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La Búsqueda de la Belleza en la Arquitectura Renacentista

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Academic year: 2021

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La Búsqueda de la Belleza en la Arquitectura Renacentista

Felipe Saldias

Presentación a la Arquitectura: Renacimiento Profesores: Rodrigo Saavedra, Fernando Espósito.

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2 La belleza siempre ha sido un tema de controversia y subjetividad a lo largo del tiempo, si bien en el caso humano corresponde a un tema de perfección o vitalidad las cualidades que evocan esta palabra tienen un trasfondo, se esconden en el inconsciente del que mira la belleza, la encuentra, en una especie de secreto oculto inserto en las formas o los sonidos que son admirados por el ojo y oído humano.

“El alma se siente empavorecida y tiembla a la vista de lo bello, porque siente que evoca en sí misma algo que no ha adquirido a través de los sentidos sino que siempre había estado depositado allí dentro en una región profundamente inconsciente". 1

Platón, Fedro

El tema que se tratará aquí será la búsqueda de la belleza en la arquitectura renacentista, en sus formas y tamaños, y en qué momento se vuelven o volvieron bellas, considerando a la Antigüedad como el primer momento en el que aparecieron estos temas y se siguieron desarrollando en el Renacimiento.

En la Edad Media para el hombre el mundo giraba en torno a lo espiritual, lo divino era la respuesta existencial, Dios era el propósito por el cual los pies de los hombres pisaban el mundo y para el cual debían servir y admirar. Una de las cosas que se observan de esta época eran las grandes catedrales construidas en la antigua Europa. En ellas la búsqueda de lo divino aparece en la proyección de la obra, en sus medidas y en su intención arquitectónica la cual elegía a la luz como el mejor representante de Dios. La jerarquización de la luz dentro de la obra iba determinando las dimensiones totales de las iglesias y

también su programa, por ejemplo la gran altura que tenían dichas construcciones eran por el hecho de que las fachadas permitieran el paso de la luz a través de sus grandes ventanales de una forma más vertical e iluminaran el altar, el lugar más sagrado y puro del templo. Lo divino hablaba de perfección, de belleza, la mera representación de Dios era algo superior y en este caso la idea era hacer que supuestamente Dios “la luz” bajara desde el cielo a compartir con lo terrenal “la gente” a partir desde el altar y desde ahí ir atenuándose en los distintos sectores del

templo, jerarquizando cierta pureza. Catedral de Notre Dame, Paris, Francia.

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3 Al exterior de la iglesia estaba todo lo infernal y mundano, también por eso aparecían las gárgolas en custodia del templo como una representación demoniaca.

La arquitectura en la Edad Media se regía por conceptos espirituales, Dios, esa era su medida, lo divino era la perfección, y la perfección era belleza.

Al pasar el tiempo estos conceptos de pensamiento fueron cambiando su camino y ya no era Dios el centro del mundo sino que era el hombre, esto generó el cambio de época donde termina la Edad Media y comienza el Renacimiento.

Comienzo del Renacimiento

El Renacimiento marcó un cambio de pensamiento, de cómo mirar el mundo, el hombre ya no buscaba la perfección en lo espiritual sino que en la naturaleza, el hombre pasa a ser el centro del mundo y su relación con la naturaleza es la que va respondiendo las cuestionantes existenciales. La naturaleza es la perfección ahora y en ella se guardan todos los secretos del universo y develan la existencia y propósito, siendo esta relación la generatriz del empirismo, la ciencia basada en la experiencia y observación del entorno marca un desarrollo cultural importante. Arte y Ciencia es el rumbo que toma el pensamiento renacentista, su objetivo es presentar y develar un origen, una verdad.

En el Renacimiento la arquitectura no deja de tener un cambio importante, ya que la naturaleza es el criterio que guarda las proporciones perfectas y deja a simple vista su funcionalidad viviente. La naturaleza hace un llamado al hombre a estudiarla, a descifrar el código que arma todas las formas del universo presentes, desde el orden y posición de los planetas hasta la ramificación que se construye en la hoja de un árbol para luego aplicarla en la arquitectura. Ahora para el hombre la naturaleza era la perfección, y la perfección era belleza, por lo tanto si la arquitectura seguía el lenguaje de la naturaleza esta sería bella.

