CATEQUESIS DEL RECORRIDO
DE LA IMAGEN DE LA DIVINA PASTORA 14 DE ENERO DE 2022
LEMA
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
Comisión Central de la Arquidiócesis de Barquisimeto
Presentación General
El Documento del Concilio Plenario de Venezuela, organizado por los obispos y las comunidades de fe de nuestra Iglesia Venezolana, sobre La Comunión en la vida de la Iglesia en Venezuela, en el n. 56, nos explica el rol espiritual de María que promueve la comunión, la participación y la misión, en sintonía con las directrices del documento del Sínodo de la Sinodalidad:
“Fortalece esta espiritualidad de comunión la presencia de la Virgen María como signo de amor y de unidad, a la debemos mirar “para contemplar en ella lo que es la Iglesia en su Misterio, en su peregrinación de la fe, y lo que será al final de su marcha, donde le espera “para la gloria de la santísima e indivisible Trinidad”, en comunión con todos los santos (CEC n. 972). De allí que la misión de María hacia el Pueblo de Dios es una realidad sobrenatural operante y fecunda en el organismo eclesial (MC 57; RM 21.24.38.40)”.
La iglesia tiene que seguir renovando el culto mariano según los criterios de la dimensión bíblica, antropológica, litúrgica, pastoral, ecuménica; como nos recuerda San Pablo VI en el documento Marialis Cultus, recogiendo todas las inquietudes y propuestas del Concilio Vaticano II, mirando hacia la Nueva Evangelización.
La tradicional devoción a la imagen de la Divina Pastora de las almas, Madre del Buen Pastor y madre de la Iglesia sigue manteniéndose fuerte entre el Pueblo, Familia de Dios. Se promueven caminos de conversión personal, pastoral y social desde esa realidad espiritual y religiosa que se origina en el corazón filial de todo creyente y “es presencia sacramental de los rasgos maternales de Dios. Es una realidad tan hondamente humana y santa que suscita en los creyentes las plegarias de la ternura, del dolor y de la esperanza”, (Documento de Puebla, n. 291). Es el don de la maternidad de la B.V.S. María para todos.
Este año hemos querido honrar a nuestra madre con un lema relacionado al Año de la Sagrada Familia, como celebración de los cinco años de la exhortación apostólica Amoris Laetitiae del Santo Padre Francisco y también en atención al año dedicado a San José. La Comisión Central Arquidiocesana de la Divina Pastora, ha querido valorar el significado pleno del don de la vida del matrimonio, de la maternidad, de la paternidad con la presencia maternal de María, la Madre de Dios y Nuestra que reina en los corazones de cada persona, de cada núcleo familiar, de cada comunidad de la Iglesia, de toda la sociedad del amor.
Es el Señor que nos quiere regalar, desde el misterio de la Encarnación que nos redime, el don del Espíritu Santo, para ser familia y hacernos hijos de Dios y hermanos en Cristo. Igualmente promovemos el Reino de Dios, con María reina y madre de la familia. Esta catequesis está dirigida a todos los fieles, comunidades, grupos, movimientos, asociaciones, a las pastorales presentes en nuestra Iglesia Local y a todos los fieles guaros dispersos por el mundo que la quieran realizar allí donde se encuentren.
Estamos convocados a promover, desde nuestra hermosa tradicional devoción a la Divina Pastora de las Almas, a partir del 14 de enero de 2022, un torrente de oraciones, de oraciones, de gracias espirituales, de compromisos de servicio y pastoralidad, para la renovación del mundo y de la Iglesia como un Nuevo Pentecostés de la Sinodalidad, juntos con María (Hechos 1, 14): “ María, Madre de Dios y de la
Iglesia, que «reunía a los discípulos para invocar al Espíritu Santo (cf. Hch1,14), y así hizo posible la explosión misionera que se produjo en Pentecostés», acompañe la peregrinación sinodal del Pueblo de Dios, indicando la meta y enseñando el estilo hermoso, tierno y fuerte de esta nueva etapa de la evangelización.”, (Comisión Teológica Internacional, La Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 121).
El papa Francisco nos está llamando al nuevo paso de la Sinodalidad. El mismo Espíritu Santo nos está pidiendo participar del camino sinodal, con confianza, franqueza y valor, con una pastoralidad de comunión, participación y misión, para plasmar el affectus sinodalis, es decir los sentimientos de sinodalidad de filiación y fraternidad, (Comisión Teológica Internacional, La Sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia, n. 109). Es justo y necesario: “renovar realmente nuestra pastoral y adecuarla a la misión de la Iglesia en el mundo de hoy; solo así podemos afrontar la complejidad de este tiempo.” (Ibid., La Sinodalidad…, n. 120).
María, Divina Pastora de las almas, es Madre y Reina de la Iglesia Familia de Dios. Ella es mujer de comunión y desde el comienzo garantiza, con su presencia gloriosa maternal desde el cielo, la gracia maternal de la pastoralidad del Verbo Encarnado frente a los desafíos que el camino de la unidad de la Iglesia nos muestra, hasta que Cristo vuelva (cf. Ap. 12, 1-17).
“Ante cada familia se presenta el icono de la familia de Nazaret, con su cotidianeidad hecha de cansancios y hasta de pesadillas, como cuando tuvo que sufrir la incomprensible violencia de Herodes, experiencia que se repite trágicamente todavía hoy en tantas familias de prófugos desechados e son invitadas a contemplar al Niño y a la Madre, a postrarse y a adorarlo (cf. Mt 2,11). Como María, son exhortadas a vivir con coraje y serenidad sus desafíos familiares, tristes y entusiasmantes, y a custodiar y meditar en el corazón las maravillas de Dios (cf. Lc 2,19.51). En el tesoro del corazón de María están también todos los acontecimientos de conserva cuidadosamente. Por eso puede ayudarnos a interpretarlos para reconocer en la historia familiar el mensaje.”, (Amoris Letitia, n. 30).
¡Preparémonos, a celebrar la Nueva Evangelización como María y con María, Reina y Madre de la familia!
• ¿Cuándo? Vamos a trabajar en las familias particulares, en las parroquias, vicarías, grupos, pastorales, entre otros; con la catequesis a partir de la novena de las misas de aguinaldo luego con la novena previa al 14 de enero, y por último cuando la imagen tenga su recorrido de visitas parroquiales.
• ¿Como? Desarrollar cada tema como lo indica el texto, aprovechando esta formación para aprender, celebrar y evangelizar en comunión, participación y misión de todos.
La Catequesis
en los distintos pasos del recorrido espiritual y pastoral
1. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia de Dios en comunión, participación, misión.
Oración Inicial: Bendito seas Señor, Dios de Israel, porque has visitado y redimido a tu pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación, según lo habías predicho desde antiguo por boca de tus santos profetas, que podamos así caminar en comunión participando del misterio y anunciándolo a todos los pueblos. ¡Amén! (cf. Lc 1, 68-69.70).
