Conoce Usted Bien a Dios

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¿CONOCE USTED BIEN A DIOS?

Todas aquellas personas que han llegado a conocer a Dios, tienen la expectativa de Vida Eterna Segura y disfrutar para siempre de esa vida. Pues la Biblia misma lo dice, leamos (JUAN 17:3)

Ahora bien el conocimiento que hay que adquirir, ¿es solo creer que Dios existe y conocer algunas de las cosas que ha hecho como creador, o es solo afirmar que adoramos a Dios? Eso es lo que hacen las personas de la cristiandad, afirmar conocer a Dios y que él existe, pero ni siquiera conocen el Nombre de Dios, hasta confunden a Dios con su hijo.

Jesús, cuando dijo estas palabras tuvo que haberse referido a más que solo tener conocimiento de la existencia de Dios. Por ello personalmente usted debe preguntarse: ¿Conozco yo a Dios y a su Hijo en el sentido necesario para tener una sólida expectativa de Vida Eterna? Es importante que reflexionemos en ello.

Pensemos en una Persona, Conocer verdaderamente a esa persona significa más que solo creer que existe. Casi siempre usamos la Palabra “CONOCER” para referirnos a una breve relación con alguien o al mero hecho de reconocer a una persona, a veces decimos SI NO ME EQUIVOCO YO LO CONOZCO, a veces decimos eso solo porque lo hemos visto momentáneamente en alguna parte, o porque nos la ha presentado alguien brevemente.

Eso no es conocer a alguien, conocer a alguien significa percibir su verdadera identidad y familiarizarse bien con su personalidad, conocer sus sentimientos.

Tal vez usted tenga un amigo de quien diga: ‘Confío en él. Puedo contar con que cumplirá con su palabra; y sé que si tengo algún problema, él me ayudará’. La persona de quien usted dijera eso no sería alguien a quien hubiera conocido tan solo ayer, ¿no es cierto? Tendría que ser alguien con quien usted se hubiera asociado por largo tiempo, que vez tras vez habría probado que es confiable, usted conoce bien a esa persona.

Ahora en nuestra relación con Jehová, ¿podríamos decir que realmente hemos llegado a conocerlo?

Vamos a analizar un relato que quizás nos haga pausar y preguntarnos: ¿Realmente conozco a Dios? Hace mas de 2,700 años un profeta que se llamaba OSEAS vivió en Israel durante un tiempo en que esa nación estaba en una relación especial de pacto con Jehová Dios. Los Israelitas sabían que el nombre de Jehová literalmente quiere decir: EL HACE QUE LLEGUE A SER. Sabían también el papel que Jehová había desempeñado, al ver como los libraba de sus enemigos y conocían las leyes de Jehová, ellos podían decir que si conocían a Dios porque estaban

familiarizados con su Creador, Sin embargo estaban equivocados, Jehová mandó al profeta OSEAS a decirles las palabras que están escritas en (OSEAS 4:1) Está claro que los israelitas no conocían a Dios. Ellos pensaban que si conocían a Dios, porque sabían su nombre y conocían sus leyes, pero no era así. Conocer a Dios no es solo conocer su nombre y quizás conocer sus leyes, implica más que eso. (1 JUAN 2:3,4) sí nuestras acciones reflejarán cuanto conocemos a Dios. El apóstol Juan nos ayuda a entender que conocer a Jehová es amarlo, guardar sus

mandamientos, y él da a conocer mas argumentos, leamos (1JUAN 1:5-7) conocer a Jehová también significa dejar de andar en la oscuridad y poner en práctica la verdad, Seguir la dirección de su palabra y su espíritu y adherirnos a la verdad, (JUAN 5:14,15) Al conocer a Dios nos sentimos en libertad de acercarnos a él en oración, con la

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Obviamente, pues, el conocer a Dios no es algo pasivo. Se requiere mucho esfuerzo para llegar a conocer a Jehová Dios y disfrutar de una relación estrecha con él. Sin duda, se necesita más que efectuar mecánicamente ciertos ritos religiosos. El conocer a Dios tampoco es experimentar alguna clase de sensación emocional súbita, como la que alegan haber tenido muchos que afirman haber experimentado un “nuevo nacimiento” espiritual. El salmista dijo: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas. Hazme andar en tu verdad y enséñame, porque tú eres mi Dios de salvación. En ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4, 5). ¡El “conocer” a Dios es, por tanto, todo un modo de vida!

