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Del borde… al precipicio…
By SANKH
Libros editados para LaTetaFeliz.Org 2013
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LatetaFeliz.org® 2013 Derechos Reservados 4 Capítulo 1
Patricia llegó a casa un poco antes esa tarde, cansada, deshecha y con un dolor de cabeza que le taladraba alguna parte del cerebro que hacía que no pensara correctamente. Se había peleado con todo ser humano vivo que se le cruzara en el camino desde su secretaria, la chica del restaurante de comida rápida, el señor que conducía a cinco millas por hora en un área de 45 y hasta el portero del apartamento, así que había decidido que era un peligro para la sociedad; lo mejor era regresar a casa. Todo lo que quería era una deliciosa ducha y un armonioso momento de relajación.
Una vez dentro del baño y sintiendo el agua caliente en todo su cansado cuerpo, se sintió renovada y en plena tranquilidad, suspiró ruidosamente -todo lo que necesitaba - murmuró para sí. Luego del reconfortante baño, salió con su camisa de manguitas y sus pantalones cortos, muy cortos…la comodidad en casa no tenía precio solía decir. Preparar la cena no era difícil hoy, solo sacar la comida de las bolsas y colocarlas en platos - gracias Dios por el grandioso invento de la comida rápida, la comida preparada y el microondas - dijo con una gran sonrisa tomando la comida.
El sonido de unas llaves en la puerta la sacó de su concentración culinaria:
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-Examen, biblioteca, idiotas en la calle, ¿te suena conocido? - respondió Alexandra mientras dejaba sus libros en la mesa, caminaba hasta Patricia y besaba su mejilla. -Te llamé a la oficina y Ana dijo que ya habías salido, tú como que no tienes buena pinta hoy… - dijo torciendo su boca. -Un día terrorífico, no pude aguantar tres minutos más, ya sabes lo habitual, ahogada en papeles, el juzgado, las investigaciones, el mundo que se vuelve loco…
-Ya te dije que te tomaras unas vacaciones y te alejaras de todo este mundo de locos - le dijo Alexandra cínicamente sentándose a la mesa.
-Sabes que ahora no es el momento - dijo Patricia sentándose a su lado.
-Vamos Mamá, nunca es el momento, es como si no encontraras el tiempo para ti - miró a su madre a los ojos - mírame, ya estoy bastante grandecita, así que puedo cruzar la calle sola, puedo abrir la nevera, cocinar y sino ya sabes pizza es buena opción” - sonrió y comenzó a comer.
-No es eso Alex, es que simplemente no creo que sea el momento… - con su mirada algo perdida.
-Mamá, ¿qué edad tienes? - alzó un poco la voz.
-Alex, sabes qué edad tengo - dijo mirando el rostro de su hija hasta encontrar sus ojos azules.
-Sí, pero quiero que me la digas tú para que me entiendes - dijo y alzó el tenedor que tenía en las manos y señaló a todas partes.
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-Aja, 31 años, abogada, hermosa, con una hija de 18 años y completamente sola, ¡Por Dios, En mi en algún lugar hay un problema, ¿no crees?
-Sí, creo que el problema está en la hija de 18 años- miró a Alex y sonrió.
-Muy graciosa - dijo y le ofreció una mirada aniquiladora -Mamá lo que estoy tratando de decir es que debes salir, hacer otro tipo de cosas, buscarte una pareja, hacer el amor…
-Alexandra Stevenson no le hables así a tu madre- abrió sus ojos color castaños tan grandes como se le hizo posible.
-Mira Patricia - dijo Alex con plena confianza - llevas cinco años sin estar con ninguna persona, ¿5 años?, por favor, Mamá, yo soy tu hija; pero quiero que seas feliz…
Patricia interrumpió a su hija y comentó: -Cinco años en los que soy feliz sin que alguien me joda la vida.
-Perfecto, pero porque hayas tenido una relación no muy buena...
-¿No muy buena Alex?, fue un desastre y mientras yo pueda evito cualquier contacto del tercer o cuarto tipo en toda mi existencia.
-Mamá- rio Alex, -¿qué, regresarás a ser virgen? - le dijo y tomó un poco de agua de la copa en la mesa y continuó - hay una operación para eso.
-Oh, por Dios, ¿por qué estamos hablando de esto?, porque no tengo que hablar mis asuntos contigo.
-Porque soy la única idiota que parece que te aguanta.
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-No, el 75 % de los chicos no soportan a su padres y los odian y detestan y no hablan con ellos de nada, así que esa no es mi obligación, es solo mi deseo, mi necesidad.
-Bueno, es cierto y te amo por eso- la sonrisa de Patricia se hizo muy grande esta vez.
-Yo te amo más, mucho más que si me hubieses parido.
-Eres todo lo que me importa, eres mi vida - esta vez miró a la chica y analizó las hermosas facciones que se dibujaban en su rostro, ya había dejado de ser una niña pensó Patricia y estaba creciendo como toda una mujer segura, firme, responsable…y era completamente cierto cuando decía que era su vida, era su todo, era lo mejor que la vida le pudo regalar.
-Y como tu vida te digo busca tu felicidad, aunque sea una canita al aire en un bar, en una esquina, en un avión… mmmm, ¿esa chica como se llama?, mmmmm - alzó su vista y golpeó su cabeza con su dedo pulgar - la detective que te ayuda con el caso del…
-¿Fabiola?
-Exacto la Fabiola, vamos, Mamá no puedes negar que esa mujer se babea por ti, además es bonita y…
-Alexandra, Fabiola no está nada de interesada, deja de estar inventando cosas.
-Sí Mamá, sí Mamá, y yo soy María Teresa de Calcuta, vamos, vieja, yo la he visto cuando te mira, era algo así como diciendo, negra si te agarro fuera de base, te doy un strike…- completó la frase soltando una carcajada sonora.
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-Ya Alexandra, verdaderamente no sé ni cómo me hablas así- la miró con el entrecejo fruncido, ocultado la sonrisa que le provocó el comentario de su hija.
-Ese es tu condenado problema Mamá, mírate, estás todo roja, avergonzada por cosas que son naturales, tú no eres capaz de hablarle a una chica, con 31 años que tienes, no eres capaz de invitar a una chica a salir, o decirle que linda eres, o quiero todo contigo o….
-O te puedes callar Alex….- guardó silencio y continuó, -no sé, quizás no ha llegado esa persona que espero a mi vida- esta vez el semblante de Patricia reflejó una gran tristeza.
-Sí, pero tampoco la buscas; ahí estás de brazos cruzados, en huelga de hambre.
-No estoy en huelga de hambre.
-¿O no?, a huelga de hambre no me refiero a comida que puedas ingerir - alzó sus cejas e hizo una mueca con su boca.
Se levantó de su silla y caminó hasta la cocina y desde ese punto le respondió -basta, se acabó la conversación.
-Como usted diga, mi estimada- dijo Alex con una sonrisa, a la misma vez que alzaba su mano derecha y saludaba como si fuese un soldado del ejército.
Patricia no era buena hablando de su vida amorosa, para ella eran temas que prefería evitar a toda costa y no se lo mencionaba a nadie, pero su hija estaba empeñada en cuanta oportunidad tuviese hablar del temido asunto. Desde que había terminado su fallida relación con Jesica, había decidido que eso era todo, ella había sido una especie de maldición en su vida que la embrujó, la sedujo y la encarceló en un mundo de perdición.
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Jesica había sido su pareja por algún tiempo y terminaron mal el día que Patricia la encontró en la cama con su mejor amiga. No fue fácil sobrellevar todo ese dolor porque perdía; no solo a su pareja, sino a su amiga, pero de alguna manera eso dio pie a su soledad actual, la desconfianza total. Solo su trabajo y su hija eran sus prioridades.
El amor para ella era una especie de juego de lotería, que solo el que sacaba el número ganador disfrutaría de un amor bonito. Y no estaba disponible para buscarlo, tampoco para conocerlo, ni para reconocerlo. Quizás no era justo, pero era más cómodo sufrir por no tener a alguien, que sufrir por tener a alguien que te haga sufrir. Y lo había decidido, no daría vuelta atrás; la soledad le había sentado bien por ahora, ¿por qué debería eso cambiar?..
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Capítulo 2
-Odio que me mientan, ¿te lo he dicho antes Ana?- dijo Patricia a su secretaria ojeando unos papeles en su escritorio.
