Tema 69
Educación Secundaria
FILOSOFÍA
ORIENTACIONES PARA EL ESTUDIO DEL TEMA 0. INTRODUCCIÓN
1. LA CRÍTICA NIETZSCHEANA A LA CULTURA OCCIDENTAL 1.1. Nietzsche: vida y obras
1.2. Crítica a los valores de la cultura europea 1.3. Crítica a la moral
1.4. Crítica a la religión cristiana 1.5. Crítica a la filosofía tradicional 1.6. La muerte de Dios
2. EL MÉTODO GENEALÓGICO Y SUS IMPLICACIONES 2.1. El método genealógico
2.2. Implicaciones del método genealógico 3. EL NIHILISMO NEGATIVO Y POSITIVO
3.1. El nihilismo 3.2. La nueva moral
3.3. La nueva visión del hombre 3.4. El superhombre 3.5. La voluntad de poder 3.6. El eterno retorno CONCLUSIÓN BASE NORMATIVA BIBLIOGRAFÍA COMENTADA WEBGRAFÍA GLOSARIO
magister
EL PENSAMIENTO DE NIETZSCHE COMO CRÍTICA
A LA CULTURA OCCIDENTAL
69.1 La crítica nietzscheana a la cultura occidental. 69.2 El método genealógico y sus implicaciones. 69.3 El nihilismo negativo y positivo.
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ESQUEMA / RESUMEN
CUESTIONES PARA EL REPASO
֠ PROPUESTAS DE SOLUCIÓN
ORIENTACIONES PARA LA REDACCIÓN DEL TEMA ORIENTACIONES PARA LA LECTURA
APLICACIÓN A PRÁCTICOS
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El tema se ocupa del pensamiento nietzscheano como crítica a todo un modelo de pensamiento que sostiene la cultura occidental.
Para su estudio se recomienda en primer lugar fijarse en el Índice, con el fin de adquirir una panorámica de la estructura y leer la Introducción ya que en ella se explican tanto el sentido del tema como los contenidos principales. En este caso se advierte que el tema está configurado por una contextualización histórica y vital de Nietzsche, una revisión de su pensamiento crítico, y una exposición de su propuesta de jerarquía de valores para la cultura occidental.
Junto con la lectura y subrayado de los epígrafes que componen el tema se recomienda prestar especial atención a los párrafos marcados con la nota de “IMPORTANTE” ya que dirigen el estudio
a elementos clarificadores del contenido y que deben ser asumidos como referencias fundamentales.
Se recomienda la memorización del tema comenzando por intentar responder a las preguntas:
¿Cuál es el contexto vital de Nietzsche y su crítica a la cultura occidental? Para ello se deben
memorizar ciertos presupuestos y comprender el estado de la filosofía en el siglo XIX. Una vez asumidos estos datos, se debe responder a la cuestión ¿en qué consiste su método genealógico?, a partir del estudio de esa crítica en diferentes niveles.
Finalmente se puede abordar el estudio de la propuesta nietzscheana para responder a la pregunta
¿Cuál es el pensamiento positivo de Nietzsche más allá de su diagnóstico y su crítica?,
deteniéndose con detalle en cada uno de los elementos que vertebran su obra principal Así habló
Zaratustra.
El tema se cierra con una conclusión que proyecta la influencia del pensamiento nietzscheano en el pensamiento filosófico posterior; con un vínculo normativo que permite establecer su aplicación didáctica; con una bibliografía/webgrafía comentadas que dan cuenta de las fuentes utilizadas en su preparación y con un glosario en el que se destacan, de forma sucinta, los principales términos técnicos utilizados.
Relación con otros temas
Por último, este tema queda vinculado de manera principal a los temas de historia de la filosofía anteriores, especialmente al: 48, 49, 50, 51, 52, 54, 55, 58, 59, 60, 61, 63, 64, 65, 66 y 67. Además, de los temas posteriores se vincula con: 70, 71, 72, 73, 74, 75, 78, 79 y 80. En lo que respecta a diversos elementos de su desarrollo, qué duda cabe que el tema 1 tiene relación, así como los temas 11 y 12, los temas de metafísica, desde el 13 hasta el 17, los temas que problematizan, el 20 y el 21 y los temas de ética, desde el 41 hasta el 45.
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El pensamiento de Nietzsche, en la segunda mitad del siglo XIX, significa la crítica más radical que se haya hecho en Occidente contra la «cultura establecida», en todas sus modalidades: Filosofía, Religión, Ciencia, Moral, Arte... etc. Para comprenderlo hay que tener en cuenta que vive en una época marcada por la decadencia de una sociedad cristiano-burguesa, con una moral puritana y llena de prejuicios. Su obra está determinada por ser una reacción contra la mediocridad y el convencionalismo de la moral tradicional y una crítica implacable de todo su sistema de valores. Por otro lado, la época en la que vive Nietzsche es una época en la que aparecen los movimientos revolucionarios de tipo sociopolítico con una esperanza de liberación y de justicia para el hombre: en ellos se afirma la autonomía del hombre para construir su propio mundo y se rechaza toda trascendencia religiosa, que se considera como un obstáculo para que el hombre adquiera su plena madurez. Influido por este ambiente, Nietzsche quiere crear un nuevo tipo de hombre que sustituya al hombre cristiano tradicional.
El tema analiza su crítica a la cultura occidental. Para abordarla se ha dividido en tres partes: la primera da cuenta de su marco histórico y vital; la segunda, dedicada a la exposición de su crítica a la cultura; y la tercera que se ocupa de su alternativa a los valores tradicionales de la cultura occidental.
Dentro de la primera parte, en el primer punto se exponen sus principales datos biográficos y describe su itinerario intelectual al hilo de sus principales obras. A continuación aparecen las principales críticas que realiza: a la moral, a la filosofía, a la ciencia, a la religión, finalizando con “la muerte de Dios”.
La segunda parte, recoge los datos referentes a su método genealógico y a sus implicaciones principales.
La tercera parte desarrolla su propuesta filosófica a lo largo de seis puntos, desde el nihilismo hasta el eterno retorno, pasando por la nueva moral, la nueva visión del hombre, el superhombre y la voluntad de poder.
Cierra el tema la Conclusión dedicada la influencia de su pensamiento en la filosofía posterior.
1.1. Nietzsche: vida y obras
ENLACE: A partir de su vida y sus obras principales se dibuja el contexto en el que se desarrolla su pensamiento.
