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CALIFORNIA STATE UNIVERSITY SAN MARCOS THESIS SIGNATURE PAGE THESIS SUBMITTED IN PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE MASTER OF ARTS

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Academic year: 2022

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CALIFORNIA STATE UNIVERSITY SAN MARCOS THESIS SIGNATURE PAGE

THESIS SUBMITTED IN PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE

MASTER OF ARTS IN

SPANISH

THESIS TITLE: LA RELACIÓN MATERNO-FILIAL EN AMOR, CURIOSIDAD, PROZAC Y DUDAS.

AUTHOR: Jessica Gove

DATE OF SUCCESSFUL DEFENSE: May 11, 2022

THE THESIS HAS BEEN ACCEPTED BY THE THESIS COMMITTEE IN

PARTIAL FULFILLMENT OF THE REQUIREMENTS FOR THE DEGREE OF MASTER OF ARTS IN SPANISH.

Silvia Rolle-Rissetto

Silvia Rolle-Rissetto

05/11/2022

THESIS COMMITTEE CHAIR SIGNATURE DATE

Cynthia Meléndrez Cynthia Melendrez 5/11/2022

THESIS COMMITTEE MEMBER SIGNATURE DATE

THESIS COMMITTEE MEMBER SIGNATURE DATE

(2)

La relación materno-filial en Amor, curiosidad, Prozac y dudas.

By:

Jessica Gove

[email protected]

Tesis de Maestría del Departamento de Estudios de Lenguas Modernas California State University, San Marcos CA

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Índice

Abstracto………...3

Dedicatoria………...4

Agradecimientos………...5

Introducción………...6

1. Capítulo 1 M de mamá………..……..…...11

2. Capítulo 2 A de Ana, Ama de casa………...18

3. Capítulo 3 R de Rosa, la rígida………...28

4. Capítulo 4 C de Cristina………...39

Conclusiones………49

Obras citadas………55

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Abstracto

La relación materno-filial en Amor, curiosidad, prozac y dudas

En la novela de Amor, curiosidad, prozac y dudas de Lucía Etxebarria, se narra la historia familiar y personal de tres hermanas. En ellas se distinguen las voces de tres mujeres

independientes y sus luchas diarias. Pero más allá de amor, curiosidad, píldoras farmacéuticas y dudas, existe un problema que permea más allá de la superficie. Cada protagonista carece de una relación saludable con su madre y es dónde se pueden rastrear sus problemas internos, pese a que se alude que es por el abandono del padre. En la sociedad y en la literatura se le ha puesto mayor privilegio a la relación de madre o padre con el hijo, consecuencia de sociedades patriarcales que le dan mayor valor al varón. Este valor a lo masculino se refleja en el psicoanálisis freudiano que minimiza la experiencia de la mujer, e intenta separar a la hija de la madre con la jornada hacia el falo. Mas se ha advertido que el vínculo entre madre e hija es mucho más fuerte e intenso que otras relaciones, y el impacto que tiene en el desarrollo emocional en la hija es mayor que la de padre e hija. En este estudio se explora la relación que cada hermana tiene con su madre, y se le da importancia a la influencia que tiene la mujer como madre en sus hijas. Al destacar dicha relación se arroja más luz y voz a la experiencia femenina.

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Dedicatoria

Este trabajo se lo dedico a mi madre, Thelma. Mil gracias por darme tu amor

incondicional y el espacio necesario para crecer y desarrollarme como mujer. Ahora que tengo el honor de ser madre, te aprecio aun más. Durante mis investigaciones en este trabajo, me

encontraba pensando en ti y en la fuerza femenina. Reflexionaba que ¿cómo era posible que criaras a tres hijas sin el apoyo emocional de una pareja? ¿cómo es que, a pesar de todo, mis hermanas y yo terminamos (más o menos ) bien? Es obvio que tu amor bastaba y sobraba.

También se lo dedico a tu mamá, Leonor. Pensaba en mi abuela, y me la imaginaba una mamá joven contigo en su regazo, ¿será que se imaginaba que, de su única hija, tendría tres nietas?

Leonor, que quedó viuda el año que yo nací y no se volvió a casar. Leonor, que mantuvo su granja sola hasta el día presente en una aldea en Guatemala. Sé que vengo de una línea de mujeres fuertes y que me ayudaron a ser la mujer que soy hoy. Sus esfuerzos y sacrificios siempre serán apreciados, las amo.

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Agradecimientos

Estoy muy agradecida por la oportunidad de haber asistido al programa de Maestría de español. Recuerdo ese semestre de otoño 2018, mi primera clase fue la de teoría literarias con la profesora Rolle-Rissetto y mi mundo se abrió. Mi segunda clase fue con la profesora Meléndrez y su manera de enseñar me cautivó. Comencé mi primer semestre con dos extraordinarias mujeres y estoy contenta de terminar con ellas. Quiero agradecer a la profesora Strother y su clase de salud mental y literatura, aprendí mucho y me inspiró a ver la literatura de otra manera.

Besos y abrazos a mi esposo y mejor amigo, Jonathan, gracias por apoyarme

incondicionalmente en mis ocupaciones. Gracias a mis hijos, Jonah y Jacob por ser pacientes conmigo. Jonah tenía cuatro años cuando comencé el programa, y Jacob casi dos y ¡ahora los veo grandísimos! Los amo con todo mi ser.

Tengo un corazón grato por mis dos hermanas Sandra y Marina. Aunque vivimos de costa a costa, siento su cariño y hermandad y sé que puedo contar con ellas por cualquier cosa.

Un saludo especial a mi mejor amiga Bianca, que me ha escuchado y aconsejado por muchos años. Gracias por leer mis borradores y por tu bella amistad, eres mi hermana del alma.

Mil gracias a mis suegros, Barrie y Elissa, quienes con gusto ofrecían cuidar de mis hijos para poder trabajar. De igual manera, gracias a mi cuñada Julia, su ayuda no tiene precio.

Agradezco a mi papá, Edvin, y sus esfuerzos en proveer para un mejor futuro. Quiero reconocer a mis queridas tías, Hilda, Sandra y Telma. Su amor y apoyo en todas las etapas de mi vida es algo que aprecio y llevo en mi corazón, las quiero muchísimo. Tengo una enorme familia que estimo y seria imposible nombrar a todos.

Finalmente, gracias a las amistades de mis compañeras y compañeros de clase, Yesenia, Laura, Claudia, Karen, Vanesa, Federico, Miguel y Rafael, siempre los recordaré.

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“Una madre y una hija. Qué combinación terrible de emociones, confusión y destrucción. Todo es posible, y se hará en nombre del amor. La hija heredará las heridas de la madre. La hija sufrirá los fracasos de la madre. La infelicidad de la madre será la infelicidad de la hija. Como si el cordón umbilical jamás se hubiese cortado...”

Eva a su madre en el filme Sonata de Otoño (1978) Introducción

La relación de madre e hija suele ser complicada, la explicación condensada de Sigmund Freud es que la hija guarda rencor hacia la madre por no haberle proporcionado un pene, “el encono de tantas hijas contra su madre tiene por raíz última el reproche de haberlas traído al mundo como mujeres y no como varones” (S. Freud 322). Freud se enfoca en la óptica masculina, ignorando la femenina. Luisa Muraro explica:

By means of feminism we discovered that, in our civilization, the human

condition was declined only in the masculine and entirely arranged in the mother- son relationship, in which the male child was presumed the realization of a woman’s greatest wish and desire. There is therefore something that is unthought in the human condition—something enclosed in the mother-daughter relationship and present in some way in every woman’s experience. (160)

En realidad, el complejo de Edipo de Sigmund Freud es un complejo adaptado para los hombres y su relación con la madre. En él la relación con la hija simplemente no encaja. Los resultados se ven en la sociedad donde la relación de madre/hijo(s) goza de mayor privilegio, mientras que la de madre/hija(s) es casi olvidada o borrada, en las palabras de Muraro, “the mother-daughter relationship is erased in the patriarcal order” (160). En una sociedad patriarcal, se ha normalizado la ausencia de la voz de la mujer y sus experiencias como tal (160) y darle voz a la mujer es darle poder.

