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Prácticas de gestión y liderazgo en tiempos de pandemia

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Prácticas de gestión y

liderazgo en tiempos

de pandemia

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Desafíos docentes en el universo digital. Una reflexión desde una

visión post - pandémica.

Mtro Paul Matías Carrasco Hernández1

Resumen

El presente artículo reflexiona sobre el lugar que tienen las tecnologías educativas en la formación docente. A partir del análisis de la sociedad contemporánea y sus desafíos, la revisión del rol docente se hace impostergable. Muchas veces utilizamos las nuevas tecnologías únicamente como forma de reafirmación de prácticas, y no como una manera de poder analizar y actuar en la realidad desde otra dimensión. Debemos acceder a una pedagogía que vea al docente como una reunión dialéctica entre la teoría, la práctica y la formación personal. Es entonces que nos preguntamos ¿qué competencias a nivel de educación virtual debe de desarrollar un docente? ¿Cómo se redefinen las relaciones entre la teoría y la práctica? ¿Qué estrategias de adaptación podemos ensayar en este mundo cambiante? Trataremos de ensayar algunas respuestas desde la formación de un docente prosumidor que pueda llevar adelante un plan de desarrollo profesional acorde a su realidad y contexto. Las reflexiones están dirigidas a docentes y estudiantes de formación en educación, y se basará en un entrecruzamiento entre bibliografía pertinente y seleccionada, además de reflexiones desde un punto de vista educativo.

Introducción

En la actualidad y de la mano con importantes sucesos globales, la tecnología al servicio de la educación está tomando un gran protagonismo. No ya como un recurso novedoso o atractivo para los estudiantes, sino como principal canal de comunicación. La necesidad de no perder el vínculo educativo en momentos de crisis ha resultado en que se convierta en una balsa de rescate en flotando en medio de la tormenta. Pero luego de haber podido abordar: ¿hacia dónde dirigirla?

1Maestro de Educación Primaria por los Institutos Normales de Montevideo (II.NN.). Especializado en Dificultades del Aprendizaje por la Universidad Católica. Diplomado por la Universidad de Cambridge. Docente del Seminario de Educación Sexual en los II.NN. Docente Orientador Tecnológico en CFE.

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¿Cómo lograr que ese recurso pueda llevarnos a buen puerto? ¿Cómo lograr que el uso de la misma no se convierta en un mero ejercicio de supervivencia?

Los ciudadanos utilizamos a diario las enormes posibilidades comunicativas que nos dan los dispositivos, pero estas demoran muchísimo en ofrecer posibilidades educativas; y más tiempo aún, en ser tomados oficialmente como canales válidos. Accedemos sin lugar a duda a un problema multicausal, debemos reflexionar sobre el por qué la tecnología demora tanto en tomar protagonismo dentro del abanico de nuestras herramientas pedagógicas.

Siguiendo el pensamiento de Bauman (2006), el mundo moderno en el cuál podríamos en cierta medida dominar y anticipar las imprevisibles fuerzas del mundo natural y social, ha terminado, el mundo moderno y “sólido” poco a poco ha dejado de existir, aunque la escuela, como uno de los últimos bastiones de la modernidad se empecine a no aceptar los cambios. Ya no podemos dar respuestas sólidas, debemos aceptar lo imprevisible, la incertidumbre, la “liquidez”, aprender a manejarnos en un mundo nuevo. Dentro de este concepto debemos tratar de redefinir la virtualidad y cómo la misma ingresa nuestra cultura profesional.

Otro autor que nos lleva a reflexionar sobre los movimientos que se producen en este mundo, donde el cambio es permanente, es el Sur Coreano Byung – Chul Han. Haciendo referencia a la percepción del tiempo y cómo este distorsiona en cierta medida la visión de la realidad nos dice:

“Toda la historia del pasado, como la utopía, la revolución y el mito, fluye hoy hacia la máquina de la información como hacia un estanque con un muro de contención, que luego arroja afuera poshistorias (datos sin conclusión) consumibles cada vez con mayor rapidez. La información no es ninguna conclusión por eso tiende a proliferar y masificarse. En eso se distingue tanto del saber como del conocimiento y la verdad”. (Byung – Chul Han 2013 p 15)

Muchas veces cuando nos encontramos frente a vacíos, a problemas que nunca antes hemos abordado, los docentes nos servimos del sentido común para analizarlos, con el peligro que esto conlleva de dar respuestas ambiguas, que muchas veces responden a viejas concepciones.

