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Estado de la cuestión 2

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Academic year: 2022

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LA POLÍTICA DE SEGURIDAD EUROPEA Enrique Uceda García

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DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES CONTEMPORÁNEAS FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

«LA POLÍTICA DE SEGURIDAD EUROPEA».

ENRIQUE UCEDA GARCÍA

Memoria presentada para aspirar al grado de DOCTOR POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE

«DOCTORADO EN HUMANIDADES CONTEMPORÁNEAS»

Dirigida por:

Dr. D. JOSÉ MIGUEL SANTACREU SOLER

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DEPARTAMENTO DE HUMANIDADES CONTEMPORÁNEAS FACULTAD DE FILOSOFÍA Y LETRAS

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN EUROPEA DE GRANADA, CENTRO DE DOCUMENTACIÓN EUROPEA UNIVERSIDAD DE ALICANTE DEPARTAMENTO DE DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO DE LA

FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD DE GRANADA

«LA POLÍTICA DE SEGURIDAD EUROPEA».

ENRIQUE UCEDA GARCÍA

«DOCTORADO EN HUMANIDADES CONTEMPORÁNEAS»

Memoria presentada para aspirar al grado de DOCTOR POR LA UNIVERSIDAD DE ALICANTE

Dirigida por:

Dr. D. JOSÉ MIGUEL SANTACREU SOLER

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INTRODUCCIÓN 9 1. OBJETO DE LA INVESTIGACIÓN Y ESTADO DE LA CUESTIÓN.

11 1.2. Estado de la cuestión

2. FUENTES DE LA INVESTIGACIÓN 12

2.1. Fuentes bibliográficas 12

2.2. Fuentes documentales 12

2.3. Fuentes hemerográficas 12

2.4. Fuentes orales 12

2.5. Internet 13

3. METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN E HIPÓTESIS DE

TRABAJO 13

3.1. Hipótesis de trabajo 14

1. LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN LA POSGUERRA FRÍA. 17 23 1.1 SISTEMAS INTERNACIONALES.

1.2 LA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA SEGURIDAD. 29 32 EL 35 1.3 REPERCUSIONES DEL FIN DE LA GUERRA FRÍA EN SISTEMA INTERNACIONAL.

1.4. CARACTERÍSTICAS DE LA POSGUERRA FRÍA.

NOTAS CAPÍTULO 1. 46

2. LOS CONFLICTOS EN LA POSTGUERRA FRÍA. 67

2.1. LAS VIEJAS GUERRAS

2.2. LAS NUEVAS FORMAS DE GUERRA 2.3. TIPOS DE CONFLICTOS

2.4. ACTUALIDAD 2.4.1. CAUSAS

2.4.2. DEBATE SOBRE LA TERMINOLOGÍA 2.4.3. VIOLENCIA EXTREMA

2.4.4. IDENTIDAD Y VIOLENCIA

2.4.5. VIOLENCIA Y RELACIONES SOCIALES. LA CERCANÍA Y LA

VIOLENCIA 80

2.4.6. VIOLACIONES 82

2.4.7. SEÑOR DE LA GUERRA. 82

2.4.8. ECONOMÍA 84

2.4.9 ECONOMÍA DE DEPREDACIÓN EN BOSNIA-HERZEGOVINA 85 85 2.4.10. MATANZAS Y MERCENARIOS

NOTAS CAPÍTULO 2 87

3. LA UNIÓN EUROPEA: LA POLÍTICA EXTERIOR Y DE SEGURIDAD

COMÚN, EVOLUCIÓN HISTÓRICA. 95

3.1. DE LA COMUNIDAD EUROPEA DE DEFENSA A LA 98 COOPERACIÓN POLÍTICA EUROPEA

3.2. COOPERACIÓN POLÍTICA EUROPEA. 100 3.3 EL ACTA ÚNICA Y LA COOPERACIÓN POLÍTICA EUROPEA 101 3.4. INSTITUCIONES COOPERACIÓN POLÍTICA EUROPEA 102 3.5. EL TRATADO DE MAASTRICHT. LOS NUEVOS DESAFIOS

INTERNACIONALES 104

3.5.1 INSTITUCIONES PESC 106

7272 73 74 75 75 77 79

(7)

3.5.2. ASPECTOS DE SEGURIDAD Y DEFENSA EN TRATADO 106

107 UNIÓN EUROPEA

3.6. EL TRATADO DE AMSTERDAM

4. EVOLUCIÓN DE LA UNIÓN EUROPEA OCCIDENTAL 111 5. LA POLÍTICA EXTERIOR Y DE SEGURIDAD COMÚN DESPUÉS DE 114 AMSTERDAM

6. TRATADO DE NIZA 117

7. TRATADO POR EL QUE SE ESTABLECE UNA CONSTITUCIÓN 119 PARA LA UNÓN EUROPEA

NOTAS CAPÍTULO 3 122

4. YUGOSLAVIA 135

4.1 HISTORIA DE YUGOSLAVIA 137

145 4.2 ECONOMÍA DE YUGOSLAVIA

4.3 EL PROCESO DE TRANSICIÓN EN YUGOSLAVIA 152

4.3.1. TRANSICIÓN 157

4.3.2. ETNIFICACIÓN DE LA POLÍTICA 158

4.3.3. NACIONALISMO 162

NOTAS CAPÍTULO 4 170

5. LA INTERVENCIÓN EXTERIOR EN LOS CONFLICTOS YUGOSLAVOS 187 5.1. MUCHOS AGENTES IMPLICADOS. 192 5.2. POLÍTICA EXTERIOR DE SEGURIDAD COMÚN EUROPEA Y

204 214 215 226 234 235 238 241 CRISIS DE YUGOSLAVIA

5.3. PLANES DE PAZ

5.3.1. LOS INTENTOS INTERNACIONALES DE MEDIACIÓN 5.4. EL PROCESO DE INDEPENDENCIA DE KOSOVO

5.4.1. RAMBOUILLET.

5.4.2. ASPECTOS JURÍDICOS DE LA INTERVENCIÓN 5.4.3. GUERRA SOBRE SERBIA

5.4.4. FIN DE LA GUERRA

NOTAS CAPÍTULO 5 245

303 309 311 CONCLUSIONES

FUENTES BIBLIOGRAFÍA

ANEXOS: 345

ANEXO 1: DECLARACIONES DE LA COMUNIDAD EUROPEA Y DE LA

UNIÓN EUROPEA 347

ANEXO 2: DOCUMENTO CARRINGTON (4 de noviembre 1991):

361 363 Disposiciones para un arreglo final

ANEXO 3: ACUERDO DAYTON

ANEXO 4: ACUERDO DE MOSCÚ 365

ANEXO 5: INFORMACIÓN OSCE SOBRE LA SITUACIÓN EN

KOSOVO. 366

ANEXO 6: PRINCIPIOS GENERALES PARA UNA SOLUCIÓN POLÍTICA A LA CRISIS DE KOSOVO. Elaborados por los ministros de Asuntos Exteriores del G-8. Petersberg (Alemania). 6 de mayo de 1999

370

(8)

ANEXO 7: ACUERDO TÉCNICO-MILITAR ENTRE LA FUERZA DE SEGURIDAD INTERNACIONAL (KFOR) Y LOS GOBIERNOS DE LA REPÚBLICA FEDERAL DE YUGOSLAVIA Y LA REPÚBLICA DE

371 SERBIA

ANEXO 8: RESOLUCIONES DE NACIONES UNIDAS 374 ANEXO 9: ACUERDO DE RAMBOUILLET (23 DE MARZO DE 1999)385 ANEXO 10: OTAN, OBJETIVOS/CONDICIONES PARA EL CESE DEL

ATAQUE ALIADO. 389

ANEXO 11: TEXTO FINAL DEL ACUERDO QUE PUSO FIN A LA GUERRA BASADO EN EL DOCUMENTO DEL G8 389 ANEXO 12: INFORME DEL SECRETARIO GENERAL SOBRE LA MISIÓN DE ADMINISTRACIÓN PROVISIONAL DE LAS NACIONES

390 405 UNIDAS EN KOSOVO

ANEXO 13: PLAN AHTISAARI

ANEXO 14: DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DE KOSOVO 411 ANEXO 15: CONFORMIDAD CON EL DERECHO INTERNACIONAL DE LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE KOSOVO.

