Factores psico-sociales que inciden en la disposición a usar la fuerza por parte de efectivos policiales de Mérida y Trujillo

16 

Loading....

Loading....

Loading....

Loading....

Loading....

Texto completo

(1)

Capítulo Criminológico Vol. 32, Nº 2, Abril-Junio 2004, 191-215 ISSN: 0798-9598

FACTORES PSICO-SOCIALES QUE INCIDEN

EN LA DISPOSICIÓN A USAR LA FUERZA

POR PARTE DE EFECTIVOS POLICIALES

DE MÉRIDA Y TRUJILLO

Nathalie Mariel Carrillo Gómez*

* Criminólogo. Universidad de Los Andes. Mérida-Venezuela. E-mail: nathaliemariel@hotmail.com

RESUMEN

La disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales es un tema que en Venezuela ha sido estudiado desde una perspectiva social, cuya indagación ha sido sobre la influencia del estatus social y comportamiento ciudadano en tal decisión. La investigación actual toma como punto de partida estas investigaciones, funde elementos antes abordados para evaluar los hallazgos precedentes y adiciona dos de índole psicológico: autoritarismo y agresividad, como rasgos de personalidad que pueden incidir en la disposición a usar la fuerza. Los resultados indican que el estatus social del individuo no está estadísticamente asociado con la disposición a usar la fuerza,

(2)

estatus social del individuo no está estadísticamente asociado con la disposición a usar la fuerza, mientras que el comportamiento ciudadano, los altos niveles de autoritarismo y de agresividad del efectivo policial sí evidencian asociación estadísticamente significativa con la disposición a usar la fuerza por parte de efectivos policiales de Mérida y Trujillo1.

Palabras clave:

Policía, fuerza, estatus social, comportamiento del ciudadano, autoritarismo, agresividad, Venezuela.

Recibido: 21-06-2004 • Aceptado: 21-07-2004

PSYCHO-SOCIAL FACTORS AFFECTING THE DISPOSITION TO USE FORCE AMONG POLICE

OFFICERS IN MÉRIDA AND TRUJILLO

ABSTRACT

Police officer disposition towards the use force is a topic that has been studied from a social perspective in Venezuela, focusing principally on the influence of a citizen’s social status and behavior in the decision. This study is based on these previos studies, but incorporates dimensions that allow not only an evaluation of previous findings but adds two psychological variables which may influence the disposition of police officers to use force: the psychological levels of officer authoritarianism and aggressiveness. The results indicate that the social status of the citizen is not statistically associated with the disposition to use force, while citizen behavior and high levels of police officer authoritarianism and aggressiveness are associated with the disposition to use force among officers in Mérida and Trujillo.

Key words:

Police, force, social status, citizen behavior, authoritarianism, aggressiveness, Venezuela.

INTRODUCCIÓN

En Venezuela, la policía se puede definir como el principal órgano de control social del Estado “… a la que concierne mantener el orden público, resguardar los bienes y garantizar la seguridad de las personas sin menoscabo del libre ejercicio de sus derechos” (Santos, 1992:71). Así, la policía posee una amplia gama de competencias que la convierten en el primer ente que interviene en cualquier situación y como su comportamiento está constantemente a la vista de todos es criticado y reprochado, especialmente en lo referido a la disposición a usar la fuerza en encuentros con los ciudadanos.

(3)

Como se verá más adelante, la mayoría de los estudios venezolanos sobre el uso de la fuerza policial hacen referencia al estatus social del ciudadano. La presente investigación adiciona dos factores de índole psicológico como lo son el autoritarismo y la agresividad de los efectivos policiales, los cuales pudiesen incidir en una mayor o menor disposición a usar la fuerza por parte de los mismos. Lo que sigue es un esbozo de los antecedentes y fundamentos teóricos en los cuales se basó esta

investigación, así como las hipótesis planteadas. Posteriormente, se describe la metodología empleada para llevar a cabo la recolección de los datos. Por último, se reportan los resultados y las conclusiones derivadas de la investigación.

1.

FACTORES SOCIALES Y SU INCIDENCIA EN LA DISPOSICIÓN A USAR LA

FUERZA

Gabaldón y Murúa (1983) hallaron que la apariencia exterior del sospechoso influye en la gravedad de la medida impuesta: arresto para los mal vestidos y amonestación para los bien vestidos. Además, agregan “… resulta mucho más probable que el funcionario actúe dando explicaciones cuando

establece el contacto con sospechosos bien vestidos que cuando lo hace con sospechosos mal vestidos (52,1% contra 17%)” (Gabaldón y Murúa, 1983:62).

Bettiol (1988) comparó dos zonas residenciales de la ciudad de Mérida-Venezuela, diferenciadas por las condiciones socioeconómicas de sus miembros. Los resultados del estudio demostraron un desempeño policial asertivo y visible en la zona de estrato social bajo y pasivo en la de estrato alto, debido al temor que sentían los funcionarios de ser objeto de represalias por parte de aquellos ciudadanos pertenecientes a la clase alta.

