• No se han encontrado resultados

El patrimonio bibliográfico del Instituto Cervantes

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "El patrimonio bibliográfico del Instituto Cervantes"

Copied!
19
0
0

Texto completo

(1)

El patrimonio bibliográfico

del Instituto Cervantes

FRANCISCASEGURA

No es posible pensar en Jaume Bover sin pensar en la biblio-teca del Instituto Cervantes de Tánger, que dirigió durante treinta años, ni es posible pensar en la biblioteca del Instituto Cervantes de Tánger sin pensar en la magnífica colección que conserva gra-cias a la labor paciente, sistemática y amorosa de Jaume, y a su alto nivel de profesionalidad.

Este ha sido el hilo conductor que me ha llevado a recoger en las páginas que siguen diversas reflexiones, fruto de veintiséis años de vida profesional y nueve bibliotecas, acerca de las colec-ciones del Instituto Cervantes y su valor patrimonial. No se trata de un artículo de investigación sobre la Red de Bibliotecas del Instituto Cervantes (RBIC). Mi intención ha sido fundamental-mente rendir homenaje a Jaume compartiendo experiencias, y algún que otro proyecto en el que he participado, como aporta-ción al debate sobre el futuro de las colecciones bibliográficas al que se enfrenta, no sólo nuestra red, sino el mundo de las biblio-tecas en general.

(2)

Las bibliotecas españolas de Tánger y Tetuán

Cuando llegué a Marruecos en julio del año 2000, como res-ponsable de la biblioteca del Instituto Cervantes de Tetuán, ya conocía a Jaume, con el que había coincidido en varias reuniones de bibliotecarios cervantinos celebradas en Madrid. Él las llama-ba «aquelarres». Jaume Bover era para muchos, si no para todos, el decano de los bibliotecarios cervantinos, y no porque fuera el de más edad (la edad de Jaume siempre fue un misterio), sino porque llevaba más de quince años al frente de una biblioteca española en el exterior, una aventura que muchos como yo aca-bábamos de empezar.

Una de las primeras visitas que hice una vez instalada en Tetuán fue la del Instituto Cervantes de Tánger. Las dos ciudades están muy cerca y es fácil ir y venir en el mismo día, así que no dejé pasar más tiempo y me fui a conocer la joya de la corona. Todos los bibliotecarios cervantinos sabíamos, y sabemos, que las bibliotecas de París, Tánger y Nueva York tienen las colecciones más importantes de la red, tanto por su tamaño como por su riqueza, pero entre ellas Tánger se lleva la palma.

A mi llegada a la biblioteca Jaume me recibió enfundado en una impecable bata blanca (creo que no he conocido a otro bibliotecario que usase el uniforme) y me llevó al depósito. Allí pude ver en vivo y en directo los tesoros de los que tanto, y tan bien, había oído hablar. La historia del fondo bibliográfico se remonta hasta la creación de la biblioteca en 1941, y cuenta con ejemplares muy valiosos que forman parte del Patrimonio Bi -blio gráfico Español, además de una colección local de enorme interés; como responsable de la biblioteca de Tetuán tuve ocasión de hacer una pequeña aportación a ese fondo, cuando renova -mos nuestro edificio y tuvi-mos que retirar una parte importante de nuestra colección por falta de espacio en las nuevas insta -laciones.

(3)

Jaume bautizó la operación como «la transfusión». Todavía recuerdo su sonrisa de satisfacción cuando «cerramos el trato» durante la visita a Tetuán en la que revisamos los fondos y deci-dimos cuáles se irían a Tánger. Los dos sabíamos que no podía-mos encontrar un destino mejor para ellos. Como fin de fiesta, me llevó a visitar un par de puestos de libros viejos cerca de la biblioteca. En esa ocasión no encontró ningún libro de cocina, que eran su pasión, pero compró algunos ejemplares diminutos de los cuentos de Calleja de los años 20 para la colección que hoy se conserva en Tánger.

La biblioteca del Instituto Cervantes de Tetuán es la digna heredera de la antigua Biblioteca Española, creada en 1962, sólo seis años después de la independencia del que fue Protectorado español. Cuando yo me hice cargo de ella, en abril del año 2000, todavía seguía en el mismo sitio, con la misma distribución y el mismo mobiliario con los que había sido inaugurada. Ya hacía algunos años que formaba parte de la red de bibliotecas Cervan-tes y varios compañeros que la habían dirigido anCervan-tes que yo se habían encargado de automatizar el catálogo. A mí me tocó reor-ganizarla después de la renovación del edificio en el que se encontraba y que había sido sede central de Correos durante el Protectorado.

