La utilización de desgrasantes en las manufacturas cerámicas del Vº Milenio Cal BC en el Norte de la Península Ibérica

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EN EL NORTE DE LA PENÍNSULA IBÉRICA

Miriam Cubas*

Resumen: El estudio tecnológico de las cerámicas del Vº milenio cal BC documentadas en el norte de la Península Ibérica ha permitido identificar la utilización de distintos desgrasantes en su manufactura. La metodología empleada se centra en el análisis mineralógico mediante lámina delgada, con la finalidad de establecer las mineralogías y los rasgos texturales ca-racterísticos de cada muestra.

Las conclusiones principales de este estudio se centran en la discriminación de distintos procedimientos técnicos emplea-dos en la preparación de las arcillas. Así se distinguen manufacturas en las que no se observa ningún tipo de alteración y otras en las que la adición de determinados desgrasantes es patente.

Palabras clave:cerámica, tecnología, desgrasante, lámina delgada, Península Ibérica.

Abstract:The technological study of the pottery ensembles from fifth millennium cal BC recorded in the North of the Iberian Penin-sula allows us to identify the use of different tempers in its manufacture. The methodology is based on the mineralogical analysis by thin-section, with the aim of establish the mineralogy and the textural features of each sample.

The main conclusions of this study focused on the discrimination of different technical processes used in the preparation of the clay. We are able to distinguish manufactures in which there is not any kind of alteration and those in which the addition of certain temper is evident.

Keywords:pottery, technology, temper, thin section, Iberian Peninsula.

Los estudios cerámicos, en el más amplio sentido del tér-mino, tienen una dilatada trayectoria de investigación que se retrotrae hasta el s. XV (Ortonet al.1997). El auge de los estudios cerámicos estuvo marcado por la aplicación del método tipológico que supuso un desarrollo impor-tante de la seriación como método de datación relativa. A partir de la década de 1960 el desarrollo de la Nueva Arqueología supuso, al igual que en otros ámbitos de la investigación arqueológica, un nuevo enfoque en los es-tudios sobre material cerámico. Esta influencia se plasmó en el desarrollo de una nueva metodología destinada a co-nocer su tecnología de elaboración con la aplicación de distintas técnicas de análisis (Shepard 1980). El objeto de estudio dejó de ser la cerámica en sí misma para centrarse en un análisis de la manufactura y su tecnología. A par-tir de este desarrollo teórico y metodológico, surgió la ce-ramic ecology(Matson 1965), que intenta relacionar la tecnología y las materias primas que el alfarero tenía dis-ponibles con la funcionalidad de sus productos en su ám-bito cultural. Este principio ha tenido una gran

influen-cia en los estudios cerámicos hasta las décadas de 1980 y 1990 (Rice 1987; Sinopoli 1991; Rye 1994; Velde y Druc 1999), momento en el que se produce un enrique-cimiento con la introducción de los estudios Etnoar-queológicos (Arnold 1985).

En la actualidad se observan dos tendencias fundamen-tales en los estudios cerámicos (Livingstone 2000: 21). Por un lado, la aproximación cultural que considera las “voces tecnológicas” como acciones sociales (Van der Le-euw 2002: 241) y, por otro, la aproximación procesualista o tecno-funcionalista (Rice 1987; Schiffer y Skibo 1987) que se basa en un acercamiento experimental a los facto-res que configuran la tecnología.

En este trabajo nos basamos en el principio de secuencia de producción cerámica (Rye 1994; Tite 2001), que se en-tiende como una serie de operaciones que transforman la

Introducción

*Sociedad de Ciencias Aranzadi, C/ Zorroagagaina, 11, 20014 Donostia-San Sebastián, España. mcubas.morera@gmail.com

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materia prima en un producto final, y se compone de nu-merosas etapas que abarcan desde la captación de las ma-terias primas hasta la reutilización y el descarte de los frag-mentos cerámicos. El objetivo de este artículo es presentar

un rasgo tecnológico concreto, la adición de desgrasantes en las primeras manufacturas cerámicas de la región can-tábrica y su comparación con los desgrasantes documen-tados en el ámbito peninsular.

