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Ethos discursivo e identidad narrativa de una mujer excombatiente de las FARC

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Academic year: 2020

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(1)1 ETHOS DISCURSIVO E IDENTIDAD NARRATIVA DE UNA MUJER EXCOMBATIENTE DE LAS FARC. JENNIFER RESTREPO MONSALVE. UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN LICENCIATURA EN COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA EDUCATIVA PEREIRA 2017.

(2) 2 ETHOS DISCURSIVO E IDENTIDAD NARRATIVA DE UNA MUJER EXCOMBATIENTE DE LAS FARC. JENNIFER RESTREPO MONSALVE. Proyecto de grado para optar al título de LICENCIADA EN COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA EDUCATIVA. Directora: Dra. TERESITA VÁSQUEZ RAMÍREZ. UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA FACULTAD DE CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN LICENCIATURA EN COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA EDUCATIVA PEREIRA 2017.

(3) 3 Dedico esta búsqueda a aquellas mujeres quienes con su hacer subvierten el orden de las cosas, un mandato que nos condenó al silencio, a las que conozco y a las que conoceré.. A mi madre, porque sin su amor, apoyo y esfuerzo incondicionales mi devenir no sería el mismo.. A Zenaida, por atreverse a tomar la voz para dar otro sentido a su historia, que es la de muchas, que es la de todas..

(4) 4 Agradecimientos A Tere, por ser esa primera voz que me acercó a otras maneras de entender el mundo y las palabras, por la admiración que suscita entre sus estudiantes y por demostrarme que tanto la disciplina como la convicción, son el sostén del aprendizaje. A mi familia, por confiar en mí. A Nata, gran amiga quien, con sus palabras de aliento, me acompañó en esta travesía académica y experiencial. A Samm, Stiven y Luisa porque hemos construido una amistad atravesada por la empatía y las ansias de conocimiento. A mí misma, porque a veces me olvido de lo que soy capaz de hacer..

(5) 5 Tabla de contenido LISTA DE FIGURAS ............................................................................................................ 6 RESUMEN ............................................................................................................................. 7 1. INTRODUCCIÓN ................................................................................................................. 9 2. FORMULACIÓN DEL PROBLEMA ................................................................................. 12 2.1 DELIMITACIÓN DEL PROBLEMA ........................................................................... 12 3. OBJETIVOS ........................................................................................................................ 16 3.1 OBJETIVO GENERAL ................................................................................................. 16 3.2 OBJETIVOS ESPECÍFICOS ......................................................................................... 16 4. JUSTIFICACIÓN ................................................................................................................ 16 5. ESTADO DE LA CUESTIÓN ............................................................................................ 19 6. MARCO TEÓRICO............................................................................................................. 23 6.1 LA AUTOBIOGRAFÍA ................................................................................................. 23 6.2 NARRACIÓN Y RELATO ........................................................................................... 31 6.3 DISCURSO: ENUNCIACIÓN PRESUPUESTA/ENUNCIACIÓN ENUNCIADA/ESQUEMA DE LA Y ................................................................................. 32 6.4 RELATO MÍNIMO...................................................................................................... 37 6.5 PROGRAMA NARRATIVO ......................................................................................... 38 6.6 ETHOS DESDE UNA PERSPECTIVA SEMIÓTICA .................................................. 41 7. METODOLOGÍA ................................................................................................................ 50 PRIMERA FASE: CONFORMACIÓN DEL CORPUS ..................................................... 50 SEGUNDA FASE: ANÁLISIS ............................................................................................ 51 8. MARCHAR PARA CONTAR: UNA DISIDENTE QUE SE NARRA .............................. 54 9. CONCLUSIONES ............................................................................................................. 167 10. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS............................................................................. 173.

(6) 6 Lista de figuras FIGURA 1. PLANOS DEL DISCURSO. (SERRANO OREJUELA, 1991). ............................................. 33 FIGURA 2. NIVELES DEL DISCURSO. ENUNCIACIÓN PRESUPUESTA Y ENUNCIACIÓN ENUNCIADA (SERRANO OREJUELA, 1996). ............................................................................................ 34 FIGURA 3. TRES PLANOS DEL DISCURSO. ESQUEMA Y (SERRANO OREJUELA, 1996). ................ 35 FIGURA 4. ENUNCIACIÓN PRESUPUESTA/ ENUNCIACIÓN ENUNCIADA (SERRANO OREJUELA, 1996). ................................................................................................................................ 37 FIGURA 5. ESQUEMA DEL RELATO MÍNIMO (COURTÉS. 1991, PÁG. 105). .................................. 38 FIGURA 6. RECORRIDO GENERATIVO (GREIMAS Y COURTÉS 1979). .......................................... 53.

(7) 7 Resumen La siguiente investigación de enfoque cualitativo y de carácter interpretativo tuvo por objeto de estudio analizar la identidad narrativa proyectada por Zenaida Rueda Calderón en su relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera” (2009), mujer que convivió durante 18 años en las filas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército Pueblo (FARC-EP) y, quien finalmente decide desertar. En ese orden de ideas, la categoría que se abordó para el estudio de la identidad fue el ethos o imagen discursiva, propuesta por Aristóteles (IV a.C), se refiere a la construcción de la imagen del orador en el discurso, sin embargo, en la investigación se incluyen las nuevas perspectivas que analistas del discurso como Oswald Ducrot, Dominique Maingueneau y Ruth Amossy le aportan a esa primera aproximación. Asimismo, algunos postulados de la autora Leonor Arfuch aportaron a la comprensión de la autobiografía como género discursivo, donde quien narra, consigue reinterpretar sus vivencias una vez pone en discurso el relato de aquellos episodios sobresalientes en su devenir, de modo que otorga un sentido particular a la propia subjetividad. Finalmente, el modelo del Recorrido Generativo propuesto por la Semiótica Discursiva instaurada por A. J. Greimas funcionó como marco teórico-metodológico para la realización del análisis. Según esta perspectiva, cada vez que nos enfrentamos a un texto, sea cual sea su materialidad expresiva, es posible hallar estructuras discursivas y estructuras semionarrativas dinamizadas por un componente sintáctico y uno semántico. Palabras clave: Autobiografía, análisis del discurso, ethos, narración, recorrido generativo..

(8) 8 Abstract The following research, of qualitative approach and an interpretative character, had as object of study to analyze the narrative identity projected by Zenaida Rueda Calderón in her autobiographical story: “Confesiones de una guerrillera” (2009). A woman who lived for 18 years in the ranks of the Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército Pueblo (FARC-EP) and, who finally decides to desert. Following this, the category used to study the identity was the ethos or discursive image, proposed by Aristotle (IV a.C.) and refers to the constructed image of the speaker in the discourse. Nonetheless, the research includes the new perspectives that discourse analysts such as Oswald Ducrot, Dominique Maingueneau and Ruth Amossy bring to this first approach. In that sense, some postulates by the author Leonor Arfuch were considered, which contributed to the comprehension of autobiography as a discursive genre, where the one who narrates, gets to reinterpret her experiences once she puts into discourse the story of those outstanding episodes in her becoming, in a way that gives a particular meaning to the subjectivity itself. Finally, the Generative Trajectory proposed by the Discourse Semiotics introduced by A. J. Greimas worked as a theoretical-methodological framework to perform the analysis. According to this perspective, whenever we face a text, indistinctly from its expressive materiality, it is possible to find discursive structures and semionarrative structures dynamized by a syntactic and a semantic component. Key words: Autobiography, discourse analysis, ethos, narration, generative trajectory..

