Sobre el arte de gobierno neoliberal y su resistencia - el caso del coaching y la amistad

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SOBRE EL ARTE DE GOBIERNO NEOLIBERAL Y SU RESISTENCIA:

EL CASO DEL COACHING Y LA AMISTAD

LUIS DANIEL PICO PÁEZ

Trabajo de Grado Para Optar por el Título de MAGISTER EN FILOSOFÍA

Asesor

Dr. CARLOS ANDRÉS MANRIQUE OSPINA

UNIVERSIDAD DE LOS ANDES FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES

DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA BOGOTA

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2 CONTENIDO

Introducción ... 4

CAPÍTULO 1 ... 10

COACHING Y TÉCNICAS DE PODER ... 10

Coaching en el Presente ... 10

La metáfora del Coaching... 11

Técnicas de poder y subjetivación. ... 15

Coaching: En el contacto entre el gobierno de sí y el gobierno de los otros. ... 17

Confesión, Coaching y verdad... 18

Dirección de conciencia y Poder Pastoral ... 25

Coaching: En medio del Bio-poder ... 28

Las Técnicas Disciplinarias y Las De Seguridad En Foucault ... 29

Seguridad, Población y Normalización ... 32

Coaching en la sociedad de la normalización ... 42

CAPÍTULO 2 ... 46

COACHING Y NEOLIBERALISMO ... 46

Introducción: ... 46

Coaching: La necesaria pregunta por el nuevo cuerpo. ... 52

Consideraciones del Método: ... 54

Neoliberalismo ... 56

Management como tecnología de poder: ... 64

Nuevas disciplinas y Management ... 70

Neoliberalismo, nuevas disciplinas y cuerpos competentes ... 77

Cuerpo neoliberal y Coaching ... 81

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AMISTAD: CONTRAPESO Y RESISTENCIA. ... 86

Amistad como contrapeso ... 86

Coaching: Producción de subjetividad y relación con los otros bajo la gubernamentalidad neoliberal. ... 90

Amistad y Confianza ... 92

Aristóteles y la amistad. ... 95

Amistad y neoliberalismo ... 101

Amistad profunda y temporalidad ... 105

Amistad y contra-conducta ... 111

Igualdad de la amistad e igualdad política en Arendt ... 114

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4 Introducción

Fenómenos como la industrialización, la expansión de la economía de mercado, y más contemporáneamente, la preocupación por el emprendimiento y por la difusión de las

formas de deuda financiera son rastros de un entramado y complejo mundo que hemos construido para relacionarnos los unos con los otros. Las formas organizacionales de las empresas, instituciones gubernamentales, entidades sin ánimo de lucro, entre otras, sustentan en gran medida los modos en que vivimos y habitamos nuestro mundo con otras personas. En efecto, muchos podrían decir que se comparte mucho más tiempo de la vida

con aquellos con los que trabajamos que con nuestras familias y amigos. Por lo tanto, es muy difícil pasar por alto las implicaciones que tiene la experiencia del trabajo para nuestras creencias, valores, decisiones, y en general, nuestras formas de ver el mundo que nos rodea y a las personas que lo habitan con nosotros.

Esta experiencia está atravesada de forma compleja por muchas variables. Entre ellas se encuentra una historicidad, pues toda experiencia se da en un contexto contingentemente histórico. Adicionalmente, es producto de un cierto grupo de reflexiones que se realizan en

distintos niveles y que tienen que ver con la mejor forma de mandar, conducir, gobernar la conducta de otro u otros. En otras palabras, los cuerpos de saber de muchas ciencias y disciplinas enfocan sus esfuerzos en dar herramientas que sirvan a unos para gobernar a otros. Esta reflexión sobre el gobierno no solamente implica una pregunta por el

condicionamiento del comportamiento del trabajador, allí también se encuentra el gobierno de la conducta de los hijos, de los estudiantes, de los enfermos, de una comunidad, de un país, etc. Adicionalmente, un sinnúmero de tecnologías de información, comunicación y de producción atraviesan también estos campos de reflexión sobre la mejor forma de controlar

y coordinar las conductas de los seres humanos en distintos espacios y contextos.

Tal como veremos en el desarrollo de este trabajo, dichas reflexiones sobre el gobierno de

los demás, tienen un impacto en la forma en que me veo a mí mismo y cómo me relaciono con los otros. Es pues natural que se pidan ciertas características en cuanto a la personalidad, e incluso físicas, a aquellos que se van a encargar de esta tarea de movilizar a los demás hacia algún objetivo en particular: liderazgo, orientación hacia el logro, entrega hacia los objetivos, responsabilidad, eficiencia, buenas relaciones interpersonales, buena

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presentación personal, entre muchas otras. Y frente a esta reflexión también surgen distintas formas de codificar los buenos comportamientos, aquellos a los cuales muchos quieren aspirar, ya sean motivados por el honor, la felicidad, el dinero, el poder, etc.

De esta manera, el gobierno de los demás y el gobierno de sí mismo están realmente imbricados y relacionados de distintas formas, y cada una de ellas depende de un contexto histórico y social. Bien sabemos que el honor una vez fue uno de los valores que sostenía la

relación entre los guerreros japoneses. Quizá en nuestra cultura, el honor no sea el valor que nos moviliza en nuestras relaciones con los demás y haya que estudiar qué nos moviliza. Hoy estamos expuestos a otras formas de relaciones y, por ello, a otros valores y otros ideales. Por esto, una de las formas que tenemos para estudiar nuestra sociedad en su

especificidad y contingencia es a través de sus prácticas de gobierno y sus impactos en nuestra subjetividad.

Así, este trabajo es una investigación enmarcada en estas preguntas: ¿Cuál es la forma en que pensamos en gobierno de la conducta de los demás y cuál es su implicación en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos? ¿Gracias a qué tipos de saberes y prácticas nos pensamos nosotros mismos en relación con los demás? ¿Cómo podemos pensar nuestra

sociedad hoy a través de sus prácticas de gobierno de la conducta y su impacto en la subjetividad? Si llegásemos a conocer la respuesta a estas preguntas, ¿es posible partir de allí para pensar otra forma de ser gobernados? ¿Seremos capaces de pensar otro tipo de sociedad? ¿Podremos cambiar la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y quienes nos rodean?

Si bien estas son preguntas que abordan gran cantidad de temas y variables, este trabajo

empieza desde una humilde posición: el estudio del Coaching, una práctica, una técnica, un estilo de dirección, una metodología orientada al desarrollo del “talento personal”, de la “autoconciencia” la “responsabilidad”. El libro The Complete Handbook of Coaching (Cox, Bachkirova, & Clutterbuck, 2010) afirma que es un proceso de desarrollo humano que involucra interacciones estructuradas y el uso de estrategias apropiadas, herramientas y

técnicas que promueven cambios deseables y duraderos para el beneficio de la persona y de aquellos interesados en su desempeño. Dicho proceso cuenta hoy con cientos, o miles de

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libros sobre el tema, cursos dirigidos a estudiantes de todo tipo de carreras universitarias y talleres y seminarios dictados en todo el mundo. Adicionalmente son cada vez más las empresas del mundo que afirman hacer uso de técnicas de Coaching, ya sea internamente o

con consultores externos, para incrementar la productividad de sus ejecutivos.

Tal como veremos, el Coaching como práctica y domino de saber es un espacio privilegiado pues allí concurren gran cantidad de reflexiones sobre la naturaleza del ser

humano, una serie de estrategias para liberar aquella naturaleza, y la capacidad de hacerla funcionar imbricándola con objetivos de otro nivel, entre ellos los del trabajo. Tal como sostiene Rose (1999), durante los años de postguerra, a la experiencia del trabajo se le ha dado una importancia que excede el marco económico, el empleo ahora tiene elementos que

lo constituyen como esencial en la salud psicológica del individuo, ahora “el trabajo en sí mismo es un medio de auto-realización, y el camino que conduce a la rentabilidad empresarial es también el camino hacia la auto-superación del individuo” (Rose, 1999, pág. xxix). Así, el management ha incorporado dentro de su perspectiva de investigación y gobierno, la subjetividad de los trabajadores y como tecnología de poder se ha articulado,

para existir y establecerse como útil, con los valores del gobierno de las naciones (Miller & O'leary, 1989).

