Por Que Pierde Usted en El Ajedrez - Fred Reinfeld

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POR QUE PIERDE USTED

EN EL AJEDREZ

Fred Reinfeld Esta obra se ocupa exclusivamente de los facto-res sicológicos que llevan a la derrota. Recurriendo a este método singular, Fred Reinfeld examina, en unión del lector,· algunas de las razones por las que el adversario parece conocerlo mejor de lo que el lec-tor se conoce a sí mismo, las razones de por qué suele perder éste con jugadores de capacidad infe -rior, y por qué pierde a menl:Jdo una partida antes de que comience a jugarla.

El señor Reinfeld no se propone mejorar la habil i-dad técnica del lector. En lugar de ello, le ayuda a analizar su actitud hacia el juego mismo (¿lo con si-dera como un desafío o una amenaza?), hacia su ad-versario (;.intimida fácilmenté al lector?) y, sobre todo, su actitud para consigo mismo: ¿Es emprendedor o cuidadoso? ¿Lo dejan helado las sorpresas o las toma como vienen? ¿Le incomodan las cosas con las que no está familiarizado o no pierde la confianza en sí mismo? ¿Tiende a sobreestimar o a menospreciar su propia habilidad? He aquí algunas de las preguntas que hace el autor al lector,. demostrándole que, si cambia su· actitud actual, podrá mejorar su juego y derrotar a jugadores considerados como "mejores". Su conocimiento del ajedrez es enciclopédico. Se le considera como el escritor de ajedrez más prolífico del mundo, y es un campeón por derecho propio (dos veces ganó el Campeonato del Estado de Nueva York). El señor Reinfeld ofrece su.s observaciones, análisis y soluciones qon la facilidad que dcrn el conocimien

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FREO RHil\lFHLD

PORQUE

PIERDE USTED

El\l EL

JlJEDREZ

EDITORIAL DIANA

MEXICO

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Título original en inglés: WHY You LosE AT CHESS.

Traducción: Andrés Bestard.

la. Edición, noviembre de 1958 1 Oa. Impresión·, febrero de 1972

Derechos reservados

®

Edición autorizada por: Simon and Schuster, Jnc.,

6~0 Fifth Avenue New York, N. Y. (U.S.A.)

EDITORIAL DIANA, S; A.

Calles de Tlacoquemécatl y R9berto Gayol, México 12, D. F. Impreso en México - Printed in Mexico

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CONTENIDO·

J. No Tienes Idea, Lector, de la Clase de Jugador que E.res

Pierdes porque tienes algunos conceptos equivocados sobre tu juego

Conócete a ti mismo. . . y conoce a tu contrincante Examen de la personalidad en el ajedrez

Déjate de excusas

Hay que tener fe en el trropio juego

Hay que saber diferenciar entre los adversarios El valor de la sorpresa

El eterno tridngulo

2. Juegas las Aperturas Ciegamente, Lector, o las

Jue-gas de Memoria 49

Jugadas a ciegas en la apertura jugadas de memoria en la apertura Crisis imprevistas

Crimen y castigo

~. No Conoces, Lector, el Principio Fundamental del .Juego de Ajedrez: el Dominio del Centro 67

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¡Por qué es importante dominar el centro1 El poderoso centro de peones

La pieza poderosamente centralizada Amenaza a través del centro

Al lector k incomodan las aperturas irregulares 4. Pierdes, Lector, Porque no Puedes Ver la Siguiente

Jugada 93

La obsesión por la jugada evidente Hay que cuid6rse de la jugada obligada

5. No Sabes Cuándo Debes Atacar, Lector, ni Cuándo

Debes Defenderte 1 1 1

e

tuíndo atacar

La dama del que se defiende no está en acción Superioridad local del atacante

Debilidad de peones del que se defiende Cuándo no debe uno atacar

Cuándo debe uno defendene

6. Pierdes Lector, Porque Ignoras el Valor de Ciertas

Combinaciones 141

¡Qué es un final1

A taques que amenazan mate en el final Sacrificios brillantes en el final

e

oronación de un peón Finales de rey y peones Zugzwang

7. Pierdes, Lector, Porque Juegas Contra el Tablero,

no Contra el Adversario 161

1

Cómo iwpar contra el hombre y no contra el tablero El error jde un campeón mundial

(7)

8. Pierdes, Lector, Porque te Aburres Fácilmente 179

La técnica de la victoria La alternativa equivocada

Si se da a un hombre la cuerda suficiente . ..

9 . Pierdes, Lector, Porque eres Perezoso

Cómo ganar peleando duro ¡Hay que aceptar el desafío!

Te ganan, lector, porque pierdes el tiempo

1 O. Pierdes, Lector, Porque eres Obstinado

Más vale algo que nada

Un alfil vale más que un caballo

Protección excesiva de la posición enrocada

Cuándo son convenientes las jugadas de los peones

197

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CAPITULO 1

No tienes lded, Lector, de Id Cldse

De Jugddor Oue Eres

81, COMO HA DICHO ALGUIEN, el tacto es "la cualidad de

descri-bir a otros como se ven a sí mismos", encontrarás, lector, que éste es un libro sin tacto, pues en él describiré el ajedrez que juegas, no como lo ves tú, sino como lo veo

yo.

Pierdes en el ajedrez, lector, y te disgusta perder. Hace ya tiempo que juegas ajedrez. Has hecho algún pro-greso, pero no mucho. Has dedicado algún estudio al juego ... , tampoco mucho, es cieno, pero también es verdad que no has tenido el tiempo necesario ni el deseo de hacer del ajedrez una ocupación seria.

No sería aventurado afirmar que los libros de ajedrez te han decepcionado. Si así es, la culpa no es del todo tuya. Al-gunos maestros de ajedrez escriben como si se dirigieran a una convención de grandes maestros reunida en la cima del Monte Olimpo.

Con frecuencia me he reído, y quizá tú has hecho lo

mis-mo, del título de la obra de Capablanca, Principios Funda-mentales del Ajedrez, un libro sobre los "principios fundamen-tales" que ni siquiera te explica cómo se mueven las piezas ni cómo se ·anotan sus movimientos. Después de todo, ¿qué pue-de esperarse pue-de un genio que aprendió a jugar cuando tenía cuatro años de edad con tan sólo mirar cómo jugaba su padre? ¡Y ya entonces criticaba los: errores en que incurría su progenitor al mover las piezas!

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2 FRED REINFELl> Por otra parte, quizá hayas advertido que más de un es-tudioso del ajedrez toma las cosas tan literalmente que no puede discutir una idea abstracta. Hace algunos años, un amigo mío leyó la obra clásica de Znosko-Borovsky. El juego Medio en el Ajedrez, en el que abundan las intuiciones brillantes y los conceptos originales. Pero todo lo que mi amigo obtuvo del libro fue obsesionarse con una maniobra que aprendió al es-tudiar un breve fragmento de una partida entre Emanuel

Las-ker y Capablanca.

He aquí la posición que tanto lo impresionó:

CAPABLANCA

DIAGRAMA l

(Juegan las blancas) Campeonato Mundial de 1921

DR. LASKER

Las blancas están atrasadas en su desarrollo, y algunas de sus piezas desarrolladas están en mala posición. Znoko- Borovsky usó esta posición para demostrar la habilidad con que Lasker mejoró su juego y neutralizó Ias deficiencias de su falta de desarrollo.

La partida fue así:

1 P5R

2 T3C

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POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ

Las blancas amenazan con A6T, ganando el cambio, pues las negras no tendrían otra jugada mejor con qué responder que ... P3C. 2 J TxC 4 T3C CxC D2D

Las blancas amenazan otra vez con A6T, etc.

4 TRlD

Capablanca contrarresta la amenaza.

5 A6T P3C

Ahora Lasker se ha desarrollado y su situación no es mala. Znosko-Borovsky ilumina esta serie de jugadas con un análisis realmente encantador. Pero lo que fascinó a mi amigo fue la idea de jugar TID, seguido de T3D y T3CR. Desde que leyó ese libro, allá en 1923, ha estado llevando una torre a la ter-cera fila con la ilusa pretensión de ganar el ca~bio con T3CR. Algunas veces lo logra; otras, su paseadora torre muere como un perro.

