Espíritu en Altavoz:
Una reflexión testimonial sobre la identidad, las creencias y el sentido de la trascendencia
Mariana Saldarriaga Name
Trabajo de Grado para optar por el título de Comunicadora Social En el campo de Periodismo
Director
Óscar Manuel Escamilla Valderrama
Pontificia Universidad Javeriana Facultad de Comunicación y Lenguaje Departamento de Comunicación Social
Bogotá
2020
Artículo 23, Resolución 13 de 1946
“La universidad no se hace responsable por los conceptos emitidos por los alumnos en sus trabajos de grado, solo velará porque no se publique nada contrario al dogma y la moral católica y porque el trabajo no contenga ataques y polémicas puramente personales, antes bien, se vean ante ellas el anhelo de buscar la verdad y la justicia”.
Bogotá, mayo 15 de 2020
Decana Marisol Cano Busquets Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana Presentación Trabajo de Grado Ciudad
Respetada Decana.
Por medio de la presente, entrego el trabajo de grado “Espíritu en Altavoz: Una reflexión testimonial sobre la identidad, las creencias y el sentido de la trascendencia” , para optar por el título de Comunicadora Social.
Siendo este trabajo uno de los últimos al culminar mi carrera universitaria, puedo decir que la realización de esta narración periodística, me permitió desde una perspectiva íntima y personal, tratar de definir la dimensión espiritual que habita en cada persona. El enfoque del trabajo, se centró en lograr una multiplicidad de voces, que pudieran explicar un fenómeno grande, e interesante, a través del testimonio de dos jóvenes. El mundo de las creencias es tan rico y diverso, pero a la vez subjetivo, personal y complejo; es por eso que con el ánimo de encontrar más preguntas que respuestas, con mi trabajo quise hacer del periodismo, la herramienta en lenguaje y creatividad, que me permitiera tomar una fotografía reflexiva sobre experiencias de credo.
Este proyecto de investigación se realizó con la asesoría del profesor Óscar Manuel Escamilla Velandia, quien me acompañó en todo este proceso; me permitió tomar caminos de libertad y autonomía para su realización y encontrar una reflexión profunda sobre el oficio del periodista y la responsabilidad ética que debe tener, al separar su trabajo de las preconcepciones personales.
Cordialmente,
Mariana Saldarriaga Name Estudiante Comunicación Social
Bogotá, mayo 15 de 2020
Decana Marisol Cano Busquets Facultad de Comunicación y Lenguaje Pontificia Universidad Javeriana Presentación Trabajo de Grado Ciudad
Respetada Decana.
Presento a su consideración y de la Facultad el trabajo de grado titulado: “ Espíritu en Altavoz: Una reflexión testimonial sobre la identidad, las creencias y el sentido de la trascendencia”, de la estudiante Mariana Saldarriaga Name, para optar por el título de Comunicadora Social.
Mariana se ha puesto en riesgo con esta tesis al trabajar con un material altamente susceptible: el de la religión, las creencias, la fe y la espiritualidad, entre otras pasiones, que puestas en los corazones de dos jóvenes como ella le insuflan aún más ese sentido de peligro inminente. Sin embargo, Mariana logró doblegar no solo sus propias creencia, sino las válidas argumentaciones de ambas fuentes, para ofrecer un panorama amplio de esas percepciones y construcciones de mundos que, como se verá, encarnan miradas opuestas frente a un mismo tema.
Mariana llegó a ese logro mediante el uso de una multiplicidad de voces expertas que fueron explicando a lo largo de la investigación el por qué de ciertas argumentaciones y cómo entender parte de las creencias allí consignadas. El trabajo no pretendía desentrañar siglos de debates sobre asuntos similares, sino poner en discusión ideas acerca de temas cuya sola mención pueden generar tensión y debate.
El logro final es un texto que revela mucho más que a dos jóvenes, pone el debate en un lugar tranquilo y racional que acude a las explicaciones científicas y espirituales para dar cuenta de las creencias de fe que mueven a creyentes de diferentes corrientes religiosas
Atentamente,
Oscar Manuel Escamilla Valderrama Profesor cátedra
Agradecimientos
Gracias a cada una de las personas que han ido cruzándose en mi camino, aportando luz y esperanza a la construcción de mis sueños. A mis papás que trabajan incansablemente para que pueda alcanzar mis metas y sobretodo para que pueda ser una mujer completamente feliz.
A mi hermano que es mi compañero de batallas; a toda mi familia, que son mi puerto seguro.
Gracias a Javier Ruiz, Gabriel Tatar, Alvaro Acosta, y Mario Vivas por llenar este trabajo de la sabiduría de las ciencias sociales. A Mónica Rubio y a Alexandra Nizhelskaya quienes me abrieron su vida y su corazón, para poder contar la forma en que ven el mundo. A Oscar mi asesor, por creer en mí, por rescatarme en mis naufragios en medio de este proceso y por ser un verdadero maestro que me ha dejado profundas enseñanzas sobre la vida y el periodismo.
Dedicatoria Al dueño de la vida, a todos los que buscan respuestas y a los que se aferran a las cosas más invisibles del corazón.
Tabla de contenidos
1. Introducción
2. Título de la investigación 3. Problema de Investigación 4. Justificación
5. Objetivos . 6. Marco Teórico
6.1 Fe
6.2 Religiosidad 6.3 Espiritualidad 7. Metodología
7.1 Tipo de investigación 7.2 Corpus de la investigación 7.3 Delimitación
7.4 Técnicas e instrumentos 8. Producto Final
9. Conclusiones 10. Bibliografía 11. Anexos
7 15 16 22 29 30 30 39 48 56 56 58 60 62 63 159 162 166
1. Introducción
Este mundo es -entre muchas otras cosas- un plano de estímulos y reacciones, de pérdidas y ganancias, de acciones redentoras y de culpas anticipadas: pero sobretodo, de preguntas infinitas que se saborean con el gusto amargo de la incertidumbre. No es este un lugar únicamente de extremos blancos y negros, en el entramado de esa complejidad existencial está ubicado el sujeto, intentando quizás agarrarse de algo que le genere estabilidad, bienestar, placer, felicidad o algo que le permita salir victorioso; sobretodo de ese tedio nocturno, ese gélido aire de las noches de nuestra época postmoderna, que cuando se asoma genera un peso insoportable de pensamientos y ansiedad.
Esa pesadez se cristaliza entre los surcos cerebrales del pensamiento y los conductos arteriales de la emoción, y se agudiza cuando surgen preguntas sobre ¿cómo vivir? ¿está en nosotros mismos la fuente vital para conectar con el cosmos? ¿cómo enlazar lo cotidiano, con lo humano y lo divino? Preguntas que desde la intimidad de la profundidad retumban en el oído interno de cualquiera que haya puesto en duda el propio sentido de su existencia.
Esos interrogantes de la trascendencia son las que nos atañen en este trabajo. Es encontrar cuáles son los matices de la dimensión espiritual, específicamente en la experiencia y testimonio de las dos personas que serán las protagonistas de esta investigación. Es indagar acerca de si es una dimensión de la cual no se puede escapar o de reconocer si es algo de lo cual se puede prescindir.
Generar conversación en torno a temas como la espiritualidad, la religión o la fe, pueden llegar a develar infinitas fotografías de vidas que en pensamiento y formas de actuar pueden parecer opuestas, pero que en el fondo podrían llegar a compartir el núcleo fundamental de lo que no tiene respuesta. En este trabajo será esencial la posibilidad de abrir un diálogo, de plantear preguntas y problemas que al final podrían ni siquiera tener una solución concreta; se trata de no formular verdades absolutas, cayendo en la tendencia de validar o descalificar estilos de vida y visiones del mundo.