Leer: 16 de diciembre, Is 54, 1-10; Salmo 29; Lc 7, 24-30.
Meditar: Jesús presenta a Juan como el profeta precursor, el que iba a anunciar a todos los pueblos la llegada y presencia del Cordero sin mancha, del Mesías y añade: "En verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el Reino de los Cielos es mayor que él.", (cf. Mt 11,11). Desde la designación del nombre del niño, "Juan", que significa
"Yahvé es favorable", todo es concreta preparación divina del instrumento que el Señor ha elegido Juan abre el camino, lo sumerge en las aguas del Jordán y contempla la revelación del misterio del Padre, en el Hijo, por el Espíritu Santo, misterio de Dios Uno y Trino, “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”
(cf. Mt. 3, 17).
Ese mismo Espíritu, que Juan desde el vientre de su madre Isabel en la Visitacion de María aprendió a reconocer en Jesús de Nazaret (cf. Lc 1, 41), es el mismo Espíritu que lo mueve a ir al desierto, a predicar el arrepentimiento de los pecados, a motivar a sus discípulos a unirse a Jesús para dar comienzo al discipulado de la futura iglesia naciente. Al final por fidelidad al mismo Espíritu se enfrenta el martirio preparando el camino pascual. Con Juan el Bautista, el precursor, y la Virgen María, la virgen madre, se realiza la culminación del profetismo, según la obra y gracia del Espíritu Santo, del Antiguo Testamento y se inaugura el profetismo del Nuevo Testamento. Es la realización de la plenitud del tiempo mesiánico, el antes y el después del misterio de la Anunciación.
También la Iglesia Familia de Dios por el mismo Espíritu, es heredera del testimonio de Juan el Bautista, y con María de Nazaret, aprende a vivir esta realidad profética del anuncio del Evangelio del Reino, que nos invita a vivir el misterio del Hijo de Dios hecho hombre, descubriendo los lazos de amor filiales y fraternales que nos unen y nos hacen participar de la misión de anunciar la salvación.
La B. V. María, por esto, es la mujer de comunión por el Espíritu Santo en la familia de Nazaret y en la Iglesia. Es mujer de participación, dado que desde el comienzo promueve la acción del Espíritu Santo en la cooperación de los fieles, es mujer de misión impulsada por el mismo Espíritu, a visitar su prima Isabel según lo que el Ángel le había dicho y promoviendo en la Iglesia su caminar como discípula y misionera.
Todos necesitamos aprender cada vez más a estar en comunión, participación y misión. El Sínodo convocado por Papa Francisco tiene estas tres claves para la renovación de la Iglesia que al fin y al cabo también somos todos nosotros, (https://www.exaudi.org/es/3-palabras-claves-del-sinodo-comunion- participacion-y-mision/). Para nadie es un secreto que nos urge fortalecer como personas, como familia,
como comunidad; la capacidad de entendimiento mutuo, de servicio y de adaptación a los cambios rápidos de nuestra sociedad actual y responder a los retos que se nos presentan, y lograr así ser portadores de unidad en el mundo.
El Papa Francisco se refiere a la presencia familiar de María como madre de Cristo y de la Iglesia, como un modelo de vida en la familia a seguir: “Porque el Señor quiso manifestar su poder y su amor a través de dos rostros humano el de su Hijo divino hecho hombre y el de una creatura que es mujer, María.
Las mujeres hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la Madre.”, (Francisco, Exhortación Apostólica Postsinodal, Querida Amazonia, n. 101).
Mirando el ejemplo profético de María, como mujer, esposa y madre en el seno de su vida familiar y comunitaria; nos damos cuenta de que es necesario acudir a las actitudes y dones que el Espíritu Santo promueve desde nuestra conciencia y que se reflejan en el corazón y la mente. Es el don de la motivación para la construcción de nuestras personas, familia, comunidad, sociedad. Nuestra fe puesta en Cristo, el Buen Pastor, encuentra siempre una respuesta a los interrogantes que se nos presentan, pero hay que aprender a comprender qué es lo que el Señor nos indica en la Palabra, en la oración, en los acontecimientos de la vida diaria.
Preguntas para reflexionar: La espiritualidad de la devoción a María, Divina Pastora de las Almas,
¿promueve nuestra capacidad de comunión, participación, y misión en la Iglesia aún en esta situación tan precaria que estamos viviendo en la pandemia con sus consecuencias pastorales y sociales? Meditemos.
Compartir la reflexión en familia, en grupos, en comunidad, on line.
Compromiso: Que la devoción a la imagen de la Divina Pastora en nuestras familias y comunidades sea razón de comunión, participación y misión y no solo una sencilla y bella tradición religiosa.
Celebrar: Se invita a celebrar la novena junto con la catequesis reunidos en familia y comunidad orando, planificando, organizando ese envío misionero que María, en la visitación a su prima Isabel, celebra con el cántico del Magníficat, proclamando la grandeza del Señor que hace maravillas en su vida y en nosotros.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
2. Paso: La Divina Pastora reina y madre de la familia.
Oración Inicial: Oh, Dios que has elegido a la bienaventurada Virgen María, estirpe de Israel, excelsa entre los humildes y los pobres, Madre del Salvador, concédenos que, siguiendo sus ejemplos, ¡podamos ofrecerte una fe sincera y poner en ti la total esperanza de nuestra Salvación. ¡Amen! (Oc. Misa propia).
Leer: 17 de diciembre, Gn 49, 2. 8-10; Salmo 71; Mt 1, 1-17.
Meditar: La genealogía de Jesús en el evangelio de San Mateo nos presenta la descendencia legal, es decir de las promesas, mientras que el evangelio de Lucas muestra la descendencia natural. Ambas desembocan en la realización del misterio de la encarnación del Hijo de Dios. San Pablo en la Carta a los Gálatas indica:
en la plenitud de los tiempos (por obra y gracia del Espíritu Santo), bajo la ley (referencia a José, padre putativo), nacido de mujer (referencia a María, la madre natural de Jesús) (cf. Gal 4,4). En María se une la realidad de la maternidad divina y de la maternidad espiritual de todos nosotros para la promoción del reino de Dios y por eso reina en los corazones de los fieles cristianos y devotos.
La Virgen María es Reina y Madre, una madre auténtica, cercana y tierna, que “nunca nos pierde de vista”, (Papa Francisco en video mensaje a Czestochowa en Polonia el 26 de agosto de 2017). “Y da más alegría aún saber que tienen por Reina a una Madre, amar como Madre a aquella que llaman Señora.
La sagrada imagen muestra efectivamente que María no es una Reina distante que se sienta en el trono, sino una Madre que abraza al Hijo y, con Él, a todos nosotros sus hijos”.