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La psicoanalítica Hendrika Freud, plantea la pregunta ¿qué hubiera pasado, si el psicoanálisis hubiese sido la creación de una mujer, en vez de un hombre? En su opinión, en lugar de usar la historia de Edipo—el drama del hombre—se hubiese utilizado quizá el mito de Electra1, el cual ilustra con más precisión los problemas en el desarrollo de una mujer. En el último caso, la experiencia de la mujer sería el punto de partida versus intentar darle forma a ella para que quepa en el mito previo. Incluso, Hendrika Freud piensa que “had the first

psychoanalytic thinker been female, the mother might well played a far more significant role”

(63). Cuando se habla de la mujer no se puede ignorar a la madre. Se piensa que el primer objeto de amor de una niña es homosexual, ya que ella comparte el mismo sexo con la madre. Este hecho fisiológico crea una diferencia significante en la dinámica de la relación con la hija versus el hijo. La madre también va a ser con quien la hija se identifique principalmente. Los dos factores anteriores crean en la hija una cierta lealtad hacia la madre, y posibles conflictos,

“irrefutable biological facts make her individuation and sexuality – but not her sexual identity – more conflict-ridden than is the case with boys” (H. Freud 64) ya que cada paso en su desarrollo la identificación con la madre se fortalece aun más:

Each further step the girl takes in her development must perforce lead to a

renewed identification with her mother. This means that with each step forward – like menstruation, initiation into sexuality, pregnancy, giving birth, menopause, and end of life – she runs the risk of falling back onto her mother or inner comparisons with her. (H. Freud 64)

1 Electra es un personaje de mitología griega, hija del Agamenón, rey de Micenas y de Clitemnestra. Agamenón sacrificó a la hermanita de Electra antes de salir hacia Troya. El padre regresa diez años después, con una nueva mujer cuando Electra no estaba presente en el reino. En esos diez años, su madre también tuvo un amante, Egisto.

Como Electra tenía el potencial de ser madre de un hijo varón heredero del reino, Egisto la exilia del país y su madre exilia a su hermano Orestes. Cuando Agamenón regresa, Egisto y Clitemnestra lo asesinan. El odio de Electra hacia su madre y amante crece aun más y luego de esperar años para la perfecta oportunidad, y con la ayuda de su hermano Orestes, Electra consigue exitosamente su venganza y mata a su madre.

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Los conflictos no ocurren necesariamente porque la madre e hija compartan una relación

homosexual o las experiencias biológicas, los problemas surgen cuando la hija intenta crear una identidad propia. Si la madre piensa que la hija es una extensión de sí misma, o si la relación carece de lazo emocional, el desarrollo de la hija corre peligro. Mientras que el hijo por poseer un miembro fálico puede con más facilidad separarse de su primer objeto -- la madre -- la hija no. Se observa como “el estrago materno es padecido con una particular intensidad por el sujeto femenino, quien, en su novela familiar, da cuenta de una complejidad inédita y pertinaz,

implícita en la relación madre-hija, y difícilmente equiparable a la de otro tipo de relación humana” (Zawady 171). Esa complejidad que describe Zawady, se demuestra en el complejo de Edipo de la hija, donde se queda en una situación difícil e irresuelta; quebrar lazos con la madre, con quien ella se idéntica, pero quien no le puede dar el deseado falo e ir al padre en busca de tal, pero ser rechazada ya que el incesto es algo inaceptable. Entonces le toca buscar a un hombre que le recuerde a su padre para de esa forma poder obtener un falo al concebir un hijo varón.

En el complejo de Edipo, la jornada de la mujer queda inconclusa y la relación con su madre descartada. Para poder entender los problemas de desarrollo en la mujer es importante comenzar con esa relación arcaica con su mamá.

Justificación del Estudio

En esta tesis se propone que la relación materno-filial que cada una de las protagonistas de Amor, curiosidad, prozaz y dudas, mantiene con su madre es psíquicamente más nociva que el abandono del padre. Esto se evidencia en el resentimiento que las hijas sienten hacia la madre presente versus al padre ausente. La falta de cariño materno es obvia, carencia que existía antes del abandono del padre. La madre es un ser frío e inalcanzable que impide cualquier

acercamiento con sus hijas, víctimas de ese baldío emocional, “a complete lack of emotional

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closeness is just as traumatic as its opposite” (H. Freud 25). El trauma se puede observar en cada una de las protagonistas, pues cada una sufre un nivel de problema mental que se puede rastrear a su relación con la madre. No se intenta disminuir las acciones del padre ni su rol en el trauma, mas elevar el rol de la madre al mismo nivel de importancia en el desarrollo psíquico de las hijas.

Es importante analizar la relación materno-filial en la novela porque suele ser un

problema común en la vida real. La relación de madre e hija es complicada pero vital en la vida de la mujer. Al traer a luz los problemas de cada protagonista, se puede aprender cómo evitarlos y poder navegar esa relación, y lo más importante que es darle voz y lugar a la mujer en sus experiencias como madres e hijas. El rol de la madre en el desarrollo de la(s) hija(s) es

fundamental y en la novela se exponen las consecuencias de cuando esa relación no es saludable o falla por completo.

Apuntes Biográficos

Amor, curiosidad, prozac, y dudas es la primera novela de la española Lucía Etxebarria.

La prolífica autora tiene más de treinta obras escritas entre narrativa, poesía, ensayo, teatro y guiones cinematográficos. Etxebarria ha recibido varios premios, como el Premio Nadal, Premio Primavera, el Planeta, el Barcarola de Poesía y El Lazio. La mayoría de sus obras se enfocan en temas feministas.

Sinopsis de Amor, curiosidad, prozac y dudas

En Amor, curiosidad, prozac y dudas se narra la vida de las hermanas Gaena; Ana, Rosa y Cristina, en primera persona. Ana es la hermana mayor, y le lleva dos años a Rosa y seis a Cristina. El padre las abandonó cuando Ana tenía doce años y al irse, la frialdad de la madre se hizo más notable. Cada una lleva una vida tan distinta y distante a la de la otra, que nadie sospecharía que las tres salieron del mismo hogar. Ana se dedicó a ser una ama de casa, con un esposo ejemplar, un hijo hermoso y una casa digna de estar en una revista. A plena vista, Ana

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lleva una vida dichosa de envidia de cualquier ama de casa. Al contrario, Rosa es una mujer independiente quien ha podido penetrar exitosamente en un espacio de trabajo controlado por hombres. Rosa se dedicó a sus estudios y carrera, tanto así que no ha hecho tiempo para enfocarse en su vida personal y disfrutar de los lujos por los cuales trabaja fervientemente.

Ahora, Cristina lleva una vida que ni su mamá ni sus hermanas aprueban. Cristina, trabaja en un bar y vive una vida promiscua con el uso habitual de drogas. Las tres comparten una historia familiar dolorosa que ninguna se atreve a reconocer o a compartir entre ellas.

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All that I am, or hope to be, I owe to my angel mother.

-Abraham Lincoln Capítulo 1: M de mamá

Como se ha mencionado previamente, el propósito de esta tesis no es disminuir el papel del padre en los conflictos que se expondrán, sino arrojar luz a la figura materna en ellos. Para comenzar, es necesario ver a los Gaena como unidad familiar y los roles de cada uno en ella. La familia humana, según Lacan, es una institución estructurada por un orden que permite la transmisión de cultura (15). Incluso, la familia es responsable de la herencia psíquica de sus miembros:

La familia predomina en la educación inicial, la represión de los instintos, adquisición de la lengua a la que justificadamente se designa como materna. De ese modo, gobierna los procesos fundamentales del desarrollo psíquico, la organización de las emociones de acuerdo con tipos condicionados por el

ambiente que constituye, según Shand, a base de los sentimientos... De ese modo, instaura una continuidad psíquica entre las generaciones cuya causalidad es de orden mental. (Lacan 16)

Lacan le da importancia al rol de la madre en la familia al utilizar el adverbio “justificadamente”, es decir que “con verdad y exactitud; sin discrepar” (REA), a la primera lengua se le llama materna por ser precisamente la madre quien la transmite primariamente. No es la excepción en los Gaena. La madre toma las riendas en la crianza de las niñas ya que el padre se empeña en salir y emborracharse todas las noches. Según ella, él era “incapaz de asumir responsabilidades, incapaz de ofrecer a sus hijas otra presencia más que mimos y las caricias a destiempo, tanto más apreciados cuanto más inesperados, porque no se sabía cuando iba aparecer” (Etxebarria 104).

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En esta familia en particular, se encuentra un padre alcohólico, lo cual afecta a todos a su alrededor pues el alcoholismo efectivamente termina siendo una enfermedad familiar (Al-Anon 27). La madre que reacciona a las acciones del alcohólico y que fracasa miserablemente en mantener orden y control en el caos que éste causa en la familia. Finalmente, se encuentran las hijas del frágil matrimonio; Ana, Rosa y Cristina, quienes absorben el desorden de su vida familiar de diferentes maneras. Los dos padres trabajan fuera del hogar y aportan

financieramente hasta que el papá se va de la casa y la mamá se convierte en madre soltera.

