Espiritualidad y teología. A propósito del libro de Gustavo Gutiérrez “Beber en su propio pozo”
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(2) 196. REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. para integrar en ello lo antiguo y en otros la anoranza de lo antiguo ante el temor de lo nuevo. El mosaico eclesial, hecho de tantas piezas y de tantos colores, se desperdig6 y hay ahora que volver a rehacerlo. Ante tarea tan exigente y los peligros que puede conllevar, se puede optar por una reconstrucci6n en base a la seguridad doctrinal y a la imposici6n administrativa-jerárquica; pero, aunque doctrina y administraci6n sigan siendo necesarias e importantes, no es ésta la ronna adecuada de reconstruir el ediFicio. Para ello se necesila espirilu y mucho espíritu que creativamente simelice los diversos elementos de los que estil hecha la Iglesia: trascendencia e historia, minislerio jerárquico y pueblo de Dios, re y práctica, etc. Por ello hay en la Iglesia, entre los más lúcidos y conscientes, no s610 imerés, sino un verdadero clamor por espiritualidad. Con ello están afirmando la imperiosa necesidad de ser y saberse creyentes y pueblos cristianos en el mundo de hoy, sacramento de salvaci6n en el mundo. C6mo realizar eso es cuesti6n de espirilu y por ello se busca aquella espirilualidad que sintetice el ser hombres y el ser creyentes, el salvar y ser salvados, el servir a Dios y remilirse a Dios. Por estas razones rundamentalmente, pero también por otras más específicas, se ha suscitado también en la teología un serio interés por la espiritualidad. En este proceso que dura ya varios ailos se comenz6 por constaUIf que una teologia doctrinal, puramente explicativa y deductiva, no era ya adecuada al estallido de la realidad en la historia y en la Iglesia, pues ese estallido remitía a los hombres a lo que es pre-doctrinal y globalizante. Una teologia puramente doctrinal se hizo irrelevante; e incluso la verdad que proclamaba para mantener la identidad de la re se convirtió en verdad genérica, pero no en la verdad concreta que toda teología basada en el presupuesto de la continuada acci6n de Dios debe elaborar. El repartir la identidad y la relevancia de la teología entre los tratados dogmáticos por una parte y los de moral, pastoral y espiritualidad por otra, no resolvió el problema porque éste no consistia en la organización rormal de los contenidos de la teologia, sino en ellalante que la inrorma en su totalidad. En este contexto, la renovación de la teología ha consistido no sólo en dedicar atenci6n a contenidos olvidados, sino en tratar aquellos que por su misma naturaleza comunican un determinado espíritu. Por mencionar un importante ejemplo, el reino de Dios como realidad objetiva y sus correlalos de esperanza utópica y práctica transformadora como realidades subjetivas, se han hecho cada vez más contenidos y talantes de toda la teología. El cambio rundamental no consisti6 en anadir el 'reino de Dios' a otros contenidos ya sabidos, sino en la exigencia objetiva al sujeto de la teologia de analizarlo con un espíritu nuevo correspondiente al objeto y a ofrecerlo con espíritu a sus destinatarios. En esto está el cambio rundamental con respecto a una teologia puramente doctrinal; el quehacer teológico debe estar todo él transido de esperanza y de exigencia de práctica cristiana, tanto cuando se habla explícitamente del reino de Dios como cuando se habla de otros contenidos. Al asumir un talante esperanzado y práxico la teologia se fue haciendo ya Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(3) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 197. teología espiritual. Lo que ha ocurrido después es que la misma teología se ha hecho consciente de su estatuto espiritual, por acci6n u omisi6n. Está tratando temas convencionalmente espirituales, pero sobre todo está reconociendo la necesidad de que debe ser hecha con espíritu y con el Espíritu de Dios para comunicar espíritu y el Espíritu de Dios. Por recordar algunas afirmaciones de te610gos europeos más lúcidos, ya en 1969 Urs von Balthasar, hablando precisamente de la incipiente teología política, la reinterpretaba como redescubrimiento de la "espiritualidad bíblica" y ai'ladía: "No cortemos las alas a una generaci6n que ha tenido la sensibilidad para descubrir como insoportable la separaci6n entre teología y espiritualidad, entre contemplaci6n y acci6n, entre Iglesia y mundo. "1 K. Rahner, aludiendo al ejemplo de Sto. Tomás, abogaba por superar "aquella horrible divisi6n que se puede observar en la teología posterior, entre teología y vida espiritual."2 J.B. Metz, promotor de la teología política, ha hablado de la "mística y la política del seguimiento."3 Estas citas son s610 indicativas, pero muestran la necesidad de integrar la espiritualidad en la teología como una de sus dimensiones esenciales. Esto es también lo que ha sucedido y está sucediendo en la teología de la Iiberaci6n (TL). Es evidente que desde sus orígenes esta teología profesa un talante ut6pico y práxico y de parcialidad hacia los pobres, pues desea ser y tiene su raz6n de ser en la Iiberaci6n integral de las mayorías pobres. Pero esto no ha sucedido reductivamente, como acusan algunos, sino en complementaridad con el talante espiritual. "Desde los primeros pasos de la teología de la liberaci6n la cuesti6n de la espiritualidad (precisamente el seguimiento de Jesús) constituy6 una profunda preocupaci6n.'>4 Una cosa es que la TL no explícitase en sus inicios una espiritualidad -aunque tampoco hayan faltado trabajos sobre ella, ya en los comienzosl- y otra cosa es que no naciera con una talante espiritual. Claramente se dijo que para la liberaci6n no bastan las categorías puramente te6ricas: "Es necesario una actitud vital, global y sintética, que informa la totalidad y el detalle de nuestra vida. Una espiritualidad. '>6 En los origenes está presente el "encuentro con el Sei'lor" en los pobres y la "vivencia de gratuidad.''' El que en el origen de la TL haya espíritu yespiritualidad fue una necesidad, comprensible por lo dicho anteriormente, pues se trataba de hacer una nueva sin tesis creativa del ser cristiano ante la novedad del continente latinoamericano: lo insoportable de lo antiguo y la aparici6n de lo nuevo con fuerza incontenible. Lo que estaba en el origen se ha ido explicitando cada vez más de forma teol6gica. Por citar s610 dos ejemplos, en 1979 siete revistas latinoamericanas publicaron simultáneamente un número monográfico sobre "Espiritualidad de la Liberaci6n. "8 Como se dice en la presentaci6n, se trata "de un fen6meno que ha estado pervadiendo la vida cristiana de los cristianos comprometidos en la renovaci6n de esta tierra crucificada. S610 una 'espiritualidad' es capaz de dar raz6n de la dinámica del cristianismo latinoamericano y de su fecundidad creciente.'>9 En 1982 se public6 en Costa Rica el libro Espiritualidad y liberación en América La/inalO en el cual doce autores expusieron los diversos aspectos de la espiritualidad de la liberaci6n. En un apéndice se aducen 74 tltulos aparecidos sobre espiritualidad desde la perspectiva de la liberaci6n. En la Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(4) REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. 198. inlroducción vuelve a repetirse que la tematica de la espiritualidad' 'nace como consecuencia de una vida comprometida en la praxis liberadora de y desde el pobre"] I ; y a la inversa, que éste es "ellugar desde el que se vive la experiencia de Dios y la vida según el Espíritu."12 I. La TL, por lo lanto, se ha ido haciendo cada vez más también teología espiritual. La espirilualidad le es una dimensión lan primigenia y necesaria como la liberación, y ambas se reclaman mutuamenle. Así lo reconocen muchos en la actualidad,I3 aunque desafortunadamente no lo haya observado la Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación. Creemos además que la espiritualidad se eSlá comprendiendo no sólo como una dimensión de la teología, sino como dimensión integradora de toda ella. Redescubiertas y asumidas por la TL, las dimensiones de corporeidad, socialidad, praxicidad y utopicidad del hombre, se las desea integrar a todas ellas en la espiritualidad. Con ello no se hace más que proseguir la intuición paulina de presentar al hombre nuevo como el hombre espiritual. Espiritualidad aquí poco tiene que ver con inmaterialidad o con regionalidad de la vida cristiana; tiene que ver con toda ella. "Hombres espirituales, desde el punto de vista cristiano, son aquellos que están llenos del Espíritu de Cristo y lo están de una manera viva y constatable, puesto que la fuerza y vida de ese Espíritu invade toda su persona y toda su acción. "14 Con eslO tiene que habérselas la leología, con presenlar esa síntesis cristiana y con propiciarla. Lo que prelendemos hacer a continuación es 1) presenlar la espiritualidad de la TL a propósito del libro de G. Gutiérrez Beber en su propio pozo, y 2) reflexionar sobre la TL como una teología espiritual. 