Además, después de exhortarnos a „gustar y ver que Jehová es bueno‟, el salmista dice: “Apártate de lo que es malo, y haz lo que es bueno; procura hallar paz, y sigue tras ella” (Salmo 34:8, 14). En algunos casos se necesita acción drástica para „apartarse de lo que es malo‟.

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¿Cuánto realmente conoce usted acerca de Dios? ¿Está usted dispuesto a arriesgar su vida sobre la base de lo que conoce? Usted va a tener que hacerlo. La nación de Israel fue rechazada a causa de su falta de conocimiento, y Dios tiene el mismo sentir hoy en cuanto a los que rechazan el conocimiento verdadero de él. Se acerca el tiempo en que él va a „traer venganza sobre los que

no conocen a Dios.‟—2 Tes. 1:8; Juan 17:3. 5

Un conocimiento exacto de Dios se caracteriza por la completa confianza y fe en él. El salmista David dice: “Y los que conocen tu nombre confiarán en ti, porque ciertamente no dejarás a los que te buscan, oh Jehová.” (Sal. 9:10) Los que

conocen el “nombre” de Dios, es decir, sus características y reputación, no creerán mentiras en cuanto a su Padre celestial. Si Él dice o hace algo que no entienden inmediatamente, no le imputan malos motivos. Saben que hay una buena razón para todo lo que Él hace aun si no la entienden en ese tiempo. Y si Él le parece a usted un poco lento, ciertamente hay una buena explicación. En el primer siglo de la era común algunos fueron de este mismo sentir, motivo por el cual el apóstol Pedro escribió: “No es lento Jehová respecto a su promesa, según lo que algunos consideran lentitud, sino que es paciente para con ustedes porque no desea que ninguno sea destruido, sino desea que todos alcancen el arrepentimiento.” (2 Ped.

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3:9) Dios es tan paciente ahora como lo fue entonces, y la gente es tan impetuosa ahora como lo fue entonces.

ANCIANOS, ¿REALMENTE CONOCEN A DIOS?

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Los ancianos o superintendentes en la congregación cristiana pueden demostrar cuán bien conocen a Dios al tratar a otros como Dios lo haría. Por ejemplo, considere el asunto de cómo los ancianos ven a sus hermanos. ¿Es su actitud un reflejo del punto de vista de Jehová? Note lo que está escrito en los Salmos: “Si errores fuese lo que tú vigilas, oh Jah, oh Jehová, ¿quién podría estar de pie?” (Sal. 130:3) De modo que el Creador no anda buscando faltas, ni es hipercrítico. La sustancia general del punto de vista de Jehová para con la humanidad se expresa más ampliamente en los Salmos: “Jehová es

misericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa. No por todo tiempo seguirá criticando, ni hasta tiempo indefinido se quedará resentido. No ha hecho con nosotros aun conforme a nuestros pecados; ni conforme a nuestros errores ha traído sobre nosotros lo que merecemos. Porque así como los cielos son más altos que la tierra, su bondad amorosa es superior para con los que le temen. Tan lejos como está el naciente del poniente, así de lejos ha puesto de nosotros nuestras transgresiones. Como un padre muestra misericordia a sus hijos, Jehová ha mostrado misericordia a los que le temen. Pues él mismo conoce bien la formación de nosotros, acordándose de que somos polvo.” (Sal. 103:8-14) ¿Reflejan nuestros tratos con los hermanos que realmente conocemos estas cosas acerca de Dios?

