Desde la Puerta del Sol
La Puerta del Sol madrileña, en la que se encuentra el punto kilométrico 0 de España, creemos es un buen enclave para formalizar un juicio de lo que pasa en el país, lo que podemos alargar a Hispanoamérica y al resto del mundo. Con esa idea nos hemos situado junto el oso y el madroño, desde donde saludar a nuestros amigos
Arzobispo de Oviedo
e habla de Cataluña y sus vaivenes como un problema político que ha mutado en un problema social. No es sólo cuestión de pretensiones políticas y de sus co-rrectivos parlamentarios, sino que ha
tras-cendido a la calle, se ha adentrado en las familias, ha invadido los círculos de amigos y la entera sociedad. Pero lo que ocurre allí, no sólo afecta a aquella bella región y a sus buenas gentes, sino que inevitablemente repercute en el resto de Es-paña. Y la posición de la Iglesia al respecto tiene también ambas derivas: la regional catalana y la nacional de toda España. Así entramos en cues-tiones que nos tienen perplejos, y que nos dejan un trasfondo de extrañeza cuando con palabras que expresan realidades de gran nobleza, vemos que pueden ser utilizadas de muchas maneras, incluso torticeras. Porque los indultos que un go-bierno puede estudiar y, eventualmente, conce-der, tienen un itinerario que es claro en nuestro ordenamiento jurídico dentro de un Estado de de-recho como es España. No se pueden arbitraria-mente conceder o negar desde un caprichoso uso y un interesado cálculo que no tiene que ver con las palabras manidas en este festival de una
extraña piedad, apelando a sentimientos sagrados y enormemente delicados, para venir a la postre a tapar los verdaderos motivos que se exhiben impudorosamente desde una pretendida magnanimidad.
Es extraño invocar el diálogo con los que no quieren hablar, o tener magnanimidad con quienes la van a usar y tirar, o empeñarse en la reconciliación con los que siguen
insidian-S
Palabras engañosas, indulto interesado,
Jesús Sanz Montes, ofm
Ante el contexto social y político que vivimos, Conferencia Episcopal
Tarraconense
Don Oppas y Don Jerónimo, Manuel Parra
Celaya
Si lo dice Sánchez, no, Juan Van-Halen ¡Indúltame, presidente!, Eduardo Inda Pedro y el lobo, Roberto Blanco Valdés Sánchez acepta eliminar las funciones del TC que frenan a Forcadell y símbolos del 1-O, Laura Fàbregas
El Constitucional inflige un severo correctivo a Sánchez al declarar nulo el nombramiento de Mateo al frente de RTVE, Juan Velarde
Rufián rompió el silencio, Juan Pablo
do con saña y dividiendo sin rubor, o abogar por la tolerancia con quienes no renuncian a la violencia, o apelar a medidas de gracia para beneficio de los que ni las piden ni las merecen por su amenazante actitud de reincidencia. Digo que es extraño y también culpable, porque no resulta un atrevimiento ingenuo, ni una bondadosa inocencia. Más difícil resulta calificar la actitud y la aptitud cuando no hay siglas políticas detrás, sino simplemente un buenismo irresponsable que se alinea con ellas sin más, repitiendo los argumentos prestados y asumidos en canal.
Desde una óptica cristiana más bien cabría esperar un discurso desde la rica doctrina social de la Iglesia que con logros y fallos he-mos ido escribiendo como preciosa aporta-ción serena a la sociedad. También un amor a la verdad que descarta la ambigüedad en-gañosa, una audacia templada que sabe me-dir bien los tiempos sin precipitarse y sin fu-garse cuando hay que hablar y actuar pon-derando las consecuencias para todos y no sólo para una parte. Esto sería un buen testi-monio desde una conciencia ética cristiana y desde una pedagogía paciente que no hace extraña su responsabilidad dentro de la Igle-sia.
Porque parece que se indultan solamente las mascarillas que nos embozaban, cuando a alguien se le ha ocurrido distraernos con tamaña concesión de gracia. Se indultan los oscuros derroteros para perpetuarse en unas poltronas desde las que seguir construyen-do una pompa llena de la nada que tiene en la mentira su recurrente herramienta política más esmerada. Se indultan los intereses egoístas e insolidarios de quien se aprovecha tan sólo de su propia causa engañando, forzando, manipulando, insidiando y dividiendo. Pero no se indulta la vida del no nacido a cuyo asesinato en el seno de su madre se aspira a que sea un derecho, ni la vida del enfermo o anciano terminal al que se permite acabar con su vida eutanásicamente en lugar de cuidarla con respeto, cariño y consuelo con medidas paliativas y espirituales, ni la educación de nuestros más jóvenes sustrayen-do ideológicamente la responsabilidad de sus padres.
Nosotros seguiremos clamando y defendiendo la vida en todos sus tramos, la verdad que nos hace libres, la convivencia plural y pacífica, la comunión fraterna que nos une y com-plementa, la educación que no manipula. Todo eso que responde a las promesas de Dios y a los anhelos de los hombres, a nuestras preguntas que encuentran correspondencia en sus respuestas.