1. La espiritualidad de la TL: "Beber en su propio pozo" Este último libro de GG es importante. Por su autor en primer lugar, pues GG está siempre atento al desarrollo de la TL y, más importante, al desarrollo de los procesos de liberación, de la vida de la Iglesia y de la relación de ambas cosas con la TL. Es imporlante también porque esclarece, aunque sea de forma indirecta, el debate sobre el principio inspirador y determinante de la TL. y es importante por el lema: la espiritualidad. En el libro se ofrece una sin tesis de la propia teología espiritual de GG, la cual recoge las reflexiones de otros autores. De esta síntesis se dice que es provisional (p. 139), no sólo por lo que de teóricamente puede tener de inacahada, sino por la naturaleza misma del asunto, pues la espiritualidad por definición está siempre remitida a la historia real y su novedad. Como toda síntesis ha necesitado tiempo. GG afirma que el tratamienlo explícito de la espiritualidad en este libro es "el pago de una vieja deuda" (p. 11). Y si no se ha hecho antes no es sólo porque la TL dedicó sus primeros esfuerzos teóricos al esclarecimiento de su propio titulo, es decir, de la naturaleza de la liberación y de la teología, sino por la misma naturaleza del asunto. La espiritualidad es algo real que necesita tiempo para constituirse en su realidad y no sólo en su conceptualidad; la TL por otra parte, reflexiona sobre lo real en la medida en que va ocurriendo, aunque doctrinalmente pueda poseer conceptos previos a la realización. Por ese doble motivo, ellratamiento teológico Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(5) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA ... 199. de la espiritualidad ha necesitado tiempo; pero por ello también, como dice acertadamente P. Trigo, "no se trata, pues, de ideo logia ... sino de teoria (es decir, comprensión de una praxis) ... Por eso el libro no pudo ser escrito antes. "15 Como contrapartida a la tardanza se ofrece la realidad de la espiritualidad y un lenguaje teórico-real y no sólo teórico-conceptual. Esto es lo que se indica con claridad en el titulo, importante y sugerente como todos los de GG: Beber en su propio pozo. Más allol de la belleza de la expresión, hay que comprenderlo bien, pues en ello está en juego el contenido, el método y el talante fundamental del libro. La afirmación fundamental es que en América Latina existe un pozo con agua de vida, que lo han ido llenando con su fe, su esperanza, con su compromiso y con su gozo, con sus lágrimas y su sangre muchas veces, los cristianos del pueblo pobre que se han comprometido con la liberación. Porque existe ese pozo de vida cristiana puede haber espiritualidad; porque esa vida cristiana es novedosa puede haber una nueva espiritualidad; y porque muchos beben de ese pozo -los mismos pobres en, primer lugar, pues es su pozo, y quienes se han acercado y comprometido con ellos- hay una espiritualidad. Por esta razón, el libro no es, como ocurre con frecuencia, un libro sobre la historia de espiritualidades del pasado, sino sobre la realidad actual de la espiritualidad. Por ello también su método es fundamentalmente narrativo. Aunque el libro esté estructurado de forma sistemática, en su nervio es teología narrativa; sistematiza teóricamente lo que narra y narra lo que existe. Como lo que existe en un pueblo con fe, esperanza y caridad, el talante del libro es gozoso; ofrece una buena noticia. Habla de espiritualidad no sólo en el contexto de sus costosas exigencias, sino como invitación a realizarla, a recobrar asi la mols profunda identidad del ser hombre y del ser cristiano. La espiritualidad es presentada como sintesi, ,Ié la vida cristiana y en relación esencial a la liberación. No entra, pues, por la puerta falsa en la leologia, sino con todo derecho. En el libro aparece con claridad que no puede haber espiritualidad sin liberación, lo cual está en la inluición original de la TI.. Lo que se explicita ahora más detalladamente es que no puede haber liberación total sin espiritualidad y que ésta potencia aquélla. Veamos ahora de forma sistemática lo más importante del libro, aquellos aspectos ya tratados por otros autores latinoamericanos, lo cual muestra que la espiritualidad es algo ya adquirido en la TL, y especialmente los más novedosos del libro de GG.16 1.1. Espiritualidad como totalidad de vida cristiana e histórica Si en algo se insiste en la TL es que la espiritualidad es totalidad en el sujeto, personal y grupal, remitido a la totalidad de la historia. No es fácil por ello comenzar a hablar de espiritualidad. En el libro de GG se ofrecen dos puntos de partida unificados que permiten dos marcos teóricos unificados para comprender la dimensión de totalidad de la espiritualidad. Estos son la irrupción del senor que invita a y exige un seguimiento y la irrupción del pobre que invita a y exige la liberación. Cuál sea la relación entre ambas experiencias y totalidades, qué prioridad lógica tenga una sobre la otra, se irá analizando desDigitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(6) 200. REVISTA LATI:-:OAMERICANA DE TEOLOGIA. pués. Lo importante ahora es ver desde el principio ambas cosas en unidad, aunque metodol6gicamente haya que tratarlas por separado. 1.1.1 El seguimiento de Cristo. "Seguir a Jesús define al cristiano. Refle· xionar sobre esta experiencia es el tema central de toda teologia" (p.ll). Con estas palabras comienza el libro y a ellas regresa para definir la espiritualidad. El seguimiento no es algo regional o ascético como si Jesús, sus aClitudes, sus prácticas y sus virtudes fuesen algo a imilar una vez ya conslituido el sujeto cristiano. La verdad es más bien la contraria. Seguimienlo de Jesús es sin6ni· mo de totalidad de vida cristiana; y, por la propia naturaleza de ser seguimien· to y no pura imitaci6n, es el proceso de llegar a realizar la vida cristiana. Desde estos dos aspectos, totalidad y procesualidad, se define la espiritualidad como "un caminar según el Espiritu de Cristo" (pp. 59,73,85). Esta definici6n es explicitada de forma Irinitaria en el capitulo 11: "Encuentro con Crislo, vida en el Espíritu, ruta hacia el Padre, son, nos parece, las dimensiones de todo ca· mino espiritual según la Escritura" (p. 58). Este enfoque trinitario de la espiritualidad tiene importantes consecuen· cias. Formalmente se dice no s6lo que la espiritualidad es, sino que tiene que ser un caminar en la historia. Para ello se nos ha dado la normatividad funda· mentaJ de Jesús,se nos abre el futuro del Padre, pero entre ambas cosas existe un caminar, procesual y cambiante, en el Espíritu. De ahí se sigue que espiri· tualidad no puede ser simple imitaci6n de lo ya dado y prescrito a priori, sino algo siempre a rehacer; que a la espiritualidad le compete por esencia la novedad, aunque ésta haya de ser juzgada según el espíritu de Jesús; que esa nove· dad está relacionada con la novedad de la historia, antes de ser novedad biográfica en el sujeto, porque en esa historia sigue actuante el Espíritu de Dios que se manifiesta en los signos de los tiempos. Espiritualidad no es otra cosa que participar en la historia de Dios mismo, en cuanto éste la ha asumido en Cristo y en el Espíritu, y hacerla según Dios. En esto consiste el 'seguimien· to' de Cristo. Pero el enfoque trinitario tiene también consecuencias para el contenido fundamental de la