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En el ritmo de la gracia 03

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En el ritmo de la gracia 03

“Descanso en el seno del Padre”

Pastor Erich Engler

La misión de nuestra iglesia es proclamar el mensaje de la gracia. Este es el propósito por el cual estamos aquí. El mensaje que predicamos tiene que estar de acuerdo con la

dispensación en la cual nos encontramos. Actualmente, estamos bajo la dispensación de la gracia y no vivimos más bajo la dispensación de la ley, la cual correspondía al tiempo de Moisés, por lo tanto, no tenemos la misión de predicar los 10 mandamientos. Dado a que nos encontramos bajo la dispensación de la gracia, predicamos sólo acerca de la persona de Jesús quien vino al mundo a traernos la revelación de la gracia y la verdad divina.

Predicamos acerca de la gracia y la verdad por medio del mensaje de la gracia.

Gracia y verdad son una y la misma cosa.

Podría decir, creo sin temor a equivocarme, que de todos los mensajes que podemos predicar no hay ninguno más poderoso que el que habla acerca de la revelación del amor del Padre celestial el cual da descanso y reposo al corazón humano.

Precisamente en la enseñanza del día de la fecha deseo referirme a cómo encontrar descanso en el seno del Padre.

Revelación de la realidad del Padre celestial

Pues aunque haya algunos que se llamen dioses, sea en el cielo, o en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para Él; y un Señor,

Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de Él. (1 Corintios 8: 5 y 6)

En el mundo hay infinidad de religiones y cada una de ellas tiene sus propios dioses, pero hay un sólo Dios verdadero el cual puede ser llamado Padre y este es nuestro Padre celestial. Es posible que aun el Dios verdadero sea solamente Dios para el mundo, pero

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2 para nosotros, los creyentes, Él es nuestro Padre. Dios no es nuestro juez sino nuestro Padre. Lo único importante en la vida es conocer a nuestro Padre celestial.

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. (Juan 17:6)

La revelación del nombre de Dios como Padre era desconocida en el Antiguo Testamento. Si bien encontramos allí algunos pasajes que se refieren a Dios como Padre, esta revelación estaba velada para la mayoría del pueblo de Israel. Los israelitas conocían sólo a Dios pero no eran conscientes de que Él es Dios Padre. Y esta es precisamente la revelación que trajo Jesús consigo cuando vino a la tierra. Él reveló a la humanidad la esencia misma de su Padre celestial. Jesús dijo que Él no hacía nada por sí mismo sino aquello que veía hacer a su Padre, ni hablaba sus propias palabras sino aquellas que oía decir a su Padre. Él dijo incluso que Él y su Padre son uno. Jesús no hablaba de Dios sino de su Padre, Él vino a traernos la revelación de una relación personal con el Padre celestial.

Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía:

Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. (Marcos 14: 34 al 36)

Jesús no había mencionado nunca la palabra Abba antes de ese momento. Esta es la primera vez que Él se refiere a su padre como Abba.

La palabra hebrea Abba aparece sólo en tres ocasiones en toda la Biblia y no ha sido traducida sino que permanece en su idioma original.

El pasaje que acabamos de considerar se encuentra en el Nuevo Testamento, y como ya sabemos, este fue escrito originalmente en griego. Sin embargo, el Espíritu Santo se encargó de que esta palabra hebrea apareciera en el Nuevo Testamento y quedara sin ser traducida al idioma griego. La palabra Abba, de origen hebreo/arameo, es el apodo cariñoso y familiar con el que un hijo denomina a su padre. Esto sería para nosotros algo así como el diminutivo cariñoso y familiar de la palabra padre que puede variar de acuerdo al lugar donde uno reside.

A pesar de que el Nuevo Testamento fue escrito en griego, los traductores, guiados por el Espíritu Santo, dejaron esta palabra en hebreo tal y como la dijo Jesús. Ellos hubiesen tenido la posibilidad de traducirla al griego colocando en su lugar el término “Pater”, pero, el Espíritu Santo los inspiró a dejarla como estaba. Precisamente el término Abba, la

denominación cariñosa y familiar que un hijo le da a su padre, es el que llega más profundamente a nuestro corazón.

Cuando Jesús ora en Getsemaní, en la hora más crucial de su existencia, utiliza

precisamente el apodo cariñoso Abba para dirigirse a su Padre. Esto nos muestra, que cuando estamos atravesando una crisis, no tenemos necesidad de hacer oraciones

formales, rituales, o pre elaboradas, sino que debemos orar desde lo más íntimo de nuestro corazón a nuestro Abba Padre celestial.

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3 En los momentos cruciales de nuestra vida, cuando no sabemos qué hacer, cuando no encontramos la salida, cuando nos sentimos derrotados, cuando hemos llegado al punto más profundo… no tenemos que hacer oraciones formales a un Dios lejano e impersonal, sino expresar palabras simples que salen de nuestro corazón a nuestro querido y amado Abba. En esos casos, las oraciones pre elaboradas, ya sea que estén escritas en un libro o que haya formulado alguna persona importante, no sirven para nada.

En situaciones difíciles podemos ir a nuestro Padre celestial diciéndole simplemente ¡Abba!

