaca. Es más vieja y más grande, pero hay más que eso. Se siente diferente. Más significativa. No pienso en Morgan, y en su lugar pienso en quién podría haber poseído esta casa.
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Probablemente fue alguien viejo, lo que es bueno, porque una ventade bienes significa que alguien ha muerto y es triste excavar entre las cosas de gente de treinta años de edad y pensar en el futuro que podrían haber tenido.
Las puertas delanteras dobles se abren y Charlotte camina hacia el sol. Lleva los pantalones vaqueros enrollados en los tobillos y su cabello rubio recogido en coletas, y su rostro es en parte serio, en parte eufórico.
—Adivina —dice.
Trato de pensar en quién murió en el último par de semanas. Mi primer pensamiento es la abuela de nuestro profesor de física, pero dudo seriamente que hubiera vivido en una casa como esta. Entonces pienso en alguien más, pero no digo nada porque la idea es una locura. Esta muerte es enorme. Tan enorme como para primera plana. Tan enorme como que la escucho cada vez que cambio la radio.
Pero entonces, está esta casa, que es claramente una casa importante y vieja, hermosos árboles y la boca de Charlotte, que está retorciéndose bajo el tremendo esfuerzo de no sonreír.
Además de que no hay un hervidero de gente, lo que significa que es una especie de previo al que Ginger fue invitada porque es una famosa diseñadora de producción y siempre es llamada a estas cosas antes.
—Santa mierda —digo.
Y Charlotte comienza a asentir. —No hablas en serio.
Sus manos vuelan a su cara porque se está riendo con la vertiginosa risa de alguien que ha pasado la última hora en la casa de un hombre que fue sin duda el actor más emblemático en el cine estadounidense.
Clyde Jones. Icono del Oeste Americano.
Se apoya contra la enorme casa, se desliza en el rellano de mármol. La dejo tener uno de sus raros ataques de risa histérica mientras lo asimilo todo. No puedo pensar en bastantes improperios para capturar perfectamente este momento. Necesitaría el valor de los signos de exclamación de un año. Así que me quedo con la boca abierta, pensando en el hombre que solía vivir aquí.
La histeria de Charlotte se apaga y pronto está de pie, compuesta de nuevo, de vuelta a su súper brillante futuro museo de estudios.
—Entra —dice.
Me detengo en la colosal puerta. Afuera está brillante y caliente, un hermoso día en Los Ángeles. Por dentro es más oscuro. Puedo sentir el
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escape del aire acondicionado. A pesar de que esta es una oportunidadincreíble que nunca vendrá de nuevo, no sé si debo ir más lejos. Esta es la cosa: mi hermano Toby y yo hablamos todo el tiempo sobre lo que hacen las películas. Hablan sobre nuestros deseos, que nunca son pequeños. Nos permiten escapar y soñar y mirar ojos que son increíblemente enormes y hermosos. Cuando se vive en LA y trabajas en películas, experimentas el colapso de parte de esa fantasía. Sabes que los ojos brillan así debido a las luces colocadas en un ángulo específico y ves a las actrices de cerca y, sí, son hermosas, pero son de tamaño humano e imperfectas, como el resto de nosotros.
Sin embargo, esto es diferente.
Porque incluso si sabes un poco demasiado sobre cómo se hacen las películas, siempre hay cosas que no conoces. Puedes mantener el mito que rodea a los actores; puedes ser arrastrado por la historia.
Clyde Jones pertenece al Viejo Oeste. Pertenece a un lugar bajo las estrellas, fumando cigarrillos enrollados a mano y escuchando el viento. En A Long Time Till Tomorrow, vivía en una cabaña de troncos. En Lowlands, vivió en una camioneta verde, durmiendo al lado de la carretera un par de horas cada vez, en busca de una mujer de su pasado.
Clyde Jones es el salvador. El hombre bueno y sin complicaciones. El vaquero perfecto. Pero tan pronto como cruce esas puertas, será un actor que pasó su vida en una mansión de Los Ángeles. El colapso final de la fantasía.
—¿Em? —dice Charlotte. Da un paso a la izquierda, haciendo un gesto para que la siga y no puedo contenerme a mí misma. Un momento más tarde estoy en el vestíbulo de Clyde Jones, las puertas cerradas detrás de mí, mirando uno de los objetos más hermosos que he contemplado: una lámpara de araña que cuelga bajo, geométrica y de plata y brillante.
Clyde Jones no era un vaquero, pero sus sensibilidades estéticas eran increíbles.
Todavía estoy muriendo por la casa de Clyde cuando Ginger camina pasándome.
—Oh, bien, Emi, lo hiciste. —Charlotte y yo la seguimos a la sala de estar.
—Sí —digo, de pie bajo el techo alto con vigas blancas, al lado de lo que sólo puedo asumir que son un par de sillas de Swar originales colocadas bajo un enorme paisaje pastoral con un cielo claro tan interminable como los cielos en sus películas—. Probablemente es mejor que no vaya al estudio hoy.
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—Estos vidrios —dice Ginger, señalando, y Charlotte se acerca a unmini bar brillante y toma una bandeja de vasos de whisky—. ¿Por qué debes evitar el estudio? Oh, déjame adivinar: Morgan.
—Rompió conmigo. —¿Otra vez?
—Algo acerca de no estar atada. Las vastas posibilidades de la vida. —“Las vastas posibilidades de la vida”. Esa mierda —dice Charlotte, poniendo los vasos junto a un grupo de otros objetos bellos que Ginger ya ha elegido.
Digo—: Sí. —Pero sólo porque eso es lo que Charlotte necesita que diga. Charlotte es el tipo de amiga que odia de forma automática a quien me ha hecho mal. La primera vez que Morgan rompió conmigo y volvimos a estar juntas, Charlotte hizo todo lo posible para superarlo y ser amable con Morgan. Pero en algún lugar alrededor de la tercera vez, Charlotte se volvió grosera. Dejó de decir hola. Dejó de sonreír a su alrededor. Por ahora, Charlotte no puede ni siquiera escuchar el nombre de Morgan sin apretar la mandíbula.
Ginger me lanza una mirada comprensiva.
—Está bien —le digo—. He terminado con la gente del cine.
Y entonces todas nos reímos, porque, en serio, qué cosa más ridícula para decir.
***
Cuando Ginger termina de elegir lo que quiere, deja que Charlotte y yo exploremos un rato y veamos si hay algo que queramos comprar. Nos encontramos en el estudio de Clyde, que tiene que ser del tamaño de todo el apartamento de mi hermano. Tiene techos altos, sostenidos por gruesas vigas de madera y toda una pared de ventanas con puertas que se abren deslizándose hacia la tierra en la parte trasera. De todas las habitaciones, esta se siente como más del oeste. Hay una enorme mesa rústica que debió de haber utilizado como escritorio y una colección de sillas de cuero dispuestas en semicírculo frente a una chimenea cavernosa. Los estantes se alinean en la totalidad de una de las paredes laterales, y cubriendo las estanterías hay cientos de premios, entre ellos, cuatro premios Oscar, junto con objetos de sus películas: sombreros de vaquero, pistolas y hebillas de cinturón de plata.
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La mayoría de la gente de nuestra edad no sabe o no se preocupanmucho por Clyde. Su carrera hace tiempo que acabó. Sus personajes rara vez eran sofisticadas o elegantes; no hay mucho para recomendarlo a mi generación. Pero mi hermano tiene gustos eclécticos, y cuando ama algo, se vuelve casi imposible no amarlo con él. Así que con los años llegué a amar ciegamente el momento en el que aparece Clyde en el horizonte, o en el salón, o montando a través de la hierba alta hacia la mujer que ama.
