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Estado y desarrollo económico: el caso español 1940-1975

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\ ,

ESTADO Y DESARROLLO ..ECONÓMICO:

Zh CASO ESPAÑOL

Tesisdoctoral presentada en Xa Universidad Autónoma de

Fot»; Javier Alfonso Gil»

pe&- 31

fiirectgr fe la Tesis

José Ramón Lasu^n Sancho

Madrid * Junio de 1379

(2)

AGRADECIMIENTO:

Quisiera testimoniar la valiosa ayuda prestada para la obtención final de esta tesis» a un grupo de personas en dos vertientes básicas cíe actividad, Como estímulo intelectual, reconocimiento al Director de la Tesis, Profesor Lasuén* al Profesor Vergara por sus comentarios y a los innumerables compañeros y amigos que me han alentado para materializar este trabajo.

En la vertiente física» a las personas que han posibilitado su aparici6n» concretamente: Eva Fernández, Ana Echevarrías Amalia Ibarra y Rita Torices. A todas ellas» mi agradecimiento-

(3)

I ,K,,P,I C JE

INTRODUCCIÓN 1 CAPITULO I 9 EL ESTADO Y LA TEORÍA ECONÓMICA ORTODOXA

EN UKA ECONOMÍA, CERRAM 9 I.O * Presentación 9 X.i. ¿Era nuevo el debate? 11 1.2* Como salir de la crisis, 20 1.3* Posición Ricardiana. 21 I,*. Concltisi6n del debate, 25 X»5. El debate en los años 30 y después 27 1*6. Posición teórica Keynesiana* 30 X.?« Otros keynesianos. 36 X.8. El debate post-keynesiano 41 1.9. La existencia del equilibrio

general. Argumentos* H2 I.10* La no-existencia del equilibrio

general. Argumentos Hh I.11. Mas allá del debate teórico* 52 1.12* Conclusiones* S3 CAPITULO II • 60 EN UKA ECONOMÍA ABIERTA 60 II * 0. Presentación. 60 11.1. De adam Smith a Ricardo. 63 11.2. La ley de costes comparativos. 88 11,3* Formación del valor-precio nacional

e Internacional. 73 II.H. Aportaciones de la Ley. 76 II.5, Refinamientos, Limitaciones y

críticas a la doctrina de los

costes comparativos. 81 XX.6, La aportación de Keckscher-Ohlin-

Su significado* 89

(4)

XX

III.5 III.6 III.7 III.8 CAPITULO

i

c

*

*

IV

11,7. Dotación de factores y el teorema

H*-Q. Evidencia empírica. 95 11*8. H-O-S y la igualación de los pre-

cios de los factores 9?

9, Hipótesis base. 101 11.10* Alternativas teóricas.

CAPITULO III 108 EL DILEMA DEL SUBDESABROLLQ IOS 111.0* Presentación 108 111*1* De donde se parte. 109

Características básicas de los países subdesarro_

d 111 III.2.2. Subdesarrollo y teoría

económica ortodoxa,

111*2,3. Factores económicos y no

económicos. 117 1X1,3* Voluntad modernizadora. 119 III*H. Camino a seguir, 121 in.»»*l. Crecimiento equilibrado 123 XIX III,H.2« Crecimiento desequilibrado 128

III.*t. 3. Elección de técnicas y

relación capital-producto 133 Objetivos

Necesidad y miseria del sector exportador.

Los salarlos: variable independien

te. "" 1SD Modelo Teórico, 153

155 APLICACIOM DEL MODELO AL CASO ESPAÑOL: 19H0-6Q 155 IV.0, Presentación, 155 IV-1- La España de la preguerra civil. 1S7 2, La España de 1939 y después, 163

(5)

XII

IV»3. Voluntad y poder modernizados 16S XV. 3 »1. Intervención * 1$7 IV,3,2. Industrialización. 169

*i« Protección en ambos sentidos* 170 IV.H.l. Protección de fuera a

dentro

IV.1*2. Protección de dentro haeia fuera*

IV.5. Tipos de cambio e impuestos a

la exportación, 177 IV.8. Incrementos salariales con un

"lag" necesario* 182 IY*7* La agricultura . 185

IV.7.1, La agricultura y el inte

riox». 188 IV*7,t* La agricultura y el exte

rior. 19S IV.8. Una nota sobre la inflación y el

crecimiento económico en el perío 197 do 1S**Q~6Q,

IV,8.1. La inflación. 197 IV.8.2* El crecimiento 202 - CAPITULO V 209 LA OFENSIVA LIBERAL Y LOS MILAGROSOS 60 209 V * 0. Presentación 209 V*l* Período 1957-82. Su significación 211 V.2. Plan de estabilización. 213 V.2*l. Al exterior. 21**

V*2,2* Al interior. 215 V.3. Pignoración automática y la Banca 216 V,H* La ley de convenios colectivos de

1958 219 Y,5* Liberalización de la entrada de -

capital* 220 V,6. Informe del Banco Mundial 222

(6)

IV Pag*

V.?* Los milagrosos 60. 223 V#&, Renta nacional y crecimiento

económico. 22M

¥.9, La explosién del mercado» 227 V#10* Sector bancario. 235

¥.11. Sector exterior. 238 V.li A« Exportaciones-Importa»

clones. 239 Emigración, Turismo y entrada de

capital. 2**0 Modelo político. Modelo económi-

co. Ámbito y limitaciones, 2H3 Autonomía 2H3 V.1S* Bibliografía 2U8

(7)

INTRODUCCIÓN

La tesis hoy aquí presentada llevaba mucho tiempo esbo- zada, Ccasi cinco años de preparación) los motivos del retraso en su presentación han sido fundamentalmente - dos: por un lado en su desarrollo me asaltaba la duda de sí estaría o no haciendo apología de épocas pasadas, Cetapa franquista); por otro la cauta aproximación que he mantenido hacia algo que, como la ciencia social, no deja de tener para mi un cierto carácter mítico.

La primera causa» remordimientos ideológicas de poder convertirme en defensor de un segmento histérico de es- ta nación, va cediendo en mí, quizá por el conocimiento acumulado que voy obteniendo de la época» unido a la - mayor "frialdad" con que la observo al pasar el tiempo.

La segunda causa, sin embargo, se me presenta mucho más difícil de superar• La sensación de infalibilidad en ~ los juicios que todos los estudiosos de la economía de- bemos proyectar sobre nuestro entorno social me hace, - en momentos de debilidad Co de honestidad) poner en te- la de juicio el carácter científico-predictivo de nues- tras hipótesis-aseveraciones. La "pretendida facilidad"

con que se analizan y manejan los problemas económicos hacen muy difícil el discernir lo real de lo ficticio - en los planteamientos.

£1 problema principal que se me presentaba era parado ji^

camente de carácter ideológico. Por un lado quería per tenecer a una posición intelectual de izquierda» para - lo cual» había estado durante cinco años leyendo todo ~ lo que obtenía de ese signo, Implícita y explícitamente

(8)

los análisis de Izquierda sobre España tendíanla infra- valorar, cuando no a negar el crecimiento durante toda una generaei6n. Sin embargo» por otro lado* tenía que ir* admitiendo en función de los más variados indicado- ras socio-económicas que, en España, en la época estu- diada había existido crecimiento y por lo tanto d e — sarrollo económico, ¿Cómo conciliario?, ¿Cdmo mantener una postura de izquierda y justificar a renglén segui- do el desarrollo español?. ¿Es posible que pueda exis- tir crecimiento en un medio político opresor?«

Las excusas empezaron a aparecer. El camino hasta reco nocer que, incluso algo más que mero crecimiento, se - había desarrollado en aquella España, en la España de la posguerra * iba tomando cuerpo en mí* Entonces* sí - había habido crecimiento* ¿Cómo explicarlo?, ¿Quién - había sido el agente económico principal?.

