I ENCUENTRO INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN Espacios de investigación y divulgación.
29, 30 y 31 de octubre de 2014
NEES - Facultad de Ciencias Humanas – UNCPBA Tandil – Argentina
I.1- Políticas universitarias, instituciones y territorios
Transformaciones en la Universidad: entre la tradición y la nueva agenda
2 1. De la Reforma a la Modernización Académica
Los ciclos por los que transitó la educación superior en América Latina están ligados a sucesivas reformas que dan cuenta de la misión de la universidad en relación a un determinado contexto político y social. Tal como lo señalan Arocena y Sutz (2005) las universidades se convirtieron en un parte relevante de la política latinoamericana y el panorama cultural en el siglo XX. El Movimiento de Reforma Universitaria que se origina a partir de los cambios introducidos en la universidad de Córdoba (Argentina) en 1918 contra la enseñanza tradicional y el viejo régimen conservador religioso, con las banderas de autonomía basadas en la libertad académica, cogobierno con representación de estudiantes y graduados, modernización de la enseñanza y el involucramiento de la universidad en las cuestiones sociales se expandió rápidamente en distintos países de América Latina desafiando el statu quo académico.
El modelo de universidad propuesto por la Reforma que estaba en función de las ascendentes clases medias movidas por las aspiraciones de modernización y progreso, aunque ligadas al perfil disciplinario tradicional de “universidad de los abogados”, no modificó sin embargo la estructura universitaria basada en el “modelo napoleónico” de aglutinamiento de facultades y cátedras bajo la impronta profesionalista.
3 La Segunda Reforma de la Educación Superior (Krotsch, 2001) aparece vinculada a las transformaciones de una sociedad agraria tradicional a una moderna secular caracterizada por el proceso industrial de sustitución de importaciones con la consiguiente incorporación de masas a la vida urbana. Este modelo político, económico y social de corte desarrollista que transcurre entre las décadas del ´50 al ´70 conllevará, bajo la impronta de un Estado planificador, modificaciones en la Educación Superior que se multiplica diferenciándose y complejizándose. En efecto la aparición del sector privado y la creciente diversificación institucional son rasgos característicos de este período así como el inicio de un proceso de masificación puesto de manifiesto en la ampliación de la matrícula. Las instituciones universitarias en América Latina pasan de 75 en1950 a 330 en 1975 y el número de estudiantes crece de 267.000 en1950 a 1.640.000 en1970 y 4.930.000 en 1980 (Fernández Lamarra, 2007:18). Se asigna a la universidad el rol de formadora de los recursos humanos necesarios para el proceso de modernización tendiendo a difundirse en la región el modelo académico norteamericano con énfasis en la estructura organizativa departamental y en las actividades de investigación. En la Argentina, en particular, la introducción de reformas chocará con la oposición de los sectores ligados históricamente al modelo napoleónico por lo que la expansión del sistema transitará mayormente dentro de las estructuras tradicionales, a diferencia de otros países de América Latina donde el menor desarrollo y tradición del sistema permitió la adopción de las nuevas propuestas (Krotsch, 2001). Cabe también señalar que los avatares políticos, con los recurrentes golpes de Estado, generaron en el país situaciones de inestabilidad institucional que poco podían contribuir a consolidar nuevos modelos académicos.
La tercera generación de Reformas: de la Autonomía a la Heteronomía. Del Estado
Benevolente al Estado Evaluador
4 Argentina, al igual que otros países de América Latina, transita durante los´80 el paso del autoritarismo a la democracia, en una situación de fuerte endeudamiento externo y profunda crisis económica mostrando sus límites los patrones de expansión, financiamiento y gestión que ya, a lo largo de los ´70, habían entrado en retroceso.
En este marco la universidad sufre también cambios en su estructura y financiamiento poniéndose en juego posturas antagónicas entre una visión pragmática de la educación asociada al gasto y la concepción de educación como inversión. El nuevo rol del estado como estado evaluador (Mollis, M 2001 y Camou, A. 2007) implica cuestionar anteriores modalidades y asumir otras nuevas, persiguiendo por un lado la garantía pública (accountability) por el uso de fondos del estado y por el otro promoviendo la introducción de mecanismos de distribución del presupuesto en función de asignaciones competitivas, ligadas al desempeño y al resultado en una situación marcada por la búsqueda de nuevas formas de financiamiento de la educación superior, distintas o complementarias al aporte del estado.
