Corcuff - Para Que La Sociologia

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9. Sociología y compromiso: nuevas pistas

epistemológicas después de 1995

por Phiüppe Corcuff

En Francia, los movimientos sociales de noüembrediciembre de 1995 constituyeron una opom.rnidad de relanzamiento del compro-miso cíüco de universitarios e investigadores en ciencias sociales. Al asociar directamente a social scimtists a la vida ética y política de las sociedades en las que están insertos, el compromiso constituye una de las entradas cl¡ísicas en la cuestión de la utilidad sociopolítica de la sociologÍa. Pero este tipo de utilidad, ¿no amenaza la autonomía del trabajo científico? Y si éste no es ineludiblemente el caso, ¿en qué medida las ciencias sociales pueden abrevar en los puntos de apoyo de un compromiso semejante en lo interno, en la autonomía de sus oficios, o en lo extemo, en consideraciones sociales, políticas, éticas mrís amplias? ¿Autonomía o heteronomía? Quisiera proponer aquí algunas pistas epistemológicas nuevas,l a partir de una experiencia personal de compromiso a partir de 1995 [véase Bensaid y Corcuff, 19981. Esto me llerzrá a volver sobre los recursos complejos y en par-te contradictorios que nos entrega la tradición sociológica sobre esta cuestión. Lleraré a cabo la reflexión tratando de dialectizar el com-promiso y el distanciamiento, para retomar las categorías de Norbert Élias [993], en las relaciones de las ciencias sociales con la interven-ción éticopolítica. Trataré entonces de enfocar una direcinterven-ción donde el compromiso se apoya en las adquisiciones de la autonomización

* Ma€stro de conferencias en el Institut d'études politiques de Lyon, miembro del Groupe de sociologie poliiique et mor¿l€ (cNRs).

I La reflexión siguiente conslituye el encuentro actualizado de dos publicaciones ánteriores [Corcuff, 1999; C,orcuE y Sanier, 20001.

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de las ciencias sociales, y en particular en desplazamientos ePÍstemu lógicos sustentados por cierta cantidad de trab{os desde dos décadas atrás fvéase sobre todo Corcuff, 1995b], al tiempo que integraré los límites de esta aútonomización, a los quejustamente introdr¡cen esos desplazamientos episternológicos. Estas reorientaciones ePistemol(i-gicas conciernen a la cuestión de las relaciones entrejuicios de hc-cho yjuicios de valor, y a la de las relaciones entre conocimiento eru-dito y conocimiento común. Ambos asPectos convergen para volvct a interrogar las relaciones entre actores e investigadores. Al fitr y al cabo, lo que se plantea, dibujando lo que en otra Parte llamamos "lrr ces tamizadas" [Corcuff, 2001], es entonces el problema epistemolo-gico y a la vez político de la reeraluación de lo que las ciencias socia-les heredaron, en sus presupuestos, de lo que se llama de manera silr duda demasiado global la "ñlosofia de las Luces". De paso, convergc-renos con observaciones hechas por el sociólogo norteamericano (1. Whright Mills en 1959 en su gran obra, La inaginación sociológica+

[1977]. Las proposiciones que aquÍ se expresan también se alimen-tan de los resultados y los interrogantes asociados a una serie de tr¿-ba,jos de investigación sobre los terrenos del sindicalismo y de la ac-ción oública en lo cotidiano.

Volviendo a Durkheim y a Weber

Es en el interior de una lógica de autonomización de las ciencias sociales, sobre criterios propios de cientificidad, como Pudieron cor'-porizarse los debates sobre las relaciones entrejuicios de hecho yjui-cios de lalor- Hoy en día, la discusión es en ocasiones un poco estc-reotipada: algunos tienden a reiündicar una separación qjante entr<: conocimiento positivo yjuicio normativo, mientras que otros se verl tentados de pensar que se trata de la tnüma cosay qwe entonces no cs posible distinguirlas con claridad. El primer polo tiene más

audien-* venión en español: ¿a inaginuün sociotÁgíca, Madrid, FcE' 199s. [N. del T.]

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cia académica y a menudo se basa en la autoridad de la tradición s<' .iofOgi.u. O"rá" .se punto de vista, no es inútil volver sobre los cliísi-c&, ínile Durkheimy Max Weber, que ParticiParon.fuertemente en la consolidación de una autonomía científica en las ciencias del hom-bre y de la sociedad. Pero,justamente' esa vuelta a los "padres funda-dorás" .ro" lleoa a distinguir los aportes contrastados y las tensrones I."ot" j. t", t"tisis dJDurkheim y de Weber y los usos más simPli-ñ..á"."t ¿. t", textos, que pudieron volverse rutinarios en las

cien-cias sociales.

