BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA 210
COMENTARIOS BIBLIOGRAFICOS
LAS LEGUMINOSAS ARGENTINAS (1).
—
Es bien conocido de ios botánicos y agrónomos el tratado sobre Leguminosas argentinas delprofesor Arturo Burkcrt, director del Instituto de Botánica Darwinien, cuya primera edición apareció en 1943. Obra de índole eminente¬ mente científica, pero con capítulos y observaciones sobre las apli¬ caciones y valor económico de las leguminosas, se hizo no sólo de necesaria consulta en los institutos botánicos americanos, sino tam¬
bién texto valioso para los estudiantes de botánica,forrajicultura, etc. Agotada la primera edición hace algunos años, la editorial Acmé .Agencyacaba de publicar la segunda, en la cual el profesor Burkart ha revisado y ampliado en tal forma su obra que puede decirse
que casi se trata de un libro nuevo. A pesar de queseha reducido
el número de páginas, el contenido es mucho más extenso, gracias a una considerable reducción del margen y a la utilización decom¬ posición más apretada. Se han podido así incluir muchos datos nuevos en ios capítulos de índole general y aplicada y, sobre todo. ampliar las consideraciones sobre muchos géneros, dándose claves
para las especies argentinas en la.mayoría de los géneros impor¬ tantes, como Mimosa, Acacia, Prosopis, .Caesalpínia, Adesmia. Indígolera, Rhynchosia, etc., etc.
También
se dan claves para dife¬renciar las especies cultivadas y adventicias y se ha ampliado,con las Mimosoideas y Cesalpinoideas, la clave para diferenciar las
especies por sussemillas. Los capítulos sobre Prosopis, sobre Vicia sobrePhaseolus y otrosgénerosde importancia económica, han sido
muy ampliadoscondatos sobrecultivo,aplicaciones, variedades, etc. Otra novedad enesta segunda ediciónes la inclusión de losgéneros no argentinos, pero existentes en los países limítrofes, con lo cual
esta obra se hace todavía más útil para los botánicos de América del Sur. Se hanagregado varias láminas, entre otras un frontispicio encoloresoriginal de la señora Use von Rentzell, representando t*es especies indígenas bien conocidas: una mimosoidea, el espinilla (Acacia caven); una cesalpinoidéa, la barba de chivo (Caesalpínia
gilliesíi), y una papilionoidea, el seibo (Erythrina crísta-dalli).. Tam¬
bién se han agregado figuras y se hansubstituido algunas por otras más ilustrativas. Una extensa bibliografía, un apéndice con las diag¬
nosis de los taxones nuévos publicados en la obra y un índice
alfa-(1) Las Leguminosas Argentinas silvestres y cultivadas. Descripción siste¬ mática de la familia, los géneros ylas principales especies, de su distribución y utilidad enel país y en las regiones limítrofes, por Arturo Burkart. Segunda Edición. Acme Agency, Buenos Aires, 1952. xv 4- .549 páginas; 130 figuras; 23 láminas.
VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952 N? 3 211 hético, completanestelibroque, en resumen, constituyeuna excelente-
monografía de nuestras Leguminosas. La presentación de la obra es también muy buena y demuestra que nuestras editoriales estána la altura decualquier empresa editora extranjera.
—
A.L. Cabrera.DISPOSICION ASIMETRICA DE LAS ZONAS Y PISOS DE VEGETACION EN LOS HEMISFERIOS NORTE Y SUR (2)
Trabajo aparecido hace 4 años- que no ha tenido la debida
repercusión en la literatura fitogeográfica argentina, a pesar de que
estudia modelarmente algunos problemas vinculados con nuestro
país.
Bajo el título "Estructura asimétrica de las zonas de vegetación y pisosdevegetaciónenlos hemisferios norte,y"sur",el autor encara
dos problemas: a) Distribución asimétrica de tierra y agua en ios dos hemisferios; ala que corresponde una asimetría en eldesarrollo
de los climas y la vegetación; b) Asimetría en el perfil vertical de la vegetación de la tierra.
Atribuimos especial importancia para la ' comprensión de
los problemas fitogeográficos de nuestro hemisferio a los puntos siguientes:
1) Las experiencias adquiridas en el estudio de la vegetación
de las altas montañas de climas moderados, no son aplicables a las
investigaciones en las altas montañas tropicales. La ecología y fi¬ sionomía de. la vegetación de estas últimas tienen rasgos que le son propios.
Con frecuencia, se partecon demasiada facilidad de la idea de
que los climas que, entre ios polos y el ecuador se coordenan en
fajas más o menos paralelas, en la región montañosa ecuatorial se encuentran superpuestos en pisos. Aún en la literatura geográfica moderna, se usan los términos "subtropical", "alpino”, "alpino ele¬ vado" y hasta "polar", para los distintos grados
’de
altitud de las montañas tropicales.Aquello que “la altitud compensa la latitud" sólo vale para las temperaturas medias anuales, pero son las extremas y no las me¬ dias,lasque limitan la vida de las plantas;completamentediferentes son, por el contrario, el ritmo de la temperatura, tanto en el
curso.
del año como en el curso del día, el ritmo de las precipitaciones
y el carácter del paisaje.
