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Academic year: 2022

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FACULTAD DE ARTES

CARRERA DE ARTES VISUALES

¡RUIDO!

escrito por Alexandra Mola

ASESORES:

ENRICO MANDIROLA

RICARDO TOLEDO CASTELLANOS

NOVIEMBRE 2021

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ÍNDICE

1. introducción

2. ruido mental

3. ruido visual

4. ruido sonoro

5. ruido pandémico

6. ruido cultural

7. ruido digital

8. ruido viral : la obra

9. silencio

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INTRODUCCIÓN

Todos hemos escuchado la frase que no somos todos los pensamientos que tenemos.

Leyendo a Eckhart Tolle me di cuenta que no soy la voz en mi cabeza, sino precisamente la que se da cuenta de esto. No te voy a mentir, a veces no sé distinguir muy bien cuál soy.

Me llamo Alexandra De Jesús porque así me pusieron mis papás. Soy costeña, nací un primero de marzo de mil novecientos noventa y seis, soy pisciana y me gustan las piscinas y las rimas. Tengo un lunar abajo de la boca, tengo rosácea, y la pena me pone color fucsia. A veces no sé si hablo de más o si hablo muy poco. Si hablo muy poco me doy duro y si hablo de más también. Así que ya aprendí que da igual. Hay días que quiero hablar y no sé cómo. Es como si tuviera una cinta pegada en la boca de esas negras pegajosas.

Hay veces que quiero escribir y no me sale, hasta que una noche me viene un torbellino de ideas y empiezo a anotarlo todo. ¿Es eso el ruido? ¿Seré también yo ruido? ¿Qué es el ruido? Al ruido yo lo veo como a un parásito, en el sentido de que existe dentro todo el tiempo, latente. Es omnipresente porque también existe afuera y en realidad en todas partes. Es brusco y ligero. A veces invasivo, otras veces fugaz. Existe el ruido de la gente y el ruido de la mente, como dice mi mamá. Y hay que aceptarlo como a un malestar crónico, o más bien, como a una condición crónica, así como a mi diabetes. Hay que aceptarlo porque no queda de otra, aceptarlo como parte de uno y porque toca.

Si miro hacia atrás, me doy cuenta que el ruido entrelaza y conecta todos mis trabajos en mi trayecto universitario. Es un concepto muy amplio y muy importante para mi que me ha acompañado durante este proceso de crecimiento. Si buscamos su definición, su significado tradicional es:

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1. “Sonido inarticulado, sin ritmo ni armonía y confuso”.

2. “Alboroto o mezcla confusa de sonidos”.

Así lo entendemos comúnmente, como una sensación auditiva, pero es más que eso.

Puede ser algo visual, sensorial, o incluso mental. Una pintura de Jackson Pollock, una tormenta a las 2 de la mañana, el estrés de algo que tengo que hacer y no he hecho. Y es que si agotamos los adjetivos del ruido, nos encontramos con un montón: ruido apocalíptico, ruido lejano, ruido obsceno, ruido egoísta, ruido ligero, ruido amable-al-oído, ruido callejero, ruido ensordecedor como el de la rumba electrónica. Ruido hermoso, ruido divino, ruido fresco, ruido relajante, ruido celestial como el de la música de Angelo Badalamenti. Ruido violento, ruido sublime, ruido femenino, ruido metálico, ruido colorido, y así infinitamente… Si te pones a pensar todo puede ser ruido. E incluso siempre lo estamos buscando: un estruendo, una bulla, un escándalo, un estrépito, una chispa, el caos, la saturación, la repetición, y así. Así vamos por la vida, que el ruido de la ansiedad social, el de no ser suficiente, el de las redes sociales, el de las noticias, el de la música, el de mi lista de cosas-que-hacer, el de la calle, el de tus papás, el tuyo personal, el del hogar y el de los problemas del hogar. Y este, querido lector, es el mío personal, mi voz y mi mente, el que me arroja un flujo de palabras como el segundo día de la menstruación, siempre abundante…

