La huella ambiental de la UE y sus posibles impactos comerciales para los productos alimenticios de exportación de la Argentina

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La huella ambiental de los productos no se refiere solamente a las emisiones de gases de efecto

invernadero –la huella de carbono–, sino que también contempla el impacto sobre la biodiversidad, los

recursos naturales y sobre el uso y manejo del agua, entre otros. La Unión Europea está desarrollando

–a nivel unilateral– una metodología armonizada para el cálculo de la huella ambiental de los productos

(Product Environmental Footprint o PEF, por su sigla en inglés) que incluye a la huella de carbono. Para ello, la

Comisión Europea está realizando proyectos piloto y pruebas relativas a las reglas de categoría de huella

ambiental de los productos (Product Environmental Footprint Category Rules o PEFCR, por su sigla en inglés)

en los cuales participan, en su gran mayoría, empresas y organizaciones de productores provenientes de

Europa. La relevancia de este hecho radica en que las PEFCRs resultantes de la fase piloto se convertirán

en las reglas de producto válidas para la huella ambiental de los productos de la Unión Europea, para

ser utilizadas en la UE e internacionalmente por todas las partes interesadas del sector alimenticio que

decidan medir el desempeño de sus productos basados en la huella ambiental. Esto puede traer como

consecuencia posibles impactos sobre los productos alimenticios argentinos de exportación con destino

al mercado europeo.

Del presente estudio se desprende que las exportaciones de productos argentinos que podrían verse

afectadas por la aplicación de metodologías de huella ambiental, y que tienen como destino a la Unión

Europea de 28 miembros, alcanzaron un valor promedio cercano a los US$ 922 millones en el período

2011-2014. Del análisis a nivel de producto surge que las principales exportaciones argentinas a la UE que

podrían sufrir consecuencias son las que corresponden a las carnes (por un valor promedio de US$ 531

millones en 2011-2014), seguidas por las de vinos (US$ 188 millones) y de pescados (US$ 147 millones).

En términos generales, frente a este escenario, los gobiernos de los países exportadores de productos

alimenticios –como la Argentina– enfrentan desafíos de política que requerirán de una estrecha alianza

público-privada en pos de: i) concientizar a los diferentes actores respecto de los riesgos y desafíos que

entraña este tipo de medidas para las exportaciones, ii) desarrollar estrategias para cuestionar estas

medidas en los foros comerciales pertinentes, y iii) promover una participación activa en los foros de

discusión de metodologías de cálculo de la huella ambiental de los productos con el fin de evitar sesgos

desfavorables hacia sus productos alimenticios de exportación.

Resumen

posibles impactos comerciales

para los productos alimenticios de

exportación de la Argentina

María Victoria Lottici

Laura Daicz

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1. Introducción

E

l debate sobre la cuestión de “comercio y cambio climático” se da en un contexto internacional en el que los países desarrollados se encuentran en proceso de diseñar e implementar medidas de mitigación al cambio climático –medidas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero– relacionadas con el comercio. Entre ellas se destaca el etiquetado de los productos en relación con las emisiones de gases de efecto invernadero o huella de carbono de los productos. Al respecto, la principal propuesta unilateral es la contenida en la Ley Grenelle 2 de Francia. Esta iniciativa fue fuertemente cuestionada por la Argentina(1) en el ámbito de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ya que podría suponer un obstáculo técnico al comercio, dado que el etiquetado implicará un mayor costo –por la certificación– y un gravamen administrativo para los productores de países en desarrollo (Lottici, Galperín y Hoppstock, 2013).

Pero el concepto de huella de carbono ya estaría siendo superado por el desarrollo de metodologías relativas a la “huella ambiental” de los productos. Esta huella es más amplia que la huella de carbono, ya que no se refiere solamente a las emisiones de gases de efecto invernadero, sino también al impacto sobre la biodiversidad, los recursos naturales y sobre el uso y manejo del agua, entre otros criterios (Galli et al., 2012). Esta diferencia es de especial relevancia en aquellos casos de sectores productivos en los cuales las emisiones de gases de efecto invernadero no son el principal factor de impacto ambiental.

