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Mercado de trabajo y desigualdad

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(1)
(2)

K

f

ì

Ment¡.

AnNar

MERCADO

DE

TRABAIO

Y

DESIGUALDAD

UNI\ÆRSIDAD

EUROPEA-CEES

Departamento

de

Sociología

y

Ciencia

Política

Documentos de Trabajo

(3)

tÐP-\\ett

'1?

-s

R.ìs+ez.

â{

¡sÉ

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UEM - CËES

rffit[ffiffiilrffiililffiffiililt]ilil

93@399036

Xalo<¡qaot?

T'MVERSIDAD EI]ROPEA.CEES Documentos de Trabaio 3 / 97

Meruilo ile trabajo y dæigwldad

Villaviciosa de Odón (Madrid), abril de 1997

@ L997 María Amal

@ 7997 Universidad Europea de Madrid{EES Ediciones

Diseño de la colección y dirección editodal:

Departamento de Publicaciones e Intercambio Científico de la UEM{EES

Diseño de cubierta:

Síntesis Publicidad y Comunicación

(4)

ÍNorcn

1.

Aproximación

social al concepto mcrcado de

trøbajo

2.

Aspectos

configuradores

dei mercado de

trabajo

2.1. Factores demográficos 2.2. F actores

socio<ulturales

2.3. Factores instifucionales 2.4. Factores tecno-organizativos

3.

Mercado de trabaio

y

desigualdad

3.1.

Flexibilidad

y segmentación del mercado de trabajo

3.2. Mercado de trabajo en España

4 Bibliografía

5

9 9

t2

13

1,4

16

1,6

19

(5)

MERCADO

DE

TRABAIO

Y

DESIGUALDAD

MARÍA AnNaT

Universidad

Europea-CEES

Departamento

de

Sociología y Ciencia

política

Como

ocurre con otros conceptos de las

ciencias sociales,

es

difícil

encontrar

una definición

satisfactoria para el mercado de trabajo. Se cuestiona la

validez

del propio término por no

ajustarse

a

la realidad

de los

hechos que

pretende describir; no

existe

un

mercado

de trabajo sino

:una

pluralidad

de

mercados de trabajo, regidos

por

leyes que a

menudo no

son las de mercado

y

que

delimitan

tanto el acceso como su funcionamiento.

Además,la

disparidad de

campos

de esfudio a los

que hace referencia

-salarios,

puestos,

rutno

de obra,

etc.-

dificultan

la r¡nificación

y

generalización bajo

un

único concepto,

por

lo que

algunos

estudiosos

apuntan

la

necesidad

de

utilizar

diferentes concepfu

aliza-ciones de mercado

-mercado

de salarios, de puestos, etc.-, incluso se piensa en lo adecuado de abandonar

un

concepto sobre

el

que recae tanta confusión. Ante la

imposibilidad

de presentar

a

priori

una

definición

acabada, se encomienda la

primera parte del

documento a

la

aproximación al concepto,

después

se

identifican

las

distintas

dimensiones que

lo

integran,

y

pot

úttimo

se aborda la

(6)

María Arnal

Mercado de trabajo y desigualdad. @ EDICIONES UEM.CEES 5

1.

ApnonMAcróN socrAl

AL

coNcEr¡ro

MERIADI DETRABAII

Un

enfoque

globalizador del

mercado

de

trabajo encierra

la

comprensión

tanto

de

lo

econÚmico

como delo

socinl, estableciéndose entre ambas dimensiones

no

relaciones complementarias

y por tanto

parciales entre sí, sino

más

bien

imbricación

y

redefinición

continua de los límites configuradores de un

fenómeno que

está

sujeto a

continuo

cambio. De

este mod.o,

el

mercado

de

trabaio se convierte además en el referente empírico donde se refleja la situación

económica y sociopolítica de las diferentes sociedades y momentos históricos.

EI

carácter social

del

mercado de trabajo,

por

otra parte,

no

es

tm

hecho

particular

dentro de las actividades

económicas;

la propia

economía

y

su

ftmcionamiento participa

y

necesita

de

la

concepción sociológica en la medida

en que

el

elemento

principal constifutivo

de

lo

económico

-la

escasez-,

y

la

definición

de

la estructura

de las

relaciones sociales

enunciada

por la

teoría económica clásica

{omo

una

surna

de

individuos

libres

e

iguales

que toman

decisiones raciornles de acuerdo con sus necesidades- son revisados

¡criticados

por

las distintas escuelas de la sociologia económical. En esencia, dichos estudios señalan

la

existencia

de

economía

también en

situaciones

de

abundancia,

y

el

papel

diferenciado que en cada sociedad desempeñan las instituciones

y

grupos

sociales

-superando

el

a¡uílisis

individual-

en las

formas

de

regulación

de los

comportamientos económicos, a menudo superadores de la simple racionalidad. Efectivamente, aunque los supuestos básicos de la teoría económica clásica

tienen cabida en

cualquier

sociedad

y

economía,

lo

cierto

es que

sólo

se han desarrollado, y no sin imperfecciones, en una economín de mqudoz. Fuera de este contexto

utópico

que dibuja

la

economía clásica, las relaciones

de

intercambio

económico

han

venido

sustentadas

por

principios

reguladores como

la

recþrociilad -relaciones fundadas en la simetría que conforrnan

un

entramado de

obligaciones sociales-

y

la

redistribución

-cuando

existe

tm

intermediario

que

centraliza la recogida

y

reparto de los

biener,

inscritos en la organización

social

donde

lo

económico

no

existe

como

entidad

autónoma.

Algunos

ejemplos de

instituciones

concretas,

originarias de

sociedades

primitivas,

constnridas sobre

I

En pocas páginas Navarro, M. (1990) resume los supuestos de la teoría económica clásica

y las principales críticas desde las distintas escuelas de la sociología Económica.

2

Polanyi, K. (1989) en su obra editada por primera vez en

1944, critica la supuesta

evolución natural de la sociedad a la economía de mercado a partir de la propensión común al trueque, y su cons€cuencia, la división del trabajo argumentada por Adam Smith en su obra I¿

(7)

I\4aría Alnal

lvlerutdo cle tnúqo v tlesiguuldad

O EDICIONES UEM.CEES 6

dichos

principios

alternativos a los de mercado son el Kulct

<omercio

suntuario

de las

islas

Trobiand

fundado

sobre

la

reciprocidad-

y

eI potlach3 --constituido sobre

la redistribución-.

En

estas sociedades, como

indica Polanyi,

"el

hombre

actúa,

no tanto

por

mantener su interés

individual

de poseer bienes materiales,

cuanto

para garantizar su

posición social, sus derechos sociales, sus conquistas sociales.