Con relación a la disposición a usar la fuerza del efectivo policial en encuentros con los ciudadanos, Gabaldón y Birkbeck (1998:122) realizaron un estudio apoyados en datos cualitativos y hallaron que la Policía de Mérida (Venezuela) se encuentra sometida a la influencia de las consecuencias

potencialmente graves de los reclamos ciudadanos con relación al uso excesivo de la fuerza física. Desde luego, “cuando un sujeto manifiesta agresión o resistencia resulta más fácil justificar el uso de la fuerza como mecanismo de control” (Gabaldón y Birkbeck, 1998:124). De esta manera, terminan por concluir que la acción policial se encuentra modulada en función de las acusaciones de los ciudadanos ante el uso desproporcionado de la fuerza y la demanda de los mismos de un trato justo y agregan “…cuando los policías perciben la presencia de personas con elevado poder de reclamo, tienden a usar menos o ninguna fuerza en el encuentro” (Gabaldón y Birkbeck, 1998:127).

En otro estudio, Gabaldón y Birkbeck (1996:53) evaluaron la actitud de los policías respecto al estatus social, comportamiento ciudadano y uso de la fuerza. Los hallazgos demostraron que los mismos están mayormente dispuestos a usar fuerza física contra ciudadanos de escasa respetabilidad e influencias, así como contra quienes exhiben comportamientos agresivos, luego resistentes y en menor grado irrespetuosos. No obstante, el mejor predictor de la disposición de usar la fuerza parece ser el comportamiento del sujeto, pareciera que los efectivos policiales no manifiestan estar muy convencidos de usar más la fuerza frente a sujetos irrespetuosos de estatus social bajo, pero ante sujetos de estatus social alto la tendencia es a usar menos la fuerza aún en situaciones de agresión y/o

(4)

sujetos de estatus social alto la tendencia es a usar menos la fuerza aún en situaciones de agresión y/o resistencia. Vale destacar que para este estudio los investigadores midieron la disposición a usar la fuerza a partir de “… lo que cada quien pensaba que estaría dispuesto a hacer la mayoría de sus colegas policías, requiriendo de inmediato evaluar si dicha alternativa les parecía excesiva, adecuada o escasa” (Gabaldón y Birkbeck, 1996:41).

Continuando la misma línea de investigación, Birkbeck, Gabaldón y Norris (2003) abordaron la disposición a usar la fuerza contra los ciudadanos en El Paso-Estados Unidos; Juárez-México; y Caracas y Mérida, ambas en Venezuela. Para ello, diseñaron una encuesta donde el estatus social fue definido en términos de profesión u ocupación del ciudadano y el modo de respuesta a los escenarios hipotéticos se refería a lo que haría cada quien para manejar la situación. Los autores (2003)

encontraron incongruencias respecto a los hallazgos anteriores donde la disposición a usar la fuerza se encontraba asociada al estatus social del sujeto, ya que en el nuevo estudio no existió tal asociación. Aparte de ello, y al igual que en el estudio precedente, se observó asociación entre el comportamiento ciudadano de agresión o resistencia y la disposición a usar la fuerza. Dado los hallazgos, Birkbeck et al. (2003) concluyeron que los resultados del estudio obedecen, más que a diferencias en las muestras utilizadas, a variaciones en la metodología empleada en ambas fases del estudio.

La presente investigación pretende evaluar los hallazgos de estas tres investigaciones sobre el uso de la fuerza. Por tanto, abordó ambas operacionalizaciones de estatus social (alto/bajo y

convencional/desviado) al igual que ambos modos de medir la disposición a usar la fuerza (¿qué haría la mayoría?/¿Cómo le parece? y ¿qué haría usted?). Además, agrega el nivel de autoritarismo y el nivel de agresividad presente en cada efectivo policial. Dado que estos son rasgos de personalidad que confieren al individuo distintos modos de reaccionar (ante infinidad de situaciones) resulta interesante determinar tanto el nivel de autoritarismo como el nivel de agresividad manifiestos en el efectivo policial, a fin de establecer la posible relación entre estos y la disposición a usar la fuerza.

2.AUTORITARISMO Y AGRESIVIDAD COMO POSIBLES FACTORES QUE INCIDEN

EN LA DISPOSICIÓN A USAR LA FUERZA

“La personalidad es el patrón organizado y distintivo que caracteriza la adaptación individual a determinado ambiente y que dura toda la vida” (Petrovski, 1980:347). Esta adaptación viene dada de acuerdo a las actitudes manifiestas en los individuos, las cuales “… ejercen un influjo directivo en la conducta, es decir, que actúan como auténticas energías motivacionales impulsando a la persona o predisponiéndola a un determinado tipo de conducta” (Pastor, 1986:40).

Por lo tanto, la disposición del individuo a comportarse de cierta manera deviene de la actitud que manifieste hacia objetos presentes en la situación. En consecuencia, el autoritarismo y la agresividad como rasgos de la personalidad pueden ofrecer otra perspectiva para comprender la disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales, debido a que ambos confieren al individuo modos particulares de actuar.