16 junio 2021
cuerdo nº 5.- Ante el contexto social y político que vivimos en estos momentos en Cataluña los obispos expresan:
«Como hemos afirmado en numerosas ocasiones, nos mostramos convencidos de la fuerza que tienen el diálogo y las medidas de gracia en todas las situaciones de
conflic-A
to. Creemos que el logro de un recto orden social que permita el desarrollo armónico de toda la sociedad necesita algo más que la aplicación de la ley.
Es por este motivo que hay que proponer el diálogo siempre como vía efectiva que da respuesta a la esperanza de resolver las divisiones. Si el diálogo es serio, capaz y abierto, y si se admite que dialogar siempre significa renunciar a las propias exigencias para en-contrarse en el camino con las renuncias del otro, habrá avances. Además, avanzar teni-endo sentimientos de misericordia y perdón sinceros, respetando la justicia, ayudará a que los acuerdos que todos esperamos se lo-gren pronto.
Hay que imaginar una solución satisfactoria que se aleje de actitudes inamovibles que no ayudan a construir armónicamente la socie-dad. Será entonces cuando se irán venciendo las dificultades y la capacidad de diálogo empezará a aportar posibles soluciones».
omo es sabido, Eugenio d´Ors quiso sustituir, en su Ciencia de la Cultura, la tra-dicional división de la historia en edades cronológicas por la aparición de
constan-tes o eones; así, el eón de Roma, o de la Unidad, se opondría al eón de Babel o de
la Dispersión (¡qué mejor símbolo para caracterizar al secesionismo!), el del Eterno
Fe-menino frente al Eterno Viril, o del de la Cultura frente
a la Barbarie…
Después de leer la Carta de los obispos de Cataluña – que comenté en mi anterior artículo–, refrendada por la comisión permanente de la Conferencia Arzobispal Española, ambas instancias bajo la presidencia de Juan José Omella, me ha llegado la carta de don Jesús Sanz Montes, arzobispo de Oviedo. Con todo este material delante y acudiendo una vez más a mi veneración por el Maestro Xenius, se me ocurre que se podría apuntar la existencia histórica de eones episcopales, en línea de aquella conocida definición de la Glosa orsiana
(Sacri-ficar la Anécdota en el ara de la Categoría) y
repre-sentar, simbólicamente, estas constantes bajo los
nombres de los obispos Don Oppas y Don Jerónimo, con la lógica concesión a lo legen-dario, que cuadra muy bien a esta articulación de lo poético y de lo político.
Según la tradición, don Oppas (siglo VIII) fue obispo de Toledo (otras crónicas dicen que
de Sevilla); lo cierto es que conspiró, junto al traidor Conde don Julián contra Don Ro-drigo, el último Rey Godo; en la batalla de Guadalete (año 711), el rey le había confiado un ala de su ejército, pero el Sr. Obispo se pasó, con armas y bagajes, a la morería, esto
C
es, a la hueste de Tarik, que destrozaron a las fuerzas visigodas y se adueñaron rápi-damente del Reino de Hispania.
No es extraño que, en el Romancero Tradicional, junto a los remordimientos de D. Ro-drigo por su aventurilla con la doncella Cava, hija de Don Julián, se le dediquen al obispo palabras muy fuertes:
¡Maldito de ti, don Oppas, obispo de mala andanza!
El pobre rey, casquivano, pecador e ingenuo a la vez, acabó solo, herido y destronado, y solo puede añadir, según otro romance
Ayer era rey de España, hoy no lo soy de una villa
Han de transcurrir cuatro centurias para encontrar al personaje que representa el otro
eón episcopal, Don Jerónimo de Perigord, Jerónimus o don Jerome (siglo XII), del que se
cuenta que fue el obispo de la Valencia conquistada por el Cid, luego de Zamora y de Salamanca, y que llevó a esta última ciudad el Cristo de las Batallas, que llevaba siempre el de Vivar en el arzón de su caballo.
El Cantar del Mío Dic dice de este obispo:
De parte de orient vino un coronado;
el obispo don Jerome so nombre es llamado, de pie o de caballo mucho es arreziado. Don Jerónimo, además de presidir el
cabil-do de la reconquistada Valencia, es hom-bre de principios y de pelea, y combate junto a su jefe, el Cid Campeador, en las duras y en las maduras; dice de él el juglar de Medinaceli:
¡Dios, qué bien lidiava! Y, además, lucha con ambas manos:
Quando es farto de lidiar con armas las sus manos
Nada que ver, por lo tanto, con los meli-fluos argumentos del Secretario de la Con-ferencia Arzobispal Española, D. Luis
Ar-güello, pretendiendo justificar lo injustificable y dar un capotazo a la prensa cuando fue preguntado por la carta de sus colegas de Cataluña…
La valentía, en cambio, de don Jesús Sanz se pone de manifiesto en su carta ovetense: No se puede arbitrariamente conceder o negar (los indultos) desde un caprichoso uso y un interesado cálculo que no tiene que ver con las palabras manidas en este festival de extraña piedad, apelando a sentimientos sagrados y enormemente delicados, para venir a la postre a tapar las verdaderos motivos que se exhiben impudorosamente desde una pre-tendida magnanimidad.