No

concede

valor

a

los

bienes materiales más que en

la

medida

que

sirven a este fin>. (Polanyr,7989:87)

No

obstante,

aun dentro

de una comprensión de

las

actividades

económicas

inscritas en la

economíø de mercado

donde las instituciones

se

subordinan

a las exigencias de la relación mercantil, encontramos que la propia economía

capitalista

se

ha

visto

en

la

necesidad

de regular

externamente, es

decir, fuera de la confianza auto-reguladora del mercado, las acciones económicas

llevadas a cabo. Pues en su lógica, recurre

y

practica también

la

redistribttción a

través del Estado, siendo dicha intervención para unos necesaria

-keynesianismo-y

para otros algo

que se debe

limitar por

ser

la

causa de

los

desequilibrios del mercado -neoclásica

o

neoliberal-; pero

en

cualquier

caso, en

mayor o

menor grado, aceptada en su conjunto. Tanto es

así

que nadie debería

dudar

del papel que juegan las instituciones, grupos y clases sociales en la construcción de normas,

valores

y

hábitos

qve mßrcan comportamientos, gustos

y

gastos que superan la exclusiva racionalidad e

individualidad utilitarista

de la teoría clásica.

El

mercado

de

trabajo,

por

estar dentro de

la

economía de

mercado,

está

sometido

a

los mismos condicionantes

sociales

y

necesidad

de

regulación

externa,

y

por

tratarse de una relación

económica

capitalista -relaciones

salariales{, en

sentido

amplio-

serán sólo los trabajadores

por

cuenta ajena

-los

asalaliados-

quienes

vendan su

capacidad

de trabajo

en unas condiciones

concretas.

No

obstante, cuenta además con algunos rasgos específicos derivados

de las peculiaridades de

la

mercancía trabajo

y

del propio

mercado

donde

se

inscribe; pues si bien, como hemos visto, toda forma de producción y distribución

económica está socialmente determinada -sea cual sea la mercancía-, cuanto más

un

mercado

donde el bien

intercambiado es

la

fuerza

de

trabajo

-la

capacidad creadora de otras mercancías- indisociable de su portador.

r

Mauss, M. lo define así: "El potlach (...) es una institución en la que clanes y fatrias

errfrentados rivalizan entre sí en gastos, incluso en destrucciones de riqueza, y regula toda la vida

social, política y religiosa, estética y económica,,. (Mauss, M.1972:27)

+ Boyer, R. define las relaciones salariales como <el conjunto de las condiciones jurídicas e

(8)

i\'laría Arnal

lllert utkt le trubujtt ¡' desiguuldttd

OEDICIONES UEM-CEES 7

Esta

peculiaridad

de

la

mercancía trabøjo

-su indivisibilidad del

sujeto/

trabajador para que continuamente actualice su potencial

productivo-

es clave para

comprender en

toda

su complejidad las particularidades de este bien,

al

tiempo

que cuestiona seriamente su carácter

mercantil:

1)

el

proceso de reproducción

(producción) de

la

mercancía fuerza de trabajo depende de

la

familia, educación,

nivel

de

vida,

medios

de

comunicación, relaciones Sociales -amigos,

organizaciones...-; en

definitiva,

de todos aquellos

aspectos que

estimulen

su capacidad productiva y que nada tienen que ver consufabricnción en el mercado;2)

lo

intercambiado es Ia fuerzø de trabajo

-en

potencia-

no

el

trabajo -en acto-. Esta

distinción

marxista explica que en el paso

del

trabajo en potencia

al

real puedan

darse conflictos

y

enfrentamientos, que el empleador utilice algún

tipo

de controls

del trabajador

o

bien

busque su

consentimiento6

para

asegurarse

la

máxima

productividad;

3)

por

otro lado, aunque se comPrara directamente trabajo

y

no su

potencial, el

carácter

lábit y

reflexivo de la

mercancía explica

la

posibilidad

de

resistencia

frente

al

comprador;

el

trabajador puede

organizarse,

cambiar

sus

formas combativas e incluso perder su carácter de mercancía "retiriándose de toda

actividad

económica (para

vivir

de las rentas), pasando a autoemplearse en una

actividad mercantil simple o

pasando

a

realizar

una actividad productiva

en el

ámbito exciusivo de la reciprocidad" (Prieto, 1989:185);4) en la mercancíay'rctza de

trnbnjo

confluyen

los distintos roles de su

portador

--empleado f a,

rnaúdo/rnuieg

miembro de una asociación, etc.-, variables estructurales precisas -sexo, edad, etc.-,

el

peso de

la

tradición

y

normas sociales que dotan

al

trabajo de una dimensión

existencial que

atraviesa

y

anula

la pura

racionalidad mercantil; 5)

un último

aspecto, no relacionado directamente con el carácter indivisible del trabajo, y que lo ciiferencia de otras mercancías, es su producción

no

necesariamente

dirigida

a la

venta,

por

ejemplo

en

el

caso

del

autoempleo. Además,

el

mercado

de

trabajo contempla írnicamente aquellas actividades

por

las que se recibe una retribución pecuniaria

-valor

de cambio-, dejando fuera

el

trabajo doméstico, voluntariado,

etc.

-valor

de uso- que son igualmente necesarios por

contribuir

a la reproducción

de la fuerza de trabajo y posibititar a otros la incorporación al habajo remunerado.

5

Edwards, R. (1983) señala Ia existencia de tres tipos de control en el capitalismo: el control

sitn¡tle (ejercido personal y directamente sobre los trabajadores)

y

dos formas estructurales

(institucicrnalizadas), el control técnico (unificación del Proceso de trabajo a lravés de la tecnología r-rtilizacla) y el control burocrático (estrabificación de los trabajadores).

n

Burawoy, M. (1989) explica la importancia de la conciencia indiaidualista y conr¡tetitian en la generaci(rn cle consentimiento por parte de los trabajadores. mucho más efectiva para el control

(9)

Mar ía Al'ntl

tVlett utlo le tnilxtjtt _t'desiguuldud O EDICIONES UEM-CEES 8

Toclos

los aspectos señalados de

la

mercancía

trabajo

dificultan

y

complican

su consideración

y

manipulación

como

un

factor más

del

capital; de

ahí su necesaria diferenciación respecto de otras mercancías. Lrcluso se pone en

duda la propia

consideración de

mercado,la

dimensión

más

económica

que

indica el lugar

de intercambio o circulación donde se relacionan compradores

y

vendedores,

y

se

fija

el

valor

de la.rns¡s¿ncía>, su precio, o lo que es

lo

mismo el

salario que el trabajador recibe a cambio de la venta de

su

fuerza de trabajo. Más

allá

de las limitaciones de

este mercado, que

dista mucho de

ser perfectoT, se

cuestiona

la

capacidad

del

mercado de trabajo para

cumplir su función

-la

asignación de puestos- a

partir

de la relación establecida entre oferta

y

demanda.

Siguiendo

a

Villa

(1990) estas críticas se resumen en tres aspectos: 1)

no

existe

libertad renl

del

propietario

de

la

mercancía fuerza

de trabajo para

decidir

su

venta,

ya

que generalmente el trabajo asalariado es

la

única

forma

de conseguir

ingresos para satisfacer las necesidades de supervivencia. Por tanto, el salario no

cumple la

función

de ajuste entre oferta

y

demanda como indica la teoría clásica.