-Sí Pati, me lo has dicho los últimos seis años que he trabajado junto a ti - contestó Ana con su ceja arriba mirando a Patricia sentada en el escritorio.
-¿En serio, tanto tiempo? - dijo sin levantar la vista de sus documentos.
-Si todo ese tiempo de tortura a tu lado, ¿puedes imaginarlo?
Patricia le dio una mirada aniquiladora y dijo, -vamos, sé que han sido los mejores años de tu vida, te es un honor trabajar junto a mí, es todo una aventura…
-Por supuesto es una aventura, junto a ti me han gritado, pegado, insultado…
-Oh, estás exagerando- contestó y alejó sus lentes de su rostro para encarar a Ana.
-Eres muy pasional Patricia y todos los que a tu lado estamos pagamos las consecuencias de eso…pero, sí, debo aceptar que han sido los mejores años, además, me pagas muy bien, así que no me quejo.
-Lo sabía, pero no creas que te aumentaré el sueldo por tu lindo discursito ehhhh- le sonrió Patricia mientras devolvía los lentes a su rostro.
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-Estoy satisfecha, aún y cuando no lo esté no te haré discursitos, solo haré una enmienda y listo.
Patricia movió su cabeza de un lado a otro con una sonrisa, -Toma, ya firmé estos, envía estas y llama a Fufu y dile que lo espero a las 3.
-Dirás a Fuleston, ¿no?
-Si eso dije, ¿no me entendiste?- la miró con curiosidad y seriedad.
-Si claro- le respondió Ana con una sonora carcajada - mientras estuviste en la reunión llamó tu madre…
-Oh, Dios tómame confesada- dijo cerrando los ojos y suspirando.
-Dijo que si eras tan amable de llamarla antes que se acabara el mundo el 22 de diciembre.
- Es el 21.
-¿Qué?- preguntó Ana.
-El mundo que se acaba el 21, no el 22.
- Ahhh, pues me importa un bledo cuando se acabe, ella dijo que la llamaras antes de eso.
-Maldición, yo que estaba esperando que el mundo se acabara y no tener que hacerlo.
-Llámala Pati, sea lo que sea es tu madre - alzó sus hombros y arqueó sus cejas.
-Cierto Anita y sea lo que sea, yo soy su asquerosa hija que le gustan las mujeres, si no te has dado cuenta tengo 31 años y no estoy para aguantar los sermones de mi madre, sobre el pecado y como mi alma se quemará
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en el infierno por ser un engendro de Satán, ¿crees que no me conozco ese sermón?
Esta vez Ana la observó con tristeza, -lo sé Pati y ella está incorrecta con su actitud, es la única loca de tu familia, perdonando, ¿sí?, pero aun así es tu madre aunque parecieras adoptada…y madre solo hay una…
-Gracias a Dios que solo es una- dijo Patricia alzando sus manos al cielo. -Patricia- le inquirió Ana.
-¿Qué?
-Que no seas así…ahhh y tengo a Fabiola Carrero en la sala; la linda, sensual e interesante detective que se babea por ti.
Patricia alzó la vista y miró a Ana como queriendo matarla, -¿has estado hablando con Alex no?
-¿Yo?, para nada he hablado con el espécimen de tu hija, ¿por qué la pregunta?- posó su vista en los documentos en sus manos.
-Porque dice exactamente lo mismo sobre Fabiola.
-Oh, entonces no soy la única que puede ver la química.
-¿Qué química?- entrecerró sus ojos.
-La que explota cada vez que está una cerca de la otra.
-No hay tal química, solo pura biología.
-No sé Patricia, deberías investigar un poco en ese ámbito- dijo y señaló hacia fuera de la puerta donde estaba la detective.
-Maldición, no es suficiente con Alex y ¿te tengo que aguantar a ti también?, si tan linda, sensual e interesante se te hace, invítala a comer, proponle matrimonio, vive con ella y sé feliz…
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-Eres más dramática, además, no es mi tipo; ya sabes que mi tipo es más de bigote, pelo corto, fornido, con buen trasero como…- señaló discretamente a la oficina contigua.
-Sí, ese hombre es tu amor platónico.
Ana suspiró y respondió, - Ayyyy sí- salió de su encantamiento, -bueno, la mujer sexi tiene unos documentos importantes que le pediste, así que la tendrás toda para ti- le ofreció una gran sonrisa y continuó, - que tal si le pides que te espose y te deje ver su arma secreta, ella está para proteger y SERVIR.
-Por un demonio Ana, ¿podrías dejarme en paz? -¿Te daño la mente no?
-No, solo estropeas mi vida, así que Arrivederci.
-Au revoir, jefa, hago pasar a la susodicha- y salió por la puerta con una risa divertida.
Patricia colocó ambas manos en el escritorio y descansó su cabeza sobre ellas. La estaban volviendo loca y sentía que todo el mundo quería planificarle la vida cuando ella se sentía cómoda con la que vivía, sin complicaciones, sin problemas, sin desilusiones…
-Hola Lcda.- se escuchó desde la puerta.
-Hola, detective- dijo Patricia a la vez que se incorporaba y la invitaba a pasar.
-Traigo sus papeles Lcda., tardaron un poco por los resultados de las pruebas, pero aquí está todo - terminó entregando los documentos a Patricia.
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Patricia los tomó, no sin antes mirar a la detective con una mirada rápida, llevaba un conjunto blanco con una camisa azul que hacían resaltar sus ojos y aunque no estaba en plan amoroso no podía negar que era linda y que ese día se veía espectacular. Aunque las rubias no eran su tipo, esa era la rubia más increíblemente hermosa que había conocido y si su mentalidad de ‘no quiero nada con el amor’ cambiara, ella sería la mejor candidata.
Observó los papeles en sus mano y dijo, -muy bien Fabiola, están perfectos, es lo que necesitaba; gracias.
-Por nada, me gusta servirte en lo que necesites.
Patricia la miró un poco curiosa recordando las palabras de Ana hace unos minutos y sintió deseos de reír, pero disimuló bajando su vista nuevamente a sus manos. Ella no podía ver la química de la que hablaban o era que simplemente no había prestado atención hasta ahora…
-Te ves diferente hoy- le dijo Fabiola.
-¿Cómo?- preguntó sorprendida.
-No sé Patricia, te ves relajada y mucho más joven de lo habitual, con un estilo bastante casual diría yo y más hermosa- dijo sin apartar la vista de Patricia.
-¡Oh! - dijo un poco sonrojada - mmm, debe ser que como hoy no tenía juzgado pensé que un poco menos formal me asentaría bien- terminó diciendo y miró a la detective pensando si realmente había dicho que se veía más hermosa, no dijo te ves hermosa, sino que más hermosa…
-Para mí, completamente te asienta estupendo ese estilo- miró a Patricia con una mirada bastante interesante y hasta sensual.
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-Bueno - dijo Patricia un poco acalorada - gracias - no digas nada más, no me mires así, ¿será cierto?, que a este pedazo de mujer le parezco atractiva.
-Solo la verdad que salta a la vista Lcda., no tiene por qué avergonzarse porque alguien solo diga que sea una mujer hermosa…- se quedó de pie observando a la abogada y luego dijo algo nerviosa - listo, me parece que debo irme.
-Oh, mierda Fabiola, ¿qué estás haciendo, a qué estás jugando? - gracias Detective - fue la respuesta de Patricia.
-Siempre es un placer Lcda.- y caminó hasta la puerta, donde se volteó para mirar nuevamente a Patricia y preguntar, -¿crees que uno de estos días podemos almorzar?, cuando estoy en tu área la mayoría de la veces me toca comer sola, pero si lo hiciera con una amiga sería más confortante e interesante.
Patricia quedó helada sin saber qué responder a la petición. Bueno un almuerzo con una amiga no creo que sea tan malo, amiga, ella bien lo ha dicho - Ehh, por supuesto cuando quieras me llamas y si estoy disponible, será todo un placer- le sonrió.
-Perfecto Patricia, nos veremos luego.
-Cuando quieras- la miró Patricia y llevó su mirada hasta que ya no la alcanzó a ver por el pasillo, cerró sus ojos y suspiró. Permaneció algunos segundos con los ojos cerrados y las manos en su cintura, los abrió…todo estará bien, una mujer como cualquier otra, no pasa nada, es una mujer linda, muy linda, ¿por qué estoy nerviosa?, vamos ni que se me haya declarado y propuesto matrimonio; mierda Patricia eres una soberana idiota, idiota, idiota…
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Había algo que Patricia no entendía o Alex y Ana le habían dicho algo a Fabiola y las tres estaban confabulando para hacerla caer o los cometarios de ellas le habían hecho abrir la mente y darse cuenta que en realidad Fabiola traía cierto interés en ella. Era hermosa, interesante y sensual y… se dirigió al escritorio para quitar esos pensamientos de su mente y que mejor para quitar el placer de su vida que llamar a su madre, tomó el teléfono y marcó larga distancia directo al inf…
-Hola, Mamá.
