EL MUNDO DE
HIELO Y FUEGO
LA HISTORIA NO CONTADA DE PONIENTE
Y JUEGO DE TRONOS
GEORGE R. R. MARTIN
El Mundo de Hielo y Fuego es una obra de ficción. Los nombres, personajes, lugares y hechos ocurridos son producto de la imaginación del autor o son usados de forma ficticia. Cualquier semejanza con personas, vivas o fallecidas, eventos, o
lugares reales es entera coincidencia.
Copyright © 2014 by George R. R. Martin All rights reserved.
Published in the United States by Bantam Books, an imprint of Random House, a division of Random House LLC, a Penguin Random House Company, New York.
BANTAM BOOKS and the HOUSE colophon are registered trademarks of Random House LLC.
LIBRARY OF CONGRESS CATALOGING-IN-PUBLICATION DATA Martin, George R. R.
The World of Ice & Fire : the Untold History of Westeros and the Game of Thrones / George R.R. Martin, Elio Garcia, and Linda Antonsson.
pages cm — (A song of ice and fire) Includes index.
ISBN 978-0-553-80544-4 eBook ISBN 978-0-345-53555-9
1. Martin, George R. R. Song of ice and fire. 2. Game of thrones (Television program)
I. Garcia, Elio. II. Antonsson, Linda. III. Title. PS3563.A7239S5936 2014
813’.6—dc23 2014013093
www.bantamdell.com
EQUIPO DE TRADUCTORES
Simon Romera Klement Paolo Villanueva
Kevin Leon María Camila Meléndez
Ricardo Berrios
"Caras Teorias Locas Manchada" Lu Hermida
Maria Gay Niko Ignacio Ferreyra Luis Alfonso Figueroa Bockelmann
Alejandra Martinez Cruz Denisse Brust
Klau Correa
Guillermo E Lengua Camelo
(Falta agregar a traductores de las partes 2 y 3)
Y agradecemos la inestimable ayuda de las traducciones del portal:
juegodetronos.1foro.com, sin cuyas traducciones esto no hubiera sido posible, o tal vez dentro de un milenio ya que fueron los banderizos a quienes llamamos en tiempos de
urgencia. GRACIAS.
La presente es una traducción libre y desinteresada del texto
original, sin ánimos de lucro por parte de los traductores, movidos
por el mero ánimo de hacer accesible la cultura a personas
hispanoparlantes. Todos los derechos pertenecen al autor del libro y
los traductores o quien publica esta traducción no tienen
responsabilidad alguna sobre el destino que se le dé a la traducción.
Recomendamos comprar el original para ayudar a editorial, escritor
PREFACIO
SE DICE con certeza que cada edificio se construye piedra tras piedra, y lo mismo puede decirse del conocimiento, extraído y compilado por muchos hombres instruidos, cada uno de los cuales construye sobre el trabajo de aquellos que les precedieron. Lo que uno de ellos no sabe es sabido por otro, y poco permanece como verdaderamente desconocido si uno busca lo suficiente. Ahora yo, el Maestre Yandel, tomó mi turno como constructor, aportando lo que sé para colocar una piedra más en el gran bastión del conocimiento que ha sido construido a lo largo de los siglos tanto dentro como fuera de los confines de la Ciudadela—un bastión construido por incontables manos que aun llegando antes, y el cual sin duda, continuará creciendo con la ayuda de incontables manos aún por venir.
Yo fui un niño huérfano desde mi nacimiento, en el décimo año del reinado del último rey Targaryen, abandonado en una mañana cerca de un tenderete vacío en el Hogar de los Escribas, donde los acólitos practicaban el arte de las letras para aquellos que lo necesiten. El curso de mi vida fue determinado ese día, cuando fui encontrado por un acólito que me llevó ante el Senescal de ese año, el Archimaestre Edgerran. Edgerran, cuyo anillo, barra y máscara eran de plata, completó mi rostro berreante y anunció que yo podría serles de gran utilidad. La primera vez que me dijeron esto de pequeño, lo interpreté como que él había previsto mi destino como maestre; pero tiempo después supe del Archimaestre Ebrose que Edgerran estaba escribiendo un tratado sobre como envolver a los niños y quería confirmar ciertas teorías.
Pero por poco prometedor que aquello suene, el resultado fue que me dejaron al cuidado de los sirvientes y recibí la atención ocasional de los maestres. Yo mismo fui criado como un sirviente entre los salones, cámaras y bibliotecas, pero recibí el don de las letras del Archimaestre Walgrave. Así llegue a conocer y amar la Ciudadela y a los caballeros de la mente que protegían su preciosa sabiduría. Deseaba más que nada llegar a ser uno de ellos—leer sobre lugares lejanos y hombres hace mucho muertos, contemplar las estrellas y medir el paso de las estaciones.
Y eso hice. Forjé el primer eslabón de mi cadena a los trece, y otros eslabones después de ese. Completé mi cadena e hice el juramento en el noveno año del reinado del Rey Robert, el Primero de su Nombre, y sentí bendecido de seguir en la Ciudadela, para servir a los Archimaestres y ayudarles en todo lo que hicieran. Era un gran honor, pero mi gran deseo era crear una obra propia, un trabajo que tanto hombres humildes como letrados pudieran leer—y leerlo para sus esposas e hijos—de modo que aprendieran sobre cosas tanto buenas como malas, justas e injustas, grandes y pequeñas, y de aquel modo saber más acera del conocimiento que se recoge en la Ciudadela. Así que me puse a trabajar nuevamente en mi forja, para crear contenido valioso acerca de las obras maestras de aquellos maestres fallecidos hace tiempo que me precedieron. Lo que sigue a continuación nació de aquel deseo: una historia de los hechos galantes y malvados, de personajes familiares y extraños, y de las tierras cercanas y las lejanas.
LA EDAD DEL AMANECER
NO HAY NADIE que pueda decir con certeza cuándo empezó el mundo, aunque esto no ha detenido a muchos maestres y eruditos de buscar la respuesta. Tiene cuarenta mil años de antigüedad, según algunos, o tal vez un número tan grande como quinientos mil—o ¿quizás más? No está escrito en ningún libro conocido, ya que en la primera edad de este mundo, la Edad del Amanecer, los hombres no conocían las letras.
De todas formas, podemos estar seguros de que el mundo era mucho más primitivo, un mundo bárbaro poblado de tribus que vivían directamente de la tierra sin saber cómo trabajar el metal o como adestrar a las bestias. Lo poco que sabemos de aquellos días está contenido en los textos más antiguos: las historias escritas por los Ándalos, los Valyrios y por los Ghiscarios, e incluso por aquellas distantes gentes de la legendaria Asshai. Aun así, por más viejos que fueran estos pueblos letrados, no eran más que niños durante la Edad del Amanecer. Así que las verdades que puedan contener sus historias son difíciles de encontrar, como intentar separar los granos de la paja.
¿Qué podemos decir con certeza sobre la Edad del Amanecer? Las tierras del este estaban inundadas de gente, incivilizadas, ya que todo el mundo lo era, aunque numerosas. Pero en Poniente, desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano, existían solo dos pueblos: los niños del bosque y la raza de criaturas conocidas como gigantes.
Poco, y quizás menos, puede ser dicho de los gigantes de la Edad del Amanecer, ya que nadie recopiló sus relatos, sus leyendas, o sus historias. Los Hombres de la Guardia dicen que los salvajes tienen relatos de gigantes viviendo de forma intranquila entre los niños, yendo por donde querían y tomando lo que deseaban. Todos los reportes indican que eran inmensas y poderosas criaturas, pero ingenuas. Reportes de confianza de los exploradores de la Guardia de la Noche, quienes fueron los últimos en ver a los gigantes mientras vivían, afirman que estaban cubiertos por un tupido pelaje, en vez de ser simplemente hombres de gran tamaño, como dicen los cuentos de niños.
Existe evidencia considerable de entierros entre los gigantes, como registra "Pasajes de
los Muertos" del Maestre Kennet, un estudio de los túmulos y los sepulcros del Norte
en su tiempo al servicio de Invernalia, durante el largo reinado de Cregan Stark. De los huesos hallados en el Norte y enviados a la Ciudadela, algunos maestres calculan que el más grande de los gigantes pudo alcanzar los cuatro metros, mientras que otros dicen que tres metros y medio es más cercano a la verdad. Los relatos de los exploradores, hace mucho fallecidos, concuerdan en que los gigantes no construían casa ni confeccionaban vestimentas, y no conocían mejores herramientas o armas además de ramas arrancadas de los árboles.