El autoritarismo se define como un aspecto de la personalidad cuya estructura se forja a partir de la interacción entre la represión social externa que enfrenta el individuo (y las implicaciones que ésta desencadena) y el proceso de internalización de los sistemas de control social que lo lleva a asumir una actitud ante la autoridad cargada de aspectos irracionales y contradictorios. En consecuencia, el individuo alcanza su ajuste social sólo si encuentra placer en la subordinación y la obediencia

(5)

j p y (Escalante, 1980).

“De esta manera, el individuo autoritario se nos parece altamente conformista y rígido, que experimenta placer

obedeciendo y siendo obedecido; sus creencias religiosas son compulsivas y altamente punitivas (…); admira la fuerza bruta y se identifica fácilmente con lo ‘todopoderoso’ al mismo tiempo que rechaza la debilidad; su conducta suele acompañarse de invectivas y vituperios ‘moralistas’ y deseos de ‘castigos bien merecidos’ (…); sus aspiraciones en lo relativo a la movilidad social ascendente suelen ser expresados en términos de una abierta identificación con quienes se sitúan en la jerarquía de autoridad” (Adorno et al., citado por Escalante, 1980:3).

Según Deutsch y Krauss (1984) de una persona con alto nivel de autoritarismo se espera que actúe de forma dominante y explotadora con los débiles o subordinados. Además, agrega que el autoritarismo se correlaciona con otras variables sociales y de personalidad “… por ejemplo, las personas que obtienen altos puntajes en autoritarismo probablemente pertenecen a clases sociales bajas, tienen menos educación, son menos refinados intelectualmente, menos liberales en política y más prejuiciosas” (Deutsch y Krauss, 1984:154).

El síndrome de personalidad autoritaria ha sido ampliamente estudiado en diferentes períodos y contextos sociales por medio de un instrumento de investigación denominado Escala F. diseñada en 1950 por un grupo de investigadores de Berkeley-Estados Unidos, cuya orientación teórica descansa en los preceptos freudianos según los cuales “la conducta individual es vista como una consecuencia de fuerzas profundamente arraigadas en la personalidad de cada sujeto, las cuales dan origen a

diferentes grados de prejuicio subyacente. Y son estas tendencias las que determinan las respuestas en situaciones diferentes” (Escalante, 1980:4).

En cuanto a la agresividad, la misma es abordada como “la condición del individuo que le impulsa a mostrarse hostil al medio que le rodea, o contra sí mismo” (Joven et al., 1986:21). Por lo tanto, la agresividad se puede considerar como la actitud o tendencia del individuo, en este caso del efectivo policial, de comportarse agresivamente ante cualquier situación que deba enfrentar dentro de su rol.

Rosnow (citado por Pastor, 1986:40) llama actitud a la organización de las creencias, de los sentimientos y de las predisposiciones personales a comportarse de un modo peculiar. En

consecuencia, las actitudes inciden en la manifestación de determinado tipo de conducta frente a una determinada situación.

“En un acto o episodio agresivo que ocurre en el contexto de una relación, además de los mecanismos conductuales intraindividuales que pueden explicar (parcialmente) la agresión y además de las características de las personas que intervienen en la interacción, es preciso considerar el contenido y la naturaleza de la relación de que se trate, porque de ellos depende la agresión que vaya a ocurrir. No es lo mismo una agresión entre iguales que una agresión entre

personas de distinto estatus. Tampoco cabe equiparar una agresión entre personas que mantienen una relación de cooperación que entre quienes son rivales de forma crónica” (Morales et al., 1994:485).

Al lado de las consideraciones sobre la naturaleza de la agresividad humana antes expuestas, Roger (1976) cita a Millon quien propuso el perfil de una persona agresiva. Así, “describe la personalidad agresiva como brusca, de controversia y algunas veces abusiva. Según esto, tales individuos son dogmáticos e insisten estar en lo correcto (…) otros pueden considerarlos como insensibles y toscos, pero con frecuencia son profundamente conscientes de los sentimientos de los demás y simplemente les desagradan las manifestaciones de debilidad, tanto en otros como en ellos mismos” (Roger, 1976:168).

(6)

Para estudiar la agresividad el Centro de Investigaciones Psicológicas de la Universidad de Los Andes Venezuela elaboró una escala denominada GE-AGR, cuyo diseño enfoca la agresión “… como una conducta multideterminada por factores que suelen ser biológicos, sociales, culturales y situacionales, expresable a nivel personal, familiar o institucional. La agresión puede ocurrir en diferentes formatos y contextos variados. Puede ser física o verbal, puede o no ser acompañada de rabia, convertirse en instrumento de venganza o simplemente ser expresada sin propósito. Ocurrirá en la calle, en el hogar o en el sitio de trabajo. Y sus consecuencias variarán ampliamente en términos del daño que provocará” (Escalante, 2000).

Las escalas de autoritarismo y de agresión han sido aplicadas en oportunidades anteriores en el contexto venezolano, han revelado confiabilidad y validez adecuadas y resultan aptas para ser incluidas en esta investigación.