(9) 9 1. Introducción Los seres humanos significamos nuestro mundo, nuestra existencia individual y colectiva a través de las palabras, propiamente, a través del discurso. Aunque durante años se le otorgó un papel secundario al discurso, en la medida en que era concebido solo desde su función descriptiva, con el paso del tiempo y gracias a nuevas corrientes de pensamiento, se reconoció su potencial como generador de realidades, según esto, no se accede a lo “real” del mundo, sino a las versiones que se crean de él en los intercambios comunicativos. En ese sentido, el posicionamiento teórico desde el cual se aborda la presente investigación está estrechamente relacionado con la filosofía del lenguaje y el giro lingüístico, pues gracias a los postulados de sus exponentes y a la aparición de disciplinas que renovaron las perspectivas epistemológicas del campo concatenadas en las llamadas “Ciencias del lenguaje”, se inicia la transformación a la que se hizo referencia hace un momento. Ahora bien, esta mirada filosófica del lenguaje se expande a otros campos ocupados por comprender cuáles son los procesos semiodiscursivos que tienen lugar en el acto comunicativo, es el caso de la Semiótica discursiva de la Escuela de París, la cual sustituye la noción de lenguaje por la de discurso debido a la complejidad y amplitud del primero, pues compromete todo un universo de expresiones diversas que trascienden lo lingüístico mientras el segundo, gracias a su especificidad se centra en un ámbito de análisis y la significación del discurso. Conforme a esto, la narración es un modo de organización discursiva para mostrar en el relato una historia determinada, con sus personajes, sus tiempos y sus espacios afectados por una cadena de eventos o acciones intencionadas que conducen a otros estados e imprimen el carácter transformador y cambiante de lo narrativo. Mientras tanto, los estados evocan la permanencia, la cohesión que invita a hilvanar la historia..

(10) 10 Así, cuando se intenta narrar las propias vivencias, se va tras la huella de aquellas experiencias que marcaron una alteración en la identidad, que conducen hacia estados distintos, no se trata pues de una transcripción verídica de los hechos que ocurrieron en una vida referida y extra discursiva, sino, de dar una interpretación a aquellos relatos que fueron decisivos en el pasado, a partir de la mirada del presente. En consecuencia, el relato presenta cambios, alteridades, idas y vueltas lo que permite crear y recrear la identidad puesta en el discurso, no como una categoría inmutable sino como un espacio en movimiento.. En el corpus de la investigación, conformado por algunos pasajes del libro: “Confesiones de una guerrillera” de Zenaida Rueda Calderón, las transformaciones cobran especial relevancia, pues una vez se asume como narradora, no es la misma joven que se vio en la obligación de abandonar su hogar ni es la misma mujer que se escapó para reincorporarse en la sociedad civil. Su historia en las filas de las FARC inicia en el año 1991 cuando tenía 18 años, en El Playón, Santander, lugar donde convivía con su famlia, y además era frecuentado por los guerrilleros que se encargaban de reclutar efectivos para la organización. Mientras permaneció en el frente pudo entrar en contacto con figuras que se instauraron en el imaginario colectivo alrededor de ese grupo armado, tales como el “Mono Jojoy”, “Romaña” y el mismo “Manuel Marulanda”. No obstante, cuando se hace madre en la selva y después de haberse visto en la obligación de renunciar a sus hijos, decide abandonar el proyecto guerrillero y entregarse al ejército.. Por su parte, la dimensión discursiva de la identidad fue abordada a la luz de lo que Aristóteles denominó el ethos. Según el filósofo, toda vez que un orador se presenta ante un público y quiere persuadirlo de creer en sus palabras, existen tres pruebas para conseguirlo, el pathos, es decir, predisponer emocionalmente a quien lo escucha, el logos o los argumentos.

(11) 11 del discurso en sí y, la que fuera preponderante sobre las demás, el ethos o el talante del orador, con él buscará reflejar una imagen de benevolencia, de virtud y de sensatez. Para detectar tales rasgos por medio del análisis en el corpus elegido, se da cuenta de las dimensiones discursivas del sujeto, homologadas con las propuestas de la Esucuela de París por Eduardo Serrano (1996), en este sentido, existe una dimensión lingüística, una dimensión cognitiva, una dimensión axiológica, una dimensión pragmática y una dimensión tímica o pasional. Asimismo, los trabajos de analistas del discurso como Ducrot, Ruth Amossy y Dominique Maingueneau, conducen a ampliar la noción de ethos en la medida en que defienden que en todo discurso, sea este público y oral, o escrito y virtual, es posible localizar un tono, una manera de enunciar que remiten a una voz discursiva. Además, en intercambios discursivos previos pueden resultar imágenes que proyectan los oradores, de ahí la importancia de distinguir entre el ethos previo y el ethos discursivo de quien enuncia. De igual modo, la presentación que realiza de sí se da en un contexto sociocultural que no hay que perder de vista, pues da cuenta de unos estereotipos, estigmas e imaginarios circundantes. Por su parte, el modelo de A. J. Greimas del Recorrido generativo sirvió como metodología para el análisis de los niveles discursivo y semionarrativo del relato. En el primero, nos encontramos con los espacios, los tiempos y los personajes, así como con los temas que se presentan a través de figuras; en el segundo, esos elementos adquieren unos roles actanciales que siempre van tras objetos de valor..

(12) 12 2. Formulación del problema. 2.1 Delimitación del problema. Al origen de las FARC-EP1 le antecede la guerra bipartidista que se desató en Colombia por la década de los 40 entre los partidos políticos Liberal y Conservador; como corolario de este cruento periodo de enfrentamientos armados, algunos sujetos conformaron guerrillas liberales motivados por el descontento social y en respuesta a las represalias propinadas por el Estado a través de sus Fuerzas Armadas, fundamentalmente, en algunos territorios del departamento del Tolima, del Huila, del Caquetá y del Cauca. Pese a que años más tarde se alcanzó una tregua entre el gobierno de Alberto Lleras y los guerrilleros, no se prolongó por mucho tiempo pues el Ejército arremetió, de nuevo, en contra de uno de los camaradas de Pedro Antonio Marín, quien se hizo llamar “Manuel Marulanda Vélez” o “Tirofijo”, episodio que confluyó en que él, junto con otros campesinos que antes habían conformado las guerrillas liberales y quienes se adherían a los ideales comunistas, se reorganizaran en armas bajo su voz y la de Luis Alberto Morantes o “Jacobo Arenas”. En consecuencia, floreció en Riochiquito, región ubicada en el departamento del Cauca la “Primera Conferencia” cuando corría el año de 1965, allí se tuvo como propósito definir la estrategia militar y organizativa de la incipiente guerrilla. (...) Allí hicieron un balance de las acciones cumplidas, y trazaron planes de acción militar, política, de organización, educación y propaganda. En ese encuentro, el movimiento armado se llamó "Bloque Sur", por estar al sur del Tolima. También formaron su primer Estado Mayor Conjunto, presidido por Ciro Trujillo, Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. (Verdad Abierta, 2012). La participación de las mujeres en el reciente grupo armado insurgente en un principio consistió en asistir y acompañar a los hombres que se encontraban en combate, desde su rol de esposas, madres o hermanas, lo cual se traduce en que, el campo de batalla se pensaba por y. 1 Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del pueblo..