Esta huella se encuentra en etapa de análisis en la Unión Europea, donde se está desarrollando –a nivel unilateral– una metodología armonizada de huella ambiental de los productos (Product Environmental Footprint o PEF, por su sigla en inglés) que incluye a la huella de carbono. El proyecto está siendo coordinando por la Comisión Europea, en especial por la Dirección General de Medio Ambiente en conjunto con el Centro Común de Investigación (Joint Research Centre - JRC). La UE ha señalado que resulta necesario un enfoque sector-específico y producto-específico de modo de tomar en consideración las características particulares de las funciones de producción de cada sector. Un punto preocupante es que la UE avance en este tema sin contar todavía con una definición de huella ambiental consensuada internacionalmente. Además, es probable que los criterios para su certificación no consideren las características propias de los países en desarrollo ni de sus sistemas productivos, por lo que serían de difícil cumplimiento por parte de los productores de esos países (Lottici, Galperín y Hoppstock, 2013).

2. La huella ambiental de la Unión Europea

Según la Comisión Europea, la proliferación de métodos para evaluar y comunicar el desempeño ambiental de los productos genera confusión a los consumidores y ocasiona costos adicionales a las empresas que deben cumplir con distintos métodos (Comisión Europea, 2013). Es por ello que elaboró una Recomendación “sobre el uso de métodos comunes para medir y comunicar el comportamiento ambiental de los productos y las organizaciones a lo largo de su ciclo de vida” (Comisión Europea, 2013). Con este fin define a la huella ambiental como “una medida multicriterio del comportamiento ambiental de un bien o servicio a lo largo de su ciclo de vida”.

Esta huella tendrá en cuenta diversos tipos de impacto ambiental, tales como el cambio climático, el agotamiento de la capa de ozono, la toxicidad del agua dulce, los efectos sobre la salud humana, el agotamiento de los recursos naturales renovables y no renovables, la transformación de los suelos y otras categorías de impacto que se consideren relevantes (Comisión Europea, 2013).

Para el desarrollo de una metodología armonizada para el cálculo de la huella ambiental de los productos, la Comisión Europea se basó en distintos sistemas, normas y estándares. Entre ellos se destacan el Sistema Internacional de Referencia para los Datos sobre el Ciclo de Vida (International Reference Life Cycle Data System o ILCD Handbook) como así también en normas metodológicas que incluyen la PAS 2050 (Publicly Available Specification 2050) del Reino Unido, el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero –desarrollado por el World Resource Institute y el World Business Council for Sustainable Development–, las mejores prácticas relativas al etiquetado ambiental de los productos de consumo (BP X30) de Francia, y los estándares ISO 14025 sobre declaraciones ambientales e ISO 14040 sobre el análisis del ciclo de vida de los productos, entre otros (Comisión Europea, 2015 a).

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En cuanto al estado de avance en el desarrollo de la huella ambiental de los productos, la Comisión Europea está realizando proyectos piloto y pruebas relativas a las reglas de categoría de huella ambiental de los productos que pueden traer como consecuencia posibles impactos sobre los productos alimenticios argentinos de exportación con destino al mercado europeo. El objetivo de estas pruebas es examinar y validar el proceso de desarrollo de las reglas, su verificación, la medición de la huella y la forma de comunicar el desempeño ambiental de los productos.

2.1. Proyectos piloto de la huella ambiental de los productos

El período de fases piloto de la huella ambiental de los productos que está llevando adelante la Comisión Europea se inició en 2013 y se extenderá hasta fines de 2016. Están en proceso proyectos piloto para 24 tipos de productos, 11 de ellos alimenticios. Los proyectos piloto de la huella ambiental de los productos se dividieron en dos etapas. La primera fase comenzó en noviembre de 2013 e incluyó, entre otros productos, baterías, detergentes de uso doméstico y equipos informáticos –en el caso de los productos de cuero y de aislamiento térmico incluidos en esta fase, se acordó una fecha de inicio posterior (junio de 2014) con el fin de aprovechar sinergias con los proyectos piloto relacionados con los productos alimenticios, que fueron incluidos en la segunda etapa piloto. La segunda fase piloto empezó en junio de 2014. Entre los productos seleccionados para participar de esta etapa se encuentran los productos lácteos; cerveza; café; pastas; alimento para animales destinados a la producción de alimentos; pescados; carne bovina, porcina y ovina; aceite de oliva; y vinos (Comisión Europea, 2015 b) (Recuadro 1).