Las hipótesis que acompañaron a este estudio fueron:

1. La disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales será mayor frente a ciudadanos de estatus social bajo, que frente a ciudadanos de estatus social alto.

2. Los efectivos policiales tenderán a usar mayor fuerza con ciudadanos de estatus social desviado, que con ciudadanos de estatus social convencional.

3. El comportamiento ciudadano influye en la disposición a usar la fuerza, es decir, la disposición aumentará frente a ciudadanos agresivos y descenderá a medida que el comportamiento sea de resistencia e insultos hacia el efectivo policial.

4. La disposición a usar la fuerza aumenta cuando el modo de respuesta se refiere al comportamiento de sus compañeros para enfrentar la situación.

5. A mayor nivel de autoritarismo del efectivo policial, mayor la disposición a usar la fuerza.

6. A mayor nivel de agresividad del efectivo policial, mayor la disposición a usar la fuerza.

3. METODOLOGÍA

En esta investigación participaron la Dirección General de Policía de Mérida y la Dirección General de Policía de Trujillo. El estudio comprendió la aplicación de una encuesta a oficiales de “tropa”: agente, distinguido, cabo y sargento de cada cuerpo policial, debido a que son éstos quienes tienen mayor interacción con el público. Se estimó una muestra de 300 efectivos policiales, 200 en Mérida y 100 en Trujillo, seleccionados en función de su disponibilidad y previendo que no estuviesen de vacaciones, de permiso o en comisión de servicio.

El diseño de la investigación fue de tipo factorial que permite “… analizar al mismo tiempo las relaciones causales entre más de una variable independiente y una sola variable dependiente” (Cea,

(7)

1998:302). Cada variable independiente posee un número variado de categorías, las cuales son combinadas tanto con las categorías de la variable dependiente como con las categorías de las demás variables independientes.

Lo anterior implicó la elaboración de diferentes tipos de instrumentos que deberían ser aplicados aleatoriamente a diferentes grupos de la muestra, para así comprobar los efectos de las variables

independientes por separado y de forma conjunta. Esto, “ayuda al análisis de efectos recíprocos de dos o más variables independientes” (Cea, 1998:302).

Las variables independientes estudiadas fueron:

v Sinceridad (Escala Eysenck).

v Agresión (Escala GE – AGR).

v Autoritarismo:

Alternativa 1 Alternativa 2

Escala F Escala GRES – F

v Comportamiento del ciudadano (frente al policía):

Agresión

Niveles: Resistencia

Insultos

v Estatus social:

Alternativa 1 Alternativa 2

Niveles: Alto Convencional

Bajo Desviado

La escala de sinceridad de Eysenck (Gabaldón y Birkbeck, 1996) fue incluida con el propósito de explorar la sinceridad con la cual se respondía el cuestionario y determinar la confiabilidad de las respuestas de los efectivos policiales. Se intentaba controlar así la deseabilidad social o “la tendencia a presentar aquellas respuestas que reflejan una forma buena de comportarse y sentir socialmente” (Tyler, 1976:64).

Las variables estatus social y comportamiento ciudadano se manipularon a través de doce escenarios hipotéticos extraídos del cuestionario aplicado por Birkbeck et al. (2003), el cual presentaba casos de agresión resistencia e insultos a la autoridad por parte de ciudadanos de estatus social alto y bajo

(8)

agresión, resistencia e insultos a la autoridad por parte de ciudadanos de estatus social alto y bajo. Estos escenarios fueron los mismos para el caso del estatus social convencional y desviado, donde el estatus convencional se definió de acuerdo a la ocupación del ciudadano y el estatus desviado en términos de respetabilidad social.

Finalmente, la variable disposición a usar la fuerza en estas situaciones se midió preguntándole al funcionario: ¿qué haría la mayoría?/¿Cómo le parece? y ¿qué haría usted?, con cinco opciones de respuesta: usar órdenes verbales exclusivamente, usar fuerza física para restringir (agarrar y sujetar sin golpear), usar fuerza física para golpear (puños, codos, rodillas o pies), usar un instrumento (golpear con rolo o bastón de mando) y usar un arma de fuego (disparar).

Se elaboraron ocho instrumentos básicos presentados en dos versiones para no combinar algunas alternativas en un mismo instrumento.

El instrumento se dividió en cuatro secciones: una que contemplaba las tres escalas de personalidad, cuyos ítems fueron distribuidos de forma aleatoria y debían ser respondidos en formato Likert. La segunda sección contenía seis de los doce escenarios hipotéticos y sus respectivas opciones de respuesta que variaban de acuerdo al tipo de cuestionario. La tercera sección correspondía a información complementaria sobre el funcionario (edad, sexo, rango, etc.). Por último, en la cuarta sección se pedía al funcionario expresar cualquier opinión sobre el estudio.