Esto es equivalente, a la moderna, a lidiar con ambas manos… Y sigue diciendo don Jeró-nimo (perdón, don Jesús):
Es extraño invocar el diálogo con los que no quieren hablar, o tener magnanimidad con quienes la van a usar y tirar, o empeñarse en la reconciliación con los que siguen insidiando con saña y dividiendo sin rubor, o abogar por la tolerancia con quienes no renuncian a la
violencia, o apelar a medidas de gracia para beneficio de los que no las piden ni las mere-cen por su amenazante actitud de reincidencia.
Critica el
buenismo irresponsable y propone que desde la óptica cristiana más bien cabría esperar un discurso desde la rica doctrina social de la iglesia […] también un amor a la verdad, que descarta la ambigüedad engañosa […] y entra en pleno combate, casi cidiano, cuando afirma que se indultan los oscuros
derrote-ros para perpetuarse en unas poltronas desde las que seguir construyendo una pompa llena de la nada que tiene la mentira […], pero no se indulta la vida del no nacido a cuyo asesinato en el seno de su madre se aspira a que sea un derecho, ni la vida del enfermo o anciano terminal […], ni la edu-cación de nuestros más jóvenes sustrayen-do ideológicamente la responsabilidad de sus padres.
Ahí van, por lo tanto, unos apuntes sencillos, por si algún otro orsiano más capacitado que un servidor quiere aventurarse a desarrollar
esta constante o eón episcopal, que uno humildemente ha representado en las figura, históricas y legendarios del traidor Don Oppas y del leal Don Jerónimo.
(El Debate de Hoy)
ristóteles, nada menos, nos advirtió: «El castigo del embustero es no ser creído aun cuando diga la verdad». Los ciudadanos, a lo largo del tiempo, comúnmente han entendido que el ejercicio de
la política y la capacidad de faltar a la verdad van fatalmente unidos. «Crea fa-ma y échate a dormir», que sentencia el sabio Refranero. En este caso, mala fa-ma.
Aquel maestro de la ironía y la sátira que fue el irlandés Jonathan Swift, en pugna contra todo y todos, fustigador del géne-ro humano, que ha pasado a la historia literaria puede que impropiamente como autor de relatos para niños –fue mucho
más que eso y basta leerlo con intención–, se dice que escribió El arte de la mentira
política, un opúsculo que tuvo su público; lo cierto es que su autor fue John Arbuthnot,
un médico escocés. En todas las ediciones conocidas, también las aún recientes en castellano, el librito aparece atribuido al autor de Los viajes de Gulliver. Era el siglo XVIII
y el texto de Arbuthnot-Swift no tiene desperdicio.
Si El arte de la mentira política no lo hubiesen escrito, y parece que sí, el satírico irlandés y el médico escocés, a nadie le extrañaría que el autor fuese Sánchez, El Gran Timonel,
A
actuando Iván Redondo de negro para tal menester; una especie de Irene Lozano, autora o colaboradora necesaria en aquel Manual de resistencia de Sánchez. Ese trabajo abrió a Irene las puertas de dos sucesivas secretarías de Estado. Nadie discutirá el virtuosismo de nuestro presidente en las artes de mentir. Sería como discutir la existencia de las fases de la Luna.
Sánchez ya mintió en la moción de censura a Mariano Rajoy, ya que la apuntaló en una inexistente sentencia condenatoria contra el PP; la sentencia se refería a un par de municipios de Madrid, y solo la interpretación o manipulación de un juez, reconocida posteriormente por la Justicia, engordó el engaño. Sánchez sacó adelante la moción de censura, comprometiéndose a convocar de inmediato elecciones generales; no las con-vocó. Sánchez no presentó un programa electoral concreto, porque no podía contentar a todos los apoyos Frankenstein que precisaba. O sea: mentiras reiteradas.
Nuestro presidente mintió cuando, en la campaña de las elecciones que al fin convocó, aseguró que nunca pactaría con Podemos –«nos quitaría el sueño a los españoles y a mí»– ni con Bildu –«cuántas veces se lo tengo que repetir para que lo entienda»–. Veinticuatro horas después, formó un Gobierno con Podemos y fue votado por Bildu y por los variopintos independentistas catalanes y, cómo no, por el PNV. Sin importarle las repercusiones en la UE de un Gobierno con comunistas e ignorando las señales que reci-bía de esas repercusiones, radicalizó e ideologizó al extremo la gestión de su Ejecutivo. Ya entonces lo único que le interesaba era Mi Persona.
Sánchez mintió cuando, por evidente ineficacia, se quitó de encima las res-ponsabilidades de la lucha contra la pandemia, distribuyéndolas entre las comunidades autónomas, mientras co-locaba carteles del Gobierno de España en las cajas de vacunas que llegaban de la UE y habrían de ser distribuidas por los Gobiernos autonómicos. Desde en-tonces, se ha apuntado los éxitos y ha huido de los errores y fracasos. Ya en el principio de la pandemia invadió nuestras casas con sus «¡Aló presidente!», para darnos buenas noticias que nunca se cumplían. Reite-rativo y mentiroso.
