Aportes a la construcción de culturas de paz a través del folclor,
el caso de la comunidad veleña de Santander.
Trabajo de grado para optar el título de
Magistra en Educación con Énfasis en Comunicación Intercultural, Etnoeducación y Diversidad Cultural
Autora: Yina Marcela Agudelo Castillo
Director: Mauricio Enrique Lizarralde Jaramillo
Facultad de Ciencias y Educación Postgrados
A jiestas jue que vinimos…
Dedicado
A la memoria de mis abuelos Pedro Elías Castillo y Emma Pardo de Castillo:
Mis amores eternos.
A mi madre Beatriz Castillo Pardo, eres mi ángel de la guarda.
A mi hermano Santiago Agudelo,
a mis hijos Juan y Alejandro Pinillos,
a mis amigos Jenny Labisch y Jorge Pinzón Cadena, por ser el regalo más bello de Dios.
Gracias por su amor incondicional.
En Homenaje a la mujer y al hombre del campo, a los artistas, a las maestras y maestros, a las familias y gestores de la Provincia de Vélez que día a día han fortalecido tanta
Agradecimientos
A Dios y su corte celestial de Ángeles. A la Universidad Distrital Francisco José de Caldas y a la
Facultad de Educación por la proyección de dos programas tan importantes para la sociedad
colombiana: la Maestría en Educación con Énfasis en Comunicación Intercultural, Etnoeducación
y Diversidad Cultural y la Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Educación Artística.
A los diferentes Comités Organizadores del Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, a la emisora
Radio Ciudad de Vélez, a Lucía Emperatriz González Plata y Oscar Marín Ariza, a la Familia
Vásquez, a la Artista Plástica Ángela Hernández, al Luthier Ronán Julián Duarte y su familia, a
los Músicos Hermes Espitia y Alexander Quintero, al Maestro Pedro Nel Silva Mateus y su
programa radial “Así es mi tierra”, al Maestro Néstor Moyano, al Museo Real de Vélez y
Artesanías el Veleñazo y a Julio Cesar Nieves Fontecha, a ACOTEVEL, a todos infinitas gracias
por su valioso aporte y generosidad.
A la Alcaldía Municipal, a la Policía Nacional y su Escuela de Carabineros de Vélez.
A las Familias Cadena Velasco, Castillo Cadena, Castillo Hernández, Castillo Olarte, Castillo
Ariza, Ballesteros Castillo y Cifuentes Díaz. A mis amigas Ruth Marina Santiago Jiménez, Mónica
Tabla de Contenido
Resumen ... 8
Presentación ... 9
Problema ... 13
Pregunta orientadora ... 13
Objetivos ... 13
Justificación ... 14
¿Qué se ha dicho sobre el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple? ... 17
¿Qué se ha dicho sobre el arte en la construcción de culturas de paz? ... 24
¿Qué se ha dicho sobre Educación, Arte y Paz? ... 35
Marco teórico ... 37
Folclor ... 39
Experiencia artística ... 40
Bordados del traje típico veleño, femenino y masculino. ... 42
Cantos: Guabina veleña a capella o instrumentalizada- acompañada. ... 43
Composición literaria: Canciones, coplas, dichos, poemas... 44
Interpretación vocal, instrumental y musical. ... 45
Torbellino como danza y ejecución instrumental. ... 46
Artes Plásticas. ... 46
Artes Visuales y Fotografía. ... 47
Identidad ... 49
Alteridad ... 50
Culturas de paz ... 52
Metodología ... 56
Unidad de análisis ... 57
Etnometodología en Educación... 58
Actores sociales ... 59
Técnicas ... 60
1. Observación participante ... 60
2. Entrevista semiestructurada ... 61
Instrumentos ... 62
Análisis de contenido ... 64
Presentación de Conjuntos Folclóricos, versión 54. (2015) ... 64
Parranda Veleña, versión 22 (2015) ... 66
Desfile de las Flores, versión 53 (2015) ... 68
Resultados ... 70
VALORES INDIVIDUALES Y COLECTIVOS QUE FORJAN CULTURAS DE PAZ ... 70
LOS SÍMBOLOS SAGRADOS ... 71
ETHOS, TANATOS Y COSMOVISIÓN... 73
ACTITUD SENSIBLE ... 73
REAFIRMACIÓN Y ARRAIGO CULTURAL ... 74
PARADIGMA ESTÉTICO, SOCIAL Y ÉTICO COMUNITARIO ... 75
USO COLECTIVO DEL ARTE PARA LA EXPRESIÓN DE LA IDENTIDAD ... 75
RELACIÓN CULTURA / EDUCACIÓN ... 76
Aportes de la cultura veleña a la construcción de culturas de paz ... 77
Conclusiones y recomendaciones ... 79
Referencias ... 84
Audiovisuales ... 84
Anexos ... 89
Anexo 1. Programación LIV Festival Nacional de la Guabina y el Tiple 2015. ... 89
Anexo 2. Ley 1007 de 2006 ... 90
Anexo 3. Ley 1602 de 2012, Ley Francisco Benavides. ... 91
Anexo 4. Decreto 1038 de 2015, por el cual se reglamenta la Cátedra de la Paz ... 93
Anexo 5. Entrevista a la Guabinera Santandereana Libia Vásquez Téllez ... 99
Anexo 6. Entrevista al Luthier Veleño Julian Duarte Palomino ... 106
Anexo 7. Entrevista al músico Cristian Ochoa Palomino ... 108
Anexo 8. Entrevista a la Bordadora Veleña Blanca Castillo Pardo. ... 109
Anexo 9. Entrevista a la Señora María Emma Pardo de Castillo ... 112
Anexo 10. Ponencia presentada en el Congreso Internacional de Educación Artística de la Universidad Distrital. ... 114
Anexo 11. VI Encuentro Regional de Copleros, Cuenteros, Retahíleros, Dichos y Poesía Costumbrista. ... 115
Anexo 12. Análisis fotográfico. ... 116
Anexo 13. Análisis de entrevistas. ... 118
Tabla de Ilustraciones
Ilustración 1 Monumento al Artista ……Ilustración 2 Virgen Santa Cecilia, Patrona de los Músicos. ... 10
Ilustración 3 Conjunto Folclórico de Bolívar, Santander. Jorge Pinzón Cadena. Vélez, 2015. ... 23
Ilustración 4 Árbol del folclor de Guillermo Abadía Morales. (1983, p.21). ... 39
Ilustración 5 Lámina No 138. Estancieros de las cercanías de Vélez tipo blanco. ... 42
Ilustración 6 Lámina No 142. Arriero y tejedora de Vélez. ... 42
Ilustración 7 Serie El Olor de la Guayaba de Angela Hernández de Virviescas. ... 47
Ilustración 8 Retrato familiar en la Parranda Veleña. Fotografía de Jorge Pinzón Cadena. Vélez, 2015. .. 63
Ilustración 9 Amor Veleño. Fotografía de Jorge Pinzón Cadena. Vélez, 2015. ... 67
Ilustración 10 Desfile de las Flores. Fotografía de Jorge Pinzón Cadena. Vélez, 2015. ... 68
Ilustración 11 Desfile de las Flores. Colegio Isabel Valbuena Cifuentes. Jorge Pinzón Cadena. 2015. .... 69
Ilustración 12 Desfile de las Flores, Archivo personal. Vélez, 2016. ... 72
Ilustración 13 Dueto José A. Morales en la Parranda Veleña. Fotografía de Jorge Pinzón Cadena. 2015. 76 Ilustración 14 Niños en el Desfile de las Flores. Fotografía de Jorge Pinzón Cadena. Vélez, 2015. ... 79
Ilustración 15 Escultura Parque Nacional del Folclor. Archivo personal. Vélez, 2015. ... 81
Resumen
Pensarse fuera de la socialización violenta, implica reflexionar en la construcción de
mundos culturales propios.