La aplicación de la encuesta se llevó a cabo entre agosto y septiembre de 2003, en las diferentes comisarías y sub-comisarías de cada estado. Así, durante las mañanas se reunía un aproximado de 20 efectivos policiales en un aula o comedor, se les ofrecía una breve explicación sobre la naturaleza del estudio, destacando su carácter confidencial e individual. Las encuestas se distribuyeron de forma cuasi aleatoria dado el interés del investigador en recopilar la misma cantidad para cada versión de la misma. La duración fue entre 20 y 25 minutos y se aplicaron un total de 303 encuestas, 200 en Mérida y 103 en Trujillo.

Para el análisis de los resultados se empleó la prueba tau de Goodman y Kruskal que mide la asociación existente entre dos variables nominales y cuyos valores oscilan entre 0,000 y 1,0; indicando ninguna asociación y asociación, respectivamente. El nivel de significación seleccionado fue de 0,05. Para el caso de las escalas de autoritarismo (en sus dos versiones), de agresión y sinceridad se usó el Alfa de Cronbach, el cual es un coeficiente de correlación que permite medir la interrelación entre los ítems de una escala para determinar si en realidad la escala es confiable. Los valores de este coeficiente oscilan entre cero y uno, donde cero indica ausencia de confiabilidad de la escala y uno máxima confiabilidad. Para efectos de la ciencia social se ha llegado a una convención según la cual una escala es confiable si posee un alfa de por lo menos 0,8.

La escala de sinceridad de Eysenck el cual arrojó un coeficiente de correlación de Cronbach de 0,412, indicando así que no es confiable para ser utilizada en este estudio. Por lo tanto, no se pudo estimar en qué medida las respuestas dadas fueron las socialmente esperadas y así establecer la confiabilidad de las mismas.

(9)

Los resultados de esta investigación evidencian que, en efecto, existen factores tanto sociales como psicológicos que inciden en la disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales de Mérida y Trujillo. Vale destacar, sin embargo, que no todas las hipótesis planteadas hallaron apoyo empírico.

En el caso de la incidencia del estatus social y del modo de responder a los escenarios en la

disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales, los resultados indicaron que no existe asociación estadísticamente significativa entre el estatus social en sus dos versiones y tal disposición. Esto coincide con los hallazgos de Birkbeck et al. (2003) quienes no hallaron distinción entre usar mayor fuerza frente a sujetos de estatus social bajo, como se había previsto. Los resultados referidos al estatus social convencional/desviado de esta investigación no coinciden con los obtenidos por

Birkbeck y Gabaldón (1996) quienes encontraron, para los tres tipos de comportamiento ciudadano (agresión, resistencia e insultos) asociación estadísticamente significativa entre estatus social

convencional y desviado y disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales. En el caso de esta investigación la hipótesis planteada sobre mayor uso de la fuerza frente a ciudadanos de estatus social desviado halló respaldo sólo para el caso de los insultos.

Al analizar la variable opción de respuestas a los escenarios (¿qué haría la mayoría?/¿Cómo le parece? y ¿qué haría usted?) Y disposición a usar la fuerza, el supuesto según el cual habría mayor uso de la fuerza cuando la opción de respuesta fuese ¿qué haría la mayoría? no halló respaldo empírico. Para determinar los efectos de la misma variable con otras a fin de examinar si se mantenía la misma tendencia, se incluyeron las variables estatus social (ambas versiones) y comportamiento ciudadano. Los resultados indicaron ausencia de asociación estadísticamente significativa.

Como vemos en la Tabla 1, el comportamiento ciudadano incide en la disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales tal como lo indica el tau de Goodman y Kruskal, con un nivel de significación de 0,000.

Se observa que ante una agresión los efectivos tienden a utilizar en primer lugar el arma (43,2%), seguido de agarrar/sujetar (25,2%). En el caso de resistencia a la autoridad la opción de fuerza se inclina hacia agarrar/sujetar (49,7%), luego ordenes verbales (30,2%); y frente a la situación de insultos, el efectivo policial tiende a dar ordenes verbales (50,3%) y a agarrar/sujetar (43,8%).

Es clara la tendencia a usar mayor fuerza en casos de agresión (arma), luego resistencia

(agarrar/sujetar) y en menor grado en casos de insulto (dar ordenes verbales). De esta forma, la hipótesis tres de esta investigación encontró pleno respaldo, lo cual es congruente con los resultados de investigaciones anteriores (Gabaldón y Birkbeck, 1996; Birkbeck et al., 2003) donde la tendencia al uso de la fuerza era la misma.

En cuanto al nivel de autoritarismo de los efectivos policiales, es preciso recordar que esta variable fue abordada utilizando dos escalas para las cuales se les calculó el Alfa de Cronbach, reportando así uno de 0,795 para la escala F y uno de 0,733 para la escala GRES – F. Los datos indican que ambas escalas son más o menos confiables.

(10)

y bajo autoritarismo. Así, el 51,1% de los efectivos policiales se clasificó en un nivel de autoritarismo bajo y el 48,9% en un nivel alto de autoritarismo.

