APUNTES DE MEDICINA TRADICIONAL
Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio, sin autorización escrita del autor. © DERECHOS RESERVADOS -1993,
Respecto a la segunda edición por A&B S. A. Para mayor información dirigirse a
Manuel Cisneros 1049 - Lima 13 Telf.: 72 53 71
Impreso en Lima, Perú Printed in Lima, Perú
Impresión de la 1ra. edición Julio de 1993 Impresión de la 2da. edición Noviembre de 1993 Esta edición se imprimió
en los talleres de A&B S. A. Lima - 13 - Telf. 72-5371 Lima - Perú
PROLOGO A LA PRIMERA EDICION
La cosa empezó así: en 1950, recién llegado de mi larga estadía en Filadelfia donde estuve especializándome en Neurología y Cirugía Cerebral, el maestro Juan B. Lastres, notable profesor de San Fernando, me pidió muy afablemente que realizáramos juntos la tarea de desentrañar el problema de las trepanaciones craneanas que los antiguos cirujanos peruanos habían realizado en los albores de la civilización andina. Un historiador y un neurocirujano, dijo él, deberían ser capaces de encontrar el hilo de la madeja en este asunto que tanta imaginación calenturienta había ya despertado.
El resultado tuvo, como siempre, un aspecto público y una faceta oculta. Se publicó el libro "La Trepanación del cráneo en el Antiguo Perú"', como un homenaje póstumo a la prematura muerte de DonJuan. Fue leído, celebrado y discutido. Pero la huella escondida era profunda: había dejado en mí un pertinaz deseo por saber más y más sobre la medicina del Antiguo Perú.
En el estudio clásico de la historia de la medicina, cuando uno lee a Hipócrates y Galeno; a los revolucionarios médicos del Renacimiento como Paracelso, Paré, Vesalio; y de la ilustración: Sydenham, Leenwenhoek, Harvey…; en fin, cuando uno lee la historia de las ideas, mira por lo general los sucesos del pasado como en un interesante caleidoscopio que muestra imágenes de .los grandes genios, de sus triunfos y errores, de sus glorias y vicisitudes; y aprende así de ellos a pensar y repensar en la búsqueda continua de la verdad.
Así lo hice, rebuscando en las nutridas bibliotecas de los maestros Lastres, Weiss, Monge, Paz Soldán. Pero simultáneamente, mi trabajo continuo y arduo en el hospital, me puso en contacto íntimo con lé:' biografía de cada paciente y me exponía permanentemente a la existencia deslumbrante de un Perú escondido más allá de los pasillos del nosocomio y más allá de las escuetas historias clínicas. Me llevó esto pronto a la conclusión de considerar que la historia relatada por los cronistas en enmohecidos y apolillados libros estaba allí viva en las creencias médicas de aquel hombrecillo del campo en la cama número tantos o de aquella viejecita en el pabellón equis. Historia viva, indeleble, tercamente enraizada en el acontecer diario del Perú profundo de Arguedas, de Víctor Raúl y de Mariátegui... La historia seguía invariable, refugiada en los largos siglos de marginación, de ignorancia detrás de una brecha negra que separa la medicina académica, que yo he seguido ejerciendo, de un sistema médico que hasta hoy, medio siglo después, constituye el auxilio de un abrumador porcentaje de la población peruana.
Y así fui tomando apuntes, interesado siempre en lo que hay detrás del síntoma; en lo que bulle más atrás de la conversación formal a la cabecera del paciente que llegó al hospital moderno amparado por el creciente desarrollo de la salud pública. y fui al campo y a la aldea, y visité los barrios marginales de las ciudades gigantescas, y pregunté y leí y cultivé la amistad de antropólogos y de políticos y de historiadores. Y miré las plantas que Don Augusto Weberbauer me había enseñado a amar, y martillé en mi mente los latinajos, y supe de las fórmulas químicas que desenredó ante mí Don Víctor Cárcamo y cultivé la amistad de los Ferreyra...
Todo eso es historia, verdades. Pero todo eso es sabiduría vigente hoy en la aldea y en el valle y en la jungla fértil. De eso tratan estos apuntes rescatados ahora de papeles sueltos y apolillados, de notas mil veces olvidadas, de dibujos esenciales, de frases sueltas que encerraron alguna aventura de la mente fatigada en las insomnes noches del hospital, atrapado entre cráneos traumatizados y aneurismas cerebra¬les, entre cefaleas y lumbalgias, entre antibióticos
y substancias psicoactivas. No hago sino transcribir lo que alguna vez escuché, contemplé asombrado o miré incrédulo o irónico y a veces dibujé aburrido...
Muchos amigos me ayudaron. Nombrar a unos cuantos sería injusto tratamiento de los que tendría que silenciar por falta de espacio. A todos ellos, mi cariñoso reconocimiento por su sabiduría y bondad. Si algo de original encuentra el lector en este libro, recuerde siempre que de alguien lo aprendí aunque a veces lo callé por estar la fuente ya más allá de la memoria.
Son apuntes. No es un texto. El aparente orden no es sino el producto de la copiosa acumulación de datos e ideas. De mis lecturas y estudios en las bibliotecas de Lima, de Miami, de Washington, Madrid y París. De los datos bibliográficos brindados por el brujo de Illinois, Norman Fansworth, y por el hada de Coral Gables, Julia Morton, con NAPRALERT y Morton Collectanea, tesoros inacabables de información botánica y farmacológica. Y de las largas conversaciones con quienes en la bibliografía aparecen con el frígido epíteto de "comunicación personal".
Y en la edición de estos apuntes debo agradecer la paciencia, tolerancia y comprensión del Ingeniero Carlos Chirinos y del Dr. Alvaro Chabes que, desde CONCYTEC, supieron esperar largas semanas sin perder la confianza en este escritor tan ocupado en la sala de operaciones y en el consultorio neurológico. Un cariñoso reconocimiento también. a la Sra. Ana María Alva de León, por la preparación de las acuarelas de las plantas medicinales. Los dibujitos al margen me pertenecen. Son parte de los apuntes, a veces hechos a la carrera y a veces como parte de una meditación libre. La cirugía es un dibujo aplicado a la salud. He de rendir igualmente mi agradecimiento a Amadeo Bello, de Editora A & B, que aguantó mis canseras de viejo y desordenado escritor y supo perdonar mis frecuentes e impacientes demandas.
Por último, y con todo el corazón. Dedico este libro a la Bamby, mi esposa, a quien robé horas incontables de encierro entre libros y papeles. Detrás de todo el esfuerzo de escribir y ordenar en estos últimos dos o tres años, está ella que supo darme siempre su comprensión y amor.
Fernando Cabieses
PROLOGO A LA SEGUNDA EDICION
La actitud tan cariñosa y multitudinaria con la que fue acogida la primera edición de estos Apuntes, nos ha estimulado avanzar de inmediato esta segunda impresión en un formato de mayor aceptación pública: dos tomos, de tamaño manuable.
Esperamos que los consiguientes comentarios y opiniones se inspiren en los principios de la crítica constructiva, acertada y justa para coadyuvar en el propósito de proseguir nuestra grata tarea de difusión de la cultura peruana, a través de sus figuras más relevantes.