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INTRODUCCIÓNFilosofía. Tema 69 ©MELC S.A. MAGISTER OPOSICIONES
1.1.1. Vida de Nietzsche
Friedrich Wilhem Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844 en Roeken, pequeña ciudad alemana de la Turingia. Tanto su padre, Karl Ludwig Nietzsche, como sus abuelos paterno y materno fueron pastores protestantes. Esta genealogía cumplía literalmente lo que él luego diría con amargo desdén del pensamiento teutón: “El pastor protestante es el abuelo de la filosofía alemana”. La zona de la Turingia en que Nietzsche nació había tenido originariamente población eslava y, pese a haber sido conquistada por los germanos muchos siglos atrás, la población conservaba un fuerte componente eslavo en la sangre. La familia de Nietzsche se proclamaba descendiente de un conde polaco fugitivo, el conde Nicki, aunque la declaración que leemos en
Ecce Homo afirmando: "Yo soy un aristócrata polaco (pur sang), al que ni una sola gota de
sangre mala se le ha mezclado y, menos que ninguna, sangre alemana”, debe cargarse más a cuenta del tan acusado pathos de la distancia nietzscheano que a la de la exactitud genealógica. Es improbable que Nietzsche descendiera de aristócratas polacos; pero es seguro que quería diferenciarse lo más posible del pueblo alemán, representado a sus ojos por su madre y su hermana. Pocos rastros hay en Nietzsche de ese nacionalismo delirante y agresivo que distinguió a algunos de los que de él se reclamaron... Cuando Nietzsche tenía dos años, nació su hermana Elisabeth, que debía ser su compañera, amiga, confidente, carcelera, verdugo, enfermera y, probablemente, amante. En modo alguno puede reducirse el papel jugado por Elisabeth en la vida de su hermano al de falsificadora torpe e interesada de sus papeles póstumos. En primer término, porque si bien es cierto que manejó de modo excesivamente inescrupuloso y posesivo los papeles de su hermano y que no entendió su pensamiento más que en una medida muy reducida, no es menos cierto que, gracias a ella, se han salvado, conservado y ordenado papeles cuyo volumen e importancia son decisivos en la obra de Nietzsche. En ciertos casos más litigiosos, como el de la obra póstuma La Voluntad de poder, su labor es discutible y muy incompleta, pero racional y, en buena medida, no desacertada. Lo importante y terrible de la intervención de Elisabeth hay que buscarlo en vida de su hermano, no tras su muerte. ¿Quién puede sondear suficientemente la feroz y absorbente pasión de la hermana por su hermano, en la que se mezclaron el orgullo, la ternura, el deseo, los celos y la compasión? ¿Quién puede comprender del todo la fascinación que Nietzsche sintió por Elisabeth, su aterrada atracción por esa Antígona a la que odiaba con desesperada dulzura, que fue para él la Mujer eterna, la insoslayable realidad de lo femenino? Sería completamente ingenuo resolver que Elisabeth, la torpe e hitleriana Elisabeth, fue sencillamente una desdicha en la vida de Nietzsche; que, sin ella, él se habría casado, hubiera llevado una vida sexual normal (¿qué puede significar esto?), no habría caído en la locura y hubiese logrado completar y ordenar su obra personalmente. No: Nietzsche fue Nietzsche en buena medida por su hermana, ella le ayudó a ver, le provocó a pensar. Dice Cioran que toda desdicha tiene su utilidad en el plano metafísico, como estimulador del intelecto; esto es tan cierto en el caso de Elisabeth Nietzsche que ni siquiera tenemos derecho a considerarla un mal necesario. Nietzsche muere en 1900.
1.1.2. Obras de Nietzsche
Según los períodos de su vida, son las siguientes:
1. Período romántico (1871-1878): Está bajo la influencia de Schopenhauer y Wagner. Sus obras son las siguientes:
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- El nacimiento de la tragedia griega en el espíritu de la música: Escrita en honor de Wagner. Realiza una comparación entre la cultura anterior a Sócrates y el mismo Sócrates. Contrapone a Dionisio (la vida) y Apolo (las formas). Crítica radical a la filosofía socrático y platónico, a las que considera decadentes.
- Sobre la verdad y mentira en sentido extramoral (1873).
- Consideraciones intempestivas: Son cuatro partes distintas: la Primera, dedicada a Strauss, es un ataque a la cultura alemana tras la guerra de 1870 y el éxito del Imperio alemán. La Segunda es una crítica del método histórico, al que ve como un síntoma de decadencia cultural. La Tercera y la Cuarta están dedicadas a Schopenhauer y Wagner, y hablan de la cultura del futuro. (De esta fecha es Parsifal, que le decepciona y rompe con Wagner.)
2. Período positivista (1878-1883): Aquí se aparta de las influencias anteriores y ataca directamente a la religión, la metafísica y el arte demostrando su carácter ilusorio (a través del método de «genealogías» = buscar el origen psicológico de los conceptos).
- Humano, demasiado humano (1878-79): Trata de demostrar que los conocimientos y experiencias humanas pueden ser explicados sin necesidad de acudir a supuestos metafísicos o religiosos. El hombre se ha hecho esclavo de pesos enormes -religión, metafísica, moral- y al descubrir el fondo «demasiado humano» de todo lo ideal, el hombre se hace más libre. Parece ser que está escrito a la memoria de Voltaire, en forma de aforismos y sentencias.
- Aurora: pensamientos sobre los prejuicios morales (1881): Es una crítica a la moral, como lo hará posteriormente.
- La gaya ciencia (1882): Trata de la liberación del hombre de sus esclavitudes, desemnascarando las figuras de santo, artista, sabio y negando el sentido trascendente que puedan tener esos grandes ideales. Habla por primera vez del «eterno retorno» y «la muerte de Dios».
2. Período crítico: (1883-1889): Es el período fundamental. Desarrolla sus ideas más originales («superhombre») y la parte más dura de su crítica («la filosofía del martillo»); ataca a la filosofía y moral tradicionales y ve que tiene que destruir al hombre tal y como es para que pueda venir el superhombre, que es el que conoce la muerte de Dios; tiene la voluntad de poder y se mueve constantemente en el eterno retorno.
Se propone eliminar el dogmatismo teórico de todos los valores y hacer una radical «transmutación de valores», es decir, situar los valores que son conformes a la esencia de la vida en el lugar de los contrarios a ella.
- Más allá del bien y del mal (1886): Critica la filosofía, la religión y la moral: los filósofos son hombres dirigidos por prejuicios morales; los hombres religiosos son neuróticos y los hombres morales son vengativos. (Película actual sobre su vida.)
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- La genealogía de la moral (1887): Continúa los temas iniciados en Aurora y realiza una crítica de los valores tradicionales de la moral occidental.
- El crepúsculo de los ídolos (1888): Critica todo lo que se ha llamado «verdad» porque en verdad es un «ídolo» y se va acercando a su final. Es un escritor demoledor.
- El Anticristo (1888): Es un ataque a la religión y en especial a la moral cristiana.
- Ecce homo (1888): Es lo más parecido a una autobiografía.
- Así habló Zaratustra (1883-85): Es la obra básica; la más poética y profética: intenta ser como una nueva Biblia. Apenas utiliza conceptos especulativos en la exposición de sus ideas. Recurre sobre todo a la metáfora. Es algo intermedio entre la poesía y la filosofía.
Se trata de un conjunto de discursos simbólicos unidos por una fábula: Zaratustra (Profeta persa que predicó la moral del esclavo y se convierte) se retira a la montaña al cumplir los 30 años y allí vive en compañía de dos animales: el águila, que simboliza el orgullo, y la serpiente, que simboliza la inteligencia. Alcanza allí la sabiduría y decide bajar a predicársela a los hombres. A lo largo de su predicación va exponiendo sus ideas: en la primera parte describe al superhombre y la muerte de Dios. En la segunda parte, la voluntad de poder, y en la tercera parte, el eterno retorno.
- La voluntad de poder (1901): Es parte de los fragmentos póstumos editados por su hermana. En ella aparecen las cuatro ideas fundamentales de Así habló Zaratustra. Aparece la idea del nihilismo como la situación de nuestro tiempo, en la que se inicia el proceso de autosuperación de los ideales filosóficos, religiosos y morales que ha criticado en sus obras anteriores.
1.2. Crítica a los valores de la cultura europea
ENLACE: Una vez revisado el contexto histórico-biográfico de Nietzsche, se pasa a analizar su crítica a la cultura occidental.
Nietzsche parte de este supuesto: la cultura occidental está viciada desde su origen. Es una cultura racional y dogmática y por eso es decadente, porque se opone a la vida, a los instintos, empeñada en instaurar la racionalidad a toda costa. Éste es el Dogmatismo de Occidente: filosofía dogmática, religión dogmática, moral dogmática.
Es preciso criticar el dogmatismo platónico para eliminar el error de base. Nietzsche hace una crítica total que abarca todos los aspectos de la cultura europea: el mundo racional, el mundo religioso, el mundo moral. Estos son los tres mundos inventados por el hombre occidental y cuyos valores son interpretados por Nietzsche como síntomas de decadencia. (No olvidemos que el siglo XIX supone la decadencia de una sociedad cristiano-burguesa con su moral puritana y convencional.)
