UNIDAD XOCHIMILCO DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES POSGRADO EN DESARROLLO RURAL NIVEL MAESTRÍA

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U N I V E R S I D A D A U T Ó N O M A

M E T R O P O L I T A N A

UNIDAD XOCHIMILCO

DIVISIÓN DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES

POSGRADO EN DESARROLLO RURAL

NIVEL MAESTRÍA

PROCESO DE DESCAMPESINIZACIÓN Y AUMENTO EN

LAS CONDICIONES DE POBREZA EN LA COMUNIDAD

DE TEPANYEHUAL, MUNICIPIO DE NAUZONTLA,

PUEBLA

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QUE PARA OPTAR POR EL GRADO DE

MAESTRO EN DESARROLLO RURAL

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GERARDO TENORIO LÓPEZ

DIRECTOR: ENRIQUE GUERRA MANZO

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ÍNDICE

Introducción 1

Capítulo 1: De cómo llego a la Sierra Norte de Puebla, conociendo a

los actores 6

De cómo inicio el camino en la región 6

Tepanyehual: la primera impresión jamás se olvida 8

Casa del Amor, la asociación civil que me recibe en la región 12

De lo que encontré en mis primeras visitas 16

Capítulo 2: Planteamiento de la investigación 17

El proceso para acercarse a la cotidianidad del sujeto, Tepanyehual no

es como lo pintan 17

¿Qué se busca investigar? 24

Objetivo general 25

Objetivos específicos 25

Diseño del método de investigación 26

Argumento central 26

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Contexto conceptual 30

Mapa conceptual 30

Método de levantamiento de la información y fuentes: Observación

participativa y conformación del cuerpo de datos 31

Capítulo 3: Contexto histórico 35

Contexto internacional 35

Contexto nacional y regional (Sierra Norte) 36

Tepanyehual, los cambios que se avecinan 45

Partidos políticos y pragmatismo 51

La iglesia católica y el trabajo relegado 52

De mi experiencia personal en la comunidad y la convivencia con sus

actores 53

Marco y Rosario, el idilio de la vida en la sierra 60

Capítulo 4: Economía campesina 64

El campesino y su economía 64

Los clásicos de la teoría campesina 66

Economía campesina vs. economía capitalista 84

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Mexicanistas 107

Capítulo 5: Pobreza 114

La pobreza como hilo conductor, un antecedente histórico 125

Reproducción de la pobreza ¿la pobreza institucional? 128

El Programa Oportunidades 131

Selección de beneficiarios 133

Salud, alimentación y educación 133

El círculo intergeneracional y el seguimiento a beneficiarios 134

Tepanyehual y el Programa Oportunidades, ¿el paisaje cambia? 137

El costo ambiental de ser pobre, el paisaje cambia la dieta también 145

Tiempos pasados ¿fueron mejores?, Un estilo de vida no perecedero 147

La siembra también cambia 150

Capítulo 6: Pobreza y descampesinización… la vida continúa 152

La siembra, un elemento de arraigo (dos casos) 154

¿Campesinos sin tierra? 157

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Conclusiones 164

Tepanyehual, la reproducción social vista desde otras coordenadas 164

Las formas del sujeto son diversas y variadas 166

El campesino de Tepanyehual, la pequeña escala de alcances

mayores 167

Pobreza absoluta y pobreza relativa: los indicadores de la vida diaria 170

La renovación de la comunidad, formas de reinvención 172 Ámbitos comunitarios 175 Anexos 178 Anexo 1 178 Anexo 2 182 Anexo 3 183 Bibliografía 184

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Introducción

Resulta casi inherente a las economías campesinas el mantener una producción propiamente de subsistencia, aunque algunas en mayor medida que otras, pero el rasgo distintivo es que siempre se busca la satisfacción de las necesidades a través del trabajo propio empleando los recursos del medio natural.

El producir para el autoconsumo no expresa o condiciona que el resultado de ese trabajo sólo se usará hacia el interior, sino que este les brinda la alternativa de intercambiar o vender por otras mercancías, considerando canales internos de intercambio o venta de productos bajo una lógica mercantil más sencilla que la del capital. Esta lógica campesina está destinada a satisfacer necesidades que bajo el propio régimen productivo del campesino no podrían conseguirse.

En las últimas décadas las economías campesinas han tendido a la desaparición bajo un fenómeno acelerado, donde la influencia del capitalismo con sus patrones de producción ha corrompido los ritmos propios de la economía campesina, caracterizada ésta, por viajar a un ritmo económico y cultural distinto a otros modelos, donde en algunos casos se preservan hoy en día diferentes valores a los del mercado capitalista. Esto último ha sido asimilando cada vez más por comunidades campesinas que se han desplazado a un proceso de pérdida de la cultura y la economía propia en donde la subordinación aceptada o condicionada al modo de producción capitalista trae consigo la división social del trabajo, el desarraigo de su medio y la apropiación de los medios de producción, lógica en la cual el campesino queda inmerso.

Cabe recordar que las economías campesinas suelen ser mutables y se han caracterizado a lo largo de los siglos por haber trascendido a través de diversas sociedades.

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Para contar con un acercamiento a la problemática actual en la comunidad de Tepanyehual, el presente análisis consideró como fundamento de la economía campesina a las unidades productivas, así como también a los referentes sociales y culturales que dentro de ella habitan. Se estableció como principal objeto de estudio a la pobreza en el medio rural y sus vínculos con la descampesinización. Se buscó desentrañar si existía un vínculo entre ambas en la comunidad o si contaban con lógicas separadas. En ello se prestó especial atención a las formas y modos en que los campesinos viven sendos procesos y a las estrategias con que buscan hacerles frente para preservar su identidad y mantener sus condiciones de vida. Para la obtención de lo anterior es que se dio cuenta de la información obtenida a partir de la técnica de observación participante valiéndome de herramientas propias de dicha técnica tales como la entrevista o el diario de campo, por mencionar ahora sólo las más recurrentes durante la investigación. Y cabe decir que fue precisamente la observación participante un instrumento que en lo personal resultó ser privilegiado para recuperar las experiencias y la voz de la comunidad frente a los procesos de empobrecimiento y pérdida de la cultura campesina, debido a que el ámbito comunitario se presentaba abierto y receptivo a interactuar conmigo, consiguiendo entonces un escenario de idónea coyuntura para priorizar dicha técnica.

La tesis da inicio con el capítulo 1: “De cómo llego a la Sierra Norte de Puebla, conociendo a los actores”, donde presento cuales fueron los caminos que me llevaron a tener mi primer acercamiento a la región, así como la impresión que resultó de mis visitas iniciales, dicho sea de paso esta mirada me acompañó durante un largo periodo. Y para hablar de la comunidad es que inicio hablando de sus actores y el rol que han seguido dentro de la lógica de la comunidad.

El capítulo 2 “Planteamiento de la investigación”, comprende una narrativa inicial que detalla particularidades de la organización civil “Casa del Amor”, así como de la comunidad de Tepanyehual donde destaco ya no sólo

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los primeros sesgos que me otorgaron las visitas iniciales, sino que ahora me doy a la tarea de presentar elementos del entramado propio de la vida comunitaria. De igual manera doy cuenta del momento justo en el que considero fui aceptado en términos reales por parte de la comunidad, momento sin duda trascendental para los avances de la presente investigación, ya que fue a partir de ese destacado evento que entonces arranca mi participación directa en la batería de actividades diarias que la comunidad de Tepanyehual tenía para mí. Posterior a eso cito los elementos que más adelante me llevaron a tomar la decisión por buscar un lugar dentro del posgrado, motivado por el interés de vincularme a la vida comunitaria persiguiendo una respuesta a lo que yo imaginaba como una pérdida de la cultura campesina. También narro y describo los cuestionamientos, así como los esquemas metodológicos y conceptuales que fueron los canales que orientaron la presente investigación.

