CS 42
Christiane Saulnier
La crisis macabea
EDITORIAL VERBO DIVINO Avda. de Pamplona, 41
ESTELLA (Navarra)
Poco después del regreso de los desterrados de Babilonia, parece como si cayera una densa niebla sobre Judea, sobre el templo de Jerusalén reconstruido y sobre su clero poderoso. Los cinco siglos que vienen a continuación desaparecen a los ojos de muchos lectores de la biblia. Y cuando en los evangelios esa niebla parece disiparse sobre Cafarnaún, sobre Galilea y sobre Jerusalén, se verá surgir un pueblo judío profunda- mente desconcertado y dividido. ¿Qué es lo que ha ocurrido?
Durante varios siglos, la civilización griega fue poco a poco empapando todo el próximo oriente y el judaísmo. Pero en el seno de ese conflicto secular entre el paganismo griego y la fe judía hay tres años de crisis: la sublevación de Judas macabeo contra la persecución, desde el año 167 al 164 a. C. Como se trata de un periodo clave en la historia del judaísmo, necesitamos conocer esta crisis para comprender el mundo judío en que vivieron Jesús y los primeros cristianos.
Pero no es fácil orientarse entre los sucesos tan complejos de este período: los textos suelen ser partidistas y la biblia, en este contexto de persecución y de fe heroica, prefiere la epopeya edificante a la crónicafiel.
Por eso hemos pedido a una historiadora, especializada en la antiguedad greco-romana, Christiane Saulnier, que nos sirva de guía a través de este siglo II a. C.; pudimos ya apreciar sus dotes pedagógicas en el cuaderno bíblico n. 27sobre Palestina en tiempos de Jesús.
Después de presentar los textos (los de la biblia y los apócrifos) y los acontecimientos, Christiane Saulnier señala los grandes temas teológicos provocados o desarrollados por la crisis macabea: la fidelidad de los mártires, la esperanza en la resurrección, la venida del reino de Dios, entre otros. Vemos hasta qué punto estas nuevas experiencias de lafe de Israel, riquezas postreras del Antiguo Testamento, nos ayudan a captar mejor ya la vez las raíces judías y la novedad de Jesús.
Philippe G RUSON
I
LAS FUENTES
La sublevación, llamada de los Macabeos, tal
como
se nos narra en los textos, no es más que la manifestación más conociday más destacada de la profunda criSIS que afecta al Judaísmo palestino del siglo II a.e
Para comprender bien su alcance, sus límitesy
sus consecuencias, conviene situar las obras que la relatan en el contexto Itterano contemporáneo -bíbltco y parabíbltco-, a fin de ilustrar toda la fermentación teológica que caractenza a este período.A. las fuentes directas
1. Los libros 1
y2 de los Macabeos
La fuente esenCial para el estudio del desarrollo de la sublevaclon de los macabeos está constituida por las dos obras conOCidas ordinariamente como el primero y el segundo libro de los Macabeos (presentados a veces en el leCCionario con el titulo de 1o y 2o libro de los mártires de Israel) Se trata de documentos insustitUibles, Sin los que no po- drlamos saber casI nada de aquellos sucesos, ya que las fuentes griegas se muestran casI totalmente mudas sobre este tema Descartados muy pronto
por las comunidades Judías, no fueron recibidos nunca en la biblia hebrea (cuyo canon quedó fijado por los doctores de jamnla a finales del siglo I de nuestra era) El descrédito en que habían caído los asmoneos (dlnastla salida de los macabeos), la es- casa antlguedad de estos textos, su ediCión en len- gua griega, explican este hecho Al contrario, la antigua Iglesia puso de relieve su Importancia en la medida en que las reflexiones de 2 Mac sobre el martiriO en los c 6 y 7 Y más en general la lucha contra el paganismo encerraban un valor ejemplar en el penado de las persecUCiones, y también por-
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que muchos pasajes, que trataban de la retrlbuclon y de la intercesión, se prestaban fácilmente a una relectura Cristiana Por eso los primeros padres de la Iglesia no dudaron en referrrse a ellos, ellos fueron los que extendieron el apodo de Judas, llamado el macabeo, al conjunto de estos relatos Sin embargo, estos textos no fueron recibidos oficialmente en el canon de la Iglesia católica hasta el año 1442 y a continuaCión se mantuvieron en el canon fijado por el conciliO de Trento, no figuran Sin embargo en la biblia de los protestantes
El libro actual de 1 Macabeos es la tradUCCión de una obra original semita, que se ha perdido Su redacción final debió hacerse por los últimos años del Siglo 11 a
e
Sigue un plan cronológiCO despues de recordar brevemente las conquistas de Alejandro y su suceSión, el autor habla de la persecución de Antíoco IV Epífanes y narra a continuaCión las hazañas de Matatías y de sus hiJos judas, Jonatán y Simón, acaba con la subida al poder de Juan Hir- cano, hiJo de Sm7Ón, en el año )34El conjunto se presenta como un relato hlsto- riCO, que Intenta seguir la linea de las crónicas de Israel Debido a una pluma anónima, la obra pre- tende glOrificar a los hiJos de Matatías y debe ser considerada como un libro de CircunstanCias, para recordar a los antepasados de la dlnastla asmonea, probablemente para legitimar su origen Sin negar por ello el valor de su informaCión, conviene Sin embargo tener en cuenta que se trata de un docu- mento«partIdista», que sólo presenta un aspecto de los hechos y pasa en silenCiO los otros mOVimientos de OpOSICión distintos de los macabeos
El libro de 2 Macabeos es muy diferente Se trata de un resumen de CinCO volumenes escritos por un tal jasón de Cirene, tanto el original como el resumen se eSCribieron en griego El autor encar- gado de resumir la obra de CinCO libros explica su intención en el prólogo hacer agradable y facll
para el gran públiCO una obra abundante y austera (2 Mac 2, 24-28) Resulta dificil deCidir SI resumió todo o parte del original, ya que se expresa de forma ambigua a este propósito, empieza por decir que Jasón habla narrado la historia de Judas y de sus hermanos, para añadir luego que el relato se refería a la pUrlflCaClon del templo y a la guerra contra Antíoco IV Eplfanes y su hIJo Antloco V Eupátor (2 Mac 2, 19-20) es decir a un período que no cubría más que los hechos de judas Sin em- bargo, nuestro documento recoge otros sucesos anteriores (antes del 175 a e) y se detiene en la muerte de Nlcanor, antes de la desaparlclon de judas Algunos enlaces, a veces poco afortunados (2 Mac 4 7,5,10,8,1,9,14-16), sugieren que el encargado del resumen recortó mucho del material que tenia a su dlsposlclon, pero nos resulta difícil determinar hasta donde llego en su cometido Por consiguiente, tenemos el resumen de una obra, destinada a un público de la diáspora, en la que el recopilador, con su IntroducClon y su conclusión, demuestra que conoCla todas las reglas de la histo- riografía griega (explica sus obJetiVOs la dificultad de la empresa mostrando humildad ante los lecto- res) El texto puede diVidirse en tres partes una primera expOSICión trata de los sumos sacerdotes, empezando por el momento en que el soberano seleuclda Intenta apoderarse de los tesoros del tem- plo y acabando con la acclon nefasta de los Judíos helenistas, la segunda secclon describe la persecu- Clan de Antloco IV y la valentla de los martlres, la tercera muestra cómo conslgulo Judas pUrificar el templo y vencer al general griego Nlcanor
La obra abarca pues un perlado que se extiende alrededor de los años 180 al 160 a
e
pero sedetiene antes de la muerte de Judas Además, el libro va precedido de una carta fechada en el año 124 a C. (que cita una carta más antigua) y una alOCUCión edificante sobre el fuego sagrado del altar de los holocaustos, estos documentos, destinados a