espiritualidad. Indudablemente hay que analizar en detalle quién es ese Dios trinitario y cuál es su voluntad para la historia. Pero se puede decir a priori - y mucho más teniendo en cuenta la situaci6n del continente latinoamericano- que ésa es la vida. El Padre es el origen y plenificador de la vida; el Hijo es el que ha venido a traer vida y vida en plenitud; el Espíritu es senor y dador de vida. Que Dios sea vida y que la propicie trinitariamente es fundamentaJ para la espiritualidad. En América Latina esto se traduce, como veremos, en la voluntad de Dios de propiciar la vida de los pobres. Baste recor· dar aqui la conocida frase de Mons. Romero: Gloria Dei vivens pauper. Lo que GG anade también desde el principio, tal como lo ha elaborado la TL, es que la voluntad de Dios para la vida se realiza en presencia de la muerte y de una voluntad de muerte; el Dios de la vida coexiste con las divinidades de la muerte y ambos están en pugna. Esto pone a la espiritualidad desde el princi· pio ante una alternativa fundamental. El cristiano está ante dos caminos, "uno que está marcado por la muerte (el pecado y la ley), el otro por la vida (la gracia y la libertad)" (p. 109); ante ellos debe optar, "entre la opci6n por la Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(7) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 201. muerte o por la vida discurre la existencia humana" (p. 109); Y según esa opción se decide la propia vida del hombre, "caminar según la carne ... conduce a la muerte ... caminar según el Espíritu conduce a la vida" (p. 93). Espiritualidad es, pues, caminar pero con un contenido fundamental: propiciar la vida y así vivir, en presencia de otra alternativa: dar muerte y así morir. Plantear así la espiritualidad es muy importante. Negativamente, para terminar con la consciente o inconsciente comprensión de la espiritualidad como si ésta se constituyese en el ámbito de lo espiritual incorpóreo y su alternativa fuese la materialidad. La alternativa en la que se constituye la espirituali· dad no es la de alma y cuerpo, espíritu y materia, sino la de vida o muerte (p. 111 ). Positivamente se esclarece en lo fundamental qué significa "caminar según el Espírilu" (p. 85). Significa vivir según el "principio de dinamismo y de vida" (p. 98), que es el amor (cfr. capítulos 1I y III). Significa optar positivamente y en contra de su contrario, "la vida según el Espíritu (es) ... de acuerdo con la vida, el amor, la paz y la justicia -los grandes valores del Reino de Dios- y contra la muerte" (p. 111). Significa asumir el hecho central pascual de la fe cristiana, "dar testimonio de la vida, implica el paso por la muerte" (p. 73).. Este es el gran marcp teológico de la espiritualidad. Dentro de él habrá que considerar muchas otras cosas, pero no a la inversa. Espiritualidad es vida cristiana en totalidad, vida en la realidad trinitaria de Dios a la manera histórica. Es éste un enfoque de la espiritualidad estricamente teologal. Lo que está en juego es una verdadera teología de la historia, de la cual la espiritualidad no es sino la repercusión en el sujeto. J.J .2. El encuentro con el Seflor en el pobre. Por lo élicho es evidente que la espiritualidad necesita historia concreta porque la historia de Dios es concrela. Por lo que toca a América Latina, se ha presupuesto ya que Dios está pasando novedosa y poderosamente por es la historia. Pero asi ha sido siempre en el surgimienlo de las grandes espiritualidades. "Toda gran espiritualidad está ligada a los grandes movimientos históricos de una época" (p. 45), movimientos que en un primer momento no son o no tienen por qué ser intraeclesiales, sino hislóricos (p. 48). Esto es imporlante recalcarlo y GG lo hace con claridad. Desde la estructura teológica de la espiritualidad se sabe que ésta debe historizarse, pero no se sabe cómo debe ser esa historización. Una vez historizada la espiritualidad ésta se podrá comparar con la estructura de toda espiritualidad; una historización adecuada además -que es lo que está ocurriendo ahora- ayudará a redescubrir las dimensiones de toda espiritualidad. Pero antes de que eso ocurra algo debe acaecer en la historia. Así se explica que en la historia de la Iglesia haya habido y haya tenido que haber diversas espiritualidades, diversas síntesis del caminar en el Espíritu. Lo que diferencia a esas espiritualidades no son, por lo general, sus elementos formales (encuentro con el Señor, caminar en el Espíritu, ruta hacia el Padre), Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(8) 202. REVISTA LATINOAMERICANA OE TEOLOGIA. sino "el núcleo alrededor del cual se construye un camino espiritual" (p. 135). "Una determinada espiritualidad significa siempre una reordenación de los ejes fundamentales de la vida cristiana partiendo de una intución central. .. Lo que establece la diferencia entre una espiritualidad y otra no está en los ejes mencionados que son nonnalmente los mismos, sino en el orden nuevo que se crea entre ellos, en el modo de hacer la síntesis. Y esto viene de la experiencia. que da origen a un camino espiritual" (p. 135). Esta experiencia es en América Latina el encuentro con el Se~or en los pobres. GG recalca que el hecho mayor de la historia del continente es la "irrupción del pobre" (p. 12) en un continente cristiano. Esta intuición origi· nal de la TL la aquilata como veremos. Pero veamos antes lo esencial de esa irrupción como capacitan te para una experiencia de totalidad. Los pobres de América Latina son en primer lugar y estructuralmente hablando los que viven "en tierra extra~a" (p. 20), frase bíblica que se les aplica en totalidad porque su extrañamiento se extiende a toda su realidad, y también de manera especíFica porque su pobreza proviene del extra~amiento de la tierra, que sólo pertenece a Dios, por causa de estructuras ínjustas (p. 23). Y esos pobres son realidades también concretas y particularizadas, lo cual recuerda GG, de manera todavía más expresiva que Puebla, al hablar del "interminable desfile de las miserias de los pobres." "Mil peque~as cosas: carencias de todo tipo, abusos y desprecios suFridos, vidas torturadas en busca de trabajo, increíbles maneras de ganarse la vida o más exactamente un pedazo de pan, rencillas mezquinas, separaciones familiares, enfermedades inexistentes ya en. otros niveles sociales, desnutrición y muerte inFantil, pago injusto por sus productos o mercaderías, desorientación total en cuanto a lo que es más necesario para ellos y sus Familias, delincuencia por abandono o desesperación, pérdida de valores culturales propios" (pp. l7ls). Estos son los pobres reales, sujetos de una activo empobrecimiento y por ello "víctimas" (p. 23), Y de un empobrecimiento tal que "la pobreza significa muerte" (p. 21). Muerte física y real, en primer lugar. pero muerte más abarcadora, tlmuerle cultural, porque el dominador busca el aniquilamiento de todo lo que da unidad y Fuerza a los desposeídos para hacerlos asi presa más fácil de la mquinaria opresiva" (p. 21). Esta pobreza sigue siendo lo más nagrante en America Latina, pero no lo más novedoso. En el continente existe también "el canto de los pobres" (p. 35). La novedad consiste en una nueva conciencia, en "un pueblo que empieza a percibir las causas de esa ~jluación de injuslicia y busca sacudirse de ella" (p. 37); el1 sus propias realizaciones de solidaridad, amor, oración, etc. (pp. 37-44), en un pueblo que posee su propio espírilu y, como su fruto más maduro y desconcertante, que posee la alegría. La alegría de los pobres, tema que GG ha analizado con agudeza, es la señal de la gran novedad. "El pueblo pobre y creyente nunca ha perdido su aptitud de festejar, de celebrar a pesar de sus duras condiciones de vida" (p. 173). Pero ahora su alegria es más consciente porque ha pasado la prueba; es alegría en medio del sufrimiento, la pobreza y la represión consciente. Si se mantiene la alegría es que hay una gran esperanza (p. 172) y ésta es más ruerte que la pobreza y el suFrimiento. "Lo que se Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(9) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 203. opone a la alegría ... es la Iristeza, no el sufrimiento" (p. 