Consecuentemente, se vuelve en la única proveedora y tiene que trabajar más horas en su farmacia, y también se vuelve la única autoridad parental de sus hijas.

A primera vista es fácil concluir que el padre es el núcleo de los problemas emocionales y mentales que enfrentan las hermanas en sus vidas como adultas. Aún después que Sigmund Freud admitiera que su teoría del complejo de Edipo encaja sólo a la experiencia del sexo masculino (3079) el hecho es que siguió tratando de explicar la experiencia de la mujer y la relación con su madre bajo un lente masculino2 que consecuentemente desvalúa la contribución de la mujer en la relación con su(s) hija(s). Sin duda que el padre con su adicción y su abandono causó un impacto irreparable y doloroso en todas, ellas mismas lo declaran. En cualquier relación de madre e hija, es importante la relación y la presencia del padre ya que éste puede intervenir cuando casi inevitablemente la relación se vuelve tumultuosa, “emotional storms are

2 En 1931 en Sobre la Sexualidad Femenina Freud escribe, “Ya hemos reconocido asimismo que otra diferencia entre los sexos concierne a su relación con el complejo Edipo. Tenemos al respecto la impresión de que todas nuestras formulaciones sobre dicho complejo únicamente pueden aplicarse, en sentido estricto, al niño del sexo masculino” (3079). Para explicar la ambivalencia que suele suceder entre madre e hija, Freud regresa al falo:

Como quiera sea, al final de esa primera fase de vinculación a la madre emerge, como motivo más poderoso para apartarse de ella, el reproche de no haberle dado a la niña un órgano genital completo; es decir, el de haberla traído al mundo como mujer (3083).

Se sabe que la ambivalencia ocurre por factores que van más allá de la falta de un pene, que tiene que ver con el proceso de individualización, búsqueda de identidad fuera de la madre y no del padre. Freud no revindica a la madre.

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manageable, and mitigated by the presence of the father who supports both mother and daughter”

(Siegler 35). Esta función de parachoques del padre hubiese suavizado las constantes peleas entre madre e hija, en especial con Cristina. Sin embargo, la ausencia de él no es la causa, sino, un elemento que exacerba la inestabilidad que ya existía entre madre e hijas. Anna Aragno aporta a esta idea, “father’s absence and /or disinterest at the crucial time in crystallization of his

daughter’s personality immeasurably increases the difficulties she will have in negotiating the regressive pull inherent in her relationship with her mother” (100 bastardillas agregadas). Tener esto en mente facilita comprender las dificultades que las protagonistas tienen con su madre. El no tener la presencia del padre en sus vidas mientras pasaban por los años de adolescencia exacerbó la creciente animosidad hacia la madre durante la época de separación e

individualización ya que no tenían a otro a quien recurrir para alivio.

Para llegar a una verdadera comprensión de las hermanas Gaenas, es importante comenzar con la mamá, si fuese posible, sería mejor con la abuela materna, esto daría un entendimiento más preciso, ya que, según Hendrika Freud, “motherhood is a three-generational experience that awakens ancients fears and conflicts” (21). Lacan establece que la familia es responsable en la continuidad de la herencia psíquica de la familia (16), es cierto también que en la conexión entre madre e hija(s) dicha continuidad fluye con aún más suavidad, “the female lineage is the mightiest transmitter of emotional attitudes because of the strong mutual

involvement of mothers and daughters plus their gender equivalence” (H. Freud 21). La figura materna permea por toda la novela, es mencionada por cada protagonista y tiene una presencia omnipresente. Aunque no se sabe mucho de ella, se pueden conectar los datos proveídos por las tres hijas para crear su historia, y con ella comprender más porqué su relación es frígida con sus

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hijas. Su nombre es simplemente mamá, hasta que en la penúltima oración de la novela se revela que su nombre es Eva.

La historia de Eva está compuesta por piezas que Ana ha ido reconstruyendo para deducir su propia historia familiar que ella necesita tener. Ana se ha basado en fotos,

conversaciones que espío entre su madre y su tía y cosas que le han contado, y según ella, la historia que ha compuesto “es la que más se ajusta a la verdad” (Etxebarria 96). Vale recalcar, además, el gran esfuerzo que Ana, supuestamente la más cercana a la madre, ha tenido que hacer para obtener tal historia. Esto evidencia que la madre ha construido un muro a su alrededor y no permite a nadie pasar. Eva creció en una familia de buen estado económico de San Sebastián, España. Ella estudió farmacia en Madrid, donde se alojaba en “una residencia de señoritas regentada por unas monjas, en la que la existencia estaba sujeta a imposiciones y horarios” (97).

Es muy probable, que su vida en casa fuera similar, ya que aun estando en Madrid, lejos de sus padres, vivía una vida rígida que ellos financiaban. En la universidad conoce al padre de sus hijas. Él provenía de una familia de bajos recursos y llevaba una vida completamente distinta a la de ella. Sin embargo, esta vida aparentemente despreocupada la cautivó. Después de un año se casaron, a pesar de que el padre de Eva no estaba de acuerdo con la idea y ella aún no acababa su carrera. Esta acción de parte de ella se puede tomar como un acto de rebelión contra la vida que sus padres y que quizá su propia madre esperaba. Desafortunadamente, pronto se dio cuenta que él seguía viviendo la vida de la misma manera a pesar de tener más responsabilidades. Él bebía diariamente y no llegaba a casa por las noches, el matrimonio siguió deteriorándose con los consecuentes embarazos hasta que cuando Ana tenía doce años, el padre se marchó de la casa para no volver jamás.

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Rosa, la segunda hermana, tenía diez años durante la partida paterna. Ella provee su percepción de su madre. Rosa percibe una desconexión entre sus padres. Eva prefería y

extrañaba “la elegancia burguesa de las playas vascas” (Etxebarria 68) del norte versus las playas del sur que a su padre les fascinaba. La desunión no era precisamente en las obvias diferencias, más en el aislamiento que Eva había creado:

Mi madre nunca perdía su herencia hierática compostura aristocrática que la convertía en una verdadera dama a ojos de hombres, y que le granjeaban la antipatía de las mujeres. Pero si a mi madre le afectaba pasar las vacaciones aisladas, encerrada en su torre de marfil y en su literatura, jamás lo reveló.

De la misma forma que no revelaba nada. (69)

Rosa en su observación asegura que la separación que Eva ha creado no es solamente con barreras físicas, ya sean paredes o un libro entre ella y el resto de la familia, sino que también se ha distanciado emocionalmente. Eva no revela sus sentimientos y según Rosa, su mamá era como una “walkiria de ojos de acero, helada y fría como un iceberg” (71). Su desafecto forma una especie de repelente contra lazos emocionales.

Tristemente, el retraimiento no es exclusivamente con el padre, incluso, con sus propias hijas. Existen dos extremos en la relación de madre e hija, uno donde se crea una díada tan fuerte que no existe espacio para nadie más. Hendrika Freud se refiere a una especie de ilusión

simbiótica (48) donde las dos son incapaces de vivir sin la una ni la otra. En estos casos la madre ha creado una extensión de sí misma. El segundo extremo es lo opuesto del primero; una madre distante:

The other extreme is a mother who is absent, detached, or uninterested and does not aspire to or is incapable of any intimacy with her daughter. In that case an

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uncompleted longing is created in the daughter who continues to strive for moments of closeness, accord, and recognition. If all of that is doomed to failure and there is no hope for any gratification of fundamental needs for love, it will – whether consciously or unconsciously, openly expressed or not – become a seedbed for fierce animosity against the mother figure. (H. Freud 152)

La frialdad, el aire inexpresivo y élite, más el despego emocional de Eva hacia sus hijas apuntan y se acercan hacia el último caso. Entonces, a pesar de que el padre amortigua los choques entre madre e hija y “whose presence can dilute and attenuate the intensity of cathectic focus on the mother” (Aragno 100), en este caso, es muy posible que, si él no se hubiera ido, el resultado hubiera sido el mismo entre Eva y sus hijas, porque si no fuera suficiente su abandono, también tenían a una madre emocionalmente ausente. Aragno explica que cuando existe esa ausencia, el desarrollo de la hija está en peligro, “when the father does not buffer and the excessively drained mother is not available or able to absorb her daughter’s ambivalence and separation needs, the daughter’s development will inevitably suffer” (94 bastardilla agregadas), y, en efecto, ese era el destino de las tres hermanas. Eva era fría desde el principio, mucho antes que el padre se

marchara, y esa desconexión con sus hijas las terminaría afectando de cualquier manera.

