Tierra sin pan , de L. Buñuel (Cincuenta años después)
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HISTORIA Y ANTROPOLOGIA DE LA COMARCA DE
LAS HURDES
MAURIZIOCATANI
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Situadaen unaregión montañosa cuyo ecosistema contrasta clara- mente con el de las llanuras de Extremadura y Castilla, la comarca natural" de Las Hurdes cuenta hoy en díacon unos nueve milhabitan- tes, cincomunicipiosy cerca de cua- renta pueblos. En la actualidad la sociedad ha empezado a decaer demográf ica mente , sus habitan tes se han abierto alasideasnuevas y empiezan a marcha rse,sinesperan- za de volve r, de su lugar de naci- miento;almismotiempo,rompiendo con las antiguas componendas a que habían llegado con los repre- sentantes del poder que proporcio- naba los jornales",la «lógica econó- mica»(plasmada por ciertas opciones políticas de «racionalización presu- puestaria») impulsa enla actualidada los hurdanosa abandonarsusmonta- ñas.Sin embargo,es asimismo ver- dad que,con frecuencia. al verse afec- tados por el paro, los que habí an emig rado durante la década de los sesenta vuelven alpueblo donde no es inusual quehayan modernizado o incluso construidouna casa nueva,y son muy numerosos los que no quie- ren abandonar definitivamente esas tierrasingratas que sinembargo les pertenecen y que les mantienen en tiempos de crisis.
Estasociedad local,que ha partici- pado en la historia y en la evolución de la nación española -los primeros documentos que se conocen son de 1192, y en 1638 se imprimió una comediade Lope deVega con argu- mentohurdano-, estáconstituida por pequ eños propietarios y vive desde hacemuchos siglos,y hastamediados de los años setenta, centrada ensí misma y en suspropios intercambios
• Comarca natural,en español en el origina l francés.Siempre que elautor utiliceuntérmino en españolesto no seindicará másque con un asterisco,sinnota a piede páginaa finde evi- tarrepeticiones.(N. dela T.)
de carácter local,comunalo interco- munal. Portanto, desde elpunto de vistahistóricoy antropológico,elestu- diode la comarca es especialmente significativoya queésta puede consi- derarsecomo una especie delaborato- rio enelque apreciarelpaso progresi- vo ala dimensión ideológica nacional deuna sociedadquedurantemuchos siglos ha estadocentradaen símisma y en sus intercambioslocales.
Setrata de unterritorio montañoso, con loslímites geográficosclaramen- te definidos , con agua abundante, habitado desde la Edad del Bronce, reconquistado poco antes de 1192 pero, no obstante,apartado de las grandesvías de comunicación milita- res y comerciales y asimismo de los momentos álgidos de las gestas nacionales.EnelsigloXII la comarca de Las Hurdes formaba parteprimero de los territori os adjudicados a las órdenes militares hasta ser donado, en 1450,alos condede Valdecorneja y mástarde alos duquesde Alba.En elsiglo XV la casa ducal reorganizó administrativa y espiritualmen te el territori o (dotaciónde la igl esia de Nuñomoral).
Ese interés por una región de la Transierra,aislada y periférica,posi- blementeobedecíaala nueva sensibi- lidadreligiosa y civilpostridentinaque impulsaría alseñora hacerse cargo de las necesidades espirituales y materiale s de unapoblación aislada.
Dentro de esa contingencia,afinales delsiglo XVI,esapoblación despertó el interéshistórico-literariodeloshom- bres de letras adsc ritos a la casa ducal. Ensucomedia Las Batuecas delDuquede Alba(enla que los terri- torios de Las Hurdes y de Las Ba- tuecas no aparecen dife renc iados ), interpretando de acuerdo conla tópica retórica dela épocalarealidad delos habitantes dela zona,Lopede Vega fijó los estereotipos que handefinido hastanuestrosdíasla comarcaysus pobladores.