Los archivos de la Ciudadela contienen una carta del Maestre Aemon, enviada en los primeros años del reinado de Aegon V, informando sobre el relato de un explorador llamado Redwyn,
escrito en los días del Rey Dorren Stark. Es el recuento de un viaje a Punta Lorn y la Costa Helada, en el cual se dice que el explorador y sus compañeros pelearon contra los gigantes y
comerciaron con los niños del bosque. La carta de Aemon afirmaba que había encontrado muchos de estos relatos en sus búsquedas en los archivos de la Guardia en el Castillo Negro, y
Los gigantes no tenían rey ni señores, no construían hogares excepto en cavernas o bajo árboles altos, y no trabajaban ni el metal ni los campos. Permanecieron como criaturas de la Edad del Amanecer incluso después de que las eras transcurrieran, los hombres se volvieron cada vez más numerosos, y los bosques fueron dominados y reducidos. Ahora los gigantes se han ido incluso de las tierras de Mas-allá-del-Muro, y los últimos informes de su avistamiento tienen más de cien años de antigüedad. E incluso esos son dudosos, historias de los exploradores de la Guardia podrían contar junto a una cálida hoguera.
Los niños del bosque eran, en muchos aspectos, lo opuesto a los gigantes. Pequeños como niños pero de piel oscura y hermosa apariencia, vivían de una forma que hoy en día podríamos considerar ordinaria, sin embargo eran menos barbáricos que los gigantes. No trabajaban el metal, pero tenían gran habilidad trabajando la obsidiana (lo que el pueblo llano conoce como vidriagón, mientras que los Valyrios lo conocían por una palabra que significaba "fuego helado") para fabricar herramientas y armas para cazar. No tejían ropas pero tenían talento en la confección de prendas hechas de hojas y corteza de árbol. Aprendieron a hacer arcos de arciano y a construir trampas de hierba, que ambos sexos utilizaban para cazar.
Se dice que su música era tan hermosa como ellos, pero lo que cantaban ya no se recuerda, salvo en pequeños fragmentos transmitidos desde días antiguos. "Reyes del
Invierno, o las Leyendas y Linajes de los Stark de Invernalia" del Maestre Childer,
contiene un fragmento de una balada que supuestamente habla del tiempo en el que Brandon el Constructor buscó la ayuda de los niños mientras construía el Muro. Fue llevado a un lugar secreto para reunirse con ellos, pero al principio no fue capaz de entender su lenguaje, que fue descrito como el sonido de las piedras en un arroyo, o del viento soplando a través de las hojas, o de la lluvia al caer sobre el agua. La forma en que Brandon llegó a comprender el lenguaje de los niños es un relato en sí mismo, y no vale la pena repetirlo aquí. Pero parece ser que su lenguaje se originó, o tomó inspiración de los sonidos que escuchaban a diario.
Los dioses que adoraban los niños eran los dioses sin nombre que algún día se convertirían en los dioses de los Primeros Hombres, los innumerables dioses de los ríos, los bosques y las piedras. Fueron los niños quienes tallaron los rostros en los arcianos, tal vez para que sus dioses pudieran observar a sus fieles y sus oraciones. Otros, con poca evidencia, dicen que los verdevidentes—los sabios entre los niños—eran capaces de ver a través de los ojos de los arcianos tallados. La supuesta prueba de ello sería el hecho de que los Primeros Hombres creían en esto. Fue su miedo a que los arcianos los espiaran lo que los llevó a cortar muchos de los árboles tallados y las arboledas de arcianos, para negarles a los niños tal ventaja.
Sin embargo, los Primeros Hombres eran menos instruidos de lo que somos ahora, y creían en cosas que sus descendientes actuales no; consideremos "Casado con el Mar,
un Relato de la Historia de Puerto Blanco desde sus Primeros Días” del Maestre
Yorrick, el cual relata la práctica del sacrificio de sangre para los antiguos dioses. Dichos sacrificios persistieron hasta hace tan poco como cinco siglos atrás, de acuerdo a los relatos de los predecesores del Maestre Yorrick en Puerto Blanco.
Esto no quiere decir que los verdevidentes no conocían artes perdidas que pertenecían a los misterios mayores, como ver eventos a gran distancia, o comunicarse a través de medio reino (como hacían los valyrios, los cuales llegarían mucho tiempo después que ellos). Pero tal vez algunas de estas proezas que los verdevidentes poseían, tenían más que ver con charlatanería que con la verdad. Ellos no podían transformarse en bestias, como decían algunos, pero parece ser cierto que eran capaces de comunicarse con los animales de una manera que no podemos conseguir hoy en día. Así es como surgieron las leyendas de cambiapieles y hombres bestia.
Un gigante
A decir verdad, son muchas las leyendas sobre cambiapieles, pero la más común— traída desde más-allá-del-Muro por hombres de la Guardia de la Noche, y registradas en el Muro por septones y maestres de siglos anteriores—sostienen que los cambiapieles no solo se comunicaban con las bestias, sino que podían controlarlas al
unir sus espíritus. Aun entre los salvajes, estos cambiapieles eran temidos como hombres antinaturales que podían convocar a los animales para ser sus aliados.
Algunos relatos hablan de cambiapieles que se pierden dentro de sus bestias, y otros dicen que los animales podían hablar con voz humana cuando un cambiapieles los controlaba.
Pero todos los relatos acuerdan en que los cambiapieles más comunes eran aquellos que controlaban lobos—incluso huargos—y estos tenían un nombre especial entre los salvajes: wargs.
Además, las leyendas sostienen que los verdevidentes podían ahondar en el pasado y ver lejos en el futuro. Pero como nuestro aprendizaje nos ha enseñado, los misterios mayores que afirman este poder también afirman que las visiones de los eventos por venir son confusas y a menudo malinterpretadas, algo útil que decir cuando se intenta engañar a los desprevenidos con adivinaciones del futuro. A pesar de que los niños tienen sus propias artes, siempre debemos procurar separar la verdad de la superstición, y el conocimiento debe ser probado y confirmado. Los misterios mayores y las artes mágicas, fueron y están más allá de los límites de nuestra capacidad mortal para entenderlos.
Aunque actualmente es considerado desacreditado, un fragmento de "Historia antinatural" del Septon Barth se ha convertido en fuente de controversias en la Ciudadela. Reclamando
haber consultado en los textos que se dice son conservados en el Castillo Negro, el Septon Barth asegura que los niños del bosque podían hablar con los cuervos y hacer que repitieran sus palabras. Según Barth, este misterio mayor les fue enseñado a los Primeros Hombres por
los niños para que pudieran transmitir mensajes a gran distancia. Esto fue transmitido, de forma degradada, hasta los maestres de hoy en día, quienes ya no saben cómo hablar con
estas aves.
Es cierto que nuestra orden entiende el lenguaje de los cuervos… pero esto supone los propósitos básicos de sus graznidos y ronquidos, sus signos de miedo e ira, y las formas en las
que ellos muestran su disposición para aparearse o su falta de salud.
Los cuervos están entre los pájaros más inteligentes, pero no son más listos que los niños pequeños, y son considerablemente menos capaces de poseer un verdadero lenguaje, fuera lo que fuera que el Septon Barth pueda haber creído. Unos pocos maestres, dedicados al eslabón
de acero valyrio, han dicho que Barth estaba en lo cierto, pero ninguno ha sido capaz de probar sus afirmaciones respecto a la comunicación entre cuervos y hombres.
Sin importar la veracidad de sus artes, los niños fueron guiados por los verdevidentes, y no cabe duda de que en algún momento se los pudo encontrar desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano. Erigieron sus casas con sencillez, sin construir fuertes, ni castillos, ni ciudades. En lugar de esto, vivían en los bosques, en chozas sobre los pantanos y ciénagas, y hasta en cavernas y colinas huecas. Se dice que, en los bosques, construyeron refugios de hojas y juncos sobre las ramas de los árboles, "ciudades" secretas entre los árboles.