El Capítulo 3: “Contexto Histórico”, realizo un recorrido que arranca con el ámbito internacional, en el cual menciono algunas de las características que describen al sistema económico donde se establece un trayecto que llega hasta la comunidad de Tepanyehual pasando por el acontecer nacional y el regional nutridos estos con elementos de su historia, así como la coyuntura de aquel momento. Se da cuenta de los actores de la primera órbita comunitaria, así como de los que se ubican en una arena secundaria. El Capítulo 4: “Economía campesina”, inicia con una aproximación a la representación de la vida campesina y los elementos pendulares que la economía de la vida en el campo conlleva. Para después retomar a los clásicos de la economía campesina persiguiendo un diálogo a través de sus aportes. Una vez realizado lo anterior es que agrupo dos concepciones fuertemente diferenciadas, una es la de la economía campesina y la otra la economía capitalista, para entonces destacar los puntos principales que las conduce a un punto de quiebre. Posteriormente continúo con el estado del arte de la descampesinización para llevarlo a cotejo con el grupo de teóricos mexicanos que han seguido el fenómeno y que han escrito precisamente

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bajo la realidad nacional.

El Capítulo 5: “Pobreza”, se presenta un recorrido teórico con diversas construcciones de pobreza abriendo un abanico que va desde instituciones como el Banco Mundial (BM) y su noción de pobreza, hasta teóricos que encuentran a la pobreza distante de la cuantificación de un ingreso, pasando por las economías mixtas como una posibilidad presente, la cual precisamente describe realidades actuales, y de esta manera hasta llegar a la comprensión del enfoque teórico que trabajaremos. Posterior a eso se realiza un recorrido del camino que ha seguido la política social hasta nuestros días, realizando a la par un acercamiento a las mediciones sobre pobreza y desigualdad vistas desde el propio Estado, así como desde algunos organismos internacionales tales como el BM. Partiendo de lo anterior se realizó el seguimiento evolutivo que ha tenido el neoliberalismo en México, siguiendo de esta manera la directriz de la política institucional para el desarrollo social a partir del Programa Solidaridad hasta llegar al Oportunidades. Se realiza un recorrido del mecanismo de selección y de operación del Oportunidades con sus receptores para después describir la presencia de dicho programa social dentro de la comunidad. Una vez descritos los canales de operación de dicho programa se presentaron los impactos más notables que el programa y su modelo de combate a la pobreza habían generado dentro de Tepanyehual. Lo anterior a partir de la confrontación del modelo de vida que se establece del vínculo con la tierra, contrapuesto al modelo de vida que el programa impulsa. De esta manera se enuncian ejemplos de arraigo a la tierra o al modelo de vida “anterior” por parte de los habitantes de Tepanyehual, como el ejemplo de una cultura campesina que permanentemente se encuentra en la búsqueda por mantener o renovar los vínculos a partir de prácticas culturales que les confieren la posibilidad de mantenerse anclados ya sea directa o indirectamente con las pautas de la vida comunitaria.

El Capítulo 6: “Pobreza y Descampesinización… la vida continua”, da inicio con una narrativa de la cotidianidad de la comunidad vista desde

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diferentes ángulos concernientes a actividades o roles específicos dentro de ella. Se citan los casos de dos habitantes de la comunidad con un fuerte arraigo cultural a la vida que se reproduce en Tepanyehual. Dichos casos descritos en el presente capítulo fueron seguidos y confrontados con los aportes teóricos vistos en los capítulos 4 y 5, con el interés de llevar una aproximación al proceso que Tepanyehual ha vivido durante los últimos años. De esta manera se da cuenta de elementos teóricos que guardan cercanía con la realidad, pero de igual manera también se detallan prácticas y estrategias campesinas no sólo desarrolladas en el presente, sino preservadas por décadas. Y cómo en algunas de ellas el aporte de los jóvenes se encuentra presente, donde se narra también no sólo la continuidad de ellos dentro de la comunidad, sino los mecanismos seguidos para los que se quedan, precisamente como una opción que les permite poder hacerlo y evitar en muchos de los casos la salida forzada, donde ésta sin lugar a duda se presenta como una constante vigente.

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Capítulo 1: De cómo llego a la Sierra Norte de Puebla:

conociendo a los actores.

De cómo inicio el camino en la región

La región de la Sierra Norte de Puebla estuvo por primera vez presente para mí desde el momento en que realicé una estancia de trabajo por el lapso de tres años en el estado de Chiapas, periodo en el que me encontré trabajando con dos cooperativas cafetaleras de pequeños productores de la etnia tzeltal. Lo anterior surge de la existencia de un fuerte vínculo que sostienen algunas organizaciones campesinas chiapanecas con organizaciones de otras regiones, las cuales han desarrollado la alternativa del café como una estrategia económica para la reproducción material. De ahí que resulte que con los compañeros chiapanecos se encuentra en el ideario de sus esfuerzos algunos de los casos emblemáticos de organizaciones con referente campesino e indígena como la Tozepan Pankizasque, con sede en la cabecera municipal de Cuetzalan del Progreso en el estado de Puebla, con quien guardan una estrecha relación por ser un referente hacia la consolidación de un modelo cooperativo que nace con una organización perteneciente a uno de los pueblos originarios de México. Los compañeros tzeltales de la cooperativa de Paluch´en no sólo mantienen un vínculo comercial con los productores de café de la región y municipio de Cuetzalan, sino que puedo dar cuenta que con el correr de los años, dicha relación se ha vuelto cada vez más estrecha teniendo como resultado un sólido canal de colaboración entre sendas experiencias de cooperativismo. Es así mi primer referente de la Sierra Norte de Puebla.

No ajeno a la lógica anteriormente descrita es como inicié mi acercamiento con la región, y bajo ese mismo cause de eventos es que generé el vínculo el cual me condujo del estado de Chiapas al estado de Puebla, corriendo el año de 2008, justo unos meses después de haber

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regresado del estado de California en los EUA, en donde me encontré realizando por el periodo de seis meses estudios en torno a la producción de alimentos con un patrón de agricultura orgánica a pequeña escala en el condado de Mendocino, en el norte del estado de California. De nuevo en suelo mexicano es que me ubiqué por un corto periodo en el estado de Aguascalientes, y transcurridos un par de meses me desplazo por motivos de trabajo al estado de Chiapas, específicamente al municipio de Comitán de Domínguez, donde conozco a un matrimonio con experiencia en el trabajo de acompañamiento comunitario específicamente en el estado de Michoacán. Y son ellos quienes ahora con casi tres décadas de vida en el estado de Chiapas me hablaron sobre la trayectoria de una asociación civil que en aquel entonces acompañaba un proceso en la Sierra Norte de Puebla, específicamente en el municipio de Nauzontla, y con especial atención en la comunidad de Tepanyehual, aunque también con referente de acompañamiento en al menos dos comunidades más, las cuales estaban fuera del municipio señalado. El nombre de dicha organización es “Casa del Amor”.

Una vez que conocí con mayor detalle sobre el proyecto y el perfil de acompañamiento que “Casa del amor” había llevado en la micro región en cuestión, es que me entero que aún y cuando “Casa del Amor” contaba con un referente más orientado hacia la educación y la filantropía, ocurría que desde un tiempo a la fecha, ya habían considerado la posibilidad de dar un paso también hacia la cuestión productiva, por lo tanto pensé que se abría la posibilidad de contar en aquel momento con un buen punto de encuentro entre el trabajo que yo realizaba y las nuevas líneas de trabajo que en aquel momento abrió “Casa del Amor”, pensado lo anterior más como proyecto a desarrollar. Parecía que con una charla que nos llevó tan sólo una hora, ya había una comunión con el proyecto de dicha organización.