(13) 13 para los hombres y aunque no existe un registro exacto del momento en que se asumen como combatientes directas dentro de las filas de las FARC, es claro que consistió en un proceso paulatino impulsado por la situación de su contexto y sus motivaciones personales, como lo afirma Castrillón Pulido “las primeras mujeres en las FARC fueron las esposas de aquellos 48 campesinos que gestaron el grupo insurgente y huían con ellos cargando al hombro los hijos y animales de corral para sobrevivir” (2015, pág. 83). Cabe resaltar que son múltiples los factores que inciden en que una mujer decida enlistarse, entre los que se encuentran motivaciones de índole política e ideológica; no obstante, también intervienen las condiciones de violencia, pobreza o inequidad propias de su entorno, donde la única escapatoria viene a ser la lucha armada. En el caso específico de Zenaida Rueda Calderón, una mujer que fue reclutada a los 18 años, quien decide escapar luego de convivir durante otros 18 en la selva y las circunstancias sociales del territorio en el que vivía, en donde las FARC estaban habilitadas para decidir a quienes reclutaban, condujeron a que su vinculación fuese inminente. […] unos guerrilleros me dijeron que alguien de la familia tenía que irse para las FARC y que seguramente me tocaba a mí. En esos días yo andaba de parranda. Nunca les conté a mis padres para no preocuparlos, hasta que un viernes ellos mismos le dijeron a mi papá que me iban a llevar. (Rueda Calderón, 2009, p.24).. En este sentido, la historia de su paso por la insurgencia sufrió una transformación cuando desertó, es por ello que cobra relevancia entender el proceso de transición por el que atraviesa una persona que opta por abandonar las armas y reincorporarse a la sociedad civil, lo cual trae consigo implicaciones en la forma de reconocerse a sí misma, ya no en un contexto bélico, ya no en la selva, sino en las dinámicas de la legalidad. De ahí que, al poner en discurso la reconstrucción de sus vivencias en la guerra, es decir, relatarse a través de la autobiografía, ese discurso no se limita a un ejercicio descriptivo, antes bien, implica reinterpretar el tiempo pasado y asumir el rol de enunciadora, lo que inevitablemente, nos remite al sentido que conferimos a las palabras y su responsabilidad al momento de pensarnos como habitantes del.

(14) 14 mundo. Para ilustrar lo antes mencionado, nos acogemos a la noción generativa del lenguaje, a la luz de Rafael Echeverría y su obra Ontología del lenguaje. Decimos que cuando hablamos actuamos, y cuando actuamos cambiamos la realidad, generamos una nueva. Aun cuando describimos lo que observamos, pues obviamente lo hacemos, estamos también actuando, estamos «haciendo» una descripción y esta descripción no es neutral. Juega un papel en nuestro horizonte de acciones posibles. A esto le llamamos la capacidad generativa del lenguaje ya que sostenemos que el lenguaje genera realidad. (Echeverría, 2006, p. 84).. En esta posibilidad de generar nuevas realidades en el discurso, evocamos una imagen, nos mostramos de cierta manera en la enunciación, o lo que es lo mismo, construimos un ethos y este a su vez, se constituye, en el presente trabajo, como una de las categorías conceptuales preponderantes que nos permite orientar el análisis de la narración autobiográfica. Asimismo, al entender que es en el discurso donde se crean los referentes de mundo, desplazamos las nociones de autor y de lector, por las de enunciador y enunciatario, puesto que el objeto de estudio no está centrado en la persona efectiva —autora— sino en la manera de enunciarse, es decir, la forma o las formas de las cuales se vale para mostrarse discursivamente, presentarse a sí misma. Esa dicotomía cobra sentido en la otra orilla, la de la interpretación, una vez el enunciatario accede a dicho discurso. Ahora, cabe aclarar que el proceso de vivir y combatir en un grupo armado dista entre la manera como lo atraviesan las mujeres y los hombres, puesto que los papeles que se delegan en las lógicas de la guerra son distintos y en muchos casos son un reflejo de la cultura que pone en desventaja a unas con respecto de los otros, como lo describe (Castrillón Pulido, 2015, p.11.): Ya dentro del grupo, las mujeres encuentran un ordenamiento de género que no difiere mucho del que había en su comunidad. El hecho de someterse a una estructura jerarquizada, dominada por hombres, en la que sus intereses se pierden bajo el manto de la homogeneización del grupo, a la práctica de rutinas tendientes a disciplinarlas y adiestrarlas en lo militar, y a una fuerte estigmatización, hace que las relaciones de poder entre géneros al interior del grupo armado se parezcan al ordenamiento que hay fuera de él.. Adicionalmente, se tiene en cuenta que la historia de las guerras y las batallas es contada en gran medida desde la visión masculina, por lo cual existe una tendencia a relegar la presencia.

(15) 15 femenina en el conflicto. Sólo hasta hace algunos años han emergido nuevas voces de mujeres combatientes, las cuales en cierta medida permiten ampliar el estudio del conflicto y complejizan los matices de la guerra. Así pues, es preciso afirmar que la identidad de las mujeres excombatiente, estudiada desde su dimensión narrativa, no ha sido abordada a profundidad en el área de las Humanidades y específicamente, desde las Ciencias del lenguaje; es insuficiente el análisis discursivo de estos relatos, más aún si se considera que dichos estudios permiten entender el discurso como generador de mundo y de una identidad que se narra, que se cuenta. Por lo tanto, se hace pública en un momento histórico y un contexto sociocultural determinados. Teniendo en cuenta estas consideraciones y apoyándonos en los aportes teóricos generados por la semiótica discursiva de la Escuela de París, nos proponemos dar respuesta a la siguiente pregunta de investigación: ¿Cuál es la identidad narrativa que emerge en el relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera”, una vez se analiza discursivamente el ethos que allí construye Zenaida Rueda, mujer excombatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP)?.

(16) 16 3. Objetivos 3.1 Objetivo general. Analizar la identidad narrativa de una mujer excombatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), a partir del ethos discursivo que configura en el relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera”. 3.2 Objetivos específicos •. Rastrear el Ethos como identidad narrativa en el relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera”.. •. Estudiar las estrategias discursivas y narrativas presentes en el relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera”.. •. Identificar las estrategias discursivas y narrativas presentes en el relato autobiográfico: “Confesiones de una guerrillera”.. 4. Justificación Cuando hacemos referencia a la identidad como categoría de análisis nos encontramos ante el hecho de que esta contiene en sí una doble configuración, es decir, surge gracias a un proceso de individualización por parte del sujeto, pero a su vez, este requiere dialogar con el mundo en el que se desenvuelve, de este modo la identificación viene a ser una interacción necesaria y permanente, puesto que por medio de ella se permea de la cultura, al tiempo que la recrea a través del discurso, es decir, encuentra su modo de estar en el mundo. En este orden de ideas, preguntarnos por la búsqueda de identidad a través de la narración de la vida-relato autobiográfico- es pertinente en la medida que potencia la reflexión sobre el “yo”, no como un.

(17) 17 ente estable, sino como aquel que se reconstruye y muta según el momento histórico en el que se encuentra. Así las cosas, surge el interrogante de ¿Por qué estudiar el discurso presente en el relato “Confesiones de una guerrillera”?, pues bien, es posible construir una respuesta desde diferentes dimensiones, en primera instancia el país atraviesa por un momento político que tendrá repercusiones a nivel histórico, cultural, social y económico, nos referimos al escenario de posconflicto luego de ser firmado el Acuerdo General para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, por lo tanto se requiere de estudios que le apuesten a leer el conflicto armado en toda su complejidad, en este sentido y teniendo en cuenta que el análisis del discurso ha cobrado relevancia en el campo de las Ciencias Sociales y Humanas, surge la posibilidad de analizar una de las voces que emerge durante la guerra, como un medio para reflexionar sobre el conflicto armado desde los actores implicados y sus maneras de reconocerse y de narrarse a partir de la búsqueda de una identidad, la cual da cuenta tanto de sus vivencias personales, como de sus percepciones acerca del contexto en el que se desenvuelven. Atendiendo a esta necesidad, nos encontramos con una categoría de análisis pertinente para el objeto de la investigación, en la medida que posibilita observar cuál es la imagen que en este caso proyecta una excombatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP), nos referimos específicamente al ethos, concepto propuesto inicialmente por Aristóteles (IV a.C), pero que con el transcurrir del tiempo, ha madurado y se ha transformado gracias a los aportes teóricos de diferentes autores y analistas del discurso, de ahí que su cercanía con la identidad discursiva sea vital para la presente investigación. Ahora bien, consideramos pertinente consolidar la relación entre educación, comunicación y análisis discursivo, puesto que como lo menciona (Martínez, 2002, p.7): “Ninguna posición seria acerca del aprendizaje puede seguir haciendo caso omiso del papel del.