los Judlos de Egipto les exhortan a celebrar el aniversariO de la dedlcaclon del templo por Judas macabeo (25 del mes de klsleu del 164 a e) Muy diferente de la obra anterior 2 Mac inSiste espe- cialmente en la pureza del templo la observancia de la ley la plegarla de Interceslon y ofrece una enseñanza sobre la resurrecclon a proposlto de los martlres de Israel Es dlflcrl atribuirle una fecha concreta En efecto, la obra de Jasón de Cirene debió circular bastante pronto y SI se admite que no se refena mas que a las hazañas de Judas y a la pUrlflCaClon del templo pudo publicarse poco des- pues del año 160 Al contrario el resumen es Sin duda posterior aunque probablemente anterior a la carta del año 124 que figura en la cabecera Por tanto, el libro que tenemos entre manos sena del tercer cuarto del siglo 1I a
e
2. Flavio Josefo
La guerra de los macabeos se nos narra también en el libro de lasAntiguedades ludias (12, 240 - 13, 329) de Flavlo Josefo (para la Vida y la obra de este personaje, veaseFlav/o Josefa Verbo DIVinO, Estella 1982,pass) Pero su relato no ofrece elementos com- plementarios espeCiales, ya que el historiador Judlo SlgUIO a 1 Mac Sin apartarse sustancialmente de el Hay que subrayar Sin embargo que no se trata de una copia servrl, SinO de una adaptaclon bastante libre que Inserta hábrlmente los acontecimientos en la trama de las Antiguedades ludias y aporta Igual- mente los complementos de otras fuentes (por ejemplo, Flavlo Josefo deja 1 Mac 10, 48 en AJ 13, 58 Y no vuelve a 1 Mac 10, 51 más que en AJ 13, 81, para dar un relato detallado de la muerte de Demetrlo I y recordar la histOria de Gmas IV en Egipto) Por otra parte Flavlo Josefo ofrece un re- sumen muy breve de la sublevaclon macabea en la Guerra ludia 1 31-56 Estas obras siguen Siendo de todas formas indispensables en la medida en que, a
proPOSltO de los mismos sucesos, dan a veces una Interpretaclon distinta de la de 1 Mac rlustrando aSI por contraste los motivos de explicaCión de su autor (ef 1 Mac 1 20 YAl 12, 246, 1 Mac 5 62 yAl 12, 352,1 Mac 10 1-3 YAl 13 35-37) Por otra parte, al Insertar este episodiO en su histOria de Israel, lo dumlna con las conexiones y relaCiones que esta- blece con los hechos precedentes y los posteriores
3. El libro de Daniel
Situado entre los grandes profetas en la biblia católica, el libro de Daniel figura en la biblia he- brea con los «Escritos», entre Ester y Esdras Se trata de un conjunto de relatos de tenor distinto agrupa- dos en torno a un mismo personaje, Daniel, un Joven Judlo desterrado en Babrlonla El marco hiS- tÓriCO es la corte neo-babdonlca y luego la aque- ménlda Se pueden distingUir dos secCiones la pri- mera pone en escena a Nabucodonosor Belsassar y a DarlO (con los episodios tan conOCidos de los Jovenes en el horno y de Daniel en el foso de los leones), la segunda secCión (Dn 7-12) está com- puesta de una serie de vIsiones en donde Daniel ve el JUICIO de las naciones La colecclon que actual- mente tenemos entre manos está redactada en va- rias lenguas 1, 1-2, 4 en hebreo, 2, 4b-7 28 en arameo, 8, 1-12, 13 de nuevo en hebreo, las biblias griegas comprenden además la oraclon de Azanas, el cántiCO de los tres Jovenes(3, 24-91 Inserto en el arameo entre 3, 23 Y 3, 24) y, al final de la obra, la novela de Susana, la destrucclon del templo de Bel, Daniel y el dragón (actualmente 13, 1-14,42) Todo esto parece indicar que el texto de que disponemos es el resultado de una recoprlaclon hecha a partir de tradiCiones que circulaban en torno a las VISIO- nes de Daniel, tanto en arameo o en hebreo como en griego, algunos fragmentos de la gruta 4 de Qumran muestran que se conoCla al menos otro episodio distinto
Las que aqUl nos Interesan son las VISiones que se recogen en los c 7-12, ya que Sin refenrse expllcltamente a la sublevaclon macabea se basan no obstante en interpretaciones de los acontecI- mientos del siglo 11 y exponen toda una teologla de la hIstoria inspIrada en el choque contra el hele-
nlsmo Esta obra que es tnbutana de las tradiciones nacIdas en las comunIdades onentales deb,o pu- blicarse por el año 164 a
e,
algunas alusiones (12 9-12) dejan suponer que el autor o el ultimo editor conOCla el restablecimiento del culto en el templo pero Ignoraba la muerte de Antloco IV EplfanesB. Las fuentes indirectas
Para completar este estudio conviene ademas tener en cuenta ciertos escntos que Sin dar direc- tamente informaciones sobre la cnsls macabea se refieren de una manera o de otra a estos sucesos
1. El libro 3 de los Macabeos
Se conoce con este titulo una obra compuesta en Alejandna entre el 130 y el 100 a
e
Se pone en escena al soberano de Egipto Tolomeo IVFilopator que se habna VistO milagrosamente rechazado cuando Intentaba penetrar en el templo de Jerusa- len Humillado por este fracaso habna quendo perseguir a los Judlos de Egipto a su regreso a su reinO, para ello los habna hecho encerrar en el hlpodromo y los habna enfrentado a los elefantes, excitados por una bebida embnagadora los ani- males Sin embargo se volvieron Sin tocar a los judloS protegidos por la proVidenCia de DIOS Este relato guarda relaclon con el tema de la protecclon del templo contra los profanadores y tiene ciertas analoglas con el episodiO de Hellodoro que narra 2 Mac Es tamblen un pequeño tratado apologetlco que a Imagen de ciertos episodios del libro de Daniel inVita a resistir en la persecuclon y promete8
la ayuda de DIOS a los que permanecen fieles (ef los jOvenes en el horno Daniel entre los leones)
2. El libro 4 de los Macabeos
Esta obra es una exhortaclon moral que recoge el ejemplo de los martlres de Israel (ef 2 Mac 6-7) y lo comenta para dar una lecclon edificante, en contra de lo que piensan los gnegos la aceptaclon de los sufnmlentos y de la muerte no es una prueba de fanatismo SinO una filosofla basada en la ley diVina que conduce al dominiO de SI mismo, de este modo la observancia de la Tora es conforme con la razon Hay que advertir que no se observa en nlngun SitiO ninguna aluslon a la resurrecclon propiamente dicha tal como figura en los pasajes correspondientes de 2 Mac El autor solo piensa en la salvaclon del alma desprendida de una carne SUleta a la corrupclon y al sufnmlento (4 Mac 10 4-5, 17 5-6), en esto cOincide con las enseñanzas del libro de la Sablduna "Las almas de los Justos estan en manos de Dios y no las tocara el tor mento» (Sab 3 1) ASI pues este libro es muy probablemente una homllla slnagogal del siglo I a
e
que atestigua la presencia de un pensamiento fuertemente helenista en los ambientes judloS de AleJandna3. Los escritos esenios
Varios de los manuscritos descubiertos en las grutas de Qumran aluden a las Circunstancias en que se constituyo la secta (sobre Qumran, vease Los manuscrttos del Mar Muerto) Pues bien, varios indiCIOS hacen suponer que los esenios Inauguraron
su vida comunitaria en el momento de la subleva- Clan macabea o inmediatamente despues ASI, en esta perspectiva hay que referirse a las alusiones que aparecen en la Regla de la comunidad y en los peshanm (sobre todo en el de Habacuc y en el de los Salmos), hay que añadir también el Documento de Damasco
c. La producción literaria contemporánea de la crisis
Para eVitar limitarse a Ideas demaSiado estre- chas hay que situar las diversas fuentes directas e indirectas de la CriSIS macabea dentro del marco de la producclon literaria contemporánea Se trata de escritos muy abundantes que ponen de relieve la dlverslflcaclon que se lleva a cabo en el pensa- miento Judlo durante el penado posterior al destie- rro Esquemáticamente podemos agrupar estas obras en estos tres generas sapiencial, naCionalista y apocallptlco
1 .