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1.3. Crítica a la moral
ENLACE: tras la crítica a la cultura occidental se aborda su crítica central: la crítica a la mora.
La crítica más profunda de Nietzsche a la cultura occidental es la crítica a los valores morales. El principal error de la moral tradicional es su «antinaturalidad», es decir, el ir contra la naturaleza, contra la vida. Es aquella moral que, en virtud de leyes, decálogos, normas e imperativos, se opone a la vida, a los instintos primordiales de la vida. Así ha sido la moral enseñada hasta ahora.
La base filosófica de esta moral contra-natural es el platonismo: el mundo de las ideas sirve de «más allá» religioso para los cristianos, de tal manera que acaba convirtiéndose en la metafísica cristiana. El centro de gravedad de estas ideas se pone no en esta vida, sino en la otra, en el más allá, en el mundo de las ideas, en el hombre celeste. Hay una evasión respecto al hombre concreto, viviente, al mundo real.
Al afirmar que existe un orden moral del mundo que dirige la historia de los hombres, lo que se ha hecho ha sido afirmar que alguien desde fuera del mundo, fuera de la vida, dirige a los hombres. Y entonces han prevalecido los valores de los débiles: la compasión, la misericordia, el sacrificio... en los que se ve la prevalencia de los instintos de decadencia sobre los de superación.
Critica a la moral porque la moral mata la vida: la vida descansa sobre unas bases que están en contra de la moral tradicional. Pero la vida es lo único real; la moral es ficción, falsedad, calumnia... Por eso dice Nietzsche: «mi principio: no se dan principios morales».
Dice Hirschberger: «no nos parece que Nietzsche sea un enemigo tan acérrimo de la moral. Todo lo contrario. Tan sólo rechaza una moral concreta, la alemana, burguesa, cristiana, idealista. Lo que él pretende es poner otra moral: la moral de la vida. La vida es voluntad de poder».
Nietzsche distingue dos tipos de moral:
• Moral de los señores: es una moral caballeresca, propia de los espíritus elevados, la que ama la vida, el poder, la grandeza, el placer. Es la moral propia del superhombre, la del que quiere la muerte de Dios.
• Moral de los esclavos: es la inversión de los valores: el dolor, la pequeñez, la humildad, amabilidad, compasión, resignación, paciencia... No crea estos valores, sino que los encuentra en si mismo, por eso es pasiva. Representa la subversión de los valores que nace con el judaísmo y hereda el cristianismo.
Establecida esta distinción, Nietzsche examina la historia de la cultura occidental y constata un creciente ascenso de los valores de los débiles frente a los de los fuertes. Los débiles han tenido fuerza para imponer su criterio a los fuertes. Esta moral de esclavos culmina en los movimientos sociales de liberación que empiezan en la Revolución Francesa y que se extienden a través del siglo XIX.
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Para superar esta decadencia de los valores cristianos, el Occidente va a poner en su puesto al Superhombre, libre de toda servidumbre religiosa, de todo dogmatismo católico.
1.4. Crítica a la religión cristiana
ENLACE: La crítica a la moral se concreta en la crítica a la religión en general y a la cristiana en particular, en el ámbito europeo.
Toda religión nace del miedo, de las angustias y de las necesidades, de la impotencia que siente el hombre en sí mismo. Por lo tanto, ninguna religión ha contenido jamás ninguna verdad.
Concretamente el cristianismo ha invertido los valores de las antiguas Grecia y Roma, que eran valores de vida, y se ha inventado un mundo ideal, celestial, que lleva consigo una desvalorización del mundo terreno:
- supone el extravío más fuerte de los instintos, que lleva a inventarse el otro mundo y despreciar éste;
- sólo fomenta los valores mezquinos como la obediencia, el sacrificio, la humildad, que son sentimientos propios del rebaño. Es el enemigo mortal del Superhombre;
- habla de pecado, que es un atentado contra la vida. Con el concepto de pecado aniquila las formas y valores más nobles de la vida y pervierte la vida en su raíz.
La crítica que hace Nietzsche de la religión tiene precedentes muy claros en la filosofía de Ilustración: algunas de sus afirmaciones recuerdan la misma crítica de Feuerbach. Nietzsche interpreta el cristianismo como una «moral vulgar» (como decía del platonismo) porque se opone a los valores específicos de la verdadera virtud (la gallardía, la nobleza, el mando). Esta vulgaridad de la religión cristiana no viene del hombre sino de Dios, que ha sido el gran obstáculo contra la vida y por eso hay que acabar con él.
1.5. Crítica a la filosofía tradicional
ENLACE: otra consecuencia de la crítica a la moral es la crítica a la filosofía tradicional, como su correlato y legitimador racional.
La crítica que hace Nietzsche a la Filosofía tiene una unión estrecha con la crítica que hace a la Moral: la moral tiene su base en la filosofía platónica con sus dos mundos diferentes y distanciados: el mundo real y el mundo de las ideas. El mundo de los sentidos es malo, causa de perdición...
La filosofía tradicional es dogmática: considera el ser como algo estático, fijo, inmutable, abstracto. Pero ese ser no existe. No hay conceptos estáticos, sólo existe el devenir. Sólo existe el mundo de las apariencias, los fenómenos.
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De ahí que admire a Heráclito («el único filósofo que no ha falseado la realidad») y a Hegel (para quien toda la realidad está en un permanente devenir dialéctico). No admitirá, sin embargo, a Kant por esa separación entre fenómeno y noúmeno: sólo existe el fenómeno, el mundo de lo aparente. Hay, por tanto, una negación del concepto metafísico del ser: «Pero Heráclito tendrá siempre razón al sostener que el ser es una ficción vacía» (Crepúsculo de los ídolos, nº. 2).
1.6. La muerte de Dios
ENLACE: Como concreción última de toda crítica se deriva la muerte de Dios.
La muerte de Dios significa para Nietzsche una crítica radical de la religión, de la moral y de la metafísica. Es la liberación de un gran peso que abruma al hombre: el peso de la idea de un más allá, de la trascendencia objetiva.
Nietzsche llega al convencimiento de que la idea de Dios es lo que impide al hombre ser hombre, llegar a ser el superhombre. Dios es el gran obstáculo para que llegue el superhombre. Por eso piensa que para que viva el hombre ha de morir Dios; si Dios vive no puede vivir el hombre.
La muerte de Dios significa: que se han derrumbado los pilares que sostenían la tradición, la historia y la cultura de Occidente; una tradición y una cultura que se han apoyado en la idea de Dios. La muerte de Dios es fruto del modernismo. Sus raíces se encuentran en:
- Renacimiento: el antropocentrismo;
- Racionalismo: la razón como fundamento de todo (Descartes); - Ilustración: el poder del pueblo, no de Dios;
- Positivismo: sólo la ciencia.
El pensamiento resultante es que no hay lugar para Dios en la cultura moderna. Ese es el pensamiento que recoge Nietzsche: por fin, la cultura occidental se ha liberado del peso de Dios: «nosotros hemos matado a Dios». Dios había sido el pilar que había sostenido toda la cultura de Occidente y por fin el hombre es capaz de destruirlo.
Significa asimismo que se han subvertido todos los valores de la vieja humanidad para que pueda nacer el superhombre.
¿Dónde se ha ido Dios? Yo os lo voy a decir. Nosotros lo hemos matado, vosotros y yo. Todos somos sus asesinos. ¿No oís todavía el grito de los sepultureros que entierran a Dios? Dios ha muerto. Y somos nosotros quienes le hemos dado muerte... Se cuenta que el loco penetró un día en las diferentes iglesias y entonó un requiem aeternam Deo. Expulsado e interrogado no cesó de responder: ¿de qué sirven estas iglesias si son las tumbas y los monumentos de Dios? («Parábola del loco de la linterna» (La Gaya ciencia)
Con la muerte de Dios el hombre se libera a sí mismo quitando del medio lo que no le había dejado ser hombre. Con ello se acaba la historia antigua y comienza una nueva historia, la verdadera historia. En ella, el hombre, liberado de patologías y supersticiones, se puede convertir en creador de su propio destino, y llegar por fin a ser hombre.