En un primer tiempo, puede comprenderse la posición de.Durk-t .i- ttS¡i] en su texto sobre Juicios de valor yjuicios de realidad" á" tgit, .o-o ,tr,a manera de sortear la cuestión axiológica plantea-¿" t t* i".r.*i.rrtas de las ciencias sociales Allí él indica que "la so-.iotoglu porlti* [...] no trata el ideal sino para convertirlo en cien-"i" t.].1 ü a-. -mo

un dato, como un objeto de estudio' y trata de analizarlo y explicarlo" [pp' 120-121]' De este modo' muy sugestrla--"r,,.,

,. áu." ,r.ta socioiogía de la moral' pero permanece como al-so impensado la moral de la al-sociología' Sin embargo' la apefura de :; ;;."" campo de la sociología ¿puede reemplazar completamen-te la reflexión episcompletamen-temológica, encompletamen-tendida como una parte de la refle-úvidad de las ciencias sociales sobre sí mismas? Algunos' sin embar-*o -pi.rrro en particular en la contribución de Bernard Lacroix en 'un

.oroq,rio en Lu,lsa.ta-'2 siguen, todavía hoy' tapándose los o'¡os y iru ora¡^ en nombre de esa parte de la orientación durkheimiana' De este modo, tal vez no tomaron muy en cuenta otros asPectos del textodeDurkheim.Porcierto,ésteobservadiferenciasentrejulcros áe realidad yjuicios de ralor: al expresar los primeros "las realidades .I^ q,t ," áiü.* [.'.] talycomo son"'ylos segundos al tener la tun-.ion la. *nrngtrar las realidades a las que son referidos"-[pp 119-iZO1. f..o On.in.im también señala proximidades entre los dos tr-pos dejuicios:

2 Dur¿nLe el coloquio't-a soc'ologie est-€lle un hL'manisme? Politiqu*."-oi:tt* té et sciences sociales"' organizado Por el Instirut de so'iologie polirique de la u nrver-sidad de Lausana,los dias 29y30 de mayo de 199?' en una comunicación tiiulada "Les usaees sociaux de la momle"

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¿Se diú que losjuicios de lalor ponen enjuego los ideales? pero no ocrr rre otra cosa con losjuicios de realidad. porque los conceptos tambiér, son construcciones del espíritu, por lo t¿nto, ideales; y no se¡ía difícil mostrar que son incluso ideales colectivos, porque sólo pueden consti tuirse en y por el lengu4e [p. l19],

Por otra parte, Durkheim indica que en ambos casos el iuicio tam_ bjén tiene "una base elr el dalo" [ibíd.1, pero no saca con-secuen.iu* de estas últi¡nas verificaciones en cuanto a la epistemología de las ciencias sociales. Lo que queda entonces, por lo general, en nuestxas disciplinas es más la finta que la complejidad y las tensiones, sin em-bargo tal vez más heurísticas para volver a trab{ar el problema,

También en Weber las cosas son complejas y tensas, y no obstan_ te a menudo es en su nombre como se plantea un estricto corte en_ trejuicios de hecho yjuicios de lalo¡ con el estandarte de la famosa "neutralidad axiológica", Un ejemplo reciente de esta lectura, €n mr opinión demasiado unilateral de los análisis de Weber, tan extendida en las ciencias sociales, es dado por Nathalie Heinich e n Ce que l,art fait d. Ia. socialagiz [ 1998]. La "nueva sociología" que ella reiünáica es_

taría guiada por el siguiente precepto: "atenerse tanto co¡no sea Do.. sible a la descripción, abseniéndose de toda normatividad, eraluat¡_ ra o prescriptira" [p. 62]- En su opinión, la dificultad para separar claramente descripción y evaluación formaía parte "de esas faltas de razonamiento que sin duda aparecerán en las generaciones futuras como los indicios de una fase todavÍa prehistórica de las ciencias so-ciales" [p. 67]. Yla apelación a una suspensión de ,,todo discurso so_ bre la naturaleza o el lalor de la¡ cosas para hacer del discurso inter-pretatrvo o noEnativo -1a sea ordinario o erudito, esteta o sociólogo_ el objeto de su análisis" [p. 77] puecle enronces acumular la finta durkheimiana y una "neutralidad axiológica', unilateral. No obstan_ te, cabe preguntarse si su crítica de .una sociología que coloca a la verdad en la üolencia que se ejerce sobre los actores', y "más preocu_ pada por tener razón sobre los actore. ql.ra po, ao*p.ár,de. .'w .uro_ nes" [p. 85] tiene que ver solamente con la ciencia o si no se arraiga también en consideraciones éticas, por otra parte, el ,,papel social,, que se atribu)€ a "la neutralidad comprometida', del nuevo sociólt>

go -"un PaPel de mediación, de construcción de compromrsos entre l"os intereses y los valores enjuego, hasta de refundación de un con-senso" Ip. 81i- tiene sin duda relaciones con cierta concepción de la |ot;ti." y tu A.*ocracia' que no es la única Posible en la co¡rntura'

Urr. pori"ian epistemológica semejante, ¿no compromete también .lno

^í.o-o

,lnu elección de filosofia política que' de alguna mane-ra] enfrenta "el actuar comunicacional" deJúrgen HabeÍnas contm "la desavenencia" deJacques Ranciére? Max Weber obsenaba ya que "El 'justo medio' de ningún modo e s wna vtrdad' rnás cien'tífrca que los idea'les más exremos de los partidos de derecha o de izquierda" [992a, p. 129]. Asimismo, el análisis "neutralista" de Nathalie Hei-,ri.h a#U .o-o ,rrínimo "residuos" éticos, no estrictamente reduc-tibles a una lógica científica. ¿Ysi no sólo fueran "residuos" sino algo más consustancial a las ciencias sociales, que nos obligara a reconfi-gurar la cuestión de "la neuralidad axiológica"?