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RUIDO MENTAL

El ruido mental es repetitivo, insistente y ocasionalmente engañoso. Nos agita, nos sacude, nos hecha un balde de agua fría. Un claro ejemplo es el ruido nocturno, ese que aparece antes de caer en los brazos de Morfeo, el dios de los sueños. Ese ruido que no deja dormir. Mil imágenes por segundo - tic toc tic toc tic toc tic toc - son las tres de la mañana. La almohada ya está caliente… Que el sonido del abanico, o la última conversación que tuve con fulanito-de-tal, lo-que-pude-haber-dicho y lo-que-no-dije, la vez que me dio mi primer ataque de pánico y tuve que ir al hospital porque no sabia qué era o la vez que me caí borracha inconsciente y me tuvieron que coger puntos en la frente.

A veces lloro pensando en todo, de vez en cuando me río sola como una demente o lloro más de lo normal porque estoy hormonal y la verdad es que soy una chica sensible. A veces me crece una rabia por dentro que siento que voy a explotar. “Habrá un poco de turbulencia pero no afectará la seguridad del vuelo”. frase que detesto. ¿Cómo callar la mente cuando está tan agitada? A veces se me hace imposible dormir sin un Xanax. A veces, a veces, a veces, he dicho ya muchas veces ‘a veces’ y probablemente lo seguiré haciendo.

Tengo un trastorno de ansiedad y estar “mentalmente agitada” es algo que me pasa mucho. Es como si seis personas me estuvieran hablando y todas a un ritmo muy rápido.

Otras veces me sudan mucho las manos y mi corazón se agita desesperadamente como esos carros que pitan todo el tiempo. También muchas cosas me pueden dar nervio, tanto que hay veces que casi-hiperventilo o me da un fuerte dolor de estómago. Incluso, algunos sonidos - sobre todo los repetitivos y los fuertes - me pueden causar malestar. Así mismo, soy de las que le cuesta hablar en público, me da un pavor porque siento que no soy de esas personas que le fluye hablar y tengo esta mala costumbre de pensar que todo

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lo que digo está mal, self-consciousness. Escribir, por otro lado, es algo que disfruto, me da seguridad, y me hace sentir en confianza, al igual que “el ser artista”. Ser artista anula mi ansiedad, me ayuda a manejarla, a sentirme en control y en confianza cuando no muchas veces lo he sentido.

Sin duda alguna, hay momentos que lo mental se puede sentir demencial, es difícil de hacer callar. A través de los años muchos artistas han usado su arte para escapar, expulsar y liberar. Yayoi Kusama es una artista japonesa, multifacética y multidisciplinaria, que desde su infancia hasta la actualidad, ha experimentado alucinaciones visuales y verbales, episodios de despersonalización, crisis de angustia y de pánico y permanentes ideas de suicidio. Es distinguida por su uso repetitivo de lunares con una distribución ordenada que cubren interminables superficies, su alusión a la multiplicación de la imagen a través de espejos, la extensión de sus redes infinitas y su utilización de esculturas blandas de forma fálica en espacios inesperados, entre otras cosas. La propia Kusama habla de como su vida y su arte son indisociables. En su arte encontró su salvación espiritual, una especie de catarsis en donde escapa de su “enfermedad”. El arte como terapia creado de forma espontánea puede dar lugar a un lenguaje personal y excepcional. Naturalmente, el momento de crear tiene su lado terapéutico. Para mi, es mi momento de hacer ruido pero porque yo quiero. Es mi momento de fluir con el ruido que hay en mi, de sacarlo y liberarlo para transformarlo. Llevarme por medio del color y mi imaginario personal infantilizado al comfort y al “warmth” de mi infancia, una etapa que sentí linda y segura en mi vida, hasta que empecé a encontrarme con las dificultades y los caminos truncados que acompañan a la vida. Crear un ruido “lindo” y “amable a la vista”:

eso es lo que hago, sacarle ternura a la maldad. Algo así como convertir un rojo sangre en un tomate con ojos y sonrisa que me lleven a my-happy-place. ¿Pero qué es un happy- place? Es un recuerdo, situación o actividad que nos hace sentir felices y tranquilos. Es un refugio mental feliz.