Los

salarios bajos

no eliminan el

exceso

de oferta porque los

trabajadores no

ptrede elegir dejar de trabajar. 2) Por la misma razón anterior, tampoco la reløción

de intercnmbio enûe empleador

y

trabajador es

libre.

En

el modo

de producción capitalista Ia relación

no

es de

libre

intercambio, sino que viene mediada

por

la

propiedad

/

no propiedad

de

los

medios de

producción y por la

estructura

jerárquica en el reparto de poder;

el

trabajador está obligado a vender su fuerza

de

trabajo

por un

salario dado

y

la

capacidad para negociarlo dependerá

de

su

posición en

las relaciones sociales

de producción;

3)

el

precio

de

la

mercancía

trabajo

no

viene determinado sólo

por

el mercado,

por

lo

que las variaciones de

salario

no

pueden

eliminar el

desempleo. Desde Keynes,

la

teoría

económica

señala la influencia decisiva de factores sociales y normativos en la determinación

de

la

estructura salarial. Por ello,

aunque

la

situación del

mercado

de

trabajo

-abundancia o

escasez de mano de

obra-

incide en el

poder

de negociación del

trabajo, ha de contemplarse también el peso de la costumbre, las normas sociales,

la

presión de los grupos

y

las reglas

institucionales

en

la

determinación de

la estructura salarial y la movilización del trabajo (Marsden, 1994).

7

Prieto, C. (1989) señala las imperfecciones del mercado de habajo como consecuencia de

no cumplirse ninguno de los requisitos necesarios: perfecta y permanente movilidad de la fuerza de trabajo, competencia perfecta entre todos los demandantes de trabajo frente a la oferta y entre todas las ofertas frente a la demanda, pleno conocimiento e información de las ofertas y demandas cle trabajo por ambas partes, y por último, el salario fijado en el punto de equilibrio entre oferta y

(10)

María A¡nal

Mercado d.e trabajo y desigualdad @ EDICIONES UEM-CEES g

Las observaciones

señaladas

vendrían a demostrar

la

existencia

de

múltiples

aspectos

que

escapan

a la lógica

de

mercado

y

que

remiten

a

la

importancia

de las

noÍnas

e instifuciones sociales en su regulación.

Así

resulta

comprensible la

existencia de marcadas diferencias en

la configuración

del

mercado

laboral

entre los distintos países, aunque estén todos ellos dentro de la

economía

de mercado.

Precisamente, como

indica Marsden

(1,gg4),

son

las

diferencias entre lias estructu¡as sociales

y

económicas de los países de la

Unión

Europea las que hacen tan complicado el proceso de integración. Las diferencias

en

la

reestructuración de

plantillas,

en

la influencia

que

la

formación o

la edad

tienen en el salario

y

las diversas políticas de contratación, son algunos ejemplos que evidencian la inexistencia de

un

orden o lógica

natural

tanto en la economía de mercado como en el marco específico del trabajos.

2. Aspnclos

coNFIGURADoREs

DEL

MERcADo

DE

TRABAIo

Nos referimos a variables que determinan la con-figuración tanto de la oferta

como de

la

demanda. En

los

últimos

años

se

ha

producido

una rápida

transformación estructural en los países occidentales, entre ellos España,

q.r"

,"

concreta

en una

aceleración de las mutaciones demográficas, culturales,

socio-políticas

y

tecno-organizativas que afectan a

la

composición

y

flujos del mercado

de trabajo.

2.1. Factores demográficos

La

importancia

de la dimensión poblacional para explicar

por

el lado de la

E Existen tres grandes teorías que tratan de explicar el funcionamiento del

mercado de

trabajø la clãsica en su versión moderna del capitat humano (Escuela de Chicago, Becker), la marxista (Edwardq Gintis, Bowles) y el enfoque dela *gmmtación, rntqtadopor distintos pensadores de las

miás variadas corrientes (Piore, Wilkinson, Boyer etc.). Dentro de esta última corriente se distinguen

tres hiþtesis sobre las causas de la segmentación de los mercados de trabajo: lateorclógica (mercado

dual de trabajo: Doeringer y Piore), el problema del cpntrol (marxistas radicales: Edwards, Gordon)

y el papel defensivo de las organiznciones sindicales (Escuela de Cambridge, Wilkinson); a las que cabría añadir el origen social [.5. Mill habla de castas o categorías que diferencian a la pobtación trabajadora) y los factores institucionales (Kerr, Piore). Para tur resunen de las diferentes corrientes y

(11)

María Arnal

Mercùo de trafujo y desiguatdad O EDICIONES UEM-CEES IO

con las repercusiones

que

para Ia demanda supone el contar o

no

con efectivos suficientese. En

la

explicación de estos cambios conviene distanciarse de sesgos

deterministas, puesto

que

lo mismo

influye

la estructura poblacional

en

el

mercado laboral como se da el proceso inverso: la evolución del

propio

mercado

transforma los procesos demográficos.

La

evolución y

resultados de la transformación en lia estrucfura poblacional

por

sexo

y

edad podría

resumirse, según

explica

la teoría

de

la

Transición

Demográfica,

en bajos

niveles de fecundidad

y

mortalidad para los

países

desarrollados

frente

a

los

elevados índices que todavía

conservan

los

países

pobres en los que aún no se ha

producido

la transicióna las formas modemas de

crecimiento;

esto

explica,

en partelo,

la

presión migratoria

procedente de estos países hacia el

primer

mtndo.

En

las

sociedades

desarrolladas

estos

cambios en

la

composición de

la

población

aParecen

reflejados

en

pirámides poblacionales invertidas.

La

transformación

del

rol

de

la

mujer, derivada de su mayor incorporación

a los

niveles educativos

superiores

y

la

entrada en

el

mercado de trabajo, tienen

hondas repercusiones en el retraso de la

nupcialidad,la

edad a la que se tiene el

primer hijo y

el menor número

de

nacimientos en

general, 1o que provoca

un

estrechamiento de la base de la

pirámide

poblacional. Para algunos esto supone, aunque a

partir del

desarrollo

tecnológico se requiera

menor

mano

de

obra, la

posibilidad

a

largo

Plazo de

no

cubri¡

las necesidades laborales en cleterminnilos puestos con la población autóctona. Y esto a pesar de que en la actualidad existe el problema

contra¡io

+l

desempleo-, en

parte

debido albaby boom de los años sesenta

1ue

continúa

en

el

Su¡

de

Europa hasta mediados de los setenta para después caer drásticamente,

y

que

prolonga su

efecto

al

ampliarse

el

período

educativo hasta

edades más

avanzadas- y,

sobre

todo,

al

desajuste

en

la demanda de trabajo derivado de las transformaciones profundas e incertidr¡mbres que atraviesa la economía. El estrcchamiento de la base de la pirámide poblacionat

y

la

existencia

por tanto

de menor

población

en edad de

trabajar,

unidos

al

e [¿ revolución taylorista y fordista que dio paso a la producción en masa a principios del siglo )C( en EE.UU., fue posible por el paso de una situación de escasez a otra de abundancia de mano

de obra, gracias a la llegada de grandes contingentes de inmigrantes procedentes de Europa, .el

mayor movimiento de inmigración de la historia modema, tal como lo describe Coria t,B. (1939¡:24). 10 Tradicionalmente se culpa del atraso económico

y

la pobreza en los países

subdesarrollados a sus elevados índices de natalidad (versión malthusiana), pero más bien sería el

subdesarrollo económico la causa y no el efecto de su alta natalidad. Por otro lado, el

enfrentamiento bélico, la degradación del medioambiente y la globalización económica (sin entrar

