• No se han encontrado resultados

Tecnicas de Oratoria

N/A
N/A
Protected

Academic year: 2021

Share "Tecnicas de Oratoria"

Copied!
194
0
0

Texto completo

(1)

TÉCNICAS

de Oratoria

(2)

TEMARIO

PRÓLOGO DEL AUTOR

La importancia de hablar bien.

ORIGEN DE LA LENGUA CASTELLANA

De la gramática de Elio Antonio de Nebrija (Siglo XV)

1.- INTRODUCCIÓN A LA ORATORIA

A.- Importancia del lenguaje

B.- La comunicación oral

C.- Formas de expresión oral

D.- El poder de la palabra

2.-TÉCNICAS BÁSICAS DE LA ORATORIA

A.- Vocabulario

B.- Ritmo del lenguaje

C.- Modulación

3.-TÉCNICAS BÁSICAS DEL DESARROLLO DE LA AGILIDAD VERBAL

A.- El uso de la imaginación

B.- La construcción del cuadro mental

C.- El lenguaje de las piedras

D.- La voz de la historia

E.- El rumor de la naturaleza

F- El grito del universo

4.- LA INTERRELACIÓN DE LAS IDEAS

A.- Uso del archivo mental

B.- Técnicas de enlace de las ideas

(3)

5.- ORATORIA I

A.- Técnicas del discurso escrito y su lectura

B.- Interpretación de un discurso escrito

C.- Mirar sin ver D.- Uso de las pausas

E.- Captación de la empatía de un auditorio

6.- ORATORIA II

A.- Técnicas para improvisar

B.- El uso práctico del cuadro mental

C.- Los diferentes tipos de auditores

D.- El auditorio cautivo

7.- ORATORIA III

A.- El discurso imprevisto

B.- El discurso expositivo

C.- El discurso protocolar

D.- El discurso exaltado

8.- ORATORIA IV

A.- La expresión corporal

B.- El lenguaje de las manos

C.- El lenguaje de la mirada

D.- El lenguaje del silencio

E.- La fuerza de la palabra

9.- ORATORIA IV (SEGUNDA PARTE) SELECCIÓN DE DISCURSOS

A.- Discurso de consagración de Gettysburg - Lincoln

B.- El sermón del monte - Jesús

C.- Madre América - Martí

(4)

E.- Bruto habla a los romanos - Shakespeare

F. - Marco Antonio, oración fúnebre - Shakespeare

G.- Enrique Molina Garmendia, el hombre y el educador

- A. Pino

10.- EJERCICIOS PRÁCTICOS

A.- Ejercicios de imaginación

B.- Preparación de esquema de un discurso C.- Ejercicio de agilidad mental

D.- Ejercicio para hablar sin texto E.- Práctica a través de situaciones

ALEJANDRO PINO URIBE

R.C.P. No

3.600.-Registro Conservador de propiedad intelectual No 102.885 Fjs. 96.736

(5)

PRÓLOGO

La importancia de hablar bien

Recuerdo una conferencia que me pidieron para un encuentro de orientadores educacionales, venidos desde diferentes regiones de Chile, realizado por la Facultad de Educación de la Universidad de La Serena.

En esa oportunidad, expresé mi preocupación por la forma que en nuestro país evaluamos los conocimientos y las habilidades de los estudiantes. Dije que la inteligencia desde el punto de vista docente se medía en notas de 1 a 7, disposición-reglamento que sigue siendo dominante en la mayoría de los niveles educacionales del país.

Por años, no hemos sido capaces de encontrar algunas formas alternativas que, complementando la nota de la interrogación, prueba o examen, hagan aflorar el “talento”, que perdemos a manos llenas.

No sabemos medir el talento y tampoco lo buscamos.

Nos extrañamos cuando vemos que hacen grandes fortunas y organizan empresas; hombres y mujeres que, en términos académicos, son menos que nada, o cuyas notas fueron pésimas en su época de estudiantes.

Algunos no han terminado la educación básica, en tanto que otros, ni siquiera han pensado en ingresar a una universidad y, sin embargo, son exitosos en la vida más allá de muchos que han sido excelentes alumnos y brillantes en términos académicos, pero sin poder encumbrarse en la parte visible de la sociedad, donde se pueden ver a los que de verdad se destacan.

(6)

Hay alumnos estudiosos y a la vez talentosos, que tienen gran éxito en la vida, como también los hay aquéllos que no podrían lucir sus notas ante nadie, pero igual se han destacado.

El talento ¿dónde está?; ¿en las notas que sacamos en el colegio o en la universidad y en los grados académicos que podemos alcanzar?, ¿o en una mezcla de habilidades particulares que la Educación no ha sabido vislumbrar a tiempo para potenciarlas aún más?

En lo personal, creo que los talentos de nuestros jóvenes y adultos, generalmente, están dormidos y no tenemos una metodología clara para hacerlos “aflorar” a la superficie, en una sociedad que mide su cultura por la cantidad de conocimientos que se pueden guardar en la mente, y en las notas con las cuales muy subjetivamente han sido evaluados por los demás. Todavía enseñamos contenidos que nunca se van a utilizar y que bien se podrían aprender extra curricularmente.

Nos empeñamos en profundizar y ponerle nota a conocimientos geográficos relativos a límites de países, en un mundo donde las fronteras están cambiando constantemente y, lo que es más importante, borrándose por el efecto de la integración económica. Sabemos más de las Guerras Púnicas que lo que ocurre todos los días en nuestro país, en el continente y en el mundo.

Vivimos una época en que la velocidad del cambio requiere de una mayor capacidad de reacción. De un adiestramiento ante a los desafíos de una integración global y no parcial. Frente a todo esto, están los futuros hombres del siglo XXI, a quienes atiborramos de conocimientos menos de uno, el más importante y que no es otro que el de saber demostrar cuáles son sus talentos. Estos vienen con nosotros. Es bueno

(7)

reconocerlo definitivamente.

Los que son creyentes debieran recordar la parábola de Jesús sobre los talentos. Es un derecho bíblico que toda mujer u hombre puede reclamar, pero que no siempre puede demostrarlo. Mi experiencia como periodista, profesor universitario y gerente de empresas, me ha enseñado que hay personas que ejercen oficios muy sencillos y que, sin embargo, poseen ideas e inquietudes que podríamos calificar fácilmente de brillantes y hasta casi geniales, pero que presentan una gran limitación; no saben cómo expresarlas. Están encerrados en su mundo lleno de ideas, pero falto de palabras.

La limitación verbal es el drama de toda sociedad emergente como la nuestra. Contamos con la fuerza y capacidad, sin embargo, carecemos de las palabras adecuadas para elaborar el mensaje.

Graduamos a profesores, pero no les enseñamos técnicas de comunicación verbal, que les serán fundamentales al momento de traspasar los conocimientos.

Uno de los aspectos más importantes de la última Reforma Educacional, según mi modesto juicio, es que destaca la comunicación verbal; la habilidad de entregar un mensaje claro y coherente, que permita expresar de mejor manera nuestras ideas.

Tenemos que ser capaces de enseñar a los jóvenes a enfrentar la vida; que no balbuceen cuando manifiesten sus verdades. Mostrar sus visiones, describir caminos nuevos, originales y creativos.

(8)

hablar y expresa sus ideas de manera clara, convincente y empática, inmediatamente se le califica como una persona inteligente. No sabemos cómo fueron sus notas en el colegio. Lo que hoy evaluamos es un talento comunicacional; no le estamos poniendo nota a lo que aprendió en el colegio, sino a lo que dice.

La sabiduría se conforma de experiencias y conocimientos. Podemos aproximarnos a ella cuando sabemos expresar las ideas que son personales, o fruto de nuestras propias ocurrencias. La importancia de saber expresarse bien, sin vacilaciones y con un amplio despliegue de recursos descriptivos, está reflejada en un hecho en el cual poco se medita. Cuando pensamos, nuestro proceso mental provoca una asociación de ideas, con imágenes. Eso es imposible de evitar.

Mucho del talento está allí: en la imaginación exuberante y en las ocurrencias.

Las ideas nos quedan claras, pero la tarea difícil es extraer esas imágenes que muestran creatividad y transformarlas en palabras que sean un fiel reflejo de lo que nuestra mente ha sido capaz de construir.

