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El amor en el matrimonio. Capitulo IV Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia

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El amor en el matrimonio.

Capítulo IV Exhortación Apostólica

Postsinodal Amoris Laetitia

Roberto Carlos Cuenca Jiménez

*

Resumen

La vocación del ser humano, es la llamada de Dios al hombre a vivir en plenitud. La recuperación del ver-dadero sentido de la vocación implica el desarrollo de la persona en su máxima dignidad. Es meritorio que la educación y la formación para el matrimonio contri-buya a la formación de la persona desde una vivencia integradora, es decir, que sea capaz de vivenciar los principios, las virtudes y valores. En el presente artículo se analiza el contexto del “Amor en el matrimonio que abarca los numerales desde el 89 al 119, del capítulo IV Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia” y la reflexión con los documentos eclesiales y otros autores que se refieren al término amor, al matrimonio como sacramento, a la importancia del matrimonio como una comunidad de amor donde se vivencia la fe, las virtudes y el encuentro como esposos, padres e hijos. En este con-texto, se evidencia el reconocimiento del amor cristiano, como un aporte a la construcción de una familia más digna y humana.

Palabras clave: Amor, matrimonio, sacramento, fe,

virtudes, valores y familia

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Love in marriage.

Chapter IV Post-Synodal Apostolic

exhortation

Amoris Laetitia

Summary:

The call of God to live fully is our human vocation. The recovery of a true sense of this vocation involves the recognition of the complete dignity of every person. It is commendable that education and training for marriage contributes to the formation of the person from an inte-grative experience, that is, so that they might be capable of experiencing principles, virtues and values. This arti-cle analyzes the context of “Love in marriage covering the numerals from 89 to 119, Chapter IV Synodal Apos-tolic Exhortation Amoris Laetitia” and reflects on Church documents and those of other authors referring to the term “love”, marriage as a sacrament, the importance of marriage as a community of love where faith, the virtues and the encounter of spouses, parents and children is experienced. In this context, Christian love is recognized as a contribution to building a more dignified and human family.

Key words: Love, marriage, sacrament, faith, virtues,

values and family

de la Familia (Asesoramiento, Orientación, Mediación e Intervención Familiar) en la Universidad Santiago de Compostela/Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL) de Ecuador, en 2007. Mediador de Conflictos y miembro del Centro Alternativo de Resolu-ción de Conflictos (CENARC). Diplomado en Gestión del Talento Humano en la UTPL en 2008 y Licenciatura Ciencias de la Educación, mención Ciencias Humanas y Religiosas (UTPL) en 2008. Filosofía y Teología Universidad de Navarra-España. Docente

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a Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia,

en el capítulo IV “El Amor en el matrimonio” abarca los numerales desde el 89 al 119. Al inicio del capítulo enunciado señala:

Todo lo dicho no basta para manifestar el evangelio del matrimonio y de la familia si no nos detenemos especial-mente a hablar de amor. Porque no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimula-mos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar1.

La fundamentación del amor desde una dimensión cristiana se cita en el (numeral 90), en el llamado Himno de la caridad escrito

por san Pablo, vemos algunas características del amor verdadero:

El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”. (1 Co 13,4-7).

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Sin embargo, es necesario realizar un recuento del amor a lo largo de la historia se lo ha relacionado con las vivencias propias de la humanidad, con acontecimientos ejemplares, como es el caso de personajes que han trascendido en la Historia. Además el sentido de ahondar en el matrimonio, las virtudes, los valores y la comu-nidad de amor que constituye la familia como célula primordial de la sociedad. En este sentido, Enrique Rojas en relación al tema del

amor menciona algunas características importantes desde los pen -sadores griegos hasta la forma actual de vivir el amor. A continua-ción brevemente lo más significativo:

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que conduce a la libertad. Con el aparecimiento del Roman-ticismo surgen ideales expresados en la libertad; vuelta a los sentimientos puesto que la realidad es decepcionante. En la época postmoderna, en la que estamos viviendo actual-mente, nos encontramos ante la realidad de un amor ficticio, un simple placer, como también en un amor de telenovela, es decir un amor degradado por el aspecto sexual que se ha llegado a convertirse en mercancía, en simple «objeto» que se puede comprar y vender; más aún, el hombre mismo se degrada hasta el punto de reducirse en un simple objeto que se puede utilizar de cualquier manera, lo cual atenta grave-mente contra su propia dignidad2.