La Belleza en esta época no era un tema subjetivo sino concreto, el hombre designaba a la naturaleza como fuente de perfección según sus proporciones, por eso el hecho de encontrar una constante era necesario para poder seguir su lenguaje al momento de proyectar algo, esta concepción se aplicó tanto en la arquitectura, la pintura y la escultura, por eso la ciencia fue la encargada de descifrar el secreto, el estudio matemático de las formas naturales termina revelando un número, una constante que rige todas las cosas. El “numero de oro” o Numero aureo, irracional en esencia, infinito en espíritu, presente en todas las formas de la naturaleza será la ley proporcional que se aplicará en la arquitectura renacentista. La proporción de las partes dentro de la obra será la encargada de definir la belleza de esta a partir de una armonía en la relación de los tamaños de la obra, algunos lo llaman el número divino o numero de Dios.

En el renacimiento a Leonardo Da Vinci se le atribuye el estudio de la divina proporción, como también a Luca Pacciolli, pero de esto ya se venía hablando desde la Antigüedad. A continuación se hablará desde el descubrimiento del numero aureo hasta cómo se desarrolla en el Renacimiento, he ahí el porqué el nombramiento de Renacimiento, ya que este descubrimiento

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4 como tantos otros olvidados en la Antigüedad y durante la Edad Media fueron los que renacieron y se siguieron desarrollando nuevamente en dicha época.

La Historia del Número Áureo

El Número Áureo fue formalmente estudiado por Euclides (300-265 a. C.) en la antigüedad y lo definió de la siguiente manera:

"Se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón cuando la recta entera es al segmento mayor como el segmento mayor es al segmento menor”.2

Una de las operaciones más sencillas que existen para afrontar el tema de la proporción consiste en dividir un segmento de línea de la forma asimétrica más

simple:

Dado el segmento AB, se sitúa sobre BF, perpendicular a AB, un segmento BD = AB/2, y se une A con D. Con un compás, tomando como centro D, se obtiene DE = DB. Después tomando como centro A, se traza el arco de círculo EC, siendo C el punto buscado. La longitud AB se ha

dividido en dos partes iguales de forma que la mayor es a la menor como la suma de las dos es a la mayor.

AC/CB = AB/AC a/b = a+b/a

Esta es la forma más simple que planteo Euclides en la antigüedad para encontrar la sección aurea, dividir una recta en extrema y media razón, siendo 0.618 la proporción del segmento mayor y 0.382 la proporción del segmento menor.3

Se podría decir que Platón (427-347 a. C.) fue el poeta que abrió las puertas al descubrimiento de esta constante propia de la naturaleza, ya que nombraba a la belleza como un secreto natural permanente y al mismo tiempo inconsciente en el que la reconocía (Fedro, Platón) llamando a la ciencia a descubrir el secreto, Euclides puede haber sido el elegido para tal descubrimiento años más tarde al tener las palabras de Platón en su mente, siendo tal enunciado el desafió para las artes empíricas en ese momento.

2 Euclides, Los Elementos, Definición 3 del Libro Sexto. 3

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5 Por eso la relación a/b resultante de la «división de una recta en media y extrema razón» ha recibido diferentes denominaciones en el transcurso del tiempo, pero las definitivas le fueron otorgadas en el Renacimiento. Luca Pacioli la calificó como Divina Proporción —en su obra De Divina Proportione, publicada en Venecia en 1509, en la que justifica tal denominación en base a las correspondencias que encuentra entre esta proporción y la divinidad misma.

Destaca cinco:

1.- Ella es una y nada más que una y no es posible asignarle otras especies ni diferencias.

2.- Así como in divinis hay una misma sustancia entre tres personas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, de la misma manera una misma proporción de esta suerte siempre se encontrará entre tres términos.

3.- Dios, propiamente, no se puede definir ni puede ser entendido por nosotros con palabras; de igual manera esta proporción no puede jamás determinarse con número inteligible ni expresarse con cantidad racional alguna sino que siempre es oculta y secreta y los matemáticos la llaman irracional.

4.- Así como Dios jamás puede cambiar y es todo en todo, y está todo en todas partes, esta proporción es siempre la misma e invariable y de ninguna manera puede cambiarse.