La hipótesis general que procuro defender es que las comunidades al crear pacíficamente,
fomentan la armonía, el respeto, la confianza, el afecto, la fraternidad, la autoestima, la
convivencia, el trabajo solidario en colectivo, la sensibilidad y la comunicación: elementos que se
construyen en alteridad. Crear en los mundos propios, es posible en aquellos espacios o campos
vitales donde la organización social se concibe en paz y la experiencia creativa y educativa de la
colectividad es sensible frente a la vida y sus relaciones sociales.
Palabras claves: Folclor veleño, culturas de paz, alteridad, identidad, experiencia artística.
Contributions to building a cultures of peace through folklore, the case of the community veleña, Santander
Abstract
To classify oneself outside of a violent socialization includes reflecting in the construction
of own cultural worlds.
The general hypothesis I intend to defend is that peaceful create community, promote
harmony, respect, trust, affection, brotherhood, the feeling of self-worth, the living together,
solidary collective work, the sensitivity and the communication: elements built in otherness. It is
possible to create in own worlds in those areas or lands where the social organization conceive
itself in peace and the creative and educational experience of collectivity is sensitive in light of life
and its social relations.
Presentación
La educación de un pueblo realmente está en conocer, defender y divulgar sus raíces. La Chata Vásquez, Guabinera Santandereana.
El Ministerio de Educación Nacional anunció el 24 de febrero de 2016 que el proceso de
paz iniciado en el 2012, se firmaría con un balígrafo: una bala sin pólvora con tinta interior, de
hecho, tiene su propia página web: http://www.baligrafo.org/ donde anuncia: "Este Balígrafo es el
símbolo del cambio, de la transición que Colombia vivirá en pocos meses, de un país donde las
balas serán el pasado y la educación se convertirá en el presente y el futuro". El 23 de junio de
2016 el balígrafo fue mediatizado en el primer acuerdo de paz entre la guerrilla y el gobierno del
Presidente Juan Manuel Santos quien también aprobó la Ley 1732 de 2014 donde se establece el
carácter obligatorio de la Cátedra de la Paz en todas las instituciones educativas del país. Lo que
siembra en el imaginario del colectivo, una paz acordada, legalizada y firmada con balígrafos.
La investigación que se presenta, se alejó desde su inicio de los saberes políticos y jurídicos,
que se terminan convirtiendo en prácticas hegemónicas, para indagar en experiencias colectivas
de las culturas campesinas tradicionales y empoderadas, las cuales abordan la paz como un estilo
propio de vida, donde por más de 50 años la educación, el arte y la cultura han sido su raíz, donde
nunca han necesitado de balígrafos para firmar acuerdos de convivencia, sino que en su estilo de
vida han logrado construir en comunidad un ambiente de aprendizaje, reencuentro, alegría y paz.
Este texto hace referencia a la comunidad veleña, entendida como los habitantes que
conforman la Provincia de Vélez, con los siguientes municipios: Aguada, Barbosa, Chipatá,
Florián, Guepsa, La Belleza, Puente Nacional, Sucre, Albania, Bolívar, El Peñón, Guavatá, Jesús
María, La Paz, San Benito, Vélez. Los actores sociales que se entrevistaron, se encuentran
en la “Serranía de los cobardes” (nombre heredado de los españoles, por el suicidio colectivo de
los indígenas independientes del lugar).
La entrada principal recibe a turistas y residentes con el Monumento al Artista, el cual es
un mástil de tiple, lo que denota simbólicamente la bienvenida a un pueblo histórico, cultural y
estético muy bien definido, donde el arte hace parte de la vida cotidiana, que se expresa con una
sonoridad y composición auténtica, con el canto de la guabina, la danza del torbellino, con una
obra plástica y fotográfica de valores y tradiciones, reconocido mundialmente por su bocadillo
veleño, por su arquitectura inverosímil y contestataria de su iglesia atravesada Nuestra Señora de
la Nieves, donde la Virgen Santa Cecilia, Patrona de los Músicos, está sentada tocando tiple y el
Jesucristo que adorna la cúpula es negro.
Ilustración 1 Monumento al Artista Ilustración 2 Virgen Santa Cecilia, Patrona de los Músicos.
La primera manifestación que se hizo contra los españoles ocurrió en estas tierras en
1740, adelantándose en 40 años a José Antonio Galán y sus compañeros comuneros. Además fue
Vélez, el primer lugar de América en otorgarle el voto a la mujer en 1853.
Pero especialmente, donde lo cotidiano se vuelve una experiencia sensible uniendo durante
aves, alpargatas, guayabas, caballos, jinetes, totumos, mariposas, ollas de barro, pailas, canastos,
chicha, maíz, sombreros, iglesias, guabinas, donde la sencillez de la vida del campo: el ranchito
de barro, el jardín y la huerta se recuerda a través de una celebración llamada Festival Nacional de
la Guabina y el Tiple en homenaje a la raíz campesina que se une con el ancestro indígena, por eso
a Vélez se le hace acreedor de la más antigua tradición folclórica colombiana expuesta en
diferentes lenguajes artísticos.
El pensamiento de la comunidad campesina veleña tiene mucho que aportar a la situación
y la coyuntura actual que se vive frente al escepticismo y la expectativa de la paz, pues son las
culturas campesinas empoderadas, quienes con la fuerza de su trabajo, los afectos de su gente, sus
actividades cotidianas y la solidez para mantener su sistema de valores sociales, manifiestan una
gran experiencia sensible y artística reflejando la vida en el campo y el sentido de la colectividad.
Por ello, la unidad de análisis de esta investigación es el Festival Nacional de la Guabina y
el Tiple, en la versión 54 del año 2015, reflejo del folclor veleño y producto de la creación
comunitaria, el cual declara resistencia a la sociedad excluyente, individualista, competitiva y
patriarcal (que se ha impuesto hegemónicamente), ya que al interior de su organización refleja una
micro-sociedad empoderada, solidaria, colectiva, cooperadora, matriarcal, que invita a reflexionar
en las diversas maneras de celebrar la vida a través de la educación y la experiencia artística.
El Festival contó con más de 35 actividades, (ver Anexo 1), donde se indagó
exclusivamente en los siguientes tres eventos:
1. Presentación de Conjuntos Folclóricos.
2. Parranda Veleña.
El Festival Nacional de la Guabina y el Tiple acoge a todos los estratos sociales, partidos
políticos, fuerzas militares, residentes, visitantes extranjeros y nacionales. Todas las edades son
bien recibidas: desde los bebés hasta los más ancianos y todos pueden participar como
organizadores, cultores, artistas o espectadores.
El marco teórico de esta investigación: experiencia artística, culturas de paz, alteridad e
identidad, enmarcados en el espacio de convivencia del LIV Festival Nacional de la Guabina y el
Tiple, son referentes que aportan de manera indispensable a las interacciones en el aula de clase y
competen en la formación de una sociedad más tranquila de sí misma.
El primer concepto que se maneja de educación, durante toda la investigación es el de
Smechdiling (s.f):
El verdadero propósito de la Educación, no es transmitir conocimientos, sino, generar individuos sanos, capaces de conformar una sociedad sana. Los conocimientos son importantes, pero realmente ocupan un segundo plano dentro del proceso de la educación, puesto que, un individuo con muchos conocimientos pero sin una verdadera formación humana (…) hará mal uso de sus conocimientos, y no tendrá la capacidad de respetar a los demás. (p.3).
Y tal vez, el principal rol de la educación será reconocer y divulgar aquellos pensamientos
y formas de vida que la educación misma ha ocultado, las culturas campesinas no son tenidas en
cuenta como aquellas que dejen enseñanzas, tal vez la mirada que se les tiene es que hay que
“educarlos” cuando son ellos quienes sostienen de raíz a este país con un desbordante e
invisibilizado poder comunal, pues son muchos los aprendizajes que sus manifestaciones
culturales y la esencia de sus principios heredan a la construcción de país.
Este documento, el cual ha sido el resultado de 2 años de reflexión pedagógica sobre una
educación que se da en familia, gestores, artistas y escuela, reflexión basada en nuestra diversidad
ya un futuro agradable y solidario como comunidad colombiana, es una apuesta diferente a las
políticas del Gobierno y el Ministerio de Educación Nacional quien publicita que la historia
pacífica colombiana estará determinada por el plebiscito, los acuerdos y la Cátedra de la Paz. (Ver
Anexo 4).