(18) 18 enunciado en el proceso de semantización del mundo, en el proceso de aprender a ver el mundo, en el proceso de construcción de los sujetos discursivos”. De esta manera, observamos que en la actualidad tanto estudiantes como docentes nos enfrentamos a la circulación de discursos con mayor rapidez, bien sea a través de los medios de comunicación masiva -televisión, radio, prensa- como a través de los medios electrónicos, o como en este caso en particular, a través del libro, dispositivo comunicacional tradicionalmente reconocido; por ello es menester consolidar sistemas de lectoescritura que no se limiten a descifrar la combinación de símbolos, sino más bien que expandan las maneras de comprender la construcción de mundos posibles que efectúan los individuos a través del discurso, que permitan entrever las intencionalidades del enunciador con cautela y astucia, lo cual, en última instancia, no sólo permite formar individuos más críticos, sino también fortalecer procesos comunicativos entre sujetos históricos los cuales al relatarse, resignifican la identidad, encuentran una voz e igualmente problematizan la propia historia, porque la entienden como el resultado de un cúmulo de circunstancias socioculturales que inciden en su forma de relacionarse y recrear lo real. Es así como se confiere al discurso un papel protagónico a la hora de entender la construcción y resignificación de la realidad. (...) El lenguaje crea realidades. Vemos esto de muchas maneras. Al decir lo que decimos, al decirlo de un modo y no de otro, o no diciendo cosa alguna, abrimos o cerramos posibilidades para nosotros mismos y, muchas veces, para otros. Cuando hablamos, modelamos el futuro, el nuestro y el de los demás. A partir de lo que dijimos o se nos dijo, a partir de lo que callamos, a partir de lo que escuchamos o no escuchamos de otros, nuestra realidad futura se moldea en un sentido o en otro. (Echeverría, 2006, p.22). En síntesis, reflexionar en torno a las identidades que construyen discursivamente estos individuos, es en cierta medida, un acto de paz; puesto que implica otorgarles a esas voces un lugar que por años les fue negado; bien fuera por los medios de comunicación, los gobiernos de turno que polarizaron sin apertura al diálogo, o incluso, la academia, que sólo hasta ahora ha vuelto la mirada con mayor sensibilidad hacia estos fenómenos..

(19) 19 Así pues, la educomunicación es una disciplina pertinente para poner en relación los medios, su recepción y análisis crítico y a partir de allí poder reflexionar en torno a los discursos, entendiendo que lo que se construye discursivamente no son más que ilusiones referenciales y no verdades absolutas. El análisis de estos discursos será abordado en la medida que permite ahondar en nuevas rutas de reflexión en torno a las construcciones de identidad de los actores implicados en el conflicto armado, puestas en escena mediante la narración de lo vivido.. 5. Estado de la cuestión A continuación, se entrega una mirada amplia de las elaboraciones investigativas que han sido desarrolladas en torno al estudio de la identidad narrativa de sujetos implicados o afectados por el conflicto armado colombiano, así como otros estudios que centran su objeto en las narrativas autobiográficas. En el año 2014 Claudia Juliana Morales y Jaime Pineda realizaron una investigación titulada “Vivir y morir en el decir: narraciones después de la guerra”, ejercicio que tuvo por objeto de estudio analizar la manera cómo se configuran narrativamente las experiencias de los actores vinculados al conflicto colombiano, una vez se reincorporan a la vida civil, a partir de un corpus constituido por conversaciones y escritos. Enunciarse desde un lenguaje no bélico que dista del sistema simbólico que se adoptaba hasta ese momento, es, entonces, una forma de volver a “nacer” en sociedad para encarar el pasado, pero con las particularidades del presente, esto es, como ciudadano “legítimo”. Los investigadores se fundamentan en los postulados teóricos sobre la relación del lenguaje y la identidad de Paul Ricoeur (1996), Ludwig Wittgenstein (2008) Hannah Arendt (2009) y Jacques Derrida (2005)..

(20) 20. Conviene subrayar que pese a que no es muy común encontrar estudios sobre las narrativas de mujeres que alguna vez fueron combatientes, en el año 2015 Martha Cecilia Herrera y Carol Pertuz Bedoya, elaboran un amplio estudio llamado: “Narrativas femeninas del conflicto armado y la violencia política en Colombia: contar para rehacerse.”, este trabajo nos muestra la configuración del conflicto armado colombiano y la violencia política del país desde los relatos de algunas mujeres que hicieron parte de grupos armados insurgentes y que ahora militan desde organizaciones conformadas por excombatientes, en este caso, la preocupación giró en torno a las narrativas vivenciales que ellas contaron, para contrastarlas con las narrativas del conflicto armado que se producen en la historia oficial, adicionalmente realizan un recorrido por algunos acontecimientos de la guerra y el rol femenino en ellos, esta es pues una apuesta por conocer la configuración de la subjetividad de mujeres excombatientes a partir de un ejercicio de las memorias. Finalmente, una vez analizadas estas narrativas las investigadoras concluyen que las mujeres que fueron parte de un grupo armado insurgente, sienten gran afinidad por las organizaciones desde las que militan, ya no en la lucha armada, sino en escenarios de lo político, es por ello una forma de reencontrarse en la sociedad y justificarse ante ella.. Así mismo, en el año 2012 Virginia Capote Díaz publica un ensayo titulado: “Historias de mujeres. Testimonios de excombatientes del conflicto armado colombiano”, en el que se analiza un corpus literario-periodístico acerca de los testimonios de algunas mujeres que combatieron en el conflicto armado colombiano, testimonios presentes en los textos “Patria se escribe con sangre” de Elvira Sánchez Blake y “Las mujeres en la guerra” de Patricia Lara; el objetivo de esta indagación fue poder reconocer el rol de las mujeres en la historia del conflicto armado colombiano como una forma de resemantizar las narraciones que se producen en el.

(21) 21 contexto bélico, de este modo la autora concluye que la mujer guerrillera tiene la necesidad de encontrar su voz y hacerla pública en la medida que se desconoce su papel y se crea un imaginario colectivo que va en contravía de sus sentires.. Por otra parte, “El secuestro: una fractura en la identidad narrativa” es un trabajo realizado por las docentes Miriam Oviedo Córdoba y Marieta Quintero Mejía, en el año 2014, en él se elabora una indagación con respecto a la construcción de la identidad narrativa de Alan Jara y Gilberto Echeverry, ambos políticos colombianos secuestrados por las FARC-EP, a partir de dos relatos: “El mundo al revés” y “Bitácora desde el cautiverio”, con este análisis se abordan dos aspectos particulares de la identidad, el primero de ellos, corresponde a la evaluación que Jara y Echeverry hacen respecto a la privación de su libertad, mientras que el segundo, se interesa por el impacto que esta circunstancia tuvo en su vida personal y en comunidad, de esta forma pudieron concluir que la privación de la libertad representa no sólo un estado de humillación y desarraigo, sino también la carencia de espacios públicos para debatir, la cual se refleja en la imposición de una voz hegemónica y la pérdida de la condición humana. Por otra parte, al considerar la multiplicidad de disciplinas que abordan la categoría de identidad, las cuales comprenden desde el estudio de la relación lingüística y comunicativa, hasta la sicología del enunciador; las autoras distinguen que esta tesis se suscribe en el campo de la filosofía política, a la luz de la obra de Hannah Arendt (1994) y su noción de pluralidad.. A su vez, María Gutiérrez Fernández en su investigación “Relato autobiográfico y subjetividad: una construcción narrativa de la identidad personal” del año 2010, se pregunta por la construcción de la identidad y de la subjetividad a partir de narraciones autobiográficas realizadas con un grupo de estudiantes de la Universidad de los Andes en Mérida, Venezuela, en estas narraciones se reconstruyen los sentires y percepciones con respecto a diferentes rasgos.