En este sentido, Alejandro Llano explica que:

“La clave última de la vida lograda no está en el conocer, sino en el querer, en el amor. «Mi amor es mi peso», decía Agustín de Hipona. Mi amor es lo que da una definitiva dirección a mi vida, lo que la logra, lo que la planifica. Además la vida del espíritu se acrecienta cuando se comparte. Antonio Machado lo expresó certeramente: “Moneda que está en la mano, tal vez se deba guardar. La monedita del alma se pierde si no se da”3.

Al respecto, Rodríguez Guerro dice que: “El amor es acto del espíritu, no es un acto psicológico y, por tanto, no habría que confundirlo con el afecto que se explica más bien en el mundo del alma”4.

¿Cómo se debe entender el amor?

Algunas personas lo confunden con los celos, el control, el abuso, el maltrato, las exigencias excesivas y los gritos. El amor implica confianza, protección, respeto a los gustos del otro,

comuni-2 Cf. ROJAS, Enrique. La ilusión de vivir. Madrid: Ediciones Planeta, 2005, pp. 41-74.

3 LLANO, Alejandro. La vida lograda. Barcelona: Ariel, 2002.

4 RODRÍGUEZ GUERRO, Á. Antropología y cultura medica contemporánea. Loja (Ecuador):

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cación, detalles, ayudas al crecimiento emocional y espiritual. Con-siste en compartir la vida con alegría, dialogar sobre las diferencias y preferencias, y respetar la integridad física, moral y espiritual de la persona amada. La diferencia entre las personas que se aman de las que no se aman es un sano equilibrio entre sentimientos y actuaciones positivas y negativas. El varón unida a la mujer o vice-versa serán más felices y más estables cuando las dos personas se esfuercen por vivir más profundamente su promesa de un autén-tico amor apoyado en el perdón y en la buena convivencia.

La Madre Teresa de Calcuta al referirse al tema del amor dice que:

“El amor comienza en el hogar; el amor vive en los hogares y esa es la razón por la cual hay tanto sufrimiento y tanta infelicidad en el mundo de hoy… Todo el mundo hoy en día parece estar en tan terrible prisa, ansioso por desarrollos grandiosos y riquezas grandiosas y lo demás, de tal forma que los niños tienen muy poco tiempo para sus padres. Los padres tienen muy poco tiempo para ellos, y en el hogar comienza el rompimiento de la paz del mundo.” “Hoy el mundo está de cabeza, y está sufriendo tanto porque hay tan poquito amor en el hogar y en la vida de familia. No tenemos tiempo para nuestros niños, no tenemos tiempo para el otro, no hay tiempo para poder gozar uno con el otro”5.

“El amor es paciente, servicial y sin envidia. No quiere

apa-rentar ni se hace el importante. No actúa con bajeza, ni busca

su propio interés. El amor no se deja llevar por la ira, sino que olvida las ofensas y perdona. Nunca se alegra de algo injusto y siempre le agrada la verdad. El amor disculpa todo; todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. El amor nunca pasara.”

(I Corintios 13, 4-8).

Por tanto, el amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano.

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El amor viene a ser como el resumen y el resultado de todas las

virtudes. Aunque, mejor pensado, habría que decir que el amor es el motor de las restantes virtudes. De esta manera, es fundamental,

vivir desde el amor, en correspondencia con el mayor bien posible,

no es una tarea fácil, pero el amor requiere el ejercicio de todas las virtudes. Quien obra bien, de acuerdo con su naturaleza, se quiere bien a sí mismo, que es requisito para querer a los demás. La

prác-tica de la virtud crea un tipo de vida armonioso y estable, con satis -facciones del más alto nivel. La persona virtuosa es, en cierto modo,

invulnerable.

La única garantía posible es que el amor sea auténtico, que se base en una verdadera relación de encuentro. El encuentro es una relación estable y fecunda que debe ser creada. Por eso, el

verda-dero amor sabe esperar, respetar y valorarse entre personas.