Considerados como «hombres sal- vajes",congregados en una sociedad semejante a la de los ameroindios , pero por ello mismo auténticamente españoles, a los personajes de la comedia seles presenta como deposi- tarios de la pureza de la raza. Nace asíla imagen de un puebloque,inco- municado pero por ello incontamina- do',desconocía la fe católicay la exis- tencia de la realeza a pesar de descender de los godos que habían huido ante la invasión árabe. A finde resolver la contradicción existente entre la pureza del estado natural y esa falta de cultura,la comedia culmi- na dramáticamente con la decisión del Duque que,rodeado de sus supuesta- mente nuevos súbditos,afirma:
Yo osdaré bautismoatodos queala gran peña de Francia habemos de ir desde aquí:
En el clima ideológico de la época de los descubrimientosel presentar la comarca como un «mundo nuevo», descubierto también en 1492,implica- ba por un lado darle carta de nobleza y , por otro,poner de manifiesto,en la renovación de las ideas debida al Concilio ya a través del proyecto de recristianización,la acción reformado- ra de la casa de Alba. Pero aunque ésa es la imagen que ha perdurado hasta nuestros días entre muchos visi- tantes ilustres,a la vez horrorizadosy fascinados por el aislamiento de los lugares y la interpretación literaria de los hechos, la realidad histórica es diferente.
Aunque en Las Hurdes Bajas,admi- nistradas directamente por Granadilla,
el caso del concejode Pinofranqueado ha sido diferente,tal como lo indica de entrada el nombre mismo,Pino de los Franqueados',en Las Hurdes Altas la zona de Nuñomoral, sometida a la administración de la Alberca,era una dehesa'necesaria para la economíade aquélla.Como las ordenanzas' alber- canas consideraban los pueblos hurda- nos simples majadas' (instalaciones temporales de los pastores) a cuyos habitantes no les estaba permitido rotu- rar las tierras,esto dio lugar a una serie de pleitos' que demuestran que,a par- tir de mediados del siglo XV, la socie- dad hurdana se estuvo encomendando con tenacidad a la justicia ducal a finde obtener el aval jurídico a un estado de hecho: el asentamiento definitivo de una cincuentena de pueblos disemina- dos por quinientoskilómetros cuadra- dos de sierras «ásperas y fragosas».
Debido a esta situación,adoptada y amplificadaporlainterpretación litera- ria,que aprovechó una historia military civil sumamente trivial,lo que no era más que un conflicto de intereses entre los habitantes de una villa' y los de su socarnpana' se convirtióen la«leyenda negra de la región'),leyenda que ha justificado una serie ininterrumpidade intervenciones político-administrativas encaminadas a solucionar dicha situ- ción.
Desde que salió a la luz la obra de Lope de Vega,la región ha sido con suma frecuenciamotivo de gran pre- ocupación para las autoridades ecle- siásticasy civilesy, anteponiéndosea la realidad concreta de la comarca,la influencia de esainterpretación literaria ha condicionado las intervenciones de las autoridades hasta nuestros días.
Foto. Antiguas viviendas a base de larchasypizarras en La Batuequilla (Foto: Félix Barroso).
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Así, desde hace cuatro siglos , Las Hurdeshan sido un espejo en elque se hamirado Españapregu ntándose sobresupropia identidad.