Cuando pierde el cambio (lo que sucede con mucha fre-cuencia), veo con pesar que la poca ciencia es peligrosa. Y cuan-do ocasionalmente gana el cambio, me digo para mis adentros: '"Ah, vaya, aprendió algo, aunque se haya perdido del 99 por ciento de lo que el libro podía ofrecerle".

Y así son las cosas, lector: quizá sea tu culpa, o tal Ve7.

sea del autor, pero, como quiera que sea, el estudio no te ha servido de mucho. Volvamos, entonces, a la nefasta pregunta: ¿Por qué pierdes en el ajedrez1 Las razones son muchas. Exami-nemos algunas de ellas.

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4 FRED REINFELD Pierdes porque tienes algunos conceptos

equivocados sobre tu juego

Mientras persistan estas ilusiones, no sólo perderás en el ajedrez, sino que continuarás perdiendo. Puede ser que hagas algún pequeño progreso, o quizá no adelantes nada. En cambio, si rectificas tus conceptos erróneos tu juego mejorará notable-mente aun cuando no vuelvas a abrir -un libro de ajedrez en el resto de tus días.

Conócete a ti m'smo . ..

y

conoce a tu contrincante

U no de tus mayores errores es el de considerar el ajedrez como una especie muy complicada de juego solitario. Deberías advertir que tu adversario participa en el juego tanto como tú, con ambiciones, cualidades, debilidades y flaquezas muy seme-Jantes a las tuyas.

No hay un solo jugador de ajedrez que tome a la ligera su derrota. ¿Te has fijado alguna vez en la manera como aban-donan el juego los jugadores de ajedrez? Hans Kmoch y el autor de esta obra examinamos en cierta ocasión estos métodos en un artículo intitulado Rendición sin Convenciones. En él recordábamos que Alekhine, que no tenía rival como luchador desesperado en situaciones desalentadoras, ocasionalmente aban-donaba el juego tomando su rey y arrojándolo al otro extremo de la habitación. t:ra un fiel creyente de la fórmula inflexible de Tartakover: .. Nadie ganó nunca una partida abandonán-dola". Admirable principio, pero Alekhine exageraba un poco.

Tenemos también el ejemplo de Nimzovich, hombre ner-vioso y maestro de la extravagancia. Cuando menos en cierta memorable ocasión saltó sobre la mesa y gritó: .. ¿Por qué he de perder con este idiota?".

Otros, en verdad, han sido más sosegados. Spielmann, el gran maestro del ataque, de quien volveremos a hablar más

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POR QU~ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 5

adelante, torda el gesto como si se hubiera comido un confite envenenado. Rubinstein, indescriptiblemente donairoso en su juego, pero inexpresivo en su trato social, sucumbía con ex-presión inalterable. En cuanto a Gruenfeld, la incolora

má-quina vienesa de memorizar variaciones de las aperturas, de-tenía con displicencia su reloj y se alejaba silenciosamente, como un árabe que se pierde en la noche.

¿Conoces el caso más famoso de todos? Ocurrió en la si-guiente posición:

VON BARDELEBEN

DIAGRAMA 2

(Juegan las negras) Hastings, 1895

STEINITZ

Steinitz tenía sesenta años de edad cuando jugó esta par-tida. El año anterior había perdido el título de campeón mun-dial después de un reinado de veintiocho años. Si tomamos en consideración su edad y sus condiciones físicas, debemos consi-derar milagroso su juego en esta partida.

Veamos ahora el diagrama 2. Las negras tienen una pieza de desventaja, pero todas las piezas\de las blancas se encuentran amenazadas y, lo que es peor, las negras amenazan mate.

Pero -y éste es un gran "'pero"-, ¡las negras estdn en ja-que! Y tan formidable es el jaque, que Bardeleben no quiso rendirse como los hombres y felicitar a su anciano rival por su magnífico juego. En lugar de ello, abandonó la sala de juego y dejó que se agotara su tiempo. En cuanto esto sucedió,

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Stei-6 FRED REINFELD

nitz hizo las siguientes jugadas que le dieron una victoria obligada:

1 RIT

Si 1 . . . DxT; 2 TxT

t,

las blancas quedan con una ma-nifiesta superioridad de una pieza.

Y si 1 . . . RxT, las blancas pueden capturar la dama negra con jaque.

Por otra parte, si 1 ... RlA, las blancas ganan con 2 CxP

t,

forzando 2 ... RxT, haciendo posible 3 DxD

2 TxP

t!

RlC

Si 2 ... DxT, las blancas juegan 3 TxT

t,

etc. (pero no 3 CxD ?77 que permite 3 . . . TxT

t

seguido de mate).

J T7G

t!

RlT

4 D4T

t!

RxT

5 D7T

t

RlA

Todos los movimientos de las negras son obligados.

6 DST

R2R 7 D7C

t

RlR 8 DSC

t

R2R 9 D7A

t

RlD 10 DBA

t

DIR 11 G7A

t

R2D 12 D6D

tf!

Todos tenemos nuestro modo especial de rendirnos -espe-ro que no sea tan especial como el de Bardeleben-, pe-espe-ro no hay razón para disimular que es doloroso hacerlo. Sentimos dolorosamente la derrota porque el ajedrez es uno de los

jue-gos de rivalidad más cruel. El juego ofrece tantos rasgos lógicos y matemáticos, tantas posibilidades de cálculo exacto, que el

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lec-POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 7

tor que pierde queda aplastado. La derrota nos hace quedar tan mal parados -o, cuando menos, así lo creemos-, que, al igual que todos los jugadares de ajedrez, tenemos miedo de per-der. Y esto aumenta la ansiedad que provoca el juego.

(En realidad, como lo verá el lector en este capítulo y en los subsecuentes, la casualidad, la suerte y la diferencia de per-sonalidades desempeñan en el ajedrez un papel mucho más importante de lo que se cree).

Considerando estos motivos de ansiedad, el lector debe cono-cer su temperamento y carácter, sus gustos y aversiones, sus pun-tos débiles y fuertes. Si ya los conoce, es, en verdad, un juga-dor poco común. Hasta los campeones mundiales se equivocan a veces y pagan duramente su falta de conocimiento de sí mismos. El jugador de gran agresividad se cree cuidadoso, conser-vador y discreto. En cambio, el jugador pesado se imagina ser brillante maestro del ataque. Algunas veces estos engaños pue-den ser encantadores y divertidos. Pero con mayor frecuencia llevan al fracaso y la tragedia. Pueden debilitar el buen juicio, quitarle lo incisivo al juego y hacer que se pierda la fe en la propia habilidad.

Como ha visto el lector, hasta un campeón mundial puede sufrir de este defecto. Alexander Alekhine fue, sin duda, el jugador más grande de la historia, pero de lo que realmente se. enorgullecía era de su. . . ¡juego de bridge! Lo único que sé del bridge es que se juega con un mazo de cartas -o tal vez con dos (es muy confuso)-, pero los que pueden juzgar me han dicho que Alekhine era lastimoso jugador de este juego. No me es difícil creerlo. Así como juzgamos equivocadamente nLes-tros puntos fuertes, también nos equivocamos con nuestras de-bilidades.

Como examinaremos estos puntos débiles y fuertes, quizá sea éste un buen lugar para detenernos y hacer algunas pre-guntas al lector sobre las que deberá reflexionar al ir adelan-tando en la lectura de esta obra:

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8 FRED REINFELD

Examen de la personalidad en el ajedrez

1.-¿Eres enérgico y emprendedor? ¿0 eres cuidadoso y conservador? ·

2.-¿Te gusta arriesgarte? ¿O prefieres jugar sobre seguro? 3.-¿Te dejan helado las sorpresas? ¿O las tomas como vienen?

4.-¿Te incomodan las cosas con las que no estás familiari-7.ado? ¿O no pierdes la confianza en ti mismo?