Si volvemos a Weber, las cosas se muestran más complicadas y per-manecen abiertas a esa reconfiguración' En primer lugar' él combate la tesis de una ciencia social sin presuposiciones' porque "solamente wta Psrción de la re:rlidad singular adqui ere ínterésy signifuacüón.a nwe* tra áanera de ve¡ porque sólo esa porción está en relación c,o1Y^in" d¿ valzres a.¿lluralcs con que encaramos la realidad concreta" [1992a' p' 157]. De aquí proviene la idea de una "relación con los ralores" en "la selección y lu formación del objeto de una investigación empírica"

tf992b, P. 3951. No obstante, él insiste en una distinción ent¡e "rela-ción con los valores" y "evalua"rela-ción" [1992b, p' 396]' Precisamente res-pecto del segundo término adquiere sentido la "neutralidad axiológr-.." -.tp.".iár, por lo demá siempre entre comillas en él-' entendida "o*o tn rechazo "a aFrrmar cualquier cosa sobre lo

qwe dzbe vabr" [1992b, p. 384], o como "la exigencia extremadamente comun que tm-ione ^l erudito o al profesor que hlga qhsolutammte b distinción' por' que

"on dos s.rie" de problemas sencillamente heterogéneos' entre la verificación d.e los hechos empíricos f" 'l y su pnpin :oma de posición eraluatira de emdito que mtite un juicio sobre los hechos" -[1992b' p' 380]. En ese nivel, tenemos realmente una tensión entre el reconocl-miento de una "relación con los ralores" del erudito y el hecho de re-husar las "elaluaciones". Porque, incluso si se descarta del trabdo cien-tíhco "tomas de posición" directas sobre "lo que debe valer"' ¿acaso

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debe habér¡elas uno con problemas completamente "heterogéneos", y no úene ya, de una manera más indirecta, una presencia de "lo quc debe laler" en la "relación con los r¡¿lores" comprometida en el traba-jo cientíhco, sus herramientas y su lengu4je?

Sin embargo, Weber ofrece otra pista, también ella contradictoria, para trabajar esta tensión, porque no prohíbe completamente que ios emditos "expresen en forma dejuicios de ralor los ideales que los ani-man" [992a, p. 131], pero con dos condiciones. La segunda nos remr-te al polo más cientificist¿ de la primera remr-tensión: la necesidad de dis-tinguir "claramente" lo que depende de la "discusión científica de ios hechos" y del "razonamiento axiológico" [1992a, p. 132]. I_,a prinera es tal vez más interesante en la lógica del desarrollo actual de las cien, cias sociales: 'ller¡ar escmpulosamente, a cada instante, a su propia con-ciencia y a la de los lectores, caá&s son los patrones de valor que sirven para medir la realidad y aquellos de los que hacen derivar eljuicio de ralor" [1992a, p. 131]. Reinterpretada en el marco de los interrogan-tes contemporáneos sobre la reflexividad social, podría desembocar en un esfuerzo de explicitación de las dimensiones axiológicas del traba-jo sociológico que contribuye a tornarlo más riguroso. Si se entiende

entonces la "neutr¿lidad axiológica" como una "intención", así como por ora parte lo hace Nathalie Heinich [1998, p. 72], o, en una inspi-ración kantiana, como un horizonte regulado¡ una actitud reflexila se-mejante podía constituir un instrumento de orientación hacia ese ho-rizonte, reemplazando las tentaciones cientificistas de negación o de purga de los aspectos normativos. Tal desplazamiento inüta a pensar a un tiempo tensiones y pasajes entre la ética del emdito y la ética del ml-litante, abandonando los sueños de purificación.

Dialectizar las relaciones entre juicios de hecho yjuicios de valor

Hemos recordado que dos posiciones tendían a oponerse hoy acer-ca de la cuestión de las relaciones entre conocimiento positivo yjuicio normativo: una separación tajante o, a la inversa, una identificación.

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I-a primera, como ya lo indiqué, tiene una raigambre académica más fuene; la segunda, en cambio, se expresa rara vez públicamente de ma-nera tan radical. Es más una posibilidad lógica, que Progresa de manera subJacente en las críticas de la primera posición. Un retorno más contrastado sobre Durkheim y Webe¡ así como algunos desa¡ro-llos sociológicos contempoÉneos, podrían señalar otro camino, tra-tando de tener en cuenta los inconvenientes de las dos posiciones,

La primera posición pasaría por alto el hecho de que las ciencias sociales no pueden escapar completamente a lo normativo, que sus enunciados perman€cen en parte encastrados en esquemas axiológi-cos.3 Aquí se entiende "normativo" y "axiológico" en un sentido an¡ plio, apuntando a una familia de cuestiones que tienen relación con los r,alores y que no se desprenden de las estrictas condiciones cien-tíficas de producción de los saberes. Simplemente querríamos recor-dar que nuestras disciplinas utilizan modos de evaluación de los com-portamientos y los procesos sociales que tienen una doble dimensión a4cnica (sistemas d,e medida) y fior¿¿ (sistemas de ralores) que resulta dificil disociar por completo.4 La historia sociopolítica de las herra-mientas estadísticas (con nociones tan en apariencia "neutras" como la de mzd,ia\ puesta en acción por Alain Desrosiéres [1993] es escla-recedora desde este punto de vista, al poner de rnanifiesto la mane-ra en que la consütución y los usos de tales técnicas también son atmane-ra- atra-vesados por debates políticos y morales.