(12)

María Arnal

Menztilo de trubajo v tlesi¿¡uuldud

O EDICTONES UEM-CEES I I

aumento de

la

esperanza de

vida,

conducen a

lo

que en términos gráficos sería

un

ensanchamiento de

la

cúspide

y

en términos

reales

el desequilibrio

en

el

reemplazo generacional.

Por todo ello,

la

situación

del

mercado

laboral

actual,

y

para

el

año 2000, venclrá

definida

demográficamente

por

dos rasgos destacables:

la

tendencia a la

igualación cle las tasas de

actividad

entre hombres

y

mujeres

y

el incremento de trabajadores extranjeros en algunos sectores económicos. Como consecuencia de

la mayor

presencia

de

la mujer

en

el

mercado laboral,

la

reproducción de

la fuerza de trabajo se

verá

trastocada al hacerlo también la

institución principal

a

la

que

se

encomienda

esta tarea:

la

familiatr.

Esto

supondrá

la

negociación

y

redefinición de

las personas que

van

a

incorporarse al

mercado

y

aquellas encargadas

del

trabajo

doméstico.

Por

lo

mismo,

podrían

observarse también moclificaciones

en

la duración

y

distribución

de la jornada laboral,

y

nuevos

requerimientos de

prestaciones

y

ayudas

sociales

al

Estado

de

Bienestar,

institución a

la

que habrá que considerar igualmente

productiva al

permitir

la

clisponibilidad

de

la

población para el mercado con las condiciones sociales

y

la

formación necesaria para el nuevo reto

productivo

(Castelts,1992).

El

incremento de

trabajadores

inmigrantes vendría provocado,

en parte,

por

los desequilibrios

poblacionales

y

económicos entre países desarrollados

/

subdesarrollados

y,

sobre

todo,

a pesar

de

las trabas formales,

por

las necesi-dades del mercado en los países avanzados (Sassen,

t993;Matgesini,

L994). En el

nivel

macroeconómico,

los

bajos salarios

y

empleo

contenido

son claves para

controlar la inflación y aumentar la competitividad extema, y en el microeconómico,

permiten cubrir

puestos

poco

deseados

en determinadas

áreas geográficas

y

sectores, ahorrar en costes económicos y sociales -además sin gastos añadidos de

reproducción de

la

fuerza de trabajo-;

no

gozan

de protección por

lo

que tampoco son conflictivos, máxime cuando existe la amenaza de la expulsión. Los

inmigrantes

pasarían

a

engrosar

el

sector secundario

del

mercado

de

trabajol2,

rr

En los países del norte de Europa (sobre todo en Dinamarca y Suecia), se están

produciendo grandes transformaciones en la familia tradicional que conducirían a su

desinstitttciot'talización. La aparición de diferentes tipos cle familia: cohabitación (parejas de hecho),

tamilias monoparentales (uno de los dos progenitores con su descendencia), reconstihridas (uno de

los proeenitores y su nueva familia, con o sin descendencia), parejas con viviendas por separado

(L.A.T.); unido a los cambios en la dinámicas demográficas, caída de Ia nupcialidad y fecundidad,

serían rasgos que apuntan a la existencia de una Segunda Transición Demográfica. Vease,

Ministerio de Asuntos Sociales (1991).

12 Concepto basado en la teoría de la Segmentación del Mercado de Trabajo. Ver nota a pie

(13)

3

It,lrr íl Ar nnl

O EDÍCIONES UEM-CEES 12

Mert¿ukt de trubujo ¡,desiguuldud

caracterizado

por

la precariedad, con las ventajas (Gorz, 1970) que ello conlleva

y

ninguno

de los inconvenientes, exceptuando los

costes

por

el lado de

la xenofobia y el racismo.

2.2. F actotes socio-culturales

Además de

la

estructura demográfica, interesa

conocer

los

aspectos

culturales o valorativos que configuran

cualitøtiaamente

la

oferta de

trabajo. Se

trata,

por

tanto, de conocer las necesidades

y

valoraciones que los sujetos tienen

y

depositan en

el

trabajo para saber su grado de

disponibilidad

y

aceptación de los empleos disponibles. En gran

medida,las

exigencias sobre el trabajo vendrán condicionadas

por

dos aspectos,laaaloración del trabajo ligada a transformaciones sociales

y

culturales

generales,

y

la

cultura de cløse de pertenencia, es decir, la posición social

y

económica que los sujetos ocupan en la estructura social

y

que cletermina su

"poder

social de negociación,' (Villa, 1990:312).

EI

primer

aspecto hace referencia a la descentralización del aølor trabnjo en las sociedades avanzadas. Se afirma haber pasado de

un

valor ético del trabajo, en el

sentido weberiano, donde

la actividad

profesional

es

un bien

en sí mismo

y

central para la

persona, a una concepción

mâs instrumentøl

donde

el

trabajo

queda relegado

por

otras actividades

-tiempo libre,

deporte, consumo,

etc.-convertidas en

centrales.

La

creciente preocupación

por la

calidad de

vida

se

inscribe en esa

perdida

de centralidad del trabajo, buscando el

disfrute

de todos los ámbitos de la persona aunque esto signifique rent¡nciar a un mayor salario.

El

debate

no

parece haber terminado,

para

unos

el

trabajo nunca

ha

sido otra cosa que una necesidad

y

por

tanto no tiene sentido hablar de tal evolución hacia

el polo

instrumental. Niegan

que exista

un

rechazo

mayor

al

trabajo del

qtre

hubo

en otros momentos de la historia capitalista

y

enfatizartla

centralidad del trabajo para los jóvenes

luienes

a

un

tiempo representan los nueaos valores

y

padecen con

mayor

dureza el desempleo- no sólo

por

razones instrumentales,

ya

que se

valora también el

contenido

y

el

ambiente de trabajo,

la

creatividad,

autonomía, etc. (Sanchís,

799L).

Para otros, debido a la precarización

y

descualificación

crecientes

que

impiden cualquier

realización

y

satisfacción personal,

el

trabajo, desde

la

más

pura instrumentalidad,

se convierte en un mal

necesnrio

y

en ocasiones será abiertamente rechazado.