5.-¿Tiendes a sobreestimar tu propia habilidad y a menos-preciar la de tus oponentes? ¿O tiendes a menosmenos-preciar tus fuer-zas y a sobreestimar la de tus rivales?

6.-¿Te gusta calcular todos los detalles? ¿O juegas deján-dote llevar por tus impulsos?

7.-¿Eres un jugador lento? ¿O lo eres rápido?

Medita estas preguntas cuidadosamente y respóndelas con veracidad. Sólo entonces podrás obtener la mayor ventaja de esta obra.

Quizá el lector piense que algunas de las preguntas son capciosas. Si es así, está en lo cierto. Están formuladas de tal manera, que si puede contestarlas honradamente, Q.abrá descu-bierto que en su juego de ajedrez hay cosas que no había sos-pechado nunca. Recuerda esto: el conocimiento de sí mismo es el principio de la sabiduría.

Déjate de excusas

¿Cuál es tu excusa cuando pierdes? Seguramente el lector tiene una; todos los jugadores de ajedrez tienen alguna disculpa clásica.

·Al parecer, hasta los grandes maestros necesitan una excusa, así que el lector tiene compañeros distinguidos. Uno de los ju-gadores más notables de los Estados Unidos -llamémoslo Smith-ocupa siempre un lugar distinguido en los torneos del cam-peonato de ese país. Smith participa en él con la esperanza ex-presa de ganar, pero nunca lo consigue.

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POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 9

Cuando pierde, dice que se encontraba en malas condiciones físicas; que había trabajado mucho; que casi no tuvo descanso

ni entrenamiento antes de que se iniciara el fatigoso trajín. Un desconocido que escuchara el relato de sus cuitas por primera vez podría haberle preguntado: "Entonces, ¿por qué no se fue usted al campo a pasar unos días? ¿Por qué no des-cansó algún tiempo? ¿Por qué no se dedicó a entrenar?".

Pero esas preguntas hubieran sido ingenuas. La excusa es más importante que los hechos. En verdad, la excusa crea los hechos. En éste, como en todos los casos, la excusa se ha conver-tido en parte de la personalidad del jugador, en parte de su juego de ajedrez, en parte de su vida. Ofrece la excusa por pri-mera vez después de su primer fracaso. A partir de en ton ces, la excusa está allí, a la mano, para aplicarla inconscientemente

antes de cada fracaso subsecuente.

Al invocar su excusa, Smith se escuda contra las consecuen-cias de su esperado fracaso. Y también desdeña todo paso cons-tructivo para superar ese fracaso. La excusa es una protección, pero también es perjudicial.

En el caso del lector, la excusa le impide mejorar su juego.

Le impide averiguar por qué pierde en el ajedrez.

No hace mucho, un jugador estaba haciendo un papel muy desairado en uno de los torneos de Navidad de Hastings. Al-guien le preguntó con benevolencia cuál era la causa. El jugador replicó: "¡Los otros jugadores son mejores que yo!". Su cándida sencillez fue desconcertante: quizá la interpretaron como sarcas-mo, pues un jugador de ajedrez nunca abandona su excusa favorita.

Un jugador refunfuña: "Era mi día de malas". Otro: "Te-nía la victoria en la bolsa, pero la dejé escapar". Un terrero afirma que no estaba en forma. Otros tienen dolores de cabeza o de la espalda, trastornos del estómago, gargantas irritadas, toses atormentadoras. Y otros más dicen que la luz era muy débil, o demasiado brillante. No es de extrañar que el gran maestro inglés Amos Burn dijera con ironía que nunca le había ganado una partida a un hombre que se sintiera bien.

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10 F R E D R E 1 N •. E L )).

En cierta ocasión, un conocido jugador atribuyó su mala actuación en un torneo al hecho de que estaba acostumbrado a vivir en un ambiente ruidoso, y el torneo se había jugado en un local donde reinaba el silencio. El inmortal Tarrasch ex-plicaba volublemente que su mal juego en el Torneo de Has-tings en 1895 se debió al aire del mar. Pero no explicaba por qué ese mismo aire aumentó el vigor de sus rivales.

La excusa de Tarrasch dio origen a una de las historias más fantásticas ·de los juegos de torneo. La posición era la siguiente:

TEICHMAN

DIAGRAMA 3

(Juegan las blancas) Hastings, 1895

TARRASCH

A pesar de que Tarrasch tenía que hacer cuatro jugadas en dos minutos, ¡se quedó dormido! (El maldito aire del mar, sin duda). "¡Le toca jugar, doctor!". No hubo respuesta. (Qui-siera poder decir que a Teichmann le respondió un sonoro ronquido, pero la historia es bastante divertida sin agreg-arle adornos). Otra vez ve gritó Teichmann, y nuevamente no hubo respuesta.

Finalmente, cuando lo llamó por tercera vez, Tarrasch des-pertó, miró en su torno desatinadamente y jugó C3R como un rayo. Pero era demasiado tarde: había excedido el límite de tiempo.

Esta historia puede considerarse de dos maneras. Una de ellas consiste en examinar el diagrama 3. Se ve claramente que

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POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 11 las blancas han perdido el juego, pues la ventaja de las negras es indudable. Así:

1 C3R 2 C5D

C4R DlC

Si las blancas cambian damas, la torre de las negras llega a 7CD, lo que significa el principio del fin.

Si las blancas no aceptan el cambio de damas, la dama y la torre de las negras penetran por las dos columnas abiertas del ala de la dama. Además, el peón de las blancas en 40R está en situación débil, y su alfil no puede hacer nada, pues se halla encerrado por sus propios peones. No cabe duda: las blancas han perdido el juego.

Pero también puede uno olvidarse de la posición del ta-blero y reflexionar en la conducta extraordinaria de Tarrasch. Los siquiatras hablan de un estado llamado "narcolepsia" en que una persona tiende a quedarse dormida fácil y frecuente-mente cuando no puede superar sus problemas. Tarrasch qui-siera hacemos creer que perdió porque se quedó dormido; lo que realmente sucedió es que se quedó dormido porque estaba perdido. Éste es un buen ejemplo de la manera en que el rigu-roso análisis del ajedrez se confunde con las reacciones personales.

El rival de Tarrasch en este juego, Richard Teichmann, tuvo una carrera extraña. Lo apodaban "Ricardo V" porque generalmente ocupaba el quinto lugar en los torneos. Fácil-mente hubiera podido hacer un mejor papel, como podemos ver en su espléndido primer lugar en Carlsbad en 1911, uno de los torneos internacionales más reñidos que se hayan visto. Cuando se examinan los juegos de Teichmann, se ve que son sólidos, por no decir estólidos. Y pronto se tiene la impre-sión de que si se hubiera esforzado más, habría sido uno de los grandes maestros del ajedrez. Veamos su extraordinario juego en esta horripilante posición:

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12 FRED REINFELD

AFICIONADO

DIAGRAMA 4

a

uegan las blancas)

Zurich, 1921

TEICHMAN

Para comenzar, Teichmann dio un caballo de ventaja, y después perdió otra pieza. Ahora, su alfil está siendo atacado,

al igual que una de sus torres. Al lector y a mí, esta posición no ofrecería ninguna posibilidad de salir adelante. Pero Teich-mann ve un pequeño rayo de esperanza en el peón del caballo de rey, que se encuentra muy adelantado. En consecuencia, juega:

1 TxP !!

Esta jugada amenaza mate, comenzando con 2 TST

t!

Por eso, las negras toman la torre. ¿Por qué no?

1 CxT

Si 1 . . . TxT; 2 AxC

t!

lleva al mate.

2 D5C!

Y ahora, si 2 . . . PxA; S DSD

t

decide el juego.

2

3 DSD t!!

C2A CxD

Y ahora, después del sacrificio de la dama viene una ju-gada de sorprendente belleza:

(20)

POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 13

Después de 4 . . . PxA, las negras tienen una ventaja de dama, una torre y tres piezas menores. A pesar de ello, 5 P7T

t

las obligan a abandonar el juego. Las negras son impotentes contra esta amenaza, pues su torre en 3R está clavada.