Ya por el hecho de pronunciar esta palabra comienza a producirse un cambio. En el momento en que decimos ¡Abba! nos sentimos reconfortados y cargados en sus amantes brazos y por lo tanto, nos tranquilizamos y entramos en el reposo.

Mientras estaba preparando este mensaje el Señor habló a mi corazón diciéndome lo siguiente: “mientras mis hijos no me vean como su Padre (Abba) y mientras no se vean a ellos mismos en la posición de hijos, no podrán entrar en el verdadero reposo”. Esto es lo que hace la diferencia entre el antiguo y el Nuevo Testamento.

En el Antiguo Testamento Moisés es denominado siervo. Cuando escuchamos la palabra siervo pensamos automáticamente en trabajo.

Lamentablemente hay muchos creyentes que se ven a sí mismos en la posición de siervos y por eso se esfuerzan sobremanera para llevar a cabo correctamente la “misión” que Dios les ha encargado, para, de esa manera, poder satisfacerlo. Esto proviene de la ley.

Sin embargo, en el nuevo pacto de la gracia, se trata de una relación personal e íntima entre el Padre y sus hijos. Esta es la gran diferencia.

Jesús vino a esta tierra para revelarnos la realidad del Padre celestial y utilizó para ello el nombre Abba.

Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

(Gálatas 4: 1 al 7)

El libro a los Hebreos nos muestra claramente que Jesús le puso punto final a la ley después de haberla cumplido hasta en el más mínimo detalle para dar paso al nuevo pacto.

Si no fuera así, no tendría ningún sentido el nombre de nuevo pacto. Lo nuevo es

completamente diferente a lo viejo. El nuevo pacto es el nuevo vino en nuevos odres. El nuevo pacto en Cristo es el que marca la diferencia.

La razón por la cual Jesús nació bajo la dispensación de la ley fue para poder cumplirla y abolirla. Su ministerio terrenal hasta la obra de la cruz fue un tiempo de transición desde la

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4 ley hacia la gracia. Después de su muerte y resurrección comienza oficialmente la

dispensación de la gracia.

Como habíamos visto en la enseñanza anterior, cuando Él exclama “¡consumado es!” no solo se refiere a la obra culminada sino que está haciendo alusión a la Iglesia. Al rasgarse el velo del templo el camino hacia el lugar Santísimo quedó libre y dio comienzo la era de la gracia.

Antes de eso, el ser humano era considerado sólo un siervo, pero después de la obra de la cruz, tiene el derecho a ser llamado hijo o hija de Dios y a formar parte del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia o su esposa.

Jesús vino al mundo con el propósito de redimirnos de la ley para que no seamos más siervos sino para que obtengamos la posición de hijos. ¡Aleluya!

Recibimos la adopción en la familia de Dios. La gracia es sinónimo de recibir, la gracia provee, la gracia nos hace aptos para recibir. Por otra parte, la ley siempre exige y demanda algo de nuestra parte, ya sea esfuerzo, trabajo, mérito, etcétera. Sin embargo, la salvación sólo se recibe por gracia y de ninguna manera por mérito propio.

La herencia que tenemos en Cristo consta de dos aspectos principales: poseemos un capital y heredamos un título. Jesús es el Hijo de Dios y nosotros también somos hijos de Dios; Él es el Cristo y nosotros somos cristianos; Él es ungido y nosotros tenemos su unción.

Ser hijo de Dios involucra tanto al hombre como a la mujer. El término hijo es general y no discriminatorio, pero, para que todos puedan entender mejor decimos que somos hijos e hijas de Dios.

Ya no somos más siervos sino hijos, hijos de Dios. Esta es la revelación de la realidad del Padre celestial. Dios es nuestro Padre.

Para ser más exactos, podemos decir que Dios no es primordialmente nuestro Dios sino nuestro Padre. Como hijos e hijas de Dios tenemos que verle en primera instancia como nuestro Padre, nuestro Abba.

Como acabamos de leer, el Espíritu Santo de Dios es quien puso ese clamor en nuestros corazones, y por eso le llamamos Abba Padre.

Debemos tener en cuenta que la obra principal del Espíritu Santo en nuestro interior está basada en lo que proclamamos o declaramos y no en lo que experimentamos. A menudo limitamos al Espíritu Santo a una experiencia “mística” en el momento de recibirlo por medio de la imposición de manos y a alguna que otra manifestación “espectacular” como sería la sensación de andar “flotando por el aire”. Mi amigo, permíteme decirte que esa no es la manera en que actúa el Espíritu Santo.

No vas a conseguir un verdadero cambio en tu vida por el hecho de andar corriendo de un lado para otro buscando diferentes “experiencias” y “manifestaciones” especiales. El

verdadero y profundo cambio viene solo a través de la obra constante del Espíritu Santo en tu interior quien te concede la revelación del Dios Abba del nuevo pacto.

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5 Jesús dijo que Él había sido ungido para predicar el año agradable o favorable del Señor. En enseñanzas anteriores habíamos visto que el idioma griego utiliza el término DEKTOS para decir: agradable o favorable. Dicho de otra manera, esto es sinónimo del favor y de la gracia divina.