Estar ahora de pie en su estudio se siente tanto inesperado como inevitable. Y, más que estas cosas, se siente significativo. Como todas las llegadas de Clyde. Como que, sin saberlo, todo lo que ha hecho se ha estado dirigiendo hacia este momento.
—¿Estás bien? —me pregunta Charlotte.
Sólo asiento, porque, ¿cómo podría describir este sentimiento de una manera que tenga sentido? No hay ninguna lógica detrás.
Recojo una de las hebillas de cinturón. Es más pesada de lo que pensé que sería y más hermosa de cerca: la suave silueta de un caballo encabritado con una montaña áspera y la luna menguante en el fondo.
—Voy a ver cuánto piden por esto —digo.
Charlotte ladea la cabeza. —¿Vas a elegir una hebilla de cinturón? —Es para Toby —le digo, y Charlotte se ruboriza porque ha estado enamorada de mi hermano por siempre. Recordando, reviso mi teléfono y veo que se supone que tenemos que reunirnos con él en poco menos de dos horas.
Charlotte se mueve entre los registros. Saca un álbum de Patsy Cline. —No puedo superar esto —dice—. Clyde Jones solía sentarse en estas sillas y escuchar este disco.
Encontramos a Ginger firmando un recibo de la tarjeta de crédito por más de veinte mil dólares, lo que podría explicar por qué, cuando le mostramos al hombre de la venta de bienes raíces la hebilla del cinturón y el disco de Patsy Cline, se voltea hacia nosotras y dice—: Mi regalo para ustedes.
—Charlotte, ¿pondrías a Harrison en el teléfono?
Charlotte lo hace y le tiende su teléfono al hombre para organizar la recogida, y luego nos encontramos de vuelta en el caluroso camino de entrada de Clyde, fuera de su casa para siempre.
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Toby vive en un apartamento clásico con patio en LA, como el de lapelícula de David Lynch, Mulholland Drive, la cual opta por centrarse en el lado más oscuro de la industria del cine y también la de Melrose Place, que era un espectáculo de los noventa en West Hollywood sobre el que mi padre daba conferencias en su curso de la cultura pop de Los Ángeles en UCLA. Toby tiene un césped verde ordenado y una bonita fuente, y desde el lateral de su casa se puede ver una pequeña franja del océano. Entramos y están sus cosas, empacadas, esperando en la puerta. Un conjunto de maletas a juego que parece que crecen.
Nos abraza a ambas. A mí primero y más largo, después a Charlote y más rápido. Luego se pone de pie y nos enfrenta, mi hermano moreno, con su sonrisa torcida y cabello negro que siempre está sobre sus ojos. Me siento triste, y luego empujo la tristeza debido a lo que tenemos que decirle.
—Toby —le digo—. Pasamos la tarde en la casa de Clyde Jones. —Me estás jodiendo —dice, sus ojos muy abiertos.
—No —dice Charlotte—. De ningún modo.
—Su casa estaba llena de las más increíble… —empiezo, pero Toby se pone las manos sobre las orejas.
—No me lo digas, no me lo digas, no me lo digas —dice. —De acuerdo —digo.
—El colapso de la fantasía —dice.
Lo sé, modulo, exagerando para que pueda leer mis labios. —Amo a Clyde Jones —dice, dejando caer sus manos.
Asiento. —No diré nada más sobre el tema —digo—. Pero tengo algo para ti. Cierra los ojos.
Mi hermano hace lo que dije y extiende las manos. Pretendo que no noto a Charlotte mirándolo y pongo la hebilla del cinturón en las palmas de sus manos. Abre los ojos. No dice nada. Me pregunto si escogí el objeto equivocado, y entonces me doy cuenta de que empieza a llorar.
—Oh, por favor —digo.
—Santa. Mierda. —Parpadea rápidamente para recomponerse. Entonces se apresura hasta su estante de DVDs y saca uno. Está murmurando para sí mientras enciende su televisor y espera que la selección de capítulos aparezca en la pantalla—. Las puertas de la taberna… Soy un hombre de ley, pero eso no me hace ser honesto… ronda por estas partes ¡Sí!
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Encuentra la escena, y todos nos apretamos en el viejo sofá de mispadres, yo en medio actuado como un amortiguador por la tensión sexual entre mi hermano y mi mejor amiga.
Toby presiona reproducir y sube el volumen. Lo reconozco como The Strangers, pero sólo lo he visto un par de veces así que olvidé mucho de lo que pasa. La escena comienza con un disparo en las puertas de la taberna. Escuchamos las voces de las personas dentro, pero la cámara no los enfoca. Cuando una persona importa mucho, todo lo que puedes hacer es esperar su llegada. Y luego unas botas aparecen al pie de la puerta, un sombrero sobre ellas. La puerta se abre de golpe y allí de pie se halla Clyde Jones.
La pantalla se llena con un primer plano de su joven y conocida cara oscurecida por un sombrero vaquero. Explora el salón hasta que ve al sheriff, bebiendo en una mesa con uno de los tipos malos. La cámara se mueve a sus botas vaqueras, mientras camina a través del piso de madera desgastado hacia el sheriff y su amigo, quienes se levantan de la mesa y sacan las armas tan pronto como ven a Clyde.
Sin inmutarse, Clyde dice inexpresivamente—: Pensé que eras un hombre de ley.
Sheriff—: Soy un hombre de ley, pero eso no me hace ser honesto. El vaquero malo no dice nada, pero luce al borde de la locura mientras apunta la pistola hacia Clyde.
Luego Clyde dice—: Alrededor de estos lugares, lo ilícito es una enfermedad. Tengo la rara sospecha de que sé cómo curarla.
La cámara baja hacia su pistolera, y Toby grita—: ¡Miren! —Y pulsa pausa. Ahí está la hebilla del cinturón: el caballo, la colina, la luna.
Charlotte dice—: ¡Eso es increíble!
Yo digo—: Toby. Estoy verdaderamente preocupada por ti. Con todas las películas de Clyde Jones y todas las hebillas de cinturones, ¿cómo sabías que esta hebilla se encontraba en esta escena de esta película?
Pero Toby hace un baile alrededor de su sala de estar, ignorándome, deleitándose en la gloria de su nueva pertenencia.
—Gracias, gracias, gracias —canta.
Después de un rato, Toby se calma lo suficiente para que podamos ver el resto de la película, la cual termina rápidamente. Clyde mata a todos los malos. Consigue a la chica. Fin.
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—De acuerdo —dice Toby—. Les pedí que vinieran por una razón.Vengan a la mesa.
Trato de aferrarme a los buenos sentimientos de la última hora, pero la verdad es que estoy poniéndome triste de nuevo. Toby está a punto de irse durante dos meses para explorar Europa para esta película que empezará a rodar pronto. Es estúpido de mi parte —son sólo dos meses, y es un gran avance para él—, pero Toby y yo pasamos mucho tiempo juntos, así que se siente como algo grande. Además va a perderse mi graduación, lo que no debería importarme porque he terminado la secundaria hace un largo tiempo. Pero sí me importa un poco.
Toby abre la puerta al patio de la cocina y el aire de la noche nos inunda. Nos sirve un poco de té helado que consigue en un lugar etíope a la vuelta de la esquina. La gente de allí lo conoce y se lo venden en una jarra plástica que el devuelve y vuelve a rellenar cada dos días. Ellos no hacen eso por nadie más, sólo por Toby.
Cuando nos encontramos sentados alrededor de la mesa de la cocina, dice—: Así que, ¿ya sabes que puse ese anuncio para subarrendar mi apartamento? Bueno, tengo muchas respuestas. La gente estaba dispuesta a gastar dinero como locos para vivir aquí durante dos meses.
—Claro —digo. Porque es obvio. Su apartamento es pequeño pero súper adorable. Es una feliz combinación entre los viejos muebles de papá y mamá, y cosas viejas de los sets donde trabajé, y cosas que recogimos de las ventas de jardín de Beverly Hills donde la gente rica vende sus cosas caras a precios bajos. Está justo a unas cuadras de Abbot Kinnet, y a unas cuadras más de la playa.