Pocas cosas han sido más trágicas en el ajedrez que el re-lativo fracaso de este gran maestro. A pesar de su enorme ca-pacidad de irLlaginación, Teichmann no pudo llegar a la cima. ¿Su excusa? "¡Pereza!". Durante varias décadas fue su carac-terística.

Pero el mundo del ajedrez de los maestros ha visto excusas más extrañas aún. David Janowski, famoso contemporáneo de Tarrasch y de Teichmann durante el período de 1890 a 1920,

se distinguía por su despreocupada audacia. He aquí una posi-ción típica de su arrojado estilo:

SCHALLOPP

DIAGRAMA 5

(Juegan las blancas)

Nurember, 1896

]ANOTVSKJ

Las blancas se encuentran considerablemente más desarro-lladas que las negras, cosa que les permite continuar su ataque

y, al mismo tiempo, proteger su torre amenazada.

La jugada de Janowski es sobrecogedora, elegante y enér-gica:

1 A5D !! PRxA

Había que capturar al insolente alfil, y ésta era la única manera de hacerlo.

(21)

14 FREO REINFELD

2 DxPA

t

RID

Si 2 ... R2R; 3 CxP

t

haría retroceder al rey negro de todos modos. J DxT

t

4 D7C

t

5 D6A

t

6 A4A!

R2D

R3R

A 3D

Abandonan

Un bello final. Si 6 ... DxT

t;

7

R2D,

DxT; 8 DxA

t,

y las blancas dan mate en dos jugadas más.

En este juego se puede ver que J anowski era un gigante cuando se trataba de deshacerse de rivales de segunda catego· ría. Pero cuando tenía que vérselas con jugadores realmente formidables, las cosas eran muy diferentes. Jugaba bien y ga· naba alguna partida. Pero luego comenzaba a mostrar su mo-rosidad, a comprometerse en complicaciones innecesarias. To-memos la siguiente posición de una partida jugada contra Ema-nuel Lasker:

]ANOWSKJ

DIAGRAMA 6

(Juegan las negras) Campeonato M un dial

de 1910

DR. LASKER

J

anowski tenía en las manos una victoria fácil haciendo la jugada más evidente: 1 ... A4AD. Entonces las negras ame-nazan con ganar una pieza. Pero las blancas no tienen otra alternativa; deben intentar 2 P4CD.

(22)

POR QUÉ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 15

Ahora las blancas tienen dos posibilidades. U na es 3 AxA, D40R; 4 C5C# P3TD, y las negras ganan una pieza. (Si en lugar de esto las blancas juegan 4 C2R, quedan en una situa-ción intolerablemente apretada).

La otra posibilidad es 3 PxD, AxC

t;

4 A2D, TxA, y las blancas están perdidas: 5 DxT AxD

t;

6 RxA, CxP. Las negras tienen dos piezas y un peón por una torre.

Pero Janowski quiere alardear de imaginación. Y asf:

1 C3T 1

2 P4CD D4R

3 C(3A)5C

Lasker lucha lo mejor que puede. (Su rival, Tarrasch, le rindió en una ocasión el siguiente tributo: "Lasker pierde un juego de vez en cuando, ¡pero nunca pierde la cabezal").

Si las negras juegan 3 ... P3T, Lasker tiene pensado jugar

4 DIA !1, Px.C; 5 CxC con un contraataque resuelto.

3 C4A

4 TIA!

Contraataque en la columna abierta. Al clavar el caballo de las negras, confunde a Janowski y acaba por paralizar su voluntad de ganar. 4 5 PxC 6 A2R 7 T3A !1 CxA DxPR

t

A2R

Lasker juega con encomiable sangre fría en una situación peligrosamente precaria.

Y ahora ofrece a

1

anowski la oportunidad de jugar 7 ... DxT t!; 8 CxD, CxC, dejando a las negras con un juego muy fuerte. Pero, una vez más,

1

anowski -el arrojado

1

anowski-vacila ... ¿Qué persigue el viejo zorro?''', se pregunta. Perplejo e indeciso, consigue arrebatar la derrota de las garras de la victoria.

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16 8 P~C 9 0-0 ! FRED REINFELD D5R A3A ]ANOWSKI DIAGRAMA 7 (Después de 9 . . . A3A) DR. LASKER

La posición de las negras parece todavía amenazadora, pero veamos cómo la hace pedazos Lasker.

JO TxA!

Ha eliminado a su peor enemigo. ¡La fuerza de esta jugada sólo se hará evidente diez jugadas después!

JO . . . PxT

.JJ A3A

Por fin, después de una defensa increíblemente paciente que pocos jugadores hubieran podido sostener, Lasker toma la iniciativa. Ahora ya no perderá el tiempo: cada jugada es un martillazo, implacable castigo a la indecisión de las negras.

JJ D4R

J2 CxP

t

R2A

JJ C (7T)xC PxC

J4 TxP

t

RIC

Ahora el rey de las blancas está a salvo, mientras que el de las negras ha quedado expuesto al ataque.

J5 T6G

t

RIA

J6 DIA

t

R2D

J7 CxA PxC

J8 T7C

t

RIR

(24)

POR QUÉ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 17

Porque después de 19 ... R1A; 20 D6T

t

lleva al mate. Al igual que en esta partida,

1

anowski perdía una línea de-cisiva tras otra; en los torneos abundan sus victorias fallidas. ¿Por qué? ¿Porque "le gustaba el ajedrez interesante"? ¿Porque "'se deleitaba tanto con un juego ganado, que no quería que se acabara"?

Estas explicaciones son música celestial. Es divertido jugar ajedrez, pero es más divertido ganar la partida. La verdadera razón de que 1anowski perdiera esos juegos ganados era que tenía miedo de la crisis, de ese terrible momento en que todo el juego está en la balanza. Por valeroso que pareciera

1

anows-ki, indudablemente había cierta timidez en su naturaleza que lo hacía retroceder ante las decisiones que, una vez tomadas, no pueden revocarse.

Emanuel Lasker, Campeón Mundial de 1894 a 1921, era un tipo de jugador completamente distinto. Fue el primero que demostró la importancia de la personalidad en el ajedrez y que caracterizó al juego como una lucha. Tenía una noción clara de sus propias cualidades y de las de sus contrincantes. En secuencia, podía llevar el juego por caminos en que sus con-trarios se extraviaban. Cuando se proponía crear complicacio-nes, este magnífico luchador era implacable consigo mismo y con su rival.

Me agrada mucho este franco comentario que hizo La.sker sobre su vida de empedernido ajedrecista:

.. De mis cincuenta y siete años, dediqué cuando menos treinta a olvidar casi todo lo que había aprendido o leído. Y una vez que lo conseguí, adquirí cierta soltura y ánimo que no me gustaría volver a perder. Si es necesario, puedo hacer cosas de las que no tengo idea en el momento. He retenido poco en la memoria, pero puedo aplicar ese poco, y es muy útil en muchos y variados aprietos. Lo mantengo siempre en orden, pero me resisto a aumentar su lastre".

Estas palabras nos revelan admirablem~te el aplomo, la calma y confianza de Lasker, así como sus insuperables

(25)

cuali-18 FRED REINFELD dades de estratega. Cuando reproducimos cualquiera de sus par-tidas. vemos claramente cómo se revela el elemento personal en el ajedrez.

Pero volvamos a nuestro tema de las excusas. ¿Cómo supone el lector que los contemporáneos de Lasker lo consideraban? ¿Encomiaban la madurez de sus conceptos y su mágica habili-dad para salir de las situaciones críticas? No exactamente. Atri-buían su éxito, no a su manera superlativa de jugar, sino a las fétidas tagarninas que fumaba.

Es siempre más cómodo atribuir la derrota a un cigarro puro que a la inferioridad en el juego. Y es más, mucho más fácil, invocar la excusa que esforzarse por mejorar el juego. Así, en lugar de decir con voz melancólica: "Si tan Sólo pu-diera jugar mejor las aperturas, todo saldría bien", ¡por el amor de Dios, hay que dedicarse a estudiarlas!