Este estado evaluador surge en un contexto de masificación y fuerte diversificación de la educación superior, crecimiento de la privatización institucional y gran heterogeneidad en los niveles de calidad. En 1995 se registran 812 instituciones universitarias en América Latina (319 públicas y 493 privadas) y entre 1990 y 2000 el número de estudiantes pasa de 7.350.000 a 11.500.000, multiplicándose más de 60 veces entre 1950 y 2005. En Argentina entre1990 y 1996 se crearon 22 nuevas universidades privadas y 12 universidades nacionales, la mayoría de ellas en el Gran Buenos Aires (Fernández Lamarra, 2007:18-21). Las universidades del conurbano bonaerense nacen a partir de la necesidad de atender demandas locales, con sólidos vínculos territoriales y una estructura organizativa y oferta académica distinta al modelo tradicional.
5 sostenible, reducir las desigualdades de acceso y resultados, resolver problemas de calidad y pertinencia y flexibilizar estructuras de gobierno y prácticas de gestión rígidas.
El documento plantea asimismo que “el marco regulatorio del estado debe respaldar en lugar de limitar la innovación de las instituciones públicas, así como las iniciativas del sector privado” resaltando el cambio en el papel que debe cumplir el estado a través “de la creación de marcos favorables e incentivos adecuados”
En este escenario voces críticas se alzan para señalar la creciente pérdida de autonomía de la universidad. En la clasificación de los sistemas académicos que realiza Burton Clark(1983) en relación a los mecanismos de coordinación que dan cuenta de la
distribución de la autoridad: estado, mercado y oligarquía académica, Mónica Marquina (2007) plantea el traslado de este último poder hacia los dos primeros señalando el pasaje
de un sistema autónomo a uno heterónomo en la medida en que instancias externas a la universidad intervienen en cuestiones que tradicionalmente eran patrimonio exclusivo de ella.
Se cuestiona también de las políticas aplicadas durante la década del’90 la creación y expansión de los denominados “organismos de amortiguación” (Chiroleu e Iazzetta, 2005),instancias intermedias (CONEAU, Consejo de Universidades) alojadas en la burocracia central que median en la relación estado- universidades absorbiendo niveles de decisión, anteriormente en poder de estas últimas. Esta perspectiva no significa un retroceso del estado sino la asunción de nuevas funciones como es la de “pilotar la educación superior a distancia”, lo que remite a la racionalización y redistribución de funciones entre el centro gubernamental y la periferia institucional. El centro conserva el control estratégico global, por medio de palancas políticas más precisas, como la asignación de funciones, la definición de metas para el sistema y la operacionalización de criterios relativos a la calidad del producto. (Giangiacomo, 2005).
A modo de síntesis se puede plantear que las políticas de Enseñanza Superior en América Latina y particularmente en la Argentina, durante fines de los ’80 y la década de los ‘90 está dominada por los siguientes rasgos:
Expansión y diferenciación de los sistemas de educación superior Restricciones en el financiamiento público
6 Fortalecimiento del papel del mercado en el marco de las políticas públicas.
Los Desafíos de la Globalización: entre el Mercado y el Desarrollo con Equidad
Los cambios registrados en las últimas décadas que, como señaláramos, han tenido impacto en la educación superior implica para ésta la necesidad de aceptar nuevos desafíos y poner en cuestión algunos de algunos de aquellos rasgos que caracterizaban su misión. Al respecto Arocena y Sutz (2005) plantean que ya en los ’90 las tradiciones del Movimiento Reformista Universitario eran incapaces de promover las transformaciones que el nuevo contexto reclamaba.