Esta ins¿rción normativa es particularmente clar¿ en el caso de las sociologías críticas, rale deci¡ aquellas que están centradas en la manifest¿ción de los aspectos negativos de un orden social (desigual-dades, dominaciones, etc.).5 Poner de manifiesto lo negatiuo ¿no

su-3 &#su-34;Esto significa que, al trabajat todos los sociólogos ¡doptan opcioncs morales o políticas, o se refieren a ellas de manen implícita", obsenaba C. W. Mills f1977, p. 791. Y añadía: "Los latores se deslizan en la elección de los problemas; también se deslizarl en las concepciones angulares que empleamos en su fomulación; Por último, influ_ yen en sus soluciones" [p.81].

a También para C. W Mills: "El trabajo sociológico nunca careció de Problemas d e e v a l u a c i ó n " 1t977. p.791.

5 Pam argumentos más desarrollados, véase PhilipPe Corcuffy Claudette kfaye [ 1 9 9 6 ] .

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pone acaso, por lo menos de manera implícita, una referencia a lo prl-siúiuo, en una escala de lalores que posibilita Ia evaluación? ¿Cómo cuestionar dar-igualdades, injusticias, desposesiones o dominaciones, si no €s en referencia a concePtos más o menos implícitos de igual-dad, dejusticia, de posesión o de no dominación? Si ese referente po sitivo fuera negado y si por lo tanto todo enunciado fuera consider¿-do con puntos de contacto con la consider¿-dominación, ¿qué garantizaría la legitimidad de la crítica de la dominación? ¿Qué nos permitiría inclu-so hablar de dominación, sin la existencia, por lo menos en concep-to de posibilidad lógica (o utópica), de una situación de no domina-ción? Si esa dimensión axiológica, como referente ideal, no pudiera aparece¡ sólo estaríamos condenados a oponer enunciados en la do-minación centrados ya a los enunciados eústentes, en un relativismo generalizado. Ese relatiüsmo, en la forma del "todo es igual", no es-capaía a su vez a los sistemas de lalores, Porque se tr¿ta de uno de los sistemas de lalores posibles. Pero, en general, una postu¡zL seme-jante rara vez es llerada hasta el extremo, y el analista vacila m:ís bien

entre la crítica de un negativo (a partir de un positivo cuya existen-cia siu embargo niega) y un relativismo plenamente asumido (que tiene la ventaja táctica, en la crítica de los "queridos colegas"' de per-mitir atacar a todo el mundo a partir de Puntos de aPoyo cambian-tes, hasta contradictorios) ' De este modo, Por lo tanto, la cuestión del instrumento de medida en sociología encerr¿ría cuestiones éticas, sin por supuesto reducirse a tales cuestiones. Aquí es donde Podría re-sultar fructífero el diálogo entre ciencias sociales y {ilosofia política y moral [véase Caillé, 1993; Corcuff, 2000]. En la penpectira de un diá-logo semejante, la sociología de los sentidos ordinarios de lajusticia y lajustificación pública iniciada por Luc Boltanski y Laurent Théve-not [véase Boltanski, 1990; Boltanski y ThéveThéve-not, 1991; Corcuffy La-faye, 19961 abrió Pistas y ofreció herr¿mientas interesantes por lo que respecta a la explicitación de sus Puntos de aPoyo morales y Políticos por la crítica sociológica.

Sin duda, habría que hacer intervenir \,?riaciones históricas en la relación de los enunciados científicos con las dimensiones axiológicas, dado el error de creer que siempre, de manera intemPor¿I, estaía uno

ante el mümo problema. Pero esla inscripción histórica no debería re-ducirse a una üsión chatamente evolucionist¿, que vería evolucionat'

las ciencias sociales de lo más normativo a lo más científico Jean4lau-de Passeron [1991] puso Jean4lau-de manifiesto hasta qué Punto una acumtr-latiüdad general no era eüdente en nuestras disciplinas, Por sus Pro-piedades epistemológicas; 1a que rales autor o ¡eoría anteriores no necesariamente son menos cientíñcos que tales otros autor o t€oría Pos-teriores, lo que conduce a relativizar la noción de "adquirido"'

No obstante, la manifestación de un {uste axiológico de los enun-ciados científtcos no conduce necesariamente a un acuerdo con la se-gunda posición. Esta última cae en una tramPa, a menudo destacada por Ludwig Wittgenstein, que consiste €n extr¿er relaciones de arutk> gía (mezclando semejanzas y diferencias) de las relaciones de identilall'