-Patricia, eres una desconsiderada, no te dignas en llamar nunca o no respondes el teléfono cuando yo lo hago- le gritó de mala manera su madre.
-Estoy muy bien mamá, que bueno que tú lo estés también- dijo cínicamente.
-Además, tienes esa actitud tan incorrecta, soy tu madre Patricia.
Patricia llevó su mano libre a su frente y la descansó en ella, -ya Mamá, dime qué quieres.
-Mira Patricia te diré una cosa, debes ponerle algo de vergüenza a esa hija tuya…
-Tu nieta dirás.
-No, hija tuya porque mi sangre no lleva- le replicó. -Ya Mamá, no vamos a retomar este asunto otra vez.
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Patricia alzó su vista al cielo y suspiró.
-Y no le permitiré a esa mocosa que me llame vieja amargada, porque no es nada mío y además si lo fuese le pondría vergüenza a esa niña…
-Ya Mamá, ¿qué te molesto más, lo de vieja o lo de amargada?- dijo Patricia tranquilamente.
-Ves de lo que estoy hablando, tu hija es como es, porque tú se lo permites; los hijos son el reflejo de sus padres y la tuya es tu copia y no sé cómo porque ni hija tuya es; pero es rebelde, irrespetuosa y sabrá Dios si termina siendo una asquerosa lesbiana también…- dijo con gran desprecio en su voz.
-Ya Mamá- gritó Patricia, -listo, ya ves porque no te llamo, porque no respondo tus llamadas, no puedo tener una conversación normal contigo sin que estés criticándome, juzgándome. No, si en esta vida no necesito que la gente me señale, si con mi propia madre me es suficiente- se levantó de su silla y se detuvo frente al ventanal, -y te diré una cosa, si tú no eres lo suficientemente madre para defender a tus hijos y amarlos, yo si lo soy y no te permitiré por nada del mundo que hables de esa manera de mi hija- guardó silencio, -y sí, mi hija, lo es aunque a ti no te importe, aunque a ti no te guste, aunque a ti te parezca la decisión más estúpida que he tomado en mi vida….
-Eres una vergüenza para la familia Patricia…- le interrumpió su madre.
-Si Mamá, también te quiero, que sigas bien, ciao.
-Patricia no me vayas a co…- el teléfono se desconectó.
Hablar con su madre terminaba siempre en la guerra de Troya, era como el cataclismo de Damocles, la hecatombe de los dinosaurios, el holocausto de Hitler, cualquier cosa que fuese terrible y horrorosa. A
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Patricia le dolían todas las palabras de su madre, era como un enorme puñal que se le introducía en el corazón cada vez que la escuchaba, un disco que repetía lo mismo una y otra vez, y aunque quería a su madre, por el hecho que era su madre, había llegado al punto que no dejaría que la afectara del todo su actitud y no se dejaría insultar como ella quisiese, cuando lo quisiese…
Horas más tarde Patricia llegó a su casa con cara de pocos amigos y no hizo más que verle el rostro a su hija, le dijo: - Alex, ¿qué le dijiste a tu abuela?
-¿A qué abuela?- respondió sin mirar a Patricia. -O sea, a mi madre.
-Ahhh…vieja amargada- se volteó para mirarla con una gran sonrisa en sus labios.
-Sí, lo de vieja amargada, cuantas veces Alex, cuantas veces te he dicho que la respetes- le dijo seriamente.
- Ya perfecto, yo tengo que respetarla, pero ella se la pasa insultándome y tratándome como una perra- guardó silencio para respirar sonoramente, -Mamá, el respeto se gana, y ella por el hecho de que sea mi abuela no se lo ha ganado, además, se la ha pasado la vida humillándote, avergonzándote y eso me hierve la sangre y tú eres Santa Patricia Beata de Stevenson porque callas y aguantas…- esta vez se acercó a su madre y la tomó de las manos - vamos, Ma no creas nada de lo que diga ella, bueno sí, le dije vieja amargada, pero que ella no te haga sentir menos; porque tú eres increíble y yo estoy tan orgullosa de ser tu hija- dijo y abrazó a su madre.
Patricia acarició sus cabellos lacios y negros y besó su cabeza, -he cometido muchos errores en mi vida, pero sin duda tú no has sido uno de
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ellos y sí, estoy de acuerdo con que mi madre es una vieja amargada, aun así, tratemos de no decírselo, ¿sí?, me agobia tener que escucharla- se separó del abrazo con sus ojos llenos de lágrimas.
-Bien Mamá, lo que digas, pero, ¿tú estás segura de que eres su hija? porque esa mujer es el mismísimo…
-Alexandra.
-Ya Mamá- dijo con una carcajada - y, ¿qué?, ¿cómo fue tu día?
-Muy bien, debo decir que bastante tranquilo.
-Ah, ¿sí?
-Aja- murmuró y se sentó frente a su computadora. -¿Y? - siguió insistiendo.
-¿Y qué Alex?- continuó mirando la pantalla de su computadora.
-¿Y no pasó nada más?
Patricia alzó su vista y miró a su hija, -¿nada más de qué Alexandra?
-No sé Mami, quizás de una detective sexi y buenota de visita en la oficina.
-Al parecer, tu como que hablas mucho con Ana, ¿no?
-Con Ana, por Dios, ¿qué Ana?, a ver Ma, pero a lo que nos importa, ¿qué tal?, ¿no te dieron cosquillitas en el estómago y no se te erizó la piel?
-No, ninguna de las anteriores- esta vez trató de poner toda su atención en su computadora.
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-Sí, es bonita - aceptó nerviosa.
-¿Solo bonita?
-Muy bonita.
-Bueno estamos mejorando, entonces Ma, por qué no la invitas a comer algún un día, solo como trabajo, ya después quién sab…
-Emmhh ella me invitó a almorzar - dijo con cierto sonrojo.
-Esooo, ya vemos que ella es más valiente que tú, ¿cuándo almuerzan?
-No lo sé Alex, un día en el que me llame- visiblemente avergonzada.
-¿Y tú aceptaste?, ¿dijiste que sí?, ¿vas a almorzar con ella?, ¿te gusta?- le dijo inquisidoramente.
-Alexandra, muchas preguntas sin respuestas. -Pero, ¿dijiste sí?
- Ammm sí- dijo en un respiro, comenzando a buscar unos documentos para no demostrar su nerviosismo.
-Aleluya, veo la luz al final del túnel…mira Mami yo no quiero molestar con este asunto, es que simplemente quiero que seas feliz- caminó hasta recostar su cuerpo en la pared y cruzar sus brazos a la altura de su pecho quedando frente a su madre.
-¿Y quién te dijo que no soy feliz así?- la miró Patricia con cierta aflicción.
-Yo lo sé, además, eres una mujer hermosa y llena de tantas cosas para ofrecer…- unos toques en la puerta interrumpieron sus pensamientos. Alex caminó hasta la puerta y la abrió para encontrarse con la cara de su abuelo Rogelio, se lanzó a su cuello y lo abrazó fuertemente.
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-Abuelito, ¿cómo estás?, la bendición.
Rogelio le regaló una sonrisa divertida y le dijo, -No me llames abuelito, eso suena a viejito.
-Está bien Abuelito- se rió Alex.
Él alzó sus ojos al cielo y caminó hasta Patricia, a quien besó en la mejilla, -Dios te bendiga hija.
-Hola, papá, ¿cómo te sientes?
-Bien hija, con mucho trabajo en la oficina, ¿y tú?, te ves radiante….
-Hey, Abuelo es que tiene una cita- dijo Alex emocionada.
-¿Una cita? - preguntó Rogelio devolviendo su mirada a Patricia
-Ahhhh, no es una cita- entrecerró sus ojos y miró a su hija. -Abue, ¿verdad que mi mamá es hermosa.
-Es la mujer más hermosa y talentosa que he conocido.
-Solo pregunté de la hermosura, Abue- dijo Alex llevando sus manos a su cintura.