Lo que hace que el lazo entre madre e hija sea especialmente frágil es que los problemas emocionales de la madre fácilmente se pueden transmitir a la hija, versus del padre a la hija o madre a hijo, “the transmissions across generations of both pathology and mental health runs with fewer disturbances in the female line, which can be an advantage as well as a disadvantage”

(H. Freud 82), algunos de los problemas emocionales transmisibles incluyen, masoquismo, vaginismo, frigidez y depresión posnatal (82). No solamente problemas mentales, pero también la manera de ver el mundo, al sexo opuesto, y a sí misma, Aragno incluye, “transgenerational

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patterns of anxiety, communication, regulation of self-esteem, attitudes towards femininity, sexuality, education, marriage, motherhood, men, and so on seem to seep through unconsciously from mother to daughter” (88). La lista es impresionante y comprueba el impacto que tiene una madre en la vida de su(s) hija(s), aún con un padre presente, los lazos entre ellas trasmiten más que cualquier otra relación. Como Hendrika Freud menciona, esto puede ser una ventaja o desventaja. En las hermanas Gaena se observan ambas cosas, no obstante, se manifiestan con mayor prevalencia los negativos.

A continuación, se expondrán los problemas que Ana, Rosa y Cristina han enfrentado y que se pueden arraigar a su relación con su madre. Las percepciones, de cada una variará, ya que las experiencias que cada una vive con su madre son únicas, pero en todas se observa el anhelo y la nostalgia por el amor de ella.

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Capítulo 2: A de Ana, ama de casa.

Ana o Anita, como irónicamente la llaman sus hermanas y hasta ella misma, es la mayor de las Gaenas. El diminutivo no es sólo por su estatura sino, un reflejo de cómo se siente y cómo la perciben los demás. Ana es una mujer que tiene todo lo que una persona que aspira a ser ama de casa desea poseer: una pareja trabajadora, un hijo saludable y los medios para tener un hogar espectacular. Sin embargo, Ana se siente pequeña. Es incapaz de tomar decisiones para su propio beneficio, carece de autoestima, sufre de ansiedad y rápidamente cae en un ciclo adictivo a narcóticos lo cual la hunden más en su depresión. Siendo la primera hija de Eva, Ana ha sido testigo de mucho más que sus hermanas menores y ha seguido con más precisión los deseos de su madre. Ella ha tratado de ser la niña buena de su mamá para evitar agravar los problemas familiares y de esa manera obtener el cariño y aprobación de ella. Pero, el resultado ha sido una vida infeliz y más bien una fachada, la cual al caerse revela el vacío que siente. La relación con su mamá ha sido clave en ese vacío. Las imposiciones y expectativas de parte de ella han causado que Ana tenga miedo de verdaderamente individualizarse. Ana se da cuanta que la vida que lleva ha sido dictada por la voz crítica de su madre y su necesidad por su aprobación.

De las tres hijas, parece que Ana y la madre tienen un vínculo más fuerte. Entre sus hermanas, a Ana la consideran la favorita de mamá. Cristina dice, “desde que tengo razón Anita siempre ha sido la niña de los ojos de mi madre” (Etxebarria 303), Rosa la describe como inocente, tranquila, “niña modelo, ejemplo de sensatez y principios cristianos” (78), una santa,

“mi hermana Ana es una santa, una buena chica con todas las letras” (255). Sí, Ana intentó seguir todas las reglas de su madre y de las monjas. Ahora, Ana se describe así misma como un ser moldeado por alguien, (su madre en mayor parte); ella siente que es el resultado del trabajo de otros:

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Alguien me podó a mí, creo, y por eso soy como soy, ordenada y de buen aspecto.

Ninguna rama ha crecido por donde no debía. Soy un arbusto podado que ha crecido merced a las indicaciones de los otros. Una tijera se llevó por delante las yemas rebeldes, los futuros capullos, las rosas cubiertas de espina. Si hubiese nacido más tarde, quien sabe, habría podido ser Cristina. (106)

La manera de verse indica que ella en verdad cree que no ha tenido un decir en el rumbo de su vida. Es una manera fatalista de ver la vida y que consecuentemente le impide resistir a las voces de su madre interna aun como adulta. La madre interna es la imagen de la madre que la mujer crea en su mente durante la niñez, explica Hendrika Freud:

The person a woman carries inside her head is not so much the mother of today but more accurately the image she has shaped around the mother during

childhood: the internal mother. That image is only partially realistic, coloured as it is by the child’s fantasy world. Every child within the same family thus has

different parents because it has experienced those parents in its own personal way.

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En el hogar de su madre, vivían casi como bajo el de Bernarda Alba, relata Ana, “según mamá, cualquier persona que viviese bajo su techo (y remarcaba aquel posesivo) debía ajustarse a un horario decente” (Etxebarria 107). En esta clase de relación no existe espacio para crear un vínculo saludable entre madre e hija, porque la relación se establece entre los parámetros de autoridad y subordinación. Por eso, para Ana es difícil oponerse a su madre aun cuando ya tiene su propio hogar y familia. Para Ana su mamá sigue siendo esa figura autoritaria de su niñez, aún si Eva ya no es así. Esto se evidencia cuando Ana se viste con un vestido que la hace sentir guapa, al verse en el espejo rápidamente se avergüenza y dice “en realidad parecía una prostituta

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cara, o eso era lo que mamá habría dicho” (215). Ana en ese entonces tenía treinta años, se casó y se fue de la casa de su madre a los veintidós años, pero aún después de tanto tiempo no pudo evitar esa voz crítica de su madre. Hendrika Freud comenta que para que una mujer pueda establecerse como un ser independiente en todos los sentidos tiene que superar esa madre interna:

A girl must accomplish two tasks in order to grow into a mature, independent, and emotionally stable woman. In the first place, she must free herself in part from the internal image of her mother, which she carries with her, both conciously and unconciously. In addition, she has to discover her sexual feelings and accept her sexual identity so as to derive both pleasure and satisfaction from each of them.

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La segunda tarea, es descubrir sus sentimientos sexuales y el placer que puede derivar de ellos (83). En el hogar, no se hablaba del tema, comparte Cristina, “nadie, nadie, hablaba de sexo en mi familia. Anita y mi madre son de las que cambian de canal cuando aparece una subidita de tono” (Etxebarria 157). La falta de comunicación sobre el tema en combinación con las enseñanzas de las monjas en su escuela, causan que Ana tenga una aversión a su propia sexualidad. El hecho de que Ana fue violada a los diecisiete años empeora esos sentimientos, incluso, por mucho tiempo, se hecha la culpa, “los hombres son animales. No pueden reprimir sus instintos. Eso me habían dicho las monjas toda la vida, y era responsabilidad mía mantener intocado mi cuerpo, ese templo sagrado que Dios me había dado. Mía y sólo mía” (226). El día de su abuso, Ana regresó a la casa a las seis de la mañana, hora indecente para su madre, “mamá me esperaba levantada, hecha una furia, y me pegó un bofetón sin mediar palabra” (208). De nuevo, se expone la frialdad de la madre en este caso ya que Ana siempre, hasta este momento,

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había seguido todo al pie de letra, y la mamá no vio sospecha de que algo malo pudiese haber ocurrido para que Ana llegara a esa hora a la casa. No le preguntó ni le dio oportunidad de explicarse, la calló y cerró cualquier posibilidad de que su hija encontrase refugio en ella. Ana se queda con ese secreto y no vuelve a estar con un hombre hasta casarse. No es sorprendente, basado en lo previo, que un orgasmo sea un concepto extraño para ella. Ana admite que:

[…] cuando leo los consejos sobre vida sexual en el Mía y veo esas barbaridades que escriben sobre el orgasmo me pregunto si yo alguna vez habré tenido uno, y llego a la conclusión que de que no he debido de experimentarlos, porque si hubiese sentido un orgasmo lo sabría, digo yo. (186)

Su vulnerabilidad al admitir esa declaración muestra que todavía no ha explorado su sexualidad y el goce que puede experimentar de la misma. Basado en los dos requisitos que plantea Hendrika Freud, se puede concluir que Ana no ha podido establecerse como mujer independiente, incluso cuando ya es madre. Esto explica también porqué sus hermanas la ven todavía como aniñada y no como una mujer hecha y derecha.