Es así que de vuelta en la ciudad de Aguascalientes me doy a la tarea de establecer contacto con el director de la organización, el Lic. Marco Olvera (al que en el presente documento llamaré Marco), y al cabo de quince

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días ya contábamos con una comunicación fluida, además del interés manifiesto por parte de ellos de llevar a cabo una colaboración inicial con la realización de un taller sobre buenas prácticas de producción; pero además se había dicho algo referente a la posibilidad de establecer un canal de trabajo directamente en el municipio de Nauzontla, es decir, se planteó incluso la posibilidad de trasladar mi residencia a la comunidad de Tepanyehual en un futuro no lejano.

Durante aquel periodo yo era empleado del INEGI sede, en la Ciudad de Aguascalientes y por esa razón no podía dejar mi trabajo con la celeridad que lo deseaba, ya que me encontraba laborando en una de las oficinas responsables de la planeación directa del censo nacional del año dos mil diez, por lo tanto mi proceso de salida del instituto abarcó un periodo aproximado de ocho meses, tiempo durante el cual estuve viajando un fin de semana de cada quince días a Tepanyehual, es decir dos veces por mes con estancias de dos días y medio para después volver al trabajo. Durante esa etapa me encontré haciendo dos veces por mes el periplo de ir y volver, y es que el mayor tiempo que transcurrió sin asistir a la comunidad fue de un mes, situación que sólo se presentó en una sola ocasión.

Tepanyehual: la primera impresión jamás se olvida

El deseo que tuve en aquel momento por establecer un puente de colaboración bajo las pautas de la producción orgánica con la comunidad de Tepanyehual surgió desde aquella primera llamada que sostengo con Marco, el director de Casa del Amor. Una de las primera ideas a manera de iniciativa que él puso sobre la mesa es la de: “Vamos dando nuestros primeros pasos en el tema de la producción orgánica de alimentos, hemos conocido algo y queremos hacerlo también aquí, la gente está interesada y dispuesta, por eso pienso que sería bueno si te vienes a trabajar aquí con nosotros, nos interesa mucho lo que haces y pienso que puede resultar en algo bueno para todos”. Yo por aquel entonces me sentía como “león enjaulado”, sometiéndome a regímenes laborales de burocracia de oficina, con al menos

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sesenta horas de trabajo semanal, en virtud de la coyuntura del censo que estaba en puerta. Mi trabajo consistía en la redacción de los manuales de las figuras operativas del censo. Era un buen momento para decir adiós y empacar todo para volver después de casi dos años al ámbito rural, además de que mantenía el compromiso moral de haber sido becado por una agencia de cooperación extranjera en los EUA, bajo el acuerdo de volver a México y replicar lo aprendido. Esa fue la condición para recibir la beca en el país vecino del norte, además de mi perfil; es decir debía regresar a México y replicar lo aprendido, entonces esto me representaba un peso que tenía yo que cumplir, ya que tenía que comenzar a socializar lo aprendido en torno a la producción orgánica de alimentos sin empleo de energías fósiles, en un modelo más cercano a lo artesanal y autárquico. El contexto que entonces se presenta con Casa del Amor, me llevó casi sin dudarlo a considerar la alternativa de irme a la Sierra Norte con ellos. Entonces es que vino la llamada y la invitación de la que ya he dado cuenta, y aún sin haber contado con una fecha clara, de antemano yo había dicho que aceptaba.

Este trance de tomar la decisión de dejar mi vida en la ciudad de Aguascalientes fue rápido por no decir vertiginoso, ya que en el periodo menor a un mes me encontraba pisando suelo poblano con la intención de buscar un acomodo como miembro del equipo. Sin embargo, mi salida del trabajo que me brindaba un ingreso económico no ocurrió a la par de la celeridad con que lo decidí, ya que, dentro del equipo de trabajo en Puebla, no se contaba con un recurso económico para apoyar mi estancia en la región. La idea que surge para mí en ese particular momento es qué al presentarse la suma de eventos de manera tan acelerada, resultaba necesario hacer un alto inmediato, para entonces darme a la tarea de plantear la manera en cómo podría realizar un primer momento de reconocimiento y de cómo involucrarme con la comunidad, para entonces después dar paso a un diagnóstico participativo en temas de producción. La lógica de esta sucesión de eventos me llevó a generar un calendario personal sobre las fechas para mi visita a la comunidad en los siguientes días.

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Este particular y prolongado tiempo de involucrarme con el lugar e iniciar a incorporarme a la comunidad fue particularmente pesado, ya que cada quincena mi rutina era salir de las oficinas del INEGI para dirigirme a la central de autobuses y comenzar a viajar rumbo a la Ciudad de México, teniendo como destino la terminal del norte, para de ahí transbordar a la terminal Tapo y comprar boleto de autobús a alguna de las cabeceras municipales más cercanas a Zacapoaxtla, y entonces tomar “combi” o taxi colectivo para Nauzontla y después por último tomar una camioneta tipo “redilas”, ya en zona de terracería, las cuales suelen fungir como taxis en la región, y era éste el último eslabón como medio de transporte que usaba para arribar a la comunidad. Esa fue la ruta seguida durante la primera etapa de mi acercamiento a la comunidad, con un recorrido que comenzaba sobre las 18 hrs. cada viernes cuando viajaba y era continuo y sin parar hasta las 9 o 10 hrs. del sábado, que era la hora aproximada en que arribaba a la comunidad. La otra ruta que seguí durante lo que considero fue mi segunda etapa de conocimiento de la comunidad de Tepanyehaul, fue la de completar un recorrido muy similar, pero haciendo escala en la Ciudad de Puebla, a la que llegaba en la madrugada del día sábado, para después encontrarme con Marco en algún punto previamente acordado y entonces partir con su vehículo sobre las 3 o 4 hrs., con dirección a la comunidad, y así estar arribando sobre las 7 hrs. Siendo las 8 y 9 hrs. el horario promedio de arribo, y aun encontrándonos un poco desvelados, es que comíamos algo, e iniciábamos con las actividades planeadas para cada día de nuestra estancia. La vuelta para la ciudad de Aguascalientes se desarrollaba de igual manera, es decir, salir cada domingo sobre las 13 o 14 hrs., para estar el día lunes en la ciudad de Aguascalientes. La mayoría de las ocasiones tuve que llegar directamente a mi trabajo en el INEGI, salvo contadas ocasiones que conté con un el tiempo suficiente para antes volver a casa, tomar un baño, comer algo e irme a trabajar. Todo este periodo fue programado para realizarse durante ocho meses, espacio que yo calculé para dejar mi trabajo en el INEGI, sin embargo, se extendió casi tres más.