La vegetación de las regiones tropicales, no conoce casi con¬ trastes de estaciones térmicas, pero
está
sujeta a ampliasoscilacio-(2) Troll, C'.: Der Asymmetrische Aufban der Vegetationszonen and Végé¬ tions
—
stufen anf der Nord—
un, Suedhalbkugel. Ber. Geobot. Forsch. Inst. Rübel. 1947, 1948 (46-83).212 BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA
nes. diarias de temperatura; en ios trópicos, tanto en las regiones bajas como en las montañas, las oscilaciones periódicas diariasson
mayores que las anuales.
El clima fresco, de las altas montañas tropicales, cuyo rasgo
característico es la pequeña oscilación anual de la temperatura, es
fuertemente semejante, al clima de alto océano, de las islas del
gran anillo de agua situado entre los extremos sur del continente africano, americano y australiano y la Antártida (Kerguelen, Crozei Georgia del Sur, Macquarie, etc.).
2) Esta afinidad climática entre las altas montañas tropicales
y las regiones subantárticas, tiene un alto significado
fitogeográfico-en el nuevo mundo se conoce un grupo de plantas distribuidas en la región subantártica y en las alturas, de los Andes tropicales
(elemento florístico subantárticoandino), representado por especies
deAzorella, Fuchsia, Désíontainea, Pemettya, Colobanthus, etc. Otro.
grupodegéneros (Gunnera,Weinmannia,Drimys, Acaena, Dianella. Embothñum, Uncinia, Nertera), se distribuyen partiendo de la región subantártica circumpolar, tanto hacia los Andes tropicales come hacia el Pacífico oeste (elemento subantártico-trópióo-montañoso).
3) Idéntica similitud se nota en las formas de vida: en las islas subantárticas aparecen 4 formas vitales características, el cojín
los tapetes de semiarbustos, los "tussockgrass", y las plantas de tallo con penacho (Stamm-Schopfblatt-gewaechse). El prototipo de la forma en cojín es Azorella (A. selago, en las Macquarie, Ker¬ guelen, Crozet, Malvinas yTierradel Fuego), representada por varias especies en la Patagonia, y en la "Puna brava" de los altos Andes tropicales.
El tipo biológico en cojín, posee elementos puramente "andino
patagónicos" ÇHamadryas, Caltha, Tapeinia magellanica, Mulinum y Bolax): ótros llegan a les Andes tropicales (Aretíastrum, Verbena
Saxífraga magellanica); un tercer grupo se difunde para los Andes tropicales y la región subantártica del hemisferio oriental (Oreo-bolus, Colobanthus, Acaena, Azorella y Abrotanella), y por último
otro grupo pasa de la región subantártica a Nueva Zelandia
CAstelia, Gaimardia y Phyllacne). ,
Entre los tapetes de semiarbustos, resalta el género Acaena, elemento florístico subantártico (A. ascendens, en las Kerguelen
Georgia del Sur, Malvinas y Patagonia) es representado por-3 es¬
pecies en Nueva Zelandia, y desde la Patagonia envía numerosos representantesa los Andestropicalescon
formas
de vida semejantes.El tipo "Tussockgrass", está representado por Poa tlabellata en
Georgia del Sur, y las Malvinas; Poafoliosa de las Macquarie, Poa
litorosa de las Antípodas,Stipa humilis de
Tierra
del Fuego, Festucatro-213 VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952-
N? 3picales,idénticotipo biológico
está
representado porlospastos"ichu" '(Festuca orthophylla, Stipa ichu, etc.).4) No existe solamente concordancia en formas de vida; el
ejemplo del Lycopodium saururus, que tanto vive en las Kerguelen, como en los Andes, muestra que en distancias tan grandes y con
altitudes
tan diferentes, todavíaes posible una identidaddeespecies.5) La semejanza también existe si comparamos las selvas de
alta montaña tropical por un lado, con las del oeste de Patagonia
y Nueva Zelandia: a las varias especies de Weinmannia de las
selvas de neblina tropicales, le corresponden W. trichosperma en
Patagonia y W. racemosa y W. sylvicola en N. Zelandia. Drymis winterí, Desfontainea spinosa y Embothiium coccineum aparecen a
3000 m en los Andestropicales y 25° más alsur,enChile meridional y Patagonia oeste. Chusquea, tiene idéntica distribución y desem¬
peña el mismo papel en la composición de ambas selvas.
Al género Pseudopanax, de Patagonia occidental y Chile meri¬ dional, le corresponde en los Andes Peruano-bolivianos, Oreopanax. El género Podocarpus, liga los Andes tropicales (P. oiei/oiius), las selvas montañosas del NW argentino (P. parlatoreO, Patago¬
nia W (P. nubigena'), N. Zelandia (P. totora, P. hallii, P. spicatus, dacrydioides, etc)., y las selvas altas de N. Guinea, Java, Borneo, Africa oriental y del sur.