La mente es tan poderosa que cuando pensamos en algo construimos de inmediato una imagen. Por ejemplo, si en este mismo momento usted piensa tomarse una taza de café humeante, en su cerebro automáticamente se le aparece una taza de café, incluso con la sensación de su aroma. Además, su taza de café puede ser diferente a la mía si ambos pensamos lo mismo. Sin embargo, no se le escribe en ninguna parte la expresión: “Quiero una taza de café”.

(9)

Ahora, si a ambos se nos pide que describamos nuestra taza de café, allí estará la diferencia; quien domine mejor el arte de la comunicación oral o escrita podrá describir con mayor cantidad de detalles ese pensamiento o idea.

Y así vamos por la vida, con el cerebro lleno de ideas, pero poco entrenado para comunicarlas a los demás, para convencerles que son buenas.

Por ello, sigo pensando que el talento aflora con mucha facilidad cuando dominamos técnicas de expresión y de comunicación con la sociedad, de manera colectiva e individual.

Hablar claro y hablar bien es la tarea de la Oratoria. Constituye un arte si la practicamos sobre la base de principios éticos y de un perfeccionamiento constante. La Oratoria muestra los conocimientos, las ideas, pero también es una ventana para observar el alma.

Las palabras, cuando construimos nuestros discursos, van ampliando las posibilidades de desarrollo de la mente, basándose en la imaginación como un claro afluente de la creatividad.

La vida real, en la que todos tenemos un espacio, es un lugar donde el que vende bien sus ideas y convence, posee buenos y claros argumentos; avanza un gran tramo del camino al triunfo ya construido.

Observemos a nuestros semejantes que reflejan su falta de adiestramiento verbal nutriéndose de muletillas, repetidas sin cesar, reemplazando palabras con gestos y no con frases. El divorcio comunicativo nos produce problemas en el trabajo, porque muchos se limitan a dar órdenes y no ha explicarlas. Ser

(10)

convincentes y claros al enseñar a trabajar, para que se cumpla adecuadamente lo que se espera de un trabajador, ayuda a mejorar la calidad del desempeño laboral. A propósito, cuántas veces hemos escuchado a un trabajador quejarse: “Mi jefe me dice lo que quiere, pero no cómo lo quiere”. E incluso, faltan las palabras cuando somos incapaces de motivar a nuestros propios hijos o de alentarnos mutuamente para emprender las tareas difíciles.

Este manual es, en parte importante, el fruto de mis experiencias personales, puesto que el dominio de una buena comunicación verbal me ha traído muchas satisfacciones. Me ha permitido convencer, con un buen uso de las palabras, sobre algunas ideas personales. Con creatividad, producto de un proceso mental adiestrado para emplear la imaginación, he completado un ciclo de buena comunicación en mi mundo profesional y personal.

A mis alumnos de Oratoria, les he mostrado una piedra y he pedido que me digan qué es lo que están observando. Siempre, irremediablemente, en un alto porcentaje me responden: “Es una piedra”. Allí está el primer error básico de una educación que nos enseña a ser pragmáticos y absolutamente apegados a lo que se nos enseña.

La Oratoria nos permite explorar más allá del límite del conocimiento programado y adentrarnos en nuestros sentimientos más personales; transformarles en frases y oraciones para compartirlos con quién quiera escucharnos. Si se hacen los ejercicios que recomiendo en este texto y con persistencia en su práctica, tenga la seguridad que obtendrá el beneficio de mejorar su comunicación y que será capaz de enfrentar desafíos mayores, sin complejos ni temores.

(11)

HISTORIA DE LA LENGUA CASTELLANA

Durante un trabajo de investigación realizado en España, especialmente en la Biblioteca Nacional de ese país, de la cual poseo el carné de investigador, me encontré con un ejemplar de Gramática de la Lengua Castellana, de Elio Antonio de Nebrija (1444 - 1522). Este documento fue escrito en el siglo XV y es el primer manual de la Gramática Castellana que se conoce. Elio Antonio de Nebrija se lo dedicó a la Reina Isabel I de Castilla, más conocida como la Católica, consorte de Fernando de Aragón.

El texto escrito originalmente en castellano antiguo, abarca 5 libros y un total de 55 capítulos. De ese volumen, hemos rescatado los 3 primeros capítulos del libro I y llevado al castellano actual para una comprensión más fácil.

Hemos mantenido la puntuación original y la estructura de las frases, para que no perdieran el encanto de la redacción de esos tiempos; de hace más de quinientos años.

Lo importante (para los efectos de nuestro texto) de la gramática de Nebrija, es el estudio que hace del origen de nuestra lengua y las sabias conclusiones históricas en la que basa sus planteamientos.

Todo estudioso de la Oratoria debe conocer los orígenes de la lengua en la cual se expresa. De manera especial, la riqueza simbólica que encierra el idioma, decantado por los siglos de uso y su interacción con otros pueblos aportantes de frases, palabras y estilos, que hoy nos permiten construir las nuevas imágenes de la palabra; un arte que es la palabra, como la paleta de colores lo es al pintor.

(12)

Al incluir este texto gramatical en su parte histórica, no podemos dejar de mencionar algunas evoluciones de nuestro idioma en relación con el original de Elio de Nebrija.

Veamos algunas curiosidades: el uso de la y, en la forma que hoy la conocemos, era reemplazado por una forma más latina

-et-. Una frase como “y ellos dijeron” se escribía “et ellos dixeron”. Otra forma de empleo de la y era reemplazarla por

la vocal “e”: si se quería escribir “y aún espero”, en castellano antiguo se escribía “e aún espero”. La “x” se utilizaba en vez de la “j” y, en ocasiones, reemplazando la “c”.

Otras palabras curiosas hoy nos parecerían faltas ortográficas, como por ejemplo: “dezir” = decir, “nos otros” = nosotros,

“bolver” = volver, “lo poder” = poderlo, “mesmo” = mismo, “istórica = histórica, cuia = cuya, “semejança” = semejanza, “avemos” = hemos, sciencia = ciencia, “escrivir” = escribir.

La letra “z” era reemplazada por ç. Por ejemplo: “fuerça” =

fuerza. Otras palabras se escribían: “an” = han, “abaxar” = abarcar, “maior” = mayor, “bozes” = voces, “absentes” = ausentes, “dubda” = duda, “quasi” = casi, “reies” = reyes.

Por ello, les invitamos a conocer la historia de nuestro idioma y cómo, saltando de un continente a otro, llega con los primeros conquistadores a esta América nuestra.

En esta lengua castellana se han expresado con singular acierto Neruda y Gabriela Mistral.

(13)

Gramática de la Lengua Castellana Elio Antonio de Nebrija

Prólogo

A la muy alta y así esclarecida princesa doña Isabel, la tercera de este nombre, Reina y señora natural de España y las Islas de nuestro mar. Comienza la gramática que nuevamente hizo el maestro Antonio de Nebrixa sobre la lengua castellana. Y pone primero el prólogo. Léelo en buena hora.

Cuando bien conmigo pienso, muy esclarecida Reina, y pongo delante de los ojos la antigüedad de todas las cosas que para nuestra recordación y memoria quedaron escritas, una cosa encuentro y saco por conclusión muy cierta: que siempre la lengua fue compañera del imperio; y de tal manera lo siguió, que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron, y después junta fue la caída de ambos. Y dejadas ahora las cosas muy antiguas de que apenas tenemos una imagen y sombra de la verdad, cuales son la de los asirios, indios, sicionios y egipcios, en los cuales se podría muy bien probar lo que digo, vengo a las más frescas, y aquellas especialmente de que tenemos mayor certidumbre, y primero a las de los judíos. Cosa es que muy ligeramente se puede averiguar que la lengua hebraica tuvo su niñez en la cual apenas pudo hablar. Y llamo yo ahora su primera niñez todo aquel tiempo que los judíos estuvieron en tierra de Egipto. Por que es cosa verdadera o muy cerca de la verdad, que los patriarcas hablarían en aquella lengua que trajo Abraham de tierra de los caldeos, hasta que descendieron en Egipto, y que allí perderían algo de aquélla y mezclarían algo de la egipcia. Mas después que salieron de Egipto y comenzaron a hacer por sí mismo cuerpo de gente, poco a poco apartarían su lengua, cogida, cuanto yo pienso, de la lengua latina, hasta que vino al estado en que la recibimos de nuestros padres, cierto tal que cotejada con la de aquellos tiempos, poco más

