Grandes Y Preciosas Promesas Juan José Pérez
02 de Mayo, 2010
Iglesia Bautista de la Gracia
Santiago, República Dominicana
1Co 11:25: “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”.
Introducción
Este pasaje tiene parte dentro del contexto de la santa ordenanza dejada por Jesús a Su iglesia en Su última cena con los apóstoles: La Cena Del Señor. Y este pasaje nos introduce al tema de los pactos, tema que es sumamente importante, y esto por tres razones:
1. La Biblia nos enseña que Dios decretó o planificó desde antes de la fundación del mundo la salvación de pecadores. 1 Ped. 1:20 nos dice que Cristo estaba predestinado a ser enviado y rociar a su pueblo con su preciosa sangre para el perdón de los pecados. Pero esta maravillosa obra redentora no solo fue planeada desde la eternidad, sino que también fue revelada dentro del marco de los pactos de Dios.
2. Todos los tópicos de la teología sistemática desembocan en el tema de los pactos de Dios.
3. Una visión correcta de los pactos implica una correcta interpretación de otras doctrinas Bíblicas. Por otro lado, viendo la otra cara de la moneda, un error en el tema de los pactos implica un error en otras doctrinas.
Pero este pasaje no solo nos introduce al tema de los pactos, sino que de manera especifica nos introduce al tema del nuevo pacto: “Esto es mi sangre del nuevo pacto”. Notemos además que este pasaje no solo nos habla del nuevo pacto, sino que conecta la cena del Señor con este pacto. De modo que, el pasaje nos habla, en general, de tres cosas:
1- La realidad del nuevo pacto. 2- El fundamento del nuevo pacto.
3- La conexión del nuevo pacto con la santa cena. La Realidad Del Nuevo Pacto
“Esta copa es el nuevo pacto”. ¿Qué es un pacto?
Un pacto, con relación a Dios, se puede definir como una promesa solemne donde se expresa favor, gracia y buena voluntad y donde la promesa se hace firme por medio de un juramento.
En las Escrituras podemos distinguir dos tipos de pactos:
a) Pactos con un siervo justo: Pactos de Dios con Adán, Noe, Abraham, David. b) Pactos con una comunidad redimida: Pactos de Dios con la comunidad redimida
del diluvio, la comunidad redimida de Egipto (Israel físico), la comunidad redimida del pecado (Israel cristiano).
Lo importante es notar que en cada pacto, independientemente del tipo, hay una promesa juramentada de Dios de Su favor o buena voluntad.
Con esto en mente, surge la pregunta… ¿Qué es el nuevo pacto?
Lo primero que notamos es que este pacto es “nuevo”. Eso indica que existe un antiguo o viejo pacto. Para hablar de nuevo pacto tiene que hablarse de un viejo pacto por necesidad: “Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer” (Heb. 8:13).
El viejo pacto es el pacto que Dios hizo con la comunidad redimida de Egipto, es decir, el Israel físico. Los términos de este pacto son descritos en Éxodo 19:5-6:
“Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel”.
En otras palabras, la substancia principal de este pacto era la promesa de ser su Dios y ellos ser Su pueblo. Pero notemos que este pacto de Dios con Israel tenia una condición: “si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto”. El problema con este pacto estuvo en que ellos invalidaron el pacto porque no permanecieron fieles al mismo: “porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo como un marido para ellos, dice Jehová”. Ellos serían Su pueblo y El su Dios si y solo si ellos se mantenían fieles a los términos del pacto, los cuales estaban expresados en las tablas de piedra escritos con el dedo de Dios y en el libro de la ley, escrito por Moisés al dictado de Dios. El problema fue que ellos invalidaron el pacto porque no permanecieron fieles a los términos del mismo y por ello, Dios decide hacer un nuevo pacto: “He aquí vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un NUEVO PACTO con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tome su mano para sacarlos de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo como un marido para ellos, dice Jehová” (Jer. 31:31-34).
Dios decide entonces hacer un nuevo pacto, no con todo Israel como nación, sino con el remanente fiel de la casa de Israel y Judá, es decir, con aquellos que según Pedro en Hechos 3:22-23, escucharon y siguieron la voz del Mesías. Los demás fueron cortados del pueblo. A este pueblo, formado en su núcleo por los judíos que creyeron, son injertados los gentiles que creen, para formar, como dice Pablo en Efesios 2, de ambos pueblos, un solo y nuevo hombre: LA IGLESIA. De modo que, el nuevo pacto es el pacto hecho por Dios con la comunidad redimida, no de Egipto, sino del pecado y que incluye personas de toda lengua, tribu y nación.