El género austral-antártico Guanera, tiene representantes en
Chile meridional (G. chilensis) hasta la selva de neblina de Co¬
lombia y Costa Rica. G. chilensis llega hasta Colombia, y G.
ma-gellanica crece tanto en Tierra,del Fuego como en Perú oriental,
a 3500 m. El mismo comportamiento tiene el género Blechnum:
B. moritzianum en Colombia, B. angustiíolium en Perú y Bolivia,
B. cycadifolium en
Juan
Fernández y B. magellanicum en Patagonia.El género Fuchsia, que llevó a Koeppen a dar al clima de alto
océano reinante en-Tierra del Fuego y Patagonia oeste, el nombre de "clima de Fuchsia", también
está
representado en las montañas tropicales.Por último las Hymenophyllaceae, aparecen en las selvas de .
neblina tropicales y en las dePatagonia, Tierra del Fuego y N. Ze¬
landia; y una especie(H. peltatum) viveen las Kerguelen;
6) Lasrelaciones florísticas yecológicas, se extienden al reino animal: los picaflores, con máxima concentración de especies en los trópicos, avanzan fuertemente en dirección al polo sur, gracias
a los climas forestales oceánicos, casi sin heladas; que permiten el florecimiento de ciertas plantas durante el año entero. Los pica¬
flores polinizan las Fuchsias, Desfontainea spinosa y Embothrium
coccineum, tanto en la Patagonia oeste, como en las selvas tropi¬
cales de montaña de Bolivia a los
3900
m.BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA 214
ni "life forms", ni paisajes, comparables (ni de lejos) con les de las montañas tropicales; en este hemisferio, las grandes masas de
-tierra, que producen los climas continentales, están fuera de los trópicos. En las mismas latitudes, en el hemisferio sur hay muy poca tierra, y en su lugar aparece el gran cinturón oceánico de la tierra.
Por esto, la comparación de los climas de los dos hemisferios
debe hacerse con extrema cautela; cuando se comparan los climas de los hemisferios norte y sur dentro de los trópicos, no hay error, pues la distribución de mar y tierra es simétrica, pero desde los subtrópicos, debe renunciarse a establecer para los dos hemisferios
tipos climáticos definidos y limitados por cifras, en el sentido de Koeppen y Thornthwaite, y la diferencia se acentúa a medida qué
nos acercamos a los polos.
8) Al tipo ecológico y fisionómico de las estepas de plantas
espinosas y suculentas ("Karru" en S. Africa, "Monte" entre nos¬ otros) se le puede aponer los bosques de "mezquite" de Méjico y
Arizona del hemisferio norte;pero yalos "grasslands" del hemisferio
sur ("Veld" sudafricano, "Grasslands" del sudeste de Australia y estepa pampeana) no tienen paralelo en el hemisferio norte. Son exclusivosdel hemisferio
sur
las selvas pluvialesde
Patagonia oeste, y Nueva Zelandia; laestepa patagónica (y su equivalenteen Nueva Zelandia: la estepa "Tussock").Por el contrarío, la tundra, el bosque boreal de coniferas y los bosqües deciduos, no tienen equivalentes en el hemisferio sur.
9) Finalmente el autor insisteen que: "Solamente en el hemis¬ feriosur, los pisos de altura delas montañas son una repetición de las condiciones en la dirección al Polo".
El trabajo está ilustrado con excelentes fotografías del autor y 4 gráficosquevalen tantocomo el texto: en uno de ellos se reproduce la distribución relativa de mar y tierra en las diversaslatitudes y se
dibuja la.distribución de los tipos climáticos; en otros se comparan
las calotas pelares septentrional y meridional,
anotándose
3 límites:el límite polar, de las palmeras (que el autor considera una buena guía para distinguir latitudes subtropicales de moderadas), el límite
polar de los árboles y los lugares donde el límite de la nieve baja
a 300 metros; un tercero indica la distribución de los tipos de vege¬
tación siempre-húmedos, en un perfildelpolo nortealsur; por último,. reproduce un perfil de vegetación de Du Rietz, a través de N. Zelan¬
VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952-
N? 3 215FRECUENCIA Y DISTRIBUCIóN DEL ROCíO EN PALESTINA (3).
—
En
nuestro país, cruzado de sudeste a noroeste por una amplia faja donde la evaporación supera a las lluvias, existen regionesdonde el rocío desempeña un importante papel en el balance de
agua de la vegetación; en el desierto chileno de Atacama, viveuna vegetación conocida en la literatura europea bajo el nombre de
"vegetación de rocío"; creemos por ello conveniente comentar los resultados de 20 años de observaciones drosométricas, llevadas a cabo en Palestina, y reunidas por Ashbel en este trabajo.
La
mayor dificultadpara estudiar el rocío está en poderlo medir y en que esta medida pueda standarizarse; la lluvia se mide sobre unasuperficie horizontal, porque sólocae en una dirección; el rocío,porelcontrario,seforma en la totalidad de lasuperficiedeun objeto, y debe medirse también en la totalidad de la superficie del cuerpo. Lá cantidad másgrandede rocío seforma en la superficie que mira
hacia arriba (upper dew); en cambio, en la que mira al suelo la deposición es mucho menor.
La influencia de las áreas irrigadas sobre -el volumen del rocío
ha sido probada como decisiva: experiencias realizadas en los al¬
rededores del mar de Galilea demostraron que en meses de sequía,
los lugares sometidos a irrigación tienen rocíoabundante y a los no
irrigados, les falta en absoluto.
Sabemos que la cantidad de rocío condensada en un objeto es proporcional a su porcentaje de enfriamiento, y, por consiguiente,
variará con la constitución del mismo. La pérdida, de calor de
úna
lámina metálica no es igual a la de otra de iguales dimensiones, pero de madera; medidas efectuadas en diferentes vegetales mues¬ tran que sus' hojas condensan cantidades muy variables de
rocío:
las Liliflorales, Rosáceas y Gramíneas, condensan grandes cantida¬ des; en cambio, las Coniferas, muy poco.Los
instrumentos franceses e italianos para medir el rocío, lla¬ mados drosómetros o rpseómetros, son conocidos en nuestra litera¬tura por descripciones de A. L. De Fina; en el Departamento
Meteo¬
rológico de la Universidad Hebrea se usa desde 1933 un métodoóptico ideado por Duvdevani, que consiste en una placa de madera
pintadaal aceite, la queesleídaópticamente de acuerdoa la forma de lasgotasconlaayudade una colección de fotografíasquesirven
para comparación.