No se trata de iniciar este trayecto con la premisa de querer encontrar algo específico al final del camino, sino de transitar junto a los testimonios de dos jóvenes con concepciones distintas de la espiritualidad, por un sendero de intimidad, identidad y esencia. Por un lado el jóven que es católico, pertenece a esta institución religiosa y conduce su vida a través de sus postulados, y por el otro, un joven que tenga una visión espiritual perteneciente a nuevas tendencias, orientadas al desarrollo personal, creadas por sí mismo o simplemente alejadas del constructo histórico de una religión tradicional.
La etapa de la juventud se constituye en un momento de transición y de construcción individual y colectiva; por esta razón se escoge esta etapa de vida para narrar cómo se vive la espiritualidad desde la óptica del jóven. ¿Cómo es el joven de hoy? ¿Se pueden hacer generalidades respecto a sus características? ¿Cuales son sus obsesiones, sus pasiones y preocupaciones? La juventud carga consigo una diversidad de matices heterogéneos; sin embargo por la condición de “madurez en proceso de ser alcanzada”, se encapsula al joven en distintos rótulos o estereotipos.
Esta perspectiva de juventud, de construcción de proyecto de vida, porvenir y visualización hacia el futuro, trae consigo las preguntas acerca de la conducta moral -pautas establecidas por religiones o movimientos culturales- las reglas que se proponen seguir o romper cuando deciden creer o no creer, pertenecer o no pertenecer, o incluso crear nuevas formas para confiar en un proyecto que implica introspección y cuestionamiento.
Con este trabajo me pregunto de manera profunda y con curiosidad: ¿cuál es la relación entre los jóvenes y la espiritualidad? El joven que lidera causas, es abanderado y activista de las mismas, se construye desde lo que percibe, desde sus afinidades o gustos y por ese camino, alejado de aquellas cosas que no lo atraen o lo cuestionan. En todo ello juega un papel importante su núcleo familiar, ya sea por imposición o distanciamiento, su círculo de amigos, los niveles o no de influencia de otros y de influir en otros. Está además el peso de la construcción cultural, los problemas sociales, los anhelos, deseos, creencias y cuestionamientos internos y hasta el sentido de satisfacción interior que puede tener visos morales, al menos para estos casos.
Esto evidente en el joven que sigue aferrado a un proyecto religioso como el católico, o en el joven que construye un proyecto de introspección distinto, de busca otros iconos y discursos;
o incluso en otros desde la construcción personal de un Dios que se asemeje más a sus necesidades individuales, que lejos de un mito fundacional religioso, se acerca a la energía vibracional del universo.
Los ritos, los objetos, las implicaciones de las costumbres o hábitos y las construcciones culturales, son elementos transversales que estructuran y componen una forma
de expresión espiritual particular; pero sobre todo, entre tanto paisaje, poner la mirada profunda sobre una realidad que parece oculta y que le plantea al periodista tanto la necesidad de contar como de decidir qué del fenómeno se cuenta. Como decía el periodista Álvaro Sierra citado en el libro Hechos para contar (2014): “vivimos en un mundo en el que pasan tantas cosas que cualquier persona está ávida de saber sobre ellas. Contar qué está pasando es una profesión, es una especialidad” (p.166).
Para contrastar la riqueza del testimonio basado en la historia de los dos sujetos protagonistas de este trabajo, entrarán diferentes teóricos de las ciencias sociales para explicar cómo opera la dimensión espiritual en el ser humano. Será un ejercicio desde la perspectiva antropológica, teológica, filosófica, psicológica y neurocientífica. El propósito será el de aportar a la discusión que plantea el mismo trabajo, una visión enriquecida desde distintas orillas, abrazando cálidamente la claridad obtenida por las ciencias sociales, cuyo papel histórico ha sido el de ser una “ciencia completa del hombre, que lo abarca desde sus orígenes hasta su destino final. Se trata de seguir al hombre en todas las fases de su desarrollo”
(Bravo, 1993, p.4).
La historia, el contexto económico, social y cultural influyen en la manera en que se presentan en estos tiempos postmodernos los siguientes aspectos: los signos religiosos, los movimientos espirituales, los activismos, las tensiones secularizantes, laicistas y los radicalismos de fe. Más allá del conflicto íntimo que pueden tener los sujetos consigo mismos en la construcción de su experiencia espiritual, es posible encontrar un conflicto exterior, cuando esta construcción entra en choque o contradicción con la sociedad cuando es expresada ante ella.
En el hábito diario de profesar una religión o de confiar en una espiritualidad más ligada al autodominio y la autosuperación, lo que se decreta en acción y palabra, se convierte casi en una declaración política de lo que se es como persona. Una cosa es la vivencia íntima de la experiencia espiritual desde lo privado y otra es la “defensa” o sostenimiento de convicciones desde lo público, sobretodo y en contraste con las creencias de esas otras personas, que en principio se hacen extrañas o incomprensibles. Con este trabajo a través de las armas y herramientas de la narración periodística, será posible acercarnos a las voces, lógicas y sensibilidades de los puntos de vista de esos otros sin la intención de tomar posiciones, sino de poner en evidencia los conflictos juveniles frente a temas como las creencias y la espiritualidad.
Respecto a esta condición casi de periodistas obreros que pretenden romper las paredes que separan a las personas unas de otras, Herrscher (2018) afirma que: “las guerras son posibles, entre muchas causas económicas, políticas y sociales, porque somos incapaces de ver al otro como un otro yo (...) el otro no tiene que ser necesariamente el enemigo ancestral de otra religión o de otra etnia. Pueden ser los jóvenes o los viejos, la gente de otra generación a la que no entendemos” (p.20-21).
Esto último evidencia cómo el ser humano ha optado por rendirse ante la diferencia, cuando irónicamente lo que hace es evitar pensar que quizás con ese otro, comparte un íntimo deseo y es el de pertenecer. El horror es el miedo a comprender de manera profunda y visceral que ese otro que se hace extraño o que es rechazado por no pensar igual, se parece más a mí de lo que pudiera incluso considerar. En este temor se diluye la coexistencia, se van
por el frío tamiz de acero las historias que podrían haber sido compartidas y las realidades interpeladas.
Para algunos, una posible lucha que ha sido planteada desde La civilización del espectáculo (2012) de Vargas Llosa respecto a la expresión de la experiencia espiritual, está entre aferrarse a la propia convicción levantando la voz, o perderse un poco en la presión social, para evitar etiquetas como si desde una u otra orilla tuvieran que guardar en pequeños cajones lo que son. Al plantear este objeto de investigación, también se pretende ver si entre uno y otro existe una intención de comprensión por las vivencias y creencias distintas.
¿Lo que creemos nos define? ¿Somos lo que decidimos habitar en nuestro espacio trascendente cotidiano? ¿Está nuestro destino en nuestras manos, o en la de algún ser superior? ¿Qué tanto somos los responsables de elegir las cosas que nos suceden en este plano físico? Son estas y otras tantas preguntas las que motivan el ejercicio de esta investigación. Por otra parte, es también un reto consigo mismo para alguien que quiere ejercer el periodismo, entrar a escudriñar en materias que lo atraviesan tan profundamente, como ocurre en este caso.
¿Cómo puede el periodista ir ante alguien a que le cuente historias y desnude su esencia, si no va desnudo él también? Cuando se eligen este tipo de temas, tan subjetivos, personales, e incluso intrusivos, es imposible no hacer el ejercicio de choque sobre lo que el mismo periodista piensa y siente frente al tema que lo interpela. Confrontar lo que uno es y lo que uno cree, en quién cree, la madurez de esa creencia, la necesidad que se esconde detrás
de ese apego espiritual o religioso, es una tarea de nunca acabar. Es inacabada porque nuestra capacidad de autoreflexión, muta al compás de nuestro desarrollo biológico y emocional.