-Oh, perdón…si es hermosa- sonrió Rogelio.
-¿Y es una mujer talentosa, brillante y emprendedora?, ahora si Abue.
-Como bien dices, es una mujer llena de grandes talentos y hermosas virtudes y estoy orgulloso de ella, ¿podía decir eso ahí?- Rogelio miró a Alex con curiosidad.
-Sí eso sí y ¿crees qué debería salir con alguien y ser feliz?
-Por supuesto, espero que encuentre alguien que la sepa valorar por quien es, el ser humano tan extraordinario que es, no como la última
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mujercita que nos arruinó la existencia- respondió y miró a su hija quien hacia una mueca escuchando las palabras de su padre.
-Completamente de acuerdo y debería tener citas…
-Alexandra es suficiente, deja tu abuelo en paz- dijo Patricia suspirando.
-Pero Mamá, el Abuelo está de acuerdo conmigo que ya es hora que rehagas tu vida y seas feliz y más que eso que te hagan feliz como tanto mereces, mírate has sacrificado parte de tu vida tratando de ofrecerme lo mejor, de cuidarme, protegerme, de convertirme en una mujer de éxito en cada aspecto de mi vida y te has olvidado de ti, de tu felicidad…
-Mi felicidad eres tú.
-Y la mía es que tú seas feliz, así que esto no funciona si alguna de nosotras no lo es, como tu hija te ordeno que comiences a pensar en ti.
Patricia miró a su padre que se había sentado en el sofá de la sala para poder disfrutar del monólogo de su nieta, se percató de la mirada de su hija y dijo con una sonrisa, -secundo la moción.
-¿Tú también Papá?- lo miró Patricia.
-Bueno hija, Alex tiene razón, ¿te quedarás el resto de tu vida sola?, escuchando los estúpidos sermones de tu madre y creyéndole todas sus patrañas baratas que salen de su veneno de víbora…
-Y vieja amargada- añadió Alex.
-También- la miró Rogelio en señal de aprobación, -además, Pati- prosiguió, -yo soy tu padre y te apoyo en cualquier cosa que tú decidas, tú eres mi más gran orgullo y solo ansió tu felicidad.
Patricia observó a su padre con unas ganas increíbles de llorar y le dijo, -Lo sé Papá, tú eres mi roca, mi apoyo; créeme que sin ti no hubiese
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logrado nada de lo que soy hoy, pero quizás el amor no está hecho para mí, simplemente no fue hecho a mi medida. Así lo siento y lo he aceptado- terminó bajando su vista.
Alexandra observó detenidamente a su madre con cierta tristeza en su mirada, con cierta desilusión, luego miró a su abuelo que también miraba a Patricia con dolor. Ella reconocía que su madre necesitaba una oportunidad de ser feliz porque nunca lo había sido. Había sacrificado tanto de su vida por los demás, especialmente por ella, que ni siquiera llevaba su sangre. Pasó a ser su hija cuando su madre biológica; la mejor amiga de Patricia, murió cuando ella tenía nueve años y la dejó al cuidado de ella. Con 22 años Patricia tomó esa gran responsabilidad, que lo pudo hacer cualquier otro, pero ella cumplió los deseos de su mejor amiga al fallecer. Alexandra sentía sin dudas un orgullo y un gran respeto por esa mujer que estaba frente a ella, esa mujer que amaba eternamente, esa mujer que era su madre y era un ser increíblemente excepcional. Esa mujer que necesitaba ser feliz por toda la felicidad que les había brindado a los demás…
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Patricia estaba sentada en su silla observando afuera, ¿a dónde?, no lo sabía, solo miraba fuera con su mano apoyada en su silla y su cabeza descansando en ella. Sus pensamientos iban más allá de los edificios que estaban fuera, mucho más lejanos que las personas que caminan en la acera, mucho más a la distancia que todo ese mundo robotizado que danzaba fuera de esa ventana. Cuando tenía algún respiro del trabajo, la sorprendían sus pensamientos, sus sentimientos la asaltaban y se perdía en las preguntas sin respuesta, en el dolor del corazón, en las emociones disfrazadas, en la soledad del alma…a esa soledad que se había acostumbrado, aunque no disfrutaba, esa soledad que se había auto infligido para no sufrir. No era agradable ese sentimiento y solo dejaba que la asaltara muy pocas veces porque tenerlo presente a diario sería una cruz difícil de cargar. Había visto sin duda muchos rostros, disfrutado algunas miradas, respondido hermosas sonrisas y escuchado voces melodiosas, pero no había reconocido la pureza de un corazón que llenara su existencia y le brindara el amor bonito. Patricia se había rendido de buscar, de esperar, simplemente tenía miedo de perder nuevamente en la vida, de perder en el juego del amor en donde ella era solo la jugadora de la banca…
-Pati, llamada línea 1- Ana interrumpió sus pensamientos.
Patricia la miró con curiosidad y le dijo, -que haces parada ahí con esa sonrisa, pudiste pasarme la llamada por teléfono- tomó el teléfono en su mano para responder.
-Es solo que quería ver cómo te brillan los ojos cuando escuches la voz de la detective.
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Patricia sintió un salto en el corazón y miró a Ana con su característica sonrisa hipócrita, -Buen día, Stevenson.
-Buen Día Lcda., ¿cómo está usted?- se escuchó al otro lado del auricular.
-Hola, Fabiola muy bien gracias- dijo Patricia con los ojos puestos en Ana que se encontraba aun de pie en la puerta.
-Me alegro que estés bien, te llamaba porque mañana estaré en tu área resolviendo algunos asuntos y quería ver si estás disponible para almorzar.
Patricia guardó silencio, respiró y miró nuevamente a Ana que esta vez sostenía una sonrisa divertida. Bueno es solo un almuerzo no llegará a ninguna otra cosa, dos personas profesionales en un almuerzo, ni siquiera cena, además, solo es un invitación no es un proposición de matrimonio así que… - sí, estoy disponible - idiota ¿disponible?, -bueno estoy desocupada así que no tengo problema.
-Me parece perfecto, mañana te llamo para quedar con los detalles, ¿te parece?
-Muy bien, entonces, hasta mañana… -Hasta mañana Lcda., y muchas gracias.
Patricia devolvió el teléfono al escritorio, abrió sus ojos y subió los hombros sin saber que decir, pero consciente de que a la mujer frente a ella le faltaban 3 segundos para que algo se asomara por su boca, 3, 2, 1…
-Hasta mañana amor, espero que me esposes y me castigues porque soy una niña muy muy mala, mal…
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-Oh por favor, ya es suficiente, es solo un almuerzo- gritó Patricia.
-Si claro, almuerzo, cena, cita, noche, alcoba, cama, luna, amanecer y cara de idiota; cierto, por el almuerzo se comienza- se sonrió descaradamente, -me alegra que hayas dicho sí, me gusta la idea de que te des la oportunidad, no de una relación, sino de compartir con otras personas aunque sea sin ningún interés mayor- completó seriamente.
Patricia le sonrió dulcemente porque reconocía que Ana aunque en ocasiones le hacia la vida miserable siempre había querido su bienestar, deseaba su felicidad y lo agradecía enormemente. Ana a través de los años había pasado de ser su asistente a ser su amiga; muchas veces su confidente, otras tantas su pañuelo de lágrimas y en algunas cuantas una patata en el trasero, pero en cualquier caso, sin duda se había convertido en parte de su familia.
Ana se volteó para comenzar a caminar por el pasillo y dijo sin detener el paso - no sé tú, pero yo llevaría ropa interior sensual por si acaso- y se perdió por el pasillo.
Patricia dijo por lo bajo, -desgraciada- no pudiendo evitar sonreír con el comentario. Ella no buscaba eso, bueno estaría bien un poco de acción en su vida, pero no era lo primordial. Patricia no deseaba encontrar el amor y el sexo por separado, ansiaba descubrirlos juntos, en un solo cuerpo, una sola alma, en un solo corazón. Quizás era por esto que aún permanecía sola porque no creía que existiese ese compendio de cualidades y sentimientos en una sola persona…pero uno nunca sabe lo que le depara la vida.
Había sido un día largo y agotador, el próximo día también lo seria y sin lugar a dudas hasta interesante. Patricia se dirigió a casa ya preparada para las preguntas indiscretas de su hija porque de seguro ya sabía que tendría un almuerzo mañana con Fabiola, ya se imaginaba la emoción en
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el rostro de Alex y la celebración del evento que lo transmitiría por Pay Per View, sonrió de tan solo pensar en la algarabía de su hija.