El género sapiencialEn este terreno nos contentaremos con citar al S,raClda (deSignado antiguamente como el EcleSiás- tiCO), se trata de una traducción griega hecha por el 130 a C de un original semita que aparecIó en los comienzos del Siglo 1I En el Calro y en las grutas de Qumran han apareCido algunos pasajes del texto hebreo Recogiendo la tradlclon de los escritos sa- pIenCIales, la obra es una larga medItaCIón sobre la Torá, la predlcaclon profetlca y la histOria de Israel, destinada a «los deseosos de aprender y de adelan- tar en una Vida según la ley» (prologo) Sin que sea necesario recordar aquí todas las enseñanzas del Slráclda, señalaremos los puntos de contacto que presenta con los libros de los Macabeos 1 Mac 2, e¡1-63 y Eclo 44-50, 2 Mac 1, 24-29 y Eclo 36, 2 Mac 7, 23 Y Eclo 42
2. El género nacionalista
Aunque Identifica la salvaCión del pueblo con el eXlto de Judas y de sus hermanos, 1 Mac sigue Siendo un escrito naCionalista que proclama el re- curso a la «acción directa», el mismo esplrltu tienen tamblen los libros contemporáneos de fster y de Judit
El primero está formado por una intriga nove- lesca en el marco histórico del ImperiO persa Re- dactado en hebreo seguramente a finales del Siglo 11, fue tradUCido muy pronto al griego con algunas variantes notables Recordando que la eXistencia de los Judlos se ve continuamente amenazada por la enVidia de las «naciones», esta obra exalta el espí- ritu de revancha
El libro de JUdit, cuyo original semítiCO desapa- recIo muy pronto, sólo nos ha llegado a través de sus tradUCCiones, sobre todo una verslon griega que es la que ha reCIbIdo la blblla católica El texto actual dataría de fmales del Siglo 11 a. C, pero el Original pudo haberse compuesto durante el pe- ríodo macabeo Pone en escena a una mUjer Joven, Judit (es deCir, la ludia), que salva a su pueblo degollando astutamente a Holofernes, general de Nabucodonosor Los autores están de acuerdo en reconocer en esta heroína una persof"lIflcaclon de la nación Judía en lucha por su libertad La leCCión de
esta historia tiende a mostrar que el pueblo puede esperar la salvación en medio de las situaciones desesperadas con la condlClon de que su acción permanezca ligada a las prescrrpClones de la ley
3. El género apocalíptico
(d Vidas de Adany Eva, de los patrrarcasydelos profetas)
Se trata de una literatura muy prolífica, muy difícil de manejar en la medida en que los textos nunca quedaron fiJos en una versión de referenCia y nos han llegado a menudo en diversas traduccIo- nes, senSiblemente distintas
Para el tema que nos Interesa, la obra más Significativa es el corpus de Henoc, en el que destacan el Librtto de los vlgtlantf's y el Librtto astronómico (anterrores al siglo 11), el Libro de los sueños (redactado el año 164 a C), la Carta de Henoc y el Apocailpm de las semanas (que es posible fechar en la segunda mitad del siglo 11) Estos libros se centran en el patrrarca antedilUViano Henoc (d Gn 5, 18, 22-24), que goza de unas revelaCiones particulares sobre la retrrbuclón, el destino de los difuntos y el desarrollo de la historia Estos escrrtos Ilustran las especulaciones que podían alimentar la esperanza Judía en penodos de perse- cución y bastan para indicar que las vIsiones de Daniel no pertenecen a una cOrriente aislada
Para completar esta presentaCión, citemos aún algunos textos, difíciles de claSifICar bala una rú- brrca concreta, pero que ofrecen Jalones para com- prender mejor la teología de la hlstorra que aparece en Daniel En prrmer lugar, el Libro de los fubtleos de la segunda mItad del siglo 11 a C, que da un comentarro del GénesIs y del Exodo orrentado por el anuncIo del reino meSiánICO Igualmente el Tes-
~o
tamento de los doce patrtarcas, obra compleja compuesta progresivamente, una de cuyas edicIo- nes muy próxima a la forma actual habna aparecido en el penodo helenista, muy apreciado en Qumran, fue tamblen recogido por los crrstlanos que a veces manipularon el texto Las enseñanzas dadas sobre el meslas son contradlctorras y de manejO delicado, notemos Sin embargo que el Testamento de Lev, (seguramente el nucleo más antiguo de la obra) da una descrrpclon del más allá análoga a la que se atrrbUla a Henoc En último lugar hay que menCIO- nar ciertos oráculos puestos en boca de Zacanas, en efecto, el libro de Zacanas comprende dos par- tes redactadas en distintas épocas la prrmera sec- ción (Zac 1-8) puede fecharse en la época persa y ofrece un Sincronismo en referencia con el reinado de Daría, que permite situar la predlcaclon del profeta alrededor del año 520 a C, al contrarro, la segunda sección (Zac 9-14) se atrrbuye al penado grrego, Sin que pueda precisarse más Las alusiones que se hacen a la destrucción de Tiro (Zac 9, 3-4) sugieren que el autor conocía el asedio emprendido por Alejandro contra dicha ciudad en el año 332 a C SI esta serie de oráculos es preCisamente de estas fechas nos ofrece una luz suplementarra sobre las esperanzas que eXlstlan en el momento de la criSIS macabea
Esta breve vIsión hlstorrca nos demuestra que
«las épocas persa y griega son para el judalsmo reconstitUido un tiempo de Intensa reflexlon, en el que las colecciones escrlturístlcas más antiguas de- sempeñan un papel de prrmer orden El profetismo de acción va desapareciendo poco a poco de la escena, se ve barrido por un lado por la literatura sapienCial que se nutre de la meditación de las Escrrturas, mientras que por otro lado lo sustituye una literatura escatológica anónima o pseudónlma que evolucIona en dlrecclon de la apoca!lptlCa» (P
Grelot, De la mort el la vle eternelle Cerf, Parrs 1971, 157)
LA DINASTIA SELEUCIDA
Seleuco I Nlcátor (+ 280) Antloco I Sóter (280-261)
I
I
Antloco 11 Theos (261-247)
I
,
I
Antloco IV Eplfanes (175-164/3) I
Antloco 111 Megas (223-187) I
Seleuco 11 Kahmkos (247-226) I
I
Seleuco IV Fllopátor (187-175)
I
Alejandro Balas (152-145)
I
Seleuco 111 Sóter (226-223)
Antloco VI (145-142/1) Demetno I (162-150) Antloco V Eupátor (16413-162)
Demetno 11 (145-139/8, 129-125) Antloco VII Euergetes Sldetes (139/8-129)
I
Antloco IX Fllopátor (115-95)
I Seleuco V
I
Antloco VIII Fllométor (125-96)
12
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LOS SUCESOS
"A los doce años de remado, Alejandro mUria y sus generales se hicieron cargo del gobierno, cada cual en su territorio, al mOrir Alejandro todos ciñeron la corona real, y despues sus hiJos durante muchos años, multiplicando las desgracias en el mundo» (1 Mac 1, 7-9) Con este resumen, el autor de 1 Mac presenta el naCimiento y el desarrollo de los ImperiOS helenistas, un JUICIO pesimista, desde luego, formulado por un judlo naCionalista pero que no está totalmente privado de verdad En efecto, a comienzos del siglo11 a C, el Mediterráneo Oriental está dommado por los remos que salieron de la expediCión de Alejandro Tras la muerte prematura del conquistador sus generales (los diadocos sucesores) se disputaron agriamente su suceSión, de forma que a comienzos del siglo 111 habla tres grandes dmastías que se repartían el oriente y Grecia la de los seleucldas (fundada por Seleuco 1) dommaba más o menos en teoría sobre un territorio que se extendía desde el ASia Menor y Siria hasta el Penjab, la de los lágldas (fundada por Tolomeo, hIJo de Lago) habla establecido su autoridad sobre Egipto, Cirenaica, Chipre, algunas de las Cicladas y varios territorios de la costa meridional del ASia Menor, fmalmente la de los antlgónldas (descendientes de Antígono Monoftal- mas) se habla mstalado en Macedonia y eJerCla una hegemonía aleatoria sobre una parte de las costas griegas y varias Islas Además en el año 280 a C el comandante de la ciudadela de Pérgamo, Flletalros, se mdependlzó de los seléucldas y puso en ASia Menor las bases de un nuevo remo que gobernarla la dmastía de los atálldas
Al no tener más legitimidad que el «derecho de la lanza», estos soberanos gobernaban sobre territorios cuyas fronteras podlan verse contmuamente discutidas por la fuerza de las armas Por eso, el mundo helenista a pesar de su unidad cultural realmente fecunda, estaba abocado a una Inestabilidad polltlca Esto explica que en el Siglo 11 aquellos Imperios conoCieran una decadenCia que acabaría haciendo Irreversible la expansión del poderla de Roma En efecto, Roma, al vencer en el año 189 a Antíoco 111, le Impuso una contrlbuClon de guerra que fue un duro golpe para la tesorerla seléuclda, en Grecia habla vencido a Fllipo V en el año 198 y luego hizo desaparecer a la monarquía antlgónlda tras la batalla de Pldna (168 a C) A partir de entonces, Roma se conVirtió en protectora de la dmastla láglda (debilitada por la mediocridad de sus soberanos y las luchas por la suceslon), oponiéndose así a las ambiciones de los seléucldas En este período de espeCial agitación es cuando se produjo la sublevaCión de los macabeos
A. La situación en Judea a principios del siglo 11 a. C.
Pequeño distrrto Integrado en el mundo hele- nista, judea goza a comienzos del siglo 11 a. C. de un estatuto político que reconoce su específiCO carácter religioso Esta situación no es nueva y se debe en gran parte a la manera con que se llevó a cabo la restauración de la entidad Judla en la época persa. Para cDmprender debidamente las reiVindi- caciones del período macabeo, hay que recordar brevemente estas condICiones
1. El estatuto político de Judea
Después de la doble toma de jerusalen en el 598 y el 587 a.