172). Este abunda, pero aquélla no se ha apoderado de los pobres. Por eso este pueblo puede cantar y en ello muestra que tiene su propio espíritu. La irrupción del pobre en la manera descrita no es un hecho más, sino lo que descubre la verdad de toda la historia desde su reverso, lo que muestra el necesario hacia-dónde de esa historia y la necesidad de una praxis transformadora. En el pobre aparece el universal concreto con fuerza para que aparezca la totalidad o, al menos, con más fuerza que la que poseen otros universales concretos.. Por esa razón la irrupción del pobre puede ocasionar una experiencia espiritualtotalizante. Sería un error considerar la pobreza sólo como dato fáctico material, socio-económico, con capacidad quizá de poner en movimiento las. capacidades analíticas, éticas o práxicas del sujeto. La irrupción del pobre puede poner en movimiento a todo el sujeto, le atañe en totalidad; exige y permite que se responda con totalidad y por ello permite y exige una experiencia espiritual. Hay que estar claro que lo que se llama material en la pobreza es algo más que material; es la vida y la vida del otro lo que está en juego. Por tener que ver con la vida y con la vida del otro se puede tener una experiencia espiritual del pobre. "No es mi cuerpo, sino el cuerpo del pobre -el cuerpo débil y desfalleciente del pobre- el que hace entrar lo material dentro de una perspectiva espiritual" (p. l54s). Por olra parte, porque el pobre irrumpe con su propio espíritu es no sólo cuestionamienlo, sino invitación. La irrupción del pobre exige una respuesta liberadora, pero es también don y gracia para mantener la esperanza, para proclamar un sentido para la historia, absolutamente cuestionable para quien la ve desde la pobreza que genera, pero esperanza mantenida por aquellos que menos debieran tenerla. Y de esa irrupción del pobre se dice que es mediación del encuentro con el Señor. Bien sea, pues, que la realidad latinoamericana sea vista desde Dios y su voluntad, bien sea que sea vista desde la irrupción del pobre, aparece como lo que atañe en totalidad al espíritu del hombre, como lo que exige un poderoso aclO de su espíritu y como lo que lo posibilita. El seguimiento de Jesús cobra hoy sus características concretas desde la irrupción del pobre, exige caminar con ellos y ser para ellos. Por su parte, la irrupción del pobre vuelve a iluminar la realidad de Dios, como Dios de la vida, y el caminar en el Espíritu como el propiciar la vida.. 1.2. La experiencia de Dios En el origen de toda espiritualidad hay siempre una experiencia espiritual (pp. 14,16,59,61,83) que es descrita como "un encuentro con el Señor y su voluntad" (p. 61). En esa experiencia se encuentra la voluntad de Dios, que con· siste en hacer su reino, y se encuentra al Dios que quiere un reino; el hombre es cuestionado en ese encuentro en lo que debe hacer y en lo que él es. GG. asienta cuál es la voluntad de Dios: "Dios quiere la vida de aquéllos que ama" (p. 49), con la conclusión: "Liberar es, en definitiva, dar vida. Toda la vida" (p. 14). Pero recalca que el mismo Dios se ha hecho presente. "La irrupción del pobre en la sociedad e Iglesia latinoamericana es, en última instancia, una Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(10) REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. irrupción de Dios en nuestras vidas" (p. 49). Veamos el análisis de la experiencia del encuentro con Dios mismo. En el origen de la experiencia espiritual existe un encuentro con Dios que GG describe en la más profunda tradición bíblica como algo personal, gratuito y exigente. "Encontrar al Sellor es antes que nada ser encontrado por El ... En ese encuentro descubrimos dónde vive el Sellor y cuál es la misión que nos confla" (p. 63). Ser encontrados por el Seilor es la experiencia del amor de Dios, más aún, la experiencia de que el amor es la realidad que nos descubre lo que somos y nos capacita para serlo. El que Dios haya salido a nuestro en· cuentro, simplemente porque nos ama, es lo que hace que nos encontremos con él y como él es, y es lo que hace que podamos definirnos a nosotros mismos como quienes somos para salir al encuentro de los otros. "La gratuidad marca nuestras vidas de modo que somos llevados a amar y a buscar ser amados gratuitamente" (p. 165). Esa experiencia de ser encontrados por Dios es insustituible y tiene carác· ter fundamental y fundante. No es algo que acaece sólo en los inicios de la espiritualidad, sino algo a lo que hay que regresar, como el apóstol Juan recordaba su encuentro con Jesús -"eran las cuatro de la tarde"-, como las comunidades cristianas recordaban su primera comunidad (cfr. Hech 2,4147), como San Ignacio de Loyola recordaba a Mamesa como a "su Iglesia primitiva" (p. 83). A eUo hay que volver porque de ello se vive; esa experiencia proporciona la dirección fundamental al proceso espiritual y "es fuente de una gran libertad" (p. 83). La experiencia de Dios es, pues, fundamental y de ella depende la profundidad de la liberación emprendida. Lo que 00 allade vigorosamente en este libro es que de esa experiencia de Dios depende también la posibilidad de encontrar realmente al pobre, de dejar que el pobre irrumpa realmente en nuestras vidas. Ya se ha mencionado antes la unidad diferenciada de experiencia de Dios y experiencia del pobre, de modo que ambas se refuerzan dialécticamente. 00 profundiza ahora en uno de los polos de la dialéctica y expresa su absoluta necesidad; sin verdadero encuentro con Dios no hay verdadero encuentro con el pobre. Y es importante recordar que la necesidad de profundizar en la experiencia del encuentro con Dios proviene de la misma realidad de los procesos de liberación, lo cual, además, es garantía de su direcci6n cristiana porque retorna a y profundiza en sus orígenes. Con toda claridad lo dice 00: Se comprendi6 a partir de ese texto (Mt 25,3146) que el encuenlro con el pobre a través de obras concretas es paso obligado para el encuenlro con Cristo mismo. Pero se fue entendiendo igualmenle que el encuentro verdadero y pleno con el hermano requiere pasar por la experiencia de la gratuidad del amor de Dios. Se llega así al otro, liberado de toda tendencia a imponerle una voluntad ajena a él y desprendido de uno mismo, respetuoso de su propia personalidad, de su necesidad, de sus aspiraciones. Si el prójimo es camino para llegar a Dios, la relación con Dios es la condición del encuentro, de verdadera comuni6n con el otro ... La experiencia de la gratuidad del amor de Dios -dato primero de la fe cristiana- no s6Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(11) ESPIRITUALIDAD y TEOLOGIA .... lo no se silúa como en un paréntesis histórico, sino que da al devenir humano -y desde dentro- su total signiFicación (p. 169). Lo mismo repite desde la observación histórica. "La práctica de estos aBos ha mostrado que el acercamiento al mundo del pobre debe ser hecho sin triunfalismo de ninguna clase" (p. 189), sino más bien "demanda una gran dosis de humildad" (p. 189). Esto es lo que en lenguaje evangélico se denomina "infancia espiritual" definida como la "actitud de apertura a Dios, la disponibilidad de quien todo lo espera del SeBor" (p. 189). Y GG ailade con claridad: Tal vez anteriormente fuimos más sensibles a la relación que anotábamos páginas más arriba: sólo se vive el despego a los bienes de este mundo (lo que representa un aspecto de la pobreza espiritual) en la inserción en medio de la pobreza. Percepción que sigue siendo válida, por cierto; pero a ella se ailade otra más honda aún: sólo desde la infancia espiritual es posible comprometerse verdaderamente con los pobres y oprimidos de nuestro subcontinente (p. 190). Estas palabras son notables, pudieran parecer incluso desconcertantes proviniendo de la TL; pero son evangélicas y responden a la propia experiencia desde dentro de los procesos de liberación. Con ellas no se niega en absoluto la importancia decisiva del encuentro con el pobre ni la exigencia de liberación; todo lo contrario. Tampoco se cae con ellas en un dualismo de Dios y pobres, trascendencia e historia, recibir el don de Dios y realizar sus exigencias. Tampoco se propone estrictamente hablando una