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Indudablemente, pensar en el arte como forma de terapia sin tanta obsesión por lo académico nos concede cierta soltura. Una soltura que da nacimiento a un modo de expresar auténtico, único y verdadero, porque nos permite tener total libertad de ser nosotros mismos, sin rodeos, sin la carga de la presión social y los miedos que paralizan comúnmente a un artista. Esta soltura nos permite tener diálogos profundos y acercarnos a lo más hondo de nuestro ser, abrazar nuestras sombras y transformarlas en amigas.

Yayoi Kusama

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RUIDO VISUAL

Lo visual, es eso que entra por los ojos, pero que también nos entra por todos los otros sentidos, ya que los sentidos siempre están formando redes entre ellos. Lo visual es lo atractivo, lo misterioso, lo perturbador, lo sexual, lo colorido, lo repetitivo, lo saturado, lo iluminado, lo “lindo”, lo “feo”… Un atardecer, un poste de luz iluminando la noche, el patrón de un repollo morado, una pintura de Keith Haring con sus personajes coloridos bailando y gozando, la paleta de colores de una pintura de Jean-Michel Basquiat, los collages y ensamblajes de David Salle y Robert Rauschenberg, el branding de la empresa colombiana HATSU, el cine erótico como Last Tango in Paris, la iluminación neón en las películas de Gaspar Noé, las campañas de moda que vemos todos los días en Instagram, el arte-mercancía de Takashi Murakami que atrae constantemente a la cultura de masas, una mancha rojo-sangre en tus nuevos calzones blancos o la sangre típica de Quentin Tarantino, las luces de la discoteca nueva que está de moda, la pintura en tu ropa que ya no puedes quitar, el morado que te salió por tropezarte con el borde de la cama, las vallas publicitarias que ves en cada esquina, el mar cuando dicen que “está tranquilo como una piscina", el rosado cuando lees BARBIE o saboreas un algodón de azúcar, el rojo cuando piensas en Coca Cola o el arcoíris cuando escuchas LGBTQ+. Lo visual son vibraciones que el cerebro recibe y percibe. Nos permite sentir, identificar, orientarnos, y desde muy temprana edad, ya que somos seres selectivos, ir formando nuestros gustos personales.

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1. Untitled (1987), Keith Harring 2. In Italian (1983), Jean-Michel Basquiat 3. Old Bottles (1995), David Salle 4. Port of Entry (1998), Robert Rauschenberg 5. Flower Ball (2002), Takashi Murakami

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RUIDO SONORO

How to Disappear Completely de Radiohead, a veces quisiera desaparecer… La música me hace desaparecer de a ratos. Para esto, escucho lo que yo llamo la música DREAMY o lynchiana. Esa que te llega al subconsciente, de ensueño y que tiene una cualidad celestial, mágica o agradablemente irreal como Julee Cruise, Chromatics, The Paris Sisters, Connan Mockasin, Ruby Haunt, Beach House, entre otros. De igual modo, los sonidos de la naturaleza también me absorben: los pajaritos al amanecer, la lluvia que da ganas de dormir, las olas del mar cuando chocan, el agua cayendo de una cascada o mi gato ronroneando. Me hacen sentir en el presente: mindfullness, paz, tranquilidad.