Durante mucho se ha creído que hacían esto para protegerse de predadores como los huargos o los gatosombras, contra los que sus simples armas de piedra—y hasta sus alardeados verdevidentes—no podían hacer nada. Pero otras fuentes niegan esto, afirmando que sus mayores enemigos eran los gigantes, tal como insinúan los relatos contados en el Norte, y como probablemente fue probado por el Maestre Kenneth en su estudio de los túmulos cerca del Lago Largo—la tumba de un gigante con puntas de flecha de obsidiana encontrados entre las sus costillas. Trae a la mente una transcripción de una canción salvaje en la "Historia de los Reyes de
Mas-Allá-del-Muro" del Maestre Herryk, con respecto a los hermanos Gendel y Gorne. Ellos fueron
llamados a mediar en una disputa entre un clan de niños y una familia de gigantes sobre la posesión de una caverna. Se dice que Gendel y Gorne resolvieron el asunto a través de engaños, haciendo que ambas partes renunciaran a cualquier deseo sobre la caverna, después de que los hermanos descubrieran que esta era parte de una cadena de cavernas mucho más grande que en algún punto pasaba por debajo el Muro. Pero teniendo en cuenta que los salvajes no eran letrados, sus tradiciones deben ser vistas con cierta dosis de escepticismo.
Sin embargo, las bestias de los bosques y los gigantes eventualmente se unieron a causa de otro, aun mayor peligro.
Surge la posibilidad de que una tercera raza haya habitado los Siete Reinos en la Edad del Amanecer, pero es tan especulativa que sólo necesita ser tratada con brevedad. Entre los hombres del hierro, se dice que los primeros de los Primeros Hombres que llegaron a
las Islas del Hierro encontraron la famosa Silla de Piedramar en Viejo Wyk, pero las islas estaban deshabitadas. De ser cierto esto, la naturaleza y origen de los creadores de la silla son
un misterio. El Maestre Kirth, en su colección de leyendas sobre los hombres del hierro "Canciones que cantan los Hombres Ahogados", sugiere que la silla fue dejada por visitantes
venidos desde el otro lado del Mar del Ocaso, pero no hay evidencias de esto, tan sólo son especulaciones.
LA LLEGADA DE LOS PRIMEROS HOMBRES
DE ACUERDO A los informes más prestigiosos de la Ciudadela, hace entre ocho mil a doce mil años, en los confines meridionales de Poniente, un nuevo pueblo cruzó la franja de tierra que unía el Mar Angosto y conectaba las tierras orientales con las tierras donde los niños y los gigantes vivían. Fue aquí cuando los Primeros Hombres llegaron a en Dorne a través del Brazo Roto, que en ese entonces aún no estaba roto. El por qué estas personas dejaron su tierra natal es totalmente desconocido, pero cuando llegaron lo hicieron en cantidad. Miles entraron y comenzaron a establecerse en las tierras, y con el paso de las décadas, se fueron estableciendo cada vez más hacia el norte. Los cuentos que tenemos de aquellos días de migración no son confiables, porque sugieren que, en unos pocos años, los primeros hombres lograron moverse más allá del Cuello e incluso en el Norte. Sin embargo, en realidad, habría tomado décadas, sino siglos, para que esto ocurriese.No obstante, lo que sí parece ser cierto de todos los cuentos es que los Primeros Hombres pronto entraron en conflicto con los niños del bosque. A diferencia de los niños, los Primeros Hombres cultivaban la tierra y levantaron fuertes circulares y
aldeas. Y al hacerlo, talaron los arcianos, incluyendo aquellos con rostros tallados, y fue por esto que los niños les atacaron, lo que llevó a cientos de años de guerra.
Los Primeros Hombres—que habían traído consigo otros dioses, caballos, ganado y armas de bronce—eran también más grandes y fuertes que los niños, por lo que representaban una amenaza significativa.
Los cazadores entre los niños—sus danzarines del bosque—se convirtieron también en sus guerreros, pero todas sus artes secretas sobre los árboles y las hojas, no pudieron hacer nada más que retrasar el avance de los Primeros Hombres. Los verdevidentes emplearon sus artes, y lo cuentos dicen que podían llamar a las bestias de los pantanos, los bosques y los cielos para que lucharan por ellos: lobos huargo y monstruosos osos de las nieves, leones de las cavernas y águilas, mamuts y serpientes, y muchos más. Pero los Primeros Hombres resultaron demasiado poderosos, y se dice que los niños se vieron forzados a tomar acciones desesperadas.
Un arciano tallado
Las leyendas dicen que las grandes inundaciones que rompieron el puente de tierra que ahora es el Brazo Roto y convirtieron al cuello en un pantano fueron la obra de los verdevidentes, quienes se reunieron en Foso Cailin para llevar a cabo su magia oscura. Sin embargo, algunos discuten esto: los Primeros Hombres ya estaban en Poniente cuando esto ocurrió, y detener las invasiones provenientes del este no hizo más que ralentizar su avance. Además, tales poderes estaban más allá de lo que se decía que los verdevivientes tradicionalmente han sido capaces de hacer… y hasta esos cuentos parecen exagerados.
Es más probable que las inundaciones del Cuello y la ruptura del Brazo fueran eventos naturales, posiblemente causados por un hundimiento natural de la tierra. Es bien sabido lo que ocurrió en Valyria, y en las Islas del Hierro, el castillo de Pyke se asienta sobre pilares de piedra que fueron en alguna ocasión parte de una isla más grande, antes de segmentos de la misma se derrumbaran en el mar.
En cualquier caso, los niños del bosque pelearon tan ferozmente como los Primeros Hombres para defender sus vidas.
Inevitablemente, la guerra se extendió por generaciones, hasta que al final los niños entendieron que no podrían ganar. Los Primeros Hombres, quizás cansados de la
guerra, también querían ponerle fin al conflicto. Los más sabios de ambas razas se hicieron oír, y los jefes, héroes y gobernantes de ambos bandos se reunieron en la isla del Ojo de Dioses para llevar a cabo un Pacto.
Renunciando a todas las tierras de Poniente salvo por los espesos bosques, los niños obtuvieron de los primeros hombres la promesa de que ellos ya no volverían a talar sus arcianos. Se tallaron rostros en todos los arcianos de la isla en la cual el Pacto fue forjado de forma que los dioses pudieran atestiguarlo, y se formó la orden de los hombres verdes para atender a los arcianos y proteger la isla.
Con el pacto, la Edad del Amanecer del mundo llegó a su fin y la Edad de los Héroes le sucedió.
No está claro si los hombres verdes aún sobreviven en su isla, aunque hay relatos ocasionales de algún joven temerario señor de los ríos que toma un bote hacia la isla para observarlos antes de los vientos los desvíen o una bandada de cuervos lo termine alejando. Los cuentos de niños afirman que ellos poseen cuernos y tienen la piel de un color verde muy oscuro, pero esto es una corrupción de la probable verdad, ya que los hombres verdes llevaban prendas de color
verde y tocados astados.
LA EDAD DE LOS HÉROES
LA EDAD DE LOS HÉROES duró miles de años, en los cuales reinos florecieron y se marchitaron, casas nobles fueron fundadas y se extinguieron, y grandes hazañas fueron llevadas a cabo. Sin embargo, lo que realmente sabemos de esos antiguos tiempos es poco más de lo que sabemos de la Edad del Amanecer. Las historias que tenemos ahora son producto del trabajo de septones y maestres quienes las escribieron miles de años después de sucedieran los hechos—no obstante, a diferencia de los niños del bosque y los gigantes, los Primeros Hombres de la Edad de los Héroes dejaron atrás algunas ruinas y antiguos castillos que pueden corroborar parte de estas leyendas, y existen algunos monumentos en los túmulos y en otras partes marcados con sus runas. Es a través de estos restos que podemos empezar a desentrañar la verdad oculta en los cuentos.
Lo que es comúnmente aceptado de la Edad de los Héroes es que comenzó con el Pacto y se extendió por de miles de años en los cuales los Primeros Hombres y los niños vivieron de forma pacífica entre ellos. Con tanta tierra a su disposición, los Primeros Hombres por fin tuvieron espacio para expandirse. Desde las Tierras del Eterno Invierno hasta las costas del Mar del Verano, los Primeros Hombres gobernaron desde sus fuertes circulares. Los reyes menores y los señores poderosos proliferaron, pero con el tiempo algunos demostraron ser más fuertes que el resto, plantando las semillas de los reinos que son los ancestros de los Siete Reinos que conocemos hoy en día. Los nombres de los reyes de esos reinos primitivos están envueltos en leyenda, y los cuentos que afirman que sus reinados individuales duraron cientos de años deben ser entendidos como errores y fantasías introducidos por otros en los días posteriores. Nombres tales como Brandon el Constructor, Garth Manoverde, Lann el Astuto y Durran Pesardedioses son figuras destacadas de esta era, pero es probable que sus leyendas contengan menos verdad que fantasía. En otro lugar, me esforzaré por discernir los granos de verdad entre la paja, pero por ahora es suficiente con reconocer estos cuentos.