(22) 22 vivenciales e históricos que perfilan la identidad de estos sujetos, se resalta aquí la importancia de la escritura como escenario de confrontación que permite poner en común las voces de quienes se reconocen en su historia, así la perspectiva teórica en la que se enmarca esta investigación está estrechamente relacionada con postulados sicopedagógicos sobre la identidad y comprende a autores como: Leonor Arfuch (2002), Jerome Bruner (2001) y Lev Vygotski. Con lo anterior en mente, en la presente investigación se propone estudiar la narración autobiográfica de una mujer que en el pasado fue combatiente de las FARC-EP, con la intención de desentrañar esa identidad que construye a través de la presentación de sí misma, es por ello que se apuesta por reconocer los códigos que utiliza para recrearse y recrear su historia, lo que a su vez implica un proceso de problematización del pasado, es decir, indagar en los recuerdos y ponerlos en común en el discurso. Se debe agregar que, el anterior problema será leído a la luz de los analistas del discurso de la Escuela de París fundamentalmente, entre los que se destaca Ruth Amossy y Dominique Maingueneau. Adicionalmente, abordamos la categoría de relato autobiográfico a partir de los planteamientos de autores como Leonor Arfuch, Paul De Man y Mijaíl Bajtín..

(23) 23 6. Marco teórico […]En cuanto entendemos que la función retórica de la prosopopeya consiste en dar voz y rostro por medio del lenguaje, comprendemos también que de lo que estamos privados no es de vida, sino de la forma y el sentido de un mundo que sólo nos es accesible a través de la vía despojadora del entendimiento. La muerte es un nombre que damos a un apuro lingüístico, y la restauración de la vida mortal por medio de la autobiografía (la prosopopeya del nombre y de la voz) desposee y desfigura en la misma medida en que restaura. La autobiografía vela una desfiguración de la mente por ella misma causada. (De Man, 1991, pp. 113-119). 6.1 La autobiografía Muchas son las acepciones que proliferan en torno a la distinción entre una narración de carácter autobiográfico de otras como la novela o la autoficción, este fue el propósito de diferentes autores que se empeñaron en delimitarla como un género literario. Philippe Lejeune, por ejemplo, desarrolló toda su obra alrededor de este tipo de relatos y otorgó un lugar primordial a la figura del autor, inicialmente definió la autobiografía como: «Relato retrospectivo en prosa que una persona real hace de su propia existencia, poniendo énfasis en su vida individual y, en particular, en la historia de su personalidad» (Lejeune, 1975, p. 50). No obstante, son diversos los desplazamientos que sufre esta primera definición. Años más tarde, el propio Lejeune reconoce las restricciones de la misma, puesto que con ella sugiere la necesidad de que exista una relación fehaciente entre el relato y la historia a la que hace referencia, lo que resulta irrealizable si se tiene en cuenta que al poner en discurso las memorias de la propia vida, no transcribimos los hechos, antes bien, proyectamos una nueva mirada introspectiva y en consecuencia, instauramos una versión de mundo. Adicionalmente, su preferencia por reconocer al autor efectivo va en contravía de estudios posteriores, que proponen desde una perspectiva discursiva ocuparse de los sujetos enunciativos o más propiamente, de los actantes de la enuciación, tal como lo señala (Blanco, 2004, p. 11); (…)La obra es un objeto del lenguaje, y el lenguaje crea siempre una realidad virtual, completamente distinta de la realidad del autor. Todo lo que aparece en la obra como figura del.

(24) 24 autor es un puro y simple simulacro, un “personaje” del mundo representado que es siempre “otro” mundo.. Con lo anterior no se niega la pertinencia de poder incluir la autobiografía en el marco de los géneros discursivos más allá de la tradición literaria, en la medida en que a la hora de acceder a un texto y proceder a analizar el discurso que allí se nos presenta, es fundamental distinguir las marcas genéricas perceptibles en el enunciado. Obedeciendo a esto, retomaremos algunos de los postulados de autores como Mijaíl Bajtín (1979) y Patrick Charaudeau (2004), el primero, desde la perspectiva de la filosofía del lenguaje y el segundo, desde el análisis del discurso. Bajtín puntualiza (1979, p. 3) El uso de la lengua se lleva a cabo en forma de enunciados (orales y escritos) concretos y singulares que pertenecen a los participantes de una u otra esfera de la praxis humana. Estos enunciados reflejan las condiciones específicas y el objeto de cada una de las esferas no sólo por su contenido (temático) y por su estilo verbal, o sea, por la selección de los recursos léxicos, fraseológicos y gramaticales de la lengua, sino, ante todo, por su composición o estructuración. Los tres momentos mencionados -el contenido temático, el estilo y la composición- están vinculados indisolublemente en la totalidad del enunciado y se determinan, de un modo semejante, por la especificidad de una esfera dada de comunicación. Cada enunciado separado es, por supuesto, individual, pero cada esfera del uso de la lengua elabora sus tipos relativamente estables de enunciados, a los que denominamos géneros discursivos.. Tenemos que para llegar a comprender las interacciones sociales que sugiere determinada práctica de la esfera de la praxis humana, accedemos, inevitablemente, a los discursos que sus individuos han generado en forma de enunciados, los que a su vez contienen ciertas marcas de carácter temático, estilo y composición, dichas marcas son anticipadas, en muchos casos, por el tipo de contrato comunicativo establecido y por lo tanto varían según la esfera en la que circulan. Ello supone que la actividad discursiva de la esfera, si bien es dinámica y variante, fija ciertos enunciados relativamente estables, o, géneros discursivos que la distinguen de las demás esferas. Luego señala:.

(25) 25 La riqueza y diversidad de los géneros discursivos es inmensa, porque las posibilidades de la actividad humana son inagotables y porque en cada esfera de la praxis existe todo un repertorio de géneros discursivos que se diferencia y crece a medida que se desarrolla y se complica la esfera misma. (Bajtín , 1979, p. 248). Dicho de otro modo, existen tantos géneros discursivos como prácticas sociales existen en las esferas de la actividad social, con ello sostenemos que ningún género permanece estático debido a que la esfera se encuentra en constante movimiento, en constante transformación, lo propio ocurre con los sujetos partícipes, sus roles varían y se someten a las restricciones que le impone la práctica discursiva. Por su parte, Charaudeau (2004) distingue los niveles que, articulados, delimitan los géneros discursivos: el anclaje social del discurso, su naturaleza comunicacional, las instrucciones discursivas y las características formales de los textos. En primer lugar, las relaciones simbólicas y los roles que los sujetos desempeñan, varían según el ámbito de la práctica social en el que se originan, esto quiere decir que los actores encuentran en ellos ciertos puntos de referencia (Charaudeau, 2012) los cuales les permiten discernir el contrato comunicativo. Sin embargo, el analista distingue entre estos y los ámbitos de la práctica del lenguaje (…) es preciso encontrar el modo de articular este ámbito de práctica social con la actividad discursiva. La dificultad proviene del hecho de que estos ámbitos de práctica son demasiado extensivos y englobantes para que puedan extraerse regularidades discursivas. (…) (Charaudeau, 2004, p. 2).. En ellos se instauran las identidades, los roles y las posiciones de los enunciadores con respecto al ámbito del lenguaje en el que emiten sus discursos, según el autor todo ámbito social regula los intercambios en una suerte de ritualizaciones lingüísticas que lo delimitan y hacen que se funden ciertos tipos de enunciados que obedecen a prácticas sociales como el político, noticioso, jurídico y científico; aquí cabe mencionar la autobiografía como un tipo de texto fundante que se distingue por características como la escritura en primera persona, o la narración como el modo de organización discursivo predominante..