—Sí —dice—. Así que parecía que iba a funcionar. Pero entonces tuve una mejor idea.
Toma un sorbo de su té. El hielo tintinea. Charlotte se inclina hacia adelante en su silla. Pero yo me recuesto. Sé que mi hermano, el maestro de las buenas ideas, está esperando el momento adecuado para revelar su último plan.
Finalmente, dice—: Dejaré que se lo queden ustedes.
—¿Queeeé? —digo. Charlotte y yo nos giramos para mirarnos la una a la otra, como si confirmáramos que ambas acabamos de escuchar lo mismo. Sacudimos las cabezas con asombro. Y luego no puedo evitarlo, pienso en la tercera vez que Morgan rompió conmigo, cuando su motivo fue que yo era demasiado joven (¡sólo por tres años!) y vivía con mis padres. ¿Supondría una diferencia para ella si en lugar de eso viviera aquí? ¿O esta vez es realmente acerca de la vastedad o lo que sea?
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Y Toby sonríe, y dice—: Completamente. Es mi regalo de graduaciónpara las dos. Pero hay una condición.
—Por supuesto —digo, pero me ignora.
—Quiero que hagan algo con el lugar. Algo épico. Y no me refiero a hacer una fiesta. Algo grandioso debe hacerse aquí mientras no estoy.
—¿Como qué? —pregunto. Estoy un poco preocupada, pero también emocionada. Toby es el tipo de persona cuya grandeza hace a otras personas querer estar a la altura en cualquier ocasión. Todo lo que hace es más grande que la vida, como cuando se abrió paso desde un trabajo de verano como miembro del personal de estacionamiento a un trabajo de tiempo completo como asistente del jefe de locación. Y luego, el mes pasado, a la edad de veintidós años, se convirtió en el explorador de localización más joven en la historia reciente del estudio.
—Eso es todo lo que voy a decir del tema —dice—. El resto depende de ustedes.
Intentamos hacer más preguntas, pero cuando lo hacemos él simplemente se recuesta y sonríe. Así que la conversación cambia a The Agency, la película para la que está explorando. Yo también tengo que diseñar una habitación para la película, lo que hará aún más grande mi trabajo. Es una película de gran presupuesto con un elenco joven —Charlie Hayden, Emma Perez y Justin Stark—, realmente todos los más grandes jóvenes actores. Es una aventura de espías, pero la habitación que estoy diseñando es para una de las chicas, cuando se supone que todavía está en la secundaria. Antes de que todos ellos se conviertan en espías y empiecen a viajar alrededor del mundo. Probablemente va a ser una película estúpida, pero me siento emaciada por ella de todos modos. Hace unas semanas, Toby y yo conseguimos ir a una fiesta con el director, todo el elenco y el personal. Fui de fiesta con estas estrellas cuyos rostros están en posters en todo el mundo. Ese es sólo un ejemplo del tipo de cosas que consigo gracias a Toby.
Demasiado pronto, llaman a la puerta de Toby —que ahora es por dos meses mi puerta— y el chofer del estudio de cine pone su equipaje en el maletero y luego mi hermano también se sube. Toby saca las llaves por la ventana, luego me mira y dice—: Épico.
El auto arranca y nos despedimos, luego voltea en una esquina y desaparece. Charlotte y yo nos quedamos en la acera fuera del departamento.
Me siento en el cemento todavía caliente —Épico —digo.
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Nos sentamos en silencio por un rato, escuchando a los vecinos. Elloshablan y ríen, y pronto algo de música comienza a sonar. Estoy tratando de apartar la sensación de pesadez que está descendiendo ahora, la cual he sentido muy a menudo últimamente, pero estoy teniendo problemas. Hace unos meses parecía que la secundaria iba a durar para siempre, que nuestros planes universitarios se hallaban en un futuro distante y confuso. Podía salir con Charlotte sin la sensación de un inminente adiós. Dar por sentado cada plan espontáneo con mi hermano, escaparme de noche y conducir hacia Lauren Canyon con Morgan y yacer bajo las mantas en la parte trasera de su camioneta sin preocuparme por que fuera la última vez. Pero ahora la universidad de Michigan se llevará a mi mejor amiga lejos de mí en poco más de dos meses, y mi hermano se fue a Europa esta noche, y quién sabe a dónde más irá después. Morgan es libre de besar a cualquier chica que quiera. Esperaba la gradación para sentir un poco de libertad, pero en lugar de eso, estoy un poco perdida.
Mi celular vibra. ¿Por qué no viniste a trabajar? Oculto el nombre de Morgan de la pantalla e ignoro la mirada interrogante de Charlotte.
—Oye, deberíamos escuchar el disco que conseguiste —digo, y Charlotte responde—: Buena manera de evitar la pregunta. —Y yo digo—: Patsy Cline suena como una forma perfecta de terminar la noche. —Que es una total mentira. No sé por qué a Charlotte le gusta ese tipo de música. Pero mi entusiasmo es falso mientras ella saca el disco del estuche y lo coloca en el tocadiscos de Toby y baja la aguja. Nos acostamos en la alfombra blanca y esponjosa de Toby (la conseguí en una venta de jardín en Beverly Hills por el cumpleaños número veintidós de Toby, junto con algunas copas de cóctel grabadas) y escuchamos a Patsy cantar con el corazón. Cada canción dura aproximadamente un minuto, así que escuchamos como se reproduce canción tras canción. ¿A decir verdad? En realidad me gusta. ¡Me refiero al desamor! Patsy sabía sobre lo que cantaba, eso es seguro. Es como si supiera que tengo un teléfono en mi bolsillo con mensajes de una chica de quien deseo, más que nada, que realmente me amara. Patsy me dice que entiende lo difícil que es no responderle el mensaje a Morgan. Incluso podría estar diciendo La dignidad está sobrevalorada. ¿Sabes lo que supera a la dignidad? Los besos.
Y yo podría estar haciéndole promesas silenciosas a Patsy que son algo así como: La próxima vez que Charlotte se levante para ir al baño, le enviaré un mensaje rápido. Uno pequeño.
—Esa fue una buena canción —dice Charlotte. —Oh —digo—. Sí.
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Pero de cierta manera la extrañaba, porque Patsy y yo estábamoscomprometidas de otra manera y juro que la canción sólo duró seis segundos.
—Me pregunto quién la escribió —dice, poniéndose de pie, estirándose y caminado hacia la portada del disco apoyada en un altavoz.
Este, probablemente, es mi momento. Mirará la lista de canciones y obtendrá su respuesta, y luego se dirigirá al baño y yo escribiré algo realmente corto como Hablemos mañana o Te sigo amando.
—Hank Cochran y Jimmy Key —dice—. Me encantan estas líneas “Si seguir amándote significa que soy débil, entonces soy débil”.
—Guau —digo. Es como si Patsy me diera permiso para decir lo que siento—. ¿Están impresas las canciones? —pregunto, sentándome.
—SÍ, aquí. —Charlotte camina y me da el estuche, y cuando lo tomo, algo se cae. Lo levanto de la alfombra.
—Un sobre. —Compruebo para ver si está sellado. Lo está. Lo volteo y leo la parte de delante "En el caso de mi muerte, entregue personalmente a Caroline Maddox en el 726 de Ruby Avenue, departamento F. Long Beach, California".
—¿Qué? —dice Charlotte.
—Oh, Dios mío —digo yo—. ¿Crees que Clyde escribió eso?