Y además de los legendarios reyes y los cientos de reinos de los cuales nacieron los Siete Reinos, historias tales como las de Symeon Ojos de Estrella, Serwyn del Escudo Espejo, y otros héroes se convirtieron en pasto tanto para septones como para bardos. ¿Tales héroes alguna vez existieron? Podría ser. Pero cuando los bardos cuentan a Serwyn del Escudo Espejo como un miembro de la Guardia Real—una institución que fue formada durante el reinado de Aegon el Conquistador—podemos ver porque es que pocos de estos cuentos pueden ser considerados verdaderos. Los primeros septones que escribieron sobre ellos tomaron los detalles que les convenían y añadieron otros, y los
bardos los cambiaron—algunas veces más allá de todo parecido—con tal de obtener un lugar en el cálido salón de algún señor. De tal manera que algunos de los Primeros Hombres hace mucho tiempo fallecidos se convirtieron en caballeros que seguían la Fe de los Siete y protegían a los reyes Targaryen miles de años después de que haber existido (si es que en verdad lo hicieron).
Son incontables las legiones de niños y jóvenes que son engañados con estos cuentos tontos sobre la historia pasada de Poniente.
Es mejor recordar que cuando hablamos de esos legendarios fundadores del reino, hablamos simplemente de algunos dominios primitivos—generalmente centrados en un gran asentamiento, como Roca Casterly o Invernalia—que con el tiempo incorporaron más tierras y poder a sus dominios. Si Garth Manoverde alguna vez gobernó sobre lo que él afirmaba era el Reino del Dominio, es probable que su mandato no se extendiera más allá de quince días de
marcha desde los salones de su castillo. Pero es desde estos pequeños dominios de donde surgieron los más poderosos reinos que llegaron a dominar Poniente en los milenios
siguientes.
Un fuerte circular en ruinas de los Primeros Hombres.
LA LARGA NOCHE
A MEDIDA QUE LOS PRIMEROS HOMBRES establecían sus reinos tras el Pacto, poco les preocupaba a excepción de sus propias peleas y guerras, o al menos eso nos dicen las historias. Es también de estas historias de donde aprendemos sobre la Larga Noche, cuando llegó una estación de invierno que duró una generación—una generación en la cual los niños nacían, crecían y llegaban a la adultez, y en muchos casos morían sin llegar a ver la primavera. De hecho, algunos de los cuentos más antiguos dicen que nunca llegaron a ver la luz del día, así de terrible fue el invierno que cayó sobre el mundo. Mientras que esto último podría no ser más que fantasía, el hecho de que algún tipo de cataclismo tuviera lugar hace muchos miles de años parece ser cierto. Lomas Pasolargo, en sus “Maravillas creadas por el Hombre”, relata haberse reunido con
descendientes de los Rhoynar en las ruinas de la ciudad festiva de Chroyane, quienes tenían cuentos de una oscuridad que hizo que el Rhoyne menguara y despareciera, sus hacia se congelaron incluso tan al sur como en la unión con el Selhoru. De acuerdo a esos cuentos, el sol tan sólo regreso cuando un héroe convenció a los múltiples hijos de la Madre Rhoyne—dioses menores como el Rey Cangrejo y el Viejo Hombre del Rio—de dejar a un lado sus disputas y unirse para cantar una canción secreta que trajo de vuelta al día.
También está escrito que existen anales en Asshai sobre tal oscuridad, y sobre un héroe que la combatió usando una espada roja. Se dice que sus hazañas se realizaron antes del surgimiento de Valyria, en la edad temprana cuando el Viejo Ghis recién empezaba a formase como un imperio. Esta leyenda se ha extendido al oeste de Asshai, los seguidores de R’hllor afirman que este héroe fue llamado Azor Ahai, y profetizan su regreso. En el “Compendio Jade”, Colloquo Votar relata una curiosa leyenda de Yi Ti, la cual establece que el sol ocultó su rostro del mundo por una eternidad, avergonzado por algo que nadie pudo descubrir, y que ese desastre fue evitado tan sólo por las hazañas de una mujer con cola de mono.
A pesar de que durante mucho tiempo la Ciudadela ha buscado aprender la manera de predecir la duración y el cambio de las estaciones, todos sus esfuerzos han resultado en vano.
El septon Barth parece argumentar, en un tratado fragmentario, que la inconstancia de las estaciones era una materia de las artes mágicas más que del conocimiento confiable. “Medición de los Días” del maestre Nicol—de otra manera, un trabajo loable que contiene cosas de mucha utilidad—parece influenciado por este argumento. Basado en su estudio sobre
el movimiento de las estrellas en el firmamento, Nicol sostiene de forma muy convincente que las estaciones podrían haber tenido, en el pasado, una duración regular, determinada únicamente por la forma en la cual el mundo se coloca respecto al sol en su curso celestial. La
idea detrás de este argumento parece ser cierta—que el alargamiento y acortamiento de los días, si hubiese sido más regular, hubiera llevado a estaciones más regulares—pero fue incapaz de encontrar evidencia de que aquel hubiera sido el caso, salvo lo que decían los
antiguos cuentos.
No obstante, si este cruel invierno tuvo lugar como lo describen los cuentos, la miseria que debió haber provocado de seguro fue un espectáculo atroz. Durante los inviernos más duros, entre los norteños, es costumbre que los más viejos y los enfermos digan que van a salir de cacería—sabiendo muy bien que nunca regresaran pero dejando así un poco más de comida para aquellos con más probabilidades de sobrevivir. Sin duda esta práctica era común durante la Larga Noche.
Sin embargo, existen otros cuentos—más difíciles de dar crédito pero aún más importantes en las viejas historias—sobre criaturas conocidas como los Otros. De acuerdo con esos cuentos, ellos venían de las congeladas Tierras del Eterno Invierno, trayendo consigo el frío y la oscuridad buscando extinguir toda luz y calidez. Los cuentos dicen que montaban monstruosas arañas de hielo y los caballos de los muertos, resucitados para servirles, así como que también resucitaban a los hombres muertos para que peleen por ellos.
Los Otros montados en arañas de hielo y caballos muertos, como afirman las leyendas.
El cómo llegó a su fin la Larga Noche es materia de leyendas, así como todas las cuestiones del pasado parecen serlo. En el Norte, hablan de un último héroe quien buscó la intercesión de los niños del bosque, sus compañeros lo abandonaron o murieron uno tras otro mientras se enfrentaban a gigantes hambrientos, sirvientes del frío, y a los mismos Otros. Sólo, al final, llegó donde los niños, a pesar de los esfuerzos de los caminantes blancos, y todos los cuentos coinciden en que este fue un momento decisivo.
Gracias a los niños, los primeros hombres de la Guardia de la Noche, se unieron y fueron capaces de pelear—y ganar—la Batalla por el Amanecer: la última batalla que acabó con el invierno sin fin y envió a los Otros de regreso al norte congelado. Ahora, seis mil años después (u ocho mil como propone “Historia Verdadera”), el Muro, construido para defender los reinos de los hombres aún esta al mando de las hermanos juramentados de la Guardia de la Noche, y ni los Otros ni los niños han sido vistos en muchos siglos.
“Las Mentiras de los Antiguos” del Archimaestre Fomas—aunque poco apreciada en estos días por sus afirmaciones erróneas sobre la fundación de Valyria y ciertos reclamos limítrofes en el Dominio y las tierras de Occidente—especula que los Otros de las leyendas no fueron más que
una tribu de los Primeros Hombres, ancestros de los salvajes, que se habían establecido en el lejano norte.
A causa de la Larga Noche, esos primitivos salvajes se vieron obligados a comenzar una ola de conquistas hacia el sur. El que se conviertan en monstruos en los relatos contados posteriormente, según Fomas, refleja el deseo de la Guardia de la Noche y los Stark de darse
una identidad más heroica como salvadores de la humanidad, y no simplemente como los vencedores de una lucha sobre el dominio de sus tierras.