Llegó a casa para encontrar que su hija estaba acompañada por una mujer, a la que no podía distinguir bien porque estaba de espaldas a ella.
-Hola, Ma- saludó Alex.
-Hola, hija, ¿estás bien?- respondió Patricia con curiosidad.
-Bien, mira Mami ella es Megan, es mi profesora de Inglés, ¿ya te había dicho que las tomaría acá en la casa?
-Si hija hace mucho, pensé que habías cambiado de opinión- dijo, caminando hasta su hija besando su mejilla y quedando de frente hasta la profesora quien le extendía la mano para estrecharla. Patricia sintió una corriente pasar por su mano al tocar la de la mujer y quedó impactada por la hermosura de sus ojos color ámbar…
-Megan, ella es mi Mamá Patricia - le dijo Alex a la mujer.
-Es un placer Sra. Stevenson, Alex me ha hablado infinidad de cosas sobre usted- dijo sin apartar el contacto de las manos.
-Eh…el placer es todo mío, yo… emm… solo espero que mi hija te haya hablado puras cosas buenas sobre mí. Patricia se percató que las manos llevaban unidas más tiempo de lo habitual y las soltó, -puedes llamarme Patricia con toda confianza y por favor no me trates de usted.
-Gracias Patricia, sin duda el honor es todo mío y sí, de la boca de Alex solo salen hermosas palabras sobre usted, perdón, sobre ti- sonrió Megan.
Patricia miró detalladamente cada facción de su rostro que se iluminaba con esa hermosa sonrisa. Era una chica bonita, no bonita no, era
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increíblemente hermosa. Sus ojos color ámbar combinaba divinamente con el castaño de su cabello, una sonrisa encantadora, un cuerpo despampanante y…debía tener unos 21 años, por Dios Patricia, ¿qué pasa contigo?, debe ser unos 10 años menor que tú, pero es una mujer in…
-¿Mamá?- le dijo Alex observando la cara de idiota que tenía su madre mientras observaba a Megan.
-¿Si?- respondió Patricia percatándose de lo terriblemente ridícula que debió verse parada sin decir palabra alguna; miró a su hija quien aún tenía una sonrisa en su cara y se sintió tan avergonzada como una niña pequeña. Apartó la vista de Alex para posarla nuevamente en la profesora para decirle, -estás en tu casa, ha sido un placer- mientras se alejaba rápidamente de la presencia de ambas mujeres.
-Alex tu madre es linda, no sabía que fuese tan joven y agradable- dijo Megan con los ojos puesto por donde Patricia había desaparecido minutos antes.
Esta vez la que se quedó parada como idiota frente a Megan fue Alex, la miró detalladamente y analizó la trayectoria de su mirada. Conocía a Megan desde hace unos once meses atrás, era la profesora de idiomas en la Universidad y era una chica muy agradable; por medio de sus compañeros se había enterado que daba clases particulares de inglés. Aunque el inglés de Alex era aceptable, quería tener todo el conocimiento necesario para entender y pronunciar todos los términos extraños y casi chinos de la Ingeniería Química, así que había decidido tomar algunas clases intensivas en casa. Sonrío observando a Megan y luego observó el espacio vacío por donde su madre había desaparecido segundos antes…
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Megan le lanzó una mirada curiosa, -¿Perdón?
-Nada, solo que sí, tienes razón, mi mamá es una mujer bellísima, ¿no crees?- esta vez quien la miró con curiosidad fue Alex.
Megan apartó con nerviosismo su mirada del rostro de Alex y comenzó a caminar hasta el estudio. Una vez llegada a la puerta, se volteó para mirar nuevamente a la chica y con una sonrisa tímida le dijo -Alexandra, en ocasiones es mejor no preguntar lo que ya se sabe- y continúo caminando hasta sentarse en el escritorio.
Alex la miró y alzó su ceja derecha en una clara señal de ¡¡WTF!!. Se preguntaba qué había pasado ahí, o estaba demasiado obsesionada en que su madre encontrara su princesa verde; las azules no le habían funcionado en la vida, o en realidad ella había percibido esa escena de violines melodiosos, de Cupido lanzando flechas cubiertas de amor y de mariposas revoloteando dejando estelas de colores y el viento…bueno debía estar exagerando. Alex decidió seguir a la profesora al estudio, pero totalmente segura que lograría esclarecer esas miradas y ese nerviosismo que había presenciado minutos antes.
Patricia había subido las escaleras hacia su habitación rápidamente; cuanto más rápido mejor para ella. Aun llevaba impresa en su menta la delicada sonrisa de la profesora, esos ojos hermosos que le habían ofrecido una mirada sensual y profunda y…estaba perdiendo el juicio y la razón. ‘Ohh, vamos, era solo una linda chica como cualquier otra que pude ver en otras ocasiones…no era cierto, no era solo una chica linda, ¿qué era?, ¿qué era lo que me provocó?, ¿en qué carajos estás pensando, Pati?’.
Patricia se detuvo frente al espejo y se dijo en voz baja, ‘mujer, tu estas bien, vamos, no te compliques la vida con nadie’, se quedó mirando sus ojos frente al espejo, agitó su cabeza de un lado a otro como queriendo
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desprenderse de sus pensamientos y golpeó su frente con su mano, ‘ufff, admítelo es hermosa la chica, con admitirlo no quiere decir que quiera con ella, ni nada eso…es solo que es interesante, también bellísima y bueno muy sensual…’, Patricia miró al cielo y suspiró con sus manos puestas en su cintura, ‘ni siquiera la conozco así que piensa en cosas bonitas’, observó a todas partes de su habitación, ‘libro, cama, lámpara, cama, espejo, cam… ohhh por un demonio, esto no está funcionando’, gritó con sus manos arriba. ‘Ok, ok, perfecto almuerzo con Fabiola mañana...mucho mejor, nooo nada mejor, esa mujer me pone nerviosa y… me estoy jodiendo la vida’.
Patricia resolvió ir a ducharse y que el agua recorriera todo su cuerpo; sobre todo su cabeza, así tal vez, las neuronas que la estaban perturbando y asaltando con pensamientos y sentimientos inaceptables e inapropiados podrían morir ahogadas y dejar de mortificarle la existencia. Luego de la ducha dormir sería la mejor opción; así las neuronas que no habían muerto ahogadas al menos padecerían de amnesia el día de mañana…
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Alex estaba corriendo por toda la casa como demente desquiciada porque se había quedado dormida y tenía examen temprano en la Universidad.
-Mamá- gritó.
-¿Sí?
-¿Dónde está mi libro de Química, y mi llaves, y mis lentes y mi abrigo…?
Patricia se detuvo a observar a su hija en esa danza de la locura que conocía muy bien, -libro de Química en el estudio, llaves en la mesa de salida, lentes en tu cabeza y abrigo en el respaldo de la silla de la cocina, ¿tu cabeza?, si no la tuvieses pegada a tu cuerpo de seguro ya la hubieses perdido.
Alex miró a su madre con sus cejas fruncidas y luego le sonrió, -¿qué me haría sin ti Patricia?
-¿Perder la cabeza?
-Cuidado con la que pierda la cabeza seas tú Ma- le comentó mientras iba por sus pertenencias a cada lugar que su madre había indicado.
Patricia la miró sorprendida, -¿estamos hablando de…?
-De tu almuerzo con la very hot mamita, no creas que con mis crisis se me olvida tu vida- dijo parada frente a Patricia con todas sus pertenencias. Alex observó las facciones de la mujer frente a ella, como siempre, podía reconocer esa tristeza profunda que trataba de ocultar al mundo externo que le rodeaba; pero no a ella, ella conocía esa mirada
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llena de sentimientos perceptibles, pero inaudibles. - Ma, te ves tensa, nerviosa, aterrorizada, colapsada, petrificada, conmovió…
-Aquí vamos de nuevo- puso sus manos en su cabeza y caminó en la dirección contraria.
-No te enojes, solo quiero que estés tranquila, solo es un almuerzo- alcanzó a su madre y besó su mejilla y comenzó a caminar hacia la puerta y sin voltear a ver a su madre dijo, -solo procura no ir al baño, esa sería la oportunidad perfecta para que ella te siga y te bese desenfrenadamente y tú supliques por más y…ya sabes- terminó diciendo mientras cerraba la puerta con una gran carcajada.