CONTENIDO
Prólogo a la Primera Edición... I Prólogo a la Segunda Edición... V
Capítulo I
EL TERRENO
... 16Los sistemas médicos... 16
Otros sistemas ... 17 Causalidad... 17 Cultura y salud ... 17 Cultura y enfermedad... 18 Medicinas tradicionales ... 18 Relación transcultural ... 20 Curar y cuidar ... 20 Enfermedad y sufrimiento... 21 Movilidad cultural... 21 El aporte exógeno ... 21 El valor de lo obsoleto ... 22
Explosión de las expectativas ... 22
Jerarquización de los sistemas ... 23
Soluciones ocultas... 23 Plantas medicinales... 24 Valdizán y Maldonado... 24 Antropología Médica ... 25 Evolución de conceptos ... 26
Capítulo II
LA SEMILLA
... 28 Historia de la historia ... 29 La conciencia ... 30 La neurología ... 30 Grandes incógnitas... 32 Significado de 10 percibido ... 33 La memoria ... 33 Memoria de la especie ... 34 El substrato anatómico ... 35 Memoria y tiempo... 35La herencia del pasado... 36
Las coincidencias ... 36
La conciencia protegida ... 38
Conciencia, memoria e inconciencia ... 38
Rememorar... 38 Atención y memoria... 39 Memorizar y rememorar ... 39 El subconciente individual... 39 El subconciente colectivo ... 40 Inteligencia subconciente... 40
Más allá de la razón ... 41
¿Dónde está el inconciente?... 42
¿Por qué no sentimos la conciencia en el cerebro? ... 42
Las funciones cerebrales ... 43
Otras barreras ... 44
Síntomas psicosomáticos ... 44
Dos pensamientos, dos almas ... 45
Mirar hacia adentro ... 46
El más allá... 47 Rompiendo la barrera... 49 El trance ... 51
Capítulo III
RAÍCES
... 53 El Núcleo religioso ... 54 Un concilio universal ... 54 La Situa ... 55 La Comunión ... 57 El Ayma ... 58 Jerarquías sacerdotales... 58 Un congreso médico ... 60 El Inca estéril ... 61 El Inca médico ... 61 Destrucción de ídolos... 62 Salud y religión ... 62 Adivinos y profetas ... 64 Categorías y denominaciones ... 65 Los actores ... 65 Los ichuris... 66 Los Guacaues ... 68 El Hampicamayoc ... 68 Huatyacuri... 69 Mártir de la transculturación ... 70 La selección ... 71 Lo racional ... 73 Lo mágico ... 73 Prácticas desorganizadas... 73 La Ecología ... 74 Medicina militar ... 75 Los mitimaes... 75 Geografía y Ecología ... 76 Geografía y hombre ... 77 Medicina y cirugía ... 78 La cirugía ... 78 Fracturas óseas ... 79 Amputaciones ... 79 La succión ... 81 El masaje ... 82 La sangría... 82 Baños y enemas ... 82 Las hemorragias ... 83La Sutura quirúrgica ... 84 Anestesia ... 85 Heridas ... 86 Dentistería ... 88 Abdomen y tórax ... 88 Trepanación craneana ... 89 Los instrumentos... 89 El tumi... 90 El pensamiento médico ... 95 Ideas y palabras... 95 El intelecto ... 97 La capacidad mental ... 98 Visiones y locura ... 99 Los ensueños ... 99
Néctar de los dioses ... 100
Sueño y vigila ... 100 La anatomía... 101 Lo episódico... 101 El trauma... 102 La cabeza ... 103 El lenguaje ... 103 Tacto y cosquillas ... 104 El movimiento... 105 Moverse y andar ... 105
Capítulo IV
LO QUE VINO DE ESPAÑA
... 109Los números... 109
La Antigüedad... 110
Hip6crates ... 111
Galeno ... 111
Roma ... 114
Principio y fin de la Edad Media ... 115
El cristianismo ... 115 Los conflictos... 116 La Magia persa ... 117 San Cripiano ... 118 San Antonio ... 119 Los bárbaros... 119 Remolino de ideas... 120 Gnosticismo ... 120 Hermetismo... 121 Caos teológico... 121 Reacciones oficiales... 122 La Medicina monástica ... 122 El Bien y el mal ... 123 Los demonios ... 124 Satanás ... 125 Dios y el demonio ... 127 Los hospitales ... 128 La gran tregua ... 129
El humanismo ... 130
Los judíos... 130
Los árabes ... 131
La medicina española... 131
Salerno ... 132
La medicina de los conquistadores ... 134
El caos creativo ... 136
El Culto del demonio ... 136
El terrible contacto... 138 Triunfo de la crueldad ... 139 Guerra interna ... 139 Más guerras internas ... 140 Transculturación ... 140 Comparación utópica ... 141 Intercambio de enfermedades ... 141 Represión ideológica... 141 Los cronistas ... 142 El Carácter español ... 142 Los arquetipos... 142 Dios y el demonio ... 144 El ocultismo ... 144 Los defensores ... 144 El Último estertor... 145
Las dos vertientes... 145
Dioses que vinieron del mar ... 146
La contribución medieval ... 147 La brujería... 147 La Inquisición en el Perú ... 149 La alquimia ... 150 Agrippa y otros ... 151 Paracelso ... 152 Laguna ... 152 Nostradamus ... 152 Rosacruces ... 152 Fausto... 153
John Dee y otros ... 153
La astrología ... 154
Renovación, rebeldía y cambio... 154
La resistencia al cambio... 155 El atraso médico... 156 Los hospitales ... 156 Los curanderos ... 157 Inti Raymi ... 157 Sincretismo ... 157
Raíces que sobreviven... 158
Capítulo V
LOS LABRIEGOS
... 164Servidores de la salud ... 164
Curanderos y médicos ... 167
El médico migrante ... 168
El chamanismo... 169
Características del chamán ... 171
Animales amigos... 172
Lenguaje secreto ... 174
¿Hombres enfermos? ... 176
La iniciación ... 177
Descuartizamiento ... 177
Cielo, tierra e Infierno... 178
El árbol... 178
Ascenso a los cielos ... 179
La montaña ... 179 El Ave mítica ... 180 La escalera ... 180 El ritmo ... 180 El ruido ... 183 Más ruido ... 183 Rito y espacio... 184
Mesas, usnos y despachos... 185
La “uncuña” cusqueña ... 185
El chamán selvático ... 186
La mesa ... 187
Chamanismo y profesión ... 190
Capítulo VI
NUBES, LLUVIA Y VIENTOS
... 194Enfermedades pre-hispanicas... 194
Medicina totalizada... 195
Los Hábitos alimenticios ... 195
Salud y trabajo ... 196 La diferencia esencial ... 197 Síndromes culturales... 197 El susto... 198 El mal de ojo ... 199 Amuletos y talismanes ... 202 El aire ... 204 El daño ... 204 El chucaque... 205
Síntomas, síndromes y enfermedades ... 206
Capítulo VII
PLANTAS
... 16 Agricultura y nutrición... 21 El comienzo ... 21 La caza ... 21 El mar... 22 La domesticación ... 23 La agricultura ... 24Hongos y enanitos ... 38
Marihuana... 38
Amapola y otros ... 39
Psicofarmacología ... 39
La experiencia alucinatoria ... 41
"Las Siete Ñustas de Wiracocha" ... 49
Las trompetas del demonio... 49
El Llanto del sacerdote ... 52
Tupac Sauri ... 56
El Cactus de los cuatro vientos... 59
La cuerda del muerto ... 63
Campanillas infernales ... 65 La coca ... 67 El rito... 68 La llipta ... 68 Larga historia... 69 El Dilema... 69 Coca y medicina ... 64 Coca y cosmovisión... 64
La migración del hábito... 65
Reprimir o consentir ... 65 La Hija fatídica... 69 Un problema de familia ... 70 Farmacología ... 71 Farmacocinética ... 72 Farmacodinamia ... 78
Coca ilegal. Su impacto ecológico ... 82
La economía monstruosa... 84
La Quina y la Quinina ... 85
Achiote (Bixa orellana) ... 96
Descripción botánica ... 97
Origen e historia ... 98
Cultivo ... 100
Composición química y farmacológica ... 102
Problemas fitosanitarios ... 102
Usos populares ... 103
Otros usos ... 104
Ruda (Ruta graveolens)... 106
Descripción... 106 Origen e historia ... 108 Cultivo ... 109 Usos populares ... 110 Composición química... 111 Acción farmacológica ... 112
Papaya (Carica papaya) ... 114
Origen e historia ... 116
Descripción... 117
Uso en la medicina popular ... 118
Química y Farmacología ... 119
Ricino (Ricinus comunis)... 123
Origen e historia ... 124
Descripción... 124
Cultivo y procesamiento... 126
Usos en la medicina popular ... 127
Composición química y farmacológica ... 128
Usos industriales... 129
Chamíco (Datura stramonium) ... 130
Consideraciones botánicas ... 130
Sinonimia ... 132
Historia ... 132
Descripción... 133
Usos populares ... 133
Composición química y farmacológica ... 134
Usos industriales... 136
Distribución geográfica y cultivo ... 136
Manejo y comercialización ... 137
Eucalipto (Eucaliptus globulus)... 137
Consideraciones botánicas ... 137
Sinonimia ... 137
Descripción... 138
Composición química... 138
Usos medicinales populares ... 139
Aplicaciones industriales... 140
Cultivo y procesamiento ... 141
Piña (Ananas comosus (l) Merril)... 142
Descripción... 144
Origen e historia ... 145
Cultivo ... 145
Usos en la medicina tradicional... 147