(14)

tiene que hacer con ella que con la arábiga. Lo que dijimos de la lengua hebraica, griega y latina, podemos mucho más claramente mostrar en la castellana: que tuvo su niñez en el tiempo de los jueces y reyes de Castilla y de León, y comenzó a mostrar sus fuerzas en tiempo del muy esclarecido y digno de toda la eternidad el Rey don Alfonso el Sabio, por cuyo mandato se escribieron las Siete Partidas, la General Historia, y fueron trasladados muchos libros de latín y arábigo en nuestra lengua castellana; la cual se extendió después hasta Aragón y Navarra, y de allí a Italia, siguiendo la compañía de los infantes que enviamos a imperar en aquellos reinos. Y así creció hasta la monarquía y paz de que gozamos, primeramente por la bondad y providencia divina; después, por la industria, trabajo y diligencia de vuestra real Majestad; en la fortuna y buena dicha de la cual, los miembros y pedazos de España, que estaban por muchas partes derramados, se redujeron y juntaron en un cuerpo y unidad de Reino, la forma y trabazón del cual, así está ordenada, que muchos siglos, injuria y tiempos no la podrán romper ni desatar. Así que, después de repurgada la cristiana religión, por la cual somos amigos de Dios, o reconciliados con Él; después de los enemigos de nuestra fe vencidos por guerra y fuerza de armas, de donde los nuestros recibían tantos daños y temían mucho mayores; después de la justicia y ejecución de las leyes que nos juntan y hacen vivir igualmente en esta gran compañía, que llamamos reino y república de Castilla; no queda ya otra cosa sino que florezcan las artes de la paz. Entre las primeras, es aquélla que nos enseña la lengua, la cual nos aparta de todos los otros animales y es propia del hombre, y en orden, la primera después de la contemplación, que es oficio propio del entendimiento. Ésta hasta nuestra edad anduvo suelta y fuera de regla, y a esta causa ha recibido en pocos siglos muchas mudanzas; porque si la queremos cotejar con la de hoy a quinientos años, hallaremos tanta diferencia y diversidad cuanta puede ser mayor entre 2 lenguas. Y porque mi pensamiento y gana siempre fue engrandecer las

(15)

cosas de nuestra nación, y dar a los hombres de mi lengua obras en que mejor puedan emplear su ocio, que agora lo gastan leyendo novelas o historias envueltas en mil mentiras y errores, acordé ante todas las otras cosas reducir en artificio este nuestro lenguaje castellano, para que lo que ahora y de aquí en adelante en el se escribiere pueda quedar en un tenor, y extenderse en toda la duración de los tiempos que están por venir, como vemos que se ha hecho en la lengua griega y latina, las cuales por haber estado debajo de arte, aunque sobre ellas han pasado muchos siglos, todavía quedan en una uniformidad.

Porque si otro tanto en nuestra lengua no se hace como en aquéllas, en vano vuestros cronistas e historiadores escriben y encomiendan a la inmortalidad la memoria de vuestros loables hechos, y nosotros tentamos de pasar en castellano las cosas peregrinas y extrañas, pues que este no puede ser sino negocio de pocos años. Y será necesaria una de dos cosas: o que la memoria de vuestras hazañas perezca con la lengua; o que ande peregrinando por las naciones extranjeras, pues que no tiene propia casa en que pueda morar. En la zanja de la cual yo quise echar la primera piedra, y hacer en nuestra lengua lo que zenodoto hizo en la griega y Grates en la latina; los cuales aunque fueron vencidos de los que después de ellos escribieron, a lo menos fue aquella su gloria, y será nuestra, que fuimos los primeros inventores de obra tan necesaria. Lo cual hicimos en el tiempo más oportuno que nunca fue hasta aquí, por estar ya nuestra lengua tanto en la cumbre, que más se puede temer el descendimiento de ella que esperar la subida. Y seguirse a otro no menor provecho que a este a los hombres de nuestra lengua que querrán estudiar la gramática del latín; porque después que sintieren bien el arte del castellano, lo cual no será muy difícil, por que es sobre la lengua que ya ellos sienten, cuando pasaren al latín no habrá cosa tan oscura que no se les haga muy ligera mayormente entreviendo aquel

(16)

Arte de la Gramática que me mandó hacer vuestra Alteza, contraponiendo línea por línea el romance al latín; por la cual forma de enseñar no sería maravilla saber la gramática latina, no digo yo en pocos meses, más aún en pocos días, y mucho mejor que hasta aquí se desprendía en muchos años. El tercer provecho de este mi trabajo puede ser aquel que, cuando en Salamanca di la muestra de esta obra a vuestra real Majestad, y me preguntó que para qué podía aprovechar, el muy reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta; y, respondiendo por mí, dijo que después que vuestra Alteza metiese debajo de su yugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos tenían necesidad de recibir las leyes que el vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces, por este mi Arte, podrían venir en el conocimiento de ella, como ahora nosotros dependemos del arte de la gramática latina para depender del latín. Y cierto así es que no solamente los enemigos de nuestra fe, que tienen la necesidad de saber el lenguaje castellano, más los vizcaínos, navarros, franceses, italianos, y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España y necesidad de nuestra lengua, si no vienen desde niños a depender por uso, podrán enterarse por esta mi obra. La cual, con aquella vergüenza, acatamiento y temor, quise dedicar a vuestra real Majestad, que Marco Varrón intituló a Marco Tulio sus Orígenes de la Lengua Latina; que Grilo intituló a Publio Virgilio poeta, sus libros del Acento; que Dámaso papa a San Jerónimo; que Paulo Orosio a San Agustín sus Libros de Historias; que otros muchos autores, los cuales enderezaron sus trabajos y velas a personas muy ilustradas en aquello de que escribían, no para enseñarles alguna cosa que ellos no supiesen, mas por testificar el ánimo y voluntad que acerca de ellos tenían, y porque de la autoridad de aquéllos que consiguiese algún favor a sus obras. Y así, después que yo deliberé, con gran peligro de aquella opinión que muchos de mí tienen, sacar la novedad de esta mi obra de la sombra y tinieblas escolásticas a la luz de vuestra corte, a ninguno más

(17)

justamente pude consagrar este mi trabajo que a aquella en cuya mano y poder, no menos está el momento de la lengua que el arbitrio de todas nuestras cosas.

Libro primero

En que trata de la Ortografía Capítulo I

En que parte la gramática en partes.

Los que volvieron de griego en latín este nombre, gramática, llamaron la arte de letras, y a los profesores y maestros se la dijeron gramáticos, que en nuestra lengua podemos decir letrados. Esta, según Quintiliano, en dos partes se gasta: la primera los griegos llamaron methódica, que nosotros podemos volver en doctrinal, por que contiene los preceptos y reglas del arte; la cual, aún que sea cogida del uso de aquellos que tienen autoridad para poderlo hacer, defiende que el mismo uso no se pueda por ignorancia corromper. La segunda los griegos llamaron histórica, la cual nosotros podemos volver en declaradora, porque expone y declara los poetas y otros autores por cuya semejanza hemos de hablar. Aquélla que dijimos doctrinal en cuatro consideraciones se parte: la primera los griegos llamaron Orthographía; que nosotros podemos nombrar en lengua romana, ciencia de bien derechamente escribir. A ésta eso mismo pertenece conocer el número y fuerza de las letras, y por qué figuras se han de representar las palabras y partes de la oración. La segunda los griegos llaman Prosodia; nosotros podemos interpretarla acento, o más verdaderamente, cuasi canto. Ésta es arte para alzar y abarcar cada una de las sílabas de las dicciones o partes de la oración. A ésta se reduce eso mismo el arte de contar, pesar y medir los pies de los versos y coplas. La tercera los griegos llamaron Etimología;

(18)

Tulio interpretóla anotación; nosotros podemos nombrarla verdad de palabras. Esta considera la significación y accidentes de cada una de las partes de la oración, que, como diremos, en castellano son diez. La cuarta los griegos llamaron Syntaxis, los latinos construcción; nosotros podemos llamarla orden. A ésta pertenece ordenar entre sí las palabras y partes de la oración. Así que será el primer libro de nuestra obra, de Orthographía y letra; el segundo, de Prosodia y sílaba; el tercero, de Etimología y dicción; el cuarto de Sintaxis, ajustamiento y orden de las partes de la oración.

Capítulo II

De la primera invención de las letras, y de dónde vinieron primero a nuestra España.