Patricia suspiró y alzó su vista al cielo, -Dios dame paciencia, pero dámela ya- luego sonrió con una tímida sonrisa. Aunque, muchas veces le incomodaban los comentarios aberrantes de su hija, terminaba sonriendo y divirtiéndose por lo elocuentemente impredecible que era.
La puerta se abrió nuevamente y apareció la cara de Alex asomada por ella, -Megan vendrá hoy, si no he llegado de la Universidad, por favor, atiéndela bien- casi cerrando la puerta, asomó nuevamente la cabeza y dijo con una gran sonrisa - mientras esperan por mi deberías pedirle una clase de lenguas...
-Alexandra Stevenson desaparécete ya - le gritó Patricia totalmente sonrojada.
-Mamá, tú tienes una mente tan cochambrosa, clase de lengua italiana, siempre has querido viajar a ese hermoso país, ¿no?- alzó sus cejas y comenzó a cerrar la puerta y se escuchó ya del otro lado -te amo, Mami.
-También te amo Alex- dijo Patricia sacudiendo su cabeza en ambas direcciones. - clase de lenguas- dijo susurrando - creo que estoy enloqueciendo, necesito esas vacaciones prontamente. Patricia tomó su
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bolso, su celular, sus llaves y salió por la puerta, por donde minutos antes, su hija había desaparecido.
Una hora más tarde había llegado a la oficina, para encontrar a Ana parada en la puerta con una taza de café. A Patricia se le iluminó el rostro, no por ver a Ana, sino por su delicioso y aromático café…
-Oh Ana, gracias, eres la mejor, ¿qué me haría sin ti?
-Absolutamente nada, serías como una drogadicta sin dinero para comprar su droga y saciar su adicta necesidad.
-Bah, te das tanta importancia que siempre terminas haciendo discursitos…
-Discursitos, nada, ehhh, soy una filósofa natural y hablando de discursitos, ya veo que viniste hermosa para el sandungueo.
-¿Sandungueo?, pero que corriente se escuchó eso Ana.
-Bueno, no sé si sonó corriente o no, pero lo que tú necesitas es un buen estrujón para que…
-Ana, llevemos esto con calma, ¿sí?, paso a paso, solo iré a almorzar con una amiga…
-Que se babea por ti.
-Que tan solo nos estamos conociendo…
-Y que cada vez que te mira te quiere comer con los ojos.
-Y no va a pasar nada más, no es una cita…
-Bueno, si no pasa nada más es porque eres una imbécil y no dejas que pase, porque esa mujer es capaz de darte unas lecciones de tiro al blanco…obviamente siendo tú el blanco.
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-Bien, fin de la conversación, tengo trabajo, tú tienes trabajo, tenemos trabajo, así que buen día.
-Bahh, eres tan predecible - dijo mientras caminaba fuera de la oficina.
Patricia caminó hasta su escritorio y se sentó tras de él; decidió no pensar en los comentarios de Ana y solo saborear su café porque la verdad era, que su vida era una locura. El café no la resolvía, pero al menos la hacía olvidar mientras durara, mientras durara…así había dirigido su vida, mientras durara el día no pensaría en lo sola que estaba, mientras durara la noche no soñaría con la vida que añoraba, mientras durara la semana se cargaría de trabajo para no sentir la necesidad de alguien a su lado, mientras durara el mes habrían pasado los suficientes días para poder decir que había sobrevivido, mientras durara la vida… se habría dado cuenta de que no encontró la felicidad y nunca sabría porque nunca llegó a ella o porque no estaba dispuesta a recibirla en su corazón.
La mañana transcurrió rápida, el trabajo siempre era bueno para sumirse en él y no pensar en nada más; Patricia ya casi se había olvidado de…casi…de que tenía un almuerzo pendiente cuando el timbre del teléfono la trae de vuelta a su realidad.
-Hey Lcda.
-Buenos días, Fabiola - respondió Pati.
Con voz dulce dijo la detective -Pasaré por ti en unos cinco minutos.
Patricia frunció el ceño y se dibujó en su rostro una mueca de resignación. La idea de que Fabiola fuera por ella no le parecía cómoda, si ella llega en su propio auto podría salir corriendo en cualquier momento, esa era su especialidad; salir corriendo…
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-Sí, todo perfecto, entonces te veo en cinco minutos- dijo con voz nerviosa.
-Bien, hasta entonces, linda.
Patricia devolvió el teléfono al escritorio y alzó su vista en señal de reclamar de ayuda divina o solo para expresar que estaba jodida. Se levantó, tomó su abrigo, su bolso y comenzó a caminar hacia lo inevitable…
-Oh la Srta. Ya se va a su velada romántica…bueno cambia esa cara, al parecer yo estoy más emocionada que tu Pati…- dijo Ana mostrando una mueca en su rostro.
Patricia se encogió de hombros.
Ana se acercó a ella y con dulzura dijo, -vamos flaca, yo estoy emocionada, pero tu estas más nerviosa que el carajo. Ahora, en serio Pati, sé tú misma, siéntete libre de expresarte, de decidir lo que te gusta o no, si te sientes bien con su compañía, si no te gusta, si quieres comenzar de nuevo o…si quieres simplemente pasar el resto de tu vida sintiendo pena de ti misma y dejando pasar las oportunidades de ser feliz que la vida te pueda regalar. ¿Sabes?, yo no siento pena por ti, lo que me haces sentir es un enojo que me dan ganas de matarte por lo imbécil que eres y de la manera que diriges tu vida y…
Patricia miró a Ana con profundo pesar; no porque estuviese molesta por las palabras que había dicho, sino porque tenía razón con todas y cada una de ellas, pero no era el momento de tener ese diálogo, miró su reloj y dijo, -Ana, tengo dos minutos para llegar hasta abajo, te veo más tarde.
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Patricia movió su cabeza de un lado a otro y continuó su camino hacia el ascensor y de ahí justo al recibidor del edificio donde se encontró con la sonrisa de Fabiola; por cierto bella sonrisa. Se acercó a ella como si fuese a su primera cita, la palabra cita no era la correcta, pero se sentía como la primera vez que salía con alguien después de su historia con Jesica y desde entonces ha tenido pavor de comenzar una nueva historia con Fabiola, con cualquier otra persona, tenía terror de nuevamente perder.
-Hey- tímidamente salió de la boca de Pati.
-¿Lista?- preguntó la detective. -Completamente.
-Entonces, vamos.
El viaje al restaurante llevo menos de 15 minutos y transcurrió en un silencio sepulcral, pero una vez llegado al lugar las cosas fluyeron con más confianza.
Fabiola rompió el silencio, -todo este tiempo que tengo el placer de conocerte me he preguntado solo una cosa.
-¿Y qué cosa te has preguntado todo este tiempo? - preguntó Pati mirando hacia los cubiertos en la mesa.
-¿Cómo una mujer tan increíblemente hermosa como tu aún permanece sola?
Patricia sintió que se le erizó la piel y miró a la detective con cara de sorpresa desmedida y de un sonrojo evidente - ehh…mmm…debe ser que no he encontrado la persona que me aguante- balbuceó.
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-Completamente en serio, no encuentro la persona que aguante mi carácter, mi personalidad, mis locuras, mis rarezas; simplemente que aguante todo este paquete que es toda una sorpresa- dijo sonriendo.
-O vamos, Patricia, si cualquiera con gusto aguantaría esas pequeñeces por tener el premio mayor que eres tú- dijo esto ofreciéndole a Patricia una mirada cautivadora, -hasta yo me aventuraría a aguantarte- se atrevió a decir Fabiola observado que su comentario directo, en vivo y a todo color había ocasionado el sonrojo de su acompañante y entonces, añadió, -disculpa, yo no debí…pero es cierto lo que dije, así lo siento.
Patricia no alcanzó a responder absolutamente nada a semejante comentario; sintió el rubor recorrer todo su rostro, la piel se le erizó y su corazón se detuvo por un micro segundo. Miró a Fabiola con una de sus cejas arriba para reconocer en el rostro de la detective una sonrisa que a ella le pareció muy cargada de sensualidad, nunca le había visto tales expresiones en su cara; expresiones que conocía muy bien y le traían tristes recuerdos del pasado. Ese pasado que siempre le atormentaba en su presente y que estaba segura que no la dejaría construir un futuro, ese pasado que no la deja avanzar porque el miedo la paralizaba; ¿quizás ya era hora de apartar el pasado de ayer y comenzar a vivir…?