Opinión consultiva de 22 de julio de 2010 414 ANEXO 16: MISIONES DE LAS FUERZAS ARMADAS ESPAÑOLAS EN LOS CONFLICTOS YUGOSLAVOS. 451 ANEXO 17: BALANCE DE LA ACTUACIÓN ESPAÑOLA EN LA MISIÓN DE PAZ EN BOSNIA-HERZEGOVINA 456 ANEXO 18: CRONOLOGÍA PRESENCIA MILITAR ESPAÑOLA EN

BOSNIA HERCEGOVINA. 458

ANEXO 19: KOSOVO, EL DESTACAMENTO ÍCARO DEL EJÉRCITO

DEL AIRE. 460

ANEXO 20. EL CONTINGENTE TERRESTRE ESPAÑOL EN KFOR.

462 465 489 499 KOSOVO.

CARTOGRÁFICO

GRÁFICOS Y DATOS DEMOGRÁFICOS FOTOS

CRONOLOGÍA 553

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INTRODUCCIÓN

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1. OBJETO DE LA INVESTIGACIÓN Y ESTADO DE LA CUESTIÓN.

Este trabajo sobre La Política de Seguridad Europea se propone analizar en primer lugar, la evolución de la política exterior de la Unión Europea desde la Cooperación Exterior hasta la Política Exterior Común, pasando por la Política Exterior y de Seguridad Común, reconocida en los últimos tratados.

Todo ello dentro de un marco de relaciones internacionales marcado por la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución de los bloques antagónicos como hechos destacados.

Por este motivo estudio el marco de la posguerra fría y la difícil cartografía de poder incipiente actual.

Por otro lado, la parte práctica de la política exterior europea habría que ubicarla en una situación real, en la década de los noventa. El proceso de desintegración de Yugoslavia constituiría un test real del funcionamiento de la maquinaria diplomática y del músculo de la Unión Europea, en un conflicto con múltiples aristas. En consecuencia, por ello, la investigación se propuso investigar las diferentes intervenciones de la Comunidad Internacional hasta llegar al conflicto de Kosovo, analizado también a la luz del derecho internacional.

Paralelamente el proceso de disolución de Yugoslavia mostraría la cara de la violencia de las nuevas guerras, estudiado concretamente en Yugoslavia, contando con la información de miembros de las Fuerzas Armadas presentes en el conflicto balcánico.

Además, inicio el estudio, tomando como marco de referencia, la evolución histórica de Yugoslavia, pero el objeto de la investigación se centra sobre todo en la década de los noventa, en el periodo de 1988-2008, desde la aparición de discrepancias en Yugoslavia hasta la proclamación de independencia de Kosovo.

1.2. Estado de la cuestión.

Al fijar el objeto de investigación, se consideró toda la amplia bibliografía existente, sobre todo en el campo del derecho internacional público sobre la UEO, la PESC, que podrían facilitar abundante información así como convertirse en un obstáculo para la realización de la tesis. Sin embargo, como hemos dicho, el objeto de la tesis no se circunscribe únicamente a los aspectos de seguridad militar propiamente dichos, a la Alianza Atlántica o a la UEO, donde encontramos excelentes libros sobre la materia. La seguridad implica un arco de situaciones no estrictamente militares. De ahí, que este estudio trate de incorporar todos los diversos aspectos que han actuado en el conflicto de la disgregación de Yugoslavia.

Aunque, en realidad, la bibliografía sobre el pasado histórico y el proceso de fragmentación de Yugoslavia es abundante, y cada vez son más las tesis doctorales que se nutren de ello, el estudio que presentamos a continuación se centra tanto en la intervención europea e internacional en los conflictos balcánicos como también en el proceso de transición llevado a cabo en los Estados-nación resultantes.

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2. FUENTES DE LA INVESTIGACIÓN.

Para la realización de la tesis doctoral se ha tenido en cuenta la numerosa bibliografía existente sobre la evolución de la OTAN, la UEO y la PESC hasta llegar al Tratado por el que se establece una Constitución para Europa e igualmente la historia de Yugoslavia y su proceso de desintegración.

Estos textos han ido permitiendo situar y limitar la investigación, a la que se añadieron fuentes hemerográficas españolas y europeas.

Para llevar a cabo la investigación se acude a la biblioteca del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad de Granada, a la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada, así como al Centro de la Unión Europea radicado en Granada y en la Universidad de Alicante, donde pude tomar nota de la labor de la Comunidad Europea y de la Unión Europea en los aspectos de Política Exterior Común.

2.1. Fuentes bibliográficas.

La bibliografía manejada se centra en tres aspectos fundamentales:

relaciones internacionales durante el siglo XX, evolución histórica de la Unión Europea y de la Política Exterior y de Seguridad Común, las nuevas guerras y por último a los conflictos balcánicos. En la medida de lo posible se ha intentado consultar la bibliografía más actual, aunque puede haber ausencias dada la continua publicación de obras. Todas ellas se han incluido en la bibliografía final.

2.2. Fuentes documentales.

Como he mencionado anteriormente se consultó una variada documentación acerca de la política exterior europea, centrada tanto en lo referente a la literatura oficial de la Comunidad Europea como también a las comunicaciones y resoluciones emanadas de las diferentes instituciones europeas, parlamento y comisión europea.

2.3. Fuentes hemerográficas.

Los periódicos han ocupado un importante espacio en la investigación, se ha utilizado de forma reiterada y continuada en el tiempo, desde 1988 hasta 2008, los principales medios españoles como El País, el Mundo, La Vanguardia y también Le Monde diplomatique, la Revista de Defensa, Política Exterior.

2.4. Fuentes orales.

He tenido la posibilidad de contar con la colaboración de dos exiliados serbios del conflicto, Dusan y Miki, un aparejador de Sarajevo y un director de teatro de marionetas respectivamente, que a través de diversos encuentros en Villareal, localidad donde pudieron asentarse y trabajar en los años noventa,

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me mostraron la cara amable de un conflicto a través de unas personas magníficas que se oponían a la utilización de la violencia y al mismo tiempo mostraban en su pasado más reciente las huellas del conflicto que asolaba sus tierras. Muestra de ello son las fotos que me pasaron.

Igualmente, me han ayudado las numerosas conversaciones mantenidas con dos militares que estuvieron presentes en Yugoslavia desde 1991, cuando comenzo el conflicto y más tarde, también como integrantes de las fuerzas de la ONU o de la OTAN, muestra de la participación militar española en la pacificación de Bosnia-Herzegovina, y en Macedonia. Igualmente me facilitaron fotografías de las ciudades y hechos que presenciaron.

2.5. Internet.

Evidentemente, en la actualidad la navegación por la Red es necesaria, consultamos artículos de periódicos o bien libros y artículos especializados a los que físicamente no podemos acceder, igualmente la posibilidad de obtener fotografías destacadas en momentos concretos es muy apreciable. Es por ello que Internet se ha convertido en una indispensable herramienta para la investigación, siempre y cuando tratemos de distinguir la certeza de lo ofrecido, ante los numerosos peligros para identificar las fuentes. En la bibliografía hay presente una destacada muestra de consultas realizadas en la Red.

3. METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN E HIPÓTESIS DE TRABAJO.

A lo largo de esta investigación se ha tratado de repasar sobre bases bibliográficas documentales y hemerográficas la evolución histórica de la Política Exterior Europea, el tejido histórico en la ex Yugoslavia, la intervención europea y occidental en los conflictos balcánicos y las características de las nuevas guerras para poder recabar la investigación sobre mi tesis La Política de Seguridad europea.

La investigación ha seguido un orden temático en la exposición de los hechos divididos por capítulos.

En primer lugar, me he dedicado a los aspectos de relaciones internacionales, me interesaba fijar el marco teórico en el que nos encontramos tras la guerra fría, y ciertamente la posguerra fría presenta unas aristas difíciles de concretar.

En segundo lugar, era indispensable realizar una evolución histórica de la Política Exterior Europea, enlazada con la actividad de la Unión Europea Occidental y de la Alianza Atlántica.

En tercer lugar, y antes de tratar el tema de los Balcanes, consideraba necesario dedicar un espacio a las nuevas guerras con sus características, una de ellas, la brutalidad que queda reflejada en la fotografía que Jürgen me ha facilitado, donde él mismo se sorprende de que le extraigan los ojos al cadáver, y que aporto en el anexo.

En cuarto lugar, me dedico a estudiar a Yugoslavia, en sus aspectos históricos, económicos y de transición para la configuración de diversos Estados-nación, dentro de un proceso de etnificación del Estado.

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En quinto lugar, trato de toda la variada intervención exterior que se ha producido en las últimas décadas en los Balcanes. Señalo los diferentes planes y la labor de la Unión Europea, muy cuestionada, con documentación adjunta en el anexo documental. Igualmente destaco la labor de las tropas españolas en misiones en Bosnia-Herzegovina, que han contribuido a mejorar la imagen del ejército en esos años. En cuanto a la intervención de la OTAN en Kosovo, hago una recapitulación de los pros y los contras del intervencionismo humanitario según distintos juristas y muestro la aceptación política e hipócrita de las limpiezas étnicas siempre y cuando no afecten a «los nuestros».

Todos los capítulos están hilvanados siguiendo un hilo conductor: la acción europea a nivel internacional en el nuevo contexto de posguerra fría, y su presencia en conflictos europeos, en los cuales podría extender su «poder blando» y al mismo tiempo ofrecer a través de su incorporación a las instituciones europeas una mejor forma de integración política y social, aunque como estamos comprobando en la actualidad, las recetas ofrecidas se quedan a veces en sueños, ejemplo Bosnia y Kosovo con su pobreza y su constante emigración. Igualmente la formación de Estados-nación siguiendo los parámetros de la etnificación de la política. En definitiva, se trata de conseguir una interrelación en todo el trabajo de investigación.

3.1. Hipótesis de trabajo.

La caída del Muro de Berlín y la desaparición del enfrentamiento entre los bloques parecía abrir una nueva época, un nuevo orden internacional, un periodo de paz generalizado. Sin embargo, esa visión desapareció pronto. La Unión Europea que surgía con el Tratado de Maastricht se topaba de frente con la disolución de la Unión Soviética y con la fragmentación violenta de Yugoslavia. Todo el marco teórico de las iniciativas de la incipiente política exterior europea se enfrentaba a un acontecimiento real, para la que no se encontraba preparada, y al mismo tiempo, fue respondiendo con habilidad elaborando un conjunto de instituciones comunitarias, como centros de prevención de conflictos, que contaba con la presencia de militares españoles muy cualificados con los que estuve en contacto. A lo que se fue sumando, a nivel de textos oficiales, iniciativas para facilitar la participación militar de estados europeos en conflictos, sin entrar en colisión con Estados Unidos en la OTAN.

Ciertamente a lo largo de la década de los años noventa, el conflicto en la ex Yugoslavia copaba las páginas, los telediarios en las diferentes televisiones y a la vez cuando uno acudía a un cuartel para informar del pasado histórico de los pueblos balcánicos notaba la preocupación existente por lo que ocurría en esas tierras cercanas.

Sin embargo, también se notaba cierto recelo, cierta desinformación y deficiente conocimiento de las gentes del lugar, me refiero con ello y coincido con Ángel Viñas, en esa expresión de «odios étnicos», de pueblos poseedores de «genes violentos», de «mejor dejarlos solos y que se maten entre ellos», expresiones que también se daban entre la diplomacia de los años treinta al referirse al conflicto civil español. (1)

Igualmente, me planteaba la problemática de la transición en países con un pasado comunista y la apelación al nacionalismo por parte de unas elites

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que trataban de conservar el poder, dando lugar a la configuración de Estados- nación étnicos.

Evidentemente la participación exterior en todos los conflictos balcánicos ha estado presente a lo largo de toda la década por lo que era necesario proceder a su investigación, y valorar el intervencionismo humanitario y los resultados de dicha presencia europea.

Todo lo anterior fue objeto de investigación en esta tesis doctoral tratando de adentrarme en una realidad política muy compleja y al mismo tiempo muy interesante.

Tengo que agradecer la información facilitada por los militares españoles para la realización de esta tesis, así mismo tengo una gran deuda con Miki y con Dusan que gracias a sus conversaciones me transmitieron el amor por esas tierras y sus gentes poseedoras de una gran riqueza cultural, que no se merecieron el sufrimiento que padecieron.

NOTA:

(1) VIÑAS, Ángel. «Tragedia en Bosnia. El mundo cerró los ojos». La Aventura de la Historia, marzo de 2002, pp. 18-21.

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1. LAS RELACIONES INTERNACIONALES EN LA POSGUERRA FRÍA

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La sociedad internacional ha variado desde la caída del muro de Berlín.

La expresión «todo fluye» como imagen de cambio identifica el período histórico que se inició en 1989. Como plantea Andrés Ortega estamos viviendo una época de cambios en la cual la transformación es la principal característica. Y ciertamente en palabras de Michael Cox, «a causa del triple colapso, del comunismo como ideología, de la Unión Soviética como potencia europea y de la URSS como estado unitario, nuestro universo político conocido se ha hecho añicos». (1)

El fin de la guerra fría representado simbólicamente en la caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, generó en todo el mundo la imagen optimista de la generalización de la paz, de la riqueza y de la justicia a nivel general. Y en efecto, durante los diez años siguientes vivimos una «década boba», en un ambiente exagerado de optimismo al son de la «música mundial». Sin embargo, pronto apareció la cruda realidad de la confusión emergente: la explosión de los nacionalismos violentos en Europa y la inestabilidad interna de la Unión Soviética y la generalización de la violencia por doquier preocuparía a toda la sociedad. (2)

Conviene tener presente las palabras de Geir Lundestad que insiste:

«[...] en los últimos años, el mundo ha cambiado de forma espectacular y podría parecer que hemos entrado claramente en un nuevo período que, a falta de un término mejor, llamamos el mundo de la posguerra fría. Sin embargo, las raíces de cada nuevo período se encuentran en el anterior, y siempre queda algo de lo anterior en lo nuevo. El término ―posguerra fría‖ nos dice que la guerra fría ha acabado, pero nos deja planteada la cuestión de saber cuánto es lo que en realidad ha cambiado». (3)

De esta manera nos encontramos con, siguiendo a Celestino del Arenal,

«un sistema internacional en profunda mutación [...], cargado de incertidumbres [...], contradicciones, singularidades y limitaciones», en el que se amontonan las preguntas sobre el futuro. (4)

En cierta medida y como dice Carlos Alonso Zaldivar vivimos tiempos turbulentos, que nos obligan a detenernos ante el incierto «nuevo orden mundial». Cuando se acaba un orden y todavía no se ha alcanzado otro, se produce una transición. Acabada la guerra fría, no tenemos ni nuevo orden mundial, ni desorden generalizado, estamos más bien ante un periodo de

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conmoción en el que no se avista ningún horizonte. Simplemente terminó un orden y el mundo está en busca de otro. Podemos decir junto a Manuel Castells que vivimos en un mundo cambiante, en el que sin previo aviso se remodelan realidades que se creían invariables. Cada vez es más necesario entender qué sucede ahora y sobre todo qué puede suceder en el futuro.

Ciertamente después de la caída del Muro se podía confirmar la incapacidad general política y también teórica de prever un fenómeno político de tanta importancia. (5)

De alguna manera podemos decir que estamos ante el fin de un mundo estable al que extrañamente nos habíamos acostumbrado y del que a veces hemos sentido nostalgia, sobre todo de un «mundo predecible, jerárquico y ordenado». Esto nos conduce a pensar que la sociedad internacional es mucho más compleja de gestionar y donde las reglas se van inventando sobre la marcha dada la permanente dificultad para proceder a la descripción del actual sistema internacional, pues en cierta medida «nos encontramos sin capacidad conceptual y teórica para describir este confuso sistema internacional» y observar su funcionamiento de acuerdo a unas constantes y variables. (6)

Este vacío conceptual que siguió al fin de la confrontación bipolar impulsó al mundo académico a una búsqueda de referencias, será en los Estados Unidos donde aparecerán varios ensayos con la pretensión de explicar la situación mundial.

En un primer momento ese vacío se quiso llenar acudiendo a la historia mediante una superposición de épocas precedentes: Zbigniew Brzezinksi, lo comparó con el período subsiguiente a la época de las revoluciones de 1848;

otros con el período de entreguerras. Hasta un cierto punto, todas esas comparaciones se apoyan en hechos reales: movimiento nacionalista, falta de un sistema universalmente reconocido en las relaciones internacionales. Así los ejemplos históricos servían como referencia para un estudio, pero no como modelo para el marco actual, por lo que a partir de 1989 los estados se encontraron frente a una serie de datos sin comparación con otros anteriores.

El recurso de la historia fue abandonado relativamente pronto para recurrir a una utilización interesada de ciertos sucesos históricos. (7)

De aquí que Francis Fukuyama, partiendo del derrumbe de la Unión Soviética y del desprestigio del marxismo, proclamaba el triunfo del capitalismo,

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declarando al sistema democrático liberal como la forma definitiva de gobierno para la humanidad, considerando que se había llegado al fin de la historia.

Por otro lado tendremos la visión de un mundo armónico. La realidad mostró que se trataba de un espejismo dado el conjunto de conflictos que pronto se manifestaron. En un ensayo de 1993, The real world order, dos politólogos norteamericanos, Max Singer y Aaron Wildavsky, defendieron el postulado de «dos mundos: nosotros y ellos», escribieron que la mejor manera de entender el mundo contemporáneo consistía en dividirlo en dos partes: las zonas de paz, riqueza y democracia y las regiones marcadas por conflictos internos, guerras y pobreza. (8) /

Con el titular «148 Estados, más o menos» se enunciaba el quinto, basado en el «realismo clásico», es decir, la afirmación de los estados que buscan sus intereses nacionales, en los que influyen factores como su posición ante las amenazas y la percepción del mundo desde una óptica cultural.

Por su parte, Robert D. Kaplan, en su artículo «The coming anarchy», publicado en la revista Atlantic Monthly en 1994, expresaba con la imagen de

«puro caos» la realidad de la sociedad internacional en la que, ante el debilitamiento de los estados, aparece una larga lista de problemas como la quiebra de la autoridad gubernamental, los conflictos tribales o étnicos, las mafias internacionales, los refugiados, las migraciones y el terrorismo. Y finalmente Samuel Huntington, añadió que la mayor amenaza para la paz provendrá del choque entre civilizaciones diferentes. (9)

En este nuevo contexto global «los años noventa fueron el interregno entre la Guerra Fría y la nueva gran competición mundial ya comenzada». Es posible comprobar como al final de cada época por regla general se produjo un interregno durante el cual parecía que las potencias vencedoras habían alcanzado un dominio permanente. Eso pensaron en el Congreso de Viena de 1815 los países de la Santa Alianza y también en 1919 los vencedores de la Primera Guerra Mundial, y en 1945 los de la Segunda. Al final de cada contienda, entre los vencedores siempre prevaleció la ilusión de que iba a ser la última. El final de la Guerra Fría no está siendo diferente del final de los anteriores enfrentamientos salvo que se ha producido con una mínima violencia, prácticamente estamos asistiendo a una transformación global del sistema internacional sin una tragedia brusca como es considerada la «guerra

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mundial». No hay diferencia, sin embargo, en el hecho de que el gran vencedor, la potencia que es indiscutiblemente superior a las demás, Estados Unidos, parece considerar que tras su victoria el mundo le pertenece. (10)

Podemos considerar que ante comentarios acerca del nuevo orden mundial a partir del fin de la guerra fría con el desencadenamiento de la guerra del golfo o de que acontecimientos como los atentados terroristas del 11 de Septiembre de 2001 en los Estados Unidos inauguraban una nueva época en las relaciones internacionales, más bien nos decantamos por considerar que nos encontraríamos ante fases o etapas propias de la posguerra fría, no de elementos definitorios de un nuevo orden, salvo que identifiquemos como propio de éste la aparición de amenazas asimétricas a la hiperpotencia emergente de los Estados Unidos y la voluntad de ésta de manifestar su poder de forma unilateral para responder a ellas empleando el mismo lenguaje de la guerra fría sustituyendo la amenaza de los misiles nucleares rusos y chinos por las previsibles amenazas del uso de armamento de destrucción masiva de los weapon states «estados villanos» como Irak, Irán o por terroristas invisibles.

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Más bien nos inclinamos a proponer que todavía permanecemos en el periodo de la transición propio de la posguerra fría, en el cual se dibuja una hiperpotencia anhelante de establecer su benigna hegemonía en el mundo junto a otras potencias que tratan de demostrar que son algo más en el tablero internacional, tanto Rusia que aspira a mantener su influencia a nivel mundial, como una emergente China que se adentra en el siglo XXI como potencia asiática en el Pacífico y una Europa dubitativa a la hora de mostrar su poder político regional. Frente a todas ellas la aparición de fracturas en la seguridad con múltiples desestabilizaciones en estados frustrados y la progresiva generalización de estados y organizaciones políticas sin territorio a modo de redes, pero opuestas a la homogeneización impuesta por Estados Unidos desencadenaría las amenazas asimétricas y las consiguientes guerras asimétricas como la desencadenada en Afganistán en el año 2001.

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1.1 SISTEMAS INTERNACIONALES.

Estudiando la historia de la sociedad internacional se observa que ha habido una evolución discontinua de la misma. Una o varias civilizaciones cohesionadas en torno a una cultura común y con unos intereses precisos relacionados en gran parte con el aumento del poder, se han extendido por el mundo, bien para intercambiar productos o comerciar, bien para imponer su orden y su cultura, básicamente a través del uso de la violencia, de la guerra.

¿Qué entendemos por sistema? Para Merle «es el conjunto de relaciones entre los principales actores que son los Estados, las organizaciones internacionales y las fuerzas transnacionales; su entorno estará constituido por el conjunto de factores (natural, económico, tecnológico, demográfico, ideológico) cuya combinación influye en la estructura y el funcionamiento del sistema»; para Aron «es el conjunto constituido por una serie de unidades políticas, que mantienen entre sí relaciones regulares y que son todas susceptibles de verse implicadas en una guerra general», y de una forma más precisa para Barbé, «un sistema internacional está constituido por un conjunto de actores, cuyas relaciones generan una configuración de poder (estructura) dentro de la cual se produce una red compleja de interacciones (procesos) de acuerdo a determinadas reglas». En definitiva, podemos definir un sistema como una forma de organización de la sociedad internacional, un modelo que nos permite aproximarnos a la realidad internacional en un período de tiempo determinado a partir de tres elementos esenciales: actores, estructura y procesos de relación. (12)

Considerando que los «hechos internacionales», se desarrollan en un medio que denominamos como «sociedad internacional» que no ha evolucionado de forma similar a lo largo de la Historia, dando lugar a diferentes sistemas internacionales, en los que intervienen un cada vez mayor número de actores, condicionados por un conjunto de factores, que establecen un proceso de interacciones que les conducen al enfrentamiento y a la cooperación, observamos también cómo en cada uno de esos sistemas internacionales se establece una estructura de poder determinado, o lo que es lo mismo un

«orden internacional». Éste se podría definir, siguiendo a Juan Carlos Pereira, como el conjunto de normas y reglas a través de las cuales se trata de buscar y

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alcanzar un funcionamiento regular, una estabilidad internacional, un equilibrio entre las potencias y una seguridad en el sistema internacional, pues sin seguridad no hay estabilidad y sin estabilidad no hay paz. (13)

La literatura alusiva al término orden internacional nos muestra además dos conceptos diferentes. Francisco Javier Peñas basándose en los estudios de Martin Wight o Hedley Bull, nos expone lo siguiente: «en primer lugar un concepto puramente descriptivo: orden es, en esta concepción, una estructura de poder y de intereses. Un entramado de fuerzas, instituciones, discursos y prácticas que determinan: a) una correlación de fuerzas; b) un marco de actuación, y c) unas prácticas que en este contexto son aceptables y otras que no lo son. Pero además se utiliza otro concepto de orden, un concepto finalista.

En esta concepción el orden no es sólo lo que hay, no se refiere sólo a cómo está estructurada la política mundial, sino que se reflexiona, sobre un orden que sirva a determinados valores, en concreto el valor clave será la paz, no la justicia o la libertad». Y se reflexiona sobre qué instituciones y sobre qué prácticas permitirían realizar esos valores. (14)

Si nos remontamos a la Historia tendríamos que situarnos en diciembre de 1938 cuando en el Japón imperial se hable por vez primera de un nuevo orden al elaborar el programa de conquista en Asia oriental. Posteriormente, en junio de 1940, Hitler lo utilizará también al formular los planes de conquista de Europa afirmando la aparición de un «nuevo orden europeo». Durante la Segunda Guerra Mundial este término se generalizó. (15)

Durante el período de 1947 a 1991, en la Guerra Fría, existía un orden liberal internacional, cuyo núcleo en lo militar era la hegemonía estadounidense; en lo económico, el capitalismo y sus instituciones internacionales, y en el discurso, los valores liberales. También habría un orden socialista. Y la paz armada establecida entre ambos bloques, la Guerra Fría, constituía un orden internacional. La carrera de armamentos, la disuasión nuclear, las esferas de influencia, los conflictos armados en el Tercer Mundo y la ausencia de conflicto bélico en la frontera alemana de los bloques fueron rasgos de este orden. (16)

No obstante, habrá que esperar a finales de la década de los ochenta, cuando Gorbachov y posteriormente George Bush vuelvan a hablar de un Nuevo Orden Mundial, tras el final de la Guerra Fría, en el que debían

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conjugarse los intereses de sus respectivos Estados y las nuevas condiciones que imperaban en el sistema internacional.

La formulación y aplicación de este orden será el objeto principal de interés de los llamados «arquitectos de la diplomacia internacional» (Napoleón, Metternich, Bismarck, Hitler, Kissinger, etc.). Representantes de las grandes potencias, un ―directorio del poder‖, que bien en conferencias o congresos internacionales –Westfalia, Viena, Berlín, París, Yalta o Potsdam-; a través de tratados o acuerdos –Cuádruple Alianza, Troppau, París, San Stéfano, Algeciras, Versalles, Locarno o Helsinki-; u organizaciones internacionales – Sociedad de Naciones, ONU, OTAN, OSCE, etc-, plantean cuál ha de ser la estructura de poder, qué mecanismos deben utilizarse para su mantenimiento y que medios se emplearían en caso de ruptura del orden establecido. (17)

El orden internacional se compone de cuatro factores: a) el político, en el que se defiende el principio siempre discutible del «interés nacional»; b) el diplomático, por el cual se reafirman la soberanía, la construcción o destrucción de alianzas, el equilibrio o desequilibrio de las potencias; c) el estratégico, en que se integran la amenaza o el recurso a la guerra, las coaliciones, la disuasión o el control de los armamentos; d) el ideológico o simbólico que comprende la propaganda, el adoctrinamiento de los hombres por los sistemas de valores o la ideología que se quiere imponer.

Por otro lado, un orden internacional se articula también en torno a tres elementos: a) unos valores comunes, que son producto de la Historia y de la experiencia resultante de los acontecimientos que se tratan de evitar con la formulación de un nuevo orden; b) una configuración aceptada de posiciones y fuerzas, que en un momento determinado se estabiliza, se oficializan y que se traduce en la elaboración de una política constructiva, y c) la creación de unas instituciones, para organizar los intercambios, las comunicaciones, canalizar los conflictos para que no se transformen en un conflicto global; pero también para mantener el orden.

En este sentido, se pueden señalar cuatro grandes fases en la evolución de los órdenes internacionales: a) de la Antigüedad a la era de los Descubrimientos, es el período de los Imperios; b) de la era de los Descubrimientos a la Primera Guerra Mundial, es el gobierno del mundo de las potencias europeas; c) de la Primera Guerra Mundial a 1991, la metamorfosis

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entre el equilibrio europeo y el equilibrio Este-Oeste, y d) desde 1991, la búsqueda de un orden internacional planetario.

Con esta evolución natural podemos hablar también de la existencia de la configuración de varios tipos de órdenes internacionales. Por ejemplo, para M. Girard, existen seis:

-El orden de las potencias, elaborado por las grandes potencias que se consideran con responsabilidad para imponer sus planteamientos, de acuerdo con sus intereses, a los Estados inferiores.

-El orden del equilibrio, elaborado también por un conjunto de grandes potencias que consideran, sin embargo, que la búsqueda de acuerdos comunes puede satisfacer los intereses de conjunto.

-El orden de la disuasión, un principio de organización especialmente estratégico, desarrollado por las dos superpotencias nucleares en el contexto de un enfrentamiento entre dos bloques o subsistemas.

-El orden elaborado por las instituciones internacionales, desde el momento en que se dotan de unos textos constitutivos que les permiten tener una capacidad de intervención en la vida internacional para conseguir una seguridad colectiva.

-El orden por la integración regional, en el que a través del proceso de integración supranacional se busca, mediante la cesión de soberanía a unos órganos comunes, establecer unas normas de convivencia y unos objetivos comunes en beneficio de todos los miembros de la comunidad integrada.

-El orden creado por las estructuras internacionales, especialmente por la estructura de seguridad creada desde una perspectiva diplomática- estratégica, la estructura de producción, la estructura financiera y la estructura cultural/educativa. Cada una de estas estructuras crea una forma particular de poder y es una perspectiva fundamentalmente útil para los análisis económicos.

Otro autor, como P. Moreau Defarges, señala tres modelos de órdenes diferentes:

-El orden por el imperio, el más antiguo. Desde esta perspectiva, todo hombre se define como un elemento dentro de un todo organizado, jerarquizado. Cuatro postulados lo sostienen: a) una ambición universal, para reunir el mayor número de tierras y hombres: esta ambición es vital, pues

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justifica su firmeza sobre los pueblos que domina, la movilización constante; b) el establecimiento de un muro defensivo es un mundo que hay que proteger del exterior pero también que lo aísla del resto; c) la existencia de un poder universal, que representa el centro, ya sea el emperador, el führer, el zar; se sacraliza la figura del máximo líder; y d) una organización jerarquizada de las diversidades, para controlarlas, para evitar el fin del imperio, para controlar las tensiones internas.

-El orden por el equilibrio, Europa sería el ejemplo desde el fin de la Edad Media a las dos guerras mundiales. Para este orden, el mundo es una jungla, los Estados son como animales salvajes en lucha perpetua con los otros, el orden es pues necesario y no puede ser precario. Tres postulados lo avalan: a) un espacio organizado, un área de juego, con un número más o menos estable de jugadores, y unas reglas que sean interiorizadas por esos jugadores, unas reglas que no son escritas ni absolutas, pero que todos conocen; b) sí existen desequilibrios, éstos deben ser dominados por los actores con más poder e influencias, y c) debe haber un árbitro capaz de asegurar el mantenimiento del equilibrio, debe marcar el margen de las rivalidades y los intereses y disponer de los recursos para mantener el equilibrio. Este equilibrio orgánico descansa también sobre la noción de civilización común, de un mínimo de valores compartidos.

-El orden por el derecho, según el postulado de Kant en su Proyecto de paz perpetua, aunque se convierte en realidad después de la Primera Guerra Mundial, con la Sociedad de Naciones. Combina cuatro elementos: a) los Estados y los regímenes políticos manifiestan una gran homogeneidad, es decir, debe haber unas reglas de juego, respetadas por los actores entre los que debe haber una confianza mínima, además de un tipo concreto de Estado, regido por normas estables, adoptando sus decisiones de forma clara, tolerando mal los Estados ―diferentes‖; b) las desigualdades o las diferencias deben ser limitadas o dominadas, los actores deben pensar que ese tipo de orden les es beneficioso, e incluso para lograrlo se pueden adoptar unas soluciones extrajurídicas; c) se crean mecanismos complejos de gestión y eventualmente reglas para resolver los conflictos, que cuando surgen se tratan de resolver por medio de normas y procedimientos diversos que se basan en la negociación, el compromiso, el arbitraje y todo ello partiendo del principio de la

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igualdad de derechos y obligaciones entre los Estados implicados, y d) el recurso a la fuerza se plantea como una contradicción, pues aunque se quiera aplicar el derecho y la negociación, en ocasiones esta vía se agota y es necesario utilizar la fuerza, aunque este medio esté reservado a las grandes potencias tanto política como militarmente.

El establecimiento, pues, de una nueva estructura del sistema internacional viene derivado del desigual reparto del poder entre los actores del sistema. (18)

Sistemas y subsistemas en la Historia de las Relaciones Internacionales.

M. Kaplan, señala la existencia de seis tipos de sistemas: a) sistema de equilibrio de poder; b) sistema bipolar flexible; c) sistema bipolar rígido; d) sistema internacional universal; e) sistema de jerarquía internacional, y f) sistema internacional de veto por unidad.

Pedro Lozano señala cuatro sistemas: a) sistema imperial (centro hegemónico dominante); b) sistema bipolar (dos subsistemas de poder e influencia); c) sistema de directorio (equilibrio entre las grandes potencias), y d) Sistema multipolar (equilibrio entre varios centros de poder, sin ninguna hegemonía).

Por último, Immanuel Wallerstein, a partir de planteamientos económicos, distingue tres formas básicas de organización de un sistema global: a) mini-sistema (modo de producción recíproco de linaje, modo de producción primario); b) imperio-mundo, modo de producción que se basa en un modelo redistributivo tributario, y c) economía-mundo, que se basa en el modo de producción capitalista.

Juan Carlos Pereira señala cinco sistemas internacionales: a) el sistema de Estados europeo, que arrancaría de la Paz de Westfalia de 1648 y llegaría hasta el Congreso de Viena de 1815; b) el sistema de Estados nacionales y civilizados, que iría desde el Congreso de Viena de 1815 hasta la Primera Guerra Mundial; c) el sistema de Estados euro-americano, que se desarrollaría durante el período de entreguerras; d) el sistema mundial bipolar, que se extendería desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1989-1991, y e) hacia un nuevo orden mundial, global, que se formularía desde 1991 y que aún hoy se está delineando sobre la base de cinco conceptos: independencia, interdependencia, transnacionalismo, mundialización y globalización.

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A partir del cuarto sistema internacional, en paralelo con el proceso de mundialización, pero también por la fragmentación del espacio como consecuencia de la formación de áreas comunes de interés, de fortalecer las identidades comunes y de hacer frente a los retos globales, se va extendiendo el concepto de subsistema. Subsistemas que nos van apareciendo desde cuatro perspectivas diferentes: a) subsistemas regionales, en donde podemos encontrar un subsistema europeo, pero también un subsistema panamericano, subsistema del Caribe, subsistema norafricano, subsistema subsahariano, subsistema del sudeste asiático, subsistema de Asia del Sur, subsistema de Oriente Medio y Subsistema pacífico-australiano; b) podemos encontrar también subsistemas político-ideológicos: subsistema liberal-democrático, subsistema socialista mundial y subsistema de países no alineados; c) subsistemas económicos: subsistema capitalista, subsistema socialista y subsistema de países en vías de desarrollo y dependientes, y d) subsistemas civilizatorios, que comprenden las ocho grandes civilizaciones que hoy conviven en el mundo. (19)

1.2 LA NUEVA CONCEPCIÓN DE LA SEGURIDAD.

En lo que respecta a la noción de seguridad, siguiendo a Esther recogemos una referencia a la seguridad contenida en el texto aprobado, en 1987, por los 150 estados participantes en la Conferencia organizada por las Naciones Unidas sobre la relación entre desarme y desarrollo: [...] «la seguridad tiene no sólo aspectos militares, sino también aspectos económicos, sociales, humanitarios y de derechos humanos, y ecológicos. El incremento de la seguridad puede, por una parte, crear las condiciones que lleven al desarme, y por otra, crear el medio y la confianza que permitan conseguir con éxito el desarrollo». Es de esta manera que el carácter multidimensional y global que ofrece el anterior texto, nos muestra el interés por las migraciones, el integrismo, las hambrunas o las catástrofes naturales. (20)

La seguridad como «concepto complejo» ha sido tema de investigación a lo largo de una década por un grupo de académicos europeos, entre los que destaca Barry Buzan. Este profesor británico ha llevado a cabo un estudio

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exhaustivo del tema, en base a tres supuestos de partida: el carácter anárquico de la sociedad internacional, la multidimensionalidad de la seguridad; y finalmente, su carácter ambiguo y relativo, nos referimos a la seguridad de los individuos (seguridad humana) frente a la seguridad del estado (seguridad nacional). En otras palabras, la seguridad como valor subjetivo, vinculado al sujeto de referencia, bien sea individual, grupal o estatal.

En lo que respecta al carácter multidimensional de la seguridad, Buzan identifica cinco dimensiones: militar, política, económica, social y medioambiental. La dimensión militar hace referencia tanto a los aspectos objetivos, así las capacidades militares de los estados, como a los aspectos subjetivos o percepción que los estados tienen unos de otros (percepción de amenaza). La dimensión política tiene que ver con la estabilidad del estado, su sistema de gobierno y las bases internas de su legitimidad. La seguridad económica está relacionada con la capacidad de acceder a los recursos, a las finanzas y a los mercados, necesaria para mantener unos niveles aceptables de bienestar y de poder del estado. La seguridad social se refiere a la capacidad de las sociedades para hacer frente a las amenazas y vulnerabilidades que afectan a su cultura y su identidad como comunidad. La seguridad medioambiental se entiende como la capacidad para mantener la biosfera local y planetaria, en tanto que soporte físico necesario para desarrollar la existencia humana.

El análisis de la seguridad en la posguerra fría, a partir de las cinco dimensiones indicadas, nos muestra que las mismas no operan aisladas las unas de las otras. De ahí que hablemos de la dimensión global de las problemáticas.

En ese sentido, Celestino del Arenal escribe que «la seguridad nacional y la seguridad mundial están totalmente interrelacionadas y hoy son en la práctica la misma cosa». Hay que descartar la idea caduca de que la seguridad es exclusivamente una función del poder nacional o de la fuerza militar y económica. «En la búsqueda de soluciones al problema de la inseguridad, los Estados deben afrontar cada vez con mayor frecuencia circunstancias fuera de su control, como crisis económicas estructurales y tendencias económicas, demográficas, ambientales y financieras a las que sólo se puede dar solución mediante acciones comunes y solidarias. La interdependencia mundial ha

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creado una situación en la que los actos de otros Estados pueden tener importantes repercusiones regionales o incluso mundiales». (21)

Y es que el paradigma de la «seguridad internacional» implica que la seguridad de un Estado está directamente relacionada con la de los otros. En este sentido, se puede afirmar que el concepto de seguridad está cambiando.

Si tradicionalmente sobresalió la dimensión militar del concepto, es decir, el sentimiento de un Estado soberano o grupo de ellos de proteger su territorio de la intención agresiva de otros Estados, actualmente la seguridad tiene un carácter multidimensional pues demanda atención no sólo en el campo militar sino también en los terrenos político y diplomático, económico y humanitario, lo que requiere un enfoque holístico del concepto. Por ello, la mejor forma de abordar los nuevos problemas de seguridad que surgen en la posguerra fría es abordar los problemas de seguridad que surgen en la posguerra fría es a través de un sistema de seguridad cooperativa cuyo principal objetivo es prevenir la guerra evitando la aparición de nuevas amenazas.

Robert Keohane entiende por ―cooperación‖ aquellas «acciones de interdependencia de individuos y organizaciones que no se encuentran en un estado previo de armonía pero pueden ser aproximadas a través de un proceso de coordinación política». Por otro lado, el termino ―seguridad‖ es una «suma variable, es decir, no se trata de un juego en el que uno gana lo que el otro pierde - a diferencia del concepto de ―poder‖, sino que hay espacio para la existencia de intereses comunes, como la seguridad de los aliados y socios europeos, el desarrollo del comercio mundial y la prevención de la carrera de armamentos y la guerra nuclear, entre otros». (22)

En cuanto a las dimensiones de seguridad, hay que destacar dos ideas.

Por un lado, la limitación geográfica de la seguridad clásica a las llamadas

―zonas de confusión‖, y por otro lado, la necesaria articulación de la fractura centro-periferia para abordar la seguridad en su dimensión global. La seguridad clásica implica el uso de la fuerza o la amenaza de su uso. En ese terreno, la atención se centra en las zonas de confusión, que grosso modo coinciden con la periferia, dejando de lado el centro (democrático e industrializado), calificado de comunidad de seguridad por Deutsch o, más recientemente, de «zona de paz».

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La seguridad ocupa el escenario de las relaciones internacionales por completo. De ahí que su análisis teórico se caracterice por el pluralismo, mezclándose realismo, transnacionalismo y estructuralismo para analizar esta nueva realidad en la que conviven el conflicto militar, el efecto invernadero y el hambre en el Tercer Mundo. (23)

1.3 REPERCUSIONES DEL FIN DE LA GUERRA FRÍA EN EL SISTEMA INTERNACIONAL.

El sistema internacional actual, se caracteriza por la «fragmentación y los conflictos, pero también por la integración y la cooperación». Podemos observar que la conflictividad es constante, y no algo imprevisto asociado al periodo de inestabilidad surgida tras el fin del sistema bipolar. En realidad, se han extendido conflictos que nos han sumido en la confusión y en la perplejidad, tales como: la desintegración de la ex Yugoslavia, Ruanda y Burundi, la extensión de la crisis a la zona de los Grandes Lagos, Somalia, Kosovo. (24)

Es posible describir la estructura del sistema bipolar, los ejes este-oeste y norte-sur, desde 1947 hasta 1989, y también confirmar que dicho sistema ha concluido. Sin embargo, no se pueden definir algunos de los elementos de este sistema internacional en transformación. Además, el sistema internacional no se esta organizando de un modo jerárquico vertical, sino que por el momento está en una dinámica de tanteo, que se manifiesta en confrontaciones de bajo o alto nivel basadas presumiblemente en cierto cálculo de riesgo/beneficio.

Estamos asistiendo en una etapa en la que los diversos actores del sistema intentan ―marcar el territorio‖. Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, entre China y los dos anteriores, o las vacilaciones de Europa ante todos, son sólo síntomas. (25)

Coincidimos con Pere Vilanova que con la caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la URSS no sólo finalizaba un ciclo sistémico, relacionado con el fin de la II Guerra Mundial y la Guerra Fría, sino que además, «el sistema mundial se emplaza en un periodo de transición global, en

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el que el nuevo orden permanece en construcción y el resultado es incierto».

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Vamos a intentar comparar para poder establecer un análisis de las tendencias de cambio actuales. Sabemos, comparando, qué no es ya el sistema internacional actual, pero no necesariamente cuál va a ser el sistema internacional subsiguiente. En este momento, podemos designar a grandes trazos tres sistemas internacionales inmediatamente y consecutivamente anteriores a la situación presente: el siglo XIX, el período de entreguerras (entre las dos guerras mundiales) y el sistema bipolar de la Guerra Fría.

El sistema del siglo XIX, en realidad, duró cien años pero con un ligero desfase sobre los años 1800 y 1900. Corrió de la derrota de Napoleón y el Congreso de Viena (1814-1815) a la Primera Guerra Mundial (1914-1918). En su fase inicial, las potencias vencedoras de Napoleón ordenaron el sistema europeo de la época, establecieron las reglas de la relación entre ellas (la diplomacia, la guerra y el comercio), e incluso, definieron el tipo de régimen político aceptable (la monarquía constitucional limitada, restaurada o instaurada, el sufragio censitario, la primacía del Ejecutivo, etc.) además fue el siglo de las revoluciones sociales (1820,1830, 1848, 1871), de la aparición de nuevas ideologías (comunismo, anarquismo, nacionalismo moderno), de los partidos obreros y de los sindicatos, del republicanismo.

El período de entreguerras (entre las dos guerras mundiales) sistema destacado por el hecho de que con el fin de la Primera Guerra Mundial, entran en crisis o desaparecen nada menos que los tres imperios que sustentaban el sistema de equilibrios de la segunda mitad del siglo XIX, ello provoca, para empezar, la aparición de nuevos estados en dos regiones sumamente conflictivas: Oriente Medio y la Europa Central y Oriental.

El sistema bipolar, mucho más cercano, se basaba entre otros, en los siguientes parámetros:

-«dos potencias emergentes como resultado de la Segunda Guerra Mundial; con zonas de influencia en algunos casos, como en Europa, muy delimitadas, y en otros, como en África, muy fluidas.

- La Guerra Fría propició, o tuvo influencia sobre, muchos conflictos locales –Oriente Medio, Vietnam, Afganistán, Etiopia, Angola y tantos otros-, pero tuvo también, paradójicamente un efecto moderador sobre dichos

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conflictos. El control de las superpotencias sobre sus clientes congeló conflictos y contradicciones y limitó ciertos conflictos para que no sobrepasaran el umbral tras el cual podía producirse un enfrentamiento directo entre ellas.

-existencia de Naciones Unidas como intento de organización mundial capaz de regular y controlar conflictos;

-proliferación inédita de organizaciones internacionales de todo tipo, así como de actores transnacionales;

-proliferación de nuevos estados surgidos de la descolonización, que no sólo supusieron un aumento cuantitativo sino una modificación cualitativa del panorama mundial; aspecto a destacar es que la pugna bipolar ocultó la existencia de otros procesos que desaparecieron con el mundo bipolar. Uno de ellos quizá sea el salto cualitativo en la mundialización, pero otro, es la falta de legitimidad interna de muchos estados, dando lugar a los colapsos estatales tras el fin de la Guerra Fría.

-equilibrio militar –convencional y nuclear- entre las dos superpotencias, con el nuevo fenómeno de la disuasión y la racionalidad estratégica que ello conllevó;

-superposición de dos ejes globales: el eje horizontal, Este-Oeste, presidido por la confrontación de los dos bloques, el eje vertical Norte-Sur, en el que la tensión se concentraba en el eje desarrollo-subdesarrollo;

-emergencia progresiva, lenta y contradictoria de nuevos poderes regionales como China o el producido por el proceso europeísta». (27)

De esta manera el orden mundial propio de la era bipolar se ha caracterizado por la estabilidad en el centro del sistema y la inestabilidad en la periferia. Mientras que Europa, Estados Unidos, Canadá y algunas regiones del Sudeste Asiático, por un lado, y Europa del Este y la Unión Soviética, por otro, dentro del marco de la Guerra Fría y la disuasión, han disfrutado de una larga paz en lo que se refiere a las relaciones entre los estados, el Tercer Mundo vivió la dura experiencia de la descolonización y, posteriormente, el estallido de cruentos y, a veces, interminables conflictos regionales.

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1.4. CARACTERÍSTICAS DE LA POSGUERRA FRÍA.

En primer lugar, uno de los principales rasgos de nuestro mundo es la

«homogeneidad. El mundo es más homogéneo porque ha desaparecido el gran desafío al orden liberal, el gran otro. Pero también por la forma en que esto ha ocurrido: por hundimiento». El socialismo real ha desaparecido no sólo como formación social, sino como alternativa filosófica. Consolidándose un único horizonte normativo presidido por la estatalidad, democracia, derechos humanos, mercado, etc. (28)

Un segundo aspecto de este nuevo orden mundial es que, por encima de los roces y las diferencias, los países occidentales desarrollados son los grandes impulsores de ese horizonte moral, y podríamos decir que actúan en las relaciones internacionales como un protagonista único. Occidente ejerce su poder como palanca, forzando a otros a hacer lo que no quieren.

Un tercer aspecto podría titularse como el «fin de la mitología del estado». Ciertamente la globalización ha hecho perder al estado parte de su capacidad de control sobre las variables macroeconómicas, sobre flujos financieros, etc. Pero no puede decirse lo mismo sobre la autoridad del estado.

No hay ninguna duda de que el estado ejerce el monopolio de la autoridad, y se resiste a ceder dicha soberanía. Ejemplo lo podemos comprobar en las dificultades en la Unión Europea para llegar a políticas exteriores, de defensa y de seguridad comunes, y por otro lado, China se ha resistido al cuestionamiento y control internacional de su política interna.

En cuarto lugar podríamos mencionar otro rasgo de la posguerra fría: la creciente informalización de la vida internacional, es decir, la tendencia a que los problemas se aborden en comisiones, comités, etc., ad hoc informales y no en las instituciones internacionales reglamentadas, donde es más fácil que los países europeos y los Estados Unidos impongan sus puntos de vista a los países más débiles del mundo.

En quinto lugar, cabría referirnos a la revalorización de la fuerza militar como instrumento de resolución de problemas a partir de la guerra del Golfo.

Por último, y en sexto lugar, cabría añadir que «se está produciendo lentamente un cambio de principio de legitimidad de la autoridad, de la soberanía». El principio de soberanía –principio constitutivo del sistema de

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estados- ha argumentado su legitimidad de diversas formas: dinástica, nacional o popular y a partir de la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, con la descolonización, territorial. «Lo que está apareciendo en el horizonte es un nuevo principio de legitimidad de la autoridad, de la soberanía, y este principio sería el respeto a los derechos humanos –entendidos como derechos civiles y políticos- y el gobierno democrático». (29)

Estas serían las características más notables, grosso modo, de la posguerra fría, pero hay dos fenómenos que son objeto de reflexión por los estudiosos, nos referimos al debate sobre si nos encontramos en una sociedad presidida por la unipolaridad o por la multipolaridad, y por otro lado al fenómeno de la fractura de Estados poco consolidados y a la generalización de la violencia en esta época.

En primer lugar, como señala Carlos Alonso Zaldivar para moverse en este mundo en transición, «conviene disponer de un mapa de las realidades que tienden a emerger en el futuro. y conocer la jerarquía de poder entre los actores del sistema internacional». (29) En efecto, con la desaparición de la amenaza militar soviética, la multipolaridad política ha sustituido a la bipolaridad característica de la guerra fría e institucionalizada en la existencia de dos bloques militares guiados por dos superpotencias mundiales: Estados Unidos, con respecto a la OTAN, y la Unión Soviética, en cuanto al Pacto de Varsovia. A partir de ahora, el mundo deja de estar nítidamente dividido en dos por una frontera ideológica y una rivalidad cuyas consecuencias se dejaron sentir especialmente en Europa, a un sistema basado en la cooperación e interdependencia y caracterizado por la multipolaridad. (30)

Sin embargo, como señala Noam Chomsky el sistema global ha llegado a ser económicamente tripolar dado el crecimiento económico sostenido de países que, como Japón y la cuenca del Pacífico, compiten en igualdad de condiciones con Europa, dirigida principalmente por Alemania, y Estados Unidos, pero unipolar a nivel militar, por el potencial militar de Estados Unidos, que continúa intacto tras el colapso del comunismo. Todo ello explica que nos encontremos con opiniones muy diversas respecto de la estructura del sistema internacional de la posguerra fría. Se puede hablar de dos grandes opciones, que sugieren más el debate que el análisis. Se trata de la unipolaridad y de la multipolaridad.

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En el caso de la unipolaridad, por ejemplo, los argumentos a su favor están vinculados a la experiencia de la guerra del Golfo y al programa de Nuevo Orden Mundial del presidente Bush, criticado por amplios sectores de Pax Americana. Ch. Krauthamer aduce la capacidad de los Estados Unidos para hacer frente a la nueva amenaza en el sistema internacional: la amenaza combinada de los weapon states y de la inestabilidad en el Tercer Mundo. Para este analista, mientras se produce el nacimiento del orden multipolar que emane de Berlín, Tokio, Pekin, Bruselas, Washington y Moscú, se está viviendo en un momento de unipolaridad, donde el poder mundial reside en una sola entidad, la Alianza Occidental, que todavía no ha quebrado. La visión unipolar a partir de la capacidad militar, como organizadora del sistema, prescrita por Krauthamer, choca con una visión más extendida que ve en la sociedad internacional de la posguerra fría un sistema multipolar. (31)

Sin embargo, han surgido muchas críticas al respecto, pues el movimiento unipolar supone sacar ventaja de la Pax Americana en la que los Estados Unidos permanecen como el único superpoder. De ahí que otros estudiosos defiendan la necesidad de establecer relaciones entre Estados basadas en la asociación entre iguales y no en aquellas propias de la inferioridad y superioridad. Por consiguiente, proponen el surgimiento de una Pax Consortis basada en la cooperación entre los tres centros de poder (Japón, Estados Unidos y Alemania). Esta apelación al trilateralismo se debe a que la principal potencia, EEUU, no está preparada para llevar a cabo acciones internacionales por sí sola (unilateralismo) y porque el mundo tampoco lo está para actuar conjuntamente (seguridad colectiva). (32)

La noción de multipolaridad, defendida por un amplio número de autores, está asociada al proceso en curso desde los años setenta: la difusión del poder, por una parte, y la tripolarización económica, por otra. Así los autores mencionados enfocan la idea de multipolarismo desde dos concepciones diferentes. Por ejemplo, Stanley Hoffmann hace referencia a un multicentrismo en el que las potencias ejercen como tales en áreas diversas: Rusia en lo militar, Japón y Alemania en lo económico-financiero, China y la India en lo demográfico y Estados Unidos en lo económico-militar. Frente a esta noción, otros autores, L. Feedmann, se centran en la dimensión económica del sistema para introducir la noción de multipolarismo tripolar, de tal manera que Estados

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Unidos, Japón y la Comunidad Europea serían responsables de establecer el orden en sus respectivas áreas regionales. En suma, como apunta Celestino del Arenal, el sistema internacional de nuestros días «avanza al mismo tiempo hacia la unipolaridad y la multpolaridad [...] tiende, al menos a primera vista, hacia la unipolaridad desde el punto de vista diplomático-estratégico, pues [...]

los Estados Unidos se presentan como la única potencia con capacidad, vocación y voluntad de ejercer el papel de superpotencia [...]. El sistema internacional actual se caracteriza también y sobre todo [...] por una multipolaridad política y económica creciente, fruto del desarrollo de nuevos centros de poder político y económico, como las empresas transnacionales y la Comunidad Europea y Japón, que provoca un incremento de la interdependencia compleja [...], el más importante contrapeso a la posible dominación ―objetiva‖ de una única superpotencia. En este contexto se avanza hacia la configuración de grandes bloques o centros de poder político y económico‖. (33)

Teniendo en cuenta este nuevo panorama algunos autores observan que el sistema internacional comienza a caracterizarse por la presencia de varios grandes poderes, siendo EEUU «el más grande de los grandes poderes» «The greatest of the great powers» Barry Buzan. Es posible distinguir, por tanto, en la nueva era multipolar un centro y una periferia que, gravitan alrededor de unas normas, llámense liberalismo económico y democracia política. El núcleo de este sistema está caracterizado por unos Estados cuya interdependencia económica y regímenes de gobierno democráticos permiten cierta disminución del poder de las armas nucleares para resolver el problema de la seguridad. El resultado es una relación consistente en un modelo liberal de la política internacional. Los conflictos no desaparecen pero no se resuelven militarmente. En la periferia, distintos sistemas políticos coexisten uno al lado del otro. La interdependencia entre estos estados de la periferia se subordina a la dependencia de los Estados que se hallan en el núcleo. Presiones para la expansión están todavía presentes debido a las distintas finalidades de los Estados por alcanzar mayor riqueza o protegerse de inestabilidades internas. (34)

Los primeros teóricos realistas, como Hans Morgenthau, Henry Kissinger y Kennetz Waltz, mantienen que es el carácter anárquico de la sociedad

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