En el desierto del Negev, el rocío se deposita sobre superficies
metálicas de dimensiones conocidas y es recogido a
través
de pe¬ queños embudos en vasos especiales; la cantidad colectada de estamanera es tan grande, que permitelalectura en probetasgraduadas.
(3) D.Ashbel,Frequencyand distributionof dew in Palestine,Geopraphical Review,Vol. XXXIX, 291-297,1949.
BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA 216
Este método es usado en 40 estaciones distribuidas por toda Pales¬
tina y, graciasa él,setiene una idea del número de horas de rocío
de cada noche.
Desde que la formación de rocío depende del porcentaje de en¬ friamiento, fué necesario emprender estudios de las variaciones de
temperatura del suelo durante el día. En la zona montañosa se en¬ contraron diferencias de hasta 48°C (65° y 17°); en la
llanira
de la costa,de33WC (55° y 22°C) y en el valle del ríoJordán
de25°C (50° y 25"C). Aios 10 cm. deprofundidad ya la variación diaria de tem¬ peratura cae a 1/10 de la observada en la superficie del suelo, a los 30 cm. no excede de 2°C y a medio metro es sólo algunas dé¬cimas de grado.
Debe destacarse que en la superficie del suelo la máxima tem¬ peratura ocurreal mediodía y la mínima hacia el fin de la noche, perodentrodel suelo, losdos máximos aparecen con mucho retraso:
a 25 cm. de profundidad, el máximo de temperatura se álcanza a medianochey el mínimoal mediodía del día siguiente; esto significa quedentro del suelo no hay casi enfriamiento durante lanoche, sino que, por el contrario, hay calentamiento queaumenta a medida que
la noche avanza. Esto demuestra que la teoría dela forinación de
rocío nocturno por enfriamiento dentro del suelo (rocío nocturno de .
los pedólogos) es insostenible; resulta admisible entonces que este
"rocío
interno" se forma en laprofundidad del suelo durante el día. De acuerdo a la textura del suelo, varía su capacidad de con¬ densarrocío:cuando mayor es el número departículas, másgrandees el contacto con el aire y la posible absorción durante la- noche.
La tierra arada en terrones grandes tiene la máxima absorción
devapor
dé
agua,yasea pormedio del rocío oporabsorción directa. El mapa del rocío que ha sido posible preparar para la distri¬bución del mismo en Palestina, difiere mucho del de las lluvias, pero
esta diferencia está regida por leyes: El Negev, siendo la región más
pobreen lluvias del país, es la más rica en rocío; las regiones mon¬
tañosas, por otra parte, tienen las lluvias
más
abundantes del país,pero una formación de rocío muy pequeña.
Para determinar la cantidad de rocíoformada sobre las plantas, se debe multiplicar la cantidad formada en superficies horizontales
per un factor dado. Experiencias de la Estación Experimental de
Agricultura de Munich, mostraron que en todas las plantas la can¬ tidad derocíoformadafuésuperiora lacondensada por lasuperficie
de tierra cubiertaporla planta en las siguientes proporciones: papa
7,07, remolacha azucarera 6,1, trébol 2,5 y arvejas 6,61 veces-más. Se estima que multiplicando la cantidad de rocío formada en una superficie horizontal del suelo por 3 ó 4, se obtiene la cantidad
OCTUBRE 1952
-
N9 3 217 VOLUMEN IVEn Palestina puede considerarse que una noche de gran forma¬ ción de rocíoaporta 0,3litros deagua por m.2 de superficiedesuelo, hasta 0,5 litros, en 107 noches degranformación de rocío se
habrán
formado 32 a 54 mm. de agua en la superficie y 100 a 150 en la superficietotal de las plantas. Quedó demostradoqueel totalanual de la formación de rocío en las plantas puede ser igual a la caídaanual de lluvia.
En el Negevllueve de100 a 250 mm. yel
rocío
(condensado enlas plantas) se calculó, con amplio margen de seguridad, entre 130 y300 mm.
Esto llama nuestra atención hacia la precariedad de las estima¬
ciones hechas solamente en base a la cantidad de lluvias caídas
en zonas secas, y también se vincula al problema de qué cantidad de este rocío puede ser aprovechada por la planta y de si los
ór-•ganos aéreos de las plantas del desierto son capaces de absorber
agua.
—
JorgeMorello.FAMILIASDE DICOTILEDóNEAS (4).
—
El profesor Gundersen, botᬠnico del Brooklyn Botanical Garden, ha preparado un tratado des¬ tinado a dar una idea sobre la división en órdenes y en familias de las Dicotiledóneas, tomando como base los resultados de las recien¬tes investigaciones sobre la filogenia de los diferentes grupos. Estu¬
dia en total240familias,distribuidas en 42órdenes. Para cada orden se dan los caracteres generales y, lo que es una novedad en esta
clase de textos, el número de.cromosomas de
los
géneros más im¬portantes. Lasfamilias van acompañadas poruna brevedescripción,
bibliografía y, en algunos casos, consideraciones filogenéticas. Pre¬
ceden a la parte sistemática una introducción con capítulos sobre
Dicotiledóneas íósiles de Chester A. Arnold, sobre Anatomía del
leño, de Oswald Tippo, sobre Carpelos y Ovulos de Theodor Just, sobre Embriología de Herbert F. Copeland, sobre Cytotaxonomía de
J.