(26) 26 A esta altura es importante reconocer de qué modo se estructuran y funcionan los actos discursivos que permiten establecer los géneros, con ello en mente, Charaudeau los aborda a partir de la situación de comunicación y a las instrucciones discursivas o puesta en discurso. La situación de comunicación es el lugar donde se instituyen las restricciones que se ponen en juego en el intercambio; estas restricciones que provienen a la vez de la identidad de los participantes y del lugar que ocupan en el intercambio, de la finalidad que los une en términos del objetivo, del propósito, que puede ser invocado y de las circunstancias materiales en las cuales se realiza. (Charaudeau, 2004, p. 6). Podemos afirmar que la situación de comunicación establece las reglas de juego del intercambio en la medida en que posibilita a sus participantes conocer el rol que desempeñan y cuál es el objeto del mismo. Con todo, esta situación es aún muy amplia si lo que se desea es demarcar un género discursivo, es por ello que el analista distingue entre una situación global de comunicación y una situación específica de comunicación, ambas complementarias y fundamentales para la estructuración de la situación de comunicación de la que hablamos hace un momento. Con respecto a la primera noción nos dice: La situación global de comunicación (Mainguenaeu y Cossuta, 1995) es un primer lugar de constitución del ámbito de la práctica social en el ámbito del intercambio comunicacional. Es aquí donde los actores sociales se constituyen en instancias de comunicación, alrededor de un dispositivo que determina su identidad, la (o las) finalidad(es) que se instaura entre ellas y el ámbito temático que constituye su basamento semántico (Charaudeau, 2012, pág. 31). Las instancias comunicativas -enunciador y enunciatario- a las que hace referencia el autor, de ahora en más, se distancian de la práctica social, en tanto su existencia solo es posible en la comunicación al momento de la enunciación. Ahora bien, según los objetivos a los que obedezca, las variaciones temáticas e identitarias están determinadas por la denominada situación específica de comunicación. Apunta Charaudeau, La situación específica de comunicación es la que determina las condiciones físicas del intercambio lingüístico y, en consecuencia, especifica los términos de la situación global de comunicación (…) En la SEC se hallan los interlocutores con una identidad social y roles comunicacionales bien precisos. Asimismo, la finalidad del intercambio se encuentra precisada en función de las circunstancias materiales concretas en las que el mismo se realiza (…) concierne tanto a la materialidad del sistema semiológico (gráfico, fonético, icónico, visual,.

(27) 27 gestual, etc.), como a la de la situación de intercambio (monolocutiva o interlocutiva), y también a la del soporte de transmisión (papel, audio-oral, audio-visual, electrónico, etc.). (Charaudeau, 2012, pág. 32). Una vez definidas las condiciones comunicacionales, nos adentramos en las restricciones discursivas, las cuales se espera den respuesta al “cómo decir” que ambas instancias deberán poder interpretar en coherencia con la dinámica que les representa el intercambio. Cabe advertir que dichas restricciones no responden a elecciones gramaticales o lingüísticas, sino a los modos de organización discursivos-descriptivo, narrativo, argumentativo, indicativo- que el autor define como, “un conjunto de comportamientos discursivos posibles entre los que el sujeto hablante elige los que son capaces de satisfacer las condiciones de las características externas” (Charaudeau, 2012, pág. 35). Finalmente, el autor no desconoce las implicaciones que acarrea distinguir los aspectos formales de la producción discursiva, esto es, normas de uso más o menos codificadas que pueden ser objeto de variaciones (Charaudeau, 2012) en una relación de correspondencia, tanto la situación de comunicación como la puesta en discurso, suponen el uso de ciertas formas, por lo cual responden a las características para cada caso. Sintetiza Charaudeau, (…) La posición aquí defendida es que una definición de los géneros del discurso pasa por la articulación entre estos tres niveles y por la puesta en correlación (y no en implicación sucesiva) de los elementos que cada uno de estos niveles propone. En esta perspectiva, es difícil definir el género como un prototipo o como un esquema abstracto, puesto que hay muchos componentes de orden diferente que intervienen para su composición (…) (Charaudeau, 2004, p. 17). Teniendo en cuenta este panorama, nos remitimos a la propuesta de Leonor Arfuch consignada en sus trabajos sobre el Espacio biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea (2002) e Identidades, sujetos y subjetividades (2005). Aquí la vivencia, es entendida como la unidad mínima de análisis de un discurso autobiográfico, es la que permite tejer y entrelazar circunstancias o causas para recrear una porción de la totalidad de la vida, es.

(28) 28 así que cuando nos relatamos, cuando nos releemos y cuando escribimos la vivencia se convierte en puntual e infinita a la vez. A propósito nos dice Arfuch, La vivencia pensada entonces como unidad de una totalidad de sentido donde interviene una dimensión intencional, es algo que se destaca del flujo de lo que desaparece en la corriente de la vida. (…) La reflexión autobiográfica o biográfica en la que se determina su contenido significativo queda fundida en el conjunto del movimiento total al que acompaña sin interrupción (…) “algo más que pide ser reconocido (…) su referencia interna a la vida”. (Arfuch, 2002 refiriéndose a Gadamer, p.35). Son las vivencias las que componen el lenguaje autobiográfico y este, a su vez, se convierte en el escenario donde por excelencia se perfilan las narrativas del yo. En él se presenta la posibilidad de crear y recrear la identidad, no como una categoría inmutable sino más bien un espacio en movimiento en el que los sujetos asumen diferentes identidades relegadas-hasta hace poco- a la periferia de los discursos hegemónicos. La pérdida de certezas, la difuminación de verdades y valores unívocos, la percepción nítida de un decisivo descentramiento del sujeto, de la diversidad de los mundos de vida, las identidades y subjetividades, aportó a una revalorización de los "pequeños relatos", a un desplazamiento del punto de mira omnisciente y ordenador en beneficio de la pluralidad de voces. Este giro epistémico, emparentado con lo que dio en llamarse "el giro lingüístico” se puso de manifiesto en diferentes campos del saber. Aparecía así ponderado un renovado espacio significante, el de la narrativa. (Arfuch, 2005, p. 22). En este sentido, alrededor de las últimas décadas del siglo pasado se consolidó a partir de los estudios adelantados por diferentes disciplinas como la Antropología, las Ciencias del lenguaje y las Humanidades un rumbo epistemológico diferente, permeado en gran medida por el giro lingüístico; el nuevo paradigma propone volver la atención sobre el lenguaje2 y sus posibilidades de generar construcciones de sentido o en palabras de Echeverría (1994), mundos interpretativos, que cuestionan la concepción metafísica heredada de la filosofía cartesiana la. 2. En adelante, nos referiremos a la noción de discurso, gracias a que se encuentra directamente relacionada con la perspectiva teórica desarrollada en el presente proyecto..

(29) 29 cual otorgó un lugar preponderante al uso de la razón como única vía de acceso al conocimiento del mundo, alejada de los significados otorgados por el lenguaje al mismo. Ahora bien, a esta forma de pensamiento típica del mundo Occidental, la precede la invención del alfabeto en el año 700 a.C. Antes de este momento histórico difícilmente se disociaba la acción del discurso, es decir, los seres humanos atribuían a sus relatos el poder de generar sucesos que transformaban el curso de la vida. De este modo, las actuaciones de los sujetos se veían afectadas por las narraciones de los oradores alrededor de historias sobre grandes héroes quienes encarnaban ideas abstractas difícilmente comprensibles en el mundo empírico, i.e., se entendía la valentía, la justicia o la libertad a través de las acciones que emprendían dichos héroes. Así mismo, con el alfabeto se «(…) separó al orador, el lenguaje y la acción. Este fue un cambio de gran envergadura. Una vez que un texto estaba escrito, parecía hablar por sí mismo y, para escucharlo, el orador dejaba de ser necesario». (Echeverría, 1994, p. 15). Como consecuencia, la interpretación que el lector realizaba de los relatos ya no se asociaba necesariamente al proceder de los actores, antes bien las ideas que le evocaban los conceptos de manera independiente se valoraban como un proceder del pensamiento mucho más complejo e importante que el devenir. Nos explica Echeverría, Poseídos por este nuevo «lenguaje del ser», comenzamos a preguntarnos por el ser de todo, incluidos nosotros. Desde el momento en que nos alejamos de la perspectiva del «devenir» y separamos el lenguaje de la acción, cada vez que nos preguntábamos «¿qué es la sabiduría», o «¿qué es un ser humano?», buscábamos respuestas que nos dijeran lo que era inmutable, lo que era incambiable, cualquiera fuese el objeto de nuestras preguntas. Supusimos que el ser era lo no contingente, lo que eludía el devenir histórico, lo que siempre permanecía igual. (Echeverría, 1994, Íbid.).. Pues bien, el paso de un discurso de la acción a un discurso de las ideas despertó el interés por acceder a la verdad, al ser del mundo a través de la racionalidad y su exaltación en todos los aspectos de la vida pública y privada. Cada disciplina contribuyó desde su quehacer a la consolidación del pensamiento reflexivo, en ese sentido, los únicos discursos validados.