Estudiamos la letra por mucho tiempo. Es la letra de un hombre viejo, cursiva y temblorosa, pero ordenada. Teniendo en cuenta que 1) Clyde vivía solo, y 2) este disco pertenecía a Clyde, y 3) Clyde era un anciano que probablemente escribía como un hombre viejo, decidimos que la respuesta a mi pregunta es Definitivamente Sí.
La sensación que tuve en el estudio de Clyde regresa. El sobre en mi mano es importante. Este momento es importante. No sé por qué, pero sé que es cierto.
—Debemos ir ahora —digo.
—¿A Long Beach? Probablemente deberíamos dejar que el gerente de bienes raíces lo sepa ¿No crees? ¿Debemos ser realmente quienes hagan esto?
Niego.
—No se lo quiero dar a otra persona —digo—. Esto podría sonar raro pero, ¿recuerdas antes cuando me preguntaste si me sentía bien?
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—Acabo de tener esta sensación de que, no sé, de que había algoimportante acerca de que me encontrara ahí, en la casa de Clyde Jones. Además del hecho de que era una suerte increíble.
—¿Algo como el destino?
—Quizá —digo—. No lo sé. Quizá el destino. Se sintió como eso. Charlotte estudia mi cara.
—Solo intentémoslo —digo.
—Bueno. Son más de las diez. Serían casi las once para el momento en que lleguemos allí —dice Charlote—. No podemos ir esta noche.
Sé tan bien como Charlotte que no podemos aparecer en la puerta de alguien a las once con un sobre de parte de un hombre muerto.
—Mi examen final de física es a las doce y media —digo— ¿El tuyo? —A las doce y media.
—No puedo ir después porque tengo que conseguir el atril y montarlo. Supongo que vamos a tener que ir por la mañana.
Charlotte asiente, y sacamos nuestros teléfonos para ver cuánto nos tomará llegar a Long Beach. Sin tráfico, tardaríamos cuarenta minutos, pero allí siempre hay tráfico, sobre todo una mañana entre semana, lo cual significa que podría tomar más de una hora, y necesitamos tiempo para dejar que Caroline Maddox nos cuente la historia de su vida, y tenemos que asegurarnos de volver antes de que comiencen nuestros finales, lo que significa que debemos salir…
—¿Antes de las siete? —digo. —Sí —contesta Charlotte.
Estamos menos que emocionadas, pero como sea. Vamos a entregar personalmente una carta de un difunto icono del cine a una misteriosa mujer llamada Caroline.
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Traducido por MelRowe & LucindaMaddox Corregido por AriannysG
Nos ponemos en camino a las 6:55, con los vasos llenos del té helado de Toby, ya que era eso o un complemento alimenticio que ninguna de nosotras era lo suficientemente valiente para probar. Toby hace yoga, come un montón de carnes crudas. Es una de las áreas de la vida en la que divergimos, lo que probablemente sea bueno ya que somos iguales en casi cualquier otra cosa: el amor por las películas, el amor por las chicas, un nivel de energía que otras personas a veces encuentran difícil tolerar por largos períodos de tiempo.
Charlotte y yo pasamos un rato en la caravana de la carretera cuatrocientos cinco. Le permito a Charlotte veinte minutos de la radio pública, y luego, cuando estoy completamente puesta al día, enciendo The Knife, porque soy una firme creyente de que los momentos importantes de la vida son mejores con una banda sonora, y este será, indudablemente, uno de esos momentos.
—¿Quién crees que es ella? —pregunto, cambiando al carril derecho. Charlotte sostiene el sobre de Clyde, estudiando el nombre cuidadosamente escrito de Caroline.
—¿Tal vez una ex novia? —dice ella—. Probablemente sea vieja. Trato de pensar en otras posibilidades, pero Clyde Jones es famoso por ser un poco solitario. Tuvo algunos líos de alto perfil cuando era joven, pero es historia pasada, y es del conocimiento común que murió sin un solo familiar. Con la familia fuera del asunto, no puedo pensar en muchas buenas respuestas.
Salimos de la autopista hasta la Avenida Ruby. —Me estoy poniendo nerviosa —digo.
Charlotte asiente.
—¿Y si es traumático para ella? Tal vez no fue la mejor idea hacer esto antes de los finales. ¿Y si Caroline nos necesita o muere del shock o algo?
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Ninguna de las dos ha estado en la Avenida Ruby, así que nosabemos qué esperar. Pero sí sabemos que, mientras nos acercamos a la dirección, se hace claro que quienquiera que sea Caroline Maddox, no vive el mismo tipo de vida que Clyde. El número setecientos veintiséis es uno de esos tristes edificios de apartamentos que parecen moteles, dos pisos con las puertas alineadas. Estacionamos en la calle y miramos el apartamento por la ventana bajada de mi auto.
—Tal vez será alguien a quien él no conocía tan bien. Como la camarera de un restaurante al que iba mucho. O tal vez tenía una hija sobre la que nadie sabía. De un lío o algo.
—Sí, tal vez —dice Charlotte. Salimos del auto.
Después de subir por las escaleras de metal negro hasta el segundo piso y golpear la puerta del apartamento F, susurro—: ¿Está bien que preguntemos qué hay dentro? ¿Cómo hacemos que la abra delante de nosotras?
Charlotte sacude la cabeza.
—Entonces, ¿cómo lo sabremos? ¿La seguimos?
—Silencio —dice ella, y la puerta se abre para mostrar a un hombre sin camisa sosteniendo a un bebé en la cadera.
—Hola —dice Charlotte, profesional pero amigable—. ¿Por casualidad está Caroline en casa?
El tipo mira de Charlotte a mí y se cambia el bebé a la otra cadera. Tiene el cabello bastante largo y un collar de conchas. Un surfista que terminó a kilómetros de la playa.
—No, lo siento —dice—. No hay ninguna Caroline aquí. Charlotte mira la dirección del sobre.
—Este es el setecientos veintiséis, ¿verdad?
—Sí. Apartamento F. Sin embargo, solo estamos nosotros tres. La pequeña June, mi esposa Amy y yo.
—¿Te importa si pregunto durante cuánto tiempo han vivido aquí? — pregunta Charlotte.
—Unos tres años. Él sacude la cabeza.
—Creo que había un tipo llamado Raymond. A veces nos llega su correo.
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Me giro hacia Charlotte.—Tal vez le dejó una dirección a la que reenviarle el correo al propietario.
—¿El encargado vive en el edificio? Él asiente.
—Esperen —dice, desaparece por un momento y vuelve sin el bebé. Se desliza en unas chanclas y se une a nosotras en el exterior—. Es difícil de describir. Las llevaré ahí.
Lo seguimos por las escaleras. —Un tiempo increíble —dice.
Yo digo—: Bueno, sí. Es Los Ángeles. —Cierto —dice.
Caminamos por un camino que hay a un lado del edificio hasta que nos encontramos un edificio independiente. Él golpea la puerta. Esperamos. Nada.
—Mmm —dice—, Frank y Edie son viejos. Casi siempre están en casa. Debe ser día de compra.
Se saca un teléfono del bolsillo.
—Les puedo dar su número —dice, deslizándose por los nombres, y Charlotte entra en su teléfono.
***
Volviendo al auto, digo—: Si no podemos encontrar a Caroline, ¿podemos abrir el sobre?
—Realmente deberíamos tratar de encontrarla. —Lo sé. Pero si no lo hacemos.
—Tal vez —dice—. Probablemente.
Le doy mis llaves a Charlotte y ella abre su lado, entra, se inclina y desbloquea el mío. Arranco el auto y miro la hora.
—Podríamos dormir una hora extra —dice Charlotte.
—Llamemos a los propietarios ahora —digo—. Tal vez estén durmiendo.
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—Buenos días —dice—. Mi nombre es Charlotte Young. Estoytratando de ponerme en contacto con una antigua inquilina suya. Espero que tengan alguna información. Apreciaría que me devolvieran la llamada.