Los Señores dragón de Valyria.
EL ASCENSO DE VALYRIA
MIENTRAS PONIENTE SE RECUPERABA de la Larga Noche, un nuevo poder nacía en Essos. El vasto continente, extendiéndose desde el Mar Angosto hasta el legendario Mar de Jade y el lejano Ulthos, parece ser el lugar donde la se desarrolló la civilización como la conocemos. La primera de estas (sin considerar las dudosas afirmaciones de Qarth, las leyendas de Yi Ti del Gran Imperio del Amanecer, y las dificultades al buscar cualquier rastro de verdad en los cuentos de la legendaria Asshai) tenía sus raíces en el Viejo Ghis: una ciudad construida sobre la esclavitud. El legendario fundador de la
ciudad, Grazdan el Grande, sigue siendo tan reverenciado que los hombres de las familias esclavistas con frecuencia son nombrados como él. Grazdan fue quien, según las más viejas historias de los Ghiscaris, fundó las legiones de marcha sincronizada, con sus altos escudos y sus tres lanzas, las cuales fueron las primeras en pelear como cuerpos disciplinados. El Viejo Ghis y su ejército procedieron a colonizar sus alrededores, luego, ejerciendo presión, subyugaron a sus vecinos. Así fue que el primer imperio nació, y por varios siglos reinó con supremacía.
Fue en la gran península al otro lado de la Bahía de los Esclavos donde se originaron aquellos que pusieron fin al imperio del Viejo Ghis—aunque no del todo. Allí, resguardados entre las montañas volcánicas conocidas como los Catorce Fuegos, fueron los Valyrios, quienes aprendieron a domar a los dragones y a convertirlos en las armas de guerra más temibles que el mundo jamás ha visto. Los relatos que los Valyrios contaban de sí mismos decían que ellos descendían de los dragones y eran parientes de los que controlaban.
En fragmentos de “Historia Antinatural” de Barth, el septon parece haber considerado varias leyendas examinando el origens de los dragones y como estos llegaron a ser controlados por los Valyrios. Los Valyrios afirmaban que los dragones brotaron como los hijos de las Catorce Llamas, mientras que en Qarth los cuentos manifiestan que una vez existió una segunda luna en el cielo. Un día esta luna fue calentada por el sol y se rompió como un huevo, y un millón de
dragones brotaron de ella. En Asshai, los relatos son variados y confusos, pero algunos textos—todos muy antiguos—afirman que los dragones llegaron de la Sombra, un lugar donde todo nuestro conocimiento nos falla. Estas historias de Asshai dicen que un pueblo, tan antiguo que no tenía nombre, fue el primero en domar a los dragones en la Sombra y los llevaron a Valyria, donde les enseñaron a los Valyrios sus artes antes de desaparecer de los anales de la
historia.
Sin embargo, si estos hombres de la Sombra fueron los primeros en domar a los dragones, ¿por qué no conquistaron el mundo como hicieron los valyrios? Lo más probable es que el relato Valyrio sea el verdadero. Pero también hubo dragones en Poniente, mucho antes que llegaran los Targaryen, como nuestras propias leyendas e historias nos dicen. Si los dragones
en verdad surgieron de las Catorce Llamas, deben haberse extendido por gran parte del mundo conocido antes de que fueran domados. Y, en efecto, existe evidencia de esto, ya que se
han encontrado huesos de dragón tan al norte como en Ib, e incluso en las junglas de Sothoryos.
Pero los Valyrios los entrenaron y dominaron como nadie más pudo.
La gran belleza de los Valyrios—con su cabello color plata o dorado y ojos en tonalidad de color púrpura no encontrados entre otras razas del mundo—es bien conocida, y a menudo presentada como una prueba de que los Valyrios no eran completamente de la misma sangre que otros hombres. Aunque, hay maestres quienes señalan que, mediante la reproducción selectiva de animales, uno puede hacer resaltar una característica deseable, y que poblaciones en aislamiento con frecuencia pueden mostrar notables variaciones que podrían considerarse fuera de lo común. Esto puede ser una respuesta más probable para el misterio de los orígenes Valyrios, aunque esto no explica la afinidad con los dragones que aquellos con sangre Valyria claramente tenían.
Los Valyrios no tuvieron reyes, en lugar de eso se llamaron el Feudo Franco porque todos los ciudadanos que poseían tierras tenían voz. Se elegían arcontes para ayudar con el gobierno, pero eran elegidos por los señores del Feudo de entre ellos mismos, y por un periodo limitado de tiempo. No era frecuente que Valyria fuera gobernada por una sola familia del Feudo aunque tampoco era del todo imposible.
Las cinco grandes guerras entre el Feudo Franco y el Viejo Ghis cuando el mundo aún era joven, son materia de leyendas—enfrentamiento que siempre terminaron con la victoria de los Valyrios sobre los Ghiscaris. Fue durante la quinta y última guerra que el Feudo Franco decidió asegurase de que no existiera una sexta guerra. Las antiguas murallas adoquinadas del Viejo Ghis, levantadas en tiempos antiguos por Grazdan el Grande, fueron arrasadas. Las colosales pirámides, templos y hogares cedieron ante las llamas de dragón. Los campos fueron sembrados con sal, cal y cráneos. Muchos de los Ghiscaris fueron asesinados, y muchos otros fueron esclavizados y perecieron trabajando para sus conquistadores. Así los Ghiscaris se convirtieron en parte del nuevo imperio Valyrio, y con el tiempo olvidaron la lengua que hablaba Grazdan, aprendiendo en su lugar el Alto Valyrio. Así fue como unos imperios cayeron y en su lugar surgieron otros.
Ahora queda muy poco de lo que alguna vez fue el orgulloso imperio del Viejo—un par de ciudades que se aferran como llagas a la Bahía de los Esclavos y otra que pretende ser el Viejo
Ghis renacido.
Después de que la Maldición llegará a Valyria, las ciudades de la Bahía de los Esclavos fueron capaces de liberarse del último de los grilletes Valyrios, gobernándose a sí mismos en verdad
en vez de hacerlo sólo en apariencia. Y los Ghiscaris restante rápidamente restablecieron su comercio de esclavos—aunque donde alguna vez los ganaban por conquista, ahora tan sólo
los compraban y reproducían.
Una vieja rima dice “con adoquines y sangre se construyó Astapor, y con adoquines y sangre su gente”, refiriéndose a las murallas adoquinadas de la ciudad y la sangre derramada por los
miles de esclavos quienes vivieron, trabajaron y murieron construyéndolas. Gobernada por hombres quienes se llamaban a sí mismos como los Bondadosos Amos, Astapor es mejor conocida por la creación de los esclavos soldados eunucos llamados Inmaculados—hombres
criados desde su niñez para convertirse en feroces guerreros incapaces de sentir dolor. Los Astaporis pretenden que son las legiones de marcha sincronizada del Viejo Imperio renacidas,
pero aquellos hombres eran libertos, y los Inmaculados no lo son.
De Yunkai, la ciudad amarilla, poco necesita decirse, pues es un lugar con aún peor reputación. Los hombres que la gobiernan se llaman a sí mismos los Sabios Amos, están inmersos en la corrupción, vendiendo esclavas de cama, niños prostitutos y cosas peores. La más formidable de las ciudades en la Bahía de los Esclavos es la antigua Meereen, pero a diferencia del resto, es un lugar en ruinas, su población es una fracción de lo que alguna vez albergó el Viejo Imperio en sus tiempos de gloria. Sus murallas de adoquines multicolores contienen sufrimiento sin fin, ya que los Grandes Amos de Meereen entrenan esclavos para
pelear y morir para su entretenimiento en las sangrientas arenas de lucha. Se sabe que las tres ciudades pagan tributos a los khalasars que las visitan en vez de enfrentarlos en batalla abierta, pues los dothrakis les proveen muchos de los esclavos que los Ghiscaris entrenan y venden—esclavos tomados de sus conquistas y vendidos en los mercados
de carne de Meereen, Yunkai y Astapor.