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Terminado el almuerzo y la plática, se devolvieron a la oficina en un total y absoluto silencio, al llegar a la puerta del edificio Patricia volteó su rostro para agradecer el almuerzo a la detective. -Gracias Fabiola, pasé un momento espectacular como hace mucho no lo hacía- dijo mirándola a los ojos con mucho nerviosismo.
-No tienes que agradecer lo que yo también disfruté y quería desde hace mucho tiempo- declaró con una sonrisa, se acercó a Pati y le besó en la mejilla; para luego darse vuelta y retirarse por la puerta principal.
Patricia quedó momificada en el instante que besó su mejilla, se sintió helada e inmovilizada; hasta que pudo caminar y esperar el ascensor con sus pensamientos sumidos en plena confusión, las puertas se abrieron interrumpiendo ese viajar descontrolado de ideas. Entró al ascensor, tocó el botón y comenzó a observar los números que cambiaban automáticamente, cuando las puertas se abrieron nuevamente, sonrió dejando salir un suspiro como anunciando lo que le esperaba.
-¿Srta. Interesante le aprovechó su rico, nutritivo y apetecible almuerzo?- la esperaba Ana al final del pasillo.
Patricia continuó su camino sin mirar a su amiga.
-Ah, ¿no me vas a responder?, pero no traes mala cara o sea fue un éxito tu almuerzo. ¿Comiste aperitivo?- le siguió Ana con sonrisa burlona hasta la oficina.
Patricia se sentó en su escritorio y sin mirar a Ana preguntó, -¿Algo interesante?-
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-Carajo Patricia, ¿algo interesante?, claro que algo interesante, tu cita…- le gritó Ana con desesperación.
-Almuerzo, no cita- respondió Pati con cinismo.
-Me importa una mierda si fue almuerzo, cita, encuentro sexual, luna de miel o piscolabis presidencial, pero me interesa saber todos los jodidos detalles de lo que sea, ¡ahora! - dijo abriendo sus ojos en señal de impaciencia.
-Ohh, pero que mal hablada eres…me fue bien, Fabiola es muy linda- dijo bajando su vista hasta los documentos en su escritorio.
-Bah, ¿solo bien?, ¿solo linda?, tu sí que eres bien marica- dijo haciendo una mueca en completa desaprobación.
Patricia no se pudo aguantar la carcajada que le provocaron las palabras de su amiga y dijo, -Lo cierto es que la pasé excelente, ella es buena compañía, linda diría yo…
-¿Y?- se le acercó Ana.
-Y fue buena idea salir a almorzar con ella.
-¿Y?-
-¿Y qué?- gritó Pati.
-¿Y qué más…?- movió la manos en una danza completamente inentendible, pero que solo quería decir que quería saber más.
-Nada, solo me dijo que yo le interesaba y que le gustaría comenzar a frecuentarme más seguido- comentó mordiendo las uñas de sus manos.
-Al fin una mujer directa y segura, ya era hora que apareciera la domadora de leonas, bueno en este caso borregas, pero eso no viene al caso, lo que si viene al caso es que, ¿qué demonios vas a hacer?,
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continuar lamentándote el resto de tu vida que tu madre te odie por ser un engendro del inframundo hija de Lucifer, lamentándote que alguna mala mujer haya venido a tu vida a joderte y te haya lastimado y ya no creas en el amor.
-No continuo lamentándome por las cosas en mi vida que debieron ser de otra manera es solo que…- Patricia se puso de pie y comenzó a caminar hacia el ventanal donde se detuvo pensativa y fijó su mirada a donde siempre…a ninguna parte.
-¿Solo qué Pati?, la vida en pocas ocasiones nos da la oportunidad de ser feliz y tú siempre desaprovechas los momentos que te puedan llevar a alcanzar esa felicidad. La verdad es que eres una idiota, tu pierdes hasta las oportunidades de tener un buen sexo que te revitalice y te desborde la pasión y te descontrole todos los sentidos- concluyó Ana estremeciéndose como desquiciada.
-Ana, suficiente, ¿sí?- se volteó a observarla con los ojos bien abiertos.
-Ok, perfecto, te conozco y sé que no eres mujer de encuentros casuales y sexo de una noche; desenfrenado, furioso, apasionado, desbordante, descontrolado, cao.
-Oh, ¿ya puedes parar? Y sí, es cierto, sabes que soy mujer de hacer el amor y…aun espero por eso… - entonces, la tristeza llegó a su mirada. Ana miró a su amiga con una sonrisa cómplice y con una mirada llena de tristeza. Ella sabía que Patricia solo deseaba encontrar a esa persona que fuese su complemento perfecto; no buscaba un cuerpo, un rostro, tan solo buscaba un corazón que le amase hasta la eternidad. -Lo sé corazón de melón con fresas, pero para poder tener eso, necesitas darte la oportunidad.
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-Cierto- dijo Patricia caminando nuevamente hasta su escritorio, tomando todas sus pertenencias y saliendo por la puerta, no sin antes girarse y decir - ¿Cómo sabes cuál es la verdadera, sin sufrir en el intento?
-No hay manera de saberlo sin intentarlo- le respondió Ana dulcemente y añadió -Pati está tranquila de que hiciste lo que sentías en algún momento, lo viviste y si no salió pues te quedas con lo bueno que te dejó. No se puede olvidar lo vivido y está bien así; porque cuando seas capaz de asumir un sentimiento nuevo y de guardar sólo lo bueno en el cajón de tu memoria, los recuerdos serán algo bello y lo malo, los sufrimientos serán sólo un aprendizaje y un fortalecimiento personal. Al principio es difícil encontrarlo, pero está ahí; todo lo que vivimos nos deja un aprendizaje, nos cambia y no por ello dejamos de ser nosotros, nos hace más completos, más vividos, pero te aseguro que con el tiempo te das cuenta de que al fin y al cabo eres una tú nueva. Que no es peor que la anterior y que el sentimiento de querer a ser lo que fuiste no es más que una tonta añoranza de algo que no se ha perdido, pero si se ha transformado, sólo hay que aprender a disfrutar de esa -novedad- y hacer que sea mucho mejor que eso que éramos antes, aprovechar los -errores- para darle un impulso al cambio y a la mejora…- terminó diciendo Ana. Patricia le ofreció una tímida sonrisa y se volteó, comenzó a caminar y dijo desde esa posición - Te veo mañana. Te veo mañana era la frase habitual para dejar un tema sin respuesta y siempre funcionaba. Era experta en huir cobardemente de las situaciones para las cuales no quería ofrecer respuestas. El trayecto hasta la casa fue vacío, sin ningún pensamiento en particular, pero con algún sentimiento escondido. En la radio una canción que para ella era un himno:
Nobody knows Nobody knows but me
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That I sometimes cry
If I could pretend that I'm asleep When my tears start to fall I peek out from behind these walls
I think nobody knows Nobody knows no…
Pareció eterno el camino a la casa, pero una vez en ella se sintió cómoda y en paz. Agradeció que Alex no estuviese en casa, porque así, evitaba repetir todos los detalles de su famoso almuerzo. Como siempre, una ducha era la mejor idea para aclarar sus pensamientos; bajo el agua ya no pensaba nada, era como si cada gota de agua que acariciaba su cuerpo le devolviera un respiro y la limpiaran de cualquier impureza del día. El timbre de la puerta la desconcentró, decidió no prestarle atención y quedarse a disfrutar de tan exquisito momento. El sonido del timbre le provocó entres porque no cesaba de hacer ruido.
-Maldición, mi vida es un asco, ni una mendiga ducha puedo tomar en paz y tranquilidad…- continuó murmurando Pati por el pasillo, bajó las escaleras chorreando el agua de su cuerpo que solo cubría una minúscula toalla que alcanzó a tomar en el camino.
Llegó a la puerta y la abrió de golpe para quedar sorprendida por la persona que esperaba del otro lado. Patricia quedó petrificada al encontrarse con los hermosos ojos de la profesora. No movió ni un músculo por unos minutos, mientras Megan con una mirada pícara recorrió el cuerpo de Pati envuelto en esa toalla. Patricia reaccionó y comprendió que prácticamente estaba desnuda en la puerta y con una cara de idiota que hasta ella podía sentir. Sonrojada hasta las orejas dijo, -Ohh, ¿Megan?, disculpa es que estaba…
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-En la ducha, lo puedo notar Patricia- dijo con una expresión de sorpresa.