Ya en pleno azote del virus, nuestro presidente, o su ventrílocuo Fernando Simón, nos aseguraban que no hacía falta usar mascarillas –«no tiene ningún sentido», «hay que perder el miedo al virus»– y hace un año nos convocaba: «Hay que salir a la calle, hay que disfrutar de la nueva normalidad». Entonces las cifras estaban disparadas y, mientras Sánchez nos invitaba a disfrutar la «nueva normalidad», había municipios con-finados y en varias regiones la situación era angustiosa. Pero nuestro presidente quería ganar las elecciones gallegas y había que vender buenas noticias falsas. Los resultados en Galicia ya sabemos cuáles fueron.
Otro de los consejos de Sánchez que recibió un revés fue pedir que quienes estuvieran vacunados en la primera dosis con AstraZeneca no pusieran inconveniente a que la segunda dosis fuera de otra vacuna. La gente no lo creyó; pidió abrumadoramente As-traZeneca. Entonces se inventó el insólito «consentimiento informado», pasando la deci-sión a los ciudadanos; todo menos afrontar sus responsabilidades.
Luego la mentira se disfrazó de ridículo. Fueron los 29 segundos de su paseíllo con Joe Biden. El residente en la Casa Blanca parece que ni se enteró de quién era el tipo que
caminaba a su lado; ni lo miró ni intercambió palabra alguna con Sánchez. Se ha escrito, y no ha sido desmentido, que ese paseíllo nos costó seis millones de dólares destinados a una fundación de la vicepresidenta, Kamala Harris, para Centroamérica. En un momen-to del paseíllo, una secretaria apartó a Sánchez y se llevó a Biden a la reunión que estaba en el programa. Hubo un intento de amarrar la mentira y la portavoz del Gobierno llegó a asegurar que se había producido un encuentro anterior. Nadie repitió la patraña, por-que ni Washington ni la fuerza de la realidad la hacían verosímil.
La siguiente ocurrencia, la última por ahora, ha sido decidir que prescindiésemos de las mascarillas en la calle. Sánchez lo anunció en la SER y para su formalización convocó un Consejo de Ministros. Los ministros se reúnen más que nunca, acaso porque como son muchos se hacen compañía. Con mutaciones varias del virus y algunas de ellas cada vez más extendidas, prescindir de las mascarillas sin más es un error. Mera propaganda. Sánchez todo lo supedita a la propaganda. Casi el 40% de los ciudadanos no ha pres-cindido de las mascarillas. Yo tampoco. Si lo dice Sánchez, no.
El poeta y ensayista Emerson dejó escrito: «Al que juró hasta que ya nadie confió en él y mintió tanto que ya nadie le cree, le conviene irse a donde nadie lo conozca». Y eso que por mera cronología Emerson no pudo conocer a Sánchez.
(OKdiario)
no de los elementos esenciales de una democracia, si no el elemento, es el imperio de la ley. Eso supone, para empezar, que TODO el que la hace, la paga. Para con-tinuar, que TODOS somos iguales a la hora de recibir justicia. Y para terminar que cualquier ciudadano debe ser juzgado por el magistrado predeterminado por la ley, lo cual tiene como obvio objetivo que no se muevan fichas para que te acabe cayendo en suerte un amiguete. Y para que una democracia sea considerada de calidad ha de darse, por ende, una premisa sine qua non: la separación de poderes o, lo que es lo mis-mo, la independencia judicial.
Todo esto ha quedado destrozado con el indultazo prevaricador de Sánchez a los golpis-tas catalanes: el presidente se ha pasado por el forro de las gónadas el dictamen uná-nime del Tribunal Supremo, que abogó por negar la medida de gracia a Junqueras y los otros ocho delincuentes presos –los demás, como Puigdemont, están fugados–. Ha nin-guneado a los magistrados que dictaron sentencia, también sin un solo voto particular, a los guardias civiles y policías que investigaron el 1-O, al instructor que se jugó el tipo en el envite, Pablo Llarena, a los constitucionalistas que fueron apaleados por decir «no» a la insurrección y a ese Rey de España que imitó a su padre saliendo a poner orden en medio de un guirigay en el que el Gobierno estaba literalmente KO tras el pollo montado a nivel internacional por las cargas policiales del día de autos.
Lo de Sánchez con la prevaricación es como lo de los tontos con los lápices: le ha cogido tanto cariño que no la suelta así le amenaces con todos los males del averno. El indultazo es otra ilegalidad como la copa de un pino. No lo digo yo, lo afirma taxativamente la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Y, no nos engañemos, el indulto, figura medieval don-de las haya, es una prevaricación legalizada en buena parte don-de los casos. Especialmente
en aquéllos en los que salvas de una pena de cárcel a un correligionario, al que financió tu campaña, al hijo de un colega o a un socio de gobierno. Este perdón no es, pues, la modernidad magnánima que nos presenta el cínico del presidente sino una antigualla recogida en nuestro Código Penal desde 1870, pero que data de tiempos ancestrales. Que constituye una prevaricación insultante lo demuestra el hecho de que se incumplen los cuatro requisitos para el nihil obstat: los reos no se han arrepentido ni han pedido perdón, no hay conveniencia pública porque todo responde al interés particular de Pedro Sánchez de mantener el respaldo de ERC en el Congreso, sin el cual tendría que disolver y convocar elecciones, no existe equidad porque hay miles de condenados con más
motivos para que se extinga su res-ponsabilidad penal que esta banda, y de la justicia ni hablamos porque que-da patente en todos y caque-da uno de los enunciados anteriores.