cronología de la experiencia espiritual, como si lo primero fuera asegurar la experiencia de Dios con mecanismos absolutamente autónomos y, una vez realizada, acercarse al pobre. Lo que hay aquí es una reorganización lógica de los elementos de esa experiencia. Precisamente porque por la propia naturaleza de la liberación hay que ir en verdad al pobre y liberarlo en verdad de su pobreza, hay que asegurarse de que es el pobre al que se ha encontrado y es su liberación lo que se pretende. Para ello se ofrece la lógica de la revelación de Dios. Para realizar el amor a los hermanos hay que tener experiencia del Dios que nos ha amado primero. En la experiencia del ser amados por Dios se silbe lo que es el amor a los hermanos, aunque históricamente tenga que haber también experiencia del amor humano para poder hablar con sentido del amor de Dios. Lo que sencillamente quiere decir GG es que 'todo comenzó con Dios' y que eso tan absolutamente simple debe ser mantenido para que todo prosiga según Dios. Quien realmente se sabe amado por Dios mejor amará al hermano, quien ha sido purificado en su mirada por Dios con más limpieza verá el mundo del pobre, quien más ha experimentado la misericordia y el perdón de Dios más misericordioso y comprensivo será con el pobre, quien ha captado que Dios es amor y puramente amor con mayor desinterés y eficacia buscará la liberación del pobre. La experiencia de Dios ni presupone ni propicia el salirse de la historia, sino que exige y anima a introducirse más y mejor en ella, pero según Dios. De lo que se trata es de hacer realmente la experiencia de Dios, que no debe confundirse con sus mecanismos convencionales, aunque pueda expresarse en ellos, y que se verifica cuando el hombre se parece más a Dios. Esa experiencia Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(12) 206. REVtSTA LATlNOAMERtCANA DE TEOLOGtA. de Dios ocurre cuando ocurre; pero cuanuo el hombre se ha encontrado con. Dios, ha sabido que Dios le ha salido al encuentro y le ha remitido de nuevo a la historia, elllonces IOdos los elemenlos de su experiencia se organizan de una manera precisa que puede describirse así:. La alegria provocada por la presencia del amor de Dios ensancha el corazón para la acción de gracias y para la acogida a los demas. Por ello en ese. cántico (el Magnificat) se entrelazan la confianza y la entrega a Dios con la voluntad de compromiso y cercania a sus predilectos: los humildes y hambrientos (p. 191). 1.3. Incorporarse a l. espiritualidad del pueblo En el apartado anterior se ha mencionado la dimensión personal, de encuentro y experiencia de Dios, de la espiritualidad. Pero esto no significa Jii espiritualidad individualista ni elitista, a las que se analiza y cuestiona (pp. 2532). La espiritualidad debe ser más bien popular en un sentido bien preciso. Indudablemente tanto en materia de espiritualidad como en otras muchas hay figuras señeras que en un determinado momento expresan una determinada espiritualidad, y la historia de la espiritualidad suele reducirse normalmente a su estudio. Pero tanto en el AT como en el NT como en la realidad latinoamericana los pueblos y las comunidades son los primeros sujetos de espiritualidad. Esto es lo que se indica en el subtitulo del libro: "En el itinerario espiritual de un pueblo." En el libro se recuerda la ejemplaridad del éxodo y de la comunidad primitiva cristiana para la espiritualidad. Lo que da sentido en el éxodo a la obra de Dios y a la obra protagonizada por Moisés es la liberación de todo un pueblo y la alianza con todo un pueblo. "Salir de Egipto es romper con la muerte (eso es lo que esclavitud y carencia significan) para ir al encuentro con Yahvé y convertirse en su pueblo" (p. 114). Ese protagonismo histórico y teológico del pueblo, que debiera ser evidente a priori desde la revelación, es lo que está recobrándose en América Latina. "Hay una historia que ha comenzado a ser forjada por los pobres y desposeidos, los privilegiados del Reino" (p. 20). Y esa historia es la que exige y está propiciando una nueva espiritualidad que tiene como sujeto al pueblo. Las luchas del pueblo pobre por la liberación representan una afirmación de su derecho a la vida; puesto que la pobreza que sufre el pobre significa muerte, muerte prematura e injusla. Desde esta afirmaci6n de la vida, los. pobres del subcontinente intentan vivir su fe, reconocer el amor de Dios y proclamar su esperanza. En el seno de esas luchas, llenas de avatares, el pueblo oprimido y creyente se hace cada vez más agente de una manera de ser cristiano, de una espiritualidad. Dejará de ser consumidor de espiritualidades, valiosas sin duda pero que corresponden a otras experiencias y a otras metas, porque va forjando un camino propio para ser fiel al Señor y fiel a las vivencias de los más pobres (p. 48). Esto es algo nuevo y la superación del elitismo en materia de espiritualidad, "que el sujeto de la experiencia que abre la ruta a una espiritualidad es un Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(13) [SPtRITUALlDAD y TEOLOGtA .... 207. pueblo entero y no una persona aislada" (p. 50). Sin duda existen personas que expresan con más brillantez y claridad la espiritualidad, pero ésta no es en último término su propia creación, sino expresión y síntesis más acabada de lo que. existe en la realidad de los pueblos y de las comunidades. De ahí se sigue una consecuencia que GG expresa con vigor: Para muchos crislianos en América Latina actualmente la posibilidad del seguimienlO de Jesús se juega en su capacidad para incorporarse a la experiencia espiritual del pueblo pobre. Esto les exige una conversión profunda: se trata de hacer suya la experiencia que los pobre, tienen de Dios y de su voluntad de vida para todo ser humano ( ... ) Esa nueva realidad invita a salir de un mundo familiar y rrecuentado, y lleva a muchos a releer la propia tradición espiritual. Se trata sobre todo de hacer nuestro el mundo del pobre, su manera de vivir la relación con el Señor y de asumir la práctica histórica de Jesús. De otro modo se discurrirá por una senda paralela a la emprendida por el pueblo oprimido y creyente. Se intentará entonces establecer algunos puentes para ligar esas rutas direrentes: compromiso con los explotados, relaciones de amistad con algunos de ellos, celebrar la eucaristía con las comunidades populares, etc. Esruerzas meritorios sin duda, pero insuncientes porque esos vínculos no eliminan el paralelismo mencionado. Ahora bien, la experiencia espiritual que vive el pueblo pobre es demasiado prorunda y englobante para merecer sólo ese tipo de atención. Por ello hablamos de incorporarse a dicha vivencia. Ese es el asunto. Todo lo demás es quedarse a mitad de camino (p. 51). Este párrafo es importante. Teóricamente no deberá causar sorpresa pues en la revelación de Dios su correlato es, ante todo, un pueblo, al cual desea liberar y con el cual desea establecer una alianza, "Yo seré tu Dios y tú serás mi pueblo;" de la Iglesia se dice que es ante todo "pueblo de Dios;" sobre la re se dice que "la universalidad de los fieles no puede rallar en su creencia" (LO n. 12); de la propia liberación se dice que los mismos pobres deben ser sus agentes primarios. El 'pueblo,' en cuanto comunidad dentro de la cual vive, cree y realiza su vida cristiana la persona individual, es una dimensión esencial en la comunicación de Dios a los hombres y en la respuesta de los hombres a Dios. Esto no hace desaparecer lo personal-individual ní en el ser amados y exigidos por Dios ni en su respuesta a Dios, pues cada hombre tiene un rostro concreto. ante Dios y la aceptación y la respuesta de la re no pueden ser delegadas en otros. Pero todo ello acaece dentro de un pueblo y de tal manera que -cristianamente- la apertura al pueblo, la disponibilidad a dar y recibir de él y dentro de él, es esencial a la constitución del creyente también en cuanto creyente personal-individual. Esto debe extenderse también a la espiritualidad. No se trata de exigir imposibilidades psicológicas o sociológicas para aquellos que no son históricamente pueblo pobre; quienes deben arrontar crisis desconocidas para el pueblo, la de la Ilustración por ejemplo, y quienes tienen