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Si es así, los ancianos no pueden estar ajenos a cómo le va al rebaño. Bien pueden aplicarse como pastores espirituales las palabras: “Debes conocer positivamente la apariencia de tu rebaño.” (Pro. 27:23) Pero ¿qué hacen los ancianos con su conocimiento del rebaño? Bueno, como Jehová, ven lo bueno en la gente. Reconocen el bien que están haciendo otros, y por eso se esfuerzan por ser edificantes a los que los rodean. ¿No está esto en armonía con el ejemplo de Jehová y el consejo que nos da en su palabra? “No proceda de la boca de ustedes ningún dicho corrompido, sino todo dicho que sea bueno para la edificación según haya necesidad, para que imparta lo que sea favorable a los oyentes. Mas

háganse bondadosos los unos con los otros, tiernamente compasivos, libremente perdonándose unos a otros así como Dios también por Cristo libremente los perdonó a ustedes.”—Efe. 4:29, 32; Gál. 5:22, 23; Heb. 10:24, 25; 1 Tes. 5:14, 15.

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También, se dan cuenta de los que necesitan ayuda en la congregación. Quizás algunos de los de mayor edad están teniendo dificultades que afectan su servicio a Dios. Quizás estén deprimidos y por eso necesitan estímulo. ¿Hay otros que están faltando a las reuniones o de otras maneras aflojando el paso en su servicio a Dios? ¿Hay algunos que van solos a las reuniones y al servicio del campo y tienen que pasar por vecindarios peligrosos? ¿Hay algunos jóvenes que se podrían usar para ayudar a otros jóvenes en el servicio del campo y en

preparar discursos para la Escuela del Ministerio Teocrático? ¿Hay alguna

responsabilidad que se les pudiera dar en el Salón del Reino? Los ancianos están alerta a todos los detalles que afectan la vida espiritual de los hermanos y hacen lo que pueden por ayudar. Estas son las cosas de las que hablan cuando se reúnen.

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Sin embargo, ¿qué hay si un miembro de la congregación empieza con una tendencia que a los ancianos les parece que puede conducir a dificultad espiritual? ¿Es una expresión de bondad el pasar por alto la situación? El trato de Jehová con Israel en la ocasión en que pidieron un rey humano ilustra cómo manejar tal situación. Jehová advirtió a los israelitas en términos inequívocos lo que les sucedería como resultado de tener un rey humano; sin embargo, no los estorbó. Su petición realmente equivalía a un rechazamiento de Jehová, y aunque

insistieron en pasar por alto su consejo en esta ocasión él no les dio la espalda, sino que hizo llamamientos adicionales a la nación hasta el mismo tiempo de su destrucción. Conociendo a Dios, los ancianos tratan de manera similarmente paciente aun a los que pasan por alto el consejo.—1 Sam. 8:4-22.

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Un miembro no casado de la congregación quizás esté teniendo asociación estrecha con un incrédulo del sexo opuesto. Los ancianos ofrecen consejo bíblico apropiado que explique cómo Dios considera los asuntos, mostrando que

realmente es contra la ley de Jehová el casarse con un incrédulo. Aunque se pase por alto el consejo, los ancianos amorosamente tratan de ayudar a tal miembro mientras éste siga formando parte de la congregación cristiana. No hay por qué los ancianos deben sentirse desanimados si su consejo se pasa por alto, sino que deben recordar que su responsabilidad es “exhortar . . . y . . . censurar a los que contradicen,” y también es cierto que a resumidas cuentas “cada uno llevará su propia carga de responsabilidad.”—Tito 1:9; Gál. 6:5.

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En cuanto a dar consejo, algo importante debe aprenderse del ejemplo de Jehová: Sea bondadoso, sea prudente, pero sea específico. Asegúrese de que la persona a quien esté aconsejando capte el punto. Por ejemplo, surgen situaciones en las cuales hay que dar consejo a un matrimonio. Quizás estén teniendo

dificultades en llevarse bien el uno con el otro y por eso busquen la ayuda de un anciano. Lo primero que uno puede hacer es escuchar ambos lados del asunto, estando presentes el esposo y la esposa. Jehová Dios siempre escuchaba a la nación de Israel cuando pedía ayuda. A menudo el anciano hallará que solo son los síntomas del problema lo que ellos llaman a su atención y que a la raíz del asunto hay algo más básico, tal como su modo de ver el sexo. Pudiera ser que la idea de que el sexo solo es un mal necesario haya influido en la esposa y por eso resiente la atención sexual de parte de su esposo. O, por otra parte, quizás el esposo sea inconsiderado en cuanto a la composición emocional de su esposa y sea demasiado exigente en los asuntos sexuales.

