Bases neurocientíficas del cerebro emocional.
El cerebro en el centro de mando de nuestro organismo. Controla y gestiona los pensamientos, las emociones, las habilidades, la personalidad, el comportamiento….
Lo que se considera como inteligencia humana reside en la corteza cerebral, la capa más externa del cerebro de unos 3mm de espesor. Es importante saber que mediante su uso, al pensar, se puede desarrollar como si se tratara de un músculo.
La neurociencia enseña que el cerebro de las personas experimenta un crecimiento, desde el nacimiento, que no termina hasta aproximadamente los 25 años. Su uso potencia el cerebro y es la mejor forma de regenerarlo.
El cerebro se especializa. Cada hemisferio asume un tipo de terminado de funciones. Esta especialización permite que cada hemisferio realice sus funciones específicas con mayor rendimiento. El hemisferio izquierdo es la zona lógica y el derecho es la zona de creatividad.
Pero los dos hemisferios actúan siempre sinérgicamente, intercambiando información a través del cuerpo calloso.
A lo largo de la evolución de los seres vivos, el cerebro ha ido creciendo en funciones y en tamaño. En este proceso evolutivo nuestro cerebro ha ido creciendo en capas, conservando siempre las anteriores. Eso ha hecho que ahora mantengamos, además de nuestro cerebro actual, los que desempeñaron en otras etapas de nuestro desarrollo funciones que siguen resultándonos vitales:
1.‐ El tallo encefálico o cerebro reptiliano, es la zona más primitiva que recoge los impulsos sensoriales que le llegan del entorno ( su sentido más desarrollado es el olfato). Esta zona del cerebro regula lo que el animal necesita para sobrevivir y reproducirse. Actúa rápido, es impreciso y no acumula información. No se puede actuar sobre el
2.‐ El cerebro límbico, localizado en el centro del cerebro alrededor del tallo encefálico con forma de rosquilla (limbus significa anillo en latín).En esta zona se desarrolla la
memoria, y como consecuencia el aprendizaje . Cuando un episodio resultaba negativo se aprendía para evitarlo en lo sucesivo. Se favorecía una toma de decisiones más adecuada a la supervivencia y permitió acelerar la evolución de las especies. Además el sistema límbico rige las emociones, la afectividad y la comunicación con los demás. El sistema límbico es el “corazón” de nuestra persona. Como también registra las experiencias positivas y negativas, es el lugar donde se producen los mecanismos de motivación/desmotivación, recompensa/castigo. Es el cerebro clave en nuestras relaciones con los demás . Cuando estamos atrapados por una emoción
estamos bajo la influencia del sistema límbico. Decide con frecuencia el uso que hacemos de nuestro tiempo, porque la elección de la actividad que se va a desarrollar es más compulsiva (del 50 al 90% de las veces) que lógica.
3.‐El neocórtex es el cerebro cortical de los mamíferos superiores y del hombre. En esta zona cerebral residen los procesos voluntarios y conscientes. Nos permite teorizar, razonar en lo abstracto, inventar, decidir y actuar . Es el cerebro de la conciencia y el libre albedrío. La sede de la inteligencia y el conocimiento. Nos permite el sentimiento y la reflexión, hace posible el arte, las ideas, los símbolos… El que nos hace humanos.
Las emociones, localizadas en el sistema límbico, nos mueven y nos empujan a vivir en interacción constante con el mundo y con nosotros mismos. Son una energía que activa circuitos neuronales, que nos ayudan a distinguir estímulos importantes para nuestra supervivencia.
En todos los organismos, la reacción emocional es un mecanismo puesto en marcha de modo automático, ya que tiene por finalidad realizarse en el menor tiempo posible. La naturaleza ha encontrado con la emoción un mecanismo sabio, eficiente para la supervivencia biológica.
Las emociones activan una parte específica del sistema nervioso (sistema nervioso vegetativo), que consiste en producir, junto con la conducta, toda una serie de cambios paralelos en todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo (imaginad la respuesta de nuestro organismo ante un peligro inminente).
Pero el hombre, frente al resto de todos los seres vivos y gracias a la corteza cerebral, que alberga los mecanismos que producen la conciencia, sabe de o hace conscientes las emociones. Esta reacción consciente es lo que llamamos sentimientos.