Un artista visual y sonoro que admiro demasiado es Ryoji Ikeda. Sus instalaciones, performances o exhibiciones son una experiencia audiovisual y multisensorial que siempre tienen una cualidad inmersiva. Busca que el espectador despierte todos sus sentidos, con el uso de la luz, los contenidos audiovisuales, el sonido y el espacio, que siempre convergen en su obra. Su finalidad es traducir las facetas ocultas de la naturaleza y de la matemática, en imágenes y sonidos que dialogan entre ellos, siempre coordinados, coexistiendo. Su obra es una muy linda de ver y presenciar en persona. Pero bueno, lo sonoro no es siempre hermoso ni agradable porque lo sonoro también me juega unas feas. Odio un pito y un grito, no es un mito. Odio los sonidos que rechinan o la música que te “raya la cabeza” como la del tal Skrillex. Los sonidos fuertes, resonantes, bulliciosos me alteran los nervios, muchas veces me recuerdan a peleas de mis padres. Es curiosa la manera en que asociamos una cosa a otra. Shhhhhhh, bzzzz, bip bip bip, pum pum pum, tic toc tic toc, auuuuuu. Auuuu, mi corazón a veces duele. Shhhhhh, que ya me quiero dormir… Vivir en un mundo con ruido no siempre es cómodo, pero en última instancia me gusta pensar que nos lleva a donde debemos ir.

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Data-verse*

Ryoji Ikeda

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RUIDO PANDÉMICO

Uno siempre piensa que el comienzo de un nuevo año solo va a traer cosas buenas. “¡Feliz año nuevo!” ¡Qué palabras frescas y emocionantes! Un-nuevo-comienzo. El año 2020 nos encerró a todos con la llegada del Coronavirus. Fue un año difícil y doloroso. Un año donde la vulnerabilidad se sintió violentamente. Muertes, dolor, pobreza, mucha ansiedad e incertidumbre. Ataques de pánico, llantos incontrolables, nervios arrebatados. Pero fue un año donde tuve que obligarme a ser fuerte y a ser paciente, a controlar mis nervios y mis pensamientos. Fue un año de muchas enseñanzas. Aprendí a abrazar mi vulnerabilidad valientemente. A ser amable conmigo misma, con mi cuerpo, con mi mente.

A no rendirme y a no exigirme un ritmo rápido, si no uno sostenible y consciente porque la-carrera-trae-cansancio como dicen por ahí. Fue un despertar de muchas formas.

Encontré belleza en lugares inesperados, logré reconectar con mi familia, con mi niña interior y con mi sombra como Carl Jung me enseñó. Me perdoné por tratarme sin cariño tantas veces los años anteriores, volví-a-darme-amor en el 2020, a sonreír por dentro. Por eso, al ruido también hay que agradecerle. El ruido alimenta nuestra consciencia y pensamiento. Apagarlo, callarlo o estar en negación con él sería como apagar la luz y poner un blackout en un cuarto vacío. Sería apagar nuestra consciencia, pensamiento, emociones y sentidos que nos vuelven únicos. Francamente, tanto ruido reta a pensar, es uno de nuestros múltiples motores. De vez en cuando nos puede incomodar pero nos hace ser conscientes de que podemos diferenciar, escoger y también rechazar y que en verdad, si podemos vivir con él cuando lo aceptamos y fluimos con él. La clave es aceptarlo como a un amigo con quien tenemos diferencias pero aun así lo entendemos de maneras más profundas. Si nos convertimos nosotros también en ruido y si hablamos en ruido como lenguaje lo controlamos. Lo amansamos como a una bestia, con una canción, como al perro de tres cabezas de Harry Potter.

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RUIDO CULTURAL

Vivimos en un mundo donde estamos expuestos constantemente a mucho ruido e información. Habitamos activamente las formas culturales y sociales: la propaganda, las noticias, los memes, las redes sociales. Hacemos parte de este caos cultural y de esta forma de consumo, teniendo un sinfín de objetos puestos a nuestra disposición para reapropiarnos de ellos si así queremos. Somos la generación del consumo, de la producción masiva, del vivir-rápido-y-fácil. Pero al consumo también lo podemos ver como una forma de producción como lo pensaba Marcel Duchamp. Lo que realmente importa es lo que hacemos con los elementos puestos a nuestra disposición, cómo los modificamos, cómo los re-pensamos, cómo los disponemos en nuevos contextos y cómo deducimos de este caos cultural nuevas formas de producción. Precisamente en esto radica la importancia y la grandeza de Duchamp, en cómo revolucionó el rumbo del arte contemporáneo gracias a lo que el llamo ready-made (objeto cotidiano seleccionado y designado como arte). El artista desde entonces puede tomar cualquier objeto, modificarlo un poco, y considerarlo una obra de arte con tal de situarlo en el contexto adecuado. “Al apropiarnos podríamos decir que creamos en efecto ready-mades ya no a partir de objetos cotidianos, sino de objetos que forman parte de nuestra cultura”.