2.2. Pruebas de las reglas de categoría de la huella ambiental de los productos

Las Reglas de Categoría de Huella Ambiental de los Productos (Product Environmental Footprint Category Rules o PEFCR, por su sigla en inglés) tienen por objeto proporcionar orientación técnica detallada sobre cómo llevar a cabo un estudio de impacto ambiental del producto(2). Estas normas complementan la orientación metodológica general para la huella ambiental al proporcionar una mayor especificación a nivel de producto (Comisión Europea, 2015 a).

Cabe destacar que los postulantes de todos los productos seleccionados para la segunda etapa piloto se propusieron también para liderar el proceso de desarrollo de las PEFCRs. La relevancia de este hecho radica en que las PEFCRs resultantes de esta fase piloto se convertirán en las reglas de producto válidas para la huella ambiental de los productos de la UE, para ser utilizadas en la UE e internacionalmente por todas las partes interesadas del sector alimenticio que decidan medir el desempeño de sus productos basados en la huella ambiental (Comisión Europea, 2015 c).

Frente a este escenario, los gobiernos de los países exportadores de productos alimenticios –como la Argentina– enfrentan desafíos de política que requerirán de una estrecha alianza público-privada en pos de promover una participación activa en los foros de discusión de metodologías de cálculo de la huella ambiental de los productos con el fin de evitar sesgos desfavorables hacia los productos alimenticios argentinos de exportación.

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3. Posibles impactos comerciales de la huella ambiental para

los productos argentinos

Los potenciales impactos comerciales de la huella ambiental de los productos para terceros países, como la Argentina, pueden analizarse tanto desde una perspectiva cualitativa como también cuantificando en términos monetarios el valor de los productos de exportación argentinos que podrían verse afectados por esta iniciativa de la UE.

3.1. Impacto comercial del etiquetado: un análisis cualitativo

Si las etiquetas adosadas a los productos brindan información al consumidor sobre los atributos del producto, para así diferenciar los productos y tener más elementos al momento de decidir la compra, ¿por qué muchos países en desarrollo vienen expresando su preocupación por el posible impacto comercial negativo de los etiquetados referidos al impacto ambiental?

En la respuesta se combinan cuestiones relacionadas con la información brindada, la percepción del consumidor y la política de los países que adoptan estos etiquetados, sin importar si estos etiquetados son públicos o privados, voluntarios u obligatorios.

En primer lugar, los atributos de los productos se suelen dividir en “inspeccionables”, “experimentables” y de confianza (Nelson, 1970; Darby y Karni, 1973). En los primeros, el consumidor puede determinar la presencia del atributo por sí mismo; en los atributos experimentables, el consumidor detecta la presencia mediante el uso; en los de confianza, el consumidor depende solamente de la información brindada por el productor. Los atributos referidos al impacto ambiental pertenecen a esta última categoría.

En segundo lugar, la decisión del consumidor depende de cómo percibe el problema ambiental al que se refiere el etiquetado. En general, los consumidores de los países europeos suelen asignarle mucha importancia a las cuestiones ambientales al decidir su compra. Resultados de una encuesta reciente muestran que el 54% de los encuestados suele adquirir productos “environmentally-friendly”; que una amplia mayoría (89%) cree que la compra de estos productos ayuda al cuidado del ambiente; que 77% pagaría más por un producto que cuida el ambiente; y que el impacto ambiental es el tercer factor tenido en cuenta al comprar un producto, luego de la calidad y el precio (TNS Political & Social, 2013). En Europa abundan diversos etiquetados sobre el impacto ambiental de los productos, tanto en la etapa de procesamiento como en la de consumo y disposición final (Gruère, 2013). Muchos de estos etiquetados suelen iniciar su etapa de debate y testeo en los países europeos, de allí los cuestionamientos que recibe la Unión Europea en los foros internacionales en los cuales se tratan cuestiones de política comercial.