Ahora bien, ¿cómo podemos entender esas complejas relaciones entre objetivos institucionales, estrategias gubernamentales y producción de subjetividad? ¿Cómo podemos empezar a pensar dichas articulaciones para luego pensar distintos tipos de resistencia a ellas? ¿Bajo qué metodología podemos abordar estas cuestiones? En efecto, no se trata de

hacer una crítica funcional al Coaching que consistiría en afirmar si su práctica cumple o no lo que promete. Tampoco significaría hacer una crítica epistemológica a su racionalidad, para calificarla de errónea o verdadera frente a otro discurso que se considere mejor equipado para hacerlo. Mucho menos la idea sería observar de qué manera el Coaching es

usado por las empresas y ver de qué manera se articulan los dos objetivos. Más allá de estos análisis, que sin duda son legítimos de hacerse, lo que interesa a este trabajo es un análisis de los discursos y las técnicas que hacen posible que una práctica como el Coaching sea legítimamente posible en el presente y tenga efectos en nuestra subjetividad.

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Esta pregunta encuentra, si es posible llamarla así, una fuente de inspiración tanto filosófica como metodológica en la propuesta de Michel Foucault, y esto en dos registros. En primer lugar, esta es una pregunta que interroga un tipo de experiencia, una por la cual los

individuos se reconocen como sujetos productivos, entendiendo como experiencia “la correlación, dentro de una cultura, entre campos de saber, tipos de normatividad y formas de subjetividad” (Foucault M. , 2012). Así estudiada, la investigación evita suponer universales como la naturaleza del hombre o el desarrollo unívoco de la historia, y enfatiza la formación y articulación de las distintas estrategias que dan lugar a experiencias

contingentes en el devenir histórico. En otro registro se encuentra cierta actitud, un ethos que configura una permanente crítica hacia nuestro presente. Una crítica no entendida de forma moral, juzgando si está bien o mal; tampoco intentando mostrar sus contradicciones. Una crítica entendida como un ubicarse sobre los límites, mostrando lo contingente que se pretende afirmar como universal: haciendo visible las instancias del discurso por las cuales

articulamos lo que decimos, pensamos o hacemos; mostrando la forma en que hemos devenido, para examinar la posibilidad de devenir otro. Tal como afirma Foucault, “Yo caracterizaría el ethos filosófico apropiado a la ontología crítica de nosotros mismos como un test histórico-práctico de los límites sobre los cuales podemos atravesar, así como un

trabajo llevado a cabo por nosotros mismos sobre nosotros mismos como seres libres” (Foucault, 1994)

De esta manera, el trabajo está constituido de la siguiente manera. En el primer capítulo partimos de una descripción del Coaching para notar sus características en términos de una práctica, un ejercicio de un poder, que ocurre tanto a nivel individual como a nivel de algo que podemos llamar una totalidad (una multitud de sujetos o la población). La correlación

entre el ejercicio del poder que circula en ambos niveles es el objeto de estudio de esta primera parte de la investigación. Se trata de mostrar que no es posible examinar el nivel individual sin analizar el nivel de la totalidad. Allí, investigamos, de la mano con Foucault, las formas en que las técnicas de gobierno de la conducta han mutado para dar origen a un tipo de sujeto que es gobernable en la medida en que se entienda como sujeto de intereses,

deseos, los que debe desplegar, controlar, moderar y articular con los de los demás. La norma adquiere un especial valor en este examen ya que, a diferencia de la ley, esta tiene

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un carácter de positividad a diferencia de la negatividad de la ley. Entender este cambio y las implicaciones que tiene para el ejercicio del gobierno de la conducta en la actualidad se vuelve necesario para comprender el funcionamiento del Coaching y su papel en el

condicionamiento de la conducta individual.

En el segundo capítulo, nuestro interés pasa por identificar la especificidad del sujeto que está en la base de las reflexiones del arte de gobierno neoliberal. Allí, mostramos que si

bien la norma aún tiene un papel fundamental en las reflexiones sobre el gobierno de la conducta, su importancia se desplaza en el neoliberalismo, dando lugar a nuevas técnicas que suponen un nuevo tipo de sujeto gobernable entre las técnicas disciplinarias del siglo XVIII y las de hoy. Expondremos pues los discursos y técnicas de poder que fundamentan

la articulación entre el sujeto gobernable del neoliberalismo y el de la técnica del Coaching en la actualidad. Allí veremos cómo la noción de empresario de sí mismo y la del sujeto de competencias se articulan para ejercer el gobierno tanto a nivel poblacional como a nivel

individual.

Finalmente, en la última parte del trabajo, nos daremos a la tarea de investigar espacios donde sea posible pensar resistencias a este tipo de gobierno. El espacio que privilegiamos

en nuestro análisis es el de la amistad. En esta última parte, si bien nos alejamos un poco de la metodología foucaultiana, nuestro interés consiste en describir un tipo de experiencia con los otros, que marque un desplazamiento al tipo de interacción con los demás que reproduce el Coaching y la producción de subjetividad neoliberal. Examinamos esta experiencia denominándola amistad profunda y partimos de allí para analizarla en dos

registros: como contrapeso a la subjetividad neoliberal y, específicamente, a la interacción que reproduce el Coaching; y como posible fuente de contra-conducta, un repensar la forma de gobierno de la conducta de los demás. Allí, la noción de igualdad de Arendt nos podrá ayudar a entender la relación entre la amistad y la resistencia política.

Es necesario mostrar entonces las ventajas que puede tener una reflexión como esta del sujeto productivo contemporáneo para profundizar o extender las investigaciones sobre

cómo la experiencia del trabajo es pensada y ejecutada por disciplinas como el management y las ciencias de la gestión. Además, permite otras perspectivas de análisis del papel de

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aquel que gobierna la conducta de otros en el trabajo, sea jefe, líder, coordinador, presidente, gestor, etc., cuya investigación abre preguntas sobre cómo pensar la ética “empresarial” partiendo de la pregunta acerca de cómo nos relacionamos con nosotros

mismos y con los demás en la relación agónica entre gobernados y gobernantes. No obstante, y a modo de limitación de esta investigación, un posterior análisis podría ser más extenso en cuanto al material de archivo usado para el presente trabajo.

Para finalizar, quisiera agradecer profundamente a todos los que con sus conversaciones, atenta escucha, interés en el tema, y afinados comentarios, me apoyaron a continuar y a culminar orgullosamente este trabajo. Agradezco infinitamente a la Universidad de los Andes quien me brindó la oportunidad, a través del Centro de Español, de realizar esta

maestría con el privilegio de ser becario durante 4 semestres. Sin esta oportunidad, este trabajo quizá no hubiese sido posible. Especialmente quisiera agradecer a Carlos Manrique, director de tesis, quien se interesó en el proyecto y que con su experiencia me apoyó a seguir adelante con mis intuiciones. Finalmente agradezco a todos mis amigos y familiares, que son la única razón por la cual se puede vivir una vida que valga la pena ser vivida.