responsabilidades específicas por el determinado lugar que tengan dentro de la sociedad y de la Iglesia. De lo que se trata es de tomar en serio la intuición original de una IgleDigitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(14) REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. sia de los pobres: que el pueblo pobre es su centro de inspiración en lo doctrinal, teológico, práxico y -ahora- también en la espiritualidad. Se trata de que la espiritualidad del pueblo pobre, lo fundamental de su fe y de su esperanza, sus valores espirituales concretos, su generosa entrega por amor, configuren la espiritualidad de todos y le den su dirección concreta, aunque en el modo de realizarla nadie pueda prescindir de otros condicionamientos y otras posibilitaciones. Parafraseando las conocidas palabras de Mons. Romero dice GG: "A esto hemos sido llamados, a resucitar con el pueblo en materia de espiritualidad" (p. 53). En esto está en juego la tesis fundamental del libro tal como aparece en su título: "La fe y la esperanza en el Dios de la vida que anida en la situación de muerte y de lucha por la vida que viven los pobres y oprimidos en América Latina: ése es el pozo en que tenemos que beber si buscamos ser fieles a Jesús" (p. 54). 1.4. La espiritualidad de la Iiberacl6n y sus rasgos concretos Hasta ahora se ha analizado la estructura fundamental de la espiritualidad y sus dos condiciones principales, que sea teologal y que sea popular. Queda por describir sus contenidos concretos, es decir, no ya qué sea espiritualidad, sino quién es el hombre espiritual, el pueblo espiritual, atendiendo tanto a lo que dice la revelación como a la realidad histórica. Elegir una formulación sintética de esa realidad no es fácil por la diversidad de elementos que comporta la espiritualidad y porque una vez formulada puede ser discutible teóricamente en cuanto formulación sintética. GG se decide por la siguiente formulación: "Libres para amar" (p. 137), pues "toda espiritualidad es un camino ofrecido para el mejor servicio de Dios y de los demás: libertad para amar" (p. 135). Desde el principio hay que notar la raigambre neotestamentaria de esta formulación, pues en el NT espíritu y libertad se dan la mano. Lo que enseguida hay que ailadir es que la libertad del hombre espiritual debe ser entendida bíblica y no liberalmente. El hombre libre es el hombre liberado de si mismo, pero no para sí mismo, sino para el otro. El 'para' que une a la libertad y al amor pudiera interpretarse equivocadamente como si se pudiera ser libre 'para' varias cosas. Neotestamentariamente el 'para' de la libertad sólo puede relacionarse con el amor a los demás, a través de lo cual el hombre se recobrará a si mismo y será también para si mismo, pero no en directo, sino a través del rodeo del para-los-demás. Eso es lo que gráficamente expresa GG al elegir dos citas neotestamentarias para ilustrar la libertad para amar. "Siendo yo libre de todo, a todos me esclavicé" (1 Cor 9,19) afirma Pablo; "Nadie me quita la vida, soy yo quien la entrega" (Jn 10,18) (p. 140) afirma Jesús en el evangelio de Juan. Libertad del sujeto y sujeto que se entrega por amor son correlativos; ese sujeto libre es el hombre espiritual. Esta síntesis del hombre espiritual es lo que GG ve que es realidad en América Latina, con mayor o menor perfección y definitividad, pero con suficiente realidad como para poder hablar de una espiritualidad realizada. "La verdad es que el contacto cotidiano con las vivencias de algunos, la lectura de textos de muchos, asl como el testimonio de otros, nos convencen de la honduDigitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(15) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 209. ra de la experiencia espiritual que se vive en el presente entre nosotros" (p. 143). Se trata entonces de describir que son esos hombres y mujeres espirituales. Para ello GG analiza cinco rasgos concretos de espiritualidad que describen la libertad para amar. "Conversión: exigencia de solidaridad" (p. 144); "Gratuidad: clima de eficacia" (p. 161); "Alegria: victoria sobre el sufrimiento" (p. 171); "Infancia espirilual: condición del compromiso con los pobres" (p. 183) Y "Comunidad: desde la soledad" (p. 191). Los titulos y la dialectica inlerna que renejan eslán cuidadosamenle elegidos. Se trata con ello de dar cuenla de los rasgos fundamentales de la espirilualidad de manera que, en su conjunto, describan su totalidad; pero se trata tambien de mostrar la conciencia que se liene de esa totalidad, no s6lo por acumulación de rasgos, sino manteniendo la dificil dialectica entre todos ellos y dentro de cada uno de ellos. "Importa no aislar los elementos, porque sólo así se puede percibir 10 que tienen de propio esos rasgos" (p. 143). La lectura de esta parte del libro (pp. 137-202) no puede ser sustituida por el análisis, pues por definición se narra aquí la realidad del hombre y del pueblo espiritual. Nos reduciremos a algunas reflexiones que puedan acompañar esa lectura. En la selecci6n y formulación de los rasgos del hombre espiritual GG insiste en qué consiste la síntesis y cómo se realiza. Hay rasgos que apuntan más bien a lo que es el hombre espiritual en cuanto liberado de sí mismo (conversión, gratuidad, alegría, infancia espiritual, soledad ante Dios) y hay rasgos que apuntan más bien al hombre espiritual en cuanto liberador (solidaridad, eficacia, sufrimiento, compromiso, comunidad) aun cuando no sea tan simple adjudicar los diversos rasgos a los dos aspectos del hombre espiritual. Pero 10 fundamental que se quiere decir es que la verificaci6n hist6rica de que existe un hombre liberado es si produce frutos para la liberación y que éstos serán más profundos y duraderos en la medida en que provengan de un hombre liberado de sí mismo. Aunque de todos o casi todos estos rasgos se haya escrito ya en TL existe una relativa novedad en el tratamiento y enfasis que se pone en la necesidad de la propia liberaci6n para la liberaci6n del otro. La insistencia no s6lo en la primera conversi6n, sino en la necesidad de un proceso de conversi6n dentro de la liberación, de la infancia espiritual, de mantener la alegria y la soledad ante Dios etc., son realidades a tener en cuenta explícitamente, a cultivarlas, a no ignorarlas, ni pensar que se pueden deducir quasi mecánicamente de la acci6n liberadora. La realidad y necesidad de estos rasgos del hombre liberado se han ido redescubriendo y realizando dentro del mismo proceso de liberaci6n y se han vuelto a releer en los origenes de la fe y en la tradici6n espiritual de la Iglesia. Con ello hay un reconocimiento in aclu no s6lo de la necesidad formal de volver a las fuentes, sino de su verdad y eficacia. Se reconoce la sabiduria cristiana fundante en la revelaci6n de Dios y la sabidurla acumulada a 10 largo de la historia de que el hombre, aunque remitido necesariamente a una historia Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(16) 210. REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. concreta, necesita en cualquier concreción la liberaci6n de sí mismo. Se reco-. noce que el Espírítu de Dios actúa en dar vida yen introducir en la verdad tal como va apareciendo en la historia, pero lambién en liberar al hombre de sí mismo, en sacarlo de sí mismo. Se reconoce la necesidad de la purificación del hombre de si mismo. Y, por ello, se aducen ejemplos de otras épocas de la historia, los cuales se siguen considerando importantes a pesar de que su praxis. del amor sea distinta a la aclual. Si se toman en serio las referencias que hace GG a San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz, Santa Teresa, San Ignacio, elC., se comprende la decisiva importancia que otorga a que el hombre se libere de si mismo para ser el hombre espiritual. Pero el ideal del hombre liberado es exigido en el rondo para que sea mejor liberador, que sea libre para amar. Con ello se mantiene y se potencia la inluición original de la TL. La nueva espiritualidad nace "en el contexto de la lucha por la liberación en vista al amor y la justicia" (p.141). Y este contexto historiza novedosamente los rasgos perennes de la liberación de uno mismo. La conversión debe realizarse ante el propio pecado y ante el pecado del mundo (p. 147) con la crudeza con que se le ha descrilo antes, un pecado que da muerte. Ante ese pecado hay Que examinarse personalmente, por la conniven-. cia con él o por las omisiones que lo dejan intacto (p. 146s). La experiencia espiritual de la conversión se realiza lambién entonces en presencia de la miseria de los pobres, del pecado del mundo. "Tal vez por mucho tiempo esta perspectiva no estuvo presente en el tratamiento del tema en la literatura espiritual; hoy no es posible, sin embargo, dejarla de lado. El encuentro con el Señor en lo más hondo de cada uno no excluye, exige más bien, saber encontrarlo en el fondo de la miseria en que se halla el pueblo pobre de nuestros países" (p. 149). Conversión supone pecado y pecado supone ofensa a Dios y ofensa al pueblo pobre; conversión es entonces volver a Dios y volver al pueblo pobre; y esto último exige "una conversión más radical para enlrar en otro universo, el mundo del pobre" (p. 149). El volverse al pueblo pobre es solidaridad con ellos y amor a ellos. GG insiste de nuevo en que se trata de verdadero amor a seres humanos concretos: "sin amistad, cariflo, sin ternura -¿por qué no decirlo?