La Virgen María, resaltó el Pontífice, “es una Madre verdadera, con el rostro marcado, una Madre que sufre porque toma realmente en su corazón los problemas de nuestra vida. Es una Madre cercana, que no nos pierde nunca de vista; es una Madre tierna, que nos lleva de la mano por el camino de cada día”. Ella, continuó el Papa, “nos conoce y nos acompaña con su estilo típicamente materno: sutil y valiente al mismo tiempo; nunca intruso y siempre perseverante en el bien, paciente ante el mal y activo para promover la concordia”. A Ella, dijo Francisco, “están acostumbrados a confiarle todo: el pasado, el presente, el futuro, las alegrías y las angustias de vuestra vida personal y la de vuestro amado país. Esto es muy bello”.
La familia, con María y como María, está destinada a vivir el camino de la espiritualidad, es decir, la acción continua del Espíritu para progresar en el día a día. El Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Amoris Laetitiae nos presenta la ESPIRITUALIDAD MATRIMONIAL Y FAMILIAR: una Espiritualidad de la comunión sobrenatural [314-316], Juntos en oración a la luz de la Pascua [317-318], una Espiritualidad del amor exclusivo y libre [319-320], y una Espiritualidad del cuidado, del consuelo y del estímulo [321-325].
Igualmente para nosotros, la Divina Pastora es reina y madre del corazón de las familias larenses y de muchos venezolanos que veneran a la B.V. María bajo esta hermosa advocación y han hecho de ella su referencia familiar y social de todos sus miembros en cada generación, por esa la hermosa costumbre de muchas madres que presentan a sus niños y a los recién nacidos, poniéndolos bajo su mirada amorosa y maternal protección, igualmente después del Bautismo sacramento de iniciación cristiana, de nacer en la Iglesia.
Preguntas para reflexionar: ¿Reina el amor comprensivo en tu familia y comunidad, viviendo una auténtica capacidad de ser linaje de Cristo, en las dificultades, alegrías y pruebas que siempre se presentan en el día a día?
Compartir en familia, en grupos, en comunidad, on line.
Compromiso: Visitar un santuario mariano cercano todos juntos en Familia por lo menos una vez al año para consagrarse como familia y promover una verdadera devoción filial mariana a la Divina Pastora que nos une en un solo cuerpo místico de Cristo, el Bueno Pastor que nos mira desde los brazos de María.
Celebrar: Vamos a celebrar con y como María, discípula y misionera de la fe, las promesas que se realizan en Ella y en la Iglesia, recordando la Palabra de Dios que nos proclama lo que “… había anunciado a nuestros padres en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.”, (cf. Lc 1, 35).
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
3. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia Iglesia doméstica.
Oración Inicial: Oh Dios, que nos has propuesto a la Sagrada Familia como maravilloso ejemplo, concédenos con bondad, que, imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos en el hogar del cielo. ¡Amén!
Leer: 18 de diciembre, Jr 23, 5-8; Salmo 71; Mt 1, 18-24.
Meditar: La familia es el centro de la revelación mesiánica del Dios hecho hombre. Jesús es concebido por obra y gracia del Espíritu Santo en el seno de María, desposada y prometida a José; al hombre predilecto por ser justo y fiel, descendiente de David, que también recibe del Espíritu la gracia de su paternidad casta.
Dios ha querido con la familia santa de Nazaret restaurar el modelo de la imagen y semejanza original afeada por el pecado de la desobediencia.
“La alianza de amor y fidelidad, de la cual vive la Sagrada Familia de Nazaret, ilumina el principio que da forma a cada familia, y la hace capaz de afrontar mejor las vicisitudes de la vida y de la historia.
Sobre esta base, cada familia, a pesar de su debilidad, puede llegar a ser una luz en la oscuridad del mundo.
“Lección de vida doméstica. Enseñe Nazaret lo que es la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología”, (Amoris Letitiae n. 66: Pablo VI, Discurso en Nazaret, 5 enero 1964.)
Por esto los comienzos de la vida de las comunidades cristianas están marcados por la vida familiar, en algunas de las cuales se fue estableciendo la presencia de las comunidades de fe. Por esto la familia Iglesia Doméstica se integra perfectamente con el sentido general de la Iglesia, Familia de Dios. El documento conciliar n. 6 sobre familia del Concilio Plenario de Venezuela, Iglesia y Familia: Presente y Futuro, nos explica en el apartado 2.2. qué se entiende por La Familia, Iglesia Doméstica:
“La familia que ha sido definida como “Iglesia doméstica” se inserta dentro de una comunidad intermedia. Se vincula a la parroquia, a la comunidad política y a otras comunidades en las que ha de ser fermento de comunión y de participación superando, con la gracia que le es propia, el individualismo y el egoísmo. Labor de la organización pastoral será ayudar a la familia a que llegue, mediante un proceso paciente y comprensivo de evangelización, catequesis, vida litúrgica, a ser una “Iglesia doméstica” y una comunidad de amor y de fe donde se acoja, se viva y se celebre el evangelio.”, (Ibid. Familia …, n. 15).
La sacramentalidad de la Familia, Iglesia Doméstica, fundamentada en el sacramento del Bautismo de sus miembros y fortalecida por el sacramento del Matrimonio, se expresa en la lógica de la comunión entre sus miembros y de la reconciliación en el perdón mutuo que se realiza en la cotidianidad de cada núcleo familiar. La Catequesis de las Visitas de Hogar de las misiones coromotanas a partir de la apariciones en la familia del Cacique Coromoto (1652), llamando al bautismo para ir al cielo, justamente valora el significado profundo, eclesial y pastoral del aspecto familiar en la vivencia de cada sacramento.
El Papa Francisco nos recuerda que al mismo tiempo se puede compartir el Pan de la Palabra y el pan de la mesa: “Bajo esta luz podemos recoger otra dimensión de la familia. Sabemos que en el Nuevo Testamento se habla de «la iglesia que se reúne en la casa» (cf. 1 Co 16,19; Rm 16,5; Col 4,15; Flm 2). El espacio vital de una familia se podía transformar en iglesia doméstica, en sede de la Eucaristía, de la presencia de Cristo sentado a la misma mesa.”, (Amoris Letitiae, n. 15).
El documento del Concilio Plenario sobre la realidad de la familia Iglesia Doméstica, también presenta una líneas de reflexión para profundizar: “Enunciamos aquí algunas líneas de reflexión de la Familia Iglesia Doméstica: La familia es imagen de la Iglesia porque: está abierta a la vida, es ministerial, es orante, está en camino.”, (Ibid. Familia..., n. 43).
