Literatura española del siglo XX (1896-1936)

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Literatura española del siglo XX (1896-1936)

Título: Literatura española del siglo XX (1896-1936). Target: Bachillerato de Humanidades. Asignatura: Castellano: Lengua y literatura. Autor: María del Carmen Chenoll Monzó, Licenciada en Filología Hispánica, Profesora de Castellano: lengua y literatura en Educación Secundaria.

Se pueden establecer dos fechas, una de comienzo, 1896 porque en este año aparece el libro de Prosas profanas de Rubén Darío que es quizás el ejemplo más representativo de que la nueva literatura esta presente. La fecha límite es 1936 por el hecho trágico de la guerra civil, hay un corte radical. Esa época se nombra Modernismo, que supone la culminación o alta modernidad. No es entendida como escuela o movimiento sino que identifica a la época (1896-1936). Esta época la podemos articular en dos subetapas en torno a una fecha eje, 1916. Una primera, de manifestación y una segunda de irradiación y culminación de toda la literatura modernista. Los años que van de 1930 a 1936 son años de conflicto, tensivos. A partir de 1930 y sobretodo después de los años 20, aparecen nuevas ilusiones e ideas, se siente que algo cambia; 1930 es la fecha de conciencia de crisis ya que las ideas dominantes y otros supuestos que afloran, se entremezclan. Por eso estos 6 años son caracterizados entre lo que termina y lo nuevo que dará sentido a la literatura de posguerra, empiezan a cambiar los gustos.

Toda época se levanta y tiene sentido en razón de unos fundamentos o supuestos ideológicos y estéticos. Cuando acaban, entra en crisis y la época termina.

Aquí hay dos tipos de fundamentos:

a) Una expresión del mexicano Octavio Paz que habla de tradición de la ruptura. Podemos decir que el Modernismo encuentra su culminación a la tradición de la ruptura, se alude a la idea de cambio. El primer fundamento es pues, “el cambio”. Esta época es profundamente dinámica. Esa tradición de la ruptura arranca del siglo XVIII, en este siglo vienen dos cosas; se acaba el misoneísmo (miedo a lo nuevo) y por tanto el creciente individualismo, el poder y la fuerza de la razón hacen que el miedo al cambio termine. No hay verdades absolutas. Pero a veces en cambio hay modernolatría, exceso de adoración por lo nuevo. En resumen, la tradición de la ruptura es la idea de cambio, como fundamento de época que lleva a la adoración de lo nuevo por ser nuevo. Época que es muy dinámica por esa misma razón.

b) El segundo fundamento es una radical actitud ANTI. Otro fundamento básico es la crisis de la razón racionalista que proviene del siglo XVIII, es la razón abstracta. Ahora se descubren los limites de la razón, la utopía de la razón de desmorona porque esta limitada. Al conocer los limites del raciocinio, se busca otro tipo de razón, es la que denomino el español Ortega, razón vital. La razón vital es la que trata de explicar lo singular, lo individual, lo particular frente a lo universal de la abstracta. además entran otras vías de conocimiento no racionales, el irracionalismo. Por tanto y en resumen hay una crisis de la razón homogeneizadora y en consecuencia la búsqueda de la razón vital o por otro lado la de otras vías pero ya de tipo irracional. Esto esta en consonancia con los descubrimientos de diversos mundos del tipo onírico, del inconsciente (irracionalismo). Todas estas esferas o mundos actúan en la literatura. La crisis abre vías de irracionalismos, de esferas del yo y sus correspondientes descubrimientos determinantes de nuestro actuar y comportamiento, de personalidad.

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Esa crisis se manifiesta en tres antis. El anticientificismo, el antiindustrialismo y el antiburguesía.