- no hay verdadero. gesto solidario" (p. 157). Pero insiste en que ese amor debe ser proporcionado a la opresión de que se quiere liberar; debe ser amor social y eficaz, pues aunque existen los pobres tomados individualmente, existe todo un mundo de pobres, mayoritario y aterrador. "Amar a alguien implica amarlo igualmente con su textura social" (p. 152). De ahí que la solidaridad y el amor tengan que analizar las causas de la pobreza y de la muerte, "descubrir los mecanismos sociales que hacen del obrero y del campesino personas marginadas" (p. 148), como dice citando a Mons. Romero. Y todo ello porque el amor desea ser eficaz. Aquí GG ofrece una fina fenomenologia del amor y desenmascara los peligros e insuficiencias del amor presentes en las espiritualidades. Para el amor no basta con la intención amorosa que no analiza los resultados objetivos del amor (p. 161), ni basta con una realización del amor llevada a cabo para cumplir con el "deber" a priori de amar (p. 162). El amor tiene más bien que responder a las necesidades objelivas de los pobres y desvivirse por soluDigitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(17) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 211. donarlas. "La preocupación por la eficacia es una manera de expresar el amor por el otro" (p. 162). En este contexto hay que entender lo dicho antes sobre la gratuidad como característica del hombre espiritual. Con ella y en ella hay que vivir porque asi es la comunicación de Dios con el hombre y así debe realizarse nuestro propio amor a los aIras. Pero ese clima de gratuidad nada quita de urgencia a la eficacia del amor. "La gratuidad del don del Reino no la suprime, la exige más bien" (p. 162).. GG enfatiza la necesidad de soledad interior, tema bíblico por excelencia en lo que tiene de positivo -el desierto como el lugar de la experiencia de Dios- y en lo que tiene de trágico como la soledad de Jes;,s en el hueno y en la cruz o en las lamentaciones de Jeremías; tema clásico también de la espiritualidad de los místicos, tema del existencialismo y de la teodicea. GG no disimula su .necesídad para la constitución del hombre espiritual liberado; pero, de nuevo, la historiza desde la liberación. "Esta experiencia de soledad adquiere rasgos propios en nuestra situación" (p. 192). "El paso por la vivencia dolorosa y honda de la soledad" (p. 191) que le compete a todo ser humano y a todo cristiano es, en primer lugar, "el paso por lo que se ha llamado 'la noche oscura de la injusticia'" (p. 192). Esta produce soledades menores aunque dolorosas en quienes practican la liberación: amenazas, ataques de los poderosos cuestionados, aislamiento por fidelidad a un nuevo camino de solidaridad con los pobres, desconfianzas dentro de la misma Iglesia (p. 193). Pero no son la soledad mayor. Esta es la sensación de impotencia ante "la situación de pobreza y explotación de los pobres" (p. 193), la interminabilídad de sus sufrimientos, lo oscuro del túnel, el elevadísimo costo humano de sus luchas, etc. Esa soledad ante la historia y ante Dios es la que haría razonable la pregunta por la teodicea; pero por ella hay que pasar. Hay que mantener el grito de Jesús:. liDios mio, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" cuando "solamente queda la convicción de hocer la voluntad del Padre y de servir al pueblo pobre" (p. 194). Soledad aquí no significa individualidad ni menos aún volverse a uno mismo, buscar refugio en uno mismo, preocupación narcisista por uno mismo. Es más bien honradez ante y dentro de la historia de la injusticia y honrada pregunta a Dios. GG no escamotea este aspecto del hombre ni con fáciles doctrinas ni con esperanzas baratas; exige más bien que sea asumido y afirma que sólo así se constítuye el hombre espiritual. Lo que ailade es que esa soledad, y debido a esas causas, es lugar de oración y condíción de verdadera comunidad. "La confianza en Dios y en la comunidad eclesial se presenta entonces, aunque la luz todavía no aparezca" (p. 195). Quien es capaz de vivir esa soledad, quien es purificado por ella, recibe el don de la confianza y de la comunidad. Bellamente dice GG: "El paso por la experiencia de soledad lleva a un hondo vivir en comunidad. Efectivamente, lo hemos notado ya, la soledad de que hablamos es algo muy distinto al individualismo. Este tiene mucho de repliegue intencional e interesado para mantenerse en las aguas tranquilas de la privacidad. A ella vendrán otros, quizás, a tocar a la puerta y se les abrirá como quien hace un favor. Se ailade entonces, graciosamente, una vertiente comunitaria a una existencia cristiana ya autosuficiente" (p. 196). Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(18) 212. REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. Realidad novedosa y masiva, cruel y esperanzadora, es la persecución y el martirio en América Latina. "En toda espirilualidad hay siempre una dimensi6n martirial" (p. 174) y la hay también en la latinoamericana. Pero, de nuevo, no s610 porque lo martirial en cuanto testimonio y en cuanto seguimiento de un Sei\or crucificado deben seguir siendo exigidos a priori, sino por la realidad concreta de América Latina. "Defender hoy el derecho de los pobres a la vida, en América Latina, lleva fácilmente al sufrimiento e incluso a la muerte" (p. 173). El hecho como tal es evidente, aunque su interpretación debe ser cuidadosa. Por una parte no se debe glorificar el hecho hasta tal punto que haga ignorar el gravísimo pecado que expresa y supone. El martirio cristiano expresa una muerte mucho más generalizada, estructural y len la, pero real, de pueblos enteros crucificados y de muerte violenta de quienes defienden el derecho de los pobres. No se puede, pues, olvidar "la crueldad que rodea ese hecho, y por lo tanto el rechazo que deben producir las condiciones que dan lugar a esos asesinatos" (p. 17S). Algunos temen incluso que el énfasis en lo martirial introduce un dolorismo en la fe cristiana que le es contrario a su último fundamento y su última meta: la resurrecci6n. Pero el martirio sigue siendo una realidad cuyo hecho no se puede negar asl como la exigencia en principio de dar la propia vida para la vida de los pobres. Y cuando de hecho ocurre, entonces aparecen también los hombres espirituales, los libres para amar, los que "dan su vida por su fe en el Dios de la vida y su amor por los despojados" (p. (74). Entonces ocurre también algo improgramable que es mucho más que un producto del movimiento compensatorio o hacer de la necesidad virtud. Surge la alegria pascual (p. 177) Y la esperanza que se apoya "en el testimonio de los que han sabido entregar sus vidas" (p. IS9). Ni la alegria es gozo inconsciente ni la esperanza es optimismo barato. Ambas se producen porque los mártires crean el verdadero clima del amor, ejemplificado en eUos mismos e imbuido en otros por ellos. Y en ese clima surge la convicci6n profunda de que la muerte no tiene la última palabra, aunque para que surja la vida haya que pasar por aquélla. De la manera escandalosa que aparece en el siervo de Jahvé, en Jesús crucificado y en las primeras comunidades cristianas, cuyo destino es la persecuci6n, surge una y otra vez la pascua y la experiencia pascual: "voluntad de vida para todos desde la alegria, después de la experiencia del dolor y la muerte" (p. 181). Hombres espirituales, comunidades espirituales, pueblos espirituales, son los que están dispuestos -dicho con la mayor sencillez- a rehacer la pascua de Jesús en y por causa de la situación hist6rica del continente y a rehacer, por eUo también, la vivencia teologal de Jesús en la cruz y de los mártires, y a rehacer la vivencia de quienes se encontraron con el resucitado y le siguen encontrando en comunidades y pueblos crucificados. Todos estos rasgos que sintetizan y desembocan en una espiritualidad pascual no son otra cosa que la santidad cristiana. Espiritualidad es en último término santidad. La fe del pueblo y la TL han revalorizado la santidad, adjetivándola a veces -.como cuando se habla de "santidad poUtica"- para que la Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(19) ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGIA .... 