2. ¿Qué es el Matrimonio?

El ser humano, más que su conocimiento y su manera de pensar, es persona.

El matrimonio es la unión de un hombre con una mujer, fruto de su amor y donación. El matrimonio como la plenitud del amor que es capaz de sacar a la persona de su egoísmo para unirla total-mente a lo que ama; hace a la persona más persona, más creativa, más equilibrada, más dueño de sí mismo, en definitiva, más feliz; es decir, se da el amor verdadero en el que los dos dejan de decir yo, para decir nosotros; porque es eterno y fecundo.

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“La sexualidad tiene como fin intrínseco el amor; más psamente, el amor como donación y acogida, como dar y reci-bir. La relación entre un hombre y la mujer es esencialmente una relación de amor. Cuando dicho amor se actúa en el matrimonio –que es su ámbito propio–, el don de sí expresa, a través del cuerpo, la complementariedad y la totalidad del don; cuando por el contrario falta el sentido y el significado del don en la sexualidad, se introduce una “civilización de las cosas y no de las personas”; una civilización en la que las personas se usan como si fueran cosas. En el contexto de la civilización de placer, la mujer puede llegar a ser un objeto para el hombre, los hijos un obstáculo para los padres”6.

El amor verdadero es ese amor sin límite, que es fiel, que es compasivo y servicial, que no es egoísta, que todo lo perdona, que todo lo espera, que todo lo cree. El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. Sólo el

amor vive para siempre.

Según Juan Pablo II, en la Carta Encíclica Evangelium Vitae menciona: “El hombre y la mujer están en relación con los demás ante todo como custodios de sus vidas”7. También Pío XII, en la

Carta Encíclica Summi Pontificatus hace referencia:

“La persona no debe ser considerada únicamente como individualidad absoluta, edificada por sí misma y sobre sí misma, como si sus características propias no dependieran más de que de sí misma. Tampoco debe ser considerada como mera célula de un organismo dispuesto a reconocerle, a lo sumo, un papel funcional dentro de un sistema…”8.

El matrimonio es la salvaguarda de la persona frente a un mundo lleno de racionalismo y materialismo, es el refugio para la

6 Consejo Pontifico para la Familia. Sexualidad humana: verdad y significado. Orientaciones educativas en familia, no. 11. Recuperado de http://www.vatican.va/roman_curia/ pontifical_councils/family/documents/rc_pc_family_doc_08121995_human-sexuality_ sp.html

7 Evangelium Vitae 12.

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demanda de cobijo. De aquí que hoy el matrimonio sea una institu-ción de gran estabilidad frente a las amenazas del mundo externo.

En el texto de Antropología De Angelis Bernardo & Zordan Paolo se menciona además que:

“Persona” es un término que quiere designar al hombre en su totalidad e indicar al mismo tiempo el carácter esencial, lo que diferencia del resto de la naturaleza. Pero “la noción de persona adquiere su significado más pleno, a partir del dogma de la Trinidad, en los primeros siglos del cristia-nismo, a partir del término latino persona, correspondiente con los términos griegos prosopon e hipóstasis, fueron ela-borados por los padres de la Iglesia a la luz de la revelación cristiana”9.

En la antropología el matrimonio es tanto personal e interper -sonal, es un acontecimiento social y a la vez involucra a toda la per-sona humana, así el matrimonio es el paradigma de la realización del hombre en sentido más amplio e integral, por hacer sacar de este hombre todas sus capacidades de desarrollo. De esta manera, se puede comprender los siguientes elementos antropológicos:

a) El ser con el otro es una realidad originaria de este vínculo, la

relación profunda y constitutiva de un Yo frente a una Tu.

b) El amor que abarca al hombre total, a todo su mundo y a lo que se genera en el mismo acto amoroso, los hijos y la familia.

c) La aceptación incondicional y mutua entre los que se aman. d) Esta aceptación del uno al otro lleva a la fidelidad, teniendo en

cuenta que la unión de este amor es permanente.

e) La creatividad y la procreación como acto natural y manifesta-ción del ser del hombre y la mujer.