c.,
la mayor parte de la población de judea había Sido deportada a Babilonia, en el año 53B, el lmpeno pelsa se Impuso a los neo-ba- bilonios y Oro autorizó a los Judíos que lo deseasen a volver a Palestina, les permitió además reconstruir el templo y les devolVIÓ los utensiliOS que les habían qUitado como botín (Esd 6, 3-5). El estatuto JurídiCO que se les diO entonces a los Judíos no es bIen conocIdo, pero los datos que nos ofrecen los libros de Esdras y de Nehemías nos indican que judea formaba parte del gran dlstrrto de la Transflu- vial, que estaba bala la autorrdad de un solo sá- trapa; esta reglón comprendla una parte de Slrra, Palestina, FeniCia y Chipre y tenia que pagar un tributo de 350 talentos anuales (Herodoto, 3, 91) Pero este enorme territorio se dlvldla a su vez en zonas diversas, que correspondían a las necesida- des de una situación de hecho,más bien que a una geografía administrativa determinada de forma au- tOritaria y artificial. Por eso, judea gozaba en la época aqueménrda, no ya de una autonomla, SinO de un reconOCimiento de su carácter espeCifiCO, de 14una especie de personalidad administrativa de tipo teocrátiCO, centrada en el templo Además, jerusa- len había obtenido el derecho a reconstruir sus murallas y, en algunas Circunstancias, vemos tam- bién cómo el soberano no tenía reparos en confiar a los Judíos la autorrdad administrativa (Esd 7, 14, Neh 2, 9) Incluso una carta, probablemente de ArtaJerJes 1I (404-359), autorrzó el regreso de una nueva caravana de Judíos babilonios, Sin duda en el año 398 (Esd 7, 12-26), haCiendo donatiVos para la liturgia del templo, ratificando la autorrdad de la ley para los Judíos y permitiendo la entrega de trrbutos voluntarros para el santuarro. Este estatuto relativa- mente amplio SUSCitÓ Sin embargo las enVidias de los samarrtanos, que no hablan obtenIdo el prrvile- glo de poseer un templo reconocido ofiCialmente (Neh 4, 6)
No sabemos qué es lo que OCUrriÓ en el mo- mento de la conquista de Alejandro, parece ser que judea se aliÓ fácilmente con el nuevo amo (aunque no hay que conceder demaSiado credlto a las afir- maciones de Flavlo josefo sobre las espeCiales muestras de respeto con que Alejandro honró el templo, los samarrtanos, por el contrarro, por haber vacilado ante el macedoniO, se vIeron tratados con severrdad (Al 11, 304-345)
En el año 319, al surgir las luchas entre los diadocos, Tolomeo I se apoderó de la Siria-Pales- tina, que desde entonces perteneció al Imperro lá- glda hasta el 200 a C Según la tradiCión, Tolomeo I tomo Jerusalen un día de sábado cogiendo mu- chos prrSloneros que tuvieron que Ir a establecerse en Egipto (Al 12, 3-7) Por no tener documentos concretos, no sabemos cuál fue el estatuto que
Impuso a Judea a partir de entonces La tradlclon ludia no parece haber guardado de aquella epoca mas recuerdo que el de la traducclon griega de la Tora (Al 12 11-118) de hecho aq uella historia edificante estaba destinada a mostrar que la em- presa habla recibido la aprobaclon del sumo sacer- dote y que habla suscitado tamblen el Interes de Tolomeo I1 Filadelfo (ef Al 1 10-11) Sea lo que fuere se comprenden las alabanzas que se tributan a este soberano ya que una de sus ordenanzas demuestra que habla Intentado compensar la poll- tlca de su padre Sin duda demasiado duro segun las alusiones del texto, por eso habla aceptado liberar a 100000 ludios esclavos en Egipto (Al 12 28-33) Aunque esta cifra parece exagerada la declslon esta en conformidad con el esplrltu que demuestra otra ordenanza de abril del 260 valida para Sma-Fen1-
Cla en la que se ordena que los propietarios decla- ren sus esclavos so pena de conflscaclon y de una multa de 6000 dracmas prohlblendoles recibir como prenda o comprar un Indlgena libre Por otra parte parece ser que lolomeo \\ {orzo la preSlOn fiscal ya que aquella misma ordenanza instituye o restablece un Impuesto anual sobre el ganado que los propietarios tenlan que declarar a los encarga- dos del cobro de tributos en el plazo de 60 dlas, el inCUmplimiento motivaba la conflscaclon del ga- nado y una multa (M Th Lenger Corpus des ordonnances des Ptolemees Bruxelles 1980
37-45)
Los seleucldas Sin embargo nunca aceptaron la anexlon de Sma-Palestlna a Egipto y emprendieron varias guerras para recobrar su poseslon Elaño 21 7 a C Tolomeo IV Filopator habla rechazado al ejercito de Antloco 111 en Rafia No sabemos SI en aquella ocas Ion Jerusalen se mostro favorable al soberano seleuclda y es dificil deCir SI tiene algun fundamento la anecdota que recoge 3 Mac segun la cual Tolomeo IV Intento penetrar a la fuerza en el templo y se qUIso vengar luego sobre los Judlos de
Egipto (ef lo dicho en p 8) El año 200 a C Antloco 111 volvlo al ataque contra Egipto venclo en la batalla de Panlon y se apodero de los territorios que ambiCionaba Concedlo entonces a los Judlos un estatuto favorable cuyos terminas recoge Flavlo Josefa (Al 12 138-144), segun el texto se com prende que los ludiOS de lerusalen acogieran con agrado a Antloco 111, le dieron provIsiones para sus soldados y sus elefantes y expulsaron a la guarnl- Clon laglda de la Ciudadela Los combates debieron ser duros y Palestina quedo resentida pues hubo que deCidir que los habitantes que regresaran a sus hogares quedasen exentos de tributo durante tres años (lo cual supone que parte de la poblaclon Sin duda fiel a los lagldas habla emprendido la hUida y que el nuevo soberano les habla concedido una amnlstla) Ademas se les dispensaba a los habitan- tes del tercIo del tributo de modo que pudieran aSI compensarse de las perdidas sufridas Por otra parte los cautivos que hablan quedado convertidos en esclavos eran liberados junto con sus hilOS y entraban de nuevo en poseSlOn de sus propIedades La Ciudad destruida por la guerra debla ser res- taurada El soberano reconocla la eXistencia del templo y en consecuencia concedla una subven- clan para los SaCrifiCIOS (dones de animales VinO aceite incienso) por un valor de 20 000 dracmas, autorizaba la termlnaClon de los trabajOS (la madera de los bosques de Judea y de otros paises aSI como los materiales necesarios podlan ser trasladados Sin pagar derechos de aduana), dispensaba al personal religiOSO (conseja sacerdotes escribas y cantores) de ciertos Impuestos, finalmente permltla que la Vida de los Judlos se rigiese normalmente por la Tora reconocida como ley fundamental recibida de
los mayores
De esta forma el estatuto dictado por Antloco 111 parece reanudar la tradlclon aquemenlda y deja Vislumbrar ciertas dificultades de las que no sabe- mos nada durante el perlado laglda Sin embargo
las relaciones entre los Judíos y el poder seléuclda empezarían a detenorarse muy pronto, al parecer por dos razones principales las dificultades del tesoro público y las divIsiones Internas del propio Judaísmo
2. Los problemas fiscales:
el incidente de Heliodoro
«Cuando en la ciudad santa se vivía con toda paz y se observaban las leyes con la mayor perfec- Ción, gracias a la piedad del sumo sacerdote Omas y su ngor contra el mal, los mismos reyes honraban el lugar santo y engrandecían el templo con regalos magnífIcos, hasta el mIsmo Seleuco, rey de ASIa, pagaba de sus entradas personales todos los gastos necesanos para los sacnflCIOs litúrgicos» (2 Mac 3, 1-3) Así es como el autor de 2 Mac nos presenta la sltuaClon en Jerusalén durante el reinado de Se- leuco IVy el pontificado del sumo sacerdote Onlas 111. Un cuadro Idillco que habla de tranquilidad y orden: la piedad del pontífice asegura la paz y el respeto de los preceptos, la honorabilidad del tem- plo se Impone a los gentiles, de forma que hasta el soberano seléuclda le ofrece sus dones, se trata realmente de un estado en conformidad con las disposIciones de Antloco 111 Pronto empezarían Sin embargo a envenenarse las relaCiones entre el sumo sacerdote y la autondad gnega Según el autor de 2 Mac, el administrador del templo, Simón, nño con el sumo sacerdote Onías a proPÓSitO de la «agora- nomía» (inspecCIón de los mercados) y acudlo al general de Siria-FenIcIa, Apolonlo, para denunCIar las nquezas acumuladas en el templo, «tantas que era Incontable la cantidad de ofrendas y despropor- cionada para el presupuesto de los sacnflclos» (2 Mac 3, 6) Enterado de ello, Seleuco IV envió a Jerusalén a su Jefe de gobierno, Hellodoro Cuando