(un pensamiento de lo nisazo), lo que con frecuencia condujo a gene-ralizaciones apresuradas. Decir que hay algo normativo en lo científi-co, pues, no significa que no hay más qte algo normativo en los enun-ciados científicos, y que normativo = científico; 1a que la misma noción de "ñormativo", en el sentido amplio empleado aquí, emParienta co-sas no estxictamente equhalentes. También hay puntos de aPoyo Pro-piamente cognoscitivos y técnicos en el trab4jo científrco, que no se pueden reducir a consideraciones axiológicas. Así, históricamente, las ciencias sociales produjeron herramientas de objetiación y de distan-ciamiento que Posibilitan cierta seParación de los dos aspectos' Por otra parte, la sedimentación de tradiciones científicas condujo a la emer-gencia de una ética propiamente científica, más o menos Puesta en ac-ción tanto en las disposiciones de las personas (que, por ejemplo, lle-lan a considerar como una transgresión dificilmente aceptable el hecho de falsear un cuadro estadístico o una enrevista) como en los dispositivos colectivos de cont¡ol. Por eso podría considerarse la neu-tralidad axiológica, no como un dato o incluso como algo que fácil-rnente se podúa tocar con el dedo siguiendo lo que seúa la vía cientí-fica'pura", sino como un horizonte regulador, nunca alcanzable en su totalidad, pero que orienta la actividad.

L-a reJtzxivid'ad,a ala vez individual (en el autoanálisis) y colectira (en "los controles cruzados" que deberían emerger de los debates

6 f'.,úe l^ rellah,idttsociotógica, véanse sobre todo una investigación sobre el sindi-calismo fCorcufi, 1995a] , y l¿s Pistas programáticas presentadas Por Grard ¡{aug€r I lsSgl '

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científicos), constituiía entonces una dimensión clave de esa neutra-lidad axiológica en movimiento.T El ejemplo de Pierre Bourdieu en este caso es particularmente interesante, en el hecho de que él desa-rrolló una sociología crítica con un enfoque científico que incluye un imperativo de reflexividad. En sus Mlditations pescaliÍrLnes [Bourdieu, 1997, pp. 279-2881 se tomó en serio esa exigencia, tratando de iden-tificar la antropología normativa (la concepción de lo humano) al ocuparse de sus trab{os científicos. Así, para é1, no se podrÍa "esca-par a losjuegos cuyo desafio es la üda y la muerte simbólicas" [p. 281], lo que constituiría en cierto modo ua e invariante antropoligito. Es una pista interesante, pero no es seguro de que no haya en esto una se breestimación de la coherencia tanto de su obra como de la antropo-logía que lo inervaría. ¿No sería entonces lo que el propio Pierre Bourdieu podría llamar una tentación "escolística"? Parece más bien que, en función de las investigaciones, de los momentos, de los con-ceptos utilizados o de las herramientas técnicas moülizadas, se ten-drían puntos de apoyo normativos diferentes, hasta con¿r¿dictorios, o en ocasiones, en el seno de un mismo análisis, flotantes y lacilan-tes. Por ejemplo, Claude Grignon yJean-Claude Passeron [1989] pu-sieron de manihesto que el concepto de "capital cultural", en cuan-to instn¡mencuan-to de medida de las pnicticas culturales legítimas propias de los universos sociales dominantes, tendía a referirjuicios de valor legitimistas y despreciativos frente a las pnícticas populares. Por otra parte. en otro lugar [Corcufl,2000, pp. 7&79] se sugirió que la críti-ca sociológicríti-ca de los mecríti-canismos de desposesión políticríti-ca de los ciu-dadanos comunes, en beneficio de los profesionales de la política, de-sarrollada por Pierre Bourdieu [véase sobre todo, 1984] podía tener puntos de apoyo normativos en los ideales de la democracia directa. Estas pocas indicaciones apuntan a pluralizar la reflexiüdad en

7 Cont¡a "el técnico a sueldo de la sociología aplicada", oculto tras "su supuesta neutmlidad", C. W. Mills defendía la figura del "intelectual de oficio", que se esfuerza "por tener en claro las hipótesis y las implicaciones inhercntes a su tr¿bajo, de las cua-les no son las menores las significaciones moracua-les y políticas que ¡eviste para la socie-dad donde se manifiesta, y para el papel que él mismo ¡epresenta" u977, p. 801. Por-que, par¡ é1, en efecto, "la objetividad del sociólo8o reclama que él se esfuerce en todo momen¿o por tomar conciencia de lo que pone en la empresa" [p. 1331.

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cuanto a las dimensiones normativas de los enunciados de las cien-cias sociales: a un autor no correspondería una sola orientación éti-ca o antropológiéti-ca segrin una elección voluntaria, pero los métodos y conceptos utilizados en sus diferentes encuestas podrían remitir a elementos normativos diversos y no necesariamente conscien¿es. De aquí la importancia de la reflexividad sociológica para a¡rdar a clan-ficar el campo de validez de los enunciados científicos producidos.

En las relaciones entre investigadores y actores, pues, el proble-ma no sería negar, y por tanto Poder expulsar por completo, las cues-tiones axiológicas, a las que los enunciados científicos estarían asocia-dos de múltiples maneras, sino asumirlas de manera reflexiva. Esta reflexividad sería a la vez individual (pero la reflexividad individual tiende a encontr¿r fuertes límites, sobre todo Por lo que Pierre Bour-dieu [982a, p. 22] llamó "la ley de las cegueras y las perspicacias cm-zadas") y colectiva (en dispositivos científicos de controles recíPro-cos). Tendría dos funciones principales: 1) desde el Punto de üsta de la investigación, para delimitar mejor el campo de validez, y Por tan-to el rigor, de los enunciados sociológicos; y 2) desde el puntan-to de vis-ta del compromiso er.la ciudaó, haci<t atrús, para clanficar los apoyos normativos de nuestras intervenciones,y, hacia adebntz, para tr¿tar de contribuir a orientar los usos sociopolíticos de nuest¡os trabqjos en el sentido que nos parece más deseable.