Entre todas las cosas que por experiencia los hombres hallaron, o por revelación divina nos fueron demostradas para pulir y adornar la vida humana, ninguna otra fue tan necesaria, ni que mayores provechos nos acarrease, que la invención de las letras. Las cuales, así como por un consentimiento y callada conspiración de todas las naciones fueron recibidas, así la invención de aquellas todos los que escribieron de las antigüedades dan a los asirios, sacando Gelio, el cual hace inventor de las letras a Mercurio en Egipto; y en aquella misma tierra, Anticlides a Menón, quince años antes que Foroneo reinase en Argos, el cual tiempo concurre con el año ciento y veinte después de la promesa hecha al patriarca Abraham. Entre los que dan la invención de las letras a los asirlos hay mucha diversidad. Epigenes, el autor más grave de los griegos, y con él Critodemo y Beroso, hacen inventores de las letras a los babilonios, y según el tiempo que ellos escriben, mucho antes del nacimiento de Abraham. Los nuestros, en favor de nuestra religión, dan esta honra a los judíos; como quiera que la mayor antigüedad de letras entre ellos es en edad de

(19)

Moisés, en el cual tiempo, ya las letras florecían en Egipto, no por figuras de animales, como de primero, más por líneas y trazos. Todos los otros autores dan la invención de las letras a los fenicios, los cuales no menos fueron inventores de otras muchas cosas, como de cuadrar piedras, de hacer torres, de fundir metales, de formar vasos de vidrio, de navegar al tino de las estrellas, de teñir el carmesí con la flor y sangre de las púrpuras, de trabucos y hondas, no, como dijo Juan de Mena, los mallorqueses. Así que los judíos las pudieron recibir de aquellos, por ser tan vecinos y comarcanos, que deslindaban y partían término con ellos; o de los egipcios, después que Jacob descendió con sus hijos en Egipto, a causa de aquella hambre que leemos en el libro de la Generación del cielo y de la tierra (el gramático se refiere a Génesis, libro de la Biblia que se atribuye a Moisés) lo cual se me hace más probable, por lo que entre los griegos escribe Eródoto, padre de las historias, y entre los latinos Pómpenlo Mela: que los egipcios usan de sus letras al revés, como ahora vemos que los judíos lo hacen. Y si verdad es lo que escriben, Epigenes, Critodemo y Beroso, la inventora de las letras fur Babilonia; considerando el tiempo que ellos escriben, las pudo traer Abraham, cuando por mandado de Dios salió de tierra de los caldeos (se refiere a Ur de los Caldeos), que propiamente son babilonios, y vino en tierra de Canaán; o, después, cuando Jacob volvió en Mesopotamia y sirvió a Laban, su suegro. Mas, así como no es cosa muy cierta quién fue el primero inventor de las letras, así entre todos los autores es cosa muy constante que de Fenicia las trajo a Grecia, Cadmo, hijo de Agenor, cuando por la forzosa condición que su padre le puso de buscar a Europa, su hermana, la cual Júpiter había robado, vino a Boecia, donde pobló la ciudad de Thebas. Pues ya ninguno duda que de Grecia las trajo a Italia, Nicostrata, que los latinos llamaron Carmenta, la cual siguiendo el voluntario destierro de su hijo Evandro, vino de Arcadia en aquel lugar donde agora Roma está fundada, y pobló una ciudad en el monte Palatino, donde después fue el palacio de los reyes y

(20)

emperadores romanos. Muchos podrían venir en esta duda: ¿quién trajo primero las letras a nuestra España, o de

dónde las pudieron recibir los hombres de nuestra nación?. Y aunque, es cosa muy semejante a la verdad, que las pudo traer de Thebas las de Boecia, Bacco, hijo de Júpiter y Semele, hija de Cadmo, cuando vino a España, casi doscientos años antes de la guerra de Troya, donde perdió un amigo y compañero suyo, Lisias, de cuyo nombre se llamó Lisitania, y después Lusitania, todo aquel trecho de tierra que está entre Duero y Guadiana, y pobló a Nebrisa, que por otro nombre se llamó Veneria, puesta, según cuenta Plinio en el tercer libro de la Natural Istoria, entre los esteros y albinas de Guadalquevir; la cual llamó Nebrisa, de las nebrides, que eran pellejas de gamos que usaban en sus sacrificios, los cuales él instituyo allí, según escribe Silio Itálico en el tercer libro de la Segunda Guerra Púnica. Así que si queremos creer a las historias de aquellos que tienen autoridad, ninguno me puede dar en España cosa más antigua, que la población de mi tierra y naturaleza; porque la venida de los griegos de la isla Zacinto y la población de Sagunto, que ahora es Monviedro, o fue en este mismo tiempo o poco después, según escriben Bocco y Plinio en el Libro XVI de la Natural Istoria. Pudo eso mismo traer, poco antes de la guerra de Troya, Hércules el Thebano, cuando vino contra Geriones, rey de Lusitania, el cual los poetas fingieron que tenía tres cabezas; o poco después de Troya tomada, Ulises, de cuyo nombre se llamó Olisipo, la que ahora es Lisbona; o Astur, compañero y regidor del carro de Menón, hijo del Alva, el cual, también después de Troya destruida, vino en España, y dio nombre a las Asturias; o en el mismo tiempo, Teucro, hijo de Telamón, el cual vino en aquella parte de España donde ahora es Carthagena, y se pasó después a reinar en Galizia; o los moradores del monte Parnasso, los cuales poblaron a Cazlona, nombre sacado del nombre de su fuente Castalia; o los mismos fenicios, inventores de las letras, los cuales poblaron la ciudad de Calez, no Hércules ni Espán, como cuenta la General

(21)

Istoria, o, después, los cartagineses, cuya posesión por muchos tiempos fue España.

Mas yo creería que de ninguna otra nación las recibimos primero, que de los romanos, cuando se hicieron señores de ella, casi doscientos años antes del nacimiento de nuestro Salvador: porque, si alguno de los que arriba dijimos trajera las letras a España, hoy se hallarían algunos “monos”, a lo menos de oro y de plata, o piedras grabadas de letras griegas y púnicas, como ahora las vemos de letras romanas, en que se contienen las memorias de muchos varones ilustres que la rigieron y gobernaron, desde aquel tiempo hasta quinientos y setenta años después del nacimiento de nuestro Salvador, cuando la ocuparon los godos. Los cuales, no solamente acabaron de corromper el latín y lengua romana, que ya con las muchas guerras había comenzado a desfallecer, mas aún torcieron las figuras y trazos de las letras antiguas, introduciendo y mezclando las suyas, cuales las vemos escritas en los libros que se escribieron en aquellos ciento y veinte años que España estuvo debajo de los reyes godos; la cual forma de letras duró después un tiempo de los jueces y reyes de Castilla y de León, hasta que después, poco a poco, se comenzaron a concertar nuestras letras con las romanas y antiguas, lo cual en nuestros días y por nuestra industria en gran parte se ha hecho. Y esto basta para la invención de las letras, y de dónde pudieron venir a nuestra España.

Capítulo III

De como las letras fueron halladas para representar las voces. La causa de la invención de las letras primeramente fue para nuestra memoria, y después, para que por ellas pudiésemos hablar con los ausentes y los que están por venir. Lo cual parece que hubo origen de aquello que antes que las letras fuesen halladas, por imágenes representaban las cosas de

(22)

que querían hacer memoria; como por la figura de la mano diestra significaban la liberalidad, por una culebra enroscada significaban el año. Más por que este negocio era infinito y muy confuso, el primer inventor de letras, quien quiera que fue, miró cuántas eran todas las diversidades de las voces en su lengua, y tantas figuras de letras hizo, por las cuales puestas en cierta orden, representó las palabras que quiso. De manera que no es otra cosa la letra, sino figura por la cual se representa la voz; ni la voz es otra cosa sino el aire que respiramos, espesado en los pulmones, y herido después en el áspera arteria, que llaman “gargavero”, (de aquí deriva esa palabra de uso campesino de nuestro país: guergüero) y de allí comenzado a determinarse por la campanilla, lengua, paladar, dientes y besos (seguramente se refiere a los labios). Así que las letras representan las voces, y las voces significan, como dice Aristóteles, los pensamientos que tenemos en el ánima. Mas, aun que las voces sean al hombre connaturales, algunas lenguas tienen cierta voces que los hombres de otra nación, ni aun por tormento no pueden pronunciar. Y por esto dice Quintiliano, que así como los trepadores doblegan y tuercen los miembros en ciertas formas desde la tierna edad, para después hacer aquellas maravillas que nosotros los que estamos ya duros no podemos hacer, así, los niños, mientras que son tiernos, se han de acostumbrar a todas las pronunciaciones de letras de que en algún tiempo han de usar. Como esto que en nuestra lengua común escribimos con doblada, y así es voz propia de nuestra nación, que ni judíos, ni griegos, ni latinos, la pueden pronunciar, y menos tienen figura de letra para poderla escribir. Eso mismo, esto que nosotros escribimos con x, (se refiere a dixo, que significa dijo) así es pronunciación propia de moros, de cuya conversación nosotros la recibimos, que ni judíos, ni griegos, ni latinos, la conocen por suya. Tan bien aquello que los judíos escriben por la décima nona letra de su a, b, c, así es voz propia de su lenguaje, que ni griegos, ni latinos, ni otra lengua de cuantas yo he oído, la pronuncia ni puede escribir por sus letras. Es así, de