Problema
La convivencia pacífica en todo ámbito y espacio, es una temática que merece una profunda
reflexión con propuestas concretas y reales que se desarrollan en la actualidad.
Desafortunadamente la praxis social demuestra que se ha naturalizado diferentes tipos de violencia
pero también hay evidencia de diferentes resistencias a la deshumanización.
Por tanto, el problema que orienta a la investigación es ¿cómo incide en los procesos de
construcción de culturas de paz, la experiencia artística vivida en el folclor veleño?.
Pregunta orientadora
El presente estudio nace en el plano educativo y cultural, centrándose en torno a una
hipótesis: Pensarse fuera de la socialización violenta, respondiendo a la pregunta orientadora
¿Cómo aporta a la consolidación de culturas de paz, la experiencia del folclor veleño, en el caso
del “Festival Nacional de la Guabina y el Tiple”?. Para dar respuesta, se hace necesario enfocarla
en los siguientes objetivos.
Objetivos
Objetivo principal
• Visibilizar el aporte del folclor veleño a la consolidación de culturas de paz.
Objetivos específicos
• Analizar los significados que median la experiencia del folclor en la comunidad
veleña.
Justificación
En todas las profecías está escrita la destrucción del mundo. Todas las profecías cuentan que el hombre creará su propia destrucción.
Pero los siglos y la vida que siempre se renueva engendraron también una generación de amadores y soñadores; hombres y mujeres que no soñaron con la destrucción del mundo, sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores. Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana guardaban la ternura y el sol de medianoche (…)
Portadores de Sueños, Poema de Gioconda Belli (2000, p.105)
En Santander se ha encendido la chispa de varias confrontaciones sociales, como los
suicidios colectivos de los indígenas de la región en épocas de la mal llamada Conquista, la
Rebelión de los Comuneros y la posterior ayuda al Ejército Patriota de la Independencia, los
levantamientos liberales, el voto femenino, el apoyo a la Guerra de los Mil Días, el bandolerismo
de Efraín Gonzáles, el surgimiento del ELN, las protestas cívicas, los paros petroleros, la
organización de movimientos regionales, la resistencia social a proyectos mineros en defensa del
Páramo de Santurbán y el Páramo El Almorzadero, etc.
Por tanto, refleja una cultura rebelde, contestataria, de carácter independiente y firme,
muchas veces violento, que constantemente se reivindica y que a su vez conforma un elemento
permanente de la identidad santandereana.
Sin embargo, en un rincón de Santander y de manera silenciosa, está el municipio de Vélez
construyéndose y perviviendo a través de la agricultura, ganadería, turismo, educación, fabricación
de bocadillos, el folclor y lo que interesa a esta tesis: como se construye pacíficamente con
símbolos del mundo propio cotidiano a través de su experiencia artística y sensible en diferentes
bordados, lenguajes que hace la misma comunidad por que hace parte de su saber ancestral y
cotidianidad, heredados por la trasmisión oral.
Su Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, no hace alarde ni esta mediatizado, pues es
frecuente en Colombia, que los medios masivos de comunicación siempre se enfatizan en el
Carnaval de Barranquilla, el Festival de la Leyenda Vallenata, el Carnaval de Negros y Blancos,
el Festival Nacional del Bambuco, entre otros. Aunque en el periódico Vanguardia Liberal de
Bucaramanga, se puede encontrar publicaciones anuales de este festival, invitando a la comunidad
en general a participar.
Esta festividad, fue nombrada en 2006 Patrimonio Cultural y Artístico (ver Anexo 2) y
Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación en el 2012 (ver Anexo 3), por ser un tesoro cultural
invaluable, se constituye en un elemento importante de la cultura santandereana, en tanto aporta
conocimiento práctico y teórico en torno a los significados, experiencia artística y alcances de los
actores de la comunidad veleña que cómo bien lo percibe las primeras líneas del poema de
Gioconda Belli: aún en este tiempo, hay hombres y mujeres amadores y soñadores que construyen
al mundo.
Por tanto veremos que las manifestaciones folklóricas son un documento vivo de la realidad del pueblo y nos muestran su verdadero rostro. (…) Los giros rotundos y vitalísimos del habla popular, las notas y cadencias de nuestros aires musicales, la delicada plasticidad de nuestras danzas criollas y el misterioso mensaje de los ritos aborígenes, nos dicen cómo nos distinguimos de los demás pueblos de la tierra y cómo se proyecta el perfil amerindio en la historia de la cultura universal. (Abadía, 1983, p.10).
Este proceso cultural que se da dentro del Festival demuestra que si es posible relacionarse
pacíficamente a través del canto colectivo, el cuerpo festivo, la danza, los bordados manuales, la
preparación de alimentos, la toma de bebidas ancestrales, la construcción de instrumentos
desfiles de las flores, entre otras manifestaciones artísticas de crear en comunidad, las cuales
fomentan la armonía, el respeto, la confianza, el afecto, la fraternidad, la autoestima, la
convivencia, la concordia, el trabajo solidario en colectivo, la sensibilidad y la comunicación:
elementos vitales que se construyen en alteridad.
Se pretende visibilizar el proceso del Festival como un escenario que se piensa y se
construye por fuera de la violencia, ejemplo vivo y real de cultura pacífica:
Las resistencias para la paz de Colombia evidencian valores y posturas de culturas milenarias, capacidades insospechadas para construir paz desde la noviolencia, procesos y acciones colectivas identificadas por sus protagonistas como “fuerza vital” y “ejercicio de autonomía, autodeterminación o neutralidad activa”, mecanismos pacíficos de defensa y de propuesta, y esencialmente poderes pacifistas transformadores, paces imperfectas, y realidades esperanzadoras para este país. (Hernández, 2009, p.118).
La educación ha contribuido primordialmente a que la raíz de las tradiciones y valores de
la cultura veleña no desaparezca, ha permitido que su cultura táctil, musical, artística, sensible,
ética y afectiva, se siga dando en la reunión de familias, amistades e instituciones para cantar,
danzar, bordar, componer, construir, interpretar, pintar, cocinar, entre otras actividades esenciales
y vitales. Las personas del común, vistas como actores sociales reflejan una actitud solidaria,
sensible, atenta a los suyos y a otros forjando un nosotros. Todo lo que acontece alrededor del
Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, es fuente de conocimiento que incide el educar.
Dentro de las prácticas educativas, hay una intencionalidad de reproducción de la cultura,
de valores, de símbolos y de la experiencia artística, lo cual ha aportado a la construcción de una
cultura pacífica empoderada.
Nuevamente se reflexiona sobre ¿qué es educar?, ahora con la visión de Maturana:
de vivir se hace progresivamente más congruente con el del otro en el espacio de convivencia. El educar ocurre, por lo tanto, todo el tiempo. (1990, p. 26).
¿Qué se ha dicho sobre el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple?
El Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, es un evento artístico y cultural que busca
conservar y contribuir al fomento, promoción, protección, divulgación, preservación y desarrollo
de los valores culturales del folclor veleño, en sus expresiones folclóricas auténticas musicales:
instrumentales, vocales, poéticas y coreográficas como lo es el canto de la Guabina Veleña y
coplerío, la interpretación del tiple y la danza del torbellino, incluyendo los trajes típicos y todas
las expresiones artísticas enraizadas en el mundo campesino.
Convoca a todas las edades a participar en la modalidad infantil, juvenil, adulta y veterana.
Fundado en Vélez, Santander en 1.961, celebrado por 55 años consecutivos, (2016) doblemente
declarado patrimonio por el Congreso de la República, en el 2006 Patrimonio Cultural y Artístico
como homenaje a los Festivales de Música Folclórica de Santander y en el 2012 como Patrimonio
Cultural Inmaterial de la Nación el Folclore Veleño, el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple
de Vélez (Santander); el Desfile de las Flores de Vélez - Santander y la Parranda Veleña. (Ver
Anexo 3 y 4).