Composición química y farmacológica ... 147
Yerba Luisa (Cimbopogon citratus)... 149
Historia ... 149 Sinonimia ... 149 Descripción... 149 Distribución geográfica ... 150 Usos populares ... 150 Aplicaciones industriales ... 151 Composición química ... 152 Acción farmacológica ... 153 Recolección y cultivo ... 153
Paico (Chenopodium ambrosioides)... 154
Descripción botánica ... 156
Origen e historia ... 157
Cultivo ... 158
Usos populares ... 160
Farmacología ... 161
Toxicidad ... 162
Modo de empleo ... 162
Cúrcuma (Cúrcuma longa) ... 163
Descripción... 166 Origen e historia ... 166 Composición química... 167 Cultivo y procesamiento ... 168 Farmacología ... 171 Otros usos ... 172
Molle (Schinus molle) ... 173
Descripción... 173
Sinonimia ... 174
Usos populares ... 174
Aspecto farmacológico y químico... 176
Composición química... 177
Aplicaciones industriales ... 178
Cultivo ... 178
Distribución geográfica ... 179
Aloe (Aloe vera)... 179
Aspectos botánicos ... 179 Sinonimia ... 179 Usos populares ... 182 Usos medicinales ... 182 Cultivo ... 185 Composición química... 186 Disponibilidad ... 187
Maguey (Agave americana) ... 187
Origen ... 188
Descripción... 188
Cultivo y explotación ... 188
Composición química... 190
Usos en la medicina popular ... 191
Farmacología y toxicidad ... 191
Manzanilla (Matricaria chamomila) (Anthemis nobilis)... 192
Denominación y sinonimia... 192 Descripción ... 192 Composición química... 193 Acción farmacológica ... 193 Usos populares ... 195 Usos industriales... 195 Cultivo ... 196
Llantén (Plantago major) ... 198
Descripción... 199
Usos populares ... 199
Farmacología ... 201
Composición química... 202
Otros usos ... 202
Chanca Piedra (Phyllanthus niruri)... 202
Origen... 204 Descripción... 204 Cultivo ... 204 Composición química... 205 Usos populares ... 205 Acción farmacológica ... 206 Preparaciones galénicas ... 207
Guayaba (Psidium Guayava) ... 208
Descripción... 209 Origen e historia ... 210 Cultivo ... 211 Pestes ... 212 Composición química... 212 Usos populares ... 213 Farmacología ... 213 Otros usos ... 215 Saborizantes ... 215 Apio ... 216 Hinojo... 216 Perejil ... 217 Anís ... 218 Romero ... 218 Comino ... 219 Culantro ... 219 Tomillo ... 220 Orégano y Mejorana ... 221 Toronjil... 221
Bibliografía General y Lecturas Recomendadas ... 224
Bibliografía de las Plantas Mágicas... 263
Los
Sistemas
médicos
EL TERRENO
“Siglos tras siglos, estuvieron gentes comunes y sabios alienados babeando espejismos y dando razones y sentencias para ambos horizontes.” -
Dimas Arrieta, 1989.
El estudio de las medicinas tradicionales es extremadamente importante en nuestro país porque se trata de actividades que se encuentran en la línea de acción en el desarrollo armónico de nuestro pueblo. Su aspecto antropológico y social es quizás el más preponderante, pero también el más descuidado. Por eso dedicamos a ellos párrafos iniciales de este libro.
Aunque lo contrario pueda parecer obvio, lo cierto es que un alto porcentaje de quienes participan de la cultura moderna en el Perú actúan como si existiera una sola Medicina, así con mayúscula: la Medicina Científica, que practicamos diariamente y que rige las pautas generales de la salud pública en todos los países del mundo.
Parte de esta tendencia proviene de que nos resistimos muchas veces a llamar" medicina" a sistemas conceptuales que predominan o han predominado en otras culturas. Pero cuando comenzamos a leer sobre la Medicina Egipcia, la Medicina Griega, la Medicina Babilónica, etc., fácilmente aceptamos que existen sistemas diferentes de atención a la salud. Y cuando
hablamos de la Medicina China o de la Medicina Hindú, contemporáneas nuestras, nos vemos en la necesidad de redefinir el término "medicina" que es mejor conocido en el lenguaje antropológico como “sistema médico”.
Un sistema médico es el cuerpo de doctrina que rige en los problemas de salud y de enfermedad en una cultura determinada. Este cuerpo de doctrina está necesariamente apoyado en basamentos ineludibles pues debe ser capaz de explicar, ante los miembros de esa comunidad, todos los aspectos relacionados al bienestar o malestar físico y espiritual de sus componentes.
En este sentido, un sistema médico debe tener conceptos propios de lo que es la salud y la enfermedad; de lo que es la vida y la muerte; de cuáles son las diversas causas de la enfermedad, y cómo pueden contrarrestarse para recuperar la salud; de cuál debe ser, en esa comunidad, la jerarquía social del encargado de curar y cuidar a los enfermos; de cuál debe ser la
Otros
Sistemas
Causalidad
Cultura
y Salud
participación de la comunidad en la salud de sus miembros, etc., etc.
Este cuerpo de doctrina se llama "medicina" o "sistema médico". Si se basa en las tradiciones, en la historia y en la manera de pensar de esa comunidad, se llama Medicina Tradicional. Y el estudio de las medicinas tradicionales se llama Etnomedicina. Este libro es un libro de Etnomedicinao Estudia la Medicina Tradicional del Perú. No la practica, ni la recomienda, ni la impone. La estudia y trata de interpretada y explicada en términos de su historia y de los conocimientos actuales de biología.
Existe una Medicina Académica que todos conocemos. Es basada cada
vez más en conceptos científicos y tecnológicos y es universal. Se llama también medicina científica, medicina occidental, medicina moderna, etc. A su progreso y a su difusión contribuyen todas las naciones del mundo y, a pesar de sus aún graves limitaciones técnicas, su homogeneidad la hace ser considerada como la medicina oficial del mundo.
Al lado de ésta, existen otras "medicinas" basadas en conceptos diferentes y que también han sido adoptadas por grupos humanos diversos en variadas regiones geográficas y culturales: la homeopatía, la osteopatía, el naturismo, el espiritualismo... Algunas de estas medicinas han captado prosélitos en forma fragmentada, a veces realmente mutilada o distorsionada, a través de alguno de sus procedimientos, aislados del núcleo esencial de cada sistema. Sucede así con la acupuntura de la medicina china o los ejercicios físicos del yoga. A todos estos se les llama sistemas médicos paralelos o alternativos, completos o fragmentados.
Es muy importante recordar que los sistemas médicos tradicionales emergen espontáneamente en una cultura como resultado necesario de la forma de ver la vida que cada grupo cultural desarrolla. Las prácticas de prevención, diagnóstico y
tratamiento de una enfermedad dependen, naturalmente, del concepto que se tenga sobre las causas de esa enfermedad. A eso se le llama "causalidad médica".
Aún dentro de un ambiente científico, en un grupo humano que se supone que sabe de asuntos de salud, pueden producirse serias discusiones sobre la causalidad de las enfermedades. Si le preguntamos a alguien cuál es la causa de la tuberculosis, responderá con certero conocimiento que es el bacilo de Koch; pero otro dirá que es la falla en el sistema inmunitario; Y otro dirá que es la mal nutrición; el de más allá dirá que es la pobreza; y no faltará quien nos recuerde las injusticias sociales...
Solamente en el enfoque distorsionante de un causalismo directo puede describirse una enfermedad como un proceso puramente biológico. Que una persona esté o no enferma no depende aisladamente de los elementos materiales de su organismo sino también - y a veces primordialmente -de sus moldes culturales que categorizan su sintomatología, del ambiente social en el que se desenvuelve y de los recursos diversos de su comunidad así como de las pautas generales sobre los que su grupo humano enfoca los problemas de salud y de las reacciones psico-biológicas que cada individuo tiene respecto a su propio organismo.
Una tendencia desmedida hacia el causalismo directo, tal como sucede en amplios
sectores de nuestra sociedad moderna, puede borronear el cuadro diagnóstico, menospreciando factores causales importantes y cayendo en increíbles pero muy frecuentes contrasentidos.