El rol del conocimiento en el desarrollo económico social y los procesos de internacionalización de la Educación Superior son elementos a considerar en el futuro de la universidad
En relación al primero de los aspectos ya en 1968, preocupados por el estancamiento y subdesarrollo de América Latina, Jorge Sábato y Natalio Botana, vislumbraron la necesidad de que, a través del impulso al desarrollo científico y tecnológico, el continente pasara a ocupar un rol protagónico. En función de ello propusieron un triángulo de relaciones coordinadas entre gobierno- infraestructura científico tecnológica y estructura productiva. Por tanto hace más de cuarenta años el triángulo Sábato- Botana ponía ya de manifiesto la interacción y el carácter relacional entre actores a fin de “insertar la ciencia y la tecnología en la trama misma del desarrollo”
7 infraestructura científico- tecnológica y desarrollando una política que fortaleciera y enlazara a esta última con la estructura productiva mencionando en este sentido, y en particular, la necesidad de movilizar la inteligencia y creatividad de la universidad.
A mediados de la década de los ’90 en un contexto socio histórico que había sufrido profundas transformaciones en relación a la época en que Sábato y Botana realizaban sus propuestas, Etzkowitz y Leydesdorff (2000) introducen el concepto de “Triple Hélice” para reformular la articulación entre universidad, industria y agencias gubernamentales.
La propuesta del modelo de Triple Hélice modifica sustancialmente el papel tradicional de la universidad ya que se la concibe como una “universidad emprendedora” otorgándole un rol central en la innovación. Los autores plantean los límites de la investigación básica señalando su insuficiencia para inducir la transferencia de conocimiento y tecnología. La Triple Hélice articula la relación academia- estado-industria en términos de una superposición de estas esferas institucionales, cada una tomando el papel de la otra generándose en las interfases organizaciones híbridas cuyas características responden parcialmente a las distinciones que le dieron origen, incorporando elementos de otros componentes del modelo.
Desde esta óptica a la inicial misión de la universidad centrada en la enseñanza y a la posterior incorporación de la función de investigación (primera revolución académica), se suma una segunda revolución ligada precisamente a la tercera misión focalizada en la creciente importancia del conocimiento y la investigación para el desarrollo económico social Si la integración de las actividades de investigación plantea, a pesar de su creciente legitimidad, controversias respecto a la tradicional función áulica, el tercer propósito encierra aun mayores interrogantes y es objeto de agudos debates enfrentando a las instituciones de educación superior a novedosos desafíos como respuesta a un contexto cambiante.
8 El conocimiento en el modo 2 se genera en cambio en un contexto transdisciplinar, atravesando las disciplinas y dirigiéndose hacia la aplicación en su sentido más amplio. Mientras que en el modo 1 el conocimiento se caracteriza por la homogeneidad tendiendo a preservar su forma y a ser convalidado por la comunidad de especialistas, en el modo 2 la producción de conocimiento es heterogénea en término de habilidades y experiencias aportadas por los equipos de trabajo, distinguiéndose por la diversidad de lugares donde se puede generar el conocimiento “su producción ya no se hace sólo en las universidades y facultades, sino también en los institutos universitarios, centros de investigación, instituciones gubernamentales, laboratorios empresariales, equipos de reflexión y asesorias, así como en su propia interacción” (Gibbons, et al 1994:17-18). Por otra parte el control de calidad y la validación, tanto del trabajo como de los equipos que lo llevan a cabo, se basan en criterios no sólo académicos sino también sociales, económicos y políticos
En el modo1 la relación entre ciencia y sociedad, entre ámbito académico y entorno social se caracteriza por ser unilateral, la ciencia “baja” hacia la sociedad, los “expertos” instruyen a los “legos”, en el modo 2 la relación se invierte generándose flujos crecientes de comunicación entre ambos. Pero hay que tener en cuenta que, si bien este modelo plantea una novedosa interacción comunicativa revalorizando la demanda social hacia la academia, esta demanda de responsabilidad social en relación a la producción de conocimiento se entrecruza también con la mayor presión para justificar los gastos en ciencia, producto de un contexto escaso en recursos financieros.
9 fundamentalmente en relación a la universidad empresarial. Mientras que, autores como Etzkowitz y Leydesdorff (2000), señalan la creciente importancia del conocimiento y la investigación para el desarrollo económico, en donde la universidad cumple un papel central, otros como Slaughter y Leslie (1997:59) desarrollan el concepto de “Capitalismo Académico” considerando a la universidad empresarial como una deformación de la función que le cabe a esta institución, consignando que “los profesores perdieron autonomía cuando las políticas de investigación viraron de sostener investigación básica (profesores guiados por la curiosidad) hacia la investigación más aplicada guiada por el desarrollo económico”.