Naturalmente, la excusa que oímos con más frecuencia es la siguiente: "¡Juega demasiado lento! Ya le tenía ganado el juego, y luego me volvió loco con su pachorra en cada jugada. Cuando menos lo pensé, se me agotó la paciencia, hice cual-quier jugada y ... , ¡zas! ¡Allí se acabó todo!".

Y esto es algo que el lector no solamente ha escuchado con mucha frecuencia, sino que lo ha dicho más a menudo aún. Pues la lentitud del juego -del contrincante, claro está, no la propia- es excusa universal de todos los jugadores de ajedrez. ¿Tiene fundamento esta excusa? No mucho. Y he aquí por qué:

Ambos jugadores -el lector y su contrincante- confunden el tiempo con la duración. Cuando le toca jugar al lector, se abisma a tal extremo en sus pensamientos que no se da cuenta de cómo pasa el tiempo. Su adversario, en cambio, se encuentra condenado a la ociosidad e inquieto, esperando con

impacien-cia que le toque jugar. 1

(Buckle, el famoso historiador, que también era un buen jugador de ajedrez., dijo una vez con mordacidad: "Es difícil soportar la lentii&'a del genio, pero la del mediocre es in-sufrible").

(26)

POR QUÉ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 19

Subjetivamente, el lector siente que ha empleado muy poco tiempo en hacer su jugada; pero la irritada impresión del con-trincante es que tardó varios siglos. (Y hasta puede ir más lejos e insinuar que el lector juega deliberadamente con len-titud: una guerra de nervios).

Pero ahora le toca jugar al contrincante. ~Qué sucede? Los papeles se han invertido, y esta vez es el adversario el que tiene la impresión de que no emplea mucho tiempo en decidir su jugada, mientras el lector sucumbe a la ilusión de que es igno-miniosamente lento para tomar una resolución.

Piénselo bien el lector y, según creo, coincidará conmigo en afirmar que no hay exageración en lo que he dicho. ~Qué

debe hacerse?

Ante todo, es necesario dominar la irritación. El lector jue-ga ajedrez por divertirse. Si no es así, ~para qué juega?

Pero es más fácil decirlo que hacerlo. Quizá el siguiente consejo le ayude a ello. Toda la dificultad 'surge cuando el lector espera que su contrincante juegue. Pero, ~por qué ha de esperar sin hacer nada?

En lugar de mirarse los dedos, 4por qué no aprovechar el tiempo7

Puede uno, por ejemplo, estudiar la posición para ver si es posible capturar una pieza, atacarla o amagarla. El lector se sorprenderá agradablemente al encontrar que puede tener una imagen más clara de la situación ahora que momentánea-mente se ha libertado de la responsabilidad de tomar una decisión.

Y no es esto todo lo que puede hacer. ~Por qué no mirar la posición desde el punto de vista del contrincante? ~Por qué no preguntarse qué haría uno en su lugar? ~Qué jugada haría uno en la situación inmediata? ~Qué plan escogería?

Empleando de esta manera el tiempo del contrincante, el lector no sólo calmará sus nervios, sino que también verá el juego como no lo había visto nunca antes. Y, lo mejor de todo, en lugar de cultivar una excusa vana, mejorará su ajedrez de una manera constructiva.

(27)

20 FRED REINFELD

Hay que tener fe en el propio juego

La seguridad en sí mismo, o incluso una imitación razona-ble de ella, es un arma potente en el ajedrez. Si el lector tiene confianza de alcanzar lo imposible, puede -aunque no lo crea-triunfar en un proyecto poco probable. Pero si duda de alcan-zar lo que está en su capacidad de hacer, fracasam incluso en ese objetivo limitado.

En el ajedrez, naturalmente, es ventajoso conocerse a sí mismo. ,Pero es necesario conocer también al otro. Es difícil lo primero. Pero es más difícil aún lo segundo.

Como sabemos muy bien, los jugadores de ajedrez toman la derrota con amargura considerable. Para protegerse contra la decepción que experimentan al perder, invocan excusas muy conocidas a fin de sentirse menos incómodos. Por ello, a me-nudo temen que se les ponga a prueba. Van a un club de aje-drez, pero rehuyen jugar. Algunos llegan al extremo de imagi-nar que los ojos de todo el mundo están fijos en ellos, que todos los espectadores del juego están atentos a burlarse de cada una de sus jugadas.

En cierto grado, su temor es explicable. Todos tenemos miedo de lo desconocido, y una prueba crucial ante extraños es una verdadera ordalía. Pero, en realidad, quien obra así se mortifica sin motivo, pues puede tener la seguridad de que su contrincante se siente tan incómodo como él: la desagradable experiencia no lo es sólo para él.

Es consolador saber que hasta los grandes maestros sufren este sentimiento de ansiedad. Los que adoptan el aire más con-vincente de confianza en sí mismos son, generalmente, los más perturbados. Tomemos como ejemplo la siguiente narración so-bre la conducta de Najdorf al final de uno de los torneos más reñidos de los tiempos modernos:

"A pesar de todo su ingenio y sus numerosos éxitos de tiempos pasados, Najdorf nunca había obtenido un triunfo tan impresionante.

(28)

POR QU~ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 21

perdido en cada una de las partidas. En cuanto había hecho un cierto número de jugadas, corría a la sala de periodistas -casi con la puntualidad de un reloj- para anunciar alocada-mente que iba a perder por algún descuido, algún grave riesgo o alguna jugada sorprenden te del adversario.

"A pesar de que estos dramáticos anuncios se repetían con toda la dramática intensidad de que era capaz Najdorf, ningu-no de ellos se realizó. El terrible ataque de Reshevsky quedó contenido. El descuidado sacrificio al jugar contra Gudmund-sson resultó ser atinado. La sorprendente jugada de Pilnik fue una especie de boomerang.

"Como muchos de sus colegas del pasado y de la actuali-dad, incluyendo a Alekhine, Najdorf sólo juega realmente bien cuando tiene que poner sus cinco sentidos espoleado por el mie-do. Pero en lo que se distingue de los demás es en que lo con-fiesa francamente y sin importarle su •prestigio'. Como él mis-mo dijo en una ocasión: 'Siento el impulso de desnudarme en público'".

Podemos dar otros ejemplos. El más notable de los que recuerdo es el pasmoso artículo de Capablanca en The New York Times poco antes del Torneo de Nueva York de 1927. En la víspera de uno de los mayores triunfos de su carrera, el Campeón Mundial proclamó en los términos más sombríos que dudaba mucho de sus probabilidades de éxito.

(¿No nos recuerda esto la excusa de Smith? Podría clasi-CAPABLANCA

DIAGRAMA 8

(Juegan las negras) Nueva York, 1927

(29)

22 FRED REINFELD ficarse como "la excusa preliminar y propiciatoria... La siguien-te ocasión en que Capablanca recurrió a esta excusa fue cuando Alekhine le ganó el Campeonato Mundial, pérdida que sor-prendió a Capablanca y a todo el mundo, ¡con la excepción del mismo Alekhinel).

La siguiente partida dará al lector una idea del abismo que había entre la desalentada predicción de Capablanca y sus soberbias jugadas unos cuantos días más tarde (véase el dia-grama 8).

Capablanca, que se propone un bonito sacrificio de la dama, abre la posición con:

1 P4R!

2 AxPR T (ID)7D

Amenazando . . . TxP con un ataque amagando mate con las poderosas torres.

Si las blancas se defienden con 3 TlAR, las negras tienen la aplastante continuación 3 ... DxPR 1, y si 4 PxD, T7C

t;

5 RlT, TxP

t;

6 RIC, T(7A)7C

tt.

3 D7C

4 P4C

TxP

Esforzándose desesperadamente por usar el alfil para de-fender el flanco de rey. Pero Capablanca frustra su propósito.

4

5 A3C

D3R! TxP!

Magistralmente jugado: si ahora 6 AxT, DxPC

t;

7 RIT, D6T ! , forzando el mate. 6 D3A 7 DxT 8 RxT T (7T)7C

t

TxD

t

DxP

(30)

POR QUÉ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 23

en material y posición. N imzovich se rindió después de ocho jugadas más.