Ello me llevé a enfrentarme con lo que yo considero* - el epicentro de todo problema econémico, tanto para *-~

los países subdesarrollados s como para los desarrolla- dos: el papel del Estado en la economía, decantado -»

especialmente hacia todo proceso de desarrollo»

Mi interés por el .desarrollo» no fue sustituido por el del estado y su comportamiento; antes al contrario, al analizar aquel siempre terminaba encontrándome con es- t e , fue un desembocar natural en algo de muy difícil y

arriesgada separación.

la tentativa era utSpica no se me oculta» no obs- tante * estaba y estoy más interesado en comprender el mundo» en tener una determinada visión de él» que en -

plantearme problemas específicos y limitados. Todo ello»

aun a riesgo de cometer desviaciones y simplifica—

clones *

(9)

por ello* esta tesis puede ser atípica» en tanto en cuanto no se circunscribe a""probar" algo parcial - dentro del campo de la economía. Como posible justif¿

eae£6n puedo esgrimir que en un primer ejercicio serio de reflexi£n Casi defino la tesis; hoy y en España), - puede ser disculpable la actitud pretendidamente tota- lizadora y utópica del doctor** Los trabajos específi- cos s con mayor profundidad pueden venir después * Ahora

lo importante, lo necesario, será explicarme el mundo y creer en Si.

La tesis doctoral se formo alrededor de dos núcleos no excluyentes: Estado y teoría Económica por un lado, y Desarrollo Económico Español posterior al año HO * por otro.

El análisis del Estado y la Teoría Económica se centra en los tres primeros capítulos del trabajos siendo los otros dos restantes, su pormenorizaciór al caso espa- ñol.

primer capítulo, trata de ver, cuáles son las posi- bilidades a nivel estrictamente teórico, de que. exista o no equilibrio general en una economía cerrada. La - existencia o no de autorregulación del propio "cuerpo económico** no es nueva» til siquiera se remonta a la — aportación de Walras, Malthus y Ricardo teorizaron lar gaanente sobre ello, <la capacidad innata del sistema «•

econémico capitalista a la autorregulación frente a la sobreproducci6n o estancamiento), fu4 defendida ardoro sámente por Ricardo, (contra Malthus) que veía en esa Ley* (Ley de Say>, la estructura fundamental del d e - sarrollo capitalista.

(10)

Efectivamente» sin Ley <3e Say, el "corpus doctrinal" de Ricardo, quedaría seriamente dañado, ¿Cómo defender a la ya dominante clase capitalista del siglo XIX íngl6s, sin dotarla de una teoría que justifique la no-interven cí6n de agentes pretendidamente exÓgenos al sistema eco

& no dudar, la plasmación de la Ley de 3ay~Walras no es sino la justificación teórica de la no necesidad e s t a - tal. En el debate que tuvo lugar» Ricardo "enterro" las objeciones de Malthus a la Ley, y desde entonces, se — convirtió en paradigma indiscutible de la Ciencia Econó mica»

El capítulo, una vez expuestas las vicisitudes teóricas 4e la polémica, se centra en la época keynesiana-post»

keynesiana» viendo corno la pretendida autorregulación queda en entredicho, ¿Qué consecuencias tiene el que a nivel te6rico hoy no se pueda mantener la posición - del equilibrio general?* El corolario parece obvio, sí no hay tendencias autorregulables, parece ser que la f¿

gura de un agente externo deba aparecer-

Este* según palabras de Myrdal» "creador de armonía" a nivel teórico podría ser o un ejército de ángeles cele£

tiales* o un rayo divino, o las fuerzas de la naturale- za * o el Estado; Lo mismo dá; hay necesidad de regula- ción exterior. El sistemay a pesar del efecto Pigou, - no tenderá al autoequilibrio. La Teoría Económica lla- ma a un agente exógeno, salvador.

El segundo capítulo, se limita a dar» la misma versión, pero en una economía abierta. Analizando someramente - las leyes-paradigmas que han permanecido y permanecen - intactas en relación con el comercio internacional*

(11)

Partiremos nuevamente de Ricardo y su ley de costes comparativos para, a través de los refinamientos y - aportaciones realizadas por las siguientes escuelas del pensamiento económico* llegar hasta las aporta—

clones más cercanas a nosotros, centrándonos en el - análisis del teorema H-O-S y sus limitaciones*

La larga tradición existente entre los candidatos a doctor? de trabajar sobre aspectos de la economía ~ que sirvan para corroborar o contrastar leyes admití^

das de carácter positivos puede quedar» parcialmente en entre dicho, en los dos capítulos arriba esboza—

dos. Personalmente*no creo que eso sea así en este caso* Dudar de la verosimilitud de las leyes ortodo- xas» expuestas en los dos primeros capítulos no sig- nifica resaltar un contenido estrictamente negativo en la ciencia económica, antes al contrario, preten- de ser, con apoyos teóricos reconocidos» una llamada a la situación real de la teoría*

El capítulo tercero? "El dilema del subdesarrollo"

nos preguntamos sobre el papel del Estado en el pro- ceso de desarrollo económico. Si mantenemos (en los dos primeros capítulos) que el Estado es necesario - en los países desarrollados, ¿qué no pensar de aque- llos países en proceso de desarrollo?.

c cue todo país desarrollado» "despegó" alguna ves» parece necesario el preguntarnos no sélo el ~ cuando* sino el cómo y el por quién. Concretamente el tercer capítulo expone las distintas teorías exis_

tentes del desarrollo, teorías en estado insatisfac»

torio» pero que coadyuvan a la creación de una futu- ra teoría agregada del Desarrollo Económico* De ellas escogeremos la que a nuestro entender* mejor describe

(12)

6.

el proceso subdesarrollo-desarrollo, valorando crítica- mente las teorías alternativas.

Los capítulos cuatro y cinco forman el segundo núcleo - de la tesis y se refieren exclusivamente a España* In- tentaremos demostrar que el modelo de crecimiento que - nos aporta el capítulo tres es apto para explicar el — proceso de desarrollo que ha seguido España después de la guerra civil*

En el capítulo cuarta* que cubre el período 19M-0-60, el argumento central expresa que España, que parte de un ~ contrastable estado de subdesarrollo económico, logra romper el proceso de estancamiento hasta llegar a ser a finales del período un país en pleno proceso de desarro lio con altas cotas de crecimiento, según nos d e m u e s - tran todos y cada uno de los índices socio-económico ~ objetivos al servicio de la economía, ¿Que cómo se lo- gró?» Explícitamente por medio de una acción delibera- damente modernizadora del Estado que se concreti2a en un control e intervención de los únicos recursos trans- formables en activos financieros internacionalmente aceptados: Es decir, el control frente al exterior de los "tradicionales productos" exportables españoles. - Paralelamente con un proceso de acumulación (en muchos aspectos "primitiva'*) que se concretiza en situar a la inmensa mayoría de la población española a niveles de subsistencia en el consumo durante toda una generación.

Se sale del subdesarrollo porque la acumulación logra- da es reinvertida en un proceso dinámico*

El capitulo quinto prosigue su análisis desde 1980 £ ta la caída del régimen, aproximadamente 19?5. Zn ese período se pasa* de un proceso de acumulación con nive_

les de salario mínimo, a un proceso donde el elemento dinámico es la concienciacién de clase por los trabaja

(13)

dores» lo que incide necesariamente en una lucha por sus derechos 5 esto lleva a una nueva situación en el desarro lio español; los movimientos reívindicativos al centrar se fundamentalmente en las mejoras salariales junto con la escasez relativa (provocada por la política de empleo) en el mercado laboral da como resultado:

i.- ün proceso de abandono continuado de los niveles de subsistencia, es decir» un aumento del salario real percibido»

2.» Una f*explosí6n del mercado" como conse- cuencia de las mayores remuneraciones salariales, lo cual provoca la aparición y el incremento áe mercado

(bienes de primera necesidad y duraderos) piedra angular del desarrollo conocido en nuestra civilización*

AX final del período» no cabe duda, España ya no era - España, Toda una rautacién había ocurrido. Con unas consideraciones sobre el ámbito político y el económico se cierra el último capítulo de la tesis.

Para terminar esta introducción» quisiera adelantarme a una posible crítica que especialmente me preocupa. Sí - esta investigación tiene algún valor es la de interpre- tar los conocimientos científicos a mi alcance» los- eua les lógicamente, se prestan a una valoración* Con jui- cios de valor *a posteriori"s me interesa resaltar, que sí bien el Estado es el agente preponderante en el pro- ceso de desarrollo, nunca he pensado en un Estado Beus- ex~Maehina que omnipresentemente se convierta en un Goulag planetario. Nunca podré entender a los poetas - que asimilan Estado con no-democracia, y anulación de - la persona* Su correlación está por ver* ¿Acaso se vidan de donde venimos?-

(14)

De admitirse las comparaciones» podíamos muy bien hablar de otras épocas históricasf con sociedades mil veces mas asfixiantes y $n las que sin embargo se coexistía junto a un Estado débil* Si la historia progresa es porque - existe un origen <no democracia* no igualdad, no estado colectividad) y se proyecta hacia un futuro (más demo- cracia* más igualdad» más estado colectividad). Si la historia se repite, entonces siempre ha sido igual*

luego no nos lamentemos del circunstancial ahora. El E£

tado es colectividad, conjunto de seres humanos que le dati forma. Ante ello una posible solución podría ser;

La máxima propiedad colectiva con la máxima libertad - Individual.