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10 CAPÍTULO 1

COACHING Y TÉCNICAS DE PODER

Coaching en el Presente

El Coaching ha surgido como una herramienta clave para lograr los objetivos de las

organizaciones contemporáneas. Consiste en llevar a las personas, trabajadores, clientes, grupos de trabajo, desde una posición actual a una posición donde desean o necesitan estar (McNally J. , 2013). Durante este proceso, afirman sus defensores, se logran incrementar sus competencias, mejorar su productividad, afinar destrezas, habilidades, se redefinen

significados, emociones, sentimientos; se modifican las actitudes, valores, conductas, visiones del mundo (Losada, 2009). Es un proceso interactivo que ayuda a otra persona a llevar su desempeño a otro nivel (Payne, 2007). Un gerente de una cadena de tiendas al por menor lo ha definido así:

Coaching es la forma en que logras obtener lo máximo de los empleados. Se lo debo a la organización para maximizar resultados. Coaching desarrolla la siguiente generación de líderes, retiene a los mejores talentos, y lleva hasta el máximo los recursos del potencial humano. Cuando los gerentes hacen Coaching ellos liberan aspiraciones, construyen capacidades, y generan un fuerte sentimiento de satisfacción personal. El Coaching despierta el potencial latente y refuerza las mejores habilidades donde ellas ya existen. (Payne, 2007, pág. 2)1

Evidentemente, estamos frente a un fenómeno realmente importante que se está introduciendo hábilmente en la forma en que hoy, como seres humanos, modificamos nuestra conducta y la de los demás. Las organizaciones contemporáneas, desde empresas comerciales, organizaciones sin ánimo de lucro, hasta agencias estatales, buscan en el

Coaching beber del maná de la sabiduría de la conducción de los hombres. Es la utopía del manager: personas perfectamente motivadas, satisfechas con sus trabajos y altamente productivas. Además, estas herramientas no sólo buscan permitir un mejor desempeño en

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“Coaching is the way you get the most out of employees. I owe it to the organization to maximize results. Coaching develops the next generation of leaders, retains top talent, and taps into the vast resources of human potential. When managers coach they release aspirations, build capabilities, and generate a strong sense of personal satisfaction. Coaching unlocks latent potential and reinforces strong skills where they already exist.” (traducción mía).

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los empleados, también pretenden, al ser encarnadas por los managers, mejorar la satisfacción personal de los gerentes, de los supervisores, y así, crear cada vez mejores líderes, mejores jefes, mejores relaciones laborales. Obviamente, para ellos, esto tiene un

impacto en la reducción de las enfermedades del trabajo: el estrés, que tiene como síntomas afecciones cardiacas, gástricas, etc. El Coaching, prometen sus gurús, no tiene que ver únicamente con la motivación frente al trabajo, implica una forma de vida, entendida no solo en el registro psicológico sino fisiológico: una mejor salud mental y física. Un proceso que está dirigido hacia el logro de propósitos a largo plazo, encaminado hacia la

autorrealización.

Ahora bien, es relevante preguntarnos cómo es que llegamos aquí. ¿Cómo es que el

Coaching ha logrado imponerse como forma de gobierno de los demás en tan diversos escenarios? ¿Qué clase de relación se pone en juego allí entre la organización y el coach, entre éste y su dirigido? ¿Qué implica en términos de relaciones de poder? ¿Cómo logra insertarse en nuestra subjetividad y producir un aparente nuevo tipo de sujeto? ¿Qué peligros condensa? ¿Es capaz el Coaching, como forma de dirección de la conducta

humana, permitirnos pensar algunas tendencias importantes en la configuración de nuestra sociedad actual?

La metáfora del Coaching

Coaching for Performance es un libro escrito por John Whitmore en 1992, cuya cuarta

edición se publicó en 2009 y ha tenido bastante éxito en ventas en todas las latitudes del globo. Es sin duda uno de los libros más importantes en la disciplina y es bibliografía obligatoria para todos aquellos que quieren conocer los consejos de Coaching y ponerlos en práctica.

Después de comentar brevemente sobre cómo el origen del Coaching se puede rastrear hasta Sócrates, ya que es este filósofo griego el primero en exponer el “concepto de una

sabiduría interior” ubicada en nuestra alma, la que debemos recordar, Withmore nos ofrece una imagen de lo que para él es la esencia de esta disciplina:

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El nuevo modelo sugería que somos más similares a una bellota, que contiene en su interior todo el potencial para convertirse en un majestuoso roble. Necesitamos alimento, estímulo y luz para crecer, pero el roble ya se encuentra en nuestro interior. (…) Diré algo más de la analogía de la bellota. Tal vez no sepa el lector que los brotes de roble que crecen a partir de las bellotas en la naturaleza [the wild] desarrollan rápidamente una raíz fina como un cabello que se encarga de ir en busca de agua. Dicha raíz puede alcanzar hasta un metro de longitud mientras el brote apenas supera los 30 centímetros. Cuando se cultivan comercialmente en un vivero, la raíz principal se suele enroscar en la base de la maceta y se rompe al trasplantar el brote, comprometiendo seriamente el desarrollo de éste en tanto no crezca una nueva. La raíz no ha sido protegida el tiempo suficiente y la mayoría de los criadores ni siquiera se percatan de su existencia o finalidad. El jardinero experimentado, cuando trasplante un brote, desenrollará la tierna raíz, sujetará su punta y la enterrará cuán larga es en la tierra manteniéndola en posición vertical con ayuda de una varilla metálica. El poco tiempo invertido en este proceso en las etapas iniciales de la vida del árbol asegura su supervivencia y le permitirá desarrollarse más deprisa y hacerse más fuerte que sus hermanos criados con criterios comerciales. Los líderes empresariales experimentados utilizan el Coaching imitando al buen jardinero. (Withmore, Coaching, El método para mejorar el rendimiento de las personas. , 2011)

Esta metáfora nos permite hacernos preguntas elementales para comenzar nuestra investigación. En primer lugar, notamos que hay una distinción entre el interior y el exterior de nosotros mismos. Un interior que es potencial y un exterior, que puede posibilitar o

amenazar el desarrollo de esa potencia no actualizada de nuestro interior. En segundo lugar, que hay espacios diferentes en los cuales crecemos: la naturaleza [the wild] y el vivero. En el primer espacio, la semilla queda expuesta a aquel medio sin ningún jardinero, ella sola debe crecer o morir, dependiendo de los azares del medio al que se expone. En el segundo espacio, hay un jardinero que puede ser malo o bueno respecto a su conocimiento del

desarrollo de las bellotas. En el primer caso, su ignorancia impide que la bellota se desarrolle como el roble que puede ser. En el segundo, el jardinero posee un conocimiento específico: la forma en que la raíz se comporta, lo que ella busca en sus primeras etapas de crecimiento; lo que le permite usar cierto instrumento, en este caso una varilla metálica, para ayudarla a enderezarse y así crecer lo más fielmente posible a su comportamiento

natural. El buen jardinero es el buen líder empresarial que usa al Coaching como el jardinero usa aquella vara metálica.

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De esta manera, el Coaching únicamente aparece en el segundo espacio, el del vivero, que es esencialmente distinto a la naturaleza [the wild]. ¿Por qué no podría darse en el primero? Evidentemente, y el texto en su idioma original nos permite verlo, el primer espacio es el

espacio salvaje [wild], caótico, sin orden. Mientras que el segundo es el espacio ordenado. El vivero tiene unos objetivos, sean comerciales o no, y actúa frente a ellos: organiza las macetas, vigila su crecimiento, controla el agua, la luz, encuentra a los buenos jardineros, realiza correctamente los trasplantes, etc. Podemos concluir que, si la metáfora es aceptada, el Coaching únicamente puede darse y surgir en un espacio que tenga unos fines

determinados. Este espacio, sus objetivos y el uso orientado a fines de ciertos conocimientos, le dan vida a una técnica, que desarrolla y ejecuta ciertos saberes que permiten la consecución global de ciertas metas. Primera pregunta: ¿cuál es este espacio y qué objetivos tiene? ¿Cómo se articula esa vara metálica con los objetivos del vivero? ¿Qué discursos de saber hacen ver esa naturalidad implícita en nuestro interior?