éste qUIso entrar a la fuerza en el templo, se VIO atacado por unos Jinetes maravillosos, ángeles en forma humana Debla su Vida a la Interceslon de Omas y regreso, convertido Sin tomar nada del santuano (2 Mac 3, 4-35) Es dificil apreciar exac- tamente lo que OCUrriÓ ya que este relato de tipO hagiográfICo es el unlco documento que nos habla de este hecho NI Flavlo Josefa ni las fuentes gnegas dIcen nada de esto Sin embargo, vanos elementos nos permiten una aprOXimaCión indirecta a los he- chos por una parte, el personaje Hellodoro es conocido como el que hiZO asesinar a Seleuco IV en el año 175, qUizás por Instlgaclon de Roma y de Pergamo (Apiano, Synaka, 45) Cuando va a Jeru- salen, ocupa un SitiO Importante en el reino y goza de la confianza del soberano, una inspección suya supoma de antemano un problema de Importancia Por otra parte el texto nos dIce que las dIferenCIas entre Omas y Slmon se refenan a la InspeCClon de los mercados, qUizás el administrador habla dejado vender ciertos productos que no eran conformes con las prescripCIones alImentIcIas judías y, en ese caso, tendnamos aqul el pnmer testimoniO de la OpOSIClon entre Judlos ortodoxos y Judlos heleniS- tas Además la acusación recae sobre los tesoros guardados en el templo, hay dos elementos que parecen Interesantes en primer lugar, las acusaCIo- nes de Simón parecen indicar que parte de las subvenCiones reales, hechas para la liturgia del templo, hablan Sido apartadas de su obJetiVO y atesoradas en el templo, por otra parte cuando Heliodoro pide cuentas, Onlas le responde que en el templo no hay más que 400 talentos de plata y 200 talentos de oro, que son en su mayor parte depOSitas de las viudas y de los huerfanos o reser- vas colocadas all, por HIrcano el de Tablas (2 Mac 3 10-11)
Recordemos a este proPOSltO que en la antlgue- dad los templos, que gozaban de inviolabilidad en tiempos normales, haClan a menudo las veces de
bancos de deposito, se les confiaban entonces los bienes con un Inventarla detallado y deblan devol- verse Intactos (en contra de los «bancos de nego- CIO» que tenlan que producir Intereses y hacer rendir lo que se les entregaba, pensemos en la parabola de los talentos Mt 25 14-30 Y Lc 19, 11-27) Ademas hay que señalar que conocemos a Hircano el de Tablas por el testimOniO de Flavlo Josefa (Al 12, 160-236), que narra prollJamente las anecdotas que sabia sobre esta familia de recauda- dores anteriormente al servICIO de los lágldas, se comprende claramente que baJo el reinado de Seleuco IV, Hircano habla seguido relaclonandose con la corte de AleJandrla mientras que sus herma- nos simpatizaron mas bien con los seleucldas, el preflrlo Incluso retirarse a sus fincas de TransJorda- nla y se sUIcido alli en el 175 a
e
cuando seentero del triunfo de Antloco IV Por otra parte sabemos que la tesorena seleuclda se habla ViStO notablemente mermada por las indemniZaciones de guerra Impuestas por los romanos, las doce anuali- dades que teman que pagar a partIr del año 1BB no hablan sido satisfechas todavla por Antloco IV, podemos muy bien pensar que su predecesor debla pasar por ello serias dificultades de pago y que probablemente no toleraba deudas por parte de sus propiOs subdltos Vimos ya cómo la carta de An- tiaca 111 concedla a los habitantes de judea una desgravaclon del tercIo del tributo Sin limitación de tiempo, qUizás Seleuco IV retractó esta cláusula pensando que las cargas de los Judlos se hablan aligerado demasiado Es poSible que al mismo tiempo reclamara los retrasos de Hircano
Sea lo que fuere, vemos que el sumo sacerdote y el soberano seleuclda chocaron a propósito de problemas fiscales La fecha exacta de este suceso no la conocemos, pero podemos situarla poco antes del asesinato de Seleuco IV, o sea, haCia el 178 a
e
De todas formas, el regreso de Hellodoro no habla solucionado el caso, pues vemos que pocodespues Onlas 111 tuvo que Ir a AntloqUla «mirando al bien comun», como indica el autor de 2 Mac (4, 5), Sin ddr más detalles Probablemente lo citaron para rendir cuentas, los sucesos que siguen de- muestran que se VIO retenido alll, qUizás baJO arresto sustltuyendole en el sumo pontificado su hermano menor Jasón
3. la formación de un partido judío helenista
Las disenSiones que vemos surgir entre los JU- diOS en el momento del inCidente de Hellodoro no son el resultado de Simples rivalidades personales, ya que por entonces se está formando en Jerusalén un verdadero partido helenista SI nos fijamos en 1 Mac, vemos cómo el autor se contenta con explicar rápidamente, Sin precisiones cronológicas, que «por entonces hubo unos Israelitas apóstatas que con- vencieron a muchos -¡Vamos a hacer un pacto con las naoones \lKmaS, pues desde que nos he- mos aislado nos han venido muchas desgraCias!» (1 Mac 1 11) A continUaCiÓn, esos «apóstatas» o
«Sin-ley» aparecen para deSignar a los enemigos de los macabeos (1 Mac 7, 523,9,2358,10,61,11, 21) En la presentac Ion de 1 Mac, esas gentes se oponen a los aSldeos y se presentan como partida- riOS del helenismo, ya que le piden al soberano permiso para adoptar las costumbres griegas y construir un gimnasIo en jerusalén Pero el autor se muestra bastante discreto sobre este tema
Al contrario, 2 Mac, refiriendo los mismos he- chos, mezcla directamente en el asunto a los sumos sacerdotes, según este relato, jasón, el hermano de Onlas 111, había usurpado el sumo sacerdocIo al mOrir Seleuco IV, prometiéndole a Antloco IV una cantidad de 420 talentos, además, habla obtenido permiso para edificar un gimnasIO, establecer un centro Juvenil (<<efeblo») y que se les diera a los
Jerosolimitanos la cludadanla antloquena Todo ello mediante otra donación de 150 talentos (2 Mac 4, 7-9),
Podría pensarse que sólo se trataba de adoptar algunas costumbres griegas, pero Sin modificar para nada el estatuto de Judea Sin embargo, hay que subrayar que el gImnasIo y el efeblo son inStitUCIO- nes muy concretas que formaban parte Integrante de la ciudad griega En efecto, para gozar de sus derechos civiles, el ciudadano tiene que sufrir el entrenamiento del efeblo y, cuando sale de él, presta Juramento de fidelidad a su ciudad, sólo la inSCripCión en el registro del efeblo permite al Joven entrar con pleno derecho en la Vida civil Se trata por tanto de una institUCión que afecta directamente a la comunidad cívica y a su renovación Además, el gimnaSIO, que acompaña a esta práctica, consti- tuye la base de educaCión de los Jóvenes tanto en el plano Intelectual cQmo en el orden fISICO, y supone la práctica del deporte, de la desnudez y del cum- plimiento de ciertos ritos religiOSOs Por eso, la instalaCión de un gimnasIo en Jerusalén suponía que los Judíos se formarían allí al estilo griego Por otro lado, la desnudez les obligaba a disimular la CircunCISión mediante falsos prepUCIOS, lo cual sig- nificaba renegar del signo por excelenCia de la alianza La expresión (,antloquenos de jerusalén»
(que aparece tamblen un poco más tarde, en 2 Mac 4, 19) resulta enigmática, qUizás se trate de que había en jerusalén un grupo de Judíos organizados como po!lteuma (o sea, un cuerpo estr-ucturado, con sus instancIas representativas, como una fuerte minoría étnIca y cultural en el interior de una Ciudad), cuyo nombre \se derivaba del de su sobe- rano, a no ser que se trate de que se habla formado en lerusalen una verdadera Ciudad griega, llamada Antioquía, a la que podlan adherirse los Judíos que aceptaban adoptar las costumbres griegas, sobre todo los Jóvenes alistados en el efeblo y el gimna- SIO
Como se ve, todo esto modificaba parCialmente la carta concedida por Antíoco 111 y sean cuales fueren las modalidades exactas de la Introducclon de las costumbres griegas, hay que reconocer que el comienzo del reinado de Antíoco IV está marcado por la adopCión de una nueva forma de vIvir por parte de algunos Judlos, aspectos de un arte de VIVir que va acompañado de referenCIas mitológicas y paganas, Juzgadas por los aSldeos como una trans- gresión de la ley La serie de aconteCimientos muestra que esta diVISión entre los Judíos no se limitaba a una cuestión de argucias religiosas o de gustos culturales, SinO que Iba a desembocar en una verdadera ruptura y en agitaciones muy serias En efecto, al cabo de tres años (1721171 a C), el mismo Jasón se VIO sustituido por el hermano del Intendente del templo, Menelao, que mediante el ofreCimiento de 300 talentos suplementarios al so- berano (ya que era él qUien aportaba el tributo) obtuvo ser nombrado sumo sacerdote (2 Mac 4 23-24) Poco despues, de nuevo en Antloqula (2 Mac 4, 32-34), contribuyó al asesinato del antiguo sumo sacerdote Onlas111, que segUla reSIdiendo allí y que le habla echado en cara haber dilapidado los bienes del templo Menelao, acusado ante el rey por sus compatriotas, logró disculparse (2 Mac 4, 43-47)
En el otoño del 169 a C, durante una campaña de Antíoco IV contra Egipto, COrriÓ el rumor de su muerte jasón se aprovechó entonces para atacar a Jerusalen e Intentar expulsar a Menelao, fue recha- zado y tuvo que hUir (2 Mac 5, 5-7) Antloco pensó que se trataba de una sublevaCión y se dirigiÓ contra lerusalen tomándola y haciendo numerosas vlctlmas Flavlo Josefa nos da una VIS Ion algo dis- tinta de estos hechos aunque las confUSiones de su relato nos lo hacen poco utilizable (Al 12, 237- 247) Sin embargo, segun el, Menelao habna recI- bido el apoyo de los tabladas y era por tanto partldano de Antíoco, mientras que jasón, que ha-
bía gozado del apoyo popular de Jerusalén, se había mostrado más bien favorable a los lágidas (además, después de su fracaso, se refugió en Egipto: 2 Mac 5, 8). La represión que había llevado a cabo Antíoco IV habría tenido entonces como motivo una sublevación en favor de Egipto, dirigida por el sumo sacerdote depuesto.