Herbert Taylor y sobre Geografía de lasPlantas, de W. H. Camp. Acontinuación sededican
sendas partes a dar los caracteres de las'Dicotiledóneas, un bosquejo histórico, y un estudio crítico sobre el ordenamiento sistemático.
La obra del doctor Gundersen está animada de un excelente propósito y proporciona, sin duda, una abundante información sobre las tendencias modernas de la sistemática de las Dicotiledóneas. Adolece, sin embargo, de algunos defectos que deben ser mencio¬ nados. Ante todo, la distribución en órdenes no
está
acompañadapor comentarios explicativos. Resulta así poco justificada la posición de,las Juglandales entre las Rutales y las Sapindales, pese a las (4) Families of Dicotyledons, byAlfredGundersen. The Chronica Botánica Company, Waltham, Mass., U.S.A. (Buenos Aires: Acme Agency). 4.75 dólares.
218 BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA posiblesafinidades entre las Juglandáceas y lasAnacardiáceas. Esta última familiaestá incluida enlasñútales,con Rutáceasy Meliáceas.
y no en las Sapindales, como en el sistema de Engler. Un orden
Euphorbiales seasocia con las Málvales. Grupos que generalmente
se consideran próximos, como Campanulales y Asteraies, han sido
alejados. Muchas de estas modificaciones han sidoinspiradas en la
distribución filogenética de Hutchinson (1948); otras son originales
del autor de la obra. La mayor parte de las familias han sido tra¬ tadas en su sentido más amplio, pero algunas se han dividido de acuerdo con un criterio restringido, especialmente las Magnoliáceas y las Rosáceas. Estas últimas se han dividido en tres familias: Ro-saceas, Chrysobalanaceas y Pomáceas en base a diferencias ana¬ tómicas y citológicas que tal vez no tienen una importancia tan
grande como para dividir una familia tan extensa y compleja. Las Leguminosas han sido divididas en Mimosaceas y Leguminosas (in¬
cluyendo Cesalpinoideas y Papilionoideas),segregación inaceptable de acuerdo con los conocimientos modernos sobre la familia. Otro
tanto puede decirse sobre la separación de Compositae y
Cichoria-ceae; este último grupo
está
íntimamente relacionado con las Ver-nonieas ycon
las Mutisieas. LasCactáceas
se mantienen en un . ordenaparte, muy alejadode lasCaryophyllales, pesea su evidente afinidad con las Aizoaceas. Las Cannabinaceasse mantienen unidas con las Moráceas. Llama la atención la importancia dada en unos casos a caracteres diferenciales o de afinidad, y la prescindencia de los mismos en otros casos. Las diagnosis de las familias son engeneral muy cortas y en ciertos casos no corresponden a toda ’.a familia, sino solamente a una parte de la misma. La ilustración es buena, aunque algunas figuras habrían ganado bastante con una
mayor reducción en el fotograbado. Con todo, el tratado del doctor
Gundersen proporciona una serie de datos que raramente se en¬ cuentran en obras de este tipo, y su lectura, esté o no esté el lector de acuerdo con el autor, lleva la atención hacia una serie de pro¬
blemasevolutivosyfilogenéticosdegranactualidad.
—
A. L. Cabrera.EL ARTE DE ILUSTRAR LOS VEGETALES (5).
—
La representación delos vegetales por medio del dibujo ha sido, desde los albores de la civilización, un método práctico parafacilitar su reconocimiento. Por otra parte, la belleza de las flores ha atraído la atención de los ar¬ tistas que han hecho de ellas un frecuente modelo. El señor. Wilfrid Blunt, estudioso artista inglés,,ha
resumido.
en un elegante volumen (el número 14 de la colección The New NaturalisQ, una valiosa serie de datos sobre la historia y la evolución de las ilustraciones (5) The Art of Botanical Illustration, by Wilfrid Blunt, Collins. Londcn. Second Edition, 1951.VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952 N? 3 219botánicas. En un texto claro y ameno, el lector ve desfilar los más
antiguos dibujos de plantas dela prehistoria y de los antiguos egip¬ cios y caldeos; las antiguas figuras de Dioscorides, del Herbario de
Apuleiusy d<?los manuscritos de la edad media; los primeros toscos grabados en madera y los hermosos grabados de Hans Weíditz en el Herbarurr, Vívae Eicones de Otto Brunfels; los aguafuertes y gra¬
bados en metal de lossiglos quince a. diez y ocho; hasta los moder¬ nos dibujos del siglo diez y nueve y de nuestros tiempos. La laborartística de los dibujantes francesesRabel, Robert y Aubriet merece un capítulo. Otro está dedicado a la escuela holándesa. También ocupa un capítulola época de Ehrer (1708-1770), el genial
artista alemán, autorde las láminas de la Civil and Natural History
oí
Jamaica
de Browne, y de las ilustraciones de muchas otras obrasinglesas del siglo diez y ocho.