A pesar de que el lazo entre Ana y su madre era de esta manera, Ana mantuvo una relación cercana con ella. Incluso Ana dice que su mamá es la única amiga que tiene. Existen ciertas razones por las cuales Ana ha mantenido un vínculo con su madre. Primero, ella ha presenciado el abuso físico que existió en la relación de sus padres. A la edad de cinco o seis años, sin que nadie la viera, fue testigo de cómo su padre arrastró a su madre del pelo y le dio una bofetada. Ana nunca le contó a nadie lo que vio esa noche, pero la escena quedó marcada en su mente vívidamente hasta ahora. Cuando el papá se marcha, Ana tiene doce años y es posible que el abuso continuara ya que existe una correlación grande entre violencia doméstica y el abuso del alcohol (Irles 118) en especial si la víctima permanece en la relación. Aunque Eva

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siempre tenia una compostura fría Ana conocía su secreto sin que Eva misma lo supiera. Es por eso que Ana es más flexible y compresiva con su madre, mientras que sus hermanas no saben esa parte de su vida. De acuerdo con Hendrika Freud, “the girl and the adult woman generally

continue to feel much more responsible for the trials and tribulations of the mother than the boy and the man will” (87), más que un varón ya que ellos tienen más diferencias con ella, sean estas biológicas o sociológicas (Rosenberger 66). Esa responsabilidad por las tribulaciones de su madre explica porqué Ana tomó como su deber ocuparse de todos los quehaceres de la casa y de sus hermanas cuando el padre se marchó.

Segundo, ella ha tenido más experiencias femeninas como adulta que la han identificado más con su mamá versus sus hermanas menores; casarse, quedar embarazada, dar a luz y criar a su hijo. Dichas vivencias le ayudan a entenderla más como mujer y como madre, pero también la ponen en riesgo de compararse con ella (H. Freud 64). Ella admira y envidia la fuerza de su madre, “mamá es la mujer más fuerte que conozco” (Etxebarria 104) y tristemente ella no se identifica de esa manera, más bien se refiere a sí misma como “una mosquita muerta” (91).

Cuando piensa en lo que su madre pasó y lo compara con sus propios problemas, piensa que ella es débil por sentirse agobiada y triste y consecuentemente le impide hablar de su depresión con ella o sus hermanas.

Estas experiencias no sólo la identifican más con su madre, sino que aumentan la distancia entre ella y sus hermanas que no han tomado el mismo rumbo en la vida que ella.

Aunque ella anhela poder ser amigas de sus hermanas, la inhibe cómo éstas la perciben y esto le impide dar el primer paso de abrir una comunicación íntima con ellas. Ana admite “lo cierto es que no tengo ninguna amiga de verdad, excepto mamá, creo, no sé” (175), pero más adelante admite con certeza que su madre sí es:

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Yo quería mucho a mi padre, muchísimo. Mi padre era un señor alegre que siempre estaba gastando bromas, y, no sé, tampoco es que yo quiera meterme con mamá, que me ayuda muchísimo y es mi mejor amiga, y que siempre está al otro lado del teléfono por si la necesito, pero lo cierto es que mi madre es bastante seria y reservada y nos venía muy bien tener a alguien que canturreara e hiciera chistes. (203)

En el pasaje se siente la vacilación de parte de Ana, de hablar de alguna manera negativa de su madre. Primero tiene que excusarse y declarar lo mucho que su madre significa para ella para poder decir algo positivo de su padre. Según Hendrika Freud, “often the girl already experiences any inclination to separation or autonomy as disloyal and aggressive towards the mother, even though she does not attack her mother in thought, let alone in word or deed” (91). Esta

inclinación es obvia al comparar las dos previas citas, pues se percibe la vacilación de que si su mamá es o no su mejor amiga. En la segunda, parece que lo dice para no sentirse culpable de potencialmente estar traicionándola al recordar cosas bonitas de su padre.

Por tanto, a pesar de que Ana y su madre tienen un lazo materno-filial más estrecho, la relación no es saludable. Existe evidencia de que la mamá sobrecargaba a Ana con información inapropiada para una hija. Eva se desahogaba con ella sobre los problemas que Cristina le causaba, o los que su propio esposo le causó. Es algo injusto de parte de la madre, ya que estas dos personas son familiares significantes en la vida de Ana y esa clase de información la ponía en una situación difícil sobre dónde caía su lealtad ¿con su hermana? ¿con su padre? ¿con su mamá? En el siguiente ejemplo Ana redacta una de las llamadas de su madre, donde se quejaba de Cristina, “mamá me llamaba desesperada diciendo aquello de que aquella niña era la piel del demonio y que seguro había salido de su padre porque todas las demás mujeres de la familia

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siempre habíamos sido muy tranquilas y muy controladas” (Etxebarria 179, bastardillas

agregadas). Robert M. Gordon habla sobre el lavado de cerebro (brainwashing) que suelen hacer algunas madres durante disputas de custodias. Usualmente estas madres intentan poner a sus hijos contra sus propios padres. Gordon considera la acción como una forma de abuso, “I now consider brainwashing children against a parent as a form of child abuse, since it leads to enduring psychopathololy” (213). Aunque en el caso de las Gaenas no se trata de un divorcio, mas un abandono del padre, Eva advierte esa forma de abuso en Ana, quien dice:

Mis recuerdos de mi padre son muy confusos. Hay que tener en cuenta que se marchó cuando yo acababa de cumplir doce años, así que las imágenes que conservo son imprecisas, un entramado confuso de recuerdos entreverado de sensaciones que no sé si son mías o me las prestó mi madre, que iba

metiéndomelas en la cabeza con sus conversaciones. El padre encantador que yo recuerdo, el que para mí era la alegría de la casa, para mi madre era poco más que un niño grande, marrullero y egocéntrico, incapaz de asumir responsabilidades.

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No es difícil ver porqué Gordon considera abuso lo que Eva y otros padres hacen. Al imponer sus sentimientos personales contra su pareja y metérselas en la cabeza a sus hijas, causa confusión e impide que la hija forme opiniones y sentimientos propios. Interesantemente, la segunda persona quien la mamá parece detestar es a su hermana Cristina, y es la única que Ana piensa que podría entenderla. Sin embargo, Ana tiene concepciones preconcebidas sobre ella por influencia de su madre. No obstante, comienza a dudar de dichas concepciones cuando se

pregunta, “¿quién puede garantizarme que mi hermana la chalada, mi hermana la que ha ido de

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psicólogo en psicólogo desde que tenía quince años no sería capaz de entenderme, e incluso de darme consejos?” (186).

Se han expuesto varios ejemplos a lo largo de la novela que son indicadores de que la relación entre Ana y su madre no es saludable, pero el que encapsula la cuestión es cuando Ana está resumiendo los primeros dos años de ser mamá:

Los siguientes dos años transcurrieron entre pañales y biberones, cenefas y maceteros, recetas de mousse y punto de cruz, y yo desplegué una actividad frenética y exaltada, incansable, apasionada, para poner a punto una casa de la que mamá se sentiría orgullosa. (223)

Se desconoce el punto de vista de la madre en este caso, pero el hecho de que la motivación de poner su hogar en punto fuera para enorgullecer a su madre demuestra que Ana tiene un tanto de la ilusión simbiótica la cual “refers to the inseparability of the mother inside the head of the daughter, and viceversa” (H. Freud 10). Esta ilusión se forma cuando la madre provee amor a su hijo/a con la condición de que él o ella hará lo que la madre pida (11). Se sabe que Eva llevaba una casa autoritaria y esperaba que todas sus hijas acataran las reglas establecidas. Ana, nunca se quejó o se rebeló abiertamente con ella, inconsciente o conscientemente, para no perder su amor.

Hablando de esta clase de relación, Marilyn B. Meyers comenta que “consequently, a template is established for the compliant, good girls for who everyone elses needs come first…thus what is adaptive within the early context of the early dyad becomes maladaptive and problematic later on in life” (287). Es evidente en la vida de Ana que poner las necesidades de mamá, esposo e hijo antes que las propias contribuye a su colapso mental.