Actualmente, desde una posición crítica

no

exenta de cierta arbitrariedad,

(14)

María Arnal

Mercado de trabajo y desigualdad @ EDICIONES UEM.CEES 13

(Gorz, 7994),lo relevante

es

que los

poderes

políticos

y

el discurso

social

dominante se hagan eco de la nueva situación económica, donde el pleno empleo

no

puede

Sararttizalse y,

por

tanto, tampoco

el

trabajo ha de ser necesariamente

la clave organizativa de

la

sociedad. Mientras el trabajo

sea

la única

vía

reconocida de integración y

participación

en la sociedad, bien como

valor

central

-la

medida

del

éxito

y

autoestima- o

como

valor

descentralizado

-la

forma

de

conseguir

los

recursos materiales

para

la

independencia,

libertad

y

disfrute

del

ociÈ,

los modos y

fnes por

los que es valorado

importan

menos que los conflictos que se

deriven

de

la

permanente exclusión de

una

parte de los miembros de la sociedad y la amenaza que esto puede suponer para Ia cohesión sociaFs.

Si

bien

la búsqueda de

mayor

calidad de

vida

es una tendencia genera| la

valoración

que

los distintos

sujetos hacen

del

trabajo

no

es homogénea. Las

exigencias

o Io juzgado

aceptable

está

condicionado por el diferente

status

económico y social que ocuPan los habajadorcs en el sistema de reproducción social

dentro de

la familia

-según

sexo,

edad

y

estado

civil-

y

en

la

estructura social

-+egún

el lugar

asignado en el proceso de producción-. Es esta diferenciación,,la que

delimita

Ia

posición

que ocup¿ìn

los

trabajadores en

el

mercado de trabajo,

definiendo

su

<mivel de aceptación> de las condiciones de trabajo,

por

debajo del

cual tenderán a considerar sus oportunidades de empleo

<socialmente>

inaceptables.

En

otras palabras, esto

define

su poder social de negociación(...) La

principal

implicación es que existen categorías parecidas de trabajadores a precios

mínimos

radicalmente diferentes, independientanente de su productiuidad potenciat o real>, (ViJJa,1990:372). Sólo así se entiende que trabajos despreciados

por

unos sean

aceptados por otros, e induso valorados positivamente en su conjunto.

2.3. Factores

institucionales

En

la

gestión del

mercado

laboral,

las pautas

y políticas

que

rigen

la

relación entre trabajadores

y

empleadores

dependen

en gran

medida

de

tres

ß

La postura de estos autores se encuadra dentro del debate sobre el problema del desernpleo que padecen los países desaÍollados. Ir¡nto a la propuesta de loo autores mencionadoo, flue pasa por la redefinición del trabajo y la redistribución de la riqueza a través delingreø socio4hansurgido otsas como el repørto del tíettryo de fiabaio (White (198n, Azna41994), Parijs(1997)) y la adopción de ndidas

fexbílizadoras dcl mercado ile trabøjo. La idea del ingleso social no parece t¡na solución al problema de la

exclusión y ha merecido muchas críticas en el ámbito académico, mayor interés ha suscitado el

(teParto del tiempo de trabajo" llegando a aplicarse en algunas e¡npresas, pero fundamentalmente el

(15)

Mar'ía Arnal

Mcnadtt de rruItujo 1'desiguuldnd

(ìctores sociales:

el

Estado,

que media

e

influye

tanto en

la

oferta como en

la

clemanda

de mano de obra,

y

los

sindicatos

y

asociaciones empresariales que

organizan y defienden los interés de la oferta y la demanda respectivamente.

La

capacidad

del

Estado para condicionar

el

funcionamiento

del

mercado es

muy

amplia.

Por

el lado

de

la

oferta sus medidas en materia de prestaciones económicas -pensiones, ayudas

y

subvenciones-

y

servicios sociales -educación, sanidad,

vivienda,

etc.-

afectan a

la

reproducción

de

la

h:er:za

de

trabajo

en

la

medida

en que

contribuyen

a

mejorar los

niveles de

vida, la preparación

o formación con la que los trabajadores acceden al mercado

y

su posible capacidad

negociadora. Además, su

papel

de

planificador

económico

-el

control

de

la

inflación

y

el

desempleo son ahora las preocupaciones

centrales-

y

de

agente

institucional

Ie

permite

influir,

mediante

la

legislación en materia laboral, en la

posición

de

los

trabajadores en

el

mercado,

definiendo

normas de contratación, categorías

jurídicas,

edad de entrada

y

salida

del

mercado,

horario

laboral,

salarios, despidos, requisitos para las prestaciones por desempleo, etc.

El marco institucional y legal que permite coordinar las estrategias de los dos

principales actores implicados en la negociación colectiva, constituye el eje central

donde se definen las relaciones entre trabajadores

y

empleadores, se delimitan las

reglas

cle

actuación

y

se

consigue

disminuir la incertidumbre

de

la política

económica

y

laboral -además de los acuerdos concretos a través de la concertación

social

y

prácticas

corporativistas-. Por

ser estos acuerdos de carácter general

y

sectorial,

pensados

para

acotar

los

marcos

de

actuación

con

amplias

reglamentaciones, se

introducen

a su

vez

posibles rigideces en las relaciones al

resultar

difícil

contemplar las especificidades prácticas de las distintas empresas.

Por

ello, el funcionamiento

de las

relaciones

laborales

no

sólo

se

rige por

la normativa legal y por pautas de actuación que funcionan a nivel global, también es

importante la influencia

y

redefinición

que

a

nivel

local,

en

las

empresas, se

establece

entre

empresarios

y

trabajadores. Serían las normas

no

escritas, que .rpuntan a relaciones fiduciarias entre algunos grupos de trabajadores y la empresa,

lo

clue conlleva exigencias

y

colaboraciones que superan el marco contractual; así como

la

re-adaptación de las cualificaciones

o

formación

y

re-socialización de la mano de obra según las necesidades y valores

-

cultura- de la empresa.

2.4. Factores tecno-organizativos

Las fluctuaciones en volumen y cualificación de la mano de obra, discurren

(16)

flexibles-lvlar ía Ar nal

M e r<ad t t d e t rabujo ¡' d t',t t g,ualdud

O EDICIONES UEM-CEES I5

que

configlrran los distintos

procesos

de producción

y

trabajo.

Mediante

estas transformaciones se pretende a su vez ajustar

la producción

a los cambios en el

mercado

de los productos

y

a las condiciones de

la

oferta

de

trabajo -segúrn el pocler

de los

sindicatos,

la

existencia

de

abundante mano

de

obra extranjera o nacional,

nivel

de cualificaciones, etc.-. Esto se ejemplifica a lo largo del siglo XX con el paso de la producción en serie a la producción flexible.