En ese plano, hemos heredado fuertemente los esquemas int€lec-tuales de la "filosofia de las Luces", en los lazos que fueron Plantea-dos entre el desarrollo de las ciencias, su alcance desmistificador fren-te a prejuicios y dogmas, el uso público de la razón y la mejoría del orden sociopolítico [véase sobre todo Cassirer, 1990]. t os análisis pro puestos aquí no imPugnan toalmente esta PersPectiva, pero condu-cen a acondicionarla, Por un lado, la historia del siglo xx, así como algunos interrogantes de la filosofia y algunos resultados de las cien-cias sociales, nos han hecho menos confiados en las capacidades emancipadoras de la "ciencia" y de la "razón", vale deci¡ en los su-puestos progresos concomitantes del movimiento de conocimientos positivos y de la emancipación. Por el otro, el dominio humano del proceso aparece más relativo y aleatorio' Así, la razón erudita sin du-da perdió la posición de sobrevuelo que la filosofia y luego la ciencia a menudo le atribuyeron. A partir de aquí se dibujan, no un

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no de los principios de las Luces, sino una reanudación más humil-de humil-de su apuesta, flexibilizada y humil-desplazada, abandonando la preten-sión excesila de someter una acción humana pluridimensional, in-mersa en la historia y las relaciones sociales, al plano de una razón unívoca; en pocas palabras, 'luces tamizadas" lCorcuff, 2001].

Dialectizar las relaciones entre conocirrriento erudito y conocimiento ordinario

Otra cuestión epistemológica, en parte adlacente a la de "neutra-lidad axiológica", tiene que ver con el asunto del compromiso del so ciólogo: la de las relaciones entre conocimiento erudito y conoci-miento ordinario. También en este caso, tales controversias en ciencias sociales emergieron en el proceso mismo de su autonomiza-ción científica.

Esquemáticamente, dos polos se enfrentan. Por un lado, los par-tidarios de "la ruptura epistemológica" establecen un 'corte" nítido entre las ciencias sociales y las sociologías "espontáneas" de los agen-tes sociales [véase sobre todo Bourdieu, Chamboredon y Passeron, 1983]. Por el otro, los emometodólogos se interesan particularmen-te en aquello en lo cual los "professi,onal socblogical inquirizs are praetl-cal thmugh and, throug]t", parz retomar una expresión de Harold Gar-finkel [967, p. un].

Siguiendo los pasos del trabajo de Anthony Giddens [1987], a partir de una investigación sobre el sindicalismo ferroüario se desa-rrolló una posición intermediaria lCorcuff, 1991]. A diferencia de los adeptos de "la ruptura epistemológica", esa investigación puso el acento en los parentescos discursivos y cognoscitivos entre las socio-logías profesionales y lo que se pudo llamar "sociosocio-logías de los acto-res". De este modo, en el terreno sindical pueden observ-arse seme-janzas entre análisis de actores y esquemas eruditos: culturalismo

(como aquellos desarrollados por Renaud Sainsaulieu), sociología de los movimientos sociales (Alain Touraine), dialéctica de los hábitus y los campos (Pierre Bourdieu), individualismo metodológico

(Ray-mond Boudon), constructivismo (Peter Berger y Thomas Luckmann), etc. En ocasiones puede descubrirse lo que Pierre Bourdieu [1982b] lla-ma "efectos de teoría" (de las ciencias sociales hacia los actores) pe-ro, en otros casos, la génesis de las formas cognoscitivqdiscursilzs in-volucradas se mu€stra más difusa, y alimenta la hipótesis de una relación en el otro sentido (de los actores hacia los investigadores) ' Por lo demás, debe observarse, a propósito de la idea de ruptura con el "sentido común", que ese sentido común es plural, hasta contr¿-d.ictorio, tanto en el nivel del coqiunto social como en el indiüdual, y que al tomar distancia de ciertos segmentos del sentido común es posible alcanzar otros.

Sin embargo, a diferencia de las tentaciones etnometodológicas, es-te trabajo puso de manifiesto que las sociologías profesionales y las so ciologías de los actores se inscriben en categorías de prácticas parcial-mente disímiles, en cuyo seno, por ejemplo, la reflexividad no tiene la misma importancia. No sólo hay conocimiento ordinario en el conoci-miento sociológico erudito; pensar proximidades no es proyectar un universo práctico y cognoscitivo sobre otro' Para retomar una noción de Alfred Schútz [1987], los "sistemas de peninencias" de los invesÚga-dores y los actores son autónomos. Así, el sistema de peninencias del investigador en gener¿l está más descentrado resPecto de lo que ocu-rre u ocurrió en la situación obsenada. Inspirado en Ludwig Wittgenv tein [1961], Puede decir que "formas de üda y de actividad" en parte disímiles aliméntan Juegos de lenguaje" en parte diferentes' Así, el tra-b4jo de explicitación, de formalización y de refleiüdad, en diversos grados en función de las categoías de siúlaciones, es economizado por los actores, cuando constituyejustamente la economía del tiempo de trabajo del investigador profesional' E incluso cuando los actores recu-rren a herramientas teóricas formalizadas o a una fuerte reflexividad, a la manera de las ciencias sociales, a menudo lo hacen bajo las coercio-nes pragmáticas de una acción en vías de realización' Pero esos 'Juegos de lenguaje", o más exactamente esosJtl¿gus d¿ cottocimimto, estÁn dotz-dos de una autonomía solamenrc relatila. porque existen procesos de interpenetración, que pueden ser identifrcados con formas cognosciú-vodiscursilas análogas en universos de prácticas diferentes'