Aunque el contador de historias, deja pedacitos de sí mismo en los hechos que está narrando, debe hacer una profunda reflexión sobre su oficio, sobre el conocimiento de sí, para que no se ponga él mismo por encima de los sujetos, ni haciendo juicios de valor que le corresponden únicamente al público al que se debe. Él está ahí para prestar sus ojos, para captar esencias de vidas distintas, sin darle primacía a sus propias sensaciones.
En el libro Hechos para contar (2014) de Lorenzo Morales y Marta Ruiz, Germán Castro Caycedo compartió una enseñanza impartida por Alfonso Alzate, jefe de redacción de La República, cuando este le dijo: “El que le hable a usted de objetividad, ese se quedó en 1700. No le ponga cuidado, no pierda tiempo, no lo escuche. Eso en periodismo no ha existido, ni existe, ni existirá jamás. En cuanto haya seres humanos, cada cabeza es un universo” (p.23). Pero Alzate mencionó también que en el periodismo se manejan dos conceptos: el equilibrio y la precisión; para él no sucede un hecho sin que haya por lo menos tres versiones y así al darle cabida a las tres, se tendrá un relato equilibrado.
Apropiándome un poco de esas enseñanzas, en un acto declaratorio de verdad y en concordancia con lo mencionado anteriormente, afirmo que soy una mujer de fe y que he puesto mi confianza en las arcas de las enseñanzas del catecismo católico. No pretendo esconder lo que soy, la fe y la religión que guían mis conductas morales propias y familiares;
pero lo declaro desde el principio, porque no se puede asumir el ejercicio de este oficio desde el cinismo, como decía Kapuściński (2006). El lector debe saber, sin embargo, que este
trabajo parte de la firme convicción de que esto no se trata de quién cuenta la historia, sino de relatar desde la humildad otra forma de espiritualidad, una en contraste con la propia.
Soy entonces la mezcla del olor quemado de la veladora, de la rosa que floreció delante de la figura maternal de mármol a la que le rezaba todos los días; estoy hecha de pequeñas partículas de sacralidad presentes en el sabor de un pedazo de pan que representaba una nueva substancia, aquella a la que de manera vulgar no podía endulzar con alguna miel cuando pequeña. Soy el canto del pajarito que se posaba en los balcones cuando preparaba un canto y una oración para mi primera comunión, esa canción que mide en su melodía y letra el tamaño de la fe, como si en mi cabeza pudiera dimensionar la pequeñez de un grano de mostaza.
El cuento de la religión es uno que me fue dibujado desde pequeña de muchas maneras. Todo era basado en el ideal del amor; ese que era más grande, inimaginable e insuperable. Era - y a veces sigue siendo - comprar la idea de alguien que apostaría siempre por mí, que sabía lo que me convenía mejor que yo, por el resto de mi existencia; una existencia que en su tiempo limitado y finito, también le pertenecía.
Esa tensión existente con el objeto de amor, se lee entre líneas de lo que quita y lo que da; ¿qué ocurre cuando es el mismo sujeto quien te genera ese amor y odio? En el proyecto de fe, y de religión, es bien sabido el tacto áspero suscitado por la renuncia y la dificultad por la comprensión del sacrificio.
Tantas avemarías recitadas ante el altar de la confianza, nunca faltó entre las manos de mi abuela paisa, el escapulario de María Auxiliadora. Estoy hecha de plegarias propias y de otras elevadas al cielo. La fe con la que crecí, la religión con la que se fue moldeando mi criterio y mi entendimiento, desde lo efímero y elemental, hasta lo más profundo.
El autor que pretende escribir acerca de la vida de otro o acercarse a lo que ha sido su experiencia -frente a cualquier ámbito de su vida- debe saber que no podrá hacerlo sin antes ejercer un ejercicio pleno de vulnerabilidad frente a la construcción y reconocimiento de sí mismo. Sin un cuestionamiento incluso superfluo de su propia necesidad de contar algo, no podrá ir limpio de las máscaras del prejuicio y las ideas preconcebidas. No poner sobre la mesa esta intención de honestidad, sería una profunda falta de humildad de un sujeto que no sabe cómo enfrentarse a ese ejercicio propuesto.
Para entrar a ser una especie de intruso en el corazón humano, en el oficio del periodismo narrativo, el acercamiento debe darse con curiosidad renovada, una especie de marciano curioso, como lo mencionaba el periodista español Miguel Ángel Bastenier. En los ojos desprevenidos, se puede aún encontrar sorpresas donde parece que ya no las hay.
2. Título de la investigación
Espíritu en Altavoz: una reflexión testimonial sobre la identidad, las creencias y el sentido de la trascendencia.
3. Problema de Investigación
En torno a la política, cultura, economía y salud giran algunas de las conversaciones álgidas de la sociedad. La religión por su parte, en conjunto con las nuevas formas de expresión espiritual, de igual manera hacen parte de los debates que se desarrollan en el ámbito público y privado, desde el comportamiento individual y el de las masas. Es a través de la dimensión espiritual, que se configuran muchos de los patrones de comportamiento, los hábitos y la moral con la que actúan los sujetos desde su libre construcción identitaria.
Respecto a esto, teniendo en cuenta nuestro contexto latinoamericano, y la forma en que nos atraviesa culturalmente la religiosidad, el sociólogo Durkheim (1993) afirma:
Existe en la raíz de nuestros juicios nociones esenciales que dominan nuestra vida intelectual (...) son categorías del entendimiento: nociones de tiempo, de espacio, género, número, causa, sustancia, personalidad. (...) Son como sólidos marcos que ciñen el pensamiento. (p. 37) Estos marcos nacen del pensamiento religioso, son producto de la religión y ese es uno de los elementos que nos atañe en el problema de este trabajo de investigación. La religión es un ámbito de la espiritualidad, pero en esta época postmoderna ¿puede haber espiritualidad sin religión? ¿cuales son sus modos de expresión?
Para encontrar respuestas a estas y otras circunstancias en el constante devenir, el ser humano se ha planteado preguntas importantes y trascendentales acerca de su existencia; el tema de cuestionar, está íntimamente ligado al deseo de construir. En las realidades veladas y las preguntas sin respuesta, las personas concretan su primer encuentro con la posibilidad de asimilar el misterio como parte de lo cotidiano, como una conciencia de que quizás no todo ha sido revelado ante sus ojos. Acerca de esto, Zambrano (1973) afirma:
La realidad no es atributo ni cualidad que les conviene a unas cosas sí y a otras no: es algo anterior a las cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio; es la realidad oculta, escondida; corresponde en suma a lo que hoy llamamos “sagrado”. (p.33)
En el desarrollo de esta propuesta investigativa está esa primera realidad de quién y qué es el sujeto, ante esa trascendencia que llega a los límites finitos de su razón. ¿Quién es el humano y qué hace cuando está frente a una energía vital? ¿Qué hace si esa energía vital resulta ser la encargada de la cohesión del universo? ¿Es responsable del universo de todos, o es una especie de paraíso personalmente creado? ¿Esa energía es responsable incluso de su más complejo raciocinio? ¿Por qué el ser humano se ocupa de una realidad que es aparentemente invisible ante sus ojos?
La primera realidad que al hombre se le oculta es él mismo. El hombre anhela salir de sí y lo teme. El mismo que no puede mirarse, se mira desde lo que le rodea. Y los árboles y piedras, aquello que está sobre su cabeza, permanece fijo sobre sus pasos, como una bóveda de la que no puede escapar: el firmamento y sus huéspedes resplandecientes. (Zambrano, 1973, p.32) Si el hombre nace espiritual o se hace, es una de las cuestiones principales que se intentarán develar a través de la narración periodística y la indagación teórica.