Hasta los años setenta imperó el modo de producción en masa, caracterizado

por la

estandarización de los

procesos

de producción -cadena de montaje- y

consecuentemente de los productos finales. Para que la producción en grandes series fuese

rentable requería estabilidad en

la

demanda de los productos

y

en los

mercados de trabajo; ambas cosas se consiguieron con medidas institucionales que

garantizaron la

paz social

y

económica de

la

mano

del

Estado de

Bienestar Keynesiano. Respecto a las repercusiones en

el

mercado de trabajo, destacan la

estabilidad

en

el

empleo

y

la

úgidez

en

los

salarios

para afianzar

Ia ventajas

productivas.

En

la producción

en serie, las

tareas

que

hay

que

realizar

son

sumamente detalladas, parceladas y repetitivas, orientadas a la superespecialización

-y

descualificación creciente- en

un

conjunto reducido de tareas específicas de cada empresa.

De

ahí Ia

necesidad

de conservar una

plantilla fija

de

trabajadores

manuales en aquellas tareas consideradas centrales, dejando las secundarias para empleos que se amplían o reducen en función de la coyuntura económica; todo ello

regulado

por

un

conjunto de normas cada vez más complejas sobre el sistema de

ascenso

-antigüedad-,

salarios, etc. Con una composición de este

tipo

aparecen los nrercados laborales compartimentndos en la mayoría de las industrias, formados por

un

núcleo central bien remunerado

y

estable

y

una periferia de trabajadores mal

remunerados e inestables. Así, la abundante mano de obra procedente de la zonas

rurales, en su mayoría mujeres y jóvenes,

y

de la inmigración -desde principios de siglo en EE.UU.

y

en los años cincuenta

y

sesenta también en Europa

y

otros países

desarrollados-

permitió

contar

con

una

reserva

suficiente de

trabajadores con

escasas aspiraciones, que pasaban a engrosar las filas del trabajo periférico mientras los puestos superiores se cubrían mediante promoción intema, sin que ello supusiera trn aumento de los salarios o los costes de contratación (Piore y Sabel, 1984).

Paralelamente

al

debilitamiento

y

estancamiento

del

modelo

de producción en serie se va potenciando un modo de producción

<onviviendo

con

el

anterior-

necesariamente

flexible para

hacer

frente

a

la diversificación

e

inestabilidad

de los mercados y productos. Este cambio será posible gracias a las

nuevas tecnologías, microelectrónica

e

informática

principalmente,

Qüe

revolucionan el proceso de trabajo -recomponiendo y enriqueciendo las tareas-

y

(17)

1

Ma¡ ía A¡ nal

OEDÍCIONES UEM.CEES 16

lvlet<utlo rle trubujo v desiguuldud

trabajo simultáneo

desde lugares

distintos:

el

teletrabajo-l

permitiendo

a

la organización de

la

empresa abandonar las normas

y

procesos rígidos anteriores,

dotando

de

mayor

autonomía

y

responsabilidad a los equipos de trabajo, como

parte de una estrategia que pretende controlar la incertidumbre.

Flexibilizar

los procesos productivos

y

ajustar el

volumen

de trabajo según

Ias necesidades clel momento, supone adaptar la mano de obra en las empresas de

alguna de

estas

cuatro formas

(Atkinson,

1987):

1)

flexibilidad funcional,

reclasificando

y

ampliando

las cualificaciones

y

categorías

profesionales,

2) flexibilidnd numéricø, ajustando

el

número

de

trabajadores

o la

cantidad de horas laborales

en función del volumen de

trabajo; mediante

la

rotación

definitiva

o

temporal, variando la jornada

con

los

trabajadores existentes

y

aumentando la

contratación de trabajos a tiempo parcial, 3) subcontratøndo tareas a otras empresas;

4)

reaisnndo los salarios

individualmente, diferenciando la plantilla

según

el

renclimiento

o la

valoración de

puestos

por la

empresa.

Tradicionalmente,

la

ilexibilidacl

clel trabajo

lleva

pareja

la

desregulación e inestabilidad

del

empleo,

bien se pierde la segrnidad de empleo, garantía de trabajo en la misma empresa, la

seguridnd ftLncionnl, el desempeño de las mismas tareas en la empresa o la seguridad

del mercndo de trabajo,

un

puesto estable en el mercado de trabajo recurriendo a la

movilidad

laboral (Storper

y

Scott,

1990).

Así

pues,

las transformaciones

tecnológicas

y

organizativas

llevan

asociadas cambios en

la configuración

del

trabajo que repercuten en la composición y estabilidad del mercado laboral.

3.

MnncnDo

DE TRABAIo

y

DESIGUALDAD

Los aspectos mencionados en

el

apartado

anterior

serían

el

vasto

conglomerado que

integra cualquier

mercado de trabajo, pero

la

configuración

definitiva varía

según los contextos

definiendo

las

distintas

trayectorias

del

mercado laboral. Primero se revisan dos conceptos clave para entender las actuales

transformaciones

-la

flexibilidad

y

segmentación-

y por último

se

aborda

la

casuística española.

3.1.

Flexibilidad

y segmentación del mercado de trabajo

Actualmente,

la

situación

por la

que

atraviesa

el

mercado

de trabajo

se

(18)

t

María Arnal

Mer<ttckt rle trubujo ¡' desiguultlod

@ EDfCIONES UEM.CEES 17

incertidumbre

a todos los niveles,

tanto

en

el

mercado de capitales como en el

de

productos,

y

a

la

que tradicionalmente se viene respondiendo a través de la

flexibilización.Parece que la mayor gravedad de la crisis del empleo en los países europeos se debe,

como

señala

y

critica Fina

(1987

y

1991), a

las

rigideces del

mercado de trabajo, caracterizado

pot el

excesivo

poder de los grupos

de

presión

-sindicatos-, la

alta protección social,

la

insuficiente

capacidad

innovadora

cle las empresas

y

la

fuerte

intervención

del Estado en la economía;

por ello la

solución mayoritariamente

aceptada parece pasar por

flexibilizar

el

mercado

de trabajo

y

el

marco

institucional

de contratación adaptándolo

al contexto económico de crisis.

Sin embargo, el

propio

concepto está sujeto a la misma

incertidumbre

que

la

realidad

económica. Se cuestiona

la

validez

del

término flexibilidad (Pollert,

1,99I)

por su

carácter polisémico que

dificulta

Ia

identificación

del

referente

empírico, pues

abarca

cualquier

aspecto

e

interpretación posible,

y

por

el

marcado carácter ideológico que encierra, pues, en términos generales, se acepta

cltre

la

flexibilidad

es

algo

positivo

y

la rigidez

algo

negativo. Entre

sus

bondades,

clestaca:

1)

la vuelta

a

la estabilidad

social

por

presuponerse

la

cooperación de los

trabajadores

y

la identificación con los

intereses

de

la

empresa,

ya

que los nuevos modelos

productivos

requieren

mayor implicación

de la mano de obra,

y

2) la capacidad reguladora o de ajuste del mercado en

un

ambiente marcado

por el resurgir

de las

políticas

económicas

neoliberales,

permitiendo

a los empresarios aumentar la

competitividad

reduciendo costes a

partir

de la

reorganización de las

plantillas

y

a

los

gobiernos

disminuir

los costes financieros e

impedimentos

legales

y

administrativos

para la creación de

empleo

(Atkinson,

1987).