Y la Biblia es clara al decir que este pacto es superior al primero, ya que está basado en mejores promesas y al que son injertados los gentiles que creen: “Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas” (Heb. 8:6).
¿Cuáles son estas promesas? Esta pregunta es sumamente importante, pues dado que la santa cena es el símbolo del nuevo pacto, ella es entonces UNA CELEBRACION, donde conmemoramos como por Cristo, quien es el mediador del nuevo pacto, hemos obtenido todas esas promesas, específicamente por Su sangre derramada en la cruz del calvario.
Promesas:
a) “Yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Jer. 31:33b). Esta es sin duda alguna la promesa o substancia principal del Nuevo Pacto. Notemos que esta era exactamente la misma promesa del antiguo pacto. Pero recordemos que Dios decidió desgajar a los judíos no creyentes e injertar a los gentiles creyentes. Ahora, esta comunidad mixta conforma a los conciudadanos del reino de Dios, a los miembros de Su familia y a las piedras vivas que conforman Su templo. Dios promete entonces a esta comunidad redimida, no de Egipto, sino del pecado, formada por personas de toda lengua, tribu y nación, que ellos serían de entre todos los pueblos de la tierra Su especial herencia y tesoro, donde cada miembro de este cuerpo tendría una relación viva y personal con Su Rey y Padre.
b) Está acompañado de una obra de Dios en el corazón. Si bien es cierto que el Israel físico del antiguo pacto era el pueblo de Dios, no todos eran creyentes. Todos eran circuncidados en su carne, pero no en el corazón, sino solo los creyentes. Es aquí donde se percibe la superioridad del nuevo pacto sobre el antiguo. Aquel no estaba acompañado de una obra en el corazón, mientras el nuevo pacto si lo está. Esto explica por que todos los integrantes del nuevo pacto son creyentes: “Y no enseñará mas ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano diciendo: conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el mas pequeño de ellos hasta el mas grande, dice Jehová” (Jer. 31:34)”. Y la obra es triple:
Obra transformadora (Conversión): “Pondré mi temor en el corazón de ellos” (Jer. 32:40). Es otra forma de decir que El mismo los llevaría a la fe. Es por
eso que a diferencia del antiguo pacto, en el nuevo pacto, todos son creyentes.
Obra Santificadora (Santificación): “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón” (Jer. 32:40). En el nuevo pacto, la ley de Dios ya no está escrita sobre tablas de piedra, sino sobre la mente y el corazón de los creyentes, lo que les capacitará, no simplemente para cumplir la ley, sino también para amarla. Esto explica por que la ética que se espera de los ciudadanos del reino es superior a todas las éticas que ofrece el humanismo, pues es una justicia que viene del corazón.
Obra preservadora (Preservación): “Pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de Mi” (Jer. 32:40). El que empezó en nosotros la buena obra, seguramente la terminará hasta el día postrero. Esto es precisamente lo que lo convierte en un pacto eterno: “Y haré con ellos PACTO eterno”. (Jer. 32:40). El antiguo pacto no era eterno como lo indica Jeremías. El antiguo pacto fue invalidado porque los judíos lo invalidaron. En cambio, el nuevo pacto es eterno. La única manera de que este pudiera ser invalidado es si los integrantes se apartan de el. Pero esto es imposible, pues Dios mismo ha prometido que El los traería a la fe, los santificaría y pondría su temor en el corazón de ellos para que no se aparten de EL.
c) “No me volveré atrás de hacerles bien” (Jer. 32:40ª). Esta promesa es paralela a Rom. 8:28. Lo que caracteriza a este bien es lo siguiente:
• No significa una vida llena de comodidades y sin aflicciones, pues en Rom. 8:31-33 Pablo deja claro que es posible para un hijo de Dios atravesar por tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro y espada al decir que “en” todas estas cosas somos mas que vencedores.