El indulto fue concebido para subsa-nar episodios en los que la lógica-mente implacable acción de la Justicia degenera en una injusticia humana supina. Ergo, un padre que acaba en-chironado por haber robado para dar de comer a sus hijos, un toxicómano que atraca un banco sin causar heridos para pagarse sus dosis de heroína, otro que co-mete un delito estando en proceso de rehabilitación o un ciudadano que mató al ladrón que estaba violando a su pareja tras haber allanado su morada. Obviamente, no nació para que privilegiados perdonen a privilegiados. En eso ha terminado un instrumento creado para poner caridad donde sólo había fría justicia.
Las frases vomitadas por ese cursi charlatán que es Pedro Sánchez para justificar la mayor prevaricación de la democracia dan miedo: «La venganza y la revancha no son valores constitucionales». Lo cual equivale a sacralizar la tan peligrosa como en el fondo tiránica idea de que cualquier condena es una vendetta. Sensu contrario, que todo vale, que esto es la ley de la selva, la de Lynch o la del Talión o que será delito lo que decidan los gobernantes, Terrible porque, echando mano de la perversa dialéctica sanchista, eso podrán argumentar desde un violador en serie hasta un pederasta, pasando por un peligroso terrorista yihadista.
Preveo que a partir de ahora cualquier quinqui echará la instancia del indulto a ver si suena la flauta. Unos con razón y otros sin ella. «¿Qué es más grave?», reflexionarán, «¿robar en el súper de al lado de mi casa o dar un golpe de Estado?». «¿Por qué a mí no me lo van a dar si lo hice por necesidad y ellos por ese placer que otorga acumular poder?», abundará. Y, acto seguido, se dirigirá al presidente del Gobierno con una frase que va camino de convertirse en dogma de fe dado el relativismo moral que impone el pensamiento único: «¡Indúlteme, presidente!».
Lo mismo sucederá con el tipo al que trincaron conduciendo borracho como una cuba en sentido contrario tras provocar unos cuantos accidentes. «¡Indúlteme, Sánchez!, bebí porque era la boda de uno de mis hijos». Lo mismo se le ocurrirá al hombre al que en-chironaron por revelación de secretos tras haber hackeado y difundido a los cuatro vientos el contenido del mail del jefe que le puteaba. «¡Sánchez, indúlteme, que lo mío tampoco era para tanto, mi víctima era un cabrón y un fascista!».
¿Por qué no se va a beneficiar de la gracia presidencial el padre que se tomó la justicia por su mano con el pederasta que estaba abusando de uno de sus vástagos y al que se le aplicaron un sinfín de atenuantes pero ninguna eximente? «Presidente, póngase en mi lugar e indúlteme. ¿Qué hubiera hecho usted si ve como un tipo está agrediendo sexual-mente a su hijo?», podrá argumentar el hombre, que lleva una temporadita a la sombra por hacer lo que seguramente haría cualquier padre en una situación límite. Y ese delin-cuente ambiental que taló cientos de árboles de su finca, urbanizó en un área protegida y ahora está en el hotel rejas, también tendrá el mismo derecho a gritar a los cuatro vientos la máxima de moda: «¡Presidente, indúlteme!». Porque lo suyo, con ser grave, lo es menos que robar sediciosamente la democracia a tus conciudadanos.
Un defraudador tendrá la misma tentación tras verse recluido en Soto del Real por estafar 3 millones con el IVA. «Estos robaron más dinero público que yo para perpetrar el 1-O y yo estoy en la trena y ellos en la calle. ¿Cómo se come esto?», pensará, instantes antes de dirigirse a su abogado para que ponga forma a una frase que empieza a tomar modos
y maneras de himno: «¡Presidente, indúlteme!». El mismo aserto sal-drá de la boca del matón de dis-coteca que pegó un puñetazo a un cliente con tan mala suerte que ca-yó y se desnucó al impactar sobre un bordillo.
Claro que por la infame regla de tres del impresentable presidente, y llevando la cuestión de la ven-ganza al paroxismo, también podrí-an exclamar «Presidente, indúlte-me» el repugnante asesino de Dia-na Quer, El Chicle; el condeDia-nado por la muerte de Marta del Castillo, Miguel Carcaño; ese psicópata que quitó la vida a sus hijas con una radial, David Oubel; el malnacido que mató a cañón tocante a Miguel Ángel Blanco, Txapote; o los autores del 11-M o de la matanza de La Rambla el 17-A de 2017. Servidor, que afortunadamente atesora unas coordenadas morales antagónicas a las de nuestro protagonista, sólo desea que estos hijos de perra se pudran en la cárcel. Y si palman tampoco perdemos mucho.