El objeto de esta investigación es tener un acercamiento a la construcción de la dimensión espiritual, los efectos en la conducta social, la concepción propia y por ello, está compuesto de múltiples elementos: la parte biológica, psicológica, antropológica, filosófica y teológica. Varios autores han tratado el tema de la espiritualidad y la religiosidad y la han intentado conceptualizar e interpretar.
Sobre espiritualidad Harold Koenig (2008) interpreta la práctica espiritual como forma de concebir cuerpo y bienestar; por su parte Julia Cameron (2018) relaciona la espiritualidad con una energía que conduce a la creatividad. Por otra parte sobre religiosidad, Simkin (2017) cita a Freud (1979) cuando dice que “la religiosidad contribuye a la domesticación de instintos destructivos aunque puede presentar un impacto negativo cuando implica el sometimiento de unas personas sobre otras”. También cita a Ellis (1986) cuando dice que “la religión resulta negativa para la salud mental dado que atenta contra la libertad del ser humano” (p.177).
Teniendo en cuenta estas definiciones otros elementos están también el de la subjetividad y la relatividad, pues claro es que la experiencia espiritual es individual, pese a que en el contexto religioso por ejemplo, se comparten claros signos desde la ritualidad. Sin embargo, poner en paralelo dos relatos de jóvenes que ponen su fe en vivencias distintas -como se pretende hacer en este trabajo- puede llegar a ser una pequeña parte importante de un gran panorama de las creencias actuales.
Por otro lado, la situación de la espiritualidad en la sociedad moderna y post moderna, también es una fotografía de cómo se están configurando o desintegrando las distintas formas de asociación colectiva. Con el mundo hiperconectado y la sensación de libertad -que en realidad puede llegar a ser contraria, debido a la condición homogeneizante y esclavizante de la sociedad capitalista- quedan en el aire por un lado, las instituciones y sus estructuras tradicionales y por el otro, entran nuevas concepciones, desencantamientos o distanciamientos.
Poco a poco los diferentes consensos se han puesto en duda, y aunque nuevos movimientos han surgido, otros tantos tradicionales se han fortalecido. Pero a su vez, ha surgido un rechazo por los dogmas rígidos históricamente establecidos. Es una sensación ambigua, incluso contradictoria, una tensión creciente entre lo nuevo y lo tradicional de aquellos que se pasean de un bando a otro, los que se aferran a lo que ya existe, o los que crean formas distintas hechas a su medida.
La incertidumbre como nuevoethos existencial donde se mueve la mayor parte de la vida cotidiana e histórica en las megalópolis y geopolítica mundial, condición de esta nueva cultura post-industrial que emerge, es el aceleramiento de los cambios, la sensación de inestabilidad constante, el avance real del ritmo del tiempo histórico gracias a las nuevas tecnologías (Parker, 1997).
La búsqueda de sentido y los mecanismos para lograr encontrarlo, resultan muchas veces ser mediadores de relaciones interculturales, sociales e institucionales. Por otra parte, una cosa es la vivencia personal e individual y otra la necesidad de generar o pertenecer a una comunidad en torno a la misma filosofía o estilo de vida. Berger (2004) refiere que la gente considera que sus creencias están garantizadas en la medida en que todos los individuos de su entorno hacen lo mismo, sin embargo la modernidad a través de algunos procesos más fundamentales (migraciones masivas, medios de comunicación de masas, urbanización) socava este tipo de consenso.
Berger (2004) también afirma que:
La modernidad está socavando de manera creciente los entornos sociales en los que se sustentaba lo dado por supuesto, en temas religiosos como en cualquier tipo de creencias. Los individuos se enfrentan con creencias, valores, y estilos de vida diferentes y se ven forzados a elegir entre ellos (p.4).
Esta dificultad para escoger nuevos caminos o para permanecer fiel a un credo, a una deidad, es el núcleo del problema aquí planteado. Las preguntas que me llevaron a querer plantear este objeto de estudio giran en torno a: ¿cómo cambia la creencia de una persona, cuando ésta pasa de ser vivida en la soledad del silencio, a la confrontación en comunidad? ¿cuáles son las diferencias entre creer que y creer en? Enmarcado en una necesidad de “salvación”
¿puede el fiel pasar de creyente a evangelizador? ¿cómo se manifiestan los diferentes tipos de revelación espiritual entre la acción y la fe? ¿sirve la creencia espiritual como un mecanismo para sobrellevar la vida en medio del dolor y el miedo? quién es el sujeto detrás de esa espiritualidad ¿yo o una deidad?
En síntesis el problema de este trabajo es abordar justamente el problema o el conflicto que conlleva vivir de acuerdo a una religión o a una filosofía de vida espiritual. Ver cuál es el papel de la vivencia espiritual en los jóvenes de hoy. Saber qué ha pasado con esas nuevas formas de expresión espiritual, cómo se conforman, de dónde salen, de qué se componen. Y en contraste con ellas, ver qué ha pasado con el papel de la religión católica tradicional.
Observar cómo las ideas de la posmodernidad han cambiado las formas de profesar la fe. Cuál es la vivencia espiritual de dos jóvenes, qué significa para ellos tener esto o no en su vida, qué piensan de las personas que no comparten lo mismo, si han tenido o no algún
tipo de conflictos internos o externos con gente, amigos, sociedad, por defender una causa.
El problema también de mantenerse fiel a ello y las posibles diferencias irreconciliables con ciertos cambios sociales, que en algunos casos incluyen la intromisión de la fe en la ley y la política.
Todas estas preguntas conforman el gran problema que no se podría siquiera pretender solucionar con este trabajo de investigación. Es un tema tan profundo, ambiguo y ambicioso, como para pretender darle solución. Sin embargo, al surgir de un deseo genuino de conocer cuáles son las motivaciones espirituales de las personas, nos sumergimos en el principio más noble del periodismo y es encontrar humanidad, encontrar en el testimonio de alguien más un pedacito de la propia historia; también la confrontación de las propias convicciones en contraste con las verdades de los demás.
El periodismo y la comunicación merecen tener o recuperar en el universo informativo, mediático, un sitio para los narradores a profundidad, que sumergidos en la investigación de manifestaciones sociales y sin miramientos ni artificios, se acercan y ahondan sobre cuestionamientos profundos de los seres humanos. La riqueza radica en la posibilidad que tiene la comunicación y la narración periodística para resaltar, exponer e informar acerca del potencial transformador de los entornos; más allá de las diferencias y las convergencias.
4. Justificación
Esta investigación surge de una necesidad profunda por saber si hay algo más allá de este mundo visible; creer que si hace parte de ese deseo por comprender los elementos que
componen esa visión de lo sagrado, lo que trasciende, el valor de cada acción y el sentido del dolor. La fe y las grandes o pequeñas convicciones son las que llevan a las masas a la acción;
en la sensibilidad inmaterial que radica en los seres humanos, reposa la poesía, el arte, la música. Reposan también las reglas que confrontan, las que cohíben, las que se intentan transgredir por deseo, las que se siguen con total obediencia por confianza de bienestar superior.
En tiempos de postmodernidad, de angustia pero también de oportunidad, son muchas las posibilidades, los lugares, las acciones; son muchas las injusticias, muchos los movimientos, muchas las razones por las cuales aferrarse a una causa. Cuando el mundo material parece insuficiente para superar o sobrellevar el mal que habita en cada uno, es la melancolía la que nos inunda.
En un afán por tomar acción y levantar las banderas de la victoria sobre la incertidumbre, intentamos como seres humanos y como sociedad, comprender la realidad plural en la que estamos inmersos. En un ambiente social caldeado, ha surgido una masa confusa y difusa.