Metodología: el estudio tecnológico de la cerámica prehistórica

El estudio que presentamos se centró en los conjuntos

cerámicos procedentes de la UE 7 de Los Canes (Aran-gas, Asturias), los subniveles A4 y A3 de Los Gitanos (Castro Urdiales, Cantabria) y los niveles IV y III de Kobaederra (Cortézubi, Vizcaya) datados en el Vº

mi-lenio cal BC (fig. 1).

El análisis tecnológico de las manufacturas cerámicas se basó en una caracterización macroscópica previa (Cubas 2008) que puso de relieve dos importantes limitaciones de estos conjuntos: el elevado grado de fragmentación y

FIGURA 1. Mapa de localización y dataciones de los yacimientos de Los Canes (Arias 2005/2006; Arias y Pérez 1995), Los Gitanos (Ontañón 2005) y Kobaederra (Zapata et al.1997). La calibración de las dataciones corresponde a la curva IntCal09 (Reimer et al.2009). Su calibración se ha realizado con el programa OxCal4.1.7. (Ramsey 2001 y 2009) y se especifica en años “cal BC” con un intervalo de probabilidad de 2σ.

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la ausencia de partes morfológicamente representativas. Así, se seleccionó el fragmento como unidad de análisis en el cual se basó tanto la caracterización macroscópica como el muestreo para el análisis mineralógico.

La descripción macroscópica se realizó, por tanto, de to-dos los fragmentos cerámicos recuperato-dos en la exca-vación, independientemente de que se trate de frag-mentos morfológicamente representativos o indeterminados. El análisis óptico binocular permitió realizar una clasificación previa del conjunto. Esta ob-servación se realizó sin ningún tipo de tratamiento previo de la muestra y siguiendo una descripción siste-mática de los rasgos más característicos (matriz arcillosa, inclusiones no plásticas, tratamientos superficiales, al-teraciones postdeposicionales). En función de esta des-cripción, se estableció una serie de “grupos de referen-cia” identificados a partir de rasgos tecnológicos comunes. Así, se seleccionaron los fragmentos más re-presentativos de cada grupo para su posterior análisis mineralógico mediante lámina delgada. No estableci-mos un “porcentaje mínimo de muestreo” en relación con el número total de fragmentos que constituyen el

conjunto, sino que el número de muestras por yaci-miento y nivel arqueológico depende directamente de la heterogeneidad tecnológica observada.

Los parámetros del muestreo propuesto supusieron el análisis de 141 muestras que constituyen un 25% del con-junto cerámico (tabla 1). Estas muestras se destinaron al análisis mineralógico mediante lámina delgada que se consideró la base del estudio, ya que aporta importantes datos sobre la procedencia y los métodos de manufactura del material cerámico (Reedy 2008).

Las láminas delgadas se realizaron mediante un corte longitudinal en función de la orientación del fragmento para obtener una sección del recipiente. Su análisis se rea-lizó con un microscopio petrográfico (KIOWA BIO-POL 2) equipado con tres objetivos (4x, 10x y 20x) y un ocular (10x) con un micrómetro para la medición de in-clusiones. Las micrografías se tomaron con una cámara Leica DFC Twain (480 R2) y con una cámara réflex Ca-non 450D acoplada al triocular. La descripción petro-gráfica se centró en las características texturales de la ma-triz arcillosa y la identificación mineralógica de las inclusiones no plásticas.

Yacimiento Número de fragmentos Muestras petrografía

Los Canes. UE 7 77 8 (10%)

Los Gitanos. Subnivel A4 38 12 (31%) Los Gitanos. Subnivel A3 31 12 (38%)

Kobaederra. Nivel IV 245 54 (22%)

Kobaederra Nivel III 172 55 (32%)

TOTAL 563 141 (25%)

TABLA 1. Número de fragmentos por conjunto cerámico y muestras analizadas por petrografía (número y porcentaje)

Criterios de distinción de los desgrasantes

En este trabajo nos basamos en una distinción entre

“in-clusiones no plásticas” y “desgrasantes”. Con el primer tér-mino, nos referimos a los componentes no plásticos pre-sentes de forma natural en las arcillas. Por el contrario, la utilización del concepto de “desgrasante” –como el equi-valente en castellano al término temper(Shepard 1980)-lo entendemos como la adición intencional de compo-nentes no plásticos con la intención de modificar las ca-racterísticas de la arcilla.