La colección de esta biblioteca nunca fue tan importante como la de Tánger, ni en el volumen ni en el valor patrimonial o la rareza de sus fondos, pero su condición de pieza aislada del sis-tema de bibliotecas públicas españolas, y casi olvidada al otro lado del Estrecho, favoreció la formación de una colección rica y variada gestionada por profesionales que entendieron la impor-tancia de conservar una colección local única en la red, pequeña pero valiosa, reflejo de la vida cultural del antiguo Protectorado y de los años posteriores a la descolonización.

Entre las rarezas que se quedaron en la biblioteca, tras el expurgo que llevamos a cabo, se cuentan muchos de los libros publicados por la Editora Marroquí, la imprenta bilingüe más

(4)

importante en el Marruecos español e independiente y el primer sello editorial en el Norte de África. También se conservan en

esta biblioteca los diarios Marruecosy Áfricaeditados entre 1942

y 1964.

Pero sin duda, el fondo más singular de la colección de Tetu-án es el «Fondo Alfonso de Sierra Ochoa», donado por este arquitecto en 1989 al entonces Centro Cultural Español. En los avatares de las sucesivas restructuraciones de instalaciones y perso-nal, que muy probablemente vivió el Centro en los años previos a su integración en el Instituto Cervantes, este fondo permaneció guardado, y olvidado, en el cajón de un mueble auxiliar que había dejado de usarse desde hacía tiempo. Por azares del destino, antes de que la mudanza se llevase el mueble y nos deshiciésemos definitivamente de él descubrí el cajón, que hasta entonces había estado contra una pared y oculto a la vista, y encontré varios so -bres, carpetas y cartulinas repletos de la documentación que hoy integra este fondo.

Son planos, informes, memorias, inventarios, expedientes y libros inéditos, de proyectos urbanísticos realizados en Tetuán desde los años 20 hasta inicios de los años 70. Todos esos docu-mentos tienen un valor histórico especial, tanto por su carácter original como por tratarse de una temática de la que quedan escasos testimonios. El proyecto de digitalización y difusión del fondo, llevado a cabo por Almudena Quintana al frente la biblio-teca del Instituto Cervantes de Tetuán, fue galardonado en 2013 (diez años después de que se descubrieran los documentos en el cajón) con el VIII Premio Nacional SEDIC (Sociedad Espa ño-la de Documentación e Información Científica) a ño-la Innovación y la Calidad. Se encuentra disponible en Internet en la página https://coleccionesdigitales.cervantes.es/

(5)

El legado de los centros culturales españoles en el exterior

En el momento de su creación en 1991 el Instituto Cervan-tes integró como parte de su red los institutos, centros culturales y casas de España con los que se había articulado hasta entonces la diplomacia cultural española en el exterior.

Desde sus comienzos, el régimen de Franco convirtió las relaciones culturales con el extranjero en la clave de una estrate-gia diplomática que intentaba ganar aliados y difundir una ima-gen más amable del franquismo. Al final de los años 40 se asistió a una lenta pero progresiva normalización de las relaciones cul-turales con otros países, que se acrecentó en la década de los 50 y los 60 y fue perdiendo intensidad a partir de los 70. En las cinco décadas que precedieron la llegada del Instituto Cervantes, se crearon numerosos centros o institutos culturales españoles en ciudades como El Cairo, Alejandría, Tánger, Londres, Nápoles, Roma, París, Beirut, Múnich, Túnez, Tetuán, Amán, Damasco, Bagdad, Casablanca, Fez, Rabat, Argel, Dublín, Manila, Atenas, Viena, Nueva York, Burdeos o Lisboa. Además, se crearon las bibliotecas españolas de Tánger, París y Tetuán, y algunas casas de España como la de Utrecht. Estos centros disponían de biblio-tecas cuyas colecciones iban ampliándose con las obras enviadas por la Dirección General de Relaciones Culturales, y en su mayo-ría fueron asimiladas por el Instituto Cervantes tras su creación. Cuando me incorporé profesionalmente a la RBIC, en 1994, hacía sólo dos años que el Instituto Cervantes había empezado a funcionar de forma efectiva. Fue en la biblioteca de Túnez, que contaba con una infraestructura obsoleta, escasos recursos econó-micos y, hasta la llegada de Javier Campillo que fue mi mentor en estas lides, ausencia absoluta de personal especializado. La transferencia al Instituto Cervantes supuso para esta biblioteca, como para la mayoría de las bibliotecas que se incorporaron en esos años iniciales, la oportunidad de integrarse en un proyecto

(6)

cultural con futuro y convertirse en un instrumento para el desa -rrollo de la nueva política cultural española en el exterior.