El más importante de nuestros órganos, la esencia de la persona humana, nuestra mente, es comúnmente despreciada por médicos y legos: "no es nada"... se le dice al paciente; "no tiene usted nada... es psicológico".
Cultura y
enfermedad
Medicinas
tradicionales
Es por eso indispensable insistir en el enfoque patogénico de los factores sociales: la presencia de elementos culturales, comunitarios, politológicos y psicosociales que provocan transtomos funcionales, psicológicos y fisiológicos que a su vez atentan contra la salud y el bienestar de una persona. La calidad de vida, la misma vida y la muerte, la relación económica entre los sexos, la capacidad para trabajar y para divertirse, la habilidad de relacionarse socialmente y de beneficiarse o beneficiar a los demás con los frutos de la propia actividad, la dependencia de los demás y la adaptación o desadaptación al medio ecológico... Todo eso, vale decir, lo que se llama cultura, es la manera en que cada grupo humano percibe su propio mundo y que rodea e impregna la problemática de la salud.
Bien dice Flores Ochoa: en la concepción andina, la enfermedad es parte de las relaciones del hombre con las deidades y de su comportamiento en la sociedad. Cuando las actitudes negativas de una persona rompen el equilibrio dinámico en que se desenvuelve, se produce la enfermedad. En este contexto aparecen los seres sobrenaturales benéficos y maléficos:
los supay, andlancho, soqa... La
comunicación con seres espirituales como
los Apu, los Wamani, los Hirka, resulta
parte del tratamiento. Así, la cultura en sí misma puede convertirse en un importante agente
patógeno. Surgen así las víctimas del "'chucaque", del "robo del alma", del" mal de ojo", del "susto", etc, etc., enfermedades y sufrimientos reales que aquejan severamente a quien está convencido de que es objeto de "daño" o de "envidia" de alguna persona malévola, o de las emanaciones sobrenaturales de algún accidente geográfico o metereológico. Las personas que así creen son despreciadas por quienes son incapaces de cruzar la barrera transcultural para traducir estos síndromes dentro del rubro de reacciones psicosomáticas, de dolencias reales dignas de la mayor atención terapéutica y
humanitaria. Son dolencias basadas en los modos de ver la vida, donde la enfermedad juega un papel importante como sanción social al atribuir causalidad patógena a la ruptura de reglas comunitarias, a los conflictos individuales y a tensiones y fallas en el sistema social.
"Susto" es el vocablo que desde hace varios siglos usa nuestro pueblo para explicar lo que nuestra medicina académica llama ahora" estrés". Aplicado correcta o incorrectamente (como también sucede en la medicina académica), puede conducir o no a una buena interpretación de la dolencia y a una buena o errónea terapéutica. El 11 mal de ojo", superstición que nos viene a todos los pueblos del mundo desde la época de los primates, está tan arraigado que aún las personas más sofisticadas siguen actuando en incomprendido acatamiento al daño que una mirada hostil puede producir. Si no fuera así, no esconderíamos nuestros genitales a ojos extraños. Es la fuerza del inconsciente colectivo que se disfraza de cien formas para seguir conduciendo el comportamiento de la especie.
De este complejo tejido de factores surge lo que llamamos Medicina Tradicional en cada grupo étnico y, por eso, cuando hablamos de estos cuerpos de doctrina, con frecuencia usamos el plural (medicinas tradicionales) pues son múltiples los grupos étnico s del mundo y son varios, inclusive, dentro de un mismo país...
La medicina tradicional del Cuzco es diferente de la de Iquitos y diferente de la de Chiclayo, porque cada una se basa en la flora y fauna de cada piso ecológico y en la historia cultural de cada grupo humano.
Por esto, la medicina moderna y la salud pública tienen puntos de contacto muy estrecho con la antropología. Aunque esto no siempre es fácil de ver para muchos médicos que no quieren colocarse en la línea frontal de batalla del biculturalismo tan notorio en la nación peruana. Hay algo que todavía les impide ver. Quizás es su
propio compromiso con los principios de la cultura de las clases económicamente dominantes. Quizás es la desmedida focalización de sus objetivos sobre la causalidad directa de las enfermedades. Quizás es su distorsionada formación académica. Pero lo cierto es que la Antropología Médica, en la patria de Valdizán y Maldonado, todavía no toma carta de ciudadanía y padece serios problemas de identidad. Anda dando tumbos entre médicos, antropólogos y sociólogos en un crónico afán migratorio que todavía no encuentra puerto seguro en un departamento académico.
Como sucede frecuentemente, cuando una persona se forma un claro concepto de lo que considera la realidad, le es muy difícil aceptar otra realidad diferente que provenga de los mismos estímulos básicos. La figura 1 nos muestra, por ejemplo, un cubo. Lo vemos bien y lo interpretamos como bien podemos. Quizás hemos tomado como cara anterior del cubo el cuadrado cuya arista está marcada con las letras AB, o quizá el marcado con las letras CD. Ahora, amigo lector, trate Ud. De visualizar el mismo cubo con la cara anterior en el cuadrado que Ud. no había escogido primero. No es fácil.
Lo mismo sucede con la fig.2 que a unos les muestra dos caras en perfil y a otros un vaso romano.
Una vez que hemos definido claramente cuál es nuestra propia interpretación de la realidad, nos cuesta mucho esfuerzo alterar nuestra opinión, aún
en presencia de claras evidencias de lo contrario. Tenemos un miedo innato de perder confianza en nosotros mismos y pagamos el precio absurdo de cierto conservadorismo, y de una resistencia ilógica a la nueva información y a nuevas interpretaciones, solamente para ganar una falsa estabilidad en nuestra conciencia personal. (Omstein).
Quizás es por eso que los aspectos antropológicos de la salud son frecuentemente olvidados por los actores directos de los "programas de salud". Y, curiosamente, son también olvidados por los gobernantes, aunque son el mejor medio para llegar a las motivaciones políticas de las agrupaciones humanas.
Como la salud y la enfermedad están siempre en la línea de acción intercultural, estos son precisamente los factores que, así como pueden ser obstáculo para la transculturación, pueden ser empleados para acelerada. Desde los primeros trabajos de Caso y de Aguirre Bertram, que ya tienen medio siglo, sabemos que las motivaciones positivas se hacen más fluidas cuando se apoyan en programas de acción humanitaria en alguna forma relacionada con la salud. Todas las religiones y todos los partidos políticos han utilizado los dispensarios médicos como herramientas proselitistas; pero no son muchos los gobernantes que combinan el cuidado de la salud con las necesidades de la aculturación.
Relación
transcultural
Curar
y cuidar
En general, los profesionales modernos de la salud en el Perú se deberían interesar cada vez más por conocer los conceptos, creencias, prácticas y problemas que se presentan en los diferentes grupos culturales. Al hacerlo, se darán cuenta de un hecho fundamental: si se desea dar un buen servicio integral de salud a los grupos socio-económicos menos privilegiados, es indispensable mejorar nuestros conocimientos sobre la cultura de esos grupos.
La relación entre el que se siente enfermo y el que trata de ayudado es
generalmente mucho más estrecha de lo que en la superficie puede parecer a algunos. Pero cuando esta relación se encuentra complicada por ancestral es diferencias culturales, no es difícil que se convierta en un ideal utópico. Es obviamente mucho más fácil la relación entre dos personas de la misma cultura que entre dos individuos pertenecientes a culturas diferentes. Por eso, los médicos que no actúan sino en el ambiente de la cultura económicamente dominante no logran a veces comprender las complejidades del biculturalismo y de la transculturación en el área de la salud en las regiones donde este biculturalismo es más marcado.
Las barreras culturales son muchas veces infranqueables. No solamente es cuestión, como uno quisiera creer, de prestar un homenaje romántico a la cultura andina y pasearse con una cámara fotográfica por aldeas, mercados y campos de cultivo. Se trata de amar. Se trata de entender en dimensión profunda lo que es la caridad. No solamente como simple virtud teologal ni como un cómodo aditamento de nuestra propia imagen en la comunidad, sino como la verdadera comprensión, respeto y hasta participación en las creencias, angustias y miedos de las personas que están frente a nosotros. Y eso es imposible si no logramos atravesar la barrera cultural.