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La muerte de Dios es el tema central de la primera parte de Así habló Zaratustra. Con la metáfora de las tres transformaciones explica cómo el espíritu:
- se convierte en camello (el animal que soporta grandes pesos = simboliza al hombre que se inclina ante la omnipotencia de Dios y ante la ley moral);
- en león (que simboliza el animal que destruye los valores establecidos);
- y en niño, que simboliza al hombre capaz de crear nuevos valores, de llegar a ser el superhombre.
Zaratustra es el gran pregonero de la muerte de Dios que ha sido suplantado por el superhombre. Sus dos anuncios son: Dios ha muerto. ¡Viva el superhombre! Por eso cuando Zaratustra se encuentra a un anciano orando se pregunta: «¿pero es posible? Este santo varón aquí, en el bosque, no se ha enterado todavía de que Dios ha muerto» (Así habló Zaratustra).
RECUERDA
- El primer epígrafe ayuda a situar el pensamiento de Nietzsche y describe el itinerario de su crítica a la cultura occidental.
- Por tanto, sólo a partir de ellos es posible ir más allá y abordar tanto el método genealógico como la filosofía positiva de Nietzsche.
ENLACE: El método genealógico establece las condiciones de posibilidad para todo pensamiento que se sitúe ante la vida y no meramente ante la razón y voluntad de verdad.
2.1. El método genealógico
Para Nietzsche, al igual que para Spinoza o para Ricoeur, los símbolos poseen más alcance y más presupuestos que los simples signos, de modo que para analizarlos necesitaremos un método de decodificación. La genealogía es ese tipo hermenéutico, un ejercicio de carácter multidisciplinar, discriminatorio y reconstructivo. No es, en cambio, un ejercicio especulativo en Nietzsche, ni un ejercicio de introspección ni un examen de conciencia. El método genealógico recoge buena parte de la formación y las vivencias del autor. Lo primero tiene que ver con su formación como filólogo, como origen más inmediato. Lo segundo, con la filosofía concebida como sintomatología y con el filósofo como pedagogo y médico, un aspecto que además no está libre, por una parte, del planteamiento de Schopenhauer sobre la verdad como convención y como experiencia del sufrimiento y del absurdo; y por otra, de la experiencia personal de Nietzsche con la enfermedad.
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Sócrates, al identificar virtud y ciencia, sustituye la vida por el conocimiento verdadero como principio determinante del valor, desplazando con ello el centro de gravedad de la existencia hacia la nada y hundiendo al hombre en la decadencia. Y no es que la decadencia sea condenable como tal. En cuanto fenómeno biológico, la decadencia es un momento del ritmo de la vida fluyente, que crea y destruye. Lo deplorable es que la decadencia se traduzca en sistema ideológico sobre la base del uso socrático de la conceptuación y de la dialéctica. Los conceptos son principios de universalidad cuya dependencia de la voluntad de poder queda encubierta bajo la apariencia de cierta autonomía absoluta. Así, el socratismo abre la puerta a la transformación metafísica de las categorías de la razón en predicados del ser, el cual queda separado, como trascendencia ideal, del mundo sensible. El bien y el mal adquieren, entonces, el valor de algo dado, real, efectivo, situado más allá de toda condición.
Por lo tanto, la metafísica, la ciencia, la moral, se descubren como meras creaciones humanas, producto de una voluntad de poder y a su servicio. Es por lo que se hace inevitable la pregunta: ¿Habrá que responsabilizar a la moral, a la metafísica, a la ciencia, de que no se hayan alcanzado todavía una potencialidad y una magnificencia sumas, en sí posibles, del tipo hombre? ¿En qué condiciones se inventó el hombre esos juicios de valor que son las palabras bueno y malo? ¿Y qué valor tienen ellos mismos? ¿Han frenado o han estimulado hasta ahora el desarrollo humano? ¿Son un signo de indigencia, de empobrecimiento, de degeneración de la vida? ¿O, por el contrario, en ellos se manifiesta la plenitud, la fuerza, la voluntad de vida, su valor, su confianza, su futuro?
2.2.Implicaciones del método genealógico
ENLACE: Por necesidad, la nueva metodología permite descubrir nuevos territorios filosóficos desde los que reflexionar.
La primera consecuencia del método genealógico es el descentramiento al que quedan sometidos los problemas teóricos clásicos de la filosofía. Ya no nos las vemos sólo con objetos o representaciones del saber, sino, más bien, con síntomas de la vida. Precediendo a la lógica está la voluntad. Por lo tanto, lo que está en juego son las decisiones más que los argumentos. Es precisamente a esto a lo que Nietzsche llama “filosofar con el martillo” o “un estilo de filosofar nuevo, activo y agresivo”.
“La verdad ha sido puesta hasta ahora como ser, como Dios, como instancia suprema; a la verdad no le ha sido lícito en absoluto, hasta ahora, ser problema […] No obstante, la voluntad de verdad necesita una crítica. Con esto definimos nuestra propia tarea: el valor de la verdad debe ser puesto en cuestión” (Genealogía de la moral, 175).
Así es como Nietzsche delimita su punto de vista que no debe ser confundido con ningún otro. Para él, por ejemplo, si el problema de la ciencia no puede ser conocido en el terreno mismo de la ciencia, es porque la creencia en la constitución del mundo como un entramado de relaciones lógicas comprensible y dominable por la inteligencia humana, antecede o subyace al plano mismo de esas relaciones lógicas. Por lo tanto, lo que hay que demostrar, ante todo, es cómo se ha constituido tal creencia, o sea, hay que tratar de establecer el lazo genético que la vincula a quienes participan de ella y la defienden.
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Una segunda implicación del método genealógico es la interpretación de toda verdad como un síntoma de vida. El problema de la ciencia se convierte así en el de determinar los elementos que la preceden, en hallar la reducción de su entramado conceptual al tipo de voluntad que origina sus opciones básicas. Se podría decir en tal sentido, si en este contexto es posible utilizar una expresión heideggeriana, que se trata de acceder a lo impensado en lo pensado, de acceder a lo no pensado del pensamiento tradicional en cuanto que se deja escuchar como lo no dicho en la palabra de cada pensador, sólo que aquí este “no dicho” que se deja escuchar en lo pensado son los valores, nivel de la crítica total.
Esta remisión de los problemas teóricos al ámbito de los valores se justifica, según Nietzsche por el hecho de que las argumentaciones lógicas constituyen sólo un tipo de actividad relativamente tardío y superficial en relación a otro tipo de actividad más originaria que no tiene nada de racional. En la conciencia actúan pues movimientos más profundos de fuerzas que nada tienen que ver con lo espiritual.
Por esta razón, el producto de la actividad creadora de la conciencia no es neutral en relación a quien crea. El resultado expresa el origen, y éste se expresa en el resultado. Metafísica, ciencia, moral, no son más que resultados de la acción evaluadora de un cierto tipo de hombre; síntomas de lo que la voluntad es en momento de la evaluación.
Las creaciones del espíritu son, en definitiva, reflejo de lo que la vida vale para el que las produce o se adhiere a ellas, el signo de su fuerza o de su debilidad, de su salud o de su enfermedad como estados de cuerpo. Por consiguiente, la genealogía supone la búsqueda del origen, lectura a través del síntoma de lo que subyace a la verdad.
RECUERDA
- Tanto la crítica de Nietzsche a la cultura occidental como la descripción y análisis del método genealógico y sus implicaciones, permite acometer el estudio del nihilismo negativo y, sobretodo, del nihilismo positivo, dando cuenta del pensamiento más característico del autor.