Dehecho, como todas las socieda- des agro-pasto riles que no producen suficientesreservas de granoo decar- ne,la comarcadeLas Hurdes hateni- do que enfrentarse regularm ente,de abrilamayo,alproblemadelafaltade trabajo entredos cosechasy,a causa de la presión demog ráfica,todas las generacionessehanvisto obligadasa construir bancales' y paredones' nue- vos y arestaurarlos deteriorados por losrigores del invierno teniendoal mis- motiempo que pagarala Alberca las multas causadaspor eldelitode rotu- ración; como , al mismo tiempo , las condicionessanitariaseranpésimasy el régimen alimenticio , ya de por sí deficiente,carecíade yodo,elbocio y el cretinismo eran endémicos ;como, por otra parte, enelprimer tercio de este siglo, la mort alidad perinata l, segúneldoctorMarañón,erade cerca del 50%, las intervenciones de las autoridades paracambiareste estado de cosas han sidoentodos los tiem- pos muy numerosas porque estapre- cariasituación,denunciadapor perso- nas de buena voluntad de todaslas épocas y detodotipo,inducía a consi- derar la comarcacomounreducto de miseria física y de env ilec im iento moral. Recordemos ,por no referirnos más que a nuest ro siglo , algu nos momentos culminantesde esastomas de posiciónporpartedelasclases rec- tor as, que han confundido el juicio moralcon la ayuda material: elCon- greso de Hurdanófilos' que tuvolugar enPlasenciaen1907,la visitadel Rey Alfonso XIIIen 1922, latesis de geo- grafía human a de M. Legendre, Directo r de la Casa de Velázq uez (1927),eldocumentalde Luis Buñuel Tierra sinpan (1932) y, finalmente, el pro hija miento ' de los hurdanos, en 1955,por parte delgene ralFranco, opción que, vein te años después , desembocó en el Plan de desarrollo integr al' de 1976 . A los ojos de la mayoría delos visitantes delsiglopa- sado, yaúnen 1981 alos ojos de al- gunos técnicos delPlan dedesarrollo integral, Las Hurdes,conocidas enel
"mundo entero a través de las imáge-
nes quela películade Buñuel (también excesiv ament eretórica) eran un bal- -dón' quemanchaba' el buen nombre
de España.
En 1922, en un viaje de recono ci- mientomédico-sanitarioparapreparar lavisitadel ReyAlfonsoXIII,el doctor Mar añón esc ribió que Las Hurdes constituían un problema sanitario' y que las alquerías altas' deberían ha- ber sido abandonadasporque sus tie- rras decultivoeran demasiadopobres.
En tanto queelprimercomentario no dejaba lugar a dudas, la propuestade reagrupación' ya la habían formulado dos siglos antes los obispos Porras Atienzay Vicentey Cebriánque,entre 1684y 1734,propusieronaloshurda- nos el concentrarseenlugaresmenos altos ymenosescarpados .Al formular esa propuesta el eminente médico retomaba una antigua idea pero no se preguntabaelporquédela faltade éxi- to de sus predecesores , Probable- mente considerabaque como en esta ocasiónelpromotor de laidea erael Estado,su fuerzay sus mediosllegarí- ana vencer las dificultadesmateriales y laresistencia de los hurdanos que, hasta entonces,se habíanempeñado en permanece r lo más cerca posible delosminifundios queles aseguraban la autos ubs istencia. De hecho,tanto enelsigloXVIIIcomo elelXIX,sise hubiese querido concentrar elhábitat hurdano hubiese sidopreciso llevar a cabo primero una reagrupación parce- laria',pero,hasta ahora,nadieha que- rido atacardefrente un problema que es muyespinosoporque tropiezacon una delas ideasmás arraigadas' enla sociedad,el sentido dela propiedad.
Las intervenciones de las autorida- des, aunque generosas, a veces se hanvisto influidas porjuiciosmorales que han impedido a sus promoto res comprender plenamente elpunto de vista de los hurdanos,y portanto no han tenidoen cuenta,por regla gene- ral, la organización interna de la socie- dad.Así,cualesquieraquehayan sido enelpasadolas condicionesque han suscitadocompasióny que han puesto en marcha nuevosplanesde desarro- llo, porelhecho de no haberserecono- cidocomo una de las posiblesconfigu- racioneslocales dela culturanacional, lasiniciativas emprendidas a sufavor se han quedado con frecuencia apri- sionadas en ideas preconcebidas. Estoha tenido como consecuencia el que sehaya ocultado,hastala renova- ción nacionalquehaseguidoala caí- da delrégimen franquista, la realidad de unacapacidadplurisecularde auto- organización.Parademostrarlo,basta conpensar,yesto no esmás que un ejemplo, en el hecho de que en Las Hurdes,desdeel momento en que les flaquean las fuerzas, el cabeza de familiaysu mujerreparten sus bienes por igual entresus hijosmientras que, acambio,éstos se comprometena ali- mentario,alojarlos ycuidarlos.