(Bourriaud, 2002). En el arte, con la apropiación tenemos la oportunidad de elegir y fabricar, consumir y producir. Podemos multiplicar, copiar, incorporar, re-contextualizar, alterar significados, y cuestionar los conceptos de originalidad y autenticidad.

En nuestros tiempos, nos hemos dado cuenta que el sistema visual dominante es aquel que está bien mostrado, aquel que todo el mundo desea, aquel que todo el mundo consume. Lo estético, lo lindo, lo provocativo. En una economía del consumo todos los objetos tienen la posibilidad de transformarse  y cobrar un sentido que los

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vuelva  estimulantes y excitantes, así como Jeff Koons, que utiliza a los objetos como condensadores de deseo o Barbara Krueger que se apropia de imágenes de medios publicitarios, cine o televisión y con sus frases provocativas como “Compro, luego existo”

nos propone preguntas y nos hace, hasta el día de hoy, reflexionar y sentirnos identificados con ellas. El  arte pop también  comprendía que incluso los objetos de la  cultura  de masas podían contener elementos de belleza. Andy Warhol alguna vez comentó sobre las latas de sopa Campbell’s “Yo soy esa lata. Y tú, que me estás leyendo, también. Porque yo tomaba esa sopa. Comí lo mismo todos los días durante veinte años, creo, lo mismo una y otra vez”. Y es que, finalmente, el arte pop es una aproximación a nuestras vidas, a nuestros tiempos, a nuestra cotidianidad. Es una clase de espejo que nos muestra lo contemporáneo y la cultura misma pero a su vez nos muestra sobre nosotros, que al fin y al cabo somos hijos de nuestra época.

Evidentemente, el ruido cultural hace y siempre hará parte de nuestras vidas. El contexto cultural en el cual vivimos siempre influenciará nuestras formas. A veces nos sentimos saturados y atacados por este ruido, pero es cierto que nos brinda muchas cosas, nos da un montón de oportunidades y de objetos a nuestra disposición para usar, destruir, re- crear, re-pensar. Jugar con todo eso que tenemos al frente. Y al final, cuando los usamos y hablamos a través de esos objetos, nos damos cuenta que también hablamos de nosotros mismos y de nuestra generación, mientras cuestionamos la función de los objetos que nos rodean y nuestra fascinación por los bienes de consumo.

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Fountain (1917) Marcel Duchamp

Play-Doh (1994-2014) Jeff Koons

I Shop Therefore I Am (1987) Barbara Krueger

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RUIDO DIGITAL

El mundo real y el mundo digital están fusionándose cada vez más. Las relaciones personales, los negocios, las formas de comunicación, el acceso fácil a cualquier tipo de información y la manera como usamos nuestro tiempo son algunos cambios que han traído los impactos de la tecnología. Si bien es cierto que nos genera mucha distracción y niveles de dependencia que han modificado nuestra manera de relacionarnos con el mundo y lo que nos rodea, también es cierto que nos brinda mucha libertad. “La imagen pobre (digital) ya no trata de la cosa real, el original originario. En vez de eso, trata de sus propias condiciones reales de existencia: la circulación en enjambre, la dispersión digital, las temporalidades fracturadas y flexibles. Trata del desafío y de la apropiación tanto como del conformismo y de la explotación. En resumen: trata sobre la realidad”. (Steryl, 2014).