Y ya puestos, visto lo visto con esta diabólica cultura de la impunidad, cualquier ciudada-no experimentará la tentación de pegar un palo en el banco de la esquina para tapar los agujeros que está dejando la crisis provocada por el virus chino, ya que siempre nos quedará Sánchez para indultarnos. Yo, desde luego, aprovecho esta atalaya para rogarle al marido de la catedrática fake que me indulte de pagar la Renta el próximo miércoles. Tanto el arriba firmante, como millones de compatriotas, gozamos de mejores expedien-tes morales y legales que esos tejeritos catalanes que son más feos que Picio –otro indultado, por cierto, y no es broma– y no los seres superiores que nos vendían. ¿Es la fiscalidad un acto de venganza, señor presidente? Más allá de la chanza y la ironía, la moraleja es aterradora: esto se parece cada vez menos a una democracia y más a esa autocracia que es el camino de paso a una dictadura de facto. Que se lo digan a turcos y rusos. La ley en España es papel mojado, un elemento que emplea a su capricho el presidente menos votado desde 1977. De todo esto, que muchos toman a beneficio de inventario «porque al final no pasará nada», hablaremos largo y tendido el próximo do-mingo. Que no es ninguna broma.
(La Voz de Galicia)
odo el mundo conoce (quiero creer que incluso los más jóvenes) la historia de
Pe-dro y el lobo que nos contaban nuestros padres, con gran éxito de público, hasta
que caíamos vencidos por el sueño: Pedro era un pastor que para divertirse a costa de sus vecinos gritaba ¡Que viene el lobo! una y otra vez. Estos, generosos, acudían siempre a ayudarle a salvar a su rebaño. Pero un día que vino el lobo de verdad, los gritos de Pedro cayeron en el vacío, pues ya nadie prestó atención a la llamada de socorro del pastor. La moraleja es evidente: quien miente una y otra vez acaba perdiendo toda credibilidad y ya nadie le hace caso.
Antes de ayer pudo comprobarlo, para su humillación, otro Pedro, Sánchez por más se-ñas, cuando en el Congreso hizo una sonora promesa («El PSOE nunca jamás aceptará un referendo de autodeterminación»), que el presidente quiso formular con la misma solemnidad con que Escarlata O’Hara (in-superable Vivien Leigh) pronunció, erguida en la colina, y después de haber pasado mil penalidades, la frase más conmo-vedora de una película llena de emocio-nes: «¡Pongo a Dios por testigo de que ja-más volveré a pasar hambre!».
Sin embargo, lo que Sánchez pretendió convertir en un momento electrizante aca-bó convertido en un espectáculo bufo, en el que, desde todas las esquinas de la cá-mara se le tomó por el pito del sereno. El reproche de sus aliados nacionalistas y de sus adversarios constitucionalistas fue co-mún y golpeó al líder socialista como el martillo del herrero que cae una y otra vez sobre la pieza de metal colocada sobre el yunque: también dijo usted que nunca jamás concedería los indultos y ya se ve lo que vale su palabra. Al fin, como era obvio que iba a ocurrir antes o después, se hizo realidad la certeza proclamada por Abraham Lincoln hace más de dos centurias: que no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.
Los portavoces constitucionalistas se lo recordaron al presidente, acusándolo de estar maniobrando con los separatistas para urdir sabe Dios qué componenda, con el único objetivo de tener un aliado seguro, ERC, que le asegure la continuidad de la legislatura (por cierto: los que insisten en que tal apoyo no le hace ya falta a Sánchez desconocen por completo cómo funciona un sistema parlamentario de gobierno). Los separatistas hicieron lo propio para dejarle claro que, al igual que concedió los indultos, volverían a doblar la cerviz del presidente: «Denos tiempo», amenazó Rufián con su bravuconería habitual.
Tras la sesión flotaba en el ambiente aquella reflexión con que Carlos Marx abrió El 18
Brumario de Luis Bonaparte: «Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos
y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez como farsa». En nuestro caso ni el
T
hecho es grande ni mucho menos lo es el personaje: por eso nuestra farsa es ya sola-mente una astracanada. Un triste drama caído en manos de intérpretes de quinta divi-sión.
(Vozpópuli)
l Gobierno y sus socios están tramitando en el Congreso una reforma del Tribunal Constitucional que elimina las facultades ejecutivas que se le otorgaron al tribunal a partir de 2015 cuando se recuperó el recurso previo de inconstitucionalidad para los Estatutos de autonomía. Estas funciones fueron clave para impedir la sesión del Parla-ment del 9 de octubre de 2017 donde Carles Puigdemont iba a declarar la independencia unilateral así como para disolver la Sindicatura del referéndum electoral del 1 de octubre al imponerles multas si continuaban en el cargo.
Se trata de facultades que, en su momento, fueron avaladas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, cuando dio la razón en sendas sentencias al Constitucional tras la demanda presentada por la expresidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell, y otros 75 diputados independentistas, entre ellos el ex «president» Puigdemont. Estras-burgo consideró que era de «necesidad social imperiosa» anular el pleno porque había que «preservar el orden constitucional».