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Por eso, en el Catecismo de la Iglesia Católica dice que: “El ser humano tiene la dignidad de persona: no es solamente algo, sino alguien”10; por lo que es capaz de conocer y amar; es decir, tiene

profundidades impensables de entendimiento, libertad y creativi-dad. Es alguien en definitiva, cuya dignidad está fundamentada en Dios.

La dignidad de la persona no es consecuencia de su obrar

moralmente, sino que, ésta, le es intrínseca al hombre por el hecho mismo de ser persona. La dignidad del hombre nace del hecho de haber sido creado por Dios a su imagen y semejanza, haber sido reconciliado por Cristo y estar llamado a la Bienaventuranza del

cielo.

3. Matrimonio como sacramento

Es la donación mutua de los cónyuges que se expresa en el consentimiento, pues éste se supone expresión de algo interior. Forma: Es la aceptación de los cónyuges expresado en el consen-timiento, que puede ser por palabras o por preguntas. El contrato matrimonial se realiza en la aceptación y voluntaria de los cónyu-ges. Ministro: Son los contrayentes, los propios cónyucónyu-ges. Efectos:

como Contrato son, la indisolubilidad y la unidad.

El Catecismo de la Iglesia Católica en relación al matrimonio señala:

“Es la alianza matrimonial por la que un hombre y una mujer constituyen una íntima comunidad de vida y de amor, fue dada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza está ordenada al bien de los cónyuges así como a la generación y educación de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Señor a la dignidad de sacramento”11.

10 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 357.

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Como Sacramento recibe: Gracia santificante, Gracia sacra-mental habitual, Gracias actuales para cumplir los deberes de estado (indisolubilidad, amor, santificación de los esposos, educa-ción de los hijos, castidad conyugal). El que contrae un matrimonio cristiano no sólo promete mantener la unión con el cónyuge, sino

crear con él un modo de unidad cada día más valioso, más seme -jante a la unidad que tenía Jesús, el Maestro, con el Padre y los seres humanos; unidad de condición tan alta que le llevó a dar la vida por

amigos y enemigos.

Los esposos, al advertir que su amor es una participación en el Amor que dio origen al universo, ven asombrados que su matri-monio es una realidad excelsa que revela en una figura visible una

realidad misteriosa y presenta, así, un carácter sacramental. La

complejidad del vínculo se da en ser una realidad entre dos per-sonas de diferente sexo y a dos instancias sociales: la civil y la reli-giosa. Podremos decir que: a) Desde la teología el matrimonio es una realidad terrena y a la vez mistérica en Cristo. Desde la vida, el sacramento del matrimonio es complejo, ya que este no solo se termina con la muerte de uno de los cónyuges, sino que supone la plenificación de la vida de las personas que se aman.

Para San Pablo la castidad por el reino es un don que el trata de vivir y desea que todos los hombres lo vivan, pero está cons-ciente que esta tarea es un don particular de Dios. No se condena el matrimonio, sino que este es una salvaguarda a la concupiscencia y así entendida es una obligación moral para no quemarse (1 Cor. 7, 8-9). Estas relaciones entre los esposos son de carácter recíproco y no de una superioridad del hombre hacia la mujer. Con San Agustín, el matrimonio es bueno, el cual es bendecido por Dios al comienzo del mundo, y elevado por Cristo a simbolizar la unión del él con

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del mismo. Según Santo Tomás, la indisolubilidad del matrimonio garantiza como fin primario la procreación y la educación de los hijos y moralmente exigida por el fin secundario, la ayuda mutua.

Los esposos que se hallan dispuestos a consagrar su vida al logro de la felicidad del cónyuge saben que Jesús está en medio de ellos con un modo muy real y eficiente de presencia. Este Jesús pre-sente constituye la mayor fuente de energía de los esposos, la que les permite crear incesantemente su relación amorosa y elevar su calidad. Los esposos reciben de Dios el don de una nueva respon-sabilidad su amor paterno está llamado a ser para los hijos el signo visible del mismo amor de Dios, del que proviene toda paternidad

en el cielo y en la tierra. En virtud de la sacramentalidad de su matri -monio, los esposos quedan vinculados uno a otro de la manera más profundamente indisoluble.