La dimensión ideológica

es

clave para entender la valoración de

la

flexibilidad

en las empresas

y

sus repercusiones en la configuración del mercado de trabajo, como señala Hyman:

"La

idea de

flexibilidad

absoluta es imposible

y

absurda: explícita o implícitamente, lo que se está debatiendo más bien es el "nivel

y

distribución" de Ia regularidad

y

la variabilidad. Definir ciertas regularidades sociales como

rigideces (más que como puntos de estabilidad) y otras como flexibilidades (en

vez de como áreas de incertidumbre) es imponer una evaluación determinada, apoyar una distribución particular de las opciones

y

limitaciones/

y

por tanto proponer una estructura particular de poder social. Por ello, la pregunta no es

¿rrgrdez o flexibilidad?, sino ¿qué tipos de rigidez? Y en lo que se refiere a las

(19)

I

María Arnll

O EDICTONES UEM-CEES I8

,llett uLlo dc trulxt jtt t' de.si¡4wrldud

sentido, la dimensión ideológica es fundamental, pues un aspecto decisivo en el debate sobre

la flexibilidad

es

determinar quién

gana o

pierde

con una

determinada serie de dispositivos institucionales

y

qué intereses se verían favorecidos o perjudicados por su modificación.> (Hyman, 7997:408).

Parece

que los beneficiados con los cambios propuestos serían

los

empleadores

al

conseguir

mayor libertad

de

actuación

y

los perjudicados

en

seguridad, salario

mínimo

u

horario

laboral los trabajadores

(Hyman,

L991). En el nuevo contexto, sin embargo, donde la capacidad permanente de adaptación a

Ia

incertidumbre

-flexibilidad-

se convierte en <un

valor

en sí misma> (Streeck

cfr.

Hyrnan,

1991,:41,0) se requiere algo más que

la

superación de determinadas

rigideces,

es

necesario

preparar las

concepciones

y

estructuras,

sociales y

económicas, para el cambio permanente. Hasta ahora sólo se ha dado el

primer

paso y, como señalan

Atkinson

y Hyman, han sido los empresarios,

junto

con los

gobiernos, los que han tomado la

iniciativa

de

lo

que debe permanecer

o cambiar,

por ello

describiremos más adelante las

principales

consecuencias de estas políticas para la ordenación del mercado laboral.

Junto

a

la flexibilidad,

existe

también una

tendencia a

la

mayor

segntentnciott del mercødo. Siempre han

existido

una

pluralidad

de segmentos de

contratación, que evidencian

la

falacia de

un

mercado

único de trabajo

como

postulaban los

neoclásicos, cada

uno de los

cuales cuenta

con

sus

propias

dinámicas de funcionamiento, normas de entrada

y

estabilidad, de manera que

no

todos

los

trabajadores cuentan con

igualdad

de acceso al empleo, nivelación salarial o

posibilidad

de cambio de

un

segmento a otro, aun teniendo capacidades

y formación similares.

De forma simplificada,

las

primeras

formulaciones sobre

la

segmentación

apuntan a una serie de dicotomías: existen mercados internos de trabajo, aquellos regiclos

por

una

serie de normas

administrativas

propias de cada empresa que

sustituyen

a las

del

mercado en la asignación de puestos

y

salarios, protegiendo

a

los

trabajadores en

lo

referente a

ascensos,

remuneraciones etc. de

la

competencia

del

mercado externo

guiado

por

variables económicas.

A

su

vez,la

hipótesis

del mercado dual de trabajo propuesta

por

Piore (1975

y

L980) parte de la

distinción anterior

y

plantea la

existencia

de

tn

sector

primario

de

trabajo,

caracterizado

por la estabilidad

en

el

empleo,

posibilidades

de promoción,

normas

laborales formalizadas, buenos salarios

y

condiciones

de

trabajo;

y

un

sector seumdario caracterizado

por

la

precariedad,

sin

seguridad en

el

empleo,

elevada rotación,

arbitrariedad

en los comportamientos al sustituirse las normas

(20)

María Arnal

Mercado de trabajo y desigualdad @ EDICIONES UEM-CEES 19

trabajo.

Esta

distinción permite explicar la

situación de los

trabajadores más

desfavorecidos al verse

relegados

continuamente al

sector secundario; sin

embargo, tampoco las condiciones de

los

trabajadores

del

sector

primario

son homogéneas.

Piore

diferencia

entre

el

segmento

inferior,

cuyas características

coinciden básicamente con

las

ya mencionadas para

el

sector

primario, y

el segmento superior, cuyas características se asemejan en algunos aspectos a las del sector sectmdario

por la falta

de

nonnas

establecidas

y

las mayores pautas de

movilidad y

rotación,

salvo que estií

formado

por

profesionales

y

directivos en

los que

la seguridad

económica

y

en el mercado de trabajo les

permite

cambiar

fácilmente de puestos, siempre con

movilidad

ascendente; además de contar con

mayores sueldos,

status, ascensos

y

posibilidades

de

creatividad

e

iniciativa

individual

que los del segmento inferior.

Por su parte, el modelo de

empresa

flexible

que propone Atkinson

repercute igualmente sobre la segmentación laboral en los mercados intemos. Se

apunta la distinción

de

wt

núcleo central

formado

por

trabajadores altamente

cualificados

y

valiosos para

la

empresa sobre

los

que se busca

la flexibilidad

funcional,

y

un

Srupo periférico

de

trabajadores semicualificados fácilmente

sustituibles

que

permiten

a

la

empresa conseguir

flexibilidad

numérica, además

de

la

tendencia

a la

subcontratación

o extemalización

de

parte

de las tareas a

otras empresas.

Las teorías mencionadas evidencian la

diversidad

de segmentos laborales

en

el

mercado,

sin

embargo,

la

complejidad creciente en las normas

de

contratación

y

la

proliferación

de

categorías profesionales

y

variedad

salarial,

derivadas del aumento de las estrategias de

flexibilidad,

apuntan a

una

creciente

subdivisión y

estratificación

jerárquica

de los

distintos

segmentos de

tal forma

que

el

marco

dualista anterior

habría

sido

superado

(Villa,

1990). Es

en este marco donde se explica la tendencia a la

exclusión,la

polarización de las

cualificaciones,

la

desregulación

y diversificación

de las formas de contratación

que

Provocan la precariedad, de modo

más

intenso

en

los colectivos

más

desfavorecidos,

pero que

afectan

también

al

resto

de

trabajadores,

incluido

el nítcleo

central,

puesto que todos han perdido

garantías

y

derechos

(pollert,

reel).