Uno de los retos principales de los profesionales que se hicie-ron cargo de esas bibliotecas fue adecuar la colección ya existente a los fines del Instituto Cervantes, es decir, a la difusión de la len-gua española y la cultura en español. No obstante, desde el prin-cipio se constató que la heterogeneidad iba a ser una de las características de la red, en la que las funciones de las diferentes bibliotecas podían ser muy variadas, desde la de biblioteca pú -blica a la de biblioteca especializada, universitaria o incluso de inves tigación. En este contexto, cada bibliotecario se enfrentó como pudo, echando mano de su experiencia y de mucho senti-do común, a la ingrata tarea de llevar a cabo expurgos severos con la evidencia de que los criterios habituales, que consideran el uso como la variable fundamental, combinado con la fecha de publi-cación o la adecuación del contenido, no servían, o al menos no únicamente, para expurgar colecciones muchas veces obsoletas, pero ricas en libros raros y curiosos reflejo de la historia de la cul-tura española en el país receptor.

Las colecciones especiales

El perfil medio de la colección de una biblioteca de la red Cervantes sigue a grandes rasgos desde sus inicios el modelo esta-blecido por las bibliotecas de instituciones culturales homólogas, como el Instituto Goethe o el Instituto Francés. En 2020, la biblioteca media de la RBIC está formada por unos 20.000 volú-menes, la gran mayoría en español, y fundamentalmente litera-tura española e hispanoamericana (un 37 %,), materiales para la enseñanza y aprendizaje del español (un 18 %) y cine en formato DVD (11 %).

En todas ellas hay secciones especiales, y en muchas, además, colecciones especiales. Las primeras se caracterizan por estar

(7)

directamente relacionadas con la adecuación de la colección al entorno y con la demanda de los usuarios, como la sección local o la sección dedicada al autor que da nombre a la biblioteca, y pueden, o no, contener documentos que podríamos considerar patrimoniales por su valor (raros o singulares) o por su antigüe-dad; en el caso de las colecciones especiales, son fondos de alto valor cultural o histórico, únicos en muchas ocasiones, que pue-den formar parte de una determinada sección en función de su temática. Las colecciones especiales suelen haber sido heredadas, o haber llegado a la colección a través de donaciones de hispanis-tas, escritores, intelectuales o bibliófilos que viven o han vivido en la ciudad o el país donde se encuentra la biblioteca, aunque también hay colecciones especiales que se han ido formando paulati namente a través de las compras. Tánger es un ejemplo de ello; todos los que conocemos a Jaume sabemos que las visitas semanales a los libreros del zoco de Casabarata en Tánger eran de obligado cumplimiento (él las llamaba su «droga»).

Además de las colecciones especiales que preserva Tánger, quizá las más importantes de la red, existen otras bibliotecas que también conservan fondos valiosos. A través de las memorias anuales de la RBIC es posible conocer cuáles son las colecciones especiales que han sido identificadas hasta el momento. En varias de ellas hay fondos patrimoniales formados por libros raros y curiosos sin unidad temática señalable, como los que se conser-van en las bibliotecas de Tánger, Londres, París, Múnich, Tetuán, Casablanca o Río de Janeiro, en su mayoría heredados de los cen-tros culturales y bibliotecas que las antecedieron; pero también hay legados con nombre propio como los de Alessandra Riccio (Nápoles), Louis Combet (Lyon), Nélida Piñón (Salvador de Bahía), Severo Sarduy (París), Alfonso de Sierra Ochoa (Tetuán), Ricardo Bada (Bremen), Familia Sorôa (Río de Janeiro) o Carlos Pereda Roig (Tánger); y hay colecciones que han ido formando los bibliotecarios cervantinos sobre aspectos concretos de nuestra historia o nuestra cultura poco representados generalmente fuera

(8)

de la RBIC, como la literatura marroquí en español (Fez), el exilio republicano en Francia (Toulouse), la literatura chicana (Chicago), el cine hispanoamericano (Nueva York), o las dedica-das a Sefarad, presentes en los centros ubicados en ciudades en que históricamente ha sido importante la presencia sefardí, como Tel Aviv, Tánger, Estambul, Atenas, Belgrado, Sofía, Bucarest, Casablanca o Río de Janeiro (ésta sobre la cultura sefardí en Ibe-roamérica).