En tercer lugar, la forma que asumen estos etiquetados y la “letra chica” de los instrumentos legales que los avalan y sustentan pueden afectar las condiciones de competencia en el mercado, favoreciendo a unos productos y perjudicando a otros. Esto resulta claro en lo que hace al comercio exterior, donde de una manera sutil se puede beneficiar al producto local en desmedro de los productos importados. Este proteccionismo ambiental oculto se encuentra en casos en los cuales lo que se informa favorece de manera abierta a los productores locales, más allá de si el impacto ambiental es mayor o menor que el de los productos importados. Por caso, en el etiquetado de la huella de carbono, si la información se concentra en las emisiones de carbono en la etapa de transporte del producto, es evidente que los productos que provienen de lugares distantes llevan las de perder; en cambio, si la información se refiere a las emisiones en todas las etapas del ciclo de vida del producto, puede darse que el producto local cuente con mayores emisiones en la etapa de producción que más que compensen las emisiones asociadas al producto importado que tuvo que recorrer largas distancias para llegar al destino final.

Además, estos son etiquetados en los cuales no se informa sobre la presencia o no de cierto atributo, sino sobre la magnitud de dicho atributo, y en los cuales es muy arbitraria la definición del umbral que determina que los consumidores vean como “bueno” a un producto que no supera dicho umbral, y como “malo” a un producto que lo supera(3).

Todo esto explica que en especial sean los países en desarrollo quienes más cuestionan estos etiquetados, no

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porque se oponen a informar sobre el impacto ambiental, sino porque dicha información puede darse de un modo que discrimine sus productos, violando así el principio de trato nacional, unos de los pilares de las normas multilaterales de comercio.

El principal ámbito en el cual se expresan estas preocupaciones es la OMC. Por ejemplo, la Argentina ha sostenido en el Comité de Comercio y Medio Ambiente en Sesión Ordinaria de la OMC su preocupación por la proliferación de diferentes metodologías para el cálculo de la huella de carbono, como la PAS 2050 y el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero, citadas precedentemente. En este Comité ha manifestado que dichas metodologías presentan dificultades en cuanto a su alcance, transparencia en sus procesos de elaboración y costos de certificación, debido a que (Lottici, Galperín y Hoppstock, 2013):

i) en las metodologías de cálculo no existe un criterio uniforme respecto de qué etapas del ciclo de vida del producto quedarían abarcadas para la contabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero. En ese sentido, mientras que algunas metodologías incluyen las emisiones ocurridas durante la producción, distribución, y/o consumo del producto, otras también suman las emisiones generadas en la fabricación de los insumos, lo cual presentaría serias dificultades metodológicas y prácticas;

ii) resulta preocupante el incremento de los estándares privados en materia ambiental, incluidos los estándares de huella de carbono, dado que esos estándares limitarían el acceso de los productos de países en desarrollo, menoscabando el rol de los estados como reguladores del comercio internacional;

iii) el proceso de certificación de la huella de carbono resultaría costoso y de difícil cumplimiento, en especial para los países en desarrollo y para las pequeñas y medianas empresas ubicadas en esos países. Dicha inquietud se basa, en primer lugar, en que muchos países en desarrollo no cuentan con certificadoras nacionales propias, por lo cual en la mayoría de los casos deberían contratar certificadoras extranjeras y, en segundo lugar, en que en general se requiere que la certificación se realice en el país importador.

Estas preocupaciones son también aplicables a la huella ambiental. Al respecto, en la reunión de este Comité de la OMC de octubre de 2014, la UE presentó su iniciativa de etiquetado de huella ambiental (OMC, 2015). Allí la UE sostuvo que la iniciativa tiene el objetivo de reducir los costos de los oferentes que quieren informar sobre este atributo ambiental de sus productos, aumentar la confianza de los consumidores y mejorar el acceso de los productos ecológicos.

Diversos países en desarrollo, como la Argentina, Cuba, India, México, Pakistán y Sudáfrica, expresaron sus inquietudes respecto de que esta iniciativa podría generar obstáculos al comercio más allá de lo necesario para cuidar el ambiente, inquietudes que en esencia reiteran conceptos referidos a la huella de carbono. Entre las preocupaciones se encuentran: i) que la iniciativa pueda ser obligatoria en el futuro; ii) que no se tomen en cuenta las necesidades de los países en desarrollo; iii) que los países en desarrollo podrían tener limitaciones para cumplir con las prescripciones de estos sistemas de etiquetado; y iv) que la exigencia de información sea desproporcionada para las PyMEs exportadoras.