Para Nietzsche la cultura europea ha llegado ya a su propia ruina, a la decadencia total. De ahí la necesidad de restauración, de ir preparando el gran mediodía de la humanidad. Esta es la tarea del filósofo: liberar al hombre de todos los valores ficticios, decadentes, devolviéndoles el derecho a la vida, a la existencia. El primer paso debe consistir en un cambio profundo de valores, de todos los valores de nuestra cultura tradicional.
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ENLACE: Más allá del método genealógico y sus implicaciones, el nihilismo y la nueva filosofía nietzscheana se desarrollan a continuación.
3.1. El nihilismo
El nihilismo no es una teoría filosófica, es la consecuencia de la historia de nuestra cultura occidental, la esencia del destino de los pueblos occidentales. La fuerza del espíritu de Occidente, cansada ya, agotada por los valores inadecuados y ficticios, se vuelve nihilista.
¿Qué significa el nihilismo? Así lo explica el mismo Nietzsche:
Que los supremos valores se devalúan. Falta el fin, falta la respuesta a la pregunta ¿para qué? El nihilismo radical es el convencimiento de la absoluta inconsistencia de la existencia, cuando se trata de los supremos valores reconocidos; y por añadidura el entender que no tenemos el más mínimo derecho a establecer un más allá o un en-sí de las cosas que sea divino, que sea la personificación de la moral.
Podemos decir, con Hans Küng, que el nihilismo es -según Nietzsche- «el convencimiento de la inanidad, la incoherencia, el sinsentido y el sinvalor de la realidad».
El nihilismo, por tanto, es la consecuencia propia de la ausencia de valores, la falta de meta, falta de respuestas a los porqués que se habían respondido desde Dios, que habían sido la base de la cultura occidental. Al dar muerte a Dios, se ha perdido el sentido de la orientación de nuestra existencia, de nuestra vida: estamos perdidos, sin brújula, en el desierto de la historia.
Esta parte negativa exige dialécticamente una parte positiva: es negar para afirmar, destruir para crear, aniquilar para producir. Así, de esa negación salen los nuevos valores, la voluntad de poder, el superhombre...
El nihilismo posee dos caras: una negativa, como esencia de la tradición platónico-cristiana, que explica la crítica destructiva de la tradición occidental. Y otra positiva, porque el nihilismo –es decir, la reflexión acerca del mismo- supone el reconocimiento de las condiciones que han llevado a Occidente a ser nihilista, en este sentido es como se alumbran los intentos por escapar del nihilismo.
Nietzsche no sólo pensó, sino que padeció las consecuencias del nihilismo, como europeo del siglo XIX; por esta razón el propio pensamiento nietzscheano refleja los tres grandes “momentos” de corriente:
a) Nihilismo como consecuencia inmediata de la destrucción de los valores vigentes hasta entonces; es el momento de la tremenda duda, de la desorientación radical y de la pérdida de sentido.
b) Nihilismo como afirmación del propio proceso nihilista en tanto que consecuencia necesaria del pensamiento platónico-cristiano; es el momento de la reflexión, del distanciamiento con respecto a esta tradición.
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c) Nihilismo como punto de inflexión hacia una nueva perspectiva del ser y del hombre; es el momento de la nueva valoración de la vida, de la esperanza, la gran “aurora”. Este tercer aspecto del nihilismo es recorrido no por la reflexión racional, sino por algo instintivo, que Nietzsche denomina voluntad de poder. Con el nihilismo como objeto del pensamiento del hombre que trata de superar ese estado, se abren precisamente las puertas hacia una nueva moral, una nueva antropología y una nueva ontología.
3.2. La nueva moral
ENLACE: La moral nueva es la primera consecuencia del nihilismo positivo.
Frente a la decadencia de Occidente, que predicaba una moral antinatural, Nietzsche pretende ofrecer una moral nueva que se base en el proceso natural del hombre, en la vida:
En su obra El origen de la tragedia griega, contrapone a Dionisio y Apolo:
• Dionisio es el dios de la vida, del vino, de la embriaguez, de la alegría desbordante de vivir.
• Apolo es el dios de las formas externas, de la apariencia llena de belleza.
Eurípides, dice Nietzsche, arrojó de la escena a Dionisio y así empieza la época de las formas. Eso mismo hicieron Sócrates y Platón, los cuales acabaron con el arte para optar por una filosofía basada en el conocimiento de las causas, acabando con la vida. Se cambia así la vida por la razón que mata la vida.
La nueva moral está basada en este deseo apasionado de vivir, está apoyada en la exaltación por la vida sin traba alguna. La vida tiene valor por sí misma y no hay que buscarle otra explicación. Es el valor absoluto al que se subordinan todos los demás. No hay que imponer ninguna norma a la vida, sino gozar de ella.
La nueva moral se basará en la exaltación de las fuerzas primarias de la vida: hay que valorar la moral de los señores frente a la moral de los esclavos. Frente a la resignación, a la humildad... la fuerza, poder, pasión, placer. Esto es lo que piden los instintos y en estos instintos se debe basar la moral.
3.3. La nueva visión del hombre
ENLACE: El nihilismo positivo supone, igualmente, una nueva antropología.
La antropología de Nietzsche está en la misma línea crítica de los valores culturales de Occidente: el hombre entra en esa visión pesimista de la decadencia occidental.
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Las características pueden ser éstas: El hombre es:
- Un ser miserable: porque desprecia la tierra, el cuerpo, el instinto; es un ser a medio hacer entre la bestia y el superhombre. Es un paso intermedio entre la animalidad y la superhumanidad.
- Animal defectuoso: es el único animal del universo que aún no ha llegado a consolidarse: está por hacer. Corre un riesgo: o vencer al hombre mediante la superación, o volver a la animalidad primitiva. Este hombre se resiste a abandonar los valores del pasado y dar un nuevo sentido a la humanidad.
3.4. El superhombre
ENLACE: Una antropología que
Es el pensamiento central de Nietzsche, y por eso es lo nuclear de la predicación de Zaratustra: «Yo predico al superhombre; el hombre es algo que debe ser superado». Es la meta del hombre, la decisión de los más fuertes.
El hombre, por tanto, es algo que debe ser superado. Esto significa:
• El hombre es algo intermedio: Es algo sin terminar de hacerse, es un puente tendido hacia el superhombre. El hombre tiene que superarse, transformarse en el superhombre. El hombre no es un ser estático, inmóvil: está dotado de una enorme capacidad creadora.
• La vida tiene una fuerza enorme, expansivo: La especie humana está dotada de esa fuerza expansivo que tiene la vida, está en un proceso evolutivo constante, sin terminar, que le hace ir (según Darwin) hacia especies superiores.
• Sentido de superación: Para que el hombre llegue a ser el superhombre, tiene que superar la moral tradicional, decadente, alienante y llegar a la nueva moral, a la que está de acuerdo con su naturaleza, no la que va contra ella. Este afán de superación le debe llevar a expulsar a Dios de su interior, tiene que superar la idea de Dios: Dios ha muerto y sólo queda el hombre, que se va superando hasta llegar al superhombre.
3.4.1. Proceso hacia el superhombre
La transformación del hombre en superhombre pasa por tres cambios sucesivos (o tres estadios):
• Camello: El espíritu del hombre es en primer lugar un camello, un animal de carga, que obedece a su amo sin quejarse. Éste le manda y él obedece.
• León: El hombre-camello, cansado por el peso de la carga, se revela contra su amo y lo derriba. Entonces se convierte en el hombre-león, crítico y dueño de sí mismo, que dice «yo quiero» e impone su voluntad.
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• Niño: A medida que se va quitando las cargas se va haciendo el creador de sus propios valores; se convierte en el hombre-niño que busca la afirmación de sí mismo.