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Ahora bien, si el anciano simplemente le dice a este matrimonio que ore a Jehová y que las cosas se resolverán, quizás se sientan tan desesperanzados como antes. Lo más probable es que ya han orado a Dios y Jehová ahora está contestando su oración por medio del consejo de Su Palabra y la ayuda de un anciano amoroso. Comprendiendo esto, una vez que se haya sacado a la luz el problema, el anciano procede a dar consejo bíblico. No es evasivo sino que se dirige directamente a las Escrituras que tratan específicamente con su problema. Primero puede explicar que uno no debe sentirse impuro porque tiene deseos sexuales, y el cumplimiento de éstos dentro del arreglo matrimonial es una cosa sana. Por supuesto, el gobierno de uno mismo y la consideración al otro son esenciales para una vida sexual equilibrada. Todo esto y más se puede señalar

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detalladamente cuando se leen y se consideran las Escrituras para establecer los puntos.—Gén. 1:28; Pro. 5:15-19; 1 Cor. 7:3-5; 13:4, 5; Gál. 5:22, 23; 1 Ped. 3:7.

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Sea que el matrimonio quiera seguir el consejo bíblico en su vida sexual o en cuanto a algún otro asunto, les toca a ellos decidir; sin embargo el anciano puede sentirse feliz de que con la ayuda de Jehová pudo dar dirección apropiada y demostrar que realmente “conoce” a Dios. Por supuesto, los ancianos no deben tratar de decirle a la gente qué hacer, pero cuando dan consejo deben ser muy francos al explicar los principios bíblicos envueltos.

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Hay otra manera en la cual los ancianos pueden mostrar que tienen un verdadero conocimiento de Dios, y ésa es por la manera en que escuchan los puntos de vista que expresan los miembros de la congregación. Ciertamente Jehová Dios siempre sabe cómo manejar cualquier situación y siempre tiene completamente controlados los asuntos. Sin embargo, al tratar con el rey infiel Acab de Israel, Jehová permitió que los ángeles expresaran su punto de vista en cuanto a cómo tratar con Acab. Ciertamente el Dios del universo no necesitaba el consejo de sus ángeles, pero escuchó. En otras ocasiones Dios escuchó a

hombres. ¿Qué mejor manera hay para que un anciano sienta el pulso de la congregación que escuchar lo que otros digan y tomarlo a pechos? Cuánto más eficaz maestro hará esto del anciano que escucha.—1 Rey. 22:19-22; Gén. 18:22-33; Pro. 21:13.

TODOS EN LA CONGREGACIÓN NECESITAN CONOCER A DIOS

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A medida que vemos que la conclusión de este sistema se acerca, todos los que han de perseverar tendrán que conocer a Dios. A menos que estemos bien familiarizados con la manera en que él trata con nosotros, fácilmente podríamos sucumbir al peligro de dudar, como lo han hecho algunos cristianos dedicados, bautizados. El dudar por lo general no envuelve verdades bíblicas fundamentales como (1) la soberanía de Jehová, (2) el Reino o (3) el rescate. Más bien, quizás nos preocupemos con algún asunto secundario, y debido a orgullo pongamos nuestras opiniones personales adelante de la Palabra de Dios y la organización de Jehová. Un medio hermano de Jesús nos advirtió contra el dudar: “El que duda es semejante a una ola del mar impelida por el viento y aventada de una parte a otra. De hecho, no vaya a figurarse ese hombre que recibirá cosa alguna de Jehová; es un hombre indeciso, inconstante en todos sus caminos.” (Sant. 1:6-8) El

conocimiento de cómo Dios ha tratado con su pueblo en el pasado y en el presente nos ayudará a evitar dudas.