Patricia quiso encontrar algún recoveco donde adentrarse y poder pasar la terrible vergüenza que sentía; solo pudo bajar su cabeza por unos segundos para subirla nuevamente y encontrarse con esos ojos que inevitablemente la atraían. Era la segunda ocasión que se encontraba con la profesora y no podía negar que era hermosa, era una mujer que le hacía sentir intimidada; tenía una mirada arrolladora, una sonrisa sensual, unos labios tentadores y…no entendía que le estaba pasando, porque mientras pensaba y observaba la hermosura de la mujer parada frente a ella, sentía como la minúscula toalla que traía se deslizaba por uno de sus costados y si no reaccionaba en ese preciso momento quedaría completamente desnuda frente a la profesora de su hija.
Sería un momento completamente vergonzoso, aunque ya era una situación sumamente incómoda, debía al menos…reacción tardía, solo logró sostener la toalla de la parte de arriba y la aprisionó a su cuerpo para que fuera precisa en esconder sus intimidades. No se pronunció palabra alguna, solo un silencio engalanó el momento, la vergüenza, la incomodidad y el sonrojo inmovilizaron a Pati, mientras la sorpresa invadió a Megan, la sorpresa quizás; pero también la necesidad de recorrer con su mirada aquel espectáculo ofrecido…y ¿hasta servido?
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Luego de casi desfallecer y poder componerse del momento, Pati alcanzó a acomodar su toalla al lugar más recomendable, tal vez no hacia gran cambio a la situación ya vivida, pero si sentía más seguridad.
-Megan…yo…es que...- las palabras no fluyeron como fueron pensadas de la boca de Pati.
-Vamos, Patricia, no pasa nada, yo soy la visita que viene a horas inadecuadas. Esta es tu casa, así que mujer, cambia esa cara- le dijo conteniendo la risa.
-Lo mejor es que vaya a vestirme, ya regreso- se alejó subiendo las escaleras.
Megan la observó hasta que la perdió de vista en la parte alta de las escaleras y susurró - Sin duda, lo mejor que haces- mientras cerraba sus ojos y movía su cabeza de lado, dejando escapar un suspiro. Luego introdujo sus manos en su cabello y las dejó por unos segundos en él, sosteniéndolo y entonces poder decir - La tentación hecha mujer.
Patricia subió rápidamente las escaleras hasta llegar a su habitación, aun estando sonrojada, no sabiendo si el sonrojo era por toda la situación o porque fuese específicamente Megan quien la vio casi desnuda y con la sensual imagen gráfica del agua recorriendo todo su cuerpo, -no si a mí es, a la única idiota que se le ocurre bajar en semejantes fachas a abrir la puerta frente a semejante ricura. Patricia se detuvo en sus agitados movimientos con cara de incredulidad, -Patricia, ¿que acabas de decir?, semejante ricura, mierda, ¿eso dije? Luego de cuestionarse por muchos minutos su nerviosismo, sus palabras, su confusión, hasta su excitación, tomó unos jean, una camisa y se vistió rápidamente sin perder tiempo,
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pero pensando si se vería presentable para la profesora que la esperaba abajo.
Mientras Patricia recorría toda la habitación con una danza parecida a la de su hija Alex cuando no encontraba ninguna de sus pertenencias, Megan se había parado frente a la ventana y solo observaba fuera para disimular la sensación de euforia que le había ocasionado ver a la madre su alumna de inglés en una situación tan poco normal, pero completamente sensual y atractiva. Había podido ver por encima de esa minúscula toalla la perfección del cuerpo de Patricia, la delicadeza de la piel expuesta, no pudo disimular y sus ojos solo recorrieron todo lo que pudieron de ese hermoso cuerpo que se dibujaba frente a ella. Pensó que muy bien Patricia se pudo dar cuenta que casi se la comió con la mirada, pero era completamente inevitable no hacerlo ante semejante vista a su entera disposición. Aun sentía en su cuerpo la emoción y escalofrió que le provocó aquella mujer que tan solo minutos atrás había abierto la puerta en casi completa desnudes. - Cómo es posible que se le ocurre abrir la puerta de esta manera, esta mujer me ha provocado los más indecentes pensamientos, que haya tenido en mi vida.
Mientras Megan organizaba sus pensamientos de pura cochambre; arriba Pati resolvía vestirse y parecer la persona más normal del mundo sin parecer idiota o dar demostración de su nerviosismo desmedido, salió de su habitación con toda tranquilidad, se detuvo frente a las escaleras, respiró y se dijo, 'respira paz, inhala ansiedad', respiró una, dos, tres, seis, mil veces y no resultó tal ritual de relajación extrema, comenzó a descender hasta el pecado, justo al infierno…
Pati llegó a la sala de estar y encontró a Megan aún en el viaje de la cochambre, parada frente a la ventana y no pudo evitar observar cada detalle de su perfecta silueta, era una mujer muy bella, sensual y poseía ese aire de no sé qué, con uno se cómo y un por cuanto daría; se detuvo
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por unos segundos a mirar de arriba abajo a la profesora hasta que cuando de abajo hacia arriba se encontró con la mirada de Megan que la observaba con una sonrisa complacida y Pati solo alcanzó a decir, -Hola. Caminó al sofá de la esquina y se detuvo frente a él y pudo pronunciar dos palabras decentes, -¿quieres sentarte?
Megan asintió con la cabeza y se dirigió a sentarse frente a Pati, -Vine por Alex, le toca su clase.
-Sí, me lo había dicho antes de marcharse a la U y que quizás no llegaría a tiempo- en el preciso momento cerro sus ojos, hizo una mueca y dijo con el dedo índice arriba, -disculpa por todo el drama de antes, yo….
Megan la interrumpió con una carcajada y se apresuró a decir, -No pidas disculpas, estás en tu casa, si quieres bien podrías andar desnuda por toda la casa, pero gracias por vestirte por mi salud mental y física.
Patricia se sonrojó y dijo, -Ahora me siento más avergonzada- el comentario no lo entendió a la perfección, o lo decía porque le gustó la situación o porque en verdad era una hetero compulsiva y la imagen le dio unas ganas desquiciadas de salir corriendo y limpiar sus ojos con algún detergente tóxico.
Megan solo sonrió y miró a Pati, -pero como sentirte avergonzada si eres…- se detuvo en su dialecto, miró a Pati a los ojos y luego trasladó su vista por todo su cuerpo sentado en el sofá y continuó, -la dueña de la casa y yo la que llegó sin avisar.
-De igual manera, disculpa.
-Si te sirve de algo, disculpas aceptadas.
-Gracias- tratando de llevar la conversación a otra parte, -me pareces una chica muy joven para ofrecer clase en la Universidad.
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-Gracias por lo que me toca, ¿pero tengo 24 son suficientes, no te parece?
-¿24?- preguntó Pati asombrada - wao, es que…
-Me veo de menos edad, ¿no es cierto?, pero si hablamos de menos edad, tu eres una mujer despampanante que parecería de unos 25.
-Ohhh, gracias- miró hacia el suelo con gran nerviosismo - pero son algunos tantos más- respondió, pero en su mente solo rebobinaba, ‘des-pan-pa-nan-te’, se le hacía imposible que esa chica haya dicho tal cosa, así que haría como si su mente le estaba hablando idioteces.
-Podrían ser algunos tantos más, que no creo sean demasiados porque eres una mujer hermosa, ya Alex me había hablado de eso y muchas otras cosas más, así que lo he podido comprobar con mis propios ojos.
Luego de las palabras de Megan, Pati simplemente aceptó que su mente no le jugaba ninguna broma, que en efecto esa chica frente a ella, si no le estaba coqueteando, sí la estaba alagando grandemente y a ella le gustaba. Simplemente, no estaba entendiendo la situación, le asustaba, pero le gustaba sin lugar a duda, y en ese justo momento Ana y Alex vinieron a su cabeza y que dirían algo como, ‘hay química, física y trigonometría horizontal entre ustedes dos’. Pati sonrió por la ocurrencia y cuando se disponía a saber más cosas sobe la profesora, escuchó la puerta de la casa abrirse y un rostro asomarse en ella y decir -¿Todas decentes?- Pati miró a su hija con una ganas locas de estrangularla.
Megan rio nerviosamente y respondió, -ahora si todas decentes, antes no te aseguraba nada.
Alex miró a su mamá con cara de intriga y abrió sus ojos en señal de sorpresa, mientras Patricia avergonzada se puso de pie del sofá y