Las emociones y los sentimientos son unos mecanismos que juegan un papel importante en el proceso de razonamiento. Los procesos cognitivos en general, se crean en las áreas de
asociación de la corteza cerebral, con información que ya viene impregnada de colorido emocional. Se piensa ya con significados emocionales y de aquí que la emoción juegue un papel fundamental en la toma de decisiones conscientes. Todo esto conduce a que las emociones son como los pilares básicos sobre los que descansan todas las funciones del cerebro.
¿CÓMO CIRCULA LA INFORMACIÓN EN NUESTRO CEREBRO?: DOS VÍAS DE TRANSMISIÓN Hasta la última década del siglo XX la visión convencional de la neurociencia establecía que los órganos sensoriales (ojo, oído, etc) transmiten señales al tálamo y desde ahí, a las regiones del neocórtex, encargadas de procesar las impresiones sensoriales y organizarlas tal y como las percibimos. Una vez interpretadas estas señales en el neocórtex, son enviadas al sistema límbico y desde ahí, las vías eferentes irradian respuestas apropiadas al resto del cuerpo.
Esta es la forma en la que funciona la mayor parte del tiempo. Pero en la última década del siglo XX, LeDoux realizó uno de los descubrimientos más interesantes sobre la emoción y su
dinámica en el cerebro. Junto a la larga vía neuronal que va al córtex demostró la existencia de una nueva vía nerviosa para los sentimientos que eluden el neocórtex (nuestro cerebro pensante), como una especie de “atajo”. Este circuito explicaría el gran poder de los sentimientos para desbordar a la razón.
Esta segunda vía de transmisión, comunica el tálamo con la amígdala a través de una sola sinapsis. Este camino más corto permite que a modo de centinela emocional, la amígdala, que es un almacén de las impresiones y recuerdos emocionales, emita una respuesta, antes de que la percepción sensorial sea registrada en el neocórtex.
Este “atajo emocional” explica que el cerebro racional no pueda ejercer control cuando se presenta una emoción importante. Cuando esto ocurre, entonces se produce una situación de secuestro emocional: el sistema límbico toma el control frente al sistema racional (neocórtex)..
UNA COOPERACIÓN NECESARIA:
El sistema límbico y cortical están en comunicación permanente.
Dos órganos fundamentales en el sistema límbico son la amígdala y el hipocampo. Las últimas investigaciones realizadas por neurocientíficos han determinado cuál es el funcionamiento específico de cada uno de ellos. El hipocampo se encarga de registrar y dar sentido a las pautas perceptivas , dejando los registros/clima emocional a la amígdala. Como dijo LeDoux: el hipocampo permite reconocer un rostro como el de su prima, pero es la amígdala la que agrega el clima emocional de que no parece tenerla en mucha estima. Las opiniones inconscientes son recuerdos emocionales que se almacenan en la amígdala.
El circuito que conecta el tálamo con la amígdala, ante una situación de alarma/urgencia, sólo se encarga de transmitir una pequeña fracción de los mensajes sensoriales (la mayor parte de la información se dirige al neocórtex), registrando una señal muy tosca, la estrictamente necesaria para activar la señal de alarma. La importancia evolutiva de esta ruta directa debe haber sido extraordinaria, por su velocidad ya que permitía ofrecer una respuesta rápida ante situaciones de peligro. Ofrece una respuesta tosca e imprecisa pero decisiva para la
supervivencia.
Además hace falta una adecuada gestión de las emociones. Mientras la amígdala prepara una reacción ansiosa e impulsiva otra parte del cerebro emocional se encarga de elaborar una respuesta más adecuada.
El regulador cerebral de los impulsos de la amígdala se encuentra en el lóbulo prefrontal en el neocórtex. El córtex prefrontal se pone en funcionamiento cuando alguien tiene miedo o está enojado . El área prefrontal es un
modulador de las respuestas proporcionadas por la amígdala y otras regiones del sistema límbico, permitiendo la emisión de una respuesta más analítica y proporcionada.
En la vía de gestión normal de la información sensorial que va del tálamo al neocórtex, los lóbulos prefrontales se encargan de registrar, analizar y comprender esta información siempre que se requiera una respuesta emocional. El lóbulo prefrontal en coordinación con la
amígdala se encarga de dictar una respuesta adecuada. Cuando una emoción se dispara los lóbulos prefrontales ponderan los riesgos y los beneficios de las diversas acciones posibles y apuestan por la que consideran más adecuada: el lóbulo prefrontal derecho es la sede de sentimientos negativos (miedo, agresividad etc) , mientras que el lóbulo prefrontal izquierdo actúa como un termostato regulador de este tipo de emociones.