Para resumir estos acontecimientos, que tan di- fíciles son de reconstruir, podemos decir que había en Jerusalén dos motivos de disensión que no coin- cidían entre sí. En primer lugar, los judíos estaban .divididos a propósito del helenismo en dos faccio-
nes que podríamos llamar de los filohelenistas y de los asideos; los primeros parecen estar ampliamente favorecidos por dos sumos sacerdotes sucesivos y rivales entre sí, Jasón y Menelao. Por otro lado, las dificultades del reinado de Antíoco IV sugieren la existencia de un partido pro-Iágida, apoyado anti- guamente por Hircano el tobíada y por Onías 111, luego por Jasón y quizás por una parte de la pobla- ción que se había olvidado de la dureza de la administración egipcia; frente a ese partido está el partido pro-seléucida, sostenido por los tobíadas, Menelao, y por el grupo de los que se designan como «antioq uenos de Jerusalén» .
B. La persecución de Antíoco IV Epífanes
Las divisiones que surgieron por la seducción del helenismo no eran sino el prólogo de una crisis mucho más violenta que habría de desencadenarse poco después de la subida al trono de Antíoco IV Epífanes. Este soberano, hermano menor de Seleuco IV, había permanecido algún tiempo en Roma como rehén en cumplimiento de las cláusulas del tratado de Apamea. Sustituido por su primo Deme- trio, vivía en Atenas cuando fue asesinado Seleuco;
pudo entonces proclamarse rey con el apoyo del soberano de Pérgamo, Eumenes 11, y quizás también del de Roma. Personalidad compleja, es objeto de juicios diversos y la tradición antigua veía ya en él un desequilibrado (Polibio, 31, 9); los escritos ju- díos lo consideran como el prototipo del persegui- dor y lo presentan como un megalómano que des-
preciaba al mismo Dios. La literatura Cristiana si- guió esta misma orientación y ha reconocido en él una figura del Anticristo.
1. la política exterior de Antíoco IV Epífanes
Sea lo que fuere de su reputación, los hechos demuestran que el soberano quiso emprender una política de reformas. Empezó por la conquista de Egipto, aprovechándose de la crisis de sucesión que a menudo desgarraba la dinastía de los lágidas. En efecto, el reino estaba dirigido por regentes que gobernaban en nombre del joven Tolomeo VI, que
se había convertido en rey a la muerte de su padre en el año 180 Por razones que no conocemos, estos regentes parece ser que le declararon la guerra a Antíoco IV en el 170 Este último comenzó las operaciones en el 169 y, después de una campaña fácil, llegó a ocupar Menfls Al mismo tiempo, un motín que se SUSCitó en Alejandría llevo al poder a un hermano de Tolomeo VI, Tolomeo VII Euergetes 11, apodado Fyscón (<<el hmchado») Al año SI- gUIente, Tolomeo VII pidiÓ la ayuda de Roma, mientras que Antíoco IV volViÓ de nuevo y tomo el título de rey de Egipto Entretanto, un embajador del senado romano, M Papilla Lenas, tras la notiCia de la victOria defmltlva obtenida por Roma contra Ma- cedonia, se dirigiÓ a Egipto en los últimos días de JuniO del 168 y obligó a AntlOco IV a cesar en sus propÓSitos Como estaba en deudas con Roma, ya que las deudas tributarias de Antíoco 111 segUlan sm estar pagadas, ante la amenaza de una nueva gue- rra, tuvo que ceder y abandonar sus conquistas Los obJetiVOs de la diplomaCia senatorial eran claros, después de denotar a Macedoma, Roma pretendla mantener su protectorado sobre las Ciudades de Grecia y temla que un reforzamlento del poder seléuclda pudiera constituir una amenaza para su influenCia en el Mediterráneo Oriental, la guerra contra Macedonia habla Sido emprendida precl~a
mente para frenar las aspiraciones del soberano antlgónlda, Perseo A Roma le Interesaba proteger por ello a Egipto ---con su riqueza proverbial, pero prácticamente débll- y detener las empresas de los seléucldas
En este momento es cuando comienza la polí- tica de represalias de Antíoco IV respecto a Judea (ef Dn 11, 21-30) Sin embargo, el encadenamiento exacto de los aconteCimientos resulta dificil de re- constrUir, ya que 1 Mac y 2 Mac se refieren a veces a hechos dIstintos y, en todo caso, no mencIonan con claridad las dos campañas egipcias del sobe- rano seléuclda, tal como los datos sacados de las
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fuentes griegas nos permiten reconstruirlas En efecto 1 Mac solo conoce una campaña que pa- rece corresponder a la del año 169 (1 Mac 1 16-24), mientras que 2 Mac habla de una segunda sm hablar de la primera, esta incoherenCia puede probablemente Imputarse al abreViador de Jasan de Crrene (2 Mac 5 1-3 11) Por su parte, Flavlo Josefo amalgama en un solo relato las dos expediCiones de Antloco IV, pero relata la Intervenclon romana que Ignoraban los dos libros de los Macabeos (Al 12 242-246)
A pesar de las numerosas incertidumbres que siguen en pie, podemos proponer la reconstrucClon sigUIente Antloco IV habna venido a Jerusalen con ocaslon de la primera guerra en el 169 y habna despOjado entonces al templo de sus riquezas (1 Mac 1, 21-23,2 Mac 5 15-16, ef Al 12(247) Se Ignora sobre que recayó entonces el pillaje ¿se trata de lo que no pudo coger antes Hellodoro? Es poco probable, en la medida en que los sumos sacerdotes \asón y Menelao na'Olan acabado segu- ramente con las reservas del tesoro cuando ofre- cieron sumas Importantes al soberano para obtener el sumo pontificado Sm duda Antloco IV Intento obtener más tomando todo lo que quedase y lle- vándoseademas algunos utensiliOS del culto (1 Mac 1,21-23,2 Mac 5 15-16) Sm embargo, la Cifra de 18000 talentos que menciona 2 Mac parece bas- tante exagerada (2 Mac 5 21)
1 Y 2 Mac no explican la causa de esta acclon elemento superfluo para los autores que conSideran que de todos modos Antíoco IV fue el persegUidor del judalsmo Notemos Simplemente que la agita- ción que parece haber remado entre los judíos basta para Justificar esta voluntad de represalias Añadamos que no se trata de un movimiento ais- lado ya que por aquella época el soberano tuvo que castigar tamblen a los Ciudadanos de Arados que se hablan sublevado (H SeYrlg,Aradus sous les
mis séleucides: Syria 28 [1951] 199). Por otra parte, las dificultades de la tesorería seléucida, los sa- queos hechos por Antíoco en otros santuarios de su imperio, todo esto indica que no retrocedía ante los expedientes con tal de llenar sus arcas. En este caso concreto, podemos admitir que se trata de un gesto político sin connotaciones religiosas concretas.
Al año siguiente, corrió el rumor de que Antíoco IV había encontrado la muerte en Egipto; se trataba sin duda de una exageración de la derrota diplomá- tica sufrida ante los romanos. Jasón, que había estado hasta entonces refugiado en Transjordania, quiso aprovechar aquella ocasión para echar a Me- nelao de Jerusalén; gozando de las simpatías de bastantes habitantes de la ciudad, no habría vaci- lado entonces en matar a sus adversarios, aunque sin éxito, ya que Menelao pudo mantenerse refu- giándose en la ciudadela. Antíoco IV, que volvía por entonces de Egipto y sin duda irritado después de la humillación que acababa de padecer, inter- vino nrutalmente para restanlecer el orden en la ciudad. La cifra de 40.000 muertos y de 40.000 prisioneros vendidos como esclavos es probable- mente exagerada (2 Mac 5, 14), pero puede muy bien suponerse que el soberano, después de su humillante fracaso, temía que se despertaran en Judea las simpatías con los lágidas; quiso por tanto restablecer su autoridad acabando con todos los que pudieran oponérsele.
2. La introducción de la liturgia griega en Jerusalén
Sin embargo, los signos de hostilidad contra los judíos no iban a detenerse allí, ya que en el año 167 Antíoco IV envió tropas a ocupar Jerusalén; los textos indican que esta acción no se llevó a cabo sin violencias (1 Mac 1, 29-32; 2 Mac 5, 23-26). Un
detalle que nos ofrece el autor de 1 Mac nos deja comprender mejor el sentido de este suceso: «Des- pués convirtió en acrópolis la ciudad de David, rodeándola de fuertes torres y una muralla alta y maciza. Instalaron allí a gentiles perversos, judíos renegados que se fortificaron allí; almacenaron ar- mas y víveres» (1 Mac 1, 33-35a). Flavio Josefo indica que esa ciudadela o acrópolis recibió el nombre de Acra (Aj 12, 252). De este modo, An- tíoco impuso una guarnición griega, sin duda para vigilar la ciudad que seguía mostrándose turbulenta.
