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Hacia una lectura etnográfica de los diccionarios
FRANCISCO JAVIER PÉREZ Departamento de Humanidades Facultad de Ciencias y Artes. Universidad Metropolitana
La presente comunicación tiene por objetivo plantear la posibilidad de en-tender que los diccionarios, especialmente los de lengua, más allá de sus cualidades como instrumentos decodificadores del léxico, están marcando y aportando nociones que permiten reconstruir, a través de una lectura de los encubrimientos, informaciones de carácter sociológico, histórico, ideo-lógico y etnográfico muy determinantes para perfilar una visión del mundo. En este sentido, pretende ser esta investigación un paso adelante en el establecimiento de un nuevo acercamiento al estudio de las mentalidades en la visión de los textos lexicográficos.
Introducción
Desde sus orígenes, no muy fáciles de esclarecer, la lexicografía se esta-bleció como una disciplina técnica de elaboración de diccionarios y obras si-milares que tenían por finalidad inmediata explicar un grupo de unidades léxicas correspondientes a una lengua en particular, a una disciplina, o a un grupo humano específico. En este sentido, la lexicografía fue refinando sus meca-nismos descriptivos hasta niveles de sofisticación muy altos. Un artículo de un diccionario era entendido como un conjunto de informaciones semánticas, prag-máticas y metalingüística que ofrecían al usuario del diccionario las mayores posibilidades de entender la significación, referencialidad y formas de uso de las palabras. Asimismo, aunque en una dimensión menor, el diccionario unilingüe podía servir para satisfacer un proceso inverso de encodificación, es decir, servir de herramienta en la producción de textos en la lengua respecti-va.
Sin embargo, aun sin sospecharlo o planteárselo abiertamente los lexicógrafos, los diccionarios estaban abriendo las puertas para alcanzar otro tipo de informaciones. Todo trabajo de producción lingüística está suponiendo la combinación, amalgama y mixtura de un numeroso cúmulo de valores semánticos que subyacen en los procedimientos de escrituras y en la afectividades que todo texto evidencia. Por debajo de lo que las palabras di-cen, viven otras posibilidades discursivas que, en ocasiones, resultan más trascendentes que los discursos patentes o superficiales. En otras palabras, así como otras modalidades discursivas ideologizadas, textos literarios o de
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historia, textos políticos o ideológicos per se, también podían leerse en los diccionarios los complicados entramados afectivos e ideológicos de un no cuantificable grupo de discursos que el texto diccionariológico reunía.
Esta visión permite una lectura etnográfica de los diccionarios. Se trata de un modo particular de comprender el valor que los diccionarios, a este respec-to visrespec-tos como objerespec-tos culturales fuertemente semántizados con in-tencionalidades ideológicas, tienen como producciones que nos hablan de la cultura de las sociedades y de sus mentalidades. Aquí el término etnografía conceptualiza y hermana los aportes que pueden ofrecernos la sociología, la historia, la antropología y, entre otras, la estética como imagen de aquello que define a los pueblos.
De esta forma, cobra sentido estudiar en los diccionarios los procedimien-tos descriptivos no sólo para privilegiar la pericia del redactor sino para obser-varlos como acercamientos epistemológicos: visiones del mundo, reflejo de las mentalidades, propuestas ideológicas, estructuras sociológicas o filosófi-cas, captación de la historia, palpitaciones espirituales, rencores y afectividades, y, en suma, el tono de la vida que el diccionario, sin saberlo, había impreso en sus observaciones pormenorizadas de las cosas. Por otra parte, además de los mecanismos de definición, interesa a estos efectos preguntarse por el por-qué de la configuración del corpus del diccionario, o lo que es igual, por-qué uni-dades define o considera para su definición y qué uniuni-dades silencia.
Materiales y métodos
Después de una contextualización de la problemática, en donde los apo-yos van desde la propia reflexión de los lexicógrafos hasta los primeros acercamientos al estudio de los discursos por parte de los sociólogos e histo-riadores de las mentalidades, cabe preguntarse por el cómo puede entender-se la visión particular del mundo que subyace en los diccionarios, recordando la pulcritud y el rigor de sus concepciones y métodos.