La mención de Withmore de Sócrates como pionero del Coaching no es fortuita, y es bastante popular en esta disciplina. Aragón y De Uña Repetto (2009), en su texto

Coaching: la adaptación de un clásico, argumentan la forma en que la mayéutica socrática

y el Coaching contemporáneo comparten una misma esencia, que consistiría en ser una conversación en la cual el Coach no enseña nada, no necesita ser experto en ningún tema, solo necesita escuchar y hacer las preguntas necesarias y precisas para fomentar en el

coachee una reflexión propia:

El coach no necesita encontrar buenas respuestas sino que debe saber escuchar prestando atención a lo importante y plantear adecuadamente las preguntas para ir guiando con éstas de forma intencionada al cliente de manera que así consiga él mismo sus propias soluciones (Aragón & De Uña Repetto, 2009).

¿Qué utilidad tiene esta analogía que puede parecer a todas luces anacrónica? La capacidad de la figura socrática de mostrarse como ausente de toda ideología, libre de prejuicios, que permite el aflorar de un conocimiento puro de todo interés, es de vital importancia para el Coaching que, de otra manera, sería fácilmente tildado de manipulación. No obstante, no es

tan simple esta relación. Si volvemos a nuestra metáfora, el espacio del vivero es esencialmente un espacio de conocimientos expertos, sobre una multiplicidad de objetos:

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los efectos del agua en la semilla, de la luz, de la forma en que crece la semilla, de los tiempos que toma su crecimiento, los conocimientos y las labores del jardinero, etc. ¿Por qué insistir en esa libertad del conocimiento producto de esta conversación? Sócrates,

además, no cobraba por sus conversaciones, como sí lo hacen los coaches. Esto los acercaría más a los sofistas que al propio Sócrates. De hecho, es bien conocida, en la disciplina del Coaching, la distinción entre el patrocinador y el cliente: mientras que el primero es el que se compromete financieramente con el proceso, el segundo es la persona que recibe el Coaching como tal (cabe notar que muchas veces los dos coinciden en una

misma persona). Evidentemente, esto puede llevar a conflictos de intereses entre lo que cada uno desea del proceso. Notamos inmediatamente que la figura de Sócrates nunca tuvo momentos de “conflicto de intereses”, y prefirió su muerte antes de entrar en conflicto consigo mismo y con los dioses, entonces ¿por qué insistir en la analogía?

Sin embargo es importante notar en qué medida, el Coaching busca identificarse, como veremos más adelante, con cierta actividad que pone en el centro la atención del dirigido sobre sí mismo, sobre las propias actitudes, pensamientos, formas de hablar y de actuar.

Esto nos refiere, en efecto, al producto de la última etapa de investigación filosófica de Foucault, justamente luego de analizar la gubernamentalidad neoliberal actual. Las técnicas de dirección de conciencia en la antigüedad griega estaban enmarcadas en la ética del cuidado de sí, que consistía en una problematización de la propia libertad frente a sus

propios deseos, sus pasiones, sus temores, su cuerpo, etc. De esta manera, el diálogo, como una forma de “despertar la conciencia moral” (Hadot, 2006) y hacer un llamado a sus interlocutores a cuidar de sí mismos, adquiere en Sócrates la mayor de las relevancias. De forma similar al coach actual, podríamos decir que Sócrates interpela a los otros “con

preguntas que les ponen en cuestión, que les obligan a prestarse atención a sí mismos, a cuidarse” sin tener la obligación de enseñar algo, o transmitir contenidos (Hadot, 2006, pág. 34). ¿Es el Coaching una técnica dialógica que actualiza de alguna forma el “cuidado de sí” de la cultura griega antigua al poner en el centro la atención sobre sí? ¿Son estas características similares producto de un análisis superficial que no da cuenta de la

especificidad de sus relaciones? ¿Es el “sí” del Coaching el mismo “sí” objeto de investigación Socrática? Afirma Sócrates:

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No cuido en absoluto aquello que suele preocupar a mayoría de la gente: asuntos de negocios, administración de bienes, cargos de estratega, éxitos oratorios, magistraturas, coaliciones, facciones políticas. No me siento atraído por ese camino… sino por otro que, a cada uno de vosotros en particular, le haría el mayor bien, intentando convencerle de que cuide menos de lo que tiene y que cuide más de lo que es, para convertirle en alguien lo más excelente y razonable posible (Platón, Apología. 36c1)

Podríamos preguntar entonces si el Coaching, al menos en su concepción tradicional, está o no relacionado con esas cosas que no preocupan a Sócrates. No obstante, Más allá de hacer una crítica al uso de esta figura en esta disciplina, quisiera notar algo más importante, que tiene que ver con el sujeto propio que supone: alguien que tiene las respuestas en sí mismo, alguien cuya naturalidad es presupuesta, así como en Sócrates toda la sabiduría se

encontraba ya en su memoria y sólo había que recordarla. Mediante la conversación del coach con su dirigido, se hace inteligible un sujeto específico, con unas motivaciones y deseos específicos naturales, con una forma de aprender determinada: la bellota es semilla de un roble, de ningún otro árbol.

Técnicas de poder y subjetivación.

De esta manera, entender el espacio en el cuál aparece y funciona el Coaching como una técnica para lograr de los sujetos ciertos comportamientos y ciertos resultados, pasa a través de la pregunta sobre la subjetivación, es decir, la relación entre un cierto dispositivo de poder/saber –el espacio determinado en que aparece el Coaching– y la configuración de una

propia subjetividad, la forma en que como individuos conducimos nuestra conducta y reflexionamos sobre nuestra identidad.

Así que este trabajo se ubica, a la vez, en la exégesis de la obra de Foucault respecto al análisis de las tecnologías de poder y la configuración de la subjetividad, como en la extensión de su trabajo en la continua pregunta sobre quiénes somos en el presente, en este determinado momento histórico. Sería un error creer que el trabajo de Foucault se centra en

el análisis del poder. El mismo autor sostiene que el objetivo de su trabajo siempre ha sido el sujeto, ha sido “crear una historia de los diferentes modos por los cuales, en nuestra cultura, los seres humanos son configurados sujetos” (Foucault M. , The Subject and

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Power, 1982, pág. 777). Para Foucault, estos modos han sido tres principalmente: 1) los modos de objetivación de sujetos en las ciencias, por ejemplo, el sujeto productivo en la ciencia económica o el sujeto vivo en la ciencia biológica; 2) la objetivación de sujetos en

“prácticas divisorias”, es decir, prácticas que buscan dividir al sujeto en sí mismo y de otros, por ejemplo, la división sano-loco, saludable-enfermo, “buen chico”-criminal; y 3) el modo en que los seres humanos han aprendido a reconocerse como sujetos, por ejemplo, como sujetos de una “sexualidad”. Por eso, la pregunta por quiénes somos hoy, la ontología histórica de nosotros mismos, no se satisface con un análisis de las técnicas de

poder en las que estamos circunscritos, sino que pasa por la pregunta sobre la forma en que nosotros mismos nos reconocemos como sujetos y actuamos de cierta forma. Es decir, una investigación que dé cuenta de la articulación de las distintas tecnologías de poder en el presente no debe abandonar la pregunta por aquel tercer nivel de subjetivación.

Para Foucault, el sujeto es producto siempre del entramado diagrama de poder-saber en el cual se pone en juego un reparto de visibilidades y enunciaciones que es esencialmente histórico, temporal e inestable- y por lo tanto modificable. Gracias a esta historicidad del

sujeto es que Foucault puede reconstruir su surgimiento en textos como Vigilar y Castigar o La voluntad de Saber, siempre partiendo del sujeto como producto de relaciones de dos ejes: poder y saber. No obstante, cuando Foucault publica el segundo volumen de la Historia De La Sexualidad: El Uso De Los Placeres, introduce otro eje de análisis: el de la

subjetivación, entendida como el trabajo del individuo sobre sí mismo para configurarse como sujeto moral. Al hacer un giro hacia el gobierno de la conducta y poner su énfasis de investigación en las técnicas por las cuales un individuo se gobierna a sí mismo de cierta manera, nos quedan muchas dudas acerca de la relación entre aquellas técnicas de

poder-saber expuestas antes y la subjetivación.