Finalmente, a pesar de tener hermanas y una mamá como mejor amiga, Ana no se atreve a decirle a nadie lo que verdaderamente le está pasando. La mala comunicación entre ellas apoya

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la disfunción familiar 3 (Herrera 592). La relación con su madre carece de lazos profundos, saludables, donde ella pueda desahogarse de la misma manera que su madre se desahoga con ella. Lo que le traía satisfacción y felicidad ahora se convierte en agobio. Ana carece de motivación intrínseca para seguir con su vida. Entonces, para hundir su dolor, comienza a auto medicarse con pastillas para dormir, luego ya que éstas le impedían levantarse al siguiente día, comienza a tomar Dicel y otras anfetaminas para superar el sueño. El ciclo sigue y comienza a mezclar las pastillas con alcohol. Ana decide que quiere divorciarse, confundiendo a su esposo y a su madre porque, según ella no era normal que, “una chica como Ana, que siempre había sido tan responsable, le diese de la noche a la mañana por una barbaridad como esa” (Etxebarria 301).

En definitiva, cuando Ana queda ingresada en un centro de desintoxicación, pide que no vaya su mamá a verla, infiriendo que por fin quiere tomar decisiones sin la imposición de ella. Cristina quedó atónita al enterarse que eso era lo que ella quería, “Ana había dejado bien claro que no quería ver a mi madre, y esto ya fue la guinda del pastel de las sorpresas, porque desde que tengo razón Anita siempre ha sido la niña de los ojos de mi madre” (303). La sorpresa de todas ante la resolución de Ana comprueba lo complejo que suele ser el proceso de separación. La relación y la experiencia que la hija tiene con su madre siempre es única, cosa indicativa de lo intrincado del proceso, “so complex are the vicissitudes of the separation process, there is no telling how, or in what way, the daughter’s identity will be affected by the nature and degree of her

identification with her mother” (Aragno 100), no se sabe cómo este comienzo de separación de

3 Los indicadores para medir funcionamiento en la familia, según Patricia Maria Herrera Sati son:

1. Cumplimiento eficaz de sus funciones,

2. Que el sistema familiar permita el desarrollo de la identidad personal y la autonomía de sus miembros.

3. Flexibilidad de las reglas y roles para la solución de los conflictos,

4. Comunicación clara, coherente y afectiva que permita compartir los problemas.

5. Que el sistema familiar sea capaz de adaptarse a los cambios: La familia funciona adecuadamente cuando no hay rigidez y puede adaptarse fácilmente a los cambios (593)

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su madre afectará la vida de Ana, pero se puede concluir que mejorará. Porque ella misma dice que, como muchas cosas en su vida “tampoco mereció la pena hacerles caso a mi madre y a las monjas” (Etxebarria 227). Ana va por buen camino para comenzar a ser una mujer

verdaderamente independiente y que esté en control de su propia vida.

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“Lo que hace la hija, lo hizo la madre”.

-Proverbio Judío Capítulo 3: R de Rosa, la rígida

Rosa es la segunda hermana, the middle child, la que abiertamente expresa lo mucho que se parece a su mamá. Entre Ana y ella existen dos años de diferencia mientras que con Cristina seis. Rosa ha sido exitosa en sus estudios y en su carrera como directora financiera. Ella ha salido adelante por sí misma y todo lo que posee se lo ha ganado trabajando. Rosa se orgullece de su independencia, pero se cuestiona si todo el trabajo ha valido la pena si no tiene con quien compartirlo. A pesar de tener una manera lógica, hasta casi robótica, de ver la vida -- y es vista por sus hermanas como tal-- Rosa anhela una conexión humana. Pero cuando se siente agobiada por esos deseos, toma Prozac para ahogarlos y de esa manera evitar enfrentarse a su soledad. A continuación, se verá que a pesar de que Rosa aparenta ser lo opuesto de su hermana mayor, en realidad tienen el mismo problema en común. Al igual que Ana, Rosa ha llevado una vida inauténtica, tratando de llenar el baldío emocional que tiene génesis en la relación con su madre.

Desde que Rosa era niña, sobresalía académicamente incluso en el canto. Se destacó en estudiar matemáticas, sacando siempre las notas más altas de su colegio. Se matriculó en la escuela de exactas donde la proporción de mujeres a hombres era de cinco a sesenta. Cuando tenía una meta, la cumplía, y era una cualidad que todos que la conocían notaban, recalca ella,

“todo el mundo estaba de acuerdo en que era una chica que sabía lo que quería” (Etxebarria 81).

Acabó la universidad con excelentes notas y comenzó a trabajar a los veintidós años. Seis años después, recuerda “a los veintiocho me nombraron directora financiera y mi foto salió en la sección de negocios de El País” (191). Los logros y el trabajo que ha puesto Rosa para llegar a la cima son notables, algo que ambas hermanas admiran. Cristina admite que a pesar de que no se

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lleve mucho con ella, “hay que reconocer, aunque me pese, que hay momentos en que la admiro mucho” (60). En lo profundo de su depresión, Ana imagina que, si pudiera inventarse la vida de nuevo, sería como la su hermana:

Me imagino que soy como mi hermana Rosa, que tengo un BMW y gano diez millones de pesetas al año. Si fuese Rosa, pienso, no estaría sumergida en este caos. Si fuese Rosa agarraría con fuerza las riendas de mi vida y la llevaría hacia donde yo quisiera; si fuese Rosa controlaría la velocidad, las curvas y los baches, viviría la vida a ritmo de vértigo, pero no me estrellaría. (271)

Irónicamente, Rosa no siente que está en control de su vida y es más como una máquina hecha para trabajar. Ella no ha gozado de su vida y ahora se encuentra en un caos emocional, “el cielo muestra un aspecto gris como mi propia vida. Llueve” (121). Sin embargo, la lluvia y el mal tiempo es algo que sus hermanas y su madre desconocen y jamás sospecharían de la vida de Rosa. Su madre nunca ha cuestionado sus decisiones, y Rosa dice que ha sido así desde que ella era pequeña (67). La falta de discusión puede ser percibida como falta de interés o confianza total. Lo que sí comprueba es que no existe la comunicación entre ellas.

En contraste con Ana, quien siente que no tiene el carácter de su madre, Rosa sí es consciente de su semejanza a ella, no sólo en varios rasgos físicos, sino también en su

personalidad. Como anteriormente se ha mencionado, la madre era fría y desamorada antes de que el padre se fuera, recuerda Rosa durante un verano de vacaciones cómo ella se pasaba las vacaciones de familia encerrada en el hotel mientras ellas jugaban en la playa. Ella declara que

“el cariño de mi madre, la verdad, servía para bien poco” (69). Mientras Ana trata de complacer los deseos de su madre para obtener su cariño, Rosa asimila la misma frigidez que su madre, problema que según Hendrika Freud es “closely related to the mother image that a woman has”

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(82). Tal como la coraza de Eva, Rosa tiene paredes que ha creado para esconder sus emociones y repeler relaciones íntimas y serias con los demás.

Cuando Rosa tenía seis años, se convirtió en hermana mayor al nacer Cristina. Según Lacan, este evento es traumático (59) y con alteraciones para los miembros de la familia: “la intrusión se origina en el recién llegado y afecta al ocupante; en la familia, y como regla general, se origina en un nacimiento y es el primogénito el que desempeña en principio el papel de paciente” (59). Las consecuencias del intruso al ocupante dependen de la edad y desarrollo psíquico del ocupante, éste puede verse como un obstáculo lo cual “dará lugar, también, a impulsos perversos o a una culpa obsesiva” (59), o, ser percibido como lo opuesto, miembro y merecedor de amor y odio. Concluye Lacan, “las pulsiones agresivas se subliman en ternura o en severidad. Pero el hermano da lugar también al modelo arcaico del yo. En este caso, el papel de agente corresponde al mayor por estar más desarrollado” (60). Rosa ha sido la que ha expresado con franqueza cómo la llegada de su hermana la afectó. Según ella, al principio quería mucho a su hermanita, sentía que era su posesión y no sentía celos de ella. Mas, esos sentimientos de amor toman un giro drástico cuando el padre comienza a darle más atención a Cristina, admite Rosa: “la quise hasta que mi padre empezó a quererla. Cuando Cristina cumplió cuatro años, dejé de quererla. Cuando cumplió siete, ya la odiaba” (75). Rosa no ve a su hermana como rival hasta que ésta recibe atención especial por parte del padre. Cariño que según Rosa no se le daba a ella ni a Ana y que no recibían de su madre, “mi madre no le dedicaba cariño a nadie” (75).