Además, por aquella misma época el rey intro- dujo en Jerusalén los cultos griegos. Según 1 Mac, el 15 del mes kisleu del 167 a.
c.,
mandó levantar sobre el altar de los holocaustos otro altar destinado a recibir los sacrificios paganos; los judíos se vieron obligados a dejar de observar el sábado, a comer alimentos prohibidos y a no circuncidar a sus hijos (1 Mac 1, 44-59). Según 2 Mac, hizo erigir en el templo una estatua de Zeus Olímpico, ordenó la celebmción ~ sauikios paganos '1 autofizó \a prostitución sagrada; quedaron suprimidas las fies- tas judías y sustituidas por celebraciones mensuales en honor de Dioniso; quedaron proscritas las pres- cripciones relativas a la pureza alimenticia y a la circuncisión (2 Mac 6, 2-10; d. Dan 11, 31.36-39).Si nos fijamos en cada uno de estos elementos, comprendemos ante todo que el soberano quiso, bien por la erección de una estatua, bien por medio de un nuevo altar, introducir el culto a Zeus Olím- pico en el templo. Dios eminente de los griegos, Zeus representaba los valores del poder y de la autoridad; el epíteto de olímpico recordaba sus prerrogativas sobre las demás divinidades y su as- pecto uránico. (es decir, dios del cielo); en Siria fue identificado con Baal Shamin, dios soberano, dueño de las tempestades y de la fecundidad. Estos as- pectos podían aparentemente aproximarlo a Yavé que, desde la época persa, era designado en los
textos Judíos como «el DIOS de los cielos» En estas condIciones, cabe admitir que Antloco IV quena introduCir en Jerusalén una divinidad Slncretlca en la que fueran capaces de reconocer los JUdIOS, los SIriOS y los griegos la emanación de un dios sobe- rano Sin embargo, es posible dar otra interpreta- ción que explica las afirmaCiones de On 11, 36-37, según las cuales el rey se habla puesto por encima de los dioses, En efecto, los textos indican que el Ciclo de fiestas tradicionales había sido sustituido por un calendario que destacaba las manifestaCio- nes en honor del rey y las procesiones dionisIacas (ef On 7, 25) Se sabe que los soberanos helenistas eran objeto de un culto con desarrollos muy com- pleJOS y con ceremonias propiamente dionisiacas, directamente estImuladas por el poder (concreta- mente, la costumbre de celebrar los aniversariOS reales, recogida de la tradición aquemenlda), Junto con otros cultos diversos rendidos espontánea- mente, bien sea por las ciudades o bien por las cofradías vinculadas a menudo con el culto a 010-
nISO, además, el rey era venerado en los gimnasIos asociado a Hermes y a Heracles A veces se Intro- dUCla la estatua del soberano en un templo a título de
syn-naos
como huésped del dIOS Estas devo- ciones indicaban que se consideraba al monarca como un ser extraordinario, que partiCipaba de las funCiones salvíflcas y protectoras de los dioses y aseguraba por ello mismo el equilibrio de la socie- dad y la prosperidad del reino Según estos detalles, puede explicarse el gesto de Antloco IV de la sigUIente manera. habría considerado al DIOS ve- nerado en Jerusalén como una reproducción del Zeus OlímpiCO, ya que esta aSimilación parecía perfectamente legítima Confiando en la colabora- ción de los Judíos helenistas, habna pedido que lo acogieran en el templo comosyn-naos
del {( DIOS de los cielos», Imponiendo al mismo tiempo la con- memoracIón de sus aniversariOS y la celebraclon de sacrificIos en su nombre sobre el altar de los holo- caustos22
Más dificil resulta captar las razones que pu- dieron Impulsar al soberano a actuar en este sen- tido En este aspecto se presentan dos interpreta- ciones divergentes La primera sigue a la tradIción misma Judía «El rey decretó la unidad nacional para todos los súbditos de su ImperiO, obligando a cada uno a abandonar su legislación particular» (1 Mac 1, 41) ASI, pues, Intentando frenar una deca- denCia que el reinado de Antloco 111 no habla logrado detener más que Imperfectamente, pero limitado en sus ambiCiones en el mar Egeo por los romanos y amenazado por la secesión de las satra- plas orientales, Antíoco IV habría luchado contra el debilitamiento de su poder entablando una politlca de helenlzaclon autOritaria, destinada a ofrecer a su ImperiO la base de unidad que le faltaba Enfrentán- dose con las quejas de los Judlos y con los riesgos de sedlclon que presentaba Judea, se habría apo- yado en el partido helenista y habna perseguido a los observantes que rechazaban el culto real y de este modo mostraban que pensar que Antíoco IV, epicúreo y por tanto escéptICo ante todas las mani- festaCiones de piedad y de deVOCión, era Incapaz de fanatismo, su filohelenlsmo no era más que un elemento de su polltlca exterior, inspIrado por su preocupación de propaganda ante las ciudades de Grecia; por otro lado, en un Inmenso ImperiO, de tradiCión multinaCional, una política de helenlza- clan autoritaria habna Sido un contrasentido Por consiguiente la iniCiativa de un Sincretismo reli- gioso habna venido de los Judlos helenistas y ha- bnan Sido ellos los que persiguieron a los aSldeos para mantener la pOSICión privilegiada que les ase- guraban sus relaCiones con el poder seleuclda
Vemos que la primera interpretación guarda cierta referenCia con la Imagen del persegUidor tal como la desarrolló la literatura macabea, al contra- riO, la segunda destaca las diVISiones Internas del Judaísmo y ve en la CrISIS una especie de guerra Civil, en la que el soberano no interviene más que
al ver comprometida la integridad de su territorio.
Resulta difícil encontrar una tesis media, ya que las fuentes, partidistas sin duda alguna, no nos permi- ten recurrir a los matices que serían indispensables para obtener una sana interpretación de la situa- ción. De hecho, el único elemento que sigue siendo objetivo es el estatuto jurídico. Efectivamente, re- cordemos que la carta de Antíoco 111 reconocía el carácter específico del culto judío, pero el incidente de Heliodoro y la estancia forzada de Onías en Antioquía muestran que, desde el reinado de Se- leuco IV, se habían apretado las riendas fiscales.
Suele afirmarse que Antíoco IV había violado la carta concedida por su padre suprimiendo la liber- tad religiosa de los judíos, pero hay que subrayar que al establecer la nueva liturgia en el templo, en vez de hacer levantar otro santuario, mantenía el principio de la unicidad del lugar de culto; en compensación, obligaba por ello a toda la pobla- ción a participar en las manifestaciones paganas, concretamente en los sacrificios mensuales de co- munión ,d. 2 Mac 7, 42}. P~obab\emente nay que pensar que las subvenciones concedidas al templo se pagaban puntualmente, pero en beneficio exclu- sivo del nuevo culto. En estas condiciones, la cir- cuncisión y la observancia de las reglas de pureza alimenticias quizás no estaban prohibidas en cuanto tales, pero los que las seguían estrictamente se negaban a participar en el paganismo y de este modo resultaban sospechosos de traición al sobe- rano. Por tanto, cabe admitir que lo que el autor de 2 Mac interpretó en términos de persecución, en función de su teología del martirio, fue esencial- mente una represión política emprendida por insti- gación de Antíoco IV, probablemente con la ayuda de los judíos helenistas o por lo menos con su aprobación.
Por consiguiente, la crisis que explotó en el año 167 a. C. se presenta como el resultado de varios factores heterogéneos: por un lado, el deseo de una
facción judía de abrirse al helenismo, que tropieza con la oposición de los asideos y revela los gérme- nes de división que ya entonces existían en el judaísmo; por otro lado, el empeño de Antíoco IV de luchar contra las fuerzas centrífugas que mina- ban su imperio, apoyándose en los partidarios del helenismo. Lo que, desde el punto de vista del historiador, puede parecer una peripecia debida a las implicaciones religiosas de la acción política, fue interpretado en los ambientes religiosos judíos como una persecución, según una lectura provi- dencial del acontecimiento. Sin embargo, los que se oponían al soberano seléucida no eran solamente los que murieron como mártires, ya que al mismo tiempo surge una facción partidaria de la acción directa.
3. Los comienzos de la insurrección armada
La resistencia armada contra la helen ización habría partido de un pequeño grupo en torno a Matatías y a sus hijos. 1 Mac nos dice que Matatías era un sacerdote del linaje de Yoarib, natural de Modín (localidad situada al noroeste de Jerusalén), que tenía cinco hijos: Juan, Simón, Judas (apodado macabeo), Eleazar (o Lázaro) y Jonatán. Obligado en Modín a sacrificar según el rito griego, había matado al emisario real y había huido al monte con sus hijos y algunos partidarios (1 Mac 2, 1-4.15-28).
Se había unido entonces a los asideos y había emprendido expediciones de castigo contra los he- lenistas (1 Mac 2, 42-48). Al cabo de unos meses, sin duda a principios del año 166, Matatías murió dejando el mando a su hijo Judas macabeo (1 Mac 3, 1).