La respuesta a este planteamiento supone la consideración de dos pasos de un proceso que atañe a igual número de niveles de consideración técnica y de organización del trabajo lexicográfico. Se trata, en un primer momento, de hacer restricciones en el nivel macroestructural de la obra que es el que impri-me una organización al corpus y establece una selección del material a ser descrito. Siempre esa selección conlleva unos criterios científicos y unos crite-rios ideológicos, un peso afectivo y un fuerte ingrediente ideolectal de los crea-dores, investigadores y redactores del trabajo. En este sentido, son significati-
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vas tanto las presencias como las ausencias y, estas últimas, no deben siem-pre ser intersiem-pretadas como carencias de la recolección o imperfección de los métodos documentales o de campo. Es lo que en un ámbito de estudio dife-rente, Pierre Macherey plantea en relación con los textos literarios con la for-mulación de la antinomia decir/no decir "Lo que dice el libro viene de cierto silencio; su aparición implica la presencia de un no dicho, materia a la que da forma, o fondo sobre el cual toma figura. De este modo, el libro no se basta a sí mismo: necesariamente lo acompaña una cierta ausencia, sin la cual no sería. Conocer el libro implica que esta ausencia también sea tenida en cuen-ta" (Macherey 1974: 86).El segundo paso implicaría aspectos más sutiles que se relacionan con los mecanismos de descripción y con la concepción microestructural del diccio-nario. En este caso, la definición de las unidades léxicas y la marcación estilís-tica que se haga de ellas reflejará una particular forma de entender la realidad referencializada en los signos y una casi individual manera de acotar los con-textos de uso en los que esos signos se ponen a prueba. En el sistema de marcación utilizado en un diccionario juega un papel esencial el criterio de la presencia o ausencia de la marca. Así, al no marcarse una unidad se le da cabida dentro de la norma general. La marca, en cambio, limita y restringe las posibilidades de su uso (Beaujot 1989: 81). Presencia y ausencia de marca, nuevamente, están indicando una interpretación ideologizada del material léxico motivo de la descripción diccionariológica por parte de los ejecutores de la obra.
Relacionados con estos dos pasos que indican la mediatización ideo-logizada, y en ocasiones hasta manipulada, de los procesos de selección y de descripción utilizados para la elaboración de los diccionarios viene a ser factor muy básico la capacidad que tiene el diccionario para legitimar vocablos por esa necesidad de los usuarios de aferrarse a la letra escrita. Así, las voces y expresiones incluidas en un diccionario de uso adquieren una carta de ciuda-danía y se sacralizan al ser registradas. El diccionario aparece siempre como la autoridad legitimadora (Beaujot 1989: 85).
El otro factor es, no tanto en torno a la selección sino a la descripción, el desequilibrio entre los criterios ideolectales y sociolectales en la elaboración del texto. El diccionario debe y tiene, a la fuerza, que describir los usos gene-rales y sociales de las unidades y nunca los usos ideolectales o individuales de los redactores del trabajo. Sin embargo, todo redactor de un diccionario aprovecha su conocimiento del léxico más allá de las documentaciones y esto supone, inevitablemente, y en unos casos más que en otros, interpretaciones
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personales que condicionan la información que la obra presenta como gene-ral.
El caso más claro de mediatización de la información que procesan los redactores de un diccionario lo tenemos en las voces y expresiones tabuizadas.
Se entiende por tales aquéllas que tienen un uso restringido en determinados contextos comunicativos. Usualmente se trata de unidades léxicas que hacen referencia al sexo, a las funciones metabólicas del organismo, a la muerte y a peculiaridades raciales, entre otras.
A continuación estudiaremos cómo se describen unidades de uso restrin-gido en los dos diccionarios modernos y de publicación reciente sobre el habla de Venezuela: el Diccionario de venezolanismos (1993), coordinado por María Josefina Tejera y que publicó en su versión integral la Academia Venezolana de la Lengua y la Universidad Central de Venezuela; y el Diccionario del habla actual de Venezuela (1994) de Rocío Núñez y Francisco Javier Pérez publica-do por la Universidad Católica Andrés Bello.
Análisis
Los diccionarios modernos elaborados sobre el habla de Venezuela, so-bre la base de la experiencia de la lexicografía general, han intentado norma-lizar las definiciones de voces tabuizadas que se refieren a órganos sexuales, evitando, en lo posible, las barreras morales que pesan sobre estas unidades.
A este respecto se impone estudiar en primer lugar los nombres comunes de los órganos sexuales: cuca y huevo'. El Diccionario de venezolanismos
(Dive) en su edición de 1983 la define como segunda acepción, marcada vul-gar y para la región central y oriental del país, así: "Genital femenino". El Dic-cionario del habla actual de Venezuela (Dhav), en cambio, la coloca en último lugar dentro del artículo, marcándola como de uso restringido y sin marca regional, acotando el matiz sexual de la realidad designada: "Organo sexual femenino".
Aunque los dos procedimientos no evidencian mayores diferencias es ne-cesario captar las implicaciones semánticas en la escogencia de los términos
Hemos seleccionado estas dos unidades léxicas por constituirse en los marcadores más extremos y evidentes del carácter restrictivo que pesa, en el habla del país, sobre unidades que se refieren al campo semántico del sexo. Los lexicógrafos han visto reflejados en este tipo de unidades los rasgos más patentes de ideologías y modos de pensamiento en las sociedades.
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genital y sexual en las definiciones presentadas 2 . Están cada una de ellas
haciendo referencia a funciones orgánicas distintas y, en este sentido, se crea una confusión en el verdadero sentido de la unidad tabuizada. La carga de restricción que comporta la unidad viene dada más por su connotación de índole sexual que por su alusión a una función genital. De esta forma, vemos cómo el empleo eufemístico de genital por sexual es un indicio de mediatiza-ción moralizante o ideologizada que interviene en el proceso de descripmediatiza-ción.