Deja su número y cuelga.
A veces suena tan profesional que no puedo creer que la chica que habla sea también mi mejor amiga. En el trabajo, mientras haga el trabajo bien, no tengo que hablar como una adulta porque soy una de las creativas. Pero Charlotte ayuda con la logística, las llamadas, el horario y a asegurarse de que la gente aparece cuando tiene que hacerlo.
—Espero que nos devuelvan la llamada —digo, notando que el tráfico baja un poco y haciendo un cambio de sentido en medio de la cuadra.
—Volveré a llamar si no lo hacen —dice Charlotte.
—Pero si no podemos llegar a ellos, y no podemos encontrar a Caroline, abriremos la carta —digo—. ¿Verdad?
—Tal vez —dice ella—. Pero realmente vamos a intentar encontrar a Caroline.
***
Después de mi final de física y mi parada en el centro comercial, conduzco hasta el estudio con algunas náuseas. Tener el corazón roto es espantoso. Realmente espantoso. Desearía poder escuchar canciones tristes yo sola en mi auto hasta dejar de sentir nada por ella. Pero no puedo ni siquiera hablar de ello con Charlotte y tengo que terminar de diseñar la habitación en la que estoy trabajando ahora, incluso aunque sé que Morgan estará en el set con las mangas remangadas y sus apretados tejanos y su corto cabello todo hecho un desastre y perfecto. Me paro en la entrada del estudio y el guardia me hace un gesto para que entre, y ruedo al pasar el camión vintage de Morgan hacia un sitio libre a unos autos de distancia, tratando de no pensar en la primera vez que me senté en el suave asiento tapizado del conductor y en todas las veces que le siguieron a esa.
Morgan está en un rincón lejano del set, pero la veo a ella primero, y entonces ella es todo lo que veo. Llenando todo. Llevo el atril y lo coloco en el cuarto, pero, a pesar de que lo miro y paso la mano a lo largo de su base de madera lisa, apenas puedo registrar que esté aquí.
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Ginger dice algo y le digo algo en respuesta. Ella se ríe y yo ríofalsamente, luego muevo un marco un par de centímetros y de inmediato lo vuelvo a dejar donde estaba. Entonces Morgan está a mi lado preguntándome si recibí sus mensajes, me toca en la cintura de una manera que hace que mi estómago se sienta como un trapo que alguien está apretando.
Asiento. Sí. Los recibí. —Te extraño —dice ella.
No le digo nada, ya hemos hecho esto muchas veces antes y me prometí que no lo haría de nuevo. No puede romper conmigo y luego actuar como si fuera ella la que está herida. Todo lo que quiero es coquetear con ella en el set, andar en su linda camioneta hablando todo el día, bailar con ella en las fiestas, sentarme junto a la piscina en su apartamento y besarnos. Todas las cosas que solíamos hacer. Todas las cosas que podríamos estar haciendo ahora si no estuviera ocupada preguntándose si el mundo tiene cosas mejores para ella que yo.
—Tu camisa es linda —dice ella, pero no digo nada, solo me inclino para alisar el borde devla colorida alfombra con patrones sobre la que nos encontramos de pie. Esta mañana me he probado siete conjuntos antes de decidirme por estos lindos pantalones cortos verdes y esta camiseta blanca con la espalda al aire que es reveladora. Pensé que quedaba veraniego y divertido y, lo admito, realmente bonito en mí. Pero ahora creo que debería haberme puesto algo que siempre lleve, para que Morgan no se diera cuenta de que era diferente, y por lo tanto no pareciera como si tratara de llevar un aspecto diferente.
Me agacho para ajustar la alfombra de nuevo, y realmente se ve bien la forma en que el verde del atril resalta los colores en el patrón, y me encuentro siendo en realidad capaz de pensar en algo distinto que en ella hasta que dice—: Emi, ¿no me hablas?
Me pongo de pie, y digo—: No, no, no es eso.
Porque no lo es. No estoy tratando de ser infantil o distante. No estoy tratando de ser mala. Pero no puedo decirle que no le hablo porque temo llorar si lo hago. La humillación de que hayan roto contigo seis veces es brutal. Y, de verdad, puede que no haya algo mucho peor que estar en el trabajo con todas las personas cuyo respeto quieres ganar mientras tu primer amor verdadero te dice que te ves guapa porque quiere que te sientas un poco menos destrozada por el hecho de que no te ama también.
Fuerzo una sonrisa, y digo—: Echa un vistazo a este soporte. ¿No es perfecto? —Sabiendo que le gustará casi tanto como a mí.
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—Sí —dice—. Toda la habitación se ve muy, muy bien.Doy un paso atrás y lo miro. Morgan tiene razón. Se supone que es el espacio para practicar en el sótano para una friki de bandas adolescentes llamada Kira. No tiene un papel importante en la película, pero hay una escena importante que tiene lugar en esta sala, y es el primer set que he diseñado por mi cuenta. Empecé con cosas de niños reales. Trofeos de tiendas de segunda mano que pulí para que parecieran tener solo un par de años. Carteles de conciertos de un par de bandas populares cuyos miembros tocan la trompeta, lo que toca este personaje. Hay muchas partituras en las estanterías, apiladas en todas las superficies disponibles. Todas estas cosas normales, pero luego unas cuantas extravagancias, porque esto es el cine. Una lámpara de araña con una burbuja blanca que deja escapar esta hermosa luz suave; una trompeta muy brillante, muy cara; una alfombra tejida a mano. Y ahora, el atril. Me siento abrumadoramente orgullosa al mirar esto que hay delante de mí, y completamente enamorada de la industria cinematográfica.
—¿Así que ahora solo estás esperando el sofá?
Me dirijo a la última pared vacía en donde irá el sofá y asiento. —¿Alguna pista?
Niego. No.
—Tiene que ser perfecto —le digo.
Al principio de la película, Kira pierde su virginidad. La pierde con un hombre que no la ama, pero no lo sabe en el momento. Tienen relaciones sexuales, no en su dormitorio, sino en un sofá en la sala de ensayo, la habitación que estoy vistiendo y diseñando. Sé que la escena va a ser perturbadora porque todo el mundo sabe el secreto de que con ese chico no merece la pena perder nada, menos Kira. He estado tratando de localizar el sofá desde que me lo asignaron. Sé lo que quiero. Sé que va a ser de un verde vivo y un material blando. La escena va a ser dolorosa, pero el sofá la consolará. Tiene que estar gastado y parecer un poco anticuado, porque es la sala de ensayos del sótano; que es donde van los muebles desechados después de haber sido sustituidos por las cosas nuevas y mejores. Pero también tiene que ser lo suficientemente especial como para haber sido salvado.
Desde el otro lado del estudio, un hombre llama a Morgan, haciéndole una pregunta sobre yeso. Morgan es escenógrafa, lo que significa que construye los elementos decorativos de las series antes de que la gente como yo vengamos y los llenemos. Puede convertir unas limpias y blancas paredes en los lados de un castillo en ruinas. Puede
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convertir un espacio interior en un jardín. Es una artista. Me duele estar tancerca de ella.
—Tengo que ir a ayudarlo —me dice—. Pero tal vez podamos ir a cenar después. Hablemos. Voy a comprobar de nuevo antes de irme.
Yo asiento. Ella se aleja.
Luego le envío un mensaje a Charlotte: Intervención necesaria.
Por suerte, Charlotte se encuentra en el set, trabajando a un par de edificios de distancia. Me dice que vaya a su encuentro en el estacionamiento a las seis en punto.
***
Después de un par de horas jugando con mi habitación y ayudando a algunos de los decoradores, le digo adiós a Ginger (que me dice por enésima vez lo genial que se ve todo) y me encuentro a Morgan fuera con sus manos cubiertas de yeso.