Algunas colecciones especiales, como la de partituras musi-cales o la de postales y fotografías que se conservan en Tánger podría parecer, por su temática, que no tienen cabida en una biblioteca destinada fundamentalmente a prestar servicios de apoyo a profesores y estudiantes de español y a difundir la cultura de los países de habla hispana; otras, por su singularidad o su volumen, han dado lugar a catálogos y exposiciones bibliográfi-cas muy interesantes, como la colección de cine de Nueva York, la colección local de Praga, la de los libros de viajeros por España de Londres o el fondo sobre el exilio de Toulouse. Pero, en cual-quier caso, todas tienen un valor que las hace únicas y las con-vierte en una riqueza para la institución.

Las traducciones literarias

La importancia de la traducción como proceso de transfe-rencia intercultural es incuestionable, de ahí que las traducciones de la literatura española e hispanoamericana sean una parte fun-damental de las secciones locales en todas las bibliotecas del Ins-tituto Cervantes, pero especialmente en aquellas situadas en países con identidades culturales muy distintas a las de los países de habla hispana.

Una de las colecciones de traducciones literarias más intere -sante de la red es la de literatura española e hispanoamericana traducida al árabe, en cuya formación participé activamente a

(9)

finales de los 90, durante el tiempo en que estuve al frente de la biblioteca de Amán y me encargué de la puesta en marcha de las de Damasco y Beirut.

Gracias a las visitas mensuales de coordinación a esas dos ciudades, en los tres años que pasé allí pude adquirir las traduc-ciones al árabe disponibles en librerías especializadas y ferias del libro de la zona, incluida la de El Cairo. El resultado fue una colección completa y actualizada de lo que se había traducido hasta el año 2000 en Oriente Medio. Especialmente interesante fue el descubrimiento de la prestigiosa revista literaria Al-Adab al-Aynabiya (La Literatura Extranjera) editada por la Unión de Escritores Árabes de Damasco, en la que se publicaban traduc-ciones de las obras más representativas de la literatura mundial, entre ellas muchas de la literatura en español, sobre todo hispa-noamericana. La búsqueda bibliográfica fue exhaustiva; los números de la revista en los que había una aportación hispana significativa se adquirían y se conservaban en la biblioteca de Damasco, y si la revista no estaba a la venta se fotocopiaba la tra-ducción a partir del ejemplar que ponía a nuestra disposición Saleh Almani, uno de los grandes traductores que por entonces visitaban con asiduidad el Instituto Cervantes de la capital siria. Almani, con más de cien traducciones en su haber, ha sido el gran traductor de la literatura en lengua española al árabe, en especial de la literatura del boom hispanoamericano y de la obra de García Márquez. Mahmud Darwish (el poeta nacional pales-tino) dijo de él «Las traducciones de Almani son un patrimonio nacional que hay que conservar» (<http://causaarabeblog.blog spot.com/2020/01/en-recuerdo-de-saleh-almani.html>).

Otra colección especial de gran valor es la de la biblioteca de Praga, formada por más de trescientas traducciones literarias que empiezan en 1866, con la primera traducción al checo de Don Quijote. Los libros que componen este fondo, en el que se encu-entran las obras de los mejores escritores en español, destacan además por la calidad y originalidad gráfica de sus atractivas

(10)

cubiertas e ilustraciones. La colección abarca doscientos años de traducciones y experimentación plástica que incluye los collages y fotomontajes obra de destacados diseñadores de la vanguardia

artística checa de la primera mitad del siglo XX, como František

Muzika, Libor Fára y Karel Vodák, las cubiertas minimalistas y puramente tipográficas de artistas como Zbynek Sekal y las im -presionantes ilustraciones de las traducciones de García Márquez

obra de Boris Jirk. Con las ilustraciones de la novela Crónica de

una muerte anunciada, Boris Jirk ganó en 1984 el premio prin-cipal del concurso por el libro más bello de Checoslovaquia para autores menores de 35 años; el artista, que se declara un gran

admirador del autor colombiano, ilustró también Cien años de

soledad, El amor en los tiempos del cóleray El otoño del patriarca. La mayor parte de esta colección llegó al Instituto Cervantes de Praga gracias a la donación generosa del periodista y bibliófilo Rafael Moreno, que ha mantenido una estrecha relación de amis-tad con la biblioteca desde su creación. En el canal de Youtube del Instituto Cervantes de Praga (<https://youtu.be/VBwz57e1jvc>) se puede ver una entrevista con él en la que habla de este tema.