(15)

CAPITULO I

EJU ESTADO Y LA TEORÍA ECONÓMICA OCTOpOXA.BN TOA ECONOMÍA Cg;

ERA0A

** Esa parte del capital que emplea a los pobres en las

teras; por ejemplo» no puede menos de dejar desempleados a otros hombres en alguna parte» y yo creo que toda inferen- cia es perjudicial, (*)

- Lloyd George propugnaba un programa de obras públicas (por parte del Estado); por el contrario las autoridades públi- cas inglesas razonaban que *de utilizar un montante de li- bras en dichas obras públicas, la inversión privada se de- traerla en la misma cantidad, y por lo tanto su efecto co- mo estabilizador anti-depresivo sería nulo.., (**)

Entre estados dos citas existe una gran similitud, a pesar - de los más de cien años de diferencia temporal que las sepa- ra. En efecto» entre una y otra cita podemos escribir la ca- si totalidad de la historia del pensamiento económico; la Xu cha de la economía por elevarse a la categoría de ciencia. - Sin embargo» los progresos» tan amplios en otras ramas de la economía, aparecían obstinadamente similares» (constantes)f

*) tt&rk Bleug C1962) Pag, 1311

*) %* Harrod (1958) Fg. 31

(16)

10*

en otras» y como ejemplo, nada mejor <i\xe la manifestación - explícita de dos opiniones sobre un mismo tema con 100 años de diferencia Í la concordancia no puede s&r mayor. La cien - cia económica había avanzado pero mantenía» eso sí, unas po- cas leyes (dogmas}» que parecían intangiblest Una de ellas»

la Fundamental» diríamos nosotros, será el objeto de nuestro estudio- a saber: A nivel teórico, existen tendencias auto - rregulables hacia el equilibrio en Teoría Económica?

Depende de la contestación a obtener, podremos decir si el — sistema económico occidental» el sistema capitalista necesi- tará o no de agentes exógenos para su estabilización» enten- diendo por agentes exógenos al Estadot por ser el único con capacidad de intervención.

Ahora bien» hagamos la advertencia de que dicha posición «- teórica no vendrá las más de las veces explícitamente expue¿

ta* Muy al contrario* y aún siendo ésta la "última ratio% - (el sí o no del Estado), tendremos que acostumbrarnos a tra- bajar con conceptos muchos más próximos a la ciencia económi ca y de importancia capital para elia^ entre otros,; la deman- da efectiva y la Ley de Say*

¿ERAL_OTBVD EL DEBATE?

Adain Smith había logrado acallar el furor mercantilista en que se debatía Europa tanto a nivel práctico como teórico.

(17)

11.

Encontramos en su «Riqueza de las naciones*1 todos los elemen- tos necesarios para formar no solo una teor*ia anti~mercanti~*

lista» sino más añnt los elementos para formar tana ciencia y por consiguiente crear toda una escuela del pensamiento que -

iba* y todavía sigue» a incluir como ninguna otra en la tra - dicito económica occidental; ni siquiera el marxismo pudo de¿

tancar (ha podido) en los países occidentales europeos la vi- sión del mundo de la teoría liberal*

En lo económico, al interior de una nación-estado, la ortoxia liberal guardaba sus distancias con respecto al agente exáge- nos» el Estadas se le consideraba un mal necesario, se pensa- ba que de actuarf debería hacerlo en la mejor tradición - - lockiana» como expresó Schumpeter» {*)% "El capitalista solo espera de la Administración del Estado protección y bajos im- puestos1*-

La visión liberal del mundo se transmitió con éxito a la eco- nomía» a sus leyes, (la mayoría de los economistas eran libe- rales en su origen) t no obstante no creamos que en la wpra - xis* dicha transmisión se realizará sin enfrentamiento teóri- co Í | muy al contrario!, ho que aquí sigue no es sino» expre- sar las discrepancias que ya por entonces amanecieron entre - los estudiosos de la economía; entre los defensores de leyes económicas que no contradecían el paradigma individualista y aquellos por el contrario que combatían las leyes económicas propuestas por los primeros.

Ho obstante, la herencia común a ambos bandos que tenía su - origen en la era de la ilustración, les impulsaba por encima

<*) J,A. Schumpeter (1967) Pff. 347

(18)

52.

de diferencias teóricas a comulgar con un mismo mundo radi- cal liberal. Claro está que esta comunión no podía ir sino en contra de los que como Malthus presentaban ambivalencias en sus exposiciones: Una superestructura ideológica radical

liberal y una estructura económica de rechazo de la Ley de Say» (condición sine qua non entonces para una visión radi- cal-liberal)* (*)

dio cuenta Malthus del significado económico ultimo» - (la necesidad de intervención}, a que le llevaba el rechazo de la Ley de Say?«

lia demanda efectiva fue origen de discusión entre Malthus y Ricardo a partir de la publicación por aquel de sus Princi- pios áe Economía Pública en 1820f aunque antes había tenido ya un intercambio de opiniones» aunque sin trascendencia- —

El «problema de la demanda efectiva* se planteará o no en - ftanción de la aceptación o rechazo teórico de la Ley de Sayj los dos conceptos están interrelacionados de tal manera que el rechazo de uno (Ley de Say), hará aparecer el otro, (de- manda efectiva), y viceversa»

La hay áe say había sido admitida y defendida por la inmen- sa mayor* ia de los economistas clásicos y sobre todo había sido admitida f defendida y utilizada por £>* Ricardo en su - aparato teórico*

(*) 0umnar Myrdal (1974) Fg» 23 (#á Horton Paglin (1973) Fg. 119

(19)

El señor Say, ha satisfactoriamente mostrado, que - no hay cantidad de capital que no pueda ser emplea- da al interior del pais» ya que la demanda está so- lamente limitada por la producción, ningún hombre - produce sino es con el propósito de consumir o ven- ÚBT y consecuentemente ningún hombre venáe sino es con la intención de comprar algán otro bien que - pueda ser de inmediato uso para él*

Al producir, necesariamente el hombre llega a ser o el consumidor de sus propíos bienes o el comprador y consumidor de los Menos de otra persona* (a) licardo asevera que al ser válida la Ley de Sayf la cual — puede expresarse como que "toda oferta crea su propia

da**, $*)* no habrá lugar a que existan situaciones de £ ra o sobreproducción de mercancías f y por lo tanto no habfa estados de crisis general en la economía.

fil tratamiento que demos al ahorro y su papel en el modelo teórico nos ayudará a ahondar en la Ley de Say* o bien al - ahorro se le reconoce la parte más dinámica en todo ulte -

* «mi

ríor proceso de inversión vía acumulación productiva, (te - sis de Adam Smíth y Ricardo), o bien por el contrario el - exceso de ahorro puede en sí mismo crear un desequilibrio - con respecto al consumo que resulte en. un nivel bajo de in- versión; subconsumo; sobreproducción de mercancías, y en *- m a iniciación cíclica de crisis de realización.

{ #) D. Ricardo ( I8i?) Pg. 192-3

&obert h* Crouch (1972) Pg* 225

(20)

Al defender esta segunda postura, Malthus arguye:

m

Bn el caso supuesto» evidentemente se dará una - cantidad inusual de bienes de todas clases en el » marcado, ello es debido a que, a través de la acu- mulación del capital» todos aquellos que previamer*

te estaban dedicados a los servicios personales, - han sido convertidos en trabajadores productivos, mientras el número de trabajadores en su conjunto será el mismo y el poder y deseo para el consumo - por los capitalistas y rentistas disminuye, los — productos» necesariamente descenderán en valor com parado al trabajo, hasta que consiga una gran re « ducción en beneficios» y congelar por un tiempo t£

da producción. Esto es precisamente lo que signifjL ca el término sobreproducción, la cual» en este ca

so» ser

T

á

n

_evidentemente

;

.