Es hora de fortalecer nuestro camino de fe, esperanza y caridad en Cristo, partiendo de la realidad familiar común a cada persona, a todo núcleo familiar del modelo que sea, pero apoyados en el misterio de la Sagrada Familia de Nazaret, donde María, Divina Pastora, reina y madre; brilla como mujer, esposa y madre, y sostiene con la gracia de su maternidad divina y maternidad espiritual, a todas las familias del mundo. Frente a un mundo, una cultura, una sociedad en continuos cambios y crisis; la fortaleza de una auténtica cultura cristiana de la familia es fundamental para no perder el norte del camino a la santidad.
Preguntas para reflexionar: ¿Vives en familia tu realidad de Iglesia Doméstica? La imagen de la Divina Pastora con San José, el Niño y las ovejitas que somos nosotros, ¿te inspira y ser Iglesia Doméstica?
¿cómo?
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Compromiso: Es importante que los miembros activos en la Iglesia sean agentes de catequesis familiar en su propia casa, para fortalecer la catequesis de visitas de hogares y al mismo tiempo la catequesis familiar para sostener un camino de formación, espiritualidad de pastoral familiar como la campaña Abrazo en Familia, Rosario en familia, La Biblia palabra de Dios para la familia, la formación sacramental, entre otros.
Celebrar: Que todos, reunidos alrededor de la mesa, nos encomendemos con el rezo del Santo Rosario a la Divina Pastora cada catorce de mes como reina y madre de nuestros hogares, Iglesia Doméstica.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
4. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de los niños, jóvenes y ancianos.
Oración Inicial: Señor, Tú qué hiciste obras grandes en la Madre de tu Hijo y por ella no cesas de actualizar la salvación en nosotros, por su función maternal en la Iglesia y por ser fiel dispensadora de tu gracia, ayúdanos para que, por su ejemplo de fe y sus ruegos incesantes, nos movamos a seguirte, como Familia Iglesia en salida, a favor de los niños, los jóvenes y los ancianos. ¡Amén!
Leer: Domingo 19 de diciembre, Miq 5, 1-4ª; Salmo 79; Hb 10, 5-10; Lc 1, 39-45.
Meditar: La Virgen María, como mujer de fe; esposa y madre; realiza un fiel acompañamiento en todas las etapas de la vida junto al casto San José, mientras él estuvo vivo. Desde el comienzo ella es fiel discípula y misionera de la Palabra hecha carne y portadora del Espíritu Santo.
Unida totalmente desde su corazón al proyecto de vida que se realiza en ella, María presurosamente se muestra cálida, amorosa y servicial con su prima Isabel, que estaba en espera del nacimiento de su hijo, Juan el Bautista. Ya ancianos, ella y Zacarias su esposo, reciben a María con la alegría mesiánica, por lo cual Isabel también queda llena del Espíritu y el bebé brinca de alegría en presencia del Redentor y Señor. Se inaugura la Iglesia en salida, con la visita de la Palabra encarnada a Isabel y Zacarías, porque donde están la madre y el Hijo, está la Iglesia anunciando, llevando la Palabra.
Vemos que se inaugura esa atención mariana a los niños, mientras estuvo unos tres meses allá acompañando, la atención mariana a los adultos mayores cuando visita a esta pareja de ancianos comprometidos con el plan de salvación, y está comprometida con su propia juventud al servicio de Dios, cuidando de su juventud maternal y regresando a Nazaret a la espera del cumplimiento del embarazo.
Luego los misterios de Nazaret, de Belén, de Egipto y nuevamente de Nazaret, son escenario de su
compromiso junto con San José mientras vivía, de la atención a Jesús niño, adolescente, joven y adulto, y lo sigue ejerciendo con todos nosotros miembros de la Iglesia Familia de Dios y miembros del cuerpo vivo de Cristo.
El Papa Francisco, mirando el ejemplo de la Sagrada Familia, especifica en Amoris Laetitiae el sentido pastoral y espiritual en estos renglones de la realidad doméstica: La vida en la familia grande [187];
El ser hijos [188-190]; Los ancianos [191- 193]; El ser hermanos [194-195]; El tener un corazón grande [196-198]. En especial el Papa Francisco recomienda en la familia el ser puente intergeneracional, es decir, entre niños y ancianos: “Se trata de integrar a todos, se debe ayudar a cada uno a encontrar su propia manera de participar en la comunidad eclesial, deben precisamente a sus abuelos la iniciación a la vida cristiana”, (Amoris Laetitiae, n. 297).
Y los jóvenes también tienen una gran expectativa con respecto a la vitalidad de la familia como proyecto de vida a realizar para su presente y futuro: “La alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia. Como han indicado los Padres sinodales, a pesar de las numerosas señales de crisis del matrimonio, «el deseo de familia permanece vivo, especialmente entre los jóvenes, y esto motiva a la Iglesia». Como respuesta a ese anhelo «el anuncio cristiano relativo a la familia es verdaderamente una buena noticia.”, (Amoris Letitiae, n. 1). Por lo tanto, es necesario estar atentos a la maneras y modos para responder a las ansias de los jóvenes que imitando a Jesús joven se abren a la vida con esperanza e ilusiones: “Ellos pueden aportarle a la Iglesia la belleza de la juventud cuando estimulan la capacidad «de alegrarse con lo que comienza, de darse sin recompensa, de renovarse y de partir de nuevo para nuevas conquistas”, (Amoris Letitiae, n. 37).
El documento de Sinodalidad también nos presenta la importancia del caminar juntos, de reconocernos compañeros del mismo viaje, pero abriéndonos a considerar también a los que normalmente no están incluidos en las actividades familiares y parroquiales de comunión y participación y misión; para todos junto con María.
La Divina Pastora acoge y es acogida y sigue visitando cada hogar, comunidad y sector de nuestros poblados, ciudades y sectores donde vivimos. Aprendamos de Ella que sigue caminando con nosotros, niños, jóvenes y adultos mayores, en nuestras vidas hasta llegar a la Patria celestial, construyendo el reino de Dios.
Preguntas para reflexionar: ¿Cómo son atendidos los niños, los jóvenes y los ancianos de tu familia? ¿Te preocupas por tus vecinos y conocidos? ¿Cómo se pudiera mejorar el servicio, la atención y el acompañamiento en estas etapas de la vida con una pastoral de la crianza, de la juventud y del adulto mayor?
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Compromiso: Comprometerse con las distintas pastorales del área de la familia y de la educación; en especial pastoral de la crianza, pastoral de la infancia, pastoral juvenil, pastoral familiar, especialmente el programa del adulto mayor; pastoral educativa, entre otros; visitando con la imagen, estampita, escapulario de la Virgen, a las familias con este propósito misionero.
Celebrar: Es importante realizar la oración en familia, en la nuestra y en la de nuestros conocidos, celebrando la maternidad de la Virgen María alrededor del altarcito o el rincón donde solemos realizar
nuestras plegarias, leyendo la catequesis de este paso y ofrecer el compromiso que queremos realizar a favor de los niños, los jóvenes y ancianos que están alrededor de nosotros.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
5. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia a defender y proteger.