3.2. Mercado de

trabajo

en España

La

dinámica

del

mercado

de

trabajo en

España

se

transforma

(21)

Mar ír Ar nal

O EDICIONES UEM.CEES 20

Mert utlo de trubujo ¡ tlesigualdud

del

período

pûternalistn represiao (Toharia, 1986:762)

del

franquismo

y la

crisis económica

que

padecen

los

países desarrollados. Tras

los primeros

años

de

la

tlansici(rn

política,

se acometen en

la primera

parte de

la

década de los ochenta

duras

reformas

económicas

de

ajuste

que provocan una gran destrucción

de

empleo

y

una profunda transformación

de las relaciones laborales, Con

las

grandes peculiaridades que los modelos

económicos keynesiano

y

neoliberal

tienen en el caso español, Prieto (799aa) sitúa en la etapa que va de 7977 a 1985 el

cambio de tendencia de

un modelo

a

otro, definido

el

primero por

la

intervención

y

proteccionismo de las relaciones laborales

-a

cambio

de

restricciones en

la práctica sindical

y

pérdida

de

libertad

individuales-

y

el

segundo

por la retirada del

gobierno en su regulación

y

el cambio de tendencia clejando paso a la economía de mercado.

En

definitiva,

se pasa

del período anterior

caracterizado

por la

fuerte

rigidez Inbornl

-la

mayoría de los contratos son

indefinidos

y

con alta protección frente a

los

despidos en su mayoría

disciplinarios-

y

el pleno empleo -gracias al desnrrollisnlo de los años sesentay a la emigraciónla como

válvula

de escape- a la

sittración actual marcada

por

la crisis estructural

y

la tendencia a la desregulacion

y

precnriednd

de los contratos que

afecta

principalmente a algunos

colectivos,

entre ellos jóvenes y mujeres.

Así,

con

la mirada

puesta en alcanzar

la flexibilidad

necesaria

para

la creación de puestos de trabajo, se ha

ido

modificando

en sucesivas ocasiones el

Estatuto

cle

los

Trabajadores

de

1980,

el

código que regula las

relaciones de

tlabajo. La

Ley

de

Reforma

Laboral

de

1984

y

la última de

7994

ahondan

las

diferencias entre los que gozan de un puesto de trabajo estable

y

los que acceden

en condiciones

precarias, pues

al

invocar

"la libertad contractual"

(Gil

y

Gil,

7994:36I) se deja poco margen a

la

estabilidad e

igualdad

laboral. Aparecen los

contratos en prácticas, de

formación,

a

tiempo parcial,

de relevo,

jubilación

parcial, para menores de veintiséis años, para mayores de cuarenta

y

cinco años,

para mujeres,

por

lanzamiento de

actividad, eventual,

obra

y

servicio,

interinidad

etc. En

la última

reforma

laboral

(Camps, 1994; SaIa, 1994), además

c1e

algunas

modificaciones

en

la gran diversidad

de

formas

de

contrato,

la

r1 El Colectivo Ioé (1994) señala la persistencia de más españoles en el extranjero que

inmigrantes en España. Por este motivo, y dado el escaso número de población activa extranjera (123.800, de los que eI 42% pertenencen a algún país de la Unión Europea, según la E.P.A. Segundo

Trìmestre de 1996) no se incluyen aquí, no obstante forman parte en su gran mayoría del mercado secunctario o precario. Veáse Wiewiorka (1994) para un análisis de la situación de los inmigrantes

(22)

lvlar'ía Ar nal

tV¿ruulo de tnrbujo y desiguuldad

O EDICIONES UEM.CEES 2I

legalización de

las empresas

privadas de

trabajo

temporal

--consideradas antes ilegales pero que funcionaban en la práctica como contratistas- y la clesaparición

de

la

preferencia

por

el

contrato

indefinido,

se avanza en la flexibilizacion de la

gestión

y

extinción

de

los

contratos

reduciendo

la

intervención

de

la

aclministración en

asuntos como

la

movilidad

funcional

y

geográfica,

las

condiciones de trabajo o el despido. Sin

embargo, como

indica

A.

Martín

(1995:67),la

"flexibilización

y

desregulación

no

son conceptos equivalentgs,', la

estabilidad también genera

flexibilidad

en la medida que

posibilita

la adaptación

al entorno

y

la predicción de comportamientos.

Más en

concreto,

la

caracterización

actual

del

mercado

de trabajo

viene

definida por la

consolidación

de

algunas pautas iniciadas en

la

década

de

los setenta. Entre ellas,

la

terciarización, aumento de los niveles de formación de la

mano

cle

obra,

creciente

incorporación de

la mujer al

mercado

de

trabajo

y

el

cìuñ€flto del número

de jóvenes en edad de trabajar. Para su estudio se cuenta

con las

estadísticas oficiales de

la

Encuesta

de Población

Activa

(EPA)

o

el

Instituto

Nacional de Empleo

(INEM)

que, siguiendo las categorías que indica la

Organización Internacional

del Trabajo (OIT), clasifican a Ia población en edad de

trnbajar según

su

situación laboral en población actiua, inactitta

y

contadn nparters.

Fuera

quedarían

la

llamada

economía sumergida,

cuya importancia

es

difícil

de

cuantificar

pero en todo

caso

creciente

desde

la

década

de los

ochenta y

favorecida

por

la

actual

flexibilidad

del

empleo (Prieto, I994a)

y

todas aquellas

fornns

de

trabøjo

que no

se

traducen

en actividad

o

empleo pøra

el

ntercado (Borderías ,7994), caso del trabajo doméstico, considerado inactiao cuando es Por cner-rta

propia -ama

de casa-, y actiao cuando es Por cuenta ajena -empleada de

lrogar-.

Resumiendo, en

el

mercado

de trabajo

oficial

no

constan todas

las

situaciones

de

trabajo, tampoco toda

la

población

en

edad de trabajar

se ha

rs Entre ambas fuentes, la EPA realizada con periodicidad trimestral por el INE y la estadística que registran mensualmente las oficinas del INEM, hay diferencias. Mientras que el INE

nraneja estimaciones estadísticas sobre la situación laboral en la semana anterior a la encuesta

(realizada a 60.000 familias), el INEM trabaja co¡ datos registrødos efectivamente en su oficinas'

En cuantc'¡ a la clasificación de la OIT las categorías serían: población actiaa que integra a los

ttcttpntlos.. aquellos que tienen un empleo por el que reciben unos ingresos, que a su vez se clasifican scgún sean trabajadores por cuenta ajena (asalariados) o por cuenta propia (empresarios y trnbninclores

inrle¡tenclientc.s) y a los parados: los que no tienen empleo pero lo buscan activamente y están ctisponibtes para ocuparlo. La pobløción inactiaa está formada por aquellas Personas que no bienen

un empleo ni lo buscan activamente, es el caso de quienes se ocuPan del propio hogar, estudiantes,

Referencias

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