Entonces, ¿Qué se hace en esa situación?:

De ese modo, apresado en los celos por identificación, el sujeto llega a una nueva alternativa en la que se juega el destino de la realidad: la de reencontrar al objeto materno y aferrarse al rechazo de lo real y a la destrucción del otro; o sino,

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conducido a algún otro objeto, recibirlo bajo la forma característica del conocimiento humano como objeto comunicable, puesto que la concurrencia implica rivalidad y acuerdo a la vez; al mismo tiempo, sin embargo, reconoce al otro con el que se compromete la lucha o el contrato. (Lacan 58)

Efectivamente Rosa se encuentra con el objeto materno al adoptar la misma compostura de su madre. El padre- el otro objeto- está indisponible lo que termina convirtiendo a Cristina en la rival y será siendo para Rosa “aquella ladrona de atenciones” (Etxebarria 74).

Además, se puede observar que la relación con su hermanita, una relación que al principio era tierna, cariñosa, y amorosa era una representación de cómo ella quería que su madre fuera con ella. Es común que las niñas jueguen con muñecas e incluso hermanos pequeños y pretender que ellas mismas son madres (Bergmann 174), típicamente recrean lo que han vivido o lo que desean. Incluso, cuando la mujer que no tiene una relación saludable con su madre da a luz a una hija, intenta componer esos problemas con la madre internalizada con su propia hija, explica Hendrika Freud, “she wants to prove she is not just as good a mother, but actually better one than her own, who raised her and whom she has internalized” (87). Esto recalca lo

importante que es la conexión entre la madre y sus hijos, en especial las hijas. Rosa anhelaba ese cariño y ternura de su madre y cuando jugaba a ser madre4 con Cristina, sentía que el cariño se le reciprocaba. Esa fue la última relación donde Rosa admite haber querido a alguien de aquella manera y donde había invertido verdadero cariño. Al sentirse traicionada y fracasada de que su hermanita le quitase el cariño de la única fuente en su hogar, admite que mejor se comenzó a concentrar en sus estudios.

4 Hablando de Cristina, recuerda Rosa, “cuando era más pequeña, cuando era poco más que una muñequita Morena que no sabía hablar, la había acunado entre mis brazo hasta que se dormía. Le había cambiado los pañales, me encargaba de calentarle el biberón. La había querido con locura”. (Etxebarria 75)

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La crisis emocional que Rosa sufre se puede rastrear hacia su relación con su madre. El silencio de parte de ella y la falta de expresión marcan una impresión en cómo se debe comportar como mujer. El cariño de parte de la madre es necesario para un desarrollo saludable, como explica Sigler, “the little girl’s connection to her mother then not only serves as the source of love, nurturance, and support that is so necessary to healthy development, but also as the inner representation of her femaleness” (31). La frialdad y la distancia emocional entre ellas la afectará inconscientemente. Lo que ella conoce como normal, en verdad no es saludable. Rosa dice que jamás había visto a su mamá llorar antes del día que el padre se fue, y que ella no revelaba absolutamente ningún sentimiento. Naturalmente, Rosa toma la misma actitud. Cuando su tía Carmen se muda de la casa y se lleva a su primo Gonzalo, Rosa queda desconsolada y sufre a solas en su cuarto, llorando por dos noches enteras. No hubo ningún diálogo, ni reflexión, mas bien dice, “antes morir que reconocer lo que me estaba pasando. Superé su partida a fuerza de estudiar” (Etxebarria 77). De nuevo, Rosa suprime su dolor y se esconde detrás de sus estudios.

Más tarde, como adulta masca sus preocupaciones con Prozac, y cada día se siente como una máquina; sin sentimientos, sin conexiones humanas. Al cumplir los treinta años reflexiona sobre qué ha hecho con su vida, y llega a la conclusión que nada; no tiene amigos para poder organizar una fiesta, y no se siente apegada a su familia para querer pasarla con ellas. Explica:

Treinta años. Diez millones de pesetas al año. Un BMW. Un apartamento en propiedad. Ninguna perspectiva de casarme o tener hijos. Nadie que me quiera de manera especial. ¿Es esto tan deprimente? No lo sé. ¿Es esa pastillita blanca y verde que me tomo cada mañana que me ayuda no llorar? (Etxebarria 254) Su realidad contrasta a la fantasía de su hermana Ana, quien piensa que el pasto es más verde en la vida de Rosa. Rosa ha sido exitosa en su trabajo, lo que le ha proporcionado los medios de

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adquirir cosas. Cosas que no le llenan el vacío que lleva dentro desde muchos años. Rosa siente que no hay nadie que la quiera y su vulnerabilidad en la admisión demuestra que como todo ser humano, quiere ser comprendida y amada (Fromm 3).

Además de suprimir sus sentimientos, es casi como si Rosa viera al cariño como sinónimo de tontería. Recuerda que cuando iba a casa de sus amigas notaba la diferencia del hogar de ellas y el suyo propio. Para comenzar, ellas tenían dos padres en casa viviendo roles tradicionales, el padre trabajador y la madre en casa. Rosa describe a estas mujeres como

“madres que olían a Legrain, cariñosas y algo llenitas” (Etxebarria 71). Luego deduce y admite que, “aquellas madres siempre me parecieron algo tontas. Nada que ver con la mía, aquella walkiria de ojos de acero, helada y fría como un iceberg, que leía a Flaubert y escuchaba a Mozart. Esa mujer a la que tanto me parezco” (71). Después describe a su tía Carmen como una mujer amable, pero que “en realidad, la encontraba algo tonta” (72). Se nota que, para Rosa, es fácil que una mujer termine siendo etiquetada tonta al compararse con la manera de ser de su madre. Eva exude superioridad hacia otras mujeres fuera de su paradigma de lo que es ser mujer.

Rosa observa que esa manera de ser de su madre causaba la antipatía de otras mujeres. Pero aún así ella es consciente de lo similar que es a ella. No es sorprendente basado en lo que se ha dicho del vínculo madre-filial y la facilidad de transmisión a la hija. Hablando de trasmisiones, Judith Rosenburg incluye, “also transmitted are conflicts between self and self in relation with other women. When identification with available female kin threatens prestige, because of their social devaluation, self-value may be won only at the cost of devaluing membership in the collective of womanhood” (Rosenburg 68). Esos conflictos entre el ser y la relación con otras mujeres se manifiestan tanto en Ana como en Rosa. No saben cómo interactuar con otras mujeres y forjar amistades con ellas.

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La falta de conexión con otras mujeres exaspera el aislamiento de Eva e impide que existan otras mujeres en la vida de sus hijas. Según Rosenburg, a pesar de que la madre es importante en el desarrollo de la identidad de las hijas, otras mujeres en la vida de ellas también tienen una influencia significante, es lo que ella llama “meta-identification of womanhood” 5 (67). Esta relación con otras mujeres ayuda a la niña a identificarse como parte de un grupo al que ella pertenece y no exclusivamente a la díada de madre-hija. Sin embargo, ni Rosa ni sus hermanas gozan de una tribu fuerte de mujeres al crecer o un ejemplo de relaciones íntimas saludables de emular.

Como se ha mencionado, el tema del sexo era tabú en su hogar. Rosa comparte, “recién cumplidos los doce años, la Valkiria me compró mi primer sujetador. Marca Belcor, modelo Maidenform, talla 80, color rosa salmón” (Etxebarria 148). Son momentos femeninos como ese que refuerzan la identificación con la madre, aun si ella es una Valkiria. En este momento significante para Rosa, Eva hubiera aprovechado la oportunidad de hablarle a Rosa de los cambios corporales que iba a experimentar y cómo navegarlos. Sin embargo, la compra del sujetador fue lo más cercano a una que le pudo proporcionar. Rosa repite la misma frase de la marca, modelo, talla y color de su sujetador, tres veces más para hacer hincapié sarcásticamente de lo poco que le ayudaron tales detalles cuando a los doce años y sietes meses recibió su primer beso. El chico le metió las manos bajo el sostén y le tocó los senos sin su consentimiento. Rosa recuerda que no sabía qué hacer en tal situación y admite que “jamás había oído hablar de los magreos, ni sospechaba remotamente que los pechos femeninos pudieran ser un punto de

atracción erótica” (153). El silencio y el evitar cualquier conversación sobre las partes del cuerpo

5 “The meta-identification of womanhood then includes self as female and self in relation with other women. Mother is the source of the girl’s core experience of herself as part of the female gender, of the girl’s understanding and capacity in her interactions with multiple others of both genders, and of the sum of these variations in an affectively toned paradigm of herself as part of the history, social present, and future women.” (Rosenburg 67)

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de la mujer de parte de la madre crean en la niña confusión y sentimientos de vergüenza sobre su propio cuerpo y deseos.