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Esto obviamente nos puede llevar a concurrir a prácticas dudosas y poco relevantes. El que el uso de la tecnología y su constante análisis, forme parte de la “cultura” del docente, requiere que la misma sea tomada para lograr nuevas capacidades, no para reafirmar algunas que ya han sido logradas.

En estos tiempos de crisis estamos asistiendo al peligroso fenómeno de ensanchamiento de la brecha social, que pone en muy diversos lugares de partida a los estudiantes. La educación no está siendo un punto de encuentro sino muchas veces de alejamiento entre sectores sociales. Muchos estudiantes de niveles económicos y culturales deprimidos no están teniendo un acceso gratuito y sostenido a las herramientas necesarias para el aprovechamiento de los lazos sociales y vinculares que propone la mal llamada “educación a distancia”. Es aquí donde los docentes debemos afinar nuestra visión reflexiva, para poder dar respuesta desde nuestro rol a estos problemas tan urgentes.

Desarrollo, los desafíos actuales en tiempos de covid 19

En la actualidad, al desafío de la formación permanente, se le suma el problema a resolver de no poder ejercer clases presenciales. Hasta el día de hoy las herramientas telemáticas no eran usadas como principal forma de comunicación pedagógica. Pero así como el mundo y la realidad ya no son estáticos ni predecibles, la educación tampoco lo es, y las variables que antes se manejaban de forma más simple, hoy nos enfrentan a caminos diversos muchas veces poco explorados por los docentes. Lo dicho puede significar entonces una oportunidad de enseñar de forma diferente, o por el contrario puede ser un obstáculo para el docente si se queda anclado en aquella educación predecible y estática.

En este sentido Jean Houssaye entiende a la pedagogía como una reunión dialéctica entre la teoría, la práctica y la formación personal. Y este saber, que nace de la praxis, deviene de la incertidumbre y la opacidad (Houssaye, 2014). El repensar en cómo se da la adquisición de la experiencia y la manera de enfrentarla a la formación pedagógica, es uno de los desafíos.

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conceptos universales, ideas abstractas, generalizaciones atemporales, a una realidad concreta, dependiente de contexto y con grandes demandas muchas veces presionadas por la falta de tiempo.

Podemos decir que la teoría soluciona los problemas “conociendo” y la práctica “haciendo”. Desde una idea de educación permanente, un docente debe hacer suya la teoría creada fuera del aula, teorizando desde la acción en una relación de interdependencia.

En este punto el objetivo es acompañar la reflexión para que los docentes vayan logrando confianza en sus propias capacidades y habilidades, lo que permitirá a la postre, que la toma de decisiones sea consciente y coherente. Según Elder y Paul:

“La autonomía intelectual es la característica que uno adquiere conforme aprende a tomar responsabilidad por la autoría del pensamiento propio y de su propia vida. Es lo opuesto a ser dependiente de otros para la dirección y el control de las decisiones de la vida personal. Los pensadores críticos reconocen que la autonomía intelectual es una extraña cualidad en la vida de los humanos, en la cual la mayoría de la gente, en lugar de pensar por sí misma, se conforman con las creencias y comportamientos grupales.” (Linda Elder Richard Paul 2005 p 31 )

El desarrollo de la autonomía es algo que se da progresivamente en un devenir que permite que el docente, logre adoptar ideas propias a partir de fundamentos teóricos sólidos.