Redouté y su época merecen capítulo aparte; desfilan por él el famoso Redouté y otros pintores de plantas franceses de fines del
siglo diez y ocho y principios del diez y nueve. Sería muy largo
enumerar todos los pintores, dibujantes y grabadores de plantas que menciona en su obra el
señor
Blunt, frecuentemente con notas bio¬gráficas, anécdotas y comentarios de la época. Como apéndice agrega una repproducción de ocho artículos sobre el dibu’O. botánico de Walter H. Fitch, aparecidos originalmente en The Gardeners en 1869. Hay, además, dos bibliografías y un índice alfabético.
Este libro, cuyo texto es muy ameno e interesante, es todavía
másatractivo por las numerosas reproducciones de ilustracipnes bo¬ tánicas de diferentes autores. Hay en total 61 figuras, 32 láminas en negro y 46 láminas, en colores, reproduciendo desde bellas pin¬
turas del siglo once, hasta acuarelas de nuestros días. En conjunto constituye este libro una obra indispensable para todo el que este interesado en el dibujo y pintura de los vegetales.
—
A. L. Cabrera.En este importante estudio,
ESTUDIOS SOBRE PTERIDOFITAS (6).
que probablemente pocos conocen en América, pues apareció en lo máscrudo de la Segunda Guerra Mundial, su autor propone una reforma completa de la sistemática de los licopodios. El antiguo género Lycopodium L. ha resistido a varios intentos de fraccionarlo. Solamente Herter y Nessel, en tiempos recientes, lo han dividido en dos: Urostachys Herter y Lycopodium L.
Rothmaler distribuye loslicopodios en dos familias: Urostachya-ceae Rothm. nov. fam. con un solo género, Huperzia Bernh. (1801) y unas 150 especies. Huperzia, subcosmopolita, es idéntico a
Urostachys .Herter, pero este último nombre no podrá prevalecer,
(6) Werner Rothmaler: Pteridophyten
-
Studien I. Fedde. Repertorium 54 (1):55-82. 1944.220 BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA pues es muy posterior, del año 1923. A Huperzia pertenecen, entre
otras, varias especies de la parte austral de Sudamérica, como Lycopodium selago (tipo del género) y L. saururus.
El remanente de los licopodios los ubica el autor en la familia Lycopodiaceae Rchb. con 4 géneros: l9 Lycopodium L. con más de
20 especies. El tipo es Lycopodium clqvatum, estando representado este género en nuestra zona por L. magellanicum, L. confertum, L. paniculatum, etc.; 29 Diphasium Presl, 10 especies aproximada¬
mente. Algunos representantes sudamericanos son Lycopodium jus-sieui, L. scaricsum, etc.; 39 Lepidotis P. B., unas 15 especies. Lyco¬ podium inundata, alopecuroides,
cernua.
etc., pertenecen a Lepidotis. El cuarto género de la familia es Phylloglossum Kze., monotípico y exclusivo de Australia y Nueva Zelandia.Este
último es el únicoque desde bastante tiempo es considerado género independiente
por casi todos los autores.
Rothmaler, que establece las combinaciones nuevas necesarias,
funda su sistema,-no sólo en el esporófito, a menudo muy uniforme,
sino principalmente'en el gametófito, que revela caracteres diferen¬ ciales mucho más.marcados y aprovechables por la sistemática.
Más adelante.se refiere el autor al género Selaginella P. B.
También lo fracciona, reviviendo otros dos géneros: Lycopodioídes Boehm. ( 1760) y DidiclísP. B.(1803). Lomismohace con Equisetum, resucitando el género Hippochaete Milde, que generalmente ha sido considerado sección del primero.
—
Gualterio Looser.UNA APONOGETONACEA FóSIL EN PATAGONIA (7).
—
En esta breve nota se da cuenta del hallazgo por T. G. Halle de unaapo-nogetonácea entre plantas fósiles del Cerro Guido, situado al sur del Lago Argentino, cerca de la Sierra de los Baguales (Terr, de
Santa Cruz). Esta familia no se conocía del hemisferio occidental y parece que es la primera vez que se séñala una especie fósil.
Las afinidades de laespeciedel CerroGuido parecen sercon ciertos
Aponogeton endémicos de Africa y no con las especies australianas
o asiáticas. El autor promete ocuparse más tarde en forma
más
extensa de este importante descubrimiento.—
Gualterio Looser.TAXONOMíA DE LAS PLANTAS VASCULARES (8).
—
En la primeramitad del corriente siglo, han visto la luz un considerable número
de tratados sobre sistemática, en los cuales se ha intentado, con
mayor o menor éxito, perfeccionar la organización en órdenes y en
<7> Olof H.Selling:Aponogetonaceae in the Cretaceous of South America. Svensk Botanisk Tidskrift, Bd 41,H.1.1947.
(81 Taxonomy of Vascular Plants, by Gecfge H. M. Lawrence, The Mac¬ millanCompany,New York, 1951, 823 pp.
VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952 NQ 3 221familias de las piantasvasculares. Bien conocidas sondas sucesivas ediciones del Syllabus der Pílanzeníamilien, de Engler y sus cola¬ boradores, y los sistemas de Hutchinson, de Wettstein, de Pulle, etc.
Despierta, por consiguiente, bastante sorpresa (y sorpresa agradable
ciertarrtente) la edición del texto sobre taxonomía de las plantas vasculares del profesor Lawrence, en el cual se ha seguido, casi exactamente, el sistema de Engler, prescindiendo de modificaciones
basadas en monografías recientes. Según manifiesta el autor, la
elección del sistema de Engler, no es un reflejo de las preferencias o convicciones personales del mismo, sino una elección necesaria debido a que el sistema de Engler es el más moderno que trata toda la flora desde un punto de vista mundial; por otra parte, la
mayor parte de los Herbariosamericanos están ordenados de acuer¬ do con este sistema y la mayoría de las Floras..también lo siguen.