La justicia europea también tumbó el recurso presentado por un miembro de la Sindi-catura Electoral del 1-O por las multas impuestas por el Consti-tucional de 6.000 euros diarios al sostener que los argumentos es-taban «mal fundados». Y es que la actuación de los supuestos sín-dicos se ajustó al delito de usur-pación de funciones públicas al no tener competencias para ello. Estas dos resoluciones del Tribu-nal Europeo de Derechos Huma-nos son, hasta la fecha, las dos victorias más claras del Estado en instancias comunitarias. Poco an-tes de la votación ilegal, la Comisión de Venecia dictaminó que la votación no cumplía con los estándares democráticos y, en 2020, decidió adaptar su guía sobre referéndums para fijar que el uso de estos instrumentos debía ceñirse «al sistema legal en su conjunto».
Posteriormente, y en lo referido a los derechos de los diputados y eurodiputados electos, así como con las euroórdenes contra Carles Puigdemont y el resto de fugados de la jus-ticia española, los distintos tribunales de países europeos que han intervenido se han inclinado por garantizar el derecho de representación política de los afectados. En la mis-ma línea, el informe del Consejo de Europa exigiendo al Gobierno la liberación de los
E
políticos condenados por sedición se interpretó como otro varapalo político y judicial para el Estado.
Blindar los Parlamentos autonómicos
La reforma de la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional, a propuesta del PNV, ha pasa-do su primer trámite en el Congreso. Después de que la Cámara rechazara las enmiendas a la totalidad de PP y Vox, los partidos que conforman el Gobierno y sus socios externos han respaldado la iniciativa.
En su exposición de motivos, los jeltzales instan a resolver las cuestiones de carácter político a través del «diálogo y la negociación» y no a través de la judicialización. Res-paldan sus argumentos con un recordatorio del propio Tribunal Constitucional en algunos
de sus autos en las que esgri-mían, según el texto del PNV, que «la suya no es la sede donde han de resolverse las cuestiones relativas a la alte-ración de estatus jurídico al tratarse más bien de una cu-estión política cuya sede es política y su método el diálogo».
El PNV no niega que la eje-cución de las sentencias de in-constitucionalidad de una ley pueden «requerir de actuacio-nes normativas», pero en su reforma solicitan que estas «solo deben ser tomadas por los miembros del parlamento correspondiente, sin que puedan ser impuestas por el órgano constitucional al que se le atribuye la función de máxime intérprete de la Constitución, es decir, el Tribunal Constitucional».
«Choque de legitimidades»
En poco más de cinco años el PSOE ha pasado de apoyar la reintroducción del recurso previo de inconstitucionalidad –pactado con el PP– a ver con buenos ojos su eliminación. «La necesidad de mantener la alianza con ERC y el PNV ha motivado este cambio», explican fuentes parlamentarias a Vozpópuli.
Curiosamente, en la propuesta del PNV aceptada por los nacionalistas catalanes se pide que solo se controle la constitucionalidad de un Estatuto una vez sea refrendado por el pueblo. Esta nueva posición de ERC y Junts per Catalunya choca con la que mantenían tras la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la norma máxima catalana. Entonces consideraron que era una intromisión inaceptable y sin precedentes de la justicia a una decisión política apoyada en referéndum por los catalanes.
Este episodio, incluso, se considera el «agravio principal» que desencadenó el procés independentista. «Si con todo lo que ha pasado, ERC y Junts apoyan que el recurso de inconstitucionalidad sobre los Estatutos se presente tras ser refrendado por el pueblo es que buscan, otra vez, un choque de legitimidades. Volver a situar el procés en la casilla de salida», concluyen las fuentes parlamentarias.
(Periodista Digital)
A buenas horas mangas verdes!
Eso es lo que habrán pensado muchos de los diputados y senadores del Partido Popu-lar que en su momento recurrieron el nombramiento a dedo de Rosa María Mateo como administradora única y provisional de RTVE.
Prácticamente tres años después, en julio de 2021, el Tribunal Constitucional viene a darles la razón a los denunciantes.
Sin embargo, como le pasaba en un spot de seguros a Matías Prats, los magistrados llegan tarde porque la alta directiva objeto del recurso judicial hace meses que dejó su sillón en la radio y televisión públicas.
El fallo del Constitucional fue favorable a los recurrentes por el voto de calidad de su presidente, Juan José González Rivas, tras producirse un empate a cinco votos.
La sentencia señala con claridad que el artículo 86 de la Constitución española impide esta forma de nombramien-tos, mediante decreto ley, que afecten a un derecho fundamental como la parti-cipación ciudadana a través de los medios de comunica-ción, por lo que declara nulo el nombramiento de la perio-dista.
Rosa María Mateo fue elegida en julio de 2018, después de varias semanas de intentos del Gobierno de Pedro Sán-chez para desbloquear la si-tuación en RTVE.
Lo que iba a ser inicialmente un parche para intentar llegar a finales de 2018 con un nuevo presidente al frente de RTVE acabó por convertirse en una solución a largo plazo. Hasta 2021, con la llegada de José Manuel Pérez Tornero al cargo, Mateo ha dedicado su gestión a hundir en audiencia a TVE, a purgar a profesionales de talla y a fichar a palmeros como el periodista Jesús Cintora.