Cuando esta barrera no existe, el proceso es más sencillo. Es fácil inclinarse
a amar a la abuelita o al niño o a la persona adulta de nuestra propia condición social, de nuestra propia cultura, sea rica o pobre, educada o no, sana o enferma. Pero cuando nos encontramos con alguien con quien nos cuesta mucho compartir puntos de vista en conceptos de salud y enfermedad, alguien cuyas supersticiones rechazamos por absurdas, cuyas creencias despreciamos por ilógicas, cuyos miedos y ansiedades somos incapaces de comprender y cuyos moldes culturales le impiden a él creer firmemente en lo que nosotros le planteamos, amar es muy difícil. Y cuidar, a veces, se hace hasta imposible. Es allí donde el curandero o la partera de aldea tienen mayor oportunidad de ayudar que el médico o la enfermera que estudió en aquel gran hospital.
Esto nos lleva a contemplar uno de los grandes vacíos de la medicina académica: se produce al olvidar el arte de cuidar. Medicina no es únicamente el arte o la ciencia de curar o de prevenir las enfermedades. Es también el arte de cuidar a los enfermos.
Curar y cuidar: un binomio inseparable cuya disociación distorsiona cualquier método que trate de recuperar la salud. y si tenemos en cuenta que un altísimo porcentaje de las dolencias del diario vivir son autolimitadas o ceden a las defensas naturales del individuo, veremos que el médico queda en desventaja con el curandero en determinados ambientes donde éste último no tiene que cruzar ninguna barrera transcultural para cuidar con amor.
El médico científico ocupada la mente en su propio perfeccionamiento técnico, tiene tendencias lógicas a romper el binonimo esencial de la medicina: curar y cuidar. Se dedica más a curar o a prevenir y generalmente delega en la enfermera o en los familiares la importante labor de cuidar.
Esta bien que así lo haga, quizás, siempre que esta delegación no se convierta en negligencia, desprecio, descuido o abandono. Estaría bien que lo hiciera si
Enfermedad
y
sufrimiento
Movilidad
Cultural
El aporte
exógeno
siempre recordara, aunque fuera un
momento, la absoluta necesidad de demostrar el más profundo respeto por la persona de su paciente, por sus creencias, por sus preocupaciones, por sus temores y angustias y por todo el mundo mágico-religioso que rodea el hecho de sentirse enfermo. Ese apretón en el hombro, esa palmada cariñosa en la mejilla, esa mirada afable y comprensiva, no es que nunca estén de más. ¡Es que son absolutamente indispensables!
Y no es que estemos viendo todo esto a través de un cristal etnocentrista. Porque así como entendemos que un obstetra quizás no puede convencer a una humilde mujer de Chorochochay para llevada al hospital a dar a luz en excelentes condiciones de higiene, una señora de Miraflores o de Lince preferiría ser atendida en su parto por un interno recién graduado y sin experiencia, que por una partera de aldea, aunque ésta tenga una experiencia de más de 2000 casos.
Con el fácil manejo rutinario de analgésicos y sedantes, el médico académico se habitúa a juzgar la enfermedad independientemente del sufrimiento que ésta produce cayendo así especial mente en los niveles transculturales, en una de las más obvias falacias de la práctica médica.
Es verdad que hay enfermedades que producen poco sufrimiento a pesar de ser muy graves. La leucemia, por ejemplo. Y hay otras que hacen sufrir mucho pero son casi despreciables. Como un dolor de muelas... Pero además de las molestias físicas, la reacción psicológica ante la enfermedad y la categorización cultural de la sintomatología, así como la reacción emocional de los familiares y amigos sanos, son mejor comprendidas cuando el que trata de ayudar pertenece al mismo grupo cultural del que sufre, o está preparado para traducir adecuadamente lo que escucha y lo que se trata de decir. Esta es una razón más para que nuestros médicos y enfermeras que
deben actuar en el biculturalismo, estén bien informados de los conocimientos en que se basa la práctica de nuestras medicinas tradicionales.
En esta visión general del problema, no quisiera tampoco crear una visión
irreal de lo que son las medicinas tradicionales del Perú al final del siglo XX. Especialmente en este país, donde el progresivo crecimiento de las comunicaciones y de la movilidad social ha llegado a extremos cercanos al caos, las medicinas tradicionales de la zona rural han arribado a la ciudad sufriendo transformaciones, a veces esenciales, y la medicina académica ha llegado al campo amalgamando sus conocimientos con la cultura rural. Es una situación dinámica y continuamente cambiante.
En algunos círculos antropológicos y politológicos se ha generalizado una visión optimista de lo que es una sociedad o una cultura" abierta" (Popper), es decir, aquella en la cual se da un libre flujo a la información que viene de afuera. Tal situación es vista por muchos como un paradigma de la libertad social y un factor condicional del progreso. Algunos círculos, inclusive, la consideran una condición esencial de la democracia (?).
Sin embargo, en problemas tan delicados como la salud y la enfermedad, donde las relaciones interculturales pueden ser tan críticas, la información proporcionada en forma masiva e impositiva puede ocasionar confusión y lo que Klapp denomina" ruido social". Información legítima y teóricamente utilizable puede así convertirse en "ruido" al ser interferida por otra información superflua, equívoca e innecesaria que llega simultáneamente. Queda así el grupo humano sumergido en un laberinto de ideas nuevas, imposibles de evaluar adecuadamente sin una buena escala de valores pre-establecida o sin un sólido marco de referencia proporcionado por un sistema de tradiciones.
El valor de
lo obsoleto
Explosión
de las
expectativas
En esta situación, el grupo humano que era "abierto" cae en lo que Festinger ha llamado un estado de "disociación cognitiva" donde, aliado de la confusión descrita, se desarrolla un rechazo de mucha de la información potencialmente útil. En esta estrategia defensiva, aquel grupo" abierto" puede terminar cerrándose a las señales que vienen de afuera y refugiándose en sus valores tradicionales donde la información es más fácilmente comprendida y manejada.
Nuestra cultura mestiza ha sufrido, durante todo este siglo, un permanente e intenso bombardeo de señales exógenas debido a la masiva migración hacia las zonas urbanas y al enorme desarrollo de las comunicaciones. Por eso es indispensable recalcar que los sistemas tradicionales de medicina en el Perú no son estructuras fijas ni impenetrables a influencias extrañas.
No son sistemas "cerrados". Todo lo contrario. Son sectores del conocimiento popular que participan de todos los cambios que experimenta la cultura a que pertenecen y que se cierran o se abren cuando la sociedad en que funcionan es o no permeable a la influencia exógena. Y en estados intermedios, que son los más comunes en todo proceso de transculturación, los sistemas médicos tradicionales son generalmente más receptivos que los otros sectores de la sabiduría popular. Por esto, la práctica de nuestras medicinas tradicionales es materia de un sincretismo creciente que modifica continuamente muchos de sus aspectos. Términos y conceptos de la medicina académica han irrumpido en el lenguaje y la práctica de la medicina tradicional. No es por eso extraño oír hablar a los curanderos de tuberculosis, cáncer, reumatismo y anemia y no es infrecuente la mención de gérmenes, infecciones, radiaciones, traumas psicológicos, etc., aún cuando estos vocablos prestados tienen a menudo significado y connotaciones diferentes a los de la medicina académica. Y no solamente vemos las modificaciones de la medicina tradicional producida por el acopio de nuevas ideas traídas por la medicina
académica. Vemos también la invasión de la sociedad tradicional por el deseo de lucro desmedido o de intereses secundarios y la explotación del que sufre por practicantes perversos de una tradición disfrazada para medrar a expensas del dolor.
Mirando otros aspectos, con demasiada frecuencia se oye contar la historia de
algún médico joven que fue enviado o llegó voluntariamente a una aldea donde no hay Rayos X ni farmacia bien surtida. Son muchos, muchos esos sitios en nuestro Perú, querido lector. Y sucedió un día que le trajeron a un hombre con la pierna fracturada y no supo cómo tratado; y le trajeron otro día a un niño con un ataque de asma y no tenía medicamentos adecuados; y después le trajeron a un viejito parkinsoniano y se tuvo que cruzar de brazos en su impotencia de ayudarlo. Pero el curandero del pueblo, sonriendo, le arregló la pierna al hombre con un suave masaje y manipulación; y al chiquitín "lo fumó con floripondio" y desapareció el asma; y al abuelito le dio una infusión de "chamico" y también lo mejoró... A esto, alguien le puede llamar medicina tradicional; pero realmente, no es sino lo que llamamos la "recuperación de lo obsoleto". Porque hace cien años, en el Mundo no había Rayos X, y en Viena y en Londres se escribieron grandes obras firmadas por genios de la medicina de entonces que trataban las fracturas mejor que aquél buen curandero; y si ustedes le preguntan a gente de mi edad, se acordarán de los famosos cigarrillos del Dr. Andrews que se vendían en todas las boticas para que la mamá lo fumase al niño con asma. Eran hojas secas de "floripondio". Y si tomamos una farmacopea de 1920 veremos todo sobre el tratamiento del parkinsonismo con infusiones de estramonio que no es otra cosa que nuestro "chamico".