Las donaciones

Como ya he mencionado, la integración de las bibliotecas españolas en el exterior en la red de Institutos Cervantes supuso una mejora sustancial y decisiva en muchos aspectos, entre ellos las colecciones, que hasta entonces se habían formado funda-mentalmente a partir de los envíos de la Dirección General de Relaciones Culturales, dependiente del Ministerio de Asuntos Exteriores. A partir de esta integración, las bibliotecas contaron con un presupuesto específico anual destinado a la adquisición de fondos, en base a los criterios de selección establecidos por la política de desarrollo de las colecciones. En esta política se esta-blece también el tratamiento que debe darse a los «legados,

(11)

cesio-nes y donaciocesio-nes especiales por su interés histórico o por la per-sonalidad del donante», que han enriquecido paulatinamente las colecciones de la RBIC.

En las bibliotecas de ciudades tan importantes como París, que es un caso que conozco directamente (fui su responsable de 2015 a 2019), en los últimos años se han incorporado donaciones provenientes de escritores e intelectuales tan importantes como Ramón Chao, Jorge Semprún, Ignacio Ramonet o Severo Sar-duy, e incluso artistas plásticos como Antonio Fernández Molina; pero también se han recibido legados no menos interesantes o valiosos, como el de Sylvain Abouaf, profesor en el Departamen-to de Literatura y Civilización Española de la Universidad de Caen, o Ignacio Iglesias, periodista español exiliado en Francia a raíz de la Guerra Civil. El primero legó una biblioteca especiali-zada en lexicografía y literatura española del Siglo de Oro en la que destacan 59 libros raros o antiguos, muchos de ellos anterio-res a 1820. El segundo incluía una rica colección de obras litera-rias de autores hispanoamericanos de los años 60 y 70 y valitera-rias publicaciones sobre el exilio español en México, así como la

colección completa de Cuadernos del Congreso por la libertad de

la cultura (1953-1965) y Mundo nuevo: revista de América Latina

(1966-1971), dos revistas cruciales para la historia de la cultura

hispánica en la segunda mitad del siglo XX.

Estos casos, así como el mencionado de Rafael Moreno y las traducciones literarias al checo, son ejemplos de hasta qué punto las donaciones, aun en el caso de que no provengan de persona-lidades del mundo de las letras, pueden ser interesantes y deben ser tenidas en cuenta. Gracias a ellas se han formado muchas de las colecciones especiales que conservan nuestras bibliotecas.

La presencia de la producción cultural de Hispanoamérica en las colecciones de la RBIC tiene su origen en la propia crea-ción del Instituto Cervantes, cuya misión es la difusión de la len-gua española y la cultura de todos los países que hablan en español. Uno de los medios fundamentales para la incorporación

(12)

de estos fondos es, sin duda, el de las donaciones de las embaja-das hispanoamericanas en los países en los que se encuentran nuestros centros. Gracias a ellas, nuestras bibliotecas son en mu -chos casos las únicas depositarias en estos países de la producción literaria y artística (sobre todo en cine) de la comunidad hispano -hablante.

Una colección especial muy interesante relacionada con His-panoamérica es la del libro cubano, que comparten Praga y Tán-ger, provenientes ambas del antiguo Centro Cultural Cubano o Casa de la Cultura Cubana. En el caso de Praga se conserva un fondo con 250 volúmenes editados en Cuba entre la década de

los 60 y los 80 y 105 números de la revista Casa de las Américas

desde 1963 a 1991, una de las revistas en español más prestigio-sas y con más larga vida en el continente americano, en la que la literatura ocupa un lugar principal; la donación fue hecha por Rafael Moreno, mencionado anteriormente. En el caso de Tán-ger, la colección está compuesta por unos 500 libros publicados en los años 60 y 70 de la que se puede disfrutar en isuu (<https:// issuu.com/institutocervantestanger/docs/editado_habana>); poco antes de que yo dejara la biblioteca de París, gestionamos una pequeña aportación de libros a este fondo tangerino, prove-nientes a su vez de una donación que habíamos recibido de la biblioteca del periodista español Ignacio Iglesias mencionado también con anterioridad.

El patrimonio bibliográfico del Instituto Cervantes

Una de las bibliotecas de la red con un patrimonio bibliográ-fico más interesante es la biblioteca de París. Como las de Tánger y Tetuán, es heredera de la antigua Biblioteca Española inaugu-rada en la capital francesa en 1952. Las tres bibliotecas se crearon con una identidad propia y sólo más tarde, con el transcurso de los años y los vaivenes de la política cultural española en el

(13)

exte-rior, se integraron en estructuras como las casas de España o los centros culturales, para llegar finalmente a formar parte de la red de bibliotecas del Instituto Cervantes.