El anticientificismo: la ciencia destruyo muchos tabúes y explico muchas facetas de la realidad, pero ya Unamuno hablaba del fetichismo científico. Idolatramos la ciencia, ¿y que pasa con la ciencia? La ciencia da muchas respuestas pero no puede aclarar los grandes enigmas del ser humano y del mundo. Los modernistas sienten que la ciencia les deja al borde del abismo. Lo que podemos explicar realmente, es una pequeña parcela y se siente una frustración de la ciencia y por tanto del método científico que trata de reducir todo el funcionamiento a una legislatura, a taxonomías (clasificaciones). El método científico y la objetividad tienen también sus límites y por tanto se busca otros métodos de conocimiento. No se niega a la ciencia pero si se sienten frustrados porque no todo lo puede explicar. Es decir, ni la niegan ni siguen el fetichismo del siglo XVIII. El antiindustrialismo: Durante la época del industrialismo, se llevan a cabo esos grandes descubrimientos científicos y técnicos que tienen una aplicación sobre la sociedad y asistimos pues a un progreso material, mejoran las formas de vida. Ejemplos de esos descubrimientos son la electricidad, el tren, los automóviles, el teléfono, etc.… Si hay ese progreso, ¿porque se opone la sociedad? Las razones de ese anti se circunscriben a 3 órdenes o perspectivas.

• Perspectiva psicológica: indica que ese enorme progreso material lleva peligrosamente a un dominio materialista y por tanto esa única preocupación por lo material produce unas formas de vida cada vez más deshumanizadas y alienantes.

• Perspectiva sociológica: evidentemente hay progreso pero cada vez es una sociedad más injusta, es más, de la explotación por el trabajo. Al cambiar la estructura social ya que el industrialismo crea el nuevo grupo social, el proletariado. Este nuevo colectivo sucumbe en la explotación de sus trabajadores. • Perspectiva estética: todo este progreso material provoca un nuevo urbanismo y de la naciente gran

ciudad. El modernista se da cuenta de que el paisaje cambia y de que se esta matando la belleza, que se sustituye por múltiples elementos artificiales.

También vamos a encontrar en la literatura tres modos de huida ante estas agresiones. Dos de estos escapes que va a buscar el modernista son, en primer lugar la huida temporal y en segundo lugar la huida espacial. La huida temporal es lo que se denomina primitivismo, que es la huida en el tiempo tal y como ya hizo el escritor romántico. Mirada hacia el pasado para buscar formas de vida más puras, autenticas, armónicas, en comunión con la naturaleza, es decir, que no estén modificadas por la mano del hombre.

La salida en el espacio se concreto en el exotismo, búsqueda de espacios raros y diferentes. Esto es una categoría fundamental en la literatura modernista, como el orientalismo y dentro de este mas bien el japonesismo. Es frecuente que se de un exotismo-primitivista como hace Lorca, Valle-Inclan, la unión de ambas huidas.

Y la tercera vía de escape es buscar determinados mitos escénicos. Los mitos escénicos son unos espacios concretos que tienen un especial prestigio artístico, monumental, unido a formas de vida que ya han pasado. Por ejemplo un peculiar atractivo por la ciudad de Venecia (ciudad que aparentemente es de otro tiempo) o Versalles, Alejandría o Constantinopla.

En resumen, la literatura modernista esta plagada de estas huidas bien en novela como en poesía. La antiburguesía: la burguesía es la clase social básica que nace de la Revolución Francesa, tiene un gran espectro desde la alta a la baja burguesía. Es la clase social primero revolucionaria que se convierte en una

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sus inquietudes morales e ideales. Vive en la modorra espiritual como apunto Unamuno. Además es una clase social que tiende a la colectividad, a que el colectivo anule lo singular. Ortega lo llamara el hombre masa y Unamuno suicidio moral. El modernismo primero exalta lo singular y personal y va en contra todo signo de colectivización y por otra parte exalta las inquietudes espirituales y rechaza todo tipo de utilitarismo y practicidad. El modernismo incurre en que la burguesía es una sociedad hipócrita, es realmente una clase social que actúa sin principios e indigna al modernista. Gran parte de la novela de Galdos es una critica ya a la burguesía y a su forma de vid, pero los realistas critican a la burguesía desde la burguesía y en cambio los modernistas lo que hacen es marginarse de esa sociedad y van a manifestarse en contra de manera mas radical.

Cada época conjura su propio sistema literario y por tanto debemos de partir de que los sistemas literarios son históricos y cambian. De ese sistema va a surgir la creación de una serie de obras literarias.