Para esta investigación, se le define como aquel espacio cultural de convivencia colectiva,
que permite las relaciones pacíficas y sensibles a través de su creación, organización, gestión y
celebración, convirtiéndole en una interacción social que da sentido a la vida de la comunidad
veleña, tejido por el arte y la educación, incidiendo en una cultura de paz.
Desde el ámbito académico, las investigaciones más rigurosas de la cultura y el folclor
Giraldo, quienes describen con mayor relevancia al Festival Nacional de la Guabina y el Tiple y
sus expresiones: guabina veleña, el torbellino y las coplas. En los últimos años es un tema que ha
tomado una gran fuerza para ser estudiado por las Ciencias Humanas desde la música, la
antropología y la educación.
Durante el rastreo se logró identificar los siguientes documentos y autores, de manera
cronológica se explicarán sus publicaciones.
El primer documento es el VI Festival de la Guabina y el Tiple de 1967 de Luis Felipe
Camacho Mateus el cual es un escrito que relata la transición de las célebres “Fiestas Reales” y
ferias a festivales de la guabina y el tiple, un breve relato histórico-cultural que recorre la
transformación de 1940 cuando se realizaban las fiestas patronales a la Virgen de las Nieves a
1967, además se investiga y recopila aspectos importantes de la Provincia Veleña, como las coplas
por temática, los instrumentos, las costumbres de la comarca, el testamento del armadillo, el VI
Festival de la Guabina y el Tiple y 50 aniversario de las tradicionales Ferias.
Luego en 1981, la investigadora Gloria Gonzales Pastrana escribe “A jiestas jue que
vinimos…”, este artículo forma parte de un análisis a las grabaciones recogidas en la versión XX
del Festival de la Guabina y el Tiple de 1981, inicialmente hace alusión al festival pero el tema
real de estudio es el comportamiento musical de la complexión Torbellino-Guabina en algunos de
sus aspectos como instrumentos, tonadas, coplas y generalidades acerca de los moños. Publicado
en 1987 en la primera edición de la revista especializada de música y danza: A Contratiempo.
Respecto al festival la autora describe:
programadores del festival dentro del reglamento, son (…) conservar y divulgar las expresiones folclóricas auténticas musicales; instrumentales; torbellino; vocales, y poéticas, cantos de guabina veleña y coplerío, y coreográficas, baile de torbellino, incluyendo los trajes típicos (…) (1981, p.60).
Después de 35 años de este análisis investigativo se puede observar que no ha variado los
aspectos más emblemáticos del folclor y las tradiciones culturales santandereanas del sector de la
Provincia de Vélez, ya que aún se mantienen vivas las expresiones folclóricas.
Luego, para conmemorar los 25 años o bodas de plata del festival, la Corporación de Ferias
Vélez publica en 1986 el documento XXV Festival de la Guabina y el Tiple, en donde se trascribe
una entrevista del XXIV Festival de la Guabina y el Tiple del maestro Luis Felipe Camacho Mateus
emitido en la Radio Nacional, incluyendo además un especial de los tiplistas del momento,
publicado en la Revista Diners, también enuncia los 24 conjuntos ganadores de años anteriores,
las reinas de los festivales, algunas coplas, breves biografías de Lelio Olarte Pardo y Francisco
“Pacho” Benavidez y el canto a la ciudad de Vélez.
En 1995, Orlando Serrano Giraldo, musicólogo, folklorólogo e investigador, publica “El
canto de la guabina veleña”para la Revista Credencial Historia. Este artículo puntualiza que en
el contexto de la configuración folclórica veleña, la guabina se denomina como el canto a capella
de coplas con preludio e interludios de música instrumental de torbellino. Define la estructura, el
canto, la tonada y los duelos. La investigación se ubica en la región oriental de la provincia veleña,
que comprende fundamentalmente los municipios de Aguada, Barbosa, Chipatá, Florián, Guepsa,
La Belleza, Puente Nacional, Sucre, Albania, Bolívar, El Peñón, Guavatá, Jesús María, La Paz,
San Benito, Vélez.
Luego en el 2005, este mismo investigador divulga un artículo para el libro Colombia de
festival. No se refiere a una versión celebrada en especial, sino que define las generalidades del
festival: el contexto de la fiesta, surgimiento de los festivales folclóricos, la organología típica del
conjunto veleño, la guabina, el torbellino, los trajes típicos, el desfile de flores y el disfrute del
festival acompañado de unas bellas fotografías.
En el año 2006, el investigador Javier Ocampo López, publica “Las fiestas y el folclor en
Colombia”, donde describe al Festival Nacional de la Guabina y el Tiple cómo “una de las fiestas
populares más auténticas de Colombia, en la cual se destacan los concursos de las coplas
santandereanas, la interpretación del tiple y el encuentro de compositores e intérpretes de la
Guabina”. (p.141).
Más adelante, en el 2012, la investigadora Liliana Uribe Angarita presenta una tesis de
postgrado a la Universidad de París titulada “La música de torbellino en la provincia de Vélez –
Santander”, divulgada por la Universidad Industrial de Santander.
Es un trabajo de campo en los municipios de la Provincia de Vélez, la cual indaga en grupos
de familias, amigos e instituciones la práctica del torbellino, el cual se puede valorar en el contexto
público en la primera semana de agosto durante el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple. En
el contexto privado se aprecia en las reuniones de familia o de amigos. Relata sobre los cantadores,
los instrumentistas y las principales características del torbellino.
La presentación la hace Luis Álvaro Mejía, Director Cultural de la UIS, quien enuncia lo
siguiente:
tierra que por siglos ha sido su espacio de vida. El paisaje se recrea con los colores de los trajes y la música se toma el ambiente de un pueblo que siente en la piel a sus ancestros. En ese ambiente de fiesta, renace la alegría del encuentro, donde la música y el baile los funde en un todo que expresa ese sentimiento popular, ese ser que encuentra en esas expresiones, la posibilidad de validar el hecho mismo de vivir. (2012, p.12).
La autora relata que paralelamente con el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, se
realizan otras actividades como ferias, cabalgatas, presentación de grupos populares, lo cual hace
que “un público limitado, constituido en su mayoría por músicos y cantantes y sus familiares
acompañantes, viene, ante todo por el festival”. (2012, p.34). Este público limitado, está
preocupado por la desaparición del folclor de la Provincia Veleña, sin embargo gestiona su
continuidad a través de grupos folclóricos, academias, familias y amigos.
Lo hacen por gusto, por conservar las raíces, por afirmación y arraigo cultural y ante todo
porque las manifestaciones de la cultura veleña son una forma de mantener con vida la tradición
y costumbres cotidianas. Por eso, la autora afirma que gracias al Festival, se ha podido conservar
la identidad local de la provincia.
Este mismo año, la Licenciada en Música, Nelly Paola Cáceres Rivera presenta una tesis
de pregrado a la Universidad Industrial de Santander titulada “Caracterización de la copla veleña
en el ámbito musical”.
Indaga en “las diferentes manifestaciones autóctonas presentes en algunos municipios de
la provincia de Vélez en el ámbito musical, como lo son el torbellino, la guabina y la copla, con el
propósito de contribuir a la conservación de la identidad folclórica” (2012, p.14).
Transcribe algunas tonadas de la guabina veleña, analiza la métrica y rima de las coplas,
algunos cultores y guabineras,generaliza los orígenes del festival, su constitución legal, quienes
fueron los primeros participantes, los eventos que se programan, las presentaciones y desfiles.
El Comité Folclórico de Vélez en el año 2012, presenta el LI Festival Nacional de la
Guabina y el Tiple. Este texto contiene el reglamento para concursar, la programación y normas
para las presentaciones de conjuntos folclóricos, una breve reseña histórica y actualidad del
festival, lista de los conjuntos ganadores de años anteriores, los ganadores de la categoría
veteranos, infantil, adultos, nuevas revelaciones, los condecorados con la Orden del Festival
Nacional de la Guabina y el Tiple y los nombres de las reinas anuales. En su portada está registrado
“Patrimonio Artístico de la Nación” pero en su interior no hay reflexión alguna acerca del
reconocimiento.