(30) 30 como verdaderos fueron aquellos que se apoyaron en la demostración, el método científico y el uso de la razón. Observa Echeverría; Esta fue una transformación fundamental y un gran logro histórico. Sobre la base de este nuevo «lenguaje del ser», se desataron las fuerzas de la reflexión, las fuerzas del pensamiento racional. Se inventó la filosofía y, más adelante, el pensamiento científico. El interés por el arte del pensamiento certero, desarrolló la lógica. Los principios lógicos nos mostraron la senda del pensamiento válido, la forma de trasladarnos de una idea a otra para alcanzar lo verdadero y esquivar lo falso. Nació así la racionalidad, marca de fábrica del pensamiento occidental. (Echeverría, 1994. Íbid.).. Esta perspectiva implicó una ruptura en la relación de correspondencia entre acción y discurso, por lo tanto se estableció que las palabras nombraban al mundo porque estaban al servicio del pensamiento, el que además se defendía como estático e inmutable en su facultad de permitirnos “acceder” a la verdad del mundo. De esta forma, la metafísica constriñó la existencia a la máxima «Pienso luego existo». Al respecto nos dice el autor, En la filosofía de Descartes, el pensamiento es nuevamente la base para entender a los seres humanos. El pensamiento siempre adquiere precedencia. El pensamiento, postula Descartes, nos convierte en el tipo de ser que somos. Es porque pensamos, dice Descartes, que podemos concluir que existimos: «Yo pienso —nos dice— luego existo.» El pensamiento es la base del ser. La razón es lo que nos hace humanos. (Echeverría, 1994, p. 17).. Por mucho tiempo y en provecho de estas posturas se subestimó el papel del discurso en las introspecciones que los seres humanos hacían de sí, de los otros y de su medio. Aunque si bien era inevitable que el discurso estuviera presente en cualquier intento de reflexión sobre el ser, fue reducido en la mayoría de los casos a su función de etiquetaje de los elementos del mundo. Mucho después, confrontados a este paradigma aparecen los autores precursores del giro lingüístico como el pragmático R. Rorty, el lingüísta F. de Saussure o el filósofo L. Wittgenstein quienes en sus trabajos devuelven a las palabras la responsabilidad de hacer no sólo una descripción de la realidad sino el desencadenar nuevas posibilidades, esto nos ubica.

(31) 31 nuevamente en una concepción discursiva generativa o de la acción, en donde el pensamiento surge como una manifestación lingüística que realizamos para llegar a comprender el mundo, i.e., significamos nuestra existencia porque pensamos con palabras. Dichas concepciones provocaron nuevas lecturas de la realidad, asimismo, las voces de los “pequeños” relatos, aquellos que por décadas habían permanecido a la sombra de los grandes discursos adquirieron importancia; de este modo podemos encontrar investigaciones y estudios alrededor de “la historia oral, la historia de las mujeres, el recurso a los relatos de vida y los testimonios” (Arfuch, 2005, p. 22). 6.2 Narración y relato Resulta indispensable distinguir que cuando hablamos de la narración como modo de organización del discurso, esta contiene en sí unas características que le son propias y distintivas con respecto a otros modos como el descriptivo o el argumentativo, su rasgo primordial radica en la presentación de las transformaciones a las que se ven expuestos los actores de determinada historia. Al respecto nos dice Serrano: […]Se habla así de la “narración “como un tipo de secuencia discursiva que da cuenta de las transformaciones que afectan a los actores de una historia, contraponiéndola-entre otras- a la “descripción”, entendida como un tipo de secuencia discursiva que da cuenta de los estados de los actores, afectados por las transformaciones, y a la “argumentación”, tipo de secuencia discursiva que explica la lógica subyacente a dichos estados y transformaciones [...] (Serrano Orejuela, 1996. P. 19).. Con el fin de hacerle frente a posibles errores conceptuales, el autor aclara-apoyado en la propuesta de G. Genette- la necesidad de concebir la narración como un acto lingüístico distinto a ser considerado como el resultado por ella generado, es decir el relado, entonces podríamos homologar la enunciación de la semiótica discursiva, con la narración; así mismo el relato con el enunciado y la historia con el referente. Apunta Serrano: (…) Son evidentes las relaciones, ya aludidas parcialmente por el mismo Genette, que se pueden establecer entre esta triada narración/relato/historia, postulada por la narratología, y la triada, más abstracta y por tanto de un alcance conceptual más general, enunciación/enunciado/referente, postulada inicialmente por la lingüística y retomada y desarrollada posteriormente por la semiótica discursiva. (Serrano Orejuela, 1996, pág. 20)..

(32) 32 Por ende, al narrar se producen relatos que dan cuenta de los actores, los tiempos y los espacios y aunque si bien la narración ha estado asociada a los discursos literatios en su mayoría, es posible afirmar que se encuentra en casi cualquier práctica discursiva, desde una noticia hasta un cómic. Inexorablemente, la narración madura y crece de la mano de las sociedades humanas, toda vez que nos fue indispensable contar y ser contados, dimos origen a vestigios que se resisten al tiempo, es por ello que los relatos atraviesan cualquier grupo humano, sin distinción cultural, social, económica o política. Como bien lo afirmaba Roland Barthes [...] El relato comienza con la historia misma de la humanidad; no hay ni ha habido jamás en parte alguna un pueblo sin relatos; todas las clases, todos los grupos humanos, tienen sus relatos y muy a menudo estos relatos son saboreados en común por hombres de cultura diversa e incluso opuesta: el relato se burla de la buena y de la mala literatura: internacional, transhistórico, transcultural, el relato está allí, como la vida. […] (Barthes, 1966. p. 3). Es así como confirmamos que el acto de narrar las vivencias supone que el sujeto se vea en la necesidad de reflexionar sobre sí, sobre su historia, sobre el pasado leído en otro tiempo y espacio, en definitiva sobre lo vivido. Una vez emprendida la tarea de narrarse, el relato le otorga la posibilidad, quiéralo o no, de proyectar una imagen, es decir, este sujeto de discurso se presenta mediante la palabra de determinada manera. 6.3 Discurso: Enunciación presupuesta/Enunciación enunciada/Esquema de la Y Para Greimas y Courtés (1991) son dos los planos que envuelven al discurso: La enunciación y el enunciado; en el primero se implican el autor y el lector, en adelante entendidos como enunciador y enunciatario con el fin de atender a la perspectiva discursiva únicamente. Por su parte, el segundo plano, el del enunciado, corresponde al contenido que resulta de la enunciación. Observemos el esquema:.