El
criterio conservador del profesor Lawrence es ponderable, ya que,a más de las razones que él invoca para seguirlo hay que tener en cuenta que si bien los sistemas de Hutchinson de Bessey o de otros autores, constituyen un evidente progreso, aun no pueden con¬
siderarse definitivos y han de sufrir todavía muchas mcaiiicaciortes
con los progresos de la morfología experimental la embriología y
la citología.
La obra del profesor Lawrence está dividida en dos partes de extensión aproximadamente igual. La primera parte esta dedicada a los principios y métodos de la taxonomía vegetal. Diferentes ca¬ pítulos se ocupan del significado de la taxonomía, de la historia
de las clasificaciones, de los principios de la taxonomía, de ios mo¬ dernossistemasdeclasificación, etc. Elconcepto moderno de especie
merece un largo párrafo, así como las categorías infraespecíficas. También se describen, en forma detallada, los caracteres organo-gráficos de las plantas vasculares que tienen importancia en la taxonomía, indicando su posible evolución. Otros capítulos intere¬ santes son "Consideraciones filogenéticas", "Geografía de las Plan¬ tas Vasculares", "Nomenclatura de las Plantas”, "Identificación de las Plantas" y "Técnicas de campo y de herbario". Les métodos
más recientes aplicados a la taxonomía están explicados en un ex¬
tenso capítulo titulado "Biosistemática y Citogenética"; se detalla
aquí el significado de esta nueva tendencia de la sistemática, el mecanismo de la evolución, las categorías biosistemáticas, ios mé¬
todos experimentales, etc., concluyendo con un comentario crítico
sobre las limitaciones del criterio citogenético. Un capítulo sobre la
preparación de monografías y revisiones sistemáticas y otro sobre
bibliografía taxonómica completan la primera parte deesta
obra..
La segunda parte está destinada a describir la mayor parte de lasfamilias de plantas vasculares. Cada familia llevauna
descrip¬ ción concisa perocompleta, una serie de indicaciones sobrerelacio-222 BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA
nes y filogenia de la familia, sobre especies de valor económico,
número degéneros y de especies, etc., y una pequeña bibliografía. Todas las familias están ilustradas'con dibujos muy claros,
en su mayoría reproducidos del Manual oí Cultivated Plants de Bailey.
Completan este texto dos apéndices: un plan de desarrollo de curso elemental de taxonomía, y un glosario ilustrado de términos
utilizados en sistemática. La obra del profesor
Lawrence
constituye,sin duda, no sólo un excelente texto para profesores y alumnos de
sistemática de plantas vasculares, sino también una guía muy útil
para los que se inician en investigaciones sobre taxonomía vege¬
tal..
—
A. L: Cabrera.FILOSOFíA DE LA FORMA DE LAS PLANTAS (9).
—
Hace más de 40 años quela señora Arber realizainvestigaciones botánicas, especial¬ menteen morfología vegetal. Su larga preocupación porlos estudiosmorfológicos y su indiscutible conocimiento de ellos en el aspecto histórico son bien conocidos. Resultado de ellas son sus numerosos libros (Herbáis, Monocotyledons, The Gramíneae, etc.), donde de¬
muestra su profunda erudición. En este su nuevo libro hace una revisión crítica desde el punto de vista filosóficode las formas de las plantas, tratando de explicar las causas y el significado de las mis¬
mas. El trabajo, impreso en la Universidad de Cambridge, tiene 246
páginas y
está
ilustrado con 46 hermosas y precisas figuras reali¬ zadas por la autora. Consta dé 11 capítulos,además de una extensa bibliografía de cerca de 400 títulos.El primer capítulo define elconcepto de forma y de morfología,
la
relación
entreforma y función, el estudio de las estructuras anor¬ males para explicar las estructuras normales, etc. El segundo ca¬pítulo analiza los trabajosmorfológicos
más
antiguos, el "De Historia animalium", de Aristóteles, y "De causis plantarum" y "De historia plantarum", de Teofrasto, y la influencia de estas primeras obras en la literatura botánica contemporánea. El capítulo siguiente ana¬ liza las ideas de Alberto Magno (siglo 03) y de Andrea Cesalpino (siglo 16) en sus libros "De Vegetabilius" y "De Plantis", respec¬ tivamente. El cuarto capítulo expone las ideas sobre morfología ve¬ getal desde Jung (siglo 17) hasta Goethe (siglo 18) y DeCandolle
(siglo 19), pasando revista a los trabajos de Malpighi y Néhemías Grew. El capítulo siguiente se refiere al concepto de tipo
de
orga¬nización y analiza el‘prototipo de la planta según Goethe. En los capítulos siguientes Se estudia la teoría de la hoja como vástago
parcial y la significación morfológica de la raíz para establecer qué
hojas y raíces son partes integrantes del vástago. El capítulo 10 (9) The Natural Philosophyof Plant Form, by Agnes Arber, Cambridge,At the University Press, 1950, 247 pp.
f23 VOLUMEN IV
-
OCTUBRE 1952 N? 3estudia en forma extensael mecanismodela morfologíade la planta, ilustrando los ejemplos dados con dibujos precisos. Finalmente el
último capítulo trata de la interpretación de la morfología de los
órganos según las causas formales y las causas finales, discutiendo los puntos de vista de los biólogos y filósofos.