Al siguiente año, Silvia Rocío Ramírez Castro, Música y Antropóloga de la Universidad
de los Andes, en el 2013, escribe el artículo “Festival Nacional de la Guabina y el Tiple: tensiones
y expectativas por su inclusión al patrimonio cultural inmaterial de la Nación” para el boletín “La
música como patrimonio: identidad y mestizaje” del Observatorio del Patrimonio Cultural y
Arqueológico. En este texto se identifica que a pesar de ser un evento “en vía de extinción”, las
problemáticas alrededor del festival, como la falta de recursos económicos, la logística o la
inequidad, representan un conflicto para organizadores, cultores, artistas y visitantes.
Luego en 2014, presenta su tesis de pregrado a la Universidad de los Andes dondehace un
análisis a la falsa expectativa que se genera alrededor del Festival de la Guabina y el Tiple cuando
el Congreso de la República de Colombia aprueba dos leyes para reconocer la cultura veleña:
Ley 1007 de 2006, la cual declaró Patrimonio Cultural y Artístico de la Nación el
Ley 1602 de 2012, para declarar Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación el
Folclore Veleño, Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, la Parranda Veleña y el
Desfile de las Flores. (Ver Anexo 3).
La proclamación y divulgación de estas leyes, realmente confunden el sentido verdadero
de la organización y celebración del Festival, ya que promulgar leyes no ratifica que la política
cultural se cumpla.
En este rastreo se concluye que los textos desde 1967 hasta el presente documento sobre el
Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, brindan un gran aporte para la investigación y se
evidencia que logra despertar el interés exploratorio desde la música, la antropología, la educación
y otras áreas de las humanidades.
La Asociación Comunitaria de Televisión de Vélez Santander ACOTEVEL, cuenta con la
mayor memoria audiovisual de los últimos Festivales Nacionales de la Guabina y el Tiple.
¿Qué se ha dicho sobre el arte en la construcción de culturas de paz?
Las músicas y las artes son las que van a salvar a este país. Porque la música no tiene colores políticos. Y los artistas tampoco debemos tener colores políticos.
Totó, La Momposina. 2015.
En Colombia, hay una gran expectativa frente a la construcción de paz, al igual que
escepticismo, por ello durante más de 20 años han surgido diálogos, investigaciones, foros,
cumbres, fundaciones, movimientos sindicales, organizaciones, conferencias, eventos culturales y
artísticos que trabajan para dar un mensaje directo a la ciudadanía sobre el fortalecimiento de las
culturas de paz a través de los diversos lenguajes artísticos: cine, teatro, música, danza, literatura,
artes visuales y artes plásticas.
Estas propuestas nacen de los colectivos de artistas, gestores, compañías culturales,
alcaldías, investigadores, medios de comunicación, profesionales que realizan acompañamiento
psicosocial, entre otros sujetos sociales. A continuación se enunciarán algunos procesos
significativos.
La Unidad Coordinadora de Prevención Integral (UCPI) publica una investigación en 1995:
Cultura, Juventud y Arte de la Serie Prevenir es Construir Futuro N° 4 por la Alcaldía Mayor de
Santa Fé de Bogotá, D,C. en la cual se analiza la relación cultura, juventud y arte desde la
diversidad cultural, las subculturas, la cultura urbana y la cultura alternativa en la vida cotidiana
de los ciudadanos desde una doble condición: sujeto individual y sujeto colectivo. Y como éste se
construye cuando interioriza diferentes componentes simbólicos de la cultura y el lenguaje.
El capítulo 4, titulado “La expresión artística y su significado cultural” discute la difícil
cuestión de la esencia de lo artístico. Principalmente define que:
más pura subjetividad individual, de la “autenticidad expresiva”. (UCPI, 1995, p.51).
El arte hace parte del mundo simbólico que la humanidad ha creado desde mucho antes que
desarrollará su capacidad de comunicarse con los idiomas, donde cada cultura se expresa a su
manera, en esta investigación es durante las fiestas cuando la población muestra todas sus
tradiciones en lenguajes artísticos hechos con el trabajo comunitario.
Tejiendo la idea anterior, el maestro Álvaro Restrepo, director de El Colegio del Cuerpo
fue invitado por IPAZUD (Instituto para la Pedagogía, la Paz y el conflicto Urbano de la
Universidad Distrital Francisco José de Caldas) en el 2014 para reflexionar sobre el papel del arte
en los procesos de reparación en un país en conflicto como el nuestro, expresando que:
El Colegio del Cuerpo se preocupa y ocupa del acontecer de la cultura, la política y el arte mismo como una forma de conocimiento y como una herramienta muy potente de transformación social y humana, sin embargo hoy quisiera proponer una desmitificación y una desmistificación de los poderes mágicos y sobrenaturales que se la han querido atribuir al arte como instrumento de cambio, pacificación, cura,
terapia social, etc. Esta excesiva instrumentalizaciónha hecho que muchos artistas
desvíen, pospongan, desprecien y archiven sus proyectos individuales de búsqueda personal, espiritual, íntima, artística por responder a los derroteros y exigencias del mercado de lo que hoy es social y políticamente correcto. Lo que valida o invalida su quehacer creativo (...). Efectivamente se le está exigiendo al arte y a los artistas una función o un rol a veces excesivo en la capacidad que realmente tiene el arte para curar las heridas, para reparar, para reconciliar a un país que ha vivido en conflicto más de 50 años.
La postura del maestro Álvaro Restrepo (2014) denota resistencia al papel que se la
otorgado al arte en general, de ser mesiánicas en los conflictos actuales del país y de ser la
sanadoras de las secuelas del conflicto. A pesar de que los procesos sociales involucran mucho
más al arte, a la educación artística y a la creación en sus metodologías, es fundamental reflexionar
en los alcances que tiene el arte como un instrumento primordial para lograr la convivencia pacífica
y que a través de los diferentes lenguajes artísticos se pueda brindar la oportunidad de empoderar,
violencia, las víctimas o las distintas problemáticas sociales, sino que también arte, educación
artística y creación están llamados a dejar testimonio de la belleza y el potencial artístico de niños,
jóvenes, adultos y ancianos de Colombia.
Adicionalmente el maestro Álvaro Restrepo cita su obra Inxilio: “El sendero de Lágrimas”
(2010), obra basada en el desplazamiento forzado con la participación de victimas reales del
conflicto y que a través del lenguaje corporal quiere demostrar el dolor que sufren las víctimas de
la violencia y su reparación.
Conectando ese trabajo pedagógico y artístico, la autora Ángela María Tolosa Rivera de
la Universidad Nacional de Colombia publica en 2015 su investigación titulada “El arte como
posible herramienta metodológica para la construcción de paz” donde afirma “que la construcción
de paz requiere miradas amplias, con la participación de actores diversos y desde una visión que
incluya experiencias a nivel local-regional” (p.1).
En primera instancia hace un recorrido a grosso modo de algunos movimientos sociales e
iniciativas locales solidarias que han construido y fortalecido una cultura de paz. Narra el potencial
que hay en la solidaridad, la búsqueda de acciones, reivindicaciones y objetivos comunes.
Describe los ámbitos de incidencia de los movimientos sociales en torno a la construcción
de paz: educación, acceso a la justicia, verdad, reconstrucción de memoria, satisfacción de
necesidades básicas, defensa de derechos humanos; y cómo estos utilizan el arte con sentido social
como una herramienta fundamental comunicativa para el desahogo, la enunciación, la memoria
colectiva y la denuncia directa.
También presenta el análisis de algunos lenguajes como el grafiti, el teatro del oprimido,
manifestado en Bogotá el “Festival de Mujeres en Escena por la Paz” de Patricia Ariza, que acoge
una mirada directa a la cultura de paz), el cine, la fotografía, las artes plásticas, la escultura, el
tejido, afirmando que “estas expresiones artísticas permiten entrelazar las conexiones entre lo
individual, comunitario y social”(Tolosa, 2015, p.27).