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Mi experiencia personal desde que cursé la licenciatura en ciencias políticas, me llevó al trabajo y acompañamiento comunitario en el ámbito rural en mi lugar de origen, el estado de Aguascalientes; en donde puedo decir que extrañamente la constante que nos llevó a organizarnos para trabajar con tres comunidades, nació desde el conflicto que se generó cuando desde el gobierno del estado se buscó desplazarlos de sus tierras, con el interés de favorecer la instalación de una empresa relacionada con el sector automotriz, conforme a la vocación económica inducida como impulso del desarrollo en el estado por casi tres décadas. Esto nos llevó a encontrar comunidades que al interior mayormente buscaban defender su tierra, y con ello implícitamente llevaban un nivel de politización, es decir, su organización y su lucha nacía a partir del despojo, aunque al interior fueran sociedades rurales mixtas que ejercían la reproducción material de la vida combinando el trabajo del campo, con el trabajo en la ciudad capital del estado o en alguna cabecera municipal. Sin embargo el hecho de mi nueva experiencia en el estado de Puebla, me llevó a encontrarme en una comunidad rural propiamente campesina en su mayoría y además que hablaba al interior de ella otra lengua, situación me remitió al estado de Chiapas y al trabajo que realicé durante tres años en la región selva del municipio de Ocosingo, pero aun así resultó tan particular y específico ese contexto, porque tardé en descifrar en una primera visita a la comunidad que aún y cuando contaba con un amplio número de familias que se dedicaba a las tareas del campo donde el nivel de labranza suele ser intensivo, la calidad del suelos y el registro de la precipitación pluvial anual es alta, incluso uno de los más altos de todo el país y en dónde aparentemente no se tenían problemas por conflictos de tierra, o despojo de sus recursos, es que contemplando el núcleo de elementos, es entonces que me encuentro desconcertado cuando caí en cuenta que algunas de estas familias en el pasado reciente y a la fecha optaban por cambiar el tipo de modelo de economía familiar campesina para deshacerse de su tierras vendiéndolas en los más de los casos a ganaderos procedentes de fuera de la región, para después dedicarse a la albañilería o la venta de abarrotes, y en otros casos como lo

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he mencionado ya, optaban por irse a la ciudad de Puebla. Esa suma de contextos al estar la primera vez por un lapso cercano a un mes me decía que había algún detonante que estaba generando desarraigo, una especie de cáncer silencioso que merecía ser identificado.

Casa del Amor, la asociación civil que me recibe en la región

La comunidad enclavada entre cerros me arropó con actividades diversas y varias durante los primeros tres meses, donde conté con un amplio recorrido participando simultáneamente en el trabajo de diversas faenas, tales como la milpa a través del tequio, también directamente en algunos de los preparativos debido a las recurrentes fiestas locales, los cuales iban desde la decoración de la iglesia hasta la colaboración directa en la preparación de alimentos en cocinas montadas para la celebración en cuestión, y ya por cuenta propia el realizar visitas por las tardes con algunos de los miembros de la comunidad, los cuales guardaban particular vínculo con Casa del Amor, tal es el caso del matrimonio conformado por Doña Julia y Don Sebas, así como Doña Came, mujer solitaria quién murió tiempo después de que me retiré del lugar.

El trabajo de Casa del Amor contenía un fuerte componente filantrópico donde mi primera impresión fue la de considerar que el trabajo político brillaba por su ausencia, aunque la organización social dentro de la comunidad de Tepanyehual era estrecha, quizá motivada más por lo pequeño, así como por el componente religioso específicamente en torno a la fuerte comunión con la iglesia católica, desde donde precisamente se podía observar que un mensaje teológico liberador no habitaba, sino más bien de mucho incienso, entendido lo anterior como una iglesia de más púlpito y menos trabajo fuera de las paredes del templo.

Sin embargo, el trabajo que “Casa del Amor” realizaba no podía ser sujeto de un escrutinio objetivo por parte mía sólo por el hecho de no comulgar con el entendimiento de la realidad como yo lo venía estudiando una vez entrando al posgrado, incluso me resultaba injusto el sólo

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considerarlo sin antes haber dado más detalles de su trabajo en la región y específicamente en la comunidad.

La constitución de “Casa del Amor” se realizó en calidad de asociación civil sin fines de lucro, la cual se dedicó a mantener presencia de trabajo en la región comprendida en la Sierra Norte de Puebla, con particular preponderancia en la comunidad de Tepanyehual, donde inició y fue fundada corriendo el año de 2002, dando inicio con temas de nivelación en educación escolar para niños de nivel básico, de igual manera trabajaba con mujeres en temas de alimentación y salud.

El trabajo que en sus albores desarrolló, se centró en seis comunidades pertenecientes al municipio de Nauzontla. El camino que ha conducido a “Casa del Amor” en no menos de una ocasión a cuestionarse sobre el cómo encontrar los caminos idóneos que brinden un trayecto claro y sobretodo de raigambre comunitaria buscando revertir los desacomodos que corren paulatinamente a la desintegración del tejido social, no ha sido sencillo, y menos aun cuando este escenario se traduce en una expresión de nueva ruralidad.

Hoy en día el trabajo que continua “Casa del Amor” se centra principalmente en dos comunidades las cuales son Tepanyehual y Santa Lucía. Con especial preponderancia hacia Tepanyehual, que es una comunidad de población predominante indígena, con un 30% de ésta registrada como analfabeta. Debido a ello no resultó difícil entender que los mayores esfuerzos se centraron en tener clases de regularización con los niños y jóvenes en la biblioteca que la propia organización se había encargado de preparar con ayuda de algunos padres de familia de la comunidad. En donde siempre se supo hacer presente la figura de Marco Olvera director de “Casa del Amor”, quien previo se desempeñó como profesor de tiempo completo en la Universidad Iberoamericana con sede en Puebla, y también presente el trabajo de Rosario Hernández, quién al ser oriunda de Puebla, decide cambiar su plaza de maestra de la capital al Mpio. de Nauzontla y mudarse con inquebrantable determinación a vivir a la comunidad con su pequeña hija de diez años, bajo la premisa de trabajar,

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vivir y acompañar un proceso comunitario, desde el lugar donde se vive. A diferencia de Marco Olvera quien entraba y salía constantemente de la comunidad, rutina que realizaba por lo menos dos veces al mes, ya que él contaba con la flexibilidad para poder acomodar sus horas de clase en un bachillerato de la capital y de esta manera asegurar un ingreso económico evitando desatender la coordinación de actividades en la comunidad. El estrecho vínculo que ambos mantenían con la iglesia católica me resultaba un tanto difícil de comprender, ya que no me permitió a vuelo de pájaro comprender la relación que se guardaba con la manera en cómo vivían su religiosidad hacia el interior de la comunidad, sino que fue necesario que transcurrieran varios meses para que lograra conocer un poco más a Marco Olvera, quien a diferencia de Rosario, él también tenía creencias en algunos supuestos mesías que la iglesia católica no reconoce, principalmente uno de ellos con fuerte influencia en el sureste asiático, en cambio Rosario llevaba una práctica del catolicismo más apegada a lo que tradicionalmente se conoce. Por su parte Marco figuraba también como el responsable por largos periodos del curato que había en la comunidad, ya que en algunos momentos cuando la casa que yo solía habitar durante mis estancias en la comunidad estaba ocupada por sus dueños que venían de la capital a pasar algunos días, es entonces que yo era hospedado en el curato.

El acompañamiento por los dos principales miembros de “Casa del Amor” se resumía en talleres de nutrición, alfabetización, así como la realización de algunas gestiones para la facilitación de servicio médicos y de especialistas que eventualmente visitaban la comunidad para hacer consulta o terapia psicológica sin costo alguno para los habitantes del lugar. Este acompañamiento fue la línea conductora durante varios años, y siempre muy de la mano con la iglesia católica. El vínculo que ellos dos generaron con la comunidad fue de una estrecha fraternidad en gran parte con muchas de las sesenta familias establecidas de manera permanente en Tepanyehual. Su peso y su autoridad dentro de la comunidad resultaba innegable, al grado de que bajo situaciones ríspidas o de lejano consenso entre habitantes de la comunidad, se les solicitaba su intermediación, tanto de Marco como de

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Rosario con el interés de encontrar un acuerdo entre las partes en disputa. De ese tamaño era el peso que ellos dos llevaban en la comunidad. Existe un hombre ya muerto que en vida llamaban “Don Machi”, quien era conocido por vivir con dos concubinas en la misma vivienda, un hombre entrado en los setenta años que se decía era uno de los ricos de la comunidad al haber heredado y posteriormente haber vendido tierras años atrás, quien además era también célebre por sus borracheras de escándalo que en las más de las veces terminaban violentamente al interior de su casa, y extramuros reavivando viejos pleitos que en ese momento volvían a cobrar vigencia, y se hacían válidos con algunos de los pobladores de la comunidad. De nueva cuenta ahí entraba la figura de Marco, quien era la única persona aceptada por Don Machi para que fuera a hablar con él y lo invitara a la calma y posterior a eso a irse a dormir con plena paz. Lo anterior era un secreto a voces que contaban algunas personas de la comunidad.