La más importante de las ciudades Ghiscaris es también la más pequeña y la más joven, y no menos presta a la grandeza: Nuevo Ghis, legada en su isla y en sus propias costumbres. Ahí, los Amos han formado legiones de hierro a semejanza de las legiones del Viejo Ghis, pero a diferencia de los Inmaculados, estos son hombres libres, como lo fueron los soldados del Viejo
La caída del Viejo Ghis
LAS HIJAS DE VALYRIA
LOS VALYRIOS APRENDIERON algo deplorable de los Ghiscari: la esclavitud. Los Ghiscari que ellos conquistaron fueron los primeros en ser esclavizados, pero no los últimos. Las montañas ardientes de los Catorce Fuegos eran ricas en minerales, y los Valyrios los anhelaban: cobre y estaño para el bronce de sus armas y monumentos; también hierro para el acero de sus legendarias espadas; y como siempre, también oro y plata para pagarlo todo.
Las propiedades del acero Valyrio son bien conocidas, y son el resultado tanto de plegar el hierro varias veces para balancearlos y remover las impurezas, y el uso de hechizos—o al
menos artes que nosotros no conocemos—para darle una fuerza supernatural al acero resultante. Esas artes ahora se han perdido, aunque los herreros de Qohor afirman aún conocer los hechizos para reforjar el acero Valyrio sin que éste pierda su fuerza o su capacidad
inigualable para mantener el filo. Las espadas de acero Valyrio que quedan en el mundo pueden contarse por miles, pero en los Siete Reinos hay solo 227 de tales armas según “Inventarios” del Archimaestre Thurgood, desde entonces algunas se han perdido o han
desaparecido de los anales de la Historia.
Nadie puede decir cuántos perecieron, trabajando en las minas Valyrias, pero ciertamente el número es tan grande que desafía la comprensión. A medida que Valyria crecía, también lo hacía su necesidad de minerales, lo que los llevó a más conquistas para mantener sus minas abastecidas de esclavos. Los Valyrios se expandieron en todas las direcciones, extendiéndose hacia el este, más allá de las ciudades Ghiscari y al oeste, hasta los confines de Essos, donde ni siquiera los Ghiscari habían hecho incursiones. Esta primera incursión del nuevo imperio fue de suma importancia para Poniente y para el futuro de los Siete Reinos. Mientras Valyria buscaba conquistar más y más
tierras y pueblos, algunos huyeron buscando seguridad, liberándose del yugo Valyrio. En las costas de Essos, levantaron ciudades, que conocemos hoy en día como Ciudades Libres. Sus orígenes fueron muy diversos.
Qohor y Norvos fueron fundados siguiendo cismas religiosos. Otras, como la Antigua Volantis y Lys, fueron las primeras colonias mercantes de importancia, fundadas por mercaderes adinerados y nobles quienes compraron el derecho para gobernarse a sí mismos como clientes del Feudo Franco y no como sus súbditos. Estas ciudades prefirieron elegir a sus propios líderes en vez de recibir arcontes provenientes de Valyria (a menudo montados en dragones) para supervisarlos. En algunas historias se afirma que Pentos y Lorath eran de un tercer tipo—ciudades que ya existían antes de que los Valyrios llegaran, cuyos gobernantes pagaban tributos a Valyria y por tanto mantenían su derecho a gobernarse. En estas ciudades, la afluencia de sangre Valyria llegó mediante emigrantes del Feudo Franco, o a través de matrimonios políticos utilizados para consolidad los vínculos entre estas ciudades y Valyria. Sin embargo, la mayoría de las historias que recuentan esto utilizan como fuente a “Antes de los
Dragones” de Gessio Haratis. Haratis era de Pentos, y en ese tiempo, Volantis
amenazaba con restaurar el imperio Valyrio bajo su control, así que la idea de una Pentos independiente con orígenes alejados de Valyria hubiera sido de mayor conveniencia política.
No obstante, es evidente que Braavos era única entre todas las Ciudades Libres, ya que no fue fundada por voluntad del Feudo, ni por sus ciudadanos, sino por sus esclavos. Según los relatos de los Bravoosi, una gran flota esclavista que había estado recolectando tributos humanos en las tierras del Mar del Verano y del Mar de Jade, fue víctima de un levantamiento de esclavos; el éxito de éste levantamiento sin duda dependió del hecho de que los Valyrios solían usar esclavos como remeros, e incluso como marineros, y estos hombres terminaron uniéndose a la revuelta. Tomando control de la flota pero dándose cuenta de que no había ningún lugar cercano en el cual esconderse del Feudo, los esclavos decidieron buscar una tierra alejada de Valyria y de sus súbditos, y a escondidas fundaron su propia ciudad. La leyenda dice que las Cantantes Lunares (o Bardos Lunares) profetizaron que la flota debía viajar al lejano norte, a un rincón desolado de Essos—un lugar de marismas, aguas salobres y neblinas. Allí, los esclavos empezaron a sentar las bases de su ciudad.
Por siglos, los Braavosi permanecieron ocultos del mundo en su remota laguna. Y aún Después de revelarse, Braavos siguió siendo conocida como la Ciudad Secreta. Los Bravoosi eran un pueblo que no era un solo pueblo: decenas de razas, cientos de lenguas, y cientos de dioses. Todos tenían en común el lenguaje Valyrio, que se convirtió en el idioma de comercio en Essos, y el hecho de que ahora eran libres, cuando antes habían sido esclavos. Las Cantantes Lunares fueron honradas guiarlos a su ciudad, pero los más sabios entre los esclavos libertos determinaron que, para unificarse, debían aceptar todos los dioses que los esclavos habían traído consigo, sin honrar a ninguno con preferencia sobre el resto.
En resumen, hoy en día se desconoce el número de pueblos que cayeron ante Valyria. Los reportes que los Valyrios mantenían de sus conquistas fueron completamente destruidos durante la Maldición, y muy pocos de estos pueblos documentaron sus propias historias de un modo que sobrevivieran al dominio del Feudo Franco.
Los fuegos de las Catorce Flamas fluyendo a través de Valyria, combustible de la magia de los piromantes.
Algunos pocos, como los Rhoynar, resistieron su avance durante siglos, incluso milenios. Se decía que los Rhoynar, quienes fundaron grandes ciudades a lo largo del Rhoyne, fueron los primeros en aprender a trabajar el hierro. Además, la confederación de ciudades posteriormente conocida como el Reino de Sarnor sobrevivió la expansión Valyria gracias a la gran llanura que separaba a unos de los otros… pero esa llanura y la gente que la ocupaba—los Dothraki o Señores de los Caballos—fueron el origen de la caída de Sarnor después de la Maldición.
De la historia de Valyria como es conocida hoy en día, muchos volúmenes han sido escritos durante los siglos, y los detalles de sus conquistas, sus colonizaciones, los feudos de los Señores
Dragón, los dioses que adoraban, y más, podrían llenar bibliotecas y aun así estar incompletos. “Los Fuegos del Feudo Franco” de Galendro es considerado la historia más completa de Valyria, y aún de este, a la Ciudadela le faltan veintisiete de sus pergaminos.
Y aquellos que querían ser esclavos, pero eran incapaces de resistir ante el poderío de Valyria, huyeron. Muchos fracasaron y fueron olvidados. Pero un pueblo, alto y de cabello rubio, valiente e indomable gracias a su fe, tuvo éxito en su escape de Valyria. Y aquellos hombres fueron los Ándalos.
LA LLEGADA DE LOS ÁNDALOS
LOS ÁNDALOS SE OGIRINARON en las tierras de El Hacha, al noreste de donde ahora se ubica Pentos, aunque por muchos siglos fueron un pueblo migratorio que no permanecía en un sólo lugar por demasiado tiempo. Desde el corazón de El Hacha—un gran espolón de tierra rodeado por el Mar de los Escalofríos—ellos viajaron al suroeste para forjar Andalia: el antiguo reino que los Ándalos gobernaron antes de cruzar el Mar Angosto.
Andalia se extendía desde El Hacha hasta lo que ahora es la Costa Braavosi, y al sur hasta las Llanuras y las Colinas de Terciopelo. Los Ándalos trajeron consigo armas de hierro y armaduras de placas de hierro, contra los cuales las tribus que habitaban estas tierras no pudieron hacer nada. Una de estas tribus era la de los hombres peludos; su nombre ha sido olvidado, pero aún se recuerdan en ciertas historias Pentoshi. (Los Pentoshi creían que estaban emparentados con los hombres de Ib, y las historias de la Ciudadela concuerdan, aunque algunos argumentan que los hombres peludos se establecieron en Ib, y otros dicen que los hombres peludos llegaron desde Ib.)