Los países de América Latina no son ajenos a este debate aunque el vínculo universidad-sector productivo es aún incipiente sin alcanzar el nivel de desarrollo ni de promoción política que caracteriza al de los países centrales y las posturas en torno al vínculo universidad-sector productivo están atravesadas por fuertes controversias. Quienes se oponen enfatizan la necesidad de mantener la independencia académica. Al respecto, entre otros, Llomovatte (2006: 38) señala las implicancias de esta vinculación para la universidad lo que conlleva “la instalación de nuevos principios de gestión de sus actividades de investigación y transferencia, la adopción de temas de investigación orientados por las necesidades de la industria y no por los legítimos intereses de los investigadores y equipos, ni por una evaluación autónoma de las universidades en el contexto local”. En una línea similar Jaim Etcheverry (2005) partiendo de considerar a la universidad como esencialmente una institución de “ideas” plantea que “tiene la función irrenunciable de cultivar y proponer hacia afuera ciertos valores que le son propios .Su misión hoy es civilizar el nuevo milenio y, para lograrlo, es preciso que emprendamos un esfuerzo destinado a convencer a la sociedad de que la educación encierra valores propios y que no es sólo la clave de valores económicos”.
10 universidad una pérdida de identidad. De Melo (2009:221) como voz de las universidades brasileras plantea que, si bien, el proceso de el proceso de transferencia de conocimientos de la universidad al sector productivo es ya un “paradigma inevitable”, no por ello “la universidad debe limitarse a una visión economicista, ella también deberá destacarse como agente creativo e impulsador de innovaciones científicas y tecnológicas que irán a atender las demandas de la sociedad, reafirmando su papel de institución comprometida con una responsabilidad social”.
Más allá de este debate la realidad muestra que hay un proceso incipiente pero en marcha para el contexto latinoamericano y para la Argentina en particular. Así lo demuestran las primeras experiencias de incubadoras universitarias de empresas para el caso de las universidades de Luján y La Plata, proyectos puestos en funcionamiento en 1997 (Versino, M, 2007) o el Parque Tecnológico del Litoral Centro en la ciudad de Santa Fe, proyectado en la década del ’90 a partir de una iniciativa del CONICET y la Universidad del Litoral y entre otros más recientes el Parque Tecnológico de Tandil dependiente de la Universidad del Centro. A ello debemos agregar la creación en el año 2003 de la Red de Vinculación Tecnológica (RED VITEC) impulsada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) con el objeto de promover un rol protagónico de las universidades nacionales en la discusión de las políticas de investigación, desarrollo e innovación.
El análisis y reflexión sobre este proceso emergente supone no sólo tener en cuenta el debate ideológico aún no saldado en torno al tema, sino también las propias peculiaridades de los actores intervinientes que, a diferencia de los países de mayor desarrollo, no muestran un triángulo científico tecnológico plenamente integrado. Partimos de la base de que, siendo necesario fortalecer esta articulación, no es posible trasladar automáticamente experiencias de otras realidades económicas, políticas e institucionales, revalorizando por otra parte el papel que le cabe al estado en el desarrollo del aparato científico tecnológico vinculado a las decisiones políticas acerca de un modelo de país.
11 La internacionalización de la educación al igual que la tercera misión de la universidad implica oportunidades pero también riesgos a evaluar. Entre las primeras podemos mencionar: el incremento de la oferta de educación y el mayor acceso de los estudiantes a la universidad, el apoyo a la economía del saber, el establecimiento de titulaciones conjuntas, el aumento de la comparabilidad de los títulos, la diversificación y generación de nuevos entornos académicos. En cuanto a los desafíos potenciales podemos enunciar la preocupación por la calidad, la desigualdad en el acceso a la universidad, la intensificación de la fuga de cerebros física y virtual, la homogenización de la cultura, la incorporación de la educación a la esfera del mercado con el consiguiente debilitamiento de la función del Estado en la instauración de una política y objetivos nacionales (UNESCO, 2004)
Enlazado al empleo de las TIC’s se perfila también un cambio de tendencia en el proceso de enseñanza- aprendizaje a través del pasaje a un paradigma centrado en el estudiante y en su aprendizaje, lo que significa poner en cuestión el rol tradicional docente – alumno ya que el primero no se limita a la mera transmisión de conocimientos, sino que desempeña la función de facilitador de ese proceso.