El trabajo y la presencia de Rosario Hernández y Marco Olvera en la comunidad, no sólo fue un motivo de un liderazgo carismático, sino también la generación de una relación de amistad con el grueso de las familias de Tepanyehual. La trayectoria de Marco es no menos particular que la de Rosario, donde el primero es oriundo de Chiapas, específicamente de la cabecera municipal de Comitán de Domínguez. Sitio de donde salió al finalizar el bachillerato, con el interés de realizar sus estudios superiores en el estado de Puebla, específicamente en la Universidad Iberoamericana, para después permanecer durante las siguientes dos décadas instalado en la Ciudad de Puebla. Es precisamente el trabajo que realizó durante sus años de universitario con la compañía de Jesús, el factor que determina su llegada a la Sierra Norte, inicialmente participando año tras año en colectas de enseres domésticos, o cobertores, cobijas, abrigos, etc., durante el periodo decembrino. Posterior a ello es que decide en compañía de otras personas comenzar a realizar un trabajo con una periodicidad más constante en la región.

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De lo que encontré en mis primeras visitas

El proceso de trabajo en la comunidad arrancó con reuniones en torno a la importancia de preservar los suelos, y lo necesario de hacerlo con prácticas de agricultura tradicional y orgánica. El avance que pudimos tener sobre lo establecido en el plan de trabajo a partir del diagnóstico comunitario sólo abarcó la mitad de lo contemplado inicialmente. Sentía que nos faltaban más días de trabajo en Tepanyehual, es decir una visita cada quincena no era suficiente, había que vivir ahí y con eso estuve durante algunos meses bajo la cavilación de que se había realizado un plan de trabajo muy ambicioso para una estancia continua de casi once meses, pero de poca duración, o pocas horas por quincena. Había algo que no terminaba de encontrar para que el engranaje del proceso de prácticas en la recuperación de suelos fuera más eficiente y por lo tanto creo que quise pensar que era el tiempo, no había que darle vuelta, era el espacio corto destinado a ello. Un año después es que encontré que había un elemento silencioso que estaba actuando dentro de la comunidad, y mis primeras visitas no lo habían visto.

Cómo era posible que familias enteras renunciaran a lo que parecía ser un edén, y en donde no se tenían conflictos por las tierras, ¿por qué soltaban o se liberaban de algunos de los elementos que aún los sostenían en lo que teóricamente es considerado economía campesina? ¿qué elementos disgregaban a la comunidad, qué elementos los amenazaban, o la suma de qué? ¿por qué decidían retirarse de un contexto aparentemente privilegiado? La impresión que conseguí de Tepanyehual era que aun y cuando había un fuerte número de habitantes que sostenían un estrecho vínculo con la tierra, habitaba otro que ya había decidido abandonar la comunidad para dejarlo todo y migrar a la Ciudad de Puebla, y un pequeño sector que era el de permanecer en la comunidad, pero dedicándose a otras tareas no relacionadas con el vivir de la tierra.

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Capítulo 2: Planteamiento de la investigación

El proceso para acercarse a la cotidianidad del sujeto, Tepanyehual no es como lo pintan

Hemos mencionado que el tener conocimiento sobre la asociación civil Casa del Amor, corrió casi a la par que el tener conocimiento sobre Tepanyehual, ya que dentro de esta última es donde se desarrollaba en gran medida el trabajo de la primera. Una vez recién llegado a la comunidad y a punto de alistarme para iniciar con el periodo introductorio al entorno y la vida comunitaria, es que me asalta la primera impresión sobre “Casa del Amor” y su trabajo, y quizá la idea que durante más tiempo reconocí, ya que descubro a una asociación que se encontraba aislada, bastante estigmatizada y separada de otras asociaciones y también organizaciones en la región, manejando o desplazándose más con un perfil hacia lo filantrópico, y que resultó para mí un contexto de sorpresa mayúscula el encontrarme con una asociación con este perfil insertada en la Sierra Norte, la cual se encargaba no sólo de tener presencia en Tepanyehual, sino también de brindar acompañamiento a dos comunidades más, pero que extrañamente ninguna de estas comunidades parecía tener mayor presencia o representación en alguna de las organizaciones más emblemáticas de la región, ya que habrá que recordar que la Sierra Norte de Puebla ha transitado por un periodo histórico de lucha social, con organizaciones campesinas e indígenas fuertes y destacadas en el plano estatal y nacional, así como un perfil de participación social por parte de los habitantes de algunas de las cabeceras municipales con mayor población dentro de la región, hay tesis de posgrado que versan sobre ello. Volviendo a lo anterior es que al encontrarme en un primer momento a la sombra de lo que me generaba la impresión de iniciarme habitando un entorno particularmente descafeinado, políticamente hablando, es entonces que considero prematuro centrar mi atención en ello, y evitar entonces que mi subjetividad otorgue un sesgo inicial difícil de borrar a lo largo de la

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investigación, el cual pudiera desvirtuar mi conocimiento de la comunidad de manera más amplia y por ende provechosa. Recalco que, al ser la primera señal tan temprana, no quise darle mayor relevancia, y consideré que el transcurrir del tiempo resultaría en el catalizador idóneo para acercarme con mayor entendimiento y comprensión a la lógica comunitaria y al trabajo de acompañamiento que Casa del Amor ha realizado en la comunidad.

La comunidad de Tepanyehual me recibió de buena manera durante los primeros meses, pero siempre cauta, ya que aunque en mi caso tuve la posibilidad de entrar en ella por medio del pasaporte que me representó Casa del Amor; esa situación me condujo propiamente a establecer un puente casi directo con los habitantes de la comunidad durante los primeros meses, y aunque no eran ajenos a visitas de foráneos tal como lo era mi caso, si guardaban algunas reticencias, y puedo hoy asegurar que también niveles de desconfianza a las particulares visitas de algunos “inversionistas” o “emprendedores” que con fondos federales buscaban ejecutar proyectos “novedosos” en sus tierras, situación de la cual más adelante hablaremos, y como lo he dicho ya, la lógica reciente les indicaba que las personas visitantes solían llegar por el periodo de unos días para después retirarse, y en la mayoría de los casos no volver.

Mi presencia en el día a día de la comunidad pasó de tener una aceptación formal, ya que fui puesto a consideración en el seno de la asamblea comunitaria, instancia en la que fui previamente votado y posteriormente aceptado. Con el transcurrir de las semanas considero que pasé de una aceptación formal, a una aceptación real y sentida por parte de algunas de las familias de la comunidad. Para prueba de ello un día de junio de 2008 cuando es que el director de Casa de Amor me anticipa que él estaría desde media semana en la comunidad, motivo por el cual yo tendría que volver a la rutina viajera de hacer el recorrido como los primeros meses, es decir, trasladarme por mis propios medios hasta la comunidad el día viernes. Entonces la situación que se presenta es que al llegar a