Los criterios que se han considerado para su discrimina-ción son la identificadiscrimina-ción mineralógica, la morfología, el rango de tamaño y su recurrencia o densidad relativa (Rice 1987: 140). En general, cuando las mineralogías exis-tentes en las muestras proceden de la formación del sedi-mento se observa una coherencia que refleja su origen en un área geológica concreta. La identificación de minera-les o rocas procedentes de otro ámbito geológico, unido a otras características como la morfología o el tamaño, pue-den indicar la adición intencional de estos materiales. La

homogeneidad en el tamaño de grano depende de los am-bientes de formación y de los procesos deposicionales, aun-que está sujeto a numerosos factores (mineralogía, natu-raleza de la roca, grado de meteorización, abrasión durante el transporte y disolución durante la diagénesis) (Tucker 2001: 17-18). La morfología de grano, por su parte, es un claro indicador de la madurez textural del sedimento ori-ginal. Los sedimentos inmaduros presentan una clasifica-ción de tamaño pobre y granos angulosos, mientras que los sedimentos maduros presentan mayor homogeneidad de tamaño y formas sub-redondeadas (Tucker 2001: 20). Se considera que las partículas redondeadas presentes en la matriz arcillosa proceden de los procesos de formación, mientras que las morfologías más angulosas pueden indi-car o bien la utilización de sedimentos poco maduros o la fractura intencional de determinados elementos para su utilización como desgrasante (Rye 1994: 37). Por último, la identificación esporádica de algunas mineralogías no permite sostener su utilización intencional. La observación

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recurrente de éstas, asociadas al resto de criterios estable-cidos, constituyen la base para su interpretación. Ninguno de estos criterios puede ser considerado de forma aislada, sino que es la observación de dos

pobla-ciones de inclusiones caracterizadas por distintas mine-ralogías, tamaños de partícula, morfología y densidad re-lativa la que incita a considerar una mineralogía como des-grasante.

Los desgrasantes

Calcita

La calcita se documentó en el yacimiento de Los Canes (UE 7), Los Gitanos (subniveles A4 y A3) y Kobaederra (niveles IV y III) aunque presenta distintas representa-ciones porcentuales en función del yacimiento y la uni-dad estratigráfica de procedencia (figura 2). La calcita pre-senta un tamaño mayor que el cuarzo monocristalino, principal componente de la fracción detrítica, con una morfología muy angulosa (fig. 3.1) y es la mineralogía con mayor densidad relativa.

Caliza

La caliza se documentó únicamente en los subniveles A4 y A3 de Los Gitanos (fig. 2). Se trata de fragmentos de

gran tamaño si se compara con la fracción detrítica, com-puesta mayoritariamente de cuarzo monocristalino, con morfologías subangulosas (fig. 3.2) y una menor densi-dad relativa que la observada en las calcitas.

Sílex

La utilización del sílex se observó en el yacimiento de Ko-baederra (niveles IV y III), siendo más abundante en el ni-vel más antiguo de la secuencia (fig. 2). Su consideración como desgrasante se basa en su morfología angulosa (fig. 3.3), su mayor tamaño en comparación con el compo-nente detrítico, y su recurrencia.

Rocas de textura ofítica

La utilización de este tipo de rocas como desgrasante se identificó en el subnivel A4 de Los Gitanos y en el nivel III de Kobaederra. Su distinción como adición intencio-nal se basa en el tamaño y la morfología (fig. 3.4), aun-que poseen una baja densidad relativa dentro de estas ma-nufacturas. En el caso del yacimiento de Los Gitanos todas las muestras en las que se ha identificado este des-grasante se vinculan con la utilización de arcillas triásicas

FIGURA 2. Representación porcentual de los distintos tipos de desgrasante.

FIGURA 3. Micrografías de lámina delgada (luz plana). 3. 1. Mor-fología de la calcita (Los Canes). 3.2. Fragmentos de caliza (Los Gi-tanos. Subnivel A4). 3.3. Fragmentos de sílex (Kobaederra. Nivel III). 3.4. Fragmento de roca de textura ofítica (Kobaederra. Nivel III). 3.5. Chamota (Kobaederra. Nivel III). 3.6. Fragmento de arenisca (Ko-baederra. Nivel IV).