Se estimó el nivel de autoritarismo para cada efectivo policial y se establecieron las categorías de alto y bajo autoritarismo. Así, el 51,1% de los efectivos policiales se clasificó en un nivel de autoritarismo bajo y el 48,9% en un nivel alto de autoritarismo.

Respecto a la escala de agresión, el Alfa de Cronbach reveló un índice de confiabilidad de 0,641. Eso indica que la escala es medianamente confiable y mide dimensiones congruentes de agresividad en los individuos.

De igual manera, se calculó el puntaje de agresividad para cada efectivo policial y se establecieron las categorías de baja y alta agresión. El 54,7% de los efectivos policiales se clasificó en un nivel de agresividad bajo y el 45,3% de los efectivos en un nivel alto.

La Tabla 2 indica una asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo y la disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales. Como se observa, los efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo se inclinan a usar mayor fuerza en los encuentros con la ciudadanía, lo cual es congruente con la hipótesis de investigación que planteaba una mayor

disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales que tenían un alto nivel de autoritarismo.

De la misma manera, la asociación entre el nivel de agresividad y disposición a usar la fuerza es estadísticamente significativa con un tau de Goodman y Kruskal de 0,062 y un nivel de significación de 0,012. Así, los efectivos policiales con un alto nivel de agresividad manifiestan mayor disposición a usar una opción de fuerza (por ejemplo, agarrar/sujetar 41,3%) en encuentros con los ciudadanos, excepto el arma de fuego. La hipótesis de investigación planteada de que a mayor nivel de agresividad mayor la disposición a usar la fuerza, queda respaldada.

En las Tablas 3 y 4 los datos evidencian que aún cuando se adicionan otras variables, el efecto entre t it i i id d di i ió l f ti

(11)

autoritarismo, agresividad y disposición a usar la fuerza se mantiene.

Según la Tabla 3 existe asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo, el nivel de agresividad y la disposición a usar la fuerza frente a sujetos de estatus social alto y bajo. Así, se evidencia mayor uso de la fuerza por parte de efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad.

Según la Tabla 3 existe asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo, el nivel de agresividad y la disposición a usar la fuerza frente a sujetos de estatus social alto y bajo. Así, se evidencia mayor uso de la fuerza por parte de efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad.

(12)

Según la Tabla 3 existe asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo, el nivel de agresividad y la disposición a usar la fuerza frente a sujetos de estatus social alto y bajo. Así, se evidencia mayor uso de la fuerza por parte de efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad.

Según la Tabla 3 existe asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo, el nivel de agresividad y la disposición a usar la fuerza frente a sujetos de estatus social alto y bajo. Así, se evidencia mayor uso de la fuerza por parte de efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad.

(13)

Vale destacar, que esta tendencia sólo se aprecia para el caso de encuentros ciudadanos de estatus social bajo, donde los efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad

manifestaron mayor disposición a usar la fuerza. Por ejemplo, frente a un ciudadano de estatus social bajo los efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo manifiestan mayor tendencia a usar cualquier opción de fuerza, más que a hablar. Contrariamente, en los efectivos con un bajo nivel de autoritarismo se observa mayor tendencia a dar ordenes verbales (36,3%); es decir menor uso de la fuerza.

En el caso de agresividad, los efectivos con un alto nivel de agresividad ante un ciudadano de estatus social bajo tienden a utilizar mayor fuerza (agarrar/sujetar 46,5%) que los efectivos con un bajo nivel de agresividad.

Frente a estos hallazgos se podría esperar que la tendencia a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y de agresividad fuese la misma cuando el estatus social del ciudadano fuese desviado. Este supuesto no halló respaldo empírico.

La Tabla 4 muestra que efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo tienden a usar mayor fuerza ante situaciones de insultos a la autoridad. La mayoría de los efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo actuarían agarrando y sujetando (49,4%), mientras que los de bajo nivel de autoritarismo darían ordenes verbales (60,1%). La tabla indica una asociación estadísticamente significativa entre el nivel de autoritarismo y disposición a usar la fuerza frente a comportamientos ciudadanos que implicaban insultos a la autoridad, pero para los casos de agresión y resistencia no se halló respaldo empírico.

Con relación al nivel de agresividad y la disposición a usar la fuerza, la asociación es estadísticamente significativa. Los efectivos policiales con alto nivel de agresividad tienden a utilizar mayor fuerza frente a ciudadanos cuyo comportamiento sea de agresión o insultos hacia la autoridad, tal como lo indica el tau de Goodman y Kruskal, con una significación de 0,023 y 0,000 respectivamente. En ambos casos la disposición es a usar las opciones de fuerza, con excepción del arma de fuego. Para el caso del comportamiento ciudadano de resistencia, no se halló asociación estadísticamente

significativa.

Hemos visto que la relación entre autoritarismo, agresividad y disposición a usar la fuerza se mantuvo pese a que se introdujeron otras variables, lo cual reitera el apoyo a la hipótesis antes planteada ya que reporta mayor uso de fuerza por parte de efectivos policiales con un alto nivel de autoritarismo y con un alto nivel de agresividad visto desde diferentes perspectivas, es decir, a partir de la variable estatus social y comportamiento ciudadano.