Esta senda de análisis permite pensar a un tiempo semejanzas ¡l diferencias, continuidades ¡r discontinuidades entre sociologías

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fesionales y sociologías de los actores, pero también interrelacíones (por tanto, en los dos sentidos: la formalización de conceptos por los investigadores a partir de esquemas cognoscitivodiscursivos or-dinarios y el uso por los actores de nociones procedentes de las cien-cias sociales). La implicación del investigador (cognoscitiva, lingüís-tica, práclingüís-tica, en grupos particulares como erl relaciones sociales rnás amplias) es tanto un punto de apoyo como un obstáculo al tra-bajo de investigación, mientras que las herramientas conceptuales y técnicas que hereda de la tradición sociológica pueden consrituir recursos pero también pantallas en la construcción de su objeto. Lo que constituye un obstáculo, tanto en la encuesta propiamente d! cha como en la elaboración de un análisis sociológico, aparece así más complejo de lo que lo deja entender la idea de un ucorte" en-tre los universos ordinarios y las conceptualizaciones eruditas. por ejemplo, algunas investigaciones pusieron de manifiesto que, cuan-do determinacuan-dos terrenos se apropiaron de las herramientas proce-dentes de las ciencias humanas, un afrnamiento del anátisis pasó por un dist¿nciamiento de dichas herramientas, Así -habiendo conoci-do cierta difusión el vocabulario del "poder" y las temáticas de la so-ciología de las organizaciones iniciada por Michel Crozier, en el se-no de los universos administrativos-, una profundización del trabajo sociológico en esos terrenos puede pasar por una investigación so-bre el poder como categoría ordinaria de la acción pública, lo que supone su postergación como herr¿mienta sociológica [véase Corcuff y L^faye, 1993], Otro caso: acercarse a la experiencia ordinaria de la compasión, entendida como ética prácticay corporizad.a,s entre las enfermeras implica distanciarse de las racionalizaciones gene-ralcs que una par¿e de estas enfermeras extrae de las ciencias hu-manas, y en particular del psicoanálisis, y que las lleran, por ejem-plo, a bwcar relaciones "sadomasoquistas 'detrás' de sus ,pulsiones, altruistas para con los enfermos",9 En consecuencia, si las ciencias sociales implican un doble movimiento de distanciamiento y de

3 Par¿ un primer abordaje de ese modelo de compasión, véase philippe Corcuff

t19961.

e Así, en un libro destinado a la formación de las enfermeras, escrito por una de ellas, por otra parte psicóIoga y docente en una escuela de enfermeras Usabelle

SOqOLOGÍAYCOMPROMISO:NUEVASPISTASEPISTEMOLÓGIC¿.S 209

comprensión, en suma un d,istanciamiento comprensible, hablando con propiedad, no desembocan en una 'ruptura epistemológica" unívoca.

Esta perspectiva sugiere raúas proposiciones: l) la relación con los actores ya forma parte de los ohcios de las ciencias sociales, y una de las fuentes de aliment¿ción de las ciencias sociales, no sólo en cuanto a las informaciones sino tarnbién en lo que concierne a las he-rramientas lingúísticas y cognoscitiras, üene de la vida cotidiana; 2) es-tas relaciones no son exclusiras de una autonomía del trabajo cientí-fico; y 3) esta doble dimensión nojustifica una pretensiónjenírquica desde arriba sino, a lo sumo, intercambios y traducciones entre uni-versos de prácticas en parte disímiles.

Pero ¿qué nos dicen esos análisis en cuanto al concePto de razin, que las ciencias sociales heredaron sobre todo de "la filosofia de las Lu-ces" lCassirer, 1990],10 y al univenalismo que se asocia frecuentemen-te en los mismos pasqjes de lo cognoscitivo a lo político (la mejora de la condición humana por el hecho de recurrir a la razón contr¿ los Pre-juicios asociados al orden antiguo)? Una vez más, nuestro abordqje con-duce a relativizar y pluralizar semejante enfoque, sin necesariamente abandonar todos sus elementos. Así, razón erudita y razones pÉcticas no constituyen un cor¡junto homogéneo, aunque puedan tener lazos. Y cuando determinados r¿¿¿rsos eruditos están implicados en la acción,

es entre y en relación con otros recrrsos, en la dePendencia de la ac-ción en vías de desarrollarse, funcionando como reJerenciasdelaacac-ción, y no como determinantes de ésta, Thmbién aquí, las Luces no resultan apagadas sino simplemente "tamizadas" [C.orcuff, 2001].