Una de las estrategias que planteamos como forma de que la tecnología sirva como un puente entre la formación inicial y las primeras experiencias de prácticas autónomas, es que el docente sea capaz de crear un plan de desarrollo profesional. ¿Qué queremos decir? Que como docentes debemos analizar las prácticas para poder generar saberes generales que sean extrapolables a otras situaciones, articulando la acción, la investigación y la formación, para dar respuesta a las crisis actuales y futuras.

Desde este punto de vista debemos pensar en cómo se le acerca a los futuros docentes el uso de la tecnología, si desde un camino que la misma le sirva como recurso a la hora de enseñar,

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o por el contrario forme parte de un dispositivo mayor.

Y así como el mundo y la realidad ya no son estáticos ni predecibles, la educación tampoco lo es y las variables que antes se manejaban de forma más simple hoy nos enfrentan a caminos diversos muchas veces poco explorados por los docentes.

Es indudable que la vida cotidiana está cambiando de forma veloz, pero no podemos caer en pesimismos y en la inacción, debemos ver dónde puede estar la oportunidad, y cómo se puede potenciar la acción educativa, en este sentido Maristella Svampa nos brinda la siguiente reflexión:

“La pandemia del coronavirus y la inminencia del colapso abren a un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse no solo la imaginación política tras la necesidad de la supervivencia y el cuidado de la vida, sino también la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado.” (Svampa M 2020 p 10)

En concordancia con lo expuesto, entendemos que los sistemas de formación deben convertirse en dispositivos que permitan a los docentes a transitar desde sus primeras prácticas dentro de los parámetros de un aprendizaje continuo. Lo anterior debe estar basado en el cambio profundo de la visión del uso de la tecnología como simple recurso educativo, hacia un nuevo paradigma donde las tecnologías sea una herramienta para la innovación. La sociedad actual con sus repentinos cambios hace que el conocimiento se transforme en una propiedad muy valiosa, pero el mismo debe estar en constante revisión para que no pierda su valor.

Otra prioridad es el planificar estrategias de formación que incluyan como objetivo, competencias adecuadas, que fomenten los conocimientos que deben tener los docentes para interactuar positivamente con la sociedad actual. Los planes de desarrollo deben fomentar competencias comunicativas, la capacidad de resiliencia y competencias sociales tales como la empatía.

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donde se dará esa formación permanente, ya que desde una postura actualizada, no tiene por qué confinarse a un un solo espacio ni a una sola fuente. El mismo puede darse en centros de formación docente, el aula, pero también en el medio social, o en medios académicos ampliados.

Otros de los puntos a tener en cuenta, en este plan de desarrollo profesional, es el aprendizaje colaborativo. Los desafíos de la educación del siglo XXI requiere en gran medida una fuerte apuesta al trabajo en equipo. Según el pensamiento de Denisse Vaillant, si queremos atender la necesidad de transformación de los sistemas educativos latinoamericanos, hay que reflexionar sobre políticas de desarrollo profesional docente y los nuevos escenarios de colaboración entre maestros y profesores (Vaillant, 2016). En este marco el trabajo en equipos docentes se vuelve realmente imprescindible.

Otra arista que no podemos dejar de lado es la contextualización en la comunidad donde se realiza la práctica de la profesión. El análisis desde una perspectiva social, permite determinar las formas culturales, contenidos, valores y destrezas, que hacen que el docente se convierta en un miembro activo y a su vez agente de creación cultural. Es fundamental para el desarrollo de la acción educativa, el mantener un fluido contacto con el medio social donde se encuentra el alumnado , así como también instituciones y movimientos sociales existentes en la zona. Trabajar en el acercamiento social y en el aumento de las posibilidades de conectividad, debe ser prioridad. El poner en funcionamiento un modelo integral de acción indudablemente nos interpela en el sentido de cómo los mismos van a ser monitoreados, lo que nos lleva a reflexionar en el papel de la evaluación. Uno de los ejes debe ser, el no ver a la educación como un resultado, sino como una oportunidad para rehacerse de forma continua, no como un resultado, sino como proceso. Debemos alejarnos de la estandarización y resolver integrar a todos los participantes en las tareas evaluatorias, accediendo a una evaluación “para el aprendizaje” en un esquema retroalimentado. El esfuerzo debe estar orientado a que todos los alumnos se sientan capaces de aprender y adaptarse a las nuevas circunstancias. La evaluación formativa debe ser orientadora de la acción pedagógica, buscando formas de evaluación sana que apunte al bienestar de los alumnos (Moreno 2016). En un plan de desarrollo profesional actualizado, debe tener como prioridad, que