:i

qener a1 ^np^parc i al* C* ) Viendo un motivo para el fracaso teórico de la Ley de Say, demostrando la posibilidad de la sobreproducción basada en

la no equivalencia ahorro-inversión, Malthus en su argumeri tación comete un error y un acierto; el error es hacer abs tracción en su exposición de los bienes de inversión, y el acierto es creer que un fabricante no puede pensar en sus

[*) La ambigüedad una vez más se nos muestra en Malthus y así al mismo tiempo que critica la utilización dada por Ricar- do al ahorro como fuente de acumulación» se muestra no - obstante reticente a adoptar la alternativa del no-ahorro como medio único de alcanzar una mayor producción» expues- to claramente por Lauderdale.

T.R* Malthus (1820) pg. 316

(21)

15.

trabajadores como Únicos demandantes de los productos Fabr¿

cades por ellos* ($)t pues al repartirse el impacto de toda nueva producción en la totalidad del mercado, la demanda de ios trabajadores para las mercancías por ellos creadas» se- rá reducida; La posibilidad de advertir una tendencia al - equilibrio vendrá dada entonces por la demanda creada en el

sector de bienes de inversión.

En el error de Malthus» se apoyó Ricardo para obtener los - necesarios argumentos con los que «liquidar* el pensamiento Halthusiano sobre la demanda efectiva. De ahí también que -

economistas actuales no vean en Kalthus ninguna aproxima - ciÓn teórica que pueda interpretarse como una ruptura del — equilibrio ahorro - inversión. Stigler y Blaug £*) entre - otros* dirán que tanto para Malthus como para los clásicos todo ahorro significa inversión, siendo irrelevante hablar de %m Malthus distinto de la tradición clásica»

Ko parece tan obvia la igualdad ahorro * inversión, en - Malthus, como Blaug parece inferir, muy al contrario, y si bien Malthus considera que al inicio de las crisis la in — versión puede mantenerse por algún tiempo, llegará inevita- blemente el momento en que cederá j entonces la caída de la inversión representará un desequilibrio general en los me£

cades originado por una discrepancia entre ahorro e inver- sión.

(*) T.R. Malthus (1820) Pg. 315 ••* que el consumo y la de- manda ocasionada por los trabajadores expleados en tra bajo productivo no puede, ella sola* motivar la acumu- lación y el empleo de capital.

(22)

*Con respecto a la relación Ahorro-InversiónP

IROS hacer notar que en la fase inicial hay un alto grado de ahorro que es invertido. Pero dico Malthus

••Este estado de cosas no puede continuar*.

<*>

Al principio de la nueva fase el ahorro todavía continuará invistiéndose, pero al caer los beneficios, no habrá empre- sario que siga invirtiendo, aparece el atesoramiento y no - habrá lugar donde colocar el capital dinero con un mínimo de rentabilidad* Keynes lo describirla años más tarde gráfica- siente:

^Propietarios de capital flotante buscando vanamen te inversiones rentables» sin embargo ninguna pos¿

M u d a d se encontrará1» {**)

Intentando interpretar entonces el punto de vista Malthusia no sobre la Ley de Say-demanda efectiva y sin riesgo a equ¿

vocación» podemos expresar que ante un desequilibrio entre ahorro-inversión producido por una carencia de consumo, (in suficiencia de dantanda efectiva), se observa una tendencia general a la sobreproducciónp lo cual traerá consigo una - eaida en la tasa general de beneficios» al no existir

( *) Morton Paglin ( 1973} Pg. 11?

t**) J.M. Keynes &S36 ) Pg, 235

)Recordemos que la economía clásica sí admitía una sobre- producción de una.. ggrcancia determinada durante un cier- to periodo de tiempo» pero no .ya\a_j>létora gengral*

Demasiado de una mercancía particular puede ser producid<

de ia cual, puede existir tal cantidad en el mercado, - como para que no pueda amortizarse el capital gastado en su producción» pero esto no puede ser el caso para todas

T a c nMSTT'íinriaí: Fl 1?-í.rtaWtrt í 1 R~\ 7 1 V>st

(23)

1?.

incentivos favorables para la inversión» los detentadores de capital dinero preferirán atesorarlo* antes que asumir el riesgo de mía incierta inversión; el resultado se con*»

vertirá necesariamente en una mayor tasa de desempleo 9 - con tana mayor paralización del sistema económico. Resalte mos que lo fundamental en Malthus no es el atesoramiento

sino el subconsumo, la falta de demanda efectiva que crea un dernsmbamiento de la tasa de beneficios y el atesora - miento como alternativa.

¿Como entonces conciliar insuficiencia de demanda con la proposición elevada a Ley de que «la oferta crea su pro «- pia demanda?* El existir teórico del concepto de demanda efectiva (insuficiencia), es tanto como el negar teórico de Xa Ley de Say «la oferta no crearía su propia demanda*

Y si existe '•problema de demanda efectiva*1» como paliar - lo?,

¥/ más aún, ¿quien crea la demanda?* ¡La demanda» dirá - Malthus» es el deseo de consumir unido al poder de hacer*

lo!.

Si el deseo de consumir se da por existente en el indivi- duo: inagotable» segiSn los presupuestos clásicos, (*}f de bebíamos de inferir que es el poder de consumir el que fa lia al alcanzar una demanda suficiente que se equilibre - con la oferta en el proceso de producción.

<*) Segtin D» Ricardo C1817) Pag, 235» existe una capaci- dad ilimitada del ser humano para consumir, aunque - tenga límites en los bienes de primera necesidadt ~~

por lo limitada de su estómago.

(24)

18,

Falla el poder de consumir, o 2o que es lo mismo, la inca pacida^ del sistema para generar suficientes ingresos

(puestos de trabajo), para hacer frente a la oferta g l o — bal,

Asi las cosas era claro para Malthus que lo que hoy llama ríamos^gap deflacionario1/ solo podía ser cubierto por agen tes externos» (el estado, la colectividad), auténticos ~ creadores de la demanda '•tout-^court* y por supuesto de la efectiva*

Insifieiencia de la demanda efectiva; ¿como evitarla? ~

¿como ^salir** del gap deflacíonaxio?, etc, etc.- Todas ess tas preguntas solo podían anidarse en aquellos teóricos - que pusieran en duda la operatividad de Xa Ley de Say y - consecuentemente la existencia del problema de la demanda efectiva; parece estar claro que si yo no admito la inva-

lide» de una ley por principio teórico, dificilmente voy a preguntarme por problemas que son solamente resultados y situaciones creadas precisamente por dicha ley*

Bastante pertinentes por lo tanto parecen las preguntas - que tanto Malthus como el otro economista continental que compartía sus desarrollos teóricos, Sismondi; se hacen so sobre el problema de «quien crea la demanda" {*}

Debe existir algo anterior al estado de oferta y demanda del bien en cuestión, o su precio, ante—

Sismondi (1620) Pag, 329 Henry Dennis

(25)

X * »

cedente e independíente de la demanda ocasio- nada por Q! nuevo trabajadort para que se pue da asegurar el empleo de un numero adicional de gente en su producción,

O esta otra cita de Sismondi* donde vemos preocupaciones

Una industria nueva no podía apenas nacer sin Tana industria preexistente o bien acentuada;

y el mercado siempre existió antes de la manu factura.

Bebe de existir algo anterior y antecedente a la demanda ocasionada por los nuevos trabajadores. Es decir, la pre- gunta puede expresarse de esta maneras ¿Quien en una so «- ciedad capitalista crea la fgjmgra_.demandat para el bien en concreto^. ¿Existe vma seguridad hacia el primer pro - ductor de que existirá demanda para su «aventura1* de £¿ - bricaciÓn?.

Las posibilidades que se nos abren leyendo entre líneas - los párrafos anteriores son demasiado radicales para un - espíritu como el de Malthus, que como él mismo indicaba»

pertenecía y militaba en las filas del pensamiento conser vador inglés. Los progresistas entonces eran 0* Ricardo - y sus seguidores, aunque un siglo más tarde» (paradoja de la ciencia económica), podemos redescubrir signos mucho - más avanzados en tesis, que en los tiempos de los clási -

eos serían rechazadas por regresivas*

(26)

20

Malthus no solo diagnostica la tendencia estructural del sistema a generar estancamiento y paro, sino que cons£ - cuentemente esboza dos posibles soluciones escalonadas ~ para salir de la crisis.