Oración Inicial: Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y Reina a la Virgen María, madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión como abogada de la gracia, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos, por nuestro Señor Jesucristo, ¡Amen!
Leer: 20 de diciembre, Is 7, 10-14; Sal 23; Lc 1, 26-38.
Meditar: El misterio de la Anunciación del Ángel a María nos reserva varias sorpresas relacionadas con María, en su dimensión maternal física y espiritual. Es la experiencia de la Palabra viva en Maria, en la familia de Nazaret en la Iglesia familia de Dios:
“Con esta mirada, hecha de fe y de amor, de gracia y de compromiso, de familia humana y de Trinidad divina, contemplamos la familia que la Palabra de Dios confía en las manos del varón, de la mujer y de los hijos para que conformen una comunión de personas que sea imagen de la unión entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La actividad generativa y educativa es, a su vez, un reflejo de la obra creadora del Padre. La familia está llamada a compartir la oración cotidiana, la lectura de la Palabra de Dios y la comunión eucarística para hacer crecer el amor y convertirse cada vez más en templo donde habita el Espíritu.”, (Amoris Letitiae, n. 29).
Primero que todo podemos decir que ella no se preocupa exclusivamente de preservar su condición de fiel observante a la ley que resguarda la castidad virginal de la mujer, porque ella cree en la dignidad del matrimonio. Al mismo tiempo cree en las promesas mesiánicas dadas al pueblo de Israel cuando se reconoce a sí misma en el anuncio del concebir y dar a luz a un hijo que será grande y será llamado Hijo del Altísimo cumpliendo lo anunciado sobre el Mesías.
Segundo, se plantea a sí misma en su propia consciencia, y hablando con el Ángel, el cómo va a ser posible lo que se le está revelando dado que no conoce varón.
Tercero, se abre a la acción de Dios con el "Hágase", mirándose a sí misma como la esclava del Señor dispuesta a todo, inclusive asumir las consecuencias que eso implicaba: el rechazo, la calumnia, el peligro de ser acusada de infidelidad, o el ser señalada en el futuro como la madre de un profeta a perseguir por su misión, como se lo confirma el anciano Simeón en el Templo.
Ella se compromete con confianza en su enlace esponsal con San José, creyendo firmemente que él también sería fiel en aceptar el plan de Dios. Ella se abre al riesgo de defender con su propia vida la vida de su hijo, el Hijo de Dios y la Iglesia familia de Dios naciente. Un compromiso que ella adquiere, y que luego a lo largo de su vida mantiene hasta la cruz donde nos recibe como hijos. Jesús al expirar luego, envía su espíritu sobre ella, sobre Juan el discípulo amado y las otras mujeres.
María recibe el Espíritu del amor crucificado de su Hijo y asume el de nosotros los cristianos. Por lo tanto, ella sigue defendiendo, con su oración y ejemplo la vida, como Madre de Cristo y de la Iglesia, familia de Dios. Así cada núcleo familiar que la invoca, en el derecho a la vida desde el embarazo, en la
eutanasia, en la defensa de los derechos humanos, experimenta su protección maternal e intercesión incesante desde el cielo.
Con y como la B.V. María, la Iglesia con la realización de la sinodalidad nos invita a descubrir nuestro rol de protagonistas como corresponsables en la misión de sus propios miembros empeñados en un servicio en la sociedad (en el compromiso social y político, en la investigación científica y en la enseñanza, en la promoción de la justicia social, en la tutela de los derechos humanos y en el cuidado de la Casa común, etc.).
Preguntas para reflexionar: ¿Es importante para ti la defensa de la vida desde su concepción hasta la muerte? ¿Cómo lo vives en tus decisiones familiares, personales y sociales? Tu amor a Cristo, a su madre María y a la Iglesia, ¿te motiva a crecer en conciencia, conversión y servicio en la defensa de la vida en todas sus etapas?
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Compromiso: Es trascendental conocer los programas pastorales que la Iglesia nos ofrece, y los cursos de formación en la Doctrina Social de la Iglesia, para no pecar debido a la ignorancia de omisión en la defensa de la vida. Es justo y necesario. Comprometámonos en nuestra familia y comunidad.
Celebrar: Es bueno promover la oración familiar en defensa de la vida; y como familias apoyar, desde el encuentro con la Palabra, el estar en comunión con el Cuerpo Místico de Cristo sufriente, especialmente considerando los misterios dolorosos y gozosos de cada hogar cristiano, en sintonía con Cristo, dar gracias y ofrecerlos como sacrificio agradable a Dios; como oblación.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
6. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia emigrante y dividida.
Oración Inicial: Oh Señor Padre nuestro, para quien nadie es extraño y nadie está alejado de tu protección, mira con piedad a los prófugos y los exiliados, a los hombres segregados y a todos tus hijos dispersos por el mundo, concédeles a ellos el retorno a la Patria, y a nosotros danos un amor como el tuyo para con los pobres y los desterrados, por intercesión maternal de la Ssma. Virgen María, Madre de Dios y Nuestra.
¡Amén!
Leer: 21 de diciembre, Ct 2, 8, 14 o Sof 3, 14-18ª; Salmo 32; Lc 1, 39-45.
Meditar: María se desplaza presurosa para visitar a su prima Santa Isabel embarazada. El camino de María hacia la casa de Isabel es parte de la pastoral de atención a los familiares lejanos en sus necesidades espirituales y materiales, camino migratorio que luego ella misma con José y el Nino, vive huyendo a Egipto emigrando por temor a Herodes. El Papa Francisco, pensando en esta realidad tan humana y bíblica a la vez, agregó esta invocación a la Virgen María en las Letanías Lauretanas del Santo Rosario: “Consuelo"
pero también "Ayuda" de los migrantes. Su consuelo llega al corazón de quien la invoca en la estrechez, en la experiencia del dolor de dejar su propio hogar, forzadamente o por necesidad, el desarraigo, las divisiones, el abandono.
El vacío del destierro acompañado por un sentimiento de frustración personal, familiar y social sólo puede encontrar sentido en la interioridad del ser que se llena de la luz espiritual del consuelo divino más allá de las promesas de un mejor futuro. Esto nos da las fuerzas para no dejarse vencer por las
dificultades y, aun no del todo conscientes de que estamos cercanos a Cristo en esos momentos, podemos recibir la experiencia maternal del amor filial y fraternal que resplandece desde la oscuridad del tiempo y de la memoria de los recuerdos y afectos que todos tenemos por dentro.
Tenemos la oportunidad de poder valorar el bien y el mal en nuestras vidas y decisiones acerca de nuestro futuro y de cómo alcanzar la felicidad verdadera en Cristo con María. Y la devoción mariana cristiana nos acerca a este proceso de consuelo interior (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1865).
