DOMINIO MEDITERRÁNEO DE INTERIOR
Ámbito: comprende todo el interior peninsular: la Meseta, las Depresiones del Ebro y el Guadiana (excepto la zona litoral), la Depresión Intrabética, y las Sierras
Subbéticas y Prebéticas, el Sistema Ibérico y Sierra Morena. Es un ámbito con una topografía muy variada:
- Tiene grandes llanuras, como las depresiones del Duero, Tajo, Guadiana, Ebro y Guadalquivir, que, no obstante presentan sus diferencias:
o Las tres primeras están basculadas hacia el oeste, presentando sus zonas más elevadas en el este, con alturas que se sitúan entre los 1.000 y los 800 metros sobre el nivel del mar. Las alturas medias son de 700-800 metros para la Depresión del Duero y de 600-700 para las de la Submeseta Sur.
o La del Ebro tiene su zona más alta al noroeste, con alturas que rondan los 800-500, que rápidamente descienden, dando una altura media de 200 metros. Para acceder a su desembocadura tiene que atravesar las Cordillera Costero-catalana.
o La del Guadalquivir tiene su zona más elevada al noreste, que tan apenas superan los 500 metros. Su altura media apenas supera los 100 metros.
- Tiene un amplio conjunto de zonas montañosas que:
o Fragmentan el conjunto: el Sistema Central, los Montes de Toledo, las Sierras Extremeñas y el escalón de Sierra Morena lo dividen longitudinalmente; mientras que el Sistema Ibérico separa la Meseta de la depresión del Ebro.
o Le dan al conjunto una elevada altitud media Sistemas Béticos: 958
Sistema Ibérico: 1150 Sierra Morena: 428 Sistema Central: 1616 Montes de Toledo: 886
Pero lo que caracteriza al ámbito es estar rodeado por cadenas montañosas por el norte, el este y el sur, lo que le aleja de los vientos y la influencia marítima, que sólo puede llegar por el oeste, atravesando Portugal o por la desembocadura del Guadalquivir. Esta situación se hace más acusada en el valle del Ebro, donde el Sistema Ibérico sirve de barrera a los vientos del oeste.
Las características climáticas son: Las precipitaciones son:
- Escasas o moderadas (entre 800 y 300 mm).
- Tienen un mínimo veraniego marcado, con al menos dos meses secos. Conforme avanzamos hacia el sur aumenta el número de meses secos. - En el valle del Ebro se dan tres meses secos, aunque en la zona central, más
árida, se llega a cuatro, y se da otro mínimo (aunque sin meses secos) en invierno, que puede llegar a ser el mínimo principal (formación de
anticiclones térmicos en invierno)
- En la zona del interior andaluz el mínimo veraniego presenta al menos cuatro meses secos y dos de ellos muy secos (por debajo de 5 mm) - Las máximas se dan en los equinoccios, fundamentalmente en primavera,
aunque en la zona occidental, septentrional (norte del Duero) y en el valle del Guadalquivir son más abundantes y tienen su máximo en invierno (paso de vientos del oeste, noroeste, norte y suroeste).
Las temperaturas tienen una fuerte amplitud térmica (más de 16ºC, aunque generalmente ronda los 18ºC). Se dan los siguientes subdominios:
- Submeseta Norte y tierras altas de Guadalajara, Teruel y Cuenca: o Veranos frescos (<22ºC)
o El mes más frío tiene menos de 6ºC o Frecuentes heladas y nieblas. - Submeseta Sur y valle del Ebro:
o Veranos cálidos (22ºC o más)
o Inviernos fríos (generalmente entre 4 y 6ºC) o Heladas no muy frecuentes.
- Extremadura y el interior andaluz:
o Veranos calurosos (en torno 25ºC) o El mes más frío por encima de los 6ºC
Los factores que determinan estas características climáticas son:
- La latitud hace que las temperaturas aumenten de norte a sur y que las zonas más septentrionales estén más expuestas a las advecciones del norte y noroeste, más húmedas y frías.