4. Matrimonio y Familia

En la base de esta relación frontal de amor, también las relacio-nes que se entablan con los demás miembros de la familia, y entre ellos, deben inspirarse en el amor y caracterizarse por el afecto y el apoyo mutuo. El amor auténtico, lejos de encerrar a la familia en sí misma, la abre a la sociedad entera, dado que la pequeña familia doméstica y la gran familia de todos los seres humanos no se opo-nen, sino que mantienen una relación íntima y originaria. Por eso, en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, realza de manera bien clara que: “El futuro de la humanidad pasa a través de la fami-lia”12 que, en nuestro tiempo, ha sido marcada, más que cualquier

otra institución, por las profundas y rápidas transformaciones de la

cultura y la sociedad.

Para una mejor contextualización de la familia hay que tener presente su origen y naturaleza. Etimológicamente la palabra

fami-lia proviene del latín, famulus, un siervo, uno que cuida y atiende. La Naturaleza propia de la familia comprende: Unión de hombre

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y mujer, (no desnaturalizar). Voluntad de permanencia, (cuando están enamorados, jamás piensan en una separación). Es el núcleo de la sociedad. En ella se da la maduración de las relaciones

huma-nas. Es un ámbito de crecimiento y bienestar.

La familia cumple un rol muy importante en la educación en valores y virtudes en la vida de cada ser humano. Por lo que al redescubrimiento de la familia puede llegar por sí sola la razón, escuchando la ley moral inscrita en el corazón humano. La fami-lia, comunidad “fundada y vivificada por el amor”13 encuentra su

fuerza en la alianza definitiva de amor con la que un hombre y una mujer se entregan recíprocamente, convirtiéndose juntos en cola-boradores de Dios para transmitir la vida.

Si pensamos en nuestras familias, ni se nos ocurre creer que falten estos elementos, sobre todo los dos primeros. ¿Y cómo pensar que esto se rompa? En las Catequesis de S.S. Juan Pablo II, siempre decía que no puede faltar en la comunidad cristiana un serio com-promiso de redescubrimiento del valor de la familia y del

matrimo-nio14. Ese compromiso es tanto más urgente, cuanto que este valor

hoy es puesto en tela de juicio por gran parte de la cultura y de la sociedad. En la actualidad, no sólo se discuten algunos modelos de vida familiar, que cambian bajo la presión de las transformaciones sociales y de las nuevas condiciones de trabajo. Es la concepción misma de la familia, como comunidad fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, la que se ataca en nombre de una ética relativista que se abre camino en amplios sectores de la opi-nión pública e incluso de la legislación civil.

5. Fe, virtudes y valores del matrimonio y familia

La crisis de la familia se transforma, a su vez, en causa de la crisis de la sociedad. No pocos fenómenos patológicos como la sole-dad, la violencia y la droga se explican, entre otras causas, porque

13 Familiaris Consortio, 18.

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los núcleos familiares han perdido su identidad y su función. Donde cede la familia, a la sociedad le falla su entramado de conexión, con consecuencias desastrosas que afectan a las personas y, especial-mente, a los más débiles: niños, adolescentes, minusválidos, enfer-mos, ancianos... El Catecismo de la Iglesia indica que la familia es la “célula original de la vida social”15. Es la sociedad natural donde el

hombre y la mujer son llamados al don de sí en el amor y en el don de la vida. La autoridad, la estabilidad y la vida de relación en el seno de la familia constituyen los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad.

Los esposos junto a los hijos constituyen una comunidad en la que, desde la infancia, se puede aprender los valores morales, comenzar a honrar a Dios y a usar bien de la libertad. La vida de familia es iniciación a la vida en sociedad. Al mismo tiempo, la fami-lia es educadora en la fe, en los valores y virtudes; escuela del amor y del compromiso. “La familia transmite la fe cuando cree, ama y espera”. “La familia, como la mejor escuela de oración y de vida”. “La familia, como la mejor escuela de oración y de vida”. La familia, pri-mera escuela de amor. El amor como valor primordial en la familia

educa: la sensibilidad, la actitud, los principios morales, la entrega

de valores; lo cual, va constituyendo a sus miembros de la familia en formarse para la vida en auténticas personas de bien.