¿Cómo podría uno reconciliar las dudas de Capablanca con su espléndido juego y garboso aire de seguridad durante el torneo? Esta especie de ansiedad antes de la batalla nos recuer-da el doloroso miedo a aparecer en las tablas que aflige aún a los actores veteranos y a los concertistas. Sin embargo, apenas unos momentos después ponen de manifiesto la habilidad y maestría que los ha hecho distinguirse en su profesión.

En cambio, la "fe en lo imposible" es una de esas ilusio-nes vitales que pueden hacer del lector un mejor jugador de ajedrez. Quizá quien me lee conoce ya la afirmación que se atribuye a Tchigorin, el gran maestro ruso de las dos últimas décadas del siglo pasado. Se dice que cuando tenía las blancas siempre jugaba 1 P4R, confiado en que tenia el mejor juego. Cuando tenía las negras, respondía a .1 P4R con 1 ... P4R, convencido con igual firmeza de que tenía, cuando menos, ¡un juego parejo!

Comparemos estas dos afirmaciones, y el lector dirá que son, lógicamente, ridículas. Es cierto. Pero hay muchas cosas en el ajedrez que no obedecen a la lógica, y el lector será un mejor jugador de ajedrez si se convence de ello.

Pero sucede que la afirmación de Tchigorin de ninguna manera es tan fantástica como parece, pues contiene una .. pre-misa menor tácita" que tiene un gran sentido. Lo que en rea-lidad quería decir era: @uando yo, el gran Tchigorin, tengo las blancas, las blancas tienen el mejor juego. Y cuando yo, el gran Tchigorin, tengo las negr~ entonces las negras tienen, cuando menos, un juego parejo'~

Para comprender claramente esta engañosa afirmación, exa-minemos dos partidas deliciosas ganadas por Tchigorin: la pri-mera con las piezas blancas y la segunda con las fuerzas negras. En el primer juego, Tchigorin derrota a una autoridad en abrir el juego en quince jugadas, usando una apertura que en la actualidad sólo se ve en la tienda de antiguallas:

(31)

24 FRED REINFELD Nueva York, 1889 APERTURA DE PONZIANI Blancas Negras Tchigorin Gossip 1 P4R P4R 2 C3AR C3AD J P3A P4D

Una respuesta más sencilla es 3 ... C3A; 4 P4D, P4D !, con igualdad.

4 D4T P3A

Adelantar prematuramente el peón del alfil del rey puede ser muy perjudicial.

5 A5C CR2R 6 PxP 7 0-0 8 P4D DxP A2D

Si las negras jugaran bien, saldrían hábilmente del paso con 8 ... PxP; 9 PxP, C4R !; 10 AxA

t,

DxA!

Tal como juegan las negras, pronto se encuentran en un serio aprieto que Tchigorin explota hasta lo último.

8 P5R '!

9 CR2D C3C

10 A4A D4TD

11 D3C P4A

12 A7A

t

El principio del fin. Tchigorin no dejará escapar un rey rodeado por un enjambre de enemigos.

12 R2R '!

13 C4A! D3T

14 A5C

t!

RxA

Tchigorin termina el juego de una vez con drástico jaque doble, teóricamente la jugada más fuerte que se conoce en ajedrez:

(32)

POR QU~ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 15 C6D

tt!

GOSSIP DIAGRAMA 9 (Después de 14 ... RxA) TCHIGORIN 25

Ahora viene la segunda parte, para mostrar lo que hacia Tchigorin con las negras:

San Petersburgo, .J 87 8

CONTRAGAMBITO DEL GRECO Blancas Schletser 1 P4R 2 C3AR Negras Tchigorin P4R P4AR

Ahora las blancas deberían jugar 3 CxP, amenazando D5T

t.

La mejor jugada de las negras es 3 ... D3A, pero des-pués de 4 P4D, P3D; 5 C4A, PxP; 6 C3A, las blancas tienen un notable adelanto en el desarrollo.

J PxP 4 A5C 5 AxC 6 CxP C3AD A4A! PDxA ADxP

Tchigorin se ha desarrollado rápidamente, pero, como ve-remos, su último movimiento requiere considerable previsión.

7 D5T

t

P3CR

(33)

26 FRED REINFELD

Las blancas están hipnotizadas por la idea codiciosa de ob-tener una ganancia material. Si ahora 8 ... AxC (que es lo que esperan), entonces 9 DxAR le dan dos peones de ventaja.

8 9 DxT TCHIGORIN DIAGRAMA 10 (Después de 8 Cx.PC ? !) SCHLETSER PxC !! D2R

t

Las tres piezas desarrolladas de las negras acosan ahora al rey de las blancas hasta perderlo. Si 10 RlA, AxPAD !, y la amenaza de ... A6D

t

es decisiva.

JO RID AxPAR!

Esta jugada excluye la interposición de P3AR y, en conse-cuencia, amenaza ... A5C

tt.

Es cierto que Tchigo:rin deja dos piezas amagadas, pero estos problemas son demasiado insig-nificantes para preocuparse por ellos.

11 DxC

t

Si ahora 12 DxT, A5C

tt.

12 D4A Abandonan 1 R2D TIR!

La decisión de las blancas es prudente en virtud de la amenaza de Tchigorin: 13 ... DSR f!; 14 TxD, TxT

ft.

(34)

POR QU:t. PIERDE USTED EN EL AJEDREZ TCHIGORiN DIAGRAMA }} (Posición final) SCHLETSER 27 Si 13 P3D, D7R

tt.

Osi 13 P4D, A5C

f;

14 R2D, D6R

tt·

·Después de reproducir estas dos partidas, vemos que la pre-tensión de Tchigorin tenía su lógica propia: la lógica de su habilidad deslumbradora, con la que destruía rápidamente a los contrincantes inferiores.

Hay que saber diferenciar entre los adversarios

Así, se trata en realidad de un problema de personalidades. Y esto sucede en gran parte del ajedrez. Quizá esta afirmación sorprenda al lector, pues no la encontrará en ningún libro de ajedrez. Pero los mismos maestros del tablero suelen hacer a un lado la lógica· en favor de las consideraciones personales.

Compárese el juego de un maestro del ajedrez en un tor-neo con sus partidas en una exhibición simultánea. ¿La calidad de su juego es la misma en ambos casos? Ciertamente, no.

En una exhibición, donde debe jugar rápidamente contra un grupo de jugadores más débiles, el maestro sabe que puede vencer con jugadas que casi nunca darían resultado contra otro maestro.

Supongamos que se encuentra en esta situación: puede (a) ganar un peón simplificando grandemente, o (b) rehusar el peón a fin de conservar una posición complicada y llena de promtsas vagas, pero amenazadoras. En una partida con otro maestro, se inclinará a tomar el peón y recibirá con beneplácito

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28 FRED REINFELD

la simplificación del juego. Sin embargo, en una exhibición simultdnea probablemente preferirá el curso complicado.

¿Por qué esta diferencia? Por una parte, es demasiado dis-creto para jugar a la ligera con un contrincante poderoso, mien-tras que al rivalizar con jugadores simultáneos, la experiencia y las estadísticas le enseñan que la defensa se derrumbará ante un ataque resuelto y complejo.

Si el lector ha jugado alguna vez en exhibiciones simul-táneas, probablemente ha visto esa situación por sí mismo. En un lado del tablero está el maestro hábil, experimentado, se-guro de sí mismo, esperando caer sobre el más pequeño error de su adversario. Y en el otro lado, el lector, el aficionado, sin seguridad de sí mismo, aturdido por la posición, atormentado por el presentimiento de que el desastre es inminente.

Una de las numerosas facetas de Alekhine era su notable facilidad para sentir estas dificultades. La obra maestra que ofrecemos a continuación pone de relieve la enorme diferencia entre el juego del maestro y el del que juega una partida simultánea:

Amsterdam, 1933 (Exhibición simultánea) RUY LóPEZ Blancas Alekhine 1 P4R 2 C3AR 3 A5C Negras Mindeno P4R C3AD P3D

A los maestros modernos del ajedrez no les satisface esta defensa, pues lleva a las negras a una situación cerrada y pasiva.