Le digo—: Charlotte necesita mi ayuda, así que no voy a ser capaz de cenar contigo. Estamos en medio de un misterio realmente loco.
Espero a que me pregunte qué es. Me preparo para decir: Estamos tratando de cumplir el último deseo de Clyde Jones, para que el asombro se registre en su rostro. Pero ella dice—: No hay problema. En otra ocasión.
En otra ocasión. Un punto, no un signo de interrogación. Como si fuera una cosa tan segura que vaya a decir que sí.
Estaciono mi auto al lado del de Charlotte, para que, con las ventanas del conductor abiertas, podamos hablarnos la una a la otra sin salir.
―Gracias ―digo.
―En cualquier momento que pueda salvarte de cometer otro terrible error con esa chica, por favor, házmelo saber ―dice ella. Lo que es un poco duro, pero algo que probablemente merezco.
―¿Te llamaron los ancianos? ―pregunto.
―No. Quería esperarte para intentarlo de nuevo.
Salgo de un salto de mi auto y rodeo el suyo. Pone su teléfono en altavoz y marca. Suena. Esperamos. Y esperamos. Y entonces la fuerte voz de un anciano dice hola.
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―Hola ―dice Charlotte―. Lamento molestarte. Le dejé un mensajeesta mañana. Mi nombre es…
―¡Oye, Edie! ―grita el hombre―. ¡Es esa chica de esta mañana! ¡Llamándonos de nuevo!
Charlotte y yo agrandamos nuestros ojos con diversión.
―Ahora ―dice Frank―. No pude descifrar enteramente tu número de teléfono en el mensaje. ¡Sí! ¡La chica de esta mañana! Déjame ver si puedo encontrar lo que escribí. ¿Dime el número de nuevo?
Charlotte se lo dice.
―Oh ―dice él―. Dos-cuatro-tres. Pensé que habías dicho “Dos-oh-tres”.
―En realidad, es dos-oh-tres1. ―Dos-cuatro-tres, sí.
―En realidad…
―¿Y tu nombre una vez más, querida?
―Charlotte Young. Me preguntaba si usted tenía alguna información…
―¡Sí, querida! ¡Teníamos jodidamente el número! ¡Y su nombre es Charlotte!
Estoy intentando con todas mis fuerzas no reírme, pero puedo ver a Charlotte volviéndose seria. Desactiva el altavoz y lo sostiene contra su oreja.
―¿Frank? ¿Señor? ―pregunta―. ¿Estará en casa por un rato? Tengo algunas preguntas que sería mejor hacer en persona.
Espero.
―De acuerdo. Sí. Hola, Edie. Mi nombre es Charlotte. Charlotte. Sí, también agradable hablar con usted.
***
Frank y Edie están esperando por nosotras en su porche cuando llegamos en el auto de Charlotte. Nos lleva un poco más de una hora llegar allí y me pregunto si ellos han estado esperando todo este tiempo, congelados en posición de expectación.
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―Ahora, ¿cuál de ustedes es Charlotte? ―dice Frank.―¡No respondan! ―dice Edie―. No digan una palabra, chicas. Soy una excelente juez de personas. Déjenme adivinar.
Ella nos mira con atención. Su cabello es morado marica, como algodón de azúcar. No puedo decir si se suponía que fuera marrón o si se está volviendo salvaje en su vieja edad.
―Tú ―me dice―, eres Charlotte. Sacudo la cabeza.
―Emi ―digo, y extiendo la mano.
Ella se burla, y dice―: Luces como una Charlotte. ―Pero sus ojos tienen ese brillo divertido.
Frank se eleva sobre ella, estudiándonos a través de sus gruesos lentes.
―Adelante, chicas ―dice―. Adelante.
Dentro, nos sentamos en un sofá marrón cubierto de plástico con revistas People apiladas junto a nosotras, galletas y limonada arregladas en la mesa de café. El que esta pareja de ancianos nos reciba en su sala de estar, sirviéndonos bocadillos con un ventilador de chorro y la cortina de la puerta agitándose al abrirse y cerrarse, es muy dulce, casi suficiente para sacar a Morgan de mi mente.
―Espero que les gusten las galletas de jengibre ―dice Edie. Empuja un dedo hacia Frank―. Él consiguió galletas de jengibre. Yo dije que quería algo sencillo.
―No tenían algo sencillo.
―¿Cómo no pueden tener algo sencillo?
―Estabas conmigo, querida ―dijo él―. Limón. Oreo. Maple. Jengibre. Nada sencillo.
Ella sacude la cabeza.
―Mierda ―dice. Levanta una galleta y se la come―. Mierda ―dice nuevamente. Y entonces toma otra.
―¿Viven en el barrio? ―nos pregunta Frank. ―Yo vivo en Westwood ―dice Charlotte. ―Santa Monica ―digo.
―¡Santa Monica! ―dice Edie―. Nuestro hijo, Tommy, vive en Santa Monica. Puedes conocerlo. ¿Tommy Drury?
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―No ―digo―. No me suena familiar.―Es un chico adorable ―dice Edie.
―Acaba de cumplir sesenta ―dice Frank―. ¡No es un chico!
―Es mi chico. ¿Hacen las compras en la cadena de supermercados Vons en Wilshire?
―Mmm ―digo―. Supongo. Quiero decir, mis padres lo hacen. ―Es una buena cadena de supermercado Vons ―dice Frank.
―Una bonita sección de productos gourmet ―coincide Edie―. Pero con mucha gente.
Charlotte los felicita por la limonada (―¡Recién salida de la caja! ―confiesa Edie) y dice―: Estamos buscando a una antigua inquilina de ustedes. Caroline Maddox.
―¿Quién? ―Frank se vuelve hacia Edie, y es justo entonces que me doy cuenta de sus audífonos.
―Caroline Maddox ―grita Edie. ―Oh, sí, Caroline. ―Asiente Frank. ―¿La recuerda? ―pregunta Charlotte.
―Sí, ¡por supuesto! ―dice Edie―. Era una chica muy agradable. Muy agradable. Pero tenía problemas. Las drogas, el hombre y ese bebé. ―Sacude la cabeza―. Qué vergüenza.
Frank dice―: Sí, sí. Ustedes chicas deben haber notado que los cercos alrededor del sendero están todos descuidados. ―Lo dice en un tono de disculpa―. Caroline, ella solía cuidarlos por nosotros. Fue hace años, trabajaba durante días y se ocupaba del negocio del apartamento por la noche. Caroline nos ayudó con algunas tareas.
―Por una renta reducida ―agrega Edie.
―¿Saben dónde está ella? ―pregunta Charlotte―. ¿O a dónde se mudó después de dejar el apartamento?
―Oh, cariño ―dice Edie.
―Oh, cariño ―Hace eco Frank―. Odio decirlo, pero Caroline murió. ―¿Cuándo? ―pregunta Charlotte.
Frank sacude la cabeza.
―Soy terrible con las fechas ―dice él.
―Lo sé ―dice Edie―. Fue en octubre de mil novecientos noventa y cinco. Lo recuerdo porque los Dodgers perdieron los playoffs. Esos Braves
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los vencieron tres a nada. Tres a cero. ¡Terrible! Recuerdo pensar: ¿Quépuede ser peor que esto? Y entonces, justo unos días más tarde, encontramos a Caroline en el apartamento.
Frank mira hacia otro lado con ojos vidriosos, y Edie toma una galleta pero no la come. Nos sentamos en silencio por un pequeño rato, y entonces Edie empieza a chismorrear sobre celebridades. Le digo sobre nuestros trabajos en las películas y ella está impresionada, especialmente con The Agency, de la cual ella ya ha leído incluso aunque el rodaje no comienza hasta dentro de unos meses. Pero Charlotte se queda en silencio, y no puedo entender por qué. Aquí nos encontrábamos esperando encontrar a Caroline, una persona viva, que tomaría este sobre y con suerte nos diría qué había dentro y quién fue ella para Clyde. Pero en su lugar descubrimos que Caroline es una mujer muerta. Y es inquietante, de alguna manera, que lo que sea que Clyde quería darle a ella no fue, y nunca será, recibido.