Diversificación transnacional de la oferta educativa, cambios en el paradigma de enseñanza- aprendizaje, creciente mercantilización del conocimiento. En este marco ¿cómo asegurar la calidad de la educación superior? ¿cómo mantener desde los sistemas nacionales un control y regulación de la educación superior fuera de sus fronteras?
En referencia a ello la Declaración Argentina de las Universidades Públicas en el año del Bicentenario (2010) manifiesta el creciente interés de las universidades por participar en los procesos de internacionalización de la educación superior pero desde una perspectiva que “redunde en beneficio de toda la sociedad argentina y que la integración sea a partir de nuestra identidad y nuestros valores”. Expresa asimismo, ante los avances de la mercantilización de la educación superior, la necesidad de defenderla como “un Bien Público y un Derecho Humano Universal”, posición ésta que se sostuvo y se logró consagrar como bloque de Latinoamérica y Caribe en la Conferencia Mundial de Educación Superior llevada a cabo en París en 2009.
12 futuro. Autores como Marquina (2007), Brunner y Uribe (2007) y Arocena y Sutz (2005), aluden en este ámbito al agotamiento del reformismo y su incapacidad para dar respuesta a nuevas problemáticas, en donde la fragmentación o dualización es una perspectiva a considerar en tanto algunas disciplinas y áreas logran posicionarse en este nuevo esquema poniendo más énfasis en un contexto de aplicación y en la obtención de financiamiento externo, mientras que otras pueden quedar relegadas al no contar con las posibilidades o herramientas para afrontar el naciente escenario. Valores y tradiciones universitarias, un entorno estable volcado puertas adentro son puestos en cuestión frente a la demanda de rendición de cuentas
Los escenarios alternativos ante esta problemática pueden presentar posturas de abroquelamiento institucional, manteniéndose a la defensiva en torno a la preservación de valores tradicionales plasmados en una percepción de autonomía alejada de las necesidades y demandas sociales que plantea una nueva realidad como la posibilidad de una dualización o heterogenización institucional entre disciplinas y profesiones con mayores o menores posibilidades de adaptarse. Frente a estos escenarios extremos la concepción de “universidad urbana comprometida” emerge como alternativa con una agenda que conjuga responsabilidad e involucramiento social desde la perspectiva de considerar a la universidad como un bien nacional público, social y colectivo que por tanto:
“Tiene responsabilidad social con la comunidad a la que pertenece, articulándose con los distintos sectores de la sociedad civil, potenciando los recursos que ésta ya tiene, vinculándose tecnológicamente y científicamente con el sector privado, con los organismos estatales y no gubernamentales de la sociedad, en definitiva, compartiendo el esfuerzo por elevar la calidad de vida y por lograr una sociedad más justa. Ello implica poner todos los esfuerzos para contribuir al desarrollo social y regional” (Jaramillo, A
2002:10)
Desde esta perspectiva una propuesta de agenda universitaria podría incorporar y /o fortalecer temas tales como:
13 La propuesta de la tercera misión en tanto aporte de las universidades al fortalecimiento del entramado productivo dentro de un proyecto nacional
La internacionalización de la educación superior como herramienta privilegiada para la integración de la cultura latinoamericana
Las necesarias transformaciones en el proceso de enseñanza- aprendizaje apartándose de las prácticas tradicionales encuadradas en la mera transmición de conocimientos, revalorizando la utilización de las TIC´s y planteando la necesidad de introducir un aprendizaje basado en problemas con una conexión más estrecha entre teoría y práctica.
La búsqueda de calidad educativa no sólo en función de asegurar calidad en la producción de conocimiento, sino también por el aporte de ese conocimiento al desarrollo nacional. El desafío de una universidad promotora de la integración social a través de políticas educativas de inclusión
La permanencia y legitimidad de la universidad como generadora de conocimiento depende hoy más que nunca del uso social que se dé a ese conocimiento. Esto será posible en la medida en que la universidad sea capaz de abrirse a las nuevas situaciones que debe enfrentar desde una postura nacional y latinoamericana que contribuya a un desarrollo con equidad.
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