“El acompañamiento de los migrantes exige una pastoral específica, dirigida tanto a las familias que emigran como a los miembros de los núcleos familiares que permanecen en los lugares de origen. Esto se debe llevar a cabo respetando sus culturas, la formación religiosa y humana de la que provienen, así como la riqueza espiritual de sus ritos y tradiciones, también mediante un cuidado pastoral específico [...]
Las experiencias migratorias resultan especialmente dramáticas y devastadoras, tanto para las familias como para las personas, cuando tienen lugar fuera de la legalidad y son sostenidas por los circuitos internacionales de la trata de personas.”, (Amoris Letitiae, n. 46).
La migración es por lo tanto una realidad social, cultural, económica y espiritual, que puede producir ilusiones y desengaños, éxitos y frustraciones, riqueza, pobreza, pero lo que sufre siempre es el núcleo familiar que queda dividido en la comunión de sus miembros, en especial cuando son papás que dejan la casa para ser sostén de hogar o las madres se alejan buscando mejores recursos para sus hijos.
Por esto la atención espiritual y pastoral de la Iglesia se solidariza con esta realidad humana que toca, conmociona, hiere y duele en muchos hogares.
El Papa nos dice: “Quiero subrayar que la atención dedicada tanto a los migrantes como a las personas con discapacidades es un signo del Espíritu. Porque ambas situaciones son paradigmáticas:
ponen especialmente en juego cómo se vive hoy la lógica de la acogida misericordiosa y de la integración de los más frágiles.”, (Amoris Letitiae, n. 47).
Dios no se queda insensible, su propio Hijo fue migrante con María y José. La Iglesia de Cristo es peregrinante en el mundo y por eso no deja de compartir, cooperar con los migrantes del mundo entero, con el consuelo del Espíritu Santo y con María madre de toda consolación espiritual. Invóquenosla con confianza.
Preguntas para reflexionar: ¿Tienes familiares emigrantes, tú mismo eres o has sido migrante? ¿Qué aprendemos de esta realidad y qué estamos dispuesto a hacer para colaborar y ayudar a nuestro prójimo?
Compartir en familia, en grupos, en comunidad, on line.
Compromiso: Promover en las familias y en las redes la solidaridad espiritual y pastoral; la comunión, participación y misión que se puede fomentar a favor de los familiares emigrantes y dirigida también a los que han permanecido en casa, desarrollando y fortaleciendo, la atención pastoral de unos con otros, sobre todo a los más necesitados: los ancianos y niños, y los que han permanecido solos y desatendidos.
Infórmate en tu parroquia y colabora.
Celebrar: Que en la celebración de la Eucaristía presencial u on line, donde nos alimentamos con el mismo pan y con el mismo cáliz, aprendamos a amar sinceramente a los inmigrantes y a los abandonados, para que lleguemos todos los humanos a convivir fraternalmente en el mundo. En especial encomendémonos a la Divina Pastora, reina y madre de la familia, aún la emigrante y dividida.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
7. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de las familias que sufren y de sus enfermos.
Oración Inicial: Oh Virgen María, Salud de los enfermos, que has acompañado a Jesús en el camino del Calvario y has permanecido junto a la cruz en la que moría tu Hijo, participando íntimamente de sus dolores, acoge nuestros sufrimientos y únelos a los de Él, para que las semillas esparcidas durante este tiempo sigan produciendo frutos abundantes en los años venideros, (San Juan Pablo II, Gran Jubileo).
Leer: 22 de diciembre, 1 Sam 1, 24-28; Salmo 1 Sm 2; Lc 1, 46-56.
Meditar: La presencia de María a lo largo de la vida de nuestro Señor Jesucristo, en la comunidad naciente y luego desde el cielo, glorificada, no sólo es fuente de consuelo, sino ejemplo e intercesión. Ella vivió en su carne maternal los sufrimientos de Cristo, quedando totalmente asociada al misterio de la cruz (cf. Jn 19,25-27). Y por el espíritu exhalado en el momento de su muerte (cf. Jn 19,30), queda definitivamente unida en la obra de la salvación: “Y a ti misma una espada te atravesará el alma, a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones”, (cf. Lc 2,35). El dolor cuando se une al acto de fe tiene un efecto sanador y liberador.
María, junto con José en el templo, cree en las palabras del anciano Simeón, y asume desde la fe la realidad de lo que se le está diciendo, y esta actitud de su alma consciente, tiene un efecto reciproco que promueve el Espíritu participativo y cooperador a la acción redentora de Cristo. Misterio de la maternidad en el orden de la gracia. La presencia del discípulo amado y de las mujeres nos indica el valor asociativo de la comunidad de fe que acompaña el sufrimiento de Cristo en la cruz y su muerte, y la importancia de la Iglesia fiel que es acompañada por Cristo en sus dolores y sufrimientos. Por esto desde el comienzo María es invocada como “patrona, porque brilla como señal de salvación y de celestial esperanza para los enfermos que invocan su protección” (Pf de la misa propia), y como “ejemplo porque a todos los que la contemplan, les ofrece el ejemplo de aceptar la voluntad de Dios y configurarse mas plenamente con Cristo”, (Pf). El demonio, el pecado, el sufrimiento, la muerte quedan expulsados de la humanidad herida y traspasadas en las heridas de Cristo. La Iglesia familia de Dios es entonces el crisol de todas las familias humanas que sufren y participan con sus enfermedades al misterio de redención de Cristo, y cuando los ofrecen en sacrificio espiritual cooperan con la voluntad divina, (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 307: cf. Col 1, 24; 1 Cor 3, 9; 1 Ts 3, 2).
El Papa Francisco nos recuerda la importancia para los cristianos de ver y valorar la situación de precariedad de muchas familias sumergidas en la miseria, las enfermedades, y la importancia de que en nombre de Cristo tengamos una conducta solidaria responsable y consecuente, para que a todos le podamos brindar amor, esperanza y fe: “Crecer entre hermanos brinda la hermosa experiencia de cuidarnos, de ayudar y de ser ayudados. Por eso, «la fraternidad en la familia resplandece de modo especial cuando vemos el cuidado, la paciencia, el afecto con los cuales se rodea al hermanito o a la hermanita más débiles, enfermos, o con discapacidad». Hay que reconocer que «tener un hermano, una hermana que te quiere, es una experiencia fuerte, impagable, insustituible»”, (Amoris Laetitiae, n. 195).
También los enfermos son hijos y hermanos de la Divina Pastora.
Preguntas para reflexionar: ¿Cómo vivimos la realidad de la pandemia? ¿Es para nosotros fuente de servicio, cooperación, ayuda mutua, fraternización y amistad?