Contamos con nuevas tecnologías para crear y con modos contemporáneos de producción. En mi caso, gracias a lo digital me dejo empapar de todo lo que está pasando a mi alrededor: la cultura pop y juvenil, las redes sociales, los memes, la música, las películas, la gente cercana a mí y cosas que estos dicen y me convierto en una especie de

“coleccionista” y “recicladora” de todo esto que consumo. Voy creando mi propia biblioteca mental y muchas veces en el momento de crear voy sacando información de mi mente esporádicamente, algo así como poner la música en shuffle, algo así como funciona la red. Y es que ya estamos tan adentro del mundo del internet y de lo virtual que es normal que deduzcamos de estas herramientas nuevas formas de pensar e interpretar información.

Por ejemplo, los memes son de mis cosas favoritas de mi generación. Son graciosos, atractivos, absurdos, filosóficos y también de vez en cuando nos enseñan. Son imágenes en permanente circulación con un sentido social. Surgen de la necesidad de pertenecer a

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una comunidad, de interactuar con el otro, de mantenernos conectados. Entender un meme es entender el tiempo en el que vivimos y también entender que todos los elementos, tomados de cualquier parte, pueden ser objetos de nuevos abordajes y que podemos hacer uso de ellos y de sus lenguajes. Otra cosa similar, que nos ha dado el internet son los emoticones que evolucionaron a emojis. La carita feliz es un símbolo tan reconocible que es raro pensar en su origen y en que fue diseñada por alguien. La primera persona que creo este diseño fue Harvey Ball y se le conocía como el “Worecester smiley”

en 1963. Con el transcurso del tiempo el icono mutó como símbolo hedonista para varias subculturas de libertad, actitudes anticapitalistas, drogas, cultura de rave y música electrónica. Luego, el internet fue el encargado de que la carita feliz se convirtiera en uno de los símbolos mas reconocibles del mundo. Es un símbolo de bienestar, de fuente de alegría, que todos podemos usar y representar. Para mi, siempre ha sido un recordatorio de que todo-está-bien o que todo-va-a-estar-bien y es por eso que lo uso mucho en mi trabajo. Yo crecí con muchas smileys alrededor mío, sobretodo en forma de stickers que usaba para pegar en todos lados. Verlas me da un rush proustiano y me lleva al happy- place de la infancia del que hablé.

Gracias a lo digital y al uso de nuevas tecnologías podemos explorar nuevas formas de expresión y de circulación. En la actualidad, contamos con un montón de herramientas, programas y plataformas que nos brindan una gama de posibilidades. Un ejemplo es la relación que tiene la comercialización del arte con el internet. Ya las exhibiciones físicas no son tan comunes, si no que los artistas tienen la posibilidad de exhibir sus obras en las redes y en múltiples plataformas, siendo esta una forma más asequible para las personas desde cualquier lugar del mundo. La tecnología es y siempre ha sido un elemento esencial para el desarrollo y la evolución del arte. A medida que esta avanza, el arte y nosotros también.

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“RUIDO VIRAL” : LA OBRA

El último año la viralización global no solo invadió nuestros cuerpos, si no también nuestras mentes. El miedo se viralizó, los afectos también. Hasta los productos más mundanos tomaron ese carácter inmaterial y patológico del virus: el papel higiénico, las pastillas para la ansiedad, los tapabocas, los anti-bacteriales, entre otras cosas. Se infiltraron y multiplicaron en nuestra cultura, acelerándola. Sentíamos la necesidad de comprar en grandes cantidades, abastecernos, por si este maldito virus en un intento apocalíptico nos dejaba repentinamente sin nada. De igual forma, las redes sociales nos arrojaban noticias malas todo el tiempo, multiplicándose exponencialmente. Sentíamos que el mundo se iba a acabar y nuestros pensamientos repetitivos y pesimismo kafkiano hicieron ruido en un momento de demasiada incertidumbre donde lo único que sabíamos era que teníamos que estar encerrados en nuestras casas por un largo tiempo. Otra- ansiedad-más-en-nuestra-lista-de-ansiedades-colectivas.