La primera será acudir al consumo originado en trabajo - improductivo* {*}; rabona que en principio la cantidad - ahorrada y dedicada a inversión, aunque por falta de opor tuniáades atesorada, podría canalizarse a un alimento del consumo por parte de los detentadores de esos ahorros-ri

Invita así Malthus a que las clases pudientes demanden - más factor trabajo en forma de servicios personales» di- rectamente, e indirectamente con el mantenimiento de pro fesiones como clérigos, doctores, militares, etc.» La ca racterística com*un a todos ellos es la de formar parte del trabajo improductivo» (según los clásicos, no cre¿ - dor de bienes )t pero que al recibir una remuneración por sus servicios» los salarios así percibidos posibilitarían nn aumento de la demanda de bienes de consumo y &urad£ - ros, con un incremento de la actividad económica, un de£

censo del paro» finalizando en un amortiguamiento de la crisis. Ko obstante, el propio Malthus considera que el

. Malthus (l820) Fg* 408 y 429

(27)

21.

aumento de los servicios improductivos no será suficien te para estabilizar el sistema económico* expresando en tonces la necesidad del Estado como único agente econjS mico capaz de «crear demanda", de ^evitar la caída de ~ la demanda efectiva*** Concretamente postulará por un **

gran presupuesto que posibilite al Estado el ofrecimien to de los servicios necesarios para el crecimiento eco-

Una actuación centrada en obras públicas, por ejemplo, conseguiría la absorción del abundante desempleo o el - traslado de hombres situados en posiciones de trabajo - improductivo» a puestos de trabajo productivos» El re - sialtado seria doble; un incremento de demanda en bienes de cosíanlo, vía salarios percibidos por los hombres en - sus nuevos puestos de trabajo, y aún mejor, la creación de bienes de infraestructura que difícilmente competí «•

ría» con los ya existentes en el mercado* (Existe una - constante histórica a que esta clase de bienes sean con siderados nno realizables** por la «mano invisible").

POSICIÓN RICAEPIAHA

Ricardo toma conciencia de lo que suponía de "distinto"

la postura de Malthus con respecto a la suya; es impor- tante el conocer que en el debate, tanto unos como - -

{*} T*R. Malthus (1820) Pg. 430

(28)

otros se daban perfecta cuenta del alcance de sus diferen

mm

d a s y en el caso de los ricardianos de la postura desvia;

eionista con respecto a la tradición clásica que represen taba Malthus*

reconocer este hecho, el que los sujetos del debate - son conscientes de sus diferencias y de lo que implican - nos llevaría a una actitud paternalista» ante las posibi- lidades intelectuales de cada grupo én el debate.

Asi* el propio Ricardo comentabas (*)

wlfo hubiera prestado atención a este pasaje, (se refiere a la posición de Kalthus sobre la Ley de

$&y~&emaMa efectiva), si no supiera que eonstitu te el tema de discusión más importante de la obra

Sr* Malthus y que frecuentemente lo trata".

Ricardo es consciente del problema y se presta a combatir^

lo publicando unas Notas a la Obra de Kalthus» a través - de ellas podemos apreciar no sólo la superior mente anal£

tica de Ricardo en el debate, sino también su facilidad para el argumento.

Malthus arguya que por falta de demanda efectiva»

las rercancias producidas pueden tener un precio de venta bajo, lo que significaría que una gran parte del valor -

Ver D. Ricardo (1353) Pag. 9* Motas a Malthus en -

**Los trabajos y correspondencia de David Ricardo"

tú. por Fiero Sraffa* Fondo Cultura Económica.

(29)

23.

total producido iría a manos de los asalariadosr aunque aftade* el trabajador pueda estar mal pagado por el n ¿ - vel de su salario real, (contrastado con artículos de - printera necesidad los salarios serían decididamente ba~

contestación de Ricardo es contundente. {*.):

*Bay gran deseo de acumular capital- Ese es el supuesto. Las consecuencias según el Sr.Malthus serán que el trabajador «estará mal pagado y ~ sus salarios pueden ser decididamente bajos» — tanto en relación con la cantidad de alimentos que recibe como con el trabajo necesario para

Es decir» estoy deseoso de acumular capital de mis ingresos; si empleo mis ingresos como capj^

tal» necesitaré trabajo» el trabajador puede - producir abundantemente y sin embargo estar - mal pagado en la mercancía que produce f y para coronar el conjunto» yo no haré más utilidades ni me haré más rico.

Para Hicardo entonces» los trabajadores estaban obliga- dos a consumir sus salarios» (al ser de subsistencia» - no tenían otra alternativa); los propietarios de la - tierra estaban sujetos a consumir sus rentas» y aslmis*~

(*) l>, Kicardo (1953) Pgs. 218 y 228

(30)

mo los capitalistas deberían o consumir o invertir sus - beneficios| no puede haber en definitiva desfase entre » oferta y demanda globales,

Sn un pasaje esclarecedor* aunque irónico, llega a admi- tir que si las posiciones de Halthus son correctas t si ~*

las mercancías pueden multiplicarse de tal manera que no haya quien las compre y las consuma, entonces el remedio no puede ser otro que obligar al gobierno a suplir la de Ficlencia del pueblo* Debemos en este caso, dice Ricardo pedir al rey que destituya a sus ministros de economía ~ y los sustituya por otros que fomenten, con más eficacia los mejores intereses del pais» fomentando la prodigali- dad y el gasto público* Somos al parecer, una nación de productores y no de consumidores y el mal ha adquirido -

al fin tal magnitud que nos veremos irreparablemente en la miseria, si el Parlamento o los ministros no adoptan inmediatamente un plan eficaz de gasto •(*)

Ho, Ricardo nunca hubiera recomendado la acción estatal ni siquiera por motivos estabilisadores o anticíclicos;

no podía ver una necesidad teórica, aunque coyuntural « del estado, cuando su modelo imposibilitaba toda acción de un agente exógeno al sistema. El motor del progreso - era el capitalista* Para él, simplemente, si los fondos y acción estatales se elevan por medio de impuestos o em préstitos, su efecto será siempre detraer capital de al- gún empleo productivo ya existente,^*)

D. Ricardo Í19S3) Pag- 112 Mark Blaug (1962) Pq. 134

(31)

25.

DStDEBATE

¿Qué conclusión obtener?* Dos fundamentales:

Con Malthus y los Malthusianos se cierra, dada su - clara derrota teórica» toda una línea del pensamien to económico que permanecerá olvidada por más de - cien añosí linea del pensamiento que incluía conce£

tos tan importantes comoi demanda efectiva, desem - pleo, ciclos* desarrollo» etc* La teoría económica en su tradición occidental y ortodoxa (* )t pronto - cambiaría 4e objetivos en sus investigaciones apare ciendo conceptos teóricos y preocupaciones dimetral mante opuestas a los clásicos»

2ss - En segundo lugar» e íntimamente ligado con la posi- ción anterior» el portazo que a nivel de análisis - se da a todo intento de explicar el modelo capit¿ - lista con ayuda de agentes económicos exógenos

(léase Estado}*

Era natural que el rechazo de los postulados teóricos de Malthus trajera consigo el rechazo más enérgico, aianque

no siempre científico•<**)» de todas aquellas recomenda- ciones que Kalthus sittiaba a nivel de necesidad estructu ral del sistema capitalista.

T.E* Malthus (1970) pg. 28

Por la carta <ie Kcalluch a Ricardo sobre el libro qu<

v a ft aparecer de Kaltfeus en donde y adelantándose a SU lectura» le expresa:

Estoy ansioso por ver el trabajo del Sr, Malthus, se merece una critica dura*

D, Ricardo (19S3) Pag. 231

(32)

26.