***
Está oscuro para cuando entramos de nuevo en el auto. Charlotte suspira.
―Supongo que hicimos todo lo que pudimos. ―Así que, ¿vamos a abrirlo?
Ella asiente, pero no toma su bolso.
Lo encuentro en el asiento trasero y lo saco del sobre. Es tan fino. Y me doy cuenta de algo que en realidad no registré antes: Es viejo, amarillento. Me pregunto cómo de viejo. Lo suficientemente viejo, supongo, para que Caroline muriera y alguien llamado Raymond se mudara dentro y luego fuera, y entonces para que la familia surfista le siguiera. Tal vez más viejo que eso.
Charlotte toma las llaves de su falda y muy cuidadosamente rasga el sobre.
Querida Caroline,
Confieso que fue optimista de mi parte pensar que nuestro almuerzo podría transformar toda una vida de exilio en algo como una relación. No pienso, sin embargo, que fuera optimista pensar que podría haber sido algo como un principio, incluso si fue el principio de algo escaso. Un hola casual ahora y entonces. Una familiaridad. Pero he estado tratando de llegar a ti durante muchos años. Mis cartas han sido devueltas. Los pocos
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números de teléfono que puedo conseguir por ti están todos fuera delínea. No estoy ignorando la posibilidad de un cambio de corazón, pero, por ahora al menos, me estoy rindiendo.
Había cosas que quise decirte esa tarde que no pude atreverme a decir. Me dije a mí mismo que había sido porque esperaba que fuera Tú y Yo, y en su lugar fue Tú, Lenny y yo. Así que me encontré a mí mismo en compañía de dos extraños en lugar de solo uno. No obstante, eso pudo haber sido solo una excusa. Eres mi única hija y nunca fui un padre para ti. No sé cómo un padre se supone que diga cosas cordiales o exprese remordimiento o un elogio.
Así que, aquí va, en papel, lo que se siente mucho menos desalentador.
No supe de tu existencia cuando naciste. Después de que supe de ti, tuve intenciones de ser un buen padre. Para decirlo claramente, tu madre hizo eso imposible.
Ella no aceptaría mi dinero. No consideraría la amistad. Pasé una década tratando de hacer las paces con ella pero la verdad es que tuve muy poco por decir. Los dos tuvimos nuestras razones para lo que pasó esa noche y en las siguientes que le siguieron. La conduje intencionalmente. Ella tuvo lo que muchas personas ruegan tener: unos minutos en el centro de atención en los brazos de alguien famoso. Nunca me conoció y yo nunca la conocí. Me gustaría pensar que ambos recibimos algo que necesitamos en un período de tiempo específico de nuestras vidas, pero temo que la reacción de tu madre a mis repetidos gestos habló de otro modo.
Puede parecer injusto de mi parte hablar de esta manera de una mujer que no está más en este mundo para defenderse a sí misma. No quiero ser grosero. Otra cosa que quise hacer (pero no hice) fue ofrecerte mis condolencias. Y quería decir que sé lo que es ser huérfano. Es posible que te sientas sola en el mundo. También sé un poco acerca de eso. Supongo que pensé que podríamos unirnos sobre nuestras específicas tragedias, pero en su lugar te hablé sobre mis perros y el tiempo, y tú contemplaste tus huevos y nunca los tocaste.
Eres mi única hija. Quería que supieras algunas cosas sobre mí. Es cierto que siempre uso un sombrero de vaquero, pero no soy el estoico hombre sin sentido del humor que a menudo interpretaba. Hago lo máximo que puedo para disfrutar de la vida. Disfruto las caminatas sobre las colinas que hay detrás de mi casa. He amado profundamente, pero he tenido esperanzas en un tipo diferente de amor.
Hay una cuenta bancaria a tu nombre en el Northern West Credit Union. Por favor, visítalos y pregunta por Terrence Webber. Él te dará
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acceso a la cuenta. Si no quieres el dinero, por favor, dáselo a Ava. Puedeparecer de mal gusto por darte mucho. Por favor, no pienses en él como un intento por comprar tu amor o perdón. A pesar de la noción idealista de que el dinero es de poca importancia, este puede abrir puertas. Espero, hija mía (si me permites llamarte de esta manera esta vez), que esas puertas estén siempre abiertas para ti toda tu vida.
Mis saludos, Clyde.
―Así que tenías razón ―dice Charlotte―. Caroline Maddox era su hija. ―Qué tragedia ―digo.
―Tan amargo ―dice Charlotte. ―Tan arrepentido.
Charlotte asiente.
―Es como si él quisiera decirle todo pero difícilmente agrega algo. ―Lo sé. ¿Uso sombreros de vaquero? ¿Disfruto las caminatas? ―Recojo la carta de nuevo. Su escritura a mano es cuidadosa y temblorosa, todo está pulcro, como si hubiera escrito múltiples borradores―. ¿Quién es Lenny? ¿Quién es Ava?
Charlotte sacude la cabeza. ―No lo sé.
Al final de la cuadra, un par de hombres salen de una tienda de licores, gritando en la noche. Se ríen, se deslizan en su auto y se alejan.
―Él ni siquiera supo que ella murió ―digo.
Nos dirigimos de regreso al estudio para recoger mi auto, y después vamos al apartamento de Toby, donde nuestros padres nos dijeron que podíamos quedarnos de nuevo esta noche, y donde tenemos la intención de quedarnos mientras Toby esté fuera.
Conduciendo sola, no puedo evitar pensar en cómo hoy fue tan triste. Toby se ha ido, Morgan no me ama, Clyde Jones tuvo una hija llamada Caroline que cuidaba el patio de Frank y Edie y tenía problemas con hombres y drogas, y nunca recibió las cartas de su padre o todo ese dinero que pudo haberla ayudado.
Y estaba segura que todo esto también significaría algo para mí. Que algo tuvo que haber venido de preguntar por la casa de Clyde, de nuestro descubrimiento accidental. Pero ahora es solo algo más que ha llegado a un final.
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Y es solo más tarde, después de ver Lowlands, con la cálida brisaviniendo de la puerta de la cocina y nuestros vasos medio llenos del té etíope de Roby, que Charlotte dice―: ¿Qué fue lo que dijo Edie? ¿Las drogas, el hombre y ese bebé? ¿Puede ser Ava la nieta de Clyde?
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Traducido por Miry GPE Corregido por Amanda Merlos
Charlotte y yo nos encontrábamos en los bancos del patio de la preparatoria, usando pantalones cortos y camisetas, aprovechado la conexión inalámbrica de la escuela para buscar a Ava.
Empezamos tratando de encontrar el obituario de Caroline, porque no sabemos el apellido de Ava, o incluso si Ava es realmente la hija de Caroline. Aunque buscamos los archivos en línea de Los Angeles Times, y de Long Beach Press-Telegram, ninguno de los dos va más atrás de los noventa.
—Simplemente busquemos a Ava Maddox —digo.
No parecía que Caroline estuviera casada, y por lo que Edie dijo — por todos esos hombres—, tampoco parecía como si ella tuviera una relación seria.
Charlotte tecleó el nombre, y un momento después descubrimos que había nueve Ava Maddox enlistadas en el país, una de las cuales vivía en Los Ángeles, en la Avenida Waring, lo cual no está muy cerca, pero tampoco demasiado lejos. Tal vez un viaje de veinte minutos en auto hacia el noreste atravesando la ciudad.
—¿Debemos conducir hasta allí? —pregunto.