Plas mado por escrito desde al menos elsigloXVII,elcontratoafecta directamente alos padresde edadya los herederosdirectos, pero,sinem- bargo,son losnietoslos quecumplen consudeber respecto a los abuelos.
Porestesistema latercera generación aprende la lección: llegará el día en
que,después de haber sido cabezas de familia,esos adolescentes serán también ancianosachacosos que nece- sitenayuda.Por tanto,sila relaciónde reciprocidad entre las tres generacio- nesno garantizala circulaciónde bie- nes no puede haber continuidaden la sociedad a través de la familia.
La durezade la vidaeslo que siem- pre haimpresionado más tanto alas autoridades civiles y eclesiásticas como alos hurdanófilosdel siglopasa- do,o de éste,que han sentido una gran preocupación por la pretendida consanguinidadcomo causa directade la degradación física y mental de la población. Sin embargo, este único ejemplo,sobre el que volveremos a hablar,nospermite llegar a la conclu- sión de que el aislamiento hurdano, porotraparte relativo,comolo testifi- can los pleitos entablados con La Alberca, no hasido más que físico y quelapobreza real no ha sidosinóni- mo de miseria moral. En efecto,esta sociedadera,y es aún hoy en día,en gran parte,capaz de valerse por sí misma.Y esto lo expresan los hurda- nos de manera inequívoca afirmado que"comolas águilas»ellos cazan en lasllanuras pero se remontan a conti- nuaciónhacialas cimas.
Cuando se contemplaun panorama general de la sociedad hispán ica,la comarca se nosrevela como ejemplar por tres razones.En primer lugar,el hecho de que la sociedad hurdana esté formada por propietariosexplica el rechazoa abandonar el lugar de ori- genque ha sido característicoen sus miembroshasta estos últimos añosen que la antigua emigración temporal vinculada a los trabajos agrícolas,típi- camente estacional,se ha visto susti- tuidacada vez con más frecuencia por una emigración interna ointernacional que supone el establecimientoperma- nentefuera de la tierranatal.
En segundo lugar,como es el asen- tamientomismode la poblaciónlo que desde hace siglosha sorprendidoa las autoridadeslaicaso eclesiásticasque haninterpretado el hecho a través de ciertas manifes taciones literarias o moralistas,la peculiaridad relativa a las herencias,queacabamos de seña- lar, pone derelieve elabismoque hay entreesasideas procedentesdelexte- rior yla capacidad de auto-organiza- cióndela población.Alser una socie- dad de mini-propietarios,Las Hurdes se conviertenen un prototipopara el estudiode las tensiones que pueden surgir entre la nación , considerada como un todo,expresado por sus gen- tes de élite, y la totalidad que repre- senta a su vez una sociedad local.
Foto 2. Exterior decasasde piedra en Horcajo (Cáceres).
En tercerlugar,debemosindicar un hecho complementariodelprecedente:
los hurdanos han rechazado, pero también-haninteriorizado,los estereo- tiposque se han formadode ellos.Así, con frecuenciahan conseguidosacar provecho de la compasióny delsenti- do de culpabilidadque suscitabanen los visitantesobteniendoporellosub- sidiosy ayudas.Aunque imbuidos de sentimientosambivalentes,porqueen numerosas ocasiones han logrado sacar* algo de los visitantes ,actual- mente se van liberando poco a poco de esa imagen estereotipada de su sociedad que por una parte les hiere pero que,por otra, les ha conferido una sensaciónde seguridadque indu- ce a algunos a creerque además tie- nen el derecho moralde esperarque elEstado les compense de los sufri- mientospretéritos.