¥ es que en el transmonte del debate aparecía tanto la - visión úel mundo que mantenían aquellos burgueses revolja cionarios, como la realidad social imperante. Por un la- do» los análisis positivos patrocinados por Ricardo y sus

seguidores, había que defender al naciente capitalista - como tínico agente económico capas de crear riqueza. En - frente los Malthusianos* con su apelación a las clases - improductivas para que con su consumo eviten las profun- das crisis del sistema*

Para nosotros, lo importante es ver que ccmceptualxzacxo Bes teóricas vistas como regresiones en un momento hist^

rico, (esas eran las posiciones de los Malthusianos y la d&l propio Malthus), pueden no atetante, no solo ser - plausibles» sino poseer un poder explicativo más cientí-

Es el problema de la mayor o menor neutralidad de la ciencia social. La posición científica de Ricardo con - respecto a la Ley de Say-demanda efectiva era dificilmen te rebatible^ esa fuá en general su gran virtud, el com- ponente positivo de sus escritos. Por el contrario» a sus

seguidores y al propio Say, anunciador originario de la I*ey, les resultaba mucho más difícil alcanzar la necesa- ria neutralidad en la ciencia. (*)

nPor esta razón, las contribuciones deben redu- cirse a lo que se considera indispensable para la conversión del orden social» si no se quiere

J*B. Say (1889} F$* 94

(33)

27

acarreen en pos de sí el desaliento y la mise ria» todo impuesto que no se contiene en esos li- mites es una verdadera expoliación™•

Orden social» impuestos, desaliento

t

miseria

t

expoliación para el sujeto a pagar* etc. Que viejo, pero qv& constante en la historia* El estado debía ser no-beligerante. H¿| *- bfa <£»e propagar la

E!i DEBATE EN LOS ifflOS

I

30 Y, DBSPT3B5

En los aproximadamente cien años que separan un

del otro, es obligado mencionar» aianque brevísimameiite, que posición tomaron las f i g w a s más relevantes de la teoría económica durante ese largo paréntesis*

Ni Stuart Mili con su aceptación expresa de la Ley de Say y por su condición de último de los clásicos {*} y

fc*)* n± la llamada Revolución Marginal ista, (jevons,

Empleamos ^clásicos* cronológicamente hasta el últi- mo cuarto del XXX (1870), comiendo de la «Revolución Margínalista

1

*. Gonceptualmente desdel el abandono de los objetivos-íiorte qiae hablan guiado a toda "una co- rriente del pensamiento económico: crecimiento econó mico, incremento de la riq-ae&a, de la renta, etc. *~

Esta clasificación se contrapone como es sabido a la üe íCaynes, para él "clásicos* son todos aquellos ec£

tomistas que mantenían su creencia en la Ley de Say.

Es decir, todas las escuelas del pensamiento hasta **

la aportación del propio Keynes (ruptura con la Ley úe Say). Ho distingue por lo tanto entre clásicos y Todos los vendedores son inevitablemente y por el ~

significado de la palabra compradores. J«stuart Mili

(1973) Pg, 32

(34)

28, Walras» Menger }> con su elevación a la categoría de dog- ma del «equilibrio walrasiano", pusieron en ningún momen to en duda el proceso de ajusta del sistema y su tenden- cia innata al equilibrio. La preocupación entonces por - los grandes agregados clásicos fue nula* Solo en Marsiiall gran creaáaxvsintetizador del ^universo económico"* has- ta ia década de los años 30, podemos ver una intuición - exprés ada en sus ^principios" sobre las consecuencias ~ qta& podría acarrear para el sistema capitalista una des- confianza de los empresarios en cuanto al futuro econfimi

De persistir la desconfianaa» dirá Harshail, la inversión se verá afectada, el desempleo aumentará y el desequili - forio podrá teóricamente aparecer.

La realidad es qp& a pesar de la advertencia no volvió a plantearse el tema ni por él ni por sus numerosos discípu

los en Cambridge*

La rupfora vendrá con Jhon Maynard Keynes: hasta entonces la situación de la ortodoxia científica era clara * se ba- saba en el laissez-fairej equilibrio walrasiano (heredero de la fey de Say)t y el patrón oro; tres conceptos intoca.

bles y para los estudiosos de Xa economía altamente para- digmáticos. Por contraste, asomarse al mundo real daba la impresión inmediata de que la obstinada realidad tangible una vez más no ola a la ciencia, peor para la realidad, —

Alfred Karshall (1963) Pg. 710-712

(35)

29*

JU4.XM.CIH axguKw»!. Mo era ese 5 el olvido de la realidad, la misi6n de Keynes en el mundo académicot muy al contrarío, su sentido de la realidad y su incorformismo con la teoría que le rodeaba* iba a hacer de éX un auténtico revoluciona rio de la ciencia. La situaciSn de creciente degradación económica en que vivió Europa entre las dos guerras, no — s6lo hizo buscar a Keynes nuevos caminos al callejón sin - salida en que se encontraba la economía ortodoxa, sino que en otros ambientes económicos se manifestaban ya - intentos de "romper** con lo establecido. La preocu ipaci6n por la falta de coherencia en el análisis teórico - general, ocurriendo lo que ya va siendo norma general la historia de la ciencia; el que varios investigado—

res {económicos en este caso) lleguen a muy parecidas con- clusiones 9 sin mediar comunicación previa entre ellos * Esto ocurre en los años 30 con Gunnar Hyrdal en Suecia y

su "Eliquilibrio Monetario1*, Michel Kalecky en Polonia y su "Estudios de los ciclos económicos"> y J. Maynard

Keynes en Inglaterra y su "Teoría General11 <*) *

Las conclusiones, similares en las tres obras 5 era el inaceptable estado de la teoría económica vigente„ así * como su incapacidad para hacer frente a la realidad cir- cundante; la ciencia económica aunque con retraso excesi_

vo, tendía a asumir su responsabilidad para con la reali^

Bara los defensores del laissess-faxre» el paro masivo y

<*) John H. Keynes C1§3B}> Gunnery Myrdal Michel Kalecky C193S)

(36)

30,

los bajos beneficios que atenazaban a la economía britá- - tticat se resolverían por sí solos; si se evitaba cualquier clasa de intervención» Keynes por el contrario concibió su Teoría General (&)# intentando diagnosticar la situación - de un mercado de compradores general y duradero, su núclec f-unáamental analítico se sitúa a corto plazo con capacidad productiva dada y con expectativas dadas de beneficios, Br estas condiciones no existiría una tendencia "natural" ha- cia el pleno empleo con equilibrio* [email protected] pues los - viejos postulados clásicos. {Malthusianos) volvían a estai de actualidad; el problema entonces fio había sido resueltc sino ignorado. La relevancia de la Ley de Say, Ley de Wal- z*as y la necesidad teórica de la existencia de la demanda efectiva rebrotaban en el panorama económico con una vi£ - lencia inusitada.

POSICIÓN TCORIGA JfBymSlAMA

13. intento nunca disimulado por ICeynes de desplazar el de- bate teórico de la economía centrado casi exclusivamente -

&n la formación y determinación de los precios; fue a jui- cio de muchos lo más positivo qui&á que encontraremos en - su teoría GeneralC^*)j con este desplazamiento pasan rm&v¿

Joan Kobinson (1968) Pg. 42

El propio Keynes Xo expresaba asi;

«cuando esto se naya logrado, (el análisis total d«

su aportación), descubriremos que la Teoría de los precios pasa a ocupar el lugar que le corresponde • como subsidiaria de maestra Teoría General*1 *

J. H. Keynes (1936) Pag, 62

(37)

31 mente a ocupar un lugar destacado en las preocupaciones

teóricas conceptos claves y olvidados como demanda e£e£

tiva, insuficiencia del consumo, áe inversión, paro, etc De todos los conceptos será el paro el más relevante y por tanto el que presenta aspectos menos eoyunturales en su tratamiento. Fue el alto grado de desempleo existente en Europa (Inglaterra), lo que motiló principalmente la bás<|ueda de un reordenamiento teórico áe la economía • üada la propensión marginal al consumo» (aumento de con- sumo por unidad nueva de renta), y la tasa de inversión neta, (voltanen de inversión que cubra el exceso de la - producción sobre lo que se decida consumir), existirá so láscente un nivel único de empleo de equilibrio* Para ese nivel tínico, el ahorro será igual a la inversión* El ni- vel de equilibrio así hallado no será superior al nivel de pleno empleo (a corto plaso con una técnica, organiza.

c±6n y trabajo dado), luego el hecho de que nos encontré:

mos ante una situación de equilibrio, no quiere decir ~

<pe esa situación de equilibrio se corresponda con el ni ve! de pleno empleo del factor trabajo. La igualdad aho- rro-inversión se efectuará contablemente en el valor de equilibrio, y será por lo tanto una identidad. Lo impor- tante no obstante» no es eso» lo importante es distinguir lo que es igualdad contable de lo que son tendencias en las macromagnitudes ahorro-inversión. Las tendencias nos llevarán a constatar valores discrepantes qp& se aleja - rán de la identidad oferta agregada-demanda agregada» o lo que es lo mismo, afirmación de que el akorro planeado alcanzará valores distintos de la inversión realizada. -

(38)

La introducción ele los ex-ante y expost de Myrdal sirve mxy bien para ejeplicar la no coincidencia ahorro-inver-

sión. Contablemente siempre habrá identidad ex-post, - Económicamente no será así.