(23)

otras muchas pronunciaciones, que de tal manera son propias de cada lengua, que por ningún trabajo ni diligencia hombre de otra nación las puede expresamente proferir, si desde la tierna edad no se acostumbra a pronunciarlas.

CAPÍTULO No 1

INTRODUCCIÓN A LA ORATORIA

A.- IMPORTANCIA DEL LENGUAJE

De manera frecuente escuchamos el término comunicación empleado en una variedad de contextos: interpersonal, de masas, corporativa o gubernamental, para señalar algunos ejemplos. Sin embargo, en la transmisión de ideas, sentimientos, emociones, valores, creencias, hechos y datos olvidamos con frecuencia, que en el proceso interactúan varios elementos: el lenguaje, como el medio que facilita y, mal empleado, imposibilita la transacción verbal; los interlocutores; emisores y receptores, y sus características individuales, las cuales imprimen su sello distintivo a cada evento comunicativo, además de las condiciones específicas del entorno en el cual ocurre la interacción.

En este mismo orden, debemos asumir el lenguaje como una capacidad y cualidad innata, común a todos los seres humanos, y damos por sentado que «hablar el mismo idioma» es garantía de una buena y eficiente comunicación. Pero si efectivamente esto fuese así: ¿cómo explicar las rupturas en la comunicación? En su introducción a “Lengua y Comunicación” (1995), Carreto afirma que: «No existe drama humano más agobiante que el intento por comunicarse. Todo intento de libertad es un intento de comunicación, de relación».

(24)

de la historia y ha sido analizado desde diferentes perspectivas por diversas disciplinas: la Filosofía, Psicología, Sociología, Psicología Social y Cognitiva, la programación neurolingüística, la Lingüística, la Psicolingüística y la Sociolingüística. Todas han aportado a la investigación y propuesto alternativas válidas, aún así, continuamos obsesivamente en busca de una mejor y más efectiva forma de comunicación.

¿Por qué resulta tan arduo el proceso? Consideremos algunas de las expresiones que utilizamos a diario para ilustrar el grado de dificultad al que nos enfrentamos: ¿En qué idioma le estoy hablando?...¿En qué idioma quiere que se lo diga?..¿Acaso le estoy hablando en chino? Todas estas expresiones están acompañadas de algún gesto de rabia y/o desesperación; expresiones que ratifican nuestra creencia en que compartir el mismo idioma garantiza la comunicación; expresiones que obvian las características y reglas que regulan el uso del lenguaje, la individualidad de los interlocutores y el entorno o situación que rodea el evento comunicativo.

Una de las dificultades que mi experiencia de profesor, con alumnos universitarios, me ha mostrado; es la individualidad resultante de los procesos mentales, mirados como la capacidad personal y única de interrelacionar las emociones propias de la personalidad, con la información, dominio del lenguaje, actitud de respuesta, positiva o negativa y velocidad de construcción de imágenes. En este último aspecto juega un papel preponderante la imaginación, como lo señalaremos en el presente texto. Para entender esta idea valga un solo ejemplo, que le pido a usted siga en detalle. Si le dijera: “árbol”, en su mente aparece instantáneamente un árbol. De acuerdo a ello, ambos entendemos que estoy hablando de un árbol. La palabra es clara y la imagen bien definida y, sin embargo, puede ser que mi árbol no sea igual al suyo, porque el que usted ha visualizado mentalmente responde a sus propias experiencias.

(25)

En el sencillo ejemplo dado en el párrafo anterior, radica una parte importante del problema de comunicación. Tenemos que asegurarnos que el receptor del mensaje entienda exactamente lo que hemos querido decir. Lenguaje Descriptivo, llamo a esta forma de comunicación que nos permite entendernos mejor. Vamos al mismo ejemplo anterior; el árbol. Yo digo: “En una verde pradera se alza un árbol solitario, de copa redonda plena de follaje. Un grueso tronco de madera café intenso se hunde en la tierra mostrando tres o cuatro raíces que, partiendo de la base de ese añoso gigante, le anclan firmemente al terreno. En medio de las hojas verdes emergen como curiosas criaturas cientos de frutos rojos”.

El árbol que usted ve, ahora, es similar a mi propio árbol. El Lenguaje Descriptivo ha permitido que mi mensaje llegue a usted como yo quiero que llegue. En este sencillo secreto radica toda la potencia de la Oratoria; la fuerza convincente y argumental del que habla por sobre el que escucha.

El reto que implica liberar, relacionar y transformar ideas mediante la comunicación, se hace más urgente en los tiempos que corren. La composición de la fuerza de trabajo de la presente era, está en permanente evolución y la población laboral de las organizaciones es más diversa en origen. Si bien, esta diversidad enriquece a las organizaciones mediante el aporte de una serie de destrezas, competencias, experiencias, perspectivas y percepciones, también plantea serios problemas comunicacionales. A esto, se suma la imperiosa necesidad de crear equipos de trabajo, indispensables al momento de abordar la solución de problemas, cuya complejidad exige el concurso de especialistas de diferentes disciplinas, especialmente de lideres que sean capaces de crear una visión, de convencer y obtener adhesión. Pero sabemos que cada una de las personas están en posesión de diferentes códigos lingüísticos, que podrían

(26)

obscurecer la comunicación.

Las características enunciadas definen una Torre de Babel. Recordemos que: “...la Torre de Babel fue construida por los hombres para acercarse al cielo, pero Dios, celoso de su supremacía, introdujo la diversidad de los idiomas... la empresa fracasó y las razas se dispersaron”. (Génesis)

Actualmente, tenemos algunas concesiones en cuanto a los idiomas. Hay lenguas que son preponderantes en el mundo de los negocios, como es el caso del Inglés y el Castellano, pero necesitamos entendernos con quienes hablan otros idiomas, como el Ruso, Chino, Japonés y Francés, porque vivimos en un mundo globalizado. Descubrimos que se asumen términos híbridos en el lenguaje, que se incorporan al idioma propio, tal cual como se pronuncian en su raíz original. Por ejemplo: todos entendemos lo que significa ir de “shopping”.

En el caso que nos ocupa, la diversidad de idiomas -que también ocurre como resultado de la Globalización, del comercio electrónico y de la reducción de las distancias geográficas- no excluye los problemas que plantea el uso del mismo idioma, cuando consideramos las diferencias en el background profesional y cultural de los interlocutores. El aspecto positivo de esta “Torre de Babel” es la pluralidad y diversidad, en sí una excelente fuente de nuevas ideas, alternativas y proposiciones que aportan tanto al individuo como a la sociedad. Paradójicamente, esta fortaleza es también su debilidad: pluralidad y diversidad generan retos y exigen de las partes capacidad para comunicar, en forma efectiva, esas nuevas ideas, alternativas y proposiciones, y obtener así resultados tangibles.

En conclusión, podemos afirmar que la situación actual exige de nosotros capacidad para adaptarnos a la diversidad

(27)

y comprender todas las variedades asociadas, sean éstas culturales, sociales, políticas o económicas. Sólo de esa forma, estaremos en condiciones de utilizar el poder de la palabra para moldear cualquier gestión –gerencial, de liderazgo, formativa o política– en la que estemos involucrados. A fin de cuentas, todas ellas dependen de una mejor y más efectiva comunicación. Hablando nos comunicamos unos con otros. La lengua es la principal dificultad para establecer esa comunicación. Todos hablamos, pero no usamos las mismas claves fonéticas o códigos lingüísticos para hacerlo.