El surgimiento del pluralismo, nuevos movimientos sociales, nuevos movimientos religiosos, tendencias feministas, regionalistas, indígenas; la crisis de grandes instituciones, de partidos políticos, del Estado, los nuevos liderazgos carismáticos neopopulistas; las nuevas formas de asociatividad diversificada y heterogénea, las formas de conformismo, pasividad y consumismo, las subculturas juveniles, las nuevas formas de violencia. (Parker, 1997, p.24) En el narcotismo de la novedad revolucionaria y activista, en la cual todos estamos envueltos, se ha fragmentado la realidad y la confianza. ¿Para qué sirve creer? ¿cómo se puede creer?
¿en quién creer?
En el contexto convulsionado latinoamericano, se hace atractivo analizar e investigar las diferentes maneras en que las personas y las sociedades están atravesadas por un deseo intrínseco de sentido. El sentido y la dirección de ese proyecto va ligado a un concepto de sacralidad que va más allá de la realidad material. Todos esos nuevos movimientos como sujetos sociales están inspirados por esta relación de ambigüedad con la modernidad, en medio del tránsito complejo y contradictorio de una sociedad en vías de industrialización -como la latinoamericana- al plano menos contradictoria y desigual sociedad post-industrial informatizada, que ya está adviniendo en medio de nosotros (Parker, 1997).
Es importante investigar dónde queda la religión, la fe, la espiritualidad y los nuevos movimientos desde la modificación de los hábitos y la conciencia, teniendo en cuenta el entramado cultural y social. El cristianismo desde la religión católica marca y ha marcado la historia de nuestro continente y es interesante reconocer que “uno de los desafíos para América Latina ha sido y continúa siendo, la integración de las diferencias culturales, raciales, lingüísticas y más recientemente con la presencia de nuevas religiones no católicas”
(De La Torre, 2012, p.34).
Estas nuevas religiones, desligadas de la doctrina católica, también se evidencian en las nuevas prácticas espirituales, sobretodo de los jóvenes que estando mucho más abiertos y expuestos a la sociedad hiperinformada, encuentran otros estilos de vida más adecuados a sus expectativas; se convierten a su vez en una amalgama de religiosidad y superación personal.
¿Son estas nuevas religiones? o ¿son mutaciones de las ya existentes?
Renée de la Torre (2012) habla de una especie de nuevos buscadores espirituales que aunque no abandonan las grandes instituciones de la religión: “se sitúan en los intersticios entre el dogma y la exploración de nuevas vías de experimentación de lo sagrado, la atraviesa y la conecta en espacios de intersección, entre campos diversos” (p.508).
En el tema de la religión, las creencias, la espiritualidad, los movimientos sociales, todos se la juegan ganar el chance desde la seducción, el que sea más atractivo o tenga la venta de una idea de bienestar mucho más cómodamente alcanzable; no solo gana quien más adeptos tenga, sino aquellos que tengan entre sus seguidores los dispuestos a la reinvención espiritual, así como ocurre con la religiosidad popular. Esta ha jugado como “práctica que se resiste al orden dogmático y sacerdotal, donde se viven permanentemente los procesos de redefinición y reinterpretación del sentido práctico de la religión” (De la Torre, 2012, p.508).
Son muchos los contenidos temáticos -visiblemente presentes en la sociedad- que justifican el desarrollo de una investigación sobre estas vivencias y dimensiones tan humanas y subjetivas. Para empezar: ¿qué tipo de cosas han llevado a las personas a buscar nuevas espiritualidades contemporáneas? ¿el estrés, la depresión, la resistencia a la frustración? A modo de recuento entonces, entre otros que ya han sido mencionados, los contenidos temáticos que permiten que esta investigación sea pertinente son los siguientes:
1- La creencias humanas en colectivo desde los símbolos compartidos, cómo se pasa de la vivencia personal a la comunitaria y qué es lo que cambia. 2- El jóven que cree pero que es crítico. ¿Hay una diferencia generacional de la fe? 3- Las formas de religiosidad, la institucional y la espiritualidad individualizada. 4- El estilo de vida, qué implica vivir según
esa fe o esa creencia. Prohibición o sacrificio. 5- Las preguntas más elementales y profundas acerca de la vida y la búsqueda de sentido. 6- La palabra y el silencio; en medio del prejuicio social, el estereotipo, el estigma y la espiral del silencio. 7- Acción y fe, los rituales, la movilización social y el activismo. 8- La deidad, su mensaje y qué es lo que exige o pide. 9- Ruptura en la tradición cultural y memoria colectiva. 10- Medios de comunicación, educación, cultura.
4.1 Aportes al campo de estudios de la comunicación
La comunicación como fenómeno sociocultural, estético y narrativo, brinda las herramientas para entender la construcción de identidad, la generación de comunidad;
también el sentido de pertenencia, las posturas sociales, políticas, morales y las creencias espirituales que llevan a los humanos a tomar acción, e impulsados por la masa, optan por movilizarse.
La comunicación es un mundo diverso, heterogéneo, de procesos masivos, de intercambio simbólico. Esta implica un sistema entre un emisor y un receptor; allí existen mecanismos técnicos, que ejercen como mediadores para el óptimo flujo de la información.
Sin embargo, como dice Dominique Wolton (2010), lo más simple queda del lado de los mensajes y las técnicas, mientras que lo más complicado está del lado de los hombres y las sociedades. Es por ello que existen los elementos de control y poder en toda comunicación ejercida. Para crear realidad y permanencia, como lo expone el pensamiento estructuralista de Strauss, Barthes, Saussure y Lacan (1916) citados por López (2016). Su poder, influencia y control, dependen de los resultados que se obtienen con la eficacia de la comunicación misma.
Regis Debray (1994) dice que una misma realidad se puede estudiar en planos que son a la vez distintos y compatibles, lo que demuestra la existencia de un horizonte sociológico y de psicología interindividual en la experiencia de interlocución. Un ejemplo de ello es el lenguaje, con su función de transmisión, de significados y de memoria colectiva. Esto apoya lo expresado por Serrano (2005) cuando afirma que la comunicación es un procedimiento de enculturación, donde se comparte el conocimiento y se da de manera tradicional al ser transmitido de generación en generación.
Este trabajo de grado le puede aportar a la comunicación en cuanto la forma en que se da el intercambio intercultural. Decía Dominique Wolton que no existe ninguna información sin un proyecto de comunicación. Es la comunicación social la que puede entrar a analizar desde un punto crítico y a seguir tendiendo puentes entre personas de posturas tan radicales y tan diferentes, cuando de religión y cultura moral se trate.
4.2 Oportunidad de aporte para el campo del periodismo
El periodismo es o debería ser esa práctica rigurosa cuyo potencial transformador en la sociedad, radica en la necesidad de encontrar desde puntos críticos los encuentros y desencuentros entre información, estilos de vida y percepción de mundo; esa imagen o representación de aldea global construida desde los medios de comunicación. El periodista es una figura influyente, no por el protagonismo en sí mismo, sino por lo que dice Theodor Adorno (2005) cuando menciona la forma en que trascienden los sujetos que informan y que son informados, el efecto social generado por este intercambio y el impacto sobre las audiencias que actúan como receptoras.
En la teoría de las cinco W de Harold Lasswell (1948) el periodista entra en una espiral por entender, analizar, interpretar un acto de comunicación, para así informar o retransmitir la información allí presentada; para ello debe preguntarse qué pasa, cuándo, dónde, quiénes y por qué. La necesidad de estar informados y de conocer, permite a los seres humanos identificarse, establecer vínculos; el periodismo no es más que el medio social creado para suministrar información y para demostrar qué dicen las historias de las maneras de pensar, de los temores, valores y deseos (Kovach y Rosenstiel, 2003).