Yo me hice cargo de esta biblioteca en 2015, el año en que por fin empezaron las obras de remodelación del edificio históri-co en la avenida Marceau. En los cuatro meses que duraron los preparativos para el traslado de los fondos tuve ocasión de cono-cer y revisar una de las colecciones más ricas de la red Cervantes, y probablemente la más importante en fondos hispánicos de París, (si exceptuamos la Biblioteca nacional de Francia, BnF) por su cantidad, calidad y diversidad. Actualmente cuenta con unos 75.000 documentos, a los que hay que añadir las revistas, con unos 35.000 ejemplares, de los que 25.000 corresponden a títulos ya cerrados, muchos de ellos únicos en Francia.

Hasta el momento del cierre, la colección patrimonial estaba formada por unos 4.000 ejemplares: un fondo de 400 títulos anteriores a 1900 (el más antiguo es de 1739); 800 documentos raros o curiosos posteriores a esa fecha (algunos no están en la Biblioteca Nacional de España, BNE) entre los que se encuentra una curiosa colección de libros dedicados por los autores impor-tantes que han visitado el centro; un fondo de unos1.600 títulos formado por varias colecciones que marcaron la historia del libro en España e Hispanoamérica; interesantes legados provenientes de las bibliotecas de escritores como Severo Sarduy o intelec -tuales como Ramón Chao; y una colección compuesta por 516

volúmenes de la Gaceta de Madridy 228 volúmenes del Boletín

Oficial del Estado(de 1944 a 1960).

El Patrimonio Bibliográfico Español, tal y como se describe en la Ley de Patrimonio Histórico, es un concepto muy amplio y un tanto ambiguo; no obstante, y aunque en principio todas las colecciones de titularidad pública forman parte del Patrimonio Bibliográfico Español, se suele reservar este término para desig-nar aquellas obras, sean de titularidad pública o privada, de las que no consta la existencia de al menos tres ejemplares en las

(14)

bibliotecas o servicios públicos, presumiendo la existencia de este número para todos los ejemplares publicados a partir de 1958 (Ley de Depósito Legal).

Además, esta Ley establece que los documentos que tengan singular relevancia serán incluidos en una sección especial del inventario del Patrimonio Histórico Español (PHE), como es el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico (CCPB), en proceso continuo de ampliación y depuración, que tiene como objetivo, según recoge en su web, «la descripción y localización de libros y otros fondos bibliográficos, depositados en bibliotecas e instituciones españolas públicas o privadas, que por su antigüe-dad, singularidad o riqueza forman parte del Patrimonio Biblio-gráfico Español».

En la política de desarrollo de colecciones de la RBIC se insiste en la necesidad de seguir la legislación sobre PHE con el fin de proteger nuestro patrimonio bibliográfico. Sin embargo, y teniendo en cuenta la riqueza de las colecciones de las que veni-mos hablando, es poco probable que este patrimonio haya podi-do ser identificapodi-do y controlapodi-do en su totalidad, ni siquiera en su mayor parte, a juzgar por su escasa presencia en el CCPB, en el que sólo se incluyen 300 registros provenientes de Tánger. Debe-mos agradecer a Jaume Bover el hecho de que al menos una de nuestras bibliotecas haya contribuido a enriquecer este impor-tante catálogo, pero esta aportación es a todas luces insuficiente: según el catálogo colectivo de la RBIC, la red conserva 2.700 documentos anteriores a 1900 y por lo tanto susceptibles de integrar el CCPB, a los que probablemente habría que añadir mu -chos de los 30.000 documentos publicados entre 1900 y 1958 que también se conservan en nuestras colecciones.

Por otro lado, la Ley de PHE contempla la posibilidad de que sean declarados patrimonio aquellos documentos que, sin alcanzar la antigüedad indicada, merezcan dicha consideración. Esto supone que a la hora de valorar el patrimonio bibliográfico, sea público o privado, debemos tener en cuenta no sólo su

(15)

anti-güedad sino también su valor cultural, que generalmente viene determinado por la importancia, el origen o la calidad del autor; el contenido o la materia de la obra; la edición de la que se trate, si es una primera o próxima a la primera edición y por lo tanto es un ejemplar raro, o si es una edición especial; el lugar de publi-cación, el impresor y la fecha; la lengua, en el caso de que sea poco conocida o especialmente interesante; y la primacía temáti-ca (primera mención de una idea, una teoría o un personaje) o histórica (primera aparición de una lengua impresa o el primer libro impreso en un lugar). Según estos criterios, podemos con-siderar que la mayoría de las colecciones especiales de nuestras bibliotecas podrían forman parte de nuestro patrimonio biblio-gráfico y, en consecuencia, deberían ser controladas, conservadas y difundidas atendiendo a los mismos criterios.