Nos preguntamos entonces: ¿qué especificidad plantea el Coaching como solución a la

pregunta sobre el ejercicio del poder de las tecnologías de gobierno contemporáneas? ¿Qué nos puede aportar este cuerpo de técnicas que es el Coaching, para pensar la forma en que nos reconocemos como sujetos hoy en día? Durante este primer capítulo, con el objetivo de comprender aquel espacio donde surge la necesidad del Coaching, repasaremos las observaciones de Foucault sobre las distintas técnicas de poder haciendo énfasis en su

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participación en ciertos dispositivos que tienen como objetivo producir un determinado tipo de sujeto.

Coaching: En el contacto entre el gobierno de sí y el gobierno de los otros.

Foucault toma prestado de Habermas una tipología de técnicas que le permiten explicar su trabajo histórico-filosófico. Para él, hay tres tipos de técnicas fundamentales: 1) técnicas de producción, que permiten al ser humano transformar y manipular cosas; 2) técnicas de significación, que nos permiten usar signos; y 3) técnicas de dominación, que tienen la capacidad de dirigir la conducta de los individuos, imponer la voluntad de un grupo de

personas sobre otro para lograr ciertos objetivos.

Foucault asegura, que al enfrentarse al problema de la historia de la sexualidad, se hizo consciente de que hay otro tipo de técnicas, en todas las sociedades, que permiten a los individuos afectar, por sus propios medios, cierto número de operaciones en sus cuerpos, sus almas, sus pensamientos, su conducta, con el objetivo de transformarse a sí mismos para lograr la felicidad, pureza o un poder sobrenatural. Foucault llama a estas técnicas

“Tecnologías del yo”.

De esta manera, comprender la forma en que pensamos el gobierno de la conducta de los individuos actualmente implica analizar las técnicas de dominación y las técnicas de yo.

Así, el gobierno, en sentido amplio, es el punto de contacto entre las técnicas de conducción de la conducta de los individuos y las técnicas por las cuales el individuo se transforma a sí mismo. Ahora bien, esto tiene como consecuencia que no se pueden analizar por separado, sino mostrando puntualmente su interacción. Por un lado, es posible analizar puntos donde

las técnicas de gobierno de unos a otros, tiene su fundamento en unas técnicas del yo; y de la misma forma, analizar puntos donde las tecnologías del yo están integradas en estructuras precisas de gobierno de los otros (Foucault M. , 1993). Por ello, el gobierno de los individuos tiene aquella especificidad de ser una relación equilibrada entre la

imposición de una voluntad de uno sobre otro y la negociación del gobernado consigo mismo en su voluntad.

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El Coaching como técnica de gobierno de la conducta, pasa, en efecto, por esta pregunta. Reconocemos, por lo que ya hemos visto, que dicha técnica requiere un trabajo constante y disciplinado de transformación de la propia conducta. Sin embargo, está anclado en

técnicas de gobierno de la conducta más amplias como lo puede ser el management, entendido como el conjunto de saberes y prácticas que se realizan dentro del marco de la empresa contemporánea, para obtener ciertos beneficios económicos y/o políticos. Por lo tanto, empezaremos por preguntarnos en qué consiste el Coaching como tecnología del yo y luego pasaremos a analizar su relación con otros tipos de técnicas.

Confesión, Coaching y verdad

Para Foucault, las técnicas confesionales han sido de vital importancia en la configuración de sujetos morales a través de la historia. En la psiquiatría de mediados del siglo XIX, Foucault identifica procedimientos que habían sido usados por mucho tiempo en instituciones jurídicas y religiosas. Foucault sostiene que “declarar fuerte e inteligiblemente

la verdad sobre sí mismo –confesar – ha sido considerado, por mucho tiempo en el mundo occidental, tanto como una condición para la redención por los propios pecados como un elemento esencial en la condena del culpable” (Foucault M. , 1993). De esta manera, la subjetividad, la individualidad, la verdad y la coerción, se articulan en relaciones complejas

para dar como resultado ciertas técnicas de poder que componen sujetos morales.

En La Historia de la Sexualidad, La voluntad de saber, Foucault (1991) muestra en qué

medida las técnicas modernas de confesión, mutaron de sus usos jurídicos y religiosos y se diseminaron hacia una multiplicidad de lugares y relaciones. La confesión se usaba en la escuela, la familia, el hospital etc, entre profesores y estudiantes, padres e hijos y médicos y enfermos. Dicha diseminación tuvo como meta hacer presa a los deseos, los sentimientos, cada uno de los sentires más profundos, para reconocerlos, clasificarlos y juzgarlos;

Foucault muestra en qué medida una práctica confesional se vuelve un elemento constitutivo en el dispositivo de poder-saber de la sexualidad en el siglo XVIII y XIX. Agrega además, que hemos devenido animales de confesión. Tenemos arraigado en nuestra alma que la verdad es algo que debe salir:

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No la percibimos más como efecto de un poder que nos constriñe; al contrario, nos parece que la verdad, en lo más secreto de nosotros mismos, sólo "pide" salir a la luz; que si no lo hace es porque una coerción la retiene, porque la violencia de un poder pesa sobre ella, y no podrá articularse al fin sino al precio de una especie de liberación. (Foucault M. , 1991, pág. 43)

Veamos algunas características importantes del poder confesional. En primer lugar, es un ritual de discurso donde el que habla coincide con el sujeto del enunciado. Segundo, es una

relación de poder, ya que se confiesa siempre frente a otro, así sea virtual, que no es simplemente un interlocutor, sino una instancia que requiere la confesión para perdonar, reconciliar, consolar, juzgar; y este último implica un descifrar y codificar lo expresado por el sujeto en términos de un discurso de verdad:, lo verdadero y lo falso dentro de la

configuración de una identidad.. Tercero, en la confesión, la verdad se autentica cuando más obstáculos hayan tenido que ser superados para ser articulada. Finalmente, la sola enunciación de la verdad pretende tener consecuencias internas en quien la dice, ya que lo purifica, lo libera, lo redime, le promete la salvación (Foucault M. , 1991). A continuación,

haremos una revisión de la técnica confesional del Coaching partiendo de cómo debe entablarse la conversación y sus objetivos, para terminar con un análisis sobre la forma en que esta técnica se configura como un modo específico de “decir la verdad sobre sí mismo”.

Tal como hemos visto, la conversación es un elemento fundamental en el proceso del Coaching. Mediante este proceso “se logra liberar el potencial de las personas para maximizar su propio desempeño” (Withmore, 2009, pág. 10). ¿De qué forma se logra esto?

El coach hace preguntas que aumenten la conciencia y la responsabilidad del coachee respecto a información relevante sobre su entorno y sobre sí mismo. Por un lado, la conciencia hace referencia a la forma en que la atención se dirige, observando e

interpretando, a lo que el individuo siente, ve, oye, etc. Esta conciencia implica también una autoconciencia, prestar atención a los pensamientos, deseos, emociones, y su relación

con la percepción de la realidad, esto es, los datos sobre sí mismo y el entorno que son claves para el cumplimiento de sus metas. Por otro lado, la responsabilidad se refiere a la capacidad que tenemos de aceptar y comprometer nuestros actos y pensamientos con un fin y de esta forma lograr un mayor desempeño.