El hecho de que los Ándalos forjaran el hierro ha sido tomado por algunos como prueba de que los Siete los guiaban—que el Herrero mismo les enseño este arte—y así lo enseñan los textos sagrados. Pero los Rhoynar ya eran una civilización avanzada en ese entonces, y ellos también sabían del hierro, así que tan sólo hace falta revisar un mapa para darse cuenta que los primeros Ándalos deben haber tenido contacto con los Rhoynar. El Olas Oscuras y el Noyne yacen directamente en el trayecto de la migración de los Ándalos, y según el historiador norvoshi Doro Golanthis aún existen restos de asentamientos Rhoynar en Andalia. Y no sería la primera vez que los hombres aprendieran a trabajar el hierro de los Rhoynar; se dice que los Valyrios también aprendieron el arte de ellos, aunque los Valyrios eventualmente los superaron.
Durante miles de años los Ándalos moraron en Andalia, haciéndose cada vez más numerosos. En el más antiguo de los libros sagrados, “La Estrella de Siete Puntas”, se dice que los Siete caminaban entre su gente en las colinas de Andalia, y que fueron ellos quienes coronaron a Hugo de la Colina y le prometieron a él a sus descendientes grandes reinos en una tierra lejana. Esto es lo que los septones y septas enseñan como la razón por la cual los Ándalos dejaron Essos y marcharon rumbo al oeste hacia Poniente, pero la historia que, a través de los siglos, la Ciudadela ha descubierto podría proporcionar una mejor explicación.
Aventureros ándalos en el Valle, con las Montañas de la Luna en la distancia.
Una vieja leyenda contada en Pentos afirma que los Ándalos asesinaron a las doncellas cisne que atraían a los viajeros hacia su muerte en las Colinas de Terciopelo, que se encuentran al este de la Ciudad Libre. Un héroe que los Pentoshi llaman Hukko guiaba a los Ándalos en ese entonces, y se dice que asesinó a las siete doncellas no por los crímenes que cometieron, sino
para entregarlas como sacrificio a sus dioses.
Algunos maestres piensan que Hukko podría ser una traducción del nombre Hugor. Pero las antiguas leyendas del este deben ser desconfiadas, incluso más que aquellas de los Siete Reinos. Demasiados pueblos han viajado de un lado a otro, y muchas leyendas y cuentos han
sido entremezclados.
Durante un par de siglos, mientras los Ándalos prosperaban en las Colinas de Andalia, fueron dejados en paz. Pero con la caída del Viejo Ghis llegó la gran oleada de conquistas y colonización del Feudo Franco de Valyria, mientras estos expandían sus dominios y buscaban más esclavos. Al comienzo, el Rhoyne y los Rhoynar sirvieron como un escudo. Para cuando los Valyrios llegaron al gran río, descubrieron que sería difícil cruzarlo a la fuerza. Los señores dragón no tendrían problemas, pero los que iban a pie y los jinetes a caballo encontraban desalentadora la perspectiva de enfrentarse a la resistencia Rhoynar, dado que los Rhoynar eran de momento tan poderosos como lo había sido Ghis en su gloria. Hubo una tregua durante años entre los Valyrios y los Rhoynar, pero tan sólo protegió a los Ándalos de momento.
En la desembocadura del Rhoyne, los Valyrios fundaron la primera de sus colonias. Allí, Volantis fue erigida por los hombres más ricos del Feudo con el fin de reunir la riqueza que discurría desde el Rhoyne, y desde Volantis sus fuerzas conquistadoras cruzaron el río en gran número. Al inicio, los Ándalos podrían haber peleado contra ellos, y los Rhoynar podrían haberlos ayudado, pero su avance era imparable. Así que es probable que los Ándalos decidieran huir en vez de enfrentarse a la inevitable
esclavitud que llegaba con la conquista Valyria. Se retiraron a El Hacha—las tierras de donde habían surgido—y cuando aquello no los protegió, se retiraron más hacia el noroeste hasta que llegaron al mar. Algunos debieron haberse rendido y entregado a su suerte, y otros pudieron haber hecho un último esfuerzo por resistirse, pero muchos otros construyeron barcos y navegaron en gran número a través del Mar Angosto hacia las tierras de los Primeros Hombres en Poniente.
Los Valyrios les negaron a los Ándalos la promesa de los Siete en Essos, pero en Poniente ellos eran libres. Hechos fervientes por el conflicto y la huida, los guerreros de los Ándalos tatuaron en sus cuerpos la estrella de siete puntas y juraron por su sangre y por los Siete que no descansarían hasta haber labrado sus reinos en las Tierras del Ocaso. Su éxito le dio a Poniente un nuevo nombre: Rhaesh Andahli—la Tierra de los Ándalos, como los Dothraki le dicen hoy en día.
Los septones, los bardos y los maestres concuerdan en que el primer lugar donde los Ándalos desembarcaron fue en los Dedos en el Valle de Arryn. Tallas de la estrella de siete puntas se encuentran dispersas en las rocas y piedras en toda esta área—una práctica que con el tiempo cayó en desuso mientras las conquistas de los Ándalos progresaban.
Barriendo el Valle con espadas y fuego, los Ándalos empezaron su conquista de Poniente. Sus armas y armaduras de hierro sobrepasaban las de bronce que los Primeros Hombres usaban para luchar, y muchos de los Primeros Hombres perecieron en esta guerra. Una guerra—o una serie de varias guerras—que posiblemente se extendió durante varias décadas. Eventualmente algunos de los Primeros Hombres se rindieron, y es por esto que aún existen casas en el Valle que proclaman con orgullo su descendencia de los Primeros Hombres, como los Redfort y los Royce.
Los bardos dicen que el héroe Ándalo Ser Artys Arryn voló sobre un halcón para asesinar al Rey Grifo sobre la Lanza del Gigante, fundando de este modo el linaje real de la casa Arryn. Estas son tonterías, si bien una corrupción de la verdadera historia de los Arryn entremezcladas con leyendas de la Edad de los Héroes. En cambio, lo que sucedió fue que los reyes Arryn suplantaron a los Reyes Supremos de la Casa Royce. Con el Valle resguardado, los Ándalos volvieron su atención al resto de Poniente y marcharon desde la Puerta de Sangre. En las guerras posteriores, los aventureros Ándalos forjaron pequeños reinos de los viejos reinos de los Primeros Hombres y lucharon entre sí con tanta frecuencia como lo hicieron con sus enemigos.
En las guerras sobre el Tridente, se dice que siete reyes Ándalos unieron fuerzas contra el último verdadero Rey de los Ríos y las Colinas, Tristifer el Cuarto, quien era descendiente de los Primeros Hombres, y lo derrotaron en lo que los bardos afirman fue su centésima batalla. Su heredero, Tristifer el Quinto, demostró ser incapaz de defender el legado de su padre, y así fue como su reino cayó ante los Ándalos.
En esta misma era un Ándalo, recordado en las leyendas como Erreg el Matarreyes, se topó con la gran colina de Alto Corazón. Allí, bajo la protección de los reyes de los Primeros Hombres, los niños del bosque cuidaban de los enormes arcianos tallados que la coronaban (treinta uno, según el Archimaestre Laurent en su manuscrito “Antiguos
Lugares del Tridente”). Cuando los guerreros de Erreg intentaron talar los árboles, se
dice que los Primeros Hombres pelearon junto a los niños, pero el poder de los Ándalos fue mucho mayor. A pesar de que los niños y los Primeros Hombres hicieron un valiente esfuerzo para defender su arboleda sagrada, todos fueron asesinados. Hoy en día los cuentacuentos afirman que los fantasmas de los niños aún merodean la colina por las noches. Incluso hoy en día, los ribereños evitan el lugar.
Los clanes de las Montañas de la Luna son, sin lugar a duda, descendientes de los Primeros Hombres quienes no doblaron la rodilla ante los Ándalos y, por tanto, fueron expulsados a las
montañas. Por otra parte, hay similitudes entre sus costumbres y las costumbres de los salvajes de más allá del Muro—tales como el rapto de la novia, su obstinado deseo de gobernarse a sí mismos, y otros similares—ya que los salvajes también son descendientes
indiscutibles de los Primeros Hombres.