Y en las ciudades vemos otro fenómeno: hay personas que son víctimas de prejuicios que los llevan a buscar sistemas médicos heterodoxos, porque "no les gusta tomar
Jerarquización
de los sistemas
Soluciones
Ocultas
medicinas" o porque "odian" el contacto con lo médico o porque no quieren ser" víctimas" del comercio y de la industria de la medicina académica. Son en realidad víctimas de conflictos culturales y de contradicciones sociales por la información desordenada que inunda la comunidad en forma irresponsable. Y de esto no tiene poca responsabilidad la propia profesión médica y la industria farmacéutica que, por su desorbitada tendencia a disfrazarse de científica y de infalible, se ha sumado a la explosión de las expectativas que distorsiona totalmente la visión realista del mundo actual.
Esta explosión de las expectativas, mucho más grave que la tan cantada explosión demográfica es, en el área de la salud, el caldo de cultivo para la frustración progresiva que sufren nuestros pueblos.
La explosión de las expectativas, que en el área económica del consumismo nos hace olvidar con frecuencia que la vida no regala nada, en el aspecto de la salud nos induce a pensar que la medicina lo sabe todo, que los medicamentos son infalibles, que los médicos no pueden, no deben, no les está permitido perder una batalla contra la enfermedad o la muerte...
Por eso, cuando una persona enferma o sus familiares llegan a la conclusión de que la medicina académica resulta incapaz de solucionar su problema de salud, o cambian de médico o terminan por cambiar de sistema médico Se dirigen entonces a una medicina paralela o a la medicina tradicional de su comunidad. No es infrecuente que esto ocurra en aquellos lugares del planeta donde las medicinas tradicionales tienen mayor coherencia y presencia, o donde las medicinas paralelas han logrado establecer un pedestal sólido. Pero no es infrecuente tampoco que en la búsqueda de un nuevo sistema caigan en las mil trampas de falsos practicantes, charlatanes o vulgares estafadores.
Otro enfoque, quizás el más frecuente en el
estudio de la medicina tradicional, es el objetivo lógico de encontrar en ella la solución a las grandes incógnitas y a los grandes vacíos de la medicina académica. Esto tiene también, desde luego, profundas raíces históricas. La medicina popular del Asia abrió el camino para el control del dolor gracias a la amapola; la medicina popular indoamericana abrió el camino al tratamiento específico de las enfermedades infecciosas con la quina y la ipecacuana; y la medicina popular europea abrió el camino para el tratamiento de las enfermedades cardíacas con el uso de la digital. Y no estamos hablando solamente de historia antigua: todavía vivimos muchos de los que vimos desarrollarse todo el capítulo del tratamiento de la hipertensión arterial y todo el amplio tema de los antipsicóticos a partir de la Rawolfia serpentina usada desde hace siglos por la medicina tradicional hindú. Estas profundas raíces históricas hacen que mentes inquisitivas de todos los niveles sigan preguntándose si algún oculto practicante de la medicina tradicional de algún país guardarácelosamente el secreto procedimiento que logre curar el cáncer o el reumatismo... ola arterioesclerosis... o la diabetes... o alguna de tantas enfermedades aún mal controladas por la medicina académica.
No es difícil que tal cosa ocurra, aunque la mayor parte de los medicamentos naturales utilizados por los curanderos de todo el mundo han sido ya sometidos a una larga experimentación en diversos laboratorios de los países avanzados.
La prolongada historia de contribuciones de la medicina popular a la medicina académica, de resultados tan cordiales y armoniosos durante el siglo pasado, (tal como puede deducirse del estudio de las farmacopeas de la época) ha hecho que, un tanto a espaldas de la práctica de la medicina académica actual, los botánicos, los fitoquímicos y los farmacólogos continúen investigando las abundantes fuentes de las medicinas tradicionales de todo el mundo en una búsqueda constante de nuevas substancias
Plantas
Medicinales
Valdizán y
Maldonado
biológicamente activas. Pero el estudio' de la botánica médica y la fitoquímica ha pasado a un ostracismo inexplicable en las escuelas que capacitan el personal de salud entre nosotros y se ha refugiado en los herbarios o en las retortas, alejándose cada vez más del ambiente hospitalario.
Otra de las formas de escapar del sistema médico es frecuentemente el llamado '"regreso a la naturaleza"', dentro de un sistema paralelo, muchas veces denominado'" naturismo"', o dentro de otro sistema paralelo llamado '"herboristería"'. Debemos recalcar que la herboristería no tiene sino conexiones muy laxas e indirectas, aunque importantes, con las medicinas tradicionales. El uso de las hierbas medicinales dentro de la cultura occidental (o europea, o moderna, como la queramos llamar) tiene su origen no en la naturaleza, sino en el movimiento de “regreso a la naturaleza” un concepto diferente en la búsqueda de soluciones. Parte con frecuencia de criterios cientifistas que afirman muchas veces sin justificación, que los principios activos de las plantas se deterioran o se hacen más riesgosos cuando son sometidos a procesos industriales de extracción, o que estos principios activos purificados'" artificialmente'" no están balanceados adecuadamente por otras substancias moderadoras existentes en el vegetal originario. Por esto, dicen, es necesario rechazar el producto farmacéutico y recurrir'" de regreso'" a la planta.
Estos planteamientos no son del todo errados. Es preferible tomar café o té que ingerir una pastilla de cafeína; y es mejor beber vino que alcohol de botica. Es mejor ingerir salvado de trigo o maíz tierno que tomar laxantes artificiales; y la menta y la piña son tan buenos digestivos como los envueltos en cápsulas de colores. Pero las ventajas no van mucho más allá. A nadie se le ocurre que es mejor regresar a la corteza de quina para curar el paludismo y ningún anestesista accedería a usar el curaré de nuestra selva en la sala de operaciones. Nadie usa la Rawolfia de la medicina hindú para controlar la hipertensión arterial. Nadie tampoco ha propuesto meter en la vena o
hacer le comer a un enfermo tres kilos de cultivo de hongos para darle la dosis útil de penicilina o de cualquier otro antibiótico. Por eso es necesario entender que la herboristería moderna es un excelente medio para contrarrestar la polifarmacia desmedida, pero no es una verdadera alternativa a muchos aspectos de la medicina académica.
De todas maneras, el resurgimiento del interés mundial por las hierbas medicinales, como resultado de este movimiento, tiene graves proyecciones sobre la salud de los pueblos del Tercer Mundo y es impostergable prestarle la debida atención por las siguientes razones:
Normalmente, las medicinas tradicionales de todos nuestros países han dependido en gran medida de las plantas medicinales. En poblaciones relativamente estables en número y distribución geográfica, el aprovisionamiento de los practicantes de
estas medicinas se hacía mediante la recolección o el cultivo doméstico en pequeña escala. Pero ahora han surgido tres nuevos factores que están produciendo un desequilibrio progresivo: la población se ha multiplicado; el agro se ha despoblado por la progresiva urbanización; y la demanda mundial por la herboristería ha desbordado la capacidad de producción de plantas que antes eran el único recurso de salud de los pobres. Como resultado de esto, los precios se han disparado, el interés comercial ha subido y la recolección desordenada y la falta de cultivo amenaza con la depredación y hasta con la extinción de muchas especies útiles.
Por eso es necesario, si vamos a respetar las necesidades culturales de nuestro pueblo, buscar mejoras en el cultivo y comercialización de las plantas empleadas por nuestra medicina tradicional y encontrar la forma de regular la exportación y la industrialización de muchas de ellas que son objeto de comercio internacional.