3.4.2. Características del superhombre
A partir del tercer momento (el niño) es cuando empieza a aparecer el superhombre que da lugar a la nueva humanidad libre y creadora. Las características fundamentales de este superhombre son:
3.4.3. Ansia de vivir
El superhombre sobre todo se preocupa de la vida, sin traba ninguna. Valora sobre todo la vida corporal, la salud, el placer, las pasiones, la violencia, la victoria, el éxito... Las virtudes que ama son la fuerza física, el poder, la rebeldía del fuerte y del poderoso.
3.4.4. Superación
Sobre todo, superación de la moral tradicional occidental cristiana. No está sometido a ningún precepto moral, porque se sitúa por encima del bien y del mal. Su conciencia es la conciencia de la naturaleza: lo que favorece la naturaleza es bueno y lo que la perjudica es malo. El superhombre es la máxima posibilidad del ser humano.
3.4.5. Superior
El superhombre es un ser superior, que dice sí a las jerarquías entre los hombres: la igualdad sólo lleva a la moral de rebaño, de esclavos. El superhombre debe practicar la moral de los señores, que dominan por la fuerza y por la violencia.
3.4.6. Valores
El superhombre ha roto con la jerarquía de valores tradicional; ha cambiado no sólo los valores, sino la misma forma de valorar, es decir, la forma de vivir. Se ríe de los valores tradicionales.
3.4.7. Tierra
Vive la fidelidad a la tierra, lejos de la trascendencia metafísica de los filósofos, lejos de la idea de Dios. Es fiel a lo terreno, a lo que pisa, olvidando las elucubraciones espirituales. Es el más acá lo que le preocupa hasta que lo viva con total intensidad.
3.4.8. Poder
El superhombre vive la voluntad de poder: es la consecuencia de las ansias de vivir. Es la voluntad de dominar y recrear el mundo y sus valores. Se debe dejar llevar por el deseo de dominar, de ser señor y no esclavo.
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3.4.9. Retorno
Es el ser que vive el eterno retorno: querer el futuro es volver a querer el pasado; todo ha existido ya. El superhombre es como un ser atado a una noria que da vueltas sin cesar en una vida interminable.
3.5. La voluntad de poder
Donde vi un ser vivo, allí encontré voluntad de poder. Sólo allí donde hay vida hay voluntad. Pero no simple voluntad de vivir. Sino voluntad de dominio.
Voluntad de poder significa voluntad de dominio, fuerza, impulso vital, emoción, pasión, voluntad de poderío, la ley del más fuerte...
Es la exaltación de la fuerza y de la agresividad. El superhombre es el que debe fundar una sociedad de nobles y tiranos dominadores.
Dice Hans Küng: «Por todas partes se trasluce aquí claramente el padrinazgo de Darwin: la fuerza (el poder) de la vida y su evolución; la lucha por la existencia en la que sólo sobreviven los más fuertes; elección y selección de los más capacitados... ».
3.6. El eterno retorno
Dijo Nietzsche que era su pensamiento más profundo, pero es el menos elaborado.
Es un sí a la vida tan fuerte que no solamente afirma los valores de esta tierra, sino su deseo de que se repita eternamente. No se resigna a que se termine esta vida: «Toda alegría quiere
eternidad de las cosas, quiere profunda eternidad».
Parece ser que el eterno ciclo del morir y volver a existir se repite eternamente para todos:
«Nosotros ya hemos existido una infinidad de veces y todas las cosas con nosotros... » Parece ser
que su pensamiento es que esta vida hay que vivirla infinitas veces, con cada dolor y cada alegría... La materia debe producir periódicamente las mismas combinaciones. Así resulta que el eterno retorno es la repetición de los mismos acontecimientos en los mismos individuos (pensamiento desesperante para el que no ama la vida...
Ante la contradicción con la fuerza creadora que tiende a transformarse y a crear el superhombre, algunos autores tratan de interpretar el eterno retorno como el retorno de lo selectivo: lo que retorna no es lo mismo, sino lo más excelso, y desaparece lo decadente. ¿Es esto lo que dice Nietzsche?: «Yo volveré con este mismo sol, con esta tierra... pero no a una vida nueva o a una
vida mejor… yo volveré eternamente a esta misma vida, a esta vida bienaventurada, tanto en lo grande como en lo pequeño, para enseñar el eterno retorno de todas las cosas...»
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Al poner en tela de juicio la existencia de un mundo verdadero, dado a la razón, inmutable y objetivo –la existencia, por lo tanto, de un fundamento absoluto de la realidad y de la verdad–, la filosofía de Nietzsche reacciona contra los excesos de una tradición filosófica que:
- Había despreciado este mundo –y todo lo relacionado con el cuerpo y lo material– calificándolo de aparente, irracional, cambiante, intrascendente y subjetivo.
- Apelando a la supuesta racionalidad del mundo verdadero, llegó a creer demasiado en las posibilidades de la razón para alcanzar su pleno conocimiento y control, ignorando o simplemente despreciando –como ocurría en la fábula de la zorra y las uvas– aspectos de la realidad resistentes a la categorización racional por medio de los conceptos.
- Al destacar exageradamente la importancia de la razón como instrumento para comprender la realidad, se olvidó de facultades tan importantes como la imaginación, la capacidad estética, los instintos…
- Desde su noción “fuerte” de verdad hacía difícil el diálogo y la búsqueda común con posturas y cosmovisiones diferentes.
- Olvidó que la perspectiva desde la que la razón humana se asoma al mundo nunca es una perspectiva absoluta, sino parcial y condicionada, lo que dificulta una acceso total y definitivo a la pretendida verdad absoluta.
En este sentido Nietzsche se convierte en el siglo XX en uno de los filósofos de mayor influencia, tanto como referente positivo como negativo: desde el existencialismo y la hermenéutica hasta la neoescolástica, pasando por la Escuela de Francfort o el estructuralismo. No obstante, la falta de precisión en algunos postulados deja abierta en exceso la interpretación de su obra, hecho que ha permitido que acudan a ella las más alejadas doctrinas, con las más contradictorias de las intenciones y los presupuestos más alejados: desde el nazismo al anarquismo. Todo ello ha provocado que grandes especialistas como Giorgio Colli hayan declarado: “Cada uno hace con Nietzsche lo que puede”.
El presente tema se puede aplicar didácticamente según el RD. 1467/07 por el que se establecen las enseñanzas mínimas para Bachillerato ( D-CURRI.), en la materia de Historia de la
Filosofía en 2º curso. En particular puede aplicarse en el bloque de contenidos quinto, titulado
“La filosofía contemporánea”, en su unidad décimo primera, titulada “La crisis de la razón ilustrada: Nietzsche”.
También puede aplicarse, según el mismo Real Decreto ( D-CURRI.), en la materia de
Filosofía y Ciudadanía en primer curso. En particular puede aplicarse en el bloque cuarto de
contenidos, titulado “Filosofía moral y política”, en la unidad novena, titulada “Los fundamentos de la acción moral: libertad y responsabilidad”.
CONCLUSIÓN
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Por último, según el RD. 1631/06, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria ( C-CURRI.), este tema encuentra su posible concreción didáctica en la materia de Educación Ético-cívica, en el bloque de contenido segundo, titulado “Identidad y alteridad. Educación afectivo-emocional”, en su unidad primera: “Identidad personal, libertad y responsabilidad. Los interrogantes del ser humano. Respeto a las diferencias personales”. También puede concretarse en el bloque tercero, titulado “Teorías éticas. Los derechos humanos”, en su unidad cuarta, titulada “Las teorías éticas”.
* NIETZSCHE, F. Así habló Zaratustra, Madrid, Alianza, 2009.
[Con la traducción de Andrés Sánchez Pascual, esta edición es de las más fiables en español de cuantas circulan]
* NIETZSCHE, F. La genealogía de la moral, Madrid, Alianza, 2010.
[Obra clave para la crítica de Nietzsche a la cultura occidental]
* DELEUZE, G. Nietzsche y la filosofía, Barcelona, Anagrama, 2008.