Las actitudes sobre la sexualidad se trasmiten mayormente por parte de la madre (H.

Freud 94). Aunque la mamá tiene influencia en varios aspectos de la identidad de su hija, Aragno argumenta que su identidad sexual es una donde ella no se debe entrometer, “there is no aspect of female life more personal or private, or one so contingent on highly individualized preference and choice, than sexuality. It is truly a facet of a daughter’s existence where mother has no place” (115). Pero Eva quería llevar una casa de orden, donde se esperaba que las hijas siguieran todas sus reglas. Donde el sexo y la sexualidad eran temas que no se hablaban y

consecuentemente no se esperaba de ellas. Un hogar donde las apariencias eran más importantes y el que dirán de los vecinos e incluso completos extraños en el tren, donde las “obligaba a callar porque no quería que sus hijas llamaran la atención del resto de los viajeros del vagón” (207).

A pesar de todo, Rosa ha tenido cuatro amantes en su vida de adulta. Todos fueron hombres, aunque ella admite que no le atraen y que desde una edad muy joven su predilección eran las chicas. Salir del clóset es algo difícil en sí para una persona. Los hallazgos en un estudio sobre las reacciones por parte de los padres hacia el coming out de sus hijos6 demostraron que la dificultad se agrava cuando el tema de la sexualidad en general es tabú en el hogar, y cuando no se habla abiertamente de emociones (van Bergen, Diana D., et al. 1124). Para Rosa, el expresar y explorar esa parte de su identidad libremente se le dificulta con esas dos circunstancias presentes.

Sin embargo, es un paso importante para la identificación de cualquier hija:

6 El estudio fue conducido en Estado Unidos entre el 2015-2016 con participantes de LGBQ+ de diferentes

etnicidades y razas viviendo en diferentes partes del país. Elles fueron puestos en tres cohortes basados en grupos de edad. El primer grupo (Pride Cohort: 52-59 años) crecieron durante la era donde la homosexualidad era vista como un desorden mental. El segundo grupo (Visibility Cohort 34-41) salieron durante la epidemia del VIH/Cida. El tercer grupo (Equality Cohort 18-25 años) son de tiempos donde la aceptación de LGBQ+ estaba siendo más aceptada socialmente.

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Coming out to parents is a major part of the identification process in sexual minority identity development. Parents fulfill a crucial role in the psychosocial well-being of their children; their role is particularly salient in adolescence, the period characterized by development of both sexuality and identity but continues into adulthood and throughout life. (Diana D., et al. 1117)

En el caso de las Gaenas, con la ausencia del padre, cayó estrictamente en Eva el desarrollo psicosocial de sus hijas. Ya se ha establecido cómo Eva dirigía su hogar. No existían vías de conexión emocionales con ella, pero su influencia era fuerte. Aún en casos opuestos, la acción de salir del clóset causa el temor a un posible rechazo por parte de los padres, “it is perhaps

unsurprising that sexual minorities often fear or anticipate rejection from their parents and worry about their response” (Diana D., et al. 1117), más cuando ser heterosexual es lo que se esperaba de ella. Cristina recuerda que ser monja parecía el peor destino de cualquiera porque escuchaba la manera en que Eva se lo decía a su hermana, “oía cómo mi madre le repetía a mi hermana Rosa que debía arreglarse más y hacer más caso a los chicos, que si no acabaría por tener que meterse a monja” (18). Presenciar cómo su madre trataba a sus hermanas cuando quebrantaban una regla o causaban vergüenza, debió ser suficiente ejemplo para Rosa de no enfrentarse a su mamá y mejor suprimir esa parte de su identidad.

Además, es necesario tomar en cuenta algunos factores sociales que le impidieron a Rosa salir del clóset. Para llegar a ser una mujer exitosa, ha tenido que seguir consejos sexistas del informe Dress for Success de John T. Molloy publicado en 1977. Consejos de cómo vestirse para evitar una imagen de sexualidad y para sentirse tratada como ejecutiva por sus colegas hombres.

Incluso, cómo controlar la postura de las piernas, “‘si se cruzan las rodillas, pantorrillas y tobillos deben juntarse en línea recta, no separarse en forma uve puesta al revés’. // Cómo me gusta llegar

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a casa y vestir como me da la gana y sentarme como me da la gana” (Etxebarria 65). Rosa pasa más de doce horas, cinco días de la semana en ese ambiente, representante de la cultura de los tiempos. Ella ha sido exitosa, pero ciñéndose a las normas establecidas, acción que la hace infelizmente cuestionarse, “qué hacer cuando una descubre que ha vivido su vida según los deseos de otros, convencida de que perseguía sus propias ambiciones” (259), esas reflexiones la abrumen hasta considerar terminar su vida.

Sorprendentemente, la crisis emocional de Ana y su decisión de divorciarse inspiran a Rosa a hacer planes para comenzar a sentir y vivir su vida con autenticidad, “creo que debo hacer lo mismo que ha hecho Ana, y recuperarme a mí misma. Reconocer ante el mundo que no me gusta mi trabajo, que no me gustan los hombres, yo qué sé…lo que decida que debo reconocer”

(314). Al mismo tiempo, toma la resolución de dejar de tomar Prozac, indicación de que ya no quiere mascar sus sentimientos. Rosa fue la última hermana en mudarse de la casa de su madre, vivieron dos años juntas y no se revelaron situaciones de fricción entre ellas. Vivían como dos icebergs en el mismo océano, “mi madre siempre será para mí el Enigma del Mundo Exterior, tan glacial y distante, tan contenida, pero se ha portado bien conmigo, y, sobre todo, siempre ha estado ahí, inamovible como un mojón que marcara el principio del camino” (255). Se tiene que reconocer que el hecho que Eva estuviera allí, aun no estando emocionalmente disponible, tuvo un impacto positivo en ella. Sin embargo, la realidad de que eran tan similares tuvo que marcar en su inconsciente un miedo de que iba a terminar sola como ella. Como explica Sartori y Epstein, “even when we have the good fortune of having a living relationship with our mother.

We may always approach the maternal with a movement that returns, looks back, takes up again”

(173). La relación con el primer objeto tiene un impacto que dura una vida entera ya que como explica Ronald Katz, “it manifests its presence in our basic identifications. It is enduring yet

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capable of modification” (261). Entonces, si Eva marca el principio del camino, Rosa ha tomado pasos que dan la esperanza que Eva no tiene que marcar el fin.

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The loss of the daughter to the mother, the mother to the daughter, is the essential female tragedy.

-Adrienne Rich Capítulo 4: C de Cristina

Cristina es la hermana menor y la que menos se parece a su madre. Ella es morena, baja, con pelo negro rizado, y una personalidad alegre. Sus hermanas y su madre no tardan en indicar la semejanza a su padre. Entre Ana y Rosa también concuerdan en los mismos sentimientos de que su padre quería más a Cristina. De las tres hermanas, es la que menos relación tiene con su madre y la que se ha abiertamente rebelado contra ella y sus imposiciones. Tal rebelión ha causado que la relación entre ellas sea tumultuosa y llena de rencor. Al contrario de sus

hermanas mayores, Cristina sí tiene una vida social exuberante, tiene amigas cercanas y tiene una actitud despreocupada. Sin embargo, similarmente a sus hermanas, su estilo de vida sirve como fachada para evitar enfrentarse a la realidad. La vida nocturna y los numerosos amantes son solo un vendaje que a penas cubre su herida interna que comienza con su primera relación: su mamá.

A pesar de que todas las hermanas Gaenas carecen de una relación saludable y estable con su progenitora, las primeras dos no experimentaron la furia de ella como lo hizo Cristina. Cristina manifiesta su desdén y un rechazo total de su madre, obligando a ésta a darle atención, aunque eso suponga regaños, bofetadas o peleas a gritos. Si Eva lleva una casa como Bernarda Alba, Cristina es como Adela, la hija menor que viene a revolver y quebrantar el orden establecido.

Eva no se puede quedar con los brazos cruzados cuando ve a su hija patentemente, a lo que ella percibe, faltándole el respeto. Existen dos razones que expliquen porqué la relación de ellas es más volátil que las demás. Primero, Cristina no estaba dispuesta a obedecer las leyes de su madre y de igual manera, Eva no iba a hacer una excepción de ellas para Cristina. Segundo, es posible que Eva asociaba a su esposo con Cristina y esto le impedía acercarse a ella.

Referencias

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