A ese respecto, cabe resaltar los avances en el etiquetado de sostenibilidad en la industria del vino que está llevando adelante el Grupo Mundial del Comercio del Vino (GMCV o World Wine Trade Group - WWTG). El GMCV es una agrupación de países productores de vino entre los que se encuentran la Argentina, Australia, Canadá, Chile, los Estados Unidos, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Con respecto a los etiquetados de sostenibilidad ambiental en la industria del vino, cabe destacar la Declaración de Auckland que realizó el GMCV (Grupo Mundial del Comercio del Vino, 2012) en la que exige que las medidas relacionadas con el etiquetado sean transparentes, no discriminatorias y aplicadas de conformidad con los acuerdos de la OMC (conforme al art. 4 del Acuerdo de 2007 del GMCV sobre los requisitos para el etiquetado del vino). Asimismo, la Declaración requiere que los etiquetados sean claros, específicos, exactos, veraces y no engañosos para el consumidor (art. 5 (1) del Acuerdo de 2007).

3.2. Impacto comercial del etiquetado: un análisis cuantitativo

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3.2.1. Antecedentes

Estudios precedentes realizados por el Centro de Economía Internacional en relación con la huella de carbono (Lottici, 2012) ya mostraban la relevancia que tiene la Unión Europea dentro de los mercados de destino de las exportaciones argentinas de productos potencialmente afectados por estándares o etiquetados ambientales. En particular, dentro de las principales iniciativas sobre la medición de la huella de carbono sobresalían las acciones llevadas adelante en el Reino Unido y en Francia, donde se prestó especial atención a los productos alimenticios comercializados en grandes cadenas minoristas. Según el estudio de Lottici (2012), la canasta de exportaciones potencialmente afectada por esquemas de medición de huella de carbono de los productos corresponde en una elevada proporción –en torno al 90%– a productos agroalimentarios y de la pesca.

De un análisis más detallado –a nivel de partida, esto es, a 4 dígitos del Sistema Armonizado (SA)– se desprende que las principales exportaciones argentinas que podrían sufrir consecuencias corresponden a la carne vacuna y sus preparaciones; vinos; crustáceos y pescados; cítricos; manzanas y peras y otros frutos; jugos de frutas; y miel natural. Estas partidas constituyeron los diez primeros productos en cuanto a su valor promedio de exportación para el período 2007-2010. En particular, la canasta de exportaciones potencialmente afectada por esquemas de medición de huella de carbono de los productos con destino a la Unión Europea alcanzó en promedio los US$ 2.818 millones en el período 2007-2010, lo cual representa el 29% de las exportaciones argentinas al mundo de productos afectados.

3.2.2. Datos y metodología

En el análisis de la canasta de productos de exportación de la Argentina susceptible de afrontar efectos negativos por la aplicación de metodologías relativas a la huella ambiental se consideraron los productos involucrados en los proyectos piloto y pruebas relativas a las reglas de categoría de huella ambiental de los productos que está llevando adelante la Comisión Europea mencionados en la sección 2.1. En particular, se tuvieron en cuenta los productos que participan de la segunda fase piloto, que comenzó en junio de 2014 y que pueden traer como consecuencia posibles impactos sobre los productos alimenticios argentinos de exportación con destino al mercado europeo. Estos bienes pueden denominarse productos sensibles e incluyen a productos lácteos; cerveza; café; pastas; alimento para animales destinados a la producción de alimentos; pescados; carne bovina, porcina y ovina; aceite de oliva; y vinos.

Para este análisis se incluyeron las subpartidas –6 dígitos del SA– clasificadas según el Sistema Armonizado 2007 (SA 2007) correspondientes a dicho listado de productos, que fueron exportadas por la Argentina a la Unión Europea de 28 miembros (UE-28) y al mundo. Los productos que la Comisión Europea presenta en las fichas piloto (Comisión Europea, 2015 b) están clasificados según la clasificación estadística de productos por actividades (CPA) o la nomenclatura estadística de actividades económicas en la Comunidad Europea (NACE). El conjunto de subpartidas presentadas en este análisis surge como resultado de buscar para dichos productos su correspondencia en el SA 2007 (Cuadro A1 del Anexo). Como período de análisis se consideró el comprendido entre 2011 y 2014, y se tomó el valor promedio de exportaciones.