[Lectura del filósofo alemán que se ha convertido en obra de referencia, a pesar de peculiar interpretación del eterno retorno]
* FINK, E. Nietzsche, Madrid, Alianza Universidad, 2005.
[Panorámica de la obra nietzscheana en clave fenomenológica. Introducción clásica y completa]
* AVILA CRESPO, R. Nietzsche y la redención del azar, Granada, Universidad de Granada, 1986.
[Excelente introducción completa a la obra de Nietzsche]
* RUIZ CALLEJÓN, Encarnación. Nietzsche y la filosofía práctica. La moral aristocrática
como búsqueda de la salud, Granada, Universidad de Granada, 2004.
[Discípula de Remedios Ávila, aborda la obra de Nietzsche en perspectiva ético-política]
* REALE, Giovanni, ANTISERI, Dario: Historia del pensamiento filosófico y científico III, Barcelona, Herder, 2005.
[Compendio de Historia de la Filosofía recomendable por la cantidad de datos que aporta. Ayuda notablemente a situar corrientes filosóficas, teorías y autores.]
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* GARCÍA-BORRÓN, Juan Carlos: Historia de la Filosofía. Barcelona: Ediciones del Serbal. 1998.
[Obra realizada desde una perspectiva inclusiva que da cuenta de la literatura, el arte y la religión a la hora de situar la historia de la filosofía. Intenta ubicar el pensamiento filosófico en el desarrollo social y en sus estructuras.]
- http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/nietzsche.html
Página que propone una selección de artículos y ensayos sobre la obra nietzscheana, con biografía, bibliografía e imágenes, extraídos de la Revista A Parte Rei, nº 8, junio, 2000, número especial dedicado al autor.
- http://www.nietzscheana.com.ar/
Sitio dedicado al pensamiento nietzscheano, con textos de sus obras en español, comentarios, biografía, bibliografía, fotos y enlaces.
- http://www.monografias.com/trabajos15/nietzsche-lenguaje/nietzsche-lenguaje.shtml
Interesante trabajo de investigación, dividido en dos partes, titulado “Nietzsche y el problema del lenguaje”, planteado en lenguaje directo. El autor es el mejicano Óscar Daniel Alarcón Justo.
- http://www.youtube.com/watch?v=9goHTF7rhVs
Primera parte, de las tres, dedicada a la explicación de la obra de Nietzsche en “La aventura del saber”, dirigida por el “nietzscheano” Fernando Savater.
- Apolíneo: Apolo era uno de los dioses más venerados por los griegos, le erigieron muchos templos y a su oráculo acudían cuando deseaban conocer el futuro o aspectos oscuros de su existencia. Los griegos lo consideraron como el dios de la juventud, la belleza, la poesía, y las artes en general. Pero, según Nietzsche, expresaba para ellos mucho más, un modo de estar ante el mundo: era el dios de la luz, la claridad y la armonía, frente al mundo de las fuerzas primarias e instintivas. Representaba también la individuación, el equilibrio, la medida y la forma, la racionalidad. Para la interpretación tradicional toda la cultura griega era apolínea, y el pueblo griego el primero en presentar una visión luminosa, bella y racional de la realidad.
WEBGRAFÍA
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Nietzsche es contrario a esta interpretación pues afirma que es correcta para el mundo griego a partir de Sócrates, pero no para el mundo griego anterior, considerado por nuestro filósofo como el momento más característico del espíritu griego. Frente a lo apolíneo los griegos opusieron lo dionisíaco, representado con la figura del dios Dionisos, dios del vino y las cosechas, de las fiestas báquicas presididas por el exceso, la embriaguez, la música y la pasión; pero, según Nietzsche, con este dios representaban también el mundo de la confusión, la deformidad, el caos, la noche, el mundo instintivo, la disolución de la individualidad y, en definitiva, la irracionalidad. La auténtica grandeza del mundo griego arcaico estribaba en no ocultar esta dimensión de la realidad, en armonizar ambos principios, en considerar incluso que lo dionisíaco era la auténtica verdad. Sólo con el inicio de la decadencia occidental, ya con Sócrates y Platón, los griegos intentan ocultar esta faceta inventándose un mundo de legalidad y racionalidad (un mundo puramente apolíneo, como el que fomenta el platonismo). Sócrates inaugura el desprecio al mundo de lo corporal y la fe en la razón, identificando lo dionisíaco con el no ser, con la irrealidad.
- Causa sui: Para entender lo que Nietzsche quiere decir con este término hemos de saber dos cosas: el contexto en que lo usa y el sentido de otro término con significado contrario a éste: devenir (gignesthai), o lo engendrado o devenido (gignómena). Para lo primero diremos que el autor utiliza este término en el contexto de lo que él llama filosofía dogmática que llega desde Sócrates hasta sus días. Los filósofos dogmáticos tienen un serio prejuicio hacia el devenir: consideran que todo lo que deviene, que ha sido engendrado o devenido es de menor importancia que lo que permanece siempre idéntico a sí mismo sin alteración ni movimiento. Para lo segundo, diremos que aquel ente que no deviene o no ha sido engendrado es causa sui. Son causa sui para los filósofos dogmáticos, tal y como nos dice Nietzsche, los valores supremos de primer rango como “lo incondicionado”, “lo existente”, “lo bueno”, “lo verdadero”, lo perfecto”.
- Conceptos: Nietzsche entiende el concepto como el resultado de un proceso de abstracción que, irremediablemente, prescinde de la riqueza cromática y las diferencias individuales de aquella realidad a la que se pretende designar y conocer con él. Los conceptos son el humo de
la realidad que se evapora, son momias conceptuales. Un concepto es bueno al principio,
porque expresa una de las perspectivas posibles sobre alguna realidad, pero, poco a poco, a medida que se intenta que sirva para describir siempre de la misma forma la misma realidad, se acaba petrificando y falseando ésta, que no es sino devenir. Por eso para conocer y expresar la realidad, sin intención de agotarla en su más profundo sentido, no hay nada mejor que las metáforas, que actúan como una pantalla que la amplía , sin pretender describirla de forma definitiva.
- Devenir: En la literatura filosófica a veces se usa el término “devenir” como sinónimo de “llegar a ser”; otras veces se considera como el equivalente de “ir siendo”; a veces se emplea para designar de un modo general el cambiar o el moverse. Destaca en todos estos usos, según refiere Ferrater Mora, “el proceso del ser” o “el ser como (resultado de un) proceso”. Algunas de las concepciones sobre el devenir:
- La solución eleática (Parménides, Zenón), que pretenden dar cuenta del devenir negándolo, - La solución pitagórica y platónica, que tiende a separar los entes que se mueven de las
realidades inmóviles para luego, sin lograrlo, deducir los primeros de las segundas, - La solución heracliteana (y sofística), que proclama que la realidad es devenir.
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Nietzsche entiende muy bien la historia de la filosofía y considera que el devenir como tal resultaba inaprehensible para la razón, por ello la filosofía dogmática se dedicó a buscar y afirmar la existencia de un ser que deviene. Éste ser, ya se trate de entidades matemáticas, Ideas o esencias, sería aquella entidad que subyace en todo cambio y que explica junto con el cambio, la multiplicidad de las cosas. El error dogmático de la filosofía griega ha sido la invención del estatismo del ser, es decir, "el espíritu puro", y el "bien en sí". La filosofía dogmática considera al Ser como algo estático e inmutable, ser que existe en su propio mundo, distinto del sensible cuya realidad es meramente aparente, pues se diluye en la fluencia del devenir. Para el metafísico la verdadera realidad no puede estar sujeta al devenir, ella permanece idéntica consigo misma, estática e inmutable, es decir, debe ser "causa sui".