4 P4D PxP

5 DxP

Gana tiempo para enrocar después en el lado de la dama.

5 A2D

6 AxC AxA

7 C3AD C3A

8 A5C A2R

(36)

POR QUt PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 29

MINDENO

DIAGRAMA 12

(Después de 9 ... 0-0)

ALEKHINE

Las blancas tienen que tomar ahora una decisión.

Los rasgos esenciales de la posición son los siguientes: la posición de las negras, como sabemos, es un tanto restringida. Las blancas pueden reforzar tranquilamente su posición con la esperanza de conservar su dominio de la situación o pueden crear complicaciones en que sus amenazas llenen de pánico a las negras.

Unos cuantos meses antes, jugando contra el maestro danés Andersen en el Torneo Internacional de Folkestone, Alekhine, en una posición idéntica, prefirió el primer método. En esa par-tida jugó así: 10 TRIR, C2D; 11 AxA, DxA; 12 T3R, D3A. (El propósito de las negras es el de salir de su posición cerra-da mediante -cambios que simplifiquen el juego).

La partida continuó: 13 C5D, AxC; 14 PxA, DxD; 15 CxD, TRIR; 16 TDIR, TxT; 17 TxT. Las blancas quedan con una pequeñísima ventaja de movilidad que es suficiente para que gane Alekhine.

Pero ésa era una partida contra un maestro. He aquí cómo juega Alekhine contra un aficionado:

JO P4TR

Jugada astuta que sugiere a las negras la idea suicida de amenazar y luego capturar el alfil blanco.

JO P3TR

(37)

30 FRED REINFELD Las negras pueden salvar todavía el pellejo jugando 11 ... CxC !; 12 PxC, A2D. Pero el poder de la sugestión es demasiado para ellas. 11 12 CxA

t

13 PxP PxA? DxC

Después de esta jugada, la columna abierta de la torre del rey tendrá que decidir la partida en favor de las blancas, a pesar de su inferioridad material.

M IN DEN O

DIAGRAMA 13

(Después de 13 PxP)

ALEKHINE

Ni siquiera el cambio de damas puede neutralizar el ata-que de las blancas. Veamos esta variación: 13 ... DxP; 14 PxC, DxD; 15 TxD, AxC; 16 PxA Ahora, 16 ... PxP 1 permite 17 T4CR

tt!

O si 16 ... TR1R, 17 T4CR !, P3CR; 18 T(4C)4TR y las blancas sucumben con T8T

tt.

13 14 T5T 15. TD1T CxP D3R P4AR

Aunque luchan en una situación difícil, las negras pueden ahora darse el lujo de mostrarse complacientes.

Es cierto que las blancas tienen 16 P6C (amenazan mate), DxPC; 17 C5R !1 que parece ganar; pues si 17 ·. . . PxC 1; 18 D4A

t

y después de 18 ... D2A o 18 ... T2A sigue 19 T8T

tt·

(38)

POR QUt. PIERDE USTED EN EL AJEDREZ M IN DEN O DIAGRAMA 14 (Después de 15 ... P4AR) ALEKHINE 31

Pero he aquí la razón de que las negras se rían en sus bar-bas: después de 16 P6C, DxPC; 17 C5R ¡1, juegan 17 ... DxT 1; 18 TxD, PxC, con material más que suficiente a cambio de su dama.

¿Será que el aficionado ha superado al maestro? De nin-guna manera. Con sonrisa compasiva, ·Alekhine traspone las

ju-gadas, toma su caballo y lo planta con gesto de triunfo en una jugada genial:

16 C5R !!!

Esta bella jugada tiene tres rasgos de sutileza.

El primero: si ahora 16 . . . DxC; 17 DxD, PxD; 18 P6C, y las negras no pueden hacer nada contra T8T

tt.

Al mismo tiempo, las blancas amenazan T8T

tt

de todas maneras, por lo que es necesario capturar el caballo.

16 ~e

17 P6C ! Abandonan

Y aquí encontramos el segundo rasgo de sutileza en la de-liciosa combinación de las blancas: si 17 ... DxPC; 18 D4A

t

forza el mate.

¿Y el tercer rasgo de la combinación? Volvamos al diagra-ma 14. Si las blancas juegan 16 P6C, DxPC; 17 D4A

t.

las ne-gras tienen la sencilla defensa 17 . . . P4D.

Al jugar ·16 C5R !!!, Alekhine eliminó al peón de dama de las negras, de manera que ya no podían jugar P4D.

(39)

32 FRED REINFELD Habría que buscar mucho para encontrar una partida más artística, y, sin embargo, el punto decisivo que hizo posibl~ el triunfo de las blancas se presentó en las jugadas 10 y 11. El ardid sicológico de las blancas fue la mecha que produjo la explosión.

Ahí tiene el lector la diferencia entre el juego de torneo y el de las panidas simultáneas. En una partida entre dos maestros, las posibilidades son de que fracasen los ataques de especulación, aunque pueden tener éxito en una panida de cada diez. En una exhibición simultánea, triunfan 999 veces de cada mil.

El valor de la sorpresa

Incluso en las partidas entre jugadores de primera clase, una jugada poco sólida, si se hace con cierto atrevimiento, tiene algunas probabilidades, por remotas que sean, de triunfar. Así lo descubrí una vez en una divertida partida que jugué en el Campeonato del Club de• Ajedrez Marshall.

Mi contrincante, un buen jugador, adoptó la Defensa India del Rey. Pronto llegamos a una posición semibloqueada, en la que ambos bandos tendrían que recurrir a pesadas maniobras. Aunque las jugadas de mi adversario eran excelentes, corría el riesgo de que se le agotara el tiempo por jugar con demasiada lentitud. Por último, sólo le quedaban unos dos minutos para hacer veinte jugadas.

Advirtiéndolo así, jugué mi rey de ICR a 2AR y luego a 3R en movimientos sucesivos. Casi todas las piezas estaban todavía en el tablero. Mi adversario, como había previsto, mi-raba al rey con ojos estupefactos, esforzándose por adivinar la razón de sus locos vagabundeos.

Los movimientos del rey eran malos, tan malos así que RSR le daba la oportunidad de tomar mi dama con un jaque a la descubierta. Pero mi asombrado adversario no veía nada. Miraba al tablero como hipnotizado, mientras los segundos se deslizaban sin cesar. Y pronto perdió la partida por exceder el límite de tiempo.

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POR QUÉ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 33

Claro está que éste es un caso extremo. Pero sirve para demostrar los efectos desastrosos de la sorpresa. En otro de los ejemplos que recuerdo, la estratagema fue diferente, pero mu-cho más común.

La partida a que me refiero fue jugada en el Campeonato del Club de Ajedrez de Manhattan1 también contra un

juga-dor bastante bueno. Al iniciarse el juego medio vi la oportu-nidad de hacer el sacrificio especulativo de un peón. Parecía seductor, y comencé a examinar sus consecuencias. Después de mucho pensar: "Si hace esto, yo haré esto otro", me dije de pronto: "¡No seas tonto! 'Especulativo' no quiere decir otra cosa sino 'especulativo', y si vas a sacrificar un peón, sacrifícalo sin importarte las consecUencias''.

Dicho y hecho. Hice mi jugada resueltamente, y me apoyé en el respaldo de la silla a esperar cómodamente el desenlace. Mi adversario pareció alarmarse, luego me estudió inquisitiva-mente y por fin dedicó su atención al ta~lero. ¿Era una jugada buena o mala? Podía ver que en su fuero interno luchaba la suspicacia contra la preocupación y el miedo. Observó atenta-mente la posición, levantando las cejas de vez en cuando para lanzarme una rápida mirada, como si quisiera encontrar en

mi expresión la solución a su problema.