Más curioso todavía es el segundo ejemplo que presentamos: la unidad léxica huevo. El Dive, en la edición de 1983, no la consigna y este silencio,
como hemos visto a partir de Macherey, es notablemente significativo. A con-secuencia de algunas críticas (Pérez Hernández 1989: 9), aparece en la edi-ción de 1993 definida como: "Pene". Por su parte el Dhav, no mantiene el criterio puesto a prueba en la definición de la unidad equivalente para el sexo femenino, sino que, en una suerte de ultracorrección ideologizada, lo define como: "Organo genital masculino".
Sería pueril pensar sólo en una falta de sistema en trabajos tan serios y bien fundamentados y no en la carga ideológico-moral que pesa en el proceso de explicación de voces como éstas. Por otra parte, y sin ánimo de esbozar aquí un argumento sexista, creo que un factor determinante en los casos de las definiciones de los términos tabuizados en los trabajos que estudiamos se debe a que la concepción de los proyectos, estandarización metodológica y responsabilidad definitiva de ambas obras recayó en investigadores de sexo femenino y de formación, trayectoria e intereses socio-culturales similares.
En definitiva, creo que el Diccionario del habla actual de Venezuela, sobre la base de las experiencias lexicográficas anteriores, especialmente la del Dic-cionario de venezolanismos, ha mostrado las posibilidades de la aplicación de
un método riguroso, que sin embargo no excluye lagunas y deslices, como tendencia moderna hacia la sistematización del trabajo del lexicógrafo. Sin duda, sólo un intento que debe ser perfeccionado sobre la idea de que todo diccionario comporta una visión del mundo difícil de evadir, a pesar de todos los esfuerzos técnicos de elaboración, e imposible de conciliarla con ellos.
2 Debe recalcarse que la fluctuación en el empleo de estos sintagmas orienta la decodificación de la unidad léxica, más allá de las precisiones y diferencias de concepto que cada una de ellas implica, hacia las sutiles fronteras entre la objetividad y los afectos, tanto en el uso de la lengua como en la descripción que de ella el diccionario propone.
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Conclusiones
Queda a la vista, pues, cómo en todos los campos léxico-semánticos que abarca el corpus del diccionario están entrando en juego factores ideológico-culturales, educativo-morales, político-sociales y, en definitiva, está siendo determinante una visión del mundo, racional y afectiva, que define la naturale-za cultural del diccionario y lo privilegia como objeto cultural: símbolo y repre-sentación de una sociedad, a la que explica al explicar las palabras de sus realidades y de la que será, una vez elaborado, su propia imagen. El dicciona-rio es así un reflejo de la vida social y un espejo de la cultura, tan lícito e ilícito como cualquier otro producto cultural : una catedral, una ópera, una novela, un utensilio cotidiano, un invento tecnológico, una obra de arte, un grupo de música, entre tantos otros.
Jean Dubois y sus colaboradores en el Diccionario de lingüística han defi-nido al diccionario como "un objeto cultural que presenta el léxico de una (o varias) lengua bajo forma alfabética, dando de cada término un cierto número de informaciones" (Dubois et alii 1979 : 194). Asimismo, se señala la necesi-dad que los lingüistas modernos han visto de hacer más rigurosos los méto-dos de descripción y de eliminar ciertos prejuicios que la condicionan y mediatizan: "los lingüistas contemporáneos intentan, al suprimir prejuicios (creencia de una superioridad de lo antiguo, creencia en la existencia de una lengua mejor en términos absolutos), adaptar sus descripciones lingüísticas a los métodos de descripción propiamente lingüísticos" (Dubois et alii 1979: 195).
La descripción léxica y sus mecanismos tienen, entonces, que dirigirse, más allá de lo que puede ser inmotivado o imposible de evitar como personalización en el trabajo lexicográfico, hacia una objetivación de las eta-pas de elaboración diccionariológica (selección y organización del corpus) y de los procedimientos de explicación, que deberán ser unívocos en cuanto a definición y representativos a novel social de las hablas motivadoras de la descripción.
La idea del diccionario como objeto cultural, idea que podría entenderse, desde una perspectiva muy dogmática en el uso de los métodos científicos, como una imperfección del trabajo lexicográfico aporta, ahora, grandes posi-bilidades de valoración de los diccionarios de lengua y de uso. No sólo instru-mento auxiliares en la búsqueda y referencialización del conocimiento, sino reflejo muy vivo de la etnografía, sociología e historia de los hombres a través de su lengua.
"Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo, sólo que-dan palabras", se lee en un texto de Borges. "Palabras, palabras desplazadas
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y mutiladas, palabras de otros, fue la pobre limosna que le dejaron las horas y los siglos", concluye.
El diccionario es, gracias a esto, el depositario de las obras de los hom-bres y del tiempo, que terminan siempre siendo palabras. Archivo y memoria, el diccionario, como objeto cultural que es, permite conocer la vida de los pueblos y dejar constancia de su peculiar recorrido por el tiempo.
Referencias Bibliográficas
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de la Universidad MetropolitanaTEJERA, María Josefina (Dir.). 1993. Diccionario de venezolanismos. Cara-cas: Universidad Central de Venezuela/Academia Venezolana de la Lengua/ Fun-dación Edmundo y Hilde Schhoegass.