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Tepanyehual me doy cuenta de que ninguno de los miembros de la asociación estaban en la comunidad, situación a la que no le di mayor importancia en un momento inicial porque existía la alternativa de esperar, y así lo hice hasta ya entrada la tarde, periodo que así transcurrió y justo antes de que anocheciera sólo pensé que aunque ya era tarde, quizás aún podría buscar salir de la comunidad para trasladarme lo más pronto posible hacia la cabecera municipal con la intención de tener conexión telefónica satelital y establecer comunicación con Marco Olvera. Mi plan lo seguí así, y todavía alcancé una camioneta de redilas que aceptó llevarme siete kilómetros de terracería en su recorrido hasta la cabecera municipal de Nauzontla. Parecía que al fin las diferentes situaciones del día comenzaban a tomar un acomodo positivo para mí y mi contexto, sin embargo en la vivienda con servicio de telefonía satelital me informaron que el cielo había estado muy cerrado durante el día, y que por lo tanto no había señal, situación que me llevó a pensar que a esas alturas del día después de haber esperado durante varias horas y sin tener nada en el estómago, era mejor alimentarme y después ver qué hacer, por lo tanto es que busco otra vivienda que yo sabía suele funcionar de comedor en Nauzontla para preguntar por algo de comer. Durante los aproximadamente treinta minutos que estuve ahí comiendo con un apetito voraz y pidiendo que me llenaran dos veces el tortillero, es que observo instantes antes de pagar la cuenta para abandonar el lugar, a un hombre que arriba con dos escuálidos caballos, que venía empapado por la lluvia. Él no dijo nada, más que buenas noches, después apenas saludó a la señora de la cocina, dejándome con la impresión de aquellos que siempre se han conocido pero que resultan parcos en su trato, a él ya no lo volví a ver hasta que pagué y salí, es entonces que se me acercó para decirme que venía por mí, que ya me habían preparado de cenar y que me quedaría esa noche en la casa de Don Cande. Me quedé por unos segundos absorto, para que después se inclinara con la intención de ayudarme a poner un pie en el estribo para montar uno de los dos caballos que parecían romperse al igual que el cielo. Esa noche cené doble y no tuve indigestión. Siempre quise creer que eso

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fue una especie de señal que ya conocía en carne propia de otros andares bajo la lógica del ámbito rural. Por más precaria que sea la situación material de las personas en el campo, su idiosincrasia jamás permitirá que padezcas solo.

Algo de lo que pude dar cuenta de manera puntual, es que más allá de que el grueso de las familias de la comunidad me ubicara, a partir de ese momento yo ya podía entrar sin el acompañamiento de alguno de los miembros de la asociación. Esa fue la señal que a mí me decía que ya debía optar por buscar una casa propia para trasladarme a vivir de manera permanente dentro de la comunidad e iniciar con la etapa más provechosa de la investigación de campo.

Es precisamente la aproximación misma a lo cotidiano en la comunidad lo que me lleva a involucrarme en las más diversas tareas, y es entonces que, visitando diferentes familias así como diferentes unidades productivas, comienzo por darme cuenta que en la reproducción material de la economía campesina predominaban las personas adultas mayores, y aunque era claro que en la comunidad escaseaba la gente joven, no fue sino hasta el momento de involucrarme directamente en las tareas familiares que puedo dimensionar el alcance de esta condición.

Y es que inicialmente cuando decido concursar por un lugar en el posgrado, y soy aceptado, el objeto de estudio de la presente tesis estaba dirigido sin duda al tema de la economía campesina, pensando bajo pautas de reproducción material en esquemas de técnicas tradicionales, orgánicas o incluso vislumbrando un proyecto agroecológico que hiciera frente a la embestida mercantilista de pérdida de tierras para otros fines o vocaciones muy otras tales como la ganadería. Sin embargo no sólo fue el hecho de darme cuenta que la comunidad se estaba llenando de personas adultas en su mayoría, sino también de no dar con ese sujeto social que está en vías de empoderarse, en este caso a través de la reproducción material de su vida, y con ello quiero decir que aún y cuando habitaban esos esfuerzos de transformar las pautas de producción bajo la premisa de evitar la pérdida de

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suelo, así como la erosión de minerales y nutrientes para ejercer el derecho a la alimentación y ejercer una micro soberanía alimentaria desde esta comunidad, para mí no resultaba tan clara la manera de cómo apuntalar un proceso de esta índole. Debo de aceptar que estaba buscando esa defensa del territorio desde una perspectiva productiva en torno al cuidado y protección de la tierra, de los recursos, ya que como he mencionado anteriormente, hay actualmente una gran venta de tierras a ganaderos venidos de otros municipios precisamente con vocación no agrícola sino más bien de ganado mayor. Lo que me resultaba más determinante durante la segunda etapa de mi estancia en la comunidad era precisamente que cada vez más personas estaban abandonando las tareas del campo, en primera instancia para hacer otras actividades como auto contratarse en trabajos de albañilería o como peones fuera de la comunidad, ya fuera como jornaleros en ranchos, propiedades circunvecinas o municipios aledaños, o las experiencias más dramáticas que iban desde irse a la capital poblana o a la Ciudad de México a probar suerte como obreros en maquilas o en la construcción. El contexto de la migración en el ámbito rural mexicano no es un fenómeno nuevo desde una perspectiva histórica, sin embargo para mí había un elemento que me parecía atípico el cual no lograba descifrar, y fue entonces que, conforme comienzo a conocer la historia de la comunidad más a detalle y me doy a la tarea de recorrer hasta el último rincón donde había caseríos dispersos de las pequeñas colinas que comprende Tepanyehual, es que encuentro algo que capta mi atención: la existencia de una gran cantidad de casas deshabitadas fabricadas en diversos materiales, que iban desde ladrillo, tabla y algunas mixtas de madera con lámina; sin embargo la constante que vinculaba estas viviendas no era la calidad de los materiales, sino que se trataba de casas que no eran tan viejas o que estuvieran abandonadas por completo (al menos así lucían), y la primera impresión que surge es que se trataba de casas que se mantenían relativamente cuidadas con el objeto de volver a habitarlas en el corto tiempo, y por esa razón no se encontraban deterioradas, pero posterior a esto es que fui conociendo el contexto de dichas viviendas, las cuales

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pertenecían a familias cuyos miembros económicamente activos no superaban los cuarenta y cinco años de edad, los cuales habían decidido dejar la comunidad en un periodo no mayor a seis o siete años. Es decir que la comunidad de Tepanyehual se había convertido en una comunidad de adultos mayores en un periodo menor a una década. Alguna vez alguien dentro de la comunidad refiriéndose al tema dijo que las últimas familias en salir parecían haberse puesto de acuerdo para hacerlo, y lo anterior saltaba a la vista con el hecho de que se ubicaban bajo un perfil similar tan sólo por la edad y lo habían hecho en un mismo periodo; y siguiendo otro extremo de los cuestionamientos me parecía que tampoco había una razón clara, concreta o al menos visible que aparentemente pudiese haber motivado a estas familias a decir adiós a su comunidad de origen. Tepanyehual es una comunidad que se presenta con diferencias sustanciales a otras de la región, sin embargo, su vocación campesina se había mantenido hasta hace no más de una década, casi podría decir inmaculada para figurar como objeto de estudio de la arqueología de las economías campesinas, ya que era una comunidad con familias propiamente vinculadas a la tierra, y que por ende su vida giraba en torno a ella; fue entonces que para mí surgen las primeras interrogantes. El proceso de vinculación ya había transcurrido y ahora me encontraba precisamente con el tema paralelo que en un principio me llevó a la comunidad referente a la producción con técnicas orgánicas y sostenibles de la tierra, y fue entonces que propongo un micro plan de ordenamiento territorial participativo dentro de la comunidad, lo que me conduce a realizar un sondeo muestra en algunas casas seleccionadas aleatoriamente. Aquí es cuando vino casi por accidente una de las pistas que abonaron a los derroteros de la presente investigación. Todo ocurrió un día que tenía tres visitas programadas a diferentes viviendas para realizar algunas preguntas sobre el número de miembros, las actividades que realizaban, etc., las cuales desde luego también resultaron ser un insumo valioso para nutrir esta investigación. Una vez visitada la primera vivienda es que inicia un desfase con la segunda porque la persona que me recibiría aún no regresaba de algún “mandado”, y es a su llegada que ya