Dados los resultados de las escalas de autoritarismo y de agresividad y su consiguiente semejanza en la incidencia en la disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales, se les aplicó el coeficiente de correlación de Pearson a fin de determinar si existía o no asociación estadísticamente significativa entre ambas. Los valores del coeficiente de correlación de Pearson oscilan entre cero y uno, donde cero indica ausencia de asociación y uno indica asociación entre las variables. Así, mientras el valor más se acerque a uno la asociación será más fuerte y, viceversa, mientras más se acerque a cero la asociación será más débil. En cuanto al nivel de significación tenemos que cuando es menor a 0 05 se establece una asociación estadísticamente significativa entre las variables pero si ese

(14)

menor a 0,05, se establece una asociación estadísticamente significativa entre las variables, pero si ese nivel se excede se descarta asociación alguna.

Así pues, se halló una correlación entre la escala de autoritarismo y la escala de agresividad de 0,038; cuyo nivel de significación es de 0,065. Por lo tanto, se establece que entre ambas escalas existe una correlación débil y no significativa. Vale destacar que esta comparación se realizó con los puntajes en su forma original; es decir, sin dicotomizar.

5. DISCUSIÓN DE LOS RESULTADOS-CONCLUSIONES

Los resultados de esta investigación ofrecen respaldo a tres de las hipótesis planteadas. Como se indicó, el comportamiento ciudadano influye en la disposición a usar la fuerza por parte de los

efectivos policiales. En primer lugar, la fuerza aumenta ante situaciones de agresión y desciende según se trate de resistencia o insultos a la autoridad. Este hallazgo coincide con los resultados obtenidos en investigaciones anteriores realizadas por Gabaldón y Birkbeck (1996) y Birkbeck et al. (2003).

En segundo lugar, a mayor nivel de autoritarismo mayor disposición a usar la fuerza por parte de los efectivos policiales. Adicionalmente, se halló que el efectivo policial con un alto nivel de autoritarismo tiende a usar mayor fuerza cuando el comportamiento ciudadano es de insultos a la autoridad. Así, la opción de fuerza seleccionada con mayor frecuencia fue agarrar/sujetar lo cual puede expresar el dominio de la situación y la subordinación del otro. Sin embargo, haciendo una comparación entre el nivel de autoritarismo y la disposición a usar la fuerza de acuerdo al estatus social del ciudadano (alto/bajo y convencional/desviado) se encontró que la mayor fuerza está dirigida hacia personas de estatus social bajo, lo cual corresponde a la afirmación que hace Escalante (1980) según la cual el individuo autoritario experimenta placer obedeciendo y siendo obedecido y en lo referido a las

aspiraciones sociales los autoritarios se identifican abiertamente con aquellos que ocupan altos lugares en la jerarquía de la autoridad. Esto, en cierta medida puede explicar la mayor disposición a usar la fuerza cuando se trata de sujetos de estatus social banjo, debido a que frente a sujetos de estatus alto el efectivo se siente identificado y, por lo tanto, su motivación es a usar menor fuerza.

Ante este resultado se podría pensar que frente a sujetos de estatus social desviado la tendencia del uso de la fuerza sería la misma; sin embargo, como se observó los resultados no respaldaron tal supuesto. Así, resulta interesante indagar por qué el efectivo autoritario dirige su disposición a usar la fuerza ante sujetos de estatus social bajo y no ante sujetos de estatus social desviado. Quizá se puede considerar que los autoritarios definen a los demás como inferiores o débiles en términos socioeconómicos y no en términos de valor moral. De allí que los efectivos policiales usen la fuerza con sujetos de estatus social bajo y no con sujetos de estatus social desviado, recordando que el estatus social bajo estaba definido según la ocupación o profesión y el estatus social desviado definido de acuerdo a la respetabilidad o reputación del ciudadano.

Por último, la tercera hipótesis que encontró respaldo fue que a mayor nivel de agresividad mayor la disposición a usar la fuerza. Así pues, los datos indicaron que efectivos policiales con un alto nivel de agresividad tienden a utilizar mayor fuerza lo cual corresponde a la descripción realizada por Millon (citado por Roger, 1976:168) quien define la personalidad agresiva como brusca, tosca, controversial y abusiva, además de dogmática que cree e insiste estar siempre en lo correcto. Por lo tanto, es de

(15)

y , g q p , esperarse que un efectivo policial con un alto nivel de agresividad se incline a usar más la fuerza.

Aunado a ello, en lo que a agresividad frente a sujetos de diferente estatus social se refiere, los datos reportaron que los efectivos policiales con un alto nivel de agresividad manifiestan mayor tendencia a usar la fuerza frente a ciudadanos de estatus social bajo. Al respecto, Morales et el. (1994:485)

afirman no es lo mismo una agresión entre iguales que una agresión entre personas de distinto estatus.