Su decisión, como puede suponer el lector, no era fácil. Una jugada le permitía tomar el peón sin riesgo, aunque no sin pasar por ciertas incomodidades. Otra manera de captu-rarlo lo expondría a toda clase de dificultades, y un tercer mé-todo lo haría perder una pieza en tres jugadas obligadas.

¿Cuál jugada escogió? Antes de decírsela al lector, debo explicar que, aunque es un buen jugador, su fuerte son las

po-siciones simples y claras que no entrañan ningún riesgo. Rehuye la táctica atrevida, y cuando tiene que escoger entre dos o más posibilidades, comienza a titubear. Al final, después de media hora de estudio, escogió el método equivocado de capturar el peón y pronto perdió una pieza.

El lector puede estar seguro de que los maestros conocen bien esta táctica. Algunos de los más emprendedores, como

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!4 FRED REINFELD Rudolf Spielm.ann, por ejemplo, gustan de los sacrificios poco sólidos que parecen estar cargados de dinamita. Aunque lo con-denaran más tarde algunos críticos que nunca se dejaron llevar por un arrebato para hacer una jugada, alcanzó un gran por-centaje de éxitos en sus partidas.

La que ofrecemos a continuación demuestra cómo un gran maestro presenta una sorpresa a su adversario. Ha sido consi-derada como la más brillante que se haya jugado nunca, y, sin embargo, nadie sabe a la fecha si es sólida o no.

Margate, J938 GAMBITO DE LA DAMA Blancas Negras Alekhine Book 1 P4D P4D 2 P4AD PxP 3 C3AR C3AR 4 P3R P3R 5 AxP P4A

La desaparición del peón negro de dama en el centro deja las manos libres a las blancas en esa importante zona. Un ju· gador dinámicamente agresivo como Alekhine no necesita que se le haga invitación formal para aprovecharse de semejante situación. 6 0.0 7 D2R 8 C3A 9 i\3C JO P5D ! C3A P3TD P4CD P5C Comienza el ataque. Si 10 ... PxP; 11 CxP !, CxC; 12

TID, y las blancas recuperan la pieza con una ventaja decisiva.

JO C4TD

11 A4T

t

A2D

J2 PxP PxP

En esta posiciÓn, Alekhine hizo una de las jugadas más asombrosas que se hayan visto en el juego de ajedrez. En lugar

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POR QU:t PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 35 BOOK DIAGRAMA 15 (Después de 12 ... PxP) ALEKHINE

de salvar su caballo (como el lector o yo hubiéramos hecho), estudió la posición por largo tiempo y finalmente jugó:

13 TID !!1 14 TxA ! 15 C5R 16 PxP ! PxC .CxT T2T

Alekhine ha sacrificado una torre ... , ¿para qué? Tan sólo para llenar de inquietud al adversario.

BOOK

DIAGRAMA 16

(Después de 16 PxP !)

ALEKHINE

16 R2R '!!

Con la esperanza de librarse de la molesta presión sobre el caballo, que estaba clavado.

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36 FRED REINFELD

17 P4R !

Es una jugada diabólica. Si 17 . . . CxC, las blancas ganan con 18 A5CR

t!

Las negras están ya perdidas. He aquí la fonna impresi<r nante en que Alek.hine terminó esta extraordinaria partida:

17 C3AR 18 A5CR D2A 19 A4A D3C 20 TID P3C 21 A5CR A2C 22 C7D !

Este golpe asesino es el principio del fin para las negras.

22 TxC

23 TxT

t

RIA

24 AxC AxA

25 'P5R ! Abandonan

Si el alfil se retira; las blancas juegan 26 D3A

t,

y sigue el mate.

Cuando terminó la partida, Spielmann, el gran especialista en este tipo de ataque, hizo el siguiente reproche al perdedor: .. ¿Cómo puede usted jugar así? Esos sacrificios siempre tienen consecuencias que no se ven en el tablero". Surgió una acal<r rada discusión sobre la posición critica, y la discusión continúa hasta nuestros días.

Los comentaristas han escrito página tras página afirman-do que el ataque de las blancas es infalible. Otros, con igual energía, dicen que las negras tienen una defensa perfectamente satisfactoria. Que yo sepa, nadie ha dicho todavía la última palabra.

¿Cuál es, entonces, nuestro veredicto? Los expertos, traba-jando en la quietud de sus estudios y disponiendo de tiempo ilimitado, no han podido llegar a la verdad. En consecuencia, podemos convenir en que el inspirado ardid de Alekhine valía la pena de intentarse, especialmente tomando en cuenta el

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POR QU.t PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 37

Alek.hine, naturalmente, sabía que había muchos factores en su favor. En primer lugar, su envidiable reputación le ase-guraba prácticamente que los demás creerían en la solidez del sacrificio, aunque no fuera más que por la teoría ligera, pero impresionante, de que si Alekhine lo jugaba, debía ser sólido. Además, la sobrecogedora presencia de esta personalidad aterradora fue suficiente para aturdir a las negras. Considere-mos, por otra parte, el desconcierto que produce siempre en el que se defiende un sacrificio de sorpresa. Cuanto más in~

perado sea el sacrificio, mayor será el desconcierto; y este sacri-ficio fue algo completamente fuera de lo común.

Partidas como ésta sirven de mucho para explicar la con-fianza de Spielmann en los sacrificios que caen en esa vaga zona que separa lo sólido de lo erróneo. El crítico puede más tarde hacer mofa de estos sacrificios, pero para usar las pala-bras de Tarrasch, no es suficiente con ser un buen jugador; ademds, hay que jugar bien.

El mismo Tarrasch, por gran jugador que fuera, sucumbió más de una vez al desconcierto que le produjo el sacrificio de sorpresa de un perspicaz maestro táctico. Cuando Lasker hizo su memorable observación sobre Tarrasch, diciendo que .. le fal-taba la pasión que enciende la sangre'', pensaba seguramente en partidas semejantes a la que ofrecemos a continuación:

San Sebastidn, 1912 RUY LóPEZ Blancas Negras Duras Tarrasch 1 P4R P4R 2 C3AR C3AD J A.5C P3TD 4 A4T C3A 5 P3D P3D 6 P3A P3CR

(45)

~8 FRED REINFELD

López, cuando las blancas juegan conservadoramente P~D, las negras pueden ganar la iniciativa si más tarde juegan ... P4D. Todo esto es muy cierto, pero lo que no dicen al lector es que las blancas son un táctico resuelto, marrullero e implacable, mientras su adversario es más bien un teórico obstinado cuyos mejores tiempos quedaron en el pasado.

7 PSTR A2C 8 A.3R 0-0 9 DIA P4CD JO A2A TIR 11 A6T AIT 12 CD2D P4D! 13

ese

D3D 14 P4C CID

Habiendo despejado su juego, las blancas están listas ahora para . . . C~R, a lo que sigue C5A o . . . P4A y . . . P5A, o ... P5D. 15 D~R ! CSR! TARRASCH DIAGRAMA 17 (Después de 15 ... C~R !) DURAS

Las negras tienen un juego espléndido, y Duras sabe que sólo puede salvarse con marrullerfa. He aqui su sorpresa:

(46)

POR QU~ PIERDE USTED EN EL AJEDREZ 39

Ahora bien, si las negras conservan la calma y dominan el desconcierto que les produce esta sorprendente jugada, tienen la oportunidad de superar al adversario con 16 . . . PxP ! ; 17 P4D, P4A !

16 DxC '!

Tarrasch cree que Duras ha cometido un disparate.

17 P4D D3D 18 P5R DlD TARRASCH DIAGRAMA 18 (Después -de 18 ... DlD) DURAS

Cuando imagino la escena, veo a Tarrasch esforzándose por ocultar una sonrisa de triunfo. Si las blancas juegan 19 Px.C 77, entonces las negras juegan ... ClA, y así ganan la dama.

Pero ahora viene la segunda sorpresa, aún más demoledora que la primera:

19 0-0-0 !!

Duras abandona la pieza para seguir con su especulación. A cambio de ello, ejercerá una presión de la que las negras nunca podrán librarse.

19 20 P4AR! 21 AxA 22 P5A 23 TDIA C2D A20R CxA CIA

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