La influencia de algunas naciones ha permitido la preeminencia de un determinado idioma o ha provocado la desaparición de otros. En nuestra Hispanoamérica, el idioma indígena era distinto al español o castellano que todos hablamos.

El uso de la lengua es el primer punto de partida de lo que definiremos como riqueza de la Oratoria. Hay lenguas que tienen una mayor secuencia verbal, donde los adjetivos pueden ser repetidos para dar fuerza a las expresiones orales.

El castellano tiene una gran cantidad de giros idiomáticos, enriquecidos por palabras que proceden de otras culturas y que, con el paso del tiempo, se han incorporado a la lengua heredada a América por España.

Mientras mayor sea el número de palabras que seamos capaces de dominar, mejor será nuestra comunicación. Nos permitirá describir los sentimientos con todo detalle. El conocimiento del valor semántico de las palabras y el adecuado uso de la lengua, darán claridad a nuestras expresiones.

El lenguaje es para la comunicación, como la paleta de colores, lo es para el artista que pinta un paisaje hermoso, pleno de

(28)

colorido, lleno de vida.

Hablar con otros debe ser un ejercicio de empleo de un vocabulario descriptivo, vivo; donde las palabras construyan con fidelidad cada pensamiento. Esto es, que expresen las ideas con la mayor claridad y en el sentido exacto en que deseamos manifestarlas.

El lenguaje está ligado a nuestra capacidad natural de poder comunicarnos. Si los profetas en la Antigüedad pudieron hablar con su Dios, ¿no es ello, entonces, la perfección de la comunicación?

Sin embargo, no siempre cultivamos nuestra lengua. Tratamos de hablar con un mínimo de palabras, encontrando muchas veces que no sabemos cómo expresarnos oralmente frente a otros.

¿Cuántas veces hemos escuchado manifestar a personas, cuando quieren saludar a alguien, consolar en un dolor, hacer una petición, decir que se ama: “me faltan las palabras”? Las palabras siempre están disponibles, como un gran rompecabezas, pero para ello debemos buscarlas, conocerlas y emplearlas apropiadamente.

¿Cómo encontrarlas?...¿Dónde buscarlas?... Por cierto, que en los libros, literatura, prensa y revistas. Siempre han estado allí esperando por nosotros, desplegando en cada línea la maravilla del lenguaje, en cualquiera de sus códigos.

Pues, entonces, a leer; leer sin cesar, como el cazador afanoso capturando nuevas formas verbales, más adjetivos y sustantivos. Todos a recoger palabras e hilvanarlas con la paciencia de quien borda la más fina filigrana, para expresarse con seguridad y

(29)

desplante.

El lenguaje es un don de Dios y, a través de él, alimentamos la amistad, enriqueciendo el conocimiento, construyendo nuestra propia y personal historia.

El lenguaje bien expresado lleva la palabra de cariño a nuestros hijos, de amor a quien queremos. Finalmente, que nos sirva a quienes somos creyentes, para elevar una oración a Cristo, con nuestras mejores palabras, aunque entiende a todos, incluyendo a los que no hablan.

B.- LA COMUNICACIÓN ORAL

Entendida la importancia del lenguaje, veremos que las palabras escritas tienen una estructura fonética. Son un grupo de letras ordenadas en vocales y consonantes, con sonidos que poseen ritmo y armonía.

La calidad de la comunicación oral depende además de otros factores, para que se exprese de una manera u otra, según las características personales del hablante.

Existe la Fuerza o Volumen, que podrá transformar una palabra de acuerdo a la intensidad con que se emita.

La Fuerza o Volumen se utiliza con frecuencia para imponer nuestros dichos, sobre otros que también se están expresando oralmente.

El Volumen puede emplearse en la expresión oral para denotar énfasis o enojo.

El Ritmo también puede utilizarse en la comunicación, aportando vértices distintos en los sonidos de las palabras. Empleamos

(30)

ritmos diferentes: más rápido, más lento, pausado, recalcando cada sílaba. En cada caso, la palabra adquiere un sentido distinto.

Así podríamos describir un sinnúmero de factores que intervienen al hablar, que nos hacen entendernos de forma distinta. Por eso, es conveniente pensar lo que se va a decir y meditar cómo se va a decir.

La palabra “amo” no es la misma dicha con voz suave y serena, que con un tono de desprecio, indeferencia u odio.

Y ustedes se pueden fijar que es una palabra sencilla.

La comunicación oral es diaria, permanente y la ejecutamos casi mecánicamente. Respondemos, a veces, sin concentrarnos en lo que decimos, olvidando en un momento lo que hemos expresado.

Hablar es un don que, como todos los dones, debemos saber emplearlo adecuadamente.

La palabra, en la comunicación oral, sirve para relacionarnos con una persona, un grupo de personas o una multitud.

También la palabra es un medio para hablarnos a nosotros mismos. No estaremos con nuestras facultades mentales perturbadas si hablamos solos en voz alta. Esto es un buen ejercicio para escuchar nuestros propios pensamientos, exponernos las ideas y regular nuestro carácter.

Las palabras que pronunciamos son como un espejo de nuestro interior. Procuremos que ellas muestren nuestra mejor imagen. Guardar silencio es más prudente que hablar imprudente, puesto que corremos el riesgo de decir cosas que pueden herir.

(31)

No manifestemos ideas o conceptos que no quisiéramos que fueran dirigidos a nosotros.

Debemos aprender a escuchar, para responder adecuadamente. Debemos impedir que los sentimientos dominen a la racionalidad y a la lógica de nuestra comunicación. Evitemos las palabras que decimos alimentadas por el enojo, la venganza, el deseo de la revancha o, simplemente, de querer dañar a otro. Lo señalamos en este capítulo, porque veremos, más adelante, cómo personas de excelentes condiciones oratorias fracasan en sus discursos, porque de su boca sólo salen palabras amargas y condenatorias.

Por eso, es un buen ejercicio proponerse, en un momento del día, tratar de hablar lo menos posible y tener todos los sentidos alertas para escuchar y analizar lo que se nos dice o escuchar cómo se expresan, en una conversación, nuestros amigos y aquilatar el uso de las palabras y la calidad de su comunicación.

C .- FORMAS DE EXPRESIÓN ORAL

Ya nos hemos referido en el capítulo anterior a algunas formas de expresión oral. Veamos ahora, en forma detallada, cómo se producen esas formas.

HABLAR FUERTE:

Es una forma de expresión que denota algunos estados de ánimo del hablante, como por ejemplo: estar enojado, ser prepotente, sentirse dueño absoluto de la verdad, querer llamar la atención para que un grupo mayor de personas escuche o, simplemente, demostrar indiferencia por tratarse de una persona sorda. Este último aspecto he querido incluirlo, porque refleja una experiencia personal que me ha traído más de

(32)

alguna dificultad. Yo sufro de una hipoacusia traumática. Mi nivel de audición está deteriorado, por lo que automáticamente compenso mi insuficiencia, elevando el volumen de mi voz. En varias oportunidades, al hablar por teléfono, me han preguntado si estoy enojado.

También se habla fuerte cuando enfrentamos oyentes numerosos, para los cuales es bueno que la voz se proyecte clara y sin distorsiones.

HABLAR MUY SUAVE

Muchos relacionan el hablar suave con una falta de personalidad, con un deseo de pasar inadvertido. Sin embargo, no siempre es así.

Quien habla suave, con un volumen bajo, lo puede hacer por temperamento, por prudencia o, quizás, sencillamente porque no ha aprendido una técnica de usar la voz con mayor intensidad.

Estas personas, para poder expresarse, deben esperar silencios en las conversaciones o que se les pregunte algo directamente para responder.

Su mecánica de expresión la compensan generalmente con una gran habilidad para escuchar y para intervenir sólo cuando es preciso hacerlo. Son los que más sufren cuando en un momento se les pide que “digan unas palabras”.

Saben lo que tienen que decir, su agilidad mental les permite coordinar ideas, pero les cuesta “lanzar” la voz afuera.

(33)

NO HACERSE ENTENDER

Hay personas a las que les cuesta hacerse entender. Muchas veces les hemos escuchado decir “es que tú no me entiendes”. ¿Qué tenemos aquí? Una persona que tiene pobreza de lenguaje. Su vocabulario es tan limitado que no encuentra las palabras adecuadas que puedan describir con claridad la idea que desea transmitir. Para ella, es como si hablara con gente que manejara otra lengua.