Las divergencias atiorro~inversi6a generan variaciones - en la Santa Nacional (bienes y servicios producidos )„ - Si el objetivo de la comunidad se basa en el incremento de Renta y si se manifiesta en el sistema un ahorro - planeado superior a la inversión realizada nos encontra Temos con destrucción de Eenta para la comunidad y con ttna insuficiencia de demanda, (aumento de los stocks» - pérdidas no esperadas y desempleo)* La Inica salida en- tonces se sitúa en «forzar** xm incremento de empleo, - (factor trabajo) hacia la plena ocupación* El trabajo - asi incorporado ocasionará incremento de constante que - ev&ntualmenta se transmitirán a todos los sectores de - la economía, incluiíüo los bienes de inversión*, ha invejp sien superará el ahorro haciendo que el sistema busque vn n u & w equilibrio con mayor renta.

Evitaríamos así tanto la insuficiencia de la demanda - con el desempleo. De no ser así» <3e no «foraar** el em ~ pleo, la alternativa será un e^xilibrio con desempleo,

{y con instaficiencia demanda}, realidad teórica que - ptaeáe muy bien darse* aún más que^será la situación ñor mal en el modelo capitalista.

Existe entonces el equilibrio con desempleo, y éste de- sempleo sería "involuntario"» como dice keekachman* - al paro involuntario licencia teórica pa

(39)

33.

Para que se de el supuesto clásico» (equilibrio con

no empleo}, tendrán que darse unas circunstancias muy - particulares* El pleno empleo solo se dará con una pro-*

pensión marginal de consumo y con una tasa de inversión adecuadas, y en relación mutua muy especial, de cual —

«pler manera la relación mutua mencionaba en un sistema capitalista solo la obtendremos cuando la inversión co- rriente represente -un volumen de demanda capaz de igua- lar el exceso de la oferta global de pleno empleo, -

(producción a pleno empleo), sobre el gasto en consimo decidido por la comunidad, teniendo ésta, claro está, to talmente empleada su población activa f*3-

para ICeynes va a ser la propensión marginal a c o n s m i r el concepto fue mejor le permita expresar las consecueja

cias que se derivan de su aportación teórica. La Ley « psicológica da la propensión marginal al consumo tal y como él la expone lleva consigo el que a mayores niye -

les de renta, el consumo también atúsente, aunque en m e - nor proporción qtae la renta: es decir» al aumentar el - nivel de empleo» )no hay aumento de renta sin a m e n t o ~ de empleo), la demanda de bienes de consumió crecerá pe-*

ro en menor proporción que el aumento de la demanda to- tal (bienes áe consumo y bienes de inversión

mente).

(*} Hobert Lekacftman (1972) Pg* 37 Keynes Cl93S ) P 0 . 58

(40)

Así* si el amento en consumo es menor que el amento * en la renta global» cada ves será menor las posibilito des para los empresarios de obtener ingresos con los « bienes de consmo. Luego para que varíe el nivel de — empleo, (amenté), o bien debe de amentar la propen « al CQUSWBO permaneciendo constante la tasa de in- o puede aiamentar la tasa de inversión perman©

ciendo estable la propensión al constamos o p-ueden va - riar positivamente los dos. De cualquier manera, la so Iwzlón clásica, (equilibrio sin desemplea}» será un ca so particular de la teoría Keynesiana, (equilibrio con

Í O ) .

Ira insuficiencia de la demanda efectiva puede provocar xma recesión en el proceso productivo 3^ todo ello aún en 01 caso de <me todavía fuera reimanerador, el contra tar a nuevos hornees, su productividad marginal aún se mayor en valor que su desutilidad marginal, con -

Cuaado mayores niveles ée renta alcanza ima nación» £ íior serS su propensión a consumir, y entonces» mayor - será Xa brecha qxta laabrá qüB cubrir entre consiamo y -

|>£od,*ucción a plesao empleo: cada vea será más dificil - encontrar madras oportraniüates üe iiwerti3f para qiae la de los capitalistas» (ahorro), pase a in - nuevamente, y así incrementar el empleo; en ~ tonces si ©1 incentivo a invertir es débil» {las expe£

tativas), nos situaremos ante lana reducción drástica -

(41)

35*

la producción real del país* por más que a nivel -„

«potencial*1 podría seguir expandiéndose el empleo y - la renta,

La reducción en la producción real del país vendrá *- acompañada de un aumento del desempleo, convirtiéndo- se éste en el bastas delli» entre las dos teorías: ~ clásica y key^esiana*

Tanto una como otra teoría, tenían M tratamiento con tra el paro; lo .fundamental de stis postiaras podría «- sintetizarse asís los clásicos afirmaban que podría — remediarse el paro tan solo con reducir los salarios monetarios. líos Keyuesiaros por el contrario, afirma-

ban que no sólo los salarios eran rígidos a la baja*- sino que toda baja de salarios» lo tínico que traería consigo sería une reducción correspondiente en los ««

precios con lo cual nos encontraríamos en la misma si sin incentivo para incrementar el empleo* (*)

Para la tesis keynesiaíia, ver A#F- tórrer (1937) Pag. 19", donde expresa: * *

«tina reducción general de los salarios eirá "una reducción de los costes

y la competencia er.fre prtsriiíctores

vina disminución del precio de los productos Kl equiritrüo sts3ri *e alcanaará cuando los

n hayan bajado en 2a misma los salarioií» y entonces y¿* no

ventaja alguna en ocupar a un númez*o n^ayor de obreros que antea".

(42)

3S.

Son su aportación, teyúes había llegado a poder ofre- cer wx diagnóstico de lo que ocurría en el mundo s£ - cial de los años 20» Anta el desafio socio-económico egresado por el carácter de profunda recesión con el alarmante número de desocupados» la Teoría Económica, con desfase temporal, eso si, responde con lo que «•

Shackle ha llamado "los años de gran teoría". Keynes se convierte así en un analista de primer orden <le Xa realidad capitalista y en el artífice de una nueva -

•Peoría Económica.

OTROS CBYSBS1AW0S

M. £alec3ci iiabía llegado a las mismas conclusiones en cuanto a la nattaralessa y el estado del capitalismo ~ desd© posiciones muy distintas; efectivamente, talen - tras ICeynes por formación había tenido que romper con la práctica totalidad de la tradicón recibida en eco- nomía, es decir, la teoría clásica, Kalecki por el - contrario se acercó mucho más rápidamente al problema ya qvB partía también por formación, de una teoría - econáffiiica a la q ^ B O tuvo que renegar, la marxista.

Los esqtaamas de ^eprodticción y los estudios sobre las plétoras» ampliamente tratados ya por Marx en el

(43)

37

tal» le ayudaron grandemente en sus análisis. (ft>

Por ello y aceptando el keynesianismo de Kalecki nos interesa resaltar aquellos aspectos de su teoría sin perder el objetivo final keynesiano de su otea, que nos presenta aportaciones genuinas y a veces con ma- yor potencial clarificador que las del propio Keynes.

l#a primera aportación diferenciadora de las posicio- Bes de iceynes quB nos presenta Kalecfci es la de dis- tinguir nítidamente entre situaciones ex-ante y ex--»

post' aplicadas las primaras a las "decisiones de in

•vertir11 y Xas ex-post a la "inversión real ocurrida".

La existencia de disparidad entre las dos situacio - nes. viene motivada por el mayor coste en bienes de - capital quB trae consigo todo aumento en el ritmo de inversión, incremento en el coste de los bienes de - capital que nos lleva a una reducción del tipo de be

(*) una exposición detallada de las distintas forma- ciones de las que partieron SCalecki y Keynes se puede encontrar en la Introducción de Joan Robin

son al libro ya mencionado de Kaleclci» Por otra parte, es oportuno expresar aqtaí la independen- cia que mostraron xtno del otro» sin poder hablar de maestro o discípulo y así como el adelanto - cronológico qns tuvo K a l e c M sobre Keynes en al- gunas de las ideas. Ho obstante, todo ello no es

para llamar a Kalecki keynesiano.

(44)

-nefácío anticipado y a un cambio en las expectativas

Ho habrá equilibrio entre unas ^decisiones de inver tir11 ex~ante realizada en £-unción de unas expectati vas (eficiencia marginal del capital de Key&es, in tenciones de invertir en Kalecki), y la situación.

aerada ax-post en función de la «inversión real* lie veda a cabo» Lo planeado divergerá de lo realizado, lia disparidad ex-ante, ex-post le sirve a ICalecki pa ra introducirse en los aspectos teóricos de los c¿ — clos económicos; los beneficios anticipados no son - independientes del ritmo de inversión real; la acele ración del ritmo de inversión real no puede d°urar in definidamente. Cuando se espera realisar taai increíi^n to en el nivel de inversión de un año próximo con - respecto al presente» significa que asimismo espera- mos irnos incrementos en los beneficios corrientes» — de esa, manera wn tipo de beneficio esperado mayor in ducirá a unos planes de inversión mayor a proyectar en períodos siguientes.