Como caso investigativo, hace un análisis al Festival Internacional de Teatro y Arte Popular
Entepola celebrado en Bogotá, donde advierte que:
En esta iniciativa las comunidades de diferentes localidades de la ciudad son quienes hacen uso de sus capacidades para gestionar el festival, se ponen en juego la solidaridad, colaboración, el encuentro de distintos saberes, generaciones y habilidades puestas en función de “la excusa del arte” y de que el festival se desarrolle de la mejor manera. (Tolosa, 2015, p.31).
La autora, retomando algunos conceptos de Sanfeliu, (2008) sostiene que los alcances de
las artes para la construcción de la paz, son los siguientes, en palabras de la investigadora se resume
su contenido. (Tolosa, 2015, p.33 a 35):
Canal comunicativo. Emite mensajes, sirven como opción para recordar e informar acontecimientos del pasado.
Medio de difusión intergeneracional. Genera vínculos y encuentros intergeneracionales en un mismo escenario.
Medio de conexión entre lo individual y lo social. Alude a las posibilidades que existen de externalizar e interiorizar experiencias y compartirlas.
Medio de difusión temporal. Es la capacidad que tienen las artes para ubicarse en un periodo determinado y poder acceder a ellas desde el presente, generando sentidos
colectivos frente al pasado.
Medio educativo/pedagógico. Se reconstruye el hecho de acontecimientos desconocidos de las poblaciones, culturas, contextos y realidades para sensibilizar respecto a estás.
Potencialmente es medio de participación e involucramiento identitario. Crea la idea de identidad colectiva al compartir un contexto, pudiendo ser una experiencia compartida
generadora de cohesión y sensibilización en lo micro.
Artes como manifestación de equidad y visibilidad de lo humano. Reflejo de las ventajas, virtudes, defectos y similitudes entre otras, que caracterizan a los seres humanos,
lo que implica posteriormente solidaridad al identificar al otro como igual.
Re-conocimiento del entorno. Las piezas o productos artísticos reflejan las particularidades y riquezas del contexto.
Posibilidad para la resistencia y la realización de acciones colectivas no violentas. Las artes brindan la posibilidad de mantenerse, denunciar y resistir hechos violentos o de
cualquier índole que deseen ser expresado.
Componente terapéutico. El uso de las artes genera en quienes las emplean un posible medio de externalización de situaciones dolorosas, y en esa medida potencialmente pueden
ir elaborando duelos.
Finalmente la autora aclara que:
sentido que pretenda modificar en función de la no- violencia y el respeto por la dignidad humana como principio orientador. (Tolosa, 2015, p.36).
Hay un imaginario frente a las artes como salvadoras de la condición humana, pero ellas
son una gran herramienta siempre y cuando se orienten de forma consiente.
Abordando la temática, desde otra instancia, el Instituto Distrital de la Artes, Idartes de
Bogotá, publica Arte y cultura para la paz de Colombia, memorias de Marzo 26 al 29 de 2014,
cuando realizó el Foro Polifónico Arte y Cultura para la Paz de Colombia, reuniendo a Patricia
Ariza, Sergio de Zubiría, Pablo Milanés, Roxana Pineda, Mar Maiques, Ariel Sánchez, Víctor
Viviescas, Andrés Rivera, Jotamario Arbeláez, Jesús Martin Barbero, Daniel Bejarano, Fernando
Rendón y José Luis Díaz.
Estos autores señalan que otra Colombia es posible, construida a partir de su cultura, de su
relato nacional, hacen un llamado a que la sensibilidad se dé a través de las artes desde los primeros
años de vida, a comprender el arte como la esfera de la acción sensible y de la compasión, a
restablecer la convivencia a través de las artes, reinventando lo humano, transformando
positivamente nuestras sociedades.
Este foro fue la antesala de la primera Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de
Colombia, celebrado en Bogotá desde el 6 y hasta 12 de abril del 2014, que contó con 4 ejes
temáticos: Arte y Cultura en la Construcción de la Paz; Memoria, Relatos y Comunicación;
Territorios y Cultura de Paz; Reparación Cultural y Simbólica; con presencia de artistas,
académicos, escritores como Fernando Vallejo, Alfredo Molano, entre otros. Su principal idea era
responder a las preguntas que habían surgido del foro, como por ejemplo “¿Cuál será el papel de
relataremos la paz en sus distintas expresiones y vivencias desde los lenguajes del arte?” (Idartes,
2015, p.20).
El capítulo final del libro, es una muestra de grafitis y fotografías ganadoras en el 2014,
expuestas en diferentes muros de alta circulación en Bogotá. Estas imágenes reflejan el
pensamiento crítico de los artistas frente a los imaginarios de la paz, el conflicto armado, la
violencia en Colombia y una nueva posibilidad de hacer país.
En el contexto internacional, específicamente en Europa, la investigadora de la Escuela de
Cultura de Paz, Alba Sanfeliu en 2008 presenta la ponencia “La música y la paz” donde afirma
que:
Las artes pueden ser el vehículo para resistir ante la crueldad del mundo, generando valores de solidaridad, de noviolencia y de diálogo. Es un proceso vivo de creación y dinamismo, de sueño, de utopía, de emociones, convirtiéndose a veces en el único idioma posible. No sólo describe el mundo, sino que lo reinventa, lo transforma, invitando a la reflexión y generando preguntas para la vida. (Sanfeliu, 2008, p.1).
Menciona algunos de los festivales musicales o macroconciertos solidarios más
importantes de la historia, que reuniendo público y artistas, participan con sus lemas: Conciertos
para la paz y en contra de la guerra: La paz sin fronteras de Juanes, 2008 (que buscó fortalecer la
hermandad entre Colombia y Venezuela); Concierto para el desarme, 1979 - No Nukes; Conciertos
para los derechos humanos, 1986 - Conspiracy of hope, entre otros. La autora afirma que la música
para la paz es:
Medio de comunicación y de sensibilización del público.
Da testimonio.
Es fuente de conocimiento.
Reflexiona el entorno.
Medio de comunicación intercultural.
Medio de participación.
Medio de educación.
Medio de unión.
Manifiesta que estas cualidades son una manera adecuada para abordar la resolución
exitosa de un conflicto, ya que son muchos los aprendizajes que la música deja: “saber escuchar y
dialogar, aprender a respetar a los demás, aprender a trabajar en equipo, aprender actitudes
solidarias, de compañerismo, de comunicación emocional, de empatía” (Sanfeliu, 2008, p.1)
La autora advierte que la paz se ha convertido en un concepto pasivo, vago, manipulable,
sin dinamismo propio y pese a que hay investigaciones serias como las de Johan Galtung desde
los años 50 y un cambio epistemológico en la perspectiva de investigación, aún la paz se indaga
desde patrones violentos:
Tal y como reivindica Vicent Martínez, catedrático de filosofía de la Universidad Jaume I de Castelló, España, “parece que los elementos conceptuales que sirven como indicadores para construir la paz siguen siendo «lo qué no es paz» (...) No se trata de aprender sobre la paz desde lo que no es paz (la violencia, la guerra, la marginación, la exclusión, etc.). (Sanfeliu, 2008, p.2).
Finalmente Sanfeliu expresa “Encontramos organizaciones que se centran en el potencial
de la música como instrumento de formación y de educación por y para la paz” (p.5) donde hay
músicos que se implican directamente en la “construcción de la paz con la música, respondiendo
con la creatividad musical para transformar las situaciones de extrema violencia que están
viviendo” (p.5).
En el caso de Colombia, podríamos afirmar que en el arte urbano, los músicos hip-hoppers
Rock al Parque, en Bogotá de Agosto 15 al 17 de 2015 donde se toma como lema principal la
cultura de paz, en su página web lo describe así:
Rock al Parque 2015 será cultura de paz, motivando a través de la música hechos concretos de respeto por la diferencia y cuidado del otro, con la certeza de que todos sumamos y que cada cual puede hacer un pequeño pero significativo aporte a este noble propósito.