Los detalles de las operaciones realizadas por Judas a partir del año 166 hasta la purificación del templo (25 de kisleu del 164), están expuestos en
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los relatos de 1 y 2 Mac, Sin embargo la cronologla exacta de estos combates es dificil de reconstruir en la medida en que los relatos esta n llenos de confu- siones debidas a un cierto laconismo sobre los acontecimientos que sobrevinieron en el ImperiO seleuclda Estas confusiones se deben en gran parte a una Interpretaclon apriOri del momento y de las Circunstancias de la muerte del soberano persegUi- dor
Poco Importa aqul un analisls minUCIOSO de los sucesos, conviene simplemente observar que en primer lugar Judas obtiene una victOria sobre Apo- lonlo el general de Samarla que por lo ViStO habla acudido con una pequeña tropa Luego vence a Seron llegado de Siria en la cuesta de Betoron (1 Mac 3 10-24) Otro eJercito, enviado por el general
Tolomeo y mandado por N Icanor y Gorglas fue derrotado por Judas cerca de Emaus (1 Mac 3, 38-40, 40 1 24, 2 Mac 8 8-24) El año 164 a
e,
LISias el hombre de confianza de Antloco IV to- maba personalmente el mando de un nuevo eJer- CitO pero tuvo que ceder ante ludas cerca de Betsur y se retiro a AntloqUla (1 Mac 4 28-3S, 2 Mac 11 1-12) Basado en estos ex Itas ludas pudo apode- rarse del templo proceder a su pUrlflCaClon y resta- blecer el culto yavlsta en su integridad y pureza, el acontecimiento deberla conmemorarse por una fiesta anual la Hanukka (1 Mac 4, 36-S9, 2 Mac 10 1-7, ef 2 Mac 1 18, 2 16)
Esta vIctOria aparentemente faClI, de
Judas
Ma-cabeo se explica por los problemas que por aquel
La sublevaclon de Matatlas segun un manuscrito del siglo XV
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entonces preocupaban al gobierno seleuclda En efecto Antloco IV habla partido a comienzos del año 165 a
e
para una campaña contra los satrapas superiores (es deCir la alta ASia) dejando a LISias en Antloqula para asegurar el gobierno y la protec- clon de su Joven hIJo Segun el autor de 1 Mac y Flavlo Josefo el proyecto mencionado habla Sido debido unlcamente a la amblclon del monarca (1 Mac 3 28-31, Al 12 293-294) De hecho parece ser que Antloco IV qUIso renovar la «anabasls» de Antloco 111, apreciando Sin duda la fragilidad de la obra de su padre quena con esta expedlclon oriental someter de nuevo a su obediencia a los satrapas de Armenia y de Media para volverse luego contra los partos Pero pronto encontro la muerte en circunstancias oscuras qUizás al Intentar saquear un templo (1 Mac 1 13-17, Poliblo 319, Aplano 5ynaka 84), Sin embargo este detalle re- cuerda demasiado de cerca las Circunstancias de la muerte de su padre y qUlzas se trata tan solo de un doblaje En todo caso es poco probable que el soberano nublera quedado mortafmente nerldo por la noticia de la pUrlflcaclon del templo de jerusalen (1 Mac 6 1-4, 2 Mac 9 4-1028-29, Aj 12 356- 357) En efecto SI se reconstruye el orden eronolo- glco de las cartas ofiCiales que figuran en 2 Macvemos que el rey envió primero una carta de am- nlstla (2 Mac 11 27-33), dlrlglendose a los ancia- nos Antloco IV concedla la Impunidad a los que depUSieran las armas antes de febrero /marzo del 164 a
e
y autorizaba las prácticas alimenticias conformes con la Torá Otra carta firmada por LISias con fecha de febrero/marzo del 164 le con- firmaba al pueblo Judlo la apllcaclon de las orde- nanzas reales (2 Mac 11, 16-21) ASI, entre las dificultades suscitadas por la revuelta armada, Me- nelao habla tenido que intervenir para pedirle a Antloco IV que revocara su declslon Ademas una embajada romana, que habla venido a Informarse de la politlca del soberano seleuClda y de sus empresas en el alta ASia, habla intervenido en favor de los Judlos (2 Mac 11 34-38) Todos estos suce- sos muestran Sin embargo que judas y sus seguido- res no hablan aceptado deponer las armas Además a pesar de la oscuridad que rodea a la muerte de Antloco IV, parece ser que, al caer enfermo, pero con esperanzas de curaClon, habla escrito a LISias para anunciar ofiCialmente que asociaba a su hiJO al poder (2 Mac 9 20-25, las menciones relativas a los Judlos fueron probablemente añadidas luego por la tradlClon Judla) MUrlo en noviembre/diCiembre del 164 o a comienzos del 163 ae
c. La guerra macabea
La CrISIS pareCla haberse superado con la pUrlfl- caClon del templo de la liturgia pagana y con la amnlstla concedida por Antloco IV Sin embargo judas y sus hermanos prosegUlan su InsurrecClon y
haClan una guerra que se habla convertido en «pa- trimoniO familiar» hasta llegar a conseguir la auto- nomla de judea
Esto puede llevarnos a preguntarnos por sus
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objetivos Esos acontecimientos demuestran que los as Ideos se desolldarlzaron de su acción y se con- tentaron con la libertad religiosa que ya hablan alcanzado
1. Judas y la prosecución de la guerra
Una vez pUrificado el templo, judas llevó a cabo durante los primeros meses del año 163 a C unos cuantos golpes de mano en Idumea y Galaa- dítlda para proteger a los judlos, minoritarios en aquellas reglones, que sufrían vejaCiones y abusos por parte de las poblaciones locales (1 Mac S, 2 Mac 12, 1-37) Pero judas tenía que culminar sobre todo sus ventajas procurando apoderarse del Acra La guarnición pidiÓ ayuda y acudiÓ LIsias, acompa- ñando al Joven Antíoco V. En otoño del año 163, los judíos toparon con el ejérCito griego en Betsur (al suroeste de jerusalén); según 1 Mac, se trataba de un eJérerto conSIderable, reforzado por un con- tingente de 32 elefantes, ante el cual Judas no tuvo más remediO que retirarse (1 Mac 6, 18-47, que indICa que Eleazar encontró la muerte en aquella ocasión); según 2 Mac, los Judíos obtUVieron en- tonces una victOria (2 Mac 13, 14-17)
Después de aquel choque, Antíoco V trató Sin embargo con los judlos, reconociendo su especIfi- cidad religIosa (1 Mac 6, 57-61,2 Mac 13, 23) Y cesando las hostil Idades. Puede extrañar este cam- bio de los griegos, precisamente cuando se encon- traban en pOSICión de fuerza, pero se explica por las condiCiones generales de la política seléuclda Por lo que sabemos, Antloco IV, al partir hacia las satrapías superiores, había confiado los asuntos co- mentes y concretamente la solUCión del problema Judío a LISias, que tenía además la custodia del prínCipe heredero Al caer enfermo, Antíoco IV creyó más prudente asociar a su hIJO al poder, a fin
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de eVItar toda diSCUSión sucesoria (ef 2 Mac 25-26), pero a punto ya de mOrir deJÓ la regencia a uno de sus próximos consejeros, Flllpo (1 Mac 6 14-15, Al, 12, 360) La llegada del nuevo regente Sin duda con el ejercito y qUizás con los despOJOs del soberano difunto, obligó a LISias a preCipitar la solUCión de los asuntos ludiOS para regresar cuanto antes a Antloqula (1 Mac 6 63, ef 2 Mac 13, 23 Y sobre todo Al 12, 379-380) Algunas alUSiones de los textos indican que Flllpo no logro hacer valer sus derechos y tuvo que refugiarse en Egipto (ef 2 Mac 9, 29) Por conSigUiente, en el año 162 a
e
fue reconOCido el particularismo religiOSO de los judloS y se mantuvo Intacto el prestigio militar de Judas No obstante, una nueva criSIS sucesoria hana saltar esta situación
Vimos anteriormente cómo Antíoco IV se hiZO con el poder tras el asesinato de su hermano, gracias por lo ViStO al apoyo de los romanos Pues bien, Seleuco tenía un hIJO, Demetrlo, que resldla en Roma como rehén en conformrdad con los tér- minos del tratado de Apamea Al conocer la muerte de su tia, este prlnClpe hiZO valer sus derechos al título real, su petiCión fue rechazada por el senado, que prefena ver en el trono seléuclda a un soberano Joven e Inexperto Por otra parte el año 164 habla partido a oriente una embajada romana para eXigir el respeto de las cláusulas del tratado de Apamea, para ello, los legados habían hecho destrUir los barcos pesados y ejecutar a los elefantes, uno de los embajadores, Cn Octavlo, tuvo que pagar con su Vida esta severidad (1631162 a C) Al reiterar Sin éXito sus reclamaciones, Demetrlo se escapó de Italia, tan fácilmente que se sospecha que encontró cómplices en la aristocracia romana, desembarcó en Trípoli de FeniCia el año 162, se hiZO pronto con un grupo de segUidores y se Ciñó la diadema, al llegar a Antloquía, hiZO matar a su primo y a LISias (1 Mac 7, 1-3, 2 Mac 14, 1-2, Al 12, 389, PoliblO, 31,1-8.11-15).