- Dionisíaco: Concepción de la realidad típica del mundo griego anterior a la aparición de la filosofía. Representa el “espíritu de la tierra” o valores característicos de la vida. El dios griego Dionisos (Baco para los romanos) era el dios de la vida vegetal y del vino, fue muy importante para este pueblo, y a él rindieron culto las bacantes. Nietzsche hace una interpretación de este dios que va más allá de su significado ordinario, considerando que con esta figura mítica los griegos representaban una dimensión fundamental de la existencia, que expresaron en la tragedia y que quedó relegado en la cultura occidental: la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales, biológicos. Aunque Nietzsche explica este término en su obra juvenil “El nacimiento de la tragedia”, nunca lo abandonó, y lo podemos utilizar como metáfora de lo que más tarde llamó “voluntad de poder”.
- Dios: Cuando Nietzsche se refiere a Dios, se refiere al dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle, porque en realidad Dios no es una entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento, representa lo Absoluto. Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido. Todo aquello que sirve a los hombres para dar un sentido a la vida, pero que sin embargo se pone fuera de la vida, es semejante a Dios: la Naturaleza, el Progreso, la Revolución, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas son el análogo a Dios. Para Nietzsche la creencia en Dios es una consecuencia de la vida decadente, de la vida incapaz de aceptar el mundo en su dimensión trágica; la idea de Dios es un refugio para los que no pueden aceptar la vida. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que nos pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado es necesario para empezar un nuevo modo de vida. La muerte de Dios nos permite vivir sin lo absoluto, en la “inocencia del devenir”. De ahí que la muerte de Dios sea la condición para la aparición del superhombre.
- Egipticismo: odio a la noción de devenir, Nietzsche lo utiliza para referirse a la actitud de los filósofos dogmáticos que recurren a conceptos, (en lugar de recurrir a metáforas), para describir la realidad de una forma estática, unívoca y definitiva, convencidos de que todo lo que cambia o deviene es una realidad imperfecta o de segunda clase. El egipticismo ha llevado a la filosofía occidental a elaborar un conjunto de conceptos vacíos de realidad (momias conceptuales), con la absurda pretensión de que contienen lo más auténtico y verdadero de ésta.
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- Mundo aparente/mundo verdadero: Por “mundo aparente” entiende Nietzsche el mundo fenoménico percibido por los sentidos, el mundo de la vida, que es el único real. Ahora bien, algunos filósofos, como Platón, han considerado aue el devenir induce a error, ya que no es aprehensible por los conceptos metafísicos, fijos e inmutables, que proporcionan “reposo, seguridad y calma” frente al devenir. Para Nietzsche, este mundo aparente, intuido por los sentidos, es el único real. Sin embargo, la metafísica tradicional ha considerado otro mundo, el llamado “mundo verdadero”, y le ha otorgado ciertas características: inmutabilidad, perfección, unidad, identidad, finalidad, etc., propiedades vacías que no se corresponden con nada, ya que se han inventado por oposición a las características de este mundo mutable, plural y azaroso. El motivo por el que los filósofos han inventado ese “mundo verdadero” es el resentimiento hacia los valores de esta vida, resentimiento que les ha llevado a vengarse inventando ese otro mundo perfecto. Finalmente, Nietzsche asegura que la distinción entre estos dos mundos menosprecia el mundo real y constituye el síntoma de la decadencia de Occidente.
- Vida decadente o descendente: Rasgo de toda la cultura occidental consistente en la defensa de los valores contrarios a la vida y en la creencia en un mundo objetivo, verdadero, inmutable y racional como fundamento de dichos valores. Siguiendo las afirmaciones de Nietzsche, podemos distinguir varios períodos en la decadencia occidental:
- El mundo griego hasta el siglo de Pericles (s. v. a. c.): armonía entre lo dionisíaco y lo apolíneo.
- Eurípides, Sócrates y Platón: inicio de la decadencia: triunfo de lo apolíneo sobre lo dionisíaco; comienza el platonismo.
- Cristianismo: “platonismo para el pueblo”; triunfo de la moral de esclavos y del resentimiento hacia la vida.
- Edad moderna: comienza la crisis de lo metafísico y la “muerte de dios”.
- Actualidad: posibilidad de superación del platonismo y de la aparición del superhombre.
- Voluntad de poder: ímpetu o impulso que va siempre más allá, que no se detiene nunca. En sentido general es una fuerza universal impulsora hacia el constante acrecentamiento de la vida. Es una voluntad de autosuperación y de dominio que se manifiesta en todas las esferas de la realidad. No es una ley sino un caos de fuerzas en constante lucha pero que gobierna la realidad en el sentido de que la realidad misma es una pluralidad de manifestaciones de la voluntad de poder. Tiene dos sentidos, una cósmico: como fuerza universal que constituye el mundo, y otro antropológico: efecto en el ser humano, en el desarrollo de la vida moral y el conocimiento. En el hombre puede manifestarse como voluntad de vida (propia de la moral de señores) o voluntad de nada (propia de la moral de esclavos, como una voluntad de poder débil). En esta última ve Nietzsche el origen de la decadencia de la cultura occidental pues se ha fundado en la nada, en la negación de la vida.
- Nihilismo: del latín nihil, nada. Término empleado para descalificar cualquier doctrina que niegue o no reconozca realidades o valores que se consideran importantes. Para Nietzsche no es una doctrina filosófica, sino un movimiento histórico de la cultura occidental. Entiende tres momentos: un nihilismo pasivo (decadencia idealista), fase de la voluntad de poder débil que degenera en voluntad de la nada (tradición platónica-cristiana), un nihilismo activo (negador de los valores), momento posterior cuando el hombre toma conciencia de "la muerte de Dios" y se enfrenta al absurdo de la existencia ofrecido por la tradición y afirma la vida, aceptando el mundo sin finalidad de la voluntad de poder y entregándose a la tarea de destruir los viejos
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valores (sería su estado), y finalmente la superación del nihilismo como nihilismo creador de nuevos valores que afirmen la vida, la alegría, una nueva perspectiva para el vida del ser y del hombre, es el momento de aparición del superhombre, que Nietzsche identifica con un niño, los cuales siempre se mueven por una voluntad de poder fuerte al margen de las normas sociales de conducta.
- "Muerte de Dios": acontecimiento histórico de máxima magnitud, no se entiende como la muerte de la divinidad sino en que la creencia en el Dios cristiano ha caído en descrédito, revelándola una ficción humana (herencia del progreso científico del siglo XIX y sus filosofías). Más que el anuncio de que Dios ha muerto efectivamente se trata de simbolizar el final de la tradición platónico-cristiana y sus valores negativos para la vida.
- Eterno retorno: es la dimensión temporal del mundo como Voluntad de poder (en el sentido cósmico). El mundo es continuo devenir y lo que vemos son manifestaciones de la voluntad de poder, que son fuerzas que se combinan al azar entre sí. Pues bien, como el número de combinaciones siempre será alto pero limitado llega un momento en que las combinaciones se repiten, es decir, el mundo que conocemos ya ha tenido antes esta combinación y es más, se repetirá eternamente. Ese pensamiento explica el mundo sin necesidad de Dios, lo que somos y lo que conocemos ya ha sido eternamente y lo será eternamente. Esta idea le servía a Nietzsche como metáfora para el mensaje de su filosofía: vive cada momento de tu vida como si quisieras que se repitiera eternamente, no desperdicies ni un minuto.
- Superhombre: el nuevo hombre, fundamentalmente de tipo moral, es el hombre que consciente de la falsedad de los trasmundos acepta la voluntad de poder, su finitud, y se entrega a la creación de nuevos valores que afirman la vida. "Si a la vida" es su lema. El superhombre ha recuperado los instintos vitales negados por la religión cristiana y la tradición idealista (Platón, Descartes, Kant). Hace caso omiso a los prejuicios de la gente y no entiende las normas morales que rigen la sociedad si estas no están al servicio de la alegría de vivir.