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Compromiso: Para todos es tiempo de purificación de nuestra fe en Cristo; enfermos, familias, personal de la salud. Comprometámonos a ser más dóciles al llamado de solidaridad, de entrega responsable y efectiva, sobre todo en estas circunstancias de extrema y extensa necesidad personal, familiar y social. Es un llamado de Dios, de la Iglesia, de la humanidad.
Celebrar: Ayudemos a que se practique la unción de los enfermos, colaborando con los ministros para su realización y siendo puente entre las familias y la parroquia. Practiquemos el sacramento de la reconciliación, signo de sanación corporal y espiritual que Cristo nos ha regalado, perdonándonos mutuamente y recibiendo el perdón de nuestros pecados. La mejor forma de participar en la fiesta de la Divina Pastora es confesándose. Regálale a Cristo este sacrificio espiritual de tu alma. En este tiempo hay condiciones especiales de absolución que el Papa ha decretado.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
8. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia excluida y marginada.
Oración Inicial: Bienaventurada Virgen María, Madre del Señor y Nuestra, tú que eres reina y madre de la familia, no permitas que ninguna familia humana quede excluida de la gracia de la salvación y marginada en su realización como Iglesia y en la sociedad. Y tú, Oh Casto San José, protector y defensor de la Familia Santa de Nazaret, protege con tu santo patronazgo a todas las familias que acudan a ti y soliciten tu protección y consuelo. Se lo pedimos a Ustedes, por Jesucristo nuestro Señor, ¡Amén!
Leer: 23 de diciembre, Ml 3, 1-4.23-24; Salmo 24; Lc 1, 57-66.
Meditar: La plenitud de los tiempos es el signo que acompaña la llegada del Mesías nacido de mujer..., bajo la ley... (cf. Gal 4,4). El nacimiento de Juan el Bautista es el signo del precursor que abre el camino allanad los caminos dice la Palabra (cf. Is 57,14). Si la esterilidad de Isabel y la frustración senil de Zacarias no se hubiesen superado con el evento de la concepción en ancianidad, signo de la historia de salvación en pleno acontecimiento, hubiera sido imposible descifrar y comprender qué era lo que Dios estaba realizando en esa familia judía de Isabel y Zacarías, en sintonía con el misterio de la Encarnación que se estaba dando en Nazaret con María y José.
Por un lado, el don de la fecundidad fuera del tiempo natural y por el otro lado la maternidad virginal de María con la paternidad en castidad de José. Ambas situaciones de expectación y realización venían a alegrar el corazón de dos familias creyentes a la espera de encontrar una respuesta segura a su fe en las promesas. Si fueron por un tiempo dos familias que vivieron al margen de la realización de sus proyectos personales; y pudieron experimentar un sentimiento de exclusión y limitación; luego se llenan de la presencia del Espíritu y glorifican al Señor por ello y es motivo de maravilla para todos (cf. Lc 1,66).
El evangelio nos invita a vivir la fe, la esperanza y el amor como camino de la realización de las promesas de Cristo, a pesar de la circunstancias hostiles que afectan la realidad de la familia cristiana en el mundo. La familia humana tiene derechos naturales, religiosos y sociales. Debe ser valorada fundamentalmente por todos, dado que cada uno de nosotros pertenece a su familia de origen, y en algún caso, adoptiva o sustitutiva. Pero lamentablemente la situación de muchos hogares está frustrada y empobrecida, inclusive en su valor moral y social constitutivo, que en este tiempo busca redefinir el concepto y la realidad misma de la familia, así como Dios lo ha determinado. Se pudiera decir que la familia corre el riesgo de quedar excluida y marginada de su misma originalidad creativa y procreadora, además
de quedar excluida de todos los beneficios económicos, sociales, educativos, culturales y espirituales que le corresponden.
El Papa Francisco afirma: “El actual sistema económico produce diversas formas de exclusión social. Las familias sufren en particular los problemas relativos al trabajo. Las posibilidades para los jóvenes son pocas y la oferta de trabajo es muy selectiva y precaria. Las jornadas de trabajo son largas y, a menudo, agravadas por largos tiempos de desplazamiento. Esto no ayuda a los miembros de la familia a encontrarse entre ellos y con los hijos, a fin de alimentar cotidianamente sus relaciones»”, (Amoris Letitiae, n. 44).
También las familias en situaciones especiales como el divorcio, la separación, la paternidad irresponsable, las madres solteras, entre otros (Doc. Sobre la Familia del Concilio Plenario de Venezuela, nn. 44-47), pueden estar viviendo en condición de marginalidad de la atención familiar pastoral. La exclusión y la marginación son frutos de una falta de comunión, participación y misión; a pesar de muchos esfuerzos que se están realizando en cada Iglesia local y en general. Tenemos que revisarnos y adquirir una conciencia más misericordiosa al valorar la dignidad de toda familia, cristiana y otras, que están y conviven en nuestro entorno y contorno pastoral y social.
En el documento Amoris Letitiae n. 309, el Santo Padre Francisco nos anima a la conversión pastoral para responder a estos desafíos: “Es providencial que estas reflexiones se desarrollen en el contexto de un Año Jubilar dedicado a la misericordia, porque también frente a las más diversas situaciones que afectan a la familia, «la Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda persona. La Esposa de Cristo hace suyo el comportamiento del Hijo de Dios que sale a encontrar a todos, sin excluir ninguno»
[358]. Sabe bien que Jesús mismo se presenta como Pastor de cien ovejas, no de noventa y nueve. Las quiere todas. A partir de esta consciencia, se hará posible que «a todos, creyentes y lejanos, pueda llegar el bálsamo de la misericordia como signo del Reino de Dios que está ya presente en medio de nosotros»
[359]. [358], (Bula Misericordiae vultus (11 abril 2015), 12: AAS 107 (2015), 5: 402). María, Divina Pastora, es reina y madre de misericordia, y ella nos educa en ese amor misericordioso con su mirada y dulzura.
Preguntas para reflexionar: ¿Qué entiendes tú por familia excluida y marginada?, ¿has renovado el significado espiritual que tiene y que la Iglesia te propone valorar a la luz de la misericordia pastoral?
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Compromiso: Para este próximo 14 de enero, junto con tu familia, busca de descubrir y ayudar una familia que se pueda considerar excluida y marginada, para acompañarla en su camino de fe, esperanza y caridad que se merecen como hermanos en Cristo y como hijos de María reina y madre de la Iglesia de la misericordia.