- El relieve:
o Su disposición en forma de barrera aísla estos territorios de las influencias marítimas, que suavizan las temperaturas y permiten la llegada de vientos húmedos. Esta situación es más acusada en el interior de la Depresión del Ebro.
o La inexistencia de barreras montañosas importantes en el oeste favorece que los vientos procedentes del Atlántico puedan llegar, tras atravesar Portugal, a la zona occidental, aumentando sus
precipitaciones, especialmente en invierno, cuando son más frecuentes estas advecciones.
o La altura sobre el nivel del mar actúa sobre las temperaturas: el basculamiento de la Meseta hacia el oeste, hace que las zonas más elevadas de la Meseta presenten inviernos más fríos.
o La desembocadura del Guadalquivir permite que los vientos del suroeste, húmedos, penetren en el valle, dando lugar a un aumento relativo de las precipitaciones invernales (máximo invernal)
o La abundancia de unidades de relieve montañosas introduce modificaciones en el clima.
- La formación de un anticiclón térmico en invierno en la Península Ibérica impide el acceso de vientos procedentes del mar. Esta circunstancia se hace más acusada en el interior de las depresiones, especialmente en la del Ebro. Los ríos de este dominio son largos y caudalosos debido a que:
- Recorren las largas depresiones tectónicas que forman gran parte de su cuenca
- Reciben las aportaciones de afluentes que nacen en las cadenas
montañosas que delimitan sus cuencas, que son mayores en las elevadas cordilleras del norte. Estas aportaciones suponen un elemento esencial para su caudal absoluto:
o El Duero es el río más caudaloso de la Península Ibérica porque además de las aportaciones de las precipitaciones propias de su origen en la zona más elevada del Sistema Ibérico y de su
recorrido por el ámbito de interior, suma las que recibe en la zona portuguesa, que tiene un clima oceánico, y las de sus afluentes, que nacen en la Cordillera Cantábrica (por ejemplo, el Pisuerga) y en el Sistema Central (por ejemplo, el Tormes).
o El Ebro es el río más caudalosos de España porque nace en la Cordillera Cantábrica, y además recibe las aportaciones de las
precipitaciones a lo largo de su curso, y las de los importantes afluentes que nacen en los Pirineos (por ejemplo el Segre) y en el Sistema Ibérico.
o El Tajo ocupa el tercer lugar por su caudal. Nace en el Sistema Ibérico, su largo curso discurre por el ámbito de clima de interior para acabar en territorio portugués, con un clima mucho más lluvioso. Sus afluentes nacen en el Sistema Central y en el
conjunto relativamente bajo de los Montes de Toledo y las sierras extremeñas.
o El Guadalquivir es el quinto río más caudaloso de España (tras el Miño, que es el cuarto). Este caudal se debe fundamentalmente a las aportaciones que recibe en sus orígenes y en su recorrido de los ríos procedentes de los Sistemas Béticos, especialmente de las Sierras Penibéticas (por ejemplo, el Genil).
o El Guadiana es un río largo y poco caudaloso ya que sus
aportaciones dependen casi exclusivamente de las precipitaciones que recibe a lo largo de su recorrido por el ámbito de interior y de los afluentes que nacen en los Montes de Toledo, las sierras extremeñas y Sierra Morena.
El régimen de estos ríos es muy complejo y varía a lo largo de su recorrido, según los orígenes de sus aportaciones: Duero y Ebro adquieren un carácter pluvio nival cuando reciben los afluentes provenientes de las zonas altas de la Cordillera Cantábrica y de los Pirineos, respectivamente. En los demás ríos predomina un régimen pluvial de interior o subtropical.
La vegetación de este dominio está muy influenciada por cinco cuestiones:
• El volumen de las precipitaciones es escaso, excepto en la zona norte de la Submeseta Norte y en la zona occidental de la misma.