—
Humberto Fabris.ORQUíDEAS DE AMéRICA DEL NORTE (10).
—
La editorial ChronicaBotánica publica,desde hacealgunos años, una seriede obras sobre diversos temas botánicos titulada "A new series of Plant Science Books". Esta colección, editada por el doctor Frans Verdoom, ha dado a la luz, con su volumen 26, una magnífica monografía sobre las Orquídeas de los Estados Unidos y del Canadá. Cabe destacar, ante todo, lo significativo y auspicioso que resulta ver que una
edi-• torial norteamericana particular publica una
otíra
de carácter estric¬tamente sistemático, siguiendo el ejemplo de los editores alemanes y franceses. El libro, impreso en excelente papel, da claves para
géneros y especies, extensas descripciones, etimología de los nom¬ bres, distribución geográfica, etc. No se mencionan ejemplares de herbario. Las ilustraciones, en número de 148, se deben a la pluma de Blanche Ames Ames y Gordon Winston Dillon, dos dibujantes especializados en el dibujo de orquídeas. La mayor parte de ellas ocupan toda una página y, a pesar de tratarse dedibujos analíticos
destinados a facilitar la identificación de las especies, son realmente
artísticas. El autor trata 46 géneros, ordenándolos de acuerdo al sistema de Schlechter. Cada.especie va acompañada por valiosas.
notas sobre su cultivo que se deben a Edgard Th. Wherry y
John
V. Watkins. La introducción se debe a Charles Schweinfurth, otro
especialista en Orquídeas. Un glosario, bibliografía y dos índices
completan esta hermosa obra queha de ser, sin duda, nosólo muy
útil para los especialistas, sino también para todos los amantes de las flores.
—
A. L. Cabrera.BIOLOGíA BASICA (11).
—
La enseñanza de los principios básicosde la biología en los colegios secundarios, sea cual fuere, el país a que éstospertenezcan, resulta casi invariablemente áridasi desde un principio no se acierta a atraer al alumno hacia el aspecto ameno del conocimiento de la naturaleza y no se le hace ver la utilidad práctica del mismo. Seguramente,la botánica y la zoología. han perdido más de un futuro investigador por haber contribuido
(10) Native Orchids of North America north of Mexico, by DonovanSte¬
wart Correll, The Chronica BotánicaCo., Waltham, Mass., U.S.A. (Buenos Ai¬ res: Acme Agency), 1950, 400 pp., 7.50 dólares.
(11) High SchoolBiology, by Ch.L. Gran,H. Keith Cady and N.A. Neal. Un vol. de813ps. McGraw-HillCompany,Inc. New York, Toronto, London. 1952.
224 BOLETIN DE LA SOCIEDAD ARGENTINA DE BOTANICA
la ausencia de ese acierto a destruir una vocación en potencia. De ahí que merezca toda clase de elogios el libro de Grant, Cady
y Neal que acerca del tema, y con destino a las "high schools" de los EstadosUnidos,acaba de editar la conocida casa McGraw-Hill. Como lo dicen losautores en su preíacio, su texto ha sido redactado teniendo ante todo en cuenta los problemas y las experiencias per¬ sonales del alumno, y son los puntos de vista de éste los que prin¬
cipalmente se han atendido al presentarle el cuadro de los fenó¬ menos biológicos. La valiosa información que el libro encierra acerca de las principales funciones de la vida, se refiere, pues, en su mayor parte,a la especie humana, y sobre todo a la aplicación de la biología al mejoramiento del individuo y de la nación, pero
en sus páginashay también mucho queinteresa aquienesseinician en el estudio de la botánica. Por de pronto, su primer capítulo, titulado
/Trabando
conocimientocon los árboles", es en cierto modo un resumen de botánica pura y aplicada, en el que se encuentran nociones de morfología vegetal, de taxonomía y de nomenclatura, así como interesantes párrafos relativos a las'primeras materias deorigen vegetal, a la influencia de los árboles en los fenómenos climáticos y a la conservación de los bosques. Los títulos de otros capítulos ("Las plantas trabajan para fabricar alimentos", "Las flo¬ res silvestres en la naturaleza","La hoja es la fábrica de comida") bastan para dar idea de la importancia que en el libro se concede
a la fisiología vegetal y de la forma en que se exponen sus prin¬ cipios. Cada capítulo va seguido de dos cuestionarios, uno de los cuales adopta el procedimiento, hoy tan en boga, de ofrecer con cada cuestión varias respuestas entre las que hay que dar con la verdadera. Los autores han procurado no abusar de los términos
técnicos, y
al
final dan un glosario muycompleto de los inevitables. También hay en las últimas páginasuna
bibliografía general, quecomplementa las bibliografías parciales que acompañan a algunos
de los capítulos.
La ilustración deestelibro, en su mayor parió fotográfica, puede ser calificada de excelente. Muchas de las fotografías muestran de¬ talles de la morfología de'las plantas, a veces microscópicos, con asombrosa claridad, y otras ilustran muy bien el aspecto de dis¬ tintas especies vegetales en la naturaleza, sus parásitos o sus di¬
versas aplicaciones. Gran parte de ellas ha sido hecha especial¬
mente para el libio, si bien hay un buen número de ilustraciones tomadas de las valiosas películas 'educativas de la Encyclopedia Britannica Films, Inc.