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Para aumentar entonces la conciencia y la responsabilidad del dirigido, el coach debe hacer preguntas “efectivas” que inciten comportamientos autónomos, que logren capturar y dirigir la atención y generen compromiso con el resultado. El ejemplo que da Whitmore es

bastante ilustrativo: en el campo deportivo, muchos entrenadores dicen a sus deportistas: “¿estás mirando la pelota?”, o preguntan “¿por qué no estás mirando la pelota?”. Frente a estas preguntas, el deportista responde defendiéndose, mintiendo o desviando su atención hacia el agarre del piso, el mango de la raqueta, etc. Sin embargo, cuando se hacen preguntas efectivas, asegura Withmore, las cosas cambian. Una pregunta efectiva sería

entonces: “¿en qué dirección gira la pelota cuando se dirige hacia usted?” o “¿gira ésta más rápido o más lento después de rebotar?”. Con este tipo de preguntas, es necesario que el deportista centre su atención en la pelota para responder, aumente su conciencia de su entorno y se responsabilice de su acción frente al movimiento de la pelota. (Withmore, 2009). No obstante, ¿hay en estas preguntas una preocupación por una verdad sobre sí

mismo? Antes de responder a esta pregunta, examinemos primero otras de sus características.

En general los manuales de Coaching son bastante minuciosos en la clasificación de las preguntas y su justificación. Sus características apuntan, generalmente, a que sean abiertas, a que generen respuestas descriptivas, a que sean relevantes para la tarea y que aumenten gradualmente el nivel de detalle. El coach no tiene interés en recibir la información

completa, solo está interesado en que sea suficiente para que el dirigido eleve su conciencia

y responsabilidad. Siempre se preferirán las preguntas que empiecen por qué, cuándo, quién, cuánto, cuántos ya que estas generan respuestas descriptivas. Mientras que las

preguntas que empiezan con por qué o cómo, “suscitan el pensamiento analítico que puede

ser contraproducente” (Withmore, 2009). Además, no sólo es importante la respuesta esperada del coachee, la actitud en el momento de preguntar también lo es. El coach debe cuidar lo que proyecta, la atención que pone a las respuestas, la seguridad frente a las preguntas, etc. El coach debe generar conciencia de sí mismo, de su cuerpo, de su voz, de sus pensamientos.

Algunas de las técnicas más comunes usadas en el Coaching son: 1) Escucha activa, que consiste en prestar atención cuidadosa a la elección de las palabras de los clientes, sus

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miedos, y emociones. 2) Uso de preguntas de poder, que desarrollen en el dirigido conciencia sobre sus propios valores y recursos. 3) Uso de herramientas cognitivas dirigidas a redirigir interpretaciones negativas y el diálogo consigo mismo.4) Uso de

herramientas que provean de ánimo y autoestima al coachee. 5) Uso de herramientas de contabilidad, que implican el uso de revisión, fechas para mostrar resultados, periodización de las metas, etc. (Biswas-Diener, 2009)

Hay una distinción más que debemos subrayar. El coach no debe fijarse tanto en las metas finales, sino en las metas de desempeño (Withmore, 2009). Las primeras están relacionadas

con grandes objetivos, tales como “ser líder en el mercado”, “escalar el Monte Everest” o “ganar una medalla de oro”; la característica principal de estas metas es que pocas veces se

cuenta con el control total sobre las variables que influyen: por ejemplo, no controlo a los competidores del mercado ni al resto de deportistas. El segundo tipo de metas pertenece entonces al tipo “controlable”, por ejemplo, “levantar diez kilos más dentro de una semana”, “vender x unidades más el trimestre siguiente” etc. El Coaching asegura que es más fácil comprometerse con metas de desempeño que con metas finales, y su papel es

complementario a estas.

Ahora bien, devolvámonos un poco y preguntémonos, ¿cuál es la relación entre estas técnicas y la verdad del sujeto? Parecería, que aunque se le exige veracidad al dirigido en un proceso de Coaching, el decir “la verdad” sobre sí no es lo importante. La información que se pide se justifica únicamente en la medida en que el dirigido pueda usarla para cumplir sus propias metas. Por otro lado, al usar esta información no se lo está clasificando

como enfermo-sano; no se le pide que se clasifique en esta distinción. El Coaching, afirman sus defensores, no trata sujetos patológicos:

La más obvia diferencia tiene que ver con el público objetivo y el propósito del trabajo. Los clientes del Coaching son tradicionalmente personas altamente funcionales, relativamente libres de psicopatologías. Además, el Coaching, es usualmente visto como un método para hacer que las personas altamente funcionales se desempeñen aún mejor, mientras que la psicoterapia está principalmente dirigida hacia el tratamiento de desórdenes mentales. (Biswas-Diener, 2009, pág. 546)

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Sin embargo, no es tan simple. Las metas, en el mejor de los casos, son producto de una proyección de los intereses del dirigido. ¿Qué pasa cuando este no tiene claro sus intereses, sus deseos? El proceso se estanca. Es necesario, en primera medida, que haya claridad en el

objetivo. Por lo tanto, será necesario indagar profundamente en sus deseos, para empezar el proceso desde allí. ¿Qué ocurre cuando alguien está perfectamente satisfecho con su vida? Los manuales no dan esta información, de hecho, los coaches profesionales afirman que usan sesiones de Coaching cuando lo necesitan. La ausencia de esta información, no obstante, nos dice algo: esta persona no es sujeto del Coaching, como tampoco lo sería

aquel que no tuviera deseos de mejorar, no por ser una persona autorrealizada, sino por ser posiblemente sujeto de una patología. Esta última, sin embargo, no deja de interesarle al coach, que hará lo posible por motivar a esta persona y movilizarla hacia algún deseo, que reconozca cómo debe hacer un buen trabajo, etc (Payne, 2007)2. De esta manera, el Coaching supone y debe suponer sujetos que encuentran una distancia entre quienes son y

quienes desean ser. Únicamente ellos son posibles sujetos del Coaching. La verdad que debe admitir y encarnar el sujeto del Coaching radica en admitir que siempre desea ser otro, otro con mejor desempeño y mejores resultados. La verdad que debe perseguirse mediante este ritual es que el sujeto tiene unos recursos y unos valores que no ha

descubierto o debidamente explotado antes para cumplir sus deseos. Además, la enunciación de dicha verdad trae consigo un característico tipo de autogobierno, ya que al identificarse con sus deseos, el individuo deberá analizar y examinar la totalidad de sus pensamientos y acciones respecto a la enunciación de aquel deseo. El Coaching como proceso es parte clave de los mecanismos de autogobierno del individuo. Éste requiere

además del coach para que le ayude a visualizar la forma en que todas sus acciones ayudan a cumplir la meta propuesta.

Observemos ahora las metas, ¿qué tan reflexionada debe ser esta meta? ¿De quién es la meta? ¿Cuál es la relación entre las normas y las metas? Cierta ambigüedad notamos acá, y es aquella la que da pié para los “conflictos de intereses” de los coaches. Por un lado, si el patrocinador es alguien distinto al cliente, la unificación de las metas es más difícil, puesto

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Es posible entonces, que una persona que no encuentra este tipo de motivaciones, sea remitida a psicoterapia y clasificado como teniendo un desorden mental.

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que el coach tenderá a hacer deseable la meta propuesta o tendrá que pedirle al patrocinador que la negocie o la modifique. El meollo del asunto es pues la relación que se tiene con una meta. ¿Cómo sabe el coachee que su meta es la correcta, que es lo suficientemente

desafiante, retadora? Es allí donde se ejerce el poder de la confesión. El coach debe lograr que el coachee enuncie la meta más alta posible, que acepte que siempre puede más y, al menos en el Coaching organizacional, la meta mínima es aquella que es útil para la empresa, y de ahí en adelante mucho mejor. El ser-futuro de la meta siempre está inscrito, en el Coaching organizacional, en el marco de los intereses de otro. De esta manera, el

interés del individuo se revela como el elemento principal de un proceso, que si bien difiere de la confesión tradicional, busca que éste se sitúe frente a su deseo de cierta forma. La conversación de Coaching busca volcar la identidad del individuo hacia un ser-futuro imbricado en un objetivo, siempre móvil, siempre actualizable, siempre sujeto de acercarlo a la perfección. La distancia entre quién es el individuo y quién este desea ser, es resultado

y supuesto de la identidad producida por la técnica del Coaching.