Antropología
Médica
A través de la publicación de estos apuntes quisiera rendir un homenaje a dos peruanos que marcaron pautas en esta disciplina: Hermilio Valdizán y Angel Maldonado.
Estos notables precursores no solamente deleitaron a sus contemporáneos con su ágil y bien planeado estudio de la Medicina Popular Peruana. Al haberlo publicado en su tiempo (1920) abrieron trocha fértil y profunda en un campo hasta entonces virgen y se convirtieron por ello en los grandes pioneros de una ciencia que en su tiempo no existía. Con mentalidad localista y tímida, más de uno ha dicho que estos autores iniciaron el estudio de la Antropología Médica en el Perú. Lo cierto es que no solamente es así. La realidad es que Valdizán y Maldonado utilizaron el Perú como tema para iniciar en el mundo entero una labor gigantesca que solamente ahora está siendo reconocida como la respuesta a gravísimos problemas en la salud de las naciones de todo el mundo subdesarrollado.
En las postrimerías del siglo pasado, surgió en Berlín la escuela de un hombre genial que modificó todo el concepto de la medicina, de la salud y de la enfermedad. Rudolf Virchow (1821-1902) concibió por primera vez la medicina como una ciencia en la que el comportamiento social del grupo humano es de fundamental importancia. Estableció con claridad y certeza que las ciencias sociales, tanto en un sentido purista como en su ampliación directa, eran esenciales en el estudio integral de la salud de un pueblo.
Fue él precisamente quien acuñó la frase: “hacer política no es sino hacer medicina en gran escala”. Sin embargo, aunque fue Virchow el que llamó la atención sobre los factores culturales y sociales que tan descuidados habían sido previamente, sus grandes descubrimientos sobre la causa directa de las enfermedades, así como su tenaz batalla contra la clásica teoría de los humores, aliado de la revolución desencadenada por sus notables contemporáneos Pasteur, Koch, Skoda, Lister, etc, etc.- hizo que los médicos se
viesen más atraídos que nunca hacia la causalidad directa de los procesos patológicos y que los factores culturales de la enfermedad pasaran nuevamente a segundo plano.
Durante toda la primera mitad de este siglo, las grandes luminarias de la medicina estuvieron dedicadas al estudio de la causalidad directa. Es así como se han ido trazando las pautas para el control de las enfermedades. Los avances de la infectología por un lado, y de la cirugía por otro, han continuado, aliado de la genética y de la bioquímica, confeccionando el gran mosaico de la conquista de los procesos patológicos.
Lo importante, a recalcar en estas líneas, es que cuando Valdizán y Maldonado realizaron las investigaciones que culminaron en su clásico texto, era difícil encontrar en el mundo gente así extraña que se ocupara de estas cosas. No solamente en el Perú. En todo el mundo. En eso realmente consiste el mérito de estos dos grandes peruanos que se dedicaron pacientemente, robando tiempo a sus importantes quehaceres en el hospital y en la farmacia, en un medio que los obligaba a rendir frutos dentro de la ciencia ortodoxa de entonces, a recolectar información como simples excéntricos o como hombres curiosamente interesados en las supersticiones y en las graciosas incidencias del folklore médico de nuestra Patria.
El verdadero desarrollo de la Antropología Médica se produjo recién en la segunda mitad de este siglo. Durante los primeros cincuenta años, lo único que existía en la literatura científica era la descripción fenomenológica de las creencias y prácticas curativas de un puñado de sociedades primitivas que habían sido objeto de la visita o del estudio de etn6logos que, en forma colateral, realizaron observaciones médicas aquí y allá. Los historiadores médicos de entonces señalaban ya la supervivencia de antiguos conceptos en los grupos humanos aislados o en sociedades en acu1turación. Recién
Evolución de
Conceptos
después de la Segunda Guerra Mu:ndial, Castiglioni. Ackerknecht y otros comenzaron a quejarse de la falta de información médica en la literatura antropológica; y en 1953, cuando el libro de Valdizán Y Maldonado ya era viejo, recién William Caudill escribió su excelente revisión sobre la Antropología aplicada a la Medicina. Aún entonces, el maridaje entre ambas disciplinas tenía mucho de exótico y curioso.
Ahora han pasado cuarenta años más desde la magnífica monografía de Caudill y estas cuatro décadas han sido testigos de una verdadera inundación de conocimientos y de significativos cambios, tanto en la Medicina como en la Antropología, que convierten el pionero trabajo de Valdizán y Maldonado en una joya bibliográfica que ha de ocupar, más merecidamente que nunca, un lugar preferencial en nuestras bibliotecas. Desde entonces, los trabajos de Steven y Polgarsobre “Salud y comportamiento humano: áreas de interés común a las Ciencias Médicas y las Ciencias Sociales”, de Norman Scotch sobre" Antropología Médica" y de Horacio Fábrega sobre el mismo tema nos permiten una excelente visión panorámica de este importantísimo campo del saber que fuera cultivado en forma tan eficiente y tan amorosa por los precursores peruanos en 1920, cuando muy pocos pensaban seriamente en un área que parecía estéril o, a lo más, exótica pero infructuosa.
Esto no debería sorprender a los que algo hemos oído de los problemas del biculturalismo donde los conflictos interculturales son de tal naturaleza que impiden la sedimentación de ideas y de objetivos más "fácilmente cultivados en ambientes mono-culturales. Y esto, que explica la lentitud con la que una disciplina llega a desempeñar un papel coherente en una sociedad bicultural, explica también que haya sido en el Perú donde saltó la primera chispa que incendió el entusiasmo por estos estudios en todo el mundo. No es extraño que en un país como el Perú haya surgido tan tempranamente el ímpetu para
estudiar los problemas que ahora enmarca la Antropología Médica. Hasta fines del siglo pasado, la concentración de la actividad científica en los países mono-culturales de Europa hacía que los problemas de salud y enfermedad en otras culturas constituyeran aventuras especulativas sin mayor importancia práctica. Es precisamente en las áreas de transculturación de las sociedades biculturales donde surgen las necesidades y aplicaciones prácticas de los conocimientos que Valdizán y Maldonado persiguieron pacientemente. Y por eso, necesariamente fue un país como el Perú de 1920, donde habrían de surgir los intereses primigenios. Fue en el Perú de 1920 y ahora es en todo el mundo subdesarrollado donde está la necesidad nuclear de la Antropología Médica y ahora, en los círculos académicos, trabajos como el de Valdizán y Maldonado han dejado de ser considerados como lo fue aquél en su tiempo, producto de mentes aventureras y curiosas que cruzaban fronteras invadiendo campos ajenos a su propia formación para ilustrar con detalles pintorescos la visión panorámica de la salud y la enfermedad en las sociedades biculturales. Ahora, trabajos como el de 1920 significan el reconocimiento de una importante área de intereses convergentes de antropólogos y médicos.
En la actualidad, la Antropología Médica es una ciencia que se ocupa principalmente de estudiar el pensamiento médico y la solución de los problemas de salud en cada cultura; estudia los procesos de aculturación médica y las relaciones entre los médicos y los curanderos en los puntos de contacto bicultural, ocupándose asimismo de todos los aspectos sociales y culturales de la medicina. Hoy, la bibliografía sobre este interesante campo nos llega ya de todo el mundo y el lector realmente interesado en el tema puede recurrir a las largas listas preparadas por Rosen y Wellin, por Marion Pearsall, por Ozzie Simmons que trabajó hace treinta'años entre nosotros y en el libro de David Mechanic así como los artículos de
Caudill, Polgar, Scotch y Fábrega, previamente citados.
Más de algún conocedor de nuestra medicina popular contemporánea podrá apuntar que mucho de lo que fue cierto para Valdizán y Maldonado en 1920 ha dejado de tener vigencia en el bagaje de la medicina tradicional de hoy. Efectivamente: muchas costumbres, interpretaciones, tradiciones y creencias han desaparecido o han sido modificadas por la influencia de la abundante información exógena que fue absorbida por quienes practican o quienes se benefician de la medicina popular de nuestro país.
Esta constatación es muy importante para el lector contemporáneo que podrá ver, en aquel texto de Valdizán y Maldonado, mucho material que, si bien ilustra con veracidad el pasado, puede no ser reflejo de la realidad presente. Pero, al mismo tiempo, al haber registrado en su magnífico trabajo tan abundante información, nos ofrecen esos autores una incomparable fuente histórica y un fidedigno documento antropológico que nos permite visual izar en profundidad las raíces de mucho de lo que vemos suceder hoy en los diversos estratos sociales de nuestra nación y que es materia de nuestros apuntes.