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corría tarde el tiempo de la hora acordada, motivo por el cual es que tengo un retraso para llegar a la tercera visita. Al llegar me indican que ya no podría llevar a cabo la entrevista en virtud de que la persona que me atendería tenía programada otra cita con algunos empleados de un programa de gobierno, con la intención de realizar una especie de supervisión para poder constatar que todo se encontraba en orden respecto a una beca de la que era beneficiaria. Entendí bien lo que me señalaba, puesto que era yo el que llegaba tarde a la cita y ella me había señalado muy claramente una hora para recibirme porque había pendientes que atender después de mi visita. La reunión nos consumiría poco tiempo, pero como ya nos encontrábamos fuera del horario previsto, es que casi un momento después de iniciar la charla llegaron dos personas del programa federal Oportunidades para hacer una revisión de algunos papeles y unas especies de constancias sobre unas pláticas que debía acreditar la persona entrevistada, recabaron la información y a los pocos minutos se fueron. Pasadas algunas semanas es que cruzando información logro ubicar lo que para mí representó en ese momento otro gran tema que a mi juicio merecía por sí sólo ser un tema de investigación, pero decidí no adelantarme y lo tomé con reservas. Estos pequeños cuestionarios que levanté con las familias seleccionadas en la muestra, me permitieron dar cuenta que un amplio porcentaje de las familias que recibían el apoyo del programa gubernamental había optado en los últimos años por ya no atender o brindar mayor importancia a algunas de las unidades productivas dentro de la economía familiar, como lo son el corral, el gallinero y en algunos casos los huertos de traspatio; los casos más dramáticos habían optado no sólo por olvidarse de dichos espacios, sino por desprenderse de manera definitiva con la venta de la tierra. Era aún temprano para decirlo, pero algunas de las interrogantes formuladas comenzaban a presentar hilos conductores hacia la formulación de posibles respuestas.

El periodo que recorrí tuvo un giro de mucha incertidumbre al no saber qué pasaba en mi calidad de miembro externo de la comunidad, fue

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entonces que debí reorientar mi objeto de investigación, pues me cuestioné durante algunas semanas si el argumento central de mi investigación debería seguir siendo el acompañamiento en la búsqueda de ese sujeto social naciente, o el de ubicar mi investigación en el rastreo de las causas que originaban que la gente se desvinculara de los trabajos de la tierra o se marchara de la comunidad. Afortunadamente para mi bienestar y tranquilidad fue que en el inter de tomar la decisión sobre el camino que tomaría la investigación, se atravesó una festividad en la comunidad y conté con algunos días inmejorables de esparcimiento en los cuales estuve recorriendo varias casas por invitación y comiendo casi todo el día en ellas. Después de eso pensé que no me gustaría que ese tejido vivo que aún pervivía en la comunidad algún día se perdiera, y mi decisión fue ir por el acercamiento a la erosión de la lógica campesina y lo que parecía ser una pobreza en aumento que orillaba a la gente joven a partir. Es entonces que surge mi tema de investigación.

¿Qué se busca investigar?

Durante las últimas décadas el campo mexicano ha experimentado un agudo proceso de cambio bajo los derroteros del modo de producción capitalista, dicho proceso ha impactado otras esferas de la vida comunitaria y campesina, donde se ha observado una disociación de las relaciones económicas y culturales de modelos productivos no insertos en el patrón capitalista, derivando esto en un proceso agudo de descampesinización y aumento de las condiciones de pobreza. Lo anterior es una especie de vorágine socio – económica que comprende un amplio espectro del campo mexicano, en el cual resulta de gran importancia acercarnos a la descripción o conocimiento de los elementos que conforman dichos procesos con el objeto de conocer los hilos conductores de tal transformación, donde se presenta una oscilación entre una economía mercantilista predatoria y una economía campesina de subsistencia.

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Objetivo general:

Indagar por medio del estudio y análisis teórico y práctico, los elementos de mayor relevancia que detonan y agudizan un proceso de descampesinización, el cual agrava las condiciones que reproducen la pobreza en la comunidad de Tepanyehual, municipio de Nauzontla, en la Sierra Norte de Puebla en el periodo comprendido entre 1960 – 2005.

Para llegar al objetivo general se han establecido los siguientes objetivos específicos que guiarán a la presente investigación.

Objetivos específicos:

I. Identificación de los elementos que definen el proceso de descampesinización.

II. Ubicación y registro de unidades productivas y reproductivas en la comunidad.

III. Monitoreo y sistematización del proceso de descampesinización dentro de unidades productivas y reproductivas.

IV. Representación de la lógica comunitaria en torno al valor de uso y el valor de cambio.

V. Elementos que inciden en el incremento de la pobreza VI. Nexos entre descampesinización y pobreza.

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Diseño del método de la investigación

Argumento central

Para establecer un punto de partida, se establece un argumento central como guía para el desarrollo de la investigación, el cual apunta a que la comunidad de Tepanyehual vive un proceso con elementos de aparente descampesinización, los cuales están llevando a su vez a un agudo proceso en el incremento de la pobreza. De lo anterior se desprende el siguiente párrafo como argumento central:

El aumento de la pobreza es resultado de la constante descampesinización que ocurre en la comunidad de Tepanyehual. El periodo comprende los años de 1960 a 2005.

Importancia social de la investigación

La relación que se vive en Tepanyehual se ha presentado imbricada por una línea que va hacia el fortalecimiento de las relaciones comerciales de mercado, la cual cruza con un modelo de economía de subsistencia que

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continúa siendo la principal vía de reproducción para algunas familias de la comunidad. Es así como en Tepanyehual, se observa un fuerte segmento de la población la cual reconoce un cambio a partir del aumento en la cobertura de los servicios básicos, de salud, educación, aunque este último en menor medida, pero también se asume que como campesinos han dejado las faenas del trabajo de la tierra.

Algunos pobladores guardan la percepción de que aún y cuando algunas de las cosas han cambiado en torno al vínculo con la tierra, al parecer esta situación no les significa un escenario adverso del todo, ya que en contraparte se cuenta con algunos de los servicios que anteriormente no se tenían, como lo son la luz eléctrica o el drenaje.

El suceso de que los pobladores de Tepanyehual conciban su situación a partir de servicios que hasta hace al menos dos décadas no figuraban como indispensables en la comunidad, tales como corriente eléctrica y el drenaje, es de llamar la atención ya que éstos son ponderados de manera más alta, incluso por encima de otros satisfactores de necesidades aparentemente más inmediatas, como lo es el alimento, o el hecho de contar con una porción de tierra propia necesaria como unidad productiva mínima para poder llevar a cabo un modo de vida campesino bajo el esquema de una economía de subsistencia. Lo anterior nos conduce a preguntarnos si es que aún en la actualidad los pobladores de Tepanyehual se perfilan bajo un proceso de “nueva ruralidad”, debido a que la migración1 hacia la capital

del estado en primera instancia es muy frecuente y no es un caso ajeno para la mayoría de las familias que al menos cuenten con un integrante que haya migrado por esta situación. El poblador de Tepanyehual comenta con otras palabras que su preocupación es asegurar la sobrevivencia, pero no parecen tener claro bajo qué dinámica lo obtendrá. Es comprensible que hoy en día para muchas familias sea más importante el hecho de asegurar el alimento antes que el saber de dónde o cómo viene éste, siempre y cuando se cuente

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con el poder adquisitivo para hacerlo, sin reparar siquiera en mantener o combinar alternativas complementarias.