Es como aquella persona que tiene en su mente un paisaje muy hermoso que le ha impresionado y que no tiene la capacidad de dibujar, ni los colores para pintarlo. Imagínese a esa persona tratando de hacer un discurso o exponiendo un tema.

Las ideas, transformadas en sonidos, deben ser dominadas de tal manera que nuestra expresión sea clara, diáfana, para ser captadas en toda su intención, sin dificultad.

CONFUSO PARA EXPRESARSE

También hemos conocido esos casos. Los que hablan mucho, pero nada se les entiende. Dominan un buen vocabulario, mas no saben emplearlo adecuadamente.

El ritmo de su conversación, el tono de su voz, el uso de los volúmenes y de las inflexiones, están equivocados. Las señales que envían con su voz no corresponden a lo que quieren expresar. Los términos que usan, los giros idiomáticos que emplean, nos confunden y desorientan. Es, en los términos que usa, los giros claros, un verdadero “cantinfleo”.

Esa persona enfrenta dos problemas. El primero nos dice que aprendió palabras nuevas en un diccionario y de allí las extrae, agrediendo el idioma, colocándolas según él cree deben ser

(34)

pronunciadas. Las palabras se aprenden leyéndolas en su contexto, en la literatura. Se buscan en el diccionario cuando no se comprenden, cuando se desea conocer su significado. El segundo problema, que también ocurre con frecuencia, es que se deje dominar por los nervios y no pueda coordinar sus ideas adecuadamente. Al perder la serenidad, se tiende sobre la mente un manto blanco de olvido, que hace balbucear palabras que no puede ordenar correctamente y, entonces, el pánico la domina.

Podría yo seguir describiendo muchas otras formas de expresión oral que vemos de manera rutinaria. He querido poner el acento en las más frecuentes, porque deberemos recurrir a esas experiencias cuando avancemos en las técnicas de oratoria.

D.- EL PODER DE LA PALABRA

El poder de la palabra está expresando aquí la capacidad que tiene la comunicación oral para influir en otros si su empleo es claro, eficiente y oportuno.

EMPLEO CLARO

Es el uso de fórmulas idiomáticas lo más correctas posibles. La descripción, el empleo de un vocabulario rico, la temática, el uso de la voz como un sistema mecánico que le dé fortaleza a la expresión, así están en un equilibrio, lo más cercano a la perfección.

Se dice “esta persona tiene claras sus ideas”. ¿Por qué tiene claras sus ideas?, ¿cómo pueden saberlo los oyentes?

La razón es una sola: sabe expresarse. Todo lo que dice tiene concordancia. Domina las palabras y las inserta de manera

(35)

adecuada, con una tonalidad convincente. La señal que envía no admite dudas. Logra el objetivo que busca, porque se le entiende tal y como desea que sea entendido. Es una habilidad, pero también una disciplina a la que podemos acceder.

EMPLEO EFICIENTE

Es eficiente, porque el hablante emplea su razonamiento verbal en la dirección que él se ha planteado como objetivo de su mensaje.

Quienes le escuchan entienden su argumentación. Razona. Se produce una empatía natural, que es reforzada por sus gestos, la mirada. El mensaje ya no llega sólo por la palabra expresada oralmente, sino que por toda una seguridad que transmite el cuerpo entero. La comunicación pasa a convertirse en una actitud. El buen orador es un gran transmisor de mensajes que se apodera de su auditorio, lo captura y lo eleva a las alturas superiores. Lo hace sentir vibrar y recorrer los caminos que él desea que recorran. No les permite tregua, hasta cuando percibe que su comunicación ha sido captada íntegramente. A eso le llamamos “acusar recibo”. El orador percibe que ha sido escuchado y el contenido de las palabras ha sido procesado por el auditorio.

EMPLEO OPORTUNO

Cuando nos referimos a empleo oportuno estamos diciendo que un buen orador no abusa de la palabra al entregar un mensaje. El buen orador no habla para escucharse a sí mismo, con un deseo narcisista. Si así lo hiciera, dejaría de ser un buen orador, porque hablaría para él y no para quienes desean escucharle. Hablar por hablar no tiene sentido, de nada sirve. Hablar oportunamente es tener una actitud bien intencionada,

(36)

empleando el poder de la palabra para servir, para llevar un mensaje positivo, una crítica constructiva o una enseñanza. Usar el poder de la palabra para soliviantar, para inducir a la destrucción, al odio, a las diferencias, es ir éticamente contra un don que, bien empleado, es fruto de bendiciones.

Hay momentos en que la palabra debe escucharse. Hay momentos en que un buen orador sirve para encauzar un debate. Con la palabra podemos dirigir las mejores causas. Con la palabra podemos levantar al caído, dar esperanza a quien todo lo ha perdido. Podemos hacer mirar horizontes nuevos, valores distintos; entregar fuerza a los débiles o hacer mirar de frente a los que bajan la cabeza.

(37)

CAPITULO No 2

TÉCNICAS BÁSICAS DE LA ORATORIA

A.- VOCABULARIO

En nuestro primer capítulo destacamos la importancia de un buen vocabulario y la necesidad de dominar suficientes palabras que entreguen al lenguaje toda la variedad y descripción, de tal manera que permitan mostrar nuestras ideas, planteamientos, argumentos y razones.

El vocabulario expone el idioma en miles de fragmentos que un buen orador debe aprender a distribuir adecuadamente. Algunas darán fuerza; otras, dramatismo; las siguientes, la claridad necesaria para una comprensión rápida del mensaje que deseamos comunicar.

Debemos volver a nuestros tiempos de colegio, a las lecciones de gramática que a ratos nos parecían tan tediosas.

Vamos a recurrir en la oratoria a los sinónimos, antónimos, parónimos, homónimos, y al manejo correcto de cada uno de ellos. Existen palabras cuyo significado puede prestarse a errores y confusiones. Mal empleadas por un orador, hacen que el mensaje que transmite sea mal interpretado por el auditorio. Aunque no pretendemos transformar este manual en un texto gramatical, tenemos que explicitar brevemente algunas definiciones para que se entienda lo que estamos manifestando. Son homónimos dos o más palabras de igual escritura (homógrafos) y de idéntica pronunciación (homófonos). Por ejemplo: hechizo, “algo construido artesanalmente”, y hechizo, “un maleficio hecho por alguien”.

(38)

Como homófono, acervo significa “acumulación de algo”, y acerbo, que significa “amargo”. En el caso específico de acervo y acerbo, ambas palabras se pronuncian igual, aunque se escriben distinto y tienen, por consiguiente, un significado diferente.

También, para los efectos de la oratoria, recomendamos considerar como homónimos a las palabras de idéntica escritura, pero de distinta acentuación. Por ejemplo: disparate, que puede interpretarse como “un error, un garabato o torpeza”, y la palabra dispárate, que podríamos interpretarla como “apartarse rápido de un lugar o salir corriendo lejos”.

Las palabras homónimas pueden cumplir también funciones gramaticales diferentes. Se escriben igual, pero pueden ser un adjetivo o una forma del verbo, como por ejemplo, ducho, que significa “alguien experto, capaz, hábil, vivo, listo”; en ese caso tenemos un adjetivo. Y ducho, que puede ser una forma del verbo duchar: yo me ducho, tú te duchas, él se ducha.

Los parónimos son palabras que se escriben y pronuncian de forma muy parecida. Por ejemplo: abjurar y adjurar.

En oratoria, las palabras y su significado van más allá del diccionario y entran de lleno en diferencias gramaticales muy finas, que el buen orador deberá tener presente al momento de hablar.

Cuando alguien dice cancelar, se le podría interpretar como que está pagando una deuda; pero también podría significar “anular esa deuda”, o sea, no pagarla.

Por ello, tengamos esto presente: a cada frase la palabra 37

adecuada y a cada palabra el significado preciso. Esta norma

(39)

la claridad de entendimiento del auditorio al cual nos dirigimos. Los defectos que se producen al no tener el hábito de la lectura terminan en el mal uso del lenguaje, en el acomodo de las palabras sin importar su significado. Ello conduce a un discurso engorroso, confuso, que puede interpretarse de distintas maneras. El mal uso de las palabras, la poca comprensión de su significado y su incorrecto empleo llevan al mal orador a proyectar una imagen que no es real. ¿Cuántas veces hemos escuchado, de personajes importantes de la vida pública, decir “mis palabras fueron mal interpretadas” o “no fue eso lo que yo quise decir”?