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Los que conocen a Dios recordarán bien cómo Dios ha usado a hombres imperfectos en posiciones de responsabilidad importante para mantener

organizado a su pueblo. Por ejemplo, considere a Moisés, cuya imperfección le hizo perder el derecho de entrar en la Tierra Prometida. Sin embargo, Dios

continuó usándolo. Al borde de Canaán cuando Moisés repasó y explicó la ley de Dios a la nación de Israel, los israelitas fácilmente pudieran haber razonado: „¿Quién eres tú para aconsejarnos, Moisés? Pues, tú ni siquiera eres digno de entrar en la Tierra Prometida.‟ ¡Cuán fácil habría sido criticar al hombre, más bien que beneficiarse del consejo dirigido por Dios!—Núm. 20:2-12.

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El uso de hombres imperfectos por Dios continuó con el establecimiento de la congregación cristiana. Considere al apóstol Pedro. En el día de la muerte de Jesús, Pedro negó tres veces a Jesús. Ese fue un error serio. Sin embargo, es interesante notar que solo cincuenta y dos días después Pedro llegó a ser miembro del cuerpo gobernante ungido de la recién formada congregación cristiana. Fue usado muy prominentemente en aquel día del Pentecostés como vocero de los apóstoles para presentar un discurso conmovedor. Aunque imperfecto, Pedro demostró en aquel día que conocía bien a Dios y estaba íntimamente familiarizado con su Palabra, como lo muestran las referencias que hizo a las Escrituras Hebreas.—Luc. 22:54-62; Hech. 2:1-47.

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Lo mismo aplica en la congregación cristiana hoy día. Se usan a hombres imperfectos que conocen a Dios para tomar la delantera. Quizás un anciano en su congregación le dé consejo sobre su actitud. ¿Va usted a menospreciar el buen consejo bíblico que da y tener el punto de vista: „¿Quién es usted para decirme qué hacer? Usted no es exactamente perfecto.‟ O, más bien, ¿va usted a mostrar que “conoce” a Dios, que usted se da cuenta de que usa a hombres imperfectos para aconsejar, organizar y dirigir a su pueblo en la Tierra? Realmente, si Jehová se siente satisfecho con trabajar con hombres imperfectos, ¿quiénes somos nosotros para criticar el arreglo? La cosa clave es que debemos beneficiarnos del consejo bíblico que dan.

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Por otra parte, quizás usted oiga algo en cuanto a uno de sus hermanos que parezca ponerlo en mal. ¿Le gusta a usted oír tales cosas y las cree

inmediatamente? Quizás el hermano sea anciano en la congregación. ¿Se pone usted ahora no solo a dudar del hermano, sino quizás a desarrollar reservas serias en cuanto al entero cuerpo de ancianos? El que conoce a Jehová obra

rápidamente para disipar tales dudas. Se pregunta: „¿Realmente tengo todos los hechos, o simplemente es rumor? No debo juzgar a mi hermano en vista de las palabras de Pablo: “¿Quién eres tú para juzgar al sirviente de casa ajeno? Para su propio amo está en pie o cae.”‟—Rom. 14:4.

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Puede ser que usted no esté de acuerdo con la manera en que se hayan manejado los asuntos relacionados con el reconstruir o edificar un Salón del Reino. Quizás a usted le parezca que habría escogido un diseño diferente, otra clase de cubierta para el piso o un color diferente de cortinas. Pero ¿no hay muchos diseños posibles, muchas clases de cubiertas de piso y numerosos colores de cortinas? ¿Afectará nuestra relación con Jehová una diferente

decoración interior? ¿Por qué no seguir el consejo de Pablo: “Que se aseguren de las cosas más importantes, para que estén exentos de defectos y no estén

haciendo tropezar a otros hasta el día de Cristo”? (Fili. 1:10) ¿No deberíamos dar gracias a Jehová debido a que ha provisto a hombres para tomar la delantera y ver que tengamos un lugar donde reunirnos para la adoración pura?