• La sequía (varios meses secos) veraniega, muy acusada en el valle del Guadalquivir y poco en la zona septentrional de la Submeseta Norte.
• Veranos cálidos. Más cuanto más al sur. • Importancia del relieve montañoso
• La acción del hombre, que buscando usos agrícolas y ganaderos, ha modificado fuertemente la vegetación climácica.
En general, presenta dos variantes:
• En las zonas por debajo de los 1.000 metros predominan los usos agrarios, quedando la vegetación natural reducida a pequeñas manchas de bosques o a bosques modificados por la acción del hombre, que se dan en zonas de una cierta altitud como en las pequeñas sierras o los altos páramos. Esta vegetación natural presenta dos variables:
o En las zonas más húmedas, frías y con menor estiaje encontramos robles marcescentes, propios de la transición del dominio oceánico al de interior.
o En el resto, bosque mediterráneo y vegetación mediterránea “degradada”.
• En las zonas por encima de los 1.000 metros encontramos vegetación de montaña.
El bosque mediterráneo es de hoja perenne, presenta árboles con troncos que se ramifican pronto y dan lugar copas globulares y anchas que proyectan sombra sobre el suelo. En los bosques naturales originarios, las copas entraban en contacto unas con otras, proyectando bastante sombra y generando un microclima en el suelo, para protegerlo del calor y la evaporación en los períodos en los que no hay
precipitaciones. Esta sombra permitía también el desarrollo de un estrato de arbustos. Hoy estos bosques tan apenas existen.
Los árboles no son muy altos (aunque pueden alcanzar los 20 o 25 metros) ya que no tienen que competir por la luz y sus sistemas de raíces son poderosos para aprovechar al máximo el agua precipitada e infiltrada.
Sus hojas, adaptadas al medio, han desarrollado mecanismos para defenderse de la insolación, el calor y la evapotranspiración: son pequeñas (a veces espinosas), están protegidas por una fuerte cubierta o dermis que sirve de aislante y que refleja parte de la luz solar, sus poros, por donde transpiran y pierden agua, están concentrados en el envés de la hoja -zona de sombra- y protegidos por pelillos, y un grueso tejido interior les permite acumular agua en las épocas del año en que llueve.
Las especies más importantes son:
- La encina, que domina en la zona de precipitaciones escasas, inviernos frescos o fríos.
- El alcornoque que lo hace donde las precipitaciones son moderadas y los inviernos no son muy fríos y los veranos calurosos y muy secos.
Es importante también destacar la presencia de pinos, que, como vegetación climácica, son especies muy secundarias en este ámbito, pero han ido colonizando amplias zonas bien por el progresivo deterioro de los encinares por la acción del hombre, bien por las repoblaciones llevadas a cabo.
Donde las condiciones climáticas no son buenas y los suelos son pobres o donde el hombre ha actuado negativamente sobre el bosque se desarrollan tipos de vegetación mediterránea “degradada”:
1. Cuando la acción del hombre no es netamente destructiva y se limita a la tala periódica sin arrancar las raíces (lo que provoca el recrecimiento del árbol a partir de los brotes de las raíces superficiales), favoreciendo la erosión de los suelos y una disminución de las defensas del bosque frente a la aridez de los meses secos, se desarrolla un bosque de encinas que adoptan formas arbustivas: de 2 a 4 metros de altura y copas poco densas y achaparradas. En la actualidad casi todos los encinares que quedan presentan ese estado.
2. Donde las precipitaciones son muy escasas, los inviernos muy fríos o los suelos muy pobres y, sobre todo, donde el hombre ha talado de forma definitiva el bosque se da el matorral mediterráneo, que puede adoptar tipologías diferentes según su estado de degradación:
- Maquis o maquia. Presenta matorrales densos de más de 2 metros de altura.
- Garriga es una fase de degradación del maquis. Presenta matorral de entre 2 y 0,6 metros de altura, también denso
- Brolla es el aclarado de la garriga, que permite la llegada de la luz al suelo, resecándolo y empobreciéndolo en humedad.