Sinembargo,cualesquiera que ha- yan sido las dificultadesparasubsistir ylos mediosempleadosenelpasado parasalirde apuros (comolosproduc- tos deloshuertinos*no eransuficien- tes,cuando bajaba n a las llanur as, numerososhurdanos se colocaban de obreros agrícolas undíayalsiguiente ejercían la mendicidad -aunque la sociedad españolaen conjuntoya no esasí-)unavez de vueltaenelpueblo la capacidaddela organizacióndelos hurdanos siempre se ha puest o de manifiestoenlainstitución delderecho consuetudinario -la pareja hijuela*- acetuado*-a que seha aludido.Pero ha llegado el momento de ser más explícitos.
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La hijuela' es una donación (adelan- to sobrela herenciadirecta)que,con su complemento el ecetueao: (lo exceptuado) nos permitecomprender (aunque no se trate más que de mini- fundios' ) la organizaciónsocialy el sistemade relaciones y,por tanto,los valores de esta sociedad.Una vez que dos jóvenes de«la misma igualdad,,' , es decir de familiasde igual posición, deciden unir sus vidas,su forma de hablarse caracteriza ipso tacto' por un
«salto generaciona l" especialmente significativo. La nueva pareja que,en vez de trabajar parala familiade ori- gen,es al finlibre para trabajar para sí misma,conoce sin dudalos términos
«suegro" y«suegra" pero no los utili- za.Incluso cuando todavíano se han concebidolos nietos,a los padres y a los suegros se les empieza a llamar inmediatamente«abuelo" o«abuela" . Además,aunque es verdad que mate- rialmente los bienes de la hijuela pasan directamente a manos de los que pueden hacerlos fructificar , al hablarde ellolosinformantes de edad no señalan más que la transmisión a los nietos.Por otra parte hemosvisto que elrecibirla hijuelasupone paralos herederosla obligacióncomplementa- ria de satisfacer las necesidades de los ancianos que,por estar incapacita- dos para trabajar,se han desprendido de sus bienes :es en eso en lo que consistelo que se exceptúa,es decir, que de los bienes de consumo dela familia se sustraen los productos que hay que dar a los ancianos. Ahora bien,ese uso especialy conscientedel léxico demuestra que desde el siglo XVII almenos y hasta estos últimos años,en quela prestacióndelas pen- sionesdevejez ha hecho menos nece- saria la institución consuetudinaria,la sociedadha organizado conscientey autónomamentesu perpetuacióna tra- vés de la continuidadque va de los abuelos a los nietos.
Sin embargo, no hay que pensar que esa organizaciónsocialtan elabo- rada ha dado lugar a una sociedadidí- licacapaz de dominar en todo momen- to sus conflictos .Como en cualquier otraparte, la vidade estos pueblosno ha estado nuncaexenta de enfrenta- mientos y, por no dar más que un ejemplo,la usura,practicada tanto por los albe rcanos como por antiguos mendigoshurdanos,ha desempeñado un papelmuy importante enla comar- ca.Por tanto,y como es de suponer, hay algunos herederos que respetan de muy mala gana sus compromisos en tanto que los viejos se quejan de ello. Y todo el mundo sabe que una vez que uno yano puede valersepor símismo el hecho de abandonar la casa para «estar a meses,,' en la de los herede ros, puede hacer la vida
muy difícil.No obstante,en esta situa- ción hay donde recurrir. Como en muchas otras sociedades locales españolas,o más generalmenteeuro- peas,las creencias religiosasson un medio de réplicay de controlde las malas voluntades y de losindividuos excesivamente rapaces.También el recurso de la maldición ha moderado (y aún hoy en día modera) los efectos de las tensiones que se manifiestan en la vidacotidiana.
El sistemareligioso de Las Hurdes, en el que se mezcla la religióncatólica, elculto alos santos y lo que se conoce como«prácticas mágicas",es evidente- mente una variantede las creenciasque son corrientesenla España rural(yen muchos otros lugares de Europa). En cuanto se planteaun litigio (en nuestro caso por negarse a respetarlos compro- misoshechos con los ancianos) el ape- lar a las fuerzas superiores es la expre sión inmediata del descontento. Cuí- turalmente la maldición,contra aquellos de los que se sospecha te desean el mal,es la forma de contrarrestar tanto los golpes deldestino como la mala voluntadde los individuos.Consiste en recurrir a un sistema de signos que, admitidospor todos,porqueha caracte- rizadola educaciónfamiliary aldeana, hace posibleun(relativo) control social ya que todo el mundo cree todavíaque la maldición se cumple.