(33) 33. Figura 1. Planos del discurso. (Serrano Orejuela, 1991).. Ambos se reflejan en dos niveles de la enunciación, la enunciación presupuesta y la enunciación enunciada. Antes de proseguir, exponemos la definición que otorgan los semióticos a la enunciación, descrita como: «una instancia propiamente lingüística o, más extensamente, semiótica, que es lógicamente presupuesta por el enunciado y cuyas huellas son localizables o reconocibles en los discursos examinados». (Courtés, 1991, p. 355). En este orden ideas, la enunciación presupuesta, se entiende como el momento lingüístico y virtual en el cual alguien enuncia algo para alguien, dicha acción es rastreable en el enunciado, este a su vez, media entre el enunciador y el enunciatario, es decir el texto que lo contiene nos permite suponer que efectivamente la enunciación ocurrió. Así pues, si existen discursos-enunciados- ellos comprueban que el enunciatario emitió su discurso en un momento precendente que solo actualizamos por medio de la lectura. Por su parte, la enunciación enunciada, apoyada en el proceso de interpretación que emprende el enunciatario, es «la manera según la cual esta historia nos es presentada» (Courtés, 1991, p. 355), en la lectura se actualiza aquello de lo que nos habla el enunciador presupuesto, por tanto en este nivel nos encontramos con las imágenes discursivas, los simulacros de la enunciación, sus actantes: el enunciador enunciado o narrador y el enunciatario enunciado o narratario, de esta forma se incita al lector a no perder de vista al narrador y, en su narración, a.

(34) 34 los actores del relato que hacen presencia por efecto de un desembrague3 narrativo, esto es, en el subnivel de la interlocución. De acuerdo con lo anterior, son dos los niveles que conforman el plano del enunciado enunciado: la narración y la interlocución. En el primero, identificamos al narrador y al narratario como instancias que se muestran directamente en el discurso, por su parte, el nivel de la interlocución o enunciación remitida recoge aquellos que hacen parte de la narración de los actores de la diégesis, es el caso de las citas, los diálogos de personajes, referencia a otros textos, etc. Nos apoyaremos en la gráfica aportada por Serrano (1996), con el fin de representar lo anterior:. Figura 2. Niveles del discurso. Enunciación presupuesta y enunciación enunciada (Serrano Orejuela, 1996).. Greimas & Courtés, (1979 p. 113) apuntan que el desembrague funciona como: “[La] operación por la cual la instancia de la enunciación-en el momento del acto de lenguaje y con miras a la manifestación-disjunta y proyecta fuera de ella ciertos términos vinculados a su estructura de base, a fin de constituir así los elementos fundadores del enunciado-discurso”. 3.

(35) 35 Ahora, si bien la semiótica discursiva nos habla sobre el referente en el discurso, no se hace explícita una distinción que permita contemplarlo como un plano concreto dentro del mismo, es por ello que Serrano (1991) al estudiar la expresión «l´énoncé», resalta la pertinencia de diferenciar entre el sentido de “lo enunciado” y “el enunciado”-diferencia que no existe en el francés- en ese sentido el referente resulta ser el plano que se ocupa de lo enunciado, a lo que remite el discurso. Aclara Serrano:. Considerado desde un punto de vista discursivo, distinguimos en un texto verbal, literario o no, tres planos constitutivos que establecen entre sí relaciones de interdependencia: el de la enunciación, en el que se inscriben el enunciador y el enunciatario; el del enunciado que el enunciador produce y dirige al enunciatario para su interpretación, y el del referente al que se refiere el enunciador y correfiere el enunciatario por mediación del enunciado, todo ello inscrito en una situación de enunciación determinante de la totalidad de la significación textual. (Serrano, 1991, p. 39).. Figura 3. Tres planos del discurso. Esquema Y (Serrano Orejuela, 1996).. Dicho lo anterior, rescatamos la concepción alrededor del referente propuesta por la Escuela de París, la cual se aleja de las definiciones comúnmente aceptadas en torno al mismo,.

(36) 36 para esta corriente teórica, se trata de algo que va más allá de los objetos, los espacios y las acciones del “mundo empírico”, debido a que también incluye las acciones o acontecimientos que no tienen un referente en el mundo real. «(…) Todo discurso (no solamente literario, sino también, por ejemplo, el discurso jurídico o el científico) se construye su propio referente interno y adopta un nivel discursivo referencial que sirve de soporte a los otros niveles discursivos que él despliega». (Greimas & Courtés, 1979 p. 337). De ahí que el narrador emprenda un proceso de referencialización en donde configura el referente a partir de las interpretaciones realiza sobre los componentes del mundo extralingüístico. Acto seguido, presenta en el enunciado-relato- diferentes objetos, formas, espacios y acciones discursivizados; a su enunciatario, quien a su vez, reinterpreta ese referente que le resulta creíble o no, o lo que es lo mismo, llega a producir un efecto de verdad, una ilusión referencial (Greimas & Courtés, 1979, pág. 337). Serrano, (1996, p. 20) argumenta que el referente “(…) No es la realidad extradiscursiva a la cual supuestamente remite el discurso, sino una construcción semántica de orden figurativo dependiente del enunciado en el marco de la situación enunciativa dada”. Como consecuencia se despliega la estructura de tres planos discursivos, la enunciación, el enunciado y el referente. Veámoslo gráficamente:.

(37) 37. Figura 4. Enunciación presupuesta/ enunciación enunciada (Serrano Orejuela, 1996).. Ambas ilustraciones permiten asimilar la concepción generativa del discurso en la medida en que origina sus referentes a través de las construcciones figurativas producidas en todo acto de enunciación, las mismas responden a una serie de imágenes, simulaciones y/o representaciones las que de alguna u otra forma, reinterpretan el “mundo” y sus tematizaciones. En este punto cabe mencionar la responsabilidad reiterada por diferentes semióticos en ceñir el análisis únicamente al estudio del discurso en sí mismo, razón por la cual se apartan de otras fuentes externas.. 6.4 Relato mínimo La semiótica discursiva propuesta por Greimás y Courtés (1991) nos habla de unas estructuras narrativas de superficie, puntualmente, las formas elementales de la narratividad dentro de las cuales se inscribe el relato mínimo, a su vez este último se cimienta en el principio de oposición: permanencia vs cambio, según los autores, nos es posible dar sentido a nuestras experiencias en el plano del contenido en la medida en que logramos distinguir y reconocer en cada una de sus dimensiones, sean estas discursivas o no, un “juego que se establece entre la identidad y la alteridad” (Courtés, 1991, p. 100). Toda vez que accedemos a un relato este nos presenta una.

(38) 38 serie de personajes que sufren ciertas transformaciones, sin embargo hay algo en ellos que perdura a medida que transcurre la narración, aquí las primeras corresponden a la alteridad y esa permanencia, es decir, lo que es reiterativo, a la identidad. En este sentido, cuando hablamos de relato, se distingue porque “algo sucede allí” con lo cual afirmamos que su naturaleza corresponde al ámbito del cambio, el que además requiere de un estado inicial al cual transformar posibilitando así, un naciente estado final. Es importante destacar que ambos estados, pese a diferenciarse en varios aspectos, deberán compartir al menos un rasgo común que asegure su coherencia. Así pues, la definición que Courtés confiere al relato mínimo: “(…) transformación situada entre dos estados sucesivos/reversibles y diferentes”, (Courtés, 1991, p. 103), nos sugiere una temporalidad manifiesta en el relato la que puede ser de orden sucesivo, o lo que es lo mismo del ascenso al descenso, o bien, reversible con lo cual se inscribe en la ficción. Gráficamente;. Figura 5.Esquema del relato mínimo (Courtés. 1991, pág. 105).. 6.5 Programa narrativo Una vez concebimos el principio de permanencia vs cambio característico del relato mínimo, se hace necesario articularlo a una estructura que dé cuenta ampliamente sobre las transformaciones y estados que afectan a los actantes4 presentes en dicho relato, para tal fin la 4. La semiótica discursiva de la Escuela de París, rescata el concepto de actante propuesto originalmente por L.Tesniére «los actantes son los seres o las cosas que, por cualquier razón y de una manera u otra-incluso a título de simples figurantes y del modo más pasivo-participan en el proceso» (...) No sólo comprende a los seres humanos, sino también a los animales, los objetos o los conceptos. (Greimas & Courtés, 1990, pp. 23-24).

Referencias

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