La culpa siempre será de quien habla, porque él elige el empleo de las palabras y ellas deberán estar acordes al auditorio que le escucha. El orador tiene un papel activo en la construcción del mensaje, en tanto quien escucha asume un papel pasivo, que se transformará en activo en la medida que asume lo que escucha; pero eso será materia de otro capítulo.

Volvamos a esta materia, que es vital para transformarse en un buen orador. Por dicha razón, les será de interés comprender que una confusión gramatical distorsiona una idea expresada a su auditorio. Eso tenemos que recordarlo siempre.

Retomemos nuestra ya conocida palabra hechizo. Con sentido artesanal, es un adjetivo; como un maleficio, es un sustantivo. También hechizo puede ser la forma verbal yo hechizo del verbo hechizar.

¿Qué queremos que se comprenda? Primero, que el lenguaje es de una riqueza tal que en oratoria no basta un buen diccionario. Se precisa una actitud mental hacia el significado de las palabras y su uso correcto, no sólo desde el punto de vista gramatical, sino que de su empleo oral, fonético y pragmático. Es así

(40)

como cogeremos una misma palabra y, utilizada como adjetivo, verbo o sustantivo, irá describiendo las ideas, construyendo la frase con la argamasa de la tonalidad, del volumen de la voz, del énfasis y de la mímica, todo lo cual –como una máxima expresión de un verdadero arte– nos enlazará con el auditorio y nuestras ideas serán sus ideas y nuestro mensaje será su mensaje.

Finalmente, el orador que maneja correctamente el lenguaje ejerce, conscientemente, una función didáctica importante de la cual no puede sustraerse.

Nuestro vocabulario se enriquece también con el uso de los sinónimos, que permiten graficar oralmente una idea mediante la repetición de un significado, pero a través de sus diferentes envolturas léxicas. Es un recurso que el orador utiliza frecuentemente para dar velocidad a su discurso, para martillar una idea, para dar expresividad o acentuar la emotividad de quien escucha.

Veamos algunos ejemplos, buenos y malos, del uso de los sinónimos en un discurso.

EJEMPLO UNO

Imaginemos una gran plaza llena de un público expectante. En una esquina se levanta un escenario y sobre él, un podio, desde donde el orador hablará a miles de personas que le han esperado por un buen rato.

El orador aparece; la multitud grita, aplaude.

El orador dice: “Desde esta tribuna saludo a esta gente. Abrazo a esta multitud, expreso mi afecto a este público, sintiendo la fuerza que mana de esta oleada, de esta gran afluencia, de este

(41)

gentío, de esta muchedumbre, que constituye una masa, un río humano...”

Como ustedes pueden apreciar, con un dominio adecuado del vocabulario, de su significado y el empleo de los sinónimos necesarios, lo que hace el orador es dar fuerza a sus palabras para describirle al público cómo él los ve desde la altura del escenario, y para ello los describe usando varios sinónimos. El empleo de los sinónimos da variedad a su discurso y una extraordinaria riqueza descriptiva.

EJEMPLO DOS

En este caso tenemos un orador que conoce la técnica, pero su vocabulario no discrimina. Le falta un mayor conocimiento de cómo aplicar las palabras en un contexto adecuado. Empleará sinónimos, pero lo hará mal. Su significado no puede aplicarse a esa gente que escucha.

El orador dice: “Desde esta tribuna saludo a esta turba. Abrazo a este tropel. Expreso mi afecto a esta caterva, sintiendo la fuerza que mana de este apiñamiento, de este gran agolpamiento, de esta cáfila, de este hatajo, que constituye este hervidero, esta

turbamulta...”

Por ello, el orador debe saber distinguir los parónimos, que son parecidos en su escritura o sonido, de los homónimos, que se escriben igual, pero tienen distinto significado (por ejemplo, cobre, el metal rojo, y cobre, del verbo cobrar), y de los homófonos, cuya escritura es diferente y su pronunciación, igual, como por ejemplo bello, de hermoso, y vello, de pelo fino.

Como señaláramos en el primer capítulo, démonos a la tarea de llenar nuestra paleta de palabras con sinónimos, antónimos,

(42)

parónimos, homónimos, homófonos, y a construir con ellos nuestros discursos. A esculpir con seguridad en la voz las frases que tengan un significado, que sean capaces de transportar un mensaje que comunique fuerza, sensibilidad, honestidad, franqueza, empatía.

Podrán comprender ahora por qué el vocabulario del orador va más allá de las palabras de un diccionario y de su significado respectivo.

B.- RITMO DEL LENGUAJE

El lenguaje tiene un ritmo, una cadencia que lo va enlazando sílaba con sílaba, palabra con palabra. Verbos, sustantivos y adjetivos y diversas formas gramaticales construyen las frases para que la voz las articule, susurre con ellas y las envíe al aire convertidas en ideas, pertenecientes a un texto o discurso. El orador maneja el lenguaje como el músico la partitura. Escoge las formas, las modula y las enuncia. El ritmo en la oratoria debe ser capaz de crear su propia característica. Es una forma personal de interpretación del lenguaje y no la debemos confundir con el sonsonete o el acento que diferencia a la misma lengua, dependiendo de la nacionalidad o zona geográfica del que habla.

Deberemos definir el ritmo como nuestro peculiar estilo de hacer un discurso. Es la velocidad y potencia que ponemos en la forma de marcar los énfasis y la duración de las pausas. Todo ello diferencia a un orador de otro.

El ritmo hace agradable o no escuchar a alguien. Permite transmitir de mejor o peor manera los sentimientos de quien habla.

(43)

El orador busca principalmente convencer a personas. Lo logrará en la medida en que las palabras tengan un ritmo convincente. Es una técnica que se puede adquirir y que, de alguna manera, refleja nuestra personalidad.

Resulta difícil describir por escrito el ritmo en un manual de oratoria, pero procuraremos señalar un ejemplo:

“Nos hemos reunido hoy / en este lugar de recuerdos”

VOLUMEN ALTO VOLUMEN ALTO

(Lento) (Rápido)

La voz tiene volumen y velocidad, y luego volumen, pero es más lenta.

Al leer la frase “nos hemos reunido hoy”, con volumen pero con velocidad, el orador busca acentuar la importancia de “en este lugar de recuerdos”, pues destaca su relevancia al expresarse de manera lenta y no hace perder a todo el texto su integridad, ya que mantiene un volumen fuerte y parejo.

Traten de leer la primera frase con un volumen fuerte. Equivale a articular la voz entera, sin gritar. Luego, manteniendo esa voz entera, modulen con lentitud “en este lugar de recuerdos”. Parece fácil.

Ahora bien, usando esta misma frase, podemos enriquecer el ritmo de nuestra oratoria con algunos trucos que aumentan el sentimiento y permiten trasuntar sinceridad, sentimiento y emoción personal.

(44)

“Nos hemos reunido hoy / en este lugar de recuerdos”

VOLUMEN ALTO PAUSA VOLUMEN ALTO

(Rápido) (Lento)

La primera parte de la frase, “nos hemos reunido hoy”, se mantiene igual en cuanto a velocidad y volumen; lo mismo en la segunda parte, “en este lugar de recuerdos”, pero se ha introducido una pausa entre ambos segmentos de la frase. El ritmo a que nos referimos en oratoria sería algo así como en el caso de la frase que comentamos:

FRASE:

Nos hemos reunido hoy / en este lugar de recuerdos

RITMO: VOLUMEN ALTO (Rápido) VOLUMEN ALTO (Lento) PAUSA VOLUMEN ALTO (Lento)

Este ejemplo es sólo una parte de las múltiples combinaciones que podemos hacer y que le van dando vida a las frases que pronuncia el orador. Pese a que estamos hablando de un par de frases, aún es posible introducir algo más de ritmo para hacerla más interesante. Lo que queremos es una frase que nos hable en toda su profundidad.

Podemos agregar un elemento nuevo, que es la repetición de la última palabra, y donde nuevamente la pausa (lo veremos en detalle cuando analicemos el tema “el lenguaje del silencio”) se antepone a una palabra para reafirmarla y darle mayor fuerza todavía, es decir, un sentimiento más profundo, una emoción muy grande:

Referencias

Documento similar