El tiempo cerebral invertido en la respuesta neocortical es mayor que el que requiere el mecanismo de secuestro emocional, pero ofrece una respuesta de mayor calidad (más juiciosa y considerada).
De esta manera sin el concurso de los lóbulos prefrontales gran parte de nuestra vida emocional
desaparecería, porque sin
comprensión de que algo merece una respuesta emocional, no hay respuesta emocional.
Las conexiones nerviosas existentes
entre el córtex prefrontal y el sistema límbico no sólo resultan esenciales para llevar a cabo un ajuste fino de las emociones sino que también lo son para ayudarnos a navegar a través de las decisiones vitales más importantes: La corteza prefrontal se encarga de gestionar la memoria de trabajo, término que utilizan los neurocientíficos para referirse a la capacidad de atención para mantener los datos esenciales para el desempeño de un determinado problema o tarea.
La importante vía nerviosa de conexión que conecta los lóbulos prefrontales con el sistema límbico, ocasiona que las señales de las emociones intensas , como ansiedad, cólera y
similares, puedan interfirir en la capacidad del lóbulo prefrontal para mantener la memoria de trabajo. Además el neurólogo doctor Antonio Damasio demostró que la conexión existente entre la amígdala y el lóbulo prefrontal resulta decisiva en la toma “racional de decisiones”, porque las emociones orientan en la dirección adecuada para sacar el mayor provecho a las posibilidades que nos ofrece la fría lógica. Una interrupción de la conexión en este circuito supondría una segunda forma de secuestro emocional.
CONCLUSIÓN: EXISTENCIA DE DOS CEREBROS, UNO RACIONAL Y OTRO EMOCIONAL La inteligencia emocional representa un cambio de paradigma. De una cultura apoyada en la idea del hombre racional, de la primacía de la razón, se pasa a otro donde la emoción no está ya sólo en el corazón sino también en la cabeza.
El sentimiento es esencial para el pensamiento y viceversa. Hoy se tienen evidencias científicas de que no se puede tomar una decisión inteligente sin que la emoción participe de ella.
Tenemos dos cerebros y dos clases de inteligencia, la inteligencia racional y la inteligencia emocional y nuestro funcionamiento en la vida está determinado por ambos. La emoción guía nuestras decisiones instante tras instante trabajando coordinadamente con la mente racional y capacitando o incapacitando al pensamiento mismo. Y del mismo modo el cerebro pensante desempeña un papel fundamental en nuestras emociones, exceptuando aquellas situaciones de secuestro emocional.
El intelecto no puede funcionar adecuadamente sin el concurso de la inteligencia emocional y la adecuada complementación entre el sistema límbico y el neocórtex (entre la amígdala y los lóbulos prefrontales) exige la participación armónica de ambos.
Muchas de las experiencia que se consideran esenciales hoy día para trabajar con eficacia (por ejemplo, capacidad para formar equipo, analizar y generar soluciones para problemas,
perseverar, sobreponerse a los contratiempos, etc), constituyen competencias sociales y emocionales.
El trabajo de muchos neurocientíficos (LeDoux, Damasio entre otros) ha evidenciado la conexión entre nuestros sentimientos y nuestros pensamientos de un modo explícito al señalar que las regiones emocionales y ejecutivas del cerebro están interconectadas fisiológicamente, especialmente en lo que concierne a la enseñanza y el aprendizaje.
La inteligencia emocional supone un manejo hábil y simultáneo de la emoción y la razón. El dotar de inteligencia a la emoción y tomar conciencia de los sentimientos, sabiendo manejar una y otros.
VÍDEO MUY INTERESANTE Y DIVERTIDO RESPECTO DE ESTE TEMA:
http://www.youtube.com/embed/gbSfbgCxfPA
Documentación consultada:
José Mª Acosta, Inteligencia emocional en una semana, Centro Libros PAPF, SLU,2011 Goleman, Inteligencia emocional, Kairos,2011
Imágenes obtenidas en la wikipedia y en el libro de Inteligencia emocional en una semana.