Se pretende generar una sensibilización de las prácticas sociales, aportando desde el terreno
de las ideas y lo sensible una posibilidad de transformación qué se cuestiona la cultura en la que
nos encontramos inmersos.
Cabe recordar que la música colombiana tiene varias composiciones que son muy
reconocidas: “El campesino embejucao” de Oscar Humberto Gómez, “A quién engañas abuelo”
de Arnulfo Briceño, “Soldadito de la patria” de Jorge Velosa, “Ricardo Semillas” de Ana y Jaime,
“El corazón de la caña” y “Ayer me echaron del pueblo” de José A. Morales, “Hay que sacar al
diablo” de Eugenio Arellano, “Fíjate bien” de Juan Esteban Aristízabal, “Herrante Diamante”
“Mamitas”, “Hijos de Tigres” de Andrea Echeverri de Aterciopelados, entre otras letras, que
expresan su descontento con la guerra, que declaran una postura respecto al conflicto político y
armado de Colombia en épocas de la violencia en el país y con las cuales muchos sujetos se
identifican.
Por otra parte, Humberto de la Calle, abogado y político colombiano, desde el 2012 ha sido
el líder en las negociaciones de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las
FARC, publica para la Revista Arcadia en el 2014 un artículo web sobre los dos momentos
diferentes para el papel de la expresión artística: el tiempo real y el postconflicto, titulado: El papel
Del primer momento, escribe que “en la etapa del conflicto activo, el arte, la literatura, la
palabra, tienen varios roles. A través de ellos se construye un reservorio de memorias que será
muy útil”. De este reservorio de memorias, la Revista Semana (2013) publica en la web una lista
de algunas obras y artistas que enuncian el conflicto armado colombiano:
Artes Plásticas: Obra de Doris Salcedo, Lacrimarios de Oscar Muñoz, Musa Paradisíaca de José Alejandro Restrepo, Mapa de Gloria Posada, David de Miguel Ángel Rojas, Auras
Anónimas de Beatriz González, El desfile de Fernando Botero y Réquiem N.N de Juan Manuel
Echavarría.
Teatro: La tempestad y Ánimula Vágula Blándula del Teatro Varasanta, La siempre viva de Miguel Torres, El deber de Fenster dirigida por Nicolás Montero y Laura Villegas y escrita por
Humberto Dorado y Matías Maldonado y Ricardo III de Mapa Teatro.
Cine: Retrato en un mar de mentiras de Carlos Gaviria, La pasión de Gabriel, dirigida y escrita por Luis Alberto Restrepo, Los colores de la montaña, dirigida por Carlos Arbeláez, Los
actores del conflicto, dirigida y escrita por Lisandro Duque y La milagrosa, dirigida y escrita por
Rafa Lara.
Literatura: El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince, La multitud errante de Laura Restrepo, Las mujeres en la guerra de Patricia Lara, Desterrados de Alfredo Molano y Los
ejércitos de Evelio Rosero.
Queda un gran cúmulo de obras, desde todos los lenguajes artísticos, que exteriorizan la
violencia, cómo la obra literaria de Gabriel García Márquez, la obra de teatro “Labio de Liebre”
de Fabio Rubiano o “Guadalupe Años Sin Cuenta” del teatro La Candelaria, el cuadro “Violencia”
Guerra Ajena” y otras, la novela “El gato y la madeja perdida” de Francisco Montaña, la película
“Golpe de estadio” de Sergio Cabrera. La historia colombiana, ha estado presente en aquellos
artistas que enuncian las secuelas del conflicto armado, los desaparecidos, el desplazamiento, las
masacres, el posconflicto o la reconciliación, buscando generar reflexiones en la construcción de
paz.
Del segundo momento, del postconflicto, la expresión artística desde el teatro presenta el
Primer Festival Off de Teatro de Bogotá (Muestra de Teatro del Post-conflicto) organizado por
Club de Teatro Experimental LaMama y el Teatro Ditirambo, con la participación de 40 grupos
en escena, más de 100 funciones y 8 escenarios, conversatorios de reflexión en torno a la violencia,
posconflicto, guerra, paz, negociaciones, víctimas, victimarios y su vinculación con el arte,
celebrado del 15 al 27 de Marzo de 2016. Tema de otra investigación, los lenguajes artísticos en
el conflicto y postconflicto de Colombia.
Finalmente, De la Calle expresa:
Se trata de “hacer” el arte para mitigar relaciones antagónicas y asumir el conflicto desde la transformación de la visión del mundo y las relaciones con las demás. Es un abordaje oblicuo por la línea afectiva. Muchas veces no basta la comunicación cognitiva para deconstruir el entramado intelectual/emocional que recoge y procesa los datos del conflicto. En tales condiciones, el arte no es el fin, no importa la capacidad artística. El arte como herramienta se separa del acto estético para producir efectos en el tejido social. (Revista Arcadia, 2014).
Es así como no se puede perder de vista que las artes son fundamentales en la construcción
de culturas de paz, cuando se enuncian desde el conflicto activo y el postconflicto.
Con canciones, dibujos, pinturas, grafittis, videos, películas, fotografías, composiciones,
letras, coplas, danzas, obras teatrales; se puede expresar lo que se siente y se piensa sin necesidad
¿Qué se ha dicho sobre Educación, Arte y Paz?
El siglo XXI surgió con investigaciones basadas en la reflexión del papel de la educación
y el arte para la paz tanto a nivel nacional como internacional, desde diversas áreas, ongs,
fundaciones, editoriales, alcaldías, entidades públicas y privadas, universidades, simposios,
congresos, entre otros, que han encontrado en la educación y el arte, la alternativa para generar
estrategias de colectivos pacíficos.
El cuestionamiento que plantea la filósofa Martha Nussbaum es que “la educación prepara
no sólo para la ciudadanía, sino también para el trabajo y, sobre todo, para darle sentido a la vida”
(2011, p.20). Aclara que es una responsabilidad compartida en familia, pero su investigación se
centra en la escuela, sin embargo, la investigadora afirma que la educación para el crecimiento
económico, ha tomado gran magnitud en la vida escolar secundaria, terciaria y universitaria del
mundo, en donde la educación y las artes, que construyen una ciudadanía más integradora, están
desapareciendo:
En casi todas las naciones del mundo se están erradicando las materias y las carreras relacionadas con las artes y las humanidades, tanto a nivel primario y secundario como a nivel terciario y universitario. Concebidas como ornamentos inútiles por quienes definen las políticas estatales en un momento en que las naciones deben eliminar todo lo que no tenga ninguna utilidad para ser competitivas en el mercado global, estas carreras y materias pierden terreno a gran velocidad, tanto en los programas curriculares como en la mente y el corazón de padres e hijos. (Nussbaum, 2011, p.17).
A la filósofa, le preocupa que las capacidades como imaginación, creatividad, reflexión,
rigurosidad en el pensamiento crítico y la participación democrática, corran riesgo de perderse en
Continuando con la alerta, en la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de
Colombia, desarrollada en abril de 2015, se incluyó el tema de la educación, arte y paz; donde el
maestro Mario Hernández preguntaba en su ponencia ¿cuál educación es aquella que contribuye a
construir paz, en una sociedad concreta como la colombiana?:
La educación debe ocupar un lugar estratégico por su potencial transformador, siempre y cuando sea una educación que construya sujetos autónomos, libres, críticos, emancipados, históricos, respetuosos y, sobre todo, solidarios. Siguiendo el legado del maestro Carlos Gaviria (2015), deberíamos “educar para la democracia”, porque de otra forma estaremos violando la dignidad de los seres humanos al convertirlos en medios y no en fines en sí mismos. En este sentido, Nussbaum llama la atención en su libro Sin fines de lucro: “Si no insistimos en la importancia fundamental de las artes y las humanidades, éstas desaparecerán, porque no sirven para ganar dinero. Sólo sirven para algo mucho más valioso: para formar un mundo en el que valga la pena vivir…” (Nussbaum, 2010: 189). Llegó la hora de construir un nuevo pacto para que la educación, el arte y la cultura sean un camino amplio y sólido para la paz de Colombia. (Hernández, 2015).