Revisando los últimos informes de algunos municipios cercanos geográficamente a Nauzontla, como el de la administración municipal de Cuetzalan del Progreso,2 a falta de haber publicado uno el municipio de

Nauzontla, nos encontramos con que abundan los datos que hacen alusión a cifras que persiguen tener la talla de indicadores, las cuales se presentan como respuesta categórica a los problemas de bienestar. Dichas cifras toman forma en la cantidad de nuevas viviendas que cuentan con luz, la cantidad de apoyos en pesos que han sido destinados para el acompañamiento de prácticas de agrícolas convencionales, y realmente no parecen menores o escuetos, pero algo que es claro es que no existen los apartados para presentar la información de políticas públicas que impactan directa o indirectamente al campesino, porque recordemos que “inversión agrícola” y “economía campesina” no necesariamente viajan en concomitancia, y con esto muy probablemente se camine en detrimento de su economía. Esta información no aparece en el informe porque sencillamente no existe como tal. Pero todo este análisis parece que ocurre tan lento que, a cambio de perder algunas características propias de la identidad campesina, éstas son reemplazadas por otras cosas como lo son los servicios públicos.

El proceso de “nueva ruralidad” por el que atraviesa Tepanyehual, pudiera ser presentado o resumido en una imagen o en un evento como lo es el festejo que despierta la construcción de una carretera de asfalto que atraviesa por el medio de la comunidad. La carretera en su momento fue celebrada ampliamente entre los pobladores, ya que representa la entrada y la salida a la propia comunidad, aunque ubicándose Tepanyehual a menos de siete kilómetros de la cabecera municipal. Esta conexión por ahora no responde a facilitar la comercialización de productos, al menos no de

2 Se toma el informe municipal de Cuetzalan del Progreso por su cercanía, a falta

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Tepanyehual, ya que dentro de la comunidad la agricultura practicada no figura propiamente como elemento del sector primario, porque no es producida para tal efecto, sino que, por el contrario, los que aún la practican, lo hacen más para el autoconsumo. Con esto parece que los que obtendrán mayores ventajas serán los ganaderos advenedizos que han comprado la tierra de manera relativamente sencilla jurídicamente hablando, ya que al no ser ejido la tierra que comprende la comunidad, el camino resulta ser más sencillo al momento de realizar los trámites para su venta y aunado a esto, el tema de los precios por la tierra resulta ser relativamente bajo. En definitiva. esta carretera podrá acortar los tiempos para sacar e introducir ganado mayor.

Una segunda vertiente es el rol de franca descampesinización como consecuencia de ir perdiendo gradualmente sus tierras, es decir lo que les brinda el sustento de la reproducción material de la vida, situación que no sólo ocurre por venta, sino también por fenómenos naturales provocados por el manejo equívoco de los recursos como lo ha sido la erosión de tierras de labranza otorgadas a renta para habilitar potreros; de igual manera, una tendencia que ha tomado fuerza en la comunidad es el empleo de agrotóxicos que acaban con la vida microbacteriana de los suelos, y sobretodo el desdén por el uso de técnicas de agricultura ancestral que antecedieron durante siglos al inicio de la era de la revolución verde de principios de los años cincuenta con el paquete tecnológico que ésta lleva consigo.

Estableciendo lo anterior y con la información hasta ahora ya mencionada es que a continuación se plantea un mapa conceptual para establecer una base de elementos teóricos que nos brinden luz a lo largo del camino que nos llevará a recorrer y conocer la comunidad de Tepanyehual hasta el final de la investigación.

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Contexto conceptual

Mapa conceptual

Mujeres y hombres que viven bajo una lógica económica campesina suelen apoyarse en tres pilares los cuales brindan sustento a su vida: la tierra, la identidad y el presente, con estos logran desarrollar un lugar en el mundo desde donde realizan la representación material de su existencia. Es un transitar que conjugan estos elementos, sabiendo oscilar con la construcción de sus pensamientos y de su sentir desde su posición como hombres y mujeres que persiguen la reproducción materialmente de su vida a partir del vínculo con la tierra.

Las dos vías que se presentan en el mapa, aunque no son iguales no son alternativa una de otra, sino que se pudiera incluso llegar a una situación de aparente descampesinización recorriendo caminos diferentes, es decir construir estadios de la realidad diferentes, pero con la constante común de romper con la lógica de vida campesina. Incluso la descampesinización inmediata que puede ser entendida como ¨ascendente¨ es la que generaría

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la incorporación del trabajo vivo de mujeres y hombres del campo a la lógica del orden económico actual, el cual brinda una remuneración monetaria que bajo escenarios diferentes genera riqueza obtenida del plusvalor entregado, y en consecuencia generar desapego a la vida vinculada al trabajo y cuidado de la tierra.

El contexto donde la riqueza obtenida ubica a los hombres y mujeres en una condición de pobreza moral ante la imposibilidad de tomar decisiones sobre la reproducción de su vida genera entonces un contexto de profunda descampesinización. En un contexto de orden económico actual donde la pobreza y el desamparo pueden conducir a la indigencia.

Método de levantamiento de la información y fuentes: Observación participativa y conformación del cuerpo de datos

Las técnicas y herramientas por emplearse para recabar la información se constituyen bajo el encuadre de observación participante, apoyándose de la entrevista, el diario de campo, los análisis de documento, así como el diseño de un cuestionario para la realización de un conteo. La información será en muchos de los casos procesada desde el propio sitio (la comunidad de Tepanyehual) apoyado en el diario de campo por medio de la interpretación, la descripción, así como conceptualización y reconceptualización de términos. Posteriormente se trabajará la articulación de dichos elementos en “horas escritorio”, ya que son los miembros de la comunidad los actores que nutrirán la presente investigación, tomando el espectro de opiniones y perspectivas de los entrevistados.

El espacio para tener contacto con los miembros de la comunidad y/o personas que aporten los elementos de análisis, así como la información, se realizará preferentemente por medio de recorridos – transectos y visitas in

situ, mediante el empleo de la entrevista formal dentro del ámbito

comunitario a través de la observación participativa como técnica mayormente priorizada a lo largo del desarrollo de la investigación, y para la consulta de los materiales bibliográficos se tiene una lista de ellos, los

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cuales serán consultados para la conformación de los capítulos teóricos de la investigación. El trabajo de campo viaja en dos vías: por una parte me lleva a acordar reuniones con las personas que serán visitadas, y por otro lado, aquellas que surgen sin estar propiamente planeadas, que mayormente se han generado en los momentos en que me integro a las tareas de la comunidad, de acuerdo a lo que la temporada indica que hay que hacer, tal como ha ocurrido con el periodo de hacer milpa, o meses después de pizcar el maíz, incluso el periodo de fiestas ha sido un buen momento para recabar información pues siempre se requieren manos para realizar la decoración de la iglesia, o incluso algunas casas que recibirán las imágenes de la celebración.

Las conversaciones y entrevistas con los campesinos, jornaleros, empleados de la construcción y amas de casa de la comunidad de Tepanyehual, son las que principalmente aportarán la información que sustente la presente investigación. Asimismo, se buscó el acercamiento con autoridades de Nauzontla y otros funcionarios públicos para acceder a documentos que brindarán insumos sobre registros de la historia de la comunidad, buscando la mirada que le brinde un reconocimiento formal escrito por algún registro de la órbita estatal. A su vez se usaron herramientas para documentación tales como: grabadora de mano, cámara fotográfica, lápiz y papel.

La accesibilidad al territorio no presentó mayor inconveniente ya que una vez dentro de Tepanyehual, aún y cuando presenta orografía sinuosa, con la presencia de numerosas colinas en un espacio reducido que comprende la comunidad, no ha resultado en un mayor contratiempo para recorrerlo, incluso en los abundantes días de lluvia; en el ámbito social interno de Tepanyehual habita una relación de confianza con lo que hemos venido trabajando desde que se puso a consideración de la comunidad la realización de la investigación. Yo vivía en una casa de piedra que me fue asignada, bajo un entorno doblemente privilegiado: en primer lugar por su ubicación, gracias a que se encontraba en lo alto de una colina en la orilla de la comunidad, desde donde se tenía una vista panorámica de ésta, y en

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