Las reacciones en redes sociales no se han hecho esperar.
Especialmente se critica la tardanza de la Justicia en emitir un fallo que parecía más que cantado y que cuando ha llegado ya no afecta frontalmente a Rosa María Mateo.
Juan Carlos Girauta se pregunta por tweet: «¿Cómo revocar ahora todas sus decisiones? ¿Cómo reparar los daños de su sectarismo?».
(Vozpópuli)
tra vez Rufián con el espejo de aumento. El presidente del Gobierno simula saber que con el independentismo no se juega. Después de escuchar a Aragonés, sin los aspavientos de Torra, hasta dónde van a llegar con el decidido propósito de la secesión, Sánchez le respondió en el Congreso negando la inconstitucional amnistía y el ilegal referéndum. ¿De repente al
presi-dente del Gobierno se le aparecieron los padres constitucionales en la tribuna de la Cámara Baja cuando recordó la mayoría cualificada necesaria e imprescindible para cambiar las reglas del juego? Rufián apun-taba en el escaño para soltar después las frases como sólo lo hace él, como guanta-zos de abajo arriba, directos al mentón. El portavoz de ERC conoce el juego. Sus 13 escaños mantienen al actual Gobierno. El precio se cobra cada día.
Se adorna Rufián cuando le recuerda al presidente, no lo que vale su palabra, sino lo que dura. Los indultos se han concedido en una legislatura iniciada con la ruptura de una promesa al pactar con Podemos a costa del descanso del noventa y cinco por ciento de los españoles. ¿No va a haber amnistía y referéndum en Cataluña? Sánchez dice solemne que no en ambos casos. Como señala César Calderón, «cómo deben ser las encuestas que manejan en la Moncloa». A Sánchez, le preocupa lo suyo.
El presidente del Gobierno sonó a elecciones. Ve al PP por delante echando raíces. Le incomoda como el picotazo de un mosquito de madrugada. Después de echarles de una patada con la censura, ahora resulta que los pronósticos auguran un final parecido a los resultados que Sánchez cosechó en 2015 y 2016, los dos peores de la historia del PSOE en la democracia del 78. Por eso se ha activado el modo electoral en el gabinete del presidente del Gobierno: hay que remontar como sea. Suena épico, pero en la sala de máquinas han detectado el inconveniente que supone la pérdida de credibilidad del pre-sidente pregonero del final del virus hace un año, capaz de quitarse el problema de enci-ma y soltárselo a las autonomías para acabar apuntándose la vacunación y una preenci-ma- prema-tura quita de las mascarillas. No hay más que salir a la calle. Hay muchos más tapabocas puestos que rostros al aire. No le creen.
Redondo, el gurú, practica la técnica sentimental para agitar al votante. Funciona siem-pre y cuando no se hayan interiorizado las razones del voto con independencia del tiempo que falte para depositarlo en la urna. Si un liderazgo pierde su crédito no hay emoción capaz de recuperarlo. Sánchez necesita llegar al final. El agotamiento de la legislatura se ha convertido en ese centímetro de playa que se conquista a cualquier precio.
La batalla interna del independentismo
Sánchez quiere que Casado le presente una moción de censura. Sería un regalo, un che-que al portador. Se nota en las sesiones de control che-que a Sánchez le gusta sobre todo hablar del PP como si la moción de censura del 1 de junio de 2018 no se hubiera acabado. Mala señal si a un Gobierno solo le queda jugar a la contra. No quiere ver el balón ni en pintura. Tanto el Gobierno de coalición como ERC, socio principal y de conveniencia, se
O
han dado un par de años. El partido del indultado Junqueras quiere ganar la batalla inter-na del independentismo en las municipales de mayo de 2023. Miel sobre hojuelas para Sánchez necesitado de meter tierra de por medio a la pandemia y la crisis del paro. Tiempo pactado para llegar a un referéndum, sí, a un referéndum sobre el autogobierno, es decir, el Estatuto de 2006 con todos los impuestos para Cataluña, como el País Vasco y Navarra, un Poder Judicial propio dependiente de la Generalitat y el control de las infraestructuras del Estado, incluyendo el aeropuerto del Prat, con el consiguiente con-flicto con los accionistas privados de AENA (49%) que verán su inversión amputada por una decisión arbitraria de la política.
Todos los contribuyentes acabaremos pagando la indemnización por la segregación del citado activo, el segundo de España. La independencia no se puede votar. Hasta Sánchez sabe el límite. Un centímetro antes se encuentra el vaciamiento de lo que queda del Estado en Cataluña. El hito reaparece en la negociación como una alternativa viable. Sánchez y Aragonés pactaron el silencio que Rufián rompió dejándose llevar por la cos-tumbre: todo necesita ser escenificado. Calvo e Iceta no han tardado ni veinticuatro ho-ras en dejar claro que una cosa es defender lo obvio, como hizo Sánchez en el Congreso, y otra lo que ya han decidido hacer sin que lo parezca.