Si se quiere educar para una convivencia pacífica, los valores como solidaridad y respeto,
deben ser el motor que muevan las asignaturas escolares día a día. En la formación de los
estudiantes, las clases de educación artística, estarán al servicio para la búsqueda de la paz y todas
las facultades que nos hacen humanos.
Francisco Cajiao Restrepo, en su libro: La Piel del Alma, enuncia que “la educación de los
sentidos es el desarrollo de la sensibilidad” (1996, p.108), que alimenta al alma humana, pues no
basta con oler si no se “sabe” oler, no basta con ver, si no se “sabe” ver, no basta con escuchar si
no se “sabe” escuchar, no basta con tocar si no se “sabe” tocar. Todo este poder de los sentidos
para percibir al mundo de manera sensible puede educarse. Los colores, los sonidos, los sabores,
los olores, las texturas, pueden pasar desapercibidos para miles de personas sin limitaciones físicas.
La investigación que a continuación se presenta, es un testimonio vital de como la
Educación y el Arte educan para la sensibilidad de una comunidad entera y que refuerza el respeto
Marco teórico
El primer referente y en el que estará el mayor soporte de esta investigación será la voz del
pueblo o el saber popular veleño, porque como manifiesta el Observatorio para la Paz en la
búsqueda de un bien que favorezca a todos: “La paz quizás se encuentre en ese enorme campo de
investigación histórica que es la historia en común, la historia de las costumbres”. (2004, p.110).
Vélez, fuerte en su tradición cultural, autodenominado Capital Folclórica de Colombia,
ofrece para ser analizado una gama de aportes para incidir a la construcción de culturas de paz a
través de la experiencia artística presente en el Festival Nacional de la Guabina y el Tiple, en su
versión número 54 de 2015. Allí, la danza del torbellino, el canto de la guabina, la interpretación
musical, la composición literaria y los bordados, están íntimamente unidos, haciendo de estos
lenguajes una sola expresión folclórica, donde habitantes y artistas de otros municipios como
Bolívar, Guepsa, Guavatá, Chipatá, Puente Nacional, entre otros, se reúnen para celebrar en torno
al Festival, el cual es un proceso cultural de empoderamiento y resistencia que lleva más de 50
años fortaleciendo varios pueblos que se construyen a través del arte popular y que preservan sus
raíces ancestrales.
Es así como el Ministerio de Cultura el día 20 de diciembre de 2014, en Vélez, convoca a
los conjuntos folclóricos al Primer Encuentro de Música Campesina, y allí es invitada Libia
Vásquez, llamada cariñosamente por los veleños La Chata; guabinera santandereana con más de
50 años de experiencia empírica, merecedora del reconocimiento Tesoro Humano Vivo. “Los
Tesoros Humanos Vivos son individuos que poseen en sumo grado los conocimientos y técnicas
necesarias para interpretar o recrear determinados elementos del patrimonio cultural
En la presentación de este día, ella afirma que:
El sentido de pertenencia nosotros lo llevamos en el alma, en el sentimiento de patria, en el sentimiento de paz que es lo que queremos para Colombia. Pero si el gobierno de hoy no se entera de esto y no apoya a las personas que como ustedes están forjando una cultura en los jóvenes, nunca podremos tener paz en este terruño de tierra colombiana. Jamás, porque este es el principio de la educación de un pueblo, la educación de un pueblo no es solamente aprender a leer y escribir, a sumar y a multiplicar, aprender física, química o cálculo; la educación de un pueblo realmente está en conocer, defender y divulgar sus raíces y su sentido de pertenencia es ese.
Escuchar, analizar y transcribir aquellas voces que en su labor diaria piensan y sienten
alrededor de las prácticas educativas, artísticas y culturales, es una postura que visibiliza, defiende
y da reconocimiento al saber campesino como acto de resistencia cultural. Precisamente ese es el
folclor: el saber popular.
Javier Ocampo (2011, p.37) señala que los hechos folclóricos:
-Son populares porque corresponden a la civilización tradicional y a la concepción del mundo y de la vida de las masas populares.
-Son colectivos porque son comunes a una colectividad que los usufructúa y transmite
-Son anónimos porque no tienen autor conocido y su origen se remonta a tiempos muy antiguos.
-Son prelógicos porque su relación de causalidad opera en forma primaria, por lo cual es contraria a la lógica aristotélica.
-Se trasmiten o difunden, tanto internamente en los pueblos, las regiones y el país, como externamente en su relación con otras regiones del mundo.
-Son funcionales porque ejercen una función en la sociedad que los posee y disfruta.
-No son institucionalizados para un aprendizaje sistemático y organizado, no dirigido y no graduado.
-Son tradicionales porque se transmiten de generación en generación y permanecen como supervivencia del pasado, manifestando continuidad y permanencia.
-Se localizan en un espacio geográfico determinado y se pueden analizar en determinados tiempos.
Folclor
Para el maestro Guillermo Abadía Morales, “el folclor es la tradición popular típica,
empírica y viva de una comunidad, constituida por todos los conocimientos del pueblo” (1983,
p.14). En este caso la comunidad veleña aún está involucrada diariamente en el árbol del folclor,
lo que denota una resistencia a la globalización y automatismo social.
Ilustración 4 Árbol del folclor de Guillermo Abadía Morales. (1983, p.21).
El área del folclor que se investiga aquí, es el folclor social que se ocupa de los hechos
sociales de los pueblos como las festividades que son hechos folclóricos, pero que:
“En el trasfondo de las mentalidades colectivas, las fiestas están relacionadas con celebraciones rituales (…) se analizan las fiestas no como manifestaciones de alegría colectiva en forma aislada, o aisladas al acaso, sino como verdaderas expresiones de un rito, con determinadas ceremonias que se realizan en lugares determinados: templo, altar, procesión; y alrededor de las cuales se celebran las fiestas populares con danzas, bailes, cantos, comidas, licores y mucha alegría popular” (Ocampo, 2006, p.34).
Los habitantes de Vélez y municipios aledaños, en su labor diaria han logrado construir por
más de medio siglo una educación basada en su cultura, de carácter local y oral, donde la creación
colectiva y su experiencia artística, hacen un aporte significativo y real a la construcción de
generar propuestas reales y concretas, como bien afirma Canclini “se quiere situar el conocimiento
de lo popular dentro del “espíritu científico” que anima al conocimiento moderno”. (1989, p.195)
La sensibilidad y pensamiento de la Provincia Veleña presentes en la festividad, no se
alejan de los referentes de este documento:
1. Experiencia artística
2. Identidad
3. Alteridad
4. Culturas de paz
Experiencia artística
El concepto de experiencia artística que orienta a este documento es el del director de esta
tesis, maestro y artista Mauricio Lizarralde:
Ahora bien, la experiencia artística, bien sea como creador o como espectador, es en sí misma una experiencia estética desde la que se potencian los procesos de formación en las distintas esferas de desarrollo del sujeto (física, ética, social, política, comunicativa, afectiva, moral), incidiendo en los procesos de construcción de subjetividad, y en la generación de valores individuales y colectivos como la autoestima, el respeto, la tolerancia, el trabajo en equipo, la solidaridad, entre otros, que al determinar la forma como el sujeto se articula e interactúa con el mundo son la manifestación de una estética social. (2011, p. 42).
El significado es afirmado en el contexto de la configuración folclórica veleña durante el
Festival de la Guabina y el Tiple, ya que se puede observar que es una experiencia artística
individual y colectiva transmitida por generaciones, con una actitud sensible hacia lo cotidiano,
donde se desarrolla de manera empírica y académica, es sensible frente a la vida y sus relaciones
sociales, construye un “nosotros” a través del canto, la danza, la composición, la pintura, la
interpretación musical, la costura y el bordado; es el resultado de la creación y el trabajo que se
realiza durante todo el año para celebrar a través de las muestras, las cuales generan