213. misma terminología de sanlidad no induzca a reduccionismo o malas interpretaciones, pero proponiéndola como la sustancia de toda vida cristiana. Esto es lo que en último término tienen que ofrecer las comunidades y el pueblo pobre y ésa es también su arma más poderosa para convencer a otros y defenderse de ataques. 1.5. Un modelo teórico de espiritualidad Toda gran espiritualidad tiende a formularse en un modelo teórico sintético que dé cuenta de los elementos disparejos y complementarios, del momento subjetivo y objetivo del hombre espiritual, de su relación con lo trascendente y con lo histórico. Esas síntesis acaecen cuando ha habido suficiente realidad de espiritualidad y suficiente reflexión para poder ofrecer dichas síntesis como algo dicente. Así, por mencionar algunos ejemplos importantes, se ha formulado el ora e/labora de los primeros monjes, el con/empla/a aliis /radere y el in ac/ione con/emplativus. GG no los analiza teóricamente en su libro ni elige uno de ellos para organizar conceptualmente la espiritualidad que propone ni ofrece su propia formulación sintética. Aparte del talante de modestia que recorre todo el libro, el autor piensa sin duda que para reformular un nuevo modelo teórico se necesitaría más reflexión y tiempo; que por el momento más que acu~ar nuevas formulaciones -y petrificarlas quizás- es importante mantener la espiritualidad abierta a las nuevas posibilidades y exigencias de la historia, que pudieran llevar a una nueva reformulación. Pero aunque GG no analiza ni propone nuevas síntesis teóricas puede ser útil indagar las condiciones que pondría a tales sintesis. La primera sería dar primacía a la totalidad sobre sus partes, de modo que lo histórico (seguimiento, caminar, pueblo en búsqueda) y lo trascendente (de Jesús, en el Espiritu, hacia Dios) se remitiesen mutuamente. Quizás la realidad del "reino de Dios," frecuentemente mencionada en el libro, pudiera fungir como la totalidad en la cual se desarrolla y a la cual sirve el hombre espiritual. La segunda seria la superación, no anulación, de la división entre lo espiritual y lo material, de modo que ambas dimensiones se remitiesen mutuamente en el hombre espiritual: la tendencia a espiritualizar lo histórico y a historizar lo espiritual. Asi por ejemplo la realidad histórica del pobre es algo que no sólo debe ser analizado y respondido de acuerdo a su materialidad, sino algo de lo que se debe tener una experiencia espiritual, algo que puede irrumpir en nuestras vidas y hacerse así mediación de la experiencia de Dios. Por otro lado, la experiencia espiritual del encuentro con Dios o de ser encontrados por Dios incluye por su propia dinámica, no sólo como raciocinio O conclusión heterogtnea, salir al encuentro de la pobreza histórica y remediarla. La tercera sería el énfasis en lo procesual de la espiritualidad. Esto es lo que recalca GG al mencionar el 'caminar' en el Espiritu y al proponer como modelo la 'senda' espiritual de los misticos. Procesualidad significa que la espiritualidad necesita tiempo para constituirse, tiempo en que coyunluralmente puede aparecer diversos tnfasis, liempo para recogerlos y complemenlarlos, de modo que lo que se formule como modelo teórico de espiritualidad llegue a ser producto más que inicio. Por último, y a Digitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
(20) 214. REVISTA LATINOAMERICANA DE TEOLOGIA. diferencia de los modelos mencionados formulados en singular, la espiritualidad debe mencionar el sujeto colectivo, cosa que de alguna forma estaóa también presente en los modelos anteriores, pues lo que expresaron y produjeron fueron órdenes religiosas y no sólo individuos, y sobre todo el sujeto popular como se ha indicado. Según esto, algo se puede decir de la postura del libro de GG hacia los modelos mencionados, los cuales han analizado otros más explícitamente,l' y sobre lo que podría ser su pronto modelo. Como modelo teórico seria inadecuado presentar la totalidad de la espiritualidad por la adición del ora "er" labora, asi como la prioridad lógica concedida a la contemplación en el conremplara aliis rradere sin dialéctica. El primer modelo no recalca la unidad yel segundo no recalca la mutua referencia entre contemplación y acción. Positivamente, para GG espirilualidad es libertad para amar; el amor, por lo tanto, es su finalidad y lo que unificaría los diversos elementos de la espiritualidad. El amor presupone, incluye y propicia la contemplación; pero en sí mismo es más una acción. En este caso el momento de la acción no está separado de ni subordinado a ni es sólo consecuencia del momento de contemplación. Desde este punto de vista GG parecería acercarse más al modelo teórico del in aerione eonremplalivus al que cita en la página 170. Contemplación y acción se remiten mutuamente, la contemplación es "demanda y elemento vivifi- . cador de una acción histórica" (p. 170), pero la acción es también lugar para la contemplación. El in aerione eonremplalivus supone actuar sobre la historia con amor y encontrar a Dios en todas las cosas (p. 166). No se trata ahora de hacer coincidir o alejar más o menos la espiritualidad descrita en el libro de los modelos tradicionales de espiritualidad. De lo que se trata es de unificar los momentos duales de toda espiritualidad de la manera más adecuada a la espiritualidad real de América Latina. En nuestra opinión el modelo de GG habría que buscarlo en la línea de lo que ha formulado de forma estrictamente teologal sobre la relación entre hombre y Dios: .. A Dios se lo contempla y se lo praclica;" 18 "el misterio de Dios vive en la contemplación y vive en la práctica."19 En esta afirmación no desaparecen los momentos de. contemplación y acción, ni desaparece la diferencia entre Dios y hombre; pero esas diferencias se relacionan entre sí de una manera específica. Contemplación y acción no son momentos con objefos distintos, como si la contemplación se dirigiese a Dios y la acción fuese acción sobre el mundo; a uno y el mismo Dios hay que contemplar y practicar, y de ahí -desde Dios- la unificación profunda de ambos momentos. Por otra parte, también el mundo es objeto de acción y de contemplación. Contemplar a Dios es concomitantemente contemplar el mundo con los ojos de Dios, y practicar a Dios es hacer el mundo según la voluntad de Dios. Los momentos de contemplación y acción no se diversifican, por lo tanto, porque uno remita a Dios y el otro al mundo; tanto Dios como el mundo son objeto de contemplación y acción. No se puede buscar ahí, por lo tanto, la dualidad más primigenia de la que vive la espiritualidad. Esta hay que buscarla en la relación del hombre con Dios. En ella hay el momento de iniciativa de Dios, de gratuidad, y el momento de respuesta del hombre. El hombre espiritual se constituye cuando mantiene esas dos dimenDigitalizado por Biblioteca "P. Florentino Idoate, S.J." Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas".
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