CÓMO SE CONFIGURA UN SISTEMA LITERARIO

Se configura sobre un centro y sobre una periferia. El centro es donde están los modos o formas literarias canonizadas y dominantes, es decir, las características de una época. Y la periferia es la marginalidad del sistema, por tanto aquí se encuentran otras formas literarias que existen pero que no responden al canon o modelos canónicos. Es muy importante valorar el funcionamiento del sistema porque según las épocas puede ser mas estático o por el contrario mas dinámico. El sistema literario modernista esta caracterizado precisamente por su dinamismo como se apunto en la tradición de la ruptura.

Hay dos tipos de tensión que dinamizan el sistema:

1. Relación de ese sistema con otros que son las interferencias enriquecedoras. Estamos en una época caracterizada por el cosmopolitismo y en relación y como resultado se da la policulturalidad, que viene a decir que la literatura modernista no es una literatura cerrada sino que entra en contacto con las grandes corrientes que se dan en otros países como por ejemplo Francia.

2. Hay otras tensiones que son las que se suceden dentro del mismo sistema entre la periferia y el centro. El marginado quiere imponerse y desplazar al centro. Aquí entra la importancia de las Vanguardias. Los ismos quieren apoderarse del centro. Pero en España aunque hay actividad vanguardista, no logran posarse en el centro.

MODELOS Y PRINCIPIOS DE CREACIÓN

Toda creación literaria ha de basarse en unos modelos, los que técnicamente se llaman repertorio. Este repertorio son los modelos de formas literarias propios de cada época o momento. Los principios cambian. ¿Cuál es el modelo y principios que guían el modernismo?

Los principios podemos clasificarlos en: 1. Signo epocal

2. Función autocreadora 3. Sistema de representación 4. Sistema genérico

5. Arte por la belleza 6. Originalidad creadora

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Los principios, como ya hemos dicho, dictan el repertorio que da lugar a los modelos del sistema literario vigente en cada época. Toda época se identifica con una determinada cosmovisión, una sensibilidad vital o supuestos estético- ideológicos. Esta sensibilidad se concentra en unos fundamentos que nos llevan a un sistema literario. Esa literatura canonizada responde siempre a un repertorio especifico, el que esta en el centro y otorga unos modelos. Los modelos los podemos resumir en los 6 principios ya anteriormente nombrados que se explican a continuación:

1. Signo epocal: La literatura de una época responde al signo del que esta marcada. La literatura modernista responde a un signo lírico. Salinas llama signo a la actitud profunda del autor a la hora de crear; es un signo profundamente subjetivo. Tenemos de este modo una característica totalmente opuesta al de la literatura realista donde el signo era objetivo. Cuando se habla de signo lírico se entiende que el “yo” interioriza el mundo. El realista miraba, analizaba y presentaba. Este signo tiene dos importantes repercusiones; una es que el signo dictamina por un lado un género dominante y por otro una ley de contacto, es decir, según la naturaleza del signo habrá un género característico u otro más adecuado. Por ello el realismo recoge la novela y el modernismo la lírica. La ley de contagio, es que el género dominante contagia al resto, propiedades que le son propias. La lírica irradiara características propias en otros géneros, de hecho se elaborara una novela lírica como la de Azorin; que no es mas que una novela teñida de poesía. También hay un teatro como el de Lorca donde es fundamental el lenguaje poético. Pero algo tan lejano de la lírica como es el ensayo, propio de los pensadores, también adoptara elementos líricos como las imágenes, el ritmo, etc.

2. Función autocreadora: estamos en un mundo en crisis, sin verdades absolutas, en un mundo movido por la tradición de la ruptura y entonces el escritor vive en un estado de incertidumbre total. El escritor procura salvarse entonces en su propia creación. Se realiza o al menos lo pretende en su propio proyecto estético, es lo único que le otorga garantías. En la novela, los protagonistas no son más que correlatos del autor, ha pretendido moverse en su propio mundo creado. Si esto es así y el escritor no tiene donde aferrarse, tiene otra repercusión, resulta que lo único que tiene valor son sus universos estéticos y no la vida. Vamos a asistir a como la vida queda submersa tras los mundos estéticos. Lo único que alcanza sentido y permanencia se da en estos universos estéticos. Con todo esto lo que se quiere decir es que el escritor solo se salva en la literatura y lo único relevante son sus propios mundos. 3. Sistema de representación: la creación literaria sigue unos modelos de mundo. El escritor crea sobre o a partir de lo que se le presenta como modelo de mundo. Y aquí también vamos a asistir a una ruptura respecto a los realistas. Los realistas tienen como sistema de representación el mundo que tienen delante y el modernista rompe con los moldes que le ofrece la realidad, se aleja hasta alcanzar en muchos casos un arte antirepresentacional, mundos que nada tienen que ver con la realidad. Unamuno criticaba permanentemente a los realistas, quienes estaban sometidos a la realidad. Como se puede observar los primeros tres principios están estrechamente ligados.