De esta manera, se observa cierta correspondencia entre la personalidad autoritaria y agresiva donde ambas se identifican con el estatus social alto o jerarquía alta, buscan escalar posiciones y rechazan los estatus bajos o subordinados, lo cual los lleva a propinarles a las personas pertenecientes a este último tipo de estatus un trato hostil y agresivo y, en el caso de los efectivos policiales, los lleva a utilizar mayor fuerza frente a ellos.

Asimismo, se tiene que el efectivo policial con un alto nivel de agresividad utiliza mayor fuerza cuando el comportamiento ciudadano es de agresión e insultos hacia la autoridad. En consecuencia, según Morales et al. (1994) no se puede equiparar una agresión entre individuos que se muestran cooperativos con aquellos que se presentan o actúan como rivales, sea mediante una agresión física (que desencadena reacciones agresivas) hacia la autoridad o mediante insultos (agresión verbal). Sin embargo, cuando se trata de un caso de resistencia, la asociación entre el nivel de agresividad y disposición a usar la fuerza no es significativa, aunque la tendencia fue semejante. Esto puede ser porque resistirse a la autoridad no representa una amenaza o agresión, simplemente es una negativa de actuar como se ordena. Por el contrario, ante una agresión física o verbal el efectivo se puede sentir amenazado y desafiado lo cual lo lleva a actuar con mayor fuerza.

Por último, las hipótesis referidas al estatus social (en sus dos versiones) y al modo de responder a los escenarios no encontraron apoyo empírico. En cuanto a esto, los resultados de este estudio no pueden atribuírsele a diferencias en las muestras porque en las tres oportunidades (Gabaldón y Birkbeck, 1996 y Birkbeck et al., 2003) incluyendo la presente, la encuesta fue aplicada en la policía de Mérida y, aunque los instrumentos de medición no han sido idénticos, su diseño ha sido similar.

En base a estos resultados se podrían realizar estudios comparativos entre los cuerpos policiales a nivel nacional e intentar determinar si un alto nivel de autoritarismo y un alto nivel de agresividad son rasgos característicos de los miembros de los cuerpos policiales. También se podría examinar si el efectivo policial ingresa a la institución siendo autoritario y / o agresivo o si es la misma institución la que lo socializa de esta manera. ¿Será acaso que la personalidad autoritaria y la personalidad agresiva son parte de la llamada subcultura policial? Todas estas interrogantes y otras que pudieran surgir pueden ser exploradas en futuras investigaciones a fin de complementar el conocimiento del

comportamiento policial, con especial referencia a la disposición a usar la fuerza en encuentros con los ciudadanos en el ejercicio de sus funciones.

LISTA DE REFERENCIAS

BETTIOL, D. “El control policial en la comunidad”. Revista Cenipec 8:33-72, 1988. Ó

(16)

BIRKBECK, C.; GABALDÓN, L. y NORRIS, M. “La disposición de usar la fuerza contra el ciudadano: Un estudio de la policía en cuatro ciudades de las Américas”. Capítulo Criminológico (31) 2: 33-77, 2003.

CEA, M. Metodología cuantitativa. Editorial Paidos, España, 1998.

DEUTSCH, M. y KRAUSS, R. Teorías en psicología social. Editorial Paidos, México, 1984.

ESCALANTE, G. La escala F en muestras venezolanas. Laboratorio de Psicología de la Universidad de Los Andes, Mérida (Venezuela), 1980.

ESCALANTE, G. Agresión. Universidad de los Andes Centro de Investigaciones Psicológicas: Mimeo, Mérida (Venezuela), 2000.

GABALDÓN, L. y MURÚA, M. “Interacción policía y público, actuación, respuesta y variables interpersonales y situacionales”. Revista Cenipec 8:33-72. Mérida (Venezuela), 1983.

GABALDÓN, L. y BIRKBECK, C. “Estatus social, comportamiento ciudadano y violencia policial: una evaluación actitudinal en policías venezolanos”. Capítulo Criminológico 24 (2):31-59, 1996.

GABALDÓN, L. y BIRKBECK, C. “Criterios situacionales de funcionarios policiales sobre el uso de la fuerza física”.

Capítulo Criminológico 26 (2):99-132, 1998.

JOVEN, J.; VILLABONA, C.; JULIÁ, G. y GONZÁLEZ, F. Diccionario de medicina. Editorial Marín, Barcelona (España), 1986.

MORALES, F.; MOYA, M.; FERNÁNDEZ, D.; HUICI, C.; MÁRQUES, J.; PÁEZ, D. y PÉREZ, J. Psicología social.

McGraw-Hill, España, 1984.

PASTOR, G. Ideologías: su medición psicosocial. Barcelona-España: Editorial Herder, 1986. PETROVSKI. Psicología general. Editorial Progreso, Moscú, 1980.

ROGER, J. La agresión en los hombres y en los animales. Manual Moderno, México, 1976.

SANTOS, T. Violencia criminal y violencia policial en Venezuela. Signos de una frustrada modernización. Instituto de Criminología, Universidad del Zulia, Maracaibo, 1992.

Figure

Actualización...

Referencias

Actualización...

Related subjects :