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procedentes del mismo entorno geológico. Sin embargo, en el caso de Kobaederra las arcillas triásicas se han iden-tificado con distintos tipos de desgrasante (rocas de tex-tura ofítica, calcita, sílex).

Chamota

El uso de la chamota se documentó en los dos niveles ana-lizados del yacimiento de Kobaederra. Únicamente se han identificado como chamota las inclusiones que evidencian una clara diferenciación perimetral con respecto a la matriz cerámica, evidenciando características distintas en cuanto a la coloración e índice de birrefringencia (fig. 3.5).

Arenisca

La identificación de fragmentos de arenisca en las manufacturas cerámicas nos ha llevado a plantearnos

su posible uso como desgrasante en los dos niveles analizados de Kobaederra y en los subniveles A4 y A3 de Los Gitanos. Sin embargo, el escaso número de fragmentos identificados no nos permite sostener su utilización como tal, aunque presentan una morfolo-gía angulosa (figura 3.6) y un mayor tamaño que las mineralogías mayoritarias de la fracción detrítica. Las areniscas son de naturaleza detrítica y, las identifica-das en las muestras analizaidentifica-das, están mayoritaria-mente constituidas por cuarzos monocristalinos aun-que en algunos casos, se han identificado otro tipo de minerales y fragmentos de roca. Esto supone, por tanto, que su comportamiento térmico es muy simi-lar al del cuarzo, produciéndose una importante ex-pansión del volumen durante el proceso de cocción (Rice 1987).

Discusión: el uso de los desgrasantes en las primeras producciones cerámicas

de la Península Ibérica

El estudio petrográfico realizado permitió identificar un ele-vado número de manufacturas cerámicas en las que se ob-serva la utilización de algún tipo de desgrasante. En torno al 50% de las muestras analizadas mediante lámina delgada refleja esta modificación intencional de la arcilla (fig. 2). La calcita constituye el desgrasante más abundante con porcentajes del 75% en Los Canes, aunque en este caso se debe señalar el escaso número de muestras analizadas (n=8) ya que el conjunto presentaba una gran homoge-neidad tecnológica. Los porcentajes observados en Los Gi-tanos y Kobaederra (fig. 2) permiten apuntar que se trata del desgrasante más generalizado. Su utilización es fre-cuente en el ámbito peninsular desde los inicios del Neo-lítico y está documentado en la zona levantina (Cova de l’Or y Mas d’Is) (Gallart 1980; McClure et al. 2006; McClure y Molina 2008). Más al norte, su uso se docu-menta en la provincia de Huesca (Chaves) (Gallart y Ló-pez 1988), en los yacimientos de la cuenca media del Ebro (Cueva Lóbrega, Collado Palomero I, Peña Guerra I, II y III y Mendandia) (Gallart y Mata 1995, 1999, 2004; Ortega et al.2010), en los contextos de la desembocadura del Ebro entre el VIº milenio (Bauma del Serrat del Pont) (Clop y Álvarez 1998; Clop 2007) y el Vº mile-nio cal BC (Cal Piqués, Les Guixeres de Vilobí, Cova de la Guineu, Font del Molinot, Pujolet de Moja, Els Vilars de Tous y las minas de Gavà) (Clop et al.1996; Aliaga et al.1998; Clop 2005, 2007). Por último, en el sur de la Península Ibérica se documenta en algunos yacimientos de Andalucía (Feliú et al. 2002). Su utilización también se documenta en todo el Mediterráneo occidental (Tos-cana, Córcega, Liguria, Provenza, valle medio del Ródano y Laguedoc) incluyendo, como ya se ha mencionado, el litoral mediterráneo de la Península Ibérica (Binder et al.

2010; Convertini 2010).

El resto de los desgrasantes identificados refleja un uso res-tringido tanto geográfica como numéricamente. Las

ro-cas de textura ofítica son el único desgrasante común en Los Gitanos y Kobaederra, siendo muy escaso en el pri-mero de los yacimientos. En el ámbito peninsular la uti-lización de este desgrasante se documenta en la Cueva de los Murciélagos de Zuheros (Córdoba) (Barrios et al.