- Tomillares, con el 50% del suelo sin cubrir, presenta especies leñosas que no sobrepasan los 0,5 metros, muy adaptadas a condiciones de gran aridez.
Una de las características de este matorral es su gran variedad de especies. Destacan los rosales silvestres, las jaras, los brezos, las aliagas, el romero o el tomillo. En las zonas más áridas o de suelos más pobres encontramos adelfas y palmitos.
En las riberas de los ríos, la existencia de cursos de agua modifica las condiciones y tenemos una formación vegetal propia. Los ríos del dominio de interior suelen presentar un claro estiaje veraniego, por lo que los árboles que necesitan tener sus raíces en permanente contacto con el agua (alisos y sauces) tienen una difícil supervivencia. Son los álamos, chopos y fresnos los que forman masas boscosas compactas a lo largo de las riberas de los ríos
A partir de los 1.000 metros de altura, en las zonas montañosas, en el Sistema Ibérico, el Sistema Central, Montes de Toledo, Sierra Morena, y los Sistemas Béticos, excepto Sierra Nevada, nos encontramos con:
- Piso montano, con bosque de hoja caduca (robles y hayas) y pino silvestre - Piso supraforestal con matorral cerrado, que acaba en prados.
Los usos vegetales agrarios son fundamentalmente agrícolas, quedando los ganaderos recluidos a las zonas montañosas o a los altos páramos. En agricultura nos encontramos con la siguiente zonificación:
- En los valles, las zonas próximas a los grandes ríos tienen usos intensivos, relacionados en muchos casos con el regadío, donde dominan los productos hortofrutícolas o cultivos orientados a las industrias agroalimentarias.
- En los valles, en las zonas alejadas de los grandes ríos predominan los cultivos extensivos, esencialmente de cereales.
- En los piedemontes y tierras altas (páramos) encontramos cereales y cultivos leñosos, como la vid, el olivo. En este ámbito también encontramos el uso para forrajeras para el ganado.
Los usos ganaderos tienen predominio en las zonas montañosas y en los páramos, y están orientados generalmente al ovino extensivo. Encontramos también usos ganaderos en los valles, pero se trata de ganadería industrial (bovino para leche, porcino y aviar) que produce para el abastecimiento del mercado nacional o el de las grandes ciudades del interior.
En cuanto a los usos artificiales, fundamentalmente urbanos, se concentran en las zonas llanas, generalmente en posiciones próximas a ríos y donde la configuración del relieve y/o de la red fluvial han favorecido las comunicaciones. En el conjunto del dominio resalta Madrid y el área en la que está deslocalizando población y actividades: su área suburbana y la prolongación en los municipios que se encuentran a lo largo de las vías de comunicación, esencialmente hacia Guadalajara y hacia Toledo. En el resto podemos hacer una distinción entre:
- La mitad norte, donde dominan los hábitat concentrados, pero de pequeños municipio (menos de 2000 habitantes), excepto las capitales de provincia. Sólo siete de estas capitales tienen más de 100.000 habitantes, destacando Zaragoza, en el valle del Ebro con cerca de 700.000 y Valladolid, en el del Duero, con algo más de 300.000. Las cinco siguientes, Pamplona, Logroño, Burgos, Salamanca y León, se encuentran por debajo de los 200.000.
- La mitad sur, también de hábitat concentrado, presenta localidades con una población más numerosa: en los municipios que tienen entre 10.000 y 100.000 habitantes reside de media casi el 40% de toda la población; no obstante, las grandes ciudades, de más de 100.000 habitantes no tienen gran importancia demográfica, especialmente en la Submeseta sur y en Extremadura.
- Las zonas montañosas presentan una densidad de población escasísima, por del bajo de 25 habitantes/km2, que se corresponde con unos usos artificiales
del suelo también muy bajos, predominando las pequeñas localidades y con capitales de provincia de escaso peso demográfico.