Entonces* si el ritmo de inversión deja de crecer» - (£alecki no habla de expectativas con lo cual elimi- na vm elemento mítico de la Teoría Económica» aunque al no existir alternativas que expliquen más concre- tainente el comportamiento empresarial, que el térmi- no ^expectativas1*, tendremos que seguir utilizando -

(45)

•las}* el nivel da beneficios corrientes deja de aumen tar. Bien es verdad que aunque el nivel de beneficios^

corrieates deje de d& alimentar, no significa que el - volxmten de capacidad productiva deje de crecer rápida mente; pero si será verdad que al resentirse la tasa de inversión real nos encontraremos en plena fase de¿

cede&te del ciclo* La inversión al mismo tiempo nece- saria, crea crisis, (#)

Bl último aspecto diferenciador entre Eeynes y Kalec¿- ki 8Lünqa& no al menos improtante * es el tratamiento -

que se da al paradigma de competencia perfecta. Mien- tras Keynes se muestra ambiguo y no lo rechaza en sus planteamientos, Kalecki por el contrario utiliza toda

la aportación teórica de la "competencia imperfecta"

tan vigente entonces con lo que llega a formular lo - cpe J* Hobinson califica de "teoría da la distribución a corto pla£Qft: el grado de monopolio determina la *- participación de los beneficios en el iralor del pr£ -

ducto total»

Si existe vna. política monopolista de formación, de *»

los precios en fijación del grado de monopolio manten!

do por Xas empresas en wti sector en particular» clifí-

Kalecki (1935) Pg. 13

Dices "La tragedia de la inversión es que provoca la crisis permanente porque al mismto tiem-

es útiltt.

(46)

cilmente se podría resolver el problema del empleo ¿ jo supuestos estrictamente «clásicos** de £lexibiliza~

cien üe los precios, (salarios percibidos)f muy al contra rio el problema quedará gravado puesto que si las —

incltieacias monopolistas impiden la reducción de los precios de los productos» y al mismo tiempo se está - operando %ma reducción en los precios del factor tra- bajo» (reducción de los costes salariales), nos encoa traremos ante tuna reducción del poder adquisitivo de los asalariados, lo que provocará una disminución de la demanda de bienes de consumo-

Pretender por tanto obtener mayores beneficios hacien do descender los salarios como única posibilidad de - acceder al pleno empleo, no logrará los efectos desea dos» {disminución de empleo y aumento de actividad - económica), antes bien» vax descenso aún mayor del mar gen de beneficios» (incremento del paro, descenso de la actividad económica con destrucción de renta).

Bst&s "paradojas" eran vistas con extráñela por los - defensores de los postulados clásicos» ante ellos «

i expresaría: (*)

Sin duda mucha gente considera que esta teoría es paradójica. Pero no es la teoría la que es paradógica, sino sus efectos» la economía cap¿

talista*

(*) M. ralecki (1971) Pg* 2?

(47)

-El* DEBATE fOSTrKEYI3ESIÁKO

Key&es abrió Xas puertas de la realidad en el alternen te aislado edificio de Xa Ciencia Económica. La Ley de Say o la superpuesta ley de Walras no emplían Xas con diciones necesarias y suficientes como para hablar de optimisación. La Teoría Económica de los clásicos coin cidía y bendecía vm mundo dominado por la iniciativa ~ en busca de su propio bien que pretendía ser - de la commidad en general*

El debate que generó Keyn&s a niveX estrictamente teó- rico no se ha terminado todavía; es compresasible que - más de tan siglo de tradición teórica en sus príncipe* ~ les planteamientos» resultarán difíciles de olvidar, - Los teóricos herederos directos de los pXanteamientos marginalistas podían &aber perdido Xa batalla» pero no rezmnciaban a ganar la guerra. (* ) El debate, no tan —

Herederos marginaüstas por ser la Ley de Walras - (Equilibrio General) lo más cex*cano en el tiempo»

aunque para el equilibrio en sentido estricto pe> - arlamos remontarnos a la íierencia clásica (Ley <ie Say) íaarginalista (Ley de Walras). Insistimos en - la acepción de íCeynes en cuanto a denominar clási- cos a todos aquellos economistas defensores ée Xa Ley de Say-^Ley de Walras, nasta éx*

En puridad» detemos hacer constar el aparenta des- conocimiento que de Walras tenía Keynes» por ello es explicable que él hable solo de Ley de Say. Pa- ra esta consideración» ver John H* Hotson (1976) •

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nuevo como hemos visto» vuelve ahora recurrentemente a plantearse alrededor de la universalidad o no de la Ley de Say-Walras.

í*a respiaasta ante Xa anterior afirmación ofrecida - por el debate post keynesiano na cubierto todas las posibilidades; la existencia, la no-existencia, y las dos soluciones a la

La Existencia del Equilibrio General. Argumentos.

La existencia del Equilibrio QenBT&X ha sido y es fendida por la corriente ortodoxa eii teoría Económica, se inició muy tempranamente bajo la sombra de

máximo representante en Cambridge de la economía sica en el período de entreguerras*

SI argumento» conocido como "Efecto Pigou" dio moral al estado de dispersión que mostraban los economi^ - tas clásicos.

Si existe una tendencia acusada hacia la flexibilisa cife de los precios» (incluidos salarios) postulado fundamentalmente clásicos en situaciones de crisisf

(amento de desempleo), no seria v& problema el vol- ver aX eq\d.librio general, (absorber el desempleo), siempre y cuando la flexibilisaciÓn de precios» como

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mecanismo de ajuste, Funcionara a la baja.

Con precios a la baja no nos encontraremos en una si tuación peor, dica Figou, como quieren hacer ver los Iceynesianos. Si se generaliza una baja de salarios - no nos encontraremos en tana situación igual o peor ~ que al comienzo de la crisis. Se olvidan los qpa asi piensan de la revalorisación que ocurrirá en todos - los saldos monetarios (activos-riqtse&a mantenidos pa ra el consumo}. Revalorización que servirá para gene rar inx proceso expansioziista a traías del alimento en constato originado por los poseedores á& los activos- riqueza» ayudando a salir de la deflación y a absor- í>er el paro* La tendencia al Equilibrio General del sistema es teóricamente posible* (;*)

Dadas las condiciones iniciales asumiendo competen cia perfecta en el mercado 9 conocimiento racional y perfecto en los individuos, ausencia de conomías ex- ternas o deseconomías y movilidad absoluta de los £a£

tores» entonces el "mercado* res^uelve todos los pro- blemas económicos «óptimamente11»

A.C. Figou* Vol* 53? 19^3, n°212. Pag. 3«t3-Sl, En la misma ar»gument:aex6ü ver Fatinkin C1951). Tam- bien ísottfried Haberler. Como contrarréplica ya temprana al efecto Pigou existe un artículo de M.

Kalecki <19^H)5 donde expresa que la revaloriza- ci6n de activos solo cubriría el dinero en forma úe billetes y oro* pues el dinero bancario*

Kalecki comenta, se anularía mutuamente en el jue_

go contable activo-pasivo*

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A partir de Figoa-, las posiciones walrasianas fueron ganando terreno en Teoria^Econémica^ llegando a ser sus postulados abiertamente aceptados por el "establis

EX Equilibrio Señera!

5

(Ley de Walras), se convertía así nuevamente en paradigma económico desplazando y - obscureciendo toda la revolución keynesiana y su sig-

•nf f icado *

£1 modelo clásico era el más general siendo el keyne- siano sólo un caso particular*

Lo que resulta en que la teoría keynesiana sea un caso especial de la clásica o mejor dicho de la neoclásica.

La nQ-CTÍB^engia^._4e

T

l__g5iiilibr_io general, «^ Argumentos * El mtmdo walrasiano es un modelo de intercambio de fa£

tores y productos ya existente, donde el

n

subastador", omnipresente * transmite instantáneamente y $±n costo - la informaciSn suficiente a tocios los agentes econó- micos participantes en el mercado, particularmente transmite los precios necesarios para

1?

clear out

11

los mercados * alcanzándose así, el equilibrio —

<*> H. G- Johnson C1989) Pag-

Referencias

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