Jesús fue ungido por el Espíritu Santo para predicar el mensaje de la gracia.

De la misma manera, el Espíritu de Dios unge a los pastores y predicadores con el único propósito de predicar el Evangelio de la gracia y ninguna otra cosa más que eso.

El pastor o predicador nunca ha sido ungido para predicar los 10 mandamientos o la ley de Moisés.

Jesús dijo claramente cuál era el propósito de la unción del Espíritu Santo, a saber: pregonar el Evangelio de la gracia divina. La misma unción que reposaba sobre Jesús está sobre mí, y no sólo sobre mí, sino dentro de mí.

La palabra Abba, la cual utilizó Jesús en hebreo para referirse a su Padre es por la cual clama el Espíritu Santo dentro de nosotros en lo íntimo de nuestro corazón.

Esa es incluso la primera palabra que un niño le dice a su padre cuando comienza a balbucear. Podríamos decir que casi sin excepción, esto es así en todos los idiomas.

Cuando tenemos la revelación de Dios como nuestro Abba Padre alcanzamos el verdadero reposo.

Reposo en los brazos del Padre

En este gráfico observamos cómo se escribe la palabra Abba en letras hebreas. Esta palabra se compone de tres letras. Como ya sabemos, el hebreo se lee de derecha a izquierda.

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6 La primera letra es ALEF y es simbolizada gráficamente por un holocausto. La segunda letra es BET y el símbolo que la identifica es una casa, y por último, a la izquierda se repite otra vez la letra ALEF.

El mensaje que el Señor desea trasmitirnos con esto es el siguiente:

La casa representa a la Iglesia y este es el lugar donde encontramos reposo, y este reposo está fundamentado en la obra de Cristo en la cruz.

El verdadero reposo está cimentado en la obra de Cristo a nuestro favor, puesto que gracias a Él hemos obtenido la posición de hijos y ya no somos más siervos que tenemos que

trabajar y esforzarnos para conseguir las bendiciones. La obra de Cristo nos concede reposo porque nos da seguridad de salvación.

La gracia es el centro mismo del amor del Padre celestial

Si tomamos las dos primeras letras de la palabra Ab, la cual, como habíamos dicho, equivale al término formal para expresar lo que en nuestro idioma se traduce como Padre, tenemos las letras: ALEF la cual equivale a holocausto y BET que simboliza una casa, y si

introducimos entre estas dos letras la HE, que sería la quinta del alfabeto y, que como ya sabemos, equivale a la gracia divina, obtenemos la palabra ájaba la cual significa amor.

Es interesante notar la relación que estas dos palabras hebreas guardan entre sí, una se complementa con la otra. Eso nos transmite también un mensaje y es que la gracia es el centro mismo del amor del Padre celestial. La gracia divina debería ser el centro mismo de la casa de Dios. Cuando es así, el amor divino pasa a ocupar el lugar de máxima importancia en la Iglesia, la casa de Dios.

Si bien es cierto que tenemos que amarnos más los unos a los otros y que el amor de Dios debe tener la prioridad entre los hermanos, la única manera de que esto sea posible es

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7 cuando la gracia divina pasa a ocupar el lugar central de la Iglesia. Cuanto más lugar se le da a la gracia más se acrecienta el amor.

Si hiciéramos una encuesta entre los creyentes preguntando cual es el nombre más importante de Dios algunos dirían Adonai, otros dirían Elohim, y otros incluso dirían El- Shaddai. Sin embargo nosotros decimos que el más importante de todos es Abba.

Recordemos que en el Antiguo Testamento no se conocía la revelación de Dios como Padre.

El Espíritu Santo permitió que esta palabra hebrea aparezca en el Nuevo Testamento para que el ser humano pueda entender de qué se trata. El Espíritu de Dios, quien hizo su morada en el corazón del creyente renacido, clama Abba Padre.

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. (Romanos 8: 15 y 16) La razón por la cual en el Antiguo Testamento, bajo la ley, no existía la revelación de Abba era porque Moisés era siervo y la revelación del Padre es sólo para los hijos de Dios.

El esclavo (= siervo) no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. (Juan 8:35)

El esclavo o siervo representa la ley. El siervo no queda en la casa para siempre, pero el hijo sí. La ley vino pero también se fue, sin embargo la gracia llegó para quedarse. La ley le fue dada a Moisés, estuvo un tiempo, cumplió su misión, y fue abolida. La gracia divina llegó al mundo de la mano del Hijo de Dios y vino para quedarse para siempre.

Resumen:

Jesús vino al mundo para traernos la gracia divina y revelarnos la realidad del Padre celestial. Por medio de su obra en la cruz hemos recibido la posición de hijos y Dios es nuestro Abba Padre.

Oración:

¡Gracias Padre por enviar a tu Hijo Jesucristo para que Él me pudiera revelar tu más íntima identidad! ¡Gracias porque por medio de su obra en la cruz he adquirido la posición de hijo y ahora pertenezco a tu familia! ¡Ayúdame a recordar siempre que tú estás a mi lado, que me cuidas, y que nunca me habrás de abandonar! Amén.

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