Celebrar: Es justo y necesario rezar el Santo Rosario solicitando la protección de la Ssma. Virgen María en las tres nuevas invocaciones que se han aprobado y agregado a las letanías propias: “También en el tiempo presente, atravesado por motivos de incertidumbre y desconcierto, el recurso devoto a ella, lleno de afecto y confianza, es particularmente sentido por el pueblo de Dios. Las nuevas letanías son: Mater misericordiae (Madre de Misericordia), Mater spei (Madre de Esperanza), Solacium migrantium (Consuelo de los migrantes). ¡Ruega por nosotros, Amen! Y a seguir evangelizando familia por familia.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
9. Paso: La Divina Pastora, reina y madre de la familia en la atención pastoral.
Oración Inicial: Dios todopoderoso, concede a tu familia caminar por las sendas de la salvación para que, siguiendo la voz de San Juan, el precursor, pueda llegar con alegría el Salvador que él anunciaba, por nuestro Señor Jesucristo, (de la Misa propia del Nacimiento de S. Juan Bautista). Te lo pedimos por intercesión de la B.V María, reina y madre de la familia. ¡Amén!
Leer: 24 de diciembre, 2 Sm 7, 1-5. 8b-12. 14ª. 16; Sal 88; Lc 1, 67-79.
Meditar: El autor principal que se hace presente y actúa en la historia de la salvación es el Espíritu Santo.
Los textos evangélicos lo mencionan en cada paso desde el anuncio del Ángel a María en la Encarnación (cf. Lc 1, 25), y el anuncio a Zacarias de que su mujer dará a luz a un hijo, que estará lleno del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 15), y cuando ya María estando embarazada después de que visitó y acompañó a Isabel su prima antes de nacer y en el nacimiento de su hijo, también la misma Isabel quedó llena del Espíritu Santo.
Si con la Visitacion celebramos María discípula y misionera de la Palabra encarnada, también podemos decir que ella es la portadora del Espíritu que luego se hace presente en Pentecostés.
Entonces el ambiente familiar envuelve la acción del Espíritu y es en ella que se hace presente y visiblemente invisible. Es el misterio del amor familiar que Él inspira, para realizar las promesas dirigidas a toda persona de buena voluntad. El himno de Zacarias celebra esta relación espiritual que se suscita en él (cf. Lc 1,67), que lo impulsa a profetizar sobre el destino de su hijo Juan el Bautista, en relación con la misión que iba a desarrollar al preparar el camino de salvación con la llegada del Mesías.
Es una acción profética cuyo ambiente de realización es la nueva familia mesiánica que se inaugura con Jesús y su santa familia, modelo de toda la Iglesia Familia de Dios. Jesús el Buen Pastor desde el vientre de María, su madre, se hace presente unido al Espíritu Santo con la acción pastoral que es propia de la Iglesia misionera, inaugurando la pastoralidad de la familia, el profetismo conyugal matrimonial y familiar en comunión y participación (Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 485, 680, 690, 727). El matrimonio tiene unas características fundamentales que son la fuente original del amor conyugal donde se procrean los hijos y donde se genera al mismo tiempo el amor a Dios y el amor familiar.
El Papa Francisco recuerda los principales elementos de este acontecimiento procreativo en el capítulo cuarto del documento Amoris Laetitiae, El Amor en el Matrimonio. Tomando el texto de San Pablo él describe la realidad del amor en la convivencia conyugal y familiar: “El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, (cf. 1 Co 13,4-7), (Nuestro amor cotidiano, en Amoris Laetitiae, nn. 90-119). Sin estos elementos constitutivos promovidos por la acción del Espíritu y la respuesta de la persona; la vitalidad de la pareja mengua, se debilita, y se va enfriando el amor primero:
Olvidaste el amor primero (cf. Ap 2,4). Al igual, la comunión, participación y misión como esposos y núcleo familiar en la iglesia, se reduce al mínimo o se va olvidando progresivamente.
Frente a la realidad compleja y honda que atraviesa la familia en el mundo presente, la Iglesia se ha preocupado en buscar caminos de realización actualizada para ayudar a recuperar la vitalidad de la familia en Cristo: “El camino sinodal permitió poner sobre la mesa la situación de las familias en el mundo actual, ampliar nuestra mirada y reavivar nuestra conciencia sobre la importancia del matrimonio y la familia. Al mismo tiempo, la complejidad de los temas planteados nos mostró la necesidad de seguir
profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales.”, (Amoris Letitia, n. 3).
“La pastoral familiar «debe hacer experimentar que el Evangelio de la familia responde a las expectativas más profundas de la persona humana: a su dignidad y a la realización plena en la reciprocidad, en la comunión y en la fecundidad. No se trata solamente de presentar una normativa, sino de proponer valores, respondiendo a la necesidad que se constata hoy, incluso en los países más secularizados, de tales valores”, (Amoris Letitiae, n. 69).
Preguntas para reflexionar: ¿Te interesaría conocer mejor la Pastoral Familiar, sus programas y las demás pastorales de la Arquidiócesis?, te motivas a participar?
Compartir en familia, en grupos, en comunidad, on line.
Compromiso: Es necesario redescubrir y comprometerse como familia en Cristo que “La principal contribución a la pastoral familiar la ofrece la parroquia, que es una familia de familias, donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales”, (Amoris Letitiae, n. 202). Es un reto participar en este proyecto desde nuestra realidad familiar y cooperar.
Celebrar: Vamos a celebrar en este tiempo de Adviento, Navidad a la espera del recorrido de la Divina Pastora el 14 de enero y luego en sus visitas parroquiales, una preparación adecuada, realizando la catequesis en familia y acompañándola con oraciones y pequeños ofrecimientos espirituales, para fortalecer el aspecto litúrgico y pastoral de la Familia Iglesia Doméstica. Comparte con tus vecinos.
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!
Conclusión General
Ser familia y hacer familia con María y como María, con la Divina Pastora, reina y madre de la familia: el tema de la catequesis y las novenas de este año apunta justamente hacia una dirección de comunión, participación y misión, así como el documento de sinodalidad nos lo presenta:
La espiritualidad del caminar juntos está destinada a ser un principio educativo para la formación de la persona humana y del cristiano, de las familias y de las comunidades. ¿Cómo formamos a las personas, en particular aquellas que tienen funciones de responsabilidad dentro de la comunidad cristiana, para hacerlas más capaces de “caminar juntos”, escucharse recíprocamente y dialogar? ¿Qué formación ofrecemos para el discernimiento y para el ejercicio de la autoridad? ¿Qué instrumentos nos ayudan a leer las dinámicas de la cultura en la cual estamos inmersos y el impacto que ellas tienen sobre nuestro estilo de Iglesia?
¿Cuál sería la actitud espiritual mariana y de pastoralidad familiar apropiada que vamos a tomar después de este 14 de enero?, ¿Cómo acudir a María, Divina Pastora, reina y madre de la familia, mujer de comunión (comunional), en su intercesión, cooperación y participación para promover el Reino de Dios entre nosotros?
Oración a la Sagrada Familia
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret, haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración, auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret, haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia, de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica. Amén.
Papa Francisco de la Amoris Letitiae
¡Divina Pastora, Reina y Madre de la familia ruega por nosotros!