5.- Finalmente, así como Dios confiere al ser la virtud celeste, por ella a los cuatro elementos y a través de ellos a la naturaleza, esta proporción da el ser formal — aquí Pacioli cita a Platón y a su diálogo Timeo — al cielo mismo, atribuyéndole la figura del dodecaedro, sólido compuesto por doce cartas pentagonales que no es posible formar sin la divina proporción.

Según Pacioli, Leonardo da Vinci fue el ilustrador De Divina Proportione, y es precisamente a él a quien se atribuye la otra denominación con que es conocida esta proporción: sectio aurea (sección áurea) de donde provienen los nombres de Sección de Oro, etc.

La sección áurea, que corresponde a la relación a/b, también puede ser expresada por el número que de ella resulta, un número irracional cuyo valor aproximado en fracciones decimales es:

1,61803398875… o, más simplemente, 1,618 = número de oro4

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6 El numero o proporción aurea finalmente aparece y se contruye en formas organicas como inorganicas. Orgánicas me refiero a formas de la naturaleza que se rigen por un concepto de crecimiento secuencial e inorgánicas a figuras geometricas perfectas que basan su proporción en un equilibrio perfecto y determinado, regido desde la simetría exagonal estática .

Las formas orgánicas basan sus cimientos en un concepto infinito u homotético en su propia secuencia de proporciones aureas desde un punto de vista de crecimiento, de desarrollo, en las formas geométricas organicas también sucede esto, por ejemplo la curva aurea no se limita a un punto final como centro sino que la curva es infinita nunca termina de girar, cerrandose como abriendose y en este caso es comparada a la concha del molusco,que tiene su mismo principio formal y funcional, ya que genera esta misma curva a lo largo de su vida con el pasar del tiempo, también como un crecimiento desde un origen indeterminado y hasta un final indeterminado , y es ahí desde donde se le podría atribuir divina a la proporción, ya que comparando los rasgos geometricos de la curva aurea con la curva de la concha del molusco, casi nos podría hacer pensar ( teniendo en cuenta el trasfondo de la proporción, que corresponde a una constante propia de la naturaleza) que no existe ni principio ni final desde un punto de vista existencial. ¿ La vida es Homotética o es sólo presente ?

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7 Bueno esas cuestionantes son propias de poetas o filosofos y aquí no es el caso, el tema que se está tratando es la belleza, y más concreto aún la belleza en la arquitectura, como dije anteriormente la proporcíon aurea aparece en las formas orgánicas como inorgánicas, y volviendo un poco al tema las formas inorgánicas corresponden a un concepto determinado y perfecto, que se cierran en su propio equilibro formal y por asi decirlo tienen una solución. Las formas geometricas perfectas como el pentagono corresponden a la geometría inorganica y proporciones aureas.

El pentagono como forma inorganica, y el humano inserto en su geometría estatica.

La Busqueda de la belleza en la arquitectura renacentista entonces sería un camino desde la Naturaleza Orgánica hasta la Geometría Inorgánica, teniendo siempre en cuenta la proporción aurea. Las relaciones armónicas de los espacios y sus tamaños en cuanto a la funcionalidad activa de la obra serían “ la belleza del acto” por asi decirlo y el total de la obra como un concepto de equilibrio Geométrico y Físico serían la “belleza de la forma “, orgánica como inorganicamente hablando conformando el cierre de la belleza Arquitectónica dentro de la obra.

Asi el hombre renacentista busca aproximar la naturaleza a su medida, el poder vivir dentro de obras que contengan ese rasgo natural acerca al hombre a su escencia, este es el motivo por el cual considera bellas dichas obras, el numero aureo es el código de la naturaleza y la divina proporción la clave de la belleza.

Ahora la busqueda de la belleza la cual se desarrolló en este ensayo es uno de los tres puntos que Marcos Vitruvio consideró como fundamentales a la hora de hacer buena arquitectura.

Cabe mencionar que Marcos Vitrubio escribió el primer tratado de arquitectura del cual se tiene registro durante la antigüedad y que también rigió a la arquitectura renacentista, él en sus 10 libros de arquitectura habla del equilibrio entre, La firmitas (la firmeza) , La Utilitas (la utilidad) y la Venusta (la belleza), siendo esta última la desarrollada en este ensayo.

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8 Bibliografia

 Libro “La Divina Proporcion – Las formas Geometricas” , de Carmen Bonell, Segunda edición. Año 2000.

 Consultas, referencias y fotos en la web.

Referencias

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