Ahora bien, ¿cómo generar conciencia y responsabilidad por normas ya constituidas por

otros y claras? ¿En qué medida la norma y la meta del dirigido tienen una naturaleza distinta que impide una real autonomía? Este es un problema que el Coaching conoce bien y radica en la afirmación de que si la meta/norma no la he creado yo, me es mucho más difícil motivarme con ella. El problema es importante: ¿cómo hacer que las personas se

sientan motivadas a aceptar una norma como una meta de desempeño de una forma motivada y responsable? Si simplemente se impusiera, sería coercitivo e iría en contra de la “filosofía” del Coaching. Si se apelara a la razón, explicándole al sujeto por qué la norma es buena, iría en contra de la máxima que sostiene que el coach no enseña, no explica y deja

que los sujetos actúen autónomamente. La solución que se da entonces es la siguiente:

Hace poco tiempo estuve discutiendo sobre la posibilidad de entrenar a la fuerza policial de un condado en el uso de las armas de fuego. Me preguntaron qué se podría hacer para que los agentes aceptaran normas de seguridad inflexibles y absolutas acerca de las armas de fuego. Les sugerí que, en lugar de presentarles estas normas al principio, deberían tener una discusión -usando el Coaching- a partir de la cual podrían crear su propio conjunto de normas de seguridad consensuadas. Era muy probable que fueran similares a las normas institucionales.

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Y donde hubiera alguna diferencia, las razones de la misma se podrían dilucidar entre los propios entrenados, con una intervención mínima del coach. De esta manera los agentes tendrían un más alto grado de autonomía, apreciación y comprensión de las normas de seguridad institucionales (Withmore, 2011, pág. 72)

Aunque no sabemos si aceptaron o no la sugerencia, en sí mismo este ejemplo es bastante interesante. Por un lado, la norma que están tratando de transmitir es una norma jurídica sobre el uso de las armas de fuego. Por otro lado, la capacitación que se hace es de la fuerza

policial, caracterizada por esquemas disciplinarios de capacitación y control. De esta manera, se hace necesario investigar esta novedosa relación entre la norma, un poder individualizador y su apropiación por parte del sujeto.

Tenemos pues la norma jurídica, dada de antemano y sus posibles castigos al infringirla. En efecto, la inadecuada manipulación de armas por parte de un policía será castigada de acuerdo a un código penal militar. En segundo lugar, un mecanismo de vigilancia, el coach,

que controla que lo aprendido concuerde con la norma misma 3. En tercer lugar, una serie de técnicas en las cuales se despliegan, lo más naturalmente posible, unas conversaciones que buscan generar una relación más comprometida y consciente de una regla “construida” por aquellos que conversan. Creo que acá hay, si no una ruptura, un desplazamiento frente

al mecanismo disciplinario, cuyo interés consistía en un hacerse a un cuerpo productivo, a través de la vigilancia, el control y la corrección. El taller buscaba apropiarse del tiempo del trabajador y de su fuerza de trabajo, y administrarlos de la mejor manera posible, potencializando sus fuerzas y habilidades. Con el ejemplo anterior y en el marco de esa racionalidad, hubiese sido mejor que el capacitador diseñara un sistema de instrucción

unidireccional en el que tuviera mayor relevancia la memorización, acompañado de mecanismos de vigilancia y corrección de las conductas que no sean apropiadas. Hacer que los policías discutieran, sin conocer, las normas de uso de armas, dejar que conversaran y que entre ellos construyeran un código, para luego compararlo con la norma jurídica ya dispuesta, hubiese sido considerado una total pérdida de tiempo valioso. ¿Qué tipo de

racionalidad justifica entonces esta técnica? ¿Qué dispositivo de saber-poder hace visibles características de un sujeto que permitan asegurar que esta es una mejor manera de

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Siguiendo a Foucault, el será en modelo jurídico de poder y el segundo el modelo disciplinario. Sin embargo trataremos este tema más adelante.

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gobernar la conducta de los trabajadores-policías? A continuación trataremos de analizar de qué forma se han articulado ciertas técnicas de dirección de conciencia con técnicas de gobierno más amplias en su desarrollo histórico.

La comparación de estas técnicas puede parecer en un primer momento anacrónico, pues obviamente, su especificidad histórica no puede saltarse fácilmente. Lo que quiero mostrar a continuación, es cómo a través de la historia, en el análisis de Foucault, la dirección de

conciencia se ha articulado a un tipo de técnica de conducción de la conducta especial, este es, el poder pastoral. Dicha articulación responde a una racionalidad específica de un dispositivo de poder determinado. Quiero, entonces, mostrar esta articulación, para luego pasar a analizar la racionalidad que justifica el uso del Coaching en la actualidad.

Dirección de conciencia y Poder Pastoral

En el poder pastoral, la dirección de la conciencia tomaba ciertas distancias frente a las técnicas similares de la antigüedad griega. Ahora, basada en la jerarquía y distintos niveles de poder y conocimiento, la dirección de conciencia se hacía con ciertos fines y medios

específicos. El cristianismo, al ser la única religión que se institucionaliza como iglesia, procura postular como principio que ciertas personas, por sus cualidades religiosas, pueden ofrecer sus servicios como pastores. Foucault caracteriza al poder pastoral de la siguiente forma:

1. Su objetivo último es llevar a los individuos a la salvación en el otro mundo.

2. El pastor debe estar siempre en disposición de sacrificarse él mismo por el rebaño. A diferencia del poder monárquico que podía disponer de la vida de los súbditos de

ser necesario.

3. Es una forma de poder que no sólo se preocupa por el bienestar de la comunidad sino por cada uno de los individuos durante toda su vida.

4. Esta forma de poder no se puede ejercer sin conocer el interior de las mentes

humanas, sus deseos, sin hacerlos revelar sus más profundos secretos. Tiene un vínculo directo con la producción de una verdad, la verdad del individuo mismo. (Foucault M. , 1982, pág. 783)

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Además, el autor agrega que el poder del pastor está relacionado con la enseñanza, y evidentemente, no cualquier tipo de enseñanza. Ya no se trata pues de impartir lecciones sobre un conocimiento específico, se trata de enseñar con su propio ejemplo, su propia

vida: “el valor de este ejemplo es tan fuerte que si aquél no da una buena lección a través de su propia vida, la enseñanza teórica y verbal que se pueda impartir se borrará” (Foucault M. , 2006, pág. 214). Para Foucault, esta consiste en ser una dirección exhaustiva de la vida cotidiana de cada una de las ovejas. No solo se enseñan principios de acción, sino que se trata de una constante modulación en el comportamiento del día a día que pasa por “una

observación, una vigilancia, una dirección ejercida en cada instante y de la manera menos discontinua posible sobre la conducta integral, total de las ovejas” (2006, pág. 215)

El poder pastoral también tiene como fundamento la dirección de la conciencia. Sin embargo, Foucault traza una distinción de los tipos de dirección de conciencia que nos puede ser bastante útil frente a nuestro problema. Por un lado, se encuentra la dirección de conciencia de la antigüedad, y por otro, la dirección de conciencia de la pastoral cristiana.