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Quizás se diga algo en una de las publicaciones de la Watch Tower que usted no entienda o que no se ajuste a nuestro previo entendimiento de los asuntos. ¿Cómo considera usted esto? ¿Dejará usted que se introduzcan furtivamente dudas? ¿Será reemplazada la confianza con escepticismo? Pregúntese: „¿Dónde obtuve el conocimiento de las Escrituras que ya tengo? ¿No es el alimento espiritual provisto por medio de las publicaciones de la Watch

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Tower lo que me ha ayudado a cambiar mi vida y hallar contentamiento y satisfacción? ¿A qué otra parte iría yo?‟ Este sentir para con los arreglos de Jehová es el que tuvieron los discípulos para con Jesús: “Señor, ¿a quién nos iremos? Tú tienes dichos de vida eterna.”—Juan 6:68.

22 Hoy es cierto en cuanto a millones de personas: “Declaran públicamente que conocen a Dios, pero por sus obras lo repudian, porque son detestables y

desobedientes y no aprobados para obra buena de clase alguna.” (Tito 1:16) La inseguridad, las dudas, la inquietud, todas son síntomas de una generación que no conoce a Dios. En contraste, el sentir de los cristianos es como el del apóstol Pablo: “Porque conozco al que he creído, y tengo confianza de que él puede guardar lo que he depositado a su cuidado hasta aquel día.” (2 Tim. 1:12) Confiados, firmes, denodados en estos días trascendentales son todos los que realmente conocen a Dios.

El apóstol Juan nos ayuda a entender que “conocer” a Dios significa más que tener una relación de pasada con Él. Considere algunos de los argumentos que expone Juan en la primera carta que escribió bajo inspiración divina. En resumen, él dice en parte: El conocer a Dios es amar a Dios. El conocer y amar a Dios es guardar sus mandamientos. Significa dejar de andar en la oscuridad y poner en práctica la verdad. Es seguir la dirección de la Palabra de Dios y Su espíritu, y adherirnos a la verdad. Al conocer a Dios nos sentimos en libertad de acercarnos a él en oración, con la convicción de que nos oye y de que, en respuesta, nos dará todas las cosas que necesitamos para efectuar Su voluntad. (1 Juan 1:5-7; 2:3, 4, 13, 14; 3:19-24; 4:6-8, 13; 5:3, 14, 15.)

Obviamente, pues, el conocer a Dios no es algo pasivo. Se requiere mucho esfuerzo para llegar a conocer a Jehová Dios y disfrutar de una relación estrecha con él. Sin duda, se necesita más que efectuar mecánicamente ciertos ritos religiosos. El conocer a Dios tampoco es experimentar alguna clase de sensación emocional súbita, como la que alegan haber tenido muchos que afirman haber experimentado un “nuevo nacimiento” espiritual. El salmista dijo: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas. Hazme andar en tu verdad y enséñame, porque tú eres mi Dios de salvación. En ti he esperado todo el día” (Salmo 25:4, 5). ¡El “conocer” a Dios es, por tanto, todo un modo de vida!

Además, después de exhortarnos a „gustar y ver que Jehová es bueno‟, el salmista dice: “Apártate de lo que es malo, y haz lo que es bueno; procura hallar paz, y sigue tras ella” (Salmo 34:8, 14). En algunos casos se necesita acción drástica para „apartarse de lo que es malo‟.

. Lo mismo sucede con la fe religiosa. Se requiere tiempo para tener fe y llegar a conocer a Jehová y su manera de hacer las cosas.

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En cuanto a adquirir conocimiento, tenemos que seguir adquiriéndolo; no basta con creer que Dios existe y conocer algunas de las cosas que ha hecho como Creador. Hay mucha diferencia entre el estar familiarizados con Dios y el conocerlo. De modo que realmente el conocer a Dios significa mucho más que solo tener conocimiento superficial. Al buscar continuamente

conocimiento más profundo llegamos a apreciar de corazón qué amigo es él para la humanidad y cómo ha expresado su amistad con amor y paciencia que no tienen paralelo.

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