La apertura de la cultura popular a la influencia de nuevas ideas y nuevas prácticas existió en forma pronunciada a los pocos años de la Conquista, cuando el hierro y la pólvora impusieron la Cruz, la rueda y el libro. Al núcleo esencial de la medicina tradicional indígena se agregó con fuerza impositiva un grueso componente de la medicina traída por españoles que fue
tejido simultáneamente con conceptos tradicionales traídos desde el África por el tráfico esclavista. A esto se sumó, el siglo pasado, una raíz asiática traída por los herbolarios chinos entre la disfrazada esclavitud de los coolíes que vinieron a reemplazar al negro liberto. Además, sin entrar en disquisiciones antropológicas, se adivina todo esto en nuestros apuntes de hoy que registran también muchos de los cambios impuestos por la educación sanitaria moderna.
Ahora, a las cuatro raíces de nuestra medicina tradicional (la indígena, la española, la negra y la china), hay que agregar lo que ha sucedido en este siglo. Bajo la enorme presión de la revolución comunicativa que estamos viviendo, muchos conocimientos y creencias de factura moderna se han infiltrado en el marco de referencia tradicional No nos referimos únicamente a la fuerte influencia que han tenido los conocimientos desarrollados por la medicina académica al prestar terminología e introducir medicamentos y sistemas terapéuticos de corte cientifista. Nos referimos, además, a sistemas modernos de medicina naturista, espiritualista y otras diversas tendencias que, generalmente de formadas en el tránsito intercultural, son sustancia ya de algunos aspectos no considerados por la mayoría de los autores.
Debemos estudiar la medicina tradicional no solamente para determinar si sirve o no sirve ni para averiguar si las teorías o si los hechos son o no son verdad, sino porque al estudiaría mejoramos nuestra comprensión del acto de curar y cuidar y porque a través de ella aprendemos a amar a nuestros compatriotas de otras culturas.
LA SEMILLA
RACIONALIDAD E IRRACIONALIDAD
"La Iglesia no teme el progreso de la ciencia. Busca deseosamente un diálogo con el mundo de la creación y aplaude los maravillosos descubrimientos que los científicos hacen en ese mundo"... 'El mundo científico que adopten el pasado una posición de autonomía y de confianza en sí mismo, de la cual fluyó una actitud de desconfianza, si no de desprecio por los valores espirituales y religiosos, está ahora, por el contrario, impresionado por la complejidad de los problemas del mundo y de la humanidad y siente cierta inseguridad y temor al encarar la posible evolución de una ciencia que avance descontrolada en pos de su propia fuerza divina"-
Papa Pablo VI (1897-1978).
"La única aventura que le queda al hombre, la única región de la tierra que vale la pena explorar y que está a nuestro alcance, es el interior de nuestro inconciente. Pero no es cuestión de buscar alguien que nos lo cuente... alguien que haya profundizado las meditaciones lamáticas, yogas, místicas, andinas, etc. Esa es una referencia que no significa aventura personal. Es leer sobre el viaje de un explorador. Aún así, mi querido lector, ese explorador que usted lee ha viajado a su propio interior. No al de usted".
Mª Luisa Von Franz En gran medida, lo que llamamos
medicina tradicional es un conjunto de conceptos, actitudes y conductas de determinado grupo étnico, relacionadas con la salud y la enfermedad que, por una causa u otra, no han podido ser integradas a la corriente general del enfoque científico y racional de este tipo de problemas. En unos casos, porque son ideas que tienen atávicas raigambres mágicas y es difícil enfocadas desde un punto de vista estrictamente racional y lógico. En otros casos, casi tan frecuentes como los primeros, porque los parámetros a que nos obliga la "modernidad" (no siempre sinónima con "racionalidad"), no permiten un estudio ni
una interpretación adecuada. En estos apuntes, tomados durante los últimos treinta años, he tratado, como lo dice el subtítulo, de racionalizar lo irracional pues, como veremos, mucho de lo que constituye el meollo de la medicina tradicional tiene su base en los obscuros espacios psíquicos del inconsciente, donde con frecuencia puede estar ausente lo que ahora llamamos "racionalidad". Muchos datos históricos, base de creencias y afirmaciones, son mal comprendido o, lo más frecuente, son ignorados. Y muchos conceptos son realmente atávicos, y sus huellas racionales están extraviadas en el inconciente colectivo de nuestros pueblos.
Historia de
la Historia
No pretendo, de ninguna manera, establecer explicaciones definitivas para ciertos fenómenos psicobiológicos relacionados con la práctica de la medicina tradicional. Presento aquí, más bien, una serie de pensamientos, más o menos vertebrados alrededor de hechos observados por mí y por muchos médicos y antropólogos cuyos hallazgos están contenidos en la bibliografía adjunta.
Varias veces, amigos y consejeros me han expresado su preocupación por la tarea imposible y utópica de coordinar, clasificar y digerir la gigantesca cantidad de fichas bibliográficas que he amontonado en cajones y archivos. Es imposible, es verdad. Jugar con los autores y sus opiniones, enfrentándolos unos a otros, criticando detalladamente sus opiniones y hallazgos y erigiéndome en juez de sus ideas y descubrimientos, es una posición no solamente utópica sino pedante y pueril. Soy un lector obseso y un rnaltratante de libros con el lápiz y la nota al margen; un gusano de bibliotecas y un buscón de datos y apuntador irrefrenable. El resultado son estos apuntes, pero no me pregunten por qué he dejado de comentar tal o cual párrafo de talo cual autor ni por qué no indico la página o el párrafo que extraje de talo cual documento. Estos son mis apuntes tercamente acumulados. Si quisiera ordenarlos con toda exactitud, me tomaría otros veinte años. Es más; aunque he procurado darle a cada uno el mérito de sus propias ideas, estoy seguro que en muchos casos he escrito aquí conceptos cuyo origen no está debidamente relacionado con su autor original. No he querido plagiar a nadie. Llega un momento, en el saber popular, en que todo es de todos y no reclamo originalidad ni paternidad en nada de lo que aquí digo.
Mi propia formación es la de un activo neurólogo y neurocirujano con una especial inclinación por la historia y la antropología y amores ilícitos con la botánica y la farmacología. Quizás una mezcla incoherente y bizarra; pero que me ha permitido gozar inmensa mente de todo
lo vivido en el hospital, en el laboratorio y aliado de la sabia gente humilde de las aldeas y de los campos.
Quizás por mi formación de neurólogo, no encuentro otra forma de empezar a racionalizar estos conceptos que la de iniciar la discusión con planteamientos que nos permitan entrever cómo funciona nuestra mente, nuestra conciencia, nuestra memoria, nuestras emociones y nuestras vísceras.
Desde comienzos del siglo pasado, se ha desarrollado cada vez con más fuerza el examen racional y objetivo de mitos, leyendas y creencias, gracias a los adelantos en el conocimiento de las filosofías asiáticas, la egiptología, el folklore y la antropología, así como debido a la existencia de una mayor libertad de pensamiento y a una dosis amplia de atrevimiento para someter las religiones y los libros santos a mayores y más objetivos escrutinios.
El telón se levantó en 1821 cuando Juan Francisco Champollion tradujo la piedra de Roseta y nació la egiptología. Durante los cuarenta años siguientes, hasta 1863, vinieron los estudios de William Ellis sobre los mitos de Polinesia, los de Henry Schoolcraft sobre los mitos de las pieles rojas, los de A. H. Layard sobre los mitos de Mesopotamia y los J. B. sobre las huellas míticas del paleolítico europeo. Esto pronto hizo explosión en 1859 al publicarse HEl Origen de las Especies" con el que Darwin conmovió al mundo científico y religioso. Vinieron después, en 1865, los trabajos
independientes de Daniel Brinton y de
Adolfo Bastian que demostraron la sorprendente igualdad de los mitos del Nuevo y del Viejo Mundo y, a partir de 1890, las contribuciones de Sir James George Frazer y de Leo Frobenius nos reafirmaron en nuestros conocimientos sobre los "Temas Universales".
El hombre tiene, cuando menos, un millón de años de existencia. La historia,