En la Antigüedad, esta dirección de conciencia se caracterizaba por ser voluntaria: el que quería ser dirigido, buscaba a un director y, generalmente, pagaba por sus servicios. Los

sofistas de la antigüedad tenían lugares en las plazas públicas donde ofrecían sus servicios de dirección de conciencia y cobraban la consulta (Foucault M. , 2006, pág. 216). Además, dicha dirección era circunstancial, temporal, no era una intervención para toda la vida4, era oportuna cuando la persona pasaba por un mal momento, había perdido a algún ser querido o había sido enviado al exilio. Consistía pues, en generar un consuelo oportuno, voluntario

y episódico. Adicionalmente, implicaba a menudo que el director exhortara al dirigido a hablar de sí mismo y de su propia conciencia, es decir, “a hacer al final de cada jornada un examen de lo que había hecho, las cosas buenas o malas que acaso había realizado, lo que le había pasado” y luego pasarlo por el análisis de un criterio de verdad que permitiera

verificar que el dirigido hubiera progresado, logrado ser más virtuoso, hecho méritos de excelencia. La meta esencial de la dirección de conciencia antigua era lograr que el dirigido

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Si bien, tal como afirmamos anteriormente, el cuidado de sí, en el cual se articulan dichas técnicas de dirección de conciencia, sí es una preocupación constante y para toda la vida, la intervención del director de conciencia era esporádico y pretendía que el dirigido alcanzara cierta independencia, cierto poder sobre sí mismo, de tal forma que no lo necesitara todo el tiempo.

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pudiera tomar control de sí mismo, que lograra ser amo de sí mismo y de la sabiduría necesaria para saber en qué punto se encontraba de su proceso: se trataba entonces de una condición de dominio de sí (Foucault, 2006).

La dirección de la conciencia en el poder pastoral cristiano tiene capitales diferencias con la de la Antigüedad. Primero, esta no es esencialmente voluntaria en la medida en que cada monje debía obligatoriamente tener un director de conciencia. En segundo lugar, no es

circunstancial, no tiene que ver con intervenciones temporales, comprende toda la vida y sobre todo tipo de temas. Y tercero, no se trata de lograr el dominio de sí, se trata de lograr una cada vez más amplia dependencia al estar obligado a exponer frente al director todos sus deseos, sus tentaciones, sus malos pensamientos, etc. Bajo esta dependencia, se forjará

constantemente un discurso de verdad sobre sí mismo y este será el elemento de juicio para su director.

El pastorado produce una innovación absoluta al introducir una estructura, una técnica, a la vez de poder, investigación y examen de sí y de otros mediante la cual una verdad, verdad secreta, verdad de interioridad, verdad oculta del alma, será el elemento a través del cual se ejercerán el poder del pastor y la obediencia, se asegurará la relación de obediencia integral. (Foucault M. , 2006, pág. 217))

Es importante notar que Foucault considera que la historia del pastorado cristiano implica toda la historia de los procedimientos de individualización humana de occidente, en la

medida que inaugura tres elementos de constitución de un sujeto que luego repercutirán en la configuración de las formas de pensar el gobierno de los individuos y de las poblaciones en adelante. Estos tres elementos son: una analítica de los méritos y los deméritos del pastor, la obediencia configurada bajo redes continuas y una imposición de la verdad por el

método de la extracción (Foucault M. , 2006, pág. 219).

De esta manera, el poder pastoral estaría caracterizado por ejercerse tanto en la totalidad (el rebaño) y la individualidad (la oveja) de formas complementarias e interdependientes. Por

una parte, se trata de integrar continuamente los individuos a la totalidad mediante técnicas que permitan la homogenización de la conducta de los hombres, una conducta que permita su salvación, y así, lograr la salvación de la totalidad. Por otra parte, un poder que se extiende a la totalidad con el fin de dirigir la conducta de los individuos. Así, lo que se

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buscaría es el continuo mejoramiento de las técnicas individualizantes, disciplinarias, y de las técnicas totalizantes, de seguridad.

En efecto, el estado moderno es una matriz de individualización/totalización, que tiene su origen en el desarrollo y la modificación de técnicas características del poder pastoral (Foucault M. , 1982, pág. 783). Dicha matriz, ahora, reemplaza el objetivo de la salvación en el más allá, por una preocupación por una salvación que concierne algo mucho más

terrenal: la salud, la seguridad económica, la protección contra accidentes. Además, los oficiales encargados del poder pastoral ya no son únicamente los religiosos; a la policía, los hospitales, instituciones de caridad, las fábricas e incluso a la familia, se les pedía que asumieran este tipo de labor individualizante del poder pastoral. Adicionalmente, el

refuerzo de los objetivos y las metas del poder pastoral se vieron reflejados luego en un desarrollo del conocimiento del hombre, tanto a nivel totalizante en función de la población, (ciencias humanas como la sociología, o la antropología), como a nivel individual (la psicología, el psicoanálisis o la psiquiatría).

Coaching: En medio del Bio-poder

Ahora bien, ¿cómo podemos pensar aquella matriz de poder de individualización/totalización actuales y el papel que cumplen las técnicas de dirección de conciencia allí? Con el objetivo de abordar este problema, es necesario estudiar el concepto de Bio-poder. Para Foucault, el desarrollo del capitalismo nunca hubiera podido darse a no

ser por el desarrollo de las técnicas dirigidas a fomentar las fuerzas de la vida y ya no sólo a quitarla. En efecto, el poder del soberano descansaba en los mecanismos legítimos de sustracción, tanto de la riqueza, como del territorio, como de la vida. El soberano, al entrar en guerra con otra nación, puede disponer de la vida de sus súbditos y exigir que lo

defiendan, como también puede quitarla en caso de que éste se sienta amenazado por algún súbdito. Foucault afirma: es el poder de la espada, dejar vivir y arrebatar la vida. Sin embargo, cuando el poder encuentra su labor en el desarrollo de la vida, de las fuerzas de sus individuos, cuando hace visibles los poderes de la población para aumentar las riquezas

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El fortalecimiento de la vida como eje principal del poder se da en el siglo XVII, con el desarrollo de las técnicas disciplinarias (sobre el cuerpo) y las técnicas de seguridad (o técnicas sobre la población):

Uno de los polos, al parecer el primero en formarse, fue centrado en el cuerpo como máquina: su educación, el aumento de sus aptitudes, el arrancamiento de sus fuerzas, el crecimiento paralelo de su utilidad y su docilidad, su integración en sistemas de control eficaces y económicos, todo ello quedó asegurado por procedimientos de poder característicos de las disciplinas: anatomopolítica del cuerpo humano. El segundo, formado algo más tarde, hacia mediados del siglo XVIII, fue centrado en el cuerpo especie, en el cuerpo transido por la mecánica de lo viviente y que sirve de soporte a los procesos biológicos: la proliferación, los nacimientos y la mortalidad, el nivel de salud, la duración de la vida y la longevidad, con todas las condiciones que pueden hacerlos variar; todos esos problemas los toma a su cargo una serie de intervenciones y controles reguladores: una biopolítica de la población. (Foucault M. , 1991, pág. 100)

Así pues, dos polos de técnicas de poder, totalizantes e individualizantes, cuyo primordial objetivo era la invasión total sobre la vida. El Bio-poder se configura como elemento clave para el desarrollo del capitalismo en la medida en que por un lado insertaba

cuidadosamente el cuerpo productivo en las fábricas por medio de la educación y el desarrollo de habilidades, y por otro se ajustaban los fenómenos de población a los procesos económicos. Administrar la articulación del crecimiento de los grupos humanos y el debido fortalecimiento de las fuerzas productivas: éste es el objetivo de esta interacción

de anatomopolítica y biopolítica que permitieron el sistema económico que vivimos hoy en día (Foucault M. , 1991).

En esa medida no podríamos analizar las implicaciones de una técnica como el Coaching si no observamos el marco del bio-poder del cual tiene su origen: por un lado las técnicas disciplinarias sobre el cuerpo y, por otro, las técnicas de seguridad sobre la población.

Las Técnicas Disciplinarias y Las De Seguridad En Foucault

En el inicio de las clases en el Collège de France de 1978, llamadas luego “Seguridad,

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