Con “RUIDO VIRAL” busco explorar la imagen como ruido. Parto de un dibujo digital, pero esta misma imagen también se convierte en una pintura al óleo, en prendas de vestir, en un tapaboca, en telas para forrar objetos y otras para colgar, entre otras cosas... Es una imagen que se convierte en muchas cosas. Y es algo que hago a propósito a manera de

“viralizar” la imagen, de insistir, de hacer ruido con ella. De estallarla, explotarla, reiterarla, AGRANDARLA, y repetirla a través de prácticas artísticas heterogéneas. Prácticas que vienen de la plástica, de la gráfica, de la moda y de lo comercial también. Porque al fin y al cabo, ser parte del mercado es también una estrategia para difundir más un mensaje, como lo piensa Barbara Krueger.

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“RUIDO VIRAL” será una instalación en donde todos los elementos dispuestos en el espacio, aunque sean diferentes, compartirán y tendrán en común la misma imagen, una imagen-virus que se esparce y se adhiere a todo lo que habita el espacio. Esta imagen- virus, a veces, en un acto tosco y casi-automático, forra y envuelve objetos, dándoles una nueva identidad, ocultando el elemento real pero revelando sus características más básicas. Ciertamente, la instalación es un entorno temporal y efímero que permite una interacción especial con el espectador, brindándole una experiencia única que despierta en él reflexiones, emociones, sensaciones y percepciones. “RUIDO VIRAL” busca hacer ruido a través de la imagen e invita al espectador a hacer conexiones y a cuestionarse sobre el ruido que nos invade todos los días en sus distintas formas.

Ruido Viral (2021) Dibujo Digital

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SILENCIO

El silencio es una pausa en el tiempo, una suspensión en otra dimensión.

Es un ángel difuso que te roba el aire en pleno instante del disfrute.

A veces llega de manera brusca e invasiva, simulando ser un vacío monumental, y otras veces llega sutilmente,

imitando a un suspiro.

El silencio es el momento en donde existe perfecta armonía entre el mundo interior y el exterior.

Es un momento catártico y de liberación, algo que otros llaman sanación.

Es una sensación de paz y de tranquilidad.

Es cerrar los ojos y respirar, el poder-estar.

Pero el silencio a veces también es un shock, es la melancolía,

el dolor, la ausencia, la nostalgia,

las palabras que no decimos, definitivamente lo indecible,

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el secreto callado,

un hueco por el cual caer, el querer-huir.

El silencio es personal,

lo profundo del subconsciente, lo incómodo,

silencio incómodo, lo místico,

lo espiritual, lo emocional, lo mental.

Es una película enmudecida, un recuerdo que se desvanece, Es mi alma confundida,

cuando llueve desde arriba.

El silencio…

A veces plenitud, a veces soledad.

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BIBLIOGRAFÍA

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Bourriaud, Nicolas. (2007). Post-producción. Adriana Hidalgo Editora. Buenos Aires, Argentina.

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Fernandez Raone, Martina (2017). Psicosis y lazo social: el arte de Yayoi Kusama. IX Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XXIV Jornadas de Investigación XIII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología - Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires.

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Álvarez, Eduardo. (2018). Barbara Kruger o el Poder de la Palabra. Madrid Art Process.

http://www.madridartprocess.com/tendencias-arte-cultura/37-tendencia/517-barbara- kruger-o-el-poder-de-la-palabra

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Steyerl, Hito. (2014). Los condenados de la pantalla. Con prólogo de Franco Berardi. - 1a ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Caja Negra, 2014.

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Grobe, Max. (2018). The Origins of the Smiley Face and How it Became a Counter- cultural Symbol. High Snobiety. https://www.highsnobiety.com/p/smiley-face-symbol- origins/

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Le Breton, David. (2001). El Silencio. Ediciones Sequitur. Madrid, España, 2001.

Referencias

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