Pero, además, esta valoración nos permitiría establecer cuán-do un cuán-documento debe ser consideracuán-do patrimonio y, por lo tanto, conservado en nuestras bibliotecas, más allá de los criterios que marca la Ley de forma general para las bibliotecas de titula-ridad pública. Estoy pensando, por ejemplo, en las traducciones a otras lenguas publicadas en los países de acogida de nuestras bibliotecas; en las ediciones pasadas de moda, pero que represen-tan la historia del mundo editorial en España o Hispanoamérica; en los libros con contenidos que hoy podríamos considerar inadecuados, pero que, sin embargo, reflejan la historia de la cul-tura y la imagen de España en el exterior, de la que hemos sido y somos parte integrante.

La obsolescencia del contenido tampoco debería ser una razón para el expurgo automático de un libro, sobre todo si es un libro con valor cultural para nuestra red. Un caso claro es el de los libros obsoletos de español como lengua extranjera (ELE), que periódicamente desaparecen de nuestras estanterías para dejar espacio a nuevas publicaciones con contenidos y enfoques peda-gógicos actuales y acordes con lo que establece el Marco Común Europeo de Referencia (MCER) para las lenguas. Entre los libros

(16)

que se expurgan se encuentran a menudo los primeros manuales utilizados en el país de acogida de la biblioteca, totalmente fuera de contexto en las secciones del español como lengua extranjera actuales, evidentemente, pero que sería interesante conservar como parte de la historia de la enseñanza del español, una mate-ria en la que somos las bibliotecas de referencia, no sólo en Espa-ña sino en el mundo. Esas mismas consideraciones debieron ser las que decidieron a Jaume Bover (de nuevo Jaume es pionero) a conservar en Tánger (de nuevo Tánger como ejemplo) una colec-ción de métodos de español antiguos.

No quiero acabar las reflexiones sobre el patrimonio biblio-gráfico del Instituto Cervantes sin hablar de las magníficas colec-ciones de cine y música que conserva. En este sentido, el segundo párrafo del artículo cincuenta de la Ley de PHE hace referencia al caso de los materiales audiovisuales o similares, cualquiera que sea su soporte (películas, fotografías, discos…), y determina que formarán parte del Patrimonio Bibliográfico Español todos aque-llos de los que no consten al menos tres ejemplares en los servi-cios públicos.

Desde el comienzo, las secciones de cine fueron especial-mente activas en todas las bibliotecas de la red, que se dotaron de colecciones donde los clásicos del cine español convivían con las últimas novedades. Progresivamente se fueron incorporando el cine documental y los cortometrajes y se amplió la oferta de cine hispanoamericano, una de las aportaciones más interesantes de nuestras bibliotecas al conocimiento y la difusión de la historia del cine en español al otro lado del Atlántico. Con la llegada del nuevo siglo, el cambio de formato que sustituyó progresivamente el VHS por el DVD fue transformando las colecciones, que se debatieron entre uno y otro, hasta que los problemas de espacio y la falta de aparatos para reproducirlos obligó a prescindir de las videocasetes; desafortunadamente, en muchos casos estas grabacio-nes correspondían a títulos de especial importancia en la historia de nuestro cine que no siempre se han editado después en DVD.

(17)

Una situación parecida se está produciendo en estos momentos, con la desaparición progresiva de los aparatos para la reproduc-ción del DVD, mientras se generaliza la comercia lizareproduc-ción del cine en grandes plataformas digitales a la carta y a precios asequi-bles, pero con una oferta basada en criterios fundamentalmente comerciales y grandes lagunas en cine de autor, cine documental, cortometrajes o los grandes títulos de la historia del cine español e hispanoamericano.

Es cuestión de tiempo que las bibliotecas incorporen estas plataformas a su oferta electrónica y desaparezcan las secciones de cine tal y como las conocemos hoy. Algo similar ha pasado ya con la sección de música, hoy prácticamente sin uso, aunque nuestras bibliotecas conservan grabaciones de música clásica y folklórica difíciles de encontrar en las plataformas que se distri-buyen a través de Internet. Como en el caso del contenido, la obsolescencia del soporte no debería ser un criterio definitivo a la hora de retirar los materiales audiovisuales de nuestras colec-ciones; habría que tener en cuenta, además, y como establece la Ley de PHE, si la obra está accesible al público (a nuestro públi-co, el de la red de centros del Instituto Cervantes) en otro forma-to y, en caso de que no lo esté, determinar su valor cultural antes de tomar una decisión sobre su expurgo.