4. Sistema genérico: es el sistema de los géneros y formas literarias. El que afecta a la novela y a la poesía. Hay una verdadera revolución en las formas literarias, la poética de la novela y la poética de la poesía. El punto principal es que desembocamos en esta época en un nuevo tipo de novela y va a surgir también la lírica de la modernidad que son contrarias a la poesía romántica. Lírica de tradición simbólica = poesía modernista.

5. Arte por la belleza: como determinante de la creación literaria. El escritor modernista postula la obra literaria por encima de todo, como objeto estético. Ahí vienen dos notas y conclusiones obvias.

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Primero, la obra literaria modernista responde a una esmerada razón compositiva, a unos rigurosos principios de composición determinantes de su esteticidad y de ahí se desprende que el escritor se convierte en un verdadero estilista del lenguaje, así reprochan a los realistas el desaliño artístico. Se manifiesta pues la fuerte esteticidad de la obra.

6. Originalidad creadora: arranca del poderoso individualismo de la época, la búsqueda de la singularidad del yo como escritor. Esto hace que el escritor busque obras absolutamente personales e inconfundibles. Resulta imposible confundir expresiones personales. Cada escritor tiene sus claves. Todos y cada uno de los 6 principios anotados establecen el modelo o molde a seguir de la escritura modernista.

TIPOLOGÍA DEL AUTOR

El escritor modernista es un escritor jánico, esto es que se presenta con dos caras, en primer lugar como intelectual quien mantiene una actitud critica frente al mundo, frente a los sistemas sociopolíticos, con las formas de vida y su estructura. El intelectual es un disconforme, virulento en la primera etapa tal y como lo fue Unamuno que bien se refracta en “Contra esto y aquello” y Azorin como anarquista o incluso Valle-Inclan. Por otra parte el intelectual asume que tiene una función social, de sacerdocio en Unamuno, quien trata de actuar para modificar esa sociedad que no le gusta. El modernista se plantea y llega a la conclusión de que hay que transformar la sociedad a través de la educación. Diferencian entre instrucción cuyo significado es alcanzar unos determinados conocimientos, y la educación que afectaría a la formación integral del individuo. Han de ir unidos los cambios sociales y los estéticos que es lo que debe dar una buena educación.

La segunda cara es la del creador, del artista. Con dos perspectivas también. Una, el artista se realiza como hombre estético, la importancia de los universos estéticos por encima de la propia vida; se define a este hombre como aquel que todo lo convierte en materia de arte. Este homo esteticus se proyecta en la divinización o sacralización del artista quien pasa a considerarse como un ser superior, un profeta. Con esa divinización se da que el artista es capaz de descubrimientos y conocimientos especiales sobre el mundo y por tanto responsable de iluminar nuevamente la vida de los demás. Pero el homo esteticus también tiene una profunda autoconciencia de su tarea creadora que le lleva a algo muy importante, la reflexión metaliteraria, sobre la propia literatura, sobre que es o debe ser. Es por ello que abundara la metapoesía como en Rubén, Machado o Juan Ramón. Lo mismo sucede en el relato como ocurre por ejemplo con Valle-Inclan.

La otra vertiente del artista es la forma de rebeldía idealista frente a ese mundo; el dandismo y la actitud bohemia. Tienen en común la marginación de la sociedad, de las formas de vida.

El dandismo se caracteriza por una actitud de distanciamiento irónico y burlón y el mantenimiento de una actitud elitista aristocratizante. (Valle-Inclan en la sonata de primavera).

El bohemio también es característica la figura de Valle-Inclan aquí, a su modo. Realmente este autor fue realmente una combinación de ambas vertientes. El bohemio es el que se margina de manera más radical de la sociedad. Este en vez de elevarse como el dandi sobre la sociedad, se margina negando todo tipo de norma moral o de convivencia.

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