Hace clic en un ícono que promete decirnos más sobre Ava, sólo para descubrir que quieren cobrarnos por eso.
—¿Cuarenta dólares? —digo—. No, gracias. Simplemente vamos para allá.
—Está bien —dice Charlotte. Nos levantamos y desliza su portátil de nuevo en su estuche y luego en su bolso. Acordamos encontrarnos en mi auto después de que termináramos nuestros respectivos finales; el último del semestre, el último de nuestra vida en la preparatoria.
De camino, por última vez, a mi clase de matemáticas, siento un golpecito en el hombro y me doy la vuelta para ver a Laura Presley entregándome su anuario.
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—¿Me lo firmas? —pregunta, toda coqueta, linda y un poconerviosa.
Fuerzo una sonrisa y digo “seguro”. —Pero ¿cómo te lo devolveré?
Su mejor amiga, que asiste a mi clase de matemáticas, dice—: ¿Podría Emi dármelo cuando termine?
—¡Perfecto! —dice Laura, como si se tratara de una idea nueva y no un plan que hicieron antes de venir hacia mí.
Tomo el anuario y entro en clase, a pesar de que no lo firmaré. Nunca he estado muy metida en la preparatoria, así que no me importan mucho esos libros hechos para conmemorarla, o si Laura quiere algún tipo de cierre para que podamos encontrarnos y reírnos sobre las cosas algún día. Hubo un tiempo en que no encontré nada sobre lo que reír, pero ha pasado un largo tiempo desde que todo terminó entre nosotras.
Laura es quien me hizo renunciar a las chicas de preparatoria. La versión corta es que siempre me ha gustado besar. Besé a más chicos en la primaria y secundaria de los que puedo contar (puramente inocente, por cierto. Nunca fue más allá de eso). Y entonces besé a Tara Ryland detrás del edificio de ciencias en nuestro primer año. Cuando nuestras bocas se separaron, ella se quedó ahí, parpadeando hacia mí, como: ¿Qué? Y yo parpadeé en respuesta, como: Oh, Dios mío. Pero reaccionábamos a cosas diferentes. Tara se sorprendió, porque en un momento estábamos recogiendo muestras de tierra para medir su cantidad de minerales y al siguiente se encontraba besando a una chica. Pero para mí fue diferente. Pasé por alto la parte chica, y pensé: ¿Es así como se supone que se sienta? Porque no sólo se trataba de que ella era una buena besadora (lo cual era), fue que el beso me dejó temblorosa, y para ese momento había llegado a ser casi inmune a los besos. Y entonces, las chicas empezaron una especie de línea para besarme. Eso volvió loca a Charlotte. Rodó los ojos durante todo un año. En medio de todo esto, sólo por un par de meses, alejé a todos por salir con Evan Haas. ¿Qué puedo decir? Había algo en él.
Y luego, Laura descendió de las alturas de la multitud popular. Quería besar y tomarse de las manos en los pasillos. Quería que su grupo se sentara con Charlotte y conmigo en el almuerzo, pero preferiblemente sólo conmigo. Quería besarse conmigo en fiestas, en jacuzzis mientras otros chicos miraban. Y está bien, sí, eso fue divertido por un tiempo, pero yo empezaba a enamorarme de ella y no quería que fuera un espectáculo.
Así que ahora, en medio de los problemas de matemáticas, le doy un descanso a mi mano de garabatear números y pienso en esas noches y
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días con Laura. En los últimos meses, todo el mundo estaba siendo muysentimental respecto a dejar la preparatoria, y supongo que esto es mi versión de eso. Al final de mi examen, recuerdo la tarde en la que íbamos a conducir hasta la playa y simplemente pasar el rato. —O, podríamos ir a la fiesta de Alex. Será una locura —dijo mientras agarraba mi cadera y me acercaba a ella, justo a la vista de Alex y todos sus amigos. Quité su mano de mí y retrocedí.
Le dije—: Vamos a olvidarlo.
Refiriéndome a nuestros planes de ese día. A los raros momentos en que realmente parecía que estábamos en una relación. A la total inutilidad de las chicas de preparatoria que no sabían lo que querían.
Esto fue en el penúltimo año, y unos meses más tarde, cuando comenzó el último año, con Laura todavía sonriéndome de esa forma triste cada vez que nos cruzábamos en el pasillo, le dije a Charlotte—: En realidad, creo que podría gustarle.
—Por supuesto que le gustas —dijo Charlotte—. Solo que ella no sabía qué hacer con eso.
Para entonces ya había conocido a Morgan y gastaba todo mi tiempo tratando de conseguir que se fijara en mí, así que el notar eso sobre Laura se sentía solo como algo pequeño, pero algo, no obstante.
Dos horas y sesenta y cinco problemas después, camino hacia el frente y le entrego al maestro mi examen. Se encuentra encorvado sobre su escritorio, viendo videos en silencio en su portátil. Luego, de regreso en mi escritorio, me sorprendo buscando una pluma rojo brillante en mi mochila y abriendo el anuario de Laura por la primera página. No escribiré nada sentimental, pero le puedo dar algo por la nostalgia. Así que escribo en letras grandes y brillantes: Besarte fue realmente divertido. Dibujo un corazón al lado de mi nombre.
A continuación dejo la escuela para encontrar a Ava. ***
—¿Qué se supone que tenemos que decir cuando lleguemos ahí? — le pregunto a Charlotte.
Nos encontramos a sólo un par de kilómetros de distancia, avanzando a través del tráfico, esperando no quedar atrapadas en una intersección cuando el semáforo se pone en rojo.
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—¿Y si está ella?Se muerde el labio, un signo familiar de que está meditando. Por lo general, surge algo brillante, así que sólo conduzco y la dejó pensar.
—Sabemos que ella era un bebé en el noventa y cinco, por lo que debería ser más o menos de nuestra edad. Si es mayor, sólo tendremos que decir que nos equivocamos de Ava y salimos de ahí. Pero si es de nuestra edad…
—¿Y si no sabe que es adoptada?
—Creo que lo sabrá. Su apellido es el mismo que el de su madre. Y no creo que la gente mantenga este tipo de cosas en secreto.
—Espero que no —digo—, porque sería incómodo. Aquí está la calle Waring; gira a la izquierda.
Encontramos la casa pequeña y azul, con plantas suculentas creciendo en el patio delantero. Aparcamos y nos desabrochamos los cinturones de seguridad, pero ninguna hace ningún movimiento para salir del auto. Me recuesto. El parabrisas refleja el árbol que hay por encima de nosotras: las ramas, las hojas y el camino a través del cristal.
—Si ella es de nuestra edad —dice Char—, le preguntamos si el nombre de su madre era Caroline. Si dice que sí, entonces sabe más de la historia de lo que sabemos nosotras, y simplemente le podemos decir que tenemos algo que le pertenece, darle el sobre, y hacerle saber que nos puede llamar si tiene alguna pregunta.
—¿Luego nos vamos? —pregunto.
Asiente. —Y si dice que no, que Caroline no era el nombre de su madre, entonces deberíamos simplemente darle las gracias e irnos.
—¿Pero qué pasa si dice que no porque no sabe nada de Caroline, o porque no sabe quiénes somos, o por qué estamos preguntando? ¿Y si creemos que tenemos a la Ava equivocada cuando en realidad es la correcta?
Charlotte se muerde el labios de nuevo.
Finalmente, dice—: No lo sé. Tendremos que ver lo que pasa hoy y partir desde ahí.
Abre la puerta del auto y luego abro la mía, la sigo hasta el pasillo de la puerta. Charlotte toca y ambas esperamos hasta que oímos la voz de una niña desde el otro lado, preguntando quién es.
—Emi y Charlotte —dice Charlotte. Me mira en busca de ayuda, pero ¿qué más se supone que digamos?