El futuro de las colecciones cervantinas

Es evidente que debemos acometer la reorientación de las colecciones si queremos adaptar nuestras bibliotecas a las nuevas necesidades, y mantenerlas actualizadas en relación con los nue-vos formatos y las nuevas vías de acceso a la información. Este ha sido el «mantra» que nos llevó (a Rocío Álvarez y a mí) a orga nizar una jornada profesional especialmente dedicada a las co -lecciones en mayo de 2019 en el Instituto Cervantes de París, con la colaboración de nuestra compañera Ana Roca, por aquel

(18)

entonces en la biblioteca de Estambul (<https://cutt.ly/ef1b9TF>). El objetivo de la reunión fue compartir experiencias, criterios, reflexiones y puntos de vista que nos inspiraran y nos ayudasen a afrontar con éxito el reto de transformar nuestra biblioteca (la biblioteca de París, actualmente en obras) en una biblioteca del

siglo XXI. La Jornada giró fundamentalmente en torno a dos

cuestiones: el lugar que ocupan las colecciones digitales y su hibridación con las colecciones en papel, y el cambio de paradig-ma en el uso de las bibliotecas, que han dejado de focalizarse en la colección como elemento articulador de espacios y servicios para centrarse en las personas.

Una de las conclusiones de la Jornada, relacionada directa-mente con el patrimonio bibliográfico, fue la importancia que tiene garantizar una política de conservación de las colecciones en papel que las preserve, ante la tendencia actual a disponer cada vez de más espacio para los usuarios en detrimento del espacio dedi-cado a la colección, mientras se incrementa a un ritmo acelerado la presencia de los documentos electrónicos. Entre los participan-tes en la Jornada se encontraban las responsables de las bibliotecas del Centro Cultural Irlandés y de la Fundación Ca lousteGulben -kian, que en su intervención trataron sobre los proyectos de digi-talización de las colecciones patrimoniales que han llevado a cabo, y su relevancia para la democratización del conocimiento, la difu-sión de la cultura y la preservación de los documentos originales. La existencia de fondos patrimoniales en una biblioteca cuya fun-ción principal no es la conservafun-ción no debe ser vista como una debilidad sino como una fortaleza ya que, como he comentado anteriormente, aportan un valor a las colecciones que las convier-te en únicas y en una riqueza para la institución.

Estas consideraciones sobre la colección analógica en gene-ral, y las colecciones patrimoniales en particular, están en línea con el objetivo marcado por el Plan de Acción para las Biblio -tecas 2019-2022 de la RBIC de adaptación de las colecciones bibliográficas. Entre las acciones encaminadas a conseguirlo, el

(19)

Plan recoge la necesidad de definir criterios que ayuden a identi-ficar el fondo patrimonial y las colecciones especiales, así como de trazar un «plan general de preservación y conservación de la colección que identifique el estado general de la colección, su valor patrimonial, la situación de las instalaciones y que adopte medidas sobre su uso y conservación».

Otra de las acciones para conseguir los objetivos marcados por el Plan es organizar un espacio en Madrid para albergar los fondos expurgados de las distintas bibliotecas de la red. Sería interesante que estas acciones viesen la luz más pronto que tarde. Son varias las bibliotecas de la red que están reorientado sus colecciones o lo harán en un futuro inmediato y se corre el peli-gro de que, buscando soluciones a la falta de espacio, se tomen decisiones poco informadas que tengan como consecuencia el desmantelamiento de colecciones valiosas.

Gracias, Jaume, por haberme inspirado estas reflexiones. Estoy segura de que compartes conmigo muchas de ellas.

Referencias

Documento similar

Volviendo a la jurisprudencia del Tribunal de Justicia, conviene recor- dar que, con el tiempo, este órgano se vio en la necesidad de determinar si los actos de los Estados

ELABORACIÓN DE LOS MAPAS DE PELIGROSIDAD Y RIESGO REQUERIDOS POR EL R.D...

Gastos derivados de la recaudación de los derechos económicos de la entidad local o de sus organis- mos autónomos cuando aquélla se efectúe por otras enti- dades locales o

Pero antes hay que responder a una encuesta (puedes intentar saltarte este paso, a veces funciona). ¡Haz clic aquí!.. En el segundo punto, hay que seleccionar “Sección de titulaciones

En cuarto lugar, se establecen unos medios para la actuación de re- fuerzo de la Cohesión (conducción y coordinación de las políticas eco- nómicas nacionales, políticas y acciones

&#34;No porque las dos, que vinieron de Valencia, no merecieran ese favor, pues eran entrambas de tan grande espíritu […] La razón porque no vió Coronas para ellas, sería

que hasta que llegue el tiempo en que su regia planta ; | pise el hispano suelo... que hasta que el

Missing estimates for total domestic participant spend were estimated using a similar approach of that used to calculate missing international estimates, with average shares applied