1999b) y en Papa Uvas (Huelva) (Barrios et al.2005) en cronologías ligeramente más recientes. La utilización de este tipo de desgrasante se ha registrado en la Edad del Hierro en los yacimientos de la cuenca de Pamplona (Olaetxea 2000).

La mayor variabilidad en el uso de desgrasantes se ob-serva en el yacimiento vasco donde al elevado porcen-taje en el uso de la calcita se añade la utilización del sí-lex, las rocas de textura ofítica y la chamota. Estos desgrasantes, exceptuando las rocas de textura ofítica, se documentan en los dos niveles analizados aunque con ciertas variaciones en su representación porcentual. Se observa una disminución en la utilización del sílex en-tre los niveles IV y III, mientras que el hecho inverso se produce en las rocas de textura ofítica cuyo uso como desgrasante no se documenta en el nivel IV, mientras que en el III su utilización es relativamente importante. Tanto la utilización del sílex como de la chamota se en-cuentran documentadas en el resto del ámbito penin-sular. El uso del sílex se cita en las manufacturas de la cueva de la Carigüela (Navarrete et al. 1991) en crono-logías neolíticas y en el Cerro de la Virgen en cronolo-gías del Calcolítico/Edad del Bronce (Barrios et al.

1999a). Por su parte, la chamota se documenta en un elevado número de yacimientos peninsulares de la zona catalana (Clop 2007), valle medio del Ebro (Ortega et al.2010), Valencia (McClure et al.2006), Madrid (Díaz del Río et al.2011), y Andalucía (Navarrete et al.1991). En el País Vasco, la utilización de la chamota se ha do-cumentado durante la Edad del Bronce y Hierro (Olaet-xea 2000).

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La identificación de estos desgrasantes refleja la modi-ficación intencional de las arcillas con la finalidad de ob-tener una manufactura con unas determinadas propie-dades, lo que denota un cierto conocimiento tecnológico. No se trata de manufacturas en las que se observa un uso aleatorio de los materiales sino que re-flejan la adición de determinados tipos de desgrasantes. Destaca especialmente el uso recurrente de la calcita en la elaboración de estas manufacturas. Como se ha ex-puesto anteriormente, el uso de la calcita se documenta en la Península Ibérica desde los inicios de la manufac-tura alfarera. Las primeras manufacmanufac-turas cerámicas de la cuenca media-alta del Ebro, Huesca y el noroeste de la Península Ibérica reflejan una producción local a partir de materias primas disponibles en el entorno, en las que se observa la utilización de desgrasantes, entre los que destaca la calcita. Actualmente, es difícil valorar la

im-portancia de este rasgo tecnológico dada la escasez de es-tudios disponibles.

La amplia documentación de este “rasgo tecnológico” en las primeras manufacturas cerámicas, aunque no exclu-yente de otras cronologías, induce a plantear la hipótesis de que su asimilación se pudo producir con la adquisición de la propia tecnología cerámica. La consideración de la calcita como evidencia de una transmisión tecnológica desde el ámbito mediterráneo hasta la cuenca media-alta del Ebro y, posteriormente, a la región cantábrica, su-pondría igualmente una diferencia diacrónica entre estos ámbitos geográficos. En la actualidad, las dataciones dis-ponibles no permiten observar esta diacronía, dada la apa-rente antigüedad del conjunto cerámico documentado en Mendandia; sin embargo, consideramos que es una hi-pótesis que debe ser valorada a medida que se produzca un aumento de los estudios disponibles.

Conclusiones

El presente artículo es una contribución al proyecto de investigación “La implantación de las especies do-mésticas en la Europa atlántica: Cronología e im-pacto en la dieta humana” (DOMATLANTICA), fi-nanciado por el VI Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica 2008-2011 (Subprograma de Proyectos de Investigación Fundamental no Orientada) del Ministerio de

Cien-cia e Innovación (HAR2008-06477-C03-01/HIST). La Universidad de Cantabria financió parte de esta in-vestigación a través de la concesión de una beca y un contrato predoctoral. Queremos agradecer igualmente a los Drs. P. Arias, R. Ontañón, J. E. González-Ur-quijo, J. J. Ibáñez y L. Zapata, que nos hayan permi-tido estudiar el material de Los Canes, Los Gitanos y Kobaederra.

Agradecimientos

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