Situándonos ahora en un plan más general, aunque uno no pueda por menos de alegrarse del hecho de que la mejora progresiva de las condicio- nes de vida en todo el país(pensiones, sistemasanitario,y el conjunto de las infraestructuras modernas)haya afec- tado a Las Hurdestambién,hay asi- mismoque tener en cuentaque estos adelantostan bienrecibidosno supo- nen,sinembargo,un cambioautomáti- co delos sistemasrepresentativosde los habitantes.Biénes verdadquelos símbolos dela modernidad han llega- do a la región y que se valoran mucho.
Salvo algunas personas de mucha edad,hoy en día todo informante,cua- lesquieraque sea su sexo o su edad, declara: «Somos como todo elmundo y queremos que nos lo reconozcan"
(refiri éndose a los diputados, a la administración,alos sociólogos).Pero a pesar de que ese anhelo de ser como los demás' es muy fuerte, tam- biénes verdadque alque viene del mundo exterior se le reinterpreta de acuerdo con las categoríaspre-exis- tentesen la configuraciónlocal de los valores que ha presidido la socializa- ción de la población:cuidar de lo suyo' -cuidarde uno mismo,cuidar de lo que le pertenece a uno- siendocapaz de sometersea uno mismo,es decira las propias manifestaciones culturales, lo cual,aunque a la vez deseado y
temido,vienedefueray corre elriesgo de penetrarlos.Así,cualesquieraque puedan ser las manifestaciones del
"poder" (el aún muy vivodelcurande- ro oel deldetentador delas oraciones*
contra la tormenta*,ya en muy desu- so), en Las Hurdes, tanto como en Madrid, la cuestión de fondo sigue siendo en muchos casosla de la envi- dia".
Por supuesto que para resumir lo que los adelantos modernos suponen para esta sociedad nos bastará con señalar que la televisiónresuena enla mayoríadelos hogares. No obstante, como están aúnprofundamenteinmer- sos en los ciclos naturales de la pro- ducción agrícola y pastoril,como si- guen aún recurriendo a prácticas antiguas , como es por ejemplo la medicinafundamentadaen el principio de similia similibus*,los hurdanos con- tinúan interpretandolas adversidades en términosde malde ojo* y envidia*
(aunque eléxito delas sectasreligio- sas y delos médicos llamados "para- lelos" enlas capitalesdemuestra que ellos no sonlosúnicos que lo hacen).
Por otra parte,aunque la emigración temporal, tanto si es interna como externa,puede haber sidouna expe- riencia común a una buena parte de la juventud hurdanao a una buena parte de los hombresdeedad madura,cons- tituyendo una experienc ia directa de otro tipo de organización social, la envidia*siguesiendo con mucha fre- cuenciael motor delas relacionesyel principioqueexplicalos acontecimien- tos que plasman la vidasocialde la comarca.