Al igual que los Primeros Hombres antes que ellos, los Ándalos demostraron ser enemigos acérrimos de los niños restantes. A sus ojos, los niños adoraban dioses extraños y tenían extrañas costumbres, por lo que los Ándalos los expulsaron de todos los espesos bosques que el Pacto les había concedido. Debilitados y aislados con el paso de los años, los niños carecían de cualquier ventaja que pudieran haber tenido sobre los Primeros Hombres. Y lo que los Primeros Hombres nunca pudieron lograr—erradicar por completo a los niños—los Ándalos lo lograron en muy poco tiempo. Algunos pocos niños pudieron haber escapado al Cuello, donde podrían haber encontrado seguridad entre los pantanos y las ciénagas, pero si lo hicieron, no quedó ningún rastro de ellos. Es posible que unos pocos sobrevivieran en la Isla de los Rostros, como algunos han escrito, bajo la protección de los hombres verdes, a quienes los Ándalos nunca pudieron exterminar. Pero de nuevo, nunca se han encontrado pruebas definitivas.
De cualquier modo, los pocos niños restantes escaparon o perecieron, y los Primeros Hombres se hallaban perdiendo guerras tras guerra, y reino tras reino, ante los invasores Ándalos. Las batallas y guerras fueron interminables, pero eventualmente todos los reinos sureños cayeron. Al igual que los hombres del Valle, algunos se sometieron ante los Ándalos, incluso tomando la fe de los Siete. En muchos casos, los Ándalos tomaron a las esposas e hijas de los reyes derrotados en matrimonio, a modo de consolidar su derecho a gobernar. Ya que, a pesar de todo, los Primeros Hombres eran mucho más numerosos que los Ándalos y no podían simplemente dejarlos de lado. El hecho de que muchos castillos sureños aún tengan bosques de dioses con arcianos tallados en su interior se dice que es gracias a los primeros reyes Ándalos, quienes cambiaron su deseo de conquista por el de la integración, evitando de este modo conflictos basados en la diferencia de credos.
Incluso los Hombres del Hierro—los feroces guerreros navegantes que se pensaban seguros en sus islas—cayeron ante el avance de la conquista Ándala. Porque aunque a los Ándalos les tomó mil años dirigir su atención hacia las Islas del Hierro, cuando lo hicieron, lo hicieron con renovado fervor. Los Ándalos arrasaron las islas, exterminando el linaje de Urron Manorroja, que había gobernado con hacha y espada durante mil años.
Haereg escribe que, en un comienzo, los nuevos reyes Ándalos intentaron forzar la adoración de los Siete en los hombres del hierro, pero estos no lo aceptaron. En su lugar, permitieron que su fe coexistiera junto a la del Dios Ahogado. Al igual que en el continente, los Ándalos se casaron con las esposas e hijas de los hombres del hierro y tuvieron hijos con ellas. Pero a diferencia de en el continente, la Fe nunca echó raíces; ni siquiera se mantuvo firme entre las familias de sangre Ándala. Con el tiempo, tan sólo la fe del Dios Ahogado reinó sobre las Islas del Hierro, con sólo unas cuantas casas recordando a los Siete.
Tan sólo el Norte fue capaz de mantener a los Ándalos a raya, gracias a los impenetrables pantanos del Cuello y los antiguos fuertes de Foso Cailin. Es difícil estimar el número de armadas Ándalas que fueron destruidas en el Cuello, pero fue así como los Reyes del Invierno preservaron su regencia durante los siglos venideros.
DIEZ MIL BARCOS
LA ÚLTIMA DE las grandes migraciones hacia Poniente ocurrió mucho tiempo después de la llegada de los Primeros Hombres y de los Ándalos. Una vez que las guerras Ghiscari terminaron, los señores dragón de Valyria volvieron su mirada hacia el oeste donde el creciente poderío Valyrio llevó al Feudo y a sus colonias a entrar en conflicto con los pueblos del Rhoyne.
El río más caudaloso del mundo, y los múltiples afluentes del Rhoyne se extendían por gran parte del occidente de Essos. A lo largo de sus orillas había surgido una civilización y cultura tan legendaria y antigua como la del Viejo Imperio de Ghis. Los Rhoynar se habían enriquecido con la generosidad de su río; la Madre Rhoyne, como la llamaban.
Pescadores, comerciantes, maestros, eruditos, trabajadores de la madera, la piedra y el metal, ellos erigieron sus elegantes ciudades y pueblos desde la cabecera hasta las desembocaduras del Rhoyne, cada una más bella que la anterior. Estaba Ghoyan Drohe en las Colinas de Terciopelo, con sus arboledas y sus cascadas; Ny sar, la ciudad de las fuentes, llena de música; Ar Noy en el Qhoyne, con sus salas de mármol verde; la pálida
Sar Mell de las flores; Sarhoy a orillas del mar con sus canales y jardines de agua salada; y Chroyane, la más grande de todas, la ciudad festiva con su grandioso Palacio del Amor.
El arte y la música florecieron en el Rhoyne, y se dice que su gente tenía su propia magia—una magia de agua muy diferente de las hechicerías de Valyria que eran producto de la sangre y el fuego. Aunque estaban unidas por la sangre, la cultura y el río que les había dado nacimiento, las ciudades Rhoynar eran extremadamente independientes, cada una con su propio príncipe… o princesa, ya que entre estas gentes de los ríos, las mujeres eran consideradas como iguales de los hombres.
Aunque generalmente eran un pueblo pacífico, los Rhoynar podían ser formidables cuando eran incitados, como debió haber aprendido muy a su pesar más de algún aspirante a conquistador Ándalo. El guerrero Rhoynar con su armadura de escamas plateadas, casco con forma de cabeza de pez, alta lanza, y escudo de caparazón de tortuga era respetado y temido por aquellos que lo enfrentaban en batalla. Se decía que la Madre Rhoyne misma les susurraba a sus hijos sobre cualquier amenaza, que los príncipes Rhoynar poseían extraños, y misteriosos poderes, que las mujeres Rhoynar peleaban tan ferozmente como los hombres Rhoynar, y que sus ciudades estaban protegidas por "murallas de agua" que se elevaban para ahogar a cualquier enemigo. Por varios siglos los Rhoynar vivieron en paz. Aunque muchos pueblos salvajes habitaban las colinas y bosques alrededor de la Madre Rhoyne, todos se cuidaban de molestar a las gentes del río. Y los propios Rhoynar mostraban poco interés en expandirse; el río era su hogar, su madre, y su diosa, y muy pocos de ellos deseaban morar alejados del sonido de su eterna canción.
Cuando aventureros, exiliados y comerciantes del Feudo Franco de Valyria empezaron a expandirse más allá de las Tierras del Largo Verano en los siglos posteriores a la caída del Viejo Imperio de Ghis, los príncipes Rhoynar los recibieron, en un comienzo, y sus sacerdotes declaraban que todo hombre era bienvenido a compartir la generosidad de la Madre Rhoyne.
A medida que esos asentamientos Valyrios se transformaron en pueblos, y esos pueblos en ciudades, algunos Rhoynar llegaron a lamentar la tolerancia de sus padres. La amistad dio paso a la enemistad, particularmente en la ribera baja del río, donde la antigua ciudad de Sar Mell y la ciudad Valyria amurallada de Volon Therys se enfrentaban a través de las aguas, y en las costas del Mar del Verano, donde la Ciudad Libre de Volantis pronto rivalizó con el puerto escalado de Sarhoy, donde cada una de sus escalas dominaba cada una de las cuatro desembocaduras de la Madre Rhoyne. Las disputas entre los ciudadanos de las ciudades rivales se hicieron cada vez más frecuentes y rencorosas, produciendo al final una serie de pequeñas pero sangrientas guerras. Sar Mell y Volon Therys fueron las primeras ciudades en entrar en batalla. La leyenda afirma que el enfrentamiento empezó cuando los Valyrios pescaron y mataron una de las gigantescas tortugas que los Rhoynar conocían como el Viejo Hombre del Río y consideraban sagradas como consortes de la propia Madre Rhoyne. La Primera Guerra Tortuga duró menos de dos cambios de luna. Sar Mell fue asaltada e incendiada, pero salió victoriosa después de que los magos del agua Rhoynar invocaran el poder del río e inundaran Volon Therys. La mitad de la ciudad fue arrasada, si le damos crédito a los cuentos.