A través de esta investigación, el interés primordial es aportar a la construcción de una sociedad y de un periodismo que escuche la mayor cantidad de puntos de vista posibles, más en un tema tan complicado como lo es la espiritualidad. Desde la búsqueda de datos, de información, de diversidad de fuentes a quien entrevistar, es posible aportar a los estudios de ese periodismo que regresa a la calle, que sale de la comodidad para ir en esta cultura del encuentro hacia los protagonistas de las historias; se trata en especial de recuperar la importancia de los testimonios y de la investigación. Y por último, también de obtener una visión crítica sobre el efecto que genera en las personas el poder contar sus vivencias personales desde la posibilidad del testimonio, desde la valoración de la experiencia individual.
4.3 Pertinencia social
La pertinencia social de este trabajo, radica en la posibilidad de conocer a profundidad las formas, los medios, las motivaciones que llevan a que en esta época algunas personas decidan poner la lupa de su vida sobre su definición de espiritualidad. Pero lo más importante
que quisiera lograr con este trabajo es recuperar la capacidad de construir puentes, de generar conversaciones desde la tolerancia y el respeto, sobretodo acerca de temas que actualmente atraviesan tan transversalmente la sociedad. Hacer una reflexión profunda sobre cómo las ideas y creencias han creado diferencias y zanjas casi insuperables entre sectores de la sociedad, cuando en realidad son muchas más cosas las que se tienen en común, esto es: la raíz de la espiritualidad y esta es, la humanidad.
Se ha vuelto complicado hablar de religión y de creencias. Algunos han optado por el pantanoso camino de juntar esta materia con otras aún más complicadas como lo son la política, la economía, la sexualidad y las leyes. En el proceso de juzgarse unos a otros es posible que se esté cayendo en la trampa de los extremos, lo bueno y lo malo, lo blanco y lo negro. Un hecho antropológico es que la presencia del otro, solo por su existencia, causa conflicto, pero la realidad es que cada quien está en la búsqueda de una verdad.
En los últimos meses, el mundo entero ha sido puesto en jaque, no solamente por la continuidad de las guerras físicas e ideológicas, sino también por la enfermedad y la muerte provocada por una pandemia. Despojados de la bonanza económica, cultural, social, deportiva y demás, todos los seres humanos han quedado indefensos, ante el reducto vulnerable de lo que verdaderamente son. En esa fragilidad ¿qué le queda al ser? quizás le quede solamente aferrarse a aquello que lo supera, que le genera bienestar, algo sobre lo cual pueda sostenerse. Esa es la máxima de este trabajo, poner la lupa sobre la experiencia inmaterial que está allí, que no se sabe de dónde vino o cuando llegó, pero que no pretende desaparecer.
5. Objetivos
● Objetivo General
Generar una conversación en torno a la forma en que se configura la dimensión espiritual en dos jóvenes con concepciones religiosas distintas, para entender y conocer a través del relato testimonial, cuál es el impacto de las experiencias de trascendencia en la construcción de identidad individual y colectiva.
● Objetivos específicos
- Examinar de manera íntima y profunda el fenómeno de la vivencia o ausencia de espiritualidad en la juventud actual, a través del relato testimonial de dos jóvenes con posturas distintas u opuestas.
- Saber cómo opera la dimensión espiritual en el ser humano, desde la perspectiva antropológica, teológica, filosófica, psicológica y neurocientífica.
- Reconocer si existe o no, algún tipo de necesidad humana detrás de un rito, una creencia o una filiación espiritual.
- Sugerir implícitamente a través de la investigación, una reflexión sobre el oficio del periodista y el desarrollo de su trabajo en contraste con sus convicciones y sus maneras de ver el mundo.
6. Marco Teórico
Este marco teórico expone las categorías fe, religiosidad y espiritualidad, con el fin de que el análisis de estos conceptos sirva para luego identificarlos en las historias de los dos personajes principales, sobre los cuales girará la narración del producto final.
Se hablará de fe desde lo que ella es, sobre qué tiene que ver con la espiritualidad.
Saber qué es la fe será determinante para comprender qué significa confiar en algo, tener esperanza sobre sujetos y sucesos, en una proyección del yo hacia el proyecto de vida personal y colectivo. Por otro lado la religiosidad como lenguaje traductor de la religión, como muestra de institucionalidad que atraviesa, regula y plantea estilos de vida; así como también los elementos de ritualidad, religiosidad dogmática pero también mutante.
Finalmente la espiritualidad como ese elemento que abarca los dos conceptos anteriores, en un intento por hablar de cómo se presenta, cómo se desarrolla y se expresa en la vida humana.
6.1 Fe
La palabra “fe” que viene del latín fides tiene varios usos y significados. Al hablar de fe se puede entender como parte de ese conjunto de creencias de una religión, alguien puede tener fe -o creer- en alguien, en una idea o en un grupo de personas. También tiene que ver con la confianza, es decir, tener buen concepto de alguien o algo. La fe es como una promesa ciega que se eleva desde la seguridad y la certeza verdadera. En cuanto al cristianismo la fe es una virtud teologal, una virtud que implica la aceptación de la experiencia revelada por Dios, propuesta por la Iglesia. Con esto último entonces, se puede deducir que existe la fe sin religión pero no la religión sin fe.
Distintos autores y académicos han hablado de la fe desde ópticas muy variadas. La fe está enmarcada en la realidad del hombre, esto a su vez en la cultura. Para Bravo (1993):
Al conjunto de rasgos distintivos de las múltiples formas de sociedad, lo llamamos cultura.
De ahí que fe, experiencia, historia y cultura son aspectos constitutivos de una misma realidad, la realidad del mundo tal como sale al encuentro de la reflexión del hombre (p.73).
En el proceso de introspección y de reflexión interior, los seres humanos no solamente realizan acciones para conocer la sociedad en la que están inmersos, sino a ellos mismos; un proceso en el cual entran en juego muchos de los discursos que marcan de manera fuerte, las pautas de comportamiento cultural. En cuanto a la justificación de su estructura histórica, en los contenidos de la fe y los objetivos de sus proyecciones, lo esencial es reconocer que ésta hace parte del conocimiento experiencial de la persona. Para lo cual “el punto de partida no puede ser sino antropológico, dado que se trata de un proceso específicamente humano, sujeto a condicionamientos culturales y cuyo objeto primario, es el hombre mismo” (Bravo, 1993, p.3).
En la misma línea de interpretar a la fe como una práctica estructurada, enmarcada dentro de la historia y la sociedad, J.B. Metz (1979) afirma que ésta está: “condicionada por una cultura particular, en la cual se desarrolla y adquiere formas de expresión (eventualmente religiosa), dependientes de esa tradición” (p.91).
En los proyectos de re-ligar a las personas, a manera de cohesión comunitaria como lo han propuesto hacer las religiones, la fe viene enmarcada en un ámbito de esperar algo, con certeza, seguridad y confianza de que será recibido. Puede ser entonces la fe ¿condición
necesaria para poder recibir algo? y luego, cuando eso esperado ya es obtenido ¿sigue siendo necesaria la fe? Es la fe entonces ¿un tipo de amuleto o mecanismo para alcanzar cosas?
La fe está directamente relacionada con el verbo creer y hay tres formas interesantes de conjugarlo; cada una de ellas dice mucho de la experiencia espiritual ligada a creencias.
Estas formas las expuso el profesor Juan de Dios Martín (2014), en un curso de teología sobre la condición de ser creyente hoy. Son tres formas expuestas a continuación.