Delo que precede pueden sacarse dos conclusiones:a saber,que a pesar de los cambios,los hurdanos siguen siendofielesa suidiosincrasia -como es el caso en losintentos de reagru- parlos o,aún en mayor medida,en el de la organización de su sociedad local- por mucho que sorprendan,o cualesquiera que seala opiniónde los visitantes;a saber,quelo que precede no es más queuna vulgar"resistencia ala culturizaci ón»que se verárápida- mente vencida por la fuerza delpro- greso.Hay muchodeverdad en esta reflexión pues sobre todo si se han observado estos hechos no una tan- tum*sinodurante veinte años,eltiem- po de una generación-esa reiteraday antigua reticenc ia hurdana a dejarse modelar por lo que vienede fuera nos invita a analizaren detallela resisten- ciapor un lado y elproceso de adap- tación alas influencias externas por otro. Aunque estas últimas están evi- dentemente destinadas a prevalece r
en la actualidad ,ya que losjóvenes
empiezana estudiar fuera dela comar- cay,pocoa poco,acabaránporesta- blecerse fuera de ella, aunque la
actual persiste ncia de las prácticas religiosasque recurren ala magiase irá transformandoprobablementetam-
biénaimitación de los modelosurba-
nos(porsu partelas sectasprotestan- tes han construido ya lugares de reunión en Las Hurdes),el hechode que aún semantenga una población importante asícomolas actividadesde auto-abastecimiento,que empiezana duplicarsea causa delosrecursos que proporcionael turismo,quizádemues- tre que la "resistencia alcambio" va acompañada de la continuidad-bajo otrasformas- de la afirmación volun- taria de un modelodeinserción social fundamentadaen una concienciade sí secular.
En una grabación del 3 dejuniode 1981,Eusebiodijo:
(Un «zsi ori») escomo el que trajía
noticiasde otros pueblos,que dicía:
"En CiudadRodrigoha pasao esto,
en Ciudad Rodrigo lo otro". Pos aquí, en vez de lIamalo esto
"correo"oesu,poslollamaban«ze-
iori». Una palabraera así, ¿sabes?
Porque veníaeso,y decían: "Mira, ese es un zajarí".Y después se refi- naba. Que era eso,que era uno que trajía noticias: «Pos ha pasao esto, ha pasao lo otro" . Y lo llamaban zajorí.
Años después,estando elantropólo- go un poco más enterado delasrepre- sentacioneshurdanas,el 24 de agosto de 1986, el informante se explicó mejor:
Catani: ¿Profetaozahorí?
Eusebio: ¿Zahorí? "Zahorí",es en lenguajurdana. Tienesque después adivinálo que pasa cincuentaaños.
Desde ahora hasta cincuentaaños.
y lo adivinas,porque como sabes tanto,empiezas porla experiencia de un año. Como va subiendo el mundo y como va subiendo. Y no le falla niun cuarto.Lo que decían los Arañitos aquí,que eran zajo rines.
Decían:«Hay que conocé médicos, por aquí. Y carreteras. Y curas. Y maes tros. iNo van a venil ». iMe cagüenlahos! Teníaque venítodo.
Ves como ha venío, ¿sabes? Y aquellos,como andaban por el mun-
do (...) pidiendo un mendrugo de
pan,¿sabes?,lo sabían to".
Ya no piden los hurdanos mendru- gos de pan y como desde largotiempo
"vanporel mundo" (o elmundo viene a ellos a través de la televi sión) los hurdanos continúan «sabéndolotó».
Dehecho,el modelodeuna«inserción socialfundamentadaen una conscien- cia de sísecular" no parece ser cosa excepcional enEspaña nitampoco en el Mediterráneooccidental.Talvez,si
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la clase política que actúa en las capi- tales quisiera concretar,sin limitarse una vez más a laimposición,la idea de la Unión Europea,valdríala pena preguntarse bajo qué forma ya la están viviendo y reinterpretando las sociedades locales empujadas hacia ella. Es una alternativa a la transforma- ción de Las Hurdes (y de muchos otros sitios) en cotos de caza para las escopetas venidasdesde elnorte de Europa.
Maurizio Catani, Centre National delaRechercheScientifique. Centre d'Ethnologie Fra nca ise, Musée NationaldesArtselTraditionsPopulaires.París, noviembre1994.
Traduc cióndel francés deAmalia MartínGamero
BIBLlOGRAF IA
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- 1983, Le sacrifice du cochon á Las Hurdes,video realizado por elCentro Audiovisual de la Univers idad René Descartes,París (20 min.,Anexos: un mapa del sigloXVII y documentación fotográficade 1927).
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a
propos du territoire, deI'espace symbolique et des systernes de valeursa
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