Al igual que en Lottici (2012), el análisis efectuado considera el valor de las exportaciones potencialmente involucradas y no constituye un análisis de simulación de cuánto podrían variar las exportaciones en caso de que este etiquetado se ponga en marcha. De este modo, se puede tener una aproximación del peor escenario, que es aquel en el cual se supone que el etiquetado termina actuando como una barrera comercial infranqueable.

3.2.3. Resultados

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El análisis de las exportaciones a la Unión Europea indica que la canasta de exportaciones potencialmente afectada representó el 8,1% de las exportaciones argentinas a este destino (Cuadro 2).

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las carnes. En cuanto a las exportaciones de carne bovina, porcina y ovina potencialmente afectadas por la huella ambiental, la Unión Europea recibió el 42,8% de las exportaciones argentinas de este producto en el período estudiado. En la exportación de pescados la participación de la Unión Europea fue de 29,6%; en la de vinos 21,4% y en la de alimentos para animales 12,4%.

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4. Consideraciones finales

La huella ambiental de los productos no se refiere solamente a las emisiones de gases de efecto invernadero –la huella de carbono–, sino que también contempla el impacto sobre la biodiversidad, los recursos naturales, y sobre el uso y manejo del agua, entre otros. Esta huella se encuentra en etapa de análisis en la Unión Europea, una región muy activa en lo que se refiere a etiquetados ambientales –que ha demostrado liderar en el mundo este tipo de procesos– y con consumidores sensibles a estas cuestiones. Esto puede traer como consecuencia posibles impactos sobre los productos alimenticios argentinos de exportación con destino al mercado europeo.

En la actualidad, la Comisión Europea está realizando proyectos piloto y pruebas relativas a las reglas de categoría de huella ambiental de los productos (PEFCR). La relevancia de este hecho radica en que las PEFCRs resultantes de estos proyectos piloto se convertirán en las reglas de producto válidas para la huella ambiental de los productos de la Unión Europea, para ser utilizadas en la UE e internacionalmente por todas las partes interesadas del sector alimenticio que decidan medir el desempeño de sus productos basados en la huella ambiental.

Otro punto preocupante es que la Unión Europea avance en este tema sin contar todavía con una definición de huella ambiental consensuada internacionalmente. Además, es probable que los criterios para su certificación no consideren las características propias de los países en desarrollo ni de sus sistemas productivos, por lo que serían de difícil cumplimiento por parte de los productores de esos países. Las preocupaciones con respecto a que esto podría generar obstáculos al comercio más allá de lo necesario para cuidar el ambiente vienen siendo expresadas por la Argentina y otros países en desarrollo en la OMC, ámbito primario para plantear este tipo de inquietudes.

Del análisis cuantitativo del impacto comercial de la huella ambiental de la UE surge que las exportaciones de productos argentinos que podrían verse afectadas por la aplicación de metodologías de huella ambiental, y que tienen como destino a la Unión Europea de 28 miembros, alcanzaron un valor promedio cercano a los US$ 922 millones en el período 2011-2014, que representaron el 19,6% de las exportaciones argentinas de productos sensibles al mundo. Del análisis a nivel de producto se desprende que las principales exportaciones argentinas a la UE que podrían verse afectadas son las que corresponden a las carnes, seguidas por las de vinos, pescados y alimento para animales.

Si bien solo el 8,1% de las exportaciones argentinas a la Unión Europea podrían verse afectadas, el impacto a nivel de productos es muy importante, principalmente en el caso de las carnes. En cuanto a las exportaciones de carne bovina, porcina y ovina potencialmente afectadas por la huella ambiental, la Unión Europea recibió el 42,8% de las exportaciones argentinas de este producto en 2011-2014. En la exportación de pescados la participación de la Unión Europea fue de 29,6%; en la de vinos, 21,4% y en la de alimentos para animales, 12,4%.

En términos generales, frente a este escenario, los gobiernos de los países exportadores de productos alimenticios –como la Argentina– enfrentan desafíos de política que requerirán de una estrecha alianza público-privada en pos de: i) concientizar a los diferentes actores respecto de los riesgos y desafíos que entrañan este tipo de medidas para las exportaciones, ii) desarrollar estrategias para cuestionar estas medidas en los foros comerciales pertinentes, y iii) promover una participación activa en los foros de discusión de metodologías de cálculo de la huella ambiental de los productos con el fin de evitar sesgos desfavorables hacia sus productos alimenticios de exportación.

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Referencias

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