Primero “creer que”: por ejemplo creer que Jesús es el Hijo de Dios. Y eso, aunque forma parte de la fe, pues no es lo central. Una segunda forma es “creer a”: darle crédito a alguien y aceptar lo que dice o lo que promete. Aquí el término de lo que se cree ya no son verdades, sino que es a una persona. Y una tercera forma es “creer en”: decirle a una persona
“yo creo en ti” es decirle que tiene toda nuestra confianza y posiblemente no podríamos decir eso a nadie de nuestra misma condición; según el profesor, no podemos poner toda la confianza en una persona porque sabemos que nos puede fallar, es frágil y mortal como nosotros.
En la creencia está su antónimo que es la desconfianza, entonces en quién creer.
Aunque para tener fe se necesita razón y no están completamente desligadas una de otra, ésta puede llegar a concebirse un poco más desde la razón, como la confianza que se tiene en la bondad del mundo. Berger (2004) afirma: “no se puede demostrar a la manera como se demuestra un teorema matemático, ni ser defendida en términos de probabilidad del modo de una hipótesis científica” (p.20).
La fe podría ser vista como esa necesidad que yace en el hombre por aferrarse a algo menos imperfecto que él, pero ese algo es invisible o no se deja ver. Sin embargo, para algunas personas las demostraciones son indispensables, sobretodo si esa creencia va atada a alguna especie de Dios; a algunos quizás se les va la vida en la búsqueda de pruebas o razones más críticas para poder creer.
Según Garrido (2019) esto podría tratarse de una necesidad de controlar la propia vida -de pasar a controlar la existencia a dar un voto de confianza en el mundo inmaterial- pues afirma que: “esta racionalización se utiliza como mecanismo de defensa. La persona defiende inconscientemente su miedo a la dependencia, a desproteger el yo, al mundo afectivo, porque en él, experimentamos la fragilidad, lo que no controlamos; el mundo de Dios es por excelencia el mundo afectivo” (p.25).
6.1.1 Hombre, divinidad y fe
El comienzo de la relación del hombre con la divinidad está centrada en la razón, de ella se pasa a una especie de delirio y ese delirio posteriormente se transformará en amor. A la luz de este delirio podríamos ver cómo lo que más tarde va a ser nombrado Dios se hace sentir al hombre. Y declara y denuncia acerca de la condición de la vida humana ¿Que se dé vida, es eso? ¿Qué alguien es ése, cuya vida se siente oprimida por los dioses? Cuando no los hay todavía a qué crearlos; si se les ha creado debe ser por algo ineludible. (Zambrano, 1973).
La relación del hombre con lo divino está atravesada por el conocimiento de la
“verdad”, una verdad revelada de la realidad de la tragedia de vivir humanamente y la realidad de lo que es la divinidad como algo de lo cual es imposible escapar.
Desde los estudios teológicos -encargados de tratar los discursos acerca Dios- se afirma que: él creó a la humanidad hombre y mujer. A partir de la concepción de Dios desde el cristianismo y el catolicismo se afirma que Dios creó al ser con una necesidad espiritual y que esa necesidad espiritual es el Dios mismo. Dios otorga a todos los humanos la posibilidad de creer, por el solo hecho de serlo, el origen de la fe es la presencia de Dios en el hombre y esa presencia es constitutiva de todos los seres humanos, no de unos pocos. (Velasco, 2000)
Según el Youcat (2011) libro de catecismo joven de la Iglesia Católica, la fe radica en:
“responderle a ese Dios, creer totalmente en él, aprender a comprenderle cada vez mejor y aceptar sin reservas su voluntad”( p.24).
Siguiendo esta misma línea del conocimiento, en ese deseo de Dios de querer que sus criaturas puedan hallarlo a él, está intrínseco también su deseo de que ellas mismas encuentren el sentido a la vida. En el devenir de la existencia, el ser humano -entre su orígen y su fin- atraviesa por una cantidad de hechos fundamentales con los cuales dotar de valor esa búsqueda de sentido. Esa búsqueda trae consigo propósito y bienestar pero puede traer a su vez confusión y desasosiego.
Es entonces cuando el hombre se da cuenta que no hay relación con la deidad sin el sufrimiento; cuando el ser choca con los límites de su entendimiento en cuanto al sentido de
su existir. “Nosotros quisiéramos un Dios y una fe suave, armónica, sin conflictos, pero no existe. Si no pasamos por la realidad, no hay fe real y evidentemente, el sufrimiento pertenece a la realidad” (Garrido, 2019, p.35).
Desde la religión católica, la fe se fundamenta en un Dios sacrificado con muerte en cruz, que resucitó y participa en la realidad cotidiana del ser humano; en la experiencia de naturaleza, en la causalidad, retos, o dolores. Para la Iglesia Católica en todo ello hay un mensaje de Dios; desde el catecismo de la Iglesia Católica se exponen siete rasgos de esta fe religiosa: son siete características que luego darán pie en el siguiente apartado al hablar de uno de los modos de expresión actual de la fe, es decir, la fe sin religión.
A saber: 1- La fe es don de Dios que puede ser pedido. 2- Es fuerza necesaria para obtener salvación. 3- Exige voluntad libre y lúcido entendimiento. 4- Es cierta y tiene la garantía del sacrificio de Cristo. 5- Es incompleta mientra no se viva en el amor. 6- La fe aumenta con la oración, una relación e intercambio con la voz de Dios. 7- Permite gustar por adelantado la alegría del cielo.
Con esto presente entonces se puede terminar de completar las características y las implicaciones de la fe religiosa.
La fe religiosa, implica saber que existe una realidad más allá de la realidad ordinaria, cotidiana y que esta realidad situada más al fondo es benigna (...) la fe religiosa implica que hay un destino más allá de la muerte y de la destrucción que, nos espera no sólo a nosotros, sino a todas las personas y a todas las cosas por las que nos preocupamos en este mundo. (Berger, 2004, p.13)
Esto lo refuerza Garrido (2019) al explicar tres niveles a través de los cuales se va profundizando en esa fe. En un primer nivel, responde a instancias externas según el grupo ideológico al que pertenece. En segundo nivel, es donde se descubre una relación con Dios, con una implicación personal. Y finalmente un tercer nivel que incluso podría extrapolarse a un tipo de fe que abarca a aquellas personas que no están ligadas a religión alguna y es, descubrir que la fe tiene que ver con las grandes cuestiones de la existencia y el lugar desde donde se fundamenta la vida.
Dicho esto, Dios puede ser visto como un ser superior, también como una energía creadora; para otros puede ser incluso una energía vital, “un consejero que responde a las necesidades y sentimientos individuales, más que como un juez que condena a los pecadores y bendice a los fieles ” (Tucker, 2002, p.46). Para muchos otros su mente puede ser Dios, es por ello que si mente y conciencia son la deidad individual, muchos se dedican actualmente al pleno control y cultivo de sí mismos.
Esto da pie para continuar con el siguiente apartado; acerca del lado opuesto de la fe religiosa, esa que está puesta en otros lugares, alejándose de las formas y métodos propios y dictados desde el catecismo de la iglesia católica.
6.1.2 Acción y fe en tiempos actuales
En estos tiempos actuales, donde proliferan las distintas causas y donde se enraizan los radicalismos, muchas cosas pasan por la sospecha. Son sospechosos de algo, tanto los que creen en una religión como los que no, los que deciden rezar o los que deciden meditar y los que dirigen sus conductas desde la norma o desde la libertad.