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los docentes y los alumnos tengan conciencia de su propio aprendizaje y puedan planificar las estrategias necesarias. Otra cosa importante a nivel de aprendizaje, es que el mismo tienda a ser autodirigido, por lo tanto la adquisición de habilidades de evaluación y autoevaluación son vitales.

Conclusiones, mirando hacia el futuro.

A modo de finalización diremos que el rol del docente también debe cambiar dando lugar a la experimentación de nuevos diseños y estrategias, dando paso a experiencias innovadoras y proyectos de calidad.

Es así que si los docentes quieren hacer un buen uso de las TIC, tienen que ir más allá del mero consumo de información y recursos. Tienen que estar preparados para ser agentes activos dentro del sistema educativo. Y justamente es en esta mutación del rol, que el docente se empodera y va más allá de ser un técnico aplicador de un currículum, se vuelve activo, agente capaz de cambiar y colaborar en la realidad en la que vive.

Los resultados deben estar ligados a un cambio en la concepción de la formación de los docentes, dejando atrás conocimientos rígidos para dar lugar a una enseñanza por competencias aplicadas a proyectos concretos y a la resolución de problemas asociados a la vida real del siglo XXI.

En concordancia con lo expuesto, entendemos que estas prácticas realizadas desde la respuesta pedagógica a los problemas de aislamiento social provocadas por el estado pandémico, deben convertirse en dispositivos que permitan a los docentes a transitar hacia un aprendizaje continuo. Lo anterior debe estar basado en el cambio profundo de la visión del uso de la tecnología como simple recurso educativo, hacia un nuevo paradigma donde la tecnología sea una herramienta para la innovación. La sociedad actual con sus repentinos cambios hace que el conocimiento se transforme en una propiedad muy importante, pero el mismo debe estar en constante revisión para que no pierda su valor.

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De ninguna manera nos podemos quedar con una mirada o un sentimiento de desesperanza, debemos recuperar los aprendizajes que nos deja esta situación tan particular. Es importante destacar que nuestro sistema educativo dio una respuesta clara en condiciones de severa conmoción, lo que demuestra el valor de los docentes uruguayos en todos los niveles.

Bibliografía

Bauman Z (2006) El miedo líquido: La sociedad contemporánea y sus temores. Paidós.

Byung Chul Han (2016) Por favor cierra los ojos. A la búsqueda de un tiempo diferente. Herder Editorial.

Svampa M (2020). Reflexiones para un mundo post corona virus. Nueva Sociedad.

Dussel, Ferrante, Pulfer (2020) La educación de pasado mañana. Notas sobre la marcha. Fundación Carolina. Serie formación virtual.

Yaccar, María Daniela (29/6/20). Carlos Skliar: “Volver a la escuela va a ser complicado por cómo están chicos y educadores”. https://www.pagina12.com.ar/275284-carlos-skliar-volver-a-la-escuela-va-a-ser-complicado-por-co - Página 12.

Jean Houssaye (2014). Formar en pedagogía. Sí, ¿pero cómo? Estudios Pedagógicos, vol. XL, Número Especial 1: 275-283, 2014.

Vaillant D (2016) Trabajo colaborativo y nuevos escenarios para el desarrollo profesional docente. Revista docencia n 60, págs 5-13.

Moreno, T. (2016) Evaluación del aprendizaje y para el aprendizaje. México: UAM

NOTA:

El presente trabajo es publicado bajo la responsabilidad de sus autores, y con Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional. Los autores son responsables de que su texto cumpla con la normativa vigente sobre derechos de autor.

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