Conseil, 19901, se encuentra un pasaje sobre los'Aportes de los concePtos freudia-nos al estudio de la profesión" [pp.92-97], que comprende tres puntosr "EI narcisis-mo" [pp. 92-93], "El masoquismo y el sadisnarcisis-mo" [pp. 9]941 ], "El lugar del sadismo y el masoquisño en la relación enferme¡a-enfermo" tpp.9a97l. En este úhimo Punto dice, sobre todo a pmpósito de la "posición de dominación" del personal de salud y de la "dependencia" del enfermo [p.94]: "Si Ia dimensión del sadismo no es clammen' te perceptible en todo enfermero, siempre nos pareció máso meoos omnipresente en las relaciones enfermero-€nfermo" [p. 96].

r0 "El papel de la razón en los aruntos humanos y la idea de que el indiüdüo es el huésped de la razón, ésos son los dos grandes temas legados Por los filósofos del Siglo de las Luces a los sociólogos de hoy", escribía, por ejemPlo, C. w' Milb [f977, p. 172].

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¿Una función heurística de la utopía?

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La verificación del 4juste axiológico de las ciencias sociales nos conduce a una zona de interrogación que tiende a escapar a sus he-rramientas tradicionales, y que hasta podría ser negada por algunas tentaciones cientifrcistas. Sin embargo, contra esta pendiente posr-tiüst¿, es posible pensar con C. W Mills que "Sólo cuestionando abiertamente esas influencias los hombres pueden conocerlas plc-namente, y de ese modo regular sus repercusiones sobre el trabajo sociológico y su significación política" [1977, P. 181]; Mills habla aquí de las "influencias" del luicio implícito, en moral y en Políli-ca". En esa investigación reflexila, sin duda la sociología no puede tener la pretensión de cerrarse sobre sí misrna, sin diálogo con la fi-losofia así como con las disciplinas adyacentes. Porque, como lo ob-servó Pierre Bourdieu [1982a, p. 23], "no debe esPer¿rse del pensa-miento de los límites que dé acceso al pensauriento sin límites", siquiera sijustamente la reflexividad individual y colectira puede am-pliar los márgenes de lo pensable.

A ¡nenudo, las implicaciones éticas y políticas del sociólogo fue-ron consider¿das como "obstáculos epistemológicos", o sea, como tr¿!-bas a la cientiñcidad de sus análisis, al atr¿!-bastecerlo de antemano de fal-sas evidencias nacidas del "sentido común". Hoy en día tal vez estemos en condiciones de encarar su ambiv¿lencia: siempre obstáculos epis temológicos de los que el investigador debe desconfiar en un extremo de la cadena, pero del mismo modo estimulante cognoscitivo en la otra punta.Il Para no est¿r demasiado desequilibrados, ¿no se necesi-ta caminar sobre dos Piernas, necesi-tanto en sus tensiones como en 5¡15 con-troles recíprocos? Tal vez sea una manera de recuperar la doble ambi-ción de rigor e imaginaambi-ción que C. W. Mills asignaba a la sociología. Con toda seguridad, la cuestión de la imaginación sociológica, en Ia lógica legítima de la autonomización de las ciencias sociales alrededor de criterios propios, padeció por una inversión demasiado exclusir'a

rr Sophie Wahnich [2000], en la dinámica de la investigación histórica, defendió una combinación análoga de objetivos éticos y científicos.

SOCIOLOGLA Y COMPROMISOT NUEVAS PISTAS EPISTEMOLoGICAS

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en las necesarias exigencias de rigor científico. Los compromisos étr-cos y polítiétr-cos del sociólogo, si no son demonizados sino aprehendi-dos en su dualidad, pueden contribuir a relanzar esta cuestión, rea-briendo la lista de recursos con que el sociólogo puede hacer su agosto. Frente al "empequeñecimiento del campo de la atención" del investigador, a "la inhibición metodológica" y a las "especializaciones arbitrarias", C. W, Mills, entre otras cosas, proponía "liberar la imagi-nación" recurriendo sobre todo a "la incongmencia" y a "mundo(s) imaginario(s) que agrando o achico a voluntad" [1977, p. 219]. No pa-ra reemplazar las pruebas de la actividad, sino papa-ra alimentar el cues-tionamiento y la constitución de sus dispositivos, Lo que era con-gruente con su car¿cterización del objeto de la sociología: "la humana diversidad, donde entran todos los universos sociales, en cu-yo seno los hombres viüeron, viven o podrían viür" [p. 135]. Por lo tanto , habría. una función hatrística d¿ la utopía en la investigación so ciológica, a un tiempo como herramienta de desnaturalización de lo que existe en un momento determinado, en un contexto sociohistó rico especÍfico, pero también como instrumento para ampliar el es-pacio mental de la encuesta, el campo de las preguntas formuladas. In f,ne, en las "luces tamizadas" dibujadas por las ciencias sociales contemporáneas, llegamos a la inspiración utópica, parte constitutr-va de la filosofia de las Luces.

Habíamos partido del comprorniso como orientación controver-tida del sociólogo hacia cierto tipo de utilidad sociopolítica, y desem-bocamos en la utilidad propiamente sociológica de esa utilidad ex-terior- Esta progresión supone reconocer la tensión, la ambilalencia y la fragilidad en las relaciones de nuestros oficios científicos con la

éúca y la política, y por tanto, la insuper¿ble impureza de nuestras prácticas,

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