El pluralismo es, otra de las características de nuestra sociedad post-industrial. En América Latina el auge de nuevos movimientos religiosos, nos enfrenta a una situación inédita en un continente tradicionalmente católico. La globalización se manifiesta como desafío para una religión todavía muy marcada por su historia euro-occidental. El desafío de la inculturación de la fe supone el reconocimiento de la fe del otro abandonando los prejuicios dogmáticos y abriendo paso a una forma de acogida del pluralismo que no resulta tan fácil para una institución como la iglesia católica. (Parker, 1997, p. 20)
Es un tiempo de cambio y evidentemente la fe no ha quedado fuera de esa transformación. De lo que se trata es de “aprender a creer en un tiempo en el que la fe ya no es para muchos algo obvio, una realidad que impregna la vida entera desde la cuna hasta la muerte, sino una decisión libre” (Ardusso, 2000, p.1).
Muchos han migrado de una fe institucional, dogmática, como la de la religión católica, a una mucho más íntima, ligando la fe al yo, a poner la fe en la idea de sí. Hombres y mujeres se han separado de la fe puesta en Dios; han cuestionado si necesitan en su vida la fe o no.
Esto lo explica María Zambrano cuando expone el tipo de persecución que pueden sentir las personas respecto de esa divinidad que observa, controla y fiscaliza. Zambrano (1973) afirma que:
En lo más hondo de la relación del hombre con los dioses anida la persecución: se está perseguido por ellos y quien no sienta esa persecución implacable sobre y alrededor de sí, mezclada en sencillos acontecimientos, decidiendo y dictando los sucesos que cambian su vida, torciendo sus caminos, latiendo enigmáticamente en el fondo secreto de su vida y de la realidad, ha dejado de creer en ellos (p.27).
El que cree busca algún tipo de relación: unos con Dios otros consigo mismo, otros con una causa. Unos tantos huyendo de las reglas intentan crear las propias y otros tantos simplemente han dejado de creer que esa entidad de control está externa a su propia conciencia.
Algunos autores afirman que la época actual ha traído consigo una crisis para la espiritualidad, es decir, una crisis de fe específicamente atada al concepto de iglesia:
Vivimos una crisis religiosa, sobre todo en países occidentales, de tradición cristiana. Lo más visible es el descenso de las prácticas religiosas, el deterioro de las creencias y la pérdida de credibilidad de la Institución. Lo más grave de la crisis es una “crisis de Dios” lo que significa sobre todo“crisis de la fe en Dios. (Velasco, 2019, p.3)
Otros autores exponen que la fe existe como condición humana, es decir, está independientemente de si está atada o no a un mito fundacional o a una religión:
La fe hace que el ser humano quiera enfrentar la vida de otro modo; tener fe unos a otros en esta sociedad de sospecha, incluso de división por las ideologías y motivaciones que no se comparten, es como ir contracorriente. Es como encontrarse y conocer personas que sin hacer nada especial, viven de forma distinta, y su manera de abordar los problemas, su talante de ser; no tienen por qué ser cristianos, pero son testigos de la vida; es importante tener testigos de la vida. Cuando la fe no es un aparato, nace de las entrañas (Garrido, 2019).
Por eso mismo, para ser figura que va contracorriente, la fe ha de expresarse como una apuesta desde la coherencia. El que cultiva su fe a través del intelecto y del interés honesto por conocerse desde adentro, debería poder ser responsable y respetuoso frente a
aquellos que dudan o no creen; esto sin embargo es un proceso de madurez y real consciencia de lo que se cree y los mecanismos para expresarlo. p.368
La fe actual, aparte de la religiosa, sigue siendo entonces un sentimiento básico que radica en el trasfondo de la conciencia a través de dos cosas: 1. El ansia de saber y 2. La necesidad de pedir la súplica. La primera entonces como “la angustiosa pregunta sobre la propia vida humana. La actitud de preguntar supone la aparición de la conciencia, ese desgajamiento del alma. Una rotura es lo primero que se imagina haya dado origen a la conciencia siguiendo el hilo de esa nostalgia del paraíso perdido” (Zambrano, 1973, p. 35).
Y la segunda, donde se siente la finitud de forma radical, “ni siquiera sabes a quién pides, y si te preguntan quizá lo refieras a una energía cósmica; pero hay algo que ha emergido desde la profundidad de tu finitud y que te lleva más allá de ti”. (Garrido, 2019, p.37)
6.2 Religiosidad
La palabra religiosidad viene del vocablo latín “religiosĭtas”, que hace referencia a la cualidad de lo religioso. La religiosidad es igual una cualidad que hace parte de la sociedad y de la cultura, que se introduce en los discursos cotidianos y sus doctrinas ligadas a una religión, pueden impregnar la vida tanto de los creyentes como de los que no lo son.
Esta afirmación está sustentada y apoyada bajo el planteamiento de Durkheim acerca de la religión cuando afirma que ésta: “no es sino una visión confusa de la adoración, que la
sociedad se tributa a sí misma, bien en su forma actual, bien en forma de visión idealizada de sí propia” (p.7).
La religiosidad, como elemento esencial de la religión, está en el entramado de lo que constituye toda una construcción cultural; en la religión las personas se rigen por un credo, unas normas, un estilo de vida, una cosmovisión y una adoración a algo o alguien. Lo religioso es una dimensión transversal del fenómeno humano, que opera activa o latente, explícita o implícita, en la realidad social, cultural y psicológica, según modalidades propias a cada una de las civilizaciones en el seno de las cuales uno se esfuerza por identificar su presencia (Hervieu-Léger, 2004, citado por Simkin 2017).
De hecho, en algunas investigaciones acerca de la salud mental, la religión, la psicología y la espiritualidad, relacionan la religiosidad con distintos temas de investigación, tales como los valores sociales, el prejuicio, el autoestima, la personalidad, el autoritarismo, las actitudes y el proceso de socialización.
Múltiples religiones y de distinta índole han aparecido en la historia de la humanidad, caracterizándose por brindar relatos fundantes de la existencia humana. No solo en una búsqueda de los inicios de la historia, sino en un saber devenir, en el saber entender y a su vez saber hacer. La religión se trata también de la sabiduría
Ruiz (2013) realizó un esquema en el que sistematizó trece distintas clases de realidades religiosas que se pueden interpretar como dimensiones del hecho religioso. El primer aspecto es el hecho, es decir, lo religioso en general; luego de ello vienen las personas,
creyentes y no creyentes, y por el otro lado pero en el mismo nivel están los sistemas culturales, dentro de los cuales está la religión. Atado a la dimensión de las personas, vienen cinco aspectos: las actitudes (fe), experiencias (conversión), acciones (oración), grupos sociales (congregación), otros atributos personales. Por el otro lado, unido al aspecto de los sistemas culturales y la religión de se encuentran la cultura material e inmaterial; y esta última se divide a su vez en cuatro aspectos: sistemas de signos (lenguaje), creencias (dogma), normas (mandamientos), obra cultural inmaterial (poemas, etc.).
Ruiz (2013): “Todas las realidades religiosas comparten una característica que es la que las convierte en religiosas y que consiste en la referencia afirmativa sistémica a la existencia de alguna realidad divina”. p.368
Ruiz (2013) “Además de las trece clases de realidades susceptibles de ser religiosas, podemos distinguir otras tantas clases de religiosidades: la religiosidad personal, la cultural, la normativa, la experiencial”. p 369
Ruiz (2013) ¿Qué es anterior: la religiosidad personal o la religiosidad cultural? ¿qué es antes: la persona religiosa o el sistema personal religioso? ¿qué es anterior: los cristianos o el cristianismo? El orden causal va de lo cultural a lo personal. El proceso: una persona tiene un sistema cultural no religioso, se produce una modificación que convierte en religioso ese sistema cultural; como consecuencia, la persona pasa a ser una persona religiosa. El fenómeno religioso fundamental es la religiosidad de la persona, es decir, la actitud religiosa.
p. 370