• Significa que Dios nos dará todo lo necesario para nuestro bien o beneficio, es decir, para que seamos transformados a la imagen de Cristo, nuestro hermano mayor: “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Rom. 8:28-29). Puedes ver el bien que Dios promete, no en que seas librado del dolor, sino en que en medio del dolor el rostro de Cristo se ira formando en tu vida. ¡Bendita aflicción!
d) “Perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré mas de su pecado” (Jer. 31:34b). Dios ha prometido perdón para todos los integrantes de este nuevo pacto. Primero los perdona como juez, una vez y para siempre, luego, como Padre amoroso les perdona diariamente ante la confesión de ellos ¿Sabes como la Biblia describe este perdón? “¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados” (Miq. 7:18-19). El Salmista lo dice de la siguiente manera: “Misericordioso y
clemente es Jehová; Lento para la ira, y grande en misericordia. No contenderá para siempre, Ni para siempre guardará el enojo. No ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, Ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, Engrandeció su misericordia sobre los que le temen. Cuanto está lejos el oriente del occidente, hizo alejar de nosotros nuestras rebeliones” (Sal. 103:8-12). Es a esta realidad que Cristo hace referencia al introducir el nuevo pacto: “esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados”.
e) “Recibirán la promesa de la herencia eterna” (Heb. 9:15). Esta herencia eterna incluye:
• La tierra renovada. El Padre le prometió al Hijo que le daría por herencia todas las naciones. El integrante del Nuevo Pacto es coheredero junto con Cristo, por lo que, como dice el Salmo 37: “Heredera la tierra”. Esto es una referencia al cielo nuevo y tierra nueva.
• Vida eterna en Su presencia, que no es más que un compañerismo con Cristo que jamás tendrá fin, experimentando lo que es “plenitud de gozo, delicias a Su diestra para siempre”.
El Fundamento Del Nuevo Pacto “en Mi sangre”.
La palabra “sangre” en las Escrituras es sinónimo en muchas ocasiones de vida. Moisés lo pone de la siguiente manera en Levíticos 17:11: “Porque la vida de la carne en la sangre está”. A esto se refirió Jesús al instituir la santa cena. El fundamento y la ratificación de estas promesas están en Su vida misma, pero no en la vida que vivió, sino en la vida que entregó en la cruz, lugar donde derramó Su sangre como propiciación por nuestros pecados. Esto queda demostrado cuando Cristo instituye la santa cena y dice: “Esta es Mi sangre del nuevo pacto que por muchos es derramada”. De modo que, no es que simplemente el nuevo pacto quedó inaugurado en la cruz, sino que además, cada promesa gloriosa del nuevo pacto que hemos visto fue comprada por sacrificio en la cruz.
La Conexión Del Nuevo Pacto Con La Santa Cena
“haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí”..
Pablo establece claramente la conexión entre el nuevo pacto y la santa cena. La santa cena es un recordatorio o memorial de la muerte de Cristo, en el cual celebramos las bendiciones espirituales que hoy gozamos gracias al sacrificio de Cristo en la cruz del calvario. En otras palabras, la santa censa es un memorial donde celebramos que debido a la muerte vicaria de Cristo gozamos de la bendición de ser Su herencia o especial tesoro entre todos los pueblos de la tierra; es un memorial donde celebramos de cómo por la sangre de Cristo fuimos traídos a la fe y somos preservados y transformados allí; es un memorial donde celebramos de cómo por el sacrificio de Cristo Dios transformará toda cosa mala que nos suceda en nuestro bien; es un
memorial donde celebramos que por causa de la cruz de Cristo, un día, en Su glorioso regreso, estaremos con El por toda la eternidad.
No te confundas entonces hermano. La santa cena no es un recordatorio de nuestros pecados, como si esto fuera un fin en si mismo. La santa cena es un recordatorio de al muerte de Cristo por muestro pecados. Dicho servicio es entonces una ocasión propicia para dar gracias a Dios por toda Su misericordia manifestada en la muerte de Cristo en nuestro favor. Es en este sentido que la cena del Señor es un sacrificio, no porque Cristo vuelve a ser sacrificado, sino porque ofrecemos sacrificios de alabanza y acción de gracias por su infinita gracia.
Aplicaciones
1- La doctrina del Nuevo Pacto provee muchas razones por las cuales bendecir a Dios por su amor y fidelidad.
2- La doctrina del Nuevo Pacto provee un sólido fundamento para orar y predicar.
3- La doctrina del Nuevo Pacto es de gran aliento al pueblo de Dios en sus aflicciones. Si la doctrina del nuevo pacto es tan esencial en la vida cristiana, entonces es nuestro privilegio el celebrar juntos estas bendiciones. ¿Qué mejor momento para celebrar que esta mesa de bendición? ¿Qué mejor momento de celebrar que esta cena, en la que hacemos memoria de la sangre de Cristo derramada en la cruz para comprar cada una de estas bendiciones? Hermanos, consolémonos con estas cosas.