Al respecto López Quintas, Alfonso mencionaba que para dar

primacía voluntariamente a unos valores sobre otros, necesitamos:

“Suscitar en nuestro ánimo desde niños el sentimiento de asombro ante todo lo que encierra un valor: el clima hoga-reño de amor incondicional y ternura, un bello paisaje, un pueblo acogedor, una obra artística o literaria de calidad, un juego vivido con espíritu creativo, una conversación inge-niosa, un día espléndido, una acción noble, una fiesta popu-lar o litúrgica vivida con autenticidad...”16.

15 Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2207.

16 LÓPEZ QUINTAS, Alfonso. La grandeza específica de la vida matrimonial. Recuperado de

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Las virtudes, los valores, las buenas costumbres, los princi -pios éticos, se entienden y asimilan mejor cuando se basan en la

práctica diaria y en el trato con otras personas, especialmente en el

ambiente hogareño. Es decir, la influencia de los padres de manera directa en sus hijos y los abuelos indirectamente puede ayudar a

la tarea de educar a los nietos. Por eso, es de trascendental impor -tancia en la impregnación de valores: el ambiente cálido que debe haber dentro de la familia, el diálogo, la comunicación entre todos,

el interés de educar en valores primordiales como la voluntad, el

esfuerzo, el orden, la sinceridad, el amor hacia los demás, la

tole-rancia y en la trascendencia.

Es verdad que los educadores tienen la responsabilidad de ayudar a formar al ser humano desde los valores, el pensamiento, pero no lo es todo, porque necesita primero del apoyo primordial y fundamental de la familia, que tiene la tarea de orientar, educar, for-mar e impartir su propio ejemplo desde el amor y desde la vivencia de valores y virtudes; es decir, la función primordial de la familia, es la de ayudar a los hijos integralmente, a ser verdaderas personas

de bien.

La familia nace del amor de los padres y como fruto de ese amor son sus hijos. El amor es la esencia que crea, que alimenta, que hace crecer y multiplica la bondad. “La familia constituye el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y perso-nalización de la sociedad”17. De que nos serviría conquistar y

des-cubrir el mundo entero si no amamos y somos amados por las tres

o cuatros personas que viven a nuestro lado. Amar sinceramente, es renunciar al egoísmo, al conformismo, el amor exige entrega, sacrificio y donación, eso es precisamente lo se debe vivir en la familia.

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CONCLUSIONES

El presente análisis sobre el amor en el matrimonio concluye:

La manera de entender el amor a lo largo de la historia que ayuda a tener un conocimiento claro, lo cual permite diferenciar de una dimensión filosófica, social, psicológica de un verdadero significado cristiano, consolidando de esta manera, la fundamen-tación de una valoración humana y trascendente de la expresión

amor.

La incidencia del significado del amor, el matrimonio como sacramento, las virtudes, los valores que se vivencian en la rela-ción de esposos, de padres a hijos ayuda a profundizar en el sen-tido propio de la realidad actual de la familia, donde se desarrolla

la persona.

Centrar la vida matrimonial y familiar en la reflexión y en la vivencia de la fe, mediante el compromiso sacramental permite que la vida de los esposos contribuya al fortalecimiento de los valores espirituales, humanos, sociales que engrandecen el amor, el

matri-monio en todos sus ámbitos con la presencia de Cristo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

AUTORES VARIOS. Las enseñanzas de la Madre Teresa. Madrid: Libro Latino, 1998.

Catecismo de la Iglesia Católica. Ciudad del Vaticano: Librería Edi -trice Vaticana, 1993.

CONSEJO PONTIFICO PARA LA FAMILIA. Sexualidad humana: verdad

y significado. Orientaciones educativas en familia, no. 11. Recu-perado de http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_ councils/family/documents/rc_pc_family_doc_08121995_ human-sexuality_sp.